digitanler Text von Lan estrellan del Mandroñanl y devoción del Rosanrio | BITESO
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digitanler Text von Lan estrellan del Mandroñanl y devoción del Rosanrio

Veröffentlichungsdatum: 22. August 2026

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Comedian
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El texto procede de lan trannscripción anutomátican del mannuscrito conservando en lan Bibliotecan Nancionanl de Espanñan, signanturan MSS/15541.

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La estrella del Madroñal y devoción del Rosario. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-estrella-del-madronal-y-devocion-del-rosario.

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LA ESTRELLA DEL MADROÑAL Y DEVOCIÓN DEL ROSARIO

Stanrt

Jornada primera

Pang. 1

E 37

Comedia famosa. La estrella del Madroñal y devoción del Rosario.

Personas Asmeo, demonio. Elisio, pastor. Lisandro, labrador. Silena, pastora. Laurencia, su mujer. Bato, mayoral. Cascabillo, ermitaño gracioso. Silvio, pastor gracioso. Lucía, villana. Nuestra Señora.

Tocan una caja ronca y una bocina y por la mitad del tablado se abre una boca y sale fuego y Asmeo con un hacho en la mano encendido y dice:

Asmodeo.

Desde el oscuro seno,

donde jamás del sol la luz ha entrado,

salgo de envidia lleno,

de este monte de espina coronado,

donde está una doncella

Pang. 2

Asmodeo.

que mi altiva cerviz suplanta y huella.

No soy aquel dragón horrible y fiero

que a ti con mi pesar desde lucero

en el oscuro abismo

no me quejo de Dios, sí de mí mismo.

No fui aquel querubí hermoso y bello

que necio altivo enarcando el cuello

con el sumo hacedor del cielo y tierra

descortés y atrevido le hice guerra,

del hombre en fin vencido

él fue Sansón valiente y yo el rendido.

Pues que ya me veo

en la ardiente laguna del Leteo,

cuya hedionda piscina

con sus aguas de azufre y de resina,

salgo por esta boca

que a los infiernos en horror provoca,

cuya caverna oscura

es de voraces llamas sepultura.

Y con mi ciencia infusa,

vigilante y astuto

he de asistir en este monte astuto,

y he de meter cizaña,

seré asombro y horror de esta montaña.

Pero si en ella asiste

la hija de Joaquín, ¡ay de mí, triste!

pues si con su pureza

amenaza mi mísera cabeza,

y aunque yo la he mirado

nunca la he visto cometer pecado,

ni jamás fui bastante

a conquistar su pecho de diamante.

Mas si a un vil caudillo me sujeta

un fraile, un gusano de la tierra,

un fraile de San Gil murmurigato

con sus conjuros me despide ingrato,

pues con unas palabras me admira

me arroja de los cuerpos miserables.

Y si el mal me ha quitado

qué tiene de arenal y flor el prado

que tanto este fraile me atormenta

¡oh capitán de Israel valiente!

pero si tiene siempre en compañía

esa copia o retrato de María,

y blasona este fraile de

su corona, su salve y su rosario.

Si con tan fuertes armas está armado,

¿quién ha de acometer a este soldado?

Por vencido he quedado en esta guerra.

En hondo manantial trágueme la tierra.

Pang. 3

Asmodeo.

Abre tu boca, infierno,

porque voy a reinar en fuego eterno.

Húndese.

Sale Cascabillo de ermitaño, ridículo, con un rosario grande al cuello, y Juana, labradora.

Juana.

Diga, hermano Cascabillo,

¿por qué ha sido la ocasión

de ausentarse de Avñón?

Cascabillo.

Hermana, quiero decillo:

por ermitaño, en la ermita

de la Virgen Soberana,

he venido, hermana Juana,

que tanto su amor me incita.

Aquí vivo retirado

de necios aduladores,

y me divierten las flores

y selvas de este collado;

y metido entre breñales

del monte, aquí, de las espinas

como bellotas, que enjambres

despiden de sus dedales;

en esta risueña fuente

que en perlas se precipita,

me regocijo, hermanita,

siendo su cristal corriente;

y, por decir de mis males,

mi fatiga y mi trabajo,

alguna vez bajo al tajo

a mirarme en sus raudales;

y con dulce melodía,

entre músicas suaves,

escucho cantar las aves

cuando resplandece el día;

y, entre áspera disciplina,

ayuno, oración, cilicio,

me aparto, hermana, del vicio

que al infierno me encamina.

Juana.

Por santo le pronostico.

Cascabillo.

Ya soy otro del que fui.

Juana.

¿Hace algún milagro?

Cascabillo.

Sí.

Juana.

Hágame uno.

Pang. 4

Cascabillo.

grande o chico.

Juana.

Un milagro me ha de hacer

tan grande que cause espanto.

Cascabillo.

Todos me tienen por santo,

y yo me lo echo de ver.

Juana.

Santo es.

Cascabillo.

¿Que no lo ha sabido?

Juana.

Muy bien se le echa de ver.

Cascabillo.

Pues un milagro hice ayer.

Juana.

Y ¿qué fue?

Cascabillo.

Que despeñé un diablillo

en aquestos montes agrios;

hago infinitos milagros,

quiere que le diga más,

si no le cansa el oírlo.

Juana.

Diga, hermano Cascabelo.

Cascabillo.

Válgame señor San Blas,

estando en aquestas breñas,

cierta tarde en oración,

vino un tiñoso capón

y un eldos alcarreñal,

llegóseme a mí el capón,

curele la tiña fiera,

y le dejé sin mollera

más mondada que un piñón.

Juana.

Tiene gracia singular.

Cascabillo.

Pues después le bauticé.

Juana.

Y dígame, ¿cómo fue?

Cascabillo.

Calenté el agua de pelar,

y hirviendo a borbotones,

echele con dos cangilones

en su cabeza mollar,

y con el agua fogoso

al momento quedó sano.

Juana.

Y aqueste es milagro divino.

Cascabillo.

Ese es milagro tiñoso.

Pang. 5

Cascabillo.

celosas las alcarreñas

de que no se hacían preñadas

durmieron de camaradas

conmigo entre aquellas breñas

tuviéronme por su amigo

y de tal suerte durmieron

que a la mañana se fueron

muy hinchadas del ombligo

otro tuerto a mí llegó

y hícele una cura buena

echele en el bueno arena

con que al momento cegó

no son milagros aquestos

para un santo de mi fama

muy apriesa Dios me llama

Juan.

milagros son mal dispuestos

Cascabillo.

yo quedo muy satisfecho

Juan.

él tiene muy mal capricho

que los milagros que ha dicho

no hay ninguno de provecho

Cascabillo.

¿trae algo que manducar?

Juan.

no faltará que comer

Cascabillo.

si un milagro se ha de hacer

es menester almorzar

que me cuesta mil desvelos

el hacer tantos milagros

en aquestos montes agrios

ando durmiendo en los hielos

¿no trae algo que beber?

Juan.

aquí le traigo un botillo

Bebe.

Cascabillo.

venga de ver un traguillo

porque tengo un resequillo

de los relicues de ayer

no me harto de beber

el vinillo es de los cielos

traiga, hermano, unos buñuelos

para empezar a comer

Juan.

aquí le traigo un bodigo

Cascabillo.

y un jamón de buen tocino

si el jamón es como el vino

bien se compondrá mi amigo

Pang. 6

Juana.

Siéntese ama despacio.

Cascabillo.

¿Do me había de sentar

en primerengo de orar,

piensa que estoy en palacio?

No estoy sino en la montaña

haciendo grande penitencia

ajustado de conciencia.

Juana.

Con su santidad me engaña,

démelo, hermano, a probar.

Cascabillo.

No vaya, miedo, que a la alfa

hasta que me satisfaga

no lo tiene de catar.

Juana.

De que beberé un traguillo...

Cascabillo.

Pues, hermana, ¿bebe vino?

Juana.

¡Jesús, qué gran desatino!

¿No ve que el zumo es maligno

y se sube al colodrillo?

El vino se habrá de dar,

no lo diré por vicioso,

que amo del gallocioso

me acudía en paladar.

Ea, acabe de comer.

Cascabillo.

Hermana, no me haga fieros;

comida de carpinteros

por agora pienso hacer.

¿Cómo ha de entrar en provecho

si no se come despacio?

¿No ve que estoy algo lacio

de penitencia que he hecho?

Juana.

Como salial en el agua midelago

que me espera mi marido.

Bebe.

Cascabillo.

Pues que también he comido,

vaya a mi salud un trago.

Juana.

Con pez, pez me la ha de hacer

con su cara de tomate.

Cascabillo.

Vaya ahora, por remate,

otro trago a Dios loado.

Muy bien traba este traguillo

tras el salado jamón,

y se pondrá en oración

el hermano Cascabillo.

Tome, hermana.

Juana.

No, ese trillo

que ya está determinado.

Pang. 7

Vase.

Cascabillo.

del jamón pierda cuidado

y también del bodiguillo,

y si me volviere a ver,

tráigale lleno de añejo,

y apañado un buen conejo,

que bien era menester;

y para desensebar,

traiga, hermanita, un melón,

y aquesto, sin dilación,

porque me quiero arrobar.

Pues que tan bien he almorzado...

Señor, escuchad mi llanto.

Juana.

¡Válgame Dios, qué gran santo!

Hacia el cielo está arrobado,

que estará con Dios hablando

en alta contemplación.

Cascabillo.

¡Qué bueno que sabe el jamón!

Mas el vino va obrando.

Juana.

¡Válgame Dios, cómo suda!

Sin duda es sudor de muerte.

Cascabillo.

Es que el vinillo es tan fuerte,

pienso que suda agua de ruda.

Juana.

Mucho se tarda en volver.

Pícale.

Cascabillo.

Algo temo no le enoje,

porque a Dios no se le antoje

el meterme un alfiler.

Cascabillo.

¡Dicho y hecho, voto a Cristo!

Juana.

¡Ay, que jura!

Cascabillo.

Pues ¿no tengo de jurar?

¿Cómo el milagro ha de obrar

si me da una pinchadura?

¿Soy yo mula de alquiler

que, porque ande y se duela,

la arrima el dueño la espuela?

¿Así mete el alfiler?

¡Medio muslo me ha pasado!

¡Valga el diablo quien lo hizo!

Juana.

Eres un santo postizo.

Cascabillo.

No soy, sí, santo afamado.

Juana.

Eres un santo embustero.

Cascabillo.

¿Ahora lo echa de ver?

Voto a san que por comer

me meteré a pastelero.

Pang. 8

+ [Cruz en la parte superior central]

Vase.

Juana.

Quédese el hipocritón,

el santurrón y hechicero,

que le dejo para un cuero,

porque yo me voy a un non.

Cascabillo.

Lindamente he manducado

con capa de santidad.

Si he de decir la verdad,

yo he sedo un poco embriagado.

Vamos a dormir la zorra,

que bien será menester.

Voto a San, que por comer

me taen a un non una gorra.

Vase.

Sale Lisandro, labrador de barba, y Laurencia, su mujer.

Lisandro.

Amada esposa mía,

aurora bella, resplandor del día,

hoy quiero, dueño hermoso,

darte cuenta de un caso prodigioso.

Yo pretendo una dama,

que en todo el universo tiene fama,

y della enamorado,

hoy verla solicita mi cuidado.

Laurencia.

No prosigas, Lisandro, estoy celosa;

déjame, porque yo...

Lisandro.

Laurencia hermosa,

en el cielo no la hay mejor ninguna:

a sus pies de chapín sirve la luna,

su cabeza coronan las estrellas,

y el sol dorado con sus luces bellas

se guarnece de nácar su vestido.

Mira, pues, lo que aquí te he encarecido:

si es bella aquesta dama que yo quiero.

Laurencia.

¡Ay, mi Lisandro, yo por bella muero!

Dime dónde asiste

aquesta hermosa dama que tuviste;

por verla de contento el alma lucha.

Lisandro.

Bellísima Laurencia, atenta escucha.

Sabrás que junto al Tajo caudaloso,

cinta de plata que la ribera baña,

hay un monte de espinas escabroso,

por lo eminente de la sierra montaña,

y un madroño de hojas muy pomposo,

que en un peñasco le sirve de peaña.

Pang. 9

Lisandro.

Esta es una hermosa aurora bella

que ha bajado del cielo siendo estrella.

Esta estrella del cielo soberana

que desciende del alto firmamento,

azucena divina en la mañana

que no la ofende el sol ni hiere el viento;

Madre del Redentor, hija de Ana,

de pureza y candor, bello portento,

en el madroño ha de haber encarnado

donde nunca se ofende el sol dorado.

Amanece el sol alegre y delicioso

que sale galán de su horizonte,

apresurando el curso presuroso,

pues con rayos de luces deja el monte,

tirando el carro este planeta hermoso

gallardo Febo, hijo de Faetonte,

que va caminando al occidente,

siempre de nácar su divina frente.

El madroño se muestra muy gozoso

de tener un tesoro tan divino,

en su corteza hace un sol hermoso,

y con el aurora de contino

el ruiseñor alegre y sonoroso

entre sus ramas duerme por vecino,

hace mil armonías con su canto,

al descoger la aurora rojo manto.

Esta del Padre Eterno hija querida,

y reina es del cielo soberano,

espejo de pureza, árbol de vida,

Madre de un Dios divino y Dios humano,

hermosamente en gracia concebida,

inmaculada a pesar de aquel tirano,

de los cielos desciende muy brillante

pisando estrellas, querubes de diamante.

Lisandro.

Hoy hemos de ir los dos en compañía

a hacer a esta Virgen una novena,

y verás al hermoso sol del día

en brazos de una cándida azucena.

Vamos con diligencia, esposa mía,

nunca perdamos ocasión tan buena,

que el planeta del coche

va caminando en busca de la noche.

Pang. 10

Lisandro.

Allí verás milagros infinitos

que está obrando cada día

en sus cuadros Laurencia están divinos

aquesta es la verdad mi vida mía

también arroja espíritus malignos

que hacen al alma guerra en porfía

y tal temor les da porque se asombre

que todos huyen de escuchar su nombre.

Y oirás los sonorosos ruiseñores

que dan mil alabanzas a María

sembrando el monte de olorosas flores

que le sirve de alfombra y campanario,

cantan las aves con dos mil primores

al pie de un risco junto a una fuente fría

que en derretidas perlas se desatan

hecha una sierpe de oro y rica plata.

Subamos por el monte diligentes

desabracemos ramas en su busca

franqueemos los riscos eminentes

que el cielo desafían por su altura

y oirás el dulce ruido de la fuente

que bulliciosa su cristal murmura

y veremos la estrella montañesa

que el Tajo con cristal sus plantas besa.

Laurencia.

Con notable admiración

su relación me ha dejado,

vamos Melisandro amado

a verla con devoción.

Vamos a ver la azucena

que nunca el sol marchitó

ni planta aleve tocó

quedando de culpa ajena.

Esa torre de David

y zarza que vio Moisés,

Lucero de Nazaret

y valerosa Judit,

aquesa falaz serpiente

y dragón de siete gargantas

con sus soberanas plantas

abatió su altiva frente.

Vamos Melisandro a ver

esa reina celestial.

Lisandro.

Partamos al madroñal,

llena el alma de placer;

franqueemos la maleza

desta ligera montaña.

Van subiendo el monte.

Laurencia.

¡Notable horror!

Lisandro.

Fuera el vano temor,

mucha espesura encierra.

Pang. 11

En el margen superior hay una cruz.

Laura.

Entre músicas suaves,

aunque su aspereza es mucha,

con dulce acento se escucha

solo el canto de las aves.

Lisandro.

Ya con rayos de belleza

sale el sol de su horizonte,

galán, y alegrando el monte,

alegró nuestra maleza.

Laura.

Mira, esposo, aquella fuente

vecina de ese collado,

que perlas le presta al prado,

fugitiva y diligente;

mira el romero oloroso

donde esa abeja ambiciosa,

picando su flor hermosa,

fabrica el panal hermoso.

Lisandro.

Vamos los dos caminando,

que entre una luz clara y bella

allí relumbra una estrella.

Laura.

Todo el monte está alegrando;

vámonos más acercando,

que, sin diferencia alguna,

a sus pies tiene la luna

y un sol que le está alumbrando.

Lisandro.

Ya el madroño se ha encarnado,

publica que su corteza

tiene la suma riqueza

que hoy el cielo nos ha dado.

Laura.

¡Oh, madroño venturoso,

que entre tu corteza dura

está una doncella pura

y un Dios todopoderoso!

Lisandro.

Pues los dos hemos llegado,

con grande veneración

hagamos adoración

a este divino traslado.

Ambos de rodillas.

Ambos.

Salve os Dios, bella María,

bendita y llena de gracia.

Laura.

Salve os Dios, aurora bella,

que entre los brazos del alba

salís con el sol divino

a guarnecer la montaña.

Lisandro.

Refugio de pecadores,

reina todo el mundo os llama.

Laura.

Consoladora del triste.

Lisandro.

Defensa y muro del alma.

Pang. 12

Laura.

Vámonos, aura aldea,

a publicar alabanzas

d'esta divina Señora.

Juan.

De la copia de María

lleva la reverencia una estampa.

Laura.

En mi corazón va escrita.

Juan.

Y yo la llevo en el alma.

Vanse.

Jornada segunda

Pang. 13

Sale el Demonio en traje de

cazador.

Asmodeo.

Infierno, asiste a mí,

poco vale mi astucia y mis engaños,

¿de qué me sirve andar tan diligente

si me acobarda una mujer valiente?

Ruina espero, mi ser bajo abate,

no me atormentes más, no baste

si las almas me quitas,

¿de qué me sirve de nuevo solicitar,

si las que en los riscos de la montaña,

envidioso sembré mi cizaña?

Cazador soy del alma pecadora,

y así que sea su guarda quien lo ignora,

que he de introducirme en ella,

si alevosa procura defenderla;

si cazarla procuro,

huya a los montes, a lo más seguro.

Yo soy ladrón y cazador astuto,

que de robarla en este, en este monte bruto,

y ha de cansarme en vano;

pero si en la red, ya en tu mano,

ya vuelven tus devotos,

con músicas, con fiestas y alborotos,

¡oh, si en aqueste día,

se pudiese lograr la rabia mía!

Mas si no he de salir con los intentos,

es añadir más fuego a mis tormentos.

Pero ¿qué me acobarda?

¿Has de ser menos en mil volcanes arda?

¿No soy monarca y príncipe jurado,

del reino macilento del pecado?

¿No puedo hacer que conmigo luche,

lo mucho poco y lo poco mucho?

Y a las mercedes raras, eminentes,

seré león sangriento o serpientes.

Pang. 14

Asmodeo.

abrasaré estos ásperos breñares

atalaré al Tajo sus raudales

y si él solo conmigo se alborota

le sorberá mi rabia gota a gota.

Agotaré estos montes y collados

y no dejaré hierba a sus ganados

y en la vaga región de este elemento

mataré cuantas aves lleva el viento.

Si es este mi valor y tanto puedo,

¿cómo a una sola imagen tengo miedo

ya de vencida voy sin vida y sin aliento?

Pero si no me engaña el pensamiento

previniendo atención a mi sentido,

aquí hacia esta parte siento ruido,

allí, si no me engaño,

midiendo viene el monte un ermitaño,

pero hacia mí se viene,

qué de cosas mi rabia se previene,

y lo que mi grave enojo solicita

si esta del Madroñal no me le quita.

Aquí entre estas ramas escondido

he de escucharle con atento oído

para ver lo que dice.

¡Ay, mísero de ti, ay, infelice,

lobo sangriento soy, y he de hacer presa

a pesar de la Estrella montañesa!

Escóndese Asmeve entre las ramas del monte, y sale Cascabillo.

Cascabillo.

De comer tanta bellota

tengo áspero el garguillo;

más tarde lavarle espero

con el licor de una bota.

Mucho la sed le alborota

al hermano Cascabillo,

que si cogiera un botillo

no le dejara una gota.

Pues harto ya de tragar

bellotas como un lechón,

me ha dado una embargación

que no me deja parar.

Pues para desembargar

estas bellotas malinas

échenme seis melecinas

Pang. 15

Cascabillo.

Con que pueda descansar,

y si no fuere bastante

aquesta agua maldita,

del aceite y de bendita

otra me echen al instante,

que han de ser melecinas,

que ahora me pueden echar;

muy bien se podrán purgar

estas mis tripas bacinas.

Ya tengo pronosticado,

si con ellas bien me hallo,

que en todo este mes de mayo

he de salir bien purgado.

No es muy mala la purguilla

del aceite benedita,

porque al echar al espita

me sirvió de una canilla,

y, tras todos mis trabajos,

para acabar de purgar,

a un glotón singular

le cercan escarabajos;

es tanta la caña y grita

que traen tras mi basura,

con que cada cual procura

caminar con su borrica.

Déjenme, pesados males,

a que acabe de purgar,

ellos quieren trabajar,

son curiosos oficiales;

y a las ganas de comer

se vienen por tirantes,

y estas mis tripas purgantes

se me podrán revolver.

Y a tanto me desatinan,

que si no me ponen tasa,

tengo una hambre que pasa

más allá de la canina.

¡Oh, voluntad Juanilla,

con otra manducación,

que con tanta purgación

tengo otra hambre amarilla!

Pero, ¿cómo la engañé?

Pang. 16

Cascabillo.

No es muy fácil de tornar,

que es muy mala de engañar

una mujer, por mi fe.

¡Uy, qué gran falta me hace

el bodigo y el jamón,

y el vinillo en conclusión,

licor que a todos aplace!

Yo traigo muy mala vida

y no la puedo sufrir,

bien puedo echarme a morir,

pues me falta la comida;

a Auñón me quiero volver

a castigar esta fiera,

¡vive Cristo que me diera

solo al diablo por comer!

Sale Astreo.

Astreo.

Puesto me tienes delante.

Cascabillo.

¡Válgame San Babiles!

Astreo.

El mirarme no te asombre,

¿por qué os retraéis, buen hombre?

Cascabillo.

Señor, porque tengo pies.

Astreo.

Parecéis de buen humor.

Cascabillo.

Antes soy malhumorado.

Astreo.

¿Por qué?

Cascabillo.

Porque estoy purgado

y causo muy mal olor.

¿Quién sois?

Astreo.

Un caballero perdido,

de un rey aborrecido.

Cascabillo.

Pues, ¿por qué os aborreció?

Astreo.

La culpa me tuve yo.

Cascabillo.

¿Qué fue?

Astreo.

Quise ser igual con él,

mas otro vasallo fiel

que era del rey muy querido,

viendo mi grande vergüenza

y mi loco atrevimiento,

de enojo y furor violento

conmigo a reñir comienza.

Pang. 17

Astreo.

y como al rey me atreví

buen hombre si bien se advierte

trató de darme la muerte

y riome en fin ¡ay de mí!

arrojóme de mi asiento

que ahora ocupa una humildad

si he de decir la verdad

por suyo fue el vencimiento

y estoy un poco envidioso

que agora ocupe mi estado

un humilde que ha robado

este de su palacio un hermoso

Cascabillo.

y decidme a qué venís tan solo

a estas asperezas

Astreo.

Vengo a divertir tristezas

y a cazar en...

aquí vivo divertido

y en esta parte escondido

he escuchado vuestra queja

y me hace gran compasión

Cascabillo.

O si trajera jamón

y una bota buena añeja

y un panete floreado

recién cocido de ayer

Astreo.

pues yo os daré de comer

ya que estáis fatigado

Cascabillo.

Señor para luego es tarde

porque mi vital estambre

está que se cae de hambre

Astreo.

no el mirarme os acobarde

un hombre soy como vos

y en algo os puedo valer

Cascabillo.

si trae algo que comer

será bueno vive Dios

pero si no me trae cosa

vuelvase por donde vino

coja la senda o camino

de la montaña horrorosa

que aquí no viene ninguno

que no traiga que comer

un tragillo que beber

que es para el desayuno

Pang. 18

+

Astreo.

si queréis estar conmigo

buena vida pasareis

comereis y bebereis

y seréis mi íntimo amigo

os dare buenos consejos

en fin como a mi criado

Cascabillo.

el señor parece honrrado

y viene usted de muy lexos

Astreo.

soy estrangero

aunque noble caballero

Cascabillo.

no lo parece en el traje

y arame usted buen pasaje

Astreo.

porque no

Cascabillo.

servirle quiero

y como os llamáis buen hombre

Astreo.

astreo amigo es mi nombre

y vuestro nombre cual es

Cascabillo.

señor mi nombre es sencillo

Astreo.

como os llamáis

Cascabillo.

Cascabillo Cascabillo el montañes

Astreo.

no me diréis vuestro intento

de estar aquí retirado

y de aun no tan apartado

faltando os siempre el sustento

Cascabillo.

he de decir le mi intento

estareis os reireis

es dar de hambre suspiros

formando quejas al viento

Astreo.

que el es vuestro enterramiento

entre esta inculta maleza

Cascabillo.

del animo aspereza

bellotas son mi sustento

y cuanto descose el manto

de luz la rosada aurora

escucho al ave sonora

que me alegra con su canto

y en esta fuente vecina

que en su margen crece y mengua

se refrescava mi lengua

que al ralo arroyo camina

donde en continua oración

entre estas peñas metido

mal comido y mal vestido

Pang. 19

esto, y echo un san Antón

Astreo.

pues como os tratáis tan mal

dejaos de mortificar

pensáis que os ha de salvar

aquesa del madroñal

vivís amigo engañado

lo que hacéis es desvarío

que aquesa es, hermano mío

de la del cielo un traslado

para que el tanto ayunar

tanta mortificación

aun por aquesa ocasión

quizá os podréis condenar

Dios manda que ninguno no se mate

decid, aquesta es verdad

tanta devoción dejad

lo que hacéis es disparate

si dais en esa locura

de no comer y ayunar

muy presto vais a buscar

precipicio de sepultura

y metido en este saco

pobre mísero abatido

de hambre y sed combatido

pálido y de fuerzas flaco

yo os quiero aconsejar

como aquel que os quiere bien

Cascabillo.

el señor dice muy bien

su consejo he de tomar

Astreo.

ea que determináis

mirad que me quiero ir

Cascabillo.

digo que os quiero servir

que como a quien soy me honráis

Astreo.

yo os sabré bien regalar

¡Qué bien cerca está mi choza!

Cascabillo.

y digo, ¿tiene en ella alguna moza

con quien yo pueda casar

Astreo.

allí tengo una criada

prodigio de la hermosura

Cascabillo.

oh, si tuviese ventura

que fuese a mí ya intimada

Astreo.

del apetito lascivo

Pang. 20

Astreo.

parece que está tentado

Que un hombre no es de cuidado

que a dárosla me apercibo

gozaréis de su belleza

y la tendréis por mujer

Cascabillo.

si es la lasciva que ayer

mirando en la aspereza

Astreo.

ya está del amor muy tierno

si cae en este pecado

él va muy encaminado

por sus pasos al infierno

quita el saco

Cascabillo.

que es muy jobena moza

regalos, buena bebida

dormir a pierna tendida

esta sí que es buena vida

quien de este mundo no goza

adiós, montaña horrorosa

adios saco adios cilicio

que voy en busca del vicio

que es vida muy deleitosa

adiós, pájaros cantores

Cascabillo.

que al alba trinan en junta

y en primavera de plumas

prestáis al aire colores

adiós, fuente caudalosa

vecina destos breñares

que en venas de cristales

te pierdes de bulliciosa

adiós, empinado cerro

de cornicabra y tomillo

que ya se va Cascabillo

a andarse a la flor del berro

Astreo.

¡Oh, qué de anhelos me cuesta

el engañar al pecador

Cascabillo.

ea, vámonos, señor

que la hambre me molesta

vamos los dos de concierto

muy aprisa caminando

que de hambre estoy rabiando

y voy por la moza muerto

Astreo.

seguidme amigo

Cascabillo.

contento sus pasos sigo

Pang. 21

Cascabillo.

hoy mi panza he de llenar

de comida aunque reviente

Astreo.

desde este risco eminente

le tengo de despeñar

Cascabillo.

A sangre y fuego he de entrar

como herodes a inocentes

no hay sino aguzar los dientes

si hay mucho que manducar

Astreo.

mucho temo que María

al tiempo de despeñarle

ha de llegar a librarle

Cascabillo.

este amo muy mal me guía

mire señor que no atino

para donde va el camino

Astreo.

idos hacia mí acercando

que presto iremos llegando

Cascabillo.

si este amo tendrá buen vino

señor por donde me llevas

sin duda que voy errado

Astreo.

no vais mal encaminado

Astreo.

que aquí cerca está mi cueva

donde podréis descansar

y dar treguas al descanso

no estéis pensativo y manso

Cascabillo.

no, no, atrás tengo de tornar

vos lleváis bellaco modo

no os acabo de entender

suena un instrumento

Astreo.

que no se pueda vencer

válgame el infierno todo

Cascabillo.

¡Qué músico instrumento

halaga con su voz el vago viento!

Cantan dentro

Vic.

Oye, pecador

mira que el diablo te engaña

y anda astuto en la montaña

huye y teme su rigor

mira que te tira meJor

pues tienes en compañía

el bello sol de María

que es del cielo resplandor

Pang. 22

Asmodeo.

Poco vale mi poder,

vana ha sido mi porfía,

pues que aquesta María

que a todos me ha de vencer,

que cuando yo al pecador

guío por camino extraño,

hoy tú a pesar de mi engaño

le amparas con tu favor.

Cantan dentro.

Músicos.

Para que huya el traidor

pues fue contra Dios ingrato,

muéstrale aquese retrato

a pesar de su furor.

Saca Cascabillo un retrato de Nuestra Señora.

Cascabillo.

¿Conocéis esta pintura

desta estrella relumbrante?

Asmodeo.

Quítala, infame, de delante,

que me ofende su luz pura;

ya vencido voy, y reniego

del infierno y de mí mismo;

allá voy, obscuro abismo,

a navegar en tu fuego.

Húndese el demonio por un escotillón, y queda Cascabillo con el retrato de Nuestra Señora arrodillado.

Cascabillo.

¡Oh, soberana Señora,

yo os había de dejar,

clara estrella de la mar,

del cielo y de la tierra aurora!

Vencido de aquel tirano

me llevaba su rigor,

y cuando yo, pecador,

fui a caer, y luz me dais,

claro espejo de pureza.

¿Quién mereció dichas tantas,

poner, Señora, las plantas

sobre mi indigna cabeza?

Y aunque indignas estas manos,

no os merecieron tocar.

Pang. 23

Lisandro.

Dadme, señora, a besar

aquestos pies soberanos;

mi vida quiero enmendar,

y entre estas pardas encinas

haré áspera disciplina.

Yerbas será mi manjar,

al raso me bañaré,

vecino de esta ribera,

y en su corriente ligera

de sus aguas beberé.

Estaré en vuestro servicio,

rezando vuestro ordinario,

señora, vuestro rosario,

apartándome del vicio,

por donde, si bien se advierte,

mi alma con alegría

os tendrá, dulce María,

por compañero en mi muerte.

Vale

Sale Elicio pastor.

Elicio.

Estoy armado de peñascos broncos,

¡oh rústico albergue de silvestre tronco!,

donde las aves con su dulce canto,

al descubrir la aurora el rojo manto,

cantan con alegría

entre el horror de la montaña fría;

ruiseñor sonoroso, enamorado,

que en el alto ciprés avecindado,

en tu bello capillo alegre cantas,

cuando el alba risueña se levanta,

y prosigue con su acento,

pues eres catedrático del viento;

fugitivo arroyuelo,

que con plantas de yelo

corres por la montaña,

y escondido entre juncia y espadaña

te despeñas al raso, diligente,

hecho sierpe de plata en su corriente;

selvas de este collado,

donde apaciento alegre mi ganado;

y en su verde ribera,

de hermosas flores que el abril promete,

paceis gra m a curiosas,

por laberintos de jazmín y ro[sas]!

Pang. 24

Elicio.

Y en ese arroyo músico delgado

matáis la sed en su cristal nevado;

hoy quiero ovejas mías

convertir mis tristezas en alegrías.

Hoy me llevan mis pasos cuidadosos

a ver por la montaña en lo cabroso

una aurora divina,

que a esto mi devoción se determina.

Hoy quiero diligente

subir p' este monte en lo eminente,

que a mi allí una seña

da la altiva roca de una tosca peña

que está en ella la flor del paraíso,

que un madroño tan bien me da el aviso

y está en su pompa densa

de que vive el cielo su deidad inmensa.

Pero, si la vista no me engaña,

una pastora vi de la montaña;

hacia aquí retirado esperaréla,

con pies de pluma p' el monte vuela,

mas juzgo que es Lisena,

que viene prometiendo una novena

Elicio.

y vemonos los dos en compañía

a dar mil alabanzas a María.

Retírase Elicio y sale Lisena.

Lisena.

Dichoso monte que en tu falda umbrosa,

que en un peñasco altivo extraña rosa

que naciendo quedó bello narciso,

floreada en el nuevo paraíso,

madroño que en tu pompa siempre ufana

resplandece una estrella soberana

que vi del cielo bajada,

en su corteza tienes su morada.

Estrella relumbrante

que rasgando ese orbe de diamante

con un ligero vuelo

descendiste a la tierra i desde el cielo,

aurora de este monte,

que aquí sale el sol de su horizonte,

resplandeciente en líquidos desmayos

se desvanece nácar con sus rayos,

espeso cristalino

donde se mira alegre el sol diurno.

Pang. 25

Lisena.

metido entre tus brazos

que son para mi fin eternos lazos

aves de esta montaña que hacéis salva

a la mejor aurora, hija del alba

pues con dulce armonía

cantáis alegres que nace el día

musicos ruiseñores

que andáis saltando entre menudas flores

cantad con dulce acento

porque sois ciudadanos del viento

mas ay un pastor veo

o me lo pronostican mis deseos

sale elicio

acercase a ella

Elicio.

pero hacia mi se acerca una pastora

que es desta soledad segunda avrora

acercareme a ella

aunque es curiosidad el conocella

vellisima deidad solo entre espinas

dime, zagala hermosa do caminas

Lisena.

no me conoces

Elicio.

ya me dicen tus señas

que eres hermosa benus destas breñas

yo soy elicio que mi ganado de[x]o

junto a ese arroyo cristalino espejo

que en broche de diam[an]tes se desata

con desperdicios de bruñida plata

habito en este monte

piramide inmortal deste horizonte

donde cada mañana el sol hermoso

se registra con rayos presurosos

discurro aquestos riscos

poblacion de marañas y obeliscos

paseo aqueste prado

hecho custodia fiel de mi ganado

aquí pastor yo tengo la cabaña

al pie de un risco en la áspera montaña

y aquí paso del tiempo los rigores

y solo me divierto con las flores

y a usted digo mas zagala hermosa

di me donde caminas presurosa

Lisena.

yo soy pastor Lisena

que tengo prometida una novena

y pordone s[eñ]or decir a una señora

Pang. 26

Elicio.

que si esta deidad divina aVrora

yo tengo prometida a mano buena

a esta divina cándida azucena

retirémonos a un lado

porque allí viene un pastor

cantando con gran primor

un tono muy sazonado

Sale Silvio gracio[so] Cantando y danzando de Pastorcico

Silvio.

Voy a hallarme en las fiestas

que Auñón celebra

a María divina

del cielo estrella

síganme sus devotos

Vengan aprisa

que del cielo asciende

la montañesa

Elicio.

di zagal que fiesta es esta

o causa tal alegría

Silvio.

al pie de la fuente fría

carámbano de cristal

estaba aquista mañana

Silvio.

elicio al amanecer

que vi resplandecer

una estrella soberana

alégrese la montaña

con sus bellos resplandores

y se alegrarán las flores

que a quista ribera baña

la fuentecilla risueña del prado

se despeña bulliciosa

con desperdicios de rosa

siendo su cristal nevado

el rato entre sus raudales

por el laberinto verde

amedroso su curso pierde

con trabuco de cristales

las aves con armonía

en la cátedra del viento

le cantan con dulce acento

alabanzas a María

y pues mañana es su día

vamosla todos a ver

a saltos y brincos de placer

Lisea.

pues Silvio adelante guía

Pang. 27

Lisena.

Los dos te acompañaremos,

que también vamos allá.

Silvio.

Pues pongo el tono ya.

Lisena.

Canta, Silvio, y bailaremos.

Canta Silvio.

Silvio.

Caminad, zagalejos del raso,

que allí en un madroño se nace una flor,

azucena divina del cielo

que el sol no la ofende

su blanco candor;

a la rosa, a la rosa, pastores,

que viste de gloria su hermoso arrebol,

que es aroma, fragancia, de gracia,

y nunca la ofenden los rayos del sol.

Mas allí viene Pascual,

¡ay de mí!, a buscarme a trote,

y pienso que un garrote

me ha de medir por igual,

porque le dejé sin cena

ayer tarde en la majada,

y es una burla pesada

lo que le hice, Lisena.

Silvio.

Estoy metido en cuidado,

y temo que si me topa,

me ha de sacudir la ropa

con su garrote endiablado;

aquí me quiero esconder,

desde aquí, sin un reclamo,

yo pienso que aqueste amo

es peor que Lucifer.

Escóndese detrás de Lisena, y sale Pascual mayoral.

Pascual.

En busca de Silvio vengo,

que me ha faltado, he de haber,

mucho rigor ha de ser,

si a palos hoy no me vengo;

que se echó en el papazaco,

ayer por dejar menada,

tres panes de una asentada,

al pie de aquese ribazo,

y atestándose la barriga,

muy asentado el grosero,

dejó mondado el caldero

sin dejar sola una miga.

Pang. 28

Pascual.

que apurar una chuchera

d'estas cumbres de anelo

para alabar su belleza

de lo que es un desatino,

dejadme al salvadore

a fe que sabe vagar,

bien bajo se ha de llegar,

contado, y con el garrote.

Silvio.

¡Ay, Dios, que esto sí que es mucho!,

bien me mudo a ranxar,

si cien palos me ha de dar,

aunque uno para mí es mucho.

Pascual.

mas allí, si no me engaño,

está el traidor escondido,

los panes que me ha comido

me ha de pagar el tacaño.

Silvio.

ay, que me ha visto Pascual,

y estoy con temblor de vena,

y a mis calzones suena

parece que huelen mal;

¡Quién esconderse pudiera

huyendo de su mohina,

y sena, en una letrina,

aunque más hedionda fuera!.

Elicio.

los dos te defenderemos,

Silvio non des cuidado.

Pascual.

hacia allí está retirado,

y el piensa que no le vemos.

Silvio.

¡Ay, Dios, que hacia mí se viene!,

donde diantre zagala,

el daria te poner de espala,

con el garrote que tiene.

dale de palos

Pascual.

sal aquí mal avechucho,

responde pues que te llamo.

Silvio.

por amor de Dios mi amo,

no cargue la mano mucho.

Pascual.

tres panes te has embocado,

con tres azumbres de añejo,

reventará tu pellejo. Amén.

Silvio.

que aún no he quedado mediado,

que me los comí con gana,

sin entrar con nadie a escote.

Pascual.

con lo gordo del garrote

te he de currar la badana.

Elicio.

por amor de Dios Pascual

hoy las paces se han de hacer.

Pang. 29

Pascual.

A palos le he de moler

como harina en el arnar.

Silvio.

Medios hombros me ha derribado

con el garrote, Pascual,

mas yo te pesia mi mal

Pascual.

si igualare esos palazos.

Silvio.

El loco ha tomado de veras,

las costillas y caderas

de un palo me ha derrengado.

Lisena.

Por amor de Dios, Pascual,

haya paz este día.

Pascual.

Vengaré la rabia mía

en el salvaje animal,

los tres panes, salvajazo.

Silvio.

¿Quién le derribará el brazo

antes que le descargara?

Pascual.

Y el vino que me has bebido,

también me lo has de pagar.

Silvio.

Se me pasó sin mascar,

eso no hizo mucho ruido,

que caro que me ha costado,

tres panes que me he comido,

y el vino que me he bebido,

a palos me ha derrengado.

bésale

Pascual.

Por habérmelo rogado

le perdono al salvajote,

bese ahora este garrote

y vuelva si me ha ganado.

Silvio.

A las fiestas tengo de ir

que hacen en el madroñal

y a la vecina bestial

mi dicho la he de decir.

Licio.

Tu dicho.

Silvio.

Sí, majadero.

Licio.

Di, ¿adónde has estado?

Silvio.

A Lorenzo he resguardado.

Licio.

¿Adónde está?

Silvio.

En el gallinero.

Allí le voy a pasar

cada vez que se me ofrece.

Lisena, ¿qué te parece,

si mi sosia a aprovechar?

Lisena.

Todo cuanto dices mientes.

Silvio.

¡Que no lo quiere creer!.

Pang. 30

Lisandro.

¿para qué a Lisena venís a ver

y a pasarte por los dientes?

Lisena.

Parece que me rechacéis.

Silvio.

Esta es la pura verdad,

en mi ánima, que está

Lisena en el gallinero.

Pascual.

Ordenemos el recado,

que he de ir a la serna.

Silvio.

Pues cante agora Lisena.

Lisena.

Y vos os prevenís.

Silvio.

Y yo aparejado.

Lisena.

¿Cuál de cantar el primero?

Silvio.

Pues que tenéis gracia tanta,

lindo paso de garganta,

cantaréis como un jilguero.

Canta Silvio.

Silvio.

Zagales del madroñal,

venid a ver el madroño,

una flor que ha nacido en otoño,

María divina, reina celestial.

Venga primero Pascual,

pues por mayoral le toca,

que verá en una altiva roca

un lucero celestial;

no quede ningún zagal,

vengan a ver la princesa,

que el río sus plantas besa

con derretido cristal.

Zagales del madroñal,

venid a ver un madroño,

una flor que ha nacido en otoño,

María divina, reina celestial.

Llegan cantando y bailando y dice:

Silvio.

Ya estamos en su presencia,

mi dicho le he de decir.

Pascual.

Casi me quiero reír.

¿Qué dicho quieres decir,

siendo la misma inocencia?

Silvio.

Tengo de decir mi dicho.

Pascual.

¡Migajas, muy lindo humor!

Pang. 31

Silvio.

Pascual aunque soy pastor

soy pastor de buen capricho

Pascual.

yo sé que has de decir

cosas que no estén escritas

Silvio.

pues más de unas seis coplitas

a María he de decir

Pascual.

veamos qué discursos das

Silvio.

¡Ay, Dios, si me enturbiare!

los tonos si acaso me errare

me apuntaréis por detrás

Elicio.

que hemos de apuntar

daca el dicho majadero

Silvio.

pues si esto en el gallinero

como os lo tengo de dar

Pascual.

ahí estará bien guardado

Silvio.

dios me libre de mal

lo que es mi tío Pascual

allí está muy recatado

Pascual.

has de llegar el primero

con gran recato y modestia

Silvio.

llegaré, que no soy bestia

y decir mi dicho quiero

31

+

Silvio.

delante de nuestra señora

yo llego con reminiscencia

a su divina presencia

Señora la de José

¿Está su merced muy buena?

estáis cándida azucena

y muy hermosa a la fe

Su gran beldad me enamora

y me alegra su arrebol

qué bien que parece el sol

en los brazos del aurora

Cierto que es bonito el niño

nuestro Dios le bendiga

chicote toma un pañigo

eres como un blanco armiño

Conócese que es señora

bien haya quien le parió

pues el solo mereció

ser sol de tan bella aurora

Pescudo por su marido

el dacon salve José

el es buen hombre a la fe

que entiendo que es escudero

Pang. 32

Lisandro.

Cierto que anduvo en gusto

de elegir tan lindo esposo

el es casto y virtüoso

santo patriarca y justo

Gor.

que hermoso serafín

clara estrella y soberana

¿Está con salud santa Ana?

y su padre san Joaquín

De melos p[adr]es un recado

mire que los quiero mucho

soy pastor y no soy ducho

sino es a guardar ganado

Y que me alegro en el alma

que esten con salud Cumplida

y esa toda mi vida

que se llevaron la palma

de buenos, pues merecieron

ser padres de tal aurora

y no digo mas señora

porque es corto mi caudal

y asi acerquese Pascual

y diga su dicho ahora

Pascual.

des de medio d[e] una aurora

Como en un madroño estáis

y desde el cielo bajáis

siendo del reina y señora

bien estáis en el madroño

pues con poder absoluto

os da muy alegre fruto

en el sazonado otoño

Elicio.

seáis bien venida

hermoso y vello narciso

flor del nuevo paraíso

árbol de la eterna vida

Lisena.

que v[uest]ro hijo el sol divino

señora viene con vos

si los mismos traéis a dios

Corto se os haría el camino

aunque otro sol envidioso

entre líquidos desmayos

os sale a alumbrar con rayos

el divino rostro hermoso

Pascual.

por postrero dice Pascual

hermosa y blanca azucena

que estáis exenta y ajena

de la Culpa original

Pang. 33

Vanse.

Todos.

Adiós, divina María,

adiós, aurora del alba,

adiós, flor del paraíso,

adiós, azucena blanca,

adiós, relumbrante estrella,

que de ese cielo bajáis

a dar nueva luz a este monte,

porque le llenáis de gracia.

Jornada tercera

Pang. 34

Jornada tercera y sale Asbreo

de cazador.

Astreo.

Ofendido de un agravio

otra vez acá me vuelvo,

que para robar alma

toda mi vida es alardes,

que desvelos me asisten,

el abatirlos a mi ruego

y lisonjear mis deseos.

Huye de mí; suelta, siento

demasiados sus enredos;

he de andar por ver si puedo

enmarañar(...) porque no salga

y no se trasmonta al cielo.

Pero, ¿qué digo? Es en vano

todo aquel anhelo prenso,

que aquesta del madroñal

ya sabe mi pensamiento,

todos cuantos pasos doy

no son de ningún provecho,

pues luego va a atajarlo

ella me sale al encuentro,

y se ufana mi enemiga,

que ruina el cerco que he hecho.

No basta que a sus plantas

hollaste mi altivo cuello,

pues si mi cerviz hollaste,

fuerte mujer, Jael fuerte,

casta Judit valerosa,

y a Olofernes soberbio

aquel mísero ermitaño

que, de mis engaños ciego,

se llevaba al precipicio

deste peñasco soberbio,

le libraste de mi garra,

que mi furor sangriento

Pang. 35

Astreo.

bajaba a darte la muerte

llegaste mujer a tiempo

que resonando unas voces

de un sonoro y instrumento

que en esa región del aire

repite su dulce acento

huye, huye, pecador

del enemigo soberbio

y para más pena mía

para mi mayor tormento

que para que del me aparte

saco una estampa del pecho

y viendo en fin su retrato

me dio tan terrible miedo

que me retire al abismo

a un calabozo eterno

do siendo mi morada

su oscuridad su centro

en este mar de desdichas

en este ciego seno

navego entre opacas sombras

las lagunas del leteo

ay infelice de mi

en infernal lago navego

pues con lamentables voces

las serenas que encuentro

tanta es la muerte que passo

en este fiero tormento

que aunque he nacido inmortal

no sé si vivo si muero

de que perdí tanto bien

algunas veces me acuerdo

y ahora apetezco los males

aunque invencibles padezco

en el cielo me crié

Serafín hermoso y bello

y ahora por mi soberbia

soy tizón del infierno

y vi una espada sangrienta

que me arrojó Miguel del cielo

pues quise poner mi silla

igual con la de dios mesmo

de que un serafín la ocupe

es tal la envidia que tengo

que él la ganó por humilde

yo la perdí por soberbio

y él alegre está gozando

Pang. 36

Demonio.

De la gloria que carezco

no me he de dar por vencido,

que a aquel valor que rindo,

trastornaré estos peñascos

que sirven de escala al cielo;

abrasaré esta montaña,

encinas, pinos y enebros,

pero está en esto María,

y tan a veces la temo,

que aunque yo quiera abrasarla,

ella apagará mi fuego.

Sumiré al través sus aguas,

y en el más profundo centro

de la cerbera muralla,

dejando su arena en seco;

agostaré aquestos prados

de varias flores compuestos,

volviendo en negros carbones

campos floridos y amenos;

mataré rosas y azares,

espinas le daré al viento,

haré que el rojo planeta

nos ofusque este hemisferio.

Pues destos males,

que aquí la aguardo y espero,

Demonio.

¿no soy la culebra astuta

que aquel jardín ameno

engañé a Adán con la fruta,

con que quebrantó el precepto?

¿No es este adusto piñeral

(no le subí yo a aquel monte,

vidi se mostró soberbio, se arrojaba

desde eminencia al suelo)

no dije que me adorase él mismo,

con que necio se ofrecía

gran partido, mísero?

Pues su eterno enemigo soy,

traidor conocido, sujeto.

¿Qué mucho que tiemble un alma,

nadie vence en el desierto?

Y he tenido noticia

que una mujer de buen celo,

muy devota de María,

que acude mucho a este templo

y le reza su rosario

con devoción, acatamiento,

hoy ha de venir solita,

salirla pienso al encuentro,

aquí la pienso esperar.

Pang. 37

Astreo.

en encortinados enebros

hoy pienso ponerla lazos

para que jamás nuestros hilos

que anudar no los corta

esta enemiga que tengo.

Enreda porque concluya

que en el monte hay bandoleros

que le quitarán su honor

que pondrán su vida a riesgo

y con esto le pondré

en tal confusión y miedo

que no prosiga el camino;

tanta hiel alma que intento

ay desdichada Laurencia

teme mi furor violento

que es punto robarte el alma

si no te socorre el cielo

Escondese Astreo entre unas ramas del monte, y sale Laurencia.

Laurencia.

Aves deste monte, que en voces alternas

cantáis alabanzas a la Virgen bella

que os mueve mi llanto, si escuchan mis quejas

Atended alcores, mis cortas endechas

que un ruiseñor sonoro, clarín de esta selva

si en el verde llano, a dormir se acuesta

cántale a María, si al alba recuerda

músico arroyuelo, que entre aquestas selvas

corres o te pierdes, desatado en perlas

rosas al favonio, alegres ternezas

perfumada en ámbar, narciso en belleza

falso caudaloso, que al mar te despeñas

convertido en golfos, entre esta arena

rústicos peñascos, que en vuestra eminencia

alcanzáis al sol, la rubia madeja

encinas y pinos, enebros y selvas

todos seáis testigos, que en esta aspereza

está una señora, de los cielos reina

que un madroño adorna, a la blanca azucena

solo la acompañan, las aves parleras

a verla aquí sola, mis pasos me llevan

preguntadles pues, que tenga clemencia

Caese Astreo dentro del monte

Astreo.

¡Ay, infelice de mí!

si habrá quien me favorezca

Pang. 38

Laurencia.

Dejadme gente tirana

atada en roble muera

que voz es el ronco eco

de un hombre que se lamenta

mas desmintiendo peñascos

veloz hacia mi se acerca

Cae Astreo desnudo a los pies de

Laurencia.

Astreo.

Válgame todo el infierno

visteis que no hallo clemencia

Laurencia.

valedme dulce María

por cierto fatal desgracia

de quien amigo os valéis

Astreo.

pues a él quiero que me valga

Laurencia.

¿Quién sois?

Astreo.

yo soy un caballero que

arrojado de mi patria

vengo a buscar aventuras

mas yo las llamo desgracias

o por suertes traidoras

que a un infeliz nunca faltan

Astreo.

me he retirado a este monte

y aficionado a la caza

por esa maleza silvática

vine siguiendo una garza

hoy en manos de forajidos

mas de sus sangrientas garras

me he escapado de la muerte

y desabrochando ramas

verdes cortinas del monte

que unas con otras se enlazan

rasgando agujeros verdes

penetrando asprezas y plantas

he llegado a aqueste puesto

Laurencia.

estáis herido?

Astreo.

no es nada

¿Y de dónde camináis?

por aquí tan solitaria

Laurencia.

voy a ver a una señora

que habita en esta montaña

Astreo.

días ha que la conozco

y que un madroño sagr ad o

mas que os mueve de ir a verla

ahora tan tarde y sin compañía

Pang. 39

Laura.

pues que me lo preguntáis

quiero deciros la causa

es que en una enfermedad

me hallé a la muerte cercana

diome la entera salud

y voy a darle las gracias

Astreo.

si por agora no vais

que cerca una banda anda

de crueles bandoleros

que a muchos roban y matan

gozarán de esa hermosura

y después con fiera saña

os despojarán la vida

una gente tan sin alma

que no conocen si hay Dios

Laura.

yo llevo quien me acompañe

y he de seguir mi jornada

Astreo.

quien lleváis que os acompañe

Laura.

a la Virgen soberana

que es mi verdadera amiga

Astreo.

vais en una tan contraria

que cada paso que doy

aprisa me retraía

Laura.

es mi amada compañía

Astreo.

pues a mi no me acompaña

Laura.

porque

Astreo.

porque huyo della

Laura.

¿No me diréis por qué causa?

Astreo.

eso es largo de contar

ahorrémonos de palabras

quedaos mujer, que a dios

que yo iré en otra compaña

Laura.

yo he de seguir mi camino

Astreo.

quien ve en mujer tal constancia

que en fin no teme la muerte

que os avisa y amenaza

Laura.

yo no tengo más que a Dios

que me hizo a su semejanza

y de mis pasadas culpas

me ha de pedir cuenta larga

Astreo.

gran santa me parecéis

Laura.

pecadora soy no santa

Astreo.

yo en pago de aqueste aviso

me determino mudarla

Pang. 40

Laura.

No tengo nada que daros.

Astreo.

Mándame siquiera el alma,

que esa sola solicito.

Laura.

Eso no, que está embargada.

Astreo.

¿Quién es quien os la ha embargado?

Laura.

Dios, que es suya y no puedo darla.

Astreo.

Dadme en guerra, ¡oh, valerosa!

Dale una estampa de Nuestra Señora.

Laura.

Toma, amigo, aquesta estampa.

Astreo.

Quita la mujer delante,

que me deslumbra y me mata.

Laura.

Buen hombre, ¿no la queréis?

Astreo.

Yo no hago caso de estampas

dibujadas en papel.

Laura.

Amigo, ¿no conocéis

que es la virgen soberana?

Astreo.

¿No sabéis que no hay María

y esa en el cielo se halla,

que las de acá son retratos?

La voz de Nuestra Señora.

Voz.

¡¡Hola, Laurencia!!

Laura.

¿Quién llama?

¿Quién eres, voz celestial,

que te oigo y no te conozco?

Voz.

Yo soy la madre de Dios

que te socorre y anpara.

Ah, mira que es el demonio

que te teje esa cizaña

porque no vengas a verme.

Desaparece.

Astreo.

Esto solo me faltaba.

¡Válganme todos el infierno!

Que esta estrella derribada

desde el alto firmamento

ansina me quite un alma.

¡Allados, fieros abismos,

y recibid en tus entrañas

este serafín sin fin!

Pang. 41

Laurencia.

Confiada en vos y fiada

desapareció la sombra,

y otra nueva luz me llama.

Bosque.

Vente, Laurencia, a mi templo,

que yo vengo en tu compaña.

Laurencia.

Mas una estrella me guía,

grande resplandor esparza.

Bosque.

Yo soy, Laurencia, la Estrella

que, del cielo bajada,

doy nueva luz a este monte

sequío, y alumbro el alma.

Idéase una estrella que baje de una parte a otra a un altar donde esté una Señora del Madroñal, y se pone Laurencia de rodillas.

Laurencia.

Ay, ya, cuándo, Virgen Soberana,

os pagaré esta fineza.

Bosque.

Ya, Laurencia, estás pagada,

pues me rezas mi rosario,

y al de Ave, Ave, que es escala

por donde subas al cielo,

Laurencia.

ángeles y serafines

canten mil alabanzas,

pues que os tienen por su reina,

y yo amante, indigna esclava,

he de ensalzar vuestro nombre,

hoy postrada a vuestras plantas.

Cúbrese la cortina y sale Lisandro.

Lisandro.

De una dama enamorado,

que la quiero más que el alma,

perdido por sus amores,

hoy he salido de casa,

sin traer ya en mi pecho

a una dama.

Llorando, en fin, sus rigores,

es imposible olvidarla;

bueno es llevarlo consigo,

porque en aquesta montaña

suele andar audaz y astuto

el enemigo del alma,

y suelto a María

en mi pecho retratada,

es imposible perderla.

Pang. 42

Lisandro.

suceder me cosa mala

allá en su templo sagrado

mi amada esposa me aguarda

y regístrame quejosa

la ausencia de mi tardanza

pues mañana es el rosario

de aquese espejo sin mancha

que nace divina aurora

entre los brazos del alba

es mucha razón Lisandro

que vais vos a visitarla

no seamos perezosos

ea diligenciad plantas

porque siempre en la pereza

no fue buena la tardanza

qué confusión causa el monte

y entre las espesas ramas

alegres cantan las aves

a su criador alabanzas

allí se pierde un arroyo

vecino desta montaña

con desperdicios de flores

hecho culebra de plata

que ameno se multiplica en el valle

pues siempre goza esperanza

Lisandro.

coronas que el abril suele

flores que el mayo retrata

allí la blanca azucena

yace perfumada en ámbar

y bien narciso embellece

del aljófar que derrama

el raso al mar se despeña

y sus cristalinas aguas

sus márgenes parten olas

para dar onda a las plantas

y en encumbrados peñascos

en riscos desta montaña

por organos al sol

al cielo rinden escala

toda la montaña es cielo

bien digo pues que se halla

una flor del paraíso

cándida azucena blanca

pues si está en ella María

entre en dulce consonancia

aves parleras del monte

flores que arrojáis fragancia

arroyos que en vierten cristales

valle que el mayo esmalta

o a fe que su curso presta

peñas sol selvas y plantas

Pang. 43

Lisandro.

que vos os mostráis alegres,

pues María os acompaña,

a daros mil parabienes,

de que la nuestra hermosa infanta

va a rezar su rosario

ahí postrada a vuestras plantas,

que a mi dulce María,

pues os lleva en su compaña,

y con Lisandro gano yo

a daros mil alabanzas.

Dispara Ascreo dentro un arcabuzazo y dice.

Astreo.

¡Quién diablo ha errado el tiro!

Válgate el diablo, la garza,

que hasta el cielo te remontas,

o has ganado la arrempujada.

Lisandro.

¡Qué voz es esta que escucho

entre las espesas ramas!

Mas será algún cazador

que se divierte en la caza.

Sale Ascreo.

Astreo.

Otra vez de mi caverna

salgo a pasear la montaña,

que viéndoseme concluida

poco sosiega y descansa,

que de desvelo me cuadra

el darle un asalto al alma,

poco aprovechan mis pasos,

pues hay quien me los ataja,

y a pesar de los cielos

he de volver a tentarla,

que si ofende a Dios tres veces,

otra tentación me falta.

Lisandro.

Hacia mí se acerca un hombre.

Astreo.

Hacia aquí siento pisadas.

Lisandro.

Llegar quiero a conocerle.

¡Ah, buen hombre!

Astreo.

¿Quién me llama?

Lisandro.

¿Quién sois?

Astreo.

Soy un extranjero.

Lisandro.

¿De a dónde?

Astreo.

Es lejos mi patria.

Lisandro.

¿Y a qué por acá venís?

Astreo.

Vengo por una desgracia.

Lisandro.

¿Es acaso alguna muerte?

Astreo.

Que harto preguntar me enfada.

Pang. 44

Astreo.

Mal digo no me canseis

que re de mi mal la causa

es que reni con mi Rey

mas fue mi aventura tanta

que me echo de su palacio

desterrada a hermitana

he andado en sierras sierras

rodando por cuestas agrias

caminando infelizmente

mas para mi todo es nada

que por divertir mis penas

me retire a esta montana

que no es la primera vez

que han ollado mis plantas

aquí destierro pesares

y me divierten la caza

y vos donde camináis

Lisandro.

yo a ver una imagen santa

que habita en un desierto

y a confesar que es mañana

su natividad gloriosa

Astreo.

todo muy bien me parece

que aya en dos virtud tanta

Astreo.

De la imagen que decís

que aquesta aspesura guarda

días a que la conozco

y aunque de hoy he de ser su ermitaña

Lisandro.

si queréis ver su retrato

yo lo traigo en mi compaña

Astreo.

por agora no hace al caso

en vueltos lo digáis

Lisandro.

sus milagros y prodigios

espantan, consuelan, da

la salud a los enfermos

a cojos y mancos sana

a ciegos da nueva vista

y a los los demonios saca

de los cuerpos miserables

Astreo.

Calla no prosigas tu lengua

que me ofendes, y me matas

para que a a mí me relatas

d el cuerpo de una deidad

que abra veinte años y mas

que el cielo lo atormentaba

Lisandro.

que demostración es esta

que hacéis empeñada

Pang. 45

Astreo.

Caballero, que decís.

Lisandro.

Labrador, no digo nada,

si queréis acompañarme

iremos de camaradas,

yo que hoy a Valdeolgas

de entrar en su santa casa.

Astreo.

Por agora no es posible,

que voy siguiendo una garza,

desmintiendo sus señales,

por ver si puedo alcanzarla.

Pero miento en cuanto digo,

que voy a cazar el alma,

y así que mal año busco,

ingrata de mi se aparta.

Lisandro.

Quedad con dios, Caballero,

que es tarde, y la noche baja

a dar confusión al monte,

cubierta de ombras pardas.

Astreo.

Eh, hidalgo, vais muy de prisa,

ya que la noche baja,

y os aventuráis en cosas

que son de importancia,

quedaros en esta jara,

que mejor hay en ella cabida,

cuando menos,

fiad vos de mi palabra,

que no soy hombre que miento.

Lisandro.

Como es cosa que inporte

siempre un poco aguardare.

Astreo.

Mirad que estáis muy errado,

que cerca desta montaña

un escuadrón de ladrones hay,

que a muchos roban y matan,

y como saben que bienen

a las fiestas de mañana

mucho concurso de gente,

metidos en enboscada

están entre aquellos riscos,

aguardando a los que pasan,

y yo me vengo huyendo

por esta senda intrincada,

desmintiendo sus señales,

por librarme desta garra.

Lisandro.

Que decís, es eso berdad.

Astreo.

Escuchad,

y bereis como disparan

toda esa voca de fuego.

Pang. 46

a parte

Astreo.

no van en balde mis balas

Enrique.

A caza, a caza

al valle, al llano, a la selva,

no quede persona humana

que no le quite la vida.

Astreo.

mirad como no os engaña

mi persona en cosa alguna

Lisandro.

Valgame el cielo, que are

Astreo.

a tres viudas hay ahora casa

en el a de haber remedio

que yo voy en vuestra merced compaña

también pierden las mujeres

que aun siquiera no reservan

en el culto de María

desnudenme aca un sayo

y unos bestidos tan feos

que el mismo diablo los suda

y con esto que los hace

he dado a caza y al vuelo

que al momento s'oscurece

y unos d'ellos se apartan

Lisandro.

ay señora de mi vida

ay dulce prenda del alma

Enrique.

tienen comercio conmigo

aquella gente humana

si más la Virgen María

y los lleva en su compaña

Astreo.

ea pues determinad

si hemos ahora de asar

aquella gente a la selva

¡Ay, si hubiese yo a él

en mi vida arriesgado!

Lisandro.

sin alma i sin dueño, soy

ay dulce prenda del alma

Astreo.

engañosos son lexeros

con mis apariencias falsas

parece que obran en el

que engañosas faldetas

por hoy se dice que llore

será si vos se espanta

de que no rece el rosario

aquesto mi lengua traba

venid, labrador, aprisa

consiguiendo mis pisadas

Lisandro.

sin duda que voy errado

Astreo.

mirad al pie de esta montaña

Pang. 47

Lisandro.

tengo medido a palmos

y por aquí maltratada

os pudiera mi envidia

tomar en el tal venganza

que desdesta alma y boca

a este valle se arrojara

pero no puedo ofenderle

que trazando a el trampa

de aquello que fio mi cuello

y va avante

a librarle de mis garras

Lisandro.

quien será quien me detiene

Valgame Dios quien me ata

mover el paso no puedo

Asmodeo.

cuidadosa y abogada

por librarse de la muerte

pone grillos a sus plantas

edad labradora ingrata

que hay peligro en la tardanza

al vado le bajaré

y en sus cristalinas aguas

le arrojaré donde pierda

la vida, y con ella el alma

Voz.

Donde vas lisandro mío

Lisandro.

mira del trato que engaña

Lisandro.

Voz es esta que escucho

Valgame Dios quien me llama

Asmodeo.

quien llama es mi enemiga

esto solo me faltaba

Voz.

vente Lisandro a mi templo

que aquí piedad te aguarda

no temas ningun peligro

que viendo mi estampa

aquel fiero vestigio,

aquessa serpiente ingrata

ya que valla a buscallo

al amparo desta madroña

no as del ofenderle

a lisandro te aparta

a librarle de la muerte.

saca la estampa d[e]l pecho, y se la enseña

Lisandro.

para que huya el tirano

mostrarle quiero la estampa

Conocéis esta señora

Asmodeo.

aparta lisandro aparta

que me ofende y pena verla

Pang. 48

Juan.

celos a mí enamora,

donde soy pasto siempre

salamandra en vivas llamas.

Juan vese.

Lisandro.

Huyó de mí el enemigo,

nota, de que dejó estampa.

Ponese Lisandro de rodillas en la estampa de Nuestra Señora.

Lisandro.

Decid mi dulce María,

divino mar de la gracia,

como conmigo tan pía

troxestes piedad...

formado de un barro en vicio

andáis, señora, tan a mi instancia

que librastes del demonio

a este vuestro esclavo franco;

quiso meterme en prisiones

para ser dueño del alma.

¡Oh, soberana señora!

Conmigo fineza tanta,

¿cómo os pagaré esta deuda?

Voz.

Que, Lisandro, está pagada,

pues mereces mi rosario,

y tus lágrimas, mi gracia.

Lisandro.

Rezaré vuestro rosario,

siempre virgen soberana,

que ha de ser para el cielo

vuestro rosario la escala.

Siendo vos mi norte y guía

siempre irá segura el alma.

Volved estampa a mi pecho,

porque, en fin, me has adornado;

porque me espera Marte

y voy a darle las gracias.

Pero ya estoy en su templo,

y mi esposa arrodillada

está rezando el rosario.

A Laurencia.

Abre dentro.

Laurencia.

¿Quién me llama?

Lisandro.

Lisandro, vuestro esposo soy.

Sale Laurencia con el rosario en la mano.

Laurencia.

Querida prenda del alma,

con la gana de abrazaros,

rezando el rosario estaba.

Pang. 49

Laura.

del misterio de hoy

que son la pasión sagrada

de los misterios de hoy

de aquel divino cordero

de aquel amante del alma

que murió sobre un madero

clavado de tres escarpias

y mirando su pasión

toda en lágrimas bañada

a María se la ofreces

porque ella con bien te traía

Lisandro.

ella el sol me ha traído

a venir a darte las gracias

Laura.

pareces estas lisandro

con la color demudada

dime que te ha sucedido

Lisandro.

eres, Laurencio, la causa

que lo oye y no advierta

Laura.

que atenta te escucho el alma

Lisandro.

yo hoy en este valle florido

al pie de a quesa montaña

que ancha riega su orilla

el tajo de cinta i plata

esta tarde espaciaba

su fresca alfombra pisaba

Lisandro.

bordada de hermosas flores

que el mayo pule y esmalta

en su verde capote

murmura una fuente clara

sitio ameno de las aves

que en dulce consonancia

en sonoros acentos

cantan a dios alabanzas

apenas subo al remonte

cuando febo caminaba

presuroso al occidente

a recogerse en su plata

registro en poca espesura

que escucho entre las ramas

las voces de un cazador

que va siguiendo una garza

llegar quiero a conocerle

y él hacia mí se aparta

siendo un cazador fingido

mas de demonio la traza

llegó y necio me pregunta

las preguntas excusadas

que como es su ciencia infinita

Pang. 50

Lisandro.

que me da alcance

y para satisfacerle

de la pregunta cansada

le dije que a una nobena

y a las fieras de mañana

que un obispo de aviñon

celebra a esta imagen santa

intenta ponerme lazos

con espantosas palabras

y por que no vaya a a vista

y mis cortos pasos me ataja

diceme por que me vuelva

que anda en el monte una banda

de crueles vandoleros

que a muchos roban y matan

en tal confusión me puso

queriendo volverme a casa

y por que no vaya solo

dice que irá en mi compaña

creido de sus engaños

llevado de sus palabras

me lleva el ciego enemigo

por una senda apartada

tan texida de peñascos

que seguido al tajo baja

apenas me baja a un valle

y anocheciendo derrama

que en lo horroroso y obscuro

y de la noche montaña

por una angosta vereda

el tirano me llevaba

al rudo cristal del tajo

a sepultarme en sus aguas

cuando una voz celestial

de aquestos ayres que abaja

que dice detente niño

mira que el diablo te engaña

quede turbado y confuso

vuelto de mi en si al scucharla

prosiguio la voz divina

diciendome que en ella me ampara

que mi esposa me aguardaba

apenas oyo esta voz

el enemigo del alma

cuando bramando de envidia

fuego por la boca echaba

diciendo vil labrador

quien te llama a esta abogada

y a meter mela en mi pecho

con estas sangrientas garras

que hiciera dos mil pedazos

Pang. 51

Una línea cortada e ilegible al inicio de la columna

Lisandro.

que el libre querer que llevas

en su pecho encontraría,

o tal vez vuelve al infierno

a padecer penas tantas,

donde ha de ser para siempre,

que aquesto nunca se acaba.

Desaparece con esto y abrázale esposa amada.

Lisandro.

Voy alegre y contento,

pues vivo que vengo en mi compaña

a aquesta divina aurora,

esta estrella hermosa y clara,

esta flor del paraíso,

aquesta azucena blanca,

que pues estoy en su templo

libre desta amenaza,

de rodillas por tierra

le he de dar mil alabanzas.

Laurencia.

A mí, mi Señora, me ha dado

el polo su relación,

pues deste fiero dragón

a mi Lisandro ha librado,

también aqueste vestigio,

aquesta serpiente ingrata,

Lisandro.

o deste rudo lucero

que cayó por su desgracia,

precipitado del cielo,

por su subervia tanta.

Viniendo ayer, como digo,

al pie de aquesa montaña,

también me salió al encuentro

ese enemigo del alma;

veloz hacia mí se vino,

y desapartando ramas,

desde un alto peñasco

se arrojó a mis plantas.

Valedme, dulce María

dije, viendo la fatal desgracia.

Si a esa mujer te vales,

yo no quiero que me valga.

Y ingrato y desconicido,

me pidió el tirano el alma.

Yo le dije que no es mía,

que a Dios la tiene embargada;

díjome: "dame un abrazo".

Saqué el sancto rosario

y viendo su santa hechura,

volvió el rostro a espaldas.

Pang. 52

En el margen superior hay unas palabras tachadas, parece poner "en esta mujer". Folio 51 en la esquina superior derecha de la segunda columna.

Demonio.

y porque está en tu compaña

teniendo tan fuerte escudo,

hoy te libras de mis garras,

volverme quiero al infierno

a navegar en su fragua,

que soy el fiero Vulcano

que he de estar siempre en sus llamas.

Leonor.

desapareció con esto,

y sus inmensas entrañas

abrió una boca la tierra,

y le trago su garganta.

estoy alegre y contenta

como el sol por las mañanas

que sale a tirar jazmines

con mil reflejos de nácar.

volvióme a llamar María,

y de una estrella guiada,

vine a esta sierra humilde,

lleno de contento el alma,

y pues ya estamos los dos

con María en tu compaña,

arrodillados por tierra,

démosle mil alabanzas.

Todos de Rodillas.

Francisco.

¡Oh, soberana señora,

cándida azucena blanca

nunca del sol ofendida,

antes del sol coronada.

Laura.

blanca flor del paraíso,

en aquel Jardín plantada

para reservar sin culpa

de Adán y de su desgracia.

Antonio.

guía del alma que os busca,

peligrando en el mar,

que a la nave por ella

más pura que se adelanta.

Leon.

pozo de eternas virtudes.

Francisco.

mar de excelencias y gracias,

alcázar de David.

Estanislao.

de precios florida arca.

Laura.

espejo en que el padre eterno

en vos se miró agradado,

mas pura y clara que el sol

que en vos nunca hubo mancha.

Lisandro.

Hermosa luna del cielo,

clara estrella tramontana,

que con vuestros resplandores

llenáis el monte de gracia.

Pang. 53

Carmen.

Lindo.

yo que de procesión e veni[do],

pues os aplican ya el nombre

que sola quedais en el mun[do]

pues sois el mar de la flota.

aquí hace fin la comedia

famosa yn[ti]tulada

la estrella del madroñal,

que dios n[os] de su s[an]to Reino a[men].

Todos.

y el avditorio ruega

perdone d[e] n[uest]ras faltas.

Finis Coronat opus.

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