
Veröffentlichungsdatum: 22. August 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La renunciación del rey Wamba y fundación de la Virgen de la Mata. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-renunciacion-del-rey-wamba-y-fundacion-de-la-virgen-de-la-mata.
Renunciación del rey Wamba, y fundación de la Virgen de la Mata.
Acto primero de la comedia de la renunciación del rey Bamba y fundación de la Virgen de la Mata
Sale don Carlos, leyendo una carta, y Roberto, lacayo
Adereza los caballos,
que he de partir por la posta.
Mas que ha de ser a mi costa
tanta prisa.
Ve a enfrenallos,
y, Roberto, di a tu señora
que ropa limpia prevenga,
porque buen despacho tenga
antes que venga el aurora.
Voy al punto, mas si acaso
merezco saberlo yo,
para que disponga uno
que sea ligero tu paso.
El rey, mi señor, me llama,
y obedecer es razón.
¿Quién ha de ser postillón
en jornada tan de fama?
Siempre me has acompañado,
y ahora también lo harás.
no es que a la sorda vas,
señor, con solo un criado
en ocasión semejante.
Conforme a tu calidad
importa que en la ciudad
entres galán y arrogante,
llevando doce lacayos;
por lo menos, veinte pajes,
que en lo airoso de los trajes
dejen atrás veinte mayos;
treinta acémilas cargadas,
con penacho y repostero.
Roberto, ya estás grosero;
date prisa que me enfadas.
Advierte que llama el rey
con prisa y no es bien que aguarde.
Verle mañana en la tarde
es razón, justicia y ley;
pero si a mí me llamara
el rey, yo le respondiera,
aunque atrevimiento fuera,
que a aquesta vez perdonara,
porque...
¿Por qué en conclusión?
Dejar tan muchacha y dama
a mi señora, la llama
del ceguezuelo el arpón
puede flechar de manera
que, aunque eres alcaide agora
de Talavera en un hora,
seas alcaide de Cervera.
¡Vive Dios, villano infame,
que si hablas de esa suerte,
que antes brindes tú a la muerte,
que la natural te llame!
De mi Costanza hablas mal.
¿Quién te ha dado atrevimiento,
si es la basa y fundamento
del honor más principal?
Señor, no lo digo yo
porque hay cosa que temer,
pero advierte que es mujer
y que de mujer nació.
¡Que un villano malnacido
quiera estragar mi conciencia...!
Saca la daga y da tras él. Sale doña Costanza y pónese en medio.
¿Adónde esta imprudencia,
señor? ¿Quién la causa ha sido?
Este lacayo insolente,
que quiere con tanto hablar
que el gusto trueque en azar
en hombre que es tan prudente;
y nótase bien el enojo.
Mi señor, si necio he sido,
perdón humilde te pido,
como fraile mercedoso;
pero en aquesta jornada
no es mucho si teme el hora
que su señor la deje ahora
muchacha sola y preñada.
¿Adónde, mi bien, te vas?
Llegó mi vida a Toledo.
¿A qué?
Decillo no puedo.
Desta carta, cosa brava.
Lee Carlos.
"Por ser vuestra persona de importancia
en una jornada que hacer quiero, como
señor, os mando que luego al punto que
paséis los ojos por esta, sin dilación
alguna, os pongáis luego en camino,
advirtiendo que requiere brevedad."
Y con tal recomendación,
señora, me llama el rey;
siendo justa la real ley,
quebrantarla no es razón.
Para ponerme en camino,
mandando estaba ensillar;
y don Alonso comenzóme a preguntar,
tan sin orden y sin tino,
preguntas tan excusadas,
que enojarme fue forzoso,
por hallarle licencioso
con razones mal fundadas.
Si viviera en vos amor
como vive dentro en mí,
yo sé, don Carlos, que aquí
no pasara ese rigor.
Advertid que sola quedo,
sin vos, en aquesta ausencia;
no mostréis tanta violencia
en partiros a Toledo.
Y tirad la rienda al rigor;
ved qué puede suceder
que, siendo moza y mujer,
quieran inquietar mi honor;
no que haya en mi pensamiento,
señor, de haceros ofensa,
mas lo que nunca se piensa
hace ocasión y hay tormento.
¡Ay, tormento!
Y mal terrible y riguroso.
Mas, como está satisfecho
de no temer el partir,
por saber que has de morir
antes que tu casto pecho...
... haga ofensa semejante;
decís bien, mas ya en el suelo
dicen que allí está su duelo
donde no hay dueño delante.
No hay regla tan general
que no padezca excepción;
satisfaga el corazón
que con la que es principal,
y recatada, no se pueda
nada alborotar el pecho,
que yo parto satisfecho,
que muy seguro queda.
Sale Roberto.
Señor, ya están esperando
los caballos y la ropa.
El cocinero anda en Troya,
y la alforja aderezando;
y aprisa comed, harás,
pues todo está prevenido.
Señora, licencia os pido.
No eres cuerda si la das.
¿Para qué?
Para partir.
Viendo tal resolución,
en vos no hallo razón
poderosa a resistir;
al partiros de esa suerte,
vuestro gusto se ha de hacer,
que el mío es obedecer,
por ser vuestra hasta la muerte.
Este camino es forzoso.
¿Dónde está de amor la ley?
No hay amor si llama el rey.
¿Y a la obligación de esposo?
Ya sé la obligación.
Pues no os vais.
Doña Costanza,
¿qué es esto?
Antes parece pasión.
Es frágil naturaleza
en las mujeres, y ansí,
no os admire ver que aquí
hable con tanta llaneza.
¿Y con celos?
No, mi señor,
temores vienen a ser.
¿De qué?
De que no he de ver
bien logrado nuestro amor.
Si yo puedo ser tercero
en tal disconformidad,
haz, señor, su voluntad.
¿Quién se mete, el majadero,
en cosa que no le toca?
Si de esto está enojado,
daldo, señor, por no hablado;
echo un candado a mi boca.
Vase Roberto.
Llamar, Roberto, a García.
¿Qué le queréis?
Sale García.
Que se quede
en casa con vos, pues puede
su virtud y cortesía,
y de quien experiencia tengo,
serviros y acompañaros
en tanto que yo no vengo;
y también me da alegría
ver que en muchas ocasiones
suelen ser estas acciones
de la sagrada María;
y aunque dilación hubiera
en mi vuelta, en casa tal
no puede suceder mal
teniendo tal compañera.
¿Llámasme, señor?
García,
yo te he enviado a llamar.
Señor, comienza a mandar.
El rey a llamarme envía
para jornada forzosa;
mi secretario te he hecho,
y yo estoy de ti satisfecho,
y ansí quedas con mi esposa.
Queda afligida y preñada;
bien ves que te tengo amor;
tuyo es desde hoy mi honor,
pues te la dejo encargada;
no porque sea menester,
que de esto parto seguro,
porque es su santidad muro,
y al fin nada hay que temer;
sino porque haya cuidado
de regalarla, que es justo.
(aparte)
Yo procuraré su gusto,
siempre estando desvelado.
Mas no es nuevo para mí
desvelarme por sus ojos,
pues me cuestan mil enojos
después que sus ojos vi.
Dame los brazos, mi bien.
Temo no sean los postreros.
No hay que hacer caso de agüeros,
siendo discreta.
(aparte)
¡Qué bien
logra, trocando, mi dicha,
y yo me quedo, él va camino!
Desta vez me determino,
porque acabe mi desdicha.
¿Y al fin no tiene poder
amor esta vez con vos?
Lo que por el rey y Dios
se ha de dejar, la mujer.
Vanse. Sale Paulo, general de Bamba, y Teodoro, criado.
Finalmente, Teodoro, si resiste
el conde de Narbona, cuando tengo
mucha parte de Francia, como viste,
sujeta a mí, no sabe que prevengo
gente que el mundo para mí conquiste;
y aunque el poder no baste con que vengo,
¿qué importa, si a la son de su grandeza
ha de cortar mi espada su cabeza?
Si a Toledo no voy, rey Bamba llamado,
con ser mi rey, el tiempo no respeto,
porque Francia amigo me ha llamado.
Señor, lo sé, y creo en efeto.
Tu grande edad, señor, no descomponga
el enojo que el conde te ha causado;
no importa, no, que a tu valor se oponga,
ni que fuerte se muestre, ni alentado,
que aunque más fuerte ejército componga,
preso será de ti y aniquilado.
Yo sé que dejarán sus pretensiones
los valientes franceses y gascones.
Y no temo yo del conde la arrogancia,
ni temo que me rinda su persona.
Estando de tu parte toda Francia,
y toda la provincia de Narbona,
no hay que temer suceso de importancia,
porque solo el valor de la Gascona,
en tu defensa siendo contra el conde,
le sacarán del centro si se esconde.
Lo que me da cuidado es ver que quiera
oponerse a mi esfuerzo y valentía
con acción tan recia y tan grosera,
descomponer mi imperio y monarquía;
mas por el Dios que rige el alta esfera,
que aunque yo pase a llegar hasta Turquía,
y que sin medir las armas en campaña,
me ha de reconocer por rey de España.
No piense que soy Wamba, a quien se atreve;
sepa que Paulo soy, que le persigue;
vea que del cielo rayos llueve,
ni que mi enojo un átomo mitigue,
a que mi rigor conozca y pruebe
con centellas de rabia, que le obligue,
a que a mis pies su orgullo vea postrado,
si le llego a mirar con rostro airado.
Que Wamba general me hizo en España,
para que sujetase su osadía;
pero ya no es de Wamba aquesta hazaña,
que después que hoy rey la llamo mía;
y el no rendirse el conde al fin se engaña,
pues de su muerte ha llegado el día;
luego que sujete su persona,
le he de quitar a Wamba la corona.
Victamiro, señor, está esperando,
para que des el orden en la guerra,
el clarín y trompeta resonando
en lo más encumbrado de la sierra;
no estés contigo mismo batallando,
deja ese pesar, la cólera destierra,
que ya casi postrado al conde miro.
Vamos, porque no aguarde Victamiro.
Vanse. Salen Wamba y Ervigio.
Mucho se tarda don Carlos,
y mis intentos quisieran
que con brevedad salieran
mis gentes a ejecutarlos.
Yo pienso que su tardanza
no nace de deslealtad;
hallo en él tanta amistad,
que eso me da confianza.
Para entregarle el bastón,
que, aunque yo seré el primero,
con todo encargarle quiero
el modo y la ejecución,
que le pudo haber movido
a Paulo a ser tan tirano.
Verse el bastón en la mano
y ser de mí tan querido,
que el gobernar y mandar
es a veces ocasión
en el más cuerdo varón
que le obligue a delirar;
es la ambición de tal ley,
de tal trato y villanía,
que con sed de hidropesía
olvida a Dios y a su rey.
Vio godo a Ervigio en privanza,
y hallando buena ocasión
a la lealtad y traición
puso en un peso y balanza.
Bien vio que pesaba más
la lealtad que la traición,
pero llegó la ambición
del mandar, y volvió atrás.
Rey de España se ha llamado
con injusticia y sin ley;
mas no será Wamba rey
si no fuere castigado.
Eres, señor, tan piadoso
que si se llega a tus pies,
pienso que el perdón le des
sin mostrarte rigoroso.
Siempre es buena la piedad.
También es bueno el rigor,
mas con quien es traidor
contra la sacra deidad
de Dios y su santa ley;
que en estos extremos dos,
en el uno persigue a Dios,
a Dios persigue en el rey.
Suena dentro ruido. Llega Ervigio al paño, y vuelve.
En la antecámara fuera
está licencia aguardando
para entrar.
Di que es llamado,
y de su presencia
quien le niega la licencia
entre.
Ya, señor, ha entrado.
Salen Carlos y Roberto de camino.
Deme los pies, vuestra alteza.
Alcaide de Talavera,
no estáis bien de esa manera;
cubríos.
Si tal grandeza
conmigo mostráis, señor,
presto reinará la envidia.
No importa que siempre lidia
por deshacer el favor,
mas en estas ocasiones
don Carlos, no hay que temer,
porque no han de deshacer
mi amor las emulaciones.
Como vengo a servir,
vengo a vuestra majestad,
y mi salud y lealtad
no tiene más que decir.
Y cuando salud no hubiera,
siendo la falta crecida,
¿qué importara que la vida
por Dios y el rey se perdiera?
¿Y cuándo acabarán
con aquestas cortesías?
¿Por qué?
Porque en niñerías
todo el día gastarán.
Demás que importa cenar,
y después de haber cenado
dispondrán con desenfado
lo que se ha de negociar.
Contra el conde de Narbona
a Paulo Greco envié,
y, olvidado de su fe,
quiere postrar mi corona.
Rey de España se ha llamado;
Paulo, con nombre traidor,
se ha amparado del favor
que los franceses le han dado.
Y en esta ocasión intento
que, con el favor de Dios,
partamos juntos los dos,
porque con su pensamiento
la traición no ha de lograr.
Marche, pues, la infantería,
que es bien que tal tiranía
tenga un castigo ejemplar.
No sois cuerdo ni sois sabio,
mi señor, si vos partís;
también, si lo advertís,
a muchos hacéis agravio;
y más a mí que a ninguno,
que si a porfía vengo a ver
lo que el premio ha de tener...
No seas, Roberto, importuno.
Si la del perrillo saco,
yo echo tajos y reveses;
amontónenme franceses...
Parece de seso flaco.
Dirá quien lo inventó,
mirando mi ligereza:
"No he visto mayor destreza;
bien haya quien te parió".
Mira que está el rey delante;
deja aquesta necedad.
Perdone Su Majestad,
y de aquesto no se espante,
que en estando en la ocasión
con el acero en las manos,
aunque vengan treinta alanos,
no temo, que soy Sansón.
Bien está, bien has mostrado
que eres importante pieza,
y tu donaire y destreza
da muestra de gran soldado.
Y ansí, digo que me agrada,
pues me has de dar la victoria,
que para colmar mi gloria
hagas aquesta jornada.
Ya eres sargento.
(Aparte)
Señor...
¿Quién en esto me ha metido?
O quiero ser preferido...
Pues ¿qué quieres ser?
Tambor,
pues más lejos estará
de las cuchilladas al fin.
Eso hacen los gallinas.
Mejor provecho me hará
ser gallina que capón
cubierto de tolondrones;
vamos, que las ocasiones
animan al corazón.
Bien muestra su valentía
en esta ocasión.
No se espante,
que con un tambor delante
vengan ganas a un Turquía.
Vanse tocando cajas. Sale doña Costanza y García. Abra en este acto un bufete con recado de escribir y dos bujías encendidas.
Toma ese asiento, García,
y adereza bien la pluma;
diréle a mi dueño en suma
la falta de mi alegría.
(Aparte)
La pluma está aderezada
y el papel manifestado;
si adivina mi cuidado,
la ocasión es extremada;
no tengo que recelar
a más terrible rigor;
mas si me fuerza el amor,
¿por qué me he de acobardar?
El color se te ha mudado;
¿qué tienes?
Nada, señora,
un poco un dolorcillo ahora
sobre el corazón me ha dado.
¿De qué pudo proceder?
No lo puedo yo decir;
sin duda que es de morir
antes de darme a entender.
Si no te aprieta el dolor,
ve escribiendo.
(Aparte)
Y anotando,
aunque por estar callando
me trate con más rigor.
No te entiendo.
No me espanto,
señora, que no me entiendas,
que de este dolor las riendas
solo se convierte en llanto.
¿Suélete otras veces dar
este dolor como ahora?
De tal manera, señora,
que quiero y no acierto a hablar.
¿No has procurado remedio?
Cuando a procurarle voy,
tan sin aliento estoy
que no hallo ningún medio.
Escribe como pudieres,
que yo procuraré buscar
con qué el dolor atajar.
(Aparte)
Fácil será si tú quieres.
Nota
Pon la cubierta, García; levántase.
Vase.
De tal suerte me ha tratado,
dueño y señor, vuestra ausencia,
que a tener vuestra licencia
ya estuviera a vuestro lado.
Venid, señor, con cuidado
a pagar mi grande amor,
porque me dice el temor
que más no os tengo de ver,
y sospecho que ha de ser
para aumentar mi dolor.
Mandaré en tanto sacar
la manteca de azahar
para tu melancolía.
Escribe García, y sale doña Costanza a la puerta y asómase.
¡Amor, tanta cobardía
a un pecho tan rendido!
¿No sois vos el atrevido
que a Lucrecia conquistó?
Pues, ¿cómo en mí os hallo yo
tan sujeto y tan rendido?
Ya no hay cosa que me espante;
publicaré,
aunque me llame traidor
el mundo de aquí adelante,
de su honor es ido adelante;
mas ya no lo puedo ser,
porque me obliga a romper
las leyes de la amistad
el amor; mas hay lealtad.
Pues lo que piensas hacer,
Carlos, a quien he dejado
para guarda de su honor,
no ser fiel es gran rigor,
y morir infiel doblado.
Si falta su honor, robado,
no soy secretario fiel,
sino aleve y cruel.
Vengo a ser conmigo mismo...
Pues, ¿qué he de hacer de este abismo?
Me ha de sacar un papel.
Duérmese García.
Lee.
Mirando he estado a García;
saco de sus acciones,
por no entender sus razones,
que aflige con demasía
su pecho el dolor y ansia.
La culpa, que es crueldad,
temiendo necesidad,
no dará a su mal remedio;
mas el sueño pone en medio,
mostrando con él piedad.
Quiero llegar y saber
lo que ha escrito a su señor.
La mucha fuerza de amor
me ha atrevido a emprender,
aunque no he de merecer
cosa de tanta importancia.
«Sabed, divina Costancia,
que vos muerto me tenéis;
dadme vida, no alejéis...»
«... en mi dolor y ignorancia».
¿Quién podrá disimular
tan alto atrevimiento?
Hecho pedazos al viento
este papel quiero dar,
porque salga a publicar
que quien rompió este papel,
hará con el autor de él
otro tanto, si atrevido
vuelve a ser descomedido
contra el honor de este doncel,
porque entienda que yo
su locura le he oído,
y que el papel he rompido
que es atrevido escarnio,
lo que mi honor respondió
escrito quiero dejar,
porque llegar a tratar
con palabras su locura
no es prudencia ni cordura,
mejor es disimular.
Deja el papel que escribió. Baja. Despierta García.
Lee.
¿Quién el papel ha quitado
en que mi amor escribí?
Qué descuidado que fui,
pues de él no tuve cuidado.
¿Quién en esta pieza ha entrado?
¿Qué es aquesto? ¡Santo cielo!
Pedazos hecho en el suelo
está. ¿Quién pudo haber sido
el que, necio y atrevido,
a mi gusto rompió el velo?
Y más, ¿a quién escrito ha dejado?
La respuesta ver la quiero.
«Si amor os hace grosero,
atrevido y arrojado,
no estéis tan enamorado,
que no consiente mi honor,
criado, que sea traidor;
por mil modos, ¡oh, inconstancia!,
que es demasiada arrogancia
atreverse a su señor».
Amor, bueno habéis quedado.
¿Qué ha importado descubriros,
pues en lugar de admitiros,
por traidor os han desechado?
¿Qué se ha de hacer en este estado?
¿Qué se ha de hacer? Perseverar,
sufrir, padecer, penar,
aunque dice que es constancia,
si más la perseverancia
mucho suele atropellar.
Tocan cajas. Salen Bamba, Carlos con bastón, y Roberto con la caja, y Ervigio. Acompañamiento.
Murió el conde en efeto,
y a Paulo le tenemos en aprieto.
En Nimes retirado,
medroso está de ver lo que ha pasado,
y Gascuña y Narbona
a vuestro lado se han vuelto con Girona;
todas las ciudades
miedo tienen de ti por sus maldades.
La ilustre Barcelona
contenta está de verse en tu corona,
que, aunque sujeta estaba,
por Wamba, su señor, se lamentaba.
¿Cómo callas, Roberto?
Aguardo a que todos tomen puerto
con razones fundadas,
para que entren las mías mal limadas.
Siempre fuiste discreto.
Siempre en público me honras y en secreto.
Roberto lo merece.
Mejor será, señor, si te parece,
tratar que descansemos,
que ya a Paulo enfiado le tenemos,
que están estropeados
de puro acuchillarse los soldados.
No imaginé, a fe mía,
que Roberto tal ánimo tenía.
Corríme que su alteza
presumiese de mí tan gran vileza,
que no porque pidiese
oficio de atambor y se me diese,
era por estar lejos
gozando de las armas los reflejos,
sino porque pensaba
que un tambor mejor se regalaba.
Bueno está, majadero.
No te espante, que soy atamborero.
Ya estará apesadumbrado
el Greco Paulo de ver lo que ha pasado.
Como traidor ha sido,
no me espanto, señor, que esté corrido;
caro lo juzgaba;
con alas de rey se levantaba,
mas vino algo del cielo,
con furia derribó su vuelo.
¿En qué pudo fiarse
para ser arrojado y levantarse
contra el rey toledano,
que el bastón puso en su indigna mano?
Ciego y aborrecido
hízole el favor desvanecido,
que es propio de ambiciosos
mostrarse en su ruina presurosos,
sin mirar que su vuelo
vale muy poco sin la ayuda del cielo.
En el teatro queda,
pensando que de ti librarse pueda,
confiado en sus muros.
Bien puede ser que estén de mí seguros,
mas quien a Dios ofende
es necio y loco si huir pretende,
mas cuando el traidor huye,
tan sola una centella le destruye.
Del teatro ha salido
un hombre que hacia acá viene atrevido;
ponte, señor, en salvo,
que puede ser que sea zurdo o calvo,
y enseñado a traiciones
para engañarte en dulces razones.
Cuando eso haya intentado,
no hay que temer estando tú a mi lado.
Con esa confianza
no tema vuestra alteza de su lanza,
que con un dedo solo...
le arrojaré de un polo al otro polo
d'aqueste horizonte,
o mudando al siciliano monte,
salga a la boca abierta,
aunque en piedra pómez se convierta.
Sale Teodoro con una carta.
Paulo Greco me envía,
aunque ya de la noche huye el día,
para darte este pliego;
y respuesta aguardo.
Pasarélos luego;
oyendo sus razones,
te responderé.
Querrá que le perdones.
Yo no sé qué quiere,
solo me dijo que respuesta espera.
Carlos, el papel lea,
porque más clara su intención se vea,
y también porque Febo
viva sus rayos por oriente nuevo.
Un rey que nació villano,
enseñado a regir bueyes,
mal conservará las leyes
del gran reino toledano.
Si ha tenido en su mano
la corona y cetro real,
el que es noble y principal
no ha de sujetar su espada
a quien esgrimió aguijada
contra un rústico animal.
Tome el corvado azadón,
que a sus cosas se iguala,
y no empuñe la bengala
ni el tachonado bastón.
Deshaga el duro terrón,
que el primero ser va dado,
y no pretenda arrojado,
con villano desvarío,
postrar el orgullo mío,
cuando le tengo apretado.
Mas, juzgando a crueldad
matar a quien fue señor,
te quiero hacer un favor;
estima aquesta amistad:
vuelve, Wamba, a la ciudad,
toma de mí este consejo,
y agradece que te dejo
por gobernador en ella;
no formes de mí querella,
que aconsejo como viejo.
¿Qué respuesta puedo dar,
di, Carlos, a aqueste papel?
Desagradar al dueño dél,
cuando se piensa escapar,
y al que se atrevió a llegar
con él a tu real presencia,
por su buena diligencia
y ansí, en que sea empalado.
No, Carlos, que fue mandado
y no es matarle prudencia,
que aunque Paulo sea tirano,
su injusticia y su error...
Se ha hecho llamar rey,
para que le bese la mano;
se ve por negocio llano
que tiene de obedecer
lo que le mandan hacer,
que él por dicha no sabía
lo que en el papel venía,
y así no ve de ofender.
Si me le entregó cerrado,
sin decirme su intento,
ni alcanzo su pensamiento,
así en nada soy culpado.
Es un gran desvergonzado;
a no estar el rey delante,
caminara de portante.
¡Sí, por Jesucristo eterno,
a penar en el infierno!
Roberto.
Señor, no espante
a vuestra alteza mi brío,
como bravata no hablo,
que me está tomando el diablo
por matar a este judío;
y si el perrillo desvío,
al untado llegará
y mi catón morderá
con tal furia y valentía
que vierta sangre judía.
Roberto, que no es tacha
el oficioso papel,
fuera para ti, ¿qué hicieras,
sino viéndole tan general
no diera una respuesta de él,
sino formara un tropel
de la gente más lucida,
y diera fin a su vida,
cogiéndole descuidado?
Que a un papel desvergonzado
esta es respuesta debida.
Carlos, ¿qué me aconsejáis?
Vuestra prudencia, señor,
lo que hará sabrá mejor,
digo que si me ordenáis,
ya que vos lo preguntáis,
que haga seña el clarín
y los cristales del Rin
se conviertan en coral,
que no hay que temer mal,
aunque ayude el delfín.
Roberto, ¿qué me aconseja?
Señor, que viváis mil años,
seguro de estos engaños,
y que pongáis la pelleja
de este perro que se aleja,
antes que parta de aquí,
donde se acuerde de ti,
de manera que su cuero
no pueda servir de harnero,
y esto encárgamelo a mí;
verás con qué donaire,
con destreza y valentía,
su cuerpo haré celosía,
no lo tengas a desaire,
por donde entre y salga el aire;
que si le llego a mirar
no se ha de atrever a hablar.
aunque el castillo sea alto,
de miedo dará tal salto
que pierda su blasonar.
Tú, que has sido portador
deste papel, ¿qué me dices,
señor, que desautorices
un atrevido traidor?
Paulo se llama, señor.
Contra nuestra voluntad
y muestra tanta crueldad,
que aunque señor le llamamos,
clamando por Vamba estamos,
bien sabe Dios la verdad.
Ya conozco que el temor
te hace hablar de esa suerte.
Seguro estás de la muerte,
pues tú has sido embajador.
Y tratarte con rigor,
sin culpa, no será justo.
Antes he tenido gusto
con el papel recibido,
y ser desagradecido
con quien me alegra es injusto.
A todos os agradezco
el consejo que habéis dado.
España tendré en cuidado,
y ser amigo os ofrezco.
Di a Paulo que no merezco
ser yo su gobernador,
y le agradezco el favor
con que quiere honrar mis pies;
y dile que tema al francés
y no trueque en odio el amor.
Y dile qué gusto he tenido
con el papel, y verdad,
que no hay mayor amistad
si uno está desvanecido,
que acordar de lo que ha sido;
hoy me trujo a la memoria
Paulo mi villana historia.
Díceme que soy de tierra,
ya fío, aquesto no me atierra,
que antes me da mayor gloria;
que confieso que he sido
de tierra, y que he de volver
a la tierra, que es el ser
de quien ser he recibido,
y él, cuando secreto ha sido,
que al más justo da temor.
Vete, y dile a tu señor
que el cielo, por justa ley,
de un pastor hace un buen rey,
mas no un rey de un traidor.
Vete.
Señor...
Dale de coces.
Sin réplica
le pondré con el francés
con dos sendos puntapiés.
Que bien a correr se aplica,
mi cólera multiplica.
Un término
prometo
que esta noche tenga efeto
la prisión de Paulo griego.
Hame de dar enloquezco,
que es lucido y majadero.
Señor, ¿qué piensas hacer?
Carlos, amigo, buscar
aquesta noche y matar
a quien me piensa ofender.
¿Sabes por dónde ha de ser?
El cielo lo ha de ordenar.
Vamos.
Bien trazado está.
Si yo al del billete cojo,
yo le pondré paticojo,
y muy cojo quedará.
Vanse. Salen Paulo y Teodoro.
Esta respuesta me dio.
Siempre Bamba se ha preciado
de hipócrita, mesurado,
pero ha de advertir que yo
conozco su pensamiento;
no procure reducirme
de que venga a arrepentirme
de lo que una vez intento.
Ya se acerca del francés
socorro, y presto estará
Bamba, que arrogante está,
ya tan humilde a mis pies
que de mi rigor se espante,
pues no admitió mi favor
de hacerle gobernador;
esta noche seré atlante
de los dos polos famosos
de España y Francia, que ansí
vendrán a temblar de mí
los reinos más valerosos,
qué importa que en este teatro
retirado ahora esté
bien breve espacio, será
señor, desde el Tibre al Batro,
llegue a que, con su persona,
Bamba el ser rey toledano
para tener cetro en la mano
y de España la corona.
Tan afable se mostró
al recibir el papel,
aunque le pintan cruel,
que el alma amor le cobró.
Yo le soy aficionado,
señor, después que le vi,
porque a los suyos temí
cuando le vi turbado,
y aunque aconsejaban todos
que me quitase la vida,
no quiso ser homicida,
antes, por extraños modos,
mostrando mucha piedad,
cuando un papel afrentoso
obliga a ser riguroso,
me concedió libertad.
Mi parecer, admitido:
humilde llega a sus pies,
porque, aunque venga el francés,
de Bamba serás vencido,
por el cielo soberano.
Villano atrevido y loco,
que verter tu sangre es poco,
mostrándome tigre hircano,
¿Cómo me aconsejas tal?
¿Qué atrevimiento tienes?
¿No echas de ver que mis sienes
descoronan sangre real?
Vete, no estés más aquí
antes que vomite rayos,
y de mi rigor ensayos
venga a ejecutar en ti.
Vase.
No te espantes que deseo
capaz de ver todo daño,
que adivino con la mano
lo que con los ojos veo.
Yo me voy, quiera Dios
que aquesta noche no sea
tan triste, señor, que vea
la ruina de los dos.
¿Quién vio mayor confusión?
¿Quién vio laberinto igual,
que anunciando este animal
mi ruina y perdición,
él que siempre me ha seguido?
Mas ¿de qué sirve temer?
Que no me puede vencer
un rey que villano ha sido.
Sale Bamba en hábito de villano, con espada debajo.
En tanto que el rubio Apolo
a indios está iluminando,
y Cintia su rostro esconde
por faltar del sol los rayos,
con la sombra de la noche
del campo me he retirado,
sin que mi gente lo sepa
a dar desto cuenta a Carlos.
En este rústico traje
mi enemigo voy buscando,
solo por darle a entender
el ánimo de un villano.
Si con él vengo a encontrar
le diré que del francés campo
soy espía, que en la guerra
se permiten los engaños,
no ha de ser para matarlo
esta cautela que trazo,
que para saber su intento
solo aquesto voy trazando.
La muralla, barbacana
es aquesta del teatro,
y arrimado a aquella esquina
uno está, si no me engaño.
Mucho se tarda el francés,
Bamba mucho me ha apretado,
que aunque arrogancias publico
y por no torcer mi brazo,
temiendo estoy mi ruina,
que al fin es rey y yo vasallo,
que sin razón ni justicia
quitarle el reino he intentado.
Bien imaginaba entonces,
cuando el pueblo me dio aplauso,
ser rey de toda España,
pero fue reino soñado.
Mas ¿qué es esto, Paulo griego?
¿tan presto el brío ha faltado?
Aunque un rey Bamba traiga
más soldados que Alejandro,
más ejércitos que César,
Más confianza que Adrasto,
de David la fortaleza,
si yo para el mundo basto,
las fantasmas de la noche
ya me están representando
gigantes que me acobardan,
pero ¿yo, que me acobardo?
¿Quién va?
¿Quién es?
El que llega
buscando al valiente Paulo.
¿Qué le quieres?
Hablarle quiero
de parte del francés campo.
¿Eres francés?
Francés soy,
y no sé cómo he llegado
a este puesto.
¿Por qué causa?
Porque el campo toledano,
con gallardo pensamiento,
los caminos ha tomado.
Si es así, ¿cómo pasaste?
Díjele que era hortelano,
y de mí saqué este traje,
mostrando lenguaje zafio,
me sirvió de pasaporte.
Pero advierte que me tardo,
dime dónde Paulo está.
Ya con Paulo estás hablando.
Si con Paulo hablando estoy,
quiero decir mi recado.
Sabrás que mi general
llega a vista del teatro,
en concertadas hileras,
pero a los que ha tomado
los caminos Vamba tiene,
tremolando los penachos.
En el camino de Sigüenza
también se apoderaron
de Astudillo, y de Huesca,
y los demás comarcanos,
y que hasta ver el orden
cómo vendrán los contrarios
no puede llegar a verte.
¿Es posible que un villano
enseñado a regir bueyes,
surcando los duros campos,
contra mi valor se ponga?
Vive Dios, si cojo un rayo
del fulminante planeta,
que le he de hacer mil pedazos,
no digas de Vamba mal,
que es rey al fin.
Si a mis manos
ese labrador cogiera,
le convirtiera en mil átomos
que aventare rey del aire.
Haz cuenta que nos topamos,
y que yo ese Vamba soy,
¿qué hicieras?
Ese es un hado,
francés, amigo, tu intento,
que aunque de cólera rabio,
conocer enojo fingido,
esto que los dos tratamos,
más me turba el corazón
el valor y el ánimo.
que encierra mi pecho,
dices
que ese rey es un villano.
Yo respondo que mientes,
porque si el cielo le ha dado
la corona y cetro real,
tú procedes como bárbaro
diciendo mal de ese rey.
Ya me vas ocasionando
en que en tu villana sangre
manche mi acero bizarro.
¿Yo miento, aleve?
Tú mientes.
Y defiendo, mano a mano,
que es el toledano rey
a quien haces ese agravio.
¿Puede gobernar el mundo
el que con el corvo arado
rompió terrones que ara?
Surcar el helado charco
y abrasar al mundo todo.
Si del renuevo de un árbol,
aguijada y cayado,
del mosquete disparado
sabrá resistir la furia?
¿Cómo resiste un ingrato
que, siendo vasallo suyo,
contra su señor se ha alzado?
No dejará a que se ría,
aunque se precie de bravo,
un mosquito.
Y mil traidores
dejará en breve rato.
¿Qué hará un pastor de ovejas?
Meten mano, acuchíllanse, sale Carlos de noche.
Lo dicho, que el cielo sacro
le eligió para ser
de traidores fiero rayo.
Cae Paulo a los pies del rey y pierde la espada.
A la tienda de mi rey,
yendo de ronda, he llegado,
y no está en ella. Sin duda
que sigue al tirano Paulo
y, aunque pecho valeroso
gobierna su fuerte brazo,
por lo que suceder puede,
le busco a ver si le hallo.
Ya advierto que consigues,
estando a mis pies postrado,
que Vamba es buen rey.
Ya quiere
mi fortuna, tropezando,
que confiese lo que dices,
pues el acero ha faltado,
a pesar de la fortuna,
con las armas en las manos.
Estos deben de ser
de alguno de mi campo.
Deténganse, caballeros.
Pónese Vamba al lado de Paulo.
¿Quién llega a quitar, ufano,
tan airoso y atrevido?
Yo, que el acero en la mano,
en esta y otra ocasión,
haré como buen soldado.
¿A quién sigues?
Sigo a Vamba,
al que en los dorados campos
cortó cabezas de espigas.
Mal sabrá premiar soldados.
Sí sabrá, pues también sabe,
como a traidores y ingratos,
cortar cabezas.
Y pues,
aunque se precie de...
y un villano a aquese rey,
que miente como villano
cualquiera que lo dijere.
Digo, y si es de lo contrario,
también miente.
Tente, Carlos.
¿Quién eres?
Tu rey.
Señor,
¿qué es aquesto?
El cielo santo
aquesto ordena, y estás
preso.
¿Y quién es este?
Paulo,
que ya, postrado a mis pies,
confiesa que ha sido ingrato.
Sí, confieso.
¡Qué castigo
le has de dar!
Su alcaide soy,
tiempo habrá para castigar;
aunque tarde, llega al malo.
Fin del acto primero de La Mata.
Acto segundo de la renunciación del rey Wamba y fundación de la Virgen de La Mata.
Salen García y doña Costanza.
¿Quieres responder, señora?
Primero a mi devoción
quiero hacer una oración.
(Aparte)
Si podré atreverme ahora...
El amor con el temor lucha.
Terrible cosa es amor,
más terrible el temor.
Ahora nadie me escucha,
a mí me quiero atrever.
García, ¿qué estás pensando?
Señora, estaba trazando
el modo de responder
al papel de mi señor.
Deja ahora ese cuidado.
No quiero estar descuidado.
Bien muestras tu mucho amor;
mas deja ahora respuestas,
y no te desvelen papeles,
que no quiero que te desveles
en razones bien compuestas.
Hágase tu gusto.
Vete,
di a la camarera
que cierre, por ahora, afuera
la puerta de este retrete.
(Aparte)
¡Ay de mí, amor cobarde!
¿Cuándo has de ser animoso?
El que está tan temeroso,
no intente que mal aguarde.
¿Estás? ¿O es tanta ocasión?
¿Cómo no te vas, García?
Arrodíllase Costanza con un rosario y dice:
Salve os, señora mía,
Ave María,
toda de gracia llena,
como el arcángel santo te lo dijo.
Este ave consuela,
siendo de culpa ajena,
nada espanta que Dios, aunque estuviera
y asidas a regocijo,
a todas las mujeres,
bendita entre las mujeres
y bendito el fruto
que dio tu vientre contra el monstruo astuto,
que, de su nombre eterno,
tiembla el ángel, la tierra y el infierno.
Sale García a la puerta a escuchar.
Dentro en mi confuso pecho
lucha el amor y el temor;
y, si el temor me acobarda,
me anima amor, como Dios.
Y el temor dice que sea fiel,
que mal aventure el amor;
que lealtad no se rompa
donde reina la razón.
que en esta ausencia de Carlos
del honor que me encargó.
Por otra parte es crueldad
penar con tanto dolor,
siendo tanta en la vista
en el tormento aflición.
Si mi pecho la ha encubrido
y viendo estoy su rigor,
que, si honesta y en tal caso
es valiente la razón,
gozarla por fuerza es malo.
Si no la gozo, ¿qué he de hacer?
tomar resolución
de hablarla y decirla claro
la fuerza del ciego Dios;
y, si por bien no tuviere,
viendo en ti tanta pasión,
y, mostrando de amor fuerza,
gozar lo que te negó.
Soberana emperatriz,
que, circulada del sol,
y al sol de justicia, Cristo,
vuestro calor abrigó.
Por el gozo que tuvistes
cuando a vuestro esposo y vos
en el templo le hallastes
entre uno y otro doctor,
que, cuando el tiempo se llegue
de la mayor prisión
de aquesta devota vuestra,
no os olvidéis, aunque vos
nunca os olvidáis, señora,
si os llaman de corazón.
¿Qué mejor ocasión busco,
pues a la puerta cerró
la criada, y descuidada
Costanza de esta ocasión?
Yo me atrevo, amor cobarde.
No tema, muestre valor,
goza el clavel más hermoso
que abril en el campo vio.
¡Mas qué es esto, cuando quiero
hablar, se hiela la voz!
en grillos de nieve y hielo
mis pies se ven en prisión.
¿Quién en el jardín ha entrado
cuando retirada estoy,
y el silencio mudo rompe
de mi santa devoción?
¿Quién es? No responde. ¡Hola!
¿Quién en esta parte entró
sin orden mía? No habla.
¿Cómo callas? ¿Quién es?
Yo,
entraba cuando llamabas.
García, ¿qué turbación
es esa? Sosiégate un poco.
¿Quién te robó la color?
Ya, señora, que mi rostro
pálido color mostró,
señal que, quien le hermosea,
se retiró al corazón.
Y estando a solas contigo,
me preguntas por qué estoy
descolorido, oye un poco,
dame un momento atención.
Por las ventanas del alma
aquel diestro tirador
que con ser niño no acierta
todo aquello que apuntó,
quiso ver una belleza.
Luego al punto que vio
el rosicler de unos ojos
y la rara perfección
de todo lo que hay en ella,
a mi corazón flechó,
siendo flechas sus pestañas
y su belleza el arpón.
Tres años ha que la vida
padeciendo está dolor,
sin aplicarle remedio
que baste a su corazón;
porque el cirujano aplica
los de segunda atención;
solo el último me falta,
y si este, que es el mejor,
no aprovechare, admitida
será desesperación.
Pienso que en aquesta empresa,
Ícaro segundo, voy,
y que más arrogantes alas
ha de deshacer su sol.
Mas nadie podrá espantarse,
siendo mi amor superior,
que por gozar su hermosura
acabe como Faetón.
No te entiendo.
No me espanto.
Mas vuelve a escuchar mi voz
y quizá acertará a decir
lo que hasta aquí no acertó.
Como el amor es deidad,
tiene jurisdicción
desde el monarca supremo
hasta el rústico pastor;
pero para no cansarte,
tan enamorado estoy,
que aunque dejarla pretendo
es vana mi pretensión.
¿Que tienes amor me dices?
Pero, ¿a quién, o tienes, no?
¿Y es posible que en mi rostro
exhalando tanto amor
¿No conocéis quién me mata?
Como mano de reloj
está diciendo, señora,
que quien me mata sois vos.
¿Quién te ha dado atrevimiento,
criado falso, traidor,
de hablar licenciosamente,
sabiendo que honrada soy?
¿Amor dices que te obliga
a intentar tan gran traición?
Porque amor no es poderoso
contra un alma sin amor.
¿Tan deshonesta me has visto?
¿Tan lasciva me juzgó
tu atrevimiento,
que desdorar mi opinión
intentas, ¡ay!, de esta suerte,
que bien guardas el honor
que Carlos en su partida
tan de veras te encargó?
¡Bien le pagas su amistad!
¡Bien estimas su favor!
Pues la prenda más preciosa
que en casamiento le dio
mi padre conmigo, cuando
de mí dio posesión,
con falsa fe, falso trato,
como Paris robador,
como Tarquino cruel,
como villano Sinón,
has querido deslustrar.
Pero mal te aprovechas,
porque está mi pecho armado
de más honrado valor
que tuvo Lucrecia en Roma
y la que en Tebas forzó
Júpiter aficionado
de los rayos de su sol.
Carlos, secretario te hizo
de su secreto mayor,
pues te fió su mujer
cuando de aquí se ausentó,
y ¿tú cancelar intentas
la escritura de su honor?
¡Qué buen secretario que eres!
¡Qué buena guarda quedó
en el jardín de su honra,
pues pretendes ser ladrón
de la flor más estimada
que tu dueño te dejó!
¿No te acuerdas del papel
lisonjero y hablador
que escribiste y rompí?
¿Y aquella acción no bastó
para refrenar tu intento?
Por más satisfacción,
no respondí a tu locura,
que atreverte a tu señor
era sobrada arrogancia.
Mi honor te desengañó
entonces; y fuera bien
que, atendiendo a mi razón,
y a gustar libre no entrarás
para temer mi rigor,
si cesara tu aleve intento.
Vete, que enojada estoy;
y hasta que venga don Carlos,
no entres adonde estoy;
de todo lo que ha pasado
A que se va y detiene.
hasta aquí te doy perdón,
mas si no cesa tu intento,
será mi enojo mayor.
Aquí sepultado queda
lo que pasa entre los dos,
que por mí no ha de sacarlo
tú desta traición.
Ángel de este horizonte,
detente un poco, aguarda,
serás lo de mi guarda
en este opaco monte.
Arrogante Faetón,
¿qué intentas atrevido?
Que te humanes te pido,
tu cielo se serene,
pues no es justo que pene
quien tan amante ha sido;
si no es que acaso quieras
darme castigo por amar de veras.
Vuelve mansos los ojos,
y lo que a ti es culpa
verás que amor disculpa
con mis tiernos despojos.
No aumentes mis enojos,
y en tu cantar detente,
que si eres cocodrilo
del nigromante Nilo,
seré cauta serpiente
que cerrara el oído
al silbo de un amante fementido.
Bien conozco, Constancia,
que yo no te merezco,
pero a tus pies ofrezco
las cosas de importancia
que hay del Perú a Francia,
y no será esto solo,
de un polo al otro polo
traeré las ricas perlas,
yo mismo iré a cogerlas
al dorado Pactolo,
que para tu belleza
es pequeña señora esta riqueza.
¿Qué intentas, basilisco,
con tanto ofrecimiento?
¿No echas de ver que cuento
mi pecho con un risco?
Y a contra ti me arrisco,
que es grande desenvoltura
y arrogante locura
la que aquí has intentado;
baste ya lo pasado,
porque mi honor procura
en hechos tan villanos
que esgriman dientes donde faltan manos.
Ya que por bien no quieras,
habrá de ser por fuerza.
Tu intento aquí se tuerza.
Gloria de las mujeres.
No me des esos nombres,
infamia de los hombres.
Vencerá mi porfía.
Soberana María.
De aquesto no te asombres,
pues tanto de amor sabes.
¡Ved que me roban del honor las llaves!
Hácese fuerza, sale Nuestra Señora de peregrina con un velo en el rostro.
Voces.
Como estando la puerta
desde la calle hasta el jardín abierta,
¿no me habéis escuchado
a los golpes que he dado?
Perdonad la licencia
que he tomado de ver vuestra presencia.
Bien conozco que ha sido,
señora, atrevimiento el que he tenido.
A quien limosna pide,
en aquesta ocasión, no se despide.
Antes gusto me has dado,
peregrina, que entrases, más que enfado;
que en la ocasión quería
más que la soledad, la compañía,
porque estaba enfadada
de tomar cierta cuenta que iba errada,
y estimo que vinieses,
porque en esta ocasión me divirtieses.
(Aparte)
Mi fortuna ha sido,
pues qué estorbo a hora me ha venido.
Hermosa peregrina,
¿dónde tu viaje ahora se encamina?
Sabed que estoy resuelta
de dar a los cristianos una vuelta,
que soy aficionada
del alma que es de Dios enamorada.
Muchas cosas he visto
en los lugares en que anduvo Cristo,
y he estado
en el monte donde fue crucificado,
aunque niña parezco,
cosas de vista relatar os ofrezco,
que yo me hallé presente
cuando reyes vinieron del Oriente,
y está en mi memoria
la salva que le hicieron en la gloria,
y en muchas ocasiones
testigo fui también de sus prisiones.
A eso me acomodo,
vamos adentro, contaráslo todo.
Dime de dónde eres,
de quién me quieres y saber lo que eres.
Sin mirarme en nada,
acudo siempre donde soy llamada,
y en otras ocasiones
me voy donde hay turcos y ladrones.
Bajeza es, a fe mía.
No hay para mí más gusto y alegría
que es siempre preciado
consolar al que está desconsolado.
Tu lengua me llamaba
cuando a pedir por esa calle entraba.
Si nunca te he mirado,
¿cómo dices que ahora te he llamado?
No entiendo aquestos modos,
porque sin verme me conocen todos.
Buenos quedáis, García,
privado de lealtad y de hidalguía.
Que sin duda que Costanza,
siendo dueño y señora de importancia,
luego que Carlos venga,
en la primera ocasión que tenga,
le ha de decir mi intento
descubriendo mi loco pensamiento.
Pero las prevenciones
suelen servir en estas ocasiones.
Los troncos y cortezas
deste jardín publiquen sus torpezas,
para que desta suerte
muera su honor, pues me da esta muerte.
Va escribiendo con la daga en los árboles y bájase. Tocan cajas; van entrando por la plaza Roberto con la caja, Ervigio, Carlos con bastón, Wamba a caballo, coronado con corona de oro, y Paulo con corona negra y vestido de luto y una banda puesta atravesada en el pecho, llevando de diestro el caballo a Wamba hasta el teatro, y en él se apeen.
Gracias a Dios, que he visto las murallas
que adornan y hermosean a Toledo,
donde, desnudos de las finas mallas,
demos al ocio la pensión del miedo;
y pues que se acabaron las batallas
y de tantos enemigos libre quedo,
trataré de premiar a mis soldados,
que a su rey ayudaron como honrados.
Antes que premios repartas,
te pido que me castigues,
que también será dar premio
a mis intentos civiles.
Yo confieso haber errado
en tratar de perseguirte,
mas la ambición del mandar
quita la vista al más lince.
En todo lo que intenté,
después, señor, que me diste
el bastón para allanar
los de Magalona y Nimes,
elección que el cielo rige
en mi persona invencible,
obedecer no quisieron
con los de Girona y Siguel,
todo me salió al revés,
que siempre el cielo permite
postrar arrogantes pechos
y levantar los humildes.
El duque Tarraconense,
persona de nombre insigne,
me dio favor, que traidores
hallan quien los apadrinen;
y muchos hubo conjurados,
mas, que me temiesen, hice,
ganando las voluntades
desde el rico al más humilde.
Viéndome ya poderoso,
y que me temían delfines,
porque en Francia aqueste nombre
se da al legítimo príncipe,
determiné de llamarme
rey de España, cuyo timbre
es de más fama y valor
que rey hubo entre caciques.
Para lograr mi intento,
ordené como publiqué,
y presumiendo que yo soy
digno que por rey me estimen,
hízolo de tal manera
que los obligó a que griten:
«¡Paulo es solo rey de España!»
y por tal le solenicen.
Viéndome entronizado
en asiento tan sublime,
no te espante que intentase
de ejércitos apercibirme,
que guardasen mi persona.
De tu persona invencible
que los temores son propios
de los hombres que mal viven.
Pusiéronme la corona
de diamantes y amatistes
que el santo rey Recaredo
ofreció al mártir felice,
y con sacrílegas manos,
sin temer algunos desvíos,
Dios de vengarse trató y enojos
profané los templos santos
sin acordarme del crimen
contra la sacra deidad,
aunque al parecer se cuide.
Nunca queda sin castigo,
y así procuró subirme
a la grandeza de rey
para que más me derribe.
Y he relatado, señor,
estos delitos y crimen
para que, viendo mi culpa,
mi proceso se fulmine;
bien conozco que el delito
no es digno que se remite,
sino que para escarmiento,
como es razón, se castigue.
La espada de tu justicia
hoy en mi garganta obre,
que no merecen traidores
que misericordia brille.
A tus pies estoy, señor,
y aquesta banda que sirve
de honra, puesta por el pecho,
yo mismo es razón la quite,
y la ponga en la garganta
para que sin admitirme
informaciones de abono,
pues no las tengo de un tilde,
venga a ser nudo de cordel
que de la vida me prive;
que no merece otro premio
el que soberbio persigue
a un rey tan santo y tan noble,
aun indigno de servirle.
Quien confiesa sus culpas de tal suerte
perdón en parte alguna merecía,
que aquiete la brava de la muerte
usando de piedad y de hidalguía;
pero el caso presente es grave y fuerte,
y aunque perdonar quisiera a todos, la
justicia ha ahogado sus artes,
que es injusticia, Paulo, perdonarte.
Ya conocido habrás qué caso en rojo
a que a tanta ambición te entronizaba
donde pensabas verte con reposo,
que al parecer al gusto convidaba
por ser jardín de lejos espacioso
en que mirado así contento daba;
es píldora con oro y con tal cargo,
que para quien la gusta es muy amargo.
Si supieras entonces lo que sabes
después que rey de España te has llamado,
no pretendieras ser rey ni arrojado,
ni de este desengaño te han tirado,
ni las cargas te hicieran tan suaves
como los tiranos han pensado.
Mas ya decir podrás por caso llano
que con más gusto vive el que es villano,
y yo lo juzgo por mí, que cuando estaba
en el oficio que me alimentaba,
sin cuidado a la noche me acostaba,
si no era de romper el duro hielo;
y si al romper del alba madrugaba,
solo el almuerzo me hacía desvelo,
y después del almuerzo un yantar bueno,
sin envidiar cortes de los reyes.
Pero después que el cielo me dio cargo
de gobernar hombres, que es más cargo,
que un breve se me hace amargo,
temiendo que mal puede dar descargo
quien sus obligaciones no descarga,
y si del cargo desistir pudiera,
Cincinato de Roma me volviera;
al fin confesando que ambiciones
te hicieron subir a aqueste estado,
y en aquestas presentes ocasiones
cuando a público viene tu pecado
te vuelve a la memoria mil razones,
las unas de piedad, otras de enfado.
Y en tal caso te digo, estoy perplejo.
El perdonar, señor, siempre alabo,
más que el rigor en caso semejante;
pues ya Paulo que os ha ofendido,
confesando está que ha errado ante,
ya que a ti solo el cetro te ha debido,
resta sujeto, cuando estás triunfante;
perdónale, señor, pues que tu pecho
a perdonar agravios está hecho.
En el premio y el castigo ya se sabe
que en iguales balanzas está puesto,
y en las manos del rey está la llave
para abrir o cerrar al descompuesto;
siempre misericordia es más suave,
mas también es justicia hacer el resto,
no digo que castigues ni perdones,
que a Dios imitas en las dos acciones.
Yo no sé de qué sirve perder tiempo
si después de todo esto has de ahogarle,
o tú no te aconsejas o es que con tiempo
el tragadero mandas apretarle,
que es lo demás burlar de ti y del tiempo,
si en lugar de castigo quieres premiarle,
esto digo y esto es lo que siento,
que quien hace un cesto hará ciento.
Y viendo los pareceres que habéis dado,
darle castigo y darle premio quiero;
el dejarle con vida es ser premiado,
y castigarle, en ser mi prisionero,
lo que dure su vida esté encerrado;
llamar a Roberto luego al carcelero,
que si en esta acción a Dios imito,
por eso le castigo y le remito.
Algún traidor imagina, ¡oh, santo cielo!
que no te salga al rostro el ser piadoso,
si de tanta piedad, señor, recelo,
no dejes de traidores sano un pelo,
que si como de miel se halla sabroso,
el zángano cruel te irá chupando,
y vendrás a quedarte bamboleando.
Y de nuevo vuestra alteza me ha avisado
Confiesas tu pecado y Dios no quiere
más de que el pecador esté pesado
de las culpas y defectos que tuviere.
Bien, señor, tu piedad has ostentado.
Es dueño al fin y hace lo que quiere.
Vamos adentro, que premiaros quiero.
Como yo esté en tu gracia, más no quiero.
Y mira, Paulo, la fúnebre corona
que por púrpura se ha puesto en tu cabeza,
y de escarmiento sirva a tu persona;
subir no quieras a mayor grandeza.
Ya te miraste en la encumbrada zona,
ya ahora aquí te miras en bajeza.
No te atrevas a reyes labradores,
que saben castigar a los traidores.
Vanse, y al entrarse sale Roberto con una carta y detiene a don Carlos.
Al oficial, señor, aquesta
te envían de Talavera,
con propio que solo espera
para volverse respuesta.
De mi adorada Costanza
este papel vendrá a ser.
Por suyo le he de poner
en la boca.
¡Qué ignorancia!
Mejor será que en la suya
le vayas a colocar,
adonde podrás gozar
un buen rato de aleluya.
Mucho tardas en abrir
el papel, queriendo tanto.
No te cause, amigo, espanto,
que temo me haga morir
el disgusto de ver su firma.
No harás, siendo tú discreto,
aunque con ese concepto
tu locura lo confirma.
Poco amante me has mostrado.
Pues la nema no he rompido,
antes entiendo que ha sido
por ser muy enamorado.
Tu ausente y ella mujer,
mas no puedo en este caso.
Y el laberinto de Creta,
o el de Tesalia el encanto,
la brevedad de razones
ya me están atormentando;
¡qué de vueltas la memoria
en un instante me ha dado!
Señor, ¿qué papel es ese,
que el juicio airoso y bizarro
te descompone y inquieta?
Mas no puedo en este caso.
Me está diciendo García,
sin duda que se ha quebrado
el espejo cristalino
de la honra de don Carlos.
¿Diote esa carta veneno?
Más que veneno me ha dado.
Y pues, señor, ¿qué dice en ello?
Escríbeme el secretario
que ella, mujer, y yo ausente,
y que más no puede en el caso.
¿Y no te escribe otra cosa?
Aquesto solo su mano
me escribe.
¿Y tú qué coliges
de estas razones?
Saco
que Costanza me ha ofendido.
O ignorante, o necio, o bárbaro,
perdona, señor, si aquí
de aquesta suerte te trato,
mas no merece otro nombre
el que tan desenfrenado
piensa tal de mi señora,
que es ejemplo y es retrato
de honestidad y clausura.
¿No ves que amor contrastado,
con músicas, con papeles,
con terceros, con recados,
y más ausente un marido,
es caso imposible, llano,
que deje de dar en tierra,
aunque el castillo sea alto?
Tú ausente y ella mujer,
el ignorante más zafio
penetrara el pensamiento.
Cuanto más tú, que eres sabio.
Pues explica lo que yo
ni lo entiendo ni lo alcanzo.
Quiere decir esa letra,
si es que habemos de glosarlo,
que te partas al momento,
que ha mucho que está esperando
mi señora, y tú ausente;
y ella, mujer, está claro
que, por verte en su presencia,
todo el día está llorando;
y a mí me da compasión
que, de ver tan pocos años
como tiene mi señora,
¿piensas que no habrá pasado
sus ciertas intercadencias?
¿Es de bronce o es peñasco,
que no ha de apuntalle el fómite
a lo que nos inclinamos?
Ay, Roberto, aquesto mismo
me tiene ya desvelado:
yo ausente y ella mujer,
hermosa y de pocos años.
Mal por aquí me ha salido,
echemos por otro lado.
Señor, no pienses en eso,
que aunque sea frágil barro,
yo sé que en su casto pecho
no halles el menor agravio
contra tu honor; vuelve en ti,
que yo sé que le mandaron
a García que escribiese
concepticos intrincados
para que fuesen espuelas
que del caudaloso Tajo
hasta el cristalino Alberche
te aligerasen los pasos.
Pues, ¿qué nos detiene?
Señor...
debamos, nos despidamos,
vamos a Talavera,
dejarás de ver qué trato
verdad en lo que te he dicho.
Pues ensíllame el caballo,
despediréme del rey,
pidiendo licencia en tanto.
Vase.
Con ligereza de pies
y nigromancia de manos,
voy a poner los jaeces.
Mira, Roberto, que aguardo.
¿Qué podré decir al rey,
pues apenas he llegado
cuando licencia le pido?
Para que quiera otorgarlo
diréle que mi Costanza,
como de su vista falto,
está mala; bien he dicho.
Mal haya pues ha quebrado
la fe más pura que el mundo
ha visto entre dos casados;
pero fue guarda mudable
a la que se la entregaron;
que, como mujer al fin
de su natural villano,
no quiso degenerar
del ser que había heredado.
Mal haya el hombre que fía
su honor de tan frágil barro
como es la mujer. ¡Ay, cielos!
Nunca del rey fuera honrado,
nunca el bastón me entregara
para regir sus soldados,
nunca tremolara al viento
en mi sombrero el penacho,
ya que el rey me ilustró,
o a lo que los contrarios
con el carmín de mi sangre
dieran color a mis años,
porque así honrado quedara
muriendo como hidalgo,
sin que mi afrenta supiera
más de quien ha sido cargo;
¿de qué han servido las honras,
de qué sirvió ser privado
del rey, si ya por las calles
me señalan los muchachos
diciendo mi afrenta a voces?
¿Cómo es aquesto, don Carlos?
¿Vos dais crédito a papeles?
¿Vos os estáis lamentando?
¿Vos entre discursos tristes
creéis que pudo agraviaros
la mujer más noble y santa
que vio el reino toledano?
Y en Troya Casandra calle,
calle la hija de Cadmo,
calle en Tebas Erifile,
y den a Costanza el lauro.
Bien entendí que así fuese,
mas escribir revesado
García, razones breves
nadie no puede abonarlo.
Ya sin duda me interrumpo
cuando de duros tratos,
y los que saben mi afrenta
sepan que no soy culpado;
mas si el honor es perdido,
¿para qué me estoy cansando?
Piérdase al fin...
y los que saben el caso
digan que soy loco a voces,
porque me precio de honrado;
y para tomar venganza
de todos estos agravios,
póngase en armas la gente,
al momento marche el campo,
haga seña el clarín
de que Carlos va marchando;
mas no toque la corneta,
que este tono a más bizarro
le acabará, y pone miedo;
haga seña en tono bajo,
porque en tocando los tiples,
es fuerza que en lo más alto
de los montes de Toledo
se venga a saber mi agravio;
y en semejante caso,
el que no pierde el juicio no es honrado.
Sale Roberto.
Ya está prevenido todo,
ponte, señor, a caballo.
¿Es posible que Costanza,
hija de padres honrados,
y aquesta traición hiciese?
El caballo está esperando.
¿Qué dirá el rey cuando sepa...
Es hora ya que partamos.
Perdone tu majestad...
Ya sé que el juicio ha volado,
porque estaba divertido.
¿Sabéis quién sois?
Es claro:
España canta mi rey.
En que sois el rey ha dado,
y habrá de salir con ello,
porque está de juicio falto.
Quiero seguirle el humor.
¿Qué queréis, amigo Carlos?
Quería ver, señor...
¿No nos oís en cuanto hablo?
Señor...
Si sois mi mitad,
¿para qué os estáis cansando?
¿Qué pedís?
Que mi Costanza,
como de su vista falto,
quisiera...
Ya, ya os entiendo,
querrá que gocéis sus brazos,
y que desquitéis las faltas
que habéis hecho; está claro,
licencia no os doy con gusto,
porque ya lo estoy llorando,
de ver que queráis partiros
ahora.
Pues, señor, si os sirvo en algo,
aunque Costanza lo sienta,
me quedaré.
Es excusado,
porque es mujer moza al fin,
y es menester que acudamos.
Hágale más el gusto,
ya que lo está deseando;
porque si no es de esta suerte,
cerca estamos los casados,
por huir de capricornio,
dar en el signo de tauro.
Si no fuera Vuestra Alteza
el que lo está relatando
¡vive Dios! que le matara
a puras coces y palos.
(Ibase)
Don Carlos, más pacífico,
más pacífico, don Carlos,
que me enojaré con vos.
No entréis más en mi palacio
y, pues tenéis tanta priesa,
idos con todos los diablos.
Señor, tu alteza perdone,
no me vuelva el rostro airado.
Fuese, ¿qué tengo de hacer,
pues todo me va faltando?
Sale Roberto, de priesa.
¿Cuándo habemos de partir?
¿Quién eres?
Ahora estamos
en eso, Roberto soy.
¿Qué quieres?
El caballo,
señor, como me mandaste,
está a la puerta ensillado.
Ansí, que no me acordaba,
pues venga, luego partamos.
¿A quién quieres que le traiga?
Sí, Roberto, que en palacio
no he de entrar más, porque el rey
ansí me lo ha notificado.
¿Cuándo con el rey hablaste?
Ahora se fue a su cuarto,
bien enfadado de mí.
Calla, señor, que es burlando,
que te ha vuelto loco el juicio,
que ni en esta pieza ha entrado
el rey, ni tú has visto a Wamba.
Conmigo estuvo llorando.
¡Ay, señor!, yo fui ese rey,
que como te vi lunático,
fingí que era Wamba yo.
¡Vive Dios, traidor, villano,
que te he de quitar la vida!
¿Por qué?
Porque me has burlado.
No te espante te burlase,
viéndote tan loco y vario.
¿Qué mucho que loco esté
si me escribe el secretario
tu ausencia y a la mujer,
más no puedo en este caso,
y el que llega a escuchallo
si no es que pierde el juicio no es honrado?
Mejor decir pudieras,
si en este caso he de hablar de veras,
que es queja de vicio,
quien por tan poquito pierde el juicio.
Vanse. Sale Costanza.
Ya Carlos está en Toledo, y no ha venido
en esta acción su majestad amante,
que puede el enemigo estar triunfante,
bien pudiera rendirse al dios Cupido;
pero muestra con esto que al olvido
atento es, famoso y elegante,
porque el mundo publique y no se espante
de que el rey al amor ha preferido.
Amor, saca mis fuerzas de...
la que yo adoro estando ausente
que me partiera a verla si pudiera
venza el honor y amor en su tibieza
imaginad que siempre está presente
al fin el desconsuelo quiere espera
Salen García, Carlos y Roberto
tu papel me ha desvelado
y así con prisa he venido
Vase
guarda, cuidado ha sido
pero no me ha aprovechado
bien quisiera no decir
lágrima de aquel papel
pero más quiero ser fiel
y morir que no vivir
callando, y no estar culpado
el negocio es de importancia
que traidora constancia
con un negro te ha afrentado
queda con Dios, que el dolor
de llegarte lo a decir
me ha de obligar a morir
y no es mucho por tu honor
el rayo fulminante
en la región del aire disparado
que veloz y arrogante
el corazón y el alma me ha robado
o la ventura ha sido
que me priva del juicio y el sentido
¡ay, Constanza mala, cielos!
¡quién tal imaginara de Constanza!
bien me daban recelos
el papel de García que en sustancia
aunque en acciones breves
preñaba nubes, fue guerra y desvelos
ya viene mi señora
a verte, deseosa de abrazarte
más bella que el aurora
tú, Roberto, pudieras excusarte
de darme aquesa nueva
que para un ofendido es mucha prueba
señor del alma mía
cómo a verme venís con tal secreto
tente, engañosa arpía
es de tu ausencia, señor, aqueste efeto
o no sé si al cuidado
los humos de la guerra y despoblado
ojalá que en la guerra
me estuviera peleando hasta agora
trágarame la tierra
y no llorara el alma lo que llora
si me hubiera tragado
cuando el mundo me tuvo por honrado
dueño mío, no entiendo
mirad, señor, si es grande mi inocencia
lo que me estáis diciendo
¡pensé, Constanza, que en ti hubiera constancia!
mas a lo que en mujeres
presa está la constancia de alfileres
de funesta Pandora
lamia cruel, Semíramis lasciva
Medea encantadora
entre flores curvo áspid fugitivo
¿enseñóte ese trato
la gloriosa romana de su casto
esposo, señor mío?
calla, villana, que es bien que así te llame
porque tan todo es vicio
¿Por qué me recelas? ¿Quién es infame?
No me dejéis, por Dios,
que a fe que con el señor me asombre.
¿Es de veras, esposo?
¿No hay ocasión bastante para serlo?
¿De qué estás temeroso?
Dueño mío, merezca yo saberlo.
De ver que me has quebrado
el vidrio del honor que te he entregado,
y de quien falsa heredaste
ser adúltera vil con un esclavo,
o que de mi honor ganaste
mucho, Costanza, a questa acción mala,
puestas por ganancia
no ser constante la que fue Constancia.
Y más, ¿cómo de esta suerte
a la que fue mi vida y miente tanto,
afrento de esta suerte?
El corazón se anega en tierno llanto,
mas con tal villanía
¿qué importa ser mitad del alma mía?
Sepa yo qué resulta,
dueño y señor, de confusión tan fuerte.
Sal de la consulta,
que mi brazo ejecute en ti la muerte.
Yo digo que es justo,
que en todo como dueño hagas tu gusto;
mas ya que a morir vengo,
sé, dueño y señor, que estoy sin culpa;
en mi abono prevengo
que solo el ser honrada me disculpa,
que si honrada no fuera
nunca el que te lo dijo lo dijera;
con esta vida pago
la deuda al fin que de pagar se tiene;
a Dios le satisfago
pues lo que más al alma le conviene,
y así parto sin pena
cuando me dan la muerte por ser buena.
llama a un labrador
¿A quién no ofuscan confusiones?
Costanza dice que no tiene culpa,
muchas las prevenciones
suelen servir a veces de disculpa,
y así Costanza ha hecho
para encubrir cosa falsa de su pecho,
porque escribir García,
secretario fiel, fiel sirviente,
que fue su compañía,
ella es mujer al fin y estás ausente;
mas yo dudo en el caso,
favorecedme, cielos, que me abraso.
Bien quisiera matarla,
mas no me atrevo aunque me ha ofendido,
cuando llego a mirarla
su honestidad me deja sin sentido.
¿Qué he de hacer en tal caso?
¿Propio honrado si por esto paso?
¡Hola, Roberto!
Ya es tiempo que la mesa
se ponga.
Así mi fama
honor de sus agravios interesa.
A fe, ya comprobado
lo que de capricornios amas pensado.
¿Y cómo de estar tan despacio?
A fe que tienen prisa, pues mis tripas...
entra luego en palacio
órganos azenia tocando pipas
llama luego a Floro
oh qué valiente es mi amo para toro
sale Floro jardinero
mi nombre escuché en tu labio
y vengo a ver qué quieres
bien das muestras de quien eres
en ser tan discreto y sabio
abrázanse
di si tienes licencia
de qué nace aqueste enfado
secreto a Carlos
hanle dicho que venado
le has hecho en aquesta ausencia
aunque notable rigor
luego voy a obedecer
mala haya quien a mujer
osa entregalle el honor
vase
señora el lance es forzoso
hoy dize habéis de morir
vamos que no tengo de ir
contra el gusto de mi esposo
Roberto queda con Dios
ay señora que te vas
cuándo a verme volverás
cuando demos cuenta a Dios
y Roberto yo voy contenta
quien lo ha de poder sufrir
mas solo siento morir
con opinión desta afrenta
dile que no tenga pena
si a tal su afrenta llora
que no fuera mala agora
si no hubiera sido buena
llévale este abrazo amigo
y dile que a morir voy
porque inocente estoy
como Dios es buen testigo
vase Costanza
voto a Dios que te lo creo
y de lo que has dicho saco
que García es un bellaco
y yo le diré si le veo
su modo de proceder
tente espera aguarda un poco
sin duda está loco
pues ofende a esta mujer
sale Carlos sin capa ni sombrero rindese a Roberto
querida Costanza
el desdén perdona
que los disparates
han hecho la honra
y mírame risueña
de tus congojas
dónde está tu juicio
con eso agora tornas
no estés tan esquiva
muéstrate paloma
señor di a cómo
se da cierta cosa
no estés enojada
el alma me enoja
porque mi querida
ya se enmienda oigan
mucha razón tienes
mas ya el alma llora
disgustos pasados
tus presentes glorias
son para mí un infierno
pues tus ojos brotan
un rayo que me abrasa
que me le enciende pólvora
y ea, mi Constanza.
Buena gala y historia.
¿Qué embeleco es este?
Sin duda mi forma
y es como la cera,
pues ya se le antoja
que soy el rey Bamba.
¿Constanza, ahora
y como así me hablas,
como me enamoras?
No eres mi Constanza,
no eres mi señora.
No soy, sino el diablo,
mas guarda la concha,
que sin duda alguna
le pica la mosca.
No huyas, detente.
Tente tú, no corras,
porque ya sospecho
que el diablo te toma.
Si eres mi Constanza,
no estés rigurosa.
Antes imagino
que soy Constancilla.
Tu criado soy,
que con mano airosa
los caballos rasca
y delante trota.
¿Quién eres?
Roberto.
¿Dónde está mi esposa?
Señor, ¿no mandaste
que su sangre corra
y acabe su vida,
derramando aljófar?
Diome aqueste abrazo.
Que en los suyos ponga.
Porque la matan,
porque te corona
con ramos de ciervo,
que tú ya sientes brotar.
Ya no me acordaba,
que como la honra
me falta, Roberto,
falta la memoria,
y si el honor me quita,
poco importa.
Antes, señor mío,
la honra te sobra.
¿No ves que García
cuenta mi deshonra?
Y os hago este intento,
ser caballo en Troya.
Calla, Roberto, mi,
no me des más pena,
que basta del alma
que el pecho tengo lleno della.
Todo lo sufro y en eso descargas,
que siempre la verdad fue muy amarga.
Vase, y dice Constanza de dentro, y sale luego.
Quédate con Dios, Flora,
y a tu piedad agradecida lloro.
¿Adónde ya en trincado monte
hallaré albergue y consuelo?
Constanza, pedilde al cielo
alivie el mal fieramente,
que si Dios no nos le envía,
en este espeso encinar,
no le podremos hallar.
favorecedme, María,
Virgen, sed mi medianera,
pues lo sois del hombre y Dios.
Tócase música, y descúbrese una mata, y en ella Nuestra Señora.
Por ser amigas las dos,
vengo a ser tu compañera;
no temas.
Luz soberana,
ya pierdo todo el temor,
que es excesivo favor
cuando al parto estoy cercana.
En esto vengo a ayudar
y a ampararte también,
que me acuerdo que en Belén
ansí sola vine a estar.
Aquí te traeré sustento;
Costanza, ten regocijo,
que quien le sirve a mi Hijo
yo sirvo con aumento.
La morada has de tener
debajo de aquesta mata,
y por mostrarme más grata
tu comadre pienso ser.
Con tal gusto ya no es pena
la que por pena tenía.
Mi Hijo a verte me envía;
mira si tu suerte es buena;
de darte consuelo trata.
Casa será de las dos,
que es muy poderoso Dios.
Ya voy, Virgen de la Mata.
Fin del acto segundo de la Mata.
Personajes: Carlos, Roberto, lacayo, Bamba, Paulo, general de Bamba, Ervicio, García, Constanza, Nuestra Señora, Vanino, Teodoro, criado, Gofredo, Ataúlfo, Un músico, Floro, jardinero
Acto tercero de la renunciación del rey Bamba y fundación de la Virgen de la Mata. Salen Ervicio y Paulo.
¿No trataban ya de darme
libertad?
Ya le he hablado.
Mala respuesta me ha dado,
de manera que quejarme
en esta dura prisión...
No importa de nada,
la puerta tiene cerrada
a la más fuerte razón,
y cuando se ve apretado
dice con severo pecho
que harta merced te ha hecho
pues la vida te ha dejado.
Confieso que fue piedad
el dejarme con la vida,
mas la libertad perdida
llamarla puedo crueldad.
No te hace Bamba favores,
no me hace mal ni bien.
Yo premiara su desdén
con crueldades y rigores;
que siendo deudo cercano
del segundo Regisundo,
no era mucho ya en el mundo
el ver el cetro en tu mano;
y que, ya que de Teodofredo
en la pasada elección
no se hizo relación
en las Cortes de Toledo,
hermano del muerto rey,
a quien el reino venía,
quitado con tiranía...
sin Dios, justicia ni ley.
Y no era mucho que tu pecho,
Ervigio, si en rey paras,
que el reino a Bamba quitaras,
pues te viene de derecho.
Y mi intento has fabricado
en lo que me estás diciendo;
pero para tanto estruendo
de esto estoy muy acobardado,
porque como Bamba es rey
y a quien ha ayudado el cielo,
me parece que en el suelo
el no obedecerle no es ley,
y de más que, si lo intentara,
por ser de todos querido,
yo fuera el aborrecido
y él en el reino quedara.
como a darte abalances,
cierto estoy que a pocos lances
le verás puesto a tus pies;
con todos te muestra afable,
reparte oficios, verás
cuando tan cobarde estás,
que el vulgo tu intento entable.
Los príncipes manilargos
estimados son de todos;
pues desciendes de los godos
no temas,
en fin, los cargos
hacen al hombre, señor.
Sí, Ervigio, y si no tratas,
serás muy presto el rey.
¿Qué importa si soy traidor,
cuando por línea te viene,
¿no viene bien ese nombre?
Ya, Ervigio, no te asombre,
pues solo a ti te conviene,
y sin duda a los demás
que tu noble tío
este reino gobernó,
por mal medio lo adquirió
ea, Ervigio, cobra brío;
si yo en prisión no estuviera,
este negocio tratara,
y también lo efectuara
que la corona te diera;
mas ya que el cielo ha querido
tratarme con tal exceso,
mi vida no te la ofrezco
pues tan desdichada ha sido.
Si llega a tener efeto,
Paulo, lo que me aconsejas,
no formarás de mí quejas.
Lo que importa es el secreto,
y que, ya que se determina
tu pecho en esta ocasión,
callar y hacer esa acción,
y además, que se imagina
la vida de Bamba importa
que se cercene.
Harélo.
Si no es que le ayuda el cielo,
pues su vida se acorta,
y tú vendrás a ser señor.
Bamba se ha de rematar;
¿qué importa que por reinar
me llame el mundo traidor?
Sale doña Constanza y un niño, ambos con pieles
Madre, ¿dónde está mi hermano?
Hijo querido, a la fuente
que dejé, cerro inminente,
baja corriendo a lo llano.
¿Quién lo engendró?
Su madre
se fue con él.
¿A qué estamos
locos entre aquestos ramos?
¿Cómo se llama mi padre?
¿Para qué saberlo quieres?
Solo saberlo deseo,
porque, como no le veo,
ni sé quién es, ni quién eres.
Hijo eres de este monte,
que por extraño portento
a todos nos da sustento
el oso y rinoceronte;
nos acuden con vestidos,
que Dios, que de todos cuida,
de acudir no se descuida
a los que están afligidos.
Según eso, ¿es mi padre?
Dios es padre universal,
que acude a todo animal
sirviendo de padre y madre.
¿Esta mujer que anda aquí,
quién es?
Es Madre de Dios.
¿Pues cómo vive con vos
y me está sirviendo a mí?
Porque es de tal calidad,
que a cualquiera que le llama
le favorece y le ama.
Algo tiene de deidad,
y muy diferente es de vos,
que yo os juro de ver en ella...
No es mucho, siendo doncella
después de parir a Dios.
Decid, ¿eso es verdad?
Tan grande y de tal manera,
que habrá alguno que se altera
y lo hace dificultoso;
mas, como es Dios poderoso,
que para sí la eligió,
madre y virgen le parió
sin serle dificultoso.
Esta es madre de consuelo;
al triste que está afligido
le acude con un gemido
de los palacios del cielo.
Yo me vi desconsolada;
a la primer voz que di,
siendo mi amparo, la vi
de luceros coronada.
Comencéme a enternecer
y, oyendo mi desconsuelo,
me dijo: "Ten gran consuelo,
que tu comadre he de ser".
Y con qué la habéis de pagar
tantas muestras de afición,
rezo con devoción,
que es pasión de rezar
un rosario, y de esta suerte
con voluntad muy crecida
lo he de hacer toda mi vida,
hasta que venga la muerte,
porque es la paga mejor
que nadie le puede dar.
Pues yo la voy a rogar
para alcanzar su favor.
Baje el Niño, queda Constanza de rodillas.
Virgen soberana y bella,
que calzada de la luna,
no hubo en vos mancha ninguna
de la que nos atropella.
Soberano relicario,
a quien por divina ley
se guarneció el Agnus Dei,
recibid este rosario.
Lleno va de imperfecciones,
mas la voluntad es buena.
Llena estáis de gracia, y llena
de otras mil gracias y dones.
Y así lo que falta en mí,
Virgen, podéis suplir vos,
pues solo en vos quiso Dios
indigna me hallo, señora,
de tener tal compañía.
Sale nuestra Señora con una cestilla con yerbas, y pan y una cantarilla de agua.
Digna eres, Constancia mía,
del bien que en mí se atesora,
porque quien me sirve a mí
con tanta puntualidad,
fuera notable crueldad
no agradeceroslo ansí.
Y pues sola una avemaría
que me rece el pecador,
le hago aqueste favor,
y así, mi hijo me envía
con estas yerbas y pan,
con que sustentéis tus hijos.
¡Qué notable regocijo!
Para los hijos de Adán,
dejadme besar los pies,
Virgen, por tanto favor.
Constanza, tu mucho amor
me trae aquí, y al revés,
que quien me bajó del cielo
con su mucha devoción,
será muy justa razón
que le visite en el suelo.
Madre del Hijo de Dios,
y a esa mucha humildad,
¿no le gusta aquesta amistad,
a quien nos sirve a los dos,
adónde merecí yo,
Virgen, que conmigo sea?
Constanza, aquesto granjea
cualquiera que me sirvió.
Mirad, paloma sin hiel,
que soy yo gran pecadora.
También soy yo protectora
de quien es conmigo fiel.
Emperatriz soberana,
¿qué méritos hay en mí?
No te espante verme aquí,
que el rosario me dio gana.
¡A quién pudiera decir
lo que siente el corazón!
Las muestras de tu afición
no se pueden encubrir.
Asentaos, señora mía.
Tú primero lo has de hacer.
Por fuerza he de obedecer,
que es grande descortesía
el teneros desta suerte.
Constanza, aquí igualmente
es mi mayor interés,
mira si mi amor es fuerte.
Si me concedéis licencia,
mis hijos voy a buscar.
Yo te quiero acompañar,
porque esta buena presencia
de quien me sirva es razón.
Vamos, Virgen soberana.
Fiel que os sirve, tanta...
quien no os dé de su razón.
Vanse, sale Ervigio, Godofredo y Ataulfo
Poned las mesas, luego dad os prisa,
que es hora de que el rey venga a la mesa;
mirad que todo esté bien prevenido.
Ve por el rey, fía de Godofredo.
Vase
Y si con mi intento salgo, estad asegurados
que habéis de ser vosotros los premiados.
Rigor notable, siendo Bamba bueno,
es querer de prisa le condene, no.
Sí, y pues le servimos, no medramos,
no te espante, Ataulfo, que lo hagamos.
Nunca, Godofredo, vi que los traidores
lograsen bien sus intentos falaces,
porque si a Paulo miras, buen ejemplo
de lo que Ervigio intenta nos ofrece:
pues privado del cargo que tenía,
enemigo ha quedado del rey Bamba,
y en prisión ha acabado tristemente,
aunque fue en sus acciones diligente.
Sale Bamba, Ervigio y un músico
Es hora de sentarme.
Ya se pasa,
porque estar sin comer siendo tan tarde,
no hace muy buen cuerpo.
Canten algo,
y sea aquella letra de mi historia;
qué gusto de traerla a la memoria.
Siéntase y traen la comida con aparato y comienzan a cantar
Estando a solas un día
el labrador y rey Bamba
acordándose quién era
con su corvo arado, a solas...
Muchas veces la memoria
de la memoria está ufana,
aunque también se ejecuta
en que ha de ser polvo y nada,
acuerdo me dice el arado,
que mi mano se preciaba
de gobernarte y traerte
más que no el cetro que manda.
Confieso que me vi muchas
antes que rompiese el alba
a romper la dura tierra
con su yelo y con su escarcha,
y con más gusto lo hacía
que dormir en cama blanda,
que las camas de los reyes
aunque regaladas cansan.
Sujetaba cuatro bueyes
con coyundas ya gastadas,
que aunque bravos y alterados,
al dueño se sujetaban.
Es verdad, y yo no puedo
con el cetro y con la espada
sujetar hombres, que al fin
es oficio de más carga.
Comía yo las más veces
mirando al cielo la cara,
y por habérmele dado
le daba infinitas gracias.
También a Dios se las doy,
aunque no con veras tantas,
que el cuidado de los reyes
casi de su Dios le apartan.
Asistían a mi mesa
mil pájaros que cantaban;
ahora asisten lisonjeros,
que de hablar verdad no tratan.
Y si el que hizo aquella letra
conociera, le premiara.
que dice en ella verdades
que desengañan al alma.
Vuestra Majestad, señor,
no atienda a lo que se canta,
que olvidar memorias tristes
es agora de importancia.
¡Oh, quién quisiera divertirme,
mas con verdades tan claras!
¿Qué obliga, Ervigio, que escape
las potencias sin pensarlas?
Y como Cincinato en Roma,
volviera a la corva azada;
y Dios, que el cetro me ha dado,
desta acción no se enojara.
Dame, Ervigio, de beber.
Vase.
Preparada tengo el agua.
Saca Gofredo el agua, toma Ervigio y dásela al rey.
Presto lograré mi intento.
Tú verás que no se tarda.
Esta es el agua, señor;
¿quieres que haga la salva?
Más fío de tu valor.
¡Pobre rey! ¡Cómo te engañas!
Bébela, y hácese furioso como loco.
Y de quien más el rey se fía,
que la muerte le trazan,
que no hay mayor enemigo
que el amigo con dos caras.
Señor, ¿qué desdicha es esta?
No sé, Ervigio; las entrañas
se me están despedazando,
y del corazón las alas
para volar se apresuran.
¡Basta! A la esfera más alta
detened ese escuadrón,
que, acicaladas las lanzas,
se acercan para acabarme.
¡Ay, que el alma se me arranca!
Sosiéguese Vuestra Alteza.
Un ejército de ranas
entran combatiendo el muro.
¿Quién ha visto mayor lástima?
La sed de reinar, ¡qué hace!
Agora entró una urraca,
con grande acompañamiento,
que viene a darme una carta,
en que el Turco paces pide;
pero no le den entrada,
que no estoy para hacer paces.
La ocasión que deseabas
se te ha venido a las manos;
gózala antes que se vaya.
Sin duda morirá el rey,
pues ya locuras ensarta.
Y tras de aquestas locuras
a Dios ha de dar el alma.
¿Es posible que no hay uno
que para aquesta jornada
a su rey quiera acompañar?
Mi difunto don Asancho
habrá de venir por fuerza.
Señor, sigue la campaña,
que está loco Vuestra Alteza
con resolución estraña.
Le han de quitar la corona.
¡Ojalá me la quitaran,
para acabar de una vez!
¡Qué mal si me echo con la carga!
Yo sé que le ha de pesar
a alguno que está en la sala.
Ya sabes que el reino ordena
en la corte toledana
que si el rey loco se estuviere,
que quitándole la barba
del cabello, si de un saco
viste la persona sacra,
si después cobra el juicio
por destituido se halle
del reino; a esta acción
verás que en voces altas,
sin que discrepe ninguno,
el vulgo por rey te aclama.
Ve por él.
Vase
Yo voy volando.
¿No he mandado que la guarda
guarde la puerta? Que siento
—Ervigio, ¿no ves?— un águila
con un gavilán peleando.
¿Dónde está, que no veo nada?
Como es ave de rapiña
y come de lo que caza,
la vida quitarla quiere.
Vuestra alteza esas fantasmas
deseche de la memoria.
Si fueran sombras fantásticas
bien dices, mas son verdades.
¡Ay, que el alma se me arranca!
Defiéndeme, Ervigio, presto.
Vuestra alteza repare
en que está haciendo locura.
El que lo dice se engaña.
Se fue ya un poco a la mano.
Antes son verdades claras.
¡Ay, amigo, que me acabo!
Si vuestra alteza se acaba,
renuncie el reino, que así
excusará mil barajas
que habrá entre los presentes.
Siéntase como desmayado
Digo, Ervigio, que me agrada.
Denme de vestir primero.
Mucho Godofredo se tarda.
Ya en tu presencia me tienes.
Viste, señor, estas galas
y harás la renunciación.
Escribe, Ataúlfo, acaba;
di que es mi voluntad,
sin fuerza de acción humana,
solo por excusar pleitos,
renuncio y dejo la carga
del gran reino toledano
a la persona a quien te falte.
Dentro
¡A Ervigio por rey queremos!
El vulgo en voces altas
a Ervigio por rey te pide.
Si ya el vulgo le señala,
no es de ir contra su gusto.
Firma, pues.
Firma
De buena gana.
Todo se ha ordenado bien.
Mucho puede oro y plata.
Duerme
El sueño, amigo, me aflige
y las potencias cansadas
se rinden al dios Morfeo.
En tanto que el rey descansa,
y ya que el veneno le priva
de las fuerzas y del alma,
pienso que le he de privar
para que adelante vaya
su intento.
¿Qué me aconsejas?
que la posesión tomaras
del reino fuera acertado,
que si coronado te hallas,
aunque Bamba vuelva en sí
no servirá de nada.
Siéntase, y sacan corona y cetro, pónensela, bésanle la mano al son de música y prosigue.
Muchos años, señor, goces
la corona toledana.
Para serviros será,
y por principio de paga
goce Godofredo aviso,
gentilhombre de mi cámara,
y también le hago secretario.
Puesto a tus plantas...
Los brazos te doy de amigo.
A Ataulfo el bien que haga
oficio de mayordomo,
siendo dueño de Numancia.
Si de esta suerte nos honras,
¿qué importa que muera Bamba?
Vanse Ataulfo y Godofredo. Queda sentado Ervigio. Despierta Bamba en su juicio como de antes.
¡Válgame Dios! ¿Qué cosas
sin estar en sueños pasan?
¿Qué es aquesto, Ervigio? ¿Cómo
estando dentro en mi casa,
con las insignias reales
a mi persona te igualas?
¿Cómo a ser traidor intentas?
¿No soy ya de mi guarda?
Salen Godofredo y Ataulfo
¿Qué nos mandas, gran señor?
Yo no os llamo, Bamba llama.
Pues ¿qué es lo que Bamba quiere?
¿De esta manera me tratan
mis vasallos? ¿Qué es aquesto?
A estar con juicio no hablaras
de esa suerte.
¿No soy rey?
Ya solo Bamba te llamas.
¿Por qué?
Porque tú
esta cédula firmada
diste a Ervigio de ser rey,
y así en llamarnos te cansas;
también este vestido...
¡Que estás sin juicio declaro!
¿Quién este sayón me ha puesto?
Para no gastar palabras,
y decirte la verdad,
tu locura ha sido vista,
y la corte toledana
no consiente reyes locos.
Sin duda estoy en Tesalia,
¿qué encantos aquestos cielos...?
No hay encantos cuando hablan
claramente aquestas letras,
que de todo encanto sanan.
Dámelas para que vea
si de mi mano están dadas.
Lee
Digo yo, el rey labrador,
por descargo de mi alma,
que el derecho de ser rey,
que el cielo en mis manos carga,
traspaso en Ervigio, y quiero
reine por mí. El rey Bamba.
que las palabras de los reyes
es bien que adelante vayan;
no quiero ir contra su gusto,
esto fue lo que soñaba.
Pues en sueño hay verdad,
a la religión sagrada
del glorioso San Benito
es bien que al punto me parta.
Con licencia de tu alteza,
que goce por vidas largas
este reino, y todo el mundo
rinda y sujete a sus plantas,
quiero partirme a Pampliega
donde el fin de mi jornada
ha de ser, pues es de fe
que de morir nadie escapa.
Sigue ese camino, eliges,
siendo que es cosa acertada,
no te quiero replicar.
Deme tu alteza las plantas.
Tal fuerza no consiento,
los brazos sí.
Vase.
Ya que cargas
aquese peso en tus hombros,
advierte, Ervigio, y guarda,
como buen rey, considera
que un mal rey un reino estraga,
y que los mayores bríos
en la sepultura paran.
Enternecido me deja.
Y a mí me deja con ansias.
Y a mí también; mas Ervigio
me viva, y se amonje Bamba.
Vanse y sale don Carlos vestido de luto.
Dejadme de cansar, memorias tristes,
no me aflijáis el alma aqueste rato,
no toquen las potencias arrebato,
ya que en tantas desdichas me pusisteis.
Acordaos que un tiempo alegre fuisteis
y que tan breve tiempo me fue ingrato;
hagamos desde agora este contrato
ya que el del ser dichoso me rompisteis.
¿Mas de qué ha de importar esta escritura
si en el alma está escrita mi desdicha
y es imposible descansar un hora?
Que bajando una vez de tanta altura,
todas las veces que sois sin honra
es la memoria de la pena al doble.
Sale Roberto de prisa.
¡Ay, más peregrina historia!
Señor, ¿cuándo has de acabar
de pensar, y más pensar
en tu desdicha?
La gloria
de verme un tiempo dichoso.
Se te ha trocado en infierno,
deja ese tormento eterno
y date un poco al reposo.
Que tanta melancolía
de nada te ha de servir,
sino es de acelerar el morir,
y por Dios que es bobería.
Mira que es mal endiablado
y mata sin calentura,
pues Dios te ha dado cordura,
no mueras como cuitado,
que en mi tierra un hombre había...
que en dando luz se encerraba
y allí cerrado lloraba
hasta que la consumía.
Tú has llorado doce años,
y aunque arroyos son tus ojos,
nunca cesan tus enojos
ni se remedian tus daños;
y así trata de alegrarte,
cese tanta desventura,
que lo demás es locura
y no haces sino cansarte.
Roberto, si yo pudiera...
bien dices, mas la memoria
de tan peregrina historia
me tiene de esta manera;
que cuando voy al jardín
para entretenerme un poco,
las plantas me tienen loco,
pues cual sonoro clarín
publicando están mi afrenta,
que por afrentoso empleo
el tiempo ha hecho trofeo
y lo ha tomado a su cuenta;
y aunque he mandado cortar
los árboles en que he escrito
este fiero sambenito
que me obliga a delirar,
cabezas de hidra son,
y por demás es intentallo,
pues comienza a publicallo
de nuevo cualquier troncón
que publica...
¿Qué publica?
Mi deshonra.
¿Cómo, si no tiene voz?
Por ser el delito atroz
y ser tan frágil la honra,
en cada tronco se ve
mi deshonra y mi bajeza,
pues dice en cada corteza:
Constanza inconstante fue.
Si Constanza fue inconstante,
¿qué mucho que yo lo sienta,
que aunque la memoria intenta
quitarme la de delante,
lleno de congoja y pena,
la vista todo lo tala?
Mas si Constanza fue mala,
no puede haber mujer buena.
Yo me atreviera a apostar
que Constanza fue constante,
sino que algún necio amante
su honor quiso atropellar;
y una mujer de importancia
está armada de valor,
y así imagino, señor,
que no te ofendió Constanza;
pero algún grande bellaco,
viendo no hallarse de su pie,
escribió: inconstante fue,
deshonor hecho otro Caco,
y espero en Dios que algún día,
acabándose tu pena,
has de saber que fue buena.
¡Ay, que lo dijo García!
Sale Floro con un tronco de árbol ensangrentado.
Cortando, como mandaste,
los árboles del jardín,
comenzó a verter carmín
este tronco, y dando al traste...
Y con la figura del destral
a tu presencia he venido,
aunque sin licencia ha sido.
No lo atribuyas a mal,
por ser un caso tan nuevo.
Llora y sangre, señor,
un árbol en vez de humor,
o por milagro o apruebo
fiel pensamiento penetras.
La hechura de aquestas letras
"Constanza constante fue."
¿Qué es esto, sagrados cielos?
el tiempo dirá adelante
la necedad de tus celos.
Esta es nueva confusión.
Verter sangre, ¿quién no siente?
Es decir que esta inocente
mas si confirma García
como crédito da fe
a que no rompió la fe
que siempre guardar debía,
¿quién fue engañosa sirena?
Mas si Constanza fue buena,
¿cómo la maté por mala?
Que Constanza fue constante
las mismas cortezas dicen,
y las que hoy contradicen
a las que tengo delante?
¿Quién tan confuso se vio?
Aquí el cielo sangre envía
y allí me dice García
que Constanza me ofendió.
Que no decille es necedad,
como Constanza está viva.
Solo digo, pues estriba
digo que cese mi pena
pues el cielo me regala.
Mas si Constanza fue mala,
no puede haber mujer buena.
Y aunque lo dijo García,
crédito no quiero dar,
que al fin me pudo informar
de lo que en ella no había.
Y aunque matarla mandé
y se hizo con rigor,
del dolor revive mi honor,
en saber que honrada fue.
Sale García.
De aquesta vez se lo digo.
Aunque te enojes ahora,
cuando le vea mi señora...
Muestras dad de cierto amigo,
señor, el Elector rey.
García, ¿de qué manera
viene a verte a Talavera
con esta extraordinaria ley?
García, si es nueva cierta,
excesivo favor.
Es tan cierto, mi señor,
que le tienes ya a la puerta.
Pues aunque a la puerta esté,
primero he de averiguar,
ya que el rey me viene a honrar,
lo que tan perdido hallé.
Dices que rompió la fe
Constanza de su lealtad.
Sois prueba que fue maldad
este tronco que me advierte,
con esta sangre que vierte,
que averigüe la verdad.
Hasta ahora escrito hallaba:
«Constanza inconstante fue»,
mas ya borrado se ve
lo que disgusto me daba,
que cuando el jardín talaba
por no ver en él mi afrenta,
el cielo tomó a su cuenta
descubrir esta maldad,
que aunque tarde, la verdad
siempre ha de quedar exenta.
Si Constanza fue constante,
villano, ¿qué te movió
a decir que me ofendió
la que de mi honor fue Atlante?
Lo que dije no te espante.
Cuando un árbol insensible
lo publica, no es creíble
que me llegase a ofender,
que ser mala esta mujer
lo tengo por imposible.
Crédito a tu lengua di,
cegado de tu concepto;
no fui en creello discreto,
confieso que necio fui.
Mas vengo a sacar de aquí
que, sin más información,
si no es viendo la ocasión,
un cuerdo no ha de creer
que le ofende su mujer
siendo de honesta opinión.
Pero, ¿quién no lo creyera
viendo tal hipocresía?
Yo, señor, yo no lo diría,
si mi dicho se advirtiera;
yo sé que otra cosa fuera,
y no, de cólera ciego,
entregalla a Floro luego
para quitalle la vida.
Mas pues que fuiste homicida,
ve a meterte a fraile lego.
¿Y qué viste en ella?
Señor,
lo que dije entonces fue
que yo por guarda quedé
de tu honor, y que tu honor
cuando vi, aunque el amor
crecía y no se aquietaba
y que yo tan firme estaba,
hallé su intento también.
Calla, villano, ¿quieres bien
que mi enojo satisfaga
con los filos de esta daga
Va a darle con la daga; sale Ervigio.
¿Quién muestra tanto desdén
con un rey que es tan amigo?
Muestra idea de poco amor.
Grosero he sido, señor,
mas hago al cielo testigo.
Al cercarlos, mi enemigo,
cierta la sospecha estaba,
pues armado me esperaba;
mas de vos seguro quedo.
Trajeron la de Toledo.
Por buena la miraba.
Levantaos, no estéis ansí.
Este ha de ser mi lugar.
Si solo puedo mandar,
haced lo que mando aquí.
Siempre leal vasallo fui,
como cuando os he llamado,
tanto os habéis descuidado,
Carlos, yo os vengo a buscar,
aunque puedan mormurar
que el rey visite a un criado.
Dícenme que triste estáis
después que murió Costancia,
persona era de importancia;
mas cuerdo en eso no andáis,
que quien a Dios enojáis,
pues sentís lo que él ordena.
Cese vuestra pena.
Vamos a cazar un rato,
gusto en todo daros trato.
Vamos, señor, norabuena.
Mucho tengo que hablar
con vos, mas la soledad
ofrece comodidad.
Como rey podéis mandar.
¿Cuándo tengo yo de entrar?
¿No te acuerdas ya, señor,
de aqueste pobre atambor?
Cuando en la montaña estemos,
los dos despacio hablaremos.
Estimo aquese favor.
Vanse, y al entrarse detiene Roberto a García.
Advierta, señor García,
que nunca pude creer
bajeza de tal mujer,
mas yo imagino a Femia
que vuesarced la quería,
y cuando se despidió,
llamó, y le respondió,
y así, por vengarse de ella,
como creció la centella,
esta traición intentó;
yo le he querido retar,
aunque lo he disimulado,
pero ya el tiempo ha llegado
en que le pienso mostrar.
Váyase al momento a armar,
aunque mejor será a coces,
hasta que publique a voces
que Costanza fue constante.
¡Por Dios que es un bergante!
daría mala gracia conocer.
Vase, sale doña Costanza con pieles.
¿Adónde, virgen pura,
hallaré mis hijuelos?
Que no los hallo en todo aqueste monte.
Ellos son vuestra hechura
y, aunque estoy con desvelos
por no hallarlos en todo este horizonte,
temo no los remonte
alguna bestia fiera,
y, siendo su homicida,
me priven de dos mitades de la vida.
Oriente luminoso,
adonde entre arreboles
nació aquel sol que nunca tuvo oriente,
sentimiento es forzoso
faltando mis hijuelos.
Vos, Señora, perdistesle entre gente,
entre uno y otro pariente,
y cuando le buscabais
con todos lamentabais.
Mas yo, ¿de qué manera
podré buscarlos entre una y otra fiera,
que, de crueldad vestidas,
los privarán, si pueden, de las vidas?
Dentro nuestra Señora.
Recógete, Costanza,
que ellos a tu chocita
libres acudirán, no tengas miedo,
que antes tendrás ganancia.
Dentro Erbizio.
Carlos, estáte quedo,
que un jabalí cerdoso
le busco presuroso.
Sin duda alguna
me ha de ser favorable la fortuna.
¡Carlos, aquí me mata!
¡Favorecedme, Virgen de la Mata!
Huye Costanza, sale el Niño con pieles huyendo de Erbizio que le sigue con venablo.
Detén el paso veloz.
¿Y al riguroso acero?
¿Dónde huyes tan ligero?
Repara en mi talle y voz,
y advierte que no soy fiera.
No te muestres inhumano.
No sé si eres hombre humano
o rigurosa pantera,
aunque he visto aqueste traje,
De tu misma especie soy.
Mas admirando me voy
de verte, monstro salvaje.
¿Quién eres?
De aqueste monte
soy hijo, porque mi madre
nunca me ha dado otro padre.
No huyas veloz, Faetonte.
Huye el Niño, Erbizio tras él, sale Costanza huyendo de Carlos, que le sigue con venablo.
Detente, no corras tanto.
Ni tú tanto me persigas.
Di, ¿quién eres?
No me sigas,
pues voy deshacerme en llanto.
Sale Ervigio tras el niño, y él se abraza con su madre
¡Ay, madre, que me persigue
este, y me tiene cansado!
¿Está este sitio encantado?
Vuestro rigor se mitigue,
y tened de los dos piedad,
de rodillas os lo pido,
pues que mi suerte ha querido
tratarme con tal crueldad.
¡Cuánto monstruo terrible!
Atónito estoy y espantado
de ver tan gran imposible.
Imposible no os parezco,
oyendo mi voz humana;
que soy una mujer y vivo
doce años entre estas matas,
y para que os enternezca
mi desdicha y suerte avara,
relatar mi historia quiero,
si me dejaren las lágrimas.
Hija soy de padres nobles,
de donde mi lengua calla,
que para contar desdichas
no es de importancia la patria.
Criáronme como a tales,
con doncellas y criadas,
en mi mocedad, señores.
Después que dejé la infancia,
pero para no cansaros,
casarme mis padres tratan
con un hombre a quien el cielo
dotó de infinitas gracias.
En igual correspondencia
yo le amaba y él me amaba,
mas nunca los bien casados
se gozan edades largas.
Cuatro meses solamente
gocé la paz regalada
que los casados desean,
que sin la paz todo cansa.
No se acababa el amor
que él tuvo y él me mostraba;
supo en aquella ocasión
el rey que se rebelaban
unos traidores, llamóle
y esta jornada le encarga.
Él se partió de mis ojos,
yo quedé sola y preñada;
entregome a un secretario
de quien tuvo confianza,
mas a fiarse no puede
de los mismos de su casa,
pues este, como otro griego,
la joya más estimada
que su dueño le dejó,
quiso y intentó robarla.
Descomedido y grosero,
por mirar que somos flacas
las mujeres, se atrevió
a decirme en voces claras
su amor y su desatino;
pero mirando postrada
su intención, y se me atrevió,
diciendo que le forzaba
el dios ciego, a que alevoso
forzarme con fuerza extraña,
pero no hay fuerza que fuerce
a la mujer que es honrada.
Vino de la guerra al fin
mi marido, y sin que causa
le diesen ni la pensase,
quitarme la vida manda;
quiso ejecutar la herida
con el hierro de una daga,
mas no sé si le movió
compasión a no mancharla
en la sangre que, inocente
del delito impuesto, estaba,
que en favor del inculpable
la sangre inocente clama;
y entregóme finalmente
a un jardinero que haga
lo que él nunca se atrevió,
y aqueste, habiéndole lástima,
me dejó aquí con la vida,
adonde, al parto cercana,
llamé a la que es de Dios madre
y a la que tristes ampara;
mi comadre vino a ser,
y como si fuera esclava
me sirvió y me regaló
con sus piadosas entrañas;
y dos hijos al mundo di,
ésta que es el uno, el otro anda
por ese monte jugando
con las leonas más bravas,
y aunque están en este traje
ya recibieron el agua,
que sin lavarse con ella
no puede salvarse el alma;
y en este espeso encinar,
aunque en él sin padre estaban,
les enseñé la dotrina,
bien saben lo que la santa
iglesia manda que sepan.
Y a la virgen soberana
conocí comadre al fin,
cuidado el que en mi falta
ella conmigo ha estado,
que siempre a los que la llaman,
como es madre de piedad,
a quien le llama acompaña.
Y aquesta mi historia es,
y pues ya sabéis la causa,
permitid que a mi chozuela
con este inocente vaya.
Hace que se va y detiénenla.
El paso de aquí no muevas,
si fuera viva Costanza,
entre confusiones tristes,
que era mi historia pensara.
Sale Floro y Roberto corriendo.
Aunque pierda tu amistad
por darte una nueva extraña,
déjense del reino, que no importa,
que más importa Constanza.
Vete a acordar, ay señor,
cuando en aquella batalla
de los celos te hallaste,
que yo te desengañaba,
y díjete que mi señora
era honesta y era honrada,
y tú como loco al fin
te resolviste a matarla.
Muerta yace ya, y el tiempo,
que es quien mentiras declara,
la verdad ha descubierto
que tan sepultada estaba.
Yo con ánimo venía
que en esta áspera montaña
quedase tu secretario,
porque siempre imaginaba
que fue embeleco y mentira
todo lo que le imputaba.
Y el cielo, que no consiente
que más adelante vayan
testimonios y mentiras,
hoy le castiga y ataja
sus pasos; un jabalí,
encima la hierba de grama,
vertió su alevosa sangre
que hasta aquí le animaba,
y viendo al ojo la muerte,
ansí dijo en voces altas:
«Constanza hermosa, perdona,
que yo fui la alevosa causa
de tu muerte, que el amor
fue inventor de aquesta hazaña.
Y Roberto, dile a don Carlos
que perdón le pida el alma,
que es testimonio y mentira
lo que dije de Constanza.
Todo fue por no admitirme,
todo fue por ser casta,
que si no lo hubiera sido,
no la hiciera yo tan mala.»
Con estas palabras y otras
dio la postrer boqueada.
Dónde estará no lo sé,
que Dios juzgará su causa.
¿Qué es esto, Carlos?
Señor,
a la lengua, a la garganta
se me añuda y no puedo
con la pena hablar palabra.
Yo a Constanza di la muerte,
aquí postrado a tus plantas
te pido que me castigues,
pues di la muerte a una santa.
Pues es de verdad, oídla,
yo confieso que de lástima
la muerte no ejecuté
que ejecutar me mandabas.
Pedísteme el corazón,
y por encubrir esta falta
quité la vida a un lebrel
y te le llevé a tu casa,
no muy lejos deste monte
fue, señor, donde quedaba
sana y libre, mas no sé
si las fieras, por ser tantas,
la han ahora despedazado.
Esta selva encantada...
¿Puede haber mayor desdicha?
Ahora para buscalla,
perro ventor ser quisiera.
Floro, amigo, si la hallaras,
pues que tan piadoso fuiste,
serás dueño de mi casa.
Pues el cielo ha permitido
que la verdad esté clara,
y todo sea descubierto,
yo, Carlos, soy tu Constanza.
Dame los brazos, mi bien,
da perdón a mis faltas.
El amor hacerlo pudo,
pero, pues murió la causa,
yo te perdono.
Señora,
dichosa ha sido la caza,
pues saliendo a cazar fieras,
su honor y su mujer halló.
Prevéngase la partida.
Carlos, si de aqueso tratas,
tú solo podrás volverte,
porque aquí, en esta mata,
mi vida pienso acabar.
Descúbrese una mata, y en ella una imagen de Nuestra Señora, y humíllanse todos.
Elección extremada.
Si aquí por hacerme gusto
quisieres labrar una casa,
y así será ventura...
Y a la Virgen soberana,
pues tal merced nos ha hecho,
prometo con mano franca
fabricar una capilla.
Padre, ¿cómo no me habla?
Hijo, el gusto no me deja.
Y yo, para comenzarla,
dos mil ducados os doy.
La renunciación de Wamba
tenga, pues, fin con aquesto
y fundación de la Mata.