Texto digital de El retrato de Juan Rana
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Sebastián de Villaviciosa
- Atribución estilometría
- No analizada No concluyente
- Género
- Entremés
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El retrato de Juan Rana. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/retrato-de-juan-rana-el.
EL RETRATO DE JUAN RANA
Casilda, ¿por qué son estos extremos Acaba, dilo, ¿ya no lo sabremos? ¡Refiérenos, por Dios, qué ha sucedido! Simplicidades son de mi marido: Ha dado, sin que nadie le reporte, en que ha de irse a la Corte, y dice que él es hombre muy sabido, y cada día está más entendido y que quiere su ingenio aprovechallo, donde pueda Lucillo y ostentallo, y con esta locura y disparate, ya de partida está. Con que el remate llegó a su juicio, y yo lo siento, que es mi marido, aunque es tan gran jumento; que si a la Corte va, como es tan simple, y por Juan Rana le conocen todos, temo, que sin valelle otros despachos ha de acabar a manos de muchachos. ¿Pues, aquesto te aflige y da cuidado? Calla y veraslo todo remediado: ¿hay más que divertille ahora en casa con algo, mientras eso se la pasa? Que, una vez ofuscado y divertido, dejará cuanto tiene aprendido y ya mi genio ahora se previene de algunos disparates. Pero él viene, quedaos a entretenelle, camarada, mientras vuelvo a empatalle la jornada (¿Ah mujer? ¿No ha de haber quién le reporte? ¡Ea! ¿Qué me mandáis para la Corte? (Que en fin no hay; ¡deteneros! Es cansaros ¡Que así una bobería os traiga inquieto! Señora, yo me siento muy discreto y no es bien una aldea me merezca, y entre cuatro Patanes me enmochezca. ¿Y en qué vais? ¿En qué voy? A pie y andando. Pues, ya que con mis ruegos no os ablando, no os vais hasta mañana ¿Qué hombre al mundo sale de su casa y luego vino el Miércoles Corvillo, ¡Ay tal salvaje! ¿Queréis qué se detenga el carruaje? Pues, ¿así pretendéis ahora partiros, sin decir dónde tengo que escribiros? Si queréis escribirme, buena ocasión tenéis antes de irme, que allá, en Madrid, con diligencia harta, yo en mano propria me daré la carta. ¡Eso es cansaros! No será cansarme, que yo, al punto que llegue he de buscarme. Venid acá, ¡tonto, tonto, tontonazo! sin llevar, por si acaso le conviene, fe de la edad, que por entonces tiene? ¿Sabéis qué edad tenéis? No puede errarse. ¿Y por dónde, decid, ha de ajustarse? ¿Por dónde? Esa es la cuenta sin engaños: Yo el día que nací tendría seis años, y de allí a poco tiempo fue Verano, y salí yo de casa muy temprano y algo después se me pudrió un membrillo, y el cura un día me quitó el sombrero, y de allí a no sé cuando fue febrero y se pasó aquel año y otro año, y después mucho tiempo y subió el paño y la puerca parió, gruñó el cochino y luego fui yo en casa del vecino; que según todo aquesto bien sumado, sin que sólo un minuto me haya errado, tengo hoy día entre proprios y entre ajenos, diez años, veinte, o treinta, más o menos. ¿Hase ido el señor Juan Rana a Madrid? No se ha ido. ¡Cómo me he holgado de hallarle! Pues, ¿Qué queréis? Lo que vengo a suplicaros es que pues vais a Madrid, me hagáis gusto de, en llegando, buscar a un amigo mío que haced cuenta que es mi hermano en lo mucho que le quiero, y darle dos mil abrazos de mi parte; que yo sé que os está bien el hallarlo, porque os llevará a almorzar y os hará dos mil regalos. ¡Sí, haré! ¿Mas, cómo se llama? Si verdad tengo de hablaros no lo sé, pero os diré sus señas y su tamaño, con que es fuerza el conocerle; porque él, si lo halláis sentado, os vendrá a dar por aquí, y en pie os lleva más de un palmo. ¿Y, a dónde me llegará, si acaso le encuentro echado? ¡Por encima de los tobillos! Con eso no puedo errarlo. ¡No me echéis por Dios en falta! digo que, al punto en llegando, le iré a abrazar y besar, y seré su convidado. Pues, aguardad, llevareisle un poquito de recado y no salgáis del lugar hasta que vuelva a buscaros. Volved presto, mientras yo doy un pienso a los zapatos. ¿Hase ido el alcalde? No, que está aguardando un despacho. Señor Juan Rana, yo vengo con gran sentimiento a hablaros, y es el caso que el lugar ha sabido que habéis dado en iros, y lleva mal, que después de tantos años de ser su alcalde, queráis tan, sin ocasión dejarlo. No es cosa aquesta que corre, en un hombre tan honrado como vos: ¡Jesús, Jesús, Jesús, yo estoy asombrado! ¡Jesús, Jesús, con la prisa que está haciendo garabatos! Siente el lugar esta ausencia, y su desconsuelo tanto; que todos lloran por vos, los mozos y los ancianos y yo, que soy vuestro amigo, lloro también. No me espanto, que yo también me enternezco de mirar que así me aparto. Pues, mirad sólo una cosa, ya que estáis determinado, os suplica el pueblo, y es, que consintáis retrataros que con un retrato vuestro quedará muy consolado. No tenéis que replicar, esto ha de ser, aquí os traigo para que os retrate ahora un pintor. No hay sino manos a la obra, y disponerse que os pondrá pintiparado. ¡Qué entre el pintor, luego al punto! ¡Qué entre, que ya le aguardamos! ¡La prisa que hay en pintarme! Guarde Dios a usted mil años, aquí está para serviros todo lo que es necesario; Conviene a saber, pinceles, lienzo, colores y marco. Poneos como habéis de estar. ¿Y es cosa de gran trabajo aquesto del retratarse? Este papel en la mano tomad y así al descuidillo tened levantando el brazo y el otro aquí a la cintura, con mucha gracia arqueado. ¡Ahora estáis famoso! Postura de zampapalo. Teneos y estad con juicio y en la forma que yo os planto os estad sin menear ni rostro, ni pie, ni mano; poned el rostro derecho entre alegre y mesurado. ¿Decís de aquesta manera? ¡Bien estáis! Ya, yo voy dando buen medio al caso, con una cosa podéis consolaros. ¿Y es? ¡Que os retrata el primer hombre del mundo, y más raro! Oís, ¿Y podré rascarme la nariz? Por ningún caso. ¿Pues, qué me han dado, viruelas? Poco falta. ¡Sosegaos, que hasta acabar no hay remedio! No hay sino sufrir callando. Y pregunto ¿Para esto no vale el fuero de hidalgo? ¡Nada os escusa! ¿Ni el dote de mi mujer? Ya yo ando en los pies. ¡Así andan todos! Ahora os retrato un callo. ¡Pintad quedo, que me duele! Laus Deo, ya yo he acabado. ¡Mirad qué cosa tan propria! Saquémosle ahora en brazos, el zarambeque bailamos? menuzosasí he de haceros, y pongámoselo enfrente. ¡Valgame Dios, es un pasmo! No os quitéis de como estáis para ver este milagro. ¿No parece que los dos ¡Teque, lindo zarambeque! muy gracioso es el retrato. Idos ahora. ¿Qué es irse, y dejar desamparado a un retratito tan niño y tan tierno? ¿Sos cristiano? ¡No chero, no chero! Digo que so chiquito y muchacho solo sin padre ni madre. Bien pudo el pintor borracho no pintaros huerfanito. Yo lloro. Yo os acompaño. ¿Parece que le queréis? ¡Tal trabajo me ha costado! Pero, si os vais sin respeto, yo ofendido y enojado con las muelas, con los dientes, con los codos, con las manos, con las piernas, con los pies, con el hígado y el bazo porque voléis en pedazos. ¡No se irá, no os enojéis! ¡A mí me lleven los diablos, si me fuere hasta que vos lo firméis de vuestra mano! ¡Dais la palabra? Sí, doy. Mas, ya que yo me he quedado por vos, decid vuestro nombre. Yo se lo diré cantando: Juan Ranilla me llamo, ¡tenedme, que me caigo! Aqueste es mi nombre, no hay que dudarlo! Yo de vuestras gracias soy el inmediato y, aunque llegue a verme con tanto mostacho, Juan Ranilla me llamo, ¡tenedme, que me caigo! Ande, ande, digo, ande, que es muy lindo. ¡Viva un siglo entero el rey a quien quiero, que muy presto espero, decirle al chiquillo; ande, ande digo ande, que es muy lindo.
