
Veröffentlichungsdatum: 22. August 2026
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Zitiervorschlang
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La estrella del Madroñal y devoción del Rosario. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-estrella-del-madronal-y-devocion-del-rosario.
E 37
Comedia famosa. La estrella del Madroñal y devoción del Rosario.
Personas Asmeo, demonio. Elisio, pastor. Lisandro, labrador. Silena, pastora. Laurencia, su mujer. Bato, mayoral. Cascabillo, ermitaño gracioso. Silvio, pastor gracioso. Lucía, villana. Nuestra Señora.
Tocan una caja ronca y una bocina y por la mitad del tablado se abre una boca y sale fuego y Asmeo con un hacho en la mano encendido y dice:
Desde el oscuro seno,
donde jamás del sol la luz ha entrado,
salgo de envidia lleno,
de este monte de espina coronado,
donde está una doncella
que mi altiva cerviz suplanta y huella.
No soy aquel dragón horrible y fiero
que a ti con mi pesar desde lucero
en el oscuro abismo
no me quejo de Dios, sí de mí mismo.
No fui aquel querubí hermoso y bello
que necio altivo enarcando el cuello
con el sumo hacedor del cielo y tierra
descortés y atrevido le hice guerra,
del hombre en fin vencido
él fue Sansón valiente y yo el rendido.
Pues que ya me veo
en la ardiente laguna del Leteo,
cuya hedionda piscina
con sus aguas de azufre y de resina,
salgo por esta boca
que a los infiernos en horror provoca,
cuya caverna oscura
es de voraces llamas sepultura.
Y con mi ciencia infusa,
vigilante y astuto
he de asistir en este monte astuto,
y he de meter cizaña,
seré asombro y horror de esta montaña.
Pero si en ella asiste
la hija de Joaquín, ¡ay de mí, triste!
pues si con su pureza
amenaza mi mísera cabeza,
y aunque yo la he mirado
nunca la he visto cometer pecado,
ni jamás fui bastante
a conquistar su pecho de diamante.
Mas si a un vil caudillo me sujeta
un fraile, un gusano de la tierra,
un fraile de San Gil murmurigato
con sus conjuros me despide ingrato,
pues con unas palabras me admira
me arroja de los cuerpos miserables.
Y si el mal me ha quitado
qué tiene de arenal y flor el prado
que tanto este fraile me atormenta
¡oh capitán de Israel valiente!
pero si tiene siempre en compañía
esa copia o retrato de María,
y blasona este fraile de
su corona, su salve y su rosario.
Si con tan fuertes armas está armado,
¿quién ha de acometer a este soldado?
Por vencido he quedado en esta guerra.
En hondo manantial trágueme la tierra.
Abre tu boca, infierno,
porque voy a reinar en fuego eterno.
Húndese.
Sale Cascabillo de ermitaño, ridículo, con un rosario grande al cuello, y Juana, labradora.
Diga, hermano Cascabillo,
¿por qué ha sido la ocasión
de ausentarse de Avñón?
Hermana, quiero decillo:
por ermitaño, en la ermita
de la Virgen Soberana,
he venido, hermana Juana,
que tanto su amor me incita.
Aquí vivo retirado
de necios aduladores,
y me divierten las flores
y selvas de este collado;
y metido entre breñales
del monte, aquí, de las espinas
como bellotas, que enjambres
despiden de sus dedales;
en esta risueña fuente
que en perlas se precipita,
me regocijo, hermanita,
siendo su cristal corriente;
y, por decir de mis males,
mi fatiga y mi trabajo,
alguna vez bajo al tajo
a mirarme en sus raudales;
y con dulce melodía,
entre músicas suaves,
escucho cantar las aves
cuando resplandece el día;
y, entre áspera disciplina,
ayuno, oración, cilicio,
me aparto, hermana, del vicio
que al infierno me encamina.
Por santo le pronostico.
Ya soy otro del que fui.
¿Hace algún milagro?
Sí.
Hágame uno.
grande o chico.
Un milagro me ha de hacer
tan grande que cause espanto.
Todos me tienen por santo,
y yo me lo echo de ver.
Santo es.
¿Que no lo ha sabido?
Muy bien se le echa de ver.
Pues un milagro hice ayer.
Y ¿qué fue?
Que despeñé un diablillo
en aquestos montes agrios;
hago infinitos milagros,
quiere que le diga más,
si no le cansa el oírlo.
Diga, hermano Cascabelo.
Válgame señor San Blas,
estando en aquestas breñas,
cierta tarde en oración,
vino un tiñoso capón
y un eldos alcarreñal,
llegóseme a mí el capón,
curele la tiña fiera,
y le dejé sin mollera
más mondada que un piñón.
Tiene gracia singular.
Pues después le bauticé.
Y dígame, ¿cómo fue?
Calenté el agua de pelar,
y hirviendo a borbotones,
echele con dos cangilones
en su cabeza mollar,
y con el agua fogoso
al momento quedó sano.
Y aqueste es milagro divino.
Ese es milagro tiñoso.
celosas las alcarreñas
de que no se hacían preñadas
durmieron de camaradas
conmigo entre aquellas breñas
tuviéronme por su amigo
y de tal suerte durmieron
que a la mañana se fueron
muy hinchadas del ombligo
otro tuerto a mí llegó
y hícele una cura buena
echele en el bueno arena
con que al momento cegó
no son milagros aquestos
para un santo de mi fama
muy apriesa Dios me llama
milagros son mal dispuestos
yo quedo muy satisfecho
él tiene muy mal capricho
que los milagros que ha dicho
no hay ninguno de provecho
¿trae algo que manducar?
no faltará que comer
si un milagro se ha de hacer
es menester almorzar
que me cuesta mil desvelos
el hacer tantos milagros
en aquestos montes agrios
ando durmiendo en los hielos
¿no trae algo que beber?
aquí le traigo un botillo
Bebe.
venga de ver un traguillo
porque tengo un resequillo
de los relicues de ayer
no me harto de beber
el vinillo es de los cielos
traiga, hermano, unos buñuelos
para empezar a comer
aquí le traigo un bodigo
y un jamón de buen tocino
si el jamón es como el vino
bien se compondrá mi amigo
Siéntese ama despacio.
¿Do me había de sentar
en primerengo de orar,
piensa que estoy en palacio?
No estoy sino en la montaña
haciendo grande penitencia
ajustado de conciencia.
Con su santidad me engaña,
démelo, hermano, a probar.
No vaya, miedo, que a la alfa
hasta que me satisfaga
no lo tiene de catar.
De que beberé un traguillo...
Pues, hermana, ¿bebe vino?
¡Jesús, qué gran desatino!
¿No ve que el zumo es maligno
y se sube al colodrillo?
El vino se habrá de dar,
no lo diré por vicioso,
que amo del gallocioso
me acudía en paladar.
Ea, acabe de comer.
Hermana, no me haga fieros;
comida de carpinteros
por agora pienso hacer.
¿Cómo ha de entrar en provecho
si no se come despacio?
¿No ve que estoy algo lacio
de penitencia que he hecho?
Como salial en el agua midelago
que me espera mi marido.
Bebe.
Pues que también he comido,
vaya a mi salud un trago.
Con pez, pez me la ha de hacer
con su cara de tomate.
Vaya ahora, por remate,
otro trago a Dios loado.
Muy bien traba este traguillo
tras el salado jamón,
y se pondrá en oración
el hermano Cascabillo.
Tome, hermana.
No, ese trillo
que ya está determinado.
Vase.
del jamón pierda cuidado
y también del bodiguillo,
y si me volviere a ver,
tráigale lleno de añejo,
y apañado un buen conejo,
que bien era menester;
y para desensebar,
traiga, hermanita, un melón,
y aquesto, sin dilación,
porque me quiero arrobar.
Pues que tan bien he almorzado...
Señor, escuchad mi llanto.
¡Válgame Dios, qué gran santo!
Hacia el cielo está arrobado,
que estará con Dios hablando
en alta contemplación.
¡Qué bueno que sabe el jamón!
Mas el vino va obrando.
¡Válgame Dios, cómo suda!
Sin duda es sudor de muerte.
Es que el vinillo es tan fuerte,
pienso que suda agua de ruda.
Mucho se tarda en volver.
Pícale.
Algo temo no le enoje,
porque a Dios no se le antoje
el meterme un alfiler.
¡Dicho y hecho, voto a Cristo!
¡Ay, que jura!
Pues ¿no tengo de jurar?
¿Cómo el milagro ha de obrar
si me da una pinchadura?
¿Soy yo mula de alquiler
que, porque ande y se duela,
la arrima el dueño la espuela?
¿Así mete el alfiler?
¡Medio muslo me ha pasado!
¡Valga el diablo quien lo hizo!
Eres un santo postizo.
No soy, sí, santo afamado.
Eres un santo embustero.
¿Ahora lo echa de ver?
Voto a san que por comer
me meteré a pastelero.
+ [Cruz en la parte superior central]
Vase.
Quédese el hipocritón,
el santurrón y hechicero,
que le dejo para un cuero,
porque yo me voy a un non.
Lindamente he manducado
con capa de santidad.
Si he de decir la verdad,
yo he sedo un poco embriagado.
Vamos a dormir la zorra,
que bien será menester.
Voto a San, que por comer
me taen a un non una gorra.
Vase.
Sale Lisandro, labrador de barba, y Laurencia, su mujer.
Amada esposa mía,
aurora bella, resplandor del día,
hoy quiero, dueño hermoso,
darte cuenta de un caso prodigioso.
Yo pretendo una dama,
que en todo el universo tiene fama,
y della enamorado,
hoy verla solicita mi cuidado.
No prosigas, Lisandro, estoy celosa;
déjame, porque yo...
Laurencia hermosa,
en el cielo no la hay mejor ninguna:
a sus pies de chapín sirve la luna,
su cabeza coronan las estrellas,
y el sol dorado con sus luces bellas
se guarnece de nácar su vestido.
Mira, pues, lo que aquí te he encarecido:
si es bella aquesta dama que yo quiero.
¡Ay, mi Lisandro, yo por bella muero!
Dime dónde asiste
aquesta hermosa dama que tuviste;
por verla de contento el alma lucha.
Bellísima Laurencia, atenta escucha.
Sabrás que junto al Tajo caudaloso,
cinta de plata que la ribera baña,
hay un monte de espinas escabroso,
por lo eminente de la sierra montaña,
y un madroño de hojas muy pomposo,
que en un peñasco le sirve de peaña.
Esta es una hermosa aurora bella
que ha bajado del cielo siendo estrella.
Esta estrella del cielo soberana
que desciende del alto firmamento,
azucena divina en la mañana
que no la ofende el sol ni hiere el viento;
Madre del Redentor, hija de Ana,
de pureza y candor, bello portento,
en el madroño ha de haber encarnado
donde nunca se ofende el sol dorado.
Amanece el sol alegre y delicioso
que sale galán de su horizonte,
apresurando el curso presuroso,
pues con rayos de luces deja el monte,
tirando el carro este planeta hermoso
gallardo Febo, hijo de Faetonte,
que va caminando al occidente,
siempre de nácar su divina frente.
El madroño se muestra muy gozoso
de tener un tesoro tan divino,
en su corteza hace un sol hermoso,
y con el aurora de contino
el ruiseñor alegre y sonoroso
entre sus ramas duerme por vecino,
hace mil armonías con su canto,
al descoger la aurora rojo manto.
Esta del Padre Eterno hija querida,
y reina es del cielo soberano,
espejo de pureza, árbol de vida,
Madre de un Dios divino y Dios humano,
hermosamente en gracia concebida,
inmaculada a pesar de aquel tirano,
de los cielos desciende muy brillante
pisando estrellas, querubes de diamante.
Hoy hemos de ir los dos en compañía
a hacer a esta Virgen una novena,
y verás al hermoso sol del día
en brazos de una cándida azucena.
Vamos con diligencia, esposa mía,
nunca perdamos ocasión tan buena,
que el planeta del coche
va caminando en busca de la noche.
Allí verás milagros infinitos
que está obrando cada día
en sus cuadros Laurencia están divinos
aquesta es la verdad mi vida mía
también arroja espíritus malignos
que hacen al alma guerra en porfía
y tal temor les da porque se asombre
que todos huyen de escuchar su nombre.
Y oirás los sonorosos ruiseñores
que dan mil alabanzas a María
sembrando el monte de olorosas flores
que le sirve de alfombra y campanario,
cantan las aves con dos mil primores
al pie de un risco junto a una fuente fría
que en derretidas perlas se desatan
hecha una sierpe de oro y rica plata.
Subamos por el monte diligentes
desabracemos ramas en su busca
franqueemos los riscos eminentes
que el cielo desafían por su altura
y oirás el dulce ruido de la fuente
que bulliciosa su cristal murmura
y veremos la estrella montañesa
que el Tajo con cristal sus plantas besa.
Con notable admiración
su relación me ha dejado,
vamos Melisandro amado
a verla con devoción.
Vamos a ver la azucena
que nunca el sol marchitó
ni planta aleve tocó
quedando de culpa ajena.
Esa torre de David
y zarza que vio Moisés,
Lucero de Nazaret
y valerosa Judit,
aquesa falaz serpiente
y dragón de siete gargantas
con sus soberanas plantas
abatió su altiva frente.
Vamos Melisandro a ver
esa reina celestial.
Partamos al madroñal,
llena el alma de placer;
franqueemos la maleza
desta ligera montaña.
Van subiendo el monte.
¡Notable horror!
Fuera el vano temor,
mucha espesura encierra.
En el margen superior hay una cruz.
Entre músicas suaves,
aunque su aspereza es mucha,
con dulce acento se escucha
solo el canto de las aves.
Ya con rayos de belleza
sale el sol de su horizonte,
galán, y alegrando el monte,
alegró nuestra maleza.
Mira, esposo, aquella fuente
vecina de ese collado,
que perlas le presta al prado,
fugitiva y diligente;
mira el romero oloroso
donde esa abeja ambiciosa,
picando su flor hermosa,
fabrica el panal hermoso.
Vamos los dos caminando,
que entre una luz clara y bella
allí relumbra una estrella.
Todo el monte está alegrando;
vámonos más acercando,
que, sin diferencia alguna,
a sus pies tiene la luna
y un sol que le está alumbrando.
Ya el madroño se ha encarnado,
publica que su corteza
tiene la suma riqueza
que hoy el cielo nos ha dado.
¡Oh, madroño venturoso,
que entre tu corteza dura
está una doncella pura
y un Dios todopoderoso!
Pues los dos hemos llegado,
con grande veneración
hagamos adoración
a este divino traslado.
Ambos de rodillas.
Salve os Dios, bella María,
bendita y llena de gracia.
Salve os Dios, aurora bella,
que entre los brazos del alba
salís con el sol divino
a guarnecer la montaña.
Refugio de pecadores,
reina todo el mundo os llama.
Consoladora del triste.
Defensa y muro del alma.
Vámonos, aura aldea,
a publicar alabanzas
d'esta divina Señora.
De la copia de María
lleva la reverencia una estampa.
En mi corazón va escrita.
Y yo la llevo en el alma.
Vanse.
Sale el Demonio en traje de
cazador.
Infierno, asiste a mí,
poco vale mi astucia y mis engaños,
¿de qué me sirve andar tan diligente
si me acobarda una mujer valiente?
Ruina espero, mi ser bajo abate,
no me atormentes más, no baste
si las almas me quitas,
¿de qué me sirve de nuevo solicitar,
si las que en los riscos de la montaña,
envidioso sembré mi cizaña?
Cazador soy del alma pecadora,
y así que sea su guarda quien lo ignora,
que he de introducirme en ella,
si alevosa procura defenderla;
si cazarla procuro,
huya a los montes, a lo más seguro.
Yo soy ladrón y cazador astuto,
que de robarla en este, en este monte bruto,
y ha de cansarme en vano;
pero si en la red, ya en tu mano,
ya vuelven tus devotos,
con músicas, con fiestas y alborotos,
¡oh, si en aqueste día,
se pudiese lograr la rabia mía!
Mas si no he de salir con los intentos,
es añadir más fuego a mis tormentos.
Pero ¿qué me acobarda?
¿Has de ser menos en mil volcanes arda?
¿No soy monarca y príncipe jurado,
del reino macilento del pecado?
¿No puedo hacer que conmigo luche,
lo mucho poco y lo poco mucho?
Y a las mercedes raras, eminentes,
seré león sangriento o serpientes.
abrasaré estos ásperos breñares
atalaré al Tajo sus raudales
y si él solo conmigo se alborota
le sorberá mi rabia gota a gota.
Agotaré estos montes y collados
y no dejaré hierba a sus ganados
y en la vaga región de este elemento
mataré cuantas aves lleva el viento.
Si es este mi valor y tanto puedo,
¿cómo a una sola imagen tengo miedo
ya de vencida voy sin vida y sin aliento?
Pero si no me engaña el pensamiento
previniendo atención a mi sentido,
aquí hacia esta parte siento ruido,
allí, si no me engaño,
midiendo viene el monte un ermitaño,
pero hacia mí se viene,
qué de cosas mi rabia se previene,
y lo que mi grave enojo solicita
si esta del Madroñal no me le quita.
Aquí entre estas ramas escondido
he de escucharle con atento oído
para ver lo que dice.
¡Ay, mísero de ti, ay, infelice,
lobo sangriento soy, y he de hacer presa
a pesar de la Estrella montañesa!
Escóndese Asmeve entre las ramas del monte, y sale Cascabillo.
De comer tanta bellota
tengo áspero el garguillo;
más tarde lavarle espero
con el licor de una bota.
Mucho la sed le alborota
al hermano Cascabillo,
que si cogiera un botillo
no le dejara una gota.
Pues harto ya de tragar
bellotas como un lechón,
me ha dado una embargación
que no me deja parar.
Pues para desembargar
estas bellotas malinas
échenme seis melecinas
Con que pueda descansar,
y si no fuere bastante
aquesta agua maldita,
del aceite y de bendita
otra me echen al instante,
que han de ser melecinas,
que ahora me pueden echar;
muy bien se podrán purgar
estas mis tripas bacinas.
Ya tengo pronosticado,
si con ellas bien me hallo,
que en todo este mes de mayo
he de salir bien purgado.
No es muy mala la purguilla
del aceite benedita,
porque al echar al espita
me sirvió de una canilla,
y, tras todos mis trabajos,
para acabar de purgar,
a un glotón singular
le cercan escarabajos;
es tanta la caña y grita
que traen tras mi basura,
con que cada cual procura
caminar con su borrica.
Déjenme, pesados males,
a que acabe de purgar,
ellos quieren trabajar,
son curiosos oficiales;
y a las ganas de comer
se vienen por tirantes,
y estas mis tripas purgantes
se me podrán revolver.
Y a tanto me desatinan,
que si no me ponen tasa,
tengo una hambre que pasa
más allá de la canina.
¡Oh, voluntad Juanilla,
con otra manducación,
que con tanta purgación
tengo otra hambre amarilla!
Pero, ¿cómo la engañé?
No es muy fácil de tornar,
que es muy mala de engañar
una mujer, por mi fe.
¡Uy, qué gran falta me hace
el bodigo y el jamón,
y el vinillo en conclusión,
licor que a todos aplace!
Yo traigo muy mala vida
y no la puedo sufrir,
bien puedo echarme a morir,
pues me falta la comida;
a Auñón me quiero volver
a castigar esta fiera,
¡vive Cristo que me diera
solo al diablo por comer!
Sale Astreo.
Puesto me tienes delante.
¡Válgame San Babiles!
El mirarme no te asombre,
¿por qué os retraéis, buen hombre?
Señor, porque tengo pies.
Parecéis de buen humor.
Antes soy malhumorado.
¿Por qué?
Porque estoy purgado
y causo muy mal olor.
¿Quién sois?
Un caballero perdido,
de un rey aborrecido.
Pues, ¿por qué os aborreció?
La culpa me tuve yo.
¿Qué fue?
Quise ser igual con él,
mas otro vasallo fiel
que era del rey muy querido,
viendo mi grande vergüenza
y mi loco atrevimiento,
de enojo y furor violento
conmigo a reñir comienza.
y como al rey me atreví
buen hombre si bien se advierte
trató de darme la muerte
y riome en fin ¡ay de mí!
arrojóme de mi asiento
que ahora ocupa una humildad
si he de decir la verdad
por suyo fue el vencimiento
y estoy un poco envidioso
que agora ocupe mi estado
un humilde que ha robado
este de su palacio un hermoso
y decidme a qué venís tan solo
a estas asperezas
Vengo a divertir tristezas
y a cazar en...
aquí vivo divertido
y en esta parte escondido
he escuchado vuestra queja
y me hace gran compasión
O si trajera jamón
y una bota buena añeja
y un panete floreado
recién cocido de ayer
pues yo os daré de comer
ya que estáis fatigado
Señor para luego es tarde
porque mi vital estambre
está que se cae de hambre
no el mirarme os acobarde
un hombre soy como vos
y en algo os puedo valer
si trae algo que comer
será bueno vive Dios
pero si no me trae cosa
vuelvase por donde vino
coja la senda o camino
de la montaña horrorosa
que aquí no viene ninguno
que no traiga que comer
un tragillo que beber
que es para el desayuno
+
si queréis estar conmigo
buena vida pasareis
comereis y bebereis
y seréis mi íntimo amigo
os dare buenos consejos
en fin como a mi criado
el señor parece honrrado
y viene usted de muy lexos
soy estrangero
aunque noble caballero
no lo parece en el traje
y arame usted buen pasaje
porque no
servirle quiero
y como os llamáis buen hombre
astreo amigo es mi nombre
y vuestro nombre cual es
señor mi nombre es sencillo
como os llamáis
Cascabillo Cascabillo el montañes
no me diréis vuestro intento
de estar aquí retirado
y de aun no tan apartado
faltando os siempre el sustento
he de decir le mi intento
estareis os reireis
es dar de hambre suspiros
formando quejas al viento
que el es vuestro enterramiento
entre esta inculta maleza
del animo aspereza
bellotas son mi sustento
y cuanto descose el manto
de luz la rosada aurora
escucho al ave sonora
que me alegra con su canto
y en esta fuente vecina
que en su margen crece y mengua
se refrescava mi lengua
que al ralo arroyo camina
donde en continua oración
entre estas peñas metido
mal comido y mal vestido
esto, y echo un san Antón
pues como os tratáis tan mal
dejaos de mortificar
pensáis que os ha de salvar
aquesa del madroñal
vivís amigo engañado
lo que hacéis es desvarío
que aquesa es, hermano mío
de la del cielo un traslado
para que el tanto ayunar
tanta mortificación
aun por aquesa ocasión
quizá os podréis condenar
Dios manda que ninguno no se mate
decid, aquesta es verdad
tanta devoción dejad
lo que hacéis es disparate
si dais en esa locura
de no comer y ayunar
muy presto vais a buscar
precipicio de sepultura
y metido en este saco
pobre mísero abatido
de hambre y sed combatido
pálido y de fuerzas flaco
yo os quiero aconsejar
como aquel que os quiere bien
el señor dice muy bien
su consejo he de tomar
ea que determináis
mirad que me quiero ir
digo que os quiero servir
que como a quien soy me honráis
yo os sabré bien regalar
¡Qué bien cerca está mi choza!
y digo, ¿tiene en ella alguna moza
con quien yo pueda casar
allí tengo una criada
prodigio de la hermosura
oh, si tuviese ventura
que fuese a mí ya intimada
del apetito lascivo
parece que está tentado
Que un hombre no es de cuidado
que a dárosla me apercibo
gozaréis de su belleza
y la tendréis por mujer
si es la lasciva que ayer
mirando en la aspereza
ya está del amor muy tierno
si cae en este pecado
él va muy encaminado
por sus pasos al infierno
quita el saco
que es muy jobena moza
regalos, buena bebida
dormir a pierna tendida
esta sí que es buena vida
quien de este mundo no goza
adiós, montaña horrorosa
adios saco adios cilicio
que voy en busca del vicio
que es vida muy deleitosa
adiós, pájaros cantores
que al alba trinan en junta
y en primavera de plumas
prestáis al aire colores
adiós, fuente caudalosa
vecina destos breñares
que en venas de cristales
te pierdes de bulliciosa
adiós, empinado cerro
de cornicabra y tomillo
que ya se va Cascabillo
a andarse a la flor del berro
¡Oh, qué de anhelos me cuesta
el engañar al pecador
ea, vámonos, señor
que la hambre me molesta
vamos los dos de concierto
muy aprisa caminando
que de hambre estoy rabiando
y voy por la moza muerto
seguidme amigo
contento sus pasos sigo
hoy mi panza he de llenar
de comida aunque reviente
desde este risco eminente
le tengo de despeñar
A sangre y fuego he de entrar
como herodes a inocentes
no hay sino aguzar los dientes
si hay mucho que manducar
mucho temo que María
al tiempo de despeñarle
ha de llegar a librarle
este amo muy mal me guía
mire señor que no atino
para donde va el camino
idos hacia mí acercando
que presto iremos llegando
si este amo tendrá buen vino
señor por donde me llevas
sin duda que voy errado
no vais mal encaminado
que aquí cerca está mi cueva
donde podréis descansar
y dar treguas al descanso
no estéis pensativo y manso
no, no, atrás tengo de tornar
vos lleváis bellaco modo
no os acabo de entender
suena un instrumento
que no se pueda vencer
válgame el infierno todo
¡Qué músico instrumento
halaga con su voz el vago viento!
Cantan dentro
Oye, pecador
mira que el diablo te engaña
y anda astuto en la montaña
huye y teme su rigor
mira que te tira meJor
pues tienes en compañía
el bello sol de María
que es del cielo resplandor
Poco vale mi poder,
vana ha sido mi porfía,
pues que aquesta María
que a todos me ha de vencer,
que cuando yo al pecador
guío por camino extraño,
hoy tú a pesar de mi engaño
le amparas con tu favor.
Cantan dentro.
Para que huya el traidor
pues fue contra Dios ingrato,
muéstrale aquese retrato
a pesar de su furor.
Saca Cascabillo un retrato de Nuestra Señora.
¿Conocéis esta pintura
desta estrella relumbrante?
Quítala, infame, de delante,
que me ofende su luz pura;
ya vencido voy, y reniego
del infierno y de mí mismo;
allá voy, obscuro abismo,
a navegar en tu fuego.
Húndese el demonio por un escotillón, y queda Cascabillo con el retrato de Nuestra Señora arrodillado.
¡Oh, soberana Señora,
yo os había de dejar,
clara estrella de la mar,
del cielo y de la tierra aurora!
Vencido de aquel tirano
me llevaba su rigor,
y cuando yo, pecador,
fui a caer, y luz me dais,
claro espejo de pureza.
¿Quién mereció dichas tantas,
poner, Señora, las plantas
sobre mi indigna cabeza?
Y aunque indignas estas manos,
no os merecieron tocar.
Dadme, señora, a besar
aquestos pies soberanos;
mi vida quiero enmendar,
y entre estas pardas encinas
haré áspera disciplina.
Yerbas será mi manjar,
al raso me bañaré,
vecino de esta ribera,
y en su corriente ligera
de sus aguas beberé.
Estaré en vuestro servicio,
rezando vuestro ordinario,
señora, vuestro rosario,
apartándome del vicio,
por donde, si bien se advierte,
mi alma con alegría
os tendrá, dulce María,
por compañero en mi muerte.
Vale
Sale Elicio pastor.
Estoy armado de peñascos broncos,
¡oh rústico albergue de silvestre tronco!,
donde las aves con su dulce canto,
al descubrir la aurora el rojo manto,
cantan con alegría
entre el horror de la montaña fría;
ruiseñor sonoroso, enamorado,
que en el alto ciprés avecindado,
en tu bello capillo alegre cantas,
cuando el alba risueña se levanta,
y prosigue con su acento,
pues eres catedrático del viento;
fugitivo arroyuelo,
que con plantas de yelo
corres por la montaña,
y escondido entre juncia y espadaña
te despeñas al raso, diligente,
hecho sierpe de plata en su corriente;
selvas de este collado,
donde apaciento alegre mi ganado;
y en su verde ribera,
de hermosas flores que el abril promete,
paceis gra m a curiosas,
por laberintos de jazmín y ro[sas]!
Y en ese arroyo músico delgado
matáis la sed en su cristal nevado;
hoy quiero ovejas mías
convertir mis tristezas en alegrías.
Hoy me llevan mis pasos cuidadosos
a ver por la montaña en lo cabroso
una aurora divina,
que a esto mi devoción se determina.
Hoy quiero diligente
subir p' este monte en lo eminente,
que a mi allí una seña
da la altiva roca de una tosca peña
que está en ella la flor del paraíso,
que un madroño tan bien me da el aviso
y está en su pompa densa
de que vive el cielo su deidad inmensa.
Pero, si la vista no me engaña,
una pastora vi de la montaña;
hacia aquí retirado esperaréla,
con pies de pluma p' el monte vuela,
mas juzgo que es Lisena,
que viene prometiendo una novena
y vemonos los dos en compañía
a dar mil alabanzas a María.
Retírase Elicio y sale Lisena.
Dichoso monte que en tu falda umbrosa,
que en un peñasco altivo extraña rosa
que naciendo quedó bello narciso,
floreada en el nuevo paraíso,
madroño que en tu pompa siempre ufana
resplandece una estrella soberana
que vi del cielo bajada,
en su corteza tienes su morada.
Estrella relumbrante
que rasgando ese orbe de diamante
con un ligero vuelo
descendiste a la tierra i desde el cielo,
aurora de este monte,
que aquí sale el sol de su horizonte,
resplandeciente en líquidos desmayos
se desvanece nácar con sus rayos,
espeso cristalino
donde se mira alegre el sol diurno.
metido entre tus brazos
que son para mi fin eternos lazos
aves de esta montaña que hacéis salva
a la mejor aurora, hija del alba
pues con dulce armonía
cantáis alegres que nace el día
musicos ruiseñores
que andáis saltando entre menudas flores
cantad con dulce acento
porque sois ciudadanos del viento
mas ay un pastor veo
o me lo pronostican mis deseos
sale elicio
acercase a ella
pero hacia mi se acerca una pastora
que es desta soledad segunda avrora
acercareme a ella
aunque es curiosidad el conocella
vellisima deidad solo entre espinas
dime, zagala hermosa do caminas
no me conoces
ya me dicen tus señas
que eres hermosa benus destas breñas
yo soy elicio que mi ganado de[x]o
junto a ese arroyo cristalino espejo
que en broche de diam[an]tes se desata
con desperdicios de bruñida plata
habito en este monte
piramide inmortal deste horizonte
donde cada mañana el sol hermoso
se registra con rayos presurosos
discurro aquestos riscos
poblacion de marañas y obeliscos
paseo aqueste prado
hecho custodia fiel de mi ganado
aquí pastor yo tengo la cabaña
al pie de un risco en la áspera montaña
y aquí paso del tiempo los rigores
y solo me divierto con las flores
y a usted digo mas zagala hermosa
di me donde caminas presurosa
yo soy pastor Lisena
que tengo prometida una novena
y pordone s[eñ]or decir a una señora
que si esta deidad divina aVrora
yo tengo prometida a mano buena
a esta divina cándida azucena
retirémonos a un lado
porque allí viene un pastor
cantando con gran primor
un tono muy sazonado
Sale Silvio gracio[so] Cantando y danzando de Pastorcico
Voy a hallarme en las fiestas
que Auñón celebra
a María divina
del cielo estrella
síganme sus devotos
Vengan aprisa
que del cielo asciende
la montañesa
di zagal que fiesta es esta
o causa tal alegría
al pie de la fuente fría
carámbano de cristal
estaba aquista mañana
elicio al amanecer
que vi resplandecer
una estrella soberana
alégrese la montaña
con sus bellos resplandores
y se alegrarán las flores
que a quista ribera baña
la fuentecilla risueña del prado
se despeña bulliciosa
con desperdicios de rosa
siendo su cristal nevado
el rato entre sus raudales
por el laberinto verde
amedroso su curso pierde
con trabuco de cristales
las aves con armonía
en la cátedra del viento
le cantan con dulce acento
alabanzas a María
y pues mañana es su día
vamosla todos a ver
a saltos y brincos de placer
pues Silvio adelante guía
Los dos te acompañaremos,
que también vamos allá.
Pues pongo el tono ya.
Canta, Silvio, y bailaremos.
Canta Silvio.
Caminad, zagalejos del raso,
que allí en un madroño se nace una flor,
azucena divina del cielo
que el sol no la ofende
su blanco candor;
a la rosa, a la rosa, pastores,
que viste de gloria su hermoso arrebol,
que es aroma, fragancia, de gracia,
y nunca la ofenden los rayos del sol.
Mas allí viene Pascual,
¡ay de mí!, a buscarme a trote,
y pienso que un garrote
me ha de medir por igual,
porque le dejé sin cena
ayer tarde en la majada,
y es una burla pesada
lo que le hice, Lisena.
Estoy metido en cuidado,
y temo que si me topa,
me ha de sacudir la ropa
con su garrote endiablado;
aquí me quiero esconder,
desde aquí, sin un reclamo,
yo pienso que aqueste amo
es peor que Lucifer.
Escóndese detrás de Lisena, y sale Pascual mayoral.
En busca de Silvio vengo,
que me ha faltado, he de haber,
mucho rigor ha de ser,
si a palos hoy no me vengo;
que se echó en el papazaco,
ayer por dejar menada,
tres panes de una asentada,
al pie de aquese ribazo,
y atestándose la barriga,
muy asentado el grosero,
dejó mondado el caldero
sin dejar sola una miga.
que apurar una chuchera
d'estas cumbres de anelo
para alabar su belleza
de lo que es un desatino,
dejadme al salvadore
a fe que sabe vagar,
bien bajo se ha de llegar,
contado, y con el garrote.
¡Ay, Dios, que esto sí que es mucho!,
bien me mudo a ranxar,
si cien palos me ha de dar,
aunque uno para mí es mucho.
mas allí, si no me engaño,
está el traidor escondido,
los panes que me ha comido
me ha de pagar el tacaño.
ay, que me ha visto Pascual,
y estoy con temblor de vena,
y a mis calzones suena
parece que huelen mal;
¡Quién esconderse pudiera
huyendo de su mohina,
y sena, en una letrina,
aunque más hedionda fuera!.
los dos te defenderemos,
Silvio non des cuidado.
hacia allí está retirado,
y el piensa que no le vemos.
¡Ay, Dios, que hacia mí se viene!,
donde diantre zagala,
el daria te poner de espala,
con el garrote que tiene.
dale de palos
sal aquí mal avechucho,
responde pues que te llamo.
por amor de Dios mi amo,
no cargue la mano mucho.
tres panes te has embocado,
con tres azumbres de añejo,
reventará tu pellejo. Amén.
que aún no he quedado mediado,
que me los comí con gana,
sin entrar con nadie a escote.
con lo gordo del garrote
te he de currar la badana.
por amor de Dios Pascual
hoy las paces se han de hacer.
A palos le he de moler
como harina en el arnar.
Medios hombros me ha derribado
con el garrote, Pascual,
mas yo te pesia mi mal
si igualare esos palazos.
El loco ha tomado de veras,
las costillas y caderas
de un palo me ha derrengado.
Por amor de Dios, Pascual,
haya paz este día.
Vengaré la rabia mía
en el salvaje animal,
los tres panes, salvajazo.
¿Quién le derribará el brazo
antes que le descargara?
Y el vino que me has bebido,
también me lo has de pagar.
Se me pasó sin mascar,
eso no hizo mucho ruido,
que caro que me ha costado,
tres panes que me he comido,
y el vino que me he bebido,
a palos me ha derrengado.
bésale
Por habérmelo rogado
le perdono al salvajote,
bese ahora este garrote
y vuelva si me ha ganado.
A las fiestas tengo de ir
que hacen en el madroñal
y a la vecina bestial
mi dicho la he de decir.
Tu dicho.
Sí, majadero.
Di, ¿adónde has estado?
A Lorenzo he resguardado.
¿Adónde está?
En el gallinero.
Allí le voy a pasar
cada vez que se me ofrece.
Lisena, ¿qué te parece,
si mi sosia a aprovechar?
Todo cuanto dices mientes.
¡Que no lo quiere creer!.
¿para qué a Lisena venís a ver
y a pasarte por los dientes?
Parece que me rechacéis.
Esta es la pura verdad,
en mi ánima, que está
Lisena en el gallinero.
Ordenemos el recado,
que he de ir a la serna.
Pues cante agora Lisena.
Y vos os prevenís.
Y yo aparejado.
¿Cuál de cantar el primero?
Pues que tenéis gracia tanta,
lindo paso de garganta,
cantaréis como un jilguero.
Canta Silvio.
Zagales del madroñal,
venid a ver el madroño,
una flor que ha nacido en otoño,
María divina, reina celestial.
Venga primero Pascual,
pues por mayoral le toca,
que verá en una altiva roca
un lucero celestial;
no quede ningún zagal,
vengan a ver la princesa,
que el río sus plantas besa
con derretido cristal.
Zagales del madroñal,
venid a ver un madroño,
una flor que ha nacido en otoño,
María divina, reina celestial.
Llegan cantando y bailando y dice:
Ya estamos en su presencia,
mi dicho le he de decir.
Casi me quiero reír.
¿Qué dicho quieres decir,
siendo la misma inocencia?
Tengo de decir mi dicho.
¡Migajas, muy lindo humor!
Pascual aunque soy pastor
soy pastor de buen capricho
yo sé que has de decir
cosas que no estén escritas
pues más de unas seis coplitas
a María he de decir
veamos qué discursos das
¡Ay, Dios, si me enturbiare!
los tonos si acaso me errare
me apuntaréis por detrás
que hemos de apuntar
daca el dicho majadero
pues si esto en el gallinero
como os lo tengo de dar
ahí estará bien guardado
dios me libre de mal
lo que es mi tío Pascual
allí está muy recatado
has de llegar el primero
con gran recato y modestia
llegaré, que no soy bestia
y decir mi dicho quiero
31
+
delante de nuestra señora
yo llego con reminiscencia
a su divina presencia
Señora la de José
¿Está su merced muy buena?
estáis cándida azucena
y muy hermosa a la fe
Su gran beldad me enamora
y me alegra su arrebol
qué bien que parece el sol
en los brazos del aurora
Cierto que es bonito el niño
nuestro Dios le bendiga
chicote toma un pañigo
eres como un blanco armiño
Conócese que es señora
bien haya quien le parió
pues el solo mereció
ser sol de tan bella aurora
Pescudo por su marido
el dacon salve José
el es buen hombre a la fe
que entiendo que es escudero
Cierto que anduvo en gusto
de elegir tan lindo esposo
el es casto y virtüoso
santo patriarca y justo
que hermoso serafín
clara estrella y soberana
¿Está con salud santa Ana?
y su padre san Joaquín
De melos p[adr]es un recado
mire que los quiero mucho
soy pastor y no soy ducho
sino es a guardar ganado
Y que me alegro en el alma
que esten con salud Cumplida
y esa toda mi vida
que se llevaron la palma
de buenos, pues merecieron
ser padres de tal aurora
y no digo mas señora
porque es corto mi caudal
y asi acerquese Pascual
y diga su dicho ahora
des de medio d[e] una aurora
Como en un madroño estáis
y desde el cielo bajáis
siendo del reina y señora
bien estáis en el madroño
pues con poder absoluto
os da muy alegre fruto
en el sazonado otoño
seáis bien venida
hermoso y vello narciso
flor del nuevo paraíso
árbol de la eterna vida
que v[uest]ro hijo el sol divino
señora viene con vos
si los mismos traéis a dios
Corto se os haría el camino
aunque otro sol envidioso
entre líquidos desmayos
os sale a alumbrar con rayos
el divino rostro hermoso
por postrero dice Pascual
hermosa y blanca azucena
que estáis exenta y ajena
de la Culpa original
Vanse.
Adiós, divina María,
adiós, aurora del alba,
adiós, flor del paraíso,
adiós, azucena blanca,
adiós, relumbrante estrella,
que de ese cielo bajáis
a dar nueva luz a este monte,
porque le llenáis de gracia.
Jornada tercera y sale Asbreo
de cazador.
Ofendido de un agravio
otra vez acá me vuelvo,
que para robar alma
toda mi vida es alardes,
que desvelos me asisten,
el abatirlos a mi ruego
y lisonjear mis deseos.
Huye de mí; suelta, siento
demasiados sus enredos;
he de andar por ver si puedo
enmarañar(...) porque no salga
y no se trasmonta al cielo.
Pero, ¿qué digo? Es en vano
todo aquel anhelo prenso,
que aquesta del madroñal
ya sabe mi pensamiento,
todos cuantos pasos doy
no son de ningún provecho,
pues luego va a atajarlo
ella me sale al encuentro,
y se ufana mi enemiga,
que ruina el cerco que he hecho.
No basta que a sus plantas
hollaste mi altivo cuello,
pues si mi cerviz hollaste,
fuerte mujer, Jael fuerte,
casta Judit valerosa,
y a Olofernes soberbio
aquel mísero ermitaño
que, de mis engaños ciego,
se llevaba al precipicio
deste peñasco soberbio,
le libraste de mi garra,
que mi furor sangriento
bajaba a darte la muerte
llegaste mujer a tiempo
que resonando unas voces
de un sonoro y instrumento
que en esa región del aire
repite su dulce acento
huye, huye, pecador
del enemigo soberbio
y para más pena mía
para mi mayor tormento
que para que del me aparte
saco una estampa del pecho
y viendo en fin su retrato
me dio tan terrible miedo
que me retire al abismo
a un calabozo eterno
do siendo mi morada
su oscuridad su centro
en este mar de desdichas
en este ciego seno
navego entre opacas sombras
las lagunas del leteo
ay infelice de mi
en infernal lago navego
pues con lamentables voces
las serenas que encuentro
tanta es la muerte que passo
en este fiero tormento
que aunque he nacido inmortal
no sé si vivo si muero
de que perdí tanto bien
algunas veces me acuerdo
y ahora apetezco los males
aunque invencibles padezco
en el cielo me crié
Serafín hermoso y bello
y ahora por mi soberbia
soy tizón del infierno
y vi una espada sangrienta
que me arrojó Miguel del cielo
pues quise poner mi silla
igual con la de dios mesmo
de que un serafín la ocupe
es tal la envidia que tengo
que él la ganó por humilde
yo la perdí por soberbio
y él alegre está gozando
De la gloria que carezco
no me he de dar por vencido,
que a aquel valor que rindo,
trastornaré estos peñascos
que sirven de escala al cielo;
abrasaré esta montaña,
encinas, pinos y enebros,
pero está en esto María,
y tan a veces la temo,
que aunque yo quiera abrasarla,
ella apagará mi fuego.
Sumiré al través sus aguas,
y en el más profundo centro
de la cerbera muralla,
dejando su arena en seco;
agostaré aquestos prados
de varias flores compuestos,
volviendo en negros carbones
campos floridos y amenos;
mataré rosas y azares,
espinas le daré al viento,
haré que el rojo planeta
nos ofusque este hemisferio.
Pues destos males,
que aquí la aguardo y espero,
¿no soy la culebra astuta
que aquel jardín ameno
engañé a Adán con la fruta,
con que quebrantó el precepto?
¿No es este adusto piñeral
(no le subí yo a aquel monte,
vidi se mostró soberbio, se arrojaba
desde eminencia al suelo)
no dije que me adorase él mismo,
con que necio se ofrecía
gran partido, mísero?
Pues su eterno enemigo soy,
traidor conocido, sujeto.
¿Qué mucho que tiemble un alma,
nadie vence en el desierto?
Y he tenido noticia
que una mujer de buen celo,
muy devota de María,
que acude mucho a este templo
y le reza su rosario
con devoción, acatamiento,
hoy ha de venir solita,
salirla pienso al encuentro,
aquí la pienso esperar.
en encortinados enebros
hoy pienso ponerla lazos
para que jamás nuestros hilos
que anudar no los corta
esta enemiga que tengo.
Enreda porque concluya
que en el monte hay bandoleros
que le quitarán su honor
que pondrán su vida a riesgo
y con esto le pondré
en tal confusión y miedo
que no prosiga el camino;
tanta hiel alma que intento
ay desdichada Laurencia
teme mi furor violento
que es punto robarte el alma
si no te socorre el cielo
Escondese Astreo entre unas ramas del monte, y sale Laurencia.
Aves deste monte, que en voces alternas
cantáis alabanzas a la Virgen bella
que os mueve mi llanto, si escuchan mis quejas
Atended alcores, mis cortas endechas
que un ruiseñor sonoro, clarín de esta selva
si en el verde llano, a dormir se acuesta
cántale a María, si al alba recuerda
músico arroyuelo, que entre aquestas selvas
corres o te pierdes, desatado en perlas
rosas al favonio, alegres ternezas
perfumada en ámbar, narciso en belleza
falso caudaloso, que al mar te despeñas
convertido en golfos, entre esta arena
rústicos peñascos, que en vuestra eminencia
alcanzáis al sol, la rubia madeja
encinas y pinos, enebros y selvas
todos seáis testigos, que en esta aspereza
está una señora, de los cielos reina
que un madroño adorna, a la blanca azucena
solo la acompañan, las aves parleras
a verla aquí sola, mis pasos me llevan
preguntadles pues, que tenga clemencia
Caese Astreo dentro del monte
¡Ay, infelice de mí!
si habrá quien me favorezca
Dejadme gente tirana
atada en roble muera
que voz es el ronco eco
de un hombre que se lamenta
mas desmintiendo peñascos
veloz hacia mi se acerca
Cae Astreo desnudo a los pies de
Laurencia.
Válgame todo el infierno
visteis que no hallo clemencia
valedme dulce María
por cierto fatal desgracia
de quien amigo os valéis
pues a él quiero que me valga
¿Quién sois?
yo soy un caballero que
arrojado de mi patria
vengo a buscar aventuras
mas yo las llamo desgracias
o por suertes traidoras
que a un infeliz nunca faltan
me he retirado a este monte
y aficionado a la caza
por esa maleza silvática
vine siguiendo una garza
hoy en manos de forajidos
mas de sus sangrientas garras
me he escapado de la muerte
y desabrochando ramas
verdes cortinas del monte
que unas con otras se enlazan
rasgando agujeros verdes
penetrando asprezas y plantas
he llegado a aqueste puesto
estáis herido?
no es nada
¿Y de dónde camináis?
por aquí tan solitaria
voy a ver a una señora
que habita en esta montaña
días ha que la conozco
y que un madroño sagr ad o
mas que os mueve de ir a verla
ahora tan tarde y sin compañía
pues que me lo preguntáis
quiero deciros la causa
es que en una enfermedad
me hallé a la muerte cercana
diome la entera salud
y voy a darle las gracias
si por agora no vais
que cerca una banda anda
de crueles bandoleros
que a muchos roban y matan
gozarán de esa hermosura
y después con fiera saña
os despojarán la vida
una gente tan sin alma
que no conocen si hay Dios
yo llevo quien me acompañe
y he de seguir mi jornada
quien lleváis que os acompañe
a la Virgen soberana
que es mi verdadera amiga
vais en una tan contraria
que cada paso que doy
aprisa me retraía
es mi amada compañía
pues a mi no me acompaña
porque
porque huyo della
¿No me diréis por qué causa?
eso es largo de contar
ahorrémonos de palabras
quedaos mujer, que a dios
que yo iré en otra compaña
yo he de seguir mi camino
quien ve en mujer tal constancia
que en fin no teme la muerte
que os avisa y amenaza
yo no tengo más que a Dios
que me hizo a su semejanza
y de mis pasadas culpas
me ha de pedir cuenta larga
gran santa me parecéis
pecadora soy no santa
yo en pago de aqueste aviso
me determino mudarla
No tengo nada que daros.
Mándame siquiera el alma,
que esa sola solicito.
Eso no, que está embargada.
¿Quién es quien os la ha embargado?
Dios, que es suya y no puedo darla.
Dadme en guerra, ¡oh, valerosa!
Dale una estampa de Nuestra Señora.
Toma, amigo, aquesta estampa.
Quita la mujer delante,
que me deslumbra y me mata.
Buen hombre, ¿no la queréis?
Yo no hago caso de estampas
dibujadas en papel.
Amigo, ¿no conocéis
que es la virgen soberana?
¿No sabéis que no hay María
y esa en el cielo se halla,
que las de acá son retratos?
La voz de Nuestra Señora.
¡¡Hola, Laurencia!!
¿Quién llama?
¿Quién eres, voz celestial,
que te oigo y no te conozco?
Yo soy la madre de Dios
que te socorre y anpara.
Ah, mira que es el demonio
que te teje esa cizaña
porque no vengas a verme.
Desaparece.
Esto solo me faltaba.
¡Válganme todos el infierno!
Que esta estrella derribada
desde el alto firmamento
ansina me quite un alma.
¡Allados, fieros abismos,
y recibid en tus entrañas
este serafín sin fin!
Confiada en vos y fiada
desapareció la sombra,
y otra nueva luz me llama.
Vente, Laurencia, a mi templo,
que yo vengo en tu compaña.
Mas una estrella me guía,
grande resplandor esparza.
Yo soy, Laurencia, la Estrella
que, del cielo bajada,
doy nueva luz a este monte
sequío, y alumbro el alma.
Idéase una estrella que baje de una parte a otra a un altar donde esté una Señora del Madroñal, y se pone Laurencia de rodillas.
Ay, ya, cuándo, Virgen Soberana,
os pagaré esta fineza.
Ya, Laurencia, estás pagada,
pues me rezas mi rosario,
y al de Ave, Ave, que es escala
por donde subas al cielo,
ángeles y serafines
canten mil alabanzas,
pues que os tienen por su reina,
y yo amante, indigna esclava,
he de ensalzar vuestro nombre,
hoy postrada a vuestras plantas.
Cúbrese la cortina y sale Lisandro.
De una dama enamorado,
que la quiero más que el alma,
perdido por sus amores,
hoy he salido de casa,
sin traer ya en mi pecho
a una dama.
Llorando, en fin, sus rigores,
es imposible olvidarla;
bueno es llevarlo consigo,
porque en aquesta montaña
suele andar audaz y astuto
el enemigo del alma,
y suelto a María
en mi pecho retratada,
es imposible perderla.
suceder me cosa mala
allá en su templo sagrado
mi amada esposa me aguarda
y regístrame quejosa
la ausencia de mi tardanza
pues mañana es el rosario
de aquese espejo sin mancha
que nace divina aurora
entre los brazos del alba
es mucha razón Lisandro
que vais vos a visitarla
no seamos perezosos
ea diligenciad plantas
porque siempre en la pereza
no fue buena la tardanza
qué confusión causa el monte
y entre las espesas ramas
alegres cantan las aves
a su criador alabanzas
allí se pierde un arroyo
vecino desta montaña
con desperdicios de flores
hecho culebra de plata
que ameno se multiplica en el valle
pues siempre goza esperanza
coronas que el abril suele
flores que el mayo retrata
allí la blanca azucena
yace perfumada en ámbar
y bien narciso embellece
del aljófar que derrama
el raso al mar se despeña
y sus cristalinas aguas
sus márgenes parten olas
para dar onda a las plantas
y en encumbrados peñascos
en riscos desta montaña
por organos al sol
al cielo rinden escala
toda la montaña es cielo
bien digo pues que se halla
una flor del paraíso
cándida azucena blanca
pues si está en ella María
entre en dulce consonancia
aves parleras del monte
flores que arrojáis fragancia
arroyos que en vierten cristales
valle que el mayo esmalta
o a fe que su curso presta
peñas sol selvas y plantas
que vos os mostráis alegres,
pues María os acompaña,
a daros mil parabienes,
de que la nuestra hermosa infanta
va a rezar su rosario
ahí postrada a vuestras plantas,
que a mi dulce María,
pues os lleva en su compaña,
y con Lisandro gano yo
a daros mil alabanzas.
Dispara Ascreo dentro un arcabuzazo y dice.
¡Quién diablo ha errado el tiro!
Válgate el diablo, la garza,
que hasta el cielo te remontas,
o has ganado la arrempujada.
¡Qué voz es esta que escucho
entre las espesas ramas!
Mas será algún cazador
que se divierte en la caza.
Sale Ascreo.
Otra vez de mi caverna
salgo a pasear la montaña,
que viéndoseme concluida
poco sosiega y descansa,
que de desvelo me cuadra
el darle un asalto al alma,
poco aprovechan mis pasos,
pues hay quien me los ataja,
y a pesar de los cielos
he de volver a tentarla,
que si ofende a Dios tres veces,
otra tentación me falta.
Hacia mí se acerca un hombre.
Hacia aquí siento pisadas.
Llegar quiero a conocerle.
¡Ah, buen hombre!
¿Quién me llama?
¿Quién sois?
Soy un extranjero.
¿De a dónde?
Es lejos mi patria.
¿Y a qué por acá venís?
Vengo por una desgracia.
¿Es acaso alguna muerte?
Que harto preguntar me enfada.
Mal digo no me canseis
que re de mi mal la causa
es que reni con mi Rey
mas fue mi aventura tanta
que me echo de su palacio
desterrada a hermitana
he andado en sierras sierras
rodando por cuestas agrias
caminando infelizmente
mas para mi todo es nada
que por divertir mis penas
me retire a esta montana
que no es la primera vez
que han ollado mis plantas
aquí destierro pesares
y me divierten la caza
y vos donde camináis
yo a ver una imagen santa
que habita en un desierto
y a confesar que es mañana
su natividad gloriosa
todo muy bien me parece
que aya en dos virtud tanta
De la imagen que decís
que aquesta aspesura guarda
días a que la conozco
y aunque de hoy he de ser su ermitaña
si queréis ver su retrato
yo lo traigo en mi compaña
por agora no hace al caso
en vueltos lo digáis
sus milagros y prodigios
espantan, consuelan, da
la salud a los enfermos
a cojos y mancos sana
a ciegos da nueva vista
y a los los demonios saca
de los cuerpos miserables
Calla no prosigas tu lengua
que me ofendes, y me matas
para que a a mí me relatas
d el cuerpo de una deidad
que abra veinte años y mas
que el cielo lo atormentaba
que demostración es esta
que hacéis empeñada
Caballero, que decís.
Labrador, no digo nada,
si queréis acompañarme
iremos de camaradas,
yo que hoy a Valdeolgas
de entrar en su santa casa.
Por agora no es posible,
que voy siguiendo una garza,
desmintiendo sus señales,
por ver si puedo alcanzarla.
Pero miento en cuanto digo,
que voy a cazar el alma,
y así que mal año busco,
ingrata de mi se aparta.
Quedad con dios, Caballero,
que es tarde, y la noche baja
a dar confusión al monte,
cubierta de ombras pardas.
Eh, hidalgo, vais muy de prisa,
ya que la noche baja,
y os aventuráis en cosas
que son de importancia,
quedaros en esta jara,
que mejor hay en ella cabida,
cuando menos,
fiad vos de mi palabra,
que no soy hombre que miento.
Como es cosa que inporte
siempre un poco aguardare.
Mirad que estáis muy errado,
que cerca desta montaña
un escuadrón de ladrones hay,
que a muchos roban y matan,
y como saben que bienen
a las fiestas de mañana
mucho concurso de gente,
metidos en enboscada
están entre aquellos riscos,
aguardando a los que pasan,
y yo me vengo huyendo
por esta senda intrincada,
desmintiendo sus señales,
por librarme desta garra.
Que decís, es eso berdad.
Escuchad,
y bereis como disparan
toda esa voca de fuego.
a parte
no van en balde mis balas
A caza, a caza
al valle, al llano, a la selva,
no quede persona humana
que no le quite la vida.
mirad como no os engaña
mi persona en cosa alguna
Valgame el cielo, que are
a tres viudas hay ahora casa
en el a de haber remedio
que yo voy en vuestra merced compaña
también pierden las mujeres
que aun siquiera no reservan
en el culto de María
desnudenme aca un sayo
y unos bestidos tan feos
que el mismo diablo los suda
y con esto que los hace
he dado a caza y al vuelo
que al momento s'oscurece
y unos d'ellos se apartan
ay señora de mi vida
ay dulce prenda del alma
tienen comercio conmigo
aquella gente humana
si más la Virgen María
y los lleva en su compaña
ea pues determinad
si hemos ahora de asar
aquella gente a la selva
¡Ay, si hubiese yo a él
en mi vida arriesgado!
sin alma i sin dueño, soy
ay dulce prenda del alma
engañosos son lexeros
con mis apariencias falsas
parece que obran en el
que engañosas faldetas
por hoy se dice que llore
será si vos se espanta
de que no rece el rosario
aquesto mi lengua traba
venid, labrador, aprisa
consiguiendo mis pisadas
sin duda que voy errado
mirad al pie de esta montaña
tengo medido a palmos
y por aquí maltratada
os pudiera mi envidia
tomar en el tal venganza
que desdesta alma y boca
a este valle se arrojara
pero no puedo ofenderle
que trazando a el trampa
de aquello que fio mi cuello
y va avante
a librarle de mis garras
quien será quien me detiene
Valgame Dios quien me ata
mover el paso no puedo
cuidadosa y abogada
por librarse de la muerte
pone grillos a sus plantas
edad labradora ingrata
que hay peligro en la tardanza
al vado le bajaré
y en sus cristalinas aguas
le arrojaré donde pierda
la vida, y con ella el alma
Donde vas lisandro mío
mira del trato que engaña
Voz es esta que escucho
Valgame Dios quien me llama
quien llama es mi enemiga
esto solo me faltaba
vente Lisandro a mi templo
que aquí piedad te aguarda
no temas ningun peligro
que viendo mi estampa
aquel fiero vestigio,
aquessa serpiente ingrata
ya que valla a buscallo
al amparo desta madroña
no as del ofenderle
a lisandro te aparta
a librarle de la muerte.
saca la estampa d[e]l pecho, y se la enseña
para que huya el tirano
mostrarle quiero la estampa
Conocéis esta señora
aparta lisandro aparta
que me ofende y pena verla
celos a mí enamora,
donde soy pasto siempre
salamandra en vivas llamas.
Juan vese.
Huyó de mí el enemigo,
nota, de que dejó estampa.
Ponese Lisandro de rodillas en la estampa de Nuestra Señora.
Decid mi dulce María,
divino mar de la gracia,
como conmigo tan pía
troxestes piedad...
formado de un barro en vicio
andáis, señora, tan a mi instancia
que librastes del demonio
a este vuestro esclavo franco;
quiso meterme en prisiones
para ser dueño del alma.
¡Oh, soberana señora!
Conmigo fineza tanta,
¿cómo os pagaré esta deuda?
Que, Lisandro, está pagada,
pues mereces mi rosario,
y tus lágrimas, mi gracia.
Rezaré vuestro rosario,
siempre virgen soberana,
que ha de ser para el cielo
vuestro rosario la escala.
Siendo vos mi norte y guía
siempre irá segura el alma.
Volved estampa a mi pecho,
porque, en fin, me has adornado;
porque me espera Marte
y voy a darle las gracias.
Pero ya estoy en su templo,
y mi esposa arrodillada
está rezando el rosario.
A Laurencia.
Abre dentro.
¿Quién me llama?
Lisandro, vuestro esposo soy.
Sale Laurencia con el rosario en la mano.
Querida prenda del alma,
con la gana de abrazaros,
rezando el rosario estaba.
del misterio de hoy
que son la pasión sagrada
de los misterios de hoy
de aquel divino cordero
de aquel amante del alma
que murió sobre un madero
clavado de tres escarpias
y mirando su pasión
toda en lágrimas bañada
a María se la ofreces
porque ella con bien te traía
ella el sol me ha traído
a venir a darte las gracias
pareces estas lisandro
con la color demudada
dime que te ha sucedido
eres, Laurencio, la causa
que lo oye y no advierta
que atenta te escucho el alma
yo hoy en este valle florido
al pie de a quesa montaña
que ancha riega su orilla
el tajo de cinta i plata
esta tarde espaciaba
su fresca alfombra pisaba
bordada de hermosas flores
que el mayo pule y esmalta
en su verde capote
murmura una fuente clara
sitio ameno de las aves
que en dulce consonancia
en sonoros acentos
cantan a dios alabanzas
apenas subo al remonte
cuando febo caminaba
presuroso al occidente
a recogerse en su plata
registro en poca espesura
que escucho entre las ramas
las voces de un cazador
que va siguiendo una garza
llegar quiero a conocerle
y él hacia mí se aparta
siendo un cazador fingido
mas de demonio la traza
llegó y necio me pregunta
las preguntas excusadas
que como es su ciencia infinita
que me da alcance
y para satisfacerle
de la pregunta cansada
le dije que a una nobena
y a las fieras de mañana
que un obispo de aviñon
celebra a esta imagen santa
intenta ponerme lazos
con espantosas palabras
y por que no vaya a a vista
y mis cortos pasos me ataja
diceme por que me vuelva
que anda en el monte una banda
de crueles vandoleros
que a muchos roban y matan
en tal confusión me puso
queriendo volverme a casa
y por que no vaya solo
dice que irá en mi compaña
creido de sus engaños
llevado de sus palabras
me lleva el ciego enemigo
por una senda apartada
tan texida de peñascos
que seguido al tajo baja
apenas me baja a un valle
y anocheciendo derrama
que en lo horroroso y obscuro
y de la noche montaña
por una angosta vereda
el tirano me llevaba
al rudo cristal del tajo
a sepultarme en sus aguas
cuando una voz celestial
de aquestos ayres que abaja
que dice detente niño
mira que el diablo te engaña
quede turbado y confuso
vuelto de mi en si al scucharla
prosiguio la voz divina
diciendome que en ella me ampara
que mi esposa me aguardaba
apenas oyo esta voz
el enemigo del alma
cuando bramando de envidia
fuego por la boca echaba
diciendo vil labrador
quien te llama a esta abogada
y a meter mela en mi pecho
con estas sangrientas garras
que hiciera dos mil pedazos
Una línea cortada e ilegible al inicio de la columna
que el libre querer que llevas
en su pecho encontraría,
o tal vez vuelve al infierno
a padecer penas tantas,
donde ha de ser para siempre,
que aquesto nunca se acaba.
Desaparece con esto y abrázale esposa amada.
Voy alegre y contento,
pues vivo que vengo en mi compaña
a aquesta divina aurora,
esta estrella hermosa y clara,
esta flor del paraíso,
aquesta azucena blanca,
que pues estoy en su templo
libre desta amenaza,
de rodillas por tierra
le he de dar mil alabanzas.
A mí, mi Señora, me ha dado
el polo su relación,
pues deste fiero dragón
a mi Lisandro ha librado,
también aqueste vestigio,
aquesta serpiente ingrata,
o deste rudo lucero
que cayó por su desgracia,
precipitado del cielo,
por su subervia tanta.
Viniendo ayer, como digo,
al pie de aquesa montaña,
también me salió al encuentro
ese enemigo del alma;
veloz hacia mí se vino,
y desapartando ramas,
desde un alto peñasco
se arrojó a mis plantas.
Valedme, dulce María
dije, viendo la fatal desgracia.
Si a esa mujer te vales,
yo no quiero que me valga.
Y ingrato y desconicido,
me pidió el tirano el alma.
Yo le dije que no es mía,
que a Dios la tiene embargada;
díjome: "dame un abrazo".
Saqué el sancto rosario
y viendo su santa hechura,
volvió el rostro a espaldas.
En el margen superior hay unas palabras tachadas, parece poner "en esta mujer". Folio 51 en la esquina superior derecha de la segunda columna.
y porque está en tu compaña
teniendo tan fuerte escudo,
hoy te libras de mis garras,
volverme quiero al infierno
a navegar en su fragua,
que soy el fiero Vulcano
que he de estar siempre en sus llamas.
desapareció con esto,
y sus inmensas entrañas
abrió una boca la tierra,
y le trago su garganta.
estoy alegre y contenta
como el sol por las mañanas
que sale a tirar jazmines
con mil reflejos de nácar.
volvióme a llamar María,
y de una estrella guiada,
vine a esta sierra humilde,
lleno de contento el alma,
y pues ya estamos los dos
con María en tu compaña,
arrodillados por tierra,
démosle mil alabanzas.
Todos de Rodillas.
¡Oh, soberana señora,
cándida azucena blanca
nunca del sol ofendida,
antes del sol coronada.
blanca flor del paraíso,
en aquel Jardín plantada
para reservar sin culpa
de Adán y de su desgracia.
guía del alma que os busca,
peligrando en el mar,
que a la nave por ella
más pura que se adelanta.
pozo de eternas virtudes.
mar de excelencias y gracias,
alcázar de David.
de precios florida arca.
espejo en que el padre eterno
en vos se miró agradado,
mas pura y clara que el sol
que en vos nunca hubo mancha.
Hermosa luna del cielo,
clara estrella tramontana,
que con vuestros resplandores
llenáis el monte de gracia.
Carmen.
yo que de procesión e veni[do],
pues os aplican ya el nombre
que sola quedais en el mun[do]
pues sois el mar de la flota.
aquí hace fin la comedia
famosa yn[ti]tulada
la estrella del madroñal,
que dios n[os] de su s[an]to Reino a[men].
y el avditorio ruega
perdone d[e] n[uest]ras faltas.
Finis Coronat opus.