
Veröffentlichungsdatum: 22. August 2026
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Zitiervorschlang
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El castigo en su cautela. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-castigo-en-su-cautela.
4.ª
El castigo en su cautela.
Comedia en 3 jornadas.
Leg.º 18
4
El castigo en su cautela
Tiberio, rey.
Rolando, príncipe.
Arnesto, príncipe.
Filberto, príncipe.
Guzmán, criado.
Lucano, criado.
Clanelia, infanta.
Laura, infanta.
Duquesa Rosela, con nombre de Clauro, vestida de hombre.
Acompañamiento.
Jornada primera
Salen Filberto con banda, y Lucano.
Que haya tanta semejanza
entre Filberto y Rolando,
que aqueste, a Filberto hablando,
da fuerza a mi esperanza;
mucho puede la apariencia,
mucho la acción, la forma,
haciendo caso que informa
a la verdad la asistencia;
mas si Lucano privado
de Rolando no lo extrañe,
consentiré que se engañe
porque viva mi cuidado.
De lugar de tan nobleza
Filberto a trazas de amor,
y de un competidor
finge la Naturaleza,
dejado Rolando el nombre,
quien no sabe uno ser,
tendréis, dejando de ser,
ser de más alto renombre.
La banda, que siempre ha sido
traje usado de Rolando,
me da cómo y me da cuándo
por Rolando sea tenido;
quiero dejarme engañar
sin ser del engaño autor.
Obligaciones de amor
no pueden en ti faltar.
Salen Rolando y Lucano con banda.
¿Por dicha quedé obligado?
Sí, que debes fe a Rosela.
Como piadoso en cautela.
Como palabra la has dado.
Si ausente agora te atreves,
queda tu opinión cargada,
que no es bien dejar burlada
una duquesa de Cleves.
Cuando es tanta la ganancia
como en Clavela consigo,
no esperes, Lucano amigo,
en las palabras constancia.
Mal tu intento me replica
si ella no te da favor.
Nunca implica el disfavor
sino al que al favor se aplica.
Para todo hallas salida
sin esperar de la suerte
glorias que alcances por muerte,
como penas de por vida.
Hoy su gente belicosa
y de reyes sus vecinos
pisa reales caminos,
cubre la vega espaciosa,
y el líquido cristal
suspende fija su corriente,
las armas admira y gente,
por quien mengua su caudal;
todos anhelan venganza,
que piden a sangre y fuego,
y tú, Rolando, estás ciego
contra amorosa esperanza.
Si eres príncipe jurado
y estás de Dalmacia lejos,
no lo estés de los consejos
de Lucano, tu criado.
Huye siempre del rigor
de quien al mundo importuna,
solo rinde la fortuna
a quien fía en su favor.
Vendráte a costar más caro,
pues el honor viene a ser
vidrio fácil al romper
y difícil al reparo.
De medroso encogimiento
nace tu desconfianza,
mas lo que el temor no alcanza
le sobra al atrevimiento.
Ame Rosela, y los reyes
que la quieran dar favor,
que en mí solo es el amor
el que quita y pone leyes.
Laura, de Cabela hermana,
que también te solicita,
en el caso pone y quita.
Sí, mas su intención es vana;
dará favor a Filberto,
que salís contra Rosela,
mas no deshará Cabela
del rey, su padre, el concierto.
Y Celauro, medio hermano
de Rosela, ¿qué no hará,
si respuestas dando está
cual oráculo egipciano?
Hoy es quien de la astrología
más que todos alcanzó.
Dícese más, digo yo,
que yerra quien desconfía;
pues ya Filberto mudado
de su primer parecer
quiere a Laura por mujer,
que la invención es forjada.
Éntrate luego en palacio
y no digas que he venido,
que de importancia me ha sido
el hablarte aquí despacio.
Vase Lucano.
Voyme sin entender.
Déjame solo,
pues solo soy en peregrinas trazas,
y esta, por ser engaño, es más famosa;
présteme industria el sagrado Apolo,
vistan humanidad mis amenazas,
porque mi fe se goce victoriosa.
el puesto que guardaba,
que ciego sube y se precipita,
que con disfraz de inusitado ruego,
al mar se arroja dilatada en fuego,
donde el farol de Venus solicita;
cubran, desmantelados de mi suerte,
muros que al de Polonia parecidos,
suspendan con aplauso los sentidos;
al húngaro valor, mi pecho fuerte,
disfrazado míser, nieguen mi furia,
porque castigue la pasada injuria.
Pues la ocasión eriza su copete,
astucias ulisíadas imiten
brazos de envidia, fuerzas de venganza;
no Eneas atrevido que se mete
a que abrasantes llamas soliciten
muerte forzosa en bárbara esperanza,
que viva semejanza,
reconocida por sólido aparente,
con fuerza natural que lo dispone,
pensamiento inaudito se compone;
hoy que vivaz ingenio le consiente,
forjado natural como a concierto,
tan uniforme en rostro, acción y forma,
que por la estrella que a los dos conforma,
Filberto es un Rolando y yo un Filberto.
La figura tan propia, propio así el deseo,
que es clave la de entrambos ejemplos.
Hácelo.
Con tal suposición, no soy Rolando;
trueco la banda que me diferencia
por el listón que de Filberto ultraje,
los favores del rey sacrificando,
espero favorable la sentencia,
premio al engaño, su mísero ultraje;
y hago pleito homenaje
a la inmensa hermosura de Clavela,
siendo el forzoso amor que me conquista
inventor del engaño de su vista,
de no acordarme nunca de Rosela;
y pues su nombre en mi memoria es muerto,
muerto también Rolando y su desgracia,
de aquí adelante, confirmado en gracia,
no haya Rolando, llámenme Filberto,
en cuyo ser y acciones transformado
al de Clavela estoy sacrificado.
Justa resolución, por atrevida,
solicitar a Laura, caso extraño;
quiero, en propio nombre de Filberto,
darámela su padre y persuadida,
a su pesar, Clavela y a mi engaño
premio será de mi fatal concierto
que mi nombre, ya muerto,
quedando Laura en nombre de casada,
dejaré de Filberto forma y nombre,
y ya en mi ser cobrado mi renombre,
gozaré la victoria deseada.
Mucho pides, Faetón, a más te atreves,
que a conquistar el universo mundo,
cielo quieres asido del profundo,
donde en penada copa néctar bebes.
Sale Guzmán.
Aquí sale Guzmán, de mi enemigo
criado y de mis males buen testigo.
Seas, Filberto, bien venido,
como has sido deseado,
Sale por una puerta Rolando y criados, y por otra Guzmán.
Echándose a sus pies.
cual yo de ti recibido,
que puedo tener confianza.
Si más dar pudo esa gloria,
como premio a tu memoria,
castigo a tanta tardanza;
que aunque te adore Clavela,
tiene mil vueltas amor,
y en el más firme favor
con mil mudanzas desvela.
Y si el rey Tiberio gusta
que con Rolando se case,
no será mucho que trace
su intento sentencia injusta.
Aparte.
La fuerza de sus criados
por lo menos he vencido,
pues por Filberto tenido
ayudan a mis cuidados;
pues aunque Rolando soy,
gozo glorias de Filberto,
segura de mi esperanza,
no tengo mal que temer,
pues cuanto niega mi ser
me ofrece la semejanza.
Y Guzmán, en propia razón
es el firme fundamento
que en mi nuevo pensamiento
y hallo que Rolando a Estrella ofende,
notando que el Rey, que le estima
por casalle con su prima,
su hermana menor me ofrece;
y el padre, que puede hacer
de sus hijas a su gusto,
que tengo de obedecer.
¿Y cautela?
No; ya murió.
Zelico, que me ha mandado
que le he de acuchillar.
No quiero que en sus rigores
me acuchille a mí también,
Guzmán, que suele un desdén
dar muerte de mal de amores.
Dos dificultades veo
en tal caso, nunca vistas;
una, que te resistas
a tu primero deseo;
y otra, que el Rey, sin disculpa,
así al peligro te arroje,
porque si a Rolando enoja,
no puede negar su culpa;
a quien Rolando no ofende
que amigo su pecho rige!
¡Oh, qué de cosas corrige
de lo que soberbio emprende!
y con quien sus culpas se miden,
que al cielo venganza piden.
Y solos de lo visible
quiero, señor, que te informe
el ver su cuerpo disforme
con su arrogancia invencible,
y que su apariencia y su fuego,
y lo mordaz de su boca
con indignación provoca
al sordo, al mudo y al ciego.
Y nada de esto puede ser,
quien con la pasión murmura.
¿Qué pasión le asegura
que un ciego la pueda ver?
Mas deja, señor, que calle
quien sin polo se refrena,
pues que mi talle condena
quien murmura de su talle.
Confieso que le pareces
en grado tan superior,
que si vistes de un color
en ti a Rolando me ofreces;
mas lo que es disformidad
en él, y arrogancia fiera,
coloca de manera
gentil talle y gravedad,
y gentileza y cordura,
y valor de brazo fuerte,
y a quien alcanza mi suerte
sobrenatural ventura.
Por lo cual del Rey condeno
el injusto parecer,
y él huyó, dando a beber
a Clavela este veneno.
Y que corra aquesta opinión
y sabida, no me enmiende,
que de hacerla al fin me ofende
como natural pasión.
Y dime, señor, ¿es cierto
que a Clavela has de dejar?
Si mi intento ha de estorbar
el Rey, en mudar me acierto;
y si a Clavela aborrecida
de mi tibieza la veré,
pues siempre trueca su fe
la mujer que está ofendida,
y que su voluntad ganada
al Rey obedecerá
y Rolando alcanzará
su victoria deseada;
Y que aunque después satisfecho
conozca el Rey mi cautela
porque me quiera Clavela
lo juzgará por bien hecho.
¿Y que se alegre la mudanza
contra toda la nobleza?
Sale Lucano.
Que el hacer fiel la firmeza
cuchillo de mi esperanza.
Y antes en esta ciudad
no casará por mi amor,
y ya soy de ella señor
por mi propia voluntad.
Y Lucano, ya que viene,
dirá si yerro o acierto.
Y aprobará el desconcierto
que a Rolando le conviene;
y que al fin le sirve y procura
encaminar su cuidado.
Seas, como conviene a mi ventura,
venido.
¿Y Rolando?
Ya llegaron
tan presto, que se previenen
conciertos, y a los dos
mañana se casarán;
que el Rey por sus nuevos hijos
y aun de su voluntad,
mandó hacer a la ciudad
esta noche regocijos.
Y ya de mi nueva respuesta
verás, Guzmán, satisfecho
que redunda mi provecho
desta prometida fiesta.
Y como en el caso repares
sacarás de lo que infieres
que son aquestos placeres
vísperas de mis pesares ,
y confieso que Laura es moza,
mas de Clavela el donaire
excede en talle y en aire
sin ser jamás melindrosa;
y hasta su nombre partido
muestra en Clavela ser clave
de música tan suave
que alegra nuestro sentido;
a quien ignorare ciego
su desengaño advierta,
como en la princesa Europa,
y es vela que, viento en popa,
con mayor gusto navega.
Y aunque mi conocimiento
repara en Laura también,
que su rigor y desdén
es lauro del pensamiento.
Y su nombre repartido
demostrando está.
Y de su nombre encumbrado
tantas gracias multiplica
que a Laura, que significa,
cuanto Dios tiene criado.
Salen Rey, Clavela, Laura, Celauro.
Mucho la pasión te obliga
y así respondes, señor.
La centella del amor
San Pedro te la bendiga.
Y a su propio palacio vives,
y mejor diré que mueres,
que bien de mi cuidado infieres,
bien mis suspiros recibes.
Y pues ya el amor enfada,
la batalla representa
que el Rey sale, y con afrenta
pienso verte laureada.
Recibiendo a Rolando por Filberto.
De ese nuevo parecer
nace, Filberto, mi gloria,
de mi perdida victoria
resulta mi padecer.
Y de agravio tal ofendida,
que bien espero en mi suerte,
pues para darme más muerte,
la muerte huye de mi vida.
Y a vos en su real oficio
se ofrezca en la clemencia,
pues se agranda la obediencia
tanto más que el sacrificio.
Y tuyo soy...
Y suya es
de mi pecho la mitad,
que tu nueva voluntad
es mi mayor interés.
Y en esto que ven mis ojos,
no es mucho que me consuma,
viendo en abreviada suma
multiplicados enojos.
Ya no sé lo que decir, ¡hado!
¿Rolando es este, no es él?
Ya es Laura, que antes Clavela ,
fue mi muerte, amenaza.
¿Y cómo he de encubrir el fuego
del amor que el pecho enciende ?
¿Filberto a Laura pretende?
Rolando por Laura ciego.
Y aunque del pasado amor,
Clavela, eres buen testigo,
en el que de nuevo sigo
me abona el rey mi señor;
y lo que me manda obedezco,
que cual mano poderosa
obliga con ley forzosa
por quien a Laura me ofrezco.
Y humilde agora y rendido,
por lo que sabes que fui,
la libertad que te di,
porque Laura me la ha pido.
Y nunca yo, Filberto, tuve
dominio en tu pensamiento,
que tus palabras son viento,
jamás en él me entretuve.
(Aparte.)
Y libre por mi parte estás,
obedece, que es muy justo,
a mi padre y a su gusto,
pues que no pretendes más;
y más en tu mudanza advierte,
con temor de otra mudanza,
o dichosa semejanza,
por quien mejora mi suerte.
No caro lleva su amor,
no a lo menos condenado
por ingrato, mas su cuidado ,
y digno de tu favor.
(Aparte.)
Y Laura el premio que espero,
para engaño de Clavela
de su amor y de cautela
o facilidad infiero.
Y no,
los casamientos prosiguen ,
.
Sí, mas no hay fuerza que obliguen
a forzar la voluntad.
Vase, y Lucano.
Y Lucano a Rolando escribe
que venga, y su casamiento
verás con este su intento,
así su venida apercibe;
y porque hoy sin duda ha de entrar,
vente conmigo, que quiero
prevenir la fiesta que espero
el abrazo que sabe dar.
El rey se fue, libre puedo
dar al viento amargas quejas,
que pues ofendida quedo,
tú que agraviada me dejas,
rompe los grillos al miedo.
Y ingrato, falso enemigo,
como causa de mi afrenta,
escucha una breve cuenta
de la fe con que te obligo.
Y de mi voluntad pagado,
pues que me diste la tuya,
quedaste tan obligado,
que no hay bien que restituya
el que me robas trocado.
Y en ocasión que es tan recia
no pido, aunque más se precia,
mudanza en tu aleve trato,
que el que llega a ser ingrato
al mismo cielo desprecia.
Y pues viendo en ti culpas tales
no hay esperanza de bienes
a tanto dolor iguales,
siendo ingrato a los bienes,
suma de todos los males.
Y de castigarte rehúsa
mi fe por tu condición,
mas dice el mal que te acusa
que no hay reparo en traición
ni en ingratitud excusa.
Y con penas y con dolores
los buenos se hacen mejores,
y al contrario son los malos,
que con premios y regalos
de malos se hacen peores.
Y ya esperaba mi bondad
en tu enfermedad salud,
mas saco de tu maldad
que seca la ingratitud
las fuentes de la piedad.
Y señora, no hay responder
a tu ingrato proceder,
que con cualquiera disculpa
se viene a doblar la culpa
que no quieres conocer.
Aparte.
Y celoso de quien padeció
tomara cruel venganza
del ser que un mísero ofreció,
si no tuviera esperanza
del bien que por fe mereció.
Y más fingiré en mi cuidado
sin que haga resistencia
que aunque así me ha despreciado,
castigado a mi apariencia
queda a su fe premiado.
Y sujeto a tanta traición,
no busques satisfacción.
Mi mal a su punto llega,
pues a los presentes ciega
de robarlos la intención.
Y más quiero disimular
lo que del caso colijo.
Si crédito no has de dar
al dolor con que me aflijo,
mi pena quiero excusar.
Y en lo que al caso ha de ser
cómo debo proceder
causa, mi fe te presento,
pues mi noble pensamiento
libre la puede ofrecer.
Y antes negará la tierra
su fruto al que le hace guerra
con la fuerza del arado,
que lograr pueda el cuidado
quien de sí la fe destierra.
Y antes que tu pensamiento
cumplas, se desgajarán
estrellas del firmamento,
perpetua paz mantendrán
el uno y otro elemento.
Y será cordero el león,
rendida su condición,
y el más humilde cordero
soberbio será primero
que me rinda tu invención.
Y antes que Filberto deje
de seguir su pensamiento,
por más que de ti se queje,
faltando a su firmamento,
se hará pedazos el eje.
Y antes del soberbio mar
podrá Bóreas sosegar
la furia menos tranquila,
y entre Caribdis y Scila
paces verás confirmar.
Y que en causa tan misteriosa
que me fuerza a tu servicio
dejarás de ser hermosa
antes que deje mi oficio
ni tú de ser desdeñosa.
Y todo su ser trocará
del punto en que agora está,
que el sol pondrá luto eterno,
su luz bajará al Averno,
y su pena cesará.
Y más no me quiero alargar
con las fuerzas del amor
si por mí lo puedo alcanzar
en virtud de mi valor
cuanto pueda desear.
Y si solo de mí confío,
su defensa es desvarío,
mi presunción evidencia,
no hay que hacerme resistencia,
pues cuanto pretendo es mío.
Y agora dices, ¿quién eres,
tu soberbia declarando?
Mas ya mi valor infieres.
Parece que eres Rolando
en despreciar las mujeres.
Y bien le imito, pero en vano
está de su ser ufano,
a fuerza de natural
que no pueda por ser tal
irme jamás a la mano.
Y a tal Rolando parece
que su vista me retira,
siempre mi tormento crece,
amor mi pecho respira
y muerte el amor me ofrece.
Ya ves que tu cuidado
con mudanzas ha ganado,
mudado lugar también,
yo espero ser el desdén
de cazador olvidado.
y quédate a guardar, Guzmán,
de mi muerte las señales.
Vase.
Cuántas contemplo son tales,
en la propia pararán.
Vase.
Vase.
Semejanza tan estraña
funda toda esta traición;
y pues tuviera atrevimiento
que uno en el otro trocara,
a nadie guardó la cara
de Rolando el pensamiento.
Cuando el segundo viniere,
de aquesta duda saldré.
Sale Filberto, y criados.
Y mil veces, sagrada tierra,
al sitio alegre bendigo;
mil vidas, Guzmán amigo,
gocen los que dentro encierra.
Y, ¿es esto?, ¿no me conoces?
Dame esos brazos, y mira;
llégate, ¿qué te retiras?
reparo en mis nuevas voces.
Y agora no te espantes
airados de mi presencia,
¿no escuchaste la sentencia
que de un ingrato mereciste?
Y, ¿qué es esto? ¡Ha sido sueño!
Vuelve, celoso, por mí,
¿si soñaré, mal de mí,
medida a tan breve dueño?
Rolando, señor, ¿no eres?
¿Yo, Rolando? ¿De qué infieres
tan estraño desconcierto?
Y con razón diré que sueñas.
Yo con más justa razón
diré, viendo tu invención,
que solo engaños enseñas.
Y no sé si juraré...
Creerélo, sospecho,
que un hombre a cautelas hecho,
jurara con tal fe.
Y ya, señor, vuelve en ti,
que Celia, la despreciada,
no es mucho que esté enfadada,
viéndose agraviar así.
Y pues, ¿quién agravia a Celia?
quien ya la puso en olvido
porque Laura le desvela;
y, ¿cómo puede el rey hacer
que la case con los dos,
si amor tiene imperio y mando
para hacer y deshacer?
Y pues, ¿quién aquesto niega?
diles bien, aquí hay enredo;
luego que salga de miedo,
a mis padres me entrego.
Guzmán, háblame más claro,
y tú a quien jamás he visto,
que así a los dos oigo,
solo en mis dudas reparo;
y desde el principio me cuenta,
Guzmán, lo que el pecho siente,
porque un amante y ausente
no es mucho que dude y sienta.
Y yo crédito quiero dar
a que ignoras todo el caso,
y hacerte de paso
lo que debe lastimar;
tú eres príncipe heredero
de Polonia, y ya se ve
diste a Clavela tu fe,
y verme en su gloria espero.
Adelante.
Aquel rey celoso,
pues que tiene en su tierra
quien de la presente guerra
le sacará victorioso,
te envió contra Asela ,
duque de Cleves; partiste,
la batalla le ofreciste
que disfrazó su cautela.
Porque dice que el Rolando,
el contrario a quien pretende,
si bien la boda le ofende,
que el rey está deseando.
Dejaste el ser encubierto,
el príncipe que venías,
llegaste, nuevas porfías
tienen sin juicio a Filberto.
Y al fin te faltó el sentido
diciendo que es justa ley
el obedecer al rey
y ser de Laura marido.
Y Lucano te agradeció
de amor la nueva mudanza,
y con ella mi esperanza
del vestido le pidió.
Y más de abuelos ajenos
porque jamás hice paso
faltas de que hago caso
de un vestido más o menos.
Y vinieron rey y Clavela,
y Laura y otra aquí,
pues en el campo reñí
y al amor fui centinela.
Y mostraste el nuevo cuidado
a que el rey agradecido
por yerno te ha recibido,
si bien Laura despreciado.
Y mandó a Rolando llamar
el rey, que para esta tarde
y hará de amores alarde
si a Clavela ha de gozar.
Y así mi vestido, y al fin
fue porque Clavela luego
viste una invención de fuego
con truenos y retintín.
Y viste con bomba, no es nada,
que la pólvora es un rayo,
hiciste un espanto raro,
pues no fue Clavela agravada.
Y huyó, libre la deja
desterrando los sentidos;
diste a palabras oídos
como ocasión apareja,
y pero al punto halló venganza,
y si a Laura te ofreciste,
en su respuesta no viste
castigo de tu mudanza,
y el puesto desamparaste,
mandándome a mí notar
las señales, que han de dar
mal fin de lo que intentaste,
y mi vestido se perdió;
pero al fin agora vuelves
y a negarnos te resuelves
todo cuanto aquí pasó.
Y todo cuanto me dices
escucho como novela,
porque yo adoro en Clavela.
Luego ya te contradices,
y con eso de mi vestido
nueva esperanza cobré.
Lo que digo ya diré
siempre que unan el sentido.
Ya vuelves a despeñarte.
Claro que te parece
que con cautela se ofrece
Rolando, y quiere engañarte.
Este quiere responder,
ni muda de su tela,
ni invisible se ha de hacer,
porque entretenerla ha intentado,
quien la mete con Clavela.
quien su palabra ha quebrado
y a Rolando que me la dio,
engañado y satisfecho
de lo que fingió su pecho,
pues mudable se trocó;
y cuando estuve en el torneo
de Celio, supe la victoria,
mas superó en su gloria
nunca ofendió mi deseo.
Y dio a la Duquesa la fe,
Rolando, sin pesadumbre
por tenello de costumbre,
a vos sola ingrato fue.
Y más esto que hablando,
ya por verdad confieso,
no arguye en ti exceso,
pues firme fuiste cuando
y solo a Clavela ofrezco,
mi vida, mi honor y ser,
y otra dueña no ha de ver
del alma que merezco.
E ingrato al amor que ofendes,
ya lo intentas, es cobarde,
bien se encubre, pero tarde
gozarás lo que pretendes.
Que como tarde se encierra,
ya de mi gente ocupada,
espera verse asaltada
o mi victoria en su guerra.
Y huye del furioso encuentro
que te amenaza, traidor,
aunque al injusto rigor
no hallarás seguro centro.
Y del amor a quien te ofreces
huye, pues más puedes, huye,
y aunque te arrepientas huye
de la pena que mereces.
Y huye de todos, y de él,
que de él puedes obrar,
que solo te ha de escapar
mi mano propia de mí.
Y obligarme a sentimiento
notas, a disculpas no,
que hallándome, advierto,
llevará quejas el viento.
Y de tu libre condición
nacerá tu libertad,
mas en propia falsedad
se precia de prisión,
y en ella serás testigo,
rendido por mi valor,
de la pena de tu amor,
en la gloria que consigo.
Confieso agora turbado
que escucho tanta cautela
porque siendo tu desvelo
tan bien tu ser me ha engañado,
y el amor como atrevido
a que fuerza más se entrega,
si en fe de Rolando, ciega,
como celosa, has venido.
Y aquesta transformación
en ti así se hace creer
que no es verdad, causa ser,
sino vana imaginación.
Y a tal tiempo hemos llegado
que a Rolando he de encontrar,
y el secreto adivinar
que me hayas más encargado.
Y libre de amor, armada de rigor,
colérica y celosa, de ofendida,
de pena ciega y respirando fuego,
rayos del sol, al punto abrasador,
ofrezco muerte a tu triste vida, luego
presta al mal, y sorda al ruego,
busco ya caminar ciega sin sosiego,
si lince solo para penetrarte,
como crudo ofensor se levanta,
donde apuras con ánimo resuelto,
que pretende mi fe perseverante,
si amor te da con pecho de diamante
el justo pago y el acero vuelto,
pena de la atrevida confianza
su castigo, tu castigo, y mi venganza.
Y arma soberbio, cauteloso embiste
propio fue ingrato, y adorado niego
casi ha de ver, que ya trueca ciego
a la razón un ánimo resiste
generosa gloria, que pretende luego
en abrasador y merecido fuego
y al del humilde ruego
el venturoso tiempo le ha pasado
que amor está en tu muerte conjurado.
Porque en la culpa que mostraste libre
tal pena mereciste, tanto ha sido
el peso del agravio cometido,
que en un profundo centro, que te cobre,
y hecho el amor para tu daño mismo
te pena, atormenta, y triste abismo.
Adorada Clavela de mi alma,
sol, que contemplo norte que me guía,
último fin de toda mi victoria,
de mi triunfo merecida palma,
cielo del gusto, centro de alegría,
empíreo cielo de mi altiva gloria,
cuando de mi memoria
una breve falta quíteme el olvido.
que despojos te entrega las llaves
como a quien mi valor ha contrastado,
vine, vi, no vencí; bien ha sido suerte
doy disgusto, doy pena, y me doy muerte.
Vase.
Antes que el noble, tu ofendido pecho
al soberbio responda y se ofrezca,
a Rolando con ira despecha,
que el mío de sus culpas satisfecho
dando a Clavela el premio que merece
lo cierto ve de su traidor acecho.
Excusará mi agravio conocido,
mas Celauro a Filberto ha conocido
después que declaró su maña aleve,
pues soberbio a mi valor se atreve,
el premio que esperaba se despida,
partid al punto adonde ya os espera,
venza amor, desvanezca, y Filberto muera.
Válgame Dios, ¿quién será
la causa de tanto enredo,
que humanamente entender no puedo
lo que tan confuso está?
Que eres Rolando, Filberto,
cuando a ofenderme veniste,
ni cuando en Rolando viste
mi nobleza, y mi porfía.
Y digo que tiene razón,
pero Clarauro por fin
tal es la desdicha mía
que todos contra mí son,
y más burlando a ese fingido
Filberto, dile que espero
en el prado donde quiero
escarmentalle atrevido,
y mira que aguarda, camina.
Celauro, ¿qué te parece
de este enredo que se ofrece,
que el tiempo solo adivina?
Y más, pues yo me engañé a hablaros llegaré, dada la fe, y tú ignorante de cuanto en los dos se ve.
Sale Rolando.
Mas si quedaste,
ves aquí vuelve Filberto,
bien hace que él le concierte
los que con ira dispuso;
y si esperas el desafío
como a su señor te vuelves.
¿Qué dices, que te resuelves
sin razón a un desvarío,
y no tienes desafiado
a Rolando?
No te entiendo,
y pues entender pretendo,
cuéntame cuánto ha pasado.
¿Que a ver al señor no llegaste,
besando el humilde suelo,
y para mayor consuelo
mil brazos no deseaste?
¿Y el caso no te conté
de Rolando, que fingido
Filberto, bien recibido
de todo el palacio fue?
¿Y también no vine a contar
que a su mal fundado yerro
le sucedió su destierro,
por quien te quieres vengar?
¿Y dices que a Rolando esperas
que salga al desafío,
y ansí te vuelves del prado
donde esperarle debieras?
Y aunque hayas de caminar
desterrado de su gloria,
mejor será que su memoria
de la tuya has de dejar.
Y pensar en esta historia
se tiene por desvarío;
la salud es el olvido,
y la vida de su memoria.
Vase.
Y dices bien, pero Guzmán,
dilata ese pensamiento,
y en casa espera, que no siento
dónde tus intentos van.
No es que ansí de Filberto sea
mi talle, ansí mi concierto,
que me tenga por Filberto
quien a Filberto desea;
Y ansí sabes de Rosela,
Filberto, la pretensión.
Rolando, nueva pasión
con la tuya se desvela,
y note la de hombre debida
me sigue.
Con tu favor
pienso deshacer, señor,
de Rolando la cautela.
Aparte.
Y bien tengo lo que merezco
si no me sé defender,
si siendo solo he de hacer
lo que como dos ofrezco.
O sea el caso que a mi fe ayuda,
y como el tiempo me ayuda
haré que su fin consiga;
y errando pienso que acierto.
Vase.
En ti vive mi esperanza,
queda en paz.
La semejanza
me defiende de Filberto,
y prevenida amenaza
con forzosa competencia,
pues venciera su presencia
lo que mi cautela traza.
Y deste caso avisado
nuevo medio pienso dar
a aqueste disparejar,
pues que Filberto ha llegado.
Salen Arnesto y Celauro.
Y Celauro, donde hay amor,
nada se puede encubrir.
Vase.
Ésta me ha de descubrir,
mudemos traje y color.
Y en ti de Rosela veo
la gracia y la compostura,
el donaire y la hermosura
que es imán de mi deseo;
y el retrato sin mudanza
me dice tu calidad,
parejas con la verdad
corre tu casi semejanza,
y no es mucho que a mi hermana,
que a Rosela me parezca,
aunque en mi suerte se ofrezca
su sangre menos ufana.
Y el duque Astolfo su padre,
como siempre fue travieso,
culpa tuvo del exceso
de Celia, que fue mi madre;
y Filardo, que es mi pariente,
me enseñó la astrología
en Clebes, donde vivía,
cuando vine...
Aquesto miente.
Y como estima Clabela
esta ciencia, me envió
a servirla.
Bien cubrió
su amor y engaños Rosela.
Y que mucha gente me acuda
tengo hacienda, y soy honrado,
como curioso el cuidado
de Arnesto.
Será sin duda,
y más, denotando el amor,
Celauro, puede fingir
cuanto me quieras decir
a fuerza de su rigor.
El príncipe Arnesto siente
quién eres y qué pretendes,
adviértelo, que me ofendes
si a mi nombre no das fe;
Pero de Celauro el nombre,
y el talle, garbo y el brío,
condenan por desvarío
lo que afirmas.
Y el ser hombre,
y el mostrarlo en sus aceros,
así a mi lado estuviera
cuando menester le hubiera
reparando golpes fieros.
Y yo, sin duda, me engañé,
que yo me desengañara,
pues más que su talle y cara
me dieran sus obras fe.
Y a todos quiero creer,
puesto que a mucho me atreva.
Aparte.
El que es hombre que en la prueba
sabrá decir cómo hacer.
Y ninguno ha calificado
con más verdad su mentira.
Vase.
Digo, señor, que admira
de mi dolor el traslado,
y más a saber volveré
donde la prueba es más cierta.
Pues ya que al ir se concierta
con lo que testifique.
Y tú, a quien agora espero
que con Rolando vinieras,
¿qué hiciste?
Nuevas quimeras
de aquesa pregunta infiero.
Y al punto que me dejaste
del desafío encargado,
¿no volviste tan trocado
que a los dos nos admiraste,
y diciendo que era más justo
que de intento se mudara,
y que en casa te esperara?
¿Qué dices?
Celauro diga
si lo que digo es así.
Todo cuanto escuchas vi,
y todo a morir me obliga.
O los dos se han engañado,
que mi mal Rolando ofrezca
y en ningún tiempo parezca
donde más es deseado.
Y no puede mucho durar
confusión de su cautela,
pues aunque más se desvela
por fuerza le has de encontrar.
Es propio que el disfrazado
lo mesmo que él pretende
y de su ausencia se ofende
como tú de su cuidado.
Y pues que esta transformación
estriba en la semejanza,
mi semejante esperanza
se trocará en posesión.
Como se encubre advertido
como el que de máscara anda,
y sale con una banda,
por quien del todo es conocido.
Y también debes saber
que para ver disfrazado
recelos de mi cuidado
otras dos me has de hacer.
Y pues yendo en tal color
semejante a su traje
no es mucho vengue mi ultraje
con vengar a mi amor.
y que asimismo sabré
pues cautela me destierra
si Rolando me hace guerra
con el premio de su fe.
Celauro, ¿qué te parece
que mi cautela fundada
va sobre la suya armada,
aunque mil dudas ofrece?
y media hora puede haber
que engaños Rolando intenta,
mas toda invención violenta
de su punto ha de caer.
Y lo que en su caso digo,
será del Rey y Filberto,
siendo por su desconcierto
la mudanza su castigo.
Porque es fuerza que defienda
su nombre, familia y ser,
por donde quiso ofender.
Es bien Celauro se ofenda.
Y cuando a veros lleguéis,
¿qué fuerza encontraros hoy?
Diré que Rolando soy
y los dos lo afirmaréis.
Claro está, pero ¿Lucano?
Lucano con la apariencia,
sin señal de diferencia,
juzgará el caso por muy llano.
Hecho un Rolando vendré,
pues que a llamarle mandó
el Rey, a quien me imito
con su traje, y imitaré.
Lo que engañar a la vista
no tiene dificultad,
mas difiere en calidad
una amorosa conquista.
Con su estilo elegante,
consonancia y melodía,
que de Rolando se desvía,
que el genio suyo es arrogante.
aquí los comienzan a ensayar el que quiere de la imitación en España son cordones
Y que él quiere con su braveza
a todos atropellar,
y que no podrá trocar
su cruda naturaleza.
El airado y descortés,
con quien más quiere se enoja,
y su nobleza se afloja
a los más humildes pies.
Y dudo, según aquesto,
que le pueda imitar,
aunque mucho ha de engañar
el talle, la voz y el gesto.
La duda que me propones
tiene también su salida,
en tu disculpa ofrecida
la respuesta me dispones.
Y cuando él con Clabela hable,
¿no disfraza su arrogancia?
Lo aparente es gran engaño,
mas tal vez no anduvo tal.
Fue efeto de natural,
mas no para desengaño;
y a la menor diferencia
que en aparentes estriba,
todo el tiempo la derriba
a fuerza de su asistencia.
Con tanto me determino,
y los dos me ayudaréis,
aunque del caso juzguéis
que os parece desatino.
este pasaje está un poco ajustado al original, como el cual se desprendió un cordón que andaba en la corte hace tal guerra a la lógica y por ser cierta se puede hacer cuanto natural
Tú a Rolando servirás
como si fuera Filberto,
y fía que en mi concierto
el fin dichoso verás,
que con esto a mi Clavela
por premio justo consigo,
y Rolando, mi enemigo,
el castigo en su cautela.
Fin de la primera jornada.
Jornada segunda.
Salen Celauro y Guzmán, y Filberto con un gabán engabanado .
Pareciste de tal suerte
con la barba disfrazado,
que por Rolando juzgado
no hay quien nos ignore, es cierto adivinar acierte.
¿Y qué importa que engañe el traje
y acciones con su concierto,
si nos descubre a Filberto
lo fácil de su lenguaje?
Que así Rolando, cual ves,
con circunloquios rodea
lo que decirnos desea,
que parece un qué y qué es.
Qué oscura diversidad
a todos nos amohína,
pues no hay construcción latina
de tanta dificultad.
De tan extraño motivo
no averiguo el fundamento,
si a sombras de fingimiento
se esconde el nominativo.
Artículo y conjunción
no admite ni voces bajas,
buscando mil carandajas
que oscurecen la oración.
Y estudiaste (que él puede) ,
mas porque en tanto dudar
gustes, llegue a conjugar,
declinando me quede.
Pero mi nombre procuro,
aunque por cosa patente,
mi ignorancia de presente
y mi ciencia de futuro.
Que más como estudiante fui
desmintiendo el nombre, lego,
tal vez a Marcial alego,
libros que jamás abrí;
y para no me perder,
aunque a veces vuelva a dar
un Bocacio en el hablar,
soy tácito en responder.
Arbitrio que me asegura,
pues sustento mi arrogancia.
Costumbre es de la ignorancia
que de los sabios murmura.
Aunque mi contrario sea
Rolando, su estilo es grave,
y entendido, tan suave,
que al espíritu recrea.
Sí, pero tantos rigores
la lengua alterar pretenden.
Al lenguaje no le ofenden
los términos superiores,
ni por caso no entendido
la distribución se asombre,
que en cualquier lugar el nombre
como nombre es conocido;
y el verbo, sin defecto,
dando a las partes lugar,
a todas se puede juntar
con maravilloso efecto,
pues la figura recrea
el espíritu al oyente,
y el adverbio que altamente
al periodo hermosea;
y todo ese estilo y cruel,
y cifra no conocida,
que es lengua no entendida
en la torre de Babel.
Y su juicio desatino,
de quien no quiere estudiar.
En llegando a conjugar,
dificultades declino;
y lo mismo habrá de hacer
en efecto su invención.
Remítome a la ocasión.
Y yo a callar, oír y ver.
Salen Celauro y Laura.
Rolando supo guardar,
en esto argumento es vano,
que su estilo, profese llano,
es muy fácil de imitar;
y porque me canso, me dejo
de sacar de aquesta duda
a quien tenga en principio duda.
Y yo de darte consejo.
Celauro, ¿es este el jardín?
Sí señor, y aquí es por donde,
como verás, corresponde
de la infanta al camarín,
y adonde el arte tocando,
con causa el paso encubierto ,
como del efecto es cierto,
Goces victoria, Filberto,
aunque extrañe de Rolando.
Y pues imitarle pretende,
goces de su alto alcance,
dejando rudo romance
a su idioma de allende.
Y yo el caso prevendré,
y como tengo licencia
para entrar en su presencia,
de lo que puedo usaré;
y diciendo que ha venido
Rolando a su casamiento,
se podrá con fundamento
dilatar lo que has fingido.
Pásase a Claudia.
Yo voy, sazón oportuna
para hablar y conocer
su gusto, y si quiere ser
favorable la fortuna.
¿Celauro será quien viene?
Rolando también fuera,
y si licencia tuviera,
nadie como tú la tiene.
Y entre las yedras se alcanza
a ver el fénix de amor,
que abrasado en tu rigor
renace de su esperanza;
y no le ves señal de su pena,
me informan su rostro y talle.
¿Qué sientes?
Manda que calle
Amor, que al gusto refrena.
Y como aquello que bien parece
con mil agravios me aflige,
y el desengaño corrige
lo que la lengua me ofrece.
Y pues ¿qué esperas, pecadora,
y bien te parece? ¡Ay, celos!
El premio de mis desvelos
en su gentileza mora.
Y entendiste su razón.
Y advertí que celebrando
talle y rostro de Rolando,
condena tu pretensión.
Y transformado en él, si acierto
a imitarle en lo que escribe,
veré en el que de ti vive
memoria de Riberto.
Y más dentro me quiero entrar
adonde el sol no me ofenda,
y adonde lo que pretenda
Rolando pueda notar.
Y si a suma potestad, debido incienso
como su flor silvestre el campo inculto
rinde Pancaya, si deidad inspira
si flamígero rayo, atrevimiento,
con sagrado laurel, perdonan culto,
humana no, divina gracia admira.
tal vez si bajas libre amante subes
valor, fuerzas, y aliento
ofreciste, cansaste, y consumiste,
de tanto pensamiento;
a Dafne Febo triunfadora viste
en sus brazos tendidos, cien mil ojos
nacieron hojas para darte enojos;
y de deidades aquí fiel campo armado
cual celestial espejo de su hermosura,
y si de discreción al claro ejemplo
sirvió el cielo, dispuso señalado
cobró imaginación la arquitectura.
Sacra Minerva consagró su templo,
lo que amante contemplo
cortés recelo, en abrasada cumbre
espire luz y no vomite lumbre.
De Clavela, no el ruego,
pues visto le han vencido sus mortales
anhelos de fuego,
se rindan, animados los cristales
de mucha confusión un breve espacio.
Y ¿oyes, señora?
Ya escucho
sus bien compuestas razones,
y con mis propias pasiones
a brazo partido lucho,
y de tal suerte me ofrezco
a quien causa mi afición,
que contra toda razón
adoro lo que aborrezco.
Y ¿tanto quieres a Rolando?
[Aparte]
¡Rigor parece,
tanto con su semejanza
mi pecho le está abrasando.
Y, ¡ay Celauro!, de esta suerte
con mi dolor me concierto;
desengaño es de Filberto,
como de Estela muerte.
Y ¿qué sientes?
Rabiosos celos.
Oye otra vez.
¡Y si viera
así engaña con cadena
que amenaza a mis desvelos!
Y aqueste, sombra de la luz que sigo,
ajeno traje, maquinada gloria,
lustre de Amor, de mi esperanza abrigo,
para ser dulce fin de mi victoria,
rindiendo cauteloso a mi enemigo
pira será, que abrase su memoria,
y siervo que arrebate sus cenizas.
Clavela, pues su amor con fe autorizas,
y muera, si de favores confiado,
no natural, sino violenta muerte,
a brazos de Rolando enamorado
de Filberto el valor, el brazo fuerte,
y resucite muerto mi cuidado,
pues vengo a ser por cautelosa suerte,
vivo en piel de Rolando, en quien el tino,
no en sangre muerto, sino en gloria digno.
Y ¡gran fe!
¡Notable amor!
Sin provecho,
si de los favores satisfecha
rinde Clavela su abrasado pecho
hecha a dar muertes, y de amor deshecha,
para que quiebre el afrentoso pecho
pues celos causa la dorada flecha.
Lo que disfrazas de tu mal le infiere
viva Rolando, pues Filberto muere.
Y notable gracia.
Si también parece
que te detiene,
lo que tú no alcanzas,
ningún inconveniente se te ofrece;
suyo es el dueño de esas alabanzas,
y solícito mi daño crece.
[Aparte]
¡Qué gloria sufro en muerta esperanza!
Y fin ha de tener mi triste suerte.
Y vida espero en tan amarga muerte.
Y oye y saldrás de duda.
Escucha atento
de Rolando la gracia y bizarría,
calle cobarde, helado pensamiento.
Será forzosa la desdicha mía.
¿A quién no admirará?
¡Qué sentimiento
puede ayudar a la esperanza fría,
que bien espero, si busco mi daño,
si escucho de mi muerte el desengaño!
Fingido.
Y más todo su valor, su gentileza
un cuerpo me parece que sin alma
cauta quiso formar naturaleza,
la parte superior dejando en calma,
ofreciendo a su brío con destreza
de su poder y mi afición la palma,
la semejanza, y no a Rolando, estimo.
Duda.
Y que Rolando, mi primo, así te ofenda
o, por mejor decir, tal y agravia,
quien adorada viva hacer pretenda.
La voz apenas sale de sus labios.
Ni por señas habrá quien la entienda.
Que valerosos príncipes, que sabios,
no estiman sus ardides y prudencia,
no admiran, Clavela, su elocuencia.
Y así de lo que justamente estima
libre se viera, como yo trocara,
en noble despropósito, el que deprima
con que lo que merece laureara.
Aparte.
Nuevo daño, tristeza se lastima;
el desengaño se salió a la cara.
Vanse Clavela y Laura.
Mi padre sale, a recibirle iremos.
Y yo a llorar celosos mis extremos.
Y mi sol se puso.
Y ya viene
Celia ahora.
¡Ay de los mortales,
suma de todos los males
que amor en sus penas tiene!
¿Ya te quejas? ¿Qué suspiras,
si todo está de tu parte?
¡Quién crédito podrá darte!
Quien conoce lo que admiras;
y ¡ay de mí! que otro dolor
me cerca, rinde y congoja,
pues cuando Clavela afloja
muestra Laura más rigor,
y por Rolando se desvela.
¿Pues y Clavela?
¿Qué importa,
si es mi ventura muy corta
desechándole Clavela?
Y como si en un espejo
tanto favor escuché,
la grande mudanza fue
quien causó todo ese enojo,
y al favor que has escuchado
de Clavela, es admitido
no Rolando aborrecido
sino fingido adorado,
y porque a ti te parece,
mientras que a su tiempo llegas,
eso que a Rolando niegas
a su semejanza ofrece.
Ya quieres, Celia, que Clavela
trocar lo que yo entendí,
o quien me destierra a mí
se engaña con su cautela.
Sale Lucano.
Cuán cansada, memoria,
que estamos entre enemigos;
serán de mi mal testigos,
viendo mi trágica historia.
Pero viva mi esperanza,
pues lo que Notando encubre
Lucano me lo descubre
ciego con su semejanza.
No se te olvide el hablar,
señor, en algarabía.
Mas de mi cuidado fía,
donde hay menos que dudar.
Apenas llegó a saber
el Rey su venida, cuando
pude yo en vez de Notando
sus abrazos merecer.
Y tanto se quiere y estima,
que el placer con sus efetos
antes le ofrece los nietos
que esté casada tu prima.
Notable amor, si Filberto,
amado no, aborrecido,
castiga en perpetuo olvido
su primero desconcierto
de Laura, pues ya en los lazos
de mi adorada Clavela,
Filberto no se desvela,
goce los dulces abrazos.
Salen Clavela, Laura y el Rey.
El Rey con Clavela sale
y Laura; ¡qué suceso estraño,
que conquiste por engaño
la fuerza que tanto vale!
Alegres las nuevas son
y cierta la confianza,
pues tuvo en mi pretensión
dichoso fin la esperanza,
llegando a ser posesión.
Leal Notando, bien venido;
para quien al cielo pido
años, que en vida prosiga,
tu mano mi cetro rija,
de mi gente obedecido.
Sin contienda ni debates,
goces de tanta alegría,
que mil cuidados rescates;
y aqueste reino de Hungría
con tus muchos dilates.
¿Cómo vienes?
Deseoso
de gozar el premio honroso
que su majestad me ofrece.
Tanto Notando merece
que yo en sus hombros repose.
A Clavela, tu esposa,
bienvenida, cual siempre fue se presenta,
intrépida y animosa
en su destierro y su afrenta,
mi voluntad amorosa.
Vanse Clavela, Laura y Lucano.
¿Qué hablas en romance
en tan venturoso lance,
que la jerigonza olvidas?
¿Qué haces?
¿No rinde vidas
si de amor sigue el alcance?
Mas ya dichoso he llegado
de mal de amores enfermo
por culpa ajena trocado,
de mi solitario yermo
a tu celestial poblado.
Contémplame peregrino
tanto a mi temor vecino
cuanto de mi pena cierto,
por el no visto desierto
buscando real camino;
y donde apenas se adelanta
el pie que no forma huella,
cuando mi desdicha es tanta
que al otro que la atropella
hasta el silencio le espanta;
y con voces continuo al viento
desalado el pensamiento
que de mí se acuerden pido,
dando de quien siempre he sido
bastante conocimiento.
Pero mi desdicha es tal
y tan grande mi desdén
que no se hallando su igual
huyó de mi propio bien
por hallar mi propio mal.
Y así de quien soy me fui
y en mi daño me escondí.
Luego quien pretendiere hallarme
fuera de mí ha de buscarme,
pues yo estoy fuera de mí.
No hay cosa que yo más crea
que lo que diciendo estás,
pues que tu lengua se emplea
en lo que te ofende más
y menos se desea.
Mas no acabo de entender
que en ti y sin ti tengas ser,
pues tal nos hace creer.
Quien os dice la pasión
hablando, te ha descubierto;
trueca lo dudoso en cierto
da a la sospecha la ocasión.
Aunque fuerte, no te asombre
mi pasión, que al fin soy hombre
y quise a tanto sufrir
a Isabela descubrir
mi intento y no mi nombre.
Pero la opinión quejosa,
puesto que bien no se funde,
así al engaño se entrega
que contra razón confunde
la misma verdad que niega.
¿Callas? Sí, yo responderé
por mí, pues el trueco fue
tan poderoso por sí,
que si otro yo es contra mí,
por mí otro yo volveré.
Que tan grande es el rigor
deste presente favor
que a lo visible se ofrece,
que al mismo paso que crece
la piedad, crece el dolor.
Aunque en confusiones tales,
que nacen de tus desdenes,
dan mis penas desiguales
infinitos parabienes
a la suma de mis males.
Y que si ciego y desterrado
por otro vaso trocado
tu voluntad ofendió,
no es mucho que en otro yo
goce el favor que me has dado.
Y no por ajenos despojos
siendo quien soy desmerezca,
que apenas verán tus ojos
cosa que en mí no te ofrezca
la causa de mis enojos.
Y corrióme un toro y tal fue
que hasta el capote dejé,
mas si venciendo a mi enojo
lo que le quité le arrojo
yo sé que le burlaré.
Y no sé, Laura, qué te diga,
de mi noble pensamiento,
nuevo dolor me fatiga
que en repetidos tormentos
consentimientos me obliga.
Y no entiendo esta confusión
que contra mi condición
dulces ecos, dulces voces
con espíritus veloces
inquietan mi corazón.
Y no sé quién me ha trocado
que en apacibles enojos
cierra y abre mi cuidado
a lo presente los ojos
y el pecho a lo imaginado.
Y tan trocado del que ha sido
Rolando ahora ha venido
que disculpado, su primo,
Clavela dirá que el tiempo
lo que bien le ha parecido.
Y cómo que trocado está.
Mas mi fiel pecho se entiende,
la semejanza no más
que quien mi cuidado enciende.
Y es quien me mata más.
Y pues me abrasan tus celos,
Clavela, cesen desvelos;
muera yo, y será mejor
a manos de tu rigor
que no a rigores de celos.
Y no, que mejor es mi suerte
a tus manos ofrecida,
ruego, mas antes advierte
que para cobrar más vida
quiero que me des la muerte.
Y así por desdichas mías
y el fin de mis fantasías
desde aquí entre manos dejo
que cual la culebra el pellejo
para renovar sus días.
Y mi dolor no se refrena,
sin callar, aunque me avise,
porque su amor me condena
a furias de mil Ulises
contra una dulce Sirena.
Laura, pues yo morir quiero
del mal fiero que infiero,
deja conmigo estas salas,
y sus pies trocados en alas
sigan mi cuerpo ligero.
Vanse los dos.
¿No escuchas el desengaño?
aguarda, y muera Filberto;
yo soy quien causó tu daño;
ya conoce, descubierto,
en el disfraz el engaño.
Y si a matar persuadida,
pretendes ser mi homicida,
la muerte me vuelve a dar;
mas, ¿cómo me ha de matar,
quien cuando mata da vida?
Vano pensamiento,
no busques fin al dolor
que causa tu sentimiento,
si en el infierno de amor
es eterno este tormento.
Ya en vano excusas tu muerte,
pues yo de la misma suerte
que has usado conmigo,
pues me perdiste contigo,
conmigo quiero perderte.
Y sin duda el seso has perdido
con la fuerza del dolor,
mas, ¿qué dudo?, si el amor
el efeto ha producido,
y aunque su mal no penetra
el alma, ve fácilmente
que el amante de demente
difiere en solo una letra.
Y a Martín, que a Isabela
este billete la lleva,
será la postrera prueba
de su firmeza fingida;
y dirás que me partí
por su gusto desterrado,
tan lejos de mi cuidado,
cuanto ella lo está de mí.
Pues, señor, ¿dónde me dejas?,
que yo a servirte me ofrezco.
Necio, adonde yo padezco
sin mí ser, y con mis quejas.
Y que engañando, aunque en vano,
algún bien sé que he tener,
no quiero dejar de ser
esto en que no tengo gano.
Voy al punto.
Vase.
Yo llegué
tan al punto de mi mal,
que, en efeto, por ser tal,
simbolice con mi fe.
Pues los ajenos favores
he de estimar como error,
que yo juzgo que es mayor
llorar mis propios dolores;
Y confusión, en que no entiendo
el fin que pueda tener,
pues he de dejar de ser
para ser lo que pretendo.
Y si los casos se mudan,
¿qué gloria espero, ¡ay triste!,
que al que de ajeno se viste,
en la calle le desnudan.
Sale Celauro.
Y siempre en ausentes labios,
qué puede haber de provecho
en un hombre tan deshecho,
y tan recelados agravios.
Juzgando por ti mi mal,
verás que no desvarío,
pues que tu dolor y el mío
corren iguales parejas,
y más si deste cuidado
del ciego dios tratemos,
que como fuerzas juntemos,
cesará nuestro cuidado.
Abrázale y vase.
Sale Arnesto.
No te descuides, si el cielo
socorra tu pretensión,
es loca imaginación
la que espera en mi desvelo.
La grave pena que siento
por mis adversos castigos,
pues son mis falsos testigos
deste insufrible tormento.
Y Nise, adorada mía,
ingrata de quien confía,
mi solícita esperanza,
deseando la mudanza
desta confusa alegría.
Ya tu pecho disfrazado
no encubre manifiesta,
siendo el abrazo que has dado
a Rolando, la respuesta
de mi celoso cuidado.
Y pues cierta es la sospecha,
rayos tira en vez de flecha
a causa de triste vida,
que a sufrirte persuadida,
tienes a rigores hecha.
Y mi nuevo cuidado advierte
que cuanto más ofendido,
más me abrazo con mi suerte,
pues no que me quieras pido,
sino que dejes quererte.
Y que aun conociendo mi yerro,
entre ciegos me destierro,
sin saber, Nise, ya cómo
huyo con alas de plomo
de pies cargados de yerro.
Y Arnesto, ya que de grado
resolvió su cuidado,
si a tan curiosa porfía
cual ves, ha desengañado
tu vista y la suerte mía.
Y pues en vano me informo
de mi ser, yo me conformo
a no ser, y así lo pides,
si la pretensión despides,
cuando en mujer me transformo.
Yo quiero, Nise, saber
que aquel fundamento es vano.
Y mal puede ser mujer
quien es de Rosela hermano,
si bien suyo el parecer,
y mal ya que en sospechas creas
lo que de mi ser deseas,
que adviertas, siéndolo espero,
que si yo a Rolando quiero
sin fruto en amarte empleas.
¡Y que no mueva mi dolor!
¿Que el desdén no te corrija?
¡Que dures en tu rigor!
Que a ti mismo no te aflija
tu desvanecido amor.
Y vivan tus hermosos ojos
para darme mil enojos.
Y muera tu confianza
que con prolija esperanza
vive ciega en sus antojos.
Y pues siendo peña a mis voces
me das los tormentos juntos
desde aquí hasta cuando goces
a Rolando, como puntos
corran las horas veloces.
Y en tu favor signos fijos
te den reinos, te den hijos
a tu ser y gracia iguales,
como vasallos leales
que vivas años prolijos.
Y a tus ciertas fianzas
el cielo rinda sus glorias,
de enemigos mil victorias,
y de Arnesto más venganzas.
Y que en ocasión tan fuerte,
cuanto contraria en mi suerte,
siendo mi propio homicida
solo pretenda tu vida
para que me des la muerte.
Y advierte que no me asombra,
tu sombra soy, y mi ser
no alcanza quien tal me nombra,
pues nada puede caber
entre la luz y su sombra.
Y aunque con ligeras faldas
corras prados de esmeraldas
o desatados cristales,
en tus bienes y en tus males
me has de hallar a tus espaldas.
Y que de ti seguro iré,
pues huir solo pretendes,
aunque claro en mí se ve
que a quien te sigue le ofendes
como quien no guarda fe.
Y pero será desconcierto
temer, aunque el daño es cierto,
que si a morir me condenas,
muerto me hallarán las penas,
pues estoy sin gloria muerto.
Y que a tu falsa opinión
en que a ti mismo te ciegas
entiendas la sinrazón,
cuerdo en la razón darás
olvido en tu perdición.
Y mira el medio que asegura
tu infalible desventura,
más que medio has de creer
atado a tu parecer
¿como suelto a tu locura?
Tal es. No te alabes de exceso,
que atado a sí me tendrá
por quien loco me confieso;
mas todo el mundo dirá
que por ti he perdido el seso,
y vuelto a sufrir mis daños,
me atreva a medios extraños.
Pero ¿de qué sirve aquí,
si el que se suelta de sí,
atado está entre engaños?
Salen Clabela, Celia y Guzmán.
Gran fe, mas cerró la puerta
amor a la compasión,
que con nuevo amor despierta;
que no admite su pasión
quien con otra se concierta.
Clabela al jardín salió.
Vete.
Vase.
Jamás ayudó
amor a mi pensamiento.
Siempre a mi duro tormento
mayores penas juntó.
¿Cómo que se haya partido
sin hablarme?
Que si te ofende
Filberto cuando pretende
su favor, muy cuerdo ha sido.
Quien bien quiere, huye la ofensa,
y agora de falso arguyes.
Que por oculto concierto
lo que debes advierto
a tu loco desatino;
y que si tú quisieras bien,
nunca a Filberto ofendieras,
luego sin razón esperas
galardón de tu desdén.
Sale un villano.
Este me mandó traer
en que de ti se despide,
y el que se despide, pide
licencia para volver.
Con este billete cobras
la pérdida de tu agravio,
que no se despide el sabio
sin palabras, sino en obras.
Ser lo que dices podrá;
mas si son de amor extremos
en el papel lo veremos.
Lee.
Dice, que qué verdad dirá.
En fin dudoso, en paso peregrino,
con luz confusa, en bárbara violencia,
obedeciendo mi fatal sentencia,
sigo, Clabela ingrata, mi camino.
El tiempo, la ocasión y mi destino
condenaron mi amor a tu inclemencia,
que no bastando humana resistencia,
la luz me niegas de tu sol divino.
Y yo como sombra sin la luz huyendo,
voy por fuerza de estrella que, culpado,
saco el rigor de mi cautiva suerte;
mas ¿dónde iré que viva, si muriendo
fiera me sigues, y huyo desdichado
de quien me da en la vida eterna muerte?
Con aqueste desengaño
qué dudas hay que poner
que mi desdicha, debe ser
autora de tanto daño.
Ya conoces que agraviada
fui causa de su destierro,
celosa, y doblado el yerro
que me castiga olvidada,
aunque de aquesto se infiere
que le desterró su culpa,
vuelva, que poca disculpa
satisface a quien bien quiere.
Vuelva, pues, satisfacción
da su desterrado intento,
que a tanto arrepentimiento
se debe tanto perdón.
Llámale, que ¿dónde hallaré
a quien de su bien huyó?,
y si el bien le desterró,
¿qué bien llevarle podré?
Mi Lucancio, que desterrado
de este reino y de sí mismo,
en qué región, en qué abismo
será de Guzmán hallado?
Si tanto a Clavela estima,
en Clavela se hallará,
que el amante más está
donde ama que donde anima.
Vamos, Laura,
que Filberto
con tanta resolución,
después que de ciega pasión
resultó su desconcierto,
Vase con Laura.
Sale Lucano...
Vamos a lo que hay que hacer,
Guzmán.
Vase con Guzmán.
Sale Rolando.
Por caso forzoso
goza Rolando dichoso
a Clavela por mujer,
y aunque según entendí
duraba en los dos el fuego,
su nuevo desasosiego
deshace el mal que temí.
Y aunque el ánimo se afloja,
con mil temores me empeño,
que en el bulto y más pequeño
ser Filberto se me antoja.
Y no duda puede haber
que por Lucancio juzgado
vengáis a palacio engañado,
nuevo ardid es menester
y que ya no puedo durar
con el disfraz que he fingido
por más que trato advertido
lo que me puede importar.
¡Cómo te vuelves, Filberto,
desterrado por Clavela!
Nuevo temor me desvela
por estar del caso incierto,
y fingiendo que no lo ignoro
haré mi camino llano.
Vales la pena, Lucano,
que me causa a quien adoro,
y aunque yo el agravio sienta,
pago que no merecí,
Señálela colgada dentro, y alce la tafeta.
cuanto ha pasado medí
y como el caso se cuenta
en repentina mudanza
de pasión, resuelta, nueva
de no visto desengaño
tuvo su ordinaria pena.
Premioste con Laura el rey,
mas desterróse Clavela
de su vista, que es decir
que del mundo se destierra,
que siendo soles sus dos
que los rayos al sol prestan,
donde estarán que no alumbren
partes de tanta belleza.
partiste al fin desterrado
por inviolable sentencia
y porque Rolando vivo,
a quien el rey hace fiestas,
honró su gran bizarría
admirando su presencia.
cartas que se aperciben
te darán ausente nueva,
pues mil fuegos nunca vistos
multiplicarán estrellas.
Y como lo mandas y has
sospechadas nuevas ciertas
de que murió tu nombre,
de que Rolando reina
y probó seguro sus armas
porque en breves esperas
mantener con su cuidado
la hermosura de Clavela.
y pero viéndola pasar
desarmarte pudo apenas
cuando a glorias con piedad
en cuerpo salió por vella
por mirar aquella banda
y el traje que nunca deja
se puso por no faltar
a la divina presencia
y pues porque de Vallecas
me mandas que presto vuelva,
para obedecer cual debo
me parto con tu licencia.
Quítase el capotillo y sombrero, y saca una banda, dejando por ella el luto.
Alejandro, Lauro y Manrique.
Rolando su traje toma
y de ficciones se deja
pues coges esta banda
de la ocasión la melena;
y de Filberto me desnudo
porque en mi forma primera
cuando Filberto viniere
pueda rendir su cautela,
y de mí mismo renací
y del luto por Clavela,
soy fénix de la esperanza,
que ya en posesión se trueca.
Y del que puede ofender
solo que un rigor enseña
mas conquista una venganza
que mil formadas quimeras.
Fui, vi, y vencí, César dijo,
y el billete sin ser César
fue y con su vista venció
su amor osada empresa
que como se despidió
desterrado de Clavela.
dando el pecho al desengaño,
se revocó la sentencia;
y deja, pues vuelve a mandar,
de Nolando la aparencia.
Si eres Filberto, ¿qué aguardas?
Nolando a tu engaño muera.
Consigo.
A ellos.
Vase.
Y de contrarios sucesos
mis sentidos se atropellan;
mi gusto me da esperanzas,
y mal creyéndola peor,
fingiré una traza nueva
con que, en no ser de Filberto,
Clavela y el Rey se ofendan;
y por donde la huerta tiene
más copada la arboleda,
daré principio a mi engaño.
Y agora como Filberto
daré a Guzmán la respuesta
de manera que mi traza
no reconozca Rugela.
Y las nuevas que traéis,
pues que a Filberto alegran,
contienen tanto secreto
que hay que reparar en ellas;
y porque mi desengaño
consiste solo en su prueba,
esperadme aquí, que voy
a certificar sospechas.
Sale el Rey, Bandurrio, todos.
Y quimera me ha parecido
su enigmática respuesta;
este es Filberto o Nolando,
no hay quien entenderlo pueda.
Y el que sale, ¿quién será?
Quién decírnoslo pudiera.
Si verdades ayer
el mismo Filberto, verdades,
y pídeme albricias, Guzmán,
pues trocada en glorias,
puedo contaros mis penas,
para enriquecer mis
del farol salió Clavela,
como el sol dando mil vidas
a quien goza su presencia;
y estándome desarmando,
voces me dio su belleza;
vista alegre, libertades,
dulce y de su muda lengua
esperanzas me vistieron,
desnudáronme de quejas.
Y ya Nolando vengo, al fin,
con esta, de sus pies, la oferta,
que hoy en burlas profeso;
y he de celebrar con veras,
y amigos, Nolando soy;
Filberto en Nolando muera,
si no es justo que se estime
lo que aborrece Clavela.
de este que del desengaño
de esta duda primera
que siempre dice verdades
quien siente de amor las penas.
Y por señor vuelve a entrar,
deja tus vanas quimeras,
que solo está obedecido
en Rolando en la apariencia.
Y luego Clarindo el aleve
y manda en suma que vuelvas
a trocar en posesión
la esperanza que destierras.
Y no busco desengaños,
dame a acabar lo que intentas
y aquí la venda aquí dejé.
Ya su virtud es tan buena
y el embozo se deshace,
vuelve a su primero traje.
Reconozca tu cautela,
y serás de hoy más
llamado de su nobleza.
Y si como Rolando gozo,
cuanto a Filberto se niega,
hasta ver el desengaño,
y de imitar su cautela,
Y para dar fin dichoso
a cuanto el amor desea,
la gente que tienes tuya
quiero que embista a Rosela,
y pida a voces de Rolando
la palabra que le quiebra,
ponga en arma la ciudad,
y a nuestros cuidados treguas.
Y el Rey, que agora estaba
dando a los suyos despachos y audiencia,
apenas habrá acabado
cuando mis agravios sienta.
Vamos, pues que aquí tendremos
yo y Rolando, gloria y pena,
el premio yo en mi verdad,
y el castigo en su cautela.
Fin de la segunda jornada.
Salen Celauro y Clavela.
Acaba ya de entenderme,
Celauro, mis penas oye,
si pensamientos vencidos
pueden salir vencedores.
Mi padre es el rey de Hungría,
cuyos antiguos blasones,
de nuestros enemigos,
hacen que tiemblen las torres.
Es tan grande su valor,
que en la fama de su nombre
se juzgan por muros fuertes
sus vistosos pabellones.
Hija, pues, de este prodigio,
que es asombro de los hombres,
soy, a fuerza de mi suerte,
Atlante de mis pasiones.
¿Quién dirá, quién lo creyera,
de un fuerte, de un pecho noble,
que produzca rendimientos
la mina de duros bronces?
Pues bien, ¿adónde te alargas?
¿Qué hipérboles? ¿Qué razones
con nuevas facilidades
tu entereza descomponen?
¿No publicas que el amor
en tus entrañas se esconde?
Pues, ¿cómo su efeto dudas,
porque te admiran sus golpes?
Si engendra el amor deseos
de inmortalizar valores,
tú, de tantos guarnecida,
no abatas lo que conoces.
Ni juzgues a rendimiento
batir reales pendones
a la corona imperial,
que es dueño de todo el orbe.
si la voluntad le admite
a su pasión tan conforme
que no le puede dejar
quien se rinde a sus acciones.
Marcha en orden, pues te llama
la caja de los temblores,
el pífaro de suspiros,
a sus batallas enormes.
No te acobarden los miedos
de soñadas ilusiones,
que es el principio de amar
principio de los temores.
Aprende bien su doctrina,
porque es cuando más socorre
bárbaro el trato de amor
para quien no le conoce.
Quieres a Filberto, y quieres
una deidad, que no es hombre,
quien es monstruo de firmeza
y digno de tus favores.
¿Qué dudas, pues?
Lo que afirma,
que en su ausencia me da voces
la fe que robada lleva
en sus fingidas razones.
¡Qué disfraces atrevidos,
o locas transformaciones
que en palacio no se vieron!
Mal mi crédito disponen.
Fingir con la semejanza
pudo Rolando traiciones,
mas imitarle Filberto
fuera aprobar sus errores.
¿No respondo a su papel
que viniera? Corresponde,
rebelde a su obligación.
No, Celauro, trato es doble.
Sale Filberto con banda.
Sigue a tu opinión atada
en pensamientos veloces,
pero teme la caída
de vuelo tan disconforme,
que, engañada en sus disfraces,
en tal peligro te pones,
y tu padre, también ciego,
con Rolando te despose.
Desterrado le mandaste
que volviera, obedecióte
mejor, pues no se ha partido
de tus dos hermosos soles.
Mas ya nuestro desengaño,
con mano abierta, propone
a la altivez de tus ojos
la humildad de sus pasiones.
Su abierta mano desmiente
a la banda en mudas voces;
oye a lo aparente ciego
sus justas satisfacciones.
Turbado entre engaños tales,
si animado de esperanzas,
miedos y alientos iguales,
aunque en cuenta no me alcances,
pago, por fin de mis males.
Por tu gusto desterrado
me partí, quedando armado,
contrastando en mi tormento
con fuerzas de sufrimiento
rigores de tu cuidado.
Lo que ha pasado en una hora,
sabes ya por relación,
y que Rolando, señora,
con vana transformación
por Filberto te enamora;
y que en mal tan infinito
también su fracaso imito,
que en ellos se confirma,
pues hago su ajena firma
con mi ajeno sobrescrito.
Solo de mi mano abierta
se colige la verdad,
y en sus rayas se ve cierta,
que en su propia calidad
mi ventura se concierta.
Con la cual de mi nobleza
dio muestras naturaleza
que entre penas y dolores
combatida de rigores
hizo raya mi firmeza.
Por quien la de mi ventura
en mi mano podrás ver,
y yo, si la fuerza dura,
entre las suyas tener
para mi buena coyuntura.
Con quien del amor tirano
salga contento y ufano
sin que el tiempo que me obliga
diga, que hago la baraja
con que entro a jugar de mano.
Responde, ¿has enmudecido?
Este es Filberto, ¿qué dudas?
Ya el desterrado ha venido
que con palabras desnudas
desmiente al traje vestido.
Con esa banda que ves
Celauro tomó al revés
tus consejos por mal sanos,
que son de Saúl las manos
si de Jacob la voz es.
Y si Nolando viniera
sin ella, no hiciera exceso.
Aparte.
¿Quién por Filberto le diera,
que la semejanza confiesa
con que el juicio suspendiera?
Y mientras de aqueste engaño
no resulta el desengaño,
conocerás de mi pecho
que huyo de mi provecho
por el miedo de mi daño.
Quiero le dar un mal rato
en pago del que me dio.
Mucho estimo tu recato,
mas advierte que soy yo
Filberto y no su retrato.
Juzga mi llano lenguaje;
a Filberto haces ultraje
con tu fingida maldad,
porque nunca la verdad
se vistió de ajeno traje.
Y así la banda descubre
lo que tu cautela cubre
cuando Filberto te nombra,
cual de pintura la sombra
que realza lo que encubre.
Y si pretendes favor
será para lo aparente.
Oye.
Di.
¿Tienes temor?
Turbarme el caso presente,
si bien me anima el amor.
¿Quieres?
Adoro.
Vive.
Muero.
¿Que quieres bien?
Tanto te quiero
que por el tiempo en que estoy
dejando de ser quien soy
como el ser que adoro infiero.
Pero ¿cómo se consiente
que la confusa largueza
me da en el tiempo presente
la altiva naturaleza,
me quite el bajo accidente?
Tu temor es desvarío,
pues nací con albedrío
para hacer y deshacer,
y todo mi altivo ser,
para ser tuyo fue mío.
Detente, airosa Clavela,
divino sol, no me abrases
sin deshacer la cautela,
si no es que con ella pases
la vida que me desvela.
Lo aparente es de Nolando,
y está Filberto hablando.
¿Quién vive en ti?
Mi Filberto.
Vida diste, si no a un muerto,
al que estaba ya espirando.
Mayor que conviene así
el disfraz sustentaré,
pues para ti y para mí
con mano abierta daré
señal de que vivo en ti.
Mirando dentro.
Y bien menester será,
pues Rolando sale acá.
Seremos en la ocasión
cada cual un Anfitrión.
Métese en el vestuario y desde allí mira Filberto a la otra puerta.
Mejor el tiempo lo hará,
a este lado te retira,
y entre la hiedra veremos
a dónde sus rayos gira.
No dudo yo que seremos
de sus pensamientos mira.
Cúbrese del todo Filberto.
Cúbrete más, no te vea
el que mis males desea.
Sale Rolando con banda.
Los balcones ha mirado,
y juzgo que su cuidado
en nuevo engaño se emplea.
Rolando, fuerza y valor
en ardides tan extraños
Mercurio me preste engaños,
Marte fuerzas, fuego amor.
Cesen las elocuciones,
la metáfora me deje,
que el bajo estilo es el eje
de mis nuevas ilusiones.
Que el Rey, que está dando audiencia,
como ignora mi concierto,
juzgándome por Filberto,
pronunciará su sentencia.
Aquí el álamo copado,
que a su muda espesura
hacen sombra a mi ventura,
dan esfuerzo a mi cuidado.
Aquí, sin que visto sea,
remediaré mi dolor,
pues con engaños de amor
mi espíritu se recrea.
Sin duda que nos ha visto.
Rolando, Filberto, escucha,
¿qué dices?
Sacando la cabeza.
Que el pecho lucha
con recelos que resisto.
Retírate más adentro,
que para el mal que amenaza
me fuera pública plaza
el más escondido centro.
Métese Filberto.
Sale Rolando.
Casa con tu miedo labras,
donde muera su sosiego;
¿no ves que es envidia el fuego
y son rayos sus palabras?
En alta voz.
Rey Tiberio, atento escucha
de un agraviado las quejas,
de tu ser obligaciones,
como de Filberto afrentas.
Dejé a Polonia mostrando,
cual príncipe de su tierra,
mis fuerzas en los peligros,
mi valor en las empresas.
Llegué a tu reino de Hungría,
favorecióme cautela
buscando yo con amor,
más que sus batallas, treguas.
Escuchando la corte
por mostrarle mi nobleza,
di con riendas al favor,
a mi libertad espuelas.
Pero el vulgo, que es un Argos,
aun de lo que no se piensa,
llenó, aumentando disgustos,
tu palacio de sospechas.
Con esto, y verte apretado
de la gente de Rosela,
a la infanta me ofreciste,
y a Rolando se la entregas.
Si no me siento agraviado,
siento faltas de tu oferta
en tiempo de guerras, fácil;
difícil cuando no hay guerras.
Rey, a reparar te he dicho,
Filberto en el campo espera,
que quiere con su valor
saldar tus reales quiebras.
Con esto, indignado el Rey,
atajará competencias,
y yo, entre árboles copados,
aseguraré sospechas.
Consigo y vase.
¿Qué de esta cautela adviertes?
¿Qué es lo que Rolando intenta?
Celauro, ¿qué te parece?
Salga Filberto.
Celauro, ¿qué me aconsejas?
No te descubras, Filberto,
ni te encubras de mis penas,
que, a no tenerte conmigo,
sin duda que aquí muriera.
No es tiempo de dilaciones,
vete a tu cuarto, Clavela,
porque el Rey saldrá indignado
de tan inaudita ofensa,
sin duda pretenderá,
como rey que está en su tierra,
ofendido de Filberto,
que Filberto al punto muera.
Si el que a preguntarte llega,
y aunque fingido hasta aquí,
Rolando he de ser por fuerza.
En su cuarto me entraré,
pues se le tan libre deja,
negarme no podrá
lo que me ofrece su puerta.
Quédate a Dios, mi Filberto.
Contigo voy, mi Clavela,
vete aprisa, que el Rey sale,
la puerta sin ruido cierra.
Vanse los dos.
Sale el Rey.
Si no me siento agraviado,
siento faltas de mi ofensa;
en tiempo de guerras fácil,
difícil cuando no hay guerras.
Repitiendo sus agravios
sale; quitaré sospechas,
sustentando en la ficción
mi más peligrosa empresa.
Vase.
Señalándolas.
En tiempo de guerras fácil,
difícil cuando no hay guerras.
A los pies de mi corona
derribaré su cabeza.
Tiberio, detente, aguarda,
llama a consejo de guerra
tus desterrados sentidos,
convoca las resistencias,
si es reo tu voluntad
la razón su fiscal sea,
y juzgue el entendimiento
lo que memoria refiera.
¿Qué dices? Habla, memoria,
que tu gusto se recrea
favoreciendo injusticias,
idolatrando quimeras.
¿Que Rolando con tu amparo
la fe prometida quiebra,
y puede hacer con tu hija
lo que hace con Rosela?
¿Que Filberto padeció
catorce años de pañal,
cual Jacob, pues te ha vencido
catorce campales guerras
que atestiguan los sentidos?
Oílo, vilo, en mis mesas,
se han saciado mis gustos
con la sal de sus proezas.
Odoríferos ungüentos
dan majestuosa muestra
del valor de sus hazañas,
de su liberal franqueza.
Alabanzas que en Hungría
publicó fama parlera,
a satisfacción de todos,
tocaron por mis manos mesmas.
Entendimiento, ¿qué juzgas?
Que me tienes, y me dejas,
que te sirvo y me abates,
que me llamas y desechas.
Libre pides mi consejo,
dándole me sujetas.
Sale Rolando con banda.
a la pasión que te rinde,
al gusto que te alimenta,
al imperio de tu gusto
se rinde cuanto deseas,
y compras tu libertad
con la sangre de tus venas.
No eres rey, pues todo es tuyo,
a nadie compres tu hacienda.
Mas nótese todo, advierte
que has de dar de todo cuenta,
ajustando calidades.
No remitas tus audiencias
pues que ninguno es más digno
del cetro que Dios te entrega.
Juzga los merecimientos,
y a los conocidos premia,
sin que pasiones injustas
tus satisfacciones tuerzan.
Válame Dios, no soy rey.
¡Qué confusión me atormenta!
La máquina se derriba
de la cumbre de que espera.
Arte de reinar, efeto
más de oírme que es mi ofensa.
En tiempos de guerras, fácil;
difícil cuando no hay guerras.
Lágrimas de honor, tristes querellas,
siguen mucho gemido;
y el cielo condolido
baja a lo hondo y sube a las estrellas,
y abatido se atreve tu cuidado.
¿Qué te parece, di, qué te parece,
Rolando, mi desdicha?
Que destierra la dicha
cuando tu reino fía, valor ofrece,
y para tal afrenta
manos te expone, término te ostenta.
¿Escuchaste, señor, adonde estaba
atrevida la lengua
que ha causado mi mengua
y por quien el nombre de Tiberio acaba?
Si mi agravio viste,
¿cómo medir su paso no seguiste?
Nube cargada vi de horrendos rayos,
que al dormido desvela,
donde sale Clavela
calzada abriles, y vestida mayos,
y hace a su rostro hermoso
jayán membrudo, sitial umbroso,
adonde coronada su belleza
con bóvedas de sombras,
huella verdes alfombras,
motes le ostenta el fresno en su corteza,
y al amante reclamo
músicas hojas viste el menor ramo.
Aquí pues, donde líquida Aretusa
de su nombre robado
mil indicios ha dado,
cercada, cuando tu paciencia acusa
cuantos muros de líquidos cristales,
Filberto aquí, y Clavela...
¿Qué de flores?
Me promete ese abismo,
el un infierno mismo,
y ella la misma pompa de las flores,
esponja de los mayos,
y esfera hermosa de los bellos rayos;
Clavela no presente, imaginada
sí, por mi desventura,
piadosa su hermosura,
principio fue de la traición pensada;
vista por los reflejos
del agua, que hace a su hermosura espejos,
con segunda, en el caso no previsto,
intención atrevida
siguiendo su partida,
mi confusión con ánimo resisto,
y a su paso más lento
fue tardo el más ligero pensamiento,
que veloz en carrera prodigiosa,
buscando tus palacios,
sincopó los espacios,
y en confusión de vista judiciosa
fue el jardín de la infanta
frondosa meta de carrera tanta.
Y ya escondido, si de mí buscado,
por prados de esmeraldas,
me mostró en sus espaldas
la verdad que mi rostro te ha negado:
mi traje propio viste.
Cuerda se pone que a mi ser resiste,
con ella de mi cuarto apoderado.
Él, ya Rolando nuevo,
a cobrar no me atrevo
mi propio ser, del suyo derribado.
Júzgame ya por muerto,
si Rolando no soy, ni soy Filberto.
¿Qué me dices, Rolando?
Lo que escuchas.
¿Cómo por ello paso,
si es ayudado el caso
de atrevimientos y sinrazones muchas?
Vete a su cuarto luego,
inquiere la verdad.
Vase.
Será con fuego.
Sale Lucano.
¡Ay, sucesos más extraños!
Volvamos a nuestra historia;
memoria, no haces memoria
destos enormes engaños,
que aquesto a un rey se le encubre.
Sabré deste lo que siente,
que mejor la humilde gente
cualquiera cosa descubre.
Y Rolando, ¿dónde ha ido?
Señor, aquí dentro está.
¿Cómo?
Aquí fuera saldrá
como dello seas servido.
El que habla con su rey
ha de ajustar la verdad,
porque es tal su calidad
que es la razón de la ley;
y no será excusa buena
decir que dentro le viste,
si de vista le perdiste
y el suceso te condena.
En este punto me habló;
mira cómo puede ser
que yo dentro pueda ver
al que fuera se partió.
No debe más la nobleza
por que más contigo valga
que certificar hidalga
verdad con su cabeza;
si aquesto no fuere así,
con ella te pagaré.
Aparte.
Verdad, ¿dónde te hallaré,
si no lo fue la que vi?
Advierte y guarda secreto:
que Filberto dicen que anda
como Rolando con banda.
Será causa sin efeto,
porque, aunque así pasa,
solo valdrá con extraños,
no conmigo, que ha veinte años
que como el pan de su casa;
porque, aunque en la composición
cuerpo y rostro nos ofrece
a Rolando, no parece
ser suya la condición.
En un hora bien podrá
su semejanza engañarte.
Y yo puedo asegurarte
que a mí no me engañará.
Sale Arnaldo.
Vase Lucano.
Pues con aquesto seguro,
éntrate y guarda la puerta,
mientras averiguo cierta
la que ser verdad procuro.
Salgo confuso a buscarte
por la nueva que me ha dado
Rolando, hállote turbado,
y quisiera aconsejarte
que de la vez que escuché,
que te dio tantas voces
con anhelitos veloces,
lo que siento te diré.
Lo primero, es caso feo
sentir con falsa opinión,
que allega la presunción
adonde no allega el deseo.
La humanidad de Filberto
conserva con sus amigos
el castigar enemigos
y ponellos en concierto;
no solo en partes que en todo
a su falsa voz desdice,
y mejor me satisface
y de la arrogancia el modo;
como noble se disculpa
ese crédito que das;
pero, como Rey estás
cargado de mayor culpa.
Anda, inquiere, solicita
dónde, cómo y el porqué;
procura saber quién fue,
quién así se precipita.
No lo dejes sin buscar
la causa de que nació,
como la mano que vio
en su pared Baltasar.
Rolando, que no es afecto
a Filberto, puede ser
le quiera descomponer
por su amoroso respecto.
Príncipe de Dinamarca
soy, como tal te aconsejo;
aunque mozo, al no ser viejo,
supla el estar sin pasión.
Arnesto, sangre real
que tus venas alimenta,
a la mía representa
en mucho bien, mucho mal;
y pues que así me aconsejas,
condolido en mis enojos,
averigüenme tus ojos
quién fue causa de mis quejas.
Al Rolando que te habló
me busca, que es lo más cierto,
sea Rolando o Filberto
que en su cuarto se encerró.
Sale Guzmán.
Que venga. Yo, Señor, lo haré;
Vase.
Guzmán.
¿Señor?
¿Has oído
lo que por Tiberio pasa?
Cuantos viven en real casa
de aquesta voz se han sentido.
Di el nombre del que se atreve
al peligro de su vida,
que el premio tendrás, oída
la verdad que se me debe.
No te turbe el ser criado
de Filberto, habla verdad,
y haréte, entre calidad
de mayores, invidiado.
A dos puntos de importancia,
que tocas, responder quiero,
como el premio lisonjero
que me ofrece mi ganancia.
El segundo es la verdad,
que es atributo de Dios,
y cualquiera de los dos
tiene esta dificultad.
Recorre las puertas.
El del premio, aguarda un poco;
queda aquí, quiero mirar
si nos pueden escuchar
la alta materia que toco.
Pues, ¿qué recelas? ¿del qué?
Que al retintín de mercedes
oyen las sordas paredes
y de todos te dan fe.
Ya que ofreces y has de dar
como rey tu galardón,
no sea con remisiones
que los suelen acortar;
y aun con esto al que ha servido,
halla que, cercenado
y no del todo quitado,
lleva el premio prometido.
Perdona mi suerte corta
en caso que ansí no cabe,
que tal vez quien menos sabe
dice lo que más importa;
si yo te digo a qué
obres con advertencia,
sacarás la quintaesencia
de lo posible en ti.
y no espero a que me mandes
proseguir, presta atención;
oye que da el galardón
envidia a chicos y grandes,
Si a vista de tu valor
o sacada compasión,
no quites el galardón
y gala da de tu cordura,
y si el cielo te viene a dar
con tal poder, ni un día lleno
no pierdas el tiempo bueno
por solo un particular.
Pues cuando menos, ¿en quién
no tiene mi gracia efeto?
Decir el cuándo prometo,
y decir en quién también.
De Filberto te obligaste,
la infanta le prometiste,
a Rolando fe le diste;
cuándo y en quién, olvidaste.
Pues Filberto no dejó
por Laura ese casamiento.
Más fondo tiene el cimiento
que esta torre levanta.
Muéstrame, Guzmán, despacio
esa verdad imposible .
Dices bien que es imposible
que pueda entrar en palacio;
y esto a la razón admira,
que el campo es pura bondad,
palacio de la verdad,
y el pueblo de la mentira.
Desentierra el codicioso
aquí tesoros extraños,
aquí rinden con engaños
al humilde el poderoso;
a mil maldades se atreve
el indigno con su amparo,
y compra el vicio, aunque caro,
lo que de gracia se debe.
Al pobre nada le cabe
porque anda el mundo al revés;
no lo sabe el rey, porque es
quien nada de aquesto sabe;
en los engaños se ceba,
y crédito a lisonjados,
que de tantos adulado
lo que no conoce aprueba.
Y así conviene se aloje
el rey, a ver y entender
que a veces ha menester
del pueblo que el rey se enoje;
que cuando se precipite
a ser con los dignos largo,
no será ninguno su cargo
y eslo el daño que permite.
Pues ¿qué tiene esto que ver
con los condes sobre eso?
Todo es suyo,
y le vengo a convencer
por humano te gobiernas
cuanto tiene la envidia,
con que en los súbditos crías
enemistades eternas;
a su gusto hace y deshace,
y al tuyo; temo en mi error
decir que el suyo mayor
más a ti te satisface.
Porque faltando a Risela,
que él sigue como ves,
con dejar de ser quien es
tú le premias con Clavela.
Y esto dejó concertado,
fingiendo ser Filberto,
cuando de su desconcierto
quedaste, Rey, tan pagado,
como Clavela indignada,
vista la nueva elección,
y con la transformación
como todos engañada.
Y cuando hubiera imitado
Filberto tanta cautela,
ni se agraviara Clavela,
ni se ofendiera tu estado,
y cualquiera le juzgara
por valiente y buen guerrero,
y la culpa del primero
al segundo disculpara;
luego ya con calidad
tu duda está respondida,
con que no hay merced cumplida,
ni conocida verdad.
Mas esta vez que me toca,
pues tu oferta me engrandece,
lo que tu mano me ofrece
quiero saber de tu boca.
De oráculos fue respuesta
según el pronto rodeo.
Mas con todo quiero sea
que soy señor de la floresta.
Por lo que no he merecido,
te debo, así, señor,
que esta floresta no es flor,
sino fruto conocido
en el mar tempestuoso,
donde la suerte importuna,
con la contraria fortuna,
Santelmo eres glorioso.
Mil años Tiberio viva,
pues ha sido en mi trabajo
nueva paloma que trajo
rama del iris la oliva.
Sale Filberto con banda. Lucano.
A la cual consagro altares,
satisfecho que ha de dar
su copioso olivar
fructuosos olivares.
Este que, parte de tu gran palacio,
sirvió de gran aposento, en breve espacio,
gracia de pechos mucho generosos,
atalaya de fe, cuenta despacio
lo que de prisa ofende su reposo;
la voz que oí, sin caso, y a vuelta
peinar el viento, fatigar la selva.
Donde espumosa y líquida Aretusa
los pies de su casta argenta a la deidad,
que adonde con verdad se escusa,
circunda, baña cuadros de beldad,
anhelito apretado, veloz fuga,
falsa proposición, neta verdad,
sin que la fuente, sin que la alta roca,
fuesen mordaza de la horrenda boca.
Monstruo, que formidable de la tierra,
con cuyo torpe son la altiva sierra
sin manos de valor, publicó guerra,
con tan majestuosos de la sed
que ser quisiera la encumbrada roca
breve flor, yerba humilde, tierra poca.
Esto, Celauro, aquesto vio Clavela,
y yo también de tanto desconcierto
testigo fui en el mal que me desvela,
porque así sé más del caso cierto;
cada cual de los tres fiel centinela
absuelve de la culpa a Filberto,
cuyas costumbres y virtuosas acciones
dan inculpables de sus presunciones.
Ya de todos su ser es conocido.
Príncipe de Polonia, no presuma
que deje cuervos a la águila atrevido
vuelos, y envidien sus altivas plumas.
Tú con Clavela, y con Celauro has sido
testigos, y aun si hablaran las espumas,
los cipreses, las yedras y rocas altas,
la cortedad suplieran de mis faltas.
¡Qué caos de confusión, qué laberinto,
que informado de tantos me divierte!
Máquina grande en términos sucinto
pretende derribar mi altiva suerte,
que Dédalo prestarme puede instinto
para que en caso tan dudoso acierte.
Quítase la banda, y dala al Rey.
Rolando dice la verdad en todo,
y yo confieso, a nada me acomodo.
Ahora bien deshacemos este enredo,
esa banda, Rey, tomad por mi gusto,
que lo que solo conocer no puedo,
que el reino todo lo conozca es justo;
vendrá el duque Rolando, que da miedo
el proponer un caso tan injusto,
y como ignore lo que aquí ha pasado,
dando traza dará de su cuidado.
Anda, búscale tú, Liseno amigo.
Aunque castigo queda, te absuelvo.
Clavela depondrá que fue testigo.
Y de la infanta al parecer me resuelvo.
Ven luego a mi aposento, y al punto sigo.
Vase.
Y para el de la infanta voy, y te agradezco
el haberte quitado aquesta banda.
Hago con gusto cuanto el Rey me manda.
Guzmán, este es el estado
de mi grave enfermedad;
si el caso es felicidad,
es prodigio deseado.
Mira si a don Rolando ves
y detenerle procura
mientras mi bien se asegura,
sin que el parabién me des.
De que hay muchas contar
y de que hacer mucha fiesta,
soy señor de la floresta
que he comenzado a privar;
y es tal la ventura mía
que, como ya señor soy,
si llega figura, estoy
a pique de señoría;
o si llega jugador
que me despinte en figura,
¡qué lástima es, o más ventura
que no el ser sin valor!
Esto acontecer solía
parte del siglo pasado,
que alguno ni aun antojado
se privó del bien que había;
y hay otros que no publico,
sin premio, aunque se encumbraron,
pues los que más ganaron
la bandera del Rey chico.
Vase.
Ya eres historial,
haz lo que digo.
Camina,
y en tu empresa peregrina
te dé el cielo su favor,
pues le has menester, Filberto,
donde la empresa es tan alta
que el más dispuesto le falta
y sobra el peligro cierto.
Mas volviendo a la materia,
conviene, señor Guzmán,
según las cosas están,
desterrar una miseria.
Y que se destierre se entiende,
no solamente destierro,
sino un perpetuo encierro
sea de lo que os ofende.
Sale Ludovico con Lucano.
estimas y en el favor,
que como a noble os estima,
porque un señor sin estima
no se ha de llamar señor.
Pues en su gracia os emplea
el Rey, andad con cuidado,
sin que ocupe vuestro lado
quien Duque, o Conde no sea.
Subid nuevo Ganimedes,
y repulsando cortesías,
suspended las señorías,
regatead las mercedes.
Y pues el odio es forzoso
en el desprecio de iguales,
los verbos impersonales
os harán menos odioso;
trataréis con acedía
al que presume encumbrado,
y de vos al titulado
que os niegue la señoría.
quitar sombrero, a su Alteza,
y a pocos, y a eso es el toque,
o él le va, como os provoque,
el valor de su grandeza,
castigando al que se ofrece,
pues en cautelas metido
lo que por ti ha merecido,
por sus obras desmerece.
Paséase.
De la rústica greña en lo más culto,
Áspid salió que por ameno prado
donde sino lascivo, derramado,
iracundo se muestra, que es veneno
por mal de quien le trujo a su estado.
Vive ofendido en el incauto seno
que Argos es siempre, atento su semblante,
al eco de la voz del prado ameno.
Con brújula del caso vigilante,
lince del fin, penetrador se piensa
cinabro, bronce o muro de diamante.
Ya su acierto en fortuna más suspensa,
el sueño de mis miembros sacudido,
recibirá el castigo de mi ofensa,
que por mi engaño el Rey quiere ofendido,
seguros prevenirle fuertes lazos,
a mi gloria y su pena conducido.
De amor lascivo el yugo hecho pedazos
destrozará, según de Venus celos,
pámpanos cristalinos, tiernos brazos.
Perdóname, prodigio de los cielos,
admíteme por santo de la tierra,
oye libre juez de mis desvelos.
Quién con tan altas voces me da guerra,
y refiriendo penas desiguales
solo con verme a mí, notas de tierra?
Quién será sino yo, que en daños tales,
si príncipe, si fuerte, si animoso,
iguales a mis bienes, son mis males.
Sale Lucano.
O príncipe de sangre generoso,
cúbrase Vuestra Alteza, no sea descubierto,
siempre estoy que así tan forzoso,
Perdóname que mucho desconcierto,
¿cómo Guzmán ha sido esta flaqueza?
¿cómo en la presunción no andáis despierto?
Estando prevenido, mi Alteza
¿anteponéis crianzas?, sea primilla
abatida causa vuestra nobleza.
Con este que de engaños y malicias
no hacéis la vista gorda esperanza
levantará vuestra intención sencilla.
Aqueste no es Guzmán, pues que mudanza
su ser humilde tanto desvanece
que halla el sol desde el suelo que le alcanza.
Mal os da a conocer, el que merece
castigo justo, pues vos en Roberto
acciones con las de Guzmán ofrece.
Que aqueste Lucano sea, un desconcierto
indigno de su Alteza, nadie escucha
que yo no esté de que se engañe cierto.
Que si vano en tu corte se lucha
por parecer, no sé de qué turbado
te trae Lucano tu ignorancia mucha.
¿Bastará aquesta seña? Pues condenado
me tiene la razón, señor, perdona,
que la gran semejanza me ha engañado.
Advierte que peligra tu corona
si no te quitas esa banda luego,
con que desacreditas tu persona.
El rey, que vive falto de sosiego,
se la quitó a Filberto porque duda
cuál sea Rolando en semejanza ciego,
y yo también asiese en esa duda,
como que en un hora esto ha pasado,
traigo con vista ciega lengua muda.
Mas con tu seña ya desengañado,
Rolando, acudo para que se vea
sin ilusión tu intento bien logrado.
El rey mandó llamarte; él te desea,
para que la verdad de aqueste engaño
a los dos presentes, una sola sea.
Quítase la banda.
En tus altares cuelgo el desengaño,
dueño propiciario de mis quejas,
o causa dulce de mi mal extraño.
Cuando llevados mis suspiros dejes
del viento vago, más te alejas,
mas entonces te busco y más me dejas.
Ni soy Rolando, ni a Filberto imito,
rendido a la fuerza de tu gusto,
y donde pierda, mísero, me precipito.
Salen el rey, Claudio y Laura.
En Rolando ha de ser de aquesto oculto,
que bien conocerás, aunque en disfraces,
cuál suyo proceder su talle augusto.
Pues tú dello, señor, te satisfaces,
ley será para mí, mal saneado,
y bien que aqueste en redes desenlaces.
Guzmán, prosigue, ayuda a mis cuidados,
descubre la verdad, quita la duda,
conocerélos juntos, no apartados.
Y aun así la mentira que se muda
trajes diversos, engañarnos puede,
no la verdad que siempre está desnuda.
Busca a la falta, porque desenrede
tu luz también aqueste laberinto,
y a Rolando sin cautela quede.
Quien sino yo con término sucinto
con claro testimonio de presencias
dividiros el caso de caras distinto.
Vanse Guzmán y Lucano.
Sale Celauro.
El tiempo, que es juez de más prudencias,
siendo esta queja de la cual vive injusta,
pechos culpados su castigo esperan.
Cauteloso Rolando se aperciba;
Tiberio defensor tome la empresa.
Repárese con prisa el real palacio,
pues que dan ya rendidas las almenas;
retirado el bastón jamás vencido,
corrido el estandarte y sus banderas,
rotas las cajas, atabales, pífanos,
mudas de ensangrentadas las trompetas.
Tomada la ocasión a los caballos,
cercado por el fuerte, al fin, las fuerzas,
porque sangriento el enemigo encalza,
en quien el estupendo Marte suena,
solo venganza entre el confuso ruido,
que del trueno del rayo de Rosela
a Tiberio amenaza con ruinas,
o le absuelve excusado en la defensa
como Rolando se le entregue vivo,
o se le dé cortada su cabeza.
Rey poderoso, quien como Rolando
remedio puede ser de tanta pena,
si entre amenazas de enemigos tales
es forzoso Jonás de la tormenta,
hable por ti, descubra pues Filberto,
y si es Rolando, como aquí se piensa:
o bien armado al enemigo salga,
o bien humilde lo que debe ofrezca.
desdize a este agravio, o es victoria
al premio justo que le ofreces cobra su reino
pues no es bien que le des, conmigo enlace,
perpetuo amparo de su injusta guerra.
Razón sobra, Rolando, en lo que escuchas;
sal, con valor embiste, con mis fuerzas;
o bien satisfaciendo la palabra,
o bien tornando libre de su queja.
Más peligros has, Rosela , en lo que encubre
mal respiro en callar lo que cautela;
y que dejarás mi palabra libre,
pues no es tu agraviada menos fiera.
Esto digo en secreto, y en voz alta
en tu nombre, y también de la princesa.
Oye en las manos de su acerba muerte
de cisne amante voces postrimeras.
¡Oh, suavidad hermosa de claveles,
que la aurora tronchó!, dulce Clavela,
nacida hija del mar a mis gemidos,
hurtada siempre a mis amargas quejas,
si antes que el ser que tengo, te ofreciese
por elección, palabra di, a ti sola,
recibe el alma, que el alma es tuya,
sin ella el cuerpo pagará su deuda.
Por tu gusto a mi muerte voluntaria
me lleva Amor, obligación me fuerza
donde mi intento justo, conocido,
vida inmortal la muerte me apareja.
Sale Arnesto.
¡Cómo, Tiberio, vives descuidado!
Las armas toma, tu valor apresta,
que hasta las mismas puertas de palacio
conoció el rigor de suerte adversa.
Ya Rolando, del bien desesperado,
se arrojó nuevo Curcio a la caverna.
Celauro, mudo obligo, si troyano
aguarda, espera,
que aun de verte no quiero que me encubras,
no se halle Tiberio en tu presencia,
tomársele a Rolando, que es su amparo,
de mis soldados el rumor sosiega,
tu piedad me hace tuyo, a ti me ofrezco.
Vase Rolando.
Y partió.
Acertaste a mi cautela,
señora, disfrazada en mi palacio,
encubierta de mí tanta grandeza.
La ocasión es forzosa, honor obliga,
que es quien dificultades atropella.
Sale Guzmán.
Aquí de la farsa piadosa
que conserva la esperanza,
si es guerrera semejanza
cual comparación odiosa.
Al campo.
Llegó Filberto
y por Rolando juzgado
fue de todos apretado
tal que le juzgan por muerto
sin darle lugar de vuelta
al rigor de su agonía
ser el que paces pronuncia
el señor de la floresta.
Filberto, ¿qué dices? Habla,
que en las ondas sumergido
a su puerto conducido
salí de en mí que fui su tabla.
Sale Lucano.
Con nuevas y locuciones
la suerte nos ha asombrado
sí, señor, que esto ha obrado
de las pasadas ficciones.
Apenas llegó Rolando
con el sello de Rosela
cuando todo el campo vuela
su ruina procurando.
Sale Filberto.
y suerte no merecida,
detuvo fiero concierto,
pues valeroso Filberto
libró de muerte su vida.
Si fuiste por ayudarte
de mi secreto servida,
por resuelta conocida
el parabién quiero darte.
Pues que Rolando tu efeto
viene con tu general,
y para fin de mi mal,
será su esposo.
¡Dichoso!
de mi Clavela.
A tus pies
me humillo alegre y contento,
que es mío el vencimiento,
y de Amor el triunfo es.
Ya, según Filberto dice,
viene Rolando, señor;
quiero pedirte un favor
que del caso no desdice.
Y es tratando de verdad,
nacida de tus pasiones,
que Rolando y sus ficciones
pervierten mi voluntad.
Y pues es mío Filberto,
y yo, con licencia tuya,
vengo también a ser suya,
no juzgues a desconcierto
que hagamos yo y él ausencia,
que por los pasados daños
temo que nuevos engaños
me ofendan con su presencia.
Justo ruego, celo justo.
Todo, por ti lo mereces.
Vanse Filberto y Clavela.
Al bien que a entrambos ofreces
sacrificamos el gusto.
Yo testigo vengo a ser
de su gloria y de mi pena;
Salen Rolando, Ascanio y Silvestre.
causa el tiempo que condena,
favorable suele ser.
Déjale que agora corra
al gusto de quien le rige,
que acaso el que así te aflige
podrá ser que te socorra.
Ya, señor, Rolando llega.
Libre de su cautiverio,
y en presencia de Tiberio
a su dosel se le entrega.
Toma el sello de tus armas,
pues besado te da el sello
tu marido...
Da la mano a Ernesto.
Y aun de sello,
con dármele te desarmas,
habrás entendido en esto,
que, como supe escuchar,
te he sabido conquistar,
y dejarte por Ernesto.
Vaya por—
Y yo tan tuyo
como sabes de mi fe,
con lo cual decir podré:
esclavo soy, pero cuyo,
sin mi suerte no alcanzo.
Ser de Clavela mi ser,
pues que tuyo haya de ser,
esto solo diré yo.
Todo mi ser se acabó.
Pues no puedo ser sin sello,
aunque quiera ser aquello
que mío soy me mandó.
Mas con aquesto concluyo,
por quien la muerte me da
que nadie el caso sabrá,
que no diga que soy suyo.
Pues aqueste ser finge,
si no Lauro, Laura tiene,
que porque a todos conviene
desde hoy será su mujer.
Aunque le deje desvela,
al intento no resisto,
que con aquesto se ha visto
el castigo en su cautela.
Finis.