
Veröffentlichungsdatum: 22. August 2026
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Zitiervorschlang
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La recaída del alma. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-recaida-del-alma.
La recaída del Alma =
Auto sacramental -
Legajo 21
18
R 9
18
Recaída del alma
y el Árbol de la gracia dentro
Auto Sacramental De la Recaída del alma
Personas El Alma. El Celo. Los cinco sentidos. El Rigor. El Entendimiento. La Misericordia. La Voluntad. San Juan. Lucifer. San Mateo. Un ángel. Un Sacerdote. La Memoria. La Justicia.
Sale el Alma de penitencia, y salen con ella los cinco sentidos y el Entendimiento y la Voluntad.
Pasadas glorias mías,
perdidas horas, tiempo mal gastado
en vanas alegrías,
buena me habéis dejado,
pues apenas llegáis y habéis pasado.
Ligero gusto vano,
¿qué bienes me has dejado o qué provecho,
sino un vivo gusano
que me roya este pecho,
con vergüenza y dolor de lo que he hecho?
Y este es el cierto fruto
del mal obrar, la justa paga es esta.
Por debido tributo,
ay, loca, ay, vana fiera,
no más, no más placer que tanto cuesta,
¡ay Dios!, ¡ay, quién se fuera
a un páramo a vivir libre de gentes,
adonde solo viera
los pájaros presentes
y los árboles solos y las fuentes!
Mas, ay de mí, qué digo,
qué sirve huir las gentes y poblado
si al fin están conmigo
mis sentidos al lado,
que todos en mi mal se han conjurado.
¡Ay desdichada casa,
que en toda ella no hay de quién fiarme!,
pues si esto por mí pasa,
en qué he de asegurarme,
o quién podrá y querrá de mí librarme
si tanto no me amara
mi verdadero esposo en quien confío.
Ay Dios, en qué parara
mi loco desvarío,
y qué fuera de mí y del ser mío.
Las gracias que yo os debo
alaben por mí los ángeles que saben,
porque yo no me atrevo,
mas ellos os alaben,
sin cesar os bendigan y no acaben.
Hola.
Señora.
A vos digo,
ya veis el mal que me ha hecho
este rapaz enemigo.
este rapaz enemigo,
el que los demás ha hecho
no vivan ni estén conmigo;
hágase cuenta con ellos
y despídanse al momento,
donde ya no pueda vellos,
porque no tendré contento
si no me viere sin ellos.
Alma ilustre, ¿no veis
cómo podré conservarte,
porque os dio de por medio
tu esposo para adornarte?
Para despedirlos no,
de suerte que aunque sin tasa
se aflija y se sirva dellos,
mientras esta vida pasa
tienes de vivir entre ellos
y has de tenerlos en casa.
Ellos son determinados,
traviesos y bulliciosos,
contrarios ya declarados,
contrarios pero forzosos,
y enemigos no excusados.
Guardarte dellos podrás,
que el sentir no te convenza,
y guarda bien tu compás,
que si un paso das delante
te han de volver mil atrás.
Vos érades el leal,
el más seguro y más fiel,
más probado y más cabal,
e infame rapaz cruel,
principio de mi gran mal,
notas que me quejo en vano,
que tú fuiste el instrumento
yo tuve el seso liviano
pues de mi consentimiento
no darle fe fue en mi mano
de todas las de mi casa
puedo en general quejarme
todas fuisteis en la masa
error en la leña echarme
tú y otra en soplar la masa
llamadme acá la memoria
que es la que mejor me cuenta
los sucesos de mi historia
y me forma representa
mi vana y pasada gloria
ve por ella Entendimiento
yo pondré por obra al punto
todo lo que es tu contento
ve presto y con ella junto
te aguardo en mi decaimiento
Joya del cielo rica prenda cara
calla enemiga calla no me alteres
que para hablarme y verme tienes cara
tan sin vergüenza erras tan libre eres
han visto villano han visto cuál me para
suplícote Señora que me esperes
qué causa tuve y qué razón tienes
para que ansí me ultrajes y condenes
si palabra he dicho que en tu daño sea
ni falsé paso jamás mi fantasía
nunca de enojada yo te vea
ni a mi vuelta al estado que solía
ay loca voluntad liviana y fea
principio y fin de la desdicha mía
que por haber seguido tus antojos
me has hecho en mil barrancos dar de ojos
y he ofendido a mi Dios que es lo primero
y primer daño, de mis muchos daños
perdido tiempo mío aunque ligero
y mal logrado de mis tiernos años
perdí la gracia que en pensarlo muero
viniendo de un engaño en mil engaños
perdí la voluntad por culpa tuya
y no quieres que me queje y que te arguya
bien sabe el cielo soberano eterno
ira eterna de Dios que soberana
que me pusiste a puerta del infierno
por ser tan novelera y tan liviana
muévase voluntad mi llanto tierno
cánsese ya conmigo cautivada
no me alborotes más que des batalla
tu libre fuerza enfrena para y calla
esas razones cesen alma mía
que son indignas de esos dulces lazos
que parece que andamos a porfía
yo por tu gusto y tú por mis enojos
no quiero gusto tuyo en ningún día
que me salen muy caros tus antojos
acíbar es su miel su oro escoria
amargo su dulzor, pena su gloria
gastar contigo el tiempo es desatino
calla no me repliques que es enfado
vos mi alto Señor mi Rey divino
mi verdadero y dulce enamorado
estad en mi defensa de contino
no os apartéis un punto de mi lado
que no tengo otro ser valor ni brío
si el que de vos me viene Jesús mío
ay triste que os ofendí yo lo confieso
que tiene con razón poder negallo,
mas dejadme enmendar este proceso
antes que echéis señor sobre él el fallo,
quisiera fuera mi mal de poco seso
poco hubiéradeis vos en perdonallo,
mas por haber mi culpa sido tanta
se aumenta vuestra gloria y se adelanta.
Vanse, y salen tres demonios.
La justicia del cielo ¿qué se ha hecho?
¿Adónde está de Dios el brazo airado?
¿Que a bien hecho el alma lo que ha hecho
con tal facilidad la ha perdonado?
Que ni tiene honra Dios, ni tiene pecho,
su gran ser y valor ya es acabado,
más mudable el que arica o seca hoja,
que ya tiene amistad y ya se enoja.
Para solos nosotros no hay manos,
por un pecado pronunciado apenas,
altos tormentos, crudos, inhumanos,
allí grillos, mazmorras y cadenas,
dará el alma mil pasos locos vanos,
darás de un hierro en otro a manos llenas,
con un ay peque la abrase luego
rayos del cielo que la abrase en fuego.
Ay si yo fuera Dios por solo un día
y a Dios una hora en mi lugar tuviera,
qué plena fuera la venganza mía,
qué cosa para mí tan dulce fuera,
qué vueltas diera a aquesta monarquía,
qué máquinas tan bravas que hiciera,
cómo pusiera al cielo en el infierno,
y en eternos tormentos Dios eterno.
Que menos a nosotros este fuego
mientras se cumplen tus deseos varios,
y goce Dios su gloria, entramos luego
los mandos mudarás y señoríos.
De ese Dios, de su gloria y bien reniego.
Si vino a escapar destos brazos míos.
Si vino a pesar suyo a este tiempo todo
cuanto tuviere en sí, y aun Dios y todo.
Confusión, confusión, gemido y grita,
guerra, fuego, discordia, aullidos fieros.
Sale Luzbel.
¿Qué es esto, gente mísera y prescita?
¿Aquí probáis la fuerza a los aceros?
¿Ira del cielo os da rabia maldita?
Consuma esta braveza y estos fieros.
A olas braveáis mar en el caos,
no sabéis contra el alma dar un paso.
Fuera más gentileza y gallardía
revolver esa mano y esa espada
contra el injusto Dios que al alma mía
me tiene a mi pesar tiranizada,
esta fuera muy justa valentía,
pues que fue justa guerra a Dios ganada
y nos la arrebató de entre las manos
como el mayor tirano de tiranos.
No sentí tanto ser del alto cielo
en eternos abismos arrojado,
como siento de verme ardiendo en celo
y posesión tan rica despojado;
desdichado de mí que no hay consuelo
para el que quiere bien y es despreciado.
¡Ay alma! ¡Ay quién te viese ay alma mía!
sujeta a mi poder como solía.
No hay para qué pasar más adelante,
Que si hubiera en nosotros honra alguna
comenzar a decillo era bastante
para abrasar el sol y arder la luna.
Guiemos un cuartel que al mundo espante
encargando la suerte a la fortuna,
hagamos guerra a Dios, que nunca cese
hasta que vuelva el alma aunque le pese.
Flacas son nuestras fuerzas y sin brío
para cargar sobre ellas tanto peso
que pretender con Dios más desafío
es gran temeridad y poco seso.
Será más acertado el voto mío,
pues no podemos ya salir con eso,
que urdamos tal enredo y tal maraña
que lo que falta en fuerzas, sobre en maña.
Que porque a Dios suponga esta alma humana
en libre libertad como es derecho,
que es injusta razón y ley tirana
alzarse Dios con ella ansí de hecho;
y quien la rindiere esta dé de gana
que goce su favor a su provecho.
Hay bastante razón para que se enoje
y pues se pica Dios despique, y tanto
aquí se podrá ver cuánto él la orea
y si le quiere al alma tanto tanto
que otra ocasión es esta en que él la orea
y si vemos que el alma inclina en tanto
hacia Dios, y a su lado se acarrea
entonces sin razón y ley alguna
lo echaremos al golfo de fortuna.
¡Oh, discreta razón aguda y digna!
Viva, que por siempre el pecho de dorales
viva tal parecer, tal voto viva
pues vive el que le dio en eternos males.
Viva el Príncipe nuestro, arriba arriba
suba sobre estos hombros infernales
y sin punto de descanso y de sosiego
démoste de a crédito un santuario.
No me le dejéis, que el año es largo,
mas al fin somos carneros compañeros,
y hoy me cabe a mí este trago amargo,
y podéis para mañana disponeros.
Pagarme la tenéis, dejadme el cargo
aunque al lado de Dios quedéis groseros
y en esta misma silla os acomodo
no os librará de mí su fuerza toda.
Mas esta venganza ahora se suspenda
que la ocasión del alma me lo impide
y no quiero que nadie nada entienda
sino en hacer que el alma a Dios olvide
aquí solo se asista, aquí se atienda
pues grave caso y gran cuidado pide
que la defiende el cielo por mil modos
y es más bien menester las manos todos.
Yo reniego de mí y a mi alma digo
porque encareces esta empresa tanto
quédate en casa y quédense contigo
los moradores del eterno llanto
que yo solo me ofrezco y me obligo
con solo un jarro de agua y con un canto
dar más vueltas al alma en un momento
que una veleta tocada del viento.
Tu poco esfuerzo a todo el mundo enfada
tus miedos nos ofenden y tus quejas
que con un solo puño de cebada
con sola una escudilla de lentejas
haré yo en el alma más entrada.
que cada tiene un panal de abejas
dos mil veces Dios vuelve por ella
mil veces ayuda más pienso vencella
Si como en las palabras dais la muestra
respondéis en las obras y en el brío
si como habláis con lengua libre y diestra
sabréis a diestro batir al desafío
la victoria del alma cierta es vuestra
y habrá sido sin causa el miedo mío
y si obráis como habláis yo os digo y juro
que no está el mismo Dios de vos seguro
Y pues tan bravo pecho en todas siento
nuestro deseo más no se dilate
favorezca el infierno nuestro intento
y sus furias pestíferas desate
que mezclándose acá en nuestras entrañas
brote la tierra lazos y marañas
Éntranse, y salen el Ángel y Memoria.
Ansí que pues que el alma ha comenzado
el áspero camino y verdadero
de parte de su esposo y Dios sagrado
una y dos y tres veces te requiero
que estés siempre contándole a su lado
lo presente, pasado y venidero
el mal de que escapó y el bien que espera
lo que Dios hizo y lo que hacer pudiera
Acuérdale también Memoria hermana
que es sombra un breve y no pensado día
en que este cuerpo y esta pompa vana
que con tanto regalo y cuenta cría
tendido le verá en la tierra llana
convertido en ceniza muda y fría
brotando de los ojos lengua y manos
un ejército entero de gusanos
tú la dirás la senda y el camino
por do caminará sola y sin guía
y cuando llegue al tribunal divino
de aquella majestad y monarquía
quién llevará a su lado por camino
quién le dará favor y compañía
No más, ángel de Dios, no trates dello
que me erizan tus palabras el cabello
Quédate pues aquí fiel tesorera
y pues eres del alma la memoria
allá entre ti y el alma considera
lo que es eterna pena, eterna gloria
de sus dos suertes una el alma espera
en pasando esta vida transitoria
que conforme su vida mala o buena
o eterna gloria habrá o eterna pena
Pues aunque el alma fuera de un diamante
de un duro bronce o de un acero fuerte
solo este pensamiento era bastante
para no descuidarse si lo advierte
Pues para que lo advierta es importante
que siempre se lo acuerdes de tal suerte
que en ningún ejercicio esté ocupada
que no le des un toque y aldabada
Mas que yo se lo acuerde ¿qué aprovecha
ángel divino que en el cielo habitas
si tú con amistad y fuerza estrecha
no me ayudas en ello y solicitas?
que no guardará el alma la paz hecha
aunque tiene razones infinitas
muévela de tu parte noche y día
que yo haré otro tanto de la mía,
yo me ofrezco, Memoria, y me obligo
de no faltar al alma ni un momento,
y de asistir con ella aquí contigo
aunque estoy sobre el alto firmamento.
Atiende bien a todo lo que digo,
y siempre se lo trae al pensamiento,
que aunque la piedra es dura y el agua blanda
con una y otra gota al fin se ablanda.
Entra el Entendimiento.
¡Oh, ángel soberano!
¡Oh, mayordomo,
o Entendimiento! Bien venido seas.
¿Cómo está el alma, amigo? Dime, ¿cómo?
Como yo lo procuro y tú deseas.
Gran contento me das, gran gusto tomo,
en este contento y gusto siempre veas.
¡Entendimiento fiel!
Memoria amiga.
El cielo te conserve.
Él te bendiga.
Pide el alma por ti y así me envía
a que te lleve al punto a su presencia,
que de todos nosotros no se fía
ni hay quien la ose hablar sin su licencia.
Ángel de mi Dios, me alumbra y guía.
Alúmbrete mi Dios por su clemencia
y su luz te encamine de tal modo
que en todo aciertes tú y el alma y todo.
Ve con la bendición de Dios sagrado
y ten con lo que he dicho mucha cuenta,
y porque el alma en este nuevo estado
en estas nuevas olas y tormenta
nuevo favor del cielo tenga al lado
y nuevo auxilio y nuevas fuerzas sienta,
quiero acudir al cielo por favores.
A más ver, ángel santo.
A más ver, señores.
Vase el Ángel y sale el Alma y la Voluntad.
¿Y que estos cielos tan bellos
fueron para mí criados?
Y de estrellas adornados
para que pises en ellos.
Los prados frescos, sombríos,
bordados de mil colores,
los árboles y las flores,
los montes, plantas y ríos,
los diamantes y el tesoro
que en su seno el mar encierra,
las riquezas de la tierra,
las esmeraldas y el oro,
aves, peces, animales,
a tus pies están rendidos
sin otros bienes crecidos
más ricos y principales.
¡Ay de mí!, no sé qué haga.
Si todo esto está a mi cuenta,
Dios con poco se contenta,
solo quiere amor por paga;
y si a pagar no te atreves
bienes que valen tan poco,
mal podrás pagar tampoco
otros mayores que debes,
otras mercedes primeras
y otros más antiguos bienes.
¿Y qué son?
El ser que tienes.
¿Y qué más?
El bien que esperas.
Hízote Dios libremente,
que si hacerte no quisiera,
no dejara ser quien era,
rico, eterno, omnipotente;
que su amor ya había criado
millares de ángeles bellos,
siendo él sin ti y sin ellos
rico y bienaventurado;
y pudiéndote hacer
ave, bestia, piedra o planta,
su bondad eterna es tanta
que te ha dado eterno ser
con el cual por siempre vivas.
Y ves en tu ceguedad
sin luz y sin claridad
millares de almas cautivas;
su afición contigo es tanta,
que su bondad infinita
no te hizo sarracina
ni china ni garamanta;
diote ley, diote doctrina,
y con mano llena y llana
te da el comer si estás sana,
y si enferma medicina.
Finalmente él te conserva
en el estado en que estás,
y porque le debas más
hízote libre de sierva.
Estabas por tu pecado
sujeta al infierno todo,
y Dios con su fuerza y modo
te sacó de aquel estado;
costó la libertad tuya
precio sin medida a un hombre,
que Cristo tuvo por nombre,
dio a Dios la vida suya.
Pues, ¿qué tengo, bueno, yo
para hacerme bienes tales?
No mira Dios lo que vales,
solo mira que te amó;
mira a sí y a honor suyo,
remedió todos tus daños,
y mira treinta y tres años
gastados para bien tuyo.
Si a lo que vales te atientas,
es valor de poca estima,
y pues a lo que Dios te anima
vales, Dios, pues que Dios cuentas.
¿Tienes caudal, mayordomo,
para tan ricas mercedes?
Sí, si tú quieres darlo puedes;
yo a mi cargo el pagar tomo.
Pues yo, ¿qué puedo o de qué
que a tal deuda satisfaga?
Dios se satisface y paga
con obras de amor y fe.
Y esta fe y amor, ¿no es suyo?
¿No me viene de su mano?
En esto verás bien llano
que no pide nada tuyo,
ni hayas miedo que te pida
si lo mismo que él te diere,
más el bien que te hiciere,
que tu culpa no le impida.
esto pide con instancia,
que es tan rico y liberal,
que es suyo todo el caudal,
y para ti la ganancia.
¡Ay de mí, enemiga fiera!
¡Que tal Dios se ve ofendido
y el cielo no me ha hundido
ni me ha tragado la tierra!
Fueron, ni serán jamás,
las víboras tan ingratas.
¡Buen Jesús, si ansí me tratas,
como al bueno, tratarás!
¡Ay, mi Dios, quién valiera algo
para valer algo por ti!
Mas, toda me doy a ti,
poco o mucho, lo que valgo.
¡Hola, Voluntad amiga!
¡Hola, amigo Entendimiento!
No haya solo un pensamiento
que a Dios y a su ley no siga.
Si yo de ti me olvidare,
buen Jesús, Rey soberano,
esta mi derecha mano
me olvide y me desampare.
Si tu bondad, dulce y santa,
de mi memoria cayere,
péguese, si hablar quisiere,
esta lengua a la garganta.
Fáltenme las glorias mías
que de ti, mi Dios, espero,
si no fueres tú el primero
en mis gustos y alegrías.
Entra el Oído.
Un recado llega agora
y está esperando aquí fuera.
¿Dónde?
Aquí os aguarda.
Espera;
avisarás, alma señora.
Yo le oiré el mensaje,
si es de mi esposo.
Sí es.
Entra el Ángel.
¡Oh, Ángel, dame esos pies!
¿Los pies pides a que bese
un gusano? Los suyos me da,
pues Dios los estima tanto.
¡Oh, Ángel divino y santo,
levántate, acaba ya,
que no hay a quien no le asombre
de verte tan llano y tal!
Es este mi natural,
después que Dios se hizo hombre.
¿Cómo está mi dulce esposo?
¿Vive de mí confiado?
En extremo enamorado,
mas en extremo celoso;
tiene un excesivo amor
a tu gracia y tu beldad,
pero de tu libertad,
gran recelo y gran temor.
¿Pues no hay otro que le iguale
de quien puede tener celos?
Bien sé yo que en tierra y cielos
no hay quien valga lo que él vale.
Alma hermosa, no te espantes
que hubo al tiempo en fin.
No más,
ya sé, amigo, dónde vas,
mas ya no soy la que antes.
Dices que un tiempo pequé,
¡ay de mí!, yo lo confieso.
Sí, mas no pretendo en eso
darte en cara lo que fue,
que aunque hayas pecado más
con más culpas que hay estrellas,
ya Dios se ha olvidado de ellas
con los suspiros que das.
Y a un Dios que ansí me amó
ofendí, la razón pide
que aunque mi culpa se olvide,
que nunca la olvide yo.
Lloraré noches y días
con dolor y con afán,
y mi llorar, regarán,
las tristes lágrimas mías.
Deben de ser de metal
corazón y infame mío,
pues las lágrimas que envío
en piedras hacen señal,
en un duro pedernal
los golpes de aqueste pecho
hubieran ya fuego hecho,
y en vos nunca, por mi mal.
Alma, escucha, aplaca el llanto,
que aunque a mí muy bien me suena,
no es mi intento darte pena,
no lo he dicho yo por tanto,
helo dicho porque sé
que tu fuerza es flaca y poca,
y que no diga tu boca
de esta agua no beberé,
que a otros más fuertes varones
en los yermos y desiertos
vimos perdidos y muertos
probados en ocasiones.
Vi yo a un Pedro y muchos Pedros
perdidos y sometidos,
y por el suelo caídos
los más empinados cedros;
mas no por eso desmayes,
que no es el intento mío
que faltes al desafío,
antes quiero que te ensayes;
que otras muchas tiernas almas
tienen hoy por sus proezas
guirnaldas en las cabezas
y en las manos frescas palmas,
gozando eterno trofeo,
que por vencer sus antojos
han llegado a ver sus ojos
do no llegó su deseo;
escoge como discreta,
pues tienes lugar agora,
o ser con tu Dios señora,
o con Lucifer sujeta.
Luego, ¿tú temes también
como mi esposo?
Lo mismo.
Antes que trague el abismo
Que tal pase por mí, amén,
si alguno hay que me pretende,
da a entender que no se entienda
quién puede haber que me ofenda
si a mi Dios quién me defiende,
pues si mi carne me inquieta
ya la estrecho y la castigo,
y a Lucifer, mi enemigo,
tengo en esta castañeta;
y de ti, mundo, y tus placeres,
ningún recelo tendré,
pues lo que ellos valen sé,
y sé también quién tú eres.
Sé tus falsías y marañas,
y sé quién tus guías son:
carcoma en el corazón
y veneno en las entrañas.
Por amigo te publicas
mas como enemigo pagas,
que si con la boca halagas
al fin con la cola picas;
muestras senda fresca y verde
y es barrancos tu camino,
buen color tiene tu vino
mas como culebra muerde.
Y te agradezco los daños
que en un tiempo me hiciste,
pues los gustos que me diste
me sirven de desengaños.
Hay música tan suave,
debida amigos como esta,
hay canción también compuesta,
hay tono tan dulce y grave;
conserve el cielo este intento
y su luz de cuando en cuando
vaya siempre acrecentando
tan discreto pensamiento.
Libre nos Dios de ocasiones,
que si en ellas nos hallamos
todos en olvido echamos
mi razón y mis razones;
antes de entrar en batalla
publicamos fortaleza,
y en disparando una pieza
todo el mundo se avasalla.
Volver todos nuestros desconciertos
de su desconcierto nacen,
porque los daños se hacen
al entrar de tornavueltos;
el alma de sí se fía,
yo tras de los dos ciego
y vamos de yerro en yerro
por tenerte a porfía.
No es razón que más se alargue
por agora este argumento,
que solo el entendimiento
toda la culpa se cargue;
porque si tú no consientes
ni dejas del mal llevarte,
en ello no tomas parte
de tantos inconvenientes.
Aquí entran dos demonios disfrazados con guitarras y dice el ángel.
Galanes por cortesía
que echéis por esotra plaza
que esta música embazaba
cierto gusto y cosquilla
este gusto caballero
pretendéis vosotros acaso
así vedarnos el paso
ni vos podéis ni yo quiero
muy poco respeto es este
y no acaban de entenderos
que si no queréis volveros
volver tenéis aunque os pese
paso señor poco a poco
que sois uno y aquí dos
está de mi parte Dios
y todo el infierno es poco
Pues Dios no quiere ni manda
que esto a palos se defienda
mas que del alma se entienda
cuán libre en servirle anda
y si es fuerza que lo sabéis
es muy grande tiranía
yo requiero todavía
que por otra calle echéis
y ha de ser con empellones
y con fuerza y con desdén
pues que no queréis por bien
será a puros bofetones
alma alma al arma presto
que el peligro está en las manos
Voluntad memoria hermanos
señora
qué quieres
Qué es esto
siento una turbación grande
que mi sosiego me quita
nunca el cielo tal permita
ni tal quiera
ni tal mande
acude a tu disciplina
vienes contemplar un poco
buen Jesús tu nombre invoco
y tu clemencia divina
dame acá ese espejo hermana
que quiero ver lo que soy
Dale una calavera
esto ha sido de ti hoy
será de ti mañana
en esos huecos vacíos
dos que un tiempo fuesen bellas
que ardieran émulos bellos
los mármoles y los ríos
esta fue una viva fuente
y veo aquí una boca tal
que era el labio de coral
y una perla cada diente
fue tal el rubio cabello
que esta cabeza cubría
que oro y cristal parecía
sobre la garganta y cuello
qué de locos pensamientos
se encerraba en esta caja
ay cómo la muerte ataja
sus ruedas y movimientos
Qué se hizo la hermosura
deste cuerpo y su belleza,
dónde está su gentileza.
Ya es todo ceniza pura.
Ay, cómo todo se acaba,
y esta vida es sola una hora;
quién sabe adó mora agora
el alma que aquí moraba.
Qué suerte alcanzado habrá
si está libre o con esposas,
ay, qué habrá visto de cosas
después que salía de acá.
De la cabeza a los pies
tiemblo con esta memoria.
Oh, qué linda que es la gloria,
cuán malo el infierno es.
Aquí salen dos demonios con Lucifer.
Fuerza al alma y se consiente,
¿habré visto cosa igual?
Miente quien dijere tal.
Verdad es.
Otra vez miente,
¿para qué mi intento tuerces?
Que yo no quiero forzalla,
antes entiendo guardalla,
para que tú no la fuerces.
Ya has hecho tu diligencia
y la has ayudado, anda.
Yo me estoy donde Dios manda.
Yo traigo de Dios licencia.
(Vase.)
Pues si él lo quiere y permite,
él sabe el cómo y por qué,
Dios su fuerza al alma dé
y ansí la tuya se quite.
Anda, infernal Satanás,
que tu industria ha de ser vana,
que aunque piensas ir por lana
trasquilado volverás.
Acude a tu alma, Memoria,
y entretenla de tal suerte
que ni se acuerde de muerte
ni de infierno ni de gloria.
Tú, el Entendimiento, ve
y preséntale mil cosas,
dudas vanas y curiosas
de su Dios y de su fe.
Y el alma a mí me dejad,
que yo me avendré con ella,
porque pienso de vencella
con su propia voluntad,
o pese a quien me crió.
Perros, ¿en qué os detenéis?
¿Veis al alma cual la veis
y no sentís lo que yo?,
que más me abraso y consumo
de verla llorar con sosiego
que verme amarrado a un fuego
desta eterna llama y humo.
Aguarda, haré de modo
que el sol hiele y arda el frío.
Tú verás si a un toque mío
no da en tierra el cielo todo.
Caballero, soy de casa.
De casa soy, ¿qué queréis?
Que me digáis si sabéis
quién labró esta rica casa.
Cual el alma, el mismo Dios
la ha labrado para sí.
Bien eso se dice ansí,
pero entendedlo ansí vos.
Digo que sin duda alguna
quiere Dios morar en ella.
Necesidad tiene de ella,
que no tiene otra ninguna,
antes que esta casa obrase
Dios ¿en qué casa vivía?
¿Qué trataba o qué hacía
antes que el mundo criase?
Y ya que ansí lo dispuso
con esos cielos tan bellos
encima de todos ellos
¿qué elemento o cosa puso?
Por Dios que son muy curiosas
esas preguntas, hermano.
Pues mirad y mano a mano
os diré otras muchas cosas.
Vanse el Entendimiento y Demonio 1º.
¿Quién le entremete a mi pecho
en tan locas fantasías
y en estas dudas vacías
tan sin fruto ni provecho?
Que no quiero saber nada
sino salvarme y no más,
esto y todo lo demás
lo tomo a carga cerrada.
Paréceos, dama, que os quiero
en algo yo conocer.
Un amigo puede ser,
¿de dónde sois?
Forastero.
Pues, ¿dónde o cuándo me vistes?
Pienso que no ha muchos días
que os vieron dar alegrías
que en cierta fiesta tuvistes,
¿tan presto olvidar los tiempos
en que vieron vuestros ojos
los placeres a manojos
y todos los pasatiempos?
Luego volveré a notar.
Pues, ¿dejarme sola, amiga?
Vase.
Es fuerza que vaya y siga
tras un pensamiento agora.
Dadme esfuerzo, Dios me ayude,
quien me asienta agora a mí
los gustos en que me vi
cuando quise y cuando pude.
Contentos falsos, pasados,
no me turbéis mi sosiego,
dejadme, por Dios os ruego,
pues yo os tengo ya dejados.
¡Qué buen rato te has llevado
de contemplación muy alta!
Supla el Señor lo que falta.
Ni una tilde te ha faltado
y es cosa de espanto llana
a quien ninguna se iguala,
que, habiendo sido tan mala,
hayas dado en ser tan buena.
Con los suspiros que ofreces,
por tus culpas satisfaces,
y con la vida que haces,
un cielo y aun más mereces.
¿Quién sois vos, que ansí me habláis?
Soy quien servirte desea.
Pues, para que yo lo crea,
¿no diréis cómo os llamáis?
Ángel soy que fue criado
en el alto empíreo cielo.
Pues, ¿de qué es este recelo
y este temor que me ha dado?
Entra el ángel, el entendimiento, memoria y voluntad.
El ángel de luz jamás
causa espanto a quien se llega.
¡Ay de mí, cuitada y ciega!
Creo que eres Satanás.
¡Hola, amigo entendimiento!
¡A quien digo, hola, mi memoria!
¿De mí el demonio victoria?
¡Qué sonoro pensamiento!
A las estrellas, hermano,
se cuentan a cuantas son,
qué vana contemplación,
y así será el fruto vano,
porque ansí se le llenase
de vanas curiosidades.
Mas estas son variedades,
bien pueden quedarse aparte.
¿Qué hace el alma, mi señora?
Dime, ¿ha hallado acaso menos?
Pensamientos de aire llenos
os hurta en el tiempo agora.
Oh memoria, vuelve en vos,
que os ha el alma menester.
Desconsiderado has de saber
que fue en ofensa de Dios.
Vase.
En fuego eterno se arda
y el abismo trague y sorba
quien mis intentos estorba
y al alma defiende y guarda.
E imposible es mi victoria,
de alcanzallo me despido
si con ver que me ha vencido
no da el alma en vanagloria,
y por no faltar en nada
quiero el hábito mudar,
porque no me ha de quedar
por corta ni mal fechada.
Alma, en solo Dios confía,
que es el que sabe y puede,
manadas son de mercedes
que Dios del cielo te envía.
Entra Lucifer de ermitaño.
Qué hábito y qué destreza,
has vencido en solo un punto
a todo el infierno junto
reuniendo con presteza.
Dichoso el pecho gallardo
que a tal golpe ha resistido.
Dichosa tú que has sabido
resistir tan fiero dardo.
Hecho he, cierto, lo que puedo.
Ten, Alma.
¿Y no os da mal?
¡Ay, mi Dios!
Segura vas.
Buen tener.
No tengas miedo.
Que cierto, ninguna hubiera
que hiciera tal valentía.
Pensó el traidor que lo había
con Alma, así como quiera.
Pensó que era algún Sansón.
Más fuerte es y más ardid,
más santa es ya que David,
más sabe que Salomón.
Esos no fueron varones,
sino gente para poco.
Fue Sansón perdida loca.
Y estos otros dos, regalones.
Yo no ceso noche y día
de darme dos mil azotes.
Ya no es bien que más te azotes,
que harto has hecho, reina mía.
Harto he hecho, bien lo siento;
no hay quien ventaja me lleve.
¡Ajá, a Dios el cielo se debe!
Y aun ciento si hubiera ciento.
Tan hermosa ha quedado hoy
que no me atrevo a abrazarte.
Nada de eso será parte
para encubrir mi deseo.
Dame un rico abrazo,
así, uno y otro, y bien estrecho.
Abrázanse.
Fuerza le falta a tu pecho,
pues no la tienen tus brazos.
Perdóname, alma mía,
que te abrazo con respeto.
Si no falta amor perfeto,
ya sabrá la cortesía.
Abrázanse.
Pues yo tornaré a abrazarte,
dejando el respeto a un lado.
Ya este amor es enterado,
y no quiero amor con arte,
que el amor muy diestro es
en todas las ocasiones,
y no recibe liciones,
sino las que el pecho da.
Que las que de acá no salen,
que son cumplimientos, juro,
para mí no las procuro,
ni a mi gusto nada valen.
¡Oh, desdichado suceso!
¡Oh, caso desventurado!
Alma triste, ¿en qué ha parado
tu diligencia y tu celo?
¿Dónde están los desengaños
de tan noble pensamiento?
Pues, por ser en un momento...
los bienes de tantos años
ay de ti desnuda y triste
cuando caigas en la cuenta
que es el traidor que te tienta
el mismo que tú venciste
qué disculpa o qué razón
has de dar de esta malicia
que ya viene la justicia
a ponerte en la prisión.
Entra un portero.
Sed presa por Dios eterno
que es Padre de Jesucristo
que vuestro proceso ha visto
y os condena a obscuro infierno.
Paso, ¿dónde la lleváis?
Donde Dios manda, al profundo.
Pues mientras vive en el mundo
¿para qué de él la sacáis?
Que aunque peque muchas veces
mientras tiene aquí morada
aquí ha de ser juzgada
que alcaldes hay y jueces.
Conmigo os cansáis en balde
que yo no me meto en eso
si ha visto Dios el proceso
¿qué hay que aguardar a otro alcalde?
Ahora yo requiero amigos
cuantas veces puedo y debo
que no hagáis esto de nuevo
y sedme todos testigos.
19
Ella presa ha de quedar.
Y requiero una vez y ciento.
Que vuestro requerimiento
no nos lo puede estorbar.
Quede presa en hora buena
pero la sentencia dada
no sea luego ejecutada
basta la prisión por pena
que me iré a informar al Rey
este agravio a la memoria
del Alma la ejecutoria
de su privilegio y ley.
Haced vuestra diligencia
que aquí haremos nuestro oficio.
Hacedlo, mas sin perjuicio
de esta antigua preeminencia.
Por Satanás a Lucifer
y todo el obscuro infierno
Dios justísimo y eterno
en quien es todo el poder
deja presa en la cadena
de vuestra fiera inhumana
esta Alma loca y liviana
de soberbia y arte llena
su Mayordomo os entrega
porque fue curioso y vano
y está por eso liviano
y ésta por errada y ciega.
No se os entrega y remata
sino que se os deposita
mientras que se licita
cierta causa que se trata.
que a su lado y compañía
pienso andar siempre con ella,
porque no piense habella
a gracia ni de maña.
Mi fuego se aumente y arda
hasta los cielos postreros,
si exime en esto tus fieros
ni tu fuerza ni tu guarda;
quede ella en estos brazos
y hagan los tuyos por ella.
Ea, amigos, dad sobre ella,
dadla un lazo y muchos lazos,
porque no os llevo al infierno.
Pídoos por Jesús eterno
que miréis que es hija de algo.
Más hijo de algo soy yo,
y por una niñería
me quitó mi hidalguía
el mismo que me la dio.
Que el Alma es una villana
formada en tierra pechera.
Muera, amigos.
Muera.
Muera.
No desesperes, hermana,
llama a Dios, y en él confía,
que por su bondad y gloria
guardará tu ejecutoria
y saldrás de tiranía.
Éntranse y sale la Justicia divina, el Celo, el Rigor y siéntanse en audiencia.
Qué ejecutoria es esa y preeminencia,
por donde el Alma agora se defiende,
piensa escapar ansí de mi sentencia,
mal lo tiene pensado, mal se entiende.
Hubo escándalo alguno o resistencia,
o qué intento es el suyo, o qué pretende.
De nuestro tribunal la fuerza ignora,
qué ejecutoria o ley alega agora.
No habló una palabra el Alma triste,
que su pecado y mal la tiene muda,
mas su Ángel santo que con ella asiste
es quien habla por ella y quien la ayuda.
Pues resiste el castigo.
No resiste,
no vee que lo merece.
Quién lo duda,
mas quiere que se cause allá el precio
del delito del Alma y poco seso.
Mal fundamento lleva, y su intento es vano
si el Ángel no podrá salir con ello.
Dice que Jesucristo soberano
le tiene dado ejecutoria dello,
firmada de su nombre y de su mano,
sellada con su sangre y con su sello,
y que está en el registro, a lo que creo,
al veinte Juan y al dieciséis Mateo.
Pues cuando sea ansí que esté ganada
alguna ejecutoria y yo la admita,
no será para mí por cierto nada,
que mi fuerza es eterna e infinita,
que esté el Alma o no esté privilegiada.
ni me acrecienta el mando ni me quita,
ni hay mano que a mi mano estorbar pueda
que en la causa del alma no proceda,
actúe su proceso llanamente.
Calla, por Dios, Justicia airada, cesa,
aplaca tu rigor, Señora, tente,
aguarda a ver si acaso el alma pena,
y sobre sí se vuelve y se arrepiente.
¿De qué buen celo es ese en que te pones?
Tiene para enojarse mil razones,
que habiendo sido el alma perdonada,
y a su primera gracia reducida,
fuera razón vivir más recatada,
menos altiva y más agradecida.
Desde luego la doy por condenada,
en que la deje Dios como a perdida,
sus deleites gozar y devaneos,
sin ir nadie a la mano a sus deseos,
condenola también en que tropiece,
y de uno en otro daño siempre caiga,
y pues tan mal los bienes agradece,
que ningún bien para su mal haya.
Justísima sentencia me parece.
Ninguno habrá jamás que en contra vaya.
Pues ansí lo pronuncio y lo defiendo,
pro tribunale en mi lugar sedendo.
Sale la Misericordia, el Ángel, San Juan y San Mateo.
Bien te vas despachando, Justicia, quisiera
que el alma reconozca este cuidado,
porque tu diligencia y fe sincera
su causa va poniendo en buen estado.
Misericordia eterna, quien pudiera
por el inmenso bien que en mí has dado y usado,
habiendo con el alma un tal oficio
haberse un soberano sacrificio.
Mas yo te ofrezco en recompensa y paga
de la merced tan grande que me has hecho,
las llagas de Jesús y aquella llaga
que rompió sus entrañas y su pecho,
esta paga a tal deuda satisfaga
porque quedes del todo satisfecho,
que si la merced hecha es infinita,
la paga que te doy nada te quita.
Bastante paga y a mi gusto es esta,
yo la admito por tal, mucho me agrada,
mas no has salido agora con tu empresa,
que aunque está el alma triste perdonada
en sus hierros si está cautiva y presa
que aun no está suelta agora ni librada.
Que lo que agora acá se solicita
es que su causa al Mundo se remita
y esto es lo que hasta agora se ha tratado
y lo que tiene Dios prohibido
que el delito del alma y su pecado
sea así juzgado o remitido,
y a ti en el tribunal allá sentado
y su Alcalde que fue establecido
con plena potestad y mano llena
de atar y desatar de culpa y pena.
Aquesta potestad es Alcaidía
ese juez, este tribunal divino
dejó Dios en la tierra en aquel día
que acabó su jornada y su camino;
que, estando junta aquella compaña
de su santo colegio, en medio vino,
y dando paz, mostrando sus señales,
su virtud espiró con cosas tales:
«Tomad mi Santo Espíritu divino,
y juzgad a los hombres en el suelo;
y al que viereis que es de perdón digno,
por digno de perdón daré en el cielo,
y al que viereis que es de gracia indigno,
por de mi gracia indigno juzgarélo,
y estaré yo en el cielo satisfecho
de lo que en tierra fuere por vos hecho».
Y esto pasó ante mí, yo doy fe dello,
y puse en testimonio el signo mío.
Yo conozco este signo y este sello.
Leal y fiel sois, Juan, yo lo confío;
mas no hay por qué reparar agora en ello,
que esta jurisdicción y poderío
tenía Cristo a Pedro concedida,
y aun antes que partiese desta vida,
«Las llaves he de darte —le decía—
del reino de los cielos soberano,
tú tendrás el tesoro y arca mía,
y el abrir y cerrar será en tu mano».
Cumplióse esta palabra en aquel día
que salió del sepulcro, alegre, ufano,
sacando del infierno los despojos,
quebrantando candados y cerrojos.
«Y esto pasó ante mí, que soy Mateo,
escribano del número divino,
y puse aquí mi signo».
Bien lo veo.
¡Oh, fiel, leal y poderoso signo!
Todo se va ajustando a mi deseo;
no habrá sido en vano tu camino.
Poderoso señor, con tal alcalde,
no pienso hará camino alguno en balde.
Y así suplico a la clemencia tuya
que se le guarde al alma este derecho,
y que esta preeminencia y gracia suya
que se le cumpla.
Vive satisfecho.
Pues haz que se remita y restituya
al sacerdote el alma.
Será hecho.
Y la Justicia eterna no proceda
contra el alma inmortal que presa queda.
La Justicia de Dios muy bien procede
en causar contra el alma su proceso;
en nada se adelanta, en nada excede,
con mucho acuerdo y con mucho peso;
que solo el sacerdote es el que puede
sacarle de las manos este preso
si se presenta ante él en su estrado
y le dé bendición de sus pecados.
Haz, entre tanto, tú, que se aperciba
a penitencia el alma, y se disponga,
que yo haré al juez que el alma quede viva.
y que lo procesado se reponga
su sacra Majestad por siempre viva
y para que por obra yo lo ponga
dame tu bendición
el cielo ordene
que el Alma acierte el haber lo que conviene
Vase el Ángel a los santos, y llega la Misericordia a la audiencia de la Justicia.
misericordia eterna alegre el día
Justicia soberana esta alegría
yo la debo tomar en tu presencia
aquí te has de sentar
bueno sería
no has de mostrar en ello resistencia
quiero cumplir tu gusto porque en todo
me cumplas tú también como yo fío
como en favor del Alma no te hable
pues está condenada ya en juicio
en todo lo demás me es agradable
que se cumpla tu gusto y tu servicio
harto es la desdichada o miserable
templa el rigor y el celo de tu juicio
que la bondad de Dios más resplandece
en hacer bien a aquel que mal merece
cuanto más que yo no pido y quiero
que se quede así el Alma sin castigo
mas castíguese allá según su fuero
esto es lo que pretendo y esto digo
¿el pecado del Alma es tan ligero?
bien se castigarán casos tan feos
si juzgan hombres a hombres son los reos
no hay por qué reparar ahora en esto
que es cosa larga y ya determinada
acuerdo fue de Dios y orden expreso
piadosa estaba y justa ley guardada
queriendo al hombre flaco en carne y hueso
hecho de una bajeza y de una nada
cuando por su flaqueza al fin pecare
hombre le juzgue y hombre le repare
pero no se dispute sobre aquesto
y pues que con mi ruego más te irritas
no te quiero enfadar acerca de esto
tratemos con rigor pues hoy le imitas
la voluntad de Dios se manifieste
que es que al punto repongas y remitas
y que esta ejecutoria sea guardada
que con su santa sangre está sellada
alcaldes tiene el Alma a ellos fulminen
su proceso su causa y su delito
ellos aprueben y ellos determinen
pues les es concedido
yo remito
la causa al sacerdocio en tal estado
repugniéndole en ella lo pasado
no hay lugar detén señora espera
pues ha de replicarse a la real carta
hase de replicar y aun de manera
que no se dé ninguna sobrecarta
bueno será que el Alma ahora quiera
después de bien perdida y de mal acta
haber que se revoque y se deshaga
antes que se confiese y satisfaga
y su confesión se tome entera y llena,
humilde, verdadera y dolorosa,
y repóngase luego en hora buena.
Por cierto, esa razón no es rigurosa,
pues hasta ver si el alma ansí lo ordena,
reponer ni innovar no es justa cosa,
sino que se remita solamente
hasta que al sacerdote se presente.
Harto rigor usáis.
Justicia es pura,
digo que yo la admito, sea en buen hora.
Si el alma su remedio y bien procura,
como no se confiesa gime y llora,
goce de la ocasión y coyuntura
que con el tiempo Dios le ofrece agora,
y pues vive en el mundo no se aguarde
a cuando salga, ya que será tarde.
Sale el Alma con prisiones, salen con ella sus Potencias y el Ángel.
Cáese.
¡Ay, vida penosa y larga!
¡Ay, pesados hierros fríos!
¡Ay, livianos hombros míos
para tan pesada carga!
¡Ay, amigos!, ¿qué haré,
que pesan mis males tanto
que ya de puro quebranto
no puedo tenerme en pie?
Dios te esfuerce, Dios te guarde, ayude.
Llama a Dios, alma, levanta,
¡oh, misericordia santa,
acude, señora, acude!
Haz que luego se confiese
con pecho limpio y sincero,
y enmiende lo venidero
y en lo pasado le pese.
Llorad, alma, llorad, pues
no por el mal que padezco,
sino por lo que merezco
por mi gusto y mis antojos.
¡Ah, memoria!, ¡ah, voluntad!,
¡ah, mi entendimiento ciego!,
pues me ayudastes al fuego,
a matarle me ayudad.
Como busca el ciervo herido
las fuentes y el agua clara,
busco yo, mi Dios, tu cara
que es mi sol que se ha escondido.
¿Cuándo esta sed matará
que en tu ausencia el alma siente,
y cuándo saldrá a la fuente
tu cara me enseñará?
Lágrimas mi pan serán
y mis manchas noche y día,
en decirme cada día
adónde tu Dios está.
El sentido y el ser pierdo,
sin valor y fuerza estoy
cuando pienso en lo que soy
y de lo que fui me acuerdo.
Pues ya a mí Dios me toca
y me da la luz del cielo
Pues a ti se quita el velo,
rompa el nudo de mi boca;
mas yo, ¿qué espero o qué aguardo?
¡Ay, mi Dios, que te he ofendido!
Confesión, confesión pido,
presto, presto, que me ardo.
Voluntad, sé diligente;
memoria, llégate acá;
y tú, mayordomo, está
a lo que digo presente:
ves aquí el alcalde a quien
fue tu causa reducida.
Sale un sacerdote y siéntase en una silla.
Señor, merced de la vida.
Dios te la conceda. Amén.
No te espantes ni te alteres;
hombre soy, pierde el temor,
y más que tú, pecador,
por más pecadora que eres.
Di aquí tus culpas a voces
en estas orejas mías.
Hija, ¿de qué desconfías
si a Dios y a su amor conoces?
Vesle aquí a un palo puesto,
abierto el pecho y los brazos,
para darte mil abrazos,
y a perdonarte dispuesto.
No temas que de enojado
te ha de querer castigar;
llega, bien puedes llegar,
Sale un Cristo.
y verás que está enclavado.
Pues fueron estas señales
y estas traspasadas sienes
el principio de mis bienes
y el remate de mis males,
encienda este pecho frío
estas centellas extrañas
y báñenme estas entrañas
las gotas de este rocío.
Del que tal pasa por mí
grande será la afición;
pero grande es la traición
que ya contra él cometí.
Tuve una vez fantasía
de que vencí un pensamiento,
como si este vencimiento
fuera cosa propia mía.
Fue de Dios omnipotente,
y yo a mí me le apliqué;
grave este pecado fue,
y me acuso gravemente.
Después desto, ha sido tanta
mi soberbia y furor loco,
que vine a tener en poco
mucha gente limpia y santa.
Un día entero natural
duré en estos desatinos,
y de cosas de vecinos
juzgué cuatro veces mal;
esto y todo lo demás
que no tengo en la memoria
nació de una vana gloria.
Que me ofreció Satanás
ya el alto cielo pluguiera
que cuando el mal me ofreció
su infierno sufriera yo
y su engaño no sufriera,
mas ya quedo escarmentada
y porque más no se atreva
yo propongo vida nueva
y aborrezco la pasada.
¿Qué resta ya, Justicia? ¿Qué se espera
para que se reponga y se revoque
la sentencia muy justa aunque severa
que diste contra el Alma.
Vase.
A aqueste toque
yo repongo y revoco en tal manera
que el fino acero de este fuerte estoque
que estaba a su garganta amenazando
se ponga en su defensa y de su bando.
Y en consecuencia de esto determino
que Dios no deje el Alma de su mano
ni la consienta andar por el camino
del falso gusto y apetito vano,
mas tóquela el espíritu divino,
inflámela su aliento soberano,
porque su santo amor se encienda y arda
y ansí venga a gozar del bien que aguarda.
Mudose la sentencia pues se muda
a más dichoso estado el alma bella.
El cielo santo a su favor acuda
y bórrese lo escrito en contra de ella.
Qué humilde confesión que bien te ayuda
mas ¿qué ha de hacer agora este juez con ella?
veamos si la absuelve a culpa y pena
o en las costas siquiera la condena.
Estaba pensando, hija,
que este es el punto y la hora
que en ver que tu pecho llora
el cielo se regocija.
Que con tus tiernos sollozos
de música el cielo llenas,
y este manojo de penas
es manojo de gozos.
Siendo de tierra pesada
de viento mejor dijera,
di, ¿cuándo acá tan ligera,
tan arriba y levantada?
¿De cuándo acá estimación
el polvo y la vil ceniza?
¡Oh cuán mal que se matiza
sobre polvo presunción!
Hija, si otra vez te vieres
en ocasión semejante,
pon tu flaqueza delante
y considera que eres...
Que en ver que tu culpa lloras
no me alargo en esto más.
Tú a solas después podrás
gastar en esto tus horas.
Tu proceso, pues, bien visto,
por tu entera confesión
y vista la comisión
dada a mí en nombre de Cristo,
hallo que debo absolverte
de esta instancia tu pecado,
que por le haber confesado
te has escapado de muerte.
Que en el tribunal mío
donde yo juzgo y prescribo,
condenando al negativo,
doy por libre al que confiesa;
yo te absuelvo.
¡Oh, sumo bien, singular regocijo!
En nombre del Padre y del Hijo
y del Espíritu Santo. Amén.
Y en las costas te condeno
que están de tu parte hechas,
que son las lágrimas que echas,
y ese propósito bueno.
Penitencia no te encargo
porque es tu dolor esquivo,
y estas lágrimas recibo
por ungüento y por descargo;
que, envueltas en su Pasión
que sufrió Cristo en un palo,
las recibe él por regalo
y llena satisfacción.
Y porque mi firma entiendo
que el cielo la está mirando,
ansí lo pronuncio y mando,
pro tribunale sedendo.
Afuera, viles cadenas,
afuera, bajo metal,
que este fuero asienta mal
sobre lágrimas tan buenas.
Mejor asienta sobre ellas
este limpio y blanco velo
en señal que el mismo cielo
dará a Dios en precio de ellas.
Liviano desatino,
por qué despeñaderos me has llevado.
Cuán áspero camino
era el que había tomado,
si no me hubiera Dios la vuelta dado.
Ya a mí amanece el día,
ya se descubre el sol, ya se aparece;
pasó la noche fría,
que todo lo escurece,
ya mi clara mañana me amanece.
A riberas de estos ríos
me sentaré despacio lamentando
mis locos desvaríos
y viviré penando
en mi dulce Sión siempre pensando.
Parece, hija, que estás
sin aliento y desmayada.
Estoylo, y tan afrentada
que no puedo estarlo más.
Los cielos y las estrellas
no han mirado mis pisadas.
Por estas manos sagradas
que están olvidadas de ellas.
Levántate y cobra aliento,
no estés desmayada tanto.
He miedo si me levanto
Tropezaré al momento.
No temas ni te acobardes,
mas denuedo te apareja
que dejes la vida vieja
y un nuevo espíritu cobres;
y si la fuerza te falta
por faltarte de comer
yo te podré proveer
de una mesa rica y alta,
rica y alta de tal modo
que a los ángeles sustenta
y aun el mismo Dios se asienta
a ser convidado y todo;
porque es un manjar de vida,
donde en especies de pan
carne y sangre de Dios dan
y al alma de Dios unida.
y aunque pecador yo y malo,
por la bondad que en él cabe,
me quiso a mí dar la llave
para darte este regalo;
y ansí a la palabra mía,
en su virtud y en su nombre
baja el mismo Dios y hombre
a mis manos cada día.
Tanto bien se nos promete,
alma, y en tal coyuntura,
que será poca cordura
no aceptar este banquete.
aceptarle te aconsejo.
Pues ves lo que padecemos,
alma, que nos perecemos.
¿Qué aguardas?
El aparejo.
Que no sé cómo podré
a tal mesa yo llegarme.
Como tu pecho se arme
de amor, esperanza y fe;
porque estas ricas preseas
serán de tu bien testigos.
¿Qué me aconsejáis, amigos?
Que esperes.
Ames.
Y creas.
Todo es tuyo, oh buen Señor,
y de ti se ha de esperar.
Dame con firme confiar;
haz de mí digno aposento,
donde su majestad viva
y dignamente reciba
tu divino sacramento.
Sacerdote soberano,
puesta en tus manos estoy;
yo quiero recibir hoy
esta merced de tu mano.
mas, ¡ay Dios!, ¿y qué hará
la gente que está a mi cuenta,
que viene flaca y hambrienta?
¿De dónde o qué comerá?
Toda aquesta compañía
de tu casa y familiares,
cabrán en la casa mía;
no es nada estrecha la casa;
ensancha tú el apetito,
que el manjar es infinito.
y la voluntad sin tasa.
Y el entendimiento mío.
Venga y cobrará victoria.
Y memoria.
Más memoria.
Y la voluntad.
Más brío.
Y mis pasos, ¿qué harán?
Alma, ¿por qué te detienes?
Que la eternidad de bienes
se encierran en este pan;
todos seréis regalados
con este manjar divino.
Seguiremos tu camino
tras esos pasos sagrados,
ve, Señor, que tras ti voy.
Yo iré delante, señora,
porque a la fe importa agora
y yo su aposento soy.
Ha estado tan discreto y tan prudente,
tan diestro y acertado el sacerdote,
que su sentencia enmienda no consiente,
ni hay quien falta alguna en ella note.
Afírmese por tal.
Por tal se asiente.
En regocijo y gloria el cielo brote,
y los ángeles todos en cuadrillas
celebren el reparo de sus sillas;
espíritus eternos celestiales,
¿qué es de los instrumentos de alegría?
¿Qué es del clarín y órganos reales,
la dulzaina, trompeta y chirimía?
Dad hoy de vuestro amor claras señales,
celebrad tan dichoso alegre día,
en que el Alma de culpa es perdonada
y a vuestro Pan y Mesa convidada.
Fin.