La acción comienza en Madrid, adonde ha llegado don Juan Tello, sevillano, enviado por su padre para un pleito previo a un matrimonio concertado con doña Violante Enríquez, dama de Toledo a la que ya ha visto sin quedar satisfecho. Don Juan confiesa a su amigo don Diego que padece tres cuidados: el casamiento impuesto por su padre, el servicio amoroso que mantiene con doña Luisa Pacheco, rica dama madrileña con cuya hacienda piensa poder resistir la voluntad paterna, y, sobre todo, la obsesión nacida al ver en Sevilla el retrato de una hermosísima mujer desconocida. Mientras espera hacer llegar un billete a doña Luisa, descubre junto a la casa de esta la extraña vivienda de Carrizales, un viejo rico extremeño o indiano extremadamente celoso, que tiene encerrada a su sobrina Leonor con una dueña, doña Marialonso, en una casa casi cerrada al mundo. La curiosidad lleva a don Juan a acercarse al torno de la casa, desde donde oye a Leonor lamentar su encierro; ambos entablan conversación sin verse, y el galán se declara. La irrupción de la dueña provoca una confusión decisiva: doña Marialonso cree que el pretendiente la corteja a ella y se apropia de la banda, la joya y el papel que don Juan había destinado a doña Luisa, mientras Leonor entiende que esas prendas iban dirigidas a ella. A partir de ese equívoco, Leonor e incluso la dueña se sienten favorecidas por un caballero al que aún no identifican con plena seguridad.
Al día siguiente, Leonor y la dueña salen a misa con Carrizales y usan las prendas para reconocer al galán; don Juan confirma así su interés por Leonor, pero la maniobra hace que doña Luisa descubra que la banda que había enviado a don Juan la lleva otra mujer, por lo que se siente agraviada y celosa. Paralelamente, don Diego se enamora de la misma doña Luisa tras verla en el Soto y comienza a buscarla, sin saber al principio quién es. Don Juan, cada vez más atraído por Leonor, persiste en hablar por el torno, y el criado Tálego improvisa un enredo cuando Carrizales sorprende a su amo en el portal: disfrazado de mujer, se hace pasar por dama principal para desviar las sospechas del viejo. Carrizales, aunque sigue desconfiando, termina introduciendo en su propia casa a la falsa dama y luego sale con don Juan, lo que permite a Tálego hablar con Leonor y a las mujeres de la casa desplegar nuevos malentendidos. Doña Luisa, llevada por los celos, entra en la casa para recuperar sus prendas y amenaza a quien cree rival; allí queda al descubierto que ella era la verdadera dama a quien don Juan atendía, mientras Carrizales se reafirma vanamente en la seguridad de su encierro. Más tarde, don Juan y don Diego aclaran entre sí sus afectos: don Diego reconoce que la mujer vista en el Soto es doña Luisa y, una vez sabida la verdad, ambos encauzan su amistad sin romperla. En cambio, el amor de Leonor y don Juan se intensifica en secreto dentro de la casa, favorecido por Tálego y combatido por la vigilancia del viejo.
En la tercera jornada, Tálego permanece oculto en un aposento de la casa de Carrizales y sirve de enlace entre los amantes. Leonor, ya resuelta a unirse a don Juan, llega a creer que su tío aprobará las bodas, pues Carrizales, engañado por el papel hallado, piensa que don Juan desea casarse honradamente con la mujer del torno y, movido por un deseo de remedio y quizá por su propia credulidad, decide facilitar una entrevista. Sin embargo, la confusión culmina cuando el viejo lleva a don Juan a ver a la supuesta novia y este se encuentra no con Leonor, sino con doña Marialonso, que se presenta como la destinataria de sus promesas; para evitar que Leonor lo vea, esconde a don Juan precipitadamente. Poco después Leonor logra encontrarse con él de noche, pero el enredo final estalla por un aviso anónimo, probablemente trazado por don Diego para evitar un peligro mayor: el corregidor irrumpe en la casa buscando a un hombre oculto. En el registro aparecen don Juan, Leonor y también la dueña dormida en la cama de Carrizales, a causa de unos polvos adormecedores que habían preparado para librarse de ella. Las apariencias resultan desastrosas para el viejo: el corregidor entiende que vive deshonestamente con doña Marialonso y le ordena casarse con ella. Al mismo tiempo, don Juan queda unido con Leonor, y la comedia concluye con la expectativa de que don Diego emprenda libremente la conquista de doña Luisa. El desenlace castiga la obsesión celosa de Carrizales, premia el ingenio de los jóvenes y convierte los errores, disfraces y falsas sospechas en bodas imprevistas.