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digitaler Text von La más heroica fineza y fortunas de Isabela

Veröffentlichungsdatum: 18. Juni 2026

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Traditionelle Zuschreibung

Obra atribuida a la colaboración de Juan de Matos Fragoso, Diego Figueroa y Córdova y José Figueroa y Córdova, o a Juan de Matos Fragoso.

Stilometrische Zuschreibung

Los análisis apuntan a una participación probable de Juan de Matos Fragoso, con afinidades en las tres jornadas, y de Diego Figueroa y Córdova y José Figueroa y Córdova, cuyas afinidades se concentran en la primera y la tercera. No permiten distinguir las aportaciones de cada hermano.

Genre
Comedia
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Transcripción automática de impreso
Herkunft
El texto procede de la transcripción automática de la comedia incluida en Parte treinta y tres de comedias nuevas, nunca impresas, escogidas de los mejores ingenios de España (Madrid, José Fernández de Buendía, a costa de Juan Martín Merinero, 1670), conservada en la Biblioteca Nacional de España, signatura R/22686. El texto se ha completado parcialmente con el manuscrito de la misma biblioteca, signatura RES/74.

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Zitiervorschlag

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La más heroica fineza y fortunas de Isabela. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-mas-heroica-fineza-y-fortuna-de-isabela.

LA MÁS HEROICA FINEZA Y FORTUNAS DE ISABELA

Jornada 1

Pag. 1

Déjame, Isabel. . Señor,

aquesta es la fe jurada?

detente. . Ya estás cansada,

eso es apurar mi amor,

suelta, acaba. . Carlos mío.

esposo, sin alma estoy!

Pues si ya tu esposo soy,

qué quieres? . Tanto desvío

en tu agrado llego a ver,

que te enfada mi presencia?

No me apures la paciencia,

qué quieres de mi mujer?

ser tu esposo no he jurado,

ya un Imagen soberana

de María esta mañana

la palabra no le he dado

de serlo? tres días, di,

en fe de ser tu marido,

en tu casa no he asistido,

sin apartarme de ti?

Prueba en mi orgullo, y mi brío

de fino amante, y leal,

que es para mi natural

detener el curso a un río.

A mi padre; di Isabel;

a un cuidado no le obligo,

pues por ser fino contigo;

he sido ingrato con él?

No culpes mi amor activo,

que mi espíritu violento,

para tanto encerramiento,

tiene un natural muy vivo.

No debió a las ansias mías,

ninguna dama en rigor

un hora sola de amor,

y tú me debes tres días.

Y si quieres, que a pagarte

me obligue cariño igual,

no violentes el raudal,

que se irá por otra parte.

Mi bien, esposo, señor,

ya de mi vista te enfadas?

Esto tenéis las honrada

que matáis con el amor.

Don Carlos, que yo lo he sido

con verdad decirlo puedo,

pues nadie ignora en Toledo,

que ese nombre he merecido.

Huérfana, y sola quedé,

y aunque antigua mi nobleza,

solo la honra, y la pobreza

de mis padres herede.

En esta Ciudad mutieron

pobres, y aunque en patria extraña,

de un solar de la montaña,

ilustre sangre adquitieron.

Don Carlos de Vargas eres,

no ignoro tu calidad,

mas yo pienso; y es verdad,

que en ella no me prefieres.

Que aunque la riqueza el ser,

da a un linaje, en conclusión,

virtud, y nobleza son

las joyas de una mujer.

De mi labor he pasado,

Carlos, en esta Ciudad,

burlando la ociosidad

de tanto amante cuidado.

Sabe Dios que muchos días

me he pasado sin comer,

sin que me rinda el poder

del oro, y sus tiranías.

Que de noches lastimadas,

mis quejas de mi dolor

formaba en el vastidor

más lágrimas que puntadas.

Que sin poder derenerlas,

de mis ojos se cayeron,

y algunos necios dijeron,

que bordaba el Alba perlas.

Que de veces con estilo

quejoso, buscando andaba

la seda; y si no la hallaba,

el llanto me daba el hilo.

Y que de amantes, señor,

con el oro, y sus porfías

asestaron baterias

al castillo de mi honor.

Mejor pudieras tú aquí

decirlo, esposo querido,

pues tres años ha que he sido

toca en el mar para ti.

No acordarte solicito

los pasos que te he costado,

las lágrimas que has llorado,

los papeles que has escrito.

Porque todo para amarte,

humo, polvo, y nada fuera,

ay Carlos! sino estuviera

mi inclinación de tu parte.

Ya me he rendido, señor,

ya te procuro amoroso,

ya con palabra de esposo

te hice dueño de mi honor,

Y si estás arrepentido,

acuérdese tu cuidado

de una palabra que has dado,

y a quien se la has ofrecido.

Vete, pues, que yo entre tanto,

dando rienda a mis enojos,

hechos dos fuentes mis ojos,

formaré un mar de mi llanto .

Señora Doña Isabel,

la honrada, firme, y la hermosa,

que en lugar de ser piadosa

es conmigo tan cruel.

Esta tema, o este exceso

a que fin, que es caso duro;

que por tenerme seguro

quiera usted tenerme preso?

Si a todos por varios modos

trató siempre con ribiezas,

he de pagar yo en finezas

la que despreciana a todos?

No echa de ver, que es porfía

tanta avenida de amar?

dígame isted, me he de estar

queriéndola todo el día?

Su esposo soy, que recela?

deje que salga del nido,

que un amor recién nacido,

no ha de estarsiempre en la escuela:

yo te adoro. . De esa suerte,

Don Carlos, no me dirás

a que tan presto te vas?

A desear volver a verte,

miento por Dios.

Bien está

que por no verla me ausento, .

no ignoras el sentimiento

con que mi padre estará

por eso verle deseo,

y más el no verte a ti,

no me das licencia? . Sí,

digo Carlos, que te creo,

vete, y no tardes bien mío

en volver a ver tu esclava.

Esto solo me faltaba, .

de mi paciencia me río,

un alma vive en los dos.

El cielo mi bien te guarde,

volverás luego? . Esta tarde.

Pues a Dios esposo. .

A Dios

Quién cielos se llegó haver

con tormento tan pesado?

sin sentido me ha dejado

el amor de esta mujer.

No me vien mi condición

tan apurado jamás,

si ella me detiene mas

me arrojó por un balcón.

Si en tres días causa enfado

un amor tan pretendido,

que hará un eterno marido

con una mujer al lado?

A mí me enfría en rigor

una ardientevoluntad,

bien haya la variedad,

que es la salsa del amor,

Bien me conoces fortuna,

que a mi gusto te acomodas,

bueno es querer bien a todas,

y no querer a ninguna.

Ya en la calle estoy en fin,

amor a mudar de empleo.

Vive Dios que no lo creo,

eres tu señor? . Martín.

Sin aliento estoy! . Que hay

que tienes, de que enmudeces?

Vive Dios, quete pareces

al alma de Garibay.

Donde diablos has estado,

que está tu padre en un grito,

pues no he dejado garito

dónde no te haya buscado?

Fui en casa de la viuda,

que ropa blanca te daba

amenudo, y aunque estaba

las manos, y cara en muda,

al preguntarla severo

si estabas allí, o sino,

muy fruncida respondíó,

no está acá ese Caballero.

Salí de allí, y al instante,

ligero como una broma,

fui en cas de Beatriz la Roma:

luego en casa de Violante.

Clara la tuerta llorana

con el ojo de mal viso,

y por ti sacarse quiso

el otro que le quedaba.

Arañábase mortal,

viendo tus tretas traidoras,

con que la tuerta a estas horas

se convirtió en cigarral.

Sepa por Cristo lo cierto,

dame de todo noticia,

hate preso la justicia

por vaina, y amor abierto?

Deja locuras, Martín,

y sácame de cuidado,

di, mi padre, cómo ha estado?

Perdiendo su juicio. . En fin,

lo ha sentido? . Lo ha sentido

con pasión tan singular,

que hoy te quiso pregonar,

como a muchacho perdido.

Qué dices, ay de mi triste!

Pues luego, rayos, y truenos

lanzaba, cuando echó menos

los tápices, que vendiste;

pobre está el viejo por ti;

su fin pienso que procuros.

Ya sé que mis travesuras

tienen a mi padre así,

mas respetole en efecto.

En eso muestras quien eres;

tu padre, y muchas mujeres.

tienen en ti su respeto.

Habla por Cristo, señor;

porque de cala has faltado?

dime, estás enamorado

sin sentirlo tú? . Peor.

Has perdido? . Ei sufrimiento.

Has reñido? . Con mi queja.

Distele a alguna Bermeja

palabra de calamiento?

Ay Martín! yo estoy perdido,

pues mel reñir, ni el perder;

ni nada tiene que ver

con lo que me ha sucedido.

Como que sale de ti,

declarate. . Hado cruel!

bien conoces a lsabel?

La honrada, y la hermosa? . Sí,

seguneso; ya sabrás,

que la sirvió mi cuidado?

Y que de ella has alcanzado

lo mismo que los demás.

Que en tres años no he podido

vencer su esquivo rigor?

Por señas que de tu amor

Martín alcahuete ha sido.

Pues sabe, infelice estrella!

que se rindió a mi porfía.

Qué piensas, se cansarla

sin duda de ser doncella.

Entré en su casa, Martín,

llevado de mi desvelo,

que la miré como a cielo,

que ocultaba un Sera fin.

Labrando una red estaba

en guardapies, y una almilla,

y vi que con la almohadilla

jugando el amor andaba.

Arco, y flechas por despojos

rindió a sus pies con temor,

y es que entonces el amor

cayó en la redde sus ojos.

luzga por lo que has oído,

cual debió de ser mi encanto,

pues te la encarezco tanto,

estando ya arrepentido.

Pobre de alhajas tenía

su casa, del Alba esfera;

pero que alhaja luciera

dónde llabel asistía?

La terla plata del cuello,

que el recato franqueaba,

codiciola se anegada

en las ondas del cabello.

Yo que me vi en esta calma,

entre tan dulces enojos,

con la nieve hastalos ojos,

y con el fuego hasta el alma,

suspiré, gemi, lloré;

pero nada conseguí,

que aunque el alma la ofrecí,

más imposible la hallé.

A ser su esposo me obligo,

y ella entre jazmín, y grana,

a una Imagen Soberana

me hizo poner por testigo.

Juré Martín, qué locura!

que en nada un ciego repara;

pero hasta el amor jurara

por gozar de su hermosura.

De que mi pecho la amó

indicio bastante fue

mi asistencia, pues se ve

que tres días me duró.

Pero ya que mi pensión

aqueste lance ha logrado,

de su hermosura olvidado;

me vuelvo a mi condición.

Con esas flores, señor,

a muchas has engañado,

con las palabras que has dado,

fuera yo grande hablador.

Con ellas, dime, a que moza

no has sacado de su quicio?

si lo sabe el Santo Oficio,

has de parar en coroza

Mas ya que diste al desgaire

la palabra a un sera fin,

porque la dejas? . Martín,

palabras las lleva el aire.

Tú tienes géntiles mañas.

No tuve la culpa yo,

porque Isabel me creyó.

Dime como las engañas,

que aunque el ingenio me abona,

y a ser sutil me acomodo,

en mi vida he hallado modo

de engañar a una gorrona.

Vamos a ver a Violante,

que en fin fue mi amor primero,

y confieso que la quiero.

No pases más adelante,

a Violante quieres? . Sí.

Siendo tan varia, porque?

Majadero, porque sé

que ella no me quiere a mí.

Advierte, señor primero,

que si alla vamos a dar,

por sí se ofrece jugar

has menester. . Qué?

Dinero . Mi palabra bastar

bien puedo jugar sin él.

Pregúntaselo a Isabel,

que ella te responderá.

Un bronce obstinado labras?

deja esas necias porfías,

y sígueme. . Reinas mías,

cuidado con las palabras.

Hermosa Ciudad. . Toledo

entre, as que el mundo aplaude

tiene el lugar merecido.

Basta para su realce

el ser Imperial Corona,

de tanto espíritu Atlante.

Que os parece, Don Fernando

su Iglesia mayor? . Que el arte

excedió en ella al diseno;

pero dejando esto a parte,

no me diréis, que mujer

es aquella! que en la calle

se recató de nosotros?

Vi que en ella reparasteis

con atención. . Al descuído

pude mirar su semblante

sin que ella me viera, y digo,

que jamás vi tan iguales

perfecciones en mujer,

de hermosura, garbo, y talle.

Y cuando en habito pobre

luce una beldad, es grande,

que muchas deben lo lindo

a los adornos del arte.

No vi tan divino rostro,

ni honestidad tan afable,

hay tal aire, hay tal aseo

en un tan humilde traje!

conoceisla? . Si conozco.

Bien en nuestra amistad cabe,

que si acaso no tenéis

motivos, que lo embaracen,

que me introduzgáis con ella,

para que yo la regale

con aquellas niñerias

de abánicos, cintas, guantes,

y otros juguetes de gusto,

que son el primer ataque,

por donde amor introduce

sus cautas urbanidades.

Que días pensáis estar

en Toledo? . Los que basten

para ver este prodigio,

que mi admiración cómvate.

Según eso, bien podéis

despedir el carruaje,

que eso será tarde, o nunca.

Eso será nunca, o tarde?

pues cómo?

Como no hay cosa,

que menos pueda allanarse,

que aunque es grande su hermosura,

es su honestidad más grande.

Será porque nadie intenta

conquistar su desdén. . Antes

no hay Caballero en Toledo,

de aquellos, digo, galanes,

que en ocios de amor el tiempo

corona de libertades,

que no haya intentado ser

de Isabel atento amante,

que este es su nombre; mas ella,

haciendo prudente alarde

de rigores, y desdenes,

resiste las tempestades.

de tan ardiente suspiro,

y corriendo airosa nave

por el mar de los desprecios,

a todos deja a la margen.

Esrica?

No tiene hacienda.

Como en mujer pobre cabe

tanta virtud, y altivez?

De eso su alabanza nace,

mas no es tanta su pobreza,

que lo preciso le falte,

para su decendia noble,

porque a los diestros afanes

del bastidor, y la aguja,

no hay flor que mátice el valle,

bruto que peine la selva,

ni pluma, que cruce el aire,

que con primor, y artificio,

en el cambray no traslade,

Y como a subido precio,

pasan sus curiosidades,

de sus táreas compone,

lo que al sustento le baste.

Más encendéis mi deseo

con lo que pensáis templarme:

válgame Dios! mujer pobre

aloro no ha de allanarse?

no puede ser. . Ahora bien;

remitámoslo al examen.

Vos sois rico, y poderoso?

Hoy cien mil escudos vale

en Sevilla mi hacienda,

sin el caudal que en dos nanes

propias embarco a las Indias.

Pues yo os diré la casa, y calle,

y haced vos las carabanas,

que todo ha de ser en valde.

Al oro todo se rinde.

Presto lo dirá el examen:

y entre tanto, si queréis,

que entretengamos la tarde,

aquí hay una forastera,

llamada Doña Violante,

que de Madrid vino agora,

dama de gallardo talle,

hermosa, afable, y discreta,

que toca, y canta, a quien hacen

festejo los Caballeros,

y en su casa conversables,

acuden a entretenerse,

entretengamos la tarde

con sus gracias, si os parece.

Ninguna habrá que me agrade

mientras de Isabel

la memoria me durare.

De Violante esta es la casa,

queréis Fernando que llame?

Veamos lo que alabáis,

Llamo pues . Tu acaso traes

dinero? . Los cien doblones,

que esta mañana cabales

me dio tu correspondiente.

Ella, y su criada salen.

Señor Juan, era tiempo

de que aquesta casa honrases?

Como en nada os he servido,

y no me ocupáis, Violante,

mi propia desconfianza

me arroja de estos umbrales.

Quien asegurado tiene

el mérito de su parte,

no ha de exceder a ese afecto.

La atención siempre es cobarde;

y porque veáis lo mucho

que mi rendimiento aplaude

vuestras gracias, y hermosura,

hoy quise participarle

esta noticia al señor

Don Fernando, que le trae

gran ansia de conoceros.

Viene de Madrid, y hace

para su patria Sevilla

por Toledo su viaje,

y es mi huésped estos días,

Cuando de aquí no sacase

más fruto, que haberos visto,

y acreditar las verdades,

que hallo poco encarecidas,

siendo el sujeto tan grande,

me tuviera por dichoso.

Milaños el cielo os guarde,

por muy servidora vuestra

me conoced, que aunque pase

por lisonja cortesana,

con la que intentáis honrarme,

sealo, o no, será fuerza

agradecida mostrarme,

sino al concepto, alomenos

alo aliñado del frase.

Dile muchas cosas de esas, .

porque este hombre tiene talle

de tener bravos doblones.

Solo el silencio os alabe.

Que habemos de hacer agora,

habiendo otros dos delante?

No hay gusto como estorbar

a platicones amantes:

Señora Violante, es hora

de que en vuestra casa os halle?

Señor Don Carlos, venís

a venir, o a visitarme?

Yo solo vengo a serviros.

Este hombre, por lo arrogante

me cansa.

A aqueste Don Juan

tengo una habersión notable;

y así no será razón,

que estorbe yo, ni embarace

el gusto a estos Caballeros,

y me quiero volver. . Antes

es bien que todos nos vamos,

porque no tenga Violante

queja de ninguno, pues

quedamos en ello iguales.

Eso no, por vida mía,

porque sería agraviarme:

ninguno se ha de iragora,

y todos han de sentarse

por hacerme favor. . Yo

no replico. . Que me place.

Pues vos lo mandáis, ninguno

podrá, señora, excusarse.

Por mí no ha de haber disgusto:

ola Beatricilla, dadme

el instrumento, que quiero

a estos Señores cantarles

una letra de buen gusto,

porque entretengan la tarde.

Ya está el instrumento aquí.

Qué despejo! . Qué donaire!

. Palabras, y plumas, Cintía,

oh bien escriban, o canten,

mas por razón, que por vio,

todas las llevó tu aire.

Deja de ser elemento,

y a cielo llega a pasarse;

cuanto va de un Solados,

se muestra el tuyo más grande,

Cierto, que solo le faltan

las alas para ser Ángel.

Vuestra voz me da motivo

para que el festejo os pague

con referir un soneto,

que se hizo a una beldad grande,

que cantana siendo hermosa.

Será copia de Violante.

Puede ser. . Famoso asunpto

para una pluma elegante,

Paréceme tu voz sonora, y pura,

por boca de claveles despedida,

corriente, que del cielo procedida,

se desata en armónica dulzura.

Calma de voz, y rayos de hermosura,

dulcísimos peligros de la vida;

dos glorias son, a donde repartida

la noticia del cielo se asegura.

Miro el cielo, oigo el cielo en divididos

grillos de suavidad, muda, y sonora,

pierdo la libertad de los sentidos.

Y entre voz de Sirena, y luz de Aurora,

pendientes de los ojos los oídos,

cual arrebata más el alma ignora.

Bien encarecido afecto.

Bien paga los consonantes.

Así me pagara a mí,

reniego del disparate.

Tu dices mal de los versos?

Si amiga, porque dan hambre:

echa un Soneto en la holla,

y verás el caldo que hace.

Como quién eres discurres.

Ahora bien, vengan los naipes,

y para Beatriz rifemos

veinte escudos. . Dios os guarde.

Vaya norabuena. . Y sea.

la quinola sin descarte.

Aquí están baraja, y mesa.

Ruega al cielo que la gane

mi amo, que si la pierde

verás los veinte muy tarde.

Baraje usten. . Ya barajo.

Alzo por mano. . No vale

mano. . Sea norabuena.

Cuarenta y nueve.

Buen naipe

para Beatriz. . Treinta icuatro.

Veinte y dos tengo cabal

tomad, Beatriz, que la suerte

se midió por el dictamen

de mi intención.

. Bien mostráis

lo bizarro, y lo galante.

Dios me mate con la gente

de Sevilla, y con que aire

manejan lo generoso.

Rifen aqueste diamante,

sin medios, que es harto achaque.

Es bien pulido.

Ponedle precio.

Hermoso, y brillante.

Lo que os pareciere, como

de veinte escudos no baje.

Yo doy cartas. . Dios te guie

hombre, y del riesgo te saque.

En los veinte escudos va

Y en mi sentir es de balde,

yo tengo primera. . Malo,

Yo cuarenta, que es bastante

para no perder. . Yo estoy

a fluj. . Brújulca.

Es fácil? . Y le hiciste.

Así es verdad.

Vuestra es la sortija. . Pase

de la mía a vuestra mano,

a ser de su nieve engarce.

Porbarató la recibo.

Que su fineza adelante,

con lo que he perdido yo?

que de contino me ganen

estos sujetos? . Sujetos

son los que lo están al naipe,

y aquí la suerte discreta

quiso sentenciar verdades,

haciendo, que el peor la pierda,

para que el mejor la gane.

Muy bien está vive Dios, .

que la lengua he de sacarle,

y aquí disímulo agora,

por no aventurar el lance.

Que, os alteráis? . Yo, de quél

Aquestas, Juan, son frases,

y chanzas proprias del juego.

Es cierto. . Yo haré que pague

Florencio. . Será preciso.

Tú, Florencio, escucha apartes

que es de una amiga, que se halla . Señor Don Carlos de Vargas

sin que aquí lo entienda nadie,

en la ermita de la Vega

os voya esperar . Conarte

disimularé el enojo,

porque en el campo se acabe.

Estos son los veinte escudos.

que perdió Don Juan.

Vos, dadme

señora agora licencia,

que tengo un negocio grave,

e

a que es preciso acudir.

El cielo, Don Juan, os guarde.

Pues D Juan se va, y quedamo

sin tercio para el cómvate

de este honesto pasatiempo,

es fuerza que le acompañe.

También pienso hacer lo misme

que no es razón que a Violante

le empeñemos la atención

de que nos sufra agradable.

Siempre esta para serviros

la obligación de mi parte.

Guardeos el Cielo.

A Dios. . Vamos.

Bien con aquestos disfraces

del desafío aplazado,

he disimulado el lance.

Que con tu cara, y voz, nada

al Sevillano sacases?

Don Carlos tuvo la culpa.

El no dar, y hacer pesares,

en un hijo de vecino

son acciones naturales

Suspende el llanto, señora,

que si tu injusta porfía

le quita la luz al día,

podrá quejarse el Aurora.

No eclipse tus arreboses

ese continuo desvelo,

que andará al revés el cielo,

si anochece con dos Soles,

Y que te quejas infiero

sin causa, pues llego a ver,

que si tu fuiste mujer,

Don Carlos es Caballero.

No porque falte dos días

ha de presumir tu queja,

que te olvida, y que te deja,

poco a tu mérito fías.

Por su padre ha recatado

su casamiento, en rigor,

que la virtud, y el honor

es caudaltan moderado,

que sin mirar su decoro,

su fama, y su proceder,

solo es hoy en la mujer

dore, lo que llevaen oro.

Yo fío, que muy corrés,

muy fino, y muy cariñoso

aquesta noche tu esposo

a verte vendrá . Ay Ines,

cuanen vano has pretendido,

con aparentes consuelos,

asegurar mis recelos,

y quierar mi honor perdido.

Si ves que los hombres son,

por hijos de la mudanza,

si finos en la esperanza,

tibios en la posesión,

que seguridad ofreces

a mi pena, y mi dolor?

déjame con mi temor,

pues cuando más encareces

de Don Carlos (dura suerte!)

la atención, y la fineza,

mas aumentas mi tristeza.

Sin aliento llego a verte.

̱. Martín, tú en aquesta casa?

Si Señora, y te prometo,

que vengo hecho una basura.

No es mucho, si eres un puerco.

Mira desde esa ventana,

Ines, si me sigue un muerto,

y la justicia. . Qué dices?

alguna desdicha temo;

dime lo que ha sucedido.

Ello no es cosa de peso,

sino que mi amo. . Acaba,

que el corazón en el pecho

me anuncia alguna desdicha.

Como es Santo, y Recoleto,

ha añadido a su Rosario

una muerte. . No el veneno

me des a pausas, Martín,

sin alma estoy! dime presto

la causa de tu alboroto.

Pues sabe que Carlos; pero

Ines trae un jarro de agua,

y una conserva, que tengo

la voz pegada al gallillo,

y no puedo hablar. Yo pienso

que has de apurar mi paciencia.

Carlos esta bueno? . Bueno,

así lo estuviera el otro.

Pues quién es el otro? . Eso,

un Caballero no más,

que ahora queda por lo menos

tendido al Sol en campaña.

Sin duda a mi esposo, cielos,

sucedió alguna desdicha.

Cómo digo de mi cuento,

hay aquí una cortesana,

que desde el golfo soberbio

de la Corte, la justicia

la echó al margen de Toledo.

Esta se llama Violante,

tiene buen aire, buen cuerpo,

largo pelo, frente lisa,

manos blancas, ojos negros.

Hace versos, canta, baila,

y mi amo, que es el perro

de muestra, que ala hermosura

mejor le ha cogido el viento,

por no perder la costumbre

que tiene desde pequeño,

de apetecer cuantas hembras

le ofrece el demonio al vuelo;

pues para querer a todas

le da razón el infierno,

disculpando su mal gusto,

con decir, que es de provecho

la moza para el cariño,

la vieja para el consejo,

para el descanso la rica,

la pobre para el remiendo,

la flaca para el Verano,

la gorda para el Invierno,

la grande para un asalto,

la chica para un tropiezo.

Y en fin, que son buenas todas

para esotro, u para esto,

dio en festejar a Violante,

y como su casa es centro,

y archivo del gusto, donde

la juventud de Toledo

de centemente consume

la ocio sidad, y el dinero,

sobre rifar a Violante

cierta a haja un Caballero,

menos cuerdo, que arrojado,

y más que valiente necio,

se repuntó con mi amo;

y aunque las palabras fueron

tan ligeras, que ninguno

presumió motivo al duelo.

El tal Don Juan de Mendoza,

después de acabado el juego,

sacó a campaña a Don Carlos,

y habiendo llegado al puesto

de la hermita de la Vega,

desnudando los aceros,

se acometen valerosos,

y de Carlos fue el aliento

tan feliz, que su contrario

midió de una punta el suelo.

Llegó en esto la justicia,

y a Don Carlos llevan luego

a la torre del Cambrón,

donde con dos guardas preso

le dejan, y yo volando

vengo a avisarte el suceso.

Y pues ya le he referido,

y estoy en notable riesgo,

por haber dado a mi amo

ayuda con los deseos,

ya que con la espada no,

que está a Dios gracias la tengo

donce la, y muy recogida,

a retraerme a un Convento

me voy con vuestra licencia,

pues con esto me defiendo

de la justicia, que anda

tras que yo refiera el cuento

sobre el potro de madera,

y me pongo en astillero

de que los guapos publiquen,

y a voces repita el pueblo,

que salió Martín Gonzalez

llamado de un Caballero,

a reñir a la campaña

por padrino de su dueño,

donde obró como un Berlando,

quedando solo con esto

graduado de valiente,

sin comerlo, ni beberlo.

Ay Ines, yo estoy mortal:

dame el manto, que no puedo

dejar de ver a Don Carlos.

Mira que es notable empeño,

señora, en el que te pones,

pues descubres el secreto

si en la torre te conocen,

y que te arrojas a un riesgo

si allí te encuentra supadre.

̱. Ya de mi recogimiento

sabes que a nadie conozco,

y a su padre decir puedo,

que no le he visto jamás.

Esto, señora, es buen celo:

advierte. . Nada me digas.

Que tu honor. . Por el intento

ver a Carlos, ven conmigo,

que no es capaz de consejos

una mujer ofendida,

con amor honor, y celos.

En que parar han podido

(ah dolor, cuanto me apuras!)

tus continuas travesuras,

sino en haberte perdido?

Hasta aquí, mal corregida

tu juventud, y sin rienda

ha acabado con mi hacienda,

y ahora acaba con mi vida.

Y siendo fieles espejos

los consejos que te he dado,

nunca en ellos te has mirado,

para tomar mis consejos.

Por ti pobre, y viejo quedo,

cuando en un tiempo no había

mas riqueza que la mía,

ni más nobleza en Toledo.

Todo lo perdí a tus vanas

locuras, y a tus antojos,

sácame agora los ojos,

arráncame aquestas canas;

mas no, que si he de vivir

penando, me has de dejar

los ojos para llorar,

las canas para morir.

Plegue al cielo . Los enojos

deten, no me afligas tanto,

que puede anegarme el llanto

con el raudal de tus ojos.

Confieso de mi pasada

edad la vida indecente;

mas del suceso presente

fue la ocasión tan honrada,

como volver por mi honor;

pues nunca fue vil hazaña

matar a un hombre en campaña.

Háblale al Corregidor,

dí que al campo, en conclusión

Don Juan me llamó el primero,

y que a ley de Caballero

cumplí con mi obligación.

En cas de Violante intento,

que la información se haga,

y el mundo se satisfaga.

Por cierto en gentil Convento

se han de buscar los testigos.

Ella, y sus criadas fueron

las que en el lance estuvieron,

y algunos nobles amigos.

D ellos sabrá mis verdades

la justicia; parte luego,

válgame agora tu ruego.

En vano me persuades.

Mi muerte, señor, colijo

de tu rigor. . Ten por cierto,

que ya, ni vivo, ni muerto

te he de ver más. . Padre.

Hijo.

quién a ese nombre ha podido

resistirse? . Mis enojos,

mi voz, mi llanto, mis ojos

la enmienda te han ofrecido

de mi vida, padre amado.

Ya en sus lágrimas deshecho, . Este es el Alcaide, llega.

se ha buelto de cera el pecho.

Llega, llega, hijo adorado,

a mis brazos; bien entiendes

el idioma de mi amor,

hacienda, vida, y honor

es tuyo, como te enmiendes.

Y agora, Carlos querido,

porque tiempo no se pierda,

hablaré al Corregidor,

retírate a esotra pieza,

que presto vendré a buscarte.

A Dios padre, el cielo quiera

dolerse de mis desdichas. .

Válgame Dios, lo que pesa

de un hijo el amor! confieso,

que estuvo el alma muy cerca

de salirse por los ojos

alber sus lágrimas tiernas.

Mozo es Carlos, no me espanto,

que altivo, y travieso sea,

que yo también en sus años,

con las mismas experiencias,

al ocio, y valor le daba

lo que la edad le aconseja.

Y por la fe de hijodalgo,

que en mil cosas; pero buenas,

se me parece este mozo,

pues si a buena luz se cuentan,

no han sido del todo malas

sus acciones S , . No sé que el alma recela.

Ines, entra,

que esta es del Cambrón la torre. soy mujer. . Que escucho pena

Más voy a la diligencia

del Corregidor: qué miro?

mujeres aquí? o que apriesa

Carlos borró su disculpa,

y volvió a formar mi queja

Damas? juraralo yo,

que estos Médicos vinieran

a visitar a mi hijo.

Qué mandan vuesas mercedes!

Hablar con vuestra licencia

quisiera al señor Don Carlos.

Pues vuesa merced se vuelva,

que en la prisión no es posible

entrar mujeres cubiertas.

Sin dudaque es el Alcaide:

pues si para hablarle es fuerza

descubrirme, ya lo estoy,

hacedme gusto que pueda

verle agora. . Perdonad,

y ved, que es poca prudencia

venir agora a inquietarle,

que no son visitas estás

para un hombre que por horas

quizá en un teatro espera,

para público escarmiento,

de su vida la tragedia.

Y así, señora, os suplico,

que os volváis, y no pretenda

vuestra resuelta porfía

hacer mi intención grosera,

que este no es tiempo de damas,

Ya revelaros es fuerza,

que no soy la que pensáis,

(y pues el lance me empeña)

he de fiar de esas canas,

(aunque un secreto se arriesga)

no menos que honor, y vida.

(. . Y así sabed, que de Carlos.

Mujer? qué has dicho, mujer?

Y para que no entienda

su padre, que de la vida

está en la línea postrera.

nunca el secreto ha salido

de los dos, de vos espera

lo mismo mi honor, y así

entro con vuestra licencia

a ver mi esposo. . Esperad,

que primero que lo sea,

hay que saber muchas cosas.

Por donde os toca saberlas

quiero saber? . No más,

(de coler el pecho tiembla)

que por ser Carlos mi hijo:

y así, decid. . Yo estoy muerta!

Qué prendas tenéis de Carlos,

que le obliguen aque sea

vuestro esposo? . Su palabra,

su fe, su firma, su letra,

y su nobleza le obligan

a cumplirme la promesa,

de que hizo testigo al cielo.

Vos fuisteis poco discreta

en dar crédito a un mozuelo,

cuyas travesuras llegan

a escandalizar el pueblo.

Y pues sois prudente, y cuerda,

evitad vuestra deshonra,

y no creáis sus cautelas,

pues solo intenta engañaros.

Tarde los consejos llegan,

cuando es dueño de mi honor.

Sabe el cielo que me pesa,

señora, de esa desgracia,

más correrá por mi cuenta

de hoy más esta obligación;

pues aunque gastó mi hacienda

Carlos, y aumentó estás canas,

algún caudalejo queda

con que poder remediaros.

Vos elegid con modestia

un Convento, o otro estado;

pues imaginar, que pueda

casarse con vos mi hijo,

fuera. . Detened la lengua,

que en ser mi esposo Don Carlos,

ni el baja de su nobleza,

ni yo subo un grado más.

Y ese caudal con que intenta

remediarme en un Convento

vuestra vanidad soberbia,

guardad para otras mujeres,

que hacen gala de su afrenta,

que yo soy mujer de Carlos.

Ya me apuráis la paciencia,

y vive Dios. .

Qué es aquesto?

A Dios, soltose la presa.

Mi padre con Isabel?

viose confusión como esta?

Que ha de ser, infame hijo,

si no llegar tu insolencia

a casarte sin mi gusto,

engañando la modestia

de esta dama? mas la voz

con el llanto no me deja

articularlas palabras.

Y pues con tanta violencia,

bruto desbocado, pierdes

sin ley, sinrazón, sin rienda,

a Dios, a tu padre, al mundo

el respeto, y la obediencia,

quédate para hijo ingrato,

que tu crueldad, y mis penas

me van quitando la vida,

y mis lágrimas me llevan

a cegar de aqueste agravio,

y a morir de aquesta afrenta.

Oye, espera. . Muerta quedo,

Cómo imprudente, y resuelta,

ingrata mujer, te atreves

a buscarme en la presencia

de mi padre? y como aleve

el secreto le revelas,

sin reparar? . Oye Carlos?

que el venir a verte, es deuda

de mi honor, y mi cariño.

Y que tu padre supiera

el secreto, fue un acaso,

que formó la contingencia,

creyendo que era el Alcalde,

pero todo se remedia,

siendo como eres mi esposo.

Yo tu esposo? hablas de verás,

o vienes loca, mujer?

Qué escucho? pues como niegas

tu promesa, y tu palabra?

Las palabras, y promesas,

son viento, y en viento paran.

A Dios, en Cantalapiedra

hemos dado con la boda.

Y mi honor? . no me creyeras,

los hombres somos mudables.

Mira, Carlos, lo que intentas,

que soy mujer, y ofendida,

será mi venganza cierta.

Me amenazas? vete luego,

basta cruel, que me dejas

descompuesto con mi padre.

Que mis lágrimas no muevan

tu corazón? . Es de bronce.

Que pagarme en fin no quieras

la obligación que me debes?

Soy pobre, y no pago deudas.

Pues aunque más me aborrezcas,

mi amor sabrá a tus desaires,

reconvenir con finezas.

Haz tu alla lo que quisieres,

y vete, porque no vuelva

mi padre. . Sin alma voy!

Qué desdicha . Que violencia.

Que enfado. Qué grosería.

Qué ingratitud. . Que fineza.

Denme venganza los cielos.

Denme los cielos paciencia.

Tomen aquí. Reinas mías,

ejemplo, paraque sean

finas con estos señores,

mal haya quien no los quema.

Jornada 2

Pag. 2

JORNADA SEGUNDA

Ya en Madrid, señora, estamos,

centro, y lustre de Castilla,

y a su heroica maravilla.

tres días ha que llegamos:

Ya estás en la Corte en fin,

deja por Dios la tristeza,

mira esta pompa, y grandeza,

mira esta calle. . Martín;

como quieres, hado infiel,

cuando yo sigo otro Norte,

que haga reparo en la Corte,

quién tiene el alma en Argel?

Ya mi esperanza murió,

ya en nada placer recibo,

que estando Carlos cautivo,

cómo he de estar libre yo?

Qué así te quieras matar?

Di, cómo en Argél se hallaba?

Cuando me vine quedaba

muy cerca de renegar.

Que daba bueno?

En rigor,

él es honrado póbrete,

si le vieras con bonete,

se te quitara el amor.

Pasalo bien? . Son escasas

las ganas de un Abestruz

con el porque al alcuzcuz

se va como Moro a pasas.

Dime, Martín, se acordó

de mí? . Por Dios, que eres lerda

el otro? ya no se acuerda

del padre que le engendró,

el es Moro en conclusión.

Con rabia a escucharte vengo

Si más con él me detengo,

me convierte al cancatrón.

Deja las blurlas, Martín.

Pues digo, que bien te acuerda

de aquella muerte que hizo

en Toledo. . Y que por ella

ambrón

le llevaron, por más señas,

que yendo a verle, encontre,

Martín, a su padre en ella,

y pensando ser su Alcaide,

le dije engañada, y necia,

que era su mujer. . Y en fin,

que a diez años le condenan

de un presidio, y que salimos

de Toledo con gran priesa

a cumplirle, que aunque nunca

conmigo habló la sentencia,

quise seguira mi amo,

que soy la cayo de prendas,

y me prendí, sin tener

parte alguna en la pendencia.

Que pasados muchos días,

a su padre vino nueva

de su cautiverio, el cual

con el ahogo, y la pena

murió en Toledo, tan pobre,

que de limósnale entierran

sus parientes, y que yo

al mismo dolor muriera,

si para mayores males,

no me guardara mi estrella.

En un navio Holandes

nos embarcamos, y apenas

al mar le dimos un día

las esperanzas, y velas,

cuando tres bajeles Turcos

nos dan caza, y nos apresan,

y en Argel dan con nosotros,

con algázara, y con fiesta,

El que le tocó a miamo,

un galgo del diablo era,

que olió que era noble Carlos,

porque era perro de muestra.

Si bien la nobleza en todos

se reconoce por fuera,

y al tratar de su rescate,

con Alarbe desvergüenza

le pidió dos mil ducados,

dándole un año en que pueda

traer a Argel surescate,

pena de mazmorra eterna.

Y viendo que por mi nadie

llegó a dar dos verenjenas,

porque mis pies, y mi talle

dicen a cuarenta leguas,

que soy hombre bajo: el Moro

me dio, señora, licencia

para venir a tratar

de su rescate a su tierra.

En un bergantín me embarco,

llego a Toledo, entro en ella,

voy como un rayo a tu casa,

doite del suceso cuenta,

vendes tus pobres alhajas,

el aljófar, las joyuelas,

y sortijas que tenías,

que ganaste a la tarea

de tu labor: que de todo

hiciste, Isabel, apenas

seiscientos ducados, y

viendo lo mucho que resta

hasta dos mil, te aconsejo,

que a Madrid conmigo vengas

a pedir para el rescate

de Carlos, pues ya no queda

otro remedio, y tenemos

sacada ya la licencia.

Lleas en fin a esta Corte,

y en la posada te apeas,

que cay en frente de Carmen,

y pues eres forastera,

y nadie aquí te conoce,

no hay si no echar la verauenza

a un lado, y clamar a todos

con voz triste, y lástimera,

que no faltará un tullido,

de quien el chillido aprendas;

y aqueste el suceso es,

contado al pie de la letra.

Mira, Martín, por mi esposo

no hay cosa que con paciencia

no llevara, ni trabajo

a que yo no me expusiera

por su libertad; el cielo

sabe que es verdad aquesta,

pues por él dejé mi casa,

y por él vendí mi hacienda;

pero a cuento del pedir,

Martín, es

para mí una cuesta

tan agria y dificultosa,

que aun de imaginarla tiembla

toda el alma.

Vive Cristo,

que ya eso [ilegible] ,

pues al lugar has venido

donde, si [ilegible] se llega

y algo pregunta a una dama

para [ilegible] la respuesta...

¿Qué quieres? No puedo más.

Por pedir estas finezas

pedían la limosna niños,

estando sanos y buenos;

y yo me he librado de muchas

solo con llamarlas viejas;

que para el veneno suyo

es esta la contrayerba.

Pues baste con eso.

No,

[ilegible]

Yo no he de pedir, Martín.

[ilegible]

[ilegible]

no he de ser yo quien te [ilegible] ,

que la libertad de Carlos

está en tu mano; pues dejas

de pedir los [ilegible] ,

al hospital ningún [ilegible]

y Carlos a Tetuán.

Mira que es gran deshonra

hoy en Madrid, la calle

mayor, donde están llenas

de príncipes y señores,

[ilegible]

te pudieran sacar de pobre,

y no digo que no tengas

vergüenza; mas a dos cosas

que sea poca la vergüenza.

Llegaste ayer a la reja

del jardín de Alba, que alegra

mejor la corte que el sol,

cuando sus rayos franquean

y un invicto Condestable,

Atlante de tanta esfera,

no les quisiste pedir,

ni tampoco en la carrera

del Prado al conde [ilegible] ,

y dijéronme después

que tenía más escudos

que timbres las armas muestran.

Venía en una carroza

el grande duque de Feria,

y como de los Figueroas

y Suárez Isabel fue nieta,

que le dejaste pasar.

No vi el marqués de la Puebla,

dama de ánimo tan noble,

que trae su clara ascendencia

del tronco real de Navarra,

con el gran duque de Béjar,

su hermano; y no le pediste,

ni al Enrique de Cabrera,

a quien Castilla y sus mares

por su almirante celebran,

y a sus reales armas postran

sus torres y sus almenas;

pues si no pides a estos,

¿a qué hemos venido, necia?

Al punto [ilegible] ,

Martín, de matarme deja;

al menos el honor puedo.

Con eso el diablo me lleva,

pues gente de toda broza

aun que los canses y muelas,

¿qué nos han de dar? Ochavos.

Soy corta.

Pues no lo seas;

mira por nuestro Dios,

que ya estamos en la Puerta

de Guadalajara, alza tú

de tu parte lo que puedas

y obre Dios.

No he visto tanta

gente en mi vida.

Las ferias

de Madrid son celebradas

en el mundo.

¿Qué hay en ellas?

Pimientos, ajos, calderas,

cebollas, palas y espuertas.

Buenas alhajas.

Aguarda,

que va un caballero apriesa,

un galán; y hacia aquí viene.

Pues, ¿qué le he de hacer?

Esa es buena;

almíbar [ilegible] ,

[ilegible] la boca jalea,

dale con el cariño,

y lo que viniere venga.

Por ti lo haré.

Pues ahí la

limosna por Dios allega.

Hola, Celedonio, el caballo

junto a esa primera tienda.

Suplico a vuestra merced

que limosna me conceda

para mi esposo cautivo.

¿Dónde?

En Argel.

¡Qué bella!

¿Cómo cautivo?

Saliendo

de Orán en una refriega

que tuvieron con los moros.

El caballero...

Y de prendas.

¿Qué cuesta?

Dos mil ducados.

Gran rescate.

Eso me inquieta.

¿Cómo se llama?

Don Carlos.

¿De dónde sois?

Linda flema.

De Toledo soy, señor.

Hermosa ciudad.

Bella.

Dios os provea, señora;

hola, ese caballo llega.

[ilegible]

antes que te hiciera buñuelos.

¿Qué dices de esto, Martín?

Después de una hora de arenga,

toda la labia paró

en el «Dios os provea».

[ilegible] un hombre de porte.

Hay mil sabandijas de estas

en la corte, entremetidos,

que [ilegible] criados llevan

los matan de hambre en su casa

y en la calle los ostentan.

No es esto gusto, Martín,

para mí.

Detente, espera,

que con dos hermosas damas

viene un galán.

Por mi cuenta

hará lo mismo que el otro.

Este de pura vergüenza

te ha de dar cincuenta escudos.

Yo pido, no los [ilegible] .

Adivinando, con mujeres

dan por vanagloria [ilegible] .

¿Y dónde en efecto vamos?

A una famosa comedia

que representa Escamilla.

¿El título se os acuerda?

El postrer duelo de España.

Todas su autor las acierta,

que es don Pedro Calderón,

y España sin competencia,

por su ingenio y por su [ilegible] ,

justamente le venera.

Suplico a vuestras mercedes

que limosna darme quieran

para ayuda a libertar

mi esposo.

En mi vida, Elena,

vi cara tan peregrina.

Si los rayos y las flechas

de esos ojos le aprisionan,

¿quién ha de tener hacienda

para rescatarle?

Ya

el mendicantillo empieza.

De que estos señores gallos

son vicio? usted se detenga,

mire que está allí mi hermano.

2. Siendo de amor las ofensas,

merecen perdón, tomad.

Pagueoslo Dios. . qué belleza!

Confieso que su hermosura

bien envidiosa me deja. .

Qué te ha dado?

Dos de aocho,

pero vino con muletas

la tal limosna; porque

si por las damas no fuera,

no nos diera el tal señor

un marabedí. . otro llega.

Di que le espero en Palacio.

Sin duda este te remedia.

Para un cautivo, señor.

Que anden ociosas bellezas

con estas flores? mal haya

quien no os mete en la galera. .

Ostepuro. . Aquesto es hecho,

si por pedir más me hicieran

Reina del mundo, Martín,

no he de hacerlo.

Aguarda espera,

que voy. . Adónde?

No más,

que a cortarle las orejas.

Mejor remedio he pensado,

sígueme. . Qué es lo que intentas?

o tengo, Martín, un tío

en Indias con mucha hacienda,

que es hermano de mi padre,

pues sabe que tuve nueva

en este aviso pasado,

con carta, en que me da cuenta

de que viene en esta Flota,

que ya por puntos se espera.

Alquila para Sevilla

un coche, que si mi estrella

no lo desvanece, es cierto

(contándole mi tragedia,

que ha de remediarme. . Voy

volando a hacer lo que ordenas,

Vamos, Martín; ciego amor,

pues tantas ansias me cuestas,

tantos trabajos, y tantas

necesidades, y afrentas,

como permitas que libre

a mi dulce esposo vea,

no solo perdonaré

tus iras, y tus violencias,

sino que pondré en tus aras

toda el alma por ofrenda

Grestiano, mirar que agora

ha de bájar al jardín

Celima, hija de Celín,

que estar muy gallarda Mora,

por eso el horta regalde?

pos ven poder estar vano

de ser bosaace artelano?

Amigo Hamete, no en balde

mi buena fortuna alabo,

ya que la mejor perdí,

de que me trujese aquí

a ser de Celín esclavo;

porque en fin es Duan de Argel,

y de su Rey muy valido.

Tu estar de él favorecido?

Con nadie es Celín cruel,

y a mi en efeto me estima

por atento, y puntual,

y también porque leal

sirvo a su hija Celima.

Celima mocho quererte,

tener al verte alegría;

hola, no hacer begardía,

y estar con el ojo alerte:

y juntamente merar,

que ser Zara mi mojer,

la fruta, al punto empalar.

Y tú en mojer no creelde,

que en dándole un golpecilio,

caemos de colodrillo,

y hacemos el que querelde.

La que es honesta mujer,

es firme roca en el mar.

En Ala solo esperar,

y no esperar en mujer,

porque ser la más feroz

acá Galiega también,

servimos seis anios bien,

y al postre damos el coz.

Déjame a solas, y vete,

que me falta porregar

un plantel. . A Dios quedar,

que no embarázar Hamere.

Sin duda, ay de mí! sin duda

que fue castigo del cielo

el cautiverio que lloro,

pues libre, obstinado, y ciego

por la campaña del vicio

bruto corri tan sin freno.

Que en mi sinrazón por uso,

repetidos los excesos,

se hizo el delito costumbre,

y naturaleza el verro;

Válgame Dios! si Ilabel

en tan infeliz destierro

se acordará de mis males?

Que soy su esposo confieso

mas si la tengo ofendida,

como de ella esperar puedo

memoria alguna, si al paso

que arrastro cadenas preso,

el la ofendida, y quejosa

de mis ingratos desprecios,

dará su amor al olvido?

Ay dulce adorado dueño!

perdona mis desvaríos,

que si ha verte otra vez vuelvo,

yo enmendaré mi ignorancia

desuerte, que el escarmiento

sea aplauso de tus ojos,

que aunque se dilate el tiempo,

soy tu esposo, y nunca llega

tarde el arrepentimiento.

Con permisión de Celín

he remitido a Toledo

a Martín, por ver si puede

entre parientes, y deudos

juntar para mi rescate

aquel señalado precio,

que tuviera por seguro,

a no ser mi padre muerto,

según noticia he tenido:

con que faltando este medio,

crece mi desconfianza

desuerte, ay de mí! qué tengo

de mi libertad agora

por imposible el remedio.

Mas ya que en tantas desdichas

no me queda otro consuelo;

sino el llorar, ojos míos,

dadme socorro, y lloremos.

Aquí ha de estar; mas que miro?

que triste está, y qué suspenso!

nunca le vi tan confuso:

que con tan notable extremo

Celima quiera a este esclavo!

y que no baste mi ruego,

por más que insiste, a apartarla

de tan loco pensamiento!

lo que una pasión arrastra!

amigo Carlos, qué es esto?

tú te enterneces? tu lloras?

un hombre de tanto esfuerzo,

que dicen que allá en España

es noble, a tan vil afecto

se ha de rendir?

No es rendirme,

que este fue Zara, un acuerdo

de una pasada memoria,

que fue ilusión, sombra, y sueño.

Advierte, que mi señora

quiere hablarte, y de este ameno

sitio ordena que no salgas.

El aviso te agradezco,

porque con extraño aliño,

allí prevenidas tengo

unas flores, que ofrecerle,

por indicios, por obsequio

de mi atención, y cuidado.

Ve por ellas, y ven presto,

porque llega ya Celima.

Solo agradarla pretendo,

pues de sus nobles piedades

soy dos veces prisionero

Adivertir sus tristezas,

Celima al jardín salió,

y las flores dicen que es

linda flor.

Aún la tristeza es alegre

la dicen viniendo vos,

que amanece por la tarde

nuevo Sol.

De Celima las tristezas alegres son

pues con verla adquieren las flore

fragancia, y color.

En vano intentáis templar

con la música el tormento,

que mi corazón aflije,

si es incapaz de remedio,

idos todos, y dejadme.

Humildes, te obedecemos.

Ya estamos solas, di agora

tu pena, y tus sentimientos.

Has de saber, Zara mía,

pues no ignoras mis secretos,

que a este jardín hebajado

solamente con intento

de declararme con Carlos,

que aunque me riña el respeto

este arrojó por indigno,

del amor los privilegios

suben derogar las leyes,

porque estando una vez ciego,

sea en pechos fe méniles,

o sea en heroicos pechos,

para obrar sus calidades,

no diferencia sujetos.

Así es verdad, mas advierte,

que estando tu casamiento

por tu padre ya ajustado

con Fatiman, es empeño

en que el honor aventuras,

Yo para esposo pretendo

a Carlos, pues siendo noble,

y reduciéndose a nuestro

Alcorán, no era difícil

el venir mi padre en ello,

por lo mucho que me estima,

y también por el aprecio

que hacemos de los Cristianos,

que dejan su ley. . Primero

es menester que repares,

que Fatiman es discreto,

afable, rico, y galán,

y que no merece menos

que Carlos, que en fin te adora.

Qué importa, si no le quiero?

Si en eso das, no réplico:

poco la obliga mi ruego, .

y en vano de Fatiman

hago las partes, supuesto

que no me aprovecha nada:

ello no tiene remedio.

Mira si parece Carlos.

Ya prevenido le tengo.

Estas flores, que el Aurora

matizó de aljófar bello,

y en verde olorosa cuna

meció el Fabonio alagueño;

este rizo airon de nacar,

si no florido Lucero

que en ruedas de ambar despliega

su cármesi pompa al viento.

Estas en fin rojas luces,

o aromas blandas de Venus,

que en el carbón de esmeralda

por pastillas se encendieron,

Celima hermosa, por triunfo

de mi humilde rendimiento,

para que tulas des vida,

hoy se rinden a tu imperio.

Desde que a tu cargo están

estos jardines, es cierto

que le han mejorado mucho,

A los ojos de su dueño

deben el ser, pues los miras.

Cómo te va en su grosero

ejercicio, porque juzgo

que en él estaras violento?

Viendo que tú me le has dado,

es apacible su empleo.

El mejorar de fortuna

en tu mano está. . No veo

modo por donde un esclavo

pueda ser más. . Solosiendo

agradecido. . Dicomo,

que agora la alcanzo menos.

Una Mora noble, a quien

yo como mí misma quiero,

inclinada a tu persona;

te quiere hacer feliz dueño

de su hermosura, trocando,

en dicha tu cautiverio.

Y si con ella te casas,

obligando sus deseos,

serás dichoso gozando

los herorcos privilegios

que aquí tienen los Cristianos,

que dejan su ley. . No quiero

con tu hermosura enojarme,

pero si por pasatiempo

lo dices, ten entendido,

que si todo el universo

viera a mis plantas postrado,

dándo me Corona, y Cetro

como a su Rey, no dejara

la ley, que adoro, y profeso.

Pues como el que es noble así

paga un amor con desprecios?

Disimular aquí importa,

no se quién es el sujeto,

ni que pueda responderte.

Haz cuenta que la estás viendo,

porque es mi propio retrato,

sin distinción

Ella es cielos! .

si digo que es imposible,

porque soy casado, a riesgo

pongo mi vida, y rescate;

pues desairando su ruego,

puedo irritar su venganza;

que he de hacer? válgame el cielo

Qué dices? no me respondes?

No te admire mi silencio,

ya ves el grande peligro;

pero después hablaremos,

que viene Celín tu padre.

Amor, ayuda mi intento,

Oh cuanto estimo, Celima,

hallarte en aqueste ameno

silio, donde tus tristezas

templen el rigor violento.

Carlos, tú aquí?

Si señor,

yo le llame, porque tengo

particular gusto en que

divierta el cansado peso

de mi dolor, con las varias

novedades, y sucesos,

que de su patria me cuenta,

que es discreto; y te prometo,

que me hallo más aliviada.

Hija, infínito me huelgo:

no lo perderás conmigo,

Carlos, con razón te tengo

inclinación, mira mucho

por agradar a tu dueño.

Solo servirte procuro.

Fátiman, con quien ya tengo

hija ajustadas tus bodas,

intentaverte, sabiendo

que estás aquí; por tu vida

que con semblante alagueño

le agasajes, pues ya ves

que estriba en esto el acierto

de mi gusto, y tu fortuna,

llega, Fátiman, que habiendo.

de ser de Celima esposo,

ya todos los cumplimientos

estén demás: yo me voy

por no estorbar los afectos

de vuestro amor, que entre amantes

siempre embarazan los viejos, .

No vengo, hermosa Celima,

a ver tu divino cielo

para aliviar mis pesares,

si para templar tu ceño.

Mal se acredita de fino,

Fatiman, quien de un tormento

extraña el rigor; permite

que se mitigue el exceso

de mi enfermedad penosa,

que por agora no puedo

decir más; yo me retiro,

que estando un mal de por medio,

ni puede hacer más mi amor,

ni mi tristeza obrar menos,

ven Zara.

Tus plantas sigo. .

Cobre mi esperanza aliento.

En grande riesgo estoy.

Carlos,

detente, escucha. . Ya atiendo.

Para obligar a Celima

he de buscar cuantos medios

puede prevenir la industria,

y bien fundo lo que emprendo.

Qué me ordenas?

Yo he sabido,

que hace de ti grande aprecio

Celima, y que de su casa

está a su cargo el manejo.

Es verdad; no sabes tú

lo mucho que yo la debo!

Los Cristianos tenéis gracia

de persuadir con ingenio.

Pues bien, que es lo que procuras

Lo que en cargarte pretendo

es, pues hablas con Celima,

que la digas mis afectos,

mis ansias, y mis suspiros,

que si con sigues con esto

la brevedad de mis bodas,

darte libertad ofrezco,

y ser tu amigo. . Tú eliges,

Fatiman, muy buen tercero.

Tú has de ser, Carlos, mi norte

Si ella se mueve a mi ruego,

segura tienes tu dicha,

pues más que tú la deseo.

Por qué? . Por mi libertad.

Yo Carlos te la prometo:

sin duda que este Cristiano .

le trujo a esta casa el cielo

para remediar mis males.

Deja a mi cargo el empeño,

y a Dios, Fatiman. . Yo voy

con mi esperanza contento.

Ainecio lo que te cansas.

Ay Carlos lo que te debo. .

Deja esa continua queja,

que rostro, y color te acaba

niña, que si das en brava,

ados días te harás vieja.

Desde que entraste en Sevilla,

y a mi posada veniste,

andas afligida, y triste,

tu pena me maravilla.

Que sucesos tan extranos

te causan tales enojos?

tu llanto con esos ojos?

tupesar con esos años?

Anda, bobilla, repara

tu hermosura, y con sidera,

que traes siendo forastera,

tu remedio con tu cara.

Mira, si de mí te fías,

y el pesar que te maltrata

se remedia con la plata,

yo te haré de oro en dos días.

Declarate, y esto sea

sin consumirte, ni ajarte,

que no podré remediarte,

niña, si te pones fea.

Yo soy, señora Lucia,

una mujer principal,

que fiada en el caudal

de un pariente, que venía

en la Flota (ado cruel!)

a esta Ciudad he venido

a rescatar mi marido,

que está cautivo en Argel,

y hoy tuve noticia yo

de que conviolencia grave

el mar zozobró en su nave,

y mi río se anegó.

Con que sin remedio quedo

en trance tan riguroso,

de rescatar a mi espolo,

ni de volver a Toledo.

Veo si es justo, que me aflija

de verme en tan grave pena

sola pobre, en tierra ajena,

sin saber que hacerme? . Hija,

trabajos son testimonio

de una paciencia Cristiana,

haz que le digan mañana

una Misa a San Antonio,

y arrímate a mí, cuitada,

que si apacible, y cortés

eres mi púpila un mes,

saldrás muy acomodada,

y no serás la primera.

La huéspeda en conclusión

se pone sin devoción

el habito de tercera.

Ay aquí unos mercaderes

finos, secretos, y mudos,

que saben dar cien escudos

de una vez para alfileres.

Hay cargadores, que valan

por mujeres como tú,

y dándoles un Perú,

no estorban cuando regalan.

Y si quisieres sin susto

tener en Sevilla a pasto

muchos ricos para el gasto,

muchos lindos para el gusto.

Viniendo contenta, y rica,

sin que se llegue a entender,

aquí puedes escoger

de todo, como en Bótica.

La Lucia es muy discreta,

y al escucharla imagino

que Lutero, ni Calvino

explicó mejor su será.

Cómo grosera, atrevida,

hablas de aquesta manera

a una mujer de mi esfera?

Y como estando ofendida,

siendo instrumento mis brazos,

de mi cólera, y mi furia,

en venganza de esta injuria,

no te hago dos mil pedazos?

Vete de mi vista. . Hay tal?

muchacha, airosa, bonita,

honradita, y pobrecita,

sujeto eres de Hospital.

Vete. . No saldrás bovilla,

si así la honra te aprieta,

de guardapies de baieta,

y monillo de rasilla.

Y puesto, que en eso ha dado

tu capticho peregrino,

voy a buscar mi vecino

Don Fernando de Albarado,

que es un noble Caballero,

que tiene en esta Ciudad

hacienda, y autoridad,

y darle respuesta quiero

de una esclava que antiyer

me dijo, que le buscara,

que quiere comprarla para

gobernar, y disponer

su familia, y a fe mía

que no tendrá suerte escasa

la que viniere a su casa.

Diga, señora Lucia,

ha estado ese Caballero

en Toledo? . Yo imagino,

que ha un año que de allá vino.

Este es aquel forastero,

que a visitar a Violante

con aquel Don Juan entró,

a quien Don Carlos mató

por la rifa del diamante.

Conócesle? . He presumido

que le vi en Toledo. . Es

muy generoso, y cortés,

ha si hubieras permitido,

muchacha, a este Caballero,

que te viera, y festejara,

que liberal te sacara

de pobre? pero no quiero

ser contigo más prolija,

a verle voy, mira en tanto

si has de proseguir el llanto,

o has de consolarte, hija.

Hay tal mujer? por San Pito

que al escucharla, y al bella

fue Celestina con ella

una niña del Lórito.

Pero Isabel se ha quedado

pensativa, y elevada,

la mujer está arrobada;

si es santa, y lo había callado?

No se mueve al parecer;

que honestamente procura

suspender en su hermosura

sus penas. . Esto ha de ser:

ay Carlos! la ceguedad

con que mi pecho te adora,

pues por ti aventuro agora,

vida, honor, y libertad,

Y a nadie cause extrañeza

lo que me viere emprender,

pues por mi esposo he de haces

la más heroica fineza,

Martín.

Señora. . Ya ves

de mi fortuna el estado,

que mi tío me ha faltado,

y que ya imposible es

el y escatar mi esposo.

Todo señora lo he visto,

En vano el llanto resisto:

pues oye el más prodigioso

afecto de amor, que aquí

pudo caber en mujer;

yo me tengo de vender

por Carlos? . Estás en ti?

A ese Don Fernando intento,

que me lleves advertido,

y con un yerro fingido,

ay de mí! si le contento

pues es rico, y generoso

por mí ha de dar (suerte avara!)

lo que nos faltare para

el rescate de mi esposo.

Mira, señora. . Es en vano

replicarme, porque soy

mujer, y resuelta estoy.

Mira que es caso inhumano,

que sin prevenir el fin,

te valgas de aquese medio.

Ya no tengo otro remedio,

no me aconsejes Martín.

Hay tan grande voberia?

tu rostro quieres errar?

Pues qué he de hacer?

Qué? tomar

los consejos de Lucía,

Vamos, Martín.

Voy volando

a servirte, porque eres

corona de las mujeres.

Conócete Don Fernando?

En Toledo me vio un día

de paso, mas yo he pensado

ir haberle disfrazado.

Ay Carlos del alma mía!

qué importa en tan dura suerte

que me haya resuelto aquí

a ser esclava por ti,

si es mayor Argel no verte?

Déjame morir, Florencio,

que esta pasión con que vivo,

ni me quita la memoria,

ni me permite el olvido.

Hay peregrina Isabel!

hay bello imposible mío!

nunca yo fuera a Toledo,

nunca en tus ojos Divinos

hallara, ay de mil la muerte,

cuando un rayo sin aviso,

un riesgo sin prevención,

un acaso sin motivo,

alberte fueron tan presto

tiranos de mi albedrío,

que entre el verte, y adorarte

no tuvo elección mi arbitrio:

mas cuando a los desdichados

les avisan los peligros?

muerto estoy.

Señor advierte,

que si tan grave delirio

no templas, has de perder

la vida, el honor, y el juicio.

Que necio estás, yo tomara

ser loco, hacer desatinos,

como al punto me llevaran

a Toledo, y mi cariño

viera Ilabel; mas si sabes,

que desde el instante mismo

que dio la muerte Don Carlos

a Don Juan mi grande amigo,

por cuya causa, de Horan

a diez años de presidió

le condenó la justicia,

y Jlabel no ha parecido,

ni se sabe donde está,

y sola una vez la he visto;

como he de poder, Florencio,

templar el incendio activo

que me abrasa, cuando estoy

desesperado, y corrido

de querer a quien ignora

mi amor, mi fe, mi cariño;

y tan ciego, que no tengo

esperanza, ni camino

para saber de Isabel?

Según eso, tu capricho

sigue un imposible?

Yo

sé que si la hubieras visto

disculparas mi locura.

i.

Mas a la puerta he sentido

qué llaman, mira quien es.

Loado sea Jesucristo.

Qué mandáis?

A Don Fernando

de Albarado solicito

hablar con vuestra licencia.

Allile tenéis, amigo,

llegad.

Señor Don Fernando,

dalde la mano al más chico

criado de vuestra casa.

Antes que os hable, es preciso

saber quien sois, que no quiero

ser con vos descomedido,

faltando a la cortesía

que merecéis.

Señor mío,

yo soy Juanetín Estrocí,

que de los Estrocisfinos,

clarísimos de Venecia

traigo mi abolorio antiguo

por la línea de mi padre.

Y por mi sobrino

soy de Guistermo Brancacho,

un Cargador noble, y rico,

Parmesano de nación,

que en Cadiz murió de un chirlo

que le dieron en la gorja,

tirándole al frontispicio.

Rara figura es el hombre!

El sujeto es peregrino!

no conocí aquese hidalgo,

mas ya en vos he conocido

lo que debo hacer; Florencio

llega sillas.

No conmigo

useis tales cumplimientos,

que yo soy poco prolijo,

y no nisito de asiento.

Has, Florencio, lo que digo;

sentaos, y decid agora

que me mandáis.

Yo he venido,

traído de una noticias

que a Cadiz llegó el Domingo,

de que buscáis una esclava.

Verdad es que sonicito

comprar una, de quien pueda

fiar el peso, y servicio

de mi casa, y de mi hacienda,

Y si es como yo la pido.

no repararé en el precio.

Sabed pues, que mi buen tío,

entre las muchas alhajas

de valor, y de capricho,

que quedaron por su muerte,

dejó una Mora, que fío

que os agrade; mas no quiero,

si retórico os la pinto,

que en mí el encarecimiento

pase plaza de artificio,

y así la veréis primero.

Bárbara.

Señor.

Qué miro!

en toda mi vida vi

retrato tan parecido

de Ilavel; este es milagro

que naturaleza hizo.

Besa los pies al señor

Don Fernando, que imagino,

que presto ha de ser tu dueño

Ya postrada solicito,

que en su amparo mi obediene

logre un bien tan excesivo,

como ser esclava suya.

Más cada instante me admiro

(ay fortuna más extraña!

alza, Bárbara, yo estimo

tu humildad; y como sea

a turostro parecido

el buencelo de servirme,

desde luego me confirmo

por satisfecho, y podrás

del buen tratamiento mío

fiar tus aumentos; cielos,

ella ha de quedar conmigo,

aunque me cueste mi hacienda.

Yo a vuestra casa he venido

con muy buena voluntad,

y de mi fe os cerrifico,

que en fuerza de mi cuidado,

mi lealtad, y mis servicios

con el tiempo he de lograr

de vuestro pecho benigno

la libertad de mi dueño. .

Y lo hará como lo ha dicho,

porque la muchacha es

una cendra, un torbellino

en revolver una casa.

Cuanto pidáis por el pico

de guisados, y conservas

sabe hacer por esquisitos

que sean; y en un instante,

con presteza, y con aliño

os dará un carnero verde,

un asado, y un cocido,

un pepian, un estofado,

un gígote, un picadillo,

un pastelón, un relleno,

un menudo, un revoltillo

de manos, y de cuajares,

tan sazonado, y tan limpio,

que sin escrúpulo pueda

(mascándolo a dos carrillos)

comerlo el Persa, el Polaco,

el Sueco, y el Palatino.

Qué sabe más?

Mil labores,

y en cuanto a bordar, no hizo

la sabia naturaleza

primores tan peregrinos,

que no imite con sus manos;

pues con la seda, y el hilo

en el bastidor, y el lienzo,

con propiedad, y artificio

dibuja perros, leones,

caballos, monas, cochinos,

liebres, conejos, lagartos,

lobos, ciervos, y maridos.

Y aquestas habilidades,

sin otras que no repito,

de bolsos, y vigoteras,

pastillas, dulces, y vidrios

de jalea, de perada,

de duraznos, y membrillos

las aprendió en un Convento;

porque aunque es Mora, os afirmo

que ha sido Monja tres años

en Meca.

Qué desatinos!

él ha de hecharme a perder:

verdad es que yo he aprendido

algunas curiosidades

de manos, que a vuestro aliño

sirvan, y a vuestro regalo.

Si aderezas mis vestidos,

y mi ropa blanca, creo

que andaré curioso, y limpio

con tú aseo, y tu cuidado.

Y pues ya me detérmino

a ser de Bárbara dueño,

decid el precio.

Excesivo

os parecerá; porque

ha de costaros.

Decildo.

Mil ducados.

Mil ducados?

(solo por haberla visto

hubiera dado dos mí!)

es un precio muy indigno

de lo que Bárbara vale.

Y a pedírmelo al principio

doblado os le hubiera dado.

Si yo lo hubiera sabido

no lo dejara por corto:

el Fernando está perdido.

hay bobazo que te clavas.

Venid hidalgo conmigo,

llevaréis vuestro dinero:

ven Bárbara.

Ya te sigo.

Amor, aunque me has negado

el original Divino

de Isabel, con su retrato

me dejas contento, y rico.

Amor, por esclava tura.

quedo; si los hierros míos

pueden obligarte, saca

a mi esposo de cautivo.

Que si tu piedad me ampara.

Que si ayudas mis disignios.

Será mi esclava mi dueño.

Hallare mi bien perdido.

Qué hermosura!

Qué fineza!

Que tierno, que derretido

la mira el mozo les morlaco,

y amor le ha dado en lo vivo.

Y no es mucho que Isabel,

con sus ojuelos dorminos;

con su boca de jalea,

y con su hierro postizo,

le eche de clavo a contado

los mil en que se ha vendido,

Jornada 3

Pag. 3

JORNADA TERCERA

De oírte, señor, me espanto.

Esto de pasarme acaba

Esposible que una esclava

pueda resistirse tanto?

que dadivas puedan poco?

No vi tal mujer jamás!

Perdido, señor estás.

Ay Florencio! yo estoy loco,

nunca a mi casa viniera,

nunca a Bárbara comprara.

Pues yo, si esto no bastara,

de la fuerza me valiera.

Si ese remedio procura

intentar mi ceguedad,

se pone su honestidad

al paso de mi locura.

Para vencer el decoro

de esta invencible mujer

no tiene fuerza el poder,

ni quilates tiene el oro.

Y así buscar he querido

remedio a penas tan graves.

Qué intentas hacer?

Ya sabes,

que a esta quinta me he venido;

que de Sevilla estará

una legua, y mi cuidado

a Bárbara le ha mandado,

que venga tambien acá

a aderezar una pieza

en que dormir determino,

ya que no hallo otro camino

para rendir su aspereza;

que en las mujeres que son

de la condición que ves,

lo que no hace el interés,

suele vencer la ocasión.

Mira si ha venido, y luego,

Florencio, en viendo la entrar

puedes la puerta cerrar.

Ya te obedezco. .

Amor ciego;

concédele a mi dolor,

pues ves que a su cuenta vivo

que ablande el rigor activo

de Bárbara, y que.

Señor,

Florencio me dijo agora,

que me llamas.

Es así,

cuando amaneció, ay de mí! .

con tanta luz el Aurora?

Ya está todo aderezado;

pero me tiene afligida

ver que para tú comida

no hay en la quinta un criado,

hasta Florencio se fue

al punto que me llamó.

Pues eso te aflije? yo,

Bárbara, se lo mande.

No estoy bueno, y he querido

referirte mi dolor.

Si eso te alivia, señor,

fácil el remedio ha sido:

aquí estoy.

Beber quisiera

un poco de agua, hay aleve!

Yo te la traire de nieve.

Aguarda, Bárbara, espera,

que vas a cansarte en vano,

Por qué?

Porque mis antojos

tienen la sed en los ojos,

y está la nieve en tu mano,

Señor, yo, si mi decoro,

quien se vio en desdicha igual! .

Bárbara, tú eres mi mal,

pues nace de que te adoro;

y ya que imposible ha sido

obligarte mi cuidado,

amante, y desesperado

de esta ocasión me he valido.

Ciego de verte quedé,

y aliviar mis penas trato,

que eres un vivo retrato

de una Isavel que miré

en Toledo por mi mal,

ya que quiere el cielo airado

que sea esquivo el traslado,

437

como fue el original.

Honor, primero soy yo,

el valor importa aquí:

que en fin estas ciego?

Sí.

Y que no hay remedio?

No,

aquese hierro ha causado

el yerro que emprendo aquí.

Es esa la causa?

Sí.

Pues ya el hierro me he quitado,

Qué miro? duda cruel!

Una verdad, que informó

que no soy Bárbara yo.

Pues quién eres?

Isabel.

Pues dí, yo pierdo el sentido?

a que fin, ay de mi triste!

por esclava te vendiste?

Todo el amor lo ha emprendido,

Más aumentas mis desvelos.

Cesarán con escucharme.

Y es buen modo de obligarme,

obligarme a tener celos?

Cómo me atiendas aquí,

disculpa mi amor tendrá,

que un marido no los da.

Luego eres casada?

Sí.

Con quién di? saber espero,

de quien se obligo tu se.

Don Carlos de Vargas fue.

Conozco a ese Caballero,

por señas que fui testigo

de que preso a Hhoran salió,

porque en a oledo mató

a Don Juan, mi grande amigo,

En todo, señor, estás.

Que mucho, si perdí el seso,

pues desde aqueste suceso

no te vi en Toledo más.

Pues sabe, pena cruel!

que un criado, que de España

salió con él, es el mismo

que aquí me trujo a tu casa.

Vino haberme, con la nueva

de que cautivo quedaba

en Argel, y que pedían

dos mil ducados de talla

por su rescate; yo enronces

sin ser, sin vida, sin alma,

muy muerta para el suceso,

muy viva para las ansias,

lo más aprisa que pude

vendí mis pobres alhajas,

que para el rescate suyo

importaron poco, o nada.

Referirte, de mi histotia

los sucesos, las de gracias,

las fortunas, las desdichas,

fuera, señor, cosa larga.

Baste que llegué a Sevilla,

donde oyendo que buscabas

una esclava, por mi esposo

hice la acción más extraña,

la más heroica fineza,

la prueba de amor más rara

que intentó mujer, bien pueden

callar Griegas, y Romanas.

Por esclava me compraste,

en el precio que faltaba

para el rescate de Carlos,

que aunque con desdenes paga

el mucho amor que le tengo,

ser ya mi marido basta.

Y sabe el cielo, señor,

que lo que más siente el alma,

es conocer tus finezas,

siendo imposible pagarlas.

Esta es, Fernando, mi historia,

este el dolor que me acaba,

esta la pena que siento,

rendida estoy a tus plantas.

Si lágrimas, si suspiros,

afectos, ternezas, ansias

bastan para merecer,

que violencia no le hagas

a una infelice mujer,

que de tu piedad se ampara,

por noble, por Caballero,

en quien miro prendas tantas,

esta merced te suplico;

que siendo así, vida, y alma,

ser, potencias, y sentidos

serán cadenas, que hagan

eterna mi esclavitud,

que en fortunas tan contrarias,

es lo que puede ofrecerte

una mujer desdichada.

Levanta, llavel, del suelo,

no me enternezcas, levanta

raro prodigro, que asombras

al mismo paso que encantas.

Qué Lucrecias, que Artemisas,

que Porcias, ni que Cleopatras

se han igualado contigo?

pues aquellas, cosa es clara,

que correspondidas fueron,

y tu haces finezas tantas

por un hombre tan ingrato,

que tus afectos no paga.

Y porque veas que quiero

igualarte en esta hazaña,

que para mí obligación,

haberte adorado basta)

no solo me he de vencer

por ti, más te doy palabra

de irá rescatar tu esposo

contigo; porque la fama

en los venideros siglos

nos ponga en igual balanza.

Déjame, que a besar vuelva

una, y mil veces tus plantas.

Hola, Florencio.

Señor,

aqueste hidalgo buscaba

a Bárbara.

Parteluego,

y preben para mañana

los criados, porque a Cadiz

he de hacer una jornada.

Voy volando.

Qué hay Martín?

La Isabel está borracha,

que dices mujer del diablo?

aquí no hay Martín, ni aca,

si no Juanetín Estrocí,

como quien no dice nada,

antes del seor Don Fernando

vengo a saber que me manda,

porque es preciso partirme,

A donde?

A Argel.

A qué causa?

A rescatar diez cautivos

corcobados, que se hallan

con necesidad extrema,

y no pueden con la carga.

Seréis Redemror?

Adpedea,

no lo conoce en las barbas?

De donde?

De la merced

que recibí en vuestra casa.

A buen tiempo habéis llegado,

y así dejad la jornada,

que todos vamos allá.

Señores, que escucho?

Calla,

después sabrás el suceso:

de placer estoy sin alma.

En un ligero bajel,

de dos que tengo en la playa

de Cadiz, partir podemos,

y vestidos a la usanza

de Ingleses hemos de ir todos,

porque en Árgel no contratan

los Españoles.

En ti

funda, señor, su esperanza

la libertad de mi esposo,

quedando yo por tu esclava

eternamente,

Isabel,

lo que me debes, me pagas:

a Argel me llevas, fortuna,

tiéndele al tiempo las alas,

para que abrevie una acción;

que dé asumpros a la fama.

Soberbio mar, a tus olas

me entrego ya, con bonanza

me recibe, que en mi pecho

ya cesaron las borrascas. .

Mazmorras, a comer voy

alcuzcuz, higos, y pasas,

ruego al cielo que me vuelva

a las tabernas de España,

Árboles, plantas, y flores,

que de mi llanto en el agua

lleváis por fruto congojas,

y siempre os contemplo ajadas.

Sin duda que la memoriatrata

de que os cultiva os mal,

o tomáis para estar tristes

lo negro de mi desgracia:

mas Fatiman viene.

Carlos,

qué es esto? con quien hablabas?

quien estaba aquí contigo?

De mi fortuna contraria

quejándome estaba asolas,

y a flores, aves, y plantas

de este umbroso ameno sitio,

mi mal les comunicaba.

Y ese es remedio?

La pena,

dijo un sabio, que explicada

era menor; porque el pecho,

cuando a la voz la traslada,

se redime de aquel fuego,

que en la viva oculta fragua

del corazón se origina,

con que repetido a pausas,

el corazón de la pena

por los suspiros se exhala.

Dichoso tú, que padeces.

condicional la desgracia,

y ay de aquel, que cuando gime

dobla a su queja las ansias.

Hablaste a Celima?

Sí.

Qué responde?

Disgustada

se muestra con la tristeza

de que adolece.

La causa

no alcanzas?

No la penetro,

solo se, que cuando se habla.

de ti, se entristece, y llora,

señales son de quien ama.

Puede ser que en otra parte

tenga su afición.

Te engañas,

que en su divina hermosura

no cabe impresión bastarda.

Mi amor no la encareciste?

Tus méritos y alabanzas

le digo infinitas veces,

y no me responde nada,

Solo veo en su semblante,

que mi intercesion la cansa,

quizá porque el mal le impide.

el logro de tu esperanza.

Eres discreto, y procuras

aliviar mi mal; mas Zara

viene allí; tú te retira,

y en aquesta misma estancia

me vuelve a buscar.

A Dios.

Mucho siento que mi ama

se resista a tus fineces,

sabiendo que la idolatras.

Cada vez más desdeñosa,

Fariman, se muestra, y nada

es bastante a reducirla,

con que la boda se alarga,

y a criadas, y sirvientes.

se nos ánula la gala.

Pues esta cadena supla

de mis dichas la tardanza.

Yo la admito, pues en ella

me vienes a hacer tu esclava.

Qué tan triste está Celima?

Si tú me dieras palabra

de callar, yo te dijera,

(oh cadena lo que arrastras!)

rabiando estoy por decirlo.

Qué me dijeras?

La causa.

de sus tristezas no más.

Pues cómo me lo callabas?

Señor mío, como en ello

aventuro vida, y fama.

No hay que temer ningún riesga

cuando mi valor te ampara.

Dimelo pues.

No quisiera

que por mí.

Adelante pasa,

y no medrosa en mi daño

me des el veneno a pausas.

Mira si alguien nos escucha.

No hay nadie, prosigue, acaba.

Pues sabe que está Celima

de Carlos aficionada,

que este Cristiano cautivo,

desde que vino a esta casa

fue de su efición motivo,

y imán de sus esperanzas.

Y aunque tal vez por la vista,

que es retórica del alma,

le da a entender su fineza,

Carlos, que el respeto guarda.

a aquesta casa debido,

con arte, prudencia, y maña

se da por desentendido.

Esto es señor lo que pasa,

y a Dios, que temo a Celima,

porque es una rigre Hircana. .

Qué es lo que he escuchado cielos?

es esto ilusión soñada,

que formo la voz, o engaño

de los sentidos? ah ingrata!

con tan indigna cautela

un tan noble afecto pagas

por un vil esclavo? ah pesía

mi furor! como no abrasa

mi aliento los aires puros,

y de tan rebelde infamia,

no son estrago mis celos,

mi cóleta, furia, y rabia?

Celima a quien tanto quise?

Celima a quien.

Quién me llama?

Quién para culpar tu injusto

rigor, tu elección tirana,

tu vil amor, tu cautela,

tu doble trato, tu falsa.

condición, con que engañosa

el plazo me dilatabas,

tu ingratitud publicando,

al viento sus quejas daba,

ya sé tu plevosías.

Ay de mí! yo estoy turbada; .

que falsedad? qué cautela?

sin duda que con quien hablas

Fatiman ignoras, puesto

que con acción despechada,

mi respeto no te obliga,

ni atento el decoro guardas,

que por quien soy se me debe:

miente mil veces la osada

voz, que contra mí se atreve

a manchar la limpia, y clara

opinión, que al mismo Sol,

si no le excede le iguala;

ya saber quien lo pronuncia,

con mis manos le arrancara

el venenoso instrumento

envuelto en sangriento nácar,

porque en mal formados ecos,

su atrevimiento pagara.

Detén la voz, y pues niegas

lo que mi evidencia calla,

yo haré que este vil esclavo,

esté Cristiano a quien amas,

este estorbo de mis dichas,

este aumento de mis ansias;

sea estrago de mis iras:

y antes que el Sol muera en plata

le has de ver muerto a tus ojos,

logrando así mi venganza,

el desempeño en la vida

de quien me atraviesa el alma.

Escucha, Fátiman, cielos

quien tuviera, quien hallara

modo de avisar a Carlos

para que de él se guardara,

que está su vida en peligro?

En aquesta misma estancia

me dijo que le buscase.

Carlos!

Qué es lo que me mandas?

Que en salvo pongas tu vida,

porque aquí buscándote anda

Fatiman, para matarte.

Matar amí? porque causa?

Porque alguna infame lengua

le refirió mi desgracia.

¿Qué desgracia?

La de amarte.

Ya no es tiempo de escusarla.

Cuando tu vida peligra,

y con la cólera y rabia

de verse menospreciado,

viendo que te adoro [ilegible] ,

ya que no en mí, por mujer,

tomar quiere en ti venganza.

¿Cómo he de evitar el riesgo?

Por aquesta puerta falsa

puedes tomar el camino

de los montes de la Paloma,

que adonde mi padre tiene

un baño, cuyas murallas

baten el mar, y adonde

suelen valerse piratas

al abrigo de los riscos,

que le sirven de ensenada,

que hace al mar allí tranquilo

entre aquellas peñas altas,

puedes esperarme oculto

que yo, siguiendo tus plantas,

te buscaré compañía,

fingiendo que salgo a caza;

y apartada de mi gente,

como que sigo la busca [ilegible]

la huella de alguna fiera,

te llamaré en voces altas

y desde allí, en el primero

bajel que ofrezca la playa,

sin testigos embarcarnos,

que todo el oro lo allana,

porque llevando mis joyas

ningún precio me acobarda,

y en cualquier parte del mundo

que la fortuna contraria

nos arroje, viviré más

segura de su amenaza,

que esto y más emprende amando

una mujer aventurada.

Agradecido al alivio

con que mi vida restauras,

he de seguir tus consejos.

Mira que me das palabra

[ilegible] ser mío.

Hasta la muerte.

Y la cautela aquí me valga

para asegurar mi vida.

Mi amor con eso no pagas.

Siempre estimé tu hermosura.

No te detengas, que aguarda

Volaré, Celima, al sol,

pues me da tu amor las alas.

Yo cumpliré mi promesa.

Esa alienta mi esperanza.

Pues adiós, Carlos querido.

Adiós, Celima adorada.

Vanse y dicen dentro voces del mar.

Amaina la mayor.

Cala

las [ilegible] telas, que el viento

contrario nuestra barca

[ilegible] .

Echa en aquesta ensenada

áncoras y cables luego.

Salen don Fernando y doña Isabel de hombre en traje inglés y Martín de español.

Gracias a Dios que, por vernos,

hermosa Isabel, en tierra,

nos sirve el susto de enmienda,

que el mar, con [ilegible] tan blanda,

que sabe enseñar al cielo

que impera solamente,

siendo tan feliz el [ilegible] ,

me ha dado tan mal viaje.

Merecen tus piedades mucho,

generoso don Fernando,

[ilegible] ,

que tuve, siendo tu esclava,

mucho estimo [ilegible] desvelo;

pues cada instante [ilegible]

lo sella tu noble pecho, [ilegible]

para que yo, agradecida,

con las voces del silencio,

que es retórica del alma,

te pague lo que te debo.

Más debes a tu fe

que a mis piedades, supuesto

que el servirte y ampararte

fue de mi nobleza empeño.

Y si la ocasión me diste

de hacer lo mejor, es cierto

que a ti se la he debido

mi atención y mis afectos,

pues para acción de piadoso

tú fuiste fina primero,

y dejando aquesto a un lado,

mientras a la nave vuelvo

a prevenir las faenas,

[ilegible]

[ilegible] podrás;

en aqueste prado ameno,

donde con matices y flores

bosqueja el abril su imperio,

esperarme, que de Argel

los fuertes muros soberbios

distarán de aquí una legua,

y poco a poco podemos

ir a tratar del rescate

de tu esposo, en este puesto,

con Martín espera, pues

mientras a buscarte vuelvo.

Vase don Fernando.

¿Qué parece, Martín,

de Fernando?

Que es un necio

un mentecato, un panarra.

Necio siendo un caballero

que en acción tan generosa

casi se excedió a sí mesmo,

mira lo que dices.

Digo

que lo que dijo [ilegible] ,

y que es un tonto, un mentecato.

¿Cómo?

Como tan ciego

de amor no supo jugar

una mano en que está el dueño

y otro se llevó la polla,

costándole su dinero.

Siempre estás de [ilegible] .

¿Qué quieres?

Los pobres nunca tenemos

otra cosa que gustar.

Yo estoy cansada, que el miedo

y las fatigas del mar

no han permitido a mi aliento

descanso en todo el viaje.

Tú, mientras busco al descanso

alivios junto desta fuente,

retírate más adentro,

y avísame cuando vuelva

don Fernando.

Ya obedezco,

que siendo tú dama al fin,

y yo [ilegible] de la edad,

he de acompañarte en todo,

y de mientras tus bostezos,

siendo como son tambores,

el vivo clamor del sueño.

Vase.

Ay, Carlos del alma mía,

quién te viera en mi pecho,

que late con [ilegible] ,

mas pues ya piadoso el cielo,

acudiendo a mis desdichas,

tantas penas y tormentos

quiero aliviar mis fatigas,

dando a mis ojos el feudo,

que en las márgenes de la muerte

tributa la vida al sueño.

Duerme. Sale don Carlos por un monte.

Altas montañas de Argel,

que siendo del sol espejos,

sois para adornar sus olas

plumajes del mar soberbio.

Socorreda un infelice,

que en vuestros oscuros senos

fía el amparo a su vida,

si no es que esos troncos secos,

y aquestas peñas imiten

de mi fortuna el pretejto,

que para afligirme, solo

tiene fijo el movimiento.

O si en aquesta enseñada

algún navio extranjero

diese fondo, y amparase

mi vida, pues ya más temo

la inclinación de Celima,

que de Fátiman el riesgo

Hay bellísima Isabel!

si con mi arrepentimiento

pudiera borrar mi culpa,

yme permitiese el cielo

volver por tu honor, y fama,

como amante, y Caballero,

mas de la sed fatigado

estoy, al cristal sereno

de esta fuente he de llegarme,

pues en él podré; que veo?

sobre esta alfombra de flores,

que tejió el Abril, durmiendo

está un extranjero joven,

y en él; yo estoy sin aliento!

de Isabel estoy mirando

el retrato verdadero,

que como vive en el alma,

no puede engañarse el pecho.

Hombre, idea, o confusión,

que más a la vista crece,

pues hallarte aquí, parece

asombro de la razón.

Tu traje, y semblante son

fanta sías tan extrañas,

(ñas

que aunque mudo me acompa

ciso que me digas,

es

si eres sombra, cómo obligas?

si eres verdad, como engañas,

A mirarte; suerte avara!

un mar de dudas me anega,

pues ese dizfraz me niega

lo que me informa tu cara.

Si eres Isabel, repara

que el traje lo ha desmentido,

mas si burlarme has querido,

y yo crédito he de dar

a tu engaño, has de mudar

de semblante, o de vestido.

Duerme, descansa, y retira

al sueño mi ceguedad,

li

y logre yo una verdad

a la luz de una mentira.

Pues en tanto que respira

tu aliento a mi vista grato,

divertir mis penas trato

con esa muda señal,

creyendo el original

por las señas del retrato.

Duerme, que no será mucho

en las dudas que poseo,

que el alma finja al deseo

su dicha.

Carlos.

Qué escucho?

Con mil sobresaltos lucho,

Si mi amor.

Cielos, queoí?

Puede obligarte?

Ay de mí!

. No me engañe tu nobleza,

pues me debes la fineza

de hacerme esclava portí.

Vuelve al cariño amoroso

de mi fe, Carlos amado,

Quién está aquí?

Un desdichado,

pero ya el más venturoso.

Carlos adorado, esposo,

albricias alma.

Isabel,

dulce esposa, hado cruel!

tú en aqueste traje; que pena

pisando la ardiente arena

de las campañas de Argel?

que causa, dí, te ha movido

a esta acción?

Mi amor, mi fe,

por ti mi patria dejé,

por ti mi hacienda he vendido,

por librarte esclava he sido.

Luego olvidando mi trato,

aleve, tu pecho grato

viene a rescatarme?

Sí,

y más que de esclavo, aquí

vengo a sacarte de ingrato.

Y porque mejor entiendas.

la causa de este suceso,

sabe Carlos, que Martín.

apenas llegó a Toledo

con la infelice noticia.

de tu injusto cautiverio,

cuando no siendo posible

rescatarte, el ijo el medio

de ir con Martina Sevilla,

a esperar mi tio Alberto,

que con gran caudalvenía

del Pertuy apenas llego

a aquella insigne Ciudad,

cuando tuve aviso cierto

que se anegó en el viaje;

quedando en el mar soberbio

mis esperanzas perdidas,

y de tu rescate el precio,

y viendo que se llegaba.

el plazo, ay de mí! y el tiempo

que te concedió Celín

para tu rescate emprendo

la más heroica, fineza,

el más generoso afecto

la prueba de amor más noble;

y a Don Fernando me vendo

de Albarado por esclava,

que es un noble Cabaliero;

tan generoso, y cortés,

que informado del suceso

de mis pasadas desdichas,

haciendo su nombre eterno,

venir a librarre él mismo

ofreció, y dando alviento

las velas, y mi esperanza,

en un navió ligero

con las banderas Inglesas

y este traje, nos hacemos

al mar, y aquesta mañana,

por sernos contrario el tiempo,

en esa enseñada dimos

fondo, cuando tú.

Yo pienso,

Isabel, que todo el día

has de dormir; mas que veo?

señor mío de mis ojos.

Oh buen Martín.

Dame luego

las plantas.

Llega a mis brazos.

Bien ese favor merezco

por haber acompañado

desde que llegué a Toledo

a esta Amazona Corita,

con cuyas finezas, fueron

dos muchachas del Refugio,

Porcia, y Lucrecia.

Ya tengo

noticia de sus fortunas,

y yo premiaré tu celo,

que ya sé que eres leal.

Soy noble, aunque fui cochere

y cumplo mi obligación.

Carlos.

Si no miente el eco,

en el monte te han llamado.

Esta es la seña que tengo

de Celima.

Carlos?

Oye,

Carlos, que aquestos acentos

son de mujer, y parece,

si no lo ha fingido el viento,

que con cuidado te busca.

Hay mayor desdicha, cielos!

Parece que te has turbado.

Es que ando por estos cerros

fugitivo de Celín,

y si me encuentran, es cierto

que han de quitarme la vida;

y así es preciso escondernos

en el monte.

No es posible,

porque ya la Mora veo

que te llamaba.

Hay más penas!

Allí con dos extranjeros

a Carlos miro, qué aguardo? .

Carlos, Martín?

Yo estoy muerto.

Tú en Argel sin avisar?

En aqueste instante llego

de España con el rescate

de Carlos: en el mar dejo

surto un navio, señora,

de quien es Ricardo dueño,

y otro compañero Ingles,

ya Argel hemos de ir muy presto

para entregar a tu padre

dos mil ducados.

El cielo

me favorece, y pues son

tus amigos los que veo,

y no hay de quien recatarme,

cuando esta ocasión tenemos,

Carlos mío de ausentarme?

Qué escuchan mis sentimientos?

No la perdamos, que aguardas?

vamos a la nave luego,

y demos al viento velas,

que a tu lado nada temo

siendo tuya.

La perraza

habla claro, y sin rodeos,

y le da soga a Isabel.

Válgame agora el ingenio.

Isabel, yo estoy mortal,

ten paciencia, que muy presto

te satisfara mi amor

de la culpa que no tengo.

Ah traidor! ah falso amante!

Celima hermosa, grosero

fuera un humilve cautivo,

si de tu fineza al precio

no feriara honor, y vida,

vamos al mar, que en el quiero

obedecerte y servirte.

Segura la nave dejo,

y así más callar importa

hasta averiguar primero,

a que fin aquesta Mora,

y Don Carlos a este puesto

han llegado.

Yo estoy loco,

u otra vez a este hombre cielos

he visto, Martín.

Señor?

Oye a parte.

Ya te entiendo,

este es aquel Don Fernando,

que por isabel ha hecho

la fineza que ya sabes,

y es el mismo que en Toledo

vimos en cas de Violante.

A vuestras plantas ofrezco,

generoso Don Fernando,

la libertad que confieso

de veros.

. . Ataja, ataja,

que viene el corzo ligero,

corriendo por esta ienda.

De Fátiman son los ecos,

y de mi padre, ay de mí!

y si aquí me ven, es cierto

que honor, y vida aventuro.

Yo estoy en notable riesgo

si me encuentran con Celima.

Viose más terrible empeño?

. Seguilde por esta parte,

que a la fuente vasediento,

y herido.

Cielos, ya llegan.

Aquí no hay otro remedio,

yo con Ricardo, y Celima

partiré a la nave luego

en ese pequeño esquife,

que amartado aún tronco seco

está del mar en la orilla,

y tu Fernando, saliendo

al encuentro de Celín,

le detendrás con pretejto

de mi rescate.

Bien dices.

Vamos, Celima.

Amor ciego,

dame tu favor.

Conmigo

va mi enemiga, yo creo

que han de abrasarla en el agua

los volcanes de mi decho.

Lleguemos, que el corzo herido,

colérico, y impaciente

siguió el raudal de esta fuente.

Engaño sin duda ha sido,

y pues aquí no le ves,

él se escapó.

Gran Celín,

dale la mano a Martín,

y a este Mercader Ingles,

que con el rescate viene

de Carlos.

Ese cautivo

ha días que fugitivo

mi justo enojo previene,

pues no le ofendi jamás.

Y yo agradezco a los cielos,

que se llevase mis celos.

Más pues tulibre no estás,

aquí has de quedar por él;

hola Hamete, y Abraháín,

quitad la espada a Martín,

y llevade luego a Argel,

y en una mazmorra coma

viz cocho, y legumbre seca.

Por el Zancarron de Meca,

y las tripas de Mahoma,

que si a darme tu dislate

vizcochos se determina,

sean del peso de la harina,

y vengan con chocólate.

Llevade.

No de esta suerte

me trates por San Hilario,

San Francisco, y San Macario,

Heroico Celín, advierte,

que faltas a tu nobleza,

usando aquesta crueldad,

pues buscar la libertad

es ley de naturaleza;

y porque veas así,

que Carlos en conclusión

no faltó a su obligación

en ausentarse de aquí:

el rescate concertado

te quiero dar.

El Ingles

es generoso, y cortés.

Deja libre ese criado,

mientras vuelvo a mi navio

por el dinero.

Detente,

gran Celín, nunca es decente

en un hombre de tu brío,

y nobleza violentar

la razón; suelta a Martín,

y ese noble Ingles en fin

se vuelva seguro al mar,

pues de ti no han de decir,

que con pasión te moviste

a hacer lo que debiste.

Tú consejo he de seguir,

noble Fátiman, que no

(cuando llegas a templarme)

el deseo de vengarme

ha de poder más que yo:

dejadle libre, tu Ingles

seguro del rigor mío,

vuelve luego a tu navio.

Acción como tuya es,

y tu joven generoso,

que tan liberal enseñas

primor a la cortesía,

y aplausos a la modestia,

en señal de que agradece

mi fe tu noble fineza,

recibe aqueste diamante,

que apar de sus rayos cuenta

el Sol.

Yo por prenda tuya

le admito, y a la belleza

mayor que en África asiste

al pasmo de las esferas,

a la emlación del Sol,

y en fin a Celima bella,

hija del noble Celín,

con quien mis bodas concierta,

hoy mi suerte venturosa

le he de dar, para que sea

Astro en su mano, que eclipse

las luces a las Estrellas.

Esta es la Mora, que a Fernando

llevo al mar, y va resuelta

a pasar con él a España.

Vive el cielo que me pesa,

siendo Fatiman su amante

de que se ausente, y la pierda;

pero remediarlo intento:

gran Celín, ya que me empeña

aquesta acción a serviros,

hacedme un favor.

Ya es fuerza

darte gusto en cuanto pidas.

Pues sabed los dos, que en esa

enseñada, que hace al mar

doblando el cabo a estas peñas,

difondo con mi navio.

Que siendo el viento de tierra,

no pude tomar el puerto;

venid a pasar la fiesta

los dos, y a comer conmigo,

que demás de honrar mi mesa,

veréis la nave mejor,

que bruma al mar las esferas

salobres, y juntamente

os serviré con dos piezas

de grana, cuyas colores

borran de la Primavera

el nacar que enciende el Sol.

Tu hagasajo nos empeña

a obedecerte.

Seguidle

todos por aquesta senda,

que el esquse está en la orilla.

No sé el intento que lleva

Don Fernando.

Ven Celín,

Vamos Fatiman,

O quiera

el cielo, que haga mi industria

(pagando a un tiempo dos debe

por Fatiman, y llavel

la más Heroica fineza.

a.

Ya hermosísima Celima

segura estás, de que puedan

hallarte Celín tu padre,

ni Fátiman, pues en esta

ligera nave en que estamos,

que es de los vientos cometa,

daremos la vuelta a España

luego que Fernando venga:

Donde en llegando, señora,

dor palabra a tu belleza,

de poner honor, y vida

a tus plantas.

No quisiera,

Carlos, que de mi presumas,

cuando mi feliz estrella

me inclinó a amante, que pongo

duda en tu fe, y tu promesa;

pues siendo yo la que sabes,

y tu Caballero, fueran

ciegas las desconfianzas,

y las presunciones necias.

Claro está que si Don Carlos

te debe, Celimabella,

tan grandes obligaciones,

que en llegando a España es fuerza en el navio.

ser tu esposo.

No lo dudes,

porque a ser de otra manera,

no aventurara mi honor,

dejando padres, hacienda,

y patria por él.

Que escuche

aqueste oprobio en mi ofensa,

y no la arrojén mis celos

del mar en las hondas fieras!

vive Dios que soy cobarde.

Ya cortando el agua llega

Don Feruando en el esquife.

Y si no mienten las señas,

dos Moros vienen con él,

y al mirarlos de más cerca

conozco que son mi padre,

y Fatiman; yo estoy muerta;

ay de mí! Hermosa Celima,

no se el intento que tenga

de traerlos al navio,

hasta averiguarlo entra

en la cámara de popa;

y cree de mi nobleza

que estás segura.

Señor,

Don Fernando abajo queda

con Fatiman, y Celín,

y me dijo, que subiera

a decirte: escucha aparte.

Qué prevenciones son estas?

hay más azares, fortuna?

Retírate que ya llegan,

y haz lo que erdena Fernando.

Vamos Isabel. . O quiera

dolerse el cielo de mí!

Ya con clarines, y piezas

les hacen la salva Real,

ya van subiendo, ya entran

En buen hora

mi nave feliz merezca,

valerosos Africanos,

dos huéspedes que pudieran

honrar a Cesar en Roma.

En ella pudiera César

recibir favores tuyos,

porque es la arca más bella

que he visto en la mar: Celín,

no adviertes, no consideras,

que esta nave es Española?

Ya con la misma sospecha.

la he mirado, disimula.

Haced que traigan la mesa,

que en la plaza de armas quiero

que comáis, para que pueda.

toda mi gente serviros;

sentaos, pues.

Qué grave muestra.

el perrazó su semblante!

Antes de comer, quisiera.

beber, que el Sol, y la caza.

me ha dado sed. . Martín llega;

de beber a Fatiman.

Ya está, aquí.

Qué es esto? . Pesía

al galgo, vino de esquivias?

No sabes que mi ley veda

este licor? . Señor mío,

si usted por su ley lo deja,

yo que tengo con el vino

mucha ley, porque mi cepa,

del linaje de los Parras

deciende, por línea recta,

lo beberé, sin ningún

escrúpulo de conciencia.

Aquesta es agua? Haz Florencio

que Fabio cante la letra

de Isabel, que yo compuse.

Haré luego lo que ordenas.

La desdichada Isabel,

asombro de Roma, y Grecia,

con el Español Fernando

los mares de Árgel navega.

A rescatar a su esposo

Carlos el amor la lleva,

que en servicio de Celín

arrastra humildes cadenas.

Qué es esto Fernando? cómo

hablan en aquesta letra

de Carlos, y de Celín?

y como dicenen ella.

que eres Español, sieres.

Inglés de Nación? . Sosiega

Celín, que aquesta canción

es de amor una novela,

y todo es fingido; come,

y proseguid. . Ya recela

mi pecho alguna traición.

Mil sobresaltos me cercan.

Vestido el noble Fernando

de Ingres, con la dama bella,

en un Españal navio,

de Argel tomaron la vuelta.

Esta es traición vive Alá,

y aunque en tu nave nos tengas,

sabrá este alfanje. . Teneos,

que aunque es verdad lo que quenta

esa letra, y es mur fácil,

quedando al viento las velas,

os lleve a España cautinos;

mi fe; y palabra me empeñan

a aseguraros de todo:

Y para que no os parezca

que el traeros al navio,

ha sido engaño, y cautela

de mi intención, Isabel,

y Carlos, salid afuera,

y a Celín belad la mano.

Ya Carlos a tus pies llega,

corrido de haber faltado

a la obligación, y deuda

en que tu piedad me puso:

Y solo disculpa sea

el buscar la libertad

para ver mi esposa bella,

que es la que tienes presente;

a quien debo la fineza

de dejar por mí su patria;

de vender por mí su hacienda,

de pedir por mi limosna.

Y aunque esto Celín no creas,

de hacerse esclava por mí,

obligando su fineza

a que el noble Don Fernando.

solo a rescatarme venga

desde su patria Sevilla,

a cuya hazaña no llegan,

ni los triunfos de Alejandro,

ni las victorias de César.

Cuando no fuera tan justa

la causa que representas

de buscar tu libertad,

ya ninguna acción me queda

de ser tu dueño, pues yo

hice a Fernando promesa

de remitir tu rescate.

Y así a España da la vuelta

contento, y seguro;) tú

Fernando nos da licencia

para volvernos a Argel.

Esperar, que antos intenta

mi nobloza a Fariman

pagarle agora la deuda

de haber templado tus iras,

pidiéndote su modestia,

que el rescate no admitiese.

Celima. .

Que ven mis penas!

Cómo traidora? . Escuchad,

que en oyéndome; no os queda

duda, ni escrupulo. a Como

no? si de aquesta manera

contigo encuentro a mi hija?

Como está mañana apenas

desembarque en esa playa,

cuando tomando la senda.

de Argel encontré a Celima,

que perdida entre las breñas

de su gente, iba cazando,

y al ver su rara belleza,

llevarla conmigo a España

detérmino, y con violencia

a la nave con mi gente

la envío; pero no quiera

el cielo que a Fat man

quite tan hermosa prenda,

están lo del obligado.

Y así aquíse la presenta

mi amistadipara que goce

alegre su mano bella,

sin los recelos de Carlos,

pues siendo casado, queda

su sospecha desmentida;

Dona llabel satisfecha,

Celima bien empleada,

el noble Celín sin queja,

Fatiman contento, y yo

dando a la fama materia,

ufano de hacer por todos

la más heroica fineza:

Dame heroico Don Fernando

los brazos? . Amor, paciencia,

que esto no tiene remedio.

Tú dale, Celima bella,

la mano a Fatiman.

Yo pagando tan grandes deudas

le doy la mano a Isavel.

Ardale en fuegos, y fiestas

la tierra, y el mar. . Y aquí

le can sin a la Comedia

las fortunas de Ilabel,

dadle un vitor al Poeta,