
Veröffentlichungsdatum: 22. August 2026
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Zitiervorschlang
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El desposado en mantillas. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-desposado-en-mantillas.
Octavio, Lubuel
Alemacías
Torcato
Carrera
Cariño
Mi señor
Palo
Misericordia
Músicos
Joseph
Dos damas
Antonio Martínez
Alemacías, mi señor
Juan Carr., bobo, Zorrillo
Francisca Vázquez, mi señor
Gabriel Pingón, Cariño
Blas Román, Torcato
Marqués, Idolatría, Placer
Gabriel Muñoz, Joseph
Antonio Martínez, Idolatría
Spínola
Placer
Pastora
María
Ángel
Auto del desposado en mantillas = Figuras =
Otaviano, emperador = Claudio y Torcato, caballeros romanos = Mireno = Velflora = Carino - Tirteo, pastores = Luzbel = La Idolatría = María = Joseph = La Misericordia = La Justicia = El Placer =
Acto primero. Suena música de chirimías y tambor = Sale Otaviano, emperador, y Claudio y Torcato, a lo romano, con mantos y cotas =
No más aparatos, Roma,
no más triunfos, no más arcos,
no más fiestas, no más galas,
no más grandezas ni faustos,
no más comedias ni fieras,
no más juegos, no más gastos,
para mostrar tú quién eres
y lucir lo que yo valgo.
Callen las sonoras trompas
y los tambores templados;
los pífaros y añafiles
con los instrumentos varios
que Roma ilustre apercibe
a nuestro César sagrado,
al serenísimo Augusto,
aquel vencedor gallardo
a quien el mundo se humilla
y de que le mande ufano,
sus invictas plantas besa.
Antes resuene doblado
y de alegría se rompan
las cajas que ribombando
Despidan valientes ecos
que lleguen al cielo santo,
y los sonoros clarines,
los instrumentos templados,
con las acordadas voces,
suspendan al aire el paso
en honor del grave César,
dictador perpetuo, amparo
y padre de la gran Roma,
consorte digno en el mando
con Júpiter del gran mundo;
pues él el cetro dorado
tiene de los altos cielos,
y el César de ellos abajo.
Hoy, Roma, tu amor conozco
en las estatuas de mármol
que en honor mío levantas
en plazas y anfiteatros.
Padre y dictador me llamas,
amables y honrosos cargos.
Como dictador te rijo
y como padre te amo.
Abraza mis justas leyes,
pues yo, como padre, abrazo
con mi piedad a tus hijos,
dignos de estatuas y lauros.
Dísteme tu magno imperio
que quiso Júpiter magno
que ensalzase a tus amigos
y rindiese a tus contrarios.
Hete añadido coronas
tantas, que desde el ocaso
al oriente, y del norte,
del norte helado del austro
y en círculo, todo es tuyo:
mira si siendo tamaño
te servirá de corona
y sus dueños tributarios
desviados y te sirvan
que esta espada y este brazo
con la sangre de estas venas
como padre te ha comprado.
Aflígeme extrañamente
en medio de triunfos tantos
pensar, si ha de sucederme
un príncipe afeminado
que con blanda paz mal logre
lo que con tanto trabajo
para mi querida Roma
he ganado en tantos años
Señor, si aquese deseo
te aflige y apremia tanto
partámonos luego a Delphos
que en su promontorio sacro
de Apolo está el santo templo
de los vecinos y extraños
por sus famosas respuestas
largamente venerado.
Podrás llevarle una ofrenda
de cien toros no manchados
cien vacas con cien corderos
más que los armiños blancos
con que sus aras adornes
¿Quién ante los dioses, Claudio
osa parecer vacío?
mas iba a demandarlos
salud, vida, favor, honra;
que aunque es suyo todo cuanto
da debajo de la luna;
quieren que les ofrezcamos
algo como agradecidos.
Que yo, gran señor, me encargo
de llevar el sacrificio.
Recibido el holocausto
podrás consultar a Apolo,
que es sin duda el dios más sabio
que en el mundo se conoce.
De sus soberanos labios
sabrás lo más escondido
si llegas a consultarlo.
Pongámonos en camino.
Ya me parece que tardo
en llegar al sacro templo,
y en sus aras humeando
las gomas de Arabia felix,
quemar en el fuego sancto
la devotísima ofrenda:
cuyos humos exhalados
suban hasta la presencia
de Apolo, que afable y manso
acomode los oídos
a mis ruegos, vamos.
Vamos.
Vanse. Salen Mireno y Carino pastores.
¡Oh, mi Carino!
¡Oh, Mireno!
¿Dónde bueno?
A la ciudad.
¿Cómo va?
Bien, en verdad.
Y vos, ¿cómo estáis?
Muy bueno.
¿A qué vais?
Quiere mi amo
que vaya y cuenta le dé
del ganado, y no podré
poner excusa.
Yo y mi amo...
¡La enfadosa cortesía
de las ciudades, por Dios!
Acá corre el hola, el vos;
allá quiere señoría
el que merced no merece,
ni jamás la supo hacer,
pues la más triste mujer
se engríe y se desvanece
por llamarse don, bordón
a que se arrima el donaire.
Luego aquese don es aire.
Claro está que es aire el don.
Y en fin voy, aunque me pesa,
mas no lo puedo excusar.
Pues os envía a llamar
Carino con tanta priesa,
debe de importar.
No sé.
Querrá vender el ganado.
Apenas habré llegado,
cuando acá la vuelta dé.
Quiérome partir, que es tarde
y hay dos leguas de camino.
pero vuela mi pollino,
quedad con Dios.
Dios os guarde.
Vase Cariño. Entra Velflora, pastora.
Mireno mío.
¿Dónde vas?
A ver mi sol,
que le encubre el arrebol
de este monte siempre frío,
que si él viese los enojos
que en verme le excusaría,
yo sé bien que estaría
siempre delante mis ojos;
que estoy (cuando dél ausente)
como sin el sol el día,
sin luna la noche fría,
como sin agua la fuente,
como el aire sin las aves,
como sin hombres la tierra,
sin el gobierno la guerra
y el mar sin peces ni naves,
como sin plantas el suelo,
como el jardín sin las flores,
sin canto los ruiseñores
y sin estrellas el cielo,
como sin fruto la palma,
como sin olmo la yedra,
sin el engaste la piedra
como el cuerpo sin alma.
El cielo me es buen testigo
que saber quién es quisiera.
Pues ¿quién sino tú pudiera
causar en mí lo que digo?
Luego ¿yo Belflora soy
el que tu amor engrandece?
¿Quién sino tú lo merece?
Pues yo, mi Belflora, estoy
sin ti, como está el estío
sin sombra, sin hierba el prado,
sin tierno pasto el ganado,
la hierba sin el rocío.
El suelo de humor enjuto,
el año sin primavera,
sin su madre la cordera
y árbol sin hoja ni fruto.
Como sin la lumbre el fuego,
las cosas sin sus colores,
las tórtolas sin amores,
como sin ojos el ciego.
Como la noche sin sueño,
como sin gusto la vida,
como sin sal la comida,
como el ganado sin dueño.
Como en el monte remoto
sin sendero el caminante,
como sin fuerza el gigante,
como nave sin piloto.
Como orador sin memoria,
como sin arte las ciencias,
el alma sin sus potencias,
como el cielo sin gloria.
Como en el día sereno
sin sol la rosada aurora,
y en fin como sin Belflora.
que es todo el ser de mi dueño.
cesen encarecimientos
que para explicar verdades
de amorosas voluntades
son cortos los pensamientos.
Basta decir que me amas.
Mirándote me consumo
como por el aire el humo
y la estopa entre las llamas.
Aunque de allí me renuevo,
porque en el fuego sagrado
de tus ojos abrasado
cual fénix vivo de nuevo.
Yo no explico lo que siento,
que amar callando es más sano.
En callar me haces agravio.
Hurtásteme el pensamiento
que tuve de el fénix.
Luego
fue mucho, si en mí vivías,
hurtármele a mí.
¿Y querías
negarme que eres mi fuego?
Solo de servirte trato.
El amar no es ser criado.
¿Quién queda con el ganado?
vase y seba
Tirso, que es un mentecato,
y por venir a buscarme
ha de dejar las ovejas.
Guárdete amor.
Si me dejas,
¿cómo puede amor guardarme?
¿No ves que el irme es forzoso?
Y mi mal sin semejante.
Nunca me hables delante
de Tirso, que el malicioso;
yo te miraré con ceño
como que me das enojos.
¡Y a Dios! ¿Quién tendrá los ojos
que no miren a su dueño?
Adiós.
Velflora, ¿y caminas
por irte con tanta gana?
¿Dónde te veré mañana?
En el Val de las Encinas.
Vanse. Sale Octaviano, Torcato y Claudio.
Ceñid, amigos, las heroicas sienes
del sagrado laurel, árbol de Apolo,
dad a mi dicha alegres parabienes,
célebres desde el Ganges al Pactolo.
Apercebido el sacrificio tienes.
Agrádele la víctima que inmolo
al sacro Apolo entre olorosos fuegos.
Él atienda a su ofrenda y a tus ruegos.
Manchad la blanca plata a la cuchilla
del blanco toro en el bermejo esmalte;
sumidle la cerviz que nunca humilla,
y al fiero golpe brame, bufe y salte;
bale la mansa y simple corderilla
hasta que aliento al corazón le falte.
Coged la tibia sangre en tazas de oro
y rociad las aras del que adoro.
Ya revestido el sacerdote en tanto
las entrañas bullendo al fuego entrega
del no muerto animal, y el humo santo
a Apolo sube y entre incienso llega.
La falda tiende al venerable manto
y con la sangre tibia el ara riega;
rodéala tres veces, y otras tantas
inciensa humilde las estatuas santas.
El brazo alzado, en grave son murmura
los dulces versos al honor devidos
del sacro Apolo, que ablandar procura,
y ruega que acomode los oídos
por Clitie y Dafne; a su deidad conjura,
y ruega que responda, mas perdidos
son los votos y ruegos que se hacen
si los dioses con ellos se desplazen.
Divino Apolo, fuerte y sempiterno,
serena el ceño un tanto al rostro esquivo;
salga del pecho tu saber eterno,
y sepa yo (si puedo estando vivo)
quién ha de sucederme en el govierno,
que si tanto favor hoy bien recibo,
cada año vendré a vuestro altar devoto
con nuevos dones y perpetuo voto.
Dize dentro una voz.
Ínclito emperador cuyo deseo
satisfacer el cielo no permite
porque me obliga un niño dios hebreo
a que mis aras y respuestas quite.
Él quien manda a los dioses, y yo veo
que me compele a que el infierno habite,
de hoy más no consultéis en vuestras dudas
hombres mortales nuestras aras mudas.
¿Qué es esto Apolo? ¿Que el divino solio
de sacras aras siempre celebradas
alumbrado con bálsamo en vez de óleo
has de dejar de hoy más desamparadas?
Vete a vivir mi altivo Capitolio,
sus ricas cuadras de oro matizadas,
mas si el hebreo niño te oscurece
mejor las cuadras del honor merece.
Hazle un templo con dóricas columnas,
un rico tabernáculo adornado
de estrellas blancas y doradas lunas,
y en la de en medio un niño dios echado.
De pies le servirán soles y lunas,
del friso de follajes relevado
con los ramos y flores que le atienen
haré que abriles y que mayos tienen.
¿Y qué nombre a este niño le daremos?
Magnífico ha de ser, es cosa clara.
En el altar un rótulo pondremos
que diga de esta suerte. Esta es el ara
del primogénito de Dios.
Haremos
que a la noble materia la adornara
de insignes architrabes, acompañe
que a Fidias o en boga a Parrasio engañe.
Vanse. Salen Joseph y María preñada.
Ufana está Nazaren,
teniéndote, mi María!
La causa de tanto bien
es que la hacéis compañía
y a mí me ilustráis también.
Cómo puedo darte lustre,
siendo la corona ilustre
del manto, y del bien crisol,
la que mereció que el sol
eterno, si bien tres lustres,
el alcázar verdadero
del celebrado Sión,
cuya fe y pecho sincero
ha convertido a el león
de Judá, en manso cordero.
La que al fiero Leviatán
cierra la boca maldita
y dando al segundo Adán
las maldiciones nos quita
que intimadas nos están.
la que de aquel tronco regio
de David es noble rama,
flor de Jese, que el egregio
Espíritu Santo me llama
por sagrado privilegio;
la puerta que hacia el oriente
vido Ezechiel cerrada,
la mujer excelente
que a la serpiente enroscada
quebranta la altiva frente;
las pieles de que se arrea
el templo de Salomón
que Dios habitar desea,
mujer que cerca al varón
que cielo y tierra rodea;
casa de Ageo gloriosa
más que lo fue la primera
donde Dios hombre reposa,
Judit que Israel espera
y Hester honesta y famosa;
la hija del alto Padre,
madre del eterno Hijo
a quien no hay bien que no cuadre,
pues por el Hijo colijo
que tal debe ser llamada.
Hijo sagrado Emanuel,
del Padre espejo divino
que el cielo se mira en él,
hasta cuánto dejarme
gozos del de Israel,
cuando por vos las montañas
ahora de yerba extrañas
brotarán hermosas flores?
Y cuando de vid amores
saldréis vos de mis entrañas
cuando con el mortal velo
de tejido,
temblando al rigor del hielo
el cielo os vea nacido
volviendo la tierra cielo!
Salid al mundo, hijo mío,
de aqueste vellón rocío,
pues saliste de padre
quedando en él; hoy de madre
haga vaso el cano río,
gloria de Jerusalén,
vida en tu esperanza muerta,
salid (no murmure alguien)
con la cara descubierta,
pues que sois hombre de bien.
Amor con pasos derechos
os trae a que os cueste cara,
mas (pues es de nobles pechos)
como vos tenéis la cara
ansiaréis de saber los hechos.
Días ha que os ha pintado
blanco y rubio Salomón,
y a fe que anduvo acertado
pues con algún bofetón
habéis de estar colorado,
también ser blancos os due[le],
tanto que con vos la nieve
es negra, mi dulce amor,
pues en el monte Tabor
habéis de exceder la nieve.
Vamos, amado, a Belén
para pagar el tributo.
Los ángeles gloria os den,
Dios, pues siendo exento fruto,
tributo pagáis también.
Vamos, regalado amigo.
Vamos a Belén, mi Dios.
Y será el mundo testigo
de que, encerrándoos allá,
es Belén casa de trigo.
Entranse.
Salen Mireno y Carino.
¿Qué hay de nuevo en la ciudad?
Lo que suele, del contino:
falta notable de vino,
poca fe, poca verdad,
mentiras, murmuraciones,
los amigos lisonjeros,
gran gasto, pocos dineros,
trampas, pleitos, invenciones,
galanes almarcigados,
cuellos azules, copetes,
alcahuetas y alcahuetes,
y rostros enmascarados,
hombres que es cosa graciosa
ver con el cuidado que andan
los que mandan y no mandan,
haciendo cuenta enfadosa
de si va atrás si adelante,
si es cortés o si es grosero,
si tomó asiento primero
de ignorante o de arrogante.
a los que no juzgan tales,
por no decirse señor,
que se desmengua su honor
por modos impersonales;
haráse, veráse, tratan,
bien será, mírese bien.
¿Debía ser por dicha alguien
de los que así se recatan
de diferente materia?
No.
Pues si vienen de Adán,
¿de qué gloriosos están?
Del barro de su miseria.
¡De manera que hacen honra
de no haberla conquistado!
No es el honor del honrado
sino de aquel que le honra.
Y si yo con sencilleza
tal vez a hablarles acierto,
la caperuza cubierto
me quieren ver sin cabeza.
Tienen los que son perfectos
en la política grey
más preceptos que la ley,
donde hay trecientos preceptos.
Vivan norabuena allá
entre envidias y rencores,
que por acá a los pastores
más lindamente nos va.
Vemos asomar el alba
coronada de verbenas
y entre rosas y azucenas
al sol que nos hace salva.
de pesadumbres ajenos,
y colmados de alegrías
nos damos los buenos días,
teniendo los todos buenos.
Tenemos nuestros rebaños
cuando el sol abrasa el día
al pie de una fuente fría;
de invierno en los albergueños,
adonde poniendo de roble
en la lumbre casi entero
sirve el suelo de brasero
que quisiera más de un noble.
Cuece el faldero tasajos
con que el gusto se deleite,
la sartén fríe el aceite,
maja el mortero los ajos,
el zagal el pan deshace,
hace agua, el aceite aplica;
ello saltando salpica
y ardiendo su son aplace.
Echa el pan, tuesta las migas,
apártalas y comemos
tantas, que todos ponemos
como tambor las barrigas.
Esa es vida, ¡pese a tal!,
que de enfermedad preserva
y no dame una conserva,
la carne me hace mal.
Tráeme ahora miel rosada,
trae perada de la caja,
trae conserva de borraja,
tanto trae y todo nada.
Sale Tirto, Pánfilo y Velflora.
Voto a soto que la luna
nace nueva cada mes.
Mentecato, ¿pues no ves
que a buena razón repuna?
Al principio no está cisila
y después se llena y crece.
Aquesto, ¿de qué carece?
De que el sol la comunica
sus rayos menos o más,
según que está cerca o lejos
al herirla sus reflejos.
No, no.
Grande tonto estás.
En que es cada mes me fundo
nueva.
Pues si nueva fuera,
ya más que estrellas hubiera
desde que Dios crio el mundo.
Y las nubes cuando llueven,
¿no traen agua de los ríos
y del mar?
Son desvaríos
que gentes rústicas mueven.
Los vapores levantados
por el sol vienen a ser
agua que vuelve a caer
en el aire condensados.
Sobre eso me haré rajas.
Deja esos necios antojos.
Yo las vi por estos ojos
bajar con medias tinajas.
a una laguna en Judea
a coger agua a porfía,
y que las vio me decía
un discreto de mi aldea.
Ese y los demás mintieron.
Que no hay tal;
eres demonio,
mujer, que más testimonio
que es ver que sapos llovieron?
El aire...
¿Quieres que jure?
Corruto hace que llueva
sapos.
Si el diablo se la lleva,
no hayáis miedo que me apure.
¡Qué enojosa competencia!
¿Soy yo cual tu mentecato?
Da tras ella.
Voto a San..., si os arrebato...
¡Hola, qué desvergüenza!
¿Tirso?
¿Belflora?
Pónese tras él.
Mireno,
a muy buen tiempo has llegado.
Sí, que aun no está desquitado.
Bueno está.
No está muy bueno,
pues diga que el frío no peca
que el año ha de ser abril.
Un tonto quiere hacer mil.
Mas que os quiebro la cabeza.
Bueno está, Tirso.
Y romero que...
Ya contienes, mas vamos
y el ganado recojamos.
Vanse.
A fe que soy muy discreto.
Salen la Justicia y la Misericordia.
Mi plazo llega ya, Misericordia,
para satisfacerte viene al suelo,
que el capítulo fue de la concordia.
Justicia, podrás tener consuelo,
por pagarte, que eres rigurosa,
empeña cuanto Dios tiene en el cielo.
Para cumplir mi obligación forzosa
cualquiera bastará de sus alhajas,
aunque la deuda es grave y cuantiosa.
Tú le traes a la tierra y tú le bajas
entre pajas por más satisfacerte.
¿Y es tan mal pagador que paga en pajas?
¡Dichosa culpa y venturosa suerte,
en donde amor a tanto extremo llega,
que obliga al Inmortal a pasar muerte!
Obra es pura de amor, ¿quién te lo niega?
Si el Espíritu Santo ya en María
con sus dedos ha escrito el alfa, omega.
Sin duda es este aquel felice día
en que su madre a Salomón desposa,
día de su contento y su alegría.
Tosca pastora tiene por esposa,
mas, si él la escoge, que es saber eterno,
¿quién no ha de confesar que es muy graciosa?
Ya descendió el rocío manso y tierno
del soberano Hermón, ya a Sión vino
el monte preparado de ab eterno.
María es de Sión monte divino,
el alcázar de Dios, rica morada
que antes del tiempo para sí previno.
Ella es el arca de la ley sagrada,
en quien habita Dios con tal secreto
que siempre dentro está a puerta cerrada.
El Espíritu Santo, obispo electo,
a la primera misa celebrado
sobre el ara, a quien tuvo tal respeto;
jamás humanas manos la han tocado.
Y al ecce ancilla que María dijo
dejó el cuerpo de Cristo consagrado.
Colme la tierra y cielo el regocijo
de ver que el que crió cielos y tierra
viene a ser de María dulce hijo.
La oscura noche con su luz destierra,
torna la gracia, auséntase el pecado,
induce eterna paz, quita la guerra.
Con esta prenda sola tan pagado
estaba lo que debe de fianza,
que mil mundos hubiera reparado.
Amor tan gran poder sobre él alcanza
que hace que en igual balanza, y que esta
tu deuda, corra al suelo su balanza.
Paga mayor que de justicia es esta,
pues basta ya querer para pagarme
señal con que quien es se manifiesta.
Mas ha querido a mí sin duda honrarme,
y siendo sumamente franco y bueno,
faltábale qué hiciese en qué ensalzarme,
más que abrir los tesoros de su seno,
criar al mundo, perdonar pecados,
hacer hijo de gracia al de ella ajeno,
mayor obra que hacer glorificados
a los ángeles y hombres; mas restaura
que aquesto es franco ser con sus criados.
El encarnar sin duda le faltaba
su encarnación ha sido en fin la llave
con quien sus obras y poder alaba.
En esta obra ha echado cuanto sabe.
Los cielos y la tierra le bendigan,
al que en la tierra ni en los cielos cabe.
Canten su gala, sus hazañas digan
los querubines más enamorados,
Santo Dios y hombre, en su cantar prosigan;
y quien están a las bodas aplazados
deste niño mi bien y mis amores,
que habrán de ser sin duda aposentados.
Los primeros serán toscos pastores,
que como de un gabán tosco se viste,
agrádale el sayal y sus colores.
Alégrese el linaje humano triste,
pues vistiéndose el Rey su humano traje,
en tan pobre disfraz su bien consiste.
Enriquecer querrá tan vil linaje,
que si el Rey se le pone por más gala,
ya de hoy más es nobleza, no es ultraje.
Y con Dios el amor al hombre iguala.
Vanse. Salen la Idolatría a lo gentil con copa, y Luzbel sayo negro con llamas, coronado de culebras.
Hijo del alma mía,
por quien soy en el mundo respetado,
querida Idolatría,
que me haces temido y adorado,
porque del pecho tierno
suspiros das que mueven al infierno;
Porque, mi amado padre,
No tengo de llorar en larga bena
sino haz bien que me quadre
quien osa a mi querido darse pena
que por mi eterno fuego
dejara vengarse no tener sosiego
No quieres que me aqueje
de verme solo y desamparado
pues no ay quien no me deje
Yo solo en otros tiempos respetado
que apenas tiene el suelo
lugar de que no forme algun recelo
dejáronme a Judea
y Roma al nuebo dios templo leuanta
la sibila eritrea
del nuebo rey el graue cetro canta
los Profetas me asombran que Dios de Dioses al que biene nombran.
Los magos del oriente
para señal de aqueste dios aguardan
la estrella refulgente
los rumores del vulgo me acobardan
el mundo en daño mio se conjura
mis ídolos famosos
engañadores de los hombres rudos
ya tiemblan de medrosos
y elados del pauor se quedan mudos
déjanme vergonzoso
sin opinion que tuve tan famosa
que niño ebreo es este
que las fuerzas te quita aun no nacido
no renueves la peste
del mal que apenas hube cobrado
cuando di una caída
que ser me cuesta y dala la vida
Evitará los daños
que ha ya cinco mil años que padezco,
sin descuento en los años
eternos del castigo que merezco,
a mi tan grande agravio,
y Dios es bueno, justo, manso y sabio.
Porque siendo yo noble
había de adorar al hombre humano,
si soy mejor al doble
que la raza pechera de un villano.
De la injusticia apelo,
mas no me harán justicia ya en el cielo.
¡Ay de mí!, si es que viene
del humano sayal tosco vestido,
y máquinas previene
para vencer al otra vez vencido;
que con lo flaco al fuerte
rendir, sin duda es mal mayor que muerte.
¡Ay me, vil hombrezuelo,
si viene de mis lazos a librarte!
Yo vine por consuelo,
y habrá de ser forzoso el consolarse.
En caso que es tan fiero,
ni consuelo me des, ni yo le quiero.
Doblado fuego quema,
Dios, mis entrañas de piedad vacías,
que como fue mi tema
el no adorar la carne que porfías,
mientras más lo pretendes,
mayores llamas en mi pecho enciendes.
Pierde, señor, el miedo,
que puede ser que aqueso no pretenda.
¿Cómo perderle puedo,
Desecha, padre, el miedo,
que puede ser que agravio no pretenda.
¿Cómo perderle puedo
si el cielo me ha costado la contienda?
En mal querer tan extraño
no es consuelo el consuelo, sino engaño.
Saber quién es intenta
el nuevo niño que el rumor pregona.
Afrenta sobre afrenta
pisa de mi cabeza la corona;
no soy rey, no la quiero,
de pena rabio y de confuso muero.
Temor te solicita,
querido padre, huye al negro centro,
donde el horror habita,
remedio busco, y con mi mal encuentro
dondequiera que vuelvo,
en todo dudo, en nada me resuelvo.
Vanse. Salen Mireno y Carino
No hay otra cosa estos días,
Carino, en todo el Jordán,
sino que es Mesías Joan.
¿Cuál Joan?
El de Zacarías.
¿De qué, Mireno, decís
el pueblo que es Joan entiende?
Dicen que Isabel desciende
de aquel linaje de David,
de que está profetizado,
que ha de nacer el Mesías.
Muy poco las profecías
entiende quien lo ha juzgado.
No digo yo que no es cierto
que ha de nacer de ese tronco
aquel capitán valiente
que ha de librarnos a todos,
pero ¿qué dijo Isaías
en sus escritos famosos?
Que nacerá de una virgen,
tierna niña de años pocos.
Pues ¿cómo a Isabel conviene
esto, si sabemos todos
que por ser vieja y estéril
fue su parto milagroso?
Y si es donde nacer tiene
en Belén, lugar dichoso,
según Miqueas, en esto
discuerda como en esotro.
Pues Juan nació en la montaña,
en pueblo que está remoto
de Belén más de tres leguas.
Decís gran verdad en todo.
Luego estáis sin fundamento,
un cuento tan fabuloso,
si tienen las escrituras
el debido testimonio.
Pues decidme, ¿qué resuelven
aquellos maestros doctos
de la ley, en su venida?
En extremo están dudosos
sin saber qué se respondan:
mas de que ya falta poco
o que está el tiempo cumplido.
Con su venida los lobos
guardaban a los corderos;
y los leones furiosos.
andarán con las ovejas;
los pequeñuelos cachorros
de las fieras. Con los mansos
y alegres darán retocos.
Brotarán flores las selvas,
vestiráse el bosque umbroso
de siempre olorosos cedros
y arrayanes olorosos.
Larga paz habrá en el mundo.
Entran Tito y Velflora.
Cuerpo letal, si soy tonto,
¿cómo no sabes decirme
qué es este que sí que lloro?
Será alguna bobería.
¿Saco yo de mi meollo
por ventura necedades?
¡Tito!
¡Velflora!
Este bobo
todo hoy me trae perseguida
con un que sí que enfadoso
que dice que le declare.
Tito, dínosle a nosotros,
podrá ser que le acertemos.
Miren que es muy ficultoso.
¿Qué es que sí, que lloro, díganme qué denefica?
Un cuerpo largo y angosto
que no tiene pies ni manos
ni nariz ni boca ni ojos,
y anda también de cabeza
como en pie por lodos y polvo.
con solo que le miran
los lobos huyen medrosos.
Que no lo sé, te confieso.
¿Y tú, Mireno?
Tampoco.
¿Pues daos por convencidos!
Sí.
Pues es el cachiporro,
con que guardo mis ovejas,
que si así, o así le pongo
en la tierra se sustenta
y si al ganado le arrojo
sabréis si irá diciendo.
Delflora, ¿cuál te le pongo?
No pensé que sabías tanto.
Aquestos son unos tontos.
¿Holgaréis que os enseñe
a que dentro de muy poco
todo conozcáis el norte
que so muy gran astrólogo?
Sí, Tirto, vente a la noche
a nuestra caba del soto
que a todos has de enseñarnos.
¿Qué diablos sabéis vosotros?
¿Habrá qué comer!
Habrálo.
¿Y habrá qué beber!
Todo.
Todo lo hay en donde hay vino,
que sin el vino no hay gozo.
Mirad que vengáis temprano.
aparte
Pues vuestros huéspedes somos
esta noche regaladnos
a Tirto y a mí.
es muy corto
el corazón y no cabe
en el mar del agua a tiro
Sola no osa secretitos
Decidle que tú solo
pudies venir a la noche
que tengo con él enojo
Non las
No por vida tuya
Eso sí que es celoso
Vanse. Sale la Misericordia túnica la - el Placer de galán sayo.
Anda que has de ir a las bodas
pardiez eso es menester
que como soy el placer
es bien que me halle en todas
mas llévame con más prisa
ese cargo a mí me toca
Tornaréme todo boca
para morirme de risa.
pues soy quitapesares
sin mí no hay combite bueno
y cuanto me ponen freno
reviento por los ijares
danme muerte los enojos
huigo de posada escasa
no quepo dentro de casa
asómome por los ojos
con quien no me busca abierto
tiénenme por humor
soy malo para traidor
que no sé andar descubierto
Doy en extremo buen rato
cuanto a lo justo me ajusto
mas tengo extremado el gusto
y en siendo en extremo mato
es la riqueza mi madre
y criome en el seno suyo
de los cuidados reniego
y al gusto tengo por padre
hago a todos agasajo
y que contentos estén
como bien y bebo bien
y huyo el cuerpo al trabajo
es mi memoria de suerte
que el mal con ella se olvida
hago eternizar la vida
y que se olvide la muerte
doy los contentos baratos
que se van y apenas vienen
y cuando todos me tienen
soy nonada entre dos platos
mas dejando aquesto, diga
señor a qué bodas voy
que si hemos de comer hoy
quiero ensanchar la barriga.
Placer, a quien he llamado
porque a las bodas asistas
que en Belén tienen de hacerse
del desposado en mantillas:
de puro placer revienta
pues hoy a la gracia mismo
has de ver que se desposa
morirme tengo de risa
es el garzón más gallardo
que en cielo ni en tierra habita,
y es, aunque niño pequeño,
la mesma Sabiduría.
Diga, ¿con quién se desposa
un zagal de tanta estima?
Con Naturaleza Humana,
pastora asaz rica
con los dotes de la gracia
y la original justicia.
Que algún rey en aquel tiempo
se le aficionó, por linda,
y aun cayeron de su gracia,
por no adorarla y servirla,
gran número de criados
que tuvieron de ella envidia.
¿No adorarla, siendo reina?
¡Miren qué gran soberbia!
No fue, Placer, de simpleza.
¿Sino de qué?
De malicia.
Habíale el rey dado entonces
gracia y riqueza infinita
de parte suya, y perdiólo.
Será alguna perdida.
Pues lo más, ya por ganarla,
por remediarla y subirla,
casa con ella y la ha puesto
honesta, agradable y limpia.
Pues dígame, si lo sabe,
Esa Sara, ¿bien nacida?
Sara es su propia abuela
y ella de la tierra es hija.
Temo que si el rey lo sabe
(aunque a casarse se inclina),
que se han de quedar las bodas.
No harán, que eterna noticia
tiene de su sangre y casta;
y a lo que se determina,
jamás sabe arrepentirse,
que no es mudable.
Pues diga:
si aún no estaban desposados,
ni aun quizá visto la habrían,
¿cómo habían de obedecerla
los criados?
Una cifra
les acopió de su talle;
y aunque su genealogía
era con ellos villana,
por haber sido elegida
en sus ojos ab eterno,
la morena pastorcilla
habían de respetarla;
que ojos que ab eterno miran,
mal pudieron engañarse.
Infinitos años vivan;
que me place y me replace
de que las bodas divinas
entre los dos se celebren;
que me place del alma.
que la pastorcilla June
que los cielos la bendigan
que le goce eternos años:
vamos luego por su vida
que ya los pies me retozan
por bailar y hacerme astillas.
Voto al soto que me huelgo
cuerpo de tal, y qué gita
tiene de haber en la boda!
Y esto a mí que a batar ligas
he de dar las zapatetas,
y aun no será mucho hundillas.
Ponte loco, ten juicio.
Eso me espanta, que riña.
¿No ve que el placer es loco?
Fue loco, que se corrija.
Cuando hemos de ir, le pregunto.
Aun no se ha llegado el día,
pero llegaráse presto.
Y pues ¿para qué me convida
desde hoy?
Porque te prevengas.
Esto me melancoliza.
Quien [ilegible] haciendo y diciendo,
el placer siempre es de prisa.
Vanse. Salen Joseph y M.a del camino alto 3º
Extraña inhumanidad
Toda esta belén trocada
¿No hay en ella caridad,
no haberos dado posada?
¡Oh, más que ingrata ciudad!
¿Cómo la negáis, decid,
contra el debido homenaje?
Rebeldes, la puerta abrid,
que, aunque viene en pobre traje,
tiene sangre de David.
Los mismos que andan con bueyes
me han desdeñado en Belén,
pero son del mundo leyes,
ven que estoy pobre, y no ven
que tengo sangre de reyes.
Hasta mis mismos parientes
no me han querido acoger.
Cielos, tal maldad consientes.
Que el tener y el no tener
son sangres muy diferentes.
¡Ah, David, si tú vivieras
y este acogimiento vieras,
como a este pueblo enemigo
para memoria y castigo
por el suelo le pusieras!
Vos, manso Salomón,
juzgad en esta ocasión,
para cuando hayáis más años,
cómo os serán los extraños
si así los parientes son.
Bien la alevosía declara
el mundo; ve que vengáis
Fieras fiestas os prepara,
pues os da, cuando llegáis,
con las puertas en la cara.
El frío también, Señor,
hoy, contra nos, se conjura,
que, como así os ve, mi amor,
os trata como a criatura
y no como a Criador.
Y aun esquivos de nos andáis,
tibios, mas volved, por Dios,
que, si tanto os escondéis,
no os conocerán, por Dios,
como, ya visto, lo sabéis.
Ya, esposo, la noche cierra
su negro y obscuro velo.
¡Que al que en su vientre encierra
al Rey de la Tierra y Cielo
niegue posada la Tierra!
Abre tu lóbrego seno,
Tierra, y en hondas recovas
recibe al huésped más bueno.
Dale abrigadas alcobas,
no le maltrate el sereno.
Arrimada a aqueste muro
está una peña cavada.
Aunque albergue mal seguro,
abierta su entrada,
en ella quedarnos quiero,
pues la noche es rigurosa,
y en su abrigo nos, siquiera...
Algo será más piadosa
quien en el alma pudiera
hospedaros, dulce esposa,
sobre aquel poco de heno
os asentad, mi María.
Ya voy.
En extremo peno
de ver que el mundo os podía
dar hospedaje más bueno.
Éntranse por un lado de la cortina al portal.
Salió del Padre el dulce amante tierno
sin ausentarse de él, y el abrasado
pecho de amor, que viene enamorado,
opone a los rigores del invierno.
No le espanta la muerte, no el infierno,
que aunque amor a la muerte es comparado,
es su amor a la muerte aventajado,
como a lo temporal, lo que es eterno.
Sobrepuja el fuego eterno, baja
el Dios de amor, que el fuego soberano
pegar al mundo, con su amor presume.
¡Fuego en la paja, y sin quemar la paja!
Mas, ¿qué mucho, si el Verbo al ser humano
con quien unido está, no le consume?
Éntrase Joseph al portal. Salen Miren, Tirto, Carmo y Belflora, con alforjas, vino, queso y avellanas.
¡Oh, pese a san con el yelo
y el puto que le parió!
Mejor con el zampo esto
que al sol metiendo en el suelo,
y no dar diente con diente.
Que si cantar hoy supiera,
más gorgoritos hiciera
que el cantor más insolente.
¡Tirso!
Cariño, Mireno,
¿tenéis acaso aquel vino
que dijisteis?
Imagino
que hay queso y vino muy bueno.
Y yo traigo aquí avellanas.
Fruta propia de mujer.
¿Cómo?
Buena al parecer
y después suelen ser vanas.
Mirad que me da calambre,
dadme a beber.
Tirso mío,
come primero.
Es de frío.
Pienso que es de frío y hambre.
Tiende Mireno el gabán y saca el queso, pan y calabaza.
Siéntate.
Siéntase.
Ya estoy sentado.
Perdonaréis los manteles.
¡Oh, por Dios, quesos crueles!
Dadme a comer un bocado,
que el frío por varios modos
a mis tripas atormenta.
¿Y Velflora no se asienta?
Siéntase.
Siéntome, y tomamos todos.
Comed, que es famoso el queso.
Bueno.
¿De tal tierra vino?
Decid qué tal es el vino.
¡Qué olido! Priva de sebo.
Bebe.
Venga a ver, que bien me sabe.
Bebed.
Zarabundaremos.
Las mujeres no bebemos.
Torna a beber.
¡Oh, qué licor tan suave!
Ardo, helado venía.
El vino es todo calor.
Bebe.
Ahora escuchen, por mi amor,
que les leo teología.
¿No ven aquel...
Sí.
¿Es el carro?
Pues no tiene buena traba.
Bebe.
Más vale una calabaza
para abrigar que un zamarro.
La estrella que está vecina
llaman... Ya se me ha olvidado.
Que estais tan desmemoriado.
La boca de la bocina
ha quedado otro traguillo.
Guardadla, está...
Y es razón.
Aquellas estrellas son...
¿No las ven?
Sí.
El tres volillo,
¿y no ven asía otras tres?
¿Adónde?
Frente mi dedo.
¿No las ven?
Sí, señor, que sí.
Pues el triángano es.
Supuesto lo que an oýdo,
no ay cossa que más importe
que saver quál es el norte.
Vente ay conocido.
¡Oh, onbre tan inorante!
¿As lo entendido, Mireno?
No.
Aquesso tengo de bueno,
que enseño mui fácilmente.
Hola, ¿qué es aquella lumbre
que a nuestros ojos se ofrese?
No es el sol.
Sol pareze,
al cielo llega su cunbre.
Tanta luz tan a desora.
Será el norte, que a venido
a demostrarse agradesido
a darme gracias ahora.
La noche buelve más clara
que no el sol y sus reflejos.
Si me hablara de más lejos
el norte, se lo estimara.
Huye, Velflora.
Carmo,
por acá.
Más por acá.
¿Por dónde el camino está?
No hay en el mundo un camino.
Caen los pastores. Sale el ángel.
Dese por siempre la gloria
a Dios en los altos cielos,
paz en la tierra a los hombres
que tuvieren buen intento.
Sale un ángel.
Pastores, que amedrentados
ocupáis el duro suelo,
llenad el alma de gozo,
cobrad aliento esforzado,
y avisaros hoy vengo,
a daros la buena nueva
de un peregrino suceso,
sabed que el Mesías santo
se ha humanado a veros
en la ciudad de David.
Entre un buey y entre un jumento
le hallaréis, que está nacido;
reconoceréisle en verlo,
que está entre pobres pañales
dentro de un pesebre envuelto.
Cantan, acaban y vase el ángel.
Vase el ángel. Levántanse cantando dentro.
Bel, Flora, Tirto, Cairno,
vámonos a Belén luego,
dejemos nuestros ganados
y veamos este misterio.
Vamos al punto, Carino,
partamos luego, Mireno.
A ver al divino niño,
sal a la meda, corre, Bruno.
Yo quiero al niño llevarle
el más hermoso cordero
que haya en todo mi rebaño.
Mireno, llevarle pienso
un babador y unos dijes
y cuatro varas de lienzo
para hacerle pañales.
Yo manteca, miel y huevos
para hacer rebanadillas.
A la parida,
por cierto,
que no tengo qué llevarle;
Hago cuatro mudanzas,
pues bailas como un lobezno.
Ya a Belén nos partamos.
Muy cerca está.
Llegaremos
los primeros, Celfo, ea, vamos.
De puro placer reviento.
Vanse. Sale la Miseria y el Placer.
Ya se ha llegado el día,
placer, que hoy el niño bello
en Belén sea desposado.
A fe, pardiez, que me huelgo.
¿En dónde está?
en un pesebre.
Pues en tan pobre aposento...
En donde está el rey es corte,
y donde está Dios es cielo.
Este es el tálamo rico,
el blando y mullido lecho
que su esposa le apercibe.
Corren la cortina, aparecen María, Josep y el niño entre los dos.
Pardiez, señor, que me alegro
de veros tan namorados
que no sintáis el sereno;
de ver que lloráis, mi niño,
nace mi risa y contento;
llora para que veamos
que es mi gozo el llanto uno.
Misericordia,
con qué lazo tan estrecho
tiene ceñida a su esposa,
que aunque son dos, un supuesto
parecen al que los mira,
y a los dos uno se han hecho.
Vivan infinitos años,
gócense infinito tiempo
los desposados tan conformes.
Yo me gozo y me recreo
en que el motivo fue mío,
aunque ha sido suyo el hecho.
Entran Cariño, Invierno y Flora y Tirso con sus presentes.
ya vienen los convidados
En aqueste portalico
está el niño de mis ojos.
Llegad.
Lleguemos, Mireno.
Entrad, pastores del prado,
que habéis sido los primeros
convidados a las bodas.
Arrodíllanse los pastores.
Bodas, a buen tiempo vengo.
Besa los pies y quítase.
Vos seáis muy bien venido
para dar allí sobrado esfuerzo
a quebrantar el orgullo
de nuestros contrarios fieros.
Recibid bien de mi alma
aqueste corderito tierno
y con él la vida mesma
que como a una os la ofrezco.
Quítase.
Vengáis muy enhorabuena
gran capitán y rey nuestro
a libertar a Judea
del mísero cautiverio.
Recibid de mi pobreza
miel, manteca y huevos frescos
que han ser para vuestra madre
seguros ha de ser aceptos.
Niño de mi vida y alma
por muchos años y buenos
os vea Israel nacido
para su bien y remedio.
Dalo y quita.
Tomad, rey, para pañales,
que, como tan pobre os veo,
aunque en extremo sois rico,
juzgo que habréis menesterlos.
Recibid aquestos dijes,
y ojalá colgara en medio
mi corazón, porque acaso
le tocaran vuestros dedos.
Muy bien venido, oh, socorro
el de los carrillos frescos;
que como son de buen año
con dos buen año tendremos.
Más lindos sois que unas natas
y más que cuajada tiernos.
Sabed que me llamo Tritón
y nada que daros tengo;
unos higos quiere mi niño.
Con beber leche o suero,
creced y, en siendo mayorcito,
Jesús, qué bien os lo enseño.
Adiós, tierno niño mío.
Adiós.
Adiós.
Yo me quedo
con vos, mi amor, aunque parto.
Y yo de vos quedo preso.
Vanse los pastores.
Pardiez, que de puro gozo
ya los pies se me están bullendo.
Nos el doctor Gutiérrez de Cetina, vicario general de la villa de Madrid y su partido, por el presente doy licencia para que el auto de atrás contenido que se intitula El desposado en mantillas, por cuanto está censurado por nuestro man- dado, se pueda representar y represente, guar- dando las constituciones sinodales. Fecho en Madrid a tres de diciembre de mil y seiscientos y trece años. Y es- te dicho auto va escrito en veinte y tres fojas. Fecho ut supra.
Doctor Cetina
Pasó ante mí
Simón Ximénez
Niño, por solazaros,
sino que enojaros temo;
poco espacio hay en la tierra
para bailar, si lo miento;
que después que os he mirado,
ni en tierra ni en cielo quepo.
Tanto me alegro en miraros,
niño, que si no enloquezco,
desde hoy más podrán decirme
que no soy loco, si cuerdo.
Enamorado divino,
desposado niño eterno,
que estando en vuestras mantillas
el desposorio habéis hecho.
¿Cómo podré celebraros,
niño mío? Mas yo dejo,
por ser más encarecida,
vuestra alabanza al silencio.
Los ángeles os bendigan,
los cielos, los elementos
sumisos os reconozcan
por su señor y su dueño.
Dormid, amoroso niño,
ninguno os quebrante el sueño.
Mas, ¿cómo es posible duerma
quien duerme y está despierto?
Vamos, Placer, y traigamos
diversidad de instrumentos
entre angélicas escuadras
y demos
el fin a los desposorios
del Niño en mantillas puesto.
Finis Laus deo et Mariae. Todo sea debajo de la corrección de la Santa Madre Iglesia en Pinto a doce de noviembre de mill y seiscientos y trece años. Joan Núñez Sedeño Por mandado del señor doctor Gutié- rrez de Cetina, vicario de Madrid y de su partido, leí este auto del nacimiento y no he hallado en él cosa contra la fe ni buenas costumbres; antes parece que moverá a mucha devoción el oírle, y así podrá su merced dar licencia para representarle. Por verdad lo firmo en este colegio de Santo Tomás en 3 de diciembre de 13. fray Domingo de los Reyes