Don Clemente de Montalvo
Galán principal de la comedia; mantiene o ha mantenido relaciones con varias mujeres y su mudable deseo desencadena la mayor parte de los celos, disputas y equívocos.
Francisco de Rojas Zorrilla
Veröffentlichungsdatum der Zusammenfassung: 18. Juni 2026
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Zitiervorschlag
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En el Madrid cortesano del Siglo de Oro, don Clemente pasa de la relación fatigada con doña Hipólita al trato celoso y costoso con doña Clara, dama que administra a varios pretendientes desde sus casas mudables y su red de favores. La acción recorre calles, zaguanes y aposentos de Madrid, donde irrumpen don Julián, Juan Martínez de Caniego, doña Beatriz y una viuda enamorada, formando una cadena de equívocos, celos, regalos, escondites y acusaciones cruzadas. Tras un duelo burlesco, una mudanza precipitada y una confrontación final entre todos los implicados, la obra concluye con un desengaño general sobre el amor interesado y con la advertencia de que hombres y mujeres deben vivir con mayor cautela.
La acción comienza en un ambiente urbano madrileño dominado por visitas, celos y relaciones interesadas. Don Clemente de Montalvo mantiene desde hace años trato amoroso con doña Hipólita Paredes, mujer que se presenta como honrada y le reprocha su cansancio, sus mudanzas de afecto y su inclinación hacia damas más vistosas o costosas. Clemente, por su parte, se queja de la presión, de los celos y de la rutina de esa relación, mientras su criado Cartilla le sirve de intermediario y confidente. Pronto se descubre que Clemente se siente atraído por doña Clara Guzmán, mujer diestra en el manejo de varios galanes y en el aprovechamiento material de sus pretensiones. Cuando Clemente acude a verla, se cruza con don Julián de Mata, otro pretendiente locuaz y persistente, a quien logra desviar momentáneamente. Ya en su nueva casa, doña Clara expone a su criada la red de amantes que la sostienen: uno le agrada verdaderamente, otro le presta dinero y la asiste en pleitos, otro cubre su gasto cotidiano y otro paga la casa o facilita el coche. Clemente irrumpe entonces celoso por haber sabido que Julián la sigue y la corteja; Clara se defiende alegando que Julián solo es un pretendiente importuno al que procura alejar, incluso mudando de barrio. Sin embargo, la llegada de doña Beatriz de Bolaños, dueña de la casa y mujer vinculada al pasado de Clemente, despierta nuevas sospechas, y los celos se multiplican cuando también aparece el regidor Juan Martínez de Caniego, uno de los hombres que contribuyen al sostenimiento de Clara. La primera jornada concluye con una agria ruptura entre Clemente y Clara, que se acusan mutuamente de engaño e interesada inconstancia.
En la segunda jornada, Clemente, pese a haber sido despedido, no consigue apartarse de Clara y planea reconciliarse con algún regalo, aunque Cartilla le advierte del inútil gasto. Cuando visita de nuevo a la dama, ella le hace creer primero que quien entra es don Julián, y luego sostiene ante ambos una hábil comedia de equívocos que aviva los celos. Julián declara con detalle cómo ha sido atraído por Clara mediante requiebros, cartas, promesas y peticiones costosas, hasta el punto de haberle dado un estrado y unas sillas; ella replica que se mudó precisamente para huir de un amor peligroso y conservarse. Paralelamente, Juan Martínez comparece y, en lugar de enfrentarse con Julián, acaba tratándolo como antiguo amigo, en una escena cómica de fingida familiaridad que permite a ambos salir juntos. Mientras tanto, Clemente y Cartilla, escondidos en la casa, revisan papeles de Clara y comprueban la existencia simultánea de varios pretendientes y benefactores, lo que confirma su condición de centro de una economía amorosa basada en el engaño y el provecho. El conflicto se complica aún más con la aparición de una viuda, identificable de manera probable con Leonor, que busca a Clemente y confiesa delante de Clara una relación amorosa antigua y persistente con él. Clara, ofendida, aprovecha para desacreditarla y para hacer salir a la luz otros enredos ocultos. Finalmente irrumpen doña Hipólita y doña Beatriz, de modo que Clemente queda cercado por tres mujeres agraviadas a la vez. Incapaz de comprometerse con una sola o de dar una explicación satisfactoria, solo alcanza a balbucear respuestas incompletas, y la jornada se cierra con la explosión simultánea de quejas, celos y deseos de venganza de las tres damas.
La tercera jornada muestra las consecuencias de ese enredo general. Clemente se lamenta de haber sido abandonado por Hipólita, Beatriz y Clara, pero su desconcierto no impide que se vea arrastrado a un nuevo conflicto, pues Juan Martínez lo ha desafiado por mediación de Hipólita. Para el duelo llama como segundo a don Julián, precisamente uno de sus rivales, en una decisión nacida tanto del apuro como del deseo de comprometerlo. En el campo, cerca de las tapias de los trinitarios descalzos, la disputa degenera en combate confuso: Julián se cambia de bando, Cartilla también interviene y acaban peleando todos en una mezcla ridícula de pundonor y torpeza. Julián resulta herido, y al saberse que el caso puede alcanzar a doña Clara, Cartilla y la propia dama deciden mudar precipitadamente su casa y sus bienes para evitar pesquisas y responsabilidades. El herido es llevado, por nuevas vueltas del enredo, a casa de doña Hipólita, donde coinciden Clara, Clemente y los demás implicados. Allí se descubren o se proclaman de manera interesada nuevos cambios de afecto: Clara pretende ahora reconocer a Julián como dueño; Julián y Clemente desacreditan a Clara y a Beatriz; Hipólita escucha nuevas declaraciones contradictorias. Ante la evidencia de que hombres y mujeres se engañan recíprocamente y convierten el amor en trato inestable, celoso y utilitario, los personajes concluyen renunciando al crédito fácil en las relaciones galantes. La comedia termina con una advertencia coral dirigida al público: tanto damas como galanes deben desconfiar, mirar mejor y “abrir el ojo” en un mundo amoroso donde el interés, la apariencia y la mentira gobiernan casi todas las acciones.
Galán principal de la comedia; mantiene o ha mantenido relaciones con varias mujeres y su mudable deseo desencadena la mayor parte de los celos, disputas y equívocos.
Dama central del enredo amoroso, hábil en atraer y administrar a varios galanes, de quienes obtiene regalos, dinero, casa o asistencia; provoca y sufre a la vez los principales conflictos.
Criado de don Clemente y figura cómica fundamental; aconseja, acompaña a su amo, participa en engaños y comenta con agudeza el interés material de las relaciones amorosas.
Mujer vinculada desde hace años a don Clemente; se presenta como honrada, padece sus mudanzas y acaba formando parte del cerco final contra él.
Pretendiente de doña Clara, hablador y persistente, que gasta en obsequios y termina envuelto en rivalidades, celos y en el duelo de la tercera jornada.
Regidor de Almagro y uno de los hombres que sostienen económicamente a doña Clara; su presencia provoca celos y acaba enfrentándose con don Clemente.
Dueña de la casa donde vive Clara y mujer relacionada con el pasado sentimental de don Clemente; su aparición intensifica los malentendidos y las acusaciones de doble trato.
Mujer que busca a don Clemente y declara una relación amorosa anterior; el texto la identifica de manera parcial y su irrupción complica decisivamente la trama de celos.
Núcleo principal de la acción; allí se producen visitas amorosas, escondites, lecturas de papeles, disputas, mudanzas y la exhibición del sistema de galanes que sostiene a la dama.
Espacio dinámico por el que circulan personajes, noticias y sospechas; aparecen la calle del Carmen, la de las Huertas, la del Lobo y otros trayectos urbanos que conectan las intrigas.
Lugar donde se abre la obra y donde se manifiesta la relación larga y conflictiva entre Hipólita y Clemente; vuelve a ser decisivo en la jornada final con la reunión de varios personajes.
Espacio contiguo o cercano al de Clara que sirve para esconder a personajes y para suscitar sospechas sobre las relaciones de don Clemente con su casera.
Lugar del duelo de la tercera jornada, donde el honor amoroso se transforma en una pelea confusa y cómica con consecuencias judiciales y sentimentales.
Espacios públicos del Madrid cortesano que enmarcan la sociabilidad, el paseo, la fama y la circulación de galanes, criados y rumores.
La obra muestra relaciones fundadas en promesas inestables, fingimientos y sospechas, hasta desembocar en una advertencia final para desconfiar y mirar mejor.
Regalos, préstamos, alquileres, manutención y objetos domésticos forman parte esencial del vínculo entre damas y galanes, de modo que el amor aparece mezclado con conveniencia material.
Los personajes se vigilan, se ocultan información y reaccionan con violencia o despecho ante cualquier rival, real o supuesto.
La trama depende de un Madrid de visitas continuas, mudanzas, paseos, calles concurridas, casas vecinas y espacios públicos donde todo se sabe o se murmura.
Varios personajes invocan su honor, su decoro o su fama, pero sus actos revelan acomodos, ocultaciones y dobles discursos que tensan continuamente la acción.
Los afectos cambian con rapidez, se superponen entre varias personas y raramente se mantienen firmes, lo que convierte el amor en un terreno de continua inestabilidad.
El desafío de la tercera jornada ridiculiza los códigos de valentía y pundonor al convertir la pelea en una escena caótica, interesada y poco heroica.