Texto digital

Texto digital de La reliquia

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Agustín Moreto y Cavana
Atribución estilometría
No analizada No concluyente
Género
Entremés
Procedencia
El texto ha sido preparado por Iván Rodríguez Caballero.

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Cita sugerida

Gómez Caballero, Iván. Texto digital de La reliquia. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/reliquia-la.

LA RELIQUIA

¡Téngala, señor! ¡Tengo de dalle a este simplón… Miren qué regalos. …con este palo cuatrocientos palos! ¿Qué miráis, picarón? Tenga vergüenza. ¿Es cristiano? ¿Qué es esto? Acabe, acabe. No se lo preguntéis, que aún no lo sabe. Maledictus sit homo & infernetur, quia mulierem suam propriam non timetur. ¿Cómo no sentís esto, mentecato? Porque no hay quien me cure a cada rato. ¿Y no sentís que os riña aquí sin fundamento? Que me riña en latín es lo que siento. ¿Por qué, decid, menguado? Porque sin duda alguna me he casado por gran yerro de cuenta… Lindo aliño. …con algún escolástico lampiño. Apártese, señor. ¡Que aquesto pasa! Déjeme vuesadced castigar mi casa. Aquese es mi papel, tened mimoria, que pienso que va errada ya la historia. ¿Aún habláis, mentecato? Pues, ¿no bastaba haberme hecho dormir en el terrado, adonde en las costillas he sacado un ladrillo pintado, sino que agora quiere… ¡Qué simpleza! …romperme… ¿Qué? …la cabeza? Yo me voy y si vuelve a entrar en casa, aunque esté la puerta abierta, llevará con la tranca de la puerta. No hay que mirarme, que vos no merecísteis descalzarme. Pues a fe que si yo lo mereciera que os habíais de acostar… ¡Hay tales ratos! ¿Cómo, tontón? …con calzas y zapatos. ¡Toma, tontón, toma! ¡Ay, que me ha muerto! ¿Por qué os trata tan mal? No hay quien lo entienda. Porque era suya toda la hacienda, y como yo era pobre y no tenía a donde recogerme ningún día… –que hombre que se casa de esta suerte con mujer rica cayendo en el reclamo, es mozo que se pone con un amo–. El hombre pobre es como la justicia que todos la desean y si pasa ninguno quiere que entre por su casa. Y así yo quiero irme a Babilonia a ser por allá marido, porque acá los casamientos como los muérganos son, que aunque los guarde su dueño si uno los quiere tañer otro los sopla primero. ¿Un hombre con tantas barbas ha de llorar? Majadero, pues, ¿lloro yo con las barbas o con los ojos? Yo me lastimo de veros. Y yo me hago compasión. Callad, callad. ¿Cómo puedo? Que aún otra cosa hay peor para que yo pierda el seso… ¿Qué más? Sosegaos un poco. ¡Ay, señor! Qué es, decid. Que me la dieron preñada. Pues, ¿no viste vos, salvaje, si era el preñado vuestro? No, señor, que los preñados son como nubes de invierno, que vemos a donde vacían pero a donde hinchen no vemos. A fe que es buena malicia. Pues mirad, daros pretendo, porque viváis con descanso, una reliquia que tengo, que cuando yo me casé con mi mujer, quiso el cielo que tuviera más antojos que si fuera buhonero, y más libertades que si hubiera nacido dentro en Ginebra, con lo cual le sufría con el tiempo mil libertades caseras, conque sin tener remedio se le soltaban mil puntos a la desvergüenza. ¡Fuego de aguja debía de ser vuestra mujer! Que no es eso, que no era sino de carne. Si era de carne sospecho que atrás le cairían los puntos y olerían muy mal, creo. Daros quiero esta reliquia que movido de mis ruegos, me dio un religioso y hace milagros a cada momento, de manera que vivimos pacíficos y contentos. Prestadme vuestra mujer y os daré encima dinero. La reliquia os prestaré. Voy por ella, que no quiero que vuestra mujer lo sepa. Id por ella, que aquí espero. Vuestro remedio está en ella ahora que tenéis fresco vuestro casamiento. ¿Cómo decís que le tengo fresco, si al traerme mi mujer vino con un pollo dentro? Tomad la reliquia, y postrado por el suelo… Desde que me casé ando arrastrado. Con respeto trae escondido este palo y si vuestra mujer… Pienso que no es sino mi marido, pues hace lo que yo debo. Si os hablare descompuesta, entraréis con buen compás levantando el pie derecho. Alzaréis arriba el brazo, la daréis con lindo tiento hasta que se bambolee. Sí, y luego le daremos en el pico y en la cola, ¡zas!, y luego volaverun. Si acaso se os desmayare vuestra mujer, el remedio será darle más, porque tome más ánimo. Bueno. Amigo… ¿Qué queréis? Aguardaos, porque quiero ensayonarme. Decís que sacando el pie derecho y que levantando el brazo, ¡zas! Que me habéis muerto. Pues esto es ensayonarme por no errar el papel luego. Yo me voy. Y yo voy con vos para entrar más de refresco. Trata de mudar, amiga, la condición, porque vemos hacer amores de niños a los hombres de estos tiempos. Enfádame aqueste tonto y ya no puedo hacer menos. Calla, que viene Gilote. No hables, amiga. No puedo. Sale el gracioso Hola, Aldonza. ¿Qué quiere? Hola, hablad más quedo. ¿Aún venís aquí? ¿No he dicho, Aldonza, no habléis tan recio? Si quiero, si quiero. ¿Sí? Pues sacando el pie derecho, ¡tomad, para que calléis! ¡Quedo, Gilote! ¿Qué es quedo? ¡Yo os haré bajar los bríos! ¡Mirad que ha perdido el habla! No se la volváis, que pienso que si no hablara, no hubiera a pagar de mi dinero mejor mujer en el mundo. ¡Confi, confi, que me ha muerto! ¿Confites pedís? ¡Tomad! ¡Mirad que me dais a mí! Pues apartaos vos de en medio y no os pongáis delante, que eso se saca metiendo paz. Y en volviendo, le podéis decir, vecina, que escarmiente con aquesto, o que si no, que aquí está la que me dará remedio que es esta santa reliquia. “Harto os he dicho, miraldo”. Vase ¡Ay, ay! ¿Cómo te sientes, amiga? ¡Ay, amiga, que me ha muerto! ¿No ves que era la reliquia? De tal reliquia reñego, que tiene sabor de palo y me ha molido los huesos. Pues, amiga, punto en boca. No puedo callar, no puedo, aunque me haga mil pedazos. Pues yo un buen remedio tengo para callar. Ay, amiga, pues dámele presto, presto, porque he sentido a Gilote. Pues aqueste es el remedio. Un hombre de santa vida me le dio. Tomad, y teniendo en la boca aquesta agua, aunque él te venga riñendo no la arrojes de la boca. Y más manso que un cordero le veréis al mismo instante. Por no llevar palos, bebo.