
Veröffentlichungsdatum: 22. August 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La vida y martirio de San Bartolomé, apóstol de Jesucristo. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-vida-y-martirio-de-san-bartolome-apostol-de-jesucristo.
San Bartolomé El Rey Polemón Un secretario Dos Sacerdotes La Infanta Astarot Un Ángel El Rey Altiages Un embajador Un paje Dos ciudadanos Dos Gentiles
No sé que esté impresa.
Sale San Bartolomé.
Sumo Señor consagrado,
que luz me dé de consuelo,
pues la vida se ha librado,
y pues se hizo el cielo, suelo,
el mundo será anublado.
Pues si en tinieblas, Señor,
dejáis vivas criaturas,
todo será ciego terror,
pero ya hacéis ver figuras:
Dios, trino, pan y pastor.
Qué clara y divina luz
en el mundo nos dejaste,
pues con milagros mostraste
la divina ley en la cruz
por nuestro amparo os clavaste.
Que pusiste en el desierto
con dos panes solamente
y cinco peces, que al puerto
salieron a tanta gente,
sobras, setenta y concierto.
Pues vide con tal ventura,
tan visiblemente y cierto,
que en la hedionda sepultura
Con vuestro evangelio santo
pienso domeñar mi flaqueza
y enseñar a vuestra Alteza
que una inmensa grandeza
vuelva mi pasión en llanto.
Que siendo quien sois, Señor,
en vuestra palabra fundo
que como sumo hacedor
faltará el cielo y el mundo
antes que en ella haya error.
Con el rigor y tormento
pienso de no darme espanto,
que en mí tendrán firme asiento,
que sembrando pena y llanto
cogeré gloria y contento.
Señor, humilde me postro
y estoy alegre y contento,
que tras vuestro mandamiento
solo el sudor de mi rostro
me ha de servir de sustento.
Porque signifique el alba
vuestro refulgente sol,
que es más hermosa que el alba,
pues se tiñe en arrebol
de la sangre que nos salva.
Pero si vos sois mi Dios
y yo soy hechura vuestra,
que os pueda dejar a dos,
sino rogar que en la nuestra
esté siempre entre los dos.
Mas ciego soy. ¿Qué digo?
¿Dios no está en todo lugar?
Pues, ¿cómo puede faltar,
siendo el amparo y abrigo
de todo el bien singular?
Porque a Pedro le dijiste
que con el hombre os quedaste
para no dejalle triste;
pues si tanto al hombre amaste,
¿quién ha de dudar que le asiste?
Pero como yo me fundo
en lo que Cristo mandó
con un amor tan profundo,
quiero lo que me enseñó
enseñallo a todo el mundo.
Que como aquí en Licaonia
son idólatras sin fe,
hasta su rey en persona,
pienso enseñalle la fe
porque goce su corona.
Partirme quiero en efeto,
porque conozcan sus menguas,
que de mi fe el sujeto
los montes moverán lenguas
para declarar su efeto.
Vase y sale el rey Polemón y un secretario.
Admiración me ha causado
de ver que Astarot se nos aflija,
y que el daño de mi hija
su poder no haya atajado.
Si es que mi culpa lo ordena,
no es esa buena disculpa,
que tenga el padre la culpa
y sea del hijo la pena.
Pero aunque más sacrificios
le he ofrecido y se le ofrece,
a mis ruegos enmudece
y no admite mis servicios.
¿Posible es que siendo el rey,
a quien defiende sus fueros,
que con tales desafueros
rompa su inhumana ley?
¿Qué sientes desto?
Imagino
que contigo está enojado
pues a todos
con artificio divino
Porque causa o, de que suerte
vemos su fuerza movida,
que a los unos da la vida
y a los otros da la muerte
Sino que es verdad patente
que duda su gran virtud
pues a todos da salud
y a esta le da accidente
Castiga al fin los agravios
porque se funda en razones
que lee los corazones
como nosotros los labios
Pues dime en qué te he ofendido
no conoces claramente
que mi persona y mi gente
con gran gusto le han servido
Juro saber de qué suerte
su honra está ofendida
y que por darle mi vida
gustaré tomar la muerte
No conoces mi intención
y mi paciencia no veis
y que arrojado a sus pies
le hago humilde oración
Posible es que no ofenda
una enfermedad tan leve
y hallo no se atreve
y no es su gusto de esta
Rey y señor considera
que a nuestros dioses ofendes
calla loco
que pretendes
proceder de esta manera
al mas inútil e igualo
Señor
Estoy de ira lleno
y pues condena lo bueno
quiero le ofender lo malo
Pues conservando sus fueros
por ritos tan rigurosos
no escucha en vez de sumitos
quiero usar de desaforos
Pues que en su ley o razón
no se halla remedio en nada
quizá podrá una amenaza
lo que no puede oración
Pues que a tal instrucción viene
dirme a fracasos iguales
que no remedien mis males
ofreciéndoles mis bienes.
Si mi hija, a quien mi estado
aguarda por sucesora,
no le da remedio agora,
qué mucho que esté enojado.
Quieres imitar a un loco
con lo que agora te escucho,
que digas que puede mucho
viendo que puede tan poco.
Si es con la razón igual
que es lo que dices también,
porque a quien le hace tal bien
le quiere hacer tal mal.
No dudo ser importuno,
pero mi mucha afición
es mi disculpa en razón
de ser tu bien oportuno.
Y ansí suplico a tu alteza
que le pidas su remedio,
que descubrirá este medio
su poder o su flaqueza.
Los sacerdotes consulta,
y procura por su medio
el conveniente remedio,
pues que a ellos no hay cosa oculta.
Y si asimismo corresponde
con la obligación debida,
publicarás de su vida
las máquinas que te esconde,
que en tan confusa ocasión,
si anduviere con malicia
al paso de su injusticia,
caminará tu razón.
Dices bien, yo estoy contento.
Llámales en mi presencia,
que se acaba mi paciencia.
Vase el secretario.
Haré luego el mandamiento.
Agora bien, este es buen medio
para la sospecha y duda,
que si de parecer muda
será importante remedio.
Ha sido traza tan buena
que enriquece mi memoria,
que no buscando mi gloria
tengo de buscar su pena,
que pues me fundo en razón,
procure de dar un medio
que no siendo mi remedio
ha de ver su perdición.
Entra el Secretario y dos sacerdotes.
Aquí está el Rey.
Oh, Señor,
concede que a nuestro labio
lleguen tus pies.
Ese agravio
no se deba a vos, Señor;
antes os quiero abrazar,
que imaginad que confieso
el misterio de estar triste
en este propio lugar.
Y el cielo será testigo
que atajando mis excesos
a todos vuestros fines os
tendréis en mí un grande amigo.
Rey supremo, en obligarnos
no hay para qué detenernos,
que no es lícito ofrecernos
quien tanto puede mandarnos.
Que la obligación que hallo
es, siguiendo nuestra ley,
obedecer como a Rey
y servir como vasallo.
Y ansí lo que hace saber
puede sin gusto tratar,
que a tu cuenta está el mandar
y a la nuestra el obedecer.
Pues sabed que yo pretendo
por este importante medio
lo que importa a mi remedio,
que yo no lo sé, ni entiendo.
Que conmigo está enojado
Astarot, el grande dios,
y por medio de los dos
quiero estar desengañado.
Y si está en algo ofendida
su grandeza y majestad,
diréisme a mí la verdad
para que perdón le pida.
Y ansí es menester que acuda
con cuidado y brevedad,
que en la fe de su verdad
se me propone una duda.
Porque tengo el corazón
y la voluntad suspensa,
no sé si es por vuestra ofensa
o de la misma sinrazón.
Que si de su propia mano
no hay remedio que imagine
No he de juzgar que es divino
quien no hace poder humano.
Porque si una enfermedad
tan leve que mi hija tiene
no remedia, no tiene
disculpa que sea verdad.
Y si mis deméritos son
causa della o mi malicia,
no he de juzgar que es justicia
lo que no cae en razón.
Y ansí gustad los dos,
pues sois sus siervos gozosos,
que mis tormentos inmensos
atajéis con vuestro Dios.
Y dejando la insolencia,
os daré por los servicios
a vosotros beneficios
y al Dios la justa obediencia.
De mi parte te aseguro,
invicto Rey, de hacer
todo mi humilde poder
que tu gusto y bien procuro.
Yo obedezco el mandamiento
como caso al fin tan justo,
que de tu descanso y gusto
pende mi gloria y contento.
Y ansí por ser la razón
y parte de tu contento,
la palabra y mandamiento
se pondrá en ejecución.
Pues si tal efeto obras
y con el miedo te me ablandas,
tras estas buenas palabras
alcanzarás buenas obras.
Que no hay pena de más pena,
trabajo que más me aflija,
que ver a mi amada hija
de mil accidentes llena.
Que todo mi gusto y gloria,
todo mi bien y contento
es ella; pero el tormento
devuelve esta en la memoria.
Que no hay trabajo que iguale
como es que si en un contento
estoy con ella, al momento
de su natural se sale.
Pues un supremo poderío
a quien yo ofrezco sacrificios
no le vuelve en su juicio,
es hacer que pierda el mío.
Si parece caso justo
esto que digo y pretendo,
consideradlo
Yo entiendo
que sucederá a tu gusto.
Pues juntamente los dos
por solo darme contento
os partid.
Tu mandamiento
trataremos.
Id con Dios.
Vanse los sacerdotes, y quédase el Rey y el secretario.
¿Qué te parece?
Imagino
que esta su firmeza.
Sin duda
lo será.
A tu gusto acuda
esta gloria.
Es buen camino.
Porque no tendrá disculpa,
si no remedia mis quejas,
que no han de estar mis tristezas
en disculpa de su culpa.
Ya no hay crédito que abone
ni palabras que entretengan,
si no es que remedios vengan,
todo lo demás perdone.
Ya no hay cosa que le obligue
a dejar de condescender
en tu ruego.
Por mi poder,
que si esta empresa consigue,
que ha de ser más venerado
que Dios, en el mundo habido,
y será de mí servido
cuanto de todo mi estado.
Los sacerdotes al fin
ya fueron a consultar
el caso, por dar lugar
en mi deseado fin.
Paréceme que tardamos,
ya no hallo sufrimiento,
vámonos a mi aposento
y allá aguardaremos.
Vamos.
Vanse y salen los sacerdotes alborotados, huyendo.
¡Grave mal!
¡Soberbio caso!
¡Qué portento tan terrible!
¡Qué cosa tan insufrible!
En vivo fuego me abraso.
Que Astarot se ha enmudecido.
qué misterio tan profundo
no se hallará en todo el mundo
tal caso haber sucedido
Que un oráculo tan cierto
tan tratable y tan humano
se nos ha vuelto inhumano
y en un sepulcro de muerto
Caso es que a todos asombra
pues visible y nuestro Dios
no quiera oír a los dos
si es faltar de su sombra
No está en su propio lugar
no está su imagen allí
mas si tan cierto lo vi
qué tengo ya que dudar
Sin duda nuestros servicios
le mueven a tal pasión
por quitar la obligación
de gozar los beneficios
qué sientes desto
Yo siento
que estoy tan turbado y ciego
que se abrasa en vivo fuego
la memoria y sentimiento
Y en esta confusa ley
el mayor daño y afrenta
es ver la pena y tormento
que le ha de causar al Rey
Qué sabemos de sacerdocio
no hallo ningún medio
porque en verse su ofensa
confirmamos proceso
El Rey viene
y a su tiempo
Entra el Rey y secretario
Que de tanto mi pasión
que me abrasa el corazón
y no hallo sufrimiento
Qué es esto, qué están aquí
amigos
Rey y señor
qué hay de nuevo
nuevo temor
qué hay de nuevo, me decí
Ay Rey invicto, un tal caso
que después que el hemisferio
da luz a más edades
y hermosea a nuestros tiempos
Después que el sol y la luna
gozan de sus influencias
hacen falta y ornamiento.
Acaba, di que me abraso,
por acabar de inquirir
que ha enmudecido Astarot.
¡Válgame el ser inmenso!
Agravio, mal o desdicha,
dura inclemencia del tiempo,
a inhumanidad de dioses.
Qué frágiles aunque eternos,
que puedan tanto mis culpas
que hagan tan horrible efecto.
Que quite de ser un dios
sin ser, por darme tormento.
¿Qué es esto, supremos dioses?
Cielos supremos, ¿qué es esto?
Que por solos mis disgustos
gustéis de tales portentos.
¿O qué es aquesto, sacerdotes?
Moved las lenguas, ¿qué es esto?
Pero vamos todos juntos
a ver el fiero suceso,
que me abraso y me consumo,
y a los dioses consultemos.
Vanse Rey, y Aureliano.
Vamos de priesa tras él,
que si solo le topamos
qué montará.
Bien has dicho,
vamos tras él.
Yo contento.
Vanse todos, y sale San Bartolomé solo.
Gracias, Jesús, a esa diestra
que adiestra, más da gracia,
pues de la cruz distes muestra
porque os demos todos gracias
de la gracia que fue vuestra.
Que en una inmensa pasión
y bienes tan infinitos,
que con todos es perdón,
para hacernos benditos
nos dais toda bendición.
Muerte que nos da tal vida,
vida que nos dio tal gloria,
gloria en la gloria perdida,
perdida que fue notoria,
notoria gracia cumplida.
Muerte que nos dio la vida,
vida que con vida muere,
la muerte trocaste en vida,
vida que a la eterna muerte
con vida, muerte, fue vida.
Inmenso amor y profundo,
Jesús mi bien y consuelo,
tanto es vuestro amor profundo
que siempre cuelgan del cielo
los misterios para el mundo.
Amor con tanta largueza,
Majestad humilde y llana,
mansedumbre con tanta alteza,
divina naturaleza
que goza por también humana.
A quien no obliga, no asombre
ver un amor tan profundo,
que de tan divino nombre
quisiste bajar al mundo
a llevar sayal del hombre.
Si vuestro inefable amor
en tal punto habemos visto,
qué hay que admirarnos, Señor,
que al fin fin sois, Jesucristo,
nuestro Dios y Redentor.
Gracias doy pues esa mano
concedió que por mi medio
con un modo soberano
divino amor el remedio
por mis causales sea llano.
Ya ha enmudecido su Dios,
ya no usará más engaños,
ya os conocerán a vos,
ya tendrán los desengaños
del que es verdadero Dios.
Quiero irme, procurando
su verdadero remedio,
pues que a vos rogando
me dará mano el medio
de todo lo que demando.
Vanse San Bartolomé y sale el Rey Polemón y los sacerdotes y secretario
¿Que es posible?
Sí señor,
porque buscando remedio
se ha hallado.
¿Habrá medio
para verle?
Hay gran temor,
pero por la experiencia
te desengañes de todo,
no ha de faltar algún modo
como venga a tu presencia.
Los dos se lo rogaremos
para que en tan grande daño
nos dé luego el desengaño,
y tu mandado haremos.
Pues sabéis que no es negocio
de tan poco fundamento
para que con tanto asiento
lo encomendemos al ocio.
Luego quiero incontinente
verle puesto en mi presencia,
para hacer la experiencia
que es tan grande inconveniente.
Es conveniente,
e iremos luego los dos
a desentrañar el caso.
Y luego porque me abraso
consultemos este Dios.
¿Qué os parece, secretario?
Que es caso de tal peso
que temo de este suceso
alguno que sea contrario.
Yo estoy confuso y turbado
de ver un caso tan grave
Si ansí el secreto se sabe
el caso está declarado
Y habrá que repare se
tengo el parecer tan lleno
de temeridad que peno
que una duda se me ofrece
qué duda
Ver que porfía
en no querernos hablar
ni oráculos quiere dar
como en menos de un día
Pues si estuviera enojado
por otros contrarios modos
no lo estuviera con todos
y aun a alguno hubiera allado
Pero a mí me hace dudar
desprueba que al mundo asombra
para sacar de su luz sombra
el ver que no quiera hablar
Si tiene algún sentimiento
comunicado habría medio
y proveyendo remedio
se supiera su mandamiento
Pero que por ningún modo
quiera admitir los servicios
víctimas y sacrificios
sino condenar de todo
grave mal
grave y tan bravo
que tengo un pensamiento
en tan alto sentimiento
que pronto ha llegado al cabo
No habrá remedio en mis quejas
los cielos dirán mis menguas
las aguas no tendrán lenguas
ni los romanos orejas
Solo en un profundo abismo
mis lamentos haré de un modo
que este es el más cierto modo
porque lo llevo en mí mismo
No hay cosa que no me aflija
solo el daño es bien me cuadre
pues que el sentir es del padre
y el padecer de la hija
Que hasta los dioses que adoro
y todos los firmamentos
por solo darme tormentos
pierdan fueros y decoro
Oigo, señor, que ya suena
la gaita.
Estoy tan turbado
que el sentido y el cuidado
ha suspendido mi pena.
Salen los sacerdotes y estará detrás de una cortina la figura de Berith ídolo
Ya por solo darte gusto,
por los ruegos que él os da,
viene Berith, nuestro Dios,
a hacer un discurso justo.
De una ciudad comarcana,
visto tu inhumano daño,
viene a darte el desengaño
con una voluntad llana.
Bien puedes ya fácilmente
desde este propio lugar
lo que es verdad escuchar,
pues lo dirá fácilmente.
Vuestra discreción es mucha,
ya yo valor entiendo.
El silencio te encomiendo
y lo que dijere escucha.
Dios que me honra desta suerte,
dinos, ya no reserves, di,
por qué causa ha enmudecido
Astarot tan grave y fuerte.
Sabed, sumos sacerdotes,
que Astarot ha enmudecido
por un ministro del cielo
que a esta ciudad ha venido.
Pues es un hombre el más prudente
que tuvieron nuestros siglos,
llámase Bartolomé,
apóstol de Jesucristo.
Viene acompañado de ángeles
y de mil gracias vestido,
y con cadenas de fuego
a nuestro Dios ha prendido.
Y contra todos los dioses
que en este ser presidimos
viene a echarnos de la tierra
porque se siente ofendido.
De que tal culto y adorno
a nosotros se ha ofrecido,
quiere que al Dios que él adora,
que es un Dios más que divino,
en esta tierra se adore.
como le adora el abismo
y porque le conozcáis
y os libréis de tal peligro
advertid estas señales
que tiene como las digo
cabellos negros, crespos
el rostro blanco, y bendito
grandes ojos, y narices
iguales con un sí mismo
la barba larga entrecana
ni el cuerpo grande, ni chico
sus vestiduras son blancas
con el calzado, y vestido
sin mudar veintiséis años
sin haberse envejecido
cien veces hace oración
con un amor encendido
en el día, y en la noche
el rostro alegre, continuo
tiene voz como trompeta
con un ser tan peregrino
que habla todas las lenguas
y sabe lo que yo os digo
como si puesto en porfía
tuviera atento el oído
y si él se quiere encubrir
sin que de nadie sea visto
puédolo hacer fácilmente
y sus misterios divinos
que fuera nunca acabar
querer aquí referirlos
solo si acaso le veis
en vez de mandar suplicios
que le roguéis que no venga
porque hará de mí lo mismo
esta es la verdad de todo
lo que ahora ha sucedido
que ya me voy a mi templo
a recibir sacrificios
¿Estoy dormido, o qué es esto?
¿que es posible tal engaño?
y que el propio desengaño
en más confusión me ha puesto.
Sacerdotes, ¿es posible
que decís?
Digo, señor,
que este es un terrible error,
que no serlo es imposible.
No imagines en tal caso.
Mira que quieren cegarte,
procura desengañarte
en sentimiento me abraso
si un dios me lo ha confesado
y vemos tales señales
qué ha de hacer.
Señor, que sales
del fuero que has profesado,
no te suspenda tan poco.
Más me atormento con eso;
si nuestro Dios pierde el seso,
¿qué mucho que esté yo loco?
Si él pierde su fuerza y brío,
su oráculo y su poder,
si pierde su propio ser,
¿qué mucho que pierda el mío?
No es posible ni hay razón
para que este desengaño
sea falso, que por mi daño
no hiciera tal confesión.
No hay remedio para que
yo deje de procurar
y de con cuidado buscar
al Bartolomé.
Ninguno me contradiga,
que en buscarle he de poner
todo cuanto es mi poder;
quien me obedece me siga.
¡Ay qué inhumanidad de ley!
Ya no hará, señor, qué provecho.
¿Qué habemos de hacer? Que de hecho
sigamos a nuestro Rey.
Vanse, y sale el Rey solo. Aquí ha de haber música.
Entre los graves males de la tierra,
que con su gravedad el aire encienden;
entre el furor sangriento de la guerra,
que con su yel y sangre el bien suspenden;
entre los daños que el infierno encierra,
que del fuego a la gloria todo ofende,
no hallo tormento en todos los tormentos
como el que yo padezco por momentos.
¿Posible es que después de haber buscado
con tal solicitud y con pregones,
debajo de mi nombre y mi mandado,
ofreciendo tan justos galardones;
posibles que después de haber andado
todas las plazas, calles y rincones,
que ninguno me diga que ha visto
al que sigue la ley de Jesucristo?
Sin duda que lo esconden mis ofensas.
que los justos cielos me lo acuerden,
porque mis culpas siempre son tormentos
y rigores a mis fuegos me responden
y a mis furias ásperas suspensas
que a mis justos castigos corresponden
y no hay piedad, clemencia, no hay ternezas
que puedan recibir mis altivezas.
Sale el Senatario y un ciudadano
Invicto Rey, dame albricias,
porque ya he hallado ahora
a Bartolomé.
Por Baco,
te daré lo que codicias.
Dime luego si es verdad
en caso tan eminente.
A este hombre que está aprisionado
le he dejado en la ciudad.
Amigo, con qué ventura
le viste.
Diré qué suerte
fue tan dichosa a tu suerte
en tan clara coyuntura.
Sabe, poderoso Rey,
que andándome paseando,
ya cuando declina el sol
por el levantado prado,
lleguéme por ver un hombre
de aspecto y vestido extraño
que por esta ciudad
a un hombre estaba curando,
que estaba loco y sin ser,
y en altas voces hablando
decía el demonio, suspenso
en el cuerpo voceando,
delante de mucha gente
que le estaban escuchando:
«Apóstol de Dios bendito,
Bartolomé, que me abrasas,
tus oraciones me encienden».
Y así el Apóstol, mandando
que callase y se saliese,
obedecióle callando,
quedando el hombre en su ser;
y así yo por tu mandado
vine con gran diligencia
a darte cuenta del caso,
por obedecer tus leyes
y por hacer tu mandado.
Yo agradezco tu servicio,
y por título y favor
te daré un gran galardón,
honroso y de beneficio.
Y ansí por el gobierno
a los dos luego al momento
traed de aquí a mi aposento.
De camino le traeremos.
Vanse y queda el Rey solo.
A inmensa y suprema gloria,
a innumerable contento,
cuál dios tuvo el pensamiento
en darme tanta victoria.
Ya dejad, ignorancia tal,
que esto contiene también,
pues que se ha hallado el bien
para que se acabe el mal.
Ya deja en los dioses fía
que mi suerte agora es buena,
porque de tu propia pena
se engendró toda la mía.
Ya contemplo las victorias
del sumo bien que se ordena,
porque estando tú sin pena
tengo de estar yo con gloria.
Ya todo es gloria el despecho
del bien que a verse me viene,
pero ya la gente viene,
bravo y venerable aspeto.
Salen San Bartolomé y el Secretario.
Ya, Rey, está en tu presencia
para tu hija el remedio,
y con endiosado medio
y con suma diligencia.
Mira este noble semblante,
mira este divino médico,
y al fin mira tu remedio,
pues que le tienes delante.
Mira bien su portamiento y talle.
Santos dioses, ¿qué es aquello?
Que parece que estoy puesto
en éxtasis adoralle.
Si el mundo en su noble cara
que esta que agora contemplo
fijo le viera en un templo,
por Dios al fin le adorara.
Si admites mis sacrificios
de ofrecerte los prometo
y si gustas de ansí estotros
luego te haré rubricarlos
Ya, Rey, solo a obedecer
vengo, guardando el decoro
a nuestro Dios que adoro,
que es el que da todo el ser.
Todo es tránsito perecedero
sino este sumo hacedor,
que ya para este Señor
aún no me hallo justo siervo.
Todo al fin se ha de acabar,
aunque más los genios doren;
yo no pido que me adoren,
que yo tengo de adorar.
Que al fin todo el bien se encierra,
y esto es lo que has de alabar,
que todos han de adorar
al que hizo cielos y la tierra.
Yo pienso, justo varón,
y si a mis remedios acudes,
de gozar de tus virtudes
en tan dichosa ocasión.
Con tal remedio me acudes
que imagino que transformas
las piedras logran formas
para decir tus virtudes.
No me juzgues como a tirano,
que no será justo medio,
y pues eres mi remedio
quiero contarte mi daño.
Sabe, señor, que una hija
que tengo en grave pasión,
lunática es la ocasión
para que el dolor me aflija.
Mis dioses he consultado
y por ellos he sabido
que les has enmudecido,
y ansí remedio no he hallado.
Y si hay oración bastante
para que le des remedio,
por este divino medio
verás premio semejante.
Por ver tu aspecto y amparo
yo a ver no sé qué presencia
tengo de hacer diligencia,
que en lo de mano reparo.
Mándale luego llamar.
Para que estando presente
de su daño y accidente
se pueda el furor atajar.
Secretario, ve y ordena
que venga luego al momento
de donde está en su aposento
mi hija con la cadena.
Luego voy.
Sus accidentes
son tan graves y inhumanos
que el perro rompe sus manos
y los vestidos, los dientes.
Tal vez hay que está tan fuerte
que tuviera por mejor
que con aquel cruel rigor
se le llevara la muerte.
Y está puesta en coyuntura
que el que en su mal le dé medio
después de ser su remedio
también ha de ser su hechura.
Entra el secretario con la Infanta con una cadena
Por solo hacer tu mandado
traigo a tu hija presente,
aguardando el accidente
por momentos con cuidado.
Aquesta es, Bartolomé,
la que con grave pasión
me atormenta el corazón.
oración
bendición
Aquí entenderás mi fe.
Señor, con vuestra licencia,
con vuestra gracia y ayuda,
si de vos tengo yo ayuda
para hacer esta experiencia,
fiando al fin en vos tanto
cual vuestra palabra dijo,
bendígale el Padre y Hijo
con el Espíritu Santo.
Desatadla en buena hora,
que bien podéis libremente,
pues no tiene accidente
no es justo tenga cadena.
Desatadle, secretario.
Señor, no me mandes tal cosa
pues sabes que es tan furiosa.
Bien podéis.
Y aunque fue tal prontitud
quiere el autor que es mi Dios
que aquí juntes los dos
hechos por ver su salud
Al fin bien puedo llegar
Desátanle y queda sana y quieta
Bien seguro amigo puedes
Libre está.
Porque en merced es
que te dejes adorar
porque el que tal beneficio
me ha hecho en tal ocasión
pues tu divino es razón
admíteme en tu servicio
Tus casos al fin son santos
tus obras y hallarán santas
pues justas son gracias tantas
al que hace milagros tantos
Rey mira que no te entiendes
y quieres tanto obligarme
que imaginas que es honrarme
con lo que tanto me ofendes
Y no imaginéis los dos
que yo este milagro hácello
No hay en mi poder para ello
que el poder todo está en Dios
Y porque me está llamando
un caso dame licencia
Yo qué haré en tu presencia
sino andarte suplicando
Y aun te suplico y pido
por la santidad que muestras
que mis fortunas siniestras
no me dejes en olvido
Fía señor que lo haré
con alegría y contento
que es guardar su mandamiento
de Dios y seguir su fe
Vase S. Bartolomé
Hija y bien de mis entrañas
Padre de mi corazón
Viste ya el santo varón
y sus divinas hazañas.
Vile padre con tal medio
y glorioso corazón
que en darme su bendición
fue darme el cierto remedio
Jornada segunda. Salen el Rey Polemón y el secretario.
Que no parece es posible,
señor, digo de verdad
que no se halla en la ciudad.
Débese hacer invisible.
Que bien he echado de ver
en ser un varón tan justo
que a medida de su gusto
tiene su inmenso poder.
Muero por ver aquel celo,
aquel ser tan envidiado
que parece que ha bajado
alguna estampa del cielo.
Qué ingenio tan peregrino,
qué amor tan humilde y llano,
jamás vi de ente humano
un sujeto tan divino.
Qué noble y divino aspecto,
qué santidad de desvelos,
que hasta los justos cielos
le guardan justo respeto.
Qué celestial arrebol
y blanca vestidura,
que en pureza y hermosura
vence al refulgente sol.
Y es posible que mis gentes
truequen mi gloria en cuidado,
que digan no haberle hallado
y me vuelvan los gentes.
Siéntolo en el corazón.
No tienes en qué dudar,
porque jamás ha de estar
sino la misma razón.
Y si es justo que a tus quejas
responda, pues le concedes,
a tus lamentables voces
tendrá piadosas orejas.
No hayas miedo que te huya
su voluntad para amarte,
si guía está de tu parte
que sigas tú la suya.
Que si con justo querer
sus divinas leyes amas,
no hayas miedo que si llamas
él deje de responder.
Que si en gusto singular
sus santas virtudes mides,
es cierto que si le pides
no puede dejar de dar.
Y que si la razón y gusto
tuvieres tú de tu parte,
procurando de ajustarte,
claro ha de ser como justo.
Porque es tan santo y bueno
que como tal lo ha de dar.
De cuidado y de pesar
tengo el pensamiento lleno.
Porque mis culpas y ofensas
de su gravedad consigo
que por mi inmenso castigo
pondrá sus fuerzas inmensas.
Yo al fin no te contradigo
de lo que has articulado,
pero si tengo el pecado
no es justo en mí el castigo.
No hay razón en su lugar,
no habrá consuelo en el suelo,
que hasta el supremo cielo
sería de verme llorar.
La pena del alma es dueño.
dormido está el corazón,
porque el cuidado y pasión
siempre están llamando al sueño.
Tráeme aquí una silla luego
que quiero un rato dormir
por si podré convertir
esta inquietud en sosiego.
Luego voy.
Vase.
Ve y ven luego.
que imagino que ha llegado
toda la pena y cuidado
envuelto en tan vivo fuego.
Mas para gozar su gloria
tan pura y tan refulgente,
aunque está de mí ausente
presente está en mi memoria.
Sale el secretario.
Invicto Rey, ya está aquí
la silla.
Mi gusto aciertas.
Ciérrame bien esas puertas
y vete luego de ahí.
Quedan cerradas.
Vase.
Bien puedes ir
y haz eso que te he mandado
que por el sueño pesado
me quiero un poco dormir.
Duerme el Rey y sale San Bartolomé.
Ayudad a mis intentos
Señor en tan justos casos
y alumbrad mis pensamientos
porque no salgan mis pasos
falsos en vuestros mandamientos.
Despierta el Rey y dice:
¿Qué es esto, glorias turbadas,
sois caducas, o sois ciertas?
Mas ya siento sus pisadas
que pueda entrar por las puertas
estando todas cerradas.
Quiero escuchar, pues le veo.
Invicto Rey, con codicia
me ha hecho buscar cuál creo,
pues mi fin no es avaricia
sino entrañable deseo.
Por ver tu real devoción
y aguardar que tus efectos
se dispongan a razón,
para de mis justos pretos
hacer clara ostentación.
¿Qué manda su majestad
de aqueste hombre peregrino?
A, varón en santidad,
hijo del sumo divino,
centro de la voluntad,
norte de toda mi luz,
resplandor de la victoria,
fiel guarda de mi salud,
descanso de mi memoria,
y archivo de virtud.
Mando y ruego, y ansí quiero
que pues me pides por Dios,
y yo este renombre quiero,
que me digas si sois dos,
pues yo soy solo el primero.
¿O si es este el Dios acaso
a quien das tan justos medios,
que me da luz en mi ocaso,
a quien yo busqué remedios,
para aliviarme el caso?
Dime la verdad ya en esto,
que el saberlo me da vida.
A lo que me has propuesto
la verdad verás sabida,
y el negocio más en resto.
Sabe tú que el Dios que ligo
es Dios verdadero y justo,
como en la verdad me obligo
pues que de vuestro disgusto
me envía a que dé castigo.
Y ansí no hay más que un solo Dios,
aquel que formó los cielos,
aquel que crió a los dos,
aquel que quita desvelos,
aquel por quien vengo a vos.
Aquel que crió este mundo
crio de los elementos,
aquel de saber profundo,
que sabe mis pensamientos,
y es el que a la mar unfundo.
Aquel para quien mil años
en la obra pareció un día,
aquel que cura los daños,
aquel que al bueno le guía,
aquel que quita los engaños.
Aquel que por redimirnos
las divinas vistió agora
con las humanas entrañas
que se vistió, en las divinas.
Mas su esencia inaccesible
no puedo de ningún modo
decirte que es imposible,
aunque fuera lenguas todo,
que Dios es incomprensible.
Para hallar con propiedad
le dan atributos tantos
a su inmensa Majestad
que los profetas y santos
le llaman suma deidad:
Adonay el hebreo,
Adad el asirio dice,
Teos el griego, cual veo,
Deus el latín, y felice,
Jeniel indio, cerúleo.
Guarda, león y pastor,
estrella, refugio, amparo,
salvador, salud, criador,
padre, hijo, verbum caro,
verdad primera, Señor.
Luz, vida, esencia, deidad,
fuente, guía, redentor,
justicia y eternidad,
cierto Emanuel, hacedor,
Mesías, pan, pura bondad.
Hubo, Rey, esa ficción
el adversario importuno,
que todos los dioses son,
respeto de este ninguno,
que es verdad y salvación.
Este en su palabra santa,
según San Lucas refiere,
y en su evangelio nos canta,
Jesús será el que naciere
con virtud y bondad tanta.
Este es pues el Redentor
en lo que yo, Rey, me fundo;
este es el sumo criador,
que llamar Jesús al mundo
quiere decir salvador.
Este que es Dios verdadero,
este que es la pura luz,
con humildad de cordero
vino a morir en la cruz
por el pecado primero.
Este con su eterna vida
quiso morir de esta suerte;
con la humanidad vestida,
y la vencedora muerte
entonces quedó vencida.
Murió al fin la humanidad
por el pecado infinito
pero la divinidad
no murió porque el verdito
no lo tuvo en voluntad
tres días hubo dormido
en la cruz por el remedio
del hombre que era perdido
que quiso tomar tal medio
viendo tal mal sucedido
pero al fin resucitó
por su bondad y clemencia
y a los cielos se subió
haciendo dello experiencia
al que le vio y no le vio
sentose al fin a la diestra
del padre donde subió
y a nuestros pasos adiestra
y a los padres les sacó
de aquella pena siniestra
y al fin Rey por casos ciertos
te quiero desengañar
que esos son dioses muertos
y el terno que ha de juzgar
a los vivos y a los muertos
¡Oh miseria del corazón!
saltar con más vivo fuego
viendo tan pura razón
esta pena porque luego
me deshiciera en pasión
confuso estoy y corrido
viendo lo que he profesado
que cosa tan vana ha sido
pero del grave pecado
ya estoy bien arrepentido
Divino Bartolomé
muestra la lengua y orejas
y haz de responderme
más a mis tristes quejas
y a él a declarar tu fe
dime pues lo que conviene
la fe que guardas y sigues
por ver si remedio tiene
que en esto mi bien consigues
y la obligación que tienes
Dejad Rey esos estremos
que os ha de perdonar Dios
porque todos le ofendemos
y no pide a mí ni a vos
sino solo que le amemos
que no juremos en vano
que aguardemos su día justo
que sirvamos al padre anciano
que no mates que es injusto
ni seas lascivo tirano
que no tuviera ninguno
no levantar testimonios
ni mentir que es de demonios
no codiciar de ninguno
los bienes ni patrimonios
y todo se encierra en dos
que es una ley tan suave
que nos amemos los dos
que en estas dos cosas cabe
amar al prójimo y Dios
Tiene de justo tal parte
esto que agora me dices
que está baja de mi parte
aunque al fin te escandalices
para con gusto abrazarte
deja que lleguen mis brazos
agora destos favores
que aunque no son estos lazos
deste bien merecedores
gozan de tus abrazos
que tengo tal la memoria
que está de tormento ajena
que pienso en esta victoria
que la merecida pena
me has de convertir en gloria
y si no te has de ofender
para acabar mis fatigas
quiero al fin luego saber
que destos dioses me digas
todo lo que es su poder
Sabe que demonios son
que procuran engañar
con enredos y invención
porque ellos no pueden dar
sino pena y perdición
que viéndose entronizado
quiso igualarse a Dios mismo
pero al fin fue derribado
y puesto en el bajo abismo
con tan miserable estado
y ansí de envidia movido
viendo su perpetuo daño
por ver su gozo perdido
con su perfidia y engaño
buscar consuelo ha querido
pero si más brevemente
queréis ver el desengaño
manda a juntar a tu gente
porque este notable engaño
pueda a todos ser patente
que no es bien que el Reino sirva
este engañador perverso
en que tu real pecho afloja
Astarot se llama el uno
el que tú has sacrificado
y de todos el tribuno
y a quien tienes aplacado
para tu fin inoportuno
Berith se llama el segundo
y Acaronte el fiero y fuerte
de engaños de que me fundo
estos a dar la muerte
a quien se precia en el mundo
Manda luego incontinente
a los embajadores tuyos
fieles de quien no te sientes
que traigan de pechos suyos
al que les es presidente
y verás lo que aquí adoras
y si son falsos y fementidos
y con cadenas sonoras
atado al solio lucido
para que más te enamores
El pecho en el corazón
salta mi rey y amigo
pues tengo tanta razón
quiero al fin mandar castigo
por tan grande sinrazón
Secretario de mi pecho
ya tu has visto este retrato
Señor, he visto que es hecho
por milagro este retrato
Pues mira que me has deshecho
ve y llama a los sacerdotes
de manera que los trates
en razones muy severas
que luego al punto vengan
a verme porque le mate
Obedezco tu mandamiento
Vase, y salen los sacerdotes
Que me dices del suceso
y del bárbaro portento
Que si en el no me reporto
casi me tiene sin seso
que he sentido las palabras
por la corte y la ciudad
con tanta presteza y vuelo
por ver a su majestad
¿Pues que nos queda ya digo?
sino irnos de este reino
que serle ha el mayor castigo
Cosa es y será conveniente
nuestro Rey, pues en razón
alguna disculpa tiene
Que un ingenio tan
firme en la idolatría
cuya profesión ha honrado
de tal suerte se desvía
que casi le ha condenado.
No te espantes que ha tenido
hasta disculpar valor
porque haberse suspendido
Astarot es ocasión
que eleva el seso y sentido.
Y puesto que esto le obligue
a tener esta opinión
lo que este apóstol consigue
es tan suprema razón
que en saber esto la sigue.
Porque de su propio gusto
se refiere que es un varón
tan endiosado y tan justo
que con la misma razón
el seguirle viene a susto.
Y que tiene tal santidad
y tan divinos ejemplos
que con suma voluntad
hasta los dioses templos
pregonan su deidad.
Parece que hasta los vientos
agradables le entretienen
contemplados movimientos
y que las aguas le vienen
a causarle mil contentos.
La tierra grave suspende
las fieras mueve a piedad
y todas lenguas entiende
y en la luz de su verdad
el sol sus rayos enciende.
Los cielos y las estrellas
y los firmamentos dél
con sus influencias bellas
no sé si dan luz sobre él
o si él da luz sobre ellas.
Y ansí declarar no sé
aunque me causa tormento
la verdad que hay en su fe
que no llega el pensamiento
a tanto como se ve.
Bien has dicho pues advierte
que si a este hombre le seguimos
de ningún modo ni suerte
en el ser que padecimos
vemos dichosa suerte.
Yo bien echo de ver
por mil causas y estas son
que este hombre tiene tal ser
que todos los corazones
le deben obedecer.
bien conozco su pecho
y que es su perfecto Dios
el que los cielos ha hecho,
pero quedamos los dos
sin nuestro honor y provecho.
Yo no imagino seguirle,
ni aun que nadie le diga
ni sus virtudes decirle,
que aunque su Dios me persiga
yo tengo de perseguirle.
Que al fin resuelto he quedado
en no seguir a su ley,
porque es caso declarado
que todo el reino y el Rey
nos dejarán sin estado.
No hay sino disimular
un negocio tan terrible.
Yo al fin te he de acompañar,
aunque parezca imposible
el quererlo contrastar.
Sale el Secretario.
El Rey me manda llamaros,
por no causar mal ejemplo.
A mí me envía a informaros
que están todos en el templo,
que le sirváis de allegaros.
Eso que el Rey quiere hacer
es una prueba que asombra,
que tal luz de su poder
de Astarot forma su sombra
si el fin dello llega a ver.
Vamos, que los dos seremos
por obedecer al Rey,
y al fin fin le seguiremos
por guardar su fuero y ley.
Vamos.
Que le obedecemos.
Vanse y salen el Rey, San Bartolomé y los sacerdotes y el Secretario, y los sacerdotes delante.
De enojo y cuidado lleno,
por ver una prueba tal,
esta víctima que ordeno
quiero hacer por ver el mal
que es de todo bien ajeno.
Bien dirás, si acierto a vello.
Poco a poco viene la gente,
desde aquí puedes ya vello,
que este es el templo y la gente
viene infinita por ellos.
Secretario.
Señor.
Mira
que no suba nadie acá,
a esta parte te retira.
me tiene con trabajos padeciendo
por mi soberbia loca y mi porfía
que ya ha venido al mundo y ya se ha visto
la verdad y llamarse Jesucristo.
Con cadenas de fuego estoy atado
por ministros de Dios cuyo hijo es Cristo,
que fue por los judíos crucificado
como de todo el mundo ha sido visto,
y a su santa cruz por armas ha dejado
contra los que presiden donde asisto,
y para salvaros dejó la fe
que es la que tiene al fin Bartolomé.
Este es el que os da tal luz acá en el suelo
que la fe y la virtud que van consigo
le tienen trasladado allá en el cielo.
Este del sumo Dios es grande amigo
que en el mundo ha dejado para consuelo
este vive en el mundo como santo
porque su Dios le ha dado valor tanto.
Al cual suplico y pido pues yo he dicho
lo que fue de su gusto y me ha mandado
que estando de mis yerros satisfecho
me deje en miserable y triste estado
en fuego ardiente al fin estoy deshecho.
porque con ciego fuego esto parado
que si me deja dar tales favores
daré por los de un hora mil clamores
Bárbaro, bestial, gigante altísimo
príncipe de tinieblas ronco y fiero
en las iras dormido, pernicioso
tigre, raposa, lobo carnicero
en promesas un rey pobrísimo
pues a Dios le ofreciste un reino entero
pero en cumplir a la hormiga imitas
menos eres que nada, pues las quitas
Tentador adversario cruel mortífero
engañador común de enredos asiles
soberbio con rebeldía cruel pestífero
enredador del mundo en redes frágiles
de los siervos de Dios lobo carnicero
tus discursos y males son portátiles
nota la caída que del cielo
llegaste a lo profundo de los abismos
No bastaba el mérito que en el cielo
tú quisiste igualar a tu autor mismo
de donde perdiste tu desconsuelo
bajando a los infiernos a su abismo
sino que a este fin xes Dios del cielo
y aguardaran triste paraíso
buscas en los daños y mal profundo
que el mesías prometido bajó al mundo
a costa sangre para redimirnos
ha redimido y dado vida al mundo
y aun en pasión y fe santísima
ha dado al hombre un bien estrangundo
por su sangre clara y muy dulcísima
me ha dejado la fe en que yo me fundo
pues dime la verdad que rehusas
de cantarme tus vanas falsas excusas
Aunque no cabe en mí verdad ninguna
ni puedo declararla ni usar de ella
tiéneme tan sujeto mi fortuna
que no puedo hablar sino con ella
y aunque me da el decirla pena alguna
no puedo a tu palabra ir contra ella
escuchadme pues ya con rostro atento
sabe que me fuerza el mandamiento
yo soy demonio miserable
que no tengo poder ni fuerza alguna
sino para hacer daño notable
a quien deje mi furia importuna
yo robaría a todos irremediable
pero el gran Señor de la fortuna
y así suplico a Dios que está orando
que me dejes ir en mi llanto
Vete, ambicioso, cruel, fiero, tirano
adonde no parezcas entre gentes,
pues que caso tan frágil y humano
nos causa indicio claro de que mientes,
y pues eres tan frágil y villano
que desharán tus casos aparentes,
vete y se atajarán máquinas tantas,
huyendo voy de ti porque me espantas.
¿Qué te parece, invicto Rey, del caso?
¿Si es este el Dios que aquí se adora,
cómo con rápido vuelo y veloz paso
se va huyendo de este templo agora?
Con sentimiento el corazón abrazo,
porque veo la razón que en ti milita,
y ansí yo hoy por lo que aquí he visto
creo en el verdadero Jesucristo.
Y vosotros que habéis venido al templo
para ver de este caso el desengaño,
y habéis visto tan claro y real ejemplo
para ver el notable y fiero daño,
de este apóstol de Dios que ya contemplo
lleno de fe y limpio de engaño,
y que de este gran Dios cierto habéis visto
que el verdadero Dios es Jesucristo.
Aparece un Ángel con una cruz.
Apóstol Bartolomé, a quien Dios ama,
Dios estas armas te envía,
pues también guardas su fe,
que es justo que en este día
tan justa empresa te dé.
Mira cómo le defiendes
desde los cielos su fe,
y que ensalzarla pretendes,
y ansí manda que te dé
esta cruz pues que la entiendes.
Mira la empresa del cielo
que sobre tus hombros caiga,
que fue reparo y consuelo,
que de aquella plaga amarga
nació la salud del suelo.
Y no es justo que te asombres
de ver una empresa tal,
que abra milagros y renombres
en ese pecho leal,
ejemplo para los hombres.
Y ansí con esto me parto
obedeciendo al Señor;
toma, pues que he dicho harto,
que por su inmenso valor
me despido y no me aparto.
Desaparece el Ángel.
Señor, jamás olvidáis
Una humildad que es sencilla,
sino que tanto le amáis,
que a quien más bajo se humilla,
más alto le levantáis.
Milagros me prometéis
comunicados de vos,
pues tanto favor me hacéis,
hacer milagros es, mi Dios,
que esta cruz me encarguéis.
Sin duda es de vos nacida,
una piedad de tal suerte,
que de mi culpa ofendida,
quisiste quitar la muerte,
por dar a mi muerte vida.
Es al fin vuestro amor tanto,
y tanto al que os ama dais,
que si llama con fe y llanto,
como música escucháis,
y trocáis su pena en canto.
¿En qué, Señor, merecí
que unas armas de esta suerte
se me encomienden a mí,
si en vuestra preciosa muerte
santa columna le vi?
Mandáisme que en este suelo
le dé un asiento jocundo,
para reparo y consuelo,
con esta queréis que el mundo
tenga camino del cielo.
Levanta, Rey, esos ojos,
y inclínalos a esta cruz,
que estos divinos despojos
son las armas de la luz
que quitan penas y enojos.
Adorémoslos los dos
con lágrimas de alegría,
que si con fe lo hacéis vos,
servirá de amparo y guía
para que gocéis de Dios.
Toma el Rey la cruz.
A, Bartolomé divino,
y qué confuso me siento,
no obre frenesí, imagino,
dármela, que me arrepiento,
si soy de tomalla digno.
Suprema y suma deidad,
que las regiones regís
con concierto y majestad,
si es que a los tristes oís,
mi triste ruego escuchad.
Pues de vos nace el amparo
de todo el mundo perdido,
y sois al fin el reparo,
prestadme piadoso oído,
pues que ya en mi error me paro.
Confieso que sois aquel
que dio ser a lo criado.
y que sois el que por él
el mundo se ha remediado,
y ha de ser juzgado de él.
Confieso que viva fe
es la que me ha de salvar,
pues por milagros se ve,
y ansí, al fin, quiero imitar
al santo Bartolomé.
Vení todos a adorar
esta cruz preciosa y santa,
que a todos ha de salvar,
porque de una gloria tanta
tanto bien os ha de sacar.
En estos brazos piadosos,
Bartolomé, me encomiendo,
que en estos casos gloriosos,
de amor divino, me enciendo,
por ver los míos dichosos.
Ese es tu remedio mismo
y lo que te ha de salvar,
porque es de piedad abismo.
Y si en esta fe has de entrar,
la puerta es santo bautismo.
Y si queréis gozar de él,
todos de conformidad
habéis de creer en él
y confirmar que es verdad
y que os salvaréis por él.
Y pues tal gloria habéis visto,
donde el reparo se ve,
pues veis que por mí os asisto,
vamos y viva la fe.
Viva la fe de Jesucristo.
Jornada tercera. Salen los dos sacerdotes.
¿Tuvo el mundo en sus edades
ni la fortuna en su rueda,
con caso que tanto pueda,
suspender con novedades?
¿Que con tan fiero vigor
permitan los dioses santos
que nuestros males sean tantos
y tan poco nuestro honor?
De ver un caso tan grave
se me abrasa el corazón,
aunque la misma razón
con tanta verdad se sabe.
¿Qué importa que un caso tal
se deje entender también,
si porque tengan tal bien
nos ha de causar tal mal?
¿Qué importa nuestro honor
y nuestro supremo estado,
por el habernos trocado
en afrenta y deshonor?
¿No viste ayer en el caso,
por lo que le ha parecido,
que el Rey, que echa en olvido,
no hizo de nosotros caso?
Que quien pedía invocado
y aun lloraba, me ayuda
nos suele sacar muda,
sino pavor y helado.
No hay modo al fin que se tenga
para mitigar mi furia,
porque esta soberbia injuria
no es justo que nos convenga.
Que de todas las ciudades
nos rebela la grey,
y no de los reyes grey,
sino todas las edades.
Y ver que con tal crueldad
al mundo nos ha dejado,
de los tronos derribado
con su autoridad.
Dejémonos de argumentos
y tratemos de este remedio,
para que se ponga medio
en tan terribles tormentos.
¿Qué remedio puede ver
que no nos cause más pena?
Yo lo diré.
Pues ordena
de la suerte que ha de ser.
Advierte que he pensado
cómo poder suspender
tal mal.
¿Cómo?
Has de saber
que es caso llano y probado.
Sabe que nuestro rey tiene
un hermano tan furioso
que será medio piadoso
para lo que nos conviene.
Y mejor será que nos vamos
los dos de conformidad,
hasta que en su reino y ciudad
a Deciano le sigamos.
Porque con fiera ocasión
sin duda alguna será
lo que a todos convendrá
conforme a fuero y razón.
Bien dices, vamos luego,
y pongámoslo en efecto,
porque su rudo sujeto
atizará nuestro fuego.
Justo caso es que lo hagamos,
y en esto que hacerse tiene,
sabrálo el rey.
No conviene,
vamos luego a hacello.
Vamos.
Vanse y salen San Bartolomé y el rey Polemón.
Después que en esta ley divina y santa
convertiste mis penas en sus glorias
parece que es un yugo tan suave
que aunque he lidiado en mil tormentos
estoy gozoso y lleno de mil gustos.
Déte gracias Señor toda criatura
alábente las altas potestades,
y que eficaz y santa es tu palabra:
no te admires supremo Rey de verte,
lleno de gloria pues que tal ley sigues
que es palabra del mismo Dios eterno
el cual afirma por mi hermano Lucas
en el veinte y un capítulo evangélico
que antes fallará el cielo con la tierra
que su palabra santa al mundo falte.
Y el mismo Dios también según Mateo
en el capítulo once: que su yugo
es suave; y su carga que es liviana
y también el Real Profeta santo
el glorioso David puesto en sus salmos
que quien ama la ley de Dios supremo
no le da pesadumbre ni aun enfado
y esto dice en el salmo diez y ocho
también en el noventa nos declara
que quien guarda su ley santa y divina
los ángeles le llevan en sus palmas.
Pues Rey supremo hermano de mi alma,
procura resguardarte del pecado,
pues que de allá en tu retrete ya te he dicho
lo que son los pecados y sus especies.
Y así he dicho que el santo sacramento
de confesión y penitencia es dado
para quitar de ti tan grave carga
que al fin pecamos como miserables
que la vida del hombre al fin es guerra,
como nos dice Job, séptimo capite
y David, en el salmo treinta y ocho,
dice que es toda vanidad el hombre;
pues si pasas trabajo en esta vida,
mira que dice Cristo al fin por Lucas
que los trabajos que hay en este mundo
que por su amor divino se padecen,
que les vistió de verde por consuelo.
Y el Profeta David dice en un salmo
que se visten de verde las virtudes
y así aunque los trabajos te persigan
no les temas ni temas a la muerte
del espíritu santo con su obra
lo que nos dice en el eclesiástico
y el capítulo treinta nos declara.
que aun conmigo acerta amargamente
que no la amargura de que reparas
procura de guardar verdad en todo
que el de proverbios de el Rey nos declara
que las promesas que la verdad hace
son firmes ciertas y tambien seguras
y esto es invicto Rey lo que conviene
para que goze tu alma eterna vida.
Mueve esa lengua alegre dulce y clara
no suspendas mi gloria concebida
y dime los efetos del pecado
por que no me provoque a el, el animo.
Para significar tan gran cosa
quisiera al fin hallarme con mil lenguas
pero por darte en esto mi Rey gusto
yo dire alguna parte de sus efetos
dandome Cristo su divina gracia.
El pecado que causa al alma torpe
en el libro que escribe Job quarenta
el espiritu santo le apellida
Behemot en el cual nos significa
todas las fieras crueles y inumanas
pues quien combatira con todas ellas
que alcance de sus furias la victoria
Con el leon es facil la batalla
pues como dize Plinio huye y teme
de la voz de el crestado y triste gallo;
con la serpiente bien puede vencerse
pues comiendose una flaca comadrexa
la ruda segun dize Valeriano
da muerte a tanta furia venenosa
pues con el cocodrilo bien es facil
la victoria pues huye a quien le sigue
con solo el aspid como se puede
pues que el Inermon su flaca hierva
de rastro y rastro le persigue y le da muerte
y el ratoncillo flaco atemoriza
al soberbio elefante y le suxeta
Si en Lidia entre sus secos arenales
teme el aguila parda los dragones
facil sera con ellos la conquista
pues si el pecado significa a todos
quien a de aver que a todos les resista
tambien nos da un exemplo el Eclesiastico
y es que del pecado huyas como de un demonio
con osadia engañoso y atrevido
tambien dize que huyamos del pecado
como de una serpiente venenosa
que esta la boca abierta alli aguardando
para despedazarnos fieramente
Más que los tiernecitos de león furioso
son hambrientas y entrañas pecadoras
aflicción y lazo, red y peso, tormento,
y en el salmo David cinco y mil yerbas
dice que la salud que está en mí es lepra.
Y más que para los justos y pecadores,
también dice Dios por un profeta
que como un vaso sucio y asqueroso
se pone el pecador en el pecado.
Mas refiere también por el profeta
el Espíritu Santo del Señor
que es cuerpo vano y sin ningún sentido
quien hace el pecado escrito y mudo,
porque al fin es vanidad todo pecado
y todo es vanidad y mentira
el pecado que se hace contra Dios.
Porque al fin los castigos del pecado
el profeta David les llama muchos,
y en lugares divinos, en los proverbios
que el Espíritu Santo nos enseña,
dice que los pecados son redes,
grillos, cadenas, formas y otras cosas.
Y sabemos del de David salmo séptimo
que al que el pecado comete,
también hallamos en el salmo divino
que quien ama al pecado se aborrece.
Esto es una pruebecilla, Rey invicto,
de los afectos que el pecado causa.
Y pues que no se quiere poner en el tormento
ni oír las voces del Señor sagradas,
queremos de que le ofende a un Dios,
de que le retira a los pecadores
de este lugar que el trato ha de tener,
porque son en confesar los mismos
porque de vicios, gustos y sinrazones
y demás los que hay sin trabados.
Y en el Apocalipsis nos lo escribe
nuestro Juan glorioso evangelista,
que cuando hayan de parecer en el juicio
los malos, qué dirían que unos montes
que con su grave peso densos caigan.
Pues lloremos de veras nuestras culpas
y demos como David al cielo voces:
Tibi soli peccavi, Dios inmenso,
que si estuvieren limpias nuestras almas
ven lo que dice el real profeta
en el salmo noventa, que Dios mismo
hace con sus espaldas sombra al justo;
porque no hay sombra que abrigue un cuerpo
como el piadoso Dios a una alma justa
y guardando su ley y mandamientos.
Con la fe, caridad y la esperanza,
nos dará de su gracia en esta vida
y después en la otra eterna gloria.
Si es inmensa la fe
que vos ante nos decís,
divino Bartolomé,
tengamos la gloria del cielo.
La gloria en mi alma se ve,
porque tan santa doctrina
me tiene tan elevado
con rigores de divina,
que en mi pecho ha estampado
una gloria peregrina.
Y es bien que todo mi estado
goce de tan suma gloria
pues su dicha lo ha causado,
y que tenga en la memoria
la gloria de haberse hallado.
Ya veis como he convertido
doce ciudades famosas,
y a la fe se han rendido
con armas de religión
que yo he repartido.
Solo me falta instruir
sacerdotes diferentes
de los que soléis honrar,
porque enseñen a las gentes
cómo se pueden salvar.
Y porque en esto estamos
vamos luego todos,
y esta iglesia hagamos,
porque lo que manda Dios
se ha de hacer luego.
Pues vamos.
Vanse, y salen el Rey Astiages y los sacerdotes, con embajador.
Pues, ¿qué? ¿Que mi tormento
a mis Dioses castigo?
Sí, porque a vos consigne
su necio gusto.
¡Ay, romano!
No des al alma cuenta
del daño que se esconde,
que en esto se detuvo
e imaginar revienta,
y que a Astarot furioso
por su maldad ha arrastrado
y su templo ha profanado.
testigos somos los dos.
Como abeis de botar
su rreyno con monstrarnos
de aquel mismo os gano
la possession que aueis tenido
Y a vos Rey por varon maduro
Conoziendo de admirable
el rey se buelbe intratable
Y desenbuelue a todos
Y anssi viendo el daño claro
Para podello inpedir
Consultamos de venir
a este refuxio y anparo
Pues por mis dioses os juro
que corona mi fatal furia
este hallara estraña furia
dejando el Reyno siguro
Yo formare vn esquadron
Inbocando al fiero marte
assalare a aquella parte
con aspera y perdición
que con el fabor de eolo
y la piedad de neptuno
nos dara el mas oportuno
para deffenderos solo
que si en la enpressa que sigo
su fabor merezera
O de los dioses ser
instrumento de castigo
que a astaroth apedreo
el error y de los santos
no es tan triste el espanto
que a todos a comprehe(n)dido
Y cuando todos faltaran
en tal pensar me fundo
que sujetando yo el mundo
por Rey y Dios me adoraran
Pues como no considera
conseruar valor tan fuerte
yo hare que a penosa muerte
este hombre que dizes muera
yo probare su poder
Si es del cielo, o de la tierra
que si la razon destierra
yo se la hare conozer
Y no me quiero embarazar
que vsa mucho poder
que para este hombre venzer
basta embialle a llamar
Y si la muerte no cobra
antes que mi furia se abra
lo que no haga mi palabra
al fin lo ha de hacer la obra
Parte al punto, embajador,
adonde está aquel tirano,
aquel monstruo e inhumano,
y dile que mi rigor
le llega a pedir el hombre
que en Córdoba se ha hecho,
que yo imagino y sospecho
que aquí no andará renombre,
y no irá quien de ningún modo
vengarme él.
Confiado
que lo que has mandado
será obedecido en todo,
porque sé que coger a él,
aunque se baje al abismo,
el cuerpo del hombre mismo
en tu presencia pondré.
Por eso te lo he mandado,
viendo su furia atrevido
daré pena de la vida,
que me le des buen recado.
Descansa, dame licencia
para partirme.
Ves luego,
que rabiando en vivo fuego
se acaba mi paciencia,
salid de mí enojos alas.
y no estorbéis y permitid,
que pues a Dios ofendí
en mi casa a aposentaros
él ha querido, Señor,
se tenga, como es razón,
y preste obligación,
ante pondré mi furor.
Estamos pasmados
de ver tan altas mercedes,
que en nosotros juzgar puedes
la elevación de finados.
Pues seguid, y tomad
con mi furia venganza,
vámonos.
Mil años viva
tu suprema majestad.
Vanse y salen el Rey Polemión y San Bartolomé.
Grande contento he tomado
de ver que tu reino queda
en la santa fe enseñado,
porque de esta suerte pueda
tener a Dios obligado,
que menos se ha de aguardar
de tu celo tan divino,
que viniste a nos a salvar.
y tu vida y muerte fue
darla por nuestra salud.
A divina majestad,
de qué suerte os podré yo
agradecer este don
y con tanta voluntad.
En fin a lo humano muero
y con lo divino nazco,
este favor que me has dado
pagároslo yo no puedo.
Rey y Señor, porque creas
que Dios a los suyos ama,
cuando con fe se le llama
les cumple lo que desean.
Si quieres ver, por ti mismo,
y el engaño en que has vivido,
que es del demonio atrevido
y rey del fiero abismo,
yo te mostraré a los ojos
a tu dios hecho un pedazo,
y con mi invencible brazo
haré dél tiernos despojos.
Por Dios que si me lo muestras,
que mis entrañas te dé,
para asentar más la fe
en mis partes tan siniestras.
Abre Bartolomé una cortina, y está un demonio.
Ves ahí tu Dios el demonio,
bárbaro, bestia, inhumano.
Sacadle, divino hermano,
deste triste testimonio.
Demonio atroz e inhumano,
bárbaro en promesas flaco,
del abismo ciego y baco
por mandamiento de Dios.
Por quien tú fuiste criado
te mando, maldito fiero,
que digas si tú eres Dios,
como a este Rey has engañado.
No lo soy, de veras digo,
sino un demonio envidioso,
que al humano y al dichoso
persigo como enemigo.
Vete ya a los abismos,
maldito rey del engaño.
Húndese el demonio.
Basta, hermano de mi alma,
que me tienes ya en las nubes.
Sale un paje.
En este punto ha llegado
un embajador de parte
de tu hermano y quiere hablarte.
Dile que entre, en gran cuidado
mis pensamientos se alteran
hasta saber su embajada.
No tengas pena de nada.
Entra el embajador.
Los altos Dioses os guarden.
¿Qué se ofrece embajada,
alguna novedad?
Sepa tu real majestad
que tu hermano y mi señor
en su lugar y en su nombre
me ha mandado que te pida
sin haber nada que le impida
a este forastero hombre.
¿Con qué fin le envía a pedir?
Esto me manda tu hermano
no sé lo que quiere hacer
ni lo que quiere decir.
Dice esto San Bartolomé aparte, mirando al cielo.
Ya, Señor, ya te entendí,
y conozco su intención
y he de seguirte en razón
de cumplir lo que os oí,
todo al fin es verdadero
lo que hay en la santa ley.
Yo seré oveja, y el Rey
será lobo carnicero,
y conozco la victoria
que vuestra piedad ordena
que me deis aquí la pena
envuelta en suprema gloria.
¿Qué respuesta has de enviar,
Bartolomé?
Que codicio
hacer a mi Dios servicio
y ansí no puedo faltar.
Digo que iremos los dos
y yo le he de obedecer.
Lo que el Rey quiere has de hacer.
Si el Rey divino, que es Dios,
con tu licencia primero
me partiré de tu tierra.
Mi gusto y gloria destierra
un caso tan lastimero.
¿Cómo ha de tener consuelo
un dolor que tanto encierra?
Si hoy queda toda mi tierra
sin luz, sin gloria y sin cielo,
solo un contento hay en mí
que en consuelo le acomodo.
y de veros ir allá
y a padecer en el todo
y es tan dichoso mi modo
que os he de ir a acompañar.
Pues para poder partir
a mi rey tu gusto ofrezco,
que su maldad aborrezco
y tu vida quiero oír,
y de tu bien y doctrina
no me apartaré un momento.
Este que aquí os presento
no supo la ley divina,
ya, embajador, de tus reyes
huyo, que son crueles,
tengo que seguir tus leyes
y en ellas tengo de ser,
en tanto que diere mi ser
a la vida universal,
esfuerza, buen rey, el pecho,
y advierte que el hombre no es
de piedra.
Este es el más cierto,
para poder consolar
estas lástimas que vierten
mis ojos.
Que si advierten
bien te podrás consolar,
no te quejes a la vida.
De su bajeza me espanto.
El pecho rompe de llanto
para amansar la partida.
Mi reina e hija.
Señor.
Con mil dolores y enojos,
echad en la tierra los ojos
por si atajáis mi dolor.
El pecho tengo abrasado
de ver vuestra turbación.
¿Qué accidente o qué pasión,
señor, tal pena os ha dado?
Callad, por amor de Dios,
vuestras quejas y alaridos,
para los recién nacidos,
y dejad que vaya a vos.
Y de que me mande ir
Astiages con rigor,
es porque en este dolor,
mi rey y señor pueda ir,
no es de sentir, antes fuera
y de estimarse, como es justo,
por solo darnos él el gusto.
Que lloremos, bien está,
porque con tal despedida
por dar alivio a la vida
el alma se partirá.
Ya quiero ir a disponerme
a ir allá contigo,
que será el mayor castigo
de la culpa en no verme.
viento o respiradero
que estaba muy dolorida
es rastro que en tu coita
nos deja la aguila fiera
cuando passa mas ligera
tras de la caza afligida
mil cosas te descubriera
que pondrian bien el cano
y el toche de paño
por darte gusto siquiera
yo al fin estoy de partida
ves la vida tan incierta
que no puedo hacer cierta
cuando sea mi venida
ya queda tu reyno todo
bastantemente enseñado
y para que sea salbado
el cierto y siguro modo
Dios a mi de dejar amado
me da pena que sufrir
mas a predicar he de ir
cual dijo Dios a la gente
y a mi inbicto Rey te digo
que en ti con mi se cumpliera
y si a mi Dios no ofendiera
que me quedara contigo
Pero mira que te abiso
pues que ya en el bien me fundo
que no fies en el mundo
ni en su contento preciso
mira y la fe de Dios
siempre en tu reyno resguarda
porque al fin no me tarda
abracémonos los dos
abrazan
Si ya no pensara verte
segun tan tristes me dejas
entre sentimiento y quejas
viniera la niebe muerte
pero de tanto fabor
y de valor tan divino
que bolberas imagino
a que goce tu balor
quisiera que entre estos lazos
se me acabara la vida
por ver mi gloria cumplida
y morir entre tus brazos
Rey esto ha de ser por fuerza
deja ya el llanto piadoso
pues partir es forzoso
tu noble pecho esfuerza
guarde te Dios
tente, espera
que por poder mas gozarte
salir quiero a acompañarte
y aun partir contigo quisiera
Vase sant Bartholome
Por que me dejas en calma
con esta dura partida
que he de hacer yo sin tu bida
ni la mia sin tu alma
mi reyno quiero dejar
pues que sacerdote soy
y pues obligado estoy
te tengo de ir a buscar
no te quiero el reyno rexir
ni tener cargo del suelo
que para gozar del cielo
a Cristo se ha de seguir
sino fuera por dejar
sucesor en mi reynado
yo te hubiera acompañado
pero yo le ire a vuscar
quiero partirme al momento
siguiendo a Bartholome
y en mi reyno dejaré
todas las cosas de asiento
Vase y salen el Rey Astiages y los dos sacerdotes
Auisame la pasion
con una invisible pena
porque no puedo en la jura
vsar de la execucion
y al embaxador recaudo
ya me consumo y abrasso
y me admiro en el acasso
como mi paciencia aguarda
Dioses permitid me luego
que tan terrible tormento
se acabe en mi pensamiento
con fiero y orrible fuego
no puede ya tardar mucho
Sale vn paje
Señor el embaxador
quiere verte
gran valor
es verdad esto que escucho
y biene vn hombre cruel
estraño
mi señor si
que dize
que entren les di
que el traygan asido del
Salen San Bartolomé y el embaxador
Ya e cumplido tu mandamiento
vengo con trabajo mucho
Lo que escucho
me ha dado mucho tormento,
pues tú el hombre pequeño,
mi loco hermano ofendido,
en tu ley sea reducido,
y todo el reino también.
Sus dioses deja, a aquel toca,
le siguen los traidores,
no haré a tales adoradores,
o será mi poder poco.
Yo te diré la verdad,
el demonio que adorabas
te diré de donde estabas
a vista de su piedad,
y atado del demonio,
con fuego y cadenas puesto,
pide a mi Dios hacer esto,
a su Dios aborrecer.
Entra un paje.
Mi visto rey, en el templo
el dios que es más venerado
por tierra está derribado,
que es un inhumano ejemplo.
¡Qué! ¿Esto a decirme te atreves?
Ya me dan tan crueles ruegos,
pues que a mis dioses me prueban,
y hace que mis furias pruebe.
Mi gusto y gloria despida,
pues tanto daño me ha hecho,
romper quisiera el pecho
y sacar de él la vida.
¡A de la guardia!
Salen dos guardas.
Señor.
Prended luego a este hombre fiero,
que por su nombre muero
con grave pena y rigor.
Prendedle y atormentadle.
Esto va como queremos.
Calla y el caso escuchemos.
Atormentadle y matadle,
y para tan terrible yerro,
que a los dioses hace injuria,
martirizadle con furia
con unas varas de hierro.
Señor, ¿cuándo merecí
un martirio tan deseado
para teneros obligado
a que yo muera por ti?
Dame, tirano, la muerte,
que más me animan los golpes
de ver como te ofendes
que no del tormento fuerte.
Llevadle, no hay que aguardar.
Haced luego lo que mando,
vaya, y vaya, aprisa ando,
la pena que ha de ganar,
llévenle y vanse diciendo.
Piadoso y supremo Dios,
animadme hasta aquí,
y pues moriste por mí,
alcance morir por vos.
Vase.
¿Qué os parece de los modos
con que le regalo aquí?
Mayor valor hay en ti,
pues en nosotros es todos.
Pues si reyes, como se ordena
la furia de mi memoria,
vamos luego a ver la gloria
que gozamos de su pena.
Vanse y aparece San Bartolomé y dos gentiles a los lados como que lo martirizan.
Divina y suprema esencia,
refugio de pecadores,
bondad y magnificencia,
tantos son estos favores
que hacen tanta mi paciencia.
Venid, pena de alegría,
venid, furor, que confío
que, aunque un infiel os envía,
se hace por el provecho mío
y para salvación mía.
Envío a darme regalo
este daño infinito es justo;
esta pena a gloria igualo,
este disgusto me es gusto
porque es bueno el ser carnal.
Porque si tan cruel rigor,
injusto le disponéis,
contra la ley del Señor,
todo el daño que me hacéis
es un supremo favor.
Que si el rigor que en ti he visto
pruebas en mi humilde pecho,
con amor le resisto,
todo el daño que me has hecho
es gloria pues es por Cristo.
Qué importa que me rompáis
estas venas imprudentes
con las heridas que dais,
si con mil detrimentos
al cielo las levantáis.
Oh ira, furia, o ser ingrata,
pues si me ofendéis con yerro,
a vosotros os maltrata,
que en mí descargáis el yerro
pero a vos os mata.
Qué me sirvió el rigor
que a causa que solo pueda
en este dulce dolor
que el yerro en mi cuerpo queda
pero no roba el alma al Señor.
De vuestro cruel rigor
gozo y atesoro solo
mil heridas de dolor,
lloran del pecho venas
para alabar al Señor.
En este rigor tan grave
vienen de Dios gracias santas
que mi boca no sabe
darle gracias, me dais tantas,
golpes, por todas le alabe.
Romped la cárcel que encierra
el alma, por mi consuelo,
que ya que en Dios se aferra,
pues que lo sabe el cielo,
dejad que lo vea la tierra.
Injustos, crueldad ciega, rigor,
dando llagas, dolor fiero.
que porque más vivas muero
a cada golpe, Señor,
mil vidas me dais de nuevo.
Bartolomé, santo, divino,
a tanto mal ten paciencia,
de ver este desatino
pierdo y temo la paciencia
con mi intento peregrino.
Yo no lo pido por mí,
que yo no me duelo a mí,
que solo pido de ver
este error ciego, y ansí
solo me duelo de ti.
Señor, ¿qué aguardáis? Decid,
el cuerpo se ha vuelto todo
fiel llaga, y ansí venid,
o buscadle algún modo
a este fin y permitid,
que de lástima os ruego
deis fin a tal desatino.
Tente.
Qué dejes el fuego,
basta, señor, te imagino
que has de matarme aquí luego.
Señor, mira cuál está,
de sangre un mar hecho todo.
Pues para que acabe ya
y muera, quiero hallar modo
de suerte que en gloria dé.
Señor.
Habla de un tormento
que te ruego de contino.
Sacadle a este desatino
fuera, luego de un momento.
Descoyuntarle divino
le haced de arriba abajo
luego incontinente agora,
por si doy fin a este trabajo.
Qué sentís tal, señora,
es posible esto, hijo,
sin ventura viuda estoy,
es posible esto de un hombre
tan sano, tan justo y santo.
Es posible que en un llanto
pierdan a Dios el renombre.
Dejando todos enojos
mira a ese hombre divino.
Sale San Bartolomé con el pellejo al hombro y los verdugos, y un ángel está en lo alto con una corona.
Padre inmenso peregrino,
a ti levanto mis ojos
y a ti consagro mi amor,
pues no hay otra salvación,
deja del cuerpo el dolor,
que aquí en el corazón
te tengo, divino Señor.
Es posible que en su aliento
todavía queda vida.
Pena me ha dado un tormento
así.
No me hable por vida,
que de pena no consiento.
Cortadle la cabeza luego.
Gracias a vos mi Señor.
Córtale la cabeza.
O divino sol y fuego,
sacadme deste dolor,
ciego sin él ando, ciego.
Santo apóstol sin segundo,
así me pagas las obras.
Padre inmenso del mundo,
a tu santo trono subo.
Sale San Bartolomé como un ángel.
A ti me rindo mi Dios,
porque con tal obediencia
cumplí, que quise, Señor,
en todo seguir tus leyes
y tu vida y muerte, en fin
mi alma, en fin, Señor,
te ofrezco, recíbela
te ruego, y a todos estos
da salud que es para ellos,
que de ti Señor se amparan.
Y nosotros tus siervos
con amor te lo pedimos.
Cantan esto, el Ángel le da la corona.
Bartolomé el de Jesús,
bien has seguido su fe,
ven gozoso pues que de
a que gozáis de su luz.
Deja ya el mundo mortal
que ya su vida perdiste,
y ven, a ver al que fuiste,
que gozarás de su mal,
el fruto que es ser leal,
a Dios y así el mundo ve,
cómo te premian la fe.
Sube en el coro que ves
y con tus celestiales pies,
goza al Señor por mi fe.
¡Qué es esto dioses inmensos!
¡Esto me ha de enloquecer!
Perdido estoy y su poder
ha derribado mis yerros.
Ya en Cristo creo el Señor.
Y nosotros el Señor
bendecimos su santo nombre,
y que nos perdone a todos
si es que habemos sido torpes.
Y a todos nos dé perdón.