Texto digital

Texto digital de El toreador

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Pedro Calderón de la Barca
Atribución estilometría
No analizada No concluyente
Género
Entremés
Procedencia
El texto ha sido preparado por Iván Rodríguez Caballero.

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Cita sugerida

Gómez Caballero, Iván. Texto digital de El toreador. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/toreador-el.

EL TOREADOR

De los desdenes de Gila ¡qué enfermo que anda Pascual! ¿Cómo ha de sanar si es ella la cura y la enfermedad?1 ¡Ay amor, ay deseos, ay cuidado! ¿Qué queréis de un varón enamorado? ¡Ay que bochorno el alma me penetra! No cantéis más y proseguid la letra. Gila es su muerte y su vida y no se la quieren dar: desdichado del que vive por ajena voluntad. ¡Ay, que rabio de amor otra vez digo: llamadme un confesor, Dios sea conmigo! Señor... En un varón es indecencia tener dañada un punto la conciencia2. ¿Queréis que canten más? ¡Ira inhumana! Los músicos echad por la ventana, que cuando un gran señor está llorando no han de estar cuatro pícaros cantando. Dejadme solo. Ya te obedecemos. ¡Ay cuidado, ay amor! Mucho tenemos que consultar los dos. Espera, aguarda. ¡Ay ingrata y cruel doña Bernarda! ¡Oh, nunca dueño ingrato, viera en las covachuelas tu retrato! ¡Ay, Dios mío de mi alma, que me muero totalmente de amor! [...] Un caballero te quiere hablar y está gran prisa dando. Decid que aguarde, que me estoy quejando. Él sale, detenerle ha sido en vano. ¡Que aún suspirar no dejen a un cristiano! Primo del alma mía, abrazadme esta vez en cortesía, y agradecedme [...] haberos conocido. ¡Jesús, primillo, lo que habéis crecido! Yo me acuerdo de veros tamañito, vestido a lo alemán de frailecito. Primo, no caigo en vos. ¿Se os ha olvidado? ¡Abrazadme otra vez muy apretado! Hombre, si eres mi primo como dices, los primos no remachan las narices. ¡Cómo si sois mi primo! ¿Hay tal enredo? Por línea recta vuestra casa heredo, y si acaso morís abintestato yo soy el sucesor más inmediato. ¿Tenéis hijos, primillo, para verlos? Ando tratando agora de tenerlos. [...] En fin, ¿vos me heredáis? Eso está llano. Digo que sois mi primo, y aun mi hermano. Primo... ¿Qué me queréis? (¡pasiones fieras!) Vuestra mala color, vuestras ojeras me dan noticias de que andáis inquieto. Estoy enamorado de secreto. ¿Con aquesa pasión vuestro amor lucha? ¿Enamorado vos? ¿Es cosa mucha? Demos cuatro paseos, y decidme, por Dios vuestros deseos, que de veros tan flaco me lastimo. Pasa adelante. [...] Como digo, primo, yo quiero bien a una mujer tan bella que no me falta más que conocella. ¿Sin verlas hay quien quiera a las mujeres? Señor mío, este amor fue por poderes. ¿Y ella es hermosa? ¡Ay, primo, es muy perfecta! ¿Y habeisla escrito? Sí, por la estafeta. ¿Y es rica? Tiene muebles y raíces. (¿Qué me queréis, memorias infelices?) ¡Ay, primo, que me abraso! ¡Yo estoy loco! [...] ¿Qué queréis? Llorar un poco. Que son congojas, Dios os las reciba. Son flatos que el amor me sube arriba. ¿Un hombre de ese talle tiene enojos? ¿Lloro yo con el talle o con los ojos? Ahora, primo, los primos concernientes diz que están en un tris de ser parientes. Yo estoy enamorado que es un juicio4, no es mucho en un señor tener un vicio; [...] aquella hermosa fiera en una reja dice que me espera, y habéis de acompañarme aquesta noche. Digo que iré con vos; pongan el coche. ¿El coche? Sí, ¿en aqueso qué se pierde? No es posible. ¿Por qué? [...] Le tengo en verde5. ¿Para qué es toda aquesa carambola? Primo, vamos aprisa. Vamos. ¡Hola! recado de rondar de la armería, Don julio. Ya le tiene aquí vusía. ¿Dónde pondré el broquel? Siempre os lo acuerdo, ponédmelo delante, al lado izquierdo Ea, primo, ya estamos en la calle. Primillo. ¿Qué decís? ¿Es alto el talle? Digo que sois jarifo de estatura. Eso, quiébrome yo por la cintura. ¿Está la casa muy lejos? Ya hemos llegado al balcón. Cé [...], ¿es Don Cosme Rana? Malo, ¡por Dios que me conoció! ¿Hay lance más apretado? Don Cosme, mi bien... ¡Ay Dios que me requiebra! Yo llego aunque aventure el honor. ¿Sois doña Bernarda entera? ¿Y vos sois don Cosme? Soy. Llegad, primillo, más cerca, reparad con atención la perspectiva, el modelo del rostro que Dios la dio6. Yo estoy de prisa don Cosme: no ignora vuestro valor [...] que hay toros mañana. Sí, que os he alquilado un balcón. Lo que habéis de hacer por mí, si es que os obliga mi amor es torear en mi nombre7. No es posible. ¿Cómo no? Porque me halló con mal pulso esta mañana el Doctor. Pues don Cosme ¡vive el Cielo! que esta es ya resolución: o torear o perderme, miraldo más bien, y adiós. Cierto que habéis andado muy grosero. No pude más, a fe de caballero. Para no torear ¿qué os embaraza? Primo, yo no me siento hombre de plaza. Ya es ésta en vos obligación precisa. Rabiando estáis por heredarme aprisa. Pesado sois, por Dios, sin ser de plomo. Digo que torearé, mas no sé cómo. Lo primero, con garbo y con denuedo, es entrar por la puerta de Toledo8, irse al balcón del Rey con gallardía, [...] hacerle una profunda cortesía, luego a las damas otras muy perfetas. Esas son cortesías con corvetas. Terciar la capa con gentil decoro, empuñar el rejón, salir el toro, aguardarle cubierto, darle en la nuca y ¡zas! dejarle muerto. Que aquesto hecho con modo y sin recelos parecerá, don Cosme, de los cielos9. Y si el toro se tarda descuidado, ¿es cosa de enviarle yo un recado? ¿Tenéis caballos? Eso me desvela, no tengo más que el cisne, el valenzuela, y un rucio del que vivo satisfecho. En él haréis la entrada. No está hecho, mas es bestia de lindos desengaños. ¿Qué edad? Cumplió estas hierbas cuarenta años10. Vamos (hoy llevará el menguado carda11.) ¡Ah, lo que puede en mí doña Bernarda! Amigas, no lo creo, aunque llegamos, ¡gracias a Dios que en el balcón estamos! Día de juicio es toros en la villa. ¡Jesús, y qué penosa escalerilla! Yo vengo muerta a puros empellones. Yo de subir trescientos escalones. Amigas, aún me dura el sobresalto. ¡Jesús, no más balcón en cuarto alto! aunque de haberle hallado estoy ufana porque, como sabéis, don Cosme Rana13 torea, y en aquestas ocasiones valen cuatro doblados los balcones14. Los mantos os quitad, que os embarazan. ¡Qué hermosa está la plaza! Sentémonos15. ¿Oyes? A muy buen tiempo hemos llegado16. ¿Por qué? Porque ya el Rey está sentado17. Ya la guardia despeja. ¡Qué bizarros! El gusto, amigas, es ver regar los carros18. ¡Vítor, don Cosme! Él sale, verlo es vicio. Amigas, hoy será día de juicio. Primo... Bizarro vais. Con gran cuidado tenedme un confesor asalariado21, que a cada suerte, confesarme quiero. Pues ¿eso ha de decir un caballero? Puede darme, mirando mi conciencia, que me suba a un tablado en penitencia. ¿Y la honra, el honor? ¿Eso os escucho? Bien decís: el honor me aprieta mucho. En aqueste tablado estoy, amigo. Ello ha de ser, pues Dios vaya conmigo. Hacia el Rey va llegando, verle es vicio22. Señor, yo soy un toreador novicio, por la Pasión de Dios, que se dé traza para que me despejen de la plaza. Vos, Señora, rogádselo en secreto, porque al presente estoy en grande aprieto. ¿Calláis? Pues me remito a dalle un memorial al Principito. ¿No me oye su merced? Pues mudo intento, que tanta majestad me infunde aliento. Ea, reinas, levántense vusías, y a tal señor, señoras cortesías. Hacia el toril se va con gran reposo. ¡Bravo toro ha salido! ¡Qué furioso! Dios te libre el rigor de sus castigos. Torillo, tente acá, seamos amigos. ¿No me conoces, di? Ten miramiento, que soy un toreador de cumplimiento23. Acometelde. No me cae en gracia. Echole del caballo ¡qué desgracia! Por un lado os mató, yo soy testigo. Debe de ser verdad. Muerto soy, digo. ¡Confesión a un vizconde malogrado, aprisa porque estoy descomulgado! Don Cosme, yo os haré al momento sano si conmigo os casáis. Esta es mi mano, vuestro marido soy, por tal me entrego. Pues levantaos, que aquese ha sido juego. Pues aquí estamos tus amigas todas, justo será bailar en estas bodas. Con Juan Rana Bernarda viva mil años, porque son para en uno los desposados. Los rejones que saca24, señor don Cosme, pocos son, pero quiebran los corazones. Yo prometo pues tengo tan buen principio, torear a los años del Principico.