Texto digital de La reina penitente
Fecha de publicación: 22 de agosto de 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La reina penitente. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-reina-penitente.
LA REINA PENITENTE
Pag. 1
Ms. O. A. inédito
Reina penitente
Anónima
13
Jornada primera
Pag. 2
El folio izquierdo está en blanco.
Jornada primera. Entran dos caballeros, uno Viejo y otro Galán.
El gobernador tarda.
Pues no suele,
que en tardar y en despachar son pocos.
Cierto que tiene grande experiencia;
no pudo el Rey dejar en esta ausencia
hombre más suficiente para el cargo.
Más que prolija ausencia la que dura.
Señor, no puede más el Rey, que sigue
una empresa muy fácil, que un imperio
no así puede alcanzarse, porque lleva
en su leva la mitad de la corte,
y aun más mala de ganarle.
Y cómo
nos dejemos al Rey ahora en aquesta,
y tratemos un poco de las nuestras,
que no es pequeña guerra la de un pleito.
Señor, tengo ya mi pleito concluso.
Luego hoy saldrá sin falta la sentencia.
Hoy espero que el Conde en la consulta
que cada día tiene con la Reina,
le dé una hora o dos a negocios graves.
Se trata ya del mío, mas ya vamos,
dice vmd. está en buen punto.
Señor, en buen punto está; juntos los autos,
y mandados llevar para el acuerdo,
y espero en favor mío la resuelta.
Sin duda, como entrambos deseamos.
Harta razón tenemos de ayudarnos
los dos en lo que toca a este deseo,
porque nuestros negocios en fin fijan
en haceros mi yerno.
Con diferencia.
Pag. 3
que el de vuestra merced. En fin, es caso
de mi hijo, y concertar la viuda honrada,
mas yo de mi mujer, pero en efeto,
el Conde tiene a cargo mi negocio
y sabe ser juez, y en esto espero.
Entran un capitán y un canónigo.
¿Aun no ha venido el Conde?
Aun es tan temprano.
¡Oh, cosas de palacio, lo que cansan!
Breñas y cuestas, vayan bien los tratos
de mi vida, que cien mil tengo gastados.
Yo estoy hecho a las horas de mi coro,
y no pueden cansarme las de palacio.
En manos de villanos.
+
Señores, el señor ¿cómo se llama?
Gobernador diablo.
¡Oh, que lo lleve!
Que todo hoy me trae desgobernada
la memoria, ¿ha venido por ventura?
Hermano, no, pero vendrá muy presto
si ya no viene.
Sí, que éstos le aguardan.
Entran dos alabarderos y la guardia, el Conde de luto, galán, y Secretario, y llegan y danle sus memoriales y él los va puniendo entre los dedos.
Vuestra Excelencia se acuerde de mi honra.
Ya acordarme della está a la mía.
Si ampara mi justa su excelencia.
Ella misma se ampara porque es mucha.
La santa iglesia catedral de Londres
pide resolución a su negocio.
Suplico a Vuestra Excelencia la vía tenga.
Será en eso y en todo preferida.
Mi ejército, mas tiempo ha que ando,
falta acá con el pleito la respuesta.
Resuelva Vuestra Excelencia.
Acudiráse a eso.
Señor, de unas ruindades de soldados,
como se lo dirá ese cartulario,
que mi mujer, aquejarse por sus faltas,
que ponga remedio en ellos, mas no
como él sabe hacerlo.
Que me place,
donaire tiene el hombre.
Gran donaire.
Y se ha de poner remedio en eso al punto.
Y diga, y dígame, señor, ¿será eso cierto?
Cierto será, luego.
Acabad, bestias.
Vamos, que él lo hará pues que lo dice.
Mas ¡qué bien que de pleitos nos despacha!
¡Despáchelo Dios presto!
Del mundo.
Vanse, y quedan Secretario y Conde solos.
Hoy pocos son los pleitos.
No son muchos.
Pues perdonen, que es por orden porque quiero
comenzar a informar por los más fáciles,
y con los grandes acabar la hora.
La Reina viene ya.
Venga en buen hora.
Sale la Reina y acompañamiento y fiesta, siéntanse en sillas y el Conde con doña Isabel.
A Vuestra Majestad beso
las reales manos.
¡Oh, Conde,
pilar fortísimo donde
carga de mi Reino el peso!
Pag. 4
Hay muchos pleitos,
algunos,
y como yo no sé dar,
sin que antes venga a informarme,
resolución en ningunos,
quise informarte primero
de lo que se ofrece hoy.
Y así propuse los dos
por un deanato primero
que vacó en la catedral
de la iglesia de esta corte,
y porque de tiempo acorte
y se venga a lo esencial,
opusiéronse a ella dos,
que, aunque tienen igualdad
en la preeminencia y edad,
que los diferencia Dios,
humilde de nacimiento
uno, y otro es caballero,
y así dejé en el clero
hacer el nombramiento,
para que tú determines
y nombres uno de los dos.
¿Y qué decís a eso vos?
Digo que es negocio llano;
que cuando dos se pusieren
iguales en lo que es ciencia,
es más con mi conciencia
que si en calidad difieren,
se nombre el noble primero;
que dos hombres de opinión
recelan parangón
los dos, y es el caballero.
Pues yo nombré de mi mano
al noble, es cosa digna.
Ahora, al entrar de aquí,
se recibió de un villano
una querella, que, vella,
¡qué fuerte!
tienen con varios soldados,
que en aldeas alojados
andan; queja antigua es esta.
Su pleito es caso ordinario
de soldados y villanos;
yo lo dejo en tus manos.
Yo nombraré un comisario.
Este me dio un capitán
que del ejército viene.
¿Pide?
Dinero, que tiene
falta al Rey,
y envíase a él.
Importa, porque la guerra,
faltando el dinero, calma,
porque el dinero es el alma
de las cosas de la tierra.
El cuarto memorial es
de importancia.
Y no de poca:
Salvador de la Rosa,
que tiene preso al marqués,
y tiénele ya averiguado
quebrantamiento de casa
y el robo de su esposa
con rebozo y espadas.
Está ya el pleito concluso.
¿Y queréis bien que se ofenda en eso?
Que pague con su hacienda el preso
de todo a que a costa se puso.
Pag. 5
quel de la fia casanova
aunque no es tan loca
tan bueno como el Marques
pues que se case a la ora
el negocio es muy grabe
y mas digno de castigo
este es el ultimo y digo
que ya no mas sabe
como el señor de casto Rey
tiene un grabe pleito puesto
o como me cansais ya
para que decís vos ahora
eso tiene mas misterio
que aver se querido bien
un hombre y mujer pues bien
que ay en eso
los adulterios
y los reos estan presos
y vos noble e ilustre señora
que te pareze a ti agora
que es bien que se apedreen
dar les muerte solos
lo que dispone la ley
lo que hiziera el Rey
no tienes de morir pues
si por averse querido
esto es muy de marabilla
que castigo emos de dalles
ahora d'el se a vos ofrezido
que no Conde muy amado
que amo aun mas que os hace
disimulad
que me place
yo del caso alzo la mano
no asi que quiero que to
mo se le quite el embozo
quiero deciros mi a vos
la causa de la mudanza pues
canse y quedando vos
mas que bien se echa de ver
en vos conde que estáis viudo
que no sera de vos tan crudo
cuando tu visteis mujer
como la esposa os falto
faltando el trato amoroso
vivís en vos lo riguroso
y lo piadoso murio
mas que bueno estáis agora
olbidado de querer
para fijar en una mujer
que os dijese que adora
ay mucho ay que entender
señora o ya entiendolo
bamonos pues poco a poco
que yo me dare a entender
escuchame
yo os escucho
no se con destinacion
se mereze por mi mucho
o le merezen su mucho
siento un estremo en ezeso
una locura o amor
locura me esta mejor
que es disculpa destos sucesos
y azepta tan grande en mi
que dando a mi onor de mano
por ella Conde se gano
en el descubrirme a ti
y el mucho amor con que lucho
que no fuera mi amor mucho
a podello encubrir mas
señora ablas de veras
o es que conmigo te burlas
me guzgais hombre de burlas
o eres mujer de veras
aun que veis que d este modo
quieres probarme y asertar
Conde que te quiero bien
Conde que eres mi bien todo
o falso y no sin misterio
te aflojas te a perdonalla
que mal sabra castigallo
quien comete un adulterio
sin duda que dista tanto
finjiendo saber ser Reina
tal amor Conde en mi Reina
que tan grande
que me espanto
mira al estremo que llego
mira el amor que en mi reina
que yo soy mujer y reina
tu conde y hombre y te ruego
por sierto bien corresponde
tu nonbre a tu lealtad
pues le quitas honra al Rey
y das fabores a un conde
asele la Reina
mi conde
sueltame loca
tomas sueltame tu ingrato
yo aleve con que te ato
quien te tiene quien te toca
matame pues
no soy parte
que a la fiera y a el Juez
aun juzga su crueldad
tiene sino a uias de matarte
Pag. 6
Que si tú te burlas son honra,
y te finjas de estar muerta
de solo haber dado puerta
en tu ofensa, ha estado honra.
¿Quieres?
Quiero no quererte.
Pues mira cómo ha de ser,
que me tienes de querer
o he de buscarte la muerte.
O has de querer lo que quiero,
o he de dar a quien te ofenda,
que has pretendido ofender
lo que hacer no quieres.
Muere,
al toque ya de esta suerte,
porque tu mal pensamiento
mudó de esta suerte su intento,
que ya forzoso de muerte,
que hasta en esta ocasión
creerás que yo sé aquí
que hay tanta lealtad en mí,
mas en ti tanta traición.
¡Cruel!
Quedase con la capa en las manos.
Si mi capa la tapó,
cubra tu maldad con ella,
que no solo he de ir sin ella,
mas cubrirlo con mi capa.
Vase.
Y la capa dejó y se fue.
¡Que si tanta ocasión tengo,
cómo yo de él no me vengo,
sin forzarme como podré!
Si no quiero hacer ofendello,
que me va en ello honra y amor,
y muera quien traidor
por no haber querido sello.
Muera, que sí.
Muera, que si no, sin duda
publicará lo que pasa.
¡Hola! ¿hay gente en esta casa?
¿Criados, no hay quien me acuda?
Entran los de la guardia.
¿Qué manda tu majestad?
Guarda, si en hombres hay ley
que honran satisfacción del Rey,
castiguen una maldad,
y una traición, una fuerza
que ahora quiso aquí emprender,
hacerme sola y mujer,
el traidor conde de Anquerca.
Y acá el conde sin ley
se me ha atrevido aquí,
en secreto, perdiendo a Dios el respecto,
y la lealtad a su Rey;
y sin capa de aquí se escapa,
que, como en guardar decoro,
ha echado la capa al toro,
no hizo cuenta de la capa.
Pues si el cielo no le asconde,
o no se lo traga el suelo,
fiad de mí que vive el cielo,
que muera el conde,
muera el conde.
Vanse y queda la Reina.
No muera. Ruego a Dios viva,
que si he sido con él fiera,
no fue porque el conde muera,
sino porque mi honra viva.
Pag. 7
Huye, Conde, de la muerte;
huye, huye, Conde amigo,
que por no ver tu castigo
me holgaría de no verte.
¿Quién enfermará, mezquino,
pues que por mal consejero,
a cuál fío que está bueno,
cómo sé yo que soy malo?
Quiero mudar de lugar,
que si yo sé bien sentir,
mejor que supe fingir
tengo de saber llorar.
Vase y sale el Conde huyendo con dos niños, uno de cuatro años y otro de pecho, y un criado diciendo esto.
¡Muera el Conde traidor, quede resuelta
en ceniza su casa!
Mucha prisa te dan, señor;
quedarte, señor, no esperes este ímpetu,
déjate descolgar por las ruinas
de aqueste ardido muro y vete libre,
que harto haces, y si a mí me libras, baste.
Ya por las cuatro esquinas de mi casa
suben del encendido fuego al cielo,
eminente, alcanzan blancas llamas,
y yo cual otro Eneas salgo huyendo
de mi abrasada Troya, y si él cargó
un tiempo de su padre y dulce esposa,
y yo ahora de mis hijos, prendas caras,
vamos, hijos míos, a mis destierros,
y este indignado pueblo que nos sigue,
que aunque la Reina en lo que dice mienta,
mentira de un Rey es fe en gentes.
Vase. Salen los de la guarda y dos soldados con plata, joyas, oro y armas.
En el tesoro di.
Yo en la recámara.
Di vuelta a el traidor.
Talego que tiene
hermano de un hijo como éste,
imagina sus rentas.
Escapóse.
Que se pueda escapar es imposible,
porque él está llevado en prisiones,
fuera de que al momento se partieron
en su alcance cien hombres por la posta,
y él, sin faltar ninguna caballería,
que le tienen tomados sus puertos.
Pues mientras él parece o no parece,
no cese el comenzado justiprecio;
su casa codiciosa llana al suelo,
vuelta la casa en sal por escarmiento,
se arriende al que diere más por cima,
un padrón con su rétulo en memoria
de alevosa traición, tal deje historia.
Vanse entrando, vaqueros con aguijadas.
El buey unciendo sale,
quéjase poco del mundo
en un sueño tan profundo.
Pues ya dio la vuelta al valle,
y le dejé con su cargo,
y luego tornó a subir,
que le dejase dormir.
¿Está despierto, Borrago?
Pag. 8
pues si un pelo el hombre trae,
no menos lo traen los niños;
de brocado o de armiños
traen las gorras.
y del gastar,
si ya parece que tasa.
antes de un hora está puesto
quien baja por el recuesto.
Gil, ¿vos parece que baja?
sí será, que a Dios que faltó.
¿dónde fue?
en la encrucijada.
pues tómelo Dios en cuidado,
todos sentimos su falta.
Sale Gil, bandolero, vaquero.
estéis todos mal hallados.
¿con qué, bandolero, tan enojado,
trocáis de color?
que he venido
tarde, manos a los ganados.
pues, ¿qué es eso?
¿cómo, y adónde,
aun no por acá ha llegado
el pregón que en corte han dado
de quien prendiere al marqués conde?
¿cuál?
el de Anguersa.
di, necio.
por la tabla, allí contadas,
prometen tres mil ducados
al que lo trujere preso;
mirad si no es para poco
aquel que tal cosa padece,
y no se hace cuadrillero,
por Dios que valga muy poco.
y seamos juntos en cuadrilla.
nos vamos en busca suya,
pues no tiene donde huya,
ni fuerte ciudad ni villa
que acoja a los desterrados.
sin ponernos en camino,
serán, a lo que imagino,
nuestros los tres mil ducados.
y mátenme si este no es
el que está durmiendo,
¿dónde?
en la majada,
¿de conde?
no, hace talle.
él es conde, pues.
pues si es él, conocerélo,
que guardé un tiempo sus vacas.
pues si ni en blanco te sacas,
de esto, mudamos de pelo.
vamos luego donde está,
que muero por ver si es él.
juntos haremos tropel,
y si él fuese, mejor es
que le cojamos dormido;
llegad todos con sentido,
que yo llegaré después;
y si él fuere maniatado,
avisad, acudiremos,
que de dinero tendremos;
qué haremos de ello, Geraldo.
Entranse y dicen dentro.
quedo, callando, llegad.
porque acaso no despierte,
date, o darémoste muerte.
Pag. 9
Amigos míos, esperad.
Di que acabe.
Yo lo creo,
que en esta cruel confianza
se me alivia la esperanza
y se me alarga el deseo.
¡Qué tal mi ventura es,
que mi hado inhumano,
cuando he menester mis manos,
me dan solamente pies!
Salen con el conde y niños.
¿Qué decían que habían hecho
este Gilillo?
En el pregón
decían que una traición.
Y en efecto, ¿qué fue el hecho?
Según oí en este el cuento,
se murmuraba en común
que tuvo a la Reina un...
¿Un qué?
Un descomedimiento.
Pues con la Reina, traidor,
¿ibais a descomedirte?
¿No fuera mejor medirte
con ella?
Y ¿cómo mejor?
Ni quita nada y sumas,
ya que se quiso medir
con ella.
Oí decir
que cada cual con su igual.
Vamos, que no veo la hora
que tengo de ver contados
aquellos tres mil ducados.
Ansí en vosotros piedad mora,
si no son de pedernal,
amigos, vuestras entrañas;
si acaso de estas montañas
no nacisteis por mi mal.
Si sabéis lo que es temor,
si sabéis lo que es violencia,
si sabéis lo que es clemencia
y sabéis lo que es rigor;
si en aflicción cual la mía
visto algún día os habéis,
y si no, si conocéis
que os podréis ver algún día;
si movidos de interés
pudisteis ponerme ansí,
mueva os verme humilde aquí,
humillado a vuestros pies,
Y díceselo de rodillas.
y si ciegos de codicia
de aquestos tres mil ducados
estáis ya determinados
de entregarme a la justicia,
yo en dineros y joyas traigo
aquí hasta tres mil ducados,
y aquestos os daré dados,
si en manos del Rey no caigo,
y que por mí si os den allá,
o que yo os dé por mí
el oro, y en vuestro sí
mi vida o mi muerte está.
Humanos sois, hacedlo pues,
y tratadme como a hombre.
Pag. 10
Apártanse haciendo señas.
Mucho puede aqueste nombre
de hombre en el que lo es;
y supla que digo a consultar
sobre lo que se ha de hacer,
señor conde, el parecer
que de esta junta resulta
es que haga demostración
de las joyas y dineros.
Ya traté de quedar en cueros,
perdoné.
Que no hay perdón.
En nada me hacéis más bien
que en quitarme hasta el honor,
pues no seré conocido
sin él.
O bien también.
¿Qué es de las joyas?
¡Ay de mí, no están!
Están en las faldiqueras.
A fe, diré lo de veras,
porque yo no las encuentro.
Pero sí, sí, aquí, éstas son.
Desnude.
Ya me desnudo.
No tiene la bolsa escudo;
todos llegan a doblón.
Buenos están.
Hermosa piedra.
Esto vale el interés;
cadena.
Y de esmalte es.
Ya me enredo en esta yedra.
Todo es aire sino amar;
desgraciado conde fuistes,
sobre amarla, loco os vistes,
cuántos extremos hace un grande amor.
Oh señor conde, en pelota
menester lo ha una escolta
que le causó el mucho amor.
No llore, eche aquí una gota,
mire si se halla en cuero,
avise, que si no avisa,
le quitaré la camisa.
No parece que ha nadado.
Oh señor conde, a Dios;
si es verdad como se canta,
si dormides con la infanta,
ojalá fuera yo vos.
Vanse los tres.
Como el mal aquí se quede,
aun pequeño mal ha sido;
pero el principio he tenido:
dice el fin que tener puede.
Vase. Salen dos alcaldes y villanos.
¡Par Dios, compadre, que es grande
estruendo el del caminante,
quien dicen que es!
Diz que un grande.
Y, ¿para o pasa adelante?
Parar nunca Dios lo mande.
Y par Dios, con cuan grande es,
no cabe el pueblo de huéspedes,
que hasta las casas honradas
fue menester ser posadas;
aunque yo huésped tengo.
Yo dos, tres.
Y cuántas mulas entraron.
Pag. 11
cuarenta y a medianoche.
¿Que a medianoche llegaron?
Y todos se aposentaron.
¿Y el señor?
Vendrá en un coche,
y tras de otros mulos de carga,
una procesión más larga
que la recua de arrieros
había colado primero.
No era mala aquesa carga.
¿No compadre para nos?
No son para nos, compadre.
No la quiero yo, par Dios.
Ni yo, por vida de mi madre.
Allá sea para los dos.
Entra un criado del Marqués.
Señores alcaldes, pues
¿No sabríamos quién es
este Marqués, mi señor,
y tan emparentado?
Embajador y Marqués,
ha estado en Roma veinte años
honrando a propios y extraños
en servicio de su Rey,
y en defensa de su ley,
evitando muchos daños.
¿Y a dónde va?
A corte.
¿Ansí, y viene?
Viene de Roma.
¿Y es el camino este?
Sí, cuando derecho se toma,
se ha de tomar por aquí.
Y viéndose el Marqués al través,
salióle buen suceso,
dar una vuelta a su tierra
y prender a Ingalaterra.
Buen deseo,
y parará obra de priesa.
Piensa partirse después
que oiga misa; hola, avisa
al cura si hay esta misa
que se la guarde al Marqués.
No es menester avisallo,
que es la misa del gallo
como hoy es Navidad.
Se han quedado a oscuras abad
o real.
Si hay eso, callo.
¿Cuándo entrará su amo en corte?
Él querrá en la mañana
no porque el entrar le importe
sino porque lleva gana
de que el tiempo se acorte.
Pues vamos, que por ventura
podrá perder coyuntura
su merced, que va de prisa.
Yo voy a decillo a misa.
Yo a hacer que prisa dé el cura.
Vanse, y sale el Conde y sus dos hijos, de pobres.
De camino y sin comer,
y cargado de criaturas
pobres y de mal parecer,
cuyas tantas desventuras
de sobras de merecer.
Pag. 12
Pero muy bien sabéis vos
que no siento tanto, Dios,
la hambre y sed que padezco,
como a lo que me enojó,
y a quien sin culpa ofendió,
su fin de ser como buenos,
que por el gusto y regalo
de que ahora quietos y llenos
los ver desde ser jornaleros,
por fuerza al calor de sus manos.
Mas lo que digo condeno,
que antes soy de bondad lleno,
si en el yerro ha dado el mal.
Y si al coraje hago mal,
es dolor ser yo tan bueno;
al castigo se remite,
que si el gusto es en una fiesta,
de su alma el apetito,
y pago en injusta testa
lo que pecó el apetito.
Y aunque hay ocasión por donde
la lealtad no corresponde,
por querer guardar la ley,
subió a ser rey,
yo he dejado de ser conde.
En fin, fortuna, no has sido
tan dura, que no has sido blanda
con la fuerza de tus manos,
pues me traéis entre villanos
a que sea pobre, aunque noble.
Entran un granjero y un zagal, y su mujer.
Oíd, de puros villanos,
qué gentecilla tan franca,
no hay sacarles una blanca
lo que les pesan las manos.
Bien vos sabéis de guisar
acá bajo; gran dolor,
esperad en el Señor,
que Dios no ha de faltar.
Eso sí me dais cuidado,
que no fui desdichado,
que os dio el ser de una mujer
de limosna no os lo andan.
Señor padre, deme pan,
porque me muero de hambre.
Ay, Dios, si por esto clamáis
me matáis.
Y yo a cantar,
que es hondo, mudo su fin,
pobre y desesperanzado.
Pues, por matar el cuidado,
toque osté en el pavo.
Y que por Dios le pensáis...
que para ser como vos...
Señor, está en la de Dios,
no en manos de la persona.
Dejen sus fábulas, pueblo lleno,
este que vino a cenar,
sí dicen.
Dirán que un martes,
martes y no menos bueno.
Entran el Marqués, y el Alcalde y criados.
Pues, señor alcalde, ofrezco
en que yo menester sea...
Como soy en el aldea
la persona que más valgo,
y que por su señoría
a misa había de salir.
Pag. 13
Hacelle merced de beber,
yéndole aquí compañía.
Basta, que es gran cortesano,
no ha tenido desgracia.
Pues vuestras señorías mande
dar limosna a un su hermano.
¿Y su hermano?
Y no se espante;
que aunque sois hoy el marqués,
me ofrezco a que parecéis
mi su hermano.
Mas, ¿qué quiere, a quien su mano
hacérsenos de los godos?
Hijos de Adán somos todos,
¿no somos por fuerza hermanos?
Bien dice. Dad, alde, luego
a este un maravedí.
¿Tan poco a su hermano?
Sí.
Si es tu hermano, no me pesa.
¿Y qué os ha apuntado de ello?
Mi su hermano, fiáis en vos.
Mas di, ¿de quién te llegó?
¿Por dónde venís a esto?
Y cada cual te da su tanto,
como a cofrade, y
¿quién llegará en riqueza a ti?
No entendí que os hacía esto.
Por la Virgen del Rosario,
una limosna, señor.
Aún vos pedís lo mejor.
Seguí el azote divino,
y al alcalde engañando,
de esta mujer vestido,
muy mal sois, hijo, enmendando.
Y al que me pide por Dios,
por Dios lo que doy ofrezco;
pues por Cristo padeció,
transido, y como por vos.
[Cáense los paños]
¡Buen traje nos mande,
quien a limosna ande,
porque la he menester tan
que mi necesidad grande!
Y con trágico gemido:
La primera que pedí,
y del día que nací.
Perdido está el mundo ya.
¡Qué mala voz! ¡Clavos de Dios!
Y sea esta que os convenza:
De Dios no tenéis vergüenza,
un huérfano como vos.
No, que mi furor acabe,
a hacer dél luego cuartos;
trae Cristos y sus artes,
que no andaba a mendigar.
Se reporte, señor alcalde,
que no lo ha bien entendido;
la limosna que ha pedido...
Buena es esta, alcalde; dejadle.
¿Qué, señor?
Vos dalde lo que tenéis.
¿Y azote?
Proseguid.
Pag. 14
Con esto has de saber
que yo, señor, quien fuese,
tan rico como oýs solía,
oy limosna pido
para estos dos niños, el
cual no tener ellos pies,
sin manos me han a mí.
¿Son hijos?
Hijos, señor,
y queridos de mí tanto.
¿Su madre?
Murió de parto
de aqueste niño menor,
y a su Excelencia suplico
que se encargue por Dios de ellos,
pues puede favorecellos
como poderoso y rico;
y pierdo en perdellos los ojos,
que más en el mundo quiero,
pero tan loco confieso
que perderé destos el seso,
y que entrambos me han de matar;
trabajo por la comida,
y guardo ansí la vida
de dos hijos que me matan,
a quien bellos inocentes
de hambre y sed me vayan muertos.
Yo gusto de ello por cierto,
y de aquí me encargo de ellos;
advierto que ha de servirme,
tendrán en mi casa abrigo,
que aunque pobre le abrazo,
me agrada.
No sé qué decirme,
que yo a cierto camino
sin decirlo voy de oculto,
y a que deis de vuelto
al prior de término.
Pues no perdáis coyuntura,
yéndolo con que bajo
todo en que el mío que os trajo
ama para esta criatura.
Váyse con los niños abrazados.
Y el conde ante dirige
al alcalde en asís a su costa.
Sí.
Pardiez, que os busca un paje.
Sale un paje.
Señor, un correo allegado
a este pueblo por la posta.
¿Sábese de dónde cae esto?
Baja, señor, de la corte.
¿Qué nueva lleva que importe?
Que ha tomado ya el Rey puerto.
¿Pues no le dejáis en Francia?
Diéronle allá un aviso,
y partióse de improviso
a una cosa de importancia.
Pues vamos y digan misa,
volved y avisad en
bajo, y uno apriesa id
al cura que dé prisa.
Vanse, sale la Reina en traje humilde.
Lejos, señor, voy huida,
veis dejar la pujanza,
sin la clara mudanza,
sin Carlos dejo la vida.
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pues que Tito ha vencido
mi constancia y lealtad
hable por mí la verdad
pues está muerto el sentido
y si lágrimas y lloro
pueden dar satisfacción
dé voces el corazón
al falso divino coro
falsa mujer alevosa
áspid que engendras veneno
dragón de malicia lleno
falsa sirena engañosa
si el conde no me ha ofendido
y el conde no es desleal
yo anduve sin duda mal
en haberle perseguido
en tan suspiros ando
cada momento en mis ojos
pues que ausentes sus despojos
pese al cual están dando
siento el cansancio zafar
del pobre conde afligido
pues sin duda que habéis sido
vos segundo Abraham
sin duda Dios quiere ver
vez de Job y que yo sea
o ya segunda Medea
y basta en mi ser mujer
cuál delito os obligó
a salir de la ciudad
sin duda mi libertad
honor y vida os quitó
y den porque mi injusticia
ha de mercar esta prenda
pues cómo lo vais haciendo
del fuego de mi malicia
aquí clamo y que es tu amor
y busco, peco inocente
pero yo mi alma siente
qué estragos digo Señor
y Dios justo Dios inmortal
dadme nuevo aliento
porque el arrepentimiento
tenga con la culpa igual
y advertid a mis cuidados
llegue mi voz al cielo
pues que bajáis al suelo
a perdonar los culpados
y con que padre juzgador
siendo a vuestra grandeza
que estimar la probeza
algo os pueda contentar
y del vestido tan pobre
y por lo pasado llore
que las penitencias obre
el oro del mundo cobre
hacer quiero un hospital
para ofrecer por lo menos
que los pobres forasteros
en él volverán mi mal
y patrón de mis gustos
esta cura que me aplico
a él de enviarse físico
pues que reyes tienen gustos
y vos amigos y hermanos
en él quiero recoger
que como os quiero ver
y los curarán mis manos
Con música aparece Santiago con una venera en la mano y con la encomienda.
Pag. 16
Reina escogida.
Señor,
ese nombre no me asiente,
que el nombre de penitente
es el que me está mejor.
No el reino debe levantarme,
mas en la humildad confío;
que el reino y el señorío
son bastante a derribarme.
El celo que has cogido
es bueno, santo y leal;
funda un dichoso hospital
como a Dios lo has prometido;
y sigue esa divina empresa,
que yo seré, con tu intento,
la piedra del fundamento,
que más que tus culpas pesa.
A Dios.
Divino patrón,
de una oración espera...
Toma, reina, esta venera,
que es de grande valor,
y tenga del cielo esta prenda
la puerta del hospital,
que el edificio es real,
y del cielo la encomienda.
¿Qué nombre le podré dar,
señor, pues por ti le hago?
Llámale de Santiago.
Así le quiero llamar.
[Vase.]
En todo te ayude y obre;
de aquí a Toledo vayas,
y vete por cualquier duda;
tu casa visitaré.
Cuando este bien merecí,
a tantas culpas, señor,
me diste aqueste sabor,
sin duda dichosa fui.
Artífices liberales
quiero buscar que edifiquen
mi hospital, porque publiquen
y edificios reales;
y voy llena de consuelo
al edificio adornar,
publicaré con verdad
que sois venida del cielo.
Y voy al acompañamiento
que le tengo de salir.
[Sale el Paje.]
Zalaturfa, que había de ir,
salió al recibimiento;
aunque algunos se han quedado.
¿Quién fue quien se quedó y dónde?
Todos los deudos del conde,
traidor.
¿Y quién lo ha mandado?
Trajo una carta el correo
donde el Rey ansí lo manda.
¡Qué engañado que el rey anda,
que mal que conoce el reo,
y con el estandarte!
Del arte
que partió.
Luego, ¿de qué parte
cuando entrará?
Zalaturfa
triunfa con el son de marte.
[Suena la caja de dentro. Viene un alarde de soldados y maceros, y criados del Rey detrás.]
Reina y señora.
Señor,
seas con bien llegado.
Pag. 17
pues como tiene soldados
quien es un engesidro
son las cosas del infierno
cosas que hechan en suerte
y que vuelto todo es fallido
de bio de tener misterio
y si en tu campo fuy armado
ten aparejado el armarme
pues que tengo de guardarme
de la gente de mi estado
y porque digo mi gente
quien mas me aqueja de anguxo
en prender una persona por fuerza
contra mi onor torpemente
que mi cuñado quel conde
tan poca lealtad me tuvo
yo le dije ser castigo
pues huyo sin saber donde
Jesus todo que asy yo
nonbrose un gobernador
quien no nos trajo señor
todo carne.
quien se allego
ya piden los dos que son
del estado pretendientes
que pretenden por parientes
en tran los caballeros
no ai diferencia de afición
fuera
no puden entrar
ola quien esta ay
nosotros
que alzan pleytos
no se quiere mas pagar
si la ley del vasallo se
ronpio el conde como alebe
y aquel solo fue quien debe
y me pague su licencia
aun en la temeridad
que agora ante mj tuvisteis
Un viaje que a entender distes
de tener poca lealtad
llévese ciudad de donde
pudien ciego tornacer
sino viniese todo ser
Corientes del trajdor conde
que os manden entrar sin traba
fingisteis la sujeción
sus fines de trajcion
jr contra lo que jo mande
un castigo les seguiro
mando que los bais fetirados
los dos abuseis tirados
yno sin causa os destierro
que fue tan malo el olor
qui del conde prosigo
quisi por trajidor no
par Corientes de baji n
en fin señor dos licencias
pide mandarelyjado
se le da por trajdor dado
de un trajdor cuando ubo exención
no tenejs que replicar
porque nj tenejs servido
nj os habéis de aprovechar
el pleyto
banse los dos caballeros
no ai que sperar
por mj o quedad estado
Es por derecho y es llano
yo lo pondre de mj mano
donde este bien empleado
en quien pudies tar mejor
que en quien lo estubo primero
una merced pedir quiero
a tu majestad señor.
Pag. 18
en que como derecho es mio,
y parece razón concedello,
digo que pues yo soy a quien,
del Rey que padece el agravio,
se me entregue luego a mí,
y tenga yo satisfacción
de la recebida ofensa,
para retenello en mí,
con libertad de que pueda
a quien yo quisiere dallo,
que yo prometo empleallo
bien empleado.
Así quedo.
Pues nómbrese quien agora
con mi favor vayan dos,
y se ponga en obra, y que
los presos.
Nombren en buen hora.
Que don Matías y el Marqués
lo tomarán a cargo eso.
A vuestra majestad beso
por esa merced los pies.
Finis de la primera Jornada de la Reina penitente.
Jornada segunda
Pag. 19
Jornada 2ª. Sale un hermitaño por unos riscos y buscábanle dos caballeros con él.
En fin que sospechemos
que luego partió sin falta.
Que juzgo que por mayor falta,
guiando nuestros caminos.
Tengo obligación primero
de dar la gracia divina
a mí, que despojado entre
de mis amigos y compañeros.
Pues que al cielo te vas, vamos
amigo con tal priesa.
Sin priesa.
Es aquesa que luego voy.
Pues partamos.
(Vanse y quédase solo el hermitaño).
Los que de mí apartados,
amigos de un tiempo ciegos,
dónde vais, quién os guía,
gozad de la paz que os dejo,
que Dios os guarde amigos
y a mis dulces amigos los mis ruegos.
Río que se asconde,
levanta la cabeza a ver gloria,
venas que cubren penas,
crías de fino nácar en tu arena.
Haces aquí unas de tus blancas plumas,
aves que hacen dos fuentes,
que en tu líquido cristal desatando
los suabes corrientes,
que avn dando buelta estáis sudando,
cuya agua llora en su buelta,
llama sedienta nazida la yerua.
Aves que del sol ya menos,
dando una luz perfecta alma falta,
de varias flores llenas,
causando obscuridad al que se espanta,
donde tiene abrigo,
gozando su abrigo con el rostro pío.
Y árboles que las frentes
que al sol lo cegando estáis mirando,
en los claros corrientes,
que de sus espejos van bajando.
Pag. 20
donde de ciento en ciento
nadan los ojos y quede sin aliento,
quedad a Dios, que espera
ya la vocación forzosa de partirme,
vuestra vista me niega
fuerte resolución, pero lo firme.
A Dios, a Dios os digo,
mi gusto se despide y la obediencia sigo.
Sale el conde vestido siervo de pieles.
Padre.
Hijo de mi alma,
a Dios, porque ya me parto,
y de vos ansí me aparto
como del cuerpo el alma.
La Reina nuestra señora,
porque en su servicio asista,
su resolución cierta
nos dio, señor, de mí,
porque al punto sin tardar
de verse la real obediencia,
y hacer notancia en conciencia,
dejarnos ansí neste puesto.
No porque yo me condeno,
que bien me valdrá de a mí,
mas vos solo para sí
habéis de ser hombre bueno.
En un hospital que tiene
para peregrinos ciegos,
dijo que amparemos ruegos
y ansí obedecer conviene.
Y si destos dos la edad
aunque me deje en lástima
a vos por su compañía,
mas la rara vuestra bondad
y de mí y pésame cierto
de que hayamos de ir tempranos,
que en tal tiempo los dos vamos
al aldea que está desierto,
en el valle cabrerizo.
El que la tuvo tan buena
varón que padece la pena
del pecado que nos hizo.
Ya con él, como sabéis,
la reina nuestra penitente
varón que será inconveniente,
que ansí a conoceros deis
ya que se vive más fuerte,
es que se pueda gozar
mudado vida y parecer
entre el cuerpo o la muerte;
y acuerdas que el otro día
esta cisga en sus manos,
como de tus consejos cristianos
padre me aprovechará,
pero impórtame primero
valerme de esta ocasión.
Ya te he dicho en confesión
lo que agora decirte quiero:
Venga despacio, haciéndose
y sabés por qué, si
descúbrenme fácil
entre monjes encubiertos,
y que sin más recelo
que a los dos del peligro salva
ya a los dos queda esta salva,
misericordia te ruego,
pues muriendo ya contento
sabrás que como cristiano,
y de tu mesma y propia mano
ofrecerte testamento,
haced un inventario
de mis bienes y mis males,
que en número son iguales,
aunque para su sagrario,
fío esto porque no muero.
Y dejo todo al papel
que no se separe dél,
lo que el testador encargó.
Ya que ansí de mí se escrive,
del recaudo que nos hizo
solo falta un testigo
mirad vos lo que se escrive.
Y esto cual si yo muriera
mandar que no se pierda,
que se ha de advertir
que ha sido como si fuera
mi postrer oficio, que importa
tanto a mi justa intención.
Pag. 21
padre como de vos confian
y este traslado a la corte
porque sabran do esta Reina
le pido poder decir
como me habéis de morir
que sin ella piedad Reina
si en ese mi testamento
y lo que yo he declarado
mi hija tenga en el amparo
y mis pesares contento
pues he de ser creido
la mentira que oi firmo
todo lo deshace en tocando
por ser firma conocida
miente mas si bien se mira
mentira en seguridad
queda fuerza a una verdad
verdad es y no mentira
ya ya tantas cosas de fin
no me digas cosa mas
en un pensamiento sol
dijo de tapar con f in
yo pondre la diligencia
que deseo en esta avenencia
el padre ba ya con Dios
y nos fice a su embuelta a genzia
Vanse salen Flaminia y Fortuno
ven a ver palacio
mi padre
señora no
sale Eduardo
quien es quien entra
quien es
mi señor
no me da espacio
que quien se entra en mi aposento
q. en fablarle yo estoy
causa por quien triste vivo
y por quien muero contento
pronostico de mi mal
de propio mi bien en ti
ampara a un desdichado
cuando me as desamado
suele de dar castigo
a quien bien te a de seruir
si no que pues por ti muero
este en tu memoria al go
que sea de mi en efeto
que atrevimiento Eduardo
que porque de ti me guardo
me apliques a mi el defeto
no sabes ya que en tu casa
y que a mi padre dar mas queja
señora
pues si sabes quien eres
que proposito es el que quieres
porque bajo a mi te atreves
tu me amas y tu bien me llamas
amo
y pierdes porque amas
que decirlo a quien te desama
i como quien tan loco ande
y ciegas a tan caballero
un juicio de reportar i erro
que me hace aun agravio grave
pues presumes de juicio
de que cuando un hombre os quiere
cobrase de el ser de poco
pobre mas no de juicio
que nunca Flaminia mia
me vi en mi uida mas q os
que despues que juicio perdi
el juicio quierolo yo
no fallo aqui conocimiento alguno
en ser pobre i a q[ui]en sirvo
q como b[ue]n pordiosero
sobre ser pobre importuno
i porque de importunar
se me a de pedir por dios
que sabedes. que por vos
que me una camisa podras dar
y finalmente a el cabo
tengo en ser poco valido
pues por ser pobre me acabo
a quejaros sin temor
porque cuando enternezer
no puedan ruegos favorecer
morire y muriendo os pesara
tendre poco que perder
cada desgracia
Entra un criado
Justo es o
Pag. 22
Fuera.
¿Quién viene?
El marqués.
Entran el marqués y Trainal con desgarro.
Llévenle aquí a mi cuarto,
aflójenle un poco el sayo.
No habla.
A nada responde.
¿Qué tiene, mi hermano el conde?
Un repentino desmayo,
que le dio ahora en palacio,
que le privó de sentido.
¿El médico no ha venido?
Por él fueron.
¡Y qué espacio!
Entra el dotor y criado.
El dotor.
¿Qué con detención
entráis, dotor y señor?
Perdonen, señor, con todo el
¿No entráis, señor?
Ya entró.
Tiénenle desnudo ya.
Entre las sábanas puesto.
Señor doctor, vamos presto.
No ha vuelto.
Habla ahora.
Vanse y quedan Eduardo y el Marqués.
Eduardo, ¿adónde vas?
Ver cómo está el conde quiero.
Pues yo de mi amor primero
a un poco que hables y oigas,
y aunque sabes los secretos
de mi pecho, y de tu conde
adónde acude y adónde
trae los pasos inquietos,
y no me dirás de qué nacen
aquestas melancolías
que traes contigo estos días,
que tanta fuerza en él hacen.
De que le han traído a este extremo
en que ahora puesto le ves,
y por vida del marqués,
de que lo estimes, en esto temo.
Señor, no puedo negar
que el conde de mí se fía,
porque la privanza mía
con él tiene ese lugar;
y más, si alguna cosa ignoro,
afligido o desvelado,
es de la que no me ha fiado;
hoy ve el cielo a este avaro...
y más sé decirte, también
que si yo más supiera,
tampoco te lo dijera;
no estando el amigo, no puedo
y que sea la causa, porque
fiado en mi pecho,
saber que tales a quien
guardarle secreto sé.
No tienes, sujeto, en poco.
Siempre te he deseado dar...
Sale el dotor.
Déjenle ahora reposar,
que conviene por un poco.
Pag. 23
Dotor como queda el conde
Señor peligroso queda
No ay causa por donde pueda
saberse el mal
Si ay por donde
y no importa que quedemos
solos
Si a que yo le corta
y es cosa que poco importa
quedo pues su amor es feroz
Quien es señor una dama
que al entrar aquí se a soma
moza de buen talle
si
Rosarda amigo se llama
Una ermana de eduardo
a quien la reina crio
por su faza y perficion
Ya confuso el fin aguardo
segun suena la historia
de la sangre que se quema
por las benas tal se inflama
al celebro ba con su brio
Y los espiritus engendran
que por arterias despues
se ban al celebro ques
el lugar donde asientan
Y estos espiritus luego
su alimento se hace
de manera quellos que
que enciende el niño ciego
y en ellos se suele ver
si el hombre esta enfermo o sano
y lo de ordinario umano
suelen desto conocer
que de esta causa procede
quel medico purga toma
y su arte trata por su enfermo
por esto aqui se quede
Dijo que intenta ver
aquel conde enfermo
y como yo no me duermo
jamás en mi menester
y al tienpo que adverti
en el pulso su pasion
casi a la misma ocasion
quedo el pulso le tome
entro aquella ermosa dama
que ahora paso aqui
y en el pulso conoci
quel conde tuvo solo amor
y un espiritu alterado
con lo que entro por los poros
avivo los golpes flojos
del pulso debilitado
y el pulso feroz fue medio
a descubrirme su mal
Y que pasiones
mortal
si se dilata el remedio
Y el remedio
la dama
que le tiene ansi enfermo
y de no dargele temo
quen salga de la cama
el remedio vltimo es ese
que tiene su mal exige
o que su enfermedad cese
o que orden tenga fin
O se aver Case
Señora buena
llamadme a Rosarda presto
que rias cuando veo esto
Pag. 24
No me dejó hablar, lo pido.
[Entra Fosarda]
Y aun yo guardo avenidas,
en que si el gusto deseas,
del conde aplacarte as
entre tal pacto cumplido.
Y no solo e de darte susto
en daros el remedio,
aunque a de aver de pormedio,
dejarte tuyo un disgusto.
¿Qué me manda tu excelencia?
Que me ayudes aquí aparte,
que en el caso al fin sois parte,
y inporta vuestra presencia.
Ya sabeis que os e criado
desde niños a los dos,
desde que un día por Dios
de entrambos quedé encargado.
Ya sabeis que os e fecho
por hijos de un mendigante,
y que estáis tan adelante
como si fuésedes del pecho.
Eduardo, yo te ruego
que porque el conde no muera,
le des otra compañera
con que se apague su fuego.
Y si al conde das remedio,
tu hermana por orden tuya,
fiar puedes de mí el suyo,
que yo quedo de por medio.
Ya veo, Eduardo,
como lo mostrará el tiempo.
Yo creo que pasas tiempo,
y si no, yo pierdo el seso.
es con razón mi queja,
ahora que me das priesa,
señor, si no te confieso.
A Eduardo poco a poco,
que soy quien te abló.
No te ay favorecido ninguno,
sin que me tengas en poco.
Y vil conmigo tienes trato,
si yo te dijere ingrato,
quitaré tu que te quita,
villano quien se arrojó.
Yo confieso que tu fuiste
señor el que me dio valor,
que el nombre y ser que me honra
tu en tu casa me le diste.
Y pero no quiero tampoco,
que porque yo estime en algo
como yo que por ti salgo,
digas que te tengo en poco.
Y sin causa mueves rigor,
tus labios en mi deshonra,
que antes por darme tu honra
procuro tenerla en mayor.
Y cuando por ser mujer
mi hermana lo quisiere, tuerza
a lo que poca fuerza
y tuviese su poder.
Y no dará mi voluntad
ni lo que ella tiene mío,
cuanto por tenello fío
que no avrá libertad.
En efeto terne que el Rey
en no acer lo que pido.
Según la ley lo as pidido,
según lo a de ver de su ley.
mas que tú y cuando lo pido
le avisas de mi olvido,
mas no le doy mi honra.
Pag. 25
No quieres perdonarme.
Voyme de este villano.
Vase el marqués
Hermana querida.
Hermano.
Quedos oyd mi razón nomas,
ay, y que si me afrentas fiero
mas no quiero amenazarte
solo quiero suplicarte
por una fe, un amor puro,
que como hermana me debéis
que no afrentes a tu hermano.
Pues quiero darte esta mano,
y puesto pa lo que debéis
a que no dispondre de mi
no siendo por mano tuya.
Vuelve el marqués
La platica se concluyo
Auyentaros aquí.
No entres, villano, en mi casa.
Entraréme en lo del rey
adonde ay justicia y ley
y allí diré lo que pasa.
Vanse. Salen dos ciudadanos.
Junto al hospital
Basta con el nombre.
Que un hospital real mucho promete,
grandesas de camas y de mesas.
Regozijo se tiene de ver en los enfermos
el cuydado que tiene nuestra reina,
del seruicio y regalo de esta casa
cada semana la bisita un dia.
Y me parece que oy es de bisita.
Y a querido el rey venir con ella.
Dicenme que ella propia hace las camas
y les laba los pies a los enfermos.
Vestida de un sayal
que santo amor
a que se viste el traje zenizente.
Mucho desde aquel tiempo que el de Anquerco
en que rindió la traycion
Trayción no hables.
Pues es ella tan buena y tan piadosa
que lloro y la perdono el conde
como si fuera ella la culpada.
Dicenme que poquito rezando
si todo este xado y perezoso,
di vella la ocasion con su ermosura
ayuda a rresesfear y el tal aseso
a peregrina y solo dedicado.
Y a esforzoso que cada un
muyo
descarga al fin real.
Los reyes salen.
La reina lavándose los manos
que a lavado sus pies a los enfermos.
¿Quien es este ermitaño?
Un varón santo
que aqui en ofizita las rodillas para...
Entran el rey y la reina y ermitaño.
En el regalo y gusto de los pobres
se echa de ver que abrazáis la casa.
No es poco que tan buen corazon gane
quien a la solidad de esta mansión
mueren muchos enfermos.
Señor, pocos,
porque por la falta de remedios
entran varios.
Pag. 26
¿A dónde bueno Eduardo
con tanta aceleración?
Tan breve es la ocasión,
¿qué haremos si nos aguardo?
Y en mí, que esté acobardando,
estoy honrado y honra
que a mí sabe a deshonra,
que si dan un paso al campo,
y aun se va a los pechos
de mi amo el marqués que so,
en cuya casa vivo y digo,
una persona en grande aprieto.
Y quiere a la una fuerza hacer,
y vencer a la sin fuerza,
que tiene de dar esfuerzo,
y ella fuerza deshacer.
Y no por quien yo sea ayudado,
señor, sino por quien eres,
y porque quien da lo escuro
saca por un hombre honrado.
Solo es de poner la mira
para darme ahí tu ayuda,
que el morir es honrado sin duda,
sé que por su honra mira.
Y suplico a tu majestad,
que mientras cuento lo que es,
hagas prender al marqués,
que yo por tal a la verdad,
y tan bien has de mandar
prender mi hermano y su fijo,
para que estén en la honra fija.
Ir cierto.
Podría importar.
Veislo.
Señor.
Yo voy ya
y a casa del marqués.
Vuélvense, y a los pies.
Con mi señor, a palacio.
Y se envía a lugares todos
correos querría yo tan presto.
Luego más presto que espacio.
Vase el Rey.
Padre de los que aquí mueren,
hácese lo que han mandado,
tenéis el nombre asentado
y patria de donde fueren.
Pues ya se lleva en cuento
de qué tengo que avisarte,
pero importa que sea en parte
que nadie vea lo que cuento.
Pues no esté nadie delante,
dadnos lugar a los dos.
Quedan solos.
Y álcese el hábito de ermitaño.
Es fuerza mi encargo a vos,
que aunque vengo ignorante,
seis días ha que aquí llegué,
y de aquestos seis el uno
llegó a demandar acogida
un peregrino enfermizo.
Y con un bordón y esclavina,
y un saco de anjeo crudo,
y entre los negros cabellos
dejaba ver blancos algunos.
Y flaco y amarillo el rostro,
el cuerpo débil y enjuto,
y aunque falto de salud
muy más falto de gusto.
Dile al romero una cama,
que nos ocupó tiempo mucho,
que fue mata de romero,
que di a acostarse en uno.
Pag. 27
Vio que llega a su muerte;
del poco espacio que tuvo,
gastó en ordenar, al punto,
un desnudarse del mundo.
Y cosas de confesión
hízole a Dios sepulcro,
y de la unción postrera,
en un día todo junto;
diole en su muerte el Señor
un don muy propio de justo,
un don de lágrimas graves,
de que ojerosa tuvo,
él, sacando este papel,
ya casi en el postrero punto,
me dijo: "Dásle a la reina,
padre, porque importa mucho;
dile que es un testamento
de un noble que en tiempo tuvo
mucho que poder mandar,
y ahora aun no manda un bulto,
sino que con todo eso,
por si fuere de algún fruto,
la dejo por albacea
de lo que de Dios es suyo.
Y si pregunta quién soy,
decir puedes que un difunto,
porque yo estoy de manera
que solo con Dios cumplo".
Y él iba a decir: "Dios mío",
dijo "Dios", y un ay profundo,
porque el alma venturosa
desampara el cuerpo nudo.
[Abriendo el papel.]
Ahora quiero ver la firma.
Es del conde de Anquerco.
Señora, es fuerza,
yo de mi señor lo afirmo,
y procurarán dar nota
que habrá quien algo presuma.
¿Muerto el conde?
Muerto, en suma;
este seguro se nota.
Quiero leer, ¿qué aguardo?
"Item más, digo y declaro
que mi hijo Angélico adoro,
el encubierto tesoro
que crió el marqués Teodoro
junto con otra hija mía
que tiene en su casa hoy día,
tal cría de placer, lloro,
y suplico haya lugar
que Vuestra Majestad sea
de mi hijo el albacea,
que por ley se debe dar".
En fin, murió el conde.
En fin,
le tiene hoy brava muerte.
¿Y tuvo el hijo encubierto
hasta que le dio su fin?
Y mucho tengo que llorar
y no poco que admirar
por solo ser mujer.
Vamos, pues.
¡Hola! ¡Plaza, lugar!
Vanse. Entra el Rey, Marqués, sus pajes, y guardas, y dice el Rey.
Pag. 28
¿Que en ese extremo está el conde?
Digo que está en ese punto.
Llamen al médico al punto,
veamos lo que responde.
Ahora me aparto de él.
¿Y dónde, marqués, quedaba?
Visitando a mi esposa estaba.
¡Oh, cuánto cansado ya de él!
¿Y qué orden se ha de dar, hoy pues,
de dar al conde salud?
Porque yo con rectitud
tengo de juzgar, marqués,
que porque el conde no muera
no se ha de hacer un mal hecho.
Y yo, que dudar de su derecho
estorbar, señor, pudiera,
teniendo alguna atención
a lo mucho que me debe.
Contra un hombre no mueve
a un dictado de obligación.
Vengarlo hago por los dos,
porque si es ser honrado,
como hombre porfiado
aprendí a serlo de vos,
y por serlo no me agravio
de que intentéis mi deshonra,
que antes me habéis hecho honra
pensando hacerme agravio.
Y porque el valor que en mí cabe
es grande, y no se supiera
si intentado no se hubiera,
pero intentado, sí sabe.
Sale la reina y dice el rey.
¿Quién viene?
La reina.
Venga,
que llegue a mi presencia.
¿Qué manda, señor?
Señora,
hágase lo que convenga,
y hacer muy breve ejecución.
Que aunque el pleito es fácil juicio,
pues no sea en perjuicio
de la dama la intención,
porque yo como mujer
tengo de ser guardada.
Mujer soy y aunque acosada,
me sabré bien defender,
y yo me atreveré a hacello,
ayudado siciliano,
mi buen suceso es llano,
cansado de detenello.
El doctor viene.
Entra el doctor.
Entre pues,
a ver cómo queda el conde.
No hay, señor, por dónde
dé principio.
¿Qué mal es?
Una pasión procedida
de una amorosa locura,
un calor sin calentura
que le consume la vida.
¿Pues no tiene ese mal medio?
No es más, señor, la enfermedad.
Pag. 29
Que la gran dificultad
quise hallar en el remedio,
que no hay medio en mal de amor
que es gozar de quien lo causa,
que en este caso es la causa
para el enfermo gran señor.
Y morirá antes, sin falta.
Que si viviera con deshonra...
Mal se toca de la honra
adonde la vida falta.
En efeto, el conde muere
no gozando de quien ama.
¿Y qué dice a eso la dama?
Que remediallo no quiere.
¿Qué hay por qué negallo pueda
si él con ella se casa?
Buena quedará mi casa.
Y si no, ¿qué tal queda
lo que he dicho a Su Alteza,
si los medios que se tiene?
Sale el duque Guillermo.
El duque Guillermo viene.
Que Vuestra Majestad se duela
del conde Ubaldo, mi primo,
a quien de ver en tal estremo,
que tanto su muerte temo
como su salud estimo.
Muere de amor, mal cruel,
y queda de bascas lleno,
que con un amor y bueno
muere con señales dél.
Y su modo de remedialle
conviene que, brevemente,
pues el veneno caliente,
y no tardará en matalle.
Él sabe que ha de morir,
y han de decirlo a las gentes,
y daros inconvenientes
el menor que sé decir.
Y halla que el menor es
hacer este casamiento,
aunque no ha de haber contento
de su gente y del marqués,
que, como el casarse es cosa
que está en propia voluntad,
tocando a su libertad,
confesaráse de esposa,
y con su pedimiento
a que con ella me case,
y esto luego, sin que pase
cárcel, encierro, o justicia.
¡Alto mi intento, o perdida!
El seso al conde le han vuelto.
Es que todo el conde resuelto...
Sí, señor, por su vida.
Es muy justo que la cobre,
porque lleva una mujer
y no lo quiere parecer
tan honrado como pobre.
¿Traéis poder suyo?
Traigo.
Dad acá las manos por él
con ella.
¡Caso cruel!
Esta vez, de quien soy caigo.
Dadme vos acá la mano.
No ha de dar mano mi hermana.
No, porque di...
Cosa es llana,
como no quiera mi hermano.
Pag. 30
diste tu palabra
y bien
tengo se lo de cumplir
mas que habemos de venir
a fisgárselo tan bien
Eduardo no es justicia
siendo claras las ventajas
porque causa inventa atajos
quien todo él cae de malicia
por donde quisiere corta
que el juez es mi gusto hermano
ella no ha de dar la mano
el cansarse de qué provecho
y aunque el marqués me ofenda
cuando a mi hermana me pida
mas querrá dalle yo vida
o que me dé él a mí honra
y ahora a casarse viene
loco, como no pudiendo
pues es bien que conociendo
al opresor que la tiene
y dé a mi hermana por esposa
de un libertado marido
que su apetito cumplido
lastime en celos, no es cosa
¿qué haré, doctor?
casallo
que no hay otro humano medio
sino solo este remedio
para el conde
no hallo
grande ocasión tengo aquí
como lo desea mi bien
que en efecto no hay camino
de que viva el conde
sí
déme él por mujer su hermana
y darle yo la mía
que si no es por esta vía
no hay, señora, otra humana
pues de mi padre por muerto
a que yo voy desde luego
porque desde luego niego
ese ilícito concierto
de que el conde ha de apartarme
acabar de vivir
que tan bien les da el morir
como mal a mí el casarme
pues que, porque mi mal
no ha de nacer a quien
más vale que él muera bien
que no que yo viva mal
señor doctor.
¿qué hay, Roberto?
está el conde mi señor
cada momento peor
será así; tiene misterio
pues viva, no es posible
que yo, señora, me case
quiero, antes que de aquí pase,
saber aquí qué es posible
Flaminia, ¿en qué reparáis?
que si siendo Eduardo
mozo galán y gallardo
tan inigual talle negáis
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y más habiendo de ser
su hermana mujer del Conde.
A Inglaterra, Conde, y pon de
por mí con él los poderes;
cuando mi hermano no se case,
por librarse de su mal,
varón que lo haría muy mal,
tiene disculpa el fin que hace,
y que lo que un Rivera mancha
lave el de su ilustre casa,
porque al fin el mayorazgo
se meta esta vizcondesa,
y si mujer pobre cobra,
podía encumbralle sin falta,
honra aunque no me falta,
ya dudo que el de sobra,
y gozo de un duque mayorazgo.
Soy mujer, seré leal,
y en casada con él,
quede mi honor cual,
así mi hermano ha de vivir
por casarse tal a posta,
yo no lo pago a mi costa,
que no lo he de consentir,
porque no cueste una suerte
su hermano, y por hermana,
que él casa, do vida gana,
y yo caro gano la muerte.
Respuesta Flaminia apriesa
por donde se ha de ver
que tienes deseo de ser
muy brevemente marquesa.
Negocie que ese bien llamo
si caso con un marqués.
No dudes
della en ser su esposo tarda
hasta que tú seas mi esposa,
bien sé que ha de ver que adrede
no me quiere dar la mano
porque se muera tu hermano
y su estado a ti te quede.
No es eso.
Sin duda es.
Yo te sacara a poder
queja.
Sin duda es,
y conmigo dis ayer.
Siendo tú ya Marqués,
y que el darte entonces la mano
fuera, Eduardo, posible,
cuanto agora es imposible.
En fin, que me canso en vano.
El conde se favorece
sin yo de ello me mediar.
Di ocasión, he de buscar
cuál como la que se ofrece.
Ya deciros que Eduardo
es sucesor del de Anguesco;
pues quiero hacer lo que ofrezco,
magnificencia que aguardo;
quiero le volver su estado,
que a tiempo lo veis, si fago
que además, aunque es suyo,
que se lo diera dado;
y las muchas obligaciones
a...
Pag. 32
Y me mueve bien a ser, marqués,
por ti una cosa destimo,
porque cierto me lastimo
tu confusión. Di, ¿qué es,
que, porque el conde no muera
y temo que des disgusto,
y porque tengo por justo,
y el que sigue considera,
que el que puede siempre acuda
a un honrado pensamiento,
pues yo a este casamiento
quiero acudir con mi ayuda;
y, pues no de valor falto,
aunque falte de poder,
supe a Eduardo poner
su pensamiento tan alto;
y con licencia del Rey,
de quien antes la he tenido,
y a quien de nuevo la pido,
porque en mi gusto es ley.
Y en mí el daros ley y fuerza
a lo que quisiéredes hacer.
Digo que le hago merced
de hacerle Conde de Anguerza,
que Eduardo, pues es esforzado,
agradáme tenerle en mí;
si te acuerdas, prometí
emplearle bien empleado;
y no fue, Señor, esto,
no hallo ocasión mejor,
ni la más, y cuanto es mayor
el sujeto en quien fue puesto.
Beso tus reales manos
por la merced que me haces.
Tiempo es de que haya paces,
cesen disgustos, marqués,
y quede efectuado,
duque, esto que hace al caso;
yo confieso darme paso
y por el poder que me han dado.
Eduardo dé a Flaminea la mano.
Cásese el conde.
Mirad bien si sois ya conde,
que no puedo creer que lo soy.
Vos de hoy mi camarero.
Y mi esposo.
Mas te vala
en título de ser mi gala,
que a los dos por sí honrar quiero.
Fin de la segunda jornada de la Reina penitente.
Jornada tercera
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La página izquierda de la apertura está en blanco.
Jornada 3. Entran el Ermitaño y el Conde, de pobres.
¿Que esta es?
Esta es la casa
donde el conde, tu hijo, vive.
Gran gusto mi alma recibe.
¿Conde es ya en fin?
Esto pasa.
Y más, que está...
¿Qué? ¿Con tales?
Por muerte del padre, él,
y ha cinco años a marqués,
su heredero el conde de Baldo,
el que con tu hija casó,
tiene un hijo de cuatro años
que entre propios y entre extraños
no hay su igual.
Dichoso yo
que en esta casa propia...
Aquí vive yerno e hija;
y cuanto le veo me aflijo
de verle esa ropa impropia;
que aunque vuestro hábito he fecho,
no está mi hospital tan pobre
que todo en él no te sobre
si gustases...
Bien se echa;
pero me pesa en extremo
ver mis hijos, y yo entre ellos,
tanto como deseo vellos,
el ser descubierto temo;
que no seré conocido
sin que muy caro me cueste;
pues que mejor traje que este
para andar desconocido
fuera desto, no profeso
menos pobreza que vos,
y sin ser dado por Dios
nada tomo.
Humilde exceso.
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Sale un pobre.
No en balde yo no me fío
de pedillo solamente.
Parece que viene gente.
Viene un compañero mío.
¿Este es vuestro compañero?
Sí, que como yo me precio
de pobre, nunca desprecio
su compañía.
Irme quiero.
Adiós.
Él vaya con vos.
Vase.
¿Véreisme?
En viendo a mis hijos.
¿Qué ruina o qué cortijos
tenéis, a pedir por Dios?
Ninguna cosa hasta aquí,
pero espero en Dios, que es grande
su piedad.
Nunca Dios mande
que niegue esto y deje ansí;
mas cierto que es vida triste
esto del pedir.
Ya, amigo,
triste es, no lo contradigo;
pero resiste, resiste
y espera.
¿Estarme quedo
a que se venga a la mano
la comida? El pobre, hermano,
no ha de tener ley ni miedo.
Yo, cuando a algún pobre alabo,
es un pobre vividor,
digo, buen trabajador;
ya entendéis.
Aparte.
Ya estoy al cabo,
y este es, en fin, hombre falso.
¿A trabajar llamas hurtar?
Esto me ha de sanar.
Yo como de mi trabajo;
¿y es mejor morir de hambre?
Que el corazón se me ahila,
pues quiebra, a fe, que hila
harto delgado el estambre.
No me supiera así a mal.
Cualquiera cosa
creolo, a fe,
pues trabajase.
Moriré
primero que haga tal.
¿Yo hurtar?
Qué bueno es eso.
Pues hoy hay que trabajar,
y me tienes de ayudar.
¿Y es esto cosa de peso?
Un trabajuelo es así;
en efeto comerás.
No, no, que trabajarás,
amigo, por mí y por ti.
¿Por mí y por él? ¡El donaire!
Por vida de fulana, eh,
que espere a que yo trabaje
por los dos para raíces.
Pero, por esto que digo,
veisme ahora a cargo
de un saco que aquí traigo.
¿Cosa de comer?
Sí, a mi fe.
¿Qué es? Veamos.
Vaca, tocino, pollos...
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A fe que de buena gana
ayude yo a comer de ella.
Tan desvergonzado es él
que querrá comer.
Pues no.
No se canse porque yo
comeré por mí y por él,
y él trabaje a mi gusto,
y el comer entre los dos,
malos años para vos.
Dame un poco.
Enamorado
no le dará por Dios golpe.
Algo siquiera.
Ya va.
Primero se acabará.
Aquí se acabó de un golpe.
Poca piedad en ti vive.
Quiérome ir a trabajar,
padre, para manducar,
muy flojo anda quibe ambe.
Vase.
A Dios, en este mundo cría
de todo, malos y buenos.
Sale un ayo con un niño de cuatro años y dos criados.
Querrá ahora cuando menos
merendar Vueseñoría.
¡Hola, hola, merienda al conde!
Vuestra señoría meriende,
que mientras en eso entiende
su boca muda no responde.
Yo lo haré, señor, ansí.
Este es mi nieto, sin duda.
Vea yo que de aquí se muda.
No me mudaré de aquí.
¡Hola!
Señor.
Yo vendré
presto, quedaos con él vos.
Vase.
Vueseñoría, por Dios,
una limosna me dé.
No tengo, que más por puntos
espere que se me traiga
mi merienda, y no se vaya,
y merendaremos juntos.
Dé Dios a Vueseñoría
larga vida en este mundo.
Salen con la merienda.
Trae la merienda, Facundo;
pásese de ahí; bien, a fe mía,
pues sentémonos aquí,
que padre y, de conformidad,
merendemos.
Que esta edad
tenga tanto bueno en sí.
Siéntanse.
¿No tiene dientes?
El día
que yo acabé de perdellos,
empezaría a tenellos
apenas Vueseñoría.
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para que comience en eso
que es duro y se está cansando,
tome aquesto que es más blando,
y déjeme a mí ese queso.
Vueseñoría parta y tome,
que ya yo para mí parto.
Comed, que yo estoy harto,
padre mío, en ver que él come.
Entra Ubaldo, hijo del Marqués, su maestro y Rosaura, su mujer.
Bueno, hijo, ¿dónde está?
Señor, con el ayo anda.
Antes pienso que demanda
limosna por puertas, ya
grande amistad, grande paz
que hace, come o descansa;
aquesto es lo que me cansa
contino de este rapaz,
que abatido es y que bajo;
hacedlo quitar de allí.
¿Qué es del ayo? ¿No está aquí?
Arriba subió.
Es trabajo.
¿Qué manda Vuestra Excelencia?
Que me azote a Teodorico.
A su Excelencia suplico
use esta vez de clemencia.
No, esta vez, dejaldos, vos,
que es cobardeza aquesto.
Antes ganamos, apuesto,
de hacerlo propicio a vos.
Bueno es que se ha inclinado
a hacer fineza al conde,
mas no de modo ni donde
sea el muchacho notado;
vaya luego, señor ayo,
y por mi fe que le azote.
Ahora,
niño, no se alborote.
Padre, que yo no desmayo,
yo sé que sí, y coma más,
si no está bien satisfecho,
y téngale buen provecho,
y no se me meta en más.
¡Que haya corazón tan bravo,
que esté oyendo esta criatura
tan duro!
Vuelve Ubaldo.
Todavía dura,
acudió la llama al tronco,
y miedo al fin de un postrero
volviste a tu natural.
Vase.
¿Es posible que oyó tal,
que oyéndolo no muero?
¿Qué esperas? Que volviera,
porque no va ya y le azota.
Entran Conrado y Flaminia, Eduar., quien conoce a Laureta, esta.
Pag. 37
Venga el niño.
Espera.
Quien tuviere...
Yo, señor niño,
acabad, llevadlo en brazos.
Antes me han de hacer pedazos,
que me saquen de aquí el niño.
No sabemos qué fue aquesto.
Hase enfadado el marqués
de verle como le veis,
en brazos de un pobre puesto.
Y por eso le han de dar...
Sí, señora, que no quiero
que le llamen pordiosero
por dar él a ello lugar.
Llevadlo.
Que, en fin, te llevan.
No llore, no llore, padre,
désele gusto a mi madre.
¿Estas lágrimas no os muevan?
No te vale, hijo, mi sombra,
adiós, mas vete a amarlos.
Sois de bronce, sois de mármol,
vuestra dureza me asombra.
Y el niño no ha de acostarse;
diga uno, diga el marqués,
alabe a Dios que es quien es,
y deje ya de afrentarse;
y que pues tiene tanta honra,
puede darnos a los dos,
y a vos, padre, por ser vos,
la causa de su deshonra,
y de aquesta poca honra mía
quiero alguna parte daros;
si gustáis podréis quedaros
en mi casa desde hoy día.
Y así, id aquí a esta puerta,
que daros de comer quiero,
que más vale ser portero,
que no andar de puerta en puerta.
Placer me da lo que escucho.
Es de su ida me huelgo.
Estas cosas del marqués
me van acabando mucho.
Vanse. Sale la Reina, Rey y duque y criados.
¿Qué nueva ya hay de Francia?
Señor, esta:
no aguardéis que el contagio se derrame // Lazio.
Mi reino tiene guarda.
Aún no está puesta,
y la mató el común.
Sé bien qué dame;
bien será que sepamos la respuesta
que los doctores dan el Musellame,
y del real hospital el ermitaño;
sepamos si en mi reino hay algún daño.
Grande mortandad, duque.
Señor, grande;
es de suerte que no hay mortal ninguno
que libre de la muerte en ello ande,
sin que se halle al mal remedio alguno.
Dios, por quien es, su airado pecho ablande.
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Huye con tiempo, Rey, por no ser uno
de los que en morir sin resistencia
se advierte el rigor y pestilencia,
el aire que en un punto da la vida,
ya la quita no haciendo lo que debe;
la venenosa sierpe ya vencida
de otro mayor veneno no se mueve,
no es tan breve en un fuerte por la herida,
pues cuanto la muerte en el herido es breve.
Caen tantos animales, en fin, muertos,
que están los campos de ellos ya cubiertos,
haciéndoles la tierra franca mesa;
ni el perro osa comer, ni el lobo come,
que aunque su inclinación en él no cesa,
le obliga el temor grande a que la dome;
de las aves usadas a esta presa
no hay ninguna que en ella el cebo tome,
que el cuervo, el buitre, el águila, el milano,
huye del mal olor, mas huye en vano;
no halla en su mal el hombre beneficio,
en vivo fuego el corazón se abrasa,
el rostro en el color da claro indicio
de lo que dentro en las entrañas pasa,
la gruesa lengua no hace bien su oficio,
trabada, las palabras da por tasa,
y por los tristes y abrasados ojos
lanza el volcán del pecho rayos rojos,
cuál acude a la fuente, cuál al río,
llevado del furor que sus pies mueve,
cuál antes de llegar cae muerto y frío,
el veneno o sudor vuelto en nieve,
y cuál que hasta llegar le dura el brío,
por beber su salud, su muerte bebe,
que aun las heladas aguas no ha bebido
cuando son para él vaso de olvido;
al que amistad o sangre le provoca,
al que de medicina sigue el arte,
al que al enfermo le visita o toca,
de allí con el mal mismo al punto parte,
del amo el siervo hace cuenta poca,
no hay hijo que del padre no se aparte,
que en esta confusión y barbarismo
cada uno solo mira por sí mismo;
en efecto, el negocio va de suerte
que presos de la cárcel vi librados,
que condenados antes a la muerte,
fueron a enterrar cuerpos condenados,
y de estos, sobre carros caso fuerte,
fuera de la ciudad eran llevados,
sin más gente, ni más pompa, ni más llanto.
Hasme causado lástima.
A mí espanto.
Entran doctor, ermitaño y paje.
Médico y ermitaño han ya venido.
Padre mío.
Ay, doctor, pues ¿qué hay de nuevo?
¿Cómo está la ciudad de enfermedades?
Muy buena está, qué mala.
Verdad dice.
Pag. 39
Cada uno me responda por su orden:
padre, en vuestro hospital, ¿ha entrado alguno
de aquestos peregrinos que ahí se acogen
de quien se pueda presumir que traiga
rastro, ni olor de pestilencia ahora?
No hay quien cause, señor, esta sospecha
en mi hospital.
Y vos, doctor, curando,
¿habéis hallado acaso algún enfermo
tocado de este mal en esta corte?
Hasta aquí no, señor.
¿Y qué remedio
os parece, doctor, que puede darse
para preservación de este contagio
que por la vecindad Francia amenaza?
Lo que ataja los males epidémicos,
según doctrina del antiguo Hipócrates,
son perfumes de olores aromáticos,
gomas, de aguas de olor, pomas de ámbares,
polvos, conservas, confecciones, pócimas,
fiestas reales, regocijos públicos,
juegos, torneos, bailes, saraos, máscaras;
y en efecto el remedio eficacísimo,
y que preserva más una república,
es prevenir, señor, guardas solícitas
en puertas y caminos, que no habiéndolas
puede sobrevenir un daño súbito;
y así es bien que en las rayas y en los términos
mandes ahorcar luego de los árboles
el extranjero que pasare el límite,
que esto solo evitar puede este escándalo.
Manda que luego se pregone.
Mandólo.
Publíquese con pregones
que no entre en mi corte ogaño
pena de la vida, el extraño.
No menos castigo pones.
Pues, ¿pesaos de esto?
Sí, pesa,
señor, porque en mi hospital,
con tu mandato imperial,
una piadosa obra cesa,
y que, en fin, fue su institución
solo para peregrinos.
Dios abre muchos caminos,
Reina, a tu buena intención;
y no faltará gente enferma
que cure vuestro hospital;
mientras durare este mal,
esa buena intención duerma,
y que no es tanto inconveniente
que un bien particular cese
como que se siga de ese
daño común a mi gente.
Y publíquense fiestas luego
y regocijos en la corte,
y a mi costa vista y corte
las libreas para el juego;
y mientras acá se traza
lo que en esto se ha de hacer,
yo con vuestro parecer,
doctor, me quiero ir a caza,
aquí a esta casa de campo
que una legua de aquí tenéis.
En el que, señor, vengáis,
que deleita mucho el campo.
Licencia os pido, señora.
Que su majestad la tenga.
Pag. 40
siga, el sol no le detiene.
Cae el sol.
No es mucho el que hace asía,
en el horizonte
solo se ve un arrebol.
Pues quiérome ir con el sol.
Da un vestido de monte.
Vanse. Salen dos alabarderos.
¿Son, Erasmo, tan ciertas
de eso que se ha pregonado?
Que aqueso que se ha mandado
sobre el guardar de las puertas.
¿Y qué decía el pregón?
Que se manda que cualquiera
que quebrare el bando, muera
sin género de excepción,
y han hecho ya levantar
una horca en cada puerta.
Mas si alguno a entrar acierta,
será más error que acertar.
Causó novedad el bando.
Está la ciudad revuelta.
Demos al alcázar vuelta.
Bien dices, vamos rondando.
Vanse, y entra la Reina y Eduardo.
¿Fuese el rey?
Señora, fuese,
porque yéndose ansí gana
dos días más de mañana.
¿Que el fin de ir de noche es ese?
Queda en fin tu majestad
sola.
Y hallo novedad
más que nunca en su partida,
y cierto que espero pasar
esta una noche muy triste,
pues dice que se resiste
la tristeza por con hablar.
Y si gustas, vaya mi coche
por vuestra hermana y mujer,
que me quiero entretener
con su plática esta noche.
Por ellas y por mí beso
los pies a tu majestad,
y enviaré con brevedad
por ellas, pues gustas de eso.
¿Dónde vas?
A hacer al punto
que por ellas vaya un paje.
Vase.
Bien es pena que os ataje,
¿por qué subís a ese punto?
¡Qué mucha la que me causa
este pregón riguroso!
Y más el ser tan forzoso
por ser forzosa la causa.
Ya mi hospital se acabó:
o al menos hubo intervalo,
que porque fue mi regalo
fortuna me lo quitó.
¡Los peregrinos que ayer
en él eran albergados,
ya por mis graves pecados
hoy lo dejaron de ser!
¡Males, por varios caminos,
me viene mal el que hoy vino;
ha sido mal peregrino
por ser contra peregrinos!
Pag. 41
Que el ver que el conde de Niguenca
se acabó por mi ocasión,
una peregrinación
ha hecho en mí tanta fuerza
que si pudiera comprarlo
con la sangre de mis brazos,
yo misma los trajera en brazos;
los que andan peregrinando
los pusiera donde fueran
con caridad hospedados.
Bien castigó mis pecados
el Señor; mas tales eran.
Dichosa yo, si jamás
nadie acertó tanto a serlo,
que me castigó en aquello
que pude merecer más.
Sale Santiago de peregrino, recatándose, mirando atrás como con temor.
Reina.
Jesús.
No te alteres,
por aquese nombre mismo,
y acude, Reina piadosa,
a aquello que en él te pido;
por aquel que siendo él,
sin nacer, Dios ab initio,
por los pecados del hombre
naciendo, ser hombre quiso;
por aquel que es Dios sin fin,
y habiendo él hecho otros ricos,
nació pobre en un portal
y posó en un monte frío;
por aquel que se inclinó
tanto al número de cinco,
que recibió cinco heridas,
y azotes mil veces cinco;
por aquel que de sus llagas
dejó con caudal a ricos,
sin pie de culpa el mundo,
y el Calvario en sangre tinto;
por aquel que la distancia
midió que hay del cielo al limbo,
y demostrándose inmortal,
en tres días muerto y vivo;
por aquel que en este traje
en que yo vengo vestido,
junto a Emaús se ofreció
a sus dos santos discípulos,
y cerrándoles los ojos
mientras les abrió el sentido,
no fue conocido de ellos
aunque de ellos era visto;
y por aquel, finalmente,
que siendo a Israel Dios mismo,
me ha traído hasta aquí
sin ser de nadie sentido,
que tengas compasión, Reina,
de este pobre peregrino,
que, sabiendo tu buen pecho,
valerse de él ha querido.
Llegué a esta corte esta noche,
donde noticia he tenido
de que debo ya morir
solo por pisar su sitio;
si por fama lo que tienes
de que amparas peregrinos,
que por fuerza ha de ser mucha,
hoy llego donde yo habito,
y aunque en tus propios muros,
sin que fuese conocido
no oso fiarme en mi viaje
de nadie; y de ti me fío.
Pag. 42
el peligro Reina es grande
mas pues de ti me confio
maior es la confianza
que en ti tengo que el peligro
da me acogida esta noche
hasta que el dia uenido
pueda mudar de lugar
mudando me de vestido
Considerada por mi
ni embaraza peregrino
la distancia del camino
que habras traido hasta aqui
los riesgos que habras corrido
al entrar de la ciudad
el miedo y dificultad
con que todo lo has vencido
Hallo por cierto que Dios
a quien mi intencion consagro
te ha traido por milagro
donde nos uemos los dos
y ansi por el en quien fio
y a quien tu dicha atribuyo
ha de hacer el riesgo suyo
sin reparar en el mio
tu tienes en siendo visto
cierta y segura la muerte
Pero ya que llegue a uerte
primero que te hayan visto
yo sola porque se ataje
un notable detrimento
te escondere en mi aposento
hasta que mudes de traje
yo estoy sola que el Rey falta
porque esta noche fue a caza
todo en tu favor se traza
mucho te ama Dios sin falta
y en mi temor y desuelo
se be bien cuanto te ama
porque duermas tu en mi cama
quiero dormir yo en el suelo
y en paz descansa y reposa
esta noche que en Dios fio
que guardara el honor mio
y hago prueba de fe poderosa
entrase y luego Sale Eduardo alborotado y un paje.
que fatal. Cielos sin duda
donde vas Eduardo
aguarda
llama a toda la guarda
no quede nadie que no acuda
ay Eduardo
es fiereza
tu traicion Reina traidora
que ahora mi nombre desdora
no acierto a decirte yo
que riesgo es este
quien me relata sabe
que tal viese y tan ciego
que por un mismo medio
el ser honrada llave
y tu maldad se acogia
en cubierto por recato
queriendole dar trato
desdorar por demasia
el ser falsa sin rezelos
que a un bueno la culpa pruebe
quien as hallado esta llave
por fuerza a de abrir mis celos
pues la llave no se fia
de otro que se cerrara
a bulto y a desora
Pag. 43
Ya arrima la guarda.
Entran los de la guarda.
¿Qué manda vuestra alteza?
Que a esa puerta aguardéis
y nadie por ella salga
sin que fuego o fuerza haga
a su despuesto, mudéis
que va a confiar ser fiel
en guardalla de esta suerte.
Entra el conde de Anveres, de escudero, y Flaminia, y el niño del rey, y Flora, dama.
Pues, conde, ¿is a qué efecto,
dónde?
A aguardar el fraile y...
Pues gran ciego mancebico
ha tenido de esta mariposa.
Dejadme.
Pues, ¿tanta priesa?
Mayor la fe que me obliga.
¿Qué fue?
Un caso que merece
no uno, mil. Corazón, si of-
-rece, de que podréis ser testigos,
pues la ocasión tiempo ofrece.
Que en su misma cama tengo
ahogado y está caído
al adúltero gallardo,
y vaya quien me entretenga.
Repórtate, Eduardo, y ciego
sabe bien la verdad.
Poco será mi lealtad,
si mi crueldad no es mucha.
¿No adviertes que quiere el conde
corresponder ocasión?
A questa misma razón
sin faltarle yo respondo,
que ya vio mi calidad
está a mayor medida,
a tal reina, ¿qué digo?
A mi rey es realidad.
Qué de enojos que ha dado.
Y priesa.
Tengo de castigar esta fe-
-lonía de fe y altiveza.
No me vayáis más a la mano,
que mi pundonor y oficio
ya no tienen menester
sanos.
No vaya a ofender
a la reina, mi señora.
¡Oh, vil paje, y también vos!
Sois parte de la traición,
sois vasallos de mujer,
que lloráis como unas...
vos conocéis lo que son,
¿qué pedís lo que pedís?
Vos, ¿de qué sirve decir?
Que aprovecha, y nada usáis.
Por eso, no más palabras,
ni os valga el llanto.
Si dice mal principio,
pésame.
Aquí os guía el amor
por la fe y por la ley,
como bueno, gastar veis
honor, todo es decir,
¿qué decís?
Que liberes fiel.
Coge a Eduardo.
A valer así de alguna,
como a dueñas de velo,
bien parece que os mueve
la sangre que tenéis mía,
es parte a ofender, que lo
que hacéis, la fuerza
a la reina, y quien olvide
no tuviera en su vida vuelto.
Pero ya que vais gozando,
y de dejarla morir,
nos obliga a que vivir
a buscar a un ermitaño,
que al fin a acudirme puede
en entender lo que digo.
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y os deja por lo que os debo,
porque grato olvido quede
que matas, locuras, furias,
en que género se desvaneciese
tomar venganza infamante
que satisfaga a mi injuria.
Yo señalaré por medio
tener puedes confianza
que en lugar de mi venganza
procuraré tu remedio.
Vase.
Dios, ¿qué suspendéis? ¿qué asombra
esta turbación con que quedo
no de morir, pues bien puedo
poner en orden mi alma,
ha de poder Dios porque libre
pecado, para tener luz.
Ola.
En fin, de morir
¿no es fuerza que me aperciba?
que, pues no hay donde me esconda
cuando mi culpa al fin llegue,
ni cuando a saltarme llegue
qué tengo que le responda,
quiero tan resueltamente
quitar merecida vida
que me halle tan convencida
como me hallo inobediente.
Y a sí misma sin pecado.
Pues viva, que escribir quiero.
Si muero, de que no muero,
y por mi culpa he caído,
que vuelva a doler de mí,
que vea y me vea a mí misma;
si muero, será por bueno,
que un buen juez conoce
y bendigo tu justicia,
darme en ejemplo castigo,
muy más piadoso conmigo
que riguroso anduviere.
En querer que mi destino
tuviese este purgatorio
para hacerlo meritorio
bajo lo que tengo escrito.
Cielos altos, que de fuerza
guardaréis fe innegable
porque ante Dios clamo hoy
la inocencia de mi pureza,
y obligo que adviertas,
la mujer del peregrino,
que ciegos amores no
cierren el paso a mis puertas.
Y entrólas y Eduardo guarda a dos de los suyos.
En fin, feneció la posesión,
hoy no sé cómo me siento,
y dándole todo al viento,
véngase más tu arrogancia.
Ya, infame, hoy adrede
en que guardarás victoria
a las ofensas su memoria
y ha sido de propósito
hipócrita de tu vida,
falsa esposa fingida,
que sabe a buena vida
la penitencia áspera,
y a penitencias asida,
satisfaciendo el pecado
como aquel por su recato
infame aconteció dél,
que veo título vil
en caso más a postrero,
tú te elegiste primero
para ofenderme, después
con un romero infame.
Mirad, mujer sin ley,
que, ofendiendo mi honor,
no tuviste freno a errar
ni afrenta ni rigor,
que aunque más presumas,
sean flores cuyo humo
no pueda dar buen fruto.
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Los ojos bajas, Jaqueto,
levántalos, es mejor,
mas mi cuidado se rindió,
corazón, mi aliento,
mas bien sabéis en el enojo,
entierra el fuego del ciego
quien sin fuero se rindió,
y me matará con el fuego,
y no te espantes mi ruego,
de que es mi amigo don Diego,
que quiero guardar mi vida
para quitar la suya,
a crueldad y furia
por mi mano he de matarle,
aunque temeréis advierto,
mas nace de mi traición.
Y notad que a Dios tan bueno
como le hizo hermoso,
que triste estoy y que celoso
que sujeta fuere no.
Y de salir con vuestro intento,
es pena de pesar y llanto,
de habernos ofendido tanto
los de que me rindo yo.
Por tu envidia y mi alevosía,
la prisa y mi poca causa,
tal confusión en mi causa,
que no sé dar disculpa,
a ofenderme atrevo,
siendo que a Dios he agraviado,
siento aquí mi gran pecado,
mas a mi mujer que debo,
yo entrego pies y rendido,
en las manos del abuelo,
muero pues no hay de consuelo,
pues tendréis de ello servido.
Si este fuego perdonado
quien lo ha de haber sabe,
que apurar mi dolor sabe,
de apurar no sale dél,
guardaos, que vuestro papel
porque a mi alma avisa,
en secreto y guarda en él.
Y porque importa que luego
le den sepultura y muerte,
a vista de mi enojo fuerte,
que para que el dolor ciegue.
Deseo tanto vengarme
que no me detendré en él,
retiraréme, descansad y a armar.
Aunque parezca exceso
señor, has de perdonarme.
¿Pues cómo? ¡Oh, gran afrenta!
Sentaos y veréis qué es de
Es más que una fiera fuerte,
y os juro, más que un bien,
padre que a vos os guarde
todo, señor, en Dios fía.
Suplico me deis vida.
Y atadlos.
Saliendo del repuesto grande, en que la Reina repuesta, conozca la culpa impuesta, como toma y manda.
Como Rey os ruego y ordeno,
abonar la Reina quiero,
si hubiere algún caballero
que sustente lo contrario,
en fin a probar me obligo
que la Reina buena ha sido,
y que somos ofendidos
con nadie más que conmigo.
Y repare bien tu estado,
guarda la ley, que en las leyes
deben amparar los Reyes,
y aguardar a un agraviado.
Cuando yo me hiciera juez,
después de mi buena fama,
le daré el fiel en la cuenta,
como ahora le daré,
pues por mi acusación
la Reina queda en el aprieto,
el campo ofrezco dispuesto,
como tengo obligación,
y ansí de su sinrazón
desafiaré a quien me venza.
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Necesidad de esas poca
si está el de quien oí
y con veras espantosas
veis en Isabela esta falsa mujer,
tengo a mi lado en mi cama
el adúltero alevoso,
y de aguardar reportado
lo que el hierro determina,
alto, corred la cortina
y muera el que me ha ofendido,
que apenas él habrá muerto
cuando ella su vida acabe.
Pónense los de las banderas con las alabardas amenazando hacia la cama, y el Rey con la espada desnuda; corren la cortina, aparece Santiago de gloria y el saco colgado, y por una tramoya desaparece y prosigue el Rey.
¡Jesús, qué portento es este!
Sin duda el cielo se ha abierto.
Otra y esta milagrosa,
que Dios ha puesto hoy aquí,
y el peregrino que vi
era una misma cosa,
y confieso, Reina, mi engaño
y vuestra pura inocencia.
¡Oh milagrosa evidencia!
¡Oh glorioso desengaño!
En lo visto, Rey, verás
la verdad del caso.
He visto
que eres amparada de Dios
y no quiero saber más;
solo que a mi lado quiero
se lea este papel
para ver lo que está en él,
porque ya por cierto muera.
Por descargo de mi conciencia en este
codicilo que al punto de mi muerte ordeno,
que declaro como el Conde de Enguerca,
grande de estos reinos, que por mi causa
fue condenado por traidor, no lo fue;
y que contra Dios y mi conciencia
falsamente le acusé de tal crimen,
por cierto respeto que por estar mejor
a mi honra el callarlo que el decirlo
lo paso en silencio; y confieso que Dios
me castigó por este delito y no por el
que de presente se me acusa, que no lo cometí; y declaro
que el haber dado el estado de Enguerca
al Conde Eduardo que hoy le posee fue porque
me constó por justa y más que cierta,
que en esto hice pesquisa encubierta del
dicho Conde de Enguerca de ser verdad,
y por verdad lo firmé. La Reina Isabela.
¡Ay, Rey! Si el pecado
que yo he hecho no es presente,
de mi furor penitente
y el hasta aquí he llorado,
pues es a Dios ofendido,
porque él se digne y crea
ver mi piedad que viniera
al extremo a que he venido,
por eso de vos la muerte
y por eso la demando.
Vete, Reina, y hablando
es imposible ofenderte;
porque aquí lo que decía
un tiempo en mi deshonra,
ya me acredita de honra
con la prueba de este día.
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Causas son de llevar agravios
lo de honra mal considero,
que si pecaste primero
ya Dios por ti hace milagros,
y el mayor que ha hecho ha sido
volver su honra al de Anguersa,
que debe de ley y fuerza
ser en el Reino regido.
Llámenle luego, a pregones
que desde hoy por leal es dado,
vuelva y goce de su estado.
Eso, señor, es imposible,
que el Conde está muerto ya.
Descúbrese la celada el Conde.
No está muerto, que aquí está,
vivo para ser visible;
yo soy el Conde que fui,
aunque del tiempo mudado,
y os oye, Reina, el desterrado;
porque lo que no cometí,
escuchándote afligida,
por ti se ofreció a la muerte,
que nunca el hombre de suerte
injuria guardó en la vida.
Padre.
Hijo.
Padre.
Hija,
a Dios debo este despecho.
Válgame Dios en el cielo,
que baja el espíritu,
desde aquí yo lo veo.
Estoy de contento muda,
solo un don, conde, pido,
vestirme el cilicio que hoy poseo,
y porque resolviese
esta vida enteramente
y os sirva de penitente,
un voto solemne hice,
de que si su majestad
licencia para ello diese,
luego que perdón hubiese,
prometo la castidad,
y ser, aunque Reina, arrepentida,
la Reina que se ofendió,
y ansí se queda esta
en Taragón recogida,
y querría hacer penitencia
del mal llorado delito.
Mi gusto al suyo remito;
yo doy, Reina, la licencia,
porque mi edad lo consiente,
mas que para hijo prohijo,
y aquí, señores, concluyo
nuestra Reina Penitente.
Vista y examinada por el doctor Jinés en Sevilla a 25 de mayo de 1604. Dr. Jinés.
