Domicio
Protagonista negativo de la obra; noble de Lancaster entregado a la lujuria, la violencia y la soberbia, responsable de la violación de Felicia, del desorden de su casa y del conflicto central, hasta recibir el castigo divino.
Manuel Pereira
Veröffentlichungsdatum der Zusammenfassung: 18. Juni 2026
Warnung
Nachfolgend wird eine noch nicht redigierte automatische Zusammenfassung des Werks vorgestellt, die mit ChatGPT erstellt wurde (Modell 5.4) aus dem verfügbaren Text. Sie kann Fehler und Auslassungen enthalten. Wenn Sie Probleme oder Unstimmigkeiten feststellen, kontaktieren Sie uns bitte, damit wir Aktualisierungen einarbeiten können.
Zitiervorschlag
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En Lancaster, tras unos antecedentes situados entre Lancaster y Nápoles, Domicio regresa a casa después de haber violado a Felicia, esposa de Arnoldo, y de haber huido con ella, mientras somete también a su hermana Artemidora para casarla con Ángelio contra su voluntad. A lo largo de la acción, Enrique, Artemidora, Eduardo, Arnoldo y la propia conciencia arrepentida de Felicia se enfrentan a la soberbia y la lujuria de Domicio, que desoye avisos sobrenaturales y persiste en el pecado hasta el final. En el día de San Martín, durante unas bodas y fiestas preparadas por Domicio, la justicia divina ejecuta el castigo anunciado: el culpable muere condenado, Felicia se encamina a la penitencia y se restablece parcialmente el orden familiar y moral.
La obra presenta desde el comienzo el clima de castigo que pesa sobre Domicio, noble inglés de Lancaster entregado a una vida de violencia, soberbia y deseo desordenado. Tras una escena nocturna de persecución y disparos, se reconstruye gradualmente el origen del conflicto principal: Domicio, criado con excesiva indulgencia por su padre Enrique, se ha convertido en un hombre corrompido por el juego, la ira y la lujuria. En Nápoles se introduce traidoramente en casa de Arnoldo, seduce o soborna a una criada, entra de noche por una escala y viola a Felicia, esposa de Arnoldo. Sorprendido por el marido, se produce un enfrentamiento armado en medio de la oscuridad; Felicia huye aterrada, Domicio escapa con ayuda de su amigo Ángelio y de su criado Belitre, incendia la casa de Arnoldo para cubrir su fuga y huye por mar con la propia Felicia. Ya de regreso en Lancaster, el padre recibe noticia de estos crímenes y reprende con dureza a su hijo, pero Domicio responde con una larga confesión insolente en la que reconoce su mala vida y justifica sus excesos culpando parcialmente a la educación paterna. Además, impone en su casa una nueva violencia: mantiene a Felicia bajo su poder y pretende forzar a su hermana Artemidora a casarse con Ángelio, pese a que ella ama a Eduardo y rechaza a Ángelio tanto por fidelidad amorosa como por su probable condición de hereje, señalada repetidamente en el texto.
En la segunda jornada se intensifican los conflictos morales y familiares. Felicia, retenida por Domicio, vive entre la culpa, la memoria de la afrenta y la tentación de perseverar en el pecado; sin embargo, la contemplación de imágenes y cantos sobre la Magdalena penitente, unida a una visión del ofendido Arnoldo reflejada en el espejo, la mueve hacia el arrepentimiento. Al mismo tiempo, Domicio, cada vez más acosado por celos, sospecha de Felicia y de cuantos lo rodean, mientras Artemidora intenta resistir la imposición de un matrimonio con Ángelio y reafirma ante este su amor por Eduardo. La obra introduce además una maquinaria sobrenatural muy marcada: apariciones, voces, sombras y advertencias infernales o celestes rodean a Domicio. Su padre Enrique, ya muerto o agonizante según se infiere de las escenas conservadas, se le aparece para amonestarlo y anunciarle un plazo final de penitencia antes del castigo divino. Domicio recibe así varios avisos extraordinarios que podrían moverlo a enmendarse, pero su soberbia lo lleva a despreciarlos: decide seguir gozando de la juventud, perseverar en sus placeres y posponer la conversión. Paralelamente, Eduardo lo reta o intenta enfrentarse con él por Artemidora, Arnoldo persigue la reparación de su honra y Felicia avanza hacia una auténtica conversión interior, separándose de la vida desordenada a la que había quedado arrastrada tras la violencia inicial.
En la tercera jornada el castigo anunciado se cumple. La acción se abre con una visión alegórica de la Lujuria, que anticipa el sentido ejemplar del desenlace. Domicio, lejos de arrepentirse, reafirma sus planes: retener a Felicia, casar por fuerza a Artemidora con Ángelio, matar a Eduardo y consumar su dominio sobre todos. Aunque se le recuerda que el plazo fijado por la advertencia sobrenatural está a punto de cumplirse, él organiza fiestas y bodas, convencido de poder burlar el juicio divino. Mientras tanto, Arnoldo sigue buscando vengar su honra, Eduardo intenta rescatar a Artemidora y Felicia se inclina ya decididamente a la penitencia. En el momento culminante, durante el festejo preparado por Domicio, estalla el desorden: se cruzan las armas, irrumpen los agravios pendientes y, sobre todo, sobreviene de forma súbita el castigo sobrenatural que hiere a Domicio en pleno día señalado. El propio personaje reconoce entonces que la justicia de Dios lo alcanza por lascivo y contumaz; aparecen además figuras infernales que reclaman su alma, subrayando que muere condenado por no haber aceptado los repetidos auxilios de la gracia. Tras su fin, el conflicto humano se recompone: Arnoldo perdona a Felicia y ella se retira a una vida penitente, probablemente en clausura; Artemidora queda libre para unirse a Eduardo; y la comedia concluye afirmando de manera explícita el valor ejemplar del castigo de la incontinencia y de la necesidad de no aplazar el arrepentimiento.
Protagonista negativo de la obra; noble de Lancaster entregado a la lujuria, la violencia y la soberbia, responsable de la violación de Felicia, del desorden de su casa y del conflicto central, hasta recibir el castigo divino.
Esposa de Arnoldo y principal víctima de Domicio; tras sufrir la violencia inicial y quedar arrastrada a una situación de deshonra y dependencia, acaba orientándose al arrepentimiento y a la penitencia.
Hermana de Domicio; ama a Eduardo y resiste con firmeza el intento de su hermano de imponerle matrimonio con Ángelio.
Marido de Felicia, ofendido en su honor por Domicio; persigue a los agresores y busca reparación, aunque en el desenlace perdona a su esposa penitente.
Amante de Artemidora y adversario de Domicio; intenta defender su amor y oponerse a los planes del protagonista.
Padre de Domicio y Artemidora; primero reprende a su hijo por su vida desordenada y después, de manera sobrenatural según sugiere el texto, reaparece para amonestarlo y anunciarle el plazo final de penitencia.
Amigo íntimo de Domicio y pretendiente impuesto a Artemidora; su probable heterodoxia religiosa y su complicidad con Domicio lo convierten en figura clave del conflicto secundario.
Criado de Domicio, de función cómica, que acompaña muchas escenas, comenta los sucesos y participa en diversas acciones de servicio y encubrimiento.
Espacio principal de la obra y patria de Domicio; allí se sitúan la casa familiar, los intentos de imponer el matrimonio de Artemidora y el castigo final del protagonista.
Centro dramático del conflicto doméstico, donde conviven la autoridad paterna, la opresión ejercida por Domicio sobre Felicia y Artemidora y varias apariciones o avisos sobrenaturales.
Lugar del episodio decisivo que desencadena la trama: allí Domicio conoce a Felicia, viola su hogar y huye con ella tras enfrentarse con Arnoldo.
Espacio de la violación de Felicia, del combate nocturno y del incendio con que Domicio cubre su fuga; concentra la afrenta inicial al honor.
Espacio de tránsito entre Nápoles y el norte, fundamental para la fuga de Domicio con Felicia y para la transformación posterior de la relación entre ambos.
Lugar de acechos, desafíos, apariciones y emboscadas, donde convergen Arnoldo, Eduardo y Domicio en un clima de persecución y amenaza.
Ámbito donde Domicio pretende afirmar su poder mediante celebraciones y matrimonio forzado, pero que acaba convirtiéndose en escenario de su ruina.
La obra muestra cómo la perseverancia en el deseo desordenado conduce a un castigo ejemplar, presentado como justicia de Dios y eje moral del desenlace.
Frente a la obstinación de Domicio, Felicia encarna la posibilidad de reconocer la culpa, enmendar la vida y buscar salvación mediante la penitencia.
La violación de Felicia y la afrenta a Arnoldo desencadenan buena parte de la acción, en la que el honor familiar y matrimonial resulta decisivo.
Domicio convierte su posición de hijo y hermano en instrumento de tiranía, imponiendo su voluntad sobre Artemidora, su padre y los demás habitantes de la casa.
El protagonista recibe repetidas advertencias y ocasiones de corregirse, pero elige voluntariamente perseverar en el mal, lo que agrava su responsabilidad.
La presión para casar a Artemidora con Ángelio se opone a su amor por Eduardo y convierte la defensa de la voluntad femenina en parte esencial del conflicto.
La estructura enfrenta dos trayectorias opuestas: la de Domicio, que rechaza toda enmienda, y la de Felicia, que pasa de la caída al desengaño y la reforma moral.