digitanler Text von Lan canutivan de Vanllandolid | BITESO
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digitanler Text von Lan canutivan de Vanllandolid

Veröffentlichungsdatum: 22. August 2026

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La cautiva de Valladolid. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-cautiva-de-valladolid.

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LA CAUTIVA DE VALLADOLID

Stanrt

Pang. 1

MS. A y

Auto sacramental del Rosario

de la

Cautiva de Valladolid

Pang. 2

Página mayormente en blanco con anotaciones muy tenues en el centro

Ilegible

Auto famoso de Ilegible

Ilegible

La Cautiva de Valladolid

Jornada primera

Pang. 3

Auto sacramental de la Cautiva de Valladolid, nuevo nunca visto, son figuras

La Fe

La Herejía

Un capitán

Un paje

Un lacayo llamado Elicio

Un moro mensajero

Un bajá

Una dama

El padre y madre de la dama

Un marinero

Un soldado

Tres moros capitanes

Y un pirata y el arraez

Un general

El bobo

Sello de la Biblioteca Nacional de España

Entra la Fe con un cáliz en la mano cantando.

Canción.

La Fe.

El que quisiere acertar

el camino de la gloria

sepa que me ha de llevar

de contino en su memoria.

Yo soy la fe soberana

que en la santa ley habita,

soy preciosa margarita

para toda alma cristiana.

Y ansí el que quiere

salir con la victoria

de contino en su memoria

sepa que me ha de llevar.

Dice sin cantar.

La Fe.

De aquella casa sagrada

a do habita el Rey de gloria

soy agora aquí llegada

con una gran embajada

que tiene Dios en memoria.

Yo soy la fe verdadera

honra y luz de los cristianos,

su estandarte y su bandera,

soy espada aguda y fiera

de turcos, moros, paganos.

Y he venido a remediar

una cristiana cautiva

que la han fecho renegar,

y yo la he de hacer rescatar

ante Dios y que viva.

Porque ella fue engañada

de este turco descreído

que ahora tiene por marido,

mas hoy será remediada

que Dios oyó su gemido,

que nuestro Dios solo mira

un vivo arrepentimiento.

Pang. 4

La Fe.

y enmienda del que suspira,

que luego afloja su ira

y le perdona al momento.

Sale la Herejía con una sierpe revuelta a un ce= rro con tres o cuatro cabezas y la sierpe adelante, y trayendo un corazón y revestida a manera de furia, y dice.

Herejía.

Yo soy la reina señora

que vivo en aquesta tierra

entre aquesta gente mora;

alegrarme quiero agora

pues nadie me hace guerra,

y a fiesta muy convidada

una cristiana renegada

que a mí ha de ser entregada ,

haré cuenta por mi vida

que a bodas soy convidada,

y yo combato a los cristianos,

y a los vuelvo luteranos,

desafíos les hago y dichos,

y ansí vienen a mis manos.

Y sabed que soy la herejía

que ando en el mundo ligera,

vengo a ver con alegría

un convite, placentera,

de una prima hermana mía.

Y huelgo, fe, que hayáis llegado

a coyuntura y sazón

que mucho lo he deseado,

que una mujer le he sacado

de su bandera y pendón;

y ansí te quiero advertir

que en cosa que a mí tocaren

no tienes que entrevenir,

qué tomar ni qué decir

adonde no te llamaren.

Y si quisieres mirar

el poder de la herejía,

no tienes más que hablar,

mira a África y Turquía

y mil reinos de Ultramar.

La Fe.

¡Oh, serpiente ponzoñosa

y basilisco rabioso,

víbora que está enroscada

en el prado más vicioso,

que de mí será ayudada!

Y yo la defenderé,

de mil virtudes cercada,

que soy la divina fe,

y mil combates daré

para no faltarle en nada ,

,

y por cierto que el blasonar

no ha estado poco hinchado.

Di por qué me quieres quitar

lo que tanto le ha costado

a Dios, ¿y aun osas hablar?

Mi Dios la terná amparada

desta perversa herejía,

y diré mejor fiada,

pues no te aprovecha nada,

cumplóse la honra mía,

y esta cautiva ¿no ves

que es cristiana bautizada?

Pang. 5

La Fe.

que pretendes o que quies

Herejía.

como si es mi renegada

sin defendella tu arnés

La Fe.

ya tenemos en las manos

la victoria desta mujer

veamos si tu poder

o tus pensamientos vanos

la bastan a defender

Herejía.

vámonos, que ella vendrá

y veremos prestamente

el poder adonde está

La Fe.

tú verás, falsa serpiente

tu ser cuán poco valdrá

Vanse y sale el capitán con un paje llamado Aguilar y un lacayo lla mado Elicio y dirá muy aflexido

Capitán.

o largo mar do quiso mi ventura

grandes caudales míos se sumiesen

que si diese el premio de hermosura

y a un prisió mil almas se rindiesen

no hay pecho de diamante o piedra dura

que de mis quejas no se condoliesen

si no eres tú, señora por quien muero

de fuera diosa y dentro un león fiero

¡oh, amor, y cuán presto me rendiste

que de un libre albedrío en presto vuelo

en voluntad ajena le pusiste

la causa del remedio de mi duelo

o ciego amor que nadie te resiste

ni de ti escapar puede acá en el suelo

rapaz descomedido carnicero

llámante dios y eres león fiero

Capitán.

¡Ay, Águeda de Acevedo!

por mi mal te conocí

si te olvido tengo miedo

que me has de matar a mí

mas olvidarte no puedo

o amor tan crudo y fiero

¡ay, triste vida angustiada!

triste pobre caballero

de un cabo me cerca Duero

y de otro peña tajada

Lacayo.

yo juro por vida de Elicio

con un puntapié la saque

y que no hable de vicio

Capitán.

estás fuera de juicio

hacerte quieres un jaque

tú no ves que es principal

y que le des honras

su linaje y su caudal

Lacayo.

que no se te dé un real

no mires en niñerías

y por la sangre de do vengo

si no sales a quedalla

Capitán.

por el más loco te tengo

de cuantos hay en Castilla

loco no hagas ruido

porque si fuese sentido

y mi negocio barruntado

yo salga deshonrado

y para siempre perdido

Lacayo.

tu quies causar rrebiersos

pues señor escúchame

que quiero de un puntapié

batir ambas esas puertas

Capitán.

Elicio sosiégate

Pang. 6

Paje.

Señor, no te apasiones,

ni tu merced se angustie, pues entiende

que en tales aficiones,

como la que pretende,

mientras más le rogaren más se ofende.

Capitán.

¿Cómo podré olvidar,

amigo, a questa dama, pues que veo

que es para más penar,

pues no puede el deseo

basta a morir y dejarla, según creo?

Paje.

Ya ayer hablé con ella,

y aunque me respondió con malos bríos,

mas solo vide en ella,

aunque daba desvíos,

los traidores de sus ojos, bellos míos;

y conocí en su trance,

si mucho la persigues ciertamente,

que hallaremos lance,

que el cántaro en la fuente

ora vuelve sin asa, ora sin frente.

Capitán.

Ay, señor, si ansí fuera,

o diera esas respuestas en efeto,

Paje.

está, mi dama, certera.

Señor, que aun las casadas

están con sus esposos descontentas.

Capitán.

¿Y qué se ha respondido?

A esto, por tu vida, me lo cuenta.

Paje.

Si has de ser su marido,

que será muy contenta,

sino que no permite tal afrenta.

Y ansí quedó ordenado:

si no te has de casar, señor, con ella,

que vivas descuidado

y aplaques tu querella,

porque su honestidad no ha de perdella.

Capitán.

Pues sepas tengo acordado,

por aplacar esa llama,

casarme con esa dama,

y a sacarla tengo pensado,

pues mi corazón la ama.

Paje.

Señor, se ordena tal cosa

como no sea barruntada,

que es doncella muy honrada

y de casta generosa,

aquí nacida y criada.

Y las que nos puedan ver,

los que dentro en casa están,

porque se lo estorbarán,

y a ventura podrá ser

que cueste la torta un pan.

Capitán.

Eso, aquesa es la menor

pena que a mí me convida,

antes lo tengo en favor,

pues el alma está rendida,

no es ya del cuerpo dolor;

que si la pena es crecida

y remediarla no puedo,

ya la tengo aborrecida,

del alma tengo yo miedo,

no le tengo de la vida.

Paje.

Pues luego esté aparcebido,

porque me obliga el amor

de ir a tu lado, señor,

donde tú fueres servido,

sin que me ofenda el temor.

Capitán.

Si por la dama que muero

he de ofender al Señor,

antes la vida primero,

y el cuerpo perdido quiero

ver, que el alma por amor.

Paje.

Señor, por matar tu llama,

es cosa cierta y sabida

que has de aventurar la dama,

pues que la honra y la fama

está, en bien hacer, perdida.

Pang. 7

Lacayo.

Pues, señor, si quieres entrar,

entra muy a tu placer,

y puedes cuenta hacer

que queda aquí a te guardar

el cuerpo, el gran Lucifer.

Y haz cuenta que en esta estancia

los Siete Pares de Francia

te guardan con viento en popa,

sin que al pelo de tu ropa

te toquen, y no es jactancia.

Capitán.

Pues yo entro confiado,

Elicio, con tu palabra.

Lacayo.

Bien puedes perder cuidado,

que aunque la tierra se abra

yo cumpliré tu mandado.

Capitán.

Entra conmigo, Aguilar,

por si fuere menester,

que no me haga aguardar.

Entranse el Capitán y el Paje, y queda el Lacayo, y dice:

Lacayo.

Solo tengo de quedar,

¡triste!, ¿qué he de hacer?

Elicio, en peligro estás,

metido y en gran aprieto,

por ser necio e indiscreto.

¡Válgame San Nicolás

y la Señora de Loreto!

¡Quién de suyo es tan gallina

como yo fingir valiente!

¡Qué sirve hacerse gente!

¡Válgame Santa María,

San Jorge con San Llorente!

Estará durmiendo bien

mi amo con gran sosiego,

y yo puesto en tal desdén.

¡Plega a Dios que no me den

algún mal o pasafuego!

¡Mal haya quien fue a servir,

sirviendo a aquestos pelones,

madrugar y no medrar,

sufriendo dos mil baldones!

¡Ay Dios, quién asomara allí!

Gente vienen rebozados.

¡En triste signo nací!

El demonio o mis pecados

me han dejado agora aquí.

Déjase caer en el suelo y suelta la espada, y viene el Capitán.

Capitán.

¿Qué haces, Elicio, echado?

¿Estás dormido o despierto?

¿O te ha alguien acuchillado?

Lacayo.

Que a las voces has dado,

¡hanme dejado por muerto!

Capitán.

¿Que por muerto te han dejado?

¿Dónde tienes la herida?

Lacayo.

Aquí, uno.

Capitán.

¿De ese otro lado?

Lacayo.

Tampoco.

Habráse cuajado.

Capitán.

Que era la daga fingida,

yo no te puedo hallar

señal ni pelo cortado.

Lacayo.

Tal no puedo pensar.

Pang. 8

Lacayo.

pues juro por mis pecados

que lo debí de soñar.

Capitán.

son tus conceptos fundados

en sueño según parece

mucho más que esto merece

quien se sirve de criados

tales cuando esto se ofrece

vienen rotos desgarrados

desque les dais de comer

y vestidos muy preciados

al tiempo del menester

se duermen muy descuidados

y tu demasiado temor

junto con tu cobardía

te puso esa fantasía

dese vano pundonor

que alguno te acometía

quédate que quiero ir

a cavar lo comenzado

mira no estés descuidado

ni duermas sino advertir

que de nadie sea notado.

Lacayo.

señor mi palabra empeño

que puedes perder cuidado

que si estaba descuidado

fue señor un grave sueño

que me tenía tan cargado

Vase el capitán y dice el lacayo.

Lacayo.

a fe que no vivo errado

yo en lo que dije primero

de que habéis aventurado

cien mil vidas al tablero

luego no hay más mal criado

que si un punto habéis faltado

la pendencia nunca para

hasta estar malhadado

y a más de ir desgarrado

luego os lo echan en cara

y pues tan poca medra llevo

quiero buscar otro tal

amo que sea principal

con que busquemos de nuevo

remedios por un real

Vase el lacayo y sale el capitán y la dama con el cabello suelto.

Capitán.

mi bien venís cansada

o qué tal os sentís deste camino

Dama.

un poco fatigada

Línea tachada: que relumbra más que aljófar y oro fino

Capitán.

ese pecho alabastrino

y relumbra más que aljófar y oro fino

Dama.

cómo se ha de cansar

quien tal favor alcanza con miraros

sabré certificar

ante esos soles claros

que me olvidé de mí por no olvidaros

Capitán.

no es pequeño el favor

que me distes agora más aparte

se quede por mi amor

mas sé desengañarte

que me olvidé de mí por no olvidarte

Dama.

amigo mío querido

baste ya que mi bien podré llevaros

en mi alma metido

para más regalaros

Pang. 9

Dama.

Y olvidarme de mí por no olvidaros,

mi bien, vernéis molida.

Creéis en estos brazos recostaros,

¿o estás arrepentida,

sabiendo de mi parte

que me olvido de mí por olvidarte?

Dama.

Pues, ¿cómo, señor, ansí

tan poco amor me has tenido?

Yo creo, señor, de ti

que vienes arrepentido

en lo que dijiste aquí,

y quiéresme, señor, probar,

sabiendo que en ti confío,

porque me quieres afrentar,

o quizá quieres cegar

por tu corazón el mío.

Capitán.

Mi bien, no te has de enojar,

que si yo me he burlado,

aquí estoy para pagar.

Dama.

Bien sabe disimular,

después de haberme agraviado.

Capitán.

Con el placer y contento

que en verte siente mi vida,

pienso que ya arrepentida

estarás.

Dama.

Luego al momento

mal me tienes conocida;

no soy yo de los que ansí

se arrepienten en un credo,

porque me llaman a mí

Águeda la de Azevedo,

que cautiva está por ti.

Capitán.

Ya está muy cerca el lugar,

mis ojos, no os fatiguéis,

porque allí descansaréis;

bien os podéis consolar,

que muy poco tardaréis.

Éntranse y sale el Padre y la Madre, llorando por la hija.

Padre.

¡Oh, querida hija mía, dó te has ido!

¿Quién delante mis ojos te ha quitado?

¿Quién con atrevimiento nunca oído

tu juvenil juicio ha trastrocado?

¿Cuál fue el varón cruel, tan atrevido,

que de mi compaña te ha apartado?

¡Oh, qué mampara, fiero mal, o cerradura!

¡Oh madre triste, oh suma desventura!

Madre.

No estabas tú, mi hija, señalada

para ser monja, santa, religiosa;

¿cómo estás de mi casa desterrada?

¿Quién te apartó de mí, hija graciosa?

¡Oh, Águeda, mi hija muy amada,

consuelo de mi vida y ventajosa!

Parca, ¿por qué dilatas tu venida

a cortar el triste hilo de mi vida?

Padre.

¿Adónde está tu pecho claustrino,

y tus cabellos como hebras de oro,

de araña rutilante y espansino,

que escureciendo está el Febo tesoro?

¡Oh desastrado viejo, oh triste signo,

que agora me deshago en un lloro!

No quede gente en casa que no vaya

a buscar a mi hija y me la traya.

Éntranse y sale el Capitán y Águeda.

Capitán.

Gloria, dulzor y contento

de mi alma y corazón,

ya llegó la hora y sazón

que luego, en este momento,

hagamos la embarcación.

Pang. 10

Capitán.

De mal se os ha de saber,

por no estar acostumbrada,

y por la mar embarcada,

y el pesar que habéis de haber

en ir de España alongada.

Dama.

No temas nada, mi amor,

seguro puedes estar,

que iré contigo, señor;

no tendré miedo a la mar,

ni a su tormenta mayor.

Capitán.

Muy gozoso yo soy aquel

que contigo voy contento.

Dama.

Mi amor, en mi pensamiento ,

será más dulce que el miel

cualquier peligro y tormento.

Viene un marinero y dice:

Marinero.

Caballeros, ya está embarcada

en el puerto la gente y provimiento,

y cumple que hagamos la jornada,

pues nos es favorable el fresco viento;

la mar está en bonanza sosegada,

pues que no hay detrimento ni tormento,

mientras este fértil tiempo dura,

no perdamos viaje y coyuntura.

Capitán.

Mi bien, vamos a embarcar.

Dama.

Y vos, señor, a mi lado.

Capitán.

Pláceme muy buen grado,

no tenemos que esperar,

pues todo está aparejado.

Éntranse como que se van a embarcar y saldrá un marinero como que han llegado al agua y dice:

Marinero.

Gracias te doy, piloto omnipotente,

pues nos has aportado en este día

al puerto deseado con mi gente,

en aquesta provincia de Bugía.

Y desembarcarse piensa prestamente

el bastimento con la artillería,

y sea con presteza muy extraña,

que quiero dar la vuelta para España.

Éntranse, y viene el Capitán y la Dama, que se han desembarcado.

Capitán.

Alégrate, mi corazón,

pues que Dios nos ha aportado

al puerto deseado,

pues que sin tribulación

y peligro hemos llegado.

Alza la cara y mirad

esta tierra tan viciosa,

fértil y muy abundosa,

que a nuestro servicio está,

donde viviréis gozosa.

Mirad el alto asiento

desta ciudad y sus tierras;

todo me da gran contento,

mas, señora, que estas guerras

me angustian el pensamiento.

Dama.

Temer, como has de tener

batalla contra paganos,

me quita todo el placer.

Capitán.

Esos pensamientos vanos

no tienes que los tener,

que si Dios me ha de librar,

no por andar en pelea

pienses que me han de matar;

y si yo he de pelear,

su voluntad hecha sea.

Ninguno puede huir

cuando la hora es llegada

mala muerte resistir,

que será cosa excusada

nadie dejar de morir.

Pang. 11

Capitán.

ni aunque en España estuviera,

si el tiempo fuera llegado

de la muerte, era escusado

resistir que no muriera,

pues a nadie ha perdonado.

Y ansí sordeno de servir

a Dios como buen soldado,

y a nuestro Rey sublimado,

y no temer el morir,

que en Dios estoy confiado.

Dama.

Señor, cuando se ofreciere

ir acaso a pelear,

yo también me entraré a armar.

Capitán.

Cuando ese tiempo viniere,

en mal habemos de andar.

Basta llevarte en memoria,

como siempre te tendré,

que con esto alcanzaré

el triunfo de la victoria.

Dama.

No está malo, por mi fe.

Dama.

Mas, señor, no hay que decir

en eso, pues está claro

que yo me holgaré de ir,

y llevando tal amparo

no tendré miedo al morir.

Sale un soldado y dice.

Soldado.

Venga, señor capitán,

que ya los alojamientos

aderezados están,

las cámaras y aposentos

adonde descansarán,

ya las mesas están puestas

con manjares abundantes

y con mil frutas bastantes.

Dama.

Señor, en estas florestas

hay lugares importantes.

Capitán.

Entrad, mi vida, a comer

un bocado y reposar,

que a la tarde podrá haber

lugar para nos holgar

con mucho gusto y placer.

Vanse.

Salen tres moros capitanes, un turco y el arráez.

Turco.

Arráez y capitanes muy famosos,

el gran Mahoma os haga prosperados.

Meted luego el armada presurosos,

mandad apercebir vuestros soldados.

Arráez.

El gran Alá nos haga venturosos

y el profeta Mahoma bien guiados.

Esta noche el camino haremos

y ganada os daremos a Bugía.

Capitán.

Yo te juro a poder del gran Mahoma

que si me ayuda bien esta jornada

de destruir su pésima carcoma

y a Bugía de dártela asolada.

Turco.

Valiente capitán, desde aquí toma

aquesta lanza mía muy preciada

y yo te haré bajá de cien galeras,

las mejores que tengo y más ligeras.

Capitán.

Desde aquí te prometo

de tener a Bugía bien cercada

y meterla en aprieto

y dártela ganada

o antes morirme en esta jornada.

Pang. 12

Arráez.

Todos esos blasones

quisiera, capitán, en la batalla.

Capitán.

Son discretas razones.

Arráez, tú mira y calla,

que presto me has de ver crujir la malla.

Turco.

Animosos varones,

aderezad luego a la partida,

como fuertes leones

la gente apercebida,

que en el puerto el armada está salida.

Vanse los moros y viene el capitán cristiano y la dama.

Capitán.

Mirad, esposa mía, la frescura

de aquestas aguas claras, cristalinas,

y en estos verdes prados la frescura,

las aves y sus músicas divinas,

cantando están los dulces ruiseñores

las flores que aquí están en la espesura

de sí están destilando mil olores.

Dama.

Señor, en este alegre y verde prado

te asienta aquí a la orilla desta fuente.

Capitán.

Y vos tan bien, mi vida, deste lado.

Dama.

¡Oh, agua tan clara y reluciente,

por cierto que es lugar aparejado

para contentamiento suficiente!

Sale un soldado y dice:

Soldado.

¡Oh, hora afortunada!

¿Cómo estás, señor, tan descuidado,

pues una gruesa armada

en el puerto ha llegado

y mil turcos en el arena saltado?

Levántate muy presto,

pon algún remedio en resistillo,

que gran mal ha sido esto.

Yo no acierto a decillo,

que cercado nos tienen ya el castillo.

Capitán.

¡Levanta, vida mía!

¡Oh, caso que jamás ha acontecido!

¡Ven presto, mi alegría!

Dama.

¡Ay de mí, esposo y marido,

aguardadme, señor, si sois servido!

Vanse y salen los moros y dicen:

Arráez.

¡Oh, gran Mahoma, mil veces te bendigo,

pues que tan buen designio me has guardado,

que tengo en tal aprieto al enemigo,

con mil turcos de guerra rodeado!

¡Oh, Mahoma, que siempre fuiste amigo

de los tuyos, por siempre seas loado,

que hoy me vengarás desta tiranía,

si no me dan las llaves de Bujía!

Moro.

Valeroso capitán,

de quien mi ser no se aparta,

mejores sesos serán

enviar luego una carta

a los que en Bujía están,

que si quieren entregar

la fuerza ha de ser luego,

que las vidas salvarán,

y si no, que morirán

todos a sangre y a fuego.

Capitán.

Muy bien habéis acordado,

como hombre principal;

sea pues luego ordenado

un turco muy señalado

que la lleve al general.

Moro.

Señor, primero lo ordene,

que yo si fueres servido

me partiré, si conviene,

adonde está proveído.

Arráez.

A gran coyuntura viene.

Vanse y viene el general de Bujía y el capitán y algunos soldados.

Pang. 13

General.

Capitanes y soldados

que en aquesta isla estáis,

veis que estamos cercados.

¿Qué es lo que me aconsejáis

para poder ser librados?

Sabéis que los turcos son

muchos en gran demasía,

y traen mucha artillería,

bastimentos y provisión,

que es mayor que no la mía.

Bien veis que trae por la mar

muchas galeras, y en tierra

gente para pelear,

con que nos pueden cercar

y hacernos cruda guerra.

Capitán.

Señor, conviene salir

con la gente apercebida

y a los turcos resistir;

más vale perder la vida

que acorralados vivir.

Soldado.

Buen consejo es el que ha dado

aquí el señor capitán,

como en guerra ejercitado.

General.

Tengo que los turcos están

con poderío sobrado,

que no bastará a resistir

a los turcos su braveza.

Capitán.

No dejemos de salir

por guardar la fortaleza,

o en la demanda morir.

General.

Alto, pues, luego al momento,

mas yo os digo que será

loco y vano atrevimiento.

Capitán.

Señor, Dios te ayudará.

General.

Yo soy de ese pensamiento.

Sale el moro con la carta y dice:

Moro.

General y soldados que en Bugía

estáis en la defensa desta tierra,

el gran Bajá, sabed, que a vos os envía,

por escusar el daño desta guerra;

lee lo que en esta carta se te decía,

pues sabes que tu muerte y mal destierra,

y mira la embajada que se apresta,

que quedan esperando tu respuesta.

Toma la carta el general y léela diciendo:

Carta.

Yo, el gran arráez Maluco valeroso,

a vos los capitanes y soldados,

salud envía, y vuestros días reposo.

Nos los turcos que estamos ayuntados

para romper con ánimo furioso,

sin ser de nuestras manos libertados,

si no nos entregáis las llaves luego,

sabed que moriréis a sangre y fuego.

Si no, yo he hecho pleito y homenaje

al profeta Mahoma y su grandeza,

de mi manía mostrar, y gran coraje,

y pasaré a cuchillo con braveza

a todos con deshonra y vil ultraje,

sin dejar de matar ni una cabeza;

no muráis una muerte baja y dura,

pues mi consejo el bien os asegura.

Acabada de leer la carta, dice el general dando un suspiro:

General.

Valerosos señores, ya habéis visto

la embajada que el moro me ha enviado,

ya veis que si con ella yo conquisto,

no es caso de morir o ser honrado.

Capitán.

Gran señor, por la fe de Jesucristo,

morir como valientes es forzado;

que si todos perdiéremos las vidas,

en ser por Dios serán muy bien perdidas.

Pang. 14

General.

Pues que la vida nos han asegurado,

mejor acuerdo es darles entrada;

pásense, pues en paz la han demandado,

antes que morir muerte deshonrada.

Soldado.

Yo, con ánimo fuerte y esforzado,

lo defenderé con lanza y con espada.

General.

Corre, di al arraez moro gallardo

que venga por las llaves, que le aguardo.

Vase el moro y dice el capitán cristiano.

Capitán.

¡Oh, cómo es mal acordada

dar entrada a estos paganos,

que no han de dejar cristianos

que con mano cruel y airada

no degüellen con sus manos!

General.

No ha el turco de quebrantar

la palabra que me ha dado.

Soldado.

No estoy yo muy confiado;

de un moro no hay que fiar,

aunque sea el más estimado.

Viene un turco a entregarse en las llaves de Bujía.

Turco.

Manténgaos el santo Alá,

capitanes esforzados;

las llaves luego entregad,

porque aguardándome está

mi general y soldados.

General.

Toma, y vuelve presuroso

donde tu señor quedó,

y dirás que digo yo

que, como arrez poderoso,

cumpla lo que prometió;

v y de no cautivar soldado,

ni mujer, ni la hacienda,

porque, pues que le hemos dado

el castillo sin contienda,

y en la fuerza sea entregado.

Vanse todos y salen los moros. capy

Y dice el arraez.

Arráez.

Alto, pues, a caminar,

y en la fuerza os entraréis,

y cuantos dentro halléis

habéismelos de matar,

y a ninguno perdonéis.

Y al general el primero,

muera con muy gran rigor,

muerte como trasgresor,

pues que, siendo caballero,

fue traidor a su señor.

Y salvo los niños chiquitos,

los llevaremos al rey,

los que fueren más bonitos,

que, tornándose turquitos,

defenderán nuestra ley.

Y no quede doncella ,

ni soltera ni menos casada,

que con mano cruel y airada

cada cual no pruebe en ella

cómo corta bien su espada.

Moro.

Juro al profeta Mahoma

que, al que pudiere alcanzar, capi

que le tengo de mostrar

cómo la iglesia de Roma

no es bastante a le librar.

Arráez.

Hágase como lo mando,

nadie use de clemencia.

Capitán.

Alto, pues, sin resistencia, mo/

muera el enemigo bando,

y paguen la justa sentencia.

Pang. 15

Éntranse en Bujía y sale el capitán Apiano con la dama, muy triste, y dice:

Capitán.

Mi gloria, bien y dulzura

deste capitán rendido,

que a su cadena has traído,

ya sabrás la desventura

que sobre nos ha sobrevenido.

Ya ves cómo el general

a los turcos dio cabida

para nuestro daño y mal,

y con saña desigual

no dejan cristiano a vida.

La muerte no tengo en nada,

debo a Dios,

que, si mi hora es llegada,

yo la doy por bien quitada,

con que viviésedes vos.

Dama.

Mi vida, no te apasiones,

que el corazón me has partido,

¡oh, mi señor tan querido!

Solo en oír tus razones

me causas dolor crecido.

Pues no se excusa el morir,

yo doy por bien empleado

el morir, si así os agrada,

porque viviésedes vos.

Capitán.

No lo permita mi hado,

cómo he de ver maltratar

a las cosas que más quiero;

antes moriré primero

que yo te vea matar.

Dama.

En aquel gran Dios espero

que no han de tocarte a ti,

y así estoy muy confiada.

Capitán.

Señora, ¿veslos allí?

Dama.

¡Oh, desdichada de mí!

Mi hora ha sido llegada.

Entran dos o tres moros con las espadas desnudas y los brazos arremangados, y sueltan un arcabuz, diziendo:

Moro.

¡Mueran los perseguidores

d'esta fe santa pura,

como enemigos traidores!

Dama.

¡Ay, tamaña desventura!

Capitán.

¡Váleme, Señor de señores!

Aquí echan mano los moros del capitán a las espadas, y tiran tiro a tiro, y dice la dama:

Dama.

¡Favorecedme, mi Dios!

Capitán.

¡Perros, de morir tenéis!

Moros.

¡Mueran entrambos a dos!

Dama.

En mí sola os vengaréis,

y no muráis, mi bien, vos.

Dan los moros al capitán de cuchilladas y mátanle, y la dama se cae sobre el cuerpo llorando.

Dama.

¡Oh, bien del alma mía!

¿Cómo dejáis sola en tierra ajena,

privada de alegría,

mi amor y vista buena,

atada de enemigos en cadena?

Habladme, mi querido,

de un frío sudor estáis cubierto,

y estáis del todo muerto.

¡Oh, grande desventura y desconcierto!

Moro 2.

Llevemos la cautiva

al bajá, mi señor, pues me contenta.

Pang. 16

Moro 2.

que más vale que viva,

que no es digna de afrenta

levántate cristiana

traspuesta esta su cara me parece

mas linda que diana

mal ninguno merece

que al febo con sus rayos oscurece

dime, mi bien, no me respondes

cómo estás, mi querido tan callando

dime adonde te escondes

qué vendaval te ha dado

cuán presto mi bien me habéis dejado

Moro.

que estamos esperando

está fuera de seso y desvaría

llevemos la volando

echalla con agua fría

se volverá a su ser como solía

llévanla en brazos y sale el arráez con un marinero

Bajá.

Gran Mahoma, yo te doy

loores rey sublimado

pues siempre me has ayudado

y la venganza que

de los cristianos me has dado

siempre quisiste ayudar

al que en ti tiene esperanza

y ansí me quisiste dar

de mis contrarios venganza

como ayudador sin par

pues ya dejamos la tierra

debajo de sujeción

agora es tiempo y sazón

de hacer la embarcación

haréis luego aderezar

presto el armada sin duda

que ya no hay más que esperar

pues que el viento nos ayuda

y hay gran bonanza en el mar

y embarcaréis bastimento

pues que en la isla hay asaz

y adese luego al momento

que viniendo califaz

esté todo a su contento

llegan los turcos con la cautiva y dice el capitán moro

Moro.

Gran bajá, aquí traemos

una cautiva cristiana

que por ser bella y lozana

con ella te serviremos

con voluntad limpia y sana

la cual con un su belado

la hallamos y el pago

su pecado y pues murió

Bajá.

¡Oh, santo Alá, que he mirado!

el corazón me ha robado

¡Oh, qué esmeralda y rubí!

dame abrazo en viva llama

después que ella vino aquí

podré decir que es la dama

de los más lindos que vi

arráez por este favor

que es darme aquesta cristiana

Pang. 17

Bajá.

esta joya de valor

con voluntad limpia y sana

y no te la doy por paga

porque en llegando a Modón

yo te daré galardón

y asimismo satisfaga.

Dama.

¿Adónde estás, mi corazón?

Amo.

Marineros, caminad.

Bajá.

Pues nos hace buen tiempo,

el armada aderezad,

y ha de ser luego al momento.

Marinero.

Sárpese con brevedad.

Éntranse todos y queda el Bajá y la Dama.

Dama.

¿Adónde estás, mi alegría,

mi bien?, ¿quién os ha apartado

de mi dulce compañía?

Bajá.

Aquí estoy, querida mía.

Dama.

Mi bien, ¿quién os ha llevado?

Bajá.

No tienes que llorar

aquesotro enamorado,

que es lloro muy escusado

pues no puede aprovechar,

que mi gente le ha matado.

Mira, mi bien, que murió

muerte baja y abatida;

aquí quedo, mi bien, yo,

que de mí serás servida

más que el otro te sirvió.

Conoce y mira el provecho

que con corazón clemente

el gran Mahoma te ha hecho,

pues tu querido está ausente,

desarraígale del pecho.

Dama.

No, porque hayas matado

a mi esposo tan querido,

por eso le he olvidado,

que no es hombre entendido

quien dice que la ausencia causa olvido.

No por estar ausente

ha de ser de mi alma así apartado,

que el que ligeramente

olvida a quien ha amado

merece ser de todos olvidado.

Bajá.

Es vano pensamiento

volver a querer dar lo que ha pasado.

Dama.

En el entendimiento

ha de estar más fijado

que el verdadero y firme enamorado.

Bajá.

Deja esa porfía,

mira que te será mejor partido.

Dama.

No olvido, mi alegría,

el amor que ha tenido,

que mientras más ausente, más querido.

Bajá.

Juro por el santo Alá

que un casto corazón

tan airado como está

el tuyo, no has compasión

del mal que tu amor me da,

y no basta con su poder

a resistirme Bugía,

ni fue bastante a menguar,

que agora una mujer

me ha privado de alegría.

Aquí viene un marinero y dice.

Pang. 18

Marinero.

Gran bajá, vense a embarcar,

pues que el viento fresco dura.

Bajá.

Plega a Alá que en esta mar

muera, si no he de gozar

de tu extraña hermosura.

Mete luego en el armada

esta cristiana cautiva,

sea servida y tratada

y temida y respetada

para que en contento viva.

Van a embarcar y torna a salir el Bajá y la Dama.

Bajá.

Cristiana, ya hemos llegado

a aquesta ciudade y mar,

este palacio labrado,

destos siervos, y preciado,

todos son a mi mandar,

y soy visorrey de Modón.

Y en toda la esclavonía

es mucha la gente mía

y la mayor posesión

que se vio en toda Turquía.

Y sabes la pena y tormento

de los cautivos cristianos,

atados de pies y manos,

en lugar de sus contentos,

les dan palos inhumanos

y de perros siempre llamados;

muertos de hambre y desnudos,

de todos vituperados,

heridos de azotes crudos,

sus miembros martirizados,

llevando tablas de pan

cuando sus amos almorzan,

y otros cargos que les dan,

es lo menos que ellos pasan,

y maldiciéndose están,

y puedes conocer, cristiana,

el gran bien y galardón

que el gran Mahoma allana,

si quieres de buena gana

dar lugar a mi intención;

y di, cristiana, estés contenta.

Dama.

Respondo, no estoy turbada:

antes con aquesta espada

me mates que tal afrenta

a mi persona sea dada.

No por mi hado cautivo

has de usar tal villanía,

basta la desdicha mía

y la gran pena en que vivo

entre aquesta tiranía.

Mira, señor, a tu estado,

no permitas tal error

que un turco tan señalado

a una esclava que le ha dado

hacerle tal el Señor.

Básteme estar desterrada

de mi tierra y mi nación

y cautiva y desdichada,

sin que agora este baldón

quieras dar a tu criada.

Bajá.

Mezquina, desventurada,

de gran mal merecedora,

que pudiendo ser señora

quieres vivir ultrajada

y afrentada cada hora.

¿Quién puede en ti castigar

y buscar pena y fatiga?

No se sabe aprovechar

aun que el dolor le persiga,

no tiene que se quejar.

Pang. 19

Bajá.

y tus pensamientos vanos

presto los verás caer,

en viendo caminos llanos,

y tú, Dios, no habrá poder

de quitarte de mis manos.

Quiero me entrar a comer,

porque me tiene cansado

y muerto aquesta mujer.

Dama.

Confío en Dios consagrado

que me ha de favorecer.

Éntranse y sale un paje, y un bobo, y dice el paje:

Paje.

La hora es ya llegada

que se siente a comer el caballero;

la mesa está ya aliñada.

Bobo.

Pues ya quiero primero

los ajos machacar en el mortero.

Paje.

Saca luego al momento

con brevedad y priesa la comida.

Bobo.

De aqueso so contento,

y iré en una corrida

que mato aquella olla espavorida.

Entra el bobo para dentro, y vuelve a salir corriendo, y dice:

Bobo.

¡Oh, gran mal ha sido!

¡Diablos, qué ha acontecido!

¡Y qué es lo que ha sucedido!

Yo lo diré si acierto,

que la candela y fuego se ha muerto.

Paje.

Acaba, trae la mesa,

porque vendrá a comer su amo presto.

Y aun de aqueso me pesa.

En vase el bobo, y dice el paje, y responde el bobo de adentro:

Paje.

¿Por qué no acabas, Pablo,

de meter esa mesa y los manteles?

Bobo.

Rapa de aquí, diablo,

por diez, que aunque te peles,

que no me has de morder de los carcañales .

Sale el bobo mordiendo de un pastel:

Paje.

¿En qué andas? Me vuelvo,

¿qué ha dado por ventura en el guisado?

Bobo.

El diabro anda suelto;

a ver si está salado.

Probé este pastel a su mal grado.

Ponen la mesa en el suelo.

Paje.

Tiende aquesas tovajas,

y tiende los manteles y sea presto.

Bobo.

Quítese de barajas,

hágalo él esto,

después puede decir que bobo he sido.

Viene el bajá y dice:

Bajá.

Corre, paje, volando,

sube a la sala de arriba,

y vendrás acompañado

Pang. 20

Bajá.

a la cristiana cautiva

porque la ando esperando.

Vase el paje. Prosigue el Bajá.

Bajá.

¡Oh tormento nunca oído!

¡cuál pasaste, desdichado!

Bobo.

¡Oh plato lleno y colmado,

en verte estar asombrado

me pones dolor sobrado!

Bajá.

Desdichado fue aquel día

que, ¡oh triste!, me partí

con el armada a Bugía.

Bobo.

¡Oh triste tripa vacía,

lástima tengo de ti!

Viene la dama y el paje, y dícele el Bajá a la dama:

Bajá.

Siéntate aquí, vida mía,

dame agora este contento.

Dama.

Señor, si en mi pensamiento

no hay ningún hora alegría,

mal daré contentamiento.

Bajá.

Mis ojos, no seas esquiva,

siéntate a la cabecera

y muéstrate placentera,

que quizá alguna cautiva

a gran dicha lo tuviera.

Y alza esa cara, no estés,

mi bien, con cara llorosa.

Dama.

¿Cómo no he de estar penosa,

gallardo moro, pues ves

mi fatiga congojosa?

Y ¿con quién? Con enemigos mora

cautiva y tan extraña,

que amargamente no llora.

Bajá.

No hay enemigos, señora,

haz cuenta estás en España.

Y no dices que entre enemigos

tienes sino entre amigos,

y no estás sino entre amigos

en mi tierra y posesión.

Y no digas que entre enemigos

vives, que me das pasión;

siéntate, mi corazón,

que no estás sino entre amigos

en mi tierra y posesión.

Tómala por la mano y hácela asentar, y dice el Bobo:

Bobo.

Ea, acá que siéntese,

no se haga de rogar,

si no come, asentaré,

y comeré y tragaré

hasta me arrepantigar.

Bajá.

Come, mi bien, deja el lloro,

limpia esa cara y frescor,

no tomes pena, mi amor,

que el corazón me enamoras

con tu belleza y primor.

Dama.

Señor, yo soy tu criada,

y te tengo de servir,

mas no a tu mesa asentada.

Sigue el Bajá:

Bajá.

No te quiero tal criada,

que me das pena doblada.

Come algún bocado.

Mi bien, no quies conceder

lo que tanto he suplicado,

duélete de mi cuidado,

porque todo mi poder

está por ti sujetado.

Pang. 21

Bajá.

mira que en Modón están

otros cristianos cautivos,

que más de mil pasarán

que pasan penas esquivas,

y a fe que envidia harán.

Dama.

No tienes que importunarme,

que es en balde esa porfía,

mas antes consentiría

que luego mandes matarme

que perder la honra mía.

Y ansí, señor, déjame,

no me hagas más penas;

y si me quieres matar,

por bien dado lo daré,

por no verme deshonrar.

Bajá.

¡Ah, santo, qué crueldad

es esta desta mujer,

que se quiera antes ver

en pena y cautividad

que dar su brazo a torcer!

Pues, por el bien que te quiero

y por estar tan rendido,

saber quiero tu partido,

y será el medio postrero,

pues me veo tan perdido.

Ya ves que mi posesión

es de gran estima y valía,

pues soy virrey de Modón

y toda la esclavonía,

tengo puesta en sujeción.

Tengo míos en la sierra,

a la través, dos mil dellos,

que basto con solos ellos

a dar al gran Turco guerra,

y el gran Cairo tiembla dellos.

Y no hay turco así que sea cruel

sino solo los alfaquíes

desde Modón hasta Argel

que no me den dentro dél

gran cantidad de zequíes.

Y si quieres conocer

el Señor de los cristianos,

claramente podrás ver

que no tuvieron poder

a librarte de mis manos.

Y no conoces, triste de ti,

cómo vives engañada;

mira que te digo aquí

que tu ley no vale nada,

y esto ten cierto de mí.

Y a Mahoma, santo escogido,

llámale de corazón;

mira que le has ofendido,

y en él hallarás perdón,

que es profeta engrandecido.

Dama.

A aquel Dios de la verdad

llamo con corazón fijo,

tres en una potestad,

igual el Padre del Hijo

y el tercero en Trinidad.

Y en el cual espero aquí

que de mí se ha de acordar.

Bajá.

¿Cómo te podrá librar

pues que no se libró a sí?

Será en valde tu llamar.

Y mira y conoce tu Señor

que el santo Alá me es testigo,

si reniegas de Dios, digo,

por tenerte tanto amor,

que me casaré contigo.

Pang. 22

Bajá.

Digo de te dar

en gran suma de tesoro

y en arras te presentar

seis castillos y heredar

dos mil pesantes de oro.

Bajá.

¿Para qué quieres pasar

tan gran ultraje y afrenta,

pudiendo vivir contenta,

sin gemir ni suspirar,

y más señorear mi renta?

Bajá.

¿Qué respondes? Háblame,

que las de verme perdido.

Dama.

Yo digo que lo acepté

y te tomo por marido.

Bajá.

¡Oh, santo Alá, abrásame!

Bajá.

¡Oh, Mahoma sublimado,

yo siempre en ti confiaba

que tú le habrías tornado

aquesta hermosa esclava

que tanto lo he deseado!

Bajá.

Entremos luego a la hora

a alabar el santo Alá,

y allá te tornaré mora,

y el lunes, quizá, señora,

haremos nuestra zala.

Aquí la meten allá, y sale un pregonero vendiendo un cautivo cristiano que es hermano de la dama.

Pregonero.

El que quisiere comprar

un cristiano muy dispuesto,

mozo para trabajar,

páguelo y ha de ser presto,

que hoy se quiere rematar.

Viene el bajá y dice:

Bajá.

¿Es este, decid, el cristiano?

Sálvete el grande Mahoma.

¿Dónde cautivaste, hermano?

Cristiano.

Señor, viniendo de Roma,

en el estrecho africano.

Y viniendo de negociar

en un navío embarcados,

metidos en alta mar,

fuimos de turcos cercados

sin podernos escapar.

Bajá.

¿Cuánto dan por el cautivo?

Pregonero.

No he nada de aquel andado.

Bajá.

Yo ciento daré de buen grado.

Pregonero.

Visto es.

Bajá.

Pues aquí vivo,

yo en breve lo he mercado.

Vase el bajá con el esclavo y pasa por su puerta con él, y sale la dama renegada vestida a lo morisca.

Bajá.

Mi señora, luego abaje,

que traigo aquí un servidor

para que haga labor

y dentro en casa trabaje.

Dama.

¡Oh, mi querido señor!

Bajá.

Abrázame, mi querer.

Bajá.

Pláceme de buena gana

por hacerte ese placer.

Dama.

Perro, vana fazaña,

pues estás en mi poder,

y a la tarde a la floresta

nos iremos a holgar;

por entretener la siesta,

mi perro, has de trabajar.

Bajá.

¡Ah, mi señora!, ¿qué razón es esta?

Pang. 23

Dama.

Mis hijos, mi alegría,

en casa no han parecido,

¿dónde están?

Bajá.

A montería

en este punto han salido

con muy gran caballería.

Dama.

Entremos, porque ya es hora

de ir a posar.

Bajá.

Al momento,

pues que lo mandas, señora,

yo os daré todo contento,

vámonos, gallarda mora.

Vanse, y queda el cautivo solo majando esparto, y dice.

Cautivo.

Los ángeles te alaben, Virgen pura,

princesa del rosario esclarecida,

consuelo de mi alma y alegría,

y del mal contagioso hallo cura,

no mires mi miseria y desventura,

pues te llamo con fe viva encendida,

si miras el suceso de mi vida,

digno soy de tormento y amargura;

suplícole a tu hijo soberano,

pues es de clemencia el caudal río,

que perdone el error deste gusano,

y tenga compasión del llanto mío,

y me envíe el favor de su alta mano,

porque, aunque siervo indigno, en él confío.

Sale un moro con una carta para el bajá.

Moro.

¿Adónde está tu señor?

Porque le vengo a buscar.

Cautivo.

Ahí adentro podéis entrar,

que yo tengo tal dolor

que aun de mí no sé contar.

Sale el bajá y la dama, y el moro se pone de rodillas delante del bajá y le da la carta, besándola primero.

Moro.

Bajá, toma aquesta carta

que manda el Rey, mi señor,

que con presteza y furor

tu excelencia luego parta,

so pena de ser traidor;

porque tiene cierta guerra

de cristianos gente perra,

y para ella ha menester

tu persona y el poder

que dentro della se encierra.

Tome la carta el bajá y léela entre sí, y luego dice con un suspiro.

Bajá.

¡Islán y Mahoma santo!

¡Qué mal haya en este día,

que con tu mensajería

me has entristecido tanto

y quitado mi alegría!

Pues con aquesta embajada

he de dejar mi esposa,

cosa de mí tan preciada

que todo lo estimo en nada

en respeto desta diosa.

Y veinte y seis años ha,

mi bien, que estamos casados,

si los tenéis bien contados,

y no me parece que ha

dos que estamos ayuntados.

Ya sabe cómo me es forzado

partirme de aquesta tierra

porque el Rey me lo ha mandado,

parta yo a aquesta guerra.

Pang. 24

Bajá.

Parto luego, con cuidado,

y mis hijos, ambos a dos,

llevaré en mi compañía,

aunque gran pena es la mía

partirme, mi bien, sin vos;

pues sin vos no hay alegría,

dinero os queda, mi queja,

dos esclavos y mucha renta

con que viviréis contenta,

Dama.

y ha de ser con gran presteza

la venida, si se acierta.

Bajá.

Breve será, si yo puedo,

lo más presto que podré.

Dama.

Mi señor, mira que quedo...

Bajá.

No tengáis mil desmayos,

que muy presto volveré.

Éntrase el Bajá y queda la dama hablando con el cautivo cristiano y le dará de palos.

Dama.

Trabaja, perro cristiano,

mira que has de morir hoy

sin escapar de mi mano.

Cristiano.

¡Oh, alto Dios soberano,

muchas gracias yo te doy!

Vase la dama y queda el cautivo diciendo:

Cristiano.

¡Oh, soberano hacedor,

duélete, Señor, de mí,

aunque indigno pecador,

pues siempre confío en ti,

dame paciencia, Señor!

Y desobediente te fue

Adán, y le perdonaste,

y David, con Betsabé,

adúltero, en tu fe,

gran Señor, le confirmaste.

Llamóte el ladrón dichoso,

tú, Señor, le perdonaste;

Tomás, en ti, fue dudoso,

Pedro te negó, medroso,

y a tu Iglesia le tornaste.

También la Magdalena,

te llamó la Cananea,

tú dijiste: "hecho sea",

con tu cara muy serena.

También te costé yo a ti

mil ultrajes y denuestos.

Tan bien moriste por mí,

concédeme el bien ansí

como concediste a estos,

Gran Señor,

que el pecador que llorare

y con gran fe te llamare,

le ayudarás cada vez,

si de ti no se apartare.

A tu afligida María,

de los cristianos bandera,

me ampare, Virgen entera,

tu rosario de alegría,

con intención verdadera.

Baja la dama, que agradezca de lo que ha dicho el cautivo.

Dama.

¿A quién llamas, desdichado?

¿Tienes en España hijos

o mujer, que estás penado?

Cristiano.

En Jesucristo sagrado

pongo yo mis ojos fijos.

Dama.

¿Tienes oficio mezquino?

Pang. 25

Dama.

O digas sabes hacer.

Cristiano.

Es mi oficio el más divino

que nadie puede tener,

aunque pecador indigno,

sabrás que soy sacerdote,

que es oficio muy subido,

y en mi tierra muy sabido,

y el más acatado dote

que se dio a hombre nacido.

Cada vez que digo misa

se baja Cristo divino

so especie de pan y vino,

y se da por alta guisa

al hombre en manjar divino.

Dama.

Este oficio es de tener

en tu tierra en sumo grado,

pero por más estimado

es acá ser mercader,

que es oficio más honrado.

Y ansí puedes descuidar

con lo que te digo aquí,

que si no vienen por ti

que no lo vuelvas a usar,

y aquesto toma de mí.

Si tu padre es prosperado

y te quiere rescatar,

podrá ser volver a usar;

mas si no, estás descuidado,

que él en balde te penar,

que bien lo conoció en ti;

que aunque agora aquí me ves,

cautiva estuve una vez

dentro de Valladolid.

Cristiano.

Agora me renovaste

mi dolor y mi cuidado,

y el corazón me has quebrado,

que en la villa que nombraste

yo fui nacido y criado.

Dama.

Si eres de Valladolid,

esa villa tan nombrada,

dime, ¿conociste allí

los Rosales, gente honrada?

Cristiano.

¡Oh, desdichado de mí!

Que aquestos Rosales son

tíos míos muy amados,

yo triste estoy en prisión

y ellos están descuidados

de mi pena y mi pasión.

Dama.

Dime tu padre do mora,

no me lo niegues, cristiano.

Cristiano.

Yo te lo diré, señora.

Dama.

Tu nombre me di llano,

que gustaré dello agora.

Cristiano.

Junto a la iglesia mayor,

en la calle señalada,

que es de la obra llamada,

do parió este pecador

mi madre la desdichada.

Y llámase Juana de Azevedo,

mi padre, señor querido,

y Melchor es mi apellido.

También Leonor de Salcedo

es madre deste afligido.

Dama.

Una hermana conocí

tuya, moza y agraciada,

que muchas veces la vi.

Pang. 26

Melchor.

Señor, por tu vida, di

si es religiosa o casada.

Cristiana.

De Valladolid salió,

en jamás della han sabido

que por el mundo se ha ido,

y sus nuevas han venido.

Dama.

¡Oh, qué grande es mi maldad!

Abrázame, hermano amado,

reconoce la hermandad,

¡oh, Dios, por tu gran bondad,

que perdones mi pecado!

Abrázame, no hayas miedo,

que aunque me vees tan pagana,

sábete que soy tu hermana,

Águeda soy de Acevedo,

que primero fui Cristiana.

Yo soy tu hermana querida,

la que estaba prometida,

para religiosa guardada,

y estoy triste abarrancada

y en un cenagal metida.

Y, gran Dios, no mires a mí,

ampárame como padre,

pues que ya me torno a ti,

pues al mal que cometí

no habrá pena que le cuadre.

Cristiana.

Gracias te doy, Dios eterno,

y a tu bondad soberana,

que por librar a mi hermana

de las penas del infierno

vine entre gente pagana.

Dama.

Doyte gracias, mi Dios vivo,

pues que de mí te acordaste,

y a mi hermano por cautivo

tú, Señor, me le enviaste,

por esposo te recibo.

Cristiana.

Omnipotente Señor,

de donde la gracia mana,

gran Dios, perdona a mi hermana,

no castigues con rigor,

pues desea ser Cristiana.

Híncase de rodillas y dése una piedra en los pechos, dando, llamando a nuestro Señor.

Dama.

Dios, si a mis pecados miras,

poca soy para el castigo

que merezco, si no inspiras

en mí, y con piedad te admiras:

¿quién soy yo para contigo?

Yo, pecadora obstinada,

fea y llena de error,

tú, mi Dios, sumo criador,

yo en pecado encenagada,

mas tu clemencia es mayor.

Tú, refugio y esperanza mía,

Virgen entera, como te decía,

tu dulce rosario de alegría

que de mí cada día era rezado,

cada vez que, Señora, te ofrecía

me dabas de tu mano don preciado,

pues aunque te negué, no me has negado,

y siempre al afligido le has ayudado.

¿Quién como yo, mi Dios, os ha negado?

¿Quién como yo, mezquino, os ha ofendido?

¿Quién vuestra santa fe ha menospreciado?

¿Quién tan grave pecado ha cometido?

Ampárame, Señor, de lo criado.

Pang. 27

Dama.

¡Oh, gran Señor, no me eches en olvido,

y no mires, Señor, mi gran exceso,

y si os negué, culpada os confieso;

no mires, gran Señor, a mi discordia,

y acógeme, Señor, en tu rebaño,

mas es, Señor, tu gran misericordia,

que la culpa ha sido grave de mi daño.

No des, mi Dios, destierro, mas concordia,

no mires, Redentor, mi mal estraño,

que pagana muera no permitas

por tus misericordias infinitas.

El apetito carnal, ánima mía,

del celestial colegio os ha sacado

y de la celestial ciudadanía

en un cenagal hondo os ha engolfado.

Virgen de pecadores, clara guía,

suplícale por mí a tu hijo amado

que pagana muera no permitas

por tus misericordias infinitas.

Valedme, Salvador del alma mía,

perdonadme, refugio de afligidos,

tal culpa como aquesta en mí cabía;

oístes tristes llantos y gemidos,

duélate mi congoja y agonía

y mil graves pecados cometidos,

y que pagana muera no permitas

por tus misericordias infinitas.

Cristiana.

No tomes tanta pasión,

hermana, pues el Señor

no quiere del pecador

sino solo la intención

y la enmienda del error;

y pues nos ha Dios juntado

por su divina clemencia,

pongamos gran diligencia

e ir ante el santo prelado

que te oiga de penitencia;

pues el bajá, tu marido,

es partido a pelear

para enmendar lo perdido,

agora hay tiempo y lugar

Dama.

que a coyuntura ha venido.

Por disimular mejor

haré una carta de cifra

y diré al embajador

que lo envía su señor

de la ciudad de Alcifra,

y que le baja a visitar

por todas vías y modos;

y ansí tendremos lugar

cómo podamos sacar

pasaporte para todos.

Y para más disimular

daré la carta a leer,

pues vienen a rescatar

un hijo de un mercader.

Cristiana.

Dios nos tiene de guiar.

Dama.

Y a España nos llevará

y desde allí al Padre Santo

el Señor nos guiará,

donde haré triste llanto

y Dios me perdonará.

Y con el mozo mercader

iremos regocijados.

Cristiano.

Yo espero en el gran poder

de Dios que habemos de ser

destos turcos libertados,

y pues Dios quiso en este día

darnos a los dos victoria

Pang. 28

Cristiano.

Con un canto de alegría

demos a Dios honra y gloria

y a la sagrada María.

Vanse cantando.

Coro.

Laudate Domini omnes gentes,

laudate eum omnes populi,

gloria a Patri, e Filio, Espíritu Santo.

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