Texto digital de La conversión de Diogeniano
Fecha de publicación: 22 de agosto de 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La conversión de Diogeniano. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-conversion-de-diogeniano.
LA CONVERSIÓN DE DIOGENIANO
Jornada primera
Pag. 1
[Foliación: 76]
Auto de la conversión de Diogeniano. Figuras: Diogeniano, rey, Fronia su mujer, un peregrino, dos criados, Sidonio y Lucrecio, Marcela criada, Creonte capitán, y otros criados.
Entra Marcela [Tachado: ilegible] .
La tiniebla en que vivía
y ceguedad en que estaba,
cuando a Dios no conocía
y en ídolos adoraba,
se me ha tornado en día.
A Dios, pues un bien tamaño
has hecho, apártame el daño,
que sin ti puede venirme,
haz que esté contino firme
en mi alma el desengaño!
Que estando desengañada
del engaño en que vivió,
viva muy recatada
de perder lo que ganó
en tan próspera jornada.
Y de esto está satisfecho,
que a camino tan derecho
el premio no me ha traído,
y haber tu pena temido
un grande escarmiento ha hecho.
Que solo tu amor ha sido,
el ser quien eres, Señor,
el que a ti me ha convertido,
que tu premio o tu temor
no sé siquier han podido.
Que sería cobarde el pecho
que el premio o temor, de hecho,
le hiciesen tener las riendas
al mal, mas, Señor, no entiendas
que huigo de mi provecho.
Que si mi merecimiento
fuere tal que a verte acierte,
ya entiende mi entendimiento
que seré solo con verte
yo pagada y tú contento.
Y en gozar bien tan extraño
estaré libre de engaño
y contenta en ti mi memoria,
cierto de no aguar mi gloria
con el miedo de mi daño.
Mas a la reina quiero entrar
a dar cuenta cómo vengo
de recoger y hospedar
los cristianos de que tengo
cuidado particular.
Que ella gusta tanto de ello
cuanto yo gusto de hacello,
aunque si el rey lo supiese
yo aseguro que viniese
a entrambos mal de sabello.
Él es ido a caza agora
y entiendo que no vendrá
hasta mañana a esta hora,
de lo que no pesará
a la reina, mi señora.
Porque cuando él está aquí
no puede ella hacer así
todo lo que hacer querría,
como no estando lo haría;
empero, ¿quién viene allí?
Pag. 2
Déos su gracia el Rey Divino,
hermana; decí, ¿hay lugar
donde poder hospedar
a este pobre peregrino?
Así haga a vos, hermano,
pero a tiempo habéis llegado
que está todo ya ocupado
de quien vino más temprano.
Cierto que gustara yo
de daros lo que pedís,
mas el tiempo en que venís
me fuerza a deciros que no.
Por el Dios en que adoráis,
y así os dé lo que queréis,
os suplico me busquéis
un rincón do me acojáis;
y no me dejéis así
en la calle con tal frío;
duélaos el trabajo mío,
habed lástima de mí.
Hermano, si ser pudiera,
cierto, yo gastara en ello,
mas imposible es hacello
de ningún modo o manera,
porque la casa está llena
de suerte que no hay lugar
de poderos hospedar.
Por tanto, andá enhorabuena,
que la Reina, mi señora,
me está esperando, y no puedo
detenerme solo un credo,
y Dios os quede en buen hora.
Esperá un poco, decí
a la Reina que le pido,
por el que en la Cruz se vido,
me déla, y espero aquí.
No seáis importuno, hermano,
porque es imposible hacello,
que, a poder ser, sin sabello
la Reina, estaba en mi mano.
¡Válame Dios, qué tardanza
es la de Marcela hoy!
Quedaos a Dios, que me voy.
Spero tendré esperanza.
Señora, ¿adónde caminabas
tan triste y tan presurosa?
Marcela, no a otra cosa
mas de a ver cómo tardabais.
Di, ¿cómo has tanto tardado?
¡Oh, mundo desconocido!
¿Qué voz es esta que he oído?
¿Quién aquel suspiro ha dado?
Es, señora, un peregrino,
tan en extremo pesado
que me ha sacado de tino.
Hospedale.
No hay lugar.
¡Oh, mi Dios, oh, Padre eterno!
Al yelo del frío invierno
me quedo solo, y quiérole hablar.
Dios os guarde, hermano.
¿Qué tenéis? ¿De qué os quejáis?
Del ver cómo me dejáis
de noche y desnudo al frío;
por el que estando en el cielo
bajó a ponerse en la cruz,
dando a los del limbo luz
y a los del mundo consuelo,
os suplico, si ya puede,
algo con vos me sea dado.
Pag. 3
[Foliación: 77]
Algún rincón abrigado
donde aquesta noche quede
porque como soy cristiano
no hay quien quiera recogerme
a vos vengo a socorrerme
que mi bien esta en vuestra mano
Marcela si hay aposento
alguno desocupado
mandarse le a este hombre honrado
y daras a mi contento
Cosa que basta demandallo
por el Dios crucificado
que dará averme a mi obligado
a lo que no pueda negallo
aquí verás si hay lugar
que testigo es ese Dios
a que despedi alla otros dos
por que no hubo donde estar
Pues bien yo determino
que pues el Rey no ha de venir
que lleves luego a dormir
a mi cama el peregrino
Pues como ha de ser eso
no te piensas tu acostar
que has por dicha de velar
sino que tienes que hacer
No más de pedir al Rey
del cielo y tierra que quiera
el servirse darme en la carrera
y camino de su ley
porque ante su deidad
merezca mi petición
pues es justo que mi oración
vaya envuelta en caridad
que aunque no soy bautizada
conoce mi intención
y habiendo ocasión
Las obras que de este suelo
van a Dios encaminadas
sabe que serán pagadas
ciento por uno en el cielo
Quiero entrarme a recoger
tu Marcela ve a dejalle
en mi aposento y a dalle
lo que hubiere menester
Ve con Dios que ello se hará
como lo dejas mandado
De el mismo te sea pagado
tanto bien que si sera
Andad que este es el lugar
y la que veis es la cama
adonde mando mi ama
que os trajese a reposar
y dormid sin cuidado vos
que yo os llamaré temprano
y con tanto a Dios hermano
Andad hermana con Dios
y no me quiero desnudar
que bien dormiré vestido
que aposento tan lucido
que cama tan singular
Entran los dos criados Sidonio y Lucrecio.
Así señor como digo
yo estaba en parte que oía
lo que la reina decía
y fui de todo testigo
y según la buena gana
con que escuchaba al cristiano
si el rey no le va a la mano
ella vendrá a ser cristiana
o malditos dioses vanos
dijo, por temor del rey
no he trocado vuestra ley
Pag. 4
y por confirmar su intento
dijo a su ayo determino
que duerma este peregrino
esta noche en mi aposento,
que yo la pienso gastar
toda en hacer oración
a Dios que a mi corazón
enseñe a saberle amar,
y como aquesto acabó
a Marcela al punto llama
y dice lleva a la cama
este hombre en que duermo yo,
entróse y Marcela luego
llevó el cristiano a acostar,
yo fuime de aquel lugar
de rabia y dolor ciego.
¿Qué es posible que tal pasa?
¿qué el que ejemplo ha de dar
la ley venga a quebrantar
y a violar al rey su casa?
Si a la noticia llegase
de Diogeniano este hecho,
tal le pondría de ira el pecho
que al momento la quemase.
¡Oh traidora descreída!
sin fe, sin seso y sin ser,
mas eres al fin mujer
y de otra mujer nacida.
¿Qué puede ser sino viento
todo cuanto imaginares,
traiciones cuanto tratares
y locura el pensamiento?
Pues para que no rompamos
la ley de buenos criados,
somos, viéndolo, obligados
a que al rey se lo escribamos
diciendo qué ha sucedido,
cierta cosa en que sería
menester que antes del día
su majestad sea venido,
porque viendo lo que pasa,
sin que ninguno lo entienda,
en la reina pondrá enmienda
y a Marcela irá de casa.
Vamoslo luego a hacer
antes que el tiempo se acabe,
cielos, ¿qué tal traición cabe
en pecho de una mujer?
¿Hame algún mal sucedido,
dioses, o qué es lo que siento?
que de congoja reviento
sin entender de qué ha sido.
Ni sosiego aquí ni allí,
levantado ni en la cama,
que un fuego, un hielo me halla,
parece que están en mí,
ya estoy alegre, ya triste,
ya temeroso, ya osado,
ya abrasándome, ya helado
sin saber en qué consiste.
Algún dios debe de habello
por quitarme mi sosiego
pues de cuantos hay reniego
si no me vengare de ello,
que aunque sea dios inmortal
le puedo en parte hacer guerra
echando su estatua en tierra
en venganza de mi mal,
mas, oh cielos, si ha perdido
mi capitán a su gente,
que se me ha puesto en la frente
que esto debe de haber sido,
mas por imposible hallo
[Fragmentos de texto en el margen derecho cortados por la encuadernación]
Pag. 5
[Foliación: 78]
para que quien ha de vencer
cien mil de a pie y de a caballo.
Pues mi casa libre está,
solo tengo que temer
si está mala mi mujer,
mas ayer vine de allá.
No sé qué es, llamado han,
¡hola, criados, abrid!
Mirad quién está ahí.
Grandes sospechas me dan.
Beso tus pies, rey supremo.
Sidonio, tu fiel criado,
es el que a ti me ha enviado.
De esta prisa, vella temo.
[Carta]
«Decio a Diogeniano, su rey y señor, salud.
Es necesario que, vista la presente, te
partas a poner remedio en cosa que no
es menos que la honra, la que tú esti-
mas en más que la vida, la cual te den los dio-
ses por muchos años como deseas».
Dime qué hay de nuevo en casa,
que pues que partí yo ayer,
no sé qué ha llegado a saber,
el corazón se me abrasa,
y al momento aderezá,
que me quiero luego partir,
y tú vuelve, y puedes decir
que muy presto seré allá.
Ay justos dioses, ¿qué será
que mi honra desconcierta?
Siempre la sospecha es cierta
de lo que el alma nos da.
Qué me ha puesto en el pecho
que Filonia, mi mujer,
traición me debe de hacer.
Y aquesta sola sospecho,
no hay cosa que satisfaga
por entero a mis deseos;
todo me tiene alterado,
de todo tengo recelo,
del mar, de la tierra y cielo
mil contrarios me han cercado.
Oh mando, oh cetro real,
cómo el que te envidia yerra,
pues eres perpetua guerra,
poco bien y mucho mal.
Los que te buscan no ven
que está el rey como vendido,
que si es de muchos temido
él teme a muchos también.
Si es blando, no es justiciero,
si justiciero, cruel,
si cruel, más que de él
que los Romanos de Nero.
Ya está todo aderezado,
bien puedes, señor, partir.
Ahora bien, yo quiero ir
de mi bien desesperado.
[Vase.]
Ya la luna y las estrellas
dejan limpio el claro cielo,
y Apolo a de los suelos
viene a estar en lugar de ellas,
y Diogeniano no viene.
No sé cómo tanto tarda,
o a cuándo a venir aguarda
teniendo acá el mal que tiene.
Yo aseguro que no tarde,
que es muy corta la jornada,
y vendrá con la embajada
que el demonio no le aguarde.
Ora, tiempo de llegar,
oh cómo vengo cansado,
luego, en habiendo almorzado,
me he de echar a acostar.
Pag. 6
que vengo muerto y molido,
hambriento y puesto del lodo
y los corchetes todo,
que casi nada he dormido.
Dí, hola, el Rey ¿viene ya?
Señor, eso no lo sé.
Él dijo llegaré
tan presto como tú allá.
¿Diste la carta en llegando?
Sí, señor, luego la di.
¿Qué hacía?
Solo le vi
que se estaba paseando.
¿Paseándose? ¿Es posible?
Pasa como te he contado.
¿Que no estaba ya acostado?
Parece cosa increíble.
Tuviste ya aparejar
para venir.
Señor, sí,
y según lo que en él vi
no puede mucho tardar.
¿Qué viste, cómo quedaba?
Con quejas rompiendo el cielo,
diciendo que su consuelo
algún Dios se le quitaba.
Mas al tiempo que vea acá
lo que pasa, ¿qué ha de haber?
Señor, voyme a recoger.
Anda, ve, o lo que hará.
¡Qué mayor mal puede ser
que verse un Rey infamado,
abatido y deshonrado,
por causa de una mujer!
¡O, gente perversa y vana,
sin seso, sin Dios, sin ley,
que hasta la mujer del Rey
sea falsa, sin fe y liviana!
Señor, ¿sabéis qué he pensado,
a palacio no se apease
sin ser del caso informado,
y la Reina lo sintiese,
claro está que escondería
al cristiano y le echaría
adonde no pareciese;
y, en siendo de esta manera,
nuestro trabajo era vano.
Por tanto, nos cumple, hermano,
ir a esperalle allá fuera
y antes que llegue a la puerta
le diremos lo que pasa,
porque entre sin ruido en casa
y halle la información cierta.
Muy bien me parece, andemos,
y de camino al criado
que llevó al Rey el recado
que calle le mandaremos.
¡O, sueño el más delicado
que jamás nadie soñó!
Mas si aqueste bien soñado
tanto el alma me alegró,
la verdad, ¡qué hubiera obrado!
Pero ¿quién merecería
gozar de tanta alegría,
pues en mi cama hospedado
a Cristo crucificado
soñaba yo que tenía?
O huésped de gran consuelo,
consuelo y bien de mi gloria,
gloria que hinche todo el cielo,
cielo de quien mi memoria,
memoria tiene en el suelo.
Si a ti, con cuya pasión
se compró mi redención,
te soñaba yo en mi casa,
no fue mucho estar sin tasa
alegre mi corazón.
Pag. 7
[Foliación: 79]
soñaba que adorando
estaba y mi madre entró
y como vido en entrando
lo que estaba haciendo yo
comenzó a decir llorando
deja aquesa frenesía
que el camino te desvía
de tu bien respondí yo
no pienso dejarle no
mas a la fe madre mía
está muy lleno de abrojos
el camino que alabáis
miradle bien sin antojos
veréis que no ay por do vais
sino quebrandoos los ojos
a un golpe en esta sazón
desperté con turbación
sintiendo mi buena suerte
fuera Dios despierta verte
que los sueños sueños son
quiero a Marcela llamar
pues ya es amanecido
el que en mi cama adormido
está luego a despertar
porque aunque el rey no está aquí
los criados si le ven
no pensarán ningún bien
de Marcela y de mí
y en habiéndolo sentido
todo al rey lo dirán luego
con que encenderían tal fuego
cual nunca se vio encendido
mas de qué es este ruido
que hay en palacio de gente
si el corazón no me miente
el rey es el que ha venido
quiero sabello de presto
y a Marcela encomendar
que mientras le voy a hablar
ponga ella remedio en esto
Cata medios dónde está
la reina que no la hallo
y el rey sin nadie pensallo
dentro en palacio está ya
por Dios que yo no imagino
dónde la pueda hallar
que la voy a preguntar
do esconderé el peregrino
que como ahora amanece
aún yo no he despertado
si ella a llamarme no ha entrado
quiero ir y llamarla yo
qué menester es ponelle
adonde nadie le vea
Cristo en ayudar me sea
para que acierte a escondelle
pero el rey viene ya allí
con la reina que me ha de ver
adó me podré esconder
no hay adónde sino aquí
Floronia qué causa ha habido
por qué madrugastes tanto
cuánto, sí, tanto que me espanto
que apenas ha el sol salido
la causa de madrugar
y o tanto mal se me ha asido
porque ausente no he podido
solo un punto reposar
y tal congoja sentí
de ver que estaba despierta
que en viendo luz por la puerta
al momento me vestí
no cures de decir eso
que no te será creído
pues sé yo el cuento que ha sido
diferentísimo de eso
ahora quiérome acostar
Pag. 8
que después de levantado
lo habemos de averiguar.
Espérate, miraré
si está ya la cama hecha.
No importa que esté deshecha,
que así encima me echaré.
¡Oh, desventurada yo!
Forzosamente ha de velle,
yo digo que fue a traelle
el demonio, que otro no.
Llamad acá una criada
que me venga a descalzar.
A mí me vendrá a llamar,
¡ay de mí, desventurada!
Ya que la reina está fuera,
quiero con armada mano
ver si el pérfido cristiano
está aquí para que muera.
Dioses, todos me ayudad,
pues es en vuestro servicio.
Mientras hace el sacrificio
me quiero salir allá.
Cielos, dioses soberanos,
¿qué es lo que delante he visto?
Esta figura no es Cristo
que llaman Dios los cristianos.
¡Hola! Criados, ¿do estáis?
¿Cómo no me respondéis?
¿Dormís acaso o qué hacéis?
Ved, señor, lo que mandáis.
Que luego traigáis aquí
a la reina y su criada.
¡Qué cosa tan mal mirada,
no se ha de pasar así!
En buen negocio da ahora,
a fe que es cosa galana,
ahora ha dado en ser cristiana,
otra vez dará en ser mora,
y si en esto se embaraza
no es más de como da
el viento a la calabaza.
Ya vienen, veslas aquí.
Vengáis norabuena, dama.
¿Qué es aquesto que en la cama
hallé metido de bi ?
Señor, yo os he de jurar
que yo no he visto tal cosa.
La cruz que está a esta doñosa
pensáis que os valdrá negar.
El cristiano que durmió
esta noche aquí do está,
también aceto dirá
que no sabe ni le vio.
Dios me parece que ha sido
el que este milagro ha obrado,
pues siendo hombre el hospedado
Dios huésped ha amanecido.
Y os ha querido hacerlo así
mi Dios, porque quien te viere
muerto, si se le ofreciere
la muerte muera por ti.
Como no me respondéis
a lo que os he preguntado,
do está el cristiano guardado,
decidme adónde le tenéis.
Señor, la muerte o la vida
me podéis dar o quitar
cuando acabe de contar
una cosa nunca oída.
Estando en casa de mi padre
antes que casada fuese,
quiso mi hado que tuviese
una criada mi madre,
la cual, que cristiana era,
una vez, estando yo
a solas, me comenzó
a decir de esta manera:
Floro niña, ahora que estáis
Pag. 9
[Foliación: 80]
quiero si puedo apartarte
del camino por do vas
primero has de saber
Aonia que soy cristiana
y en serlo estoy tan ufana
que no lo sé encarecer
y que aqueste que aquí ves
dijo sacando un Cristo
en que muerto en cruz se ha visto
el cielo está y Dios es
hízome de él gran relación
y que al hombre crió
hasta que en la cruz murió
por la humana salvación
viendo cómo había sido
nacido de una doncella
quedando tan virgen ella
como cuando había nacido
de tus dioses me dijo mira
son dioses de falsedad
inventores de maldad
padres de la mentira
son ángeles que bajaron
echados del Padre Eterno
que habitan en el infierno
porque se le rebelaron
mas porque sería prolijo
y muy largo de contar
y será fuerza callar
demás que de su ley dijo
viendo pues que tenía
en todo tanta razón
torné de corazón
cristiana desde aquel día
y ha sido por mí guardada
con amor tan verdadero
aquesta fe, que primero
haré que sea negada
y pase acá lo que pasa
que siempre he regalado
a cristianos he dado
y así esta noche pasada
vino un pobre peregrino
fatigado del camino
a pedir si había posada
pues Marcela que le vido
respondióle no hay lugar
de poderos hospedar
que habéis muy tarde venido
y yo salí y comencé a hablar
a Marcela en cierta cosa
y con voz muy dolorosa
un suspiro sentí dar
preguntéle a mi criada
Marcela quién suspiró
un cristiano respondió
que viene a pedir posada
y no hay lugar ni es posible
hospedalle y llegué
entonces y le hablé
y echóme un cargo terrible
diciendo que por aquel
que murió en la cruz clavado
por pagar nuestro pecado
le diese posada a él
viendo el encarecimiento
de su ruego lastimada
mandé luego a mi criada
le llevase a mi aposento
túxole al fin y dejóle
en esa cama acostado
y al salir por más guardado
con el cerrojo encerréle
no ha abierto más ni le ha visto
hasta que habiendo llegado
tú como dejas hallado
en su lugar ese Cristo
y un rato que reposé
y aquesta noche soñaba
que ese mismo Cristo hallaba
en la cama como fue
esta es la misma verdad
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haz de mí y de mi criada
agora a tu voluntad.
Levántate, gran bien he sentido,
este Dios las entrañas me ha ablandado,
ya el mi querer a su querer rendido,
la vida y alma junto le he entregado,
y tal fuego de amor en mí ha encendido
que en él el corazón tengo abrasado,
ya conozco quién es, en su potencia
en nada puedo hacerle resistencia.
Terrible caso, cosa nunca oída,
milagro grande, maravilla extraña,
que siendo Dios al hombre le convida,
habiendo en bien con él terrible hazaña,
quien no pierde por este Dios la vida,
quien en lágrimas todo no se baña,
llorando el tiempo que ha gastado en vano
en ser gentil pudiendo ser cristiano.
Qué ceguedad es esta en que he vivido,
o en qué tinieblas he contino estado,
cómo, Dios mío, no me he convertido
antes, o cómo tú no me has llamado,
pues veías, Señor, que andaba destraído
y en pecados y culpas derramado,
porque no ha Dios que el alma conociese,
antes su mal, y a ti se convirtiese.
Mas eres tal, Señor, que aunque muy tarde
venga el desconocido a conocerte,
le allegas y das gracia con que guarde
tu fe y tu ley y a contentarte acierte;
y aun si en su postrer fin que en la tarde
de su vivir, entonces se convierte,
le recibe y alaba tu clemencia,
dando para su bien nueva sentencia.
Gracias te doy, mi Dios, pues que ya veo
lo que de ver he tanto deseado,
ya en todo se me cumple mi deseo,
ya viene el bien y el mal se ha desterrado,
y es tanto el gozo que aun apenas creo
que he de gozar un bien tan extremado;
pero cuanto es de baja mi bajeza,
es inmensa de grande tu grandeza.
Decid, ¿qué atambor de guerra
es aqueste que ha sonado,
que en extremo me ha turbado
el estar dentro en mi tierra?
Creonte, tu capitán,
viene con grande victoria.
¡Oh, inmenso Rey de la gloria,
a ti las gracias se dan!
Pues tú solo puedes dar
muerte, vida, pena y gloria,
destruición y victoria,
braveza y sosiego al mar.
Beso tus reales manos.
Seas, Creonte, bien llegado.
¿Cómo ha ido y se ha sujetado
el reino de los britanos?
Traigo mucha plata y oro,
muchos cautivos, y aparte
un vaso para el dios Marte
que vale cualquier tesoro.
Ya hay otro Dios muy mejor
a quien ofrecer el vaso;
de esos no se haga caso,
de esos dioses, que es error.
Cielos, ¿qué es lo que oigo yo?
¿Qué nuevo Dios has hallado?
El que ves crucificado,
por lo que el hombre pecó.
¿Luego vuelto te has cristiano?
Sí, y el que no lo hiciere
se puede ir a do quisiere,
que yo alzo de él la mano.
En todo pienso seguirte,
en vida, en muerte y en ley,
pues basta ser tú mi rey
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[Foliación: 81]
[...]ero qué novedad es
y qué a ello te ha incitado,
la causa y lo que ha pasado
todo lo sabrás después.
Los viles dioses que están
en los templos sean quemados
y en su lugar adorados
Cristo y sus santos serán.
Pondránse predicadores,
que es cosa muy conveniente
para que a la ciega gente
aparten de sus errores.
Y mandaré pregonar
por toda la tierra mía
que dentro en tercero día
todos sean de baptizar.
Y si alguno se mostrare
rebelde en ser baptizado,
mando que sea desterrado
y que en mi reino no pare.
Y no doy pena rigurosa,
aunque puedo como rey,
porque no es aquesta ley
sin fe y obras provechosa.
Tú, Floronia, me perdona
el enojo que te he dado.
Señor, tú no has agraviado,
sino honrado a mi persona,
que si de haber sospechado
lo que de mí sospechabas
de tu honra recelabas
ya estás viendo, engañado.
Creonte, recogerás
esa gente que has traído,
y todo lo sucedido
después me lo contarás.
Y pues cansados estamos,
a descansar nos entremos.
El Cristo al templo llevemos
y dándole gracias vamos.
Deo gracias.
[Número 76 escrito a lápiz]
