Texto digital de Farsa del obispo don Gonzalo y los hidalgos de Jaén y celos del rey de Granada y victoria de Reduán
Fecha de publicación: 22 de agosto de 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Farsa del obispo don Gonzalo y los hidalgos de Jaén y celos del rey de Granada y victoria de Reduán. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-obispo-don-gonzalo-y-los-hidalgos-de-jaen-y-celos-del-rey-de.
FARSA DEL OBISPO DON GONZALO Y LOS HIDALGOS DE JAÉN Y CELOS DEL REY DE GRANADA Y VICTORIA DE REDUÁN
Jornada primera
Pag. 1
Primera jornada. Salen el rey y Zaide moro.
Llegué a los Alixares, llegué digo,
aunque jamás a lo que vide allega,
aqueste corazón y pecho amigo
un tormento al parecer se entrega;
cree que para que fuese fiel testigo
de la más agradable y dulce brega
y del gozo mayor que es un consuelo
que dio el infierno y lo metió el cielo.
Y ya has visto aquella en la orilla de la alberca
de negros y dorados azulejos,
que con el disco se compone y cerca
y morados rubís, blancas y viejos,
donde el sol en la faz con vista terca
haciendo de su lumbre mil espejos,
el uno rigor a la tierra amada
y el otro defendiendo la entrada.
Y razón de ser tan glorioso siendo
con vida, con suspiros y yerba amada,
al triste cuerpo y corazón saneada,
para alcanzar la prenda deseada
allí do fueron mis pies yendo,
temida y mil veces ya adorada,
allegué de sin aguardarse reposo
de mis enemigos y al amor subjeto.
Ni que al son de un laúd hermoso y corvo
cuatro moras cantaban tan gallardas
que me pusieron al vivir estorbo
y aquí me lo pondrán si más aguardas.
Y aunque duro rigor rato solo bebo,
si en mis bienes y de estas mis tardas
me estaréis lo que gozo de ver ellas,
sean mis pies viendo la gloria de ellas.
Quise con desdén el recaudo y sitio
por ser más agudo y por ser fecho
de no poner asco ante mi trato,
guardándome que me lleven el recepto
más fuerte ruego y pensamiento fecho.
Todas juntas al cercado de esto,
amor riendo a mis puertas vinieron
y a la cárcel y prisión me condujeron.
Pag. 2
por un gustillo que el amor les sube
la pompa y majestad y reverencia
si en su pecho mal y pena viese
si el alma tienes de afición prendada
con discreción lo encubre que el discreto
nunca saca a las plazas su secreto.
Y al punto habiendo la compaña sorda
dejándome corriendo se vinieron
por la espesura y apresuradas por las
que tanto cuidadas son y fueron
paréceme según enseñas
el rostro que las culpas no subieron
cuál dices de tu falta que el ardilla
en poco daño y condición consulte
si estás de Alindaraja enamorado
bien la puedes gozar que es tu sierva
que un Rey tan noble y bien apercibido
ni un buen descanso bien se le reserva
entienda que le estás aficionado
que aunque sea más dura y más proterva
yo sé que alguno sin guardar respeto
dará a tu voluntad cumplido efeto.
¿Quieres que la obligue ese atrever?
¿Quieres que la hable? ¿Quieres que la aprecie?
¿Quieres que te la haga?
Yo solo quiero,
por no ofenderla que mi daño dure
muera el firme amador si es verdadero
y el bien contado que el allá se cure
ni ponga fin a su mortal querella
contra el intento de la causa de ella.
Y pues ya de la noche el nigromante
cubre la noche luz que mira el día
quiero ir allá por descansar en tanto
que se acabe la jornada y vía
guisa con esto ansí hará mi llanto
quede en nuestra ora nadie sepa aquello
que yo solo voy y volveré de presto
Donaire es esa por cierto
que siendo rey mi señor
esté con tal dolor
de amores herido y muerto.
El dize que sus placeres
no quiere por fuerça haber
como lo sabiese saber
fuerça para las mugeres.
Agora bien, siga su intento.
Pero entretanto qual viene
dire pues que me conviene
a gozar de otro contento.
Vase. Y sale Archicela la mora y Axa su criada.
Axa, despues que miraron
al rey los ojos mios,
el alma sin mas desvio
mi coraçon le entregaron.
No te maraville aquesto,
pues con valor sin segundo
queda sujetando el mundo
quien se rindiere a su gesto.
Vilo, y fue mi ventura
tan corta en lo que yo dese,
que el sol que mi noche aclara
me parece noche oscura.
Pero aunque fue tan ligera
la ocasion de verle y tenerle,
dejo en mi mas en un punto
que en mil años se mudara.
Huye ese mal que te doma,
señora, queriendo ansi;
ofendes al moro Ali
y haces agravio a Mahoma.
¿No eres su esposa?
Yo no.
Pues ¿lo quieres, señora?
Que solo mi preso adoro,
al que el alma me llebo.
No te cause admiracion,
por quanto es mucho en dar,
que mude la voluntad
la que mudo de coraçon.
Ni pienses dar otro medio
a mi dolencia mortal.
Pag. 3
causa no pide mi mal
consejos sino remedio.
Ya no sé qué responderme
viendo fe, viendo error,
pues yo lo sabré decir
si quieres hoy socorrerme.
Sabes la noche secreta
que la túnica nos da,
pues sabe que en ella está
el fin del mal que me aprieta.
Yo tengo determinado,
puesta en traje de varón,
declarar mi corazón
lo que el amor ha negado.
Iré a la Alhambra ligera
porque aunque fiero el encuentro,
más que el de hoy acá dentro
quiero morir allá fuera.
Y diciendo ser peón
que de Jaén ha venido,
veréis bien que me ha escondido
la noche que vuelve en día.
Y dándole algún aviso
con ella puedo tomar,
él también me vendrá a dar
con su vista el paraíso.
Pero que ya es hora.
Camina, que yo te sigo;
mira el amor enemigo
que hace esto en buena hora.
Ella se enlaza en sus redes
y va a buscarle sin miedo,
pero yo cuidada quedo
con mi cara a las paredes.
No porque me falta brío
ni gracia como a ella,
mas por querer dárselo a ella
pierdo el contento mío.
Pero ya que ello va ansí,
busque lo que más desea,
que pues no soy muerta o fea
yo buscaré para mí.
Vase y sale el Rey solo y dice.
Según la flor que veo,
por esta parte entiendo
que el hado en lo que pretendo
quiere cumplir mi deseo.
Por aquí podré asaltalla,
aunque más suelen guardalla
los moros que tal gente vaya,
que no la fuerza o muralla.
Mas otra duda que digo,
siendo mi gloria nace,
aquesto el ánimo hace
que no sanar de enemigos.
¿Cómo podré aventurarme
a tan gran tan enamorada,
de quien de sí tan contraria
mi vida en solo mirarme?
Ninguna razón me azona,
porque yo en tal lugar
pueda la casa forzar,
quien forzará la persona.
Harto mejor es querella
y por tesoro estimalla,
servilla y reverencialla,
pues vive mi Dios en ella.
Gente parece que es,
y ansí para que la vea,
mientras se muestra quién sea,
quiero esconderme yo aquí.
Llégase el Rey a una y salen Aliacén y Loaceli moros.
Si el celoso fuego que en mí derrama
su ponzoña cruel a manos llenas,
famoso Aliacén, tu paso y no flama
estás haciendo su rabia por tus venas.
Y así quien me aborrece y me desama,
haciendo y iguales más duras penas,
algún tiempo duró su confianza,
agora nos toma ida a la venganza.
Aqueste no de Alí mi enemigo,
de la hermosa Archicela son amistad,
según yo fui por mí solo testigo.
Pag. 4
A de gozar lo que nos agora ha dado
y a aqueste ha de ser el cielo muy
ya que en nosotros se nos muestra airado.
Siempre de invidiosos favorece
a quien menos descanso y bien merece.
Él viene de Antequera muy contento
y en las de laurel la frente y sienes
va a gozar por su dicha en un momento
el valor y despojo de tantos bienes;
y solo al tuyo y a mi pensamiento
acuden iras, ceños y desdenes,
por lo cual es muy justo y nos conviene
haber de suerte que muriendo pene.
Lo que es no hay que aguardar
muera el enemigo fuerte,
pues que podrá con su muerte
la nuestra vida atar.
Aquí es justo que aguardemos
prevenida la venganza,
para que de nuestra esperanza
donde la mira pondremos.
Pues estemos sosegados
y sin haber muestra alguna,
para siempre la fortuna
favorece a los osados.
El dar sin duda es traición
y así pretendo aguardar,
para que puedan llevar
a estos su galardón.
Porque aunque son diferentes
los caminos de este grado,
siempre la razón ha sido
igual a todas las gentes.
Sale un moro y dice.
Él pues la gloria vi
de aquel divino tesoro,
por el ser en quien adoro
no hay momento que en mí.
Y así en aqueste lugar
yo pretendo cautivarme
para que pueda hallarme
al amor voy a buscar,
mas es caza perdida
a hallarle por tal modo,
que aunque te conocen todos
pocos saben do se anida.
Pero ya que aquel Rosalí
que es el fin de mis dolores
decid, campos, frescas flores
¿quién le ha visto por aquí?
No es posible que esté ausente
ni el cielo tal cosa quiera
que si un amor pereciera
cualquiera cosa es viviente.
Yo no pretendo quitar
el bien que por él tenéis,
que antes en mí entenderéis
que le voy a demandar.
Grandeza es caso notable
ser en aquello famoso
que siempre el dar fue santo
y el recibir miserable.
Y si faltare en mí
tan noble condición
váyase a la maldición
y deme lo que le di.
Muera el perro mal nacido,
De aquello no habrá lugar
que no es posible acabar
cuerpo que tal gloria ha habido.
Líbrate pues de nosotros
perro el fin que esperáis
Antes que con él lo veáis
tengo de darlo en vosotros.
Ellos que van huyendo
Aquello no es culpa suya
porque no habrá quien no huya
vuestro valor conociendo.
Huya la canalla ingrata
que a sí misma se destruye.
Pag. 5
que al enemigo que huye
se ha de hacer puente de plata.
Yo me despido y detengo,
de la demanda a que vengo,
solo por ver a quién debo,
la vida que por vos tengo,
A mí no hay más que deber,
de que soy un ciudadano,
a quien jamás fue en su mano
ninguna gracia su fin,
y ayudarte en tal partido
fue más conforme a razón
por guardar mi condición
que por serte agradecido,
solo quiero preguntarte
me digas por qué quisieron
aquellos dos que huyeron
con tal cuidado matarte.
La causa de ello, señor,
es una mora tan bella
que puesto delante de ella
pierde su fuerza el amor.
Que a vista del bien que promete
su vista a quien se le ofrece
no hay alma que no cautive
ni cuerpo que no sujete.
A quien puse mi afición
y voy tan bien satisfecho,
que el menor bien que me ha hecho,
satisface mi pasión.
Pudo al cabo la porfía
tanto que se concertó
que a gozar viniese yo,
y ser a la gloria mía.
Y aquellos dos adversarios
porque ella de buena gana
dio en serme afable y humana
dieron en ser mis contrarios,
y si tu mano atrevida
no impidiera la batalla
no yo pudiera gozalla
ni ellos me dieran la vida.
Y pues con medios tan buenos
mi vida a favor se ofrece,
ya que lo mucho se os debe,
concededme ahora lo menos.
Ya que a sacarme acudís
a aquesta hermosa mora
que siendo de mí señora
por vuestra esclava tenéis,
Vamos que poco es fiar
de un moro tan bien criado,
que la suerte me ha dado,
y aunque me puede dañar.
Pues seguid, señor, tras mí,
y este yerro no miréis,
pues lo hago como veis.
por gozar del bien que vi,
Entranse el Rey y Alí, y sale Aristarco en un otero y dice.
Por gozar del bien que vi,
donde me acerco y me llego,
saliendo de mi sosiego
en el campo me perdí.
Mil inconvenientes veo
en la contienda en que voy,
pues allí al fin sé que voy,
a lidiar con mi deseo.
Ya espero, ya temo, ya creo,
ya desconfío en el ciego,
de procurar mi proceso,
con la mí misma peleo,
Al fin a que esto salí,
y si no se me cumpliere
en lo que me sucediere
defiéndame Dios a mí.
Dice el Alcaide desde arriba.
¡Hola! ¿quién vive? ¿quién llega?
Vive en mi pecho, y halla
quien con mirallo me da.
Pag. 6
Sino queréis que os derribe,
decid quién sois, no tardéis.
Y acierto si lo entendéis
que soy de aquel que en mí vive;
cierto aviso vengo a dar
al rey de Granada, y creo
que aunque cumple a mi deseo
al suyo ha de aprovechar.
Pues venid conmigo preso,
yo os llevaré a donde está,
que no es hora aquella ya
para salir de mi puesto.
Entranse y sale el rey, Alí y Axa.
¿De qué sirve, Alí, con tanta pena
pretender a Arcelisa, tu enemiga,
si ella con ojos rojos te encadena?
¿De qué aprovecha a mortal fatiga
de aqueste fuego, que convierte en nieve
quien a ti fue contraria y enemiga,
quieres que me resuma en tiempo breve?
Sabe que con grandísima mudanza
de nuestro noble rey enamorada,
que tanto sobrepuja y tanto alcanza,
en traje de varón disimulada,
es tanto que salió por lo vello
desvanecida y honra descuidada;
y no fue bastante apagar en ella
ni la puede tener, pues dura usa
lo cual amara de que... desazaces
a borra de su primera rosa,
coger el fruto deseado y vano,
desvaneciente esperanza cobardiosa;
mira si es justo, Alí, que te demudas.
¿Qué es el hado cruel,
porque a do, sin interese,
ofrece el bien perdiese,
cuando por gozar dél
quien te ofende es de traidor,
para que con tal victoria
en mí de tanta gloria
medieses tanto dolor
y de los tormentos oís
que a mí me tiene perdido,
pues que mi bien consumido,
porque no me consumí.
¡Ay noble moro y fuerte!
Porque con mano atrevida
quisiste alargar mi vida
para darme mayor muerte,
dejarasme en tal tropiezo
acabar triste de mí,
pues viendo allí lo que vi
no busco aquí lo que ves.
¿Qué pecho dura de quien medio...
apenas un fiera y...
Al mal de que ha ese mal
cerca tienes remedio;
si el rey, como aguardas nombrado,
te tiene, y te promete
que se ponga en su fe
lo que de mí has deseado,
y la tanta mi amistad,
que aquesta mora querida
dará por mí a tu vida
con mucha felicidad,
cuanto y más, que no ambas
su pasión gociosa halla
que pueda en harén gozar
a donde asienta a Alí la gracia.
Por eso vente conmigo
a donde con pecho fiel
y tú lo conozcas dél
y yo cumpla lo que digo.
Vamos, señor, al momento,
que con tu bondad
que en vos se guarda y está
toda mi gloria y contento.
Pero aguardemos, ¿quién es?
Hágase en buen sea.
Pag. 7
que no impidáis vos agora
lo que a tu gusto conviene.
Salen a voces Enrique y el Alcaide.
Si a mi señor quieres hablar,
mozo, yo le he de dejar,
aguarda, que según creo
no puede mucho tardar;
por esta parte salió,
y si no es el rey en persona,
yo entiendo que le ha hablado
más de lo que yo me fío;
mas ve el rey aquí donde llega.
Ya, don Enrique, ya
séis a quién le toca
lo que de amor te ruego.
Supremo rey y mi señor,
había de estar en el lugar,
fui con intento de dar
a una persona la vida,
y aun no me culparéis
de que le dé yo mi ayuda,
dándole, sin duda,
lo que de mí deseáis;
que el que me ha enviado aquí,
no, sino a él o a quien sí,
ya mi dolor sabrás, señor,
hoy por el reino de Granada,
que se me pasa el tiempo.
¡Ay, alcaide! Ya no es tiempo
de tener disimulada
mi queja, que a la pasada,
a quien ha de ser olvidado
lo que he de él aguardando;
vengo a por verle, sino
volviendo a vuestra amistad,
aunque no entiendo, señor,
que ansí, ruego a ofensor
de su fidelidad.
Supremo rey y mi señor,
perdona si no he hablado
en el que de mí ha cuidado,
que de vuestro valor
aunque fue tan alto en todo,
y un yerro que presumo,
que me pueden desengañar
de don Juan de Mendoza, señor.
Vaste a ellas, Medina, y
obispo, a lo que se decía.
¿Qué es lo que decís?
Que nada da a contento.
Pues andad con reposo.
Andad, que a su reposo
quiero buscar mi reposo.
Vanse, y entran tres moros: Reduán y Celind y Gualbara; y pasean el tablado y hacen señas, y vese poner de arriba y abren la puerta; y entra Reduán y los otros moros rebozados y hallan a Valdo a la puerta, y advierten que trae Reduán un bulto por no ser visto, el cual bulto, habían sacado vestido antes.
A renegar de tus caminos,
ningún bien se me ha dado;
¿no bastaban mis quejas,
sino las de mis vecinos?
¡Ay, triste, qué es la vida!
¡Cómo se ríe de su fin!
Que haya venido a decir
quién fue servida.
Y a mí se me ha de dar que, al fin,
don Juan, que es su sosiego,
me había de llevar a dar
mesones de Albayzín.
Será como un pino de oro,
hermoso, sabio y fiel,
y tan hermoso que dél
en acordarme lloro.
Mas, ¿qué sirve la porfía,
que me atormenta y pena,
si de estos barros lodos vienen,
a los que a mí me han de dar?
Lloren mis penas extrañas,
que al fin se han de acabar,
en piezas en que he de ver
si es por a quien me he de dar.
Pag. 8
que barre a los moros
no se le escoba en culpa
preso sé que el que le espera
y a mi hato se arrimare
no ve en su vía la ropa
ya el hago este andrajo
y ya que mi amo pasa
quiero meter entrar en casa
regarlo que está barrido
Aquí los riega. A los moros, y dice y vase.
¡Hola! No se cierra el ojo
a quien os ruega.
¿Quién es?
Dos hombres son, ¿no los ves?
¿Qué quieren? ¡Si los mato!
Mas, que esto bajan aquí.
Bueno será responderle.
Venimos a solo verte,
enamorados de ti.
¿Que no me han visto otra vez?
No, aunque nos han afirmado
que eres de talle extremado,
de gentil rostro y tez.
Burlando estáis. Fui agraciada,
ya aun me acuerdo de nest-
nuestro caso y mi gesto
por el mejor de Granada.
Mas ahora que de tus tesoros
solo el rostro en mí se veje,
ha quedado un niscogue
aunque a fea, a os amor movió.
Preso sea a mí. ¿Cuál de ellos
quiere llevarme?
Los dos.
Tengo de poder, ¡a Dios!
Darles valimiento a cellos.
Robemos a solas tierra
y doncella en su abe...
Eso es mejor del que
así tendréis buen fin.
No hay más bien que desear
que es que de llegar a verlas.
Buenas se ven, dos reciellas,
mas es bien de alabar.
Por lavar, por vida mía,
que estimo más el agua clara,
y que a los dos la he mostrara,
si acaso fuere, señor.
Pues tenemos de caminar,
hermanos, quiere venir.
No tardaremos de ir,
en cuanto volveré a casa.
Llegaré sola a ventana,
el hato que es en que tengo,
esperen que presto vengo.
Que seremos buen consorte,
a llenará de esperanza,
y que ganosa de andar.
Con algo se ha de pasar
desta dama la tardanza.
Guarda, haz ruido, siento.
Duele el oído. Señor,
apartémonos de aquí,
conmigo cuidado y tiento.
Sale el rey de gala con un mayordomo que le da una flor y lee.
¡Cuán aventurada puerta!
Guarda de quien me dio el ser.
Cuando llego a ver,
la mitad de mi fiesta,
cuando llegas a la puerta,
se me abres, mi bien,
cuando viéndote que cantas
se aclara tu sien.
Y cuando me abres de ayudar
aunque esta obedece
que la escures
que de hoy pueda mirar.
Y pues me das favor,
ventura has a vista,
quiero arrimar y gloria.
Pag. 9
con mis guirnaldas honrarte.
vuelvan las flores a su puesto
Conóceme este favor
que de mi mano te ofrezco,
y porque más amanezca
levante más flores tu flor.
Yo me iré sin ser visto,
Alindaraja querida,
muéstrate ya arrepentida
del mal que en el alma siento.
Mas que en vano me lamento,
yo sé que es por más dolor,
que donde hay tanto amor
no cabrá el arrepentimiento.
Agora un bien se me ofrece,
la ocasión que pido y palpo,
pues que me guardas el alma
quiero guardársela a quien,
a quien de ansí me hace,
porque mi fe se parezca,
y a quien bien que me amanezca
parece que aquí me aconseja.
Perdidos somos, Zoray,
y Reduán lo ser,
que el Rey es el que está
en la huerta de su alcázar.
Él se quiere ya salir
a ver su amada delante,
y si me ve por delante
saldrá para morir.
¡Ay, amorosa pasión!
que principios tan suaves
nos ofreces y cuán graves
tus fines amargos son!
No fuera así acabado,
bien dices tú, Reduán,
sin meternos en afán
y a nosotros en cuidado.
Vámonos de aquí.
En verdad
que es lo que en esto vemos,
y que al Rey dejemos
en esta necesidad.
Yo me iré de mi señor
para quitarle su cuidado.
Es Axa y ha sacado
una ocasión muy buena.
Ya sabes el amistad
y el extraño amor ardiente
que tiene continuamente
nuestro Rey con Mahomad.
Sí lo sé.
Y sabes también
cómo podrá ser testigo
de este moro que digo
y mirarlo muy bien.
Pues cumple para el bien
a Reduán con esta invención
de mil voces fingiendo
que alguien oirás mejor.
Y el Rey, oyendo la voz,
del amigo principal
a socorrerle en su mal
vendrá ligero y veloz.
Echaremos a huir
por donde han de quitarle
y en viendo de allí apartarle,
Reduán podrá salir.
Gentil embarcación,
al ojo y pasos en ello,
el Rey acuda a socorrerlo,
que más manda mi Mahomad.
¡Ay, a la que estoy herido!
No hay quien me pueda valer.
Si el Rey me pudiese ver,
él me hubiera socorrido.
Vos, ¿quién de esto se queja?
No sé, Mahomad.
¡Ay de mí!
¿Dónde estás, amigo?
Aquí,
ya de las torres me echan
y que me matan.
Pues aguarde. El traidor que os ofendió,
si temprano os socorro,
no se irá castigo, mi fe.
Vase el Rey y dice que dará a Axa de una ventana.
Sal, Reduán, al momento,
que el Rey sale allá fuera,
desocupada la puerta.
Pag. 10
Y sale Reduán y cáesele el albornoz en tierra sin que lo toque.
Vasallo, por mi rey,
y rebajo el desprecio soberbio
de su injusto vivir;
bando que se da la gloria
de su ciego en furor.
¿Qué voces tiene esta,
y mientras me ablando el
me parece más daño temo?
Pues yo entiendo que os
y sin duda será él,
por bien con el infiel
que es de aguardar aquí.
Entra el Rey y dice.
Ley es de que me engañe
en aquella voz que oí,
o al menos, si fue mía,
fingida e ilusoria,
porque si más no fue
el asombro que yo veo,
el mal subiera al alma
o el corazón decía.
Toda la cerca he corrido
del castillo, y no se ve
ni se oye quien voces dé,
pero quien haga ruido.
Ahora bien, cese el sol
y así impide mi placer;
ya me quiero volver
dando la vuelta a su centro,
pues Alindaraxa aguarda,
que de mi alcaide amada,
quiero a solas estar con
presencia y inefable grandeza.
A Alindaraxa hermosa,
más agradable y gentil
que el verde prado en abril
y que por mayo la rosa;
más clara y reluciente,
fresca al mar de contino,
más que el cielo divino,
y más que el sol refulgente;
más levantada y más fiel
que avecilla hermosa,
más dulce que los ruiseñores
de la más fértil floresta;
más dura al tormento mío
que antigua encina más fiera,
que el olmo aflige o hiela
el mal hielo que te crío;
más fuerte que el arrais,
y más al nublo airado,
cuando recio y sañudo,
su encumbrada cerviz;
más porque nada perdona
fiera, que tigre o león,
más bizarra que el pavón
cuando la rueda compone;
más inmovible y durable
que roca y fuerte muro,
más al viento y la fortuna
revuelve y es mudable;
porque con sola ojeada
que me ves me apenar,
pudiera tu gobernar
algún alma apasionada.
Mira mi pecho y asombro,
mira el amor cuál es,
y mira que siendo rey,
me humillo a tu persona;
mira tú, Alindaraxa gentil,
cuyo cuello es más vistoso
que el oro del sagrado,
sauce blando e sutil;
mira de la sierra nevada
aquel grandeza y misterio,
el descanso y refrigerio
de la gente fatigada,
y templa con el exceso,
como deja templar él
que ya su fuego y ardor
lo queman y me enajenan;
mira las furias que al sol
nos da el otoño y verano,
y podrás con larga mano,
según has despacio tu gusto,
la sala que no toca el sol.
Pag. 11
y de la primera que empieza
la deseada cereza
y la guinda garrafal
y la aceituna sabrosa
que se ofrece a quien la quiera
la dulce camuesa y pera
y la cermeña olorosa
la colorada rumbosa
la nuez y avellana mirable
el membrillo saludable
y la uva roja y cana
el rubio melocotón
la avellana sazonada
y en la tierra cultivada
el dulce y fresco melón
el plátano que es extraña
fruta y a ti se reserva
el cardenis piña y yerba
el madroño y la castaña
y lo demás con que incluyo
y por ser de boca en sí
a que este reino no a mí
lo puedes tener por tuyo
tienes razón
gana de ser querido
sí, si es razón
pues no pongas tu afición
donde no se ha de poner
tu voluntad y cuidado
no conviene que el amor
de quien es vuestro señor
venga a ser tan enamorado
y os veis en buen rigor
y por naturaleza es fiero
y por quedar el sereno
mentís a reposar agora
Alindaraja querida
no me respondas que no
tú la ventura de mí
mi vida y de la vida
si está cenado de postigo
que vuestro escote señor
alguna cosa
vuestro dolor y dolor
Los dos pues lo oyeron,
dando a la que daño es este,
el albornoz no sea aqueste,
que lo dirán a Reduán.
Él es sin duda ninguna
el escudero de mí,
por mi vida que es Alí,
la claridad de la luna.
Que a la puerta de mi gloria
está con prenda de señal,
que a mí me desvía su mal
del gozo de mi vitoria.
Dime, perro, sin temor,
de la ofensa que me has hecho,
aunque en tierna edad de pecho,
si fuiste a tu rey traidor.
Y Alindaraja, ¿qué es esto
en que tus cautelas dan?
¿Es mal nobleza de Juan
o de mejor talle o gesto?
Es más buena — Alindaraja ,
es más de precio — Fernando .
¡Ay de mí! Mejor así,
de que debe ser llamada.
Y aquel, mi sangre enemiga,
si por él me has de olvidar,
lo haré de despedazar
y colgarlo a tu puerta.
Pero ¿qué digo, cuidado?
Si ha de dar este error
a tu seso y más dolor
por mi muy mayor cuidado.
Y así lo mejor, en verdad,
es de vista apartallo,
y para mejor gozallo,
quedarme yo en la ciudad.
Esto es lo que me conviene
y así lo pienso de hacer;
más quiero me detener,
que entiendo que ya viene.
Pag. 12
Sale a partir el Rey; abrázase y entra Reduán.
Casi que se me ha caído
el albornoz que quisiera
que un rayo se me cayera
antes que verlo perdido.
Viendo, mi rey, sin él,
ha de decir qué es eso,
que ha de pesarle eso
la prenda que me dio él.
¡Reduán!
Rey soberano,
¿qué quieres?
Saber quisiera
si buscas esa manera
tan ligero y cuidadoso.
Buscando con cuidado
que por yerro se cayó
el albornoz que me dio
anteayer tu majestad.
¿Es éste?
Sin duda es él.
Solo porque a ti te place,
si veo que te rehace,
mi disgusto nace de él.
No entiendo qué has hablado.
No lo entiendas, déjalo;
basta que entienda yo
tu venganza y mi cuidado.
Mas, dejando este dolor,
ya a la frontera parto;
sabe que quiero hablarte.
Lo que mandas, señor.
Reduán, bien se te acuerda
que me diste la palabra
que me darías a Jaén
en una sola jornada.
Reduán, si no lo cumples,
desterrarte yo de aquí,
quitarte he todas las tierras
que te dio mi padre el rey:
la alcaidía de Antequera
y la tenencia de Alhama,
la aduana de Guadix,
la vara de Ronda y Baza,
y dejarte en las Alpujarras,
donde no veas a tu amada,
que es el morir sin su luz,
que pena a quien bien ama,
y llores porque todo;
jamás me veas la cara
porque a mí vienes con queja
y te diga vayas allá.
Yo, señor, lo prometí
y lo cumpliré sin falta,
y por mí te daré mil,
los mejores de Granada,
y si yo no lo cumpliere,
con mi cabeza te paga.
Auxilios mil solamente,
y porque mejor se haga,
te quiero dar cinco mil;
apareja la jornada,
luego en amaneciendo
quiero que la gente parta.
No seas triste del bien
que tus manos me arrebatan.
Haz lo que te dije ahora.
Que a servir me agrada.
Pues sigue luego tras mí.
Ya voy,
con el cuerpo, y sin el alma.
Jornada segunda
Pag. 13
Segunda jornada. Asómanse tres damas a ventanas y una fregona: son doña Ana, doña Juana, doña Luisa y la fregona Elena; tocan dentro a trompas y atabales.
Pag. 14
¡Ay, Dios! La trompeta suena,
amigas, ¿qué puede ser?
No hay, señora, qué temer,
que nuestra gente se encierra.
Siempre os turbáis de algo.
Siento de que por mi bien
ya salen de Jaén
cuatrocientos hijosdalgo.
Parte la compaña armada
con tal gentileza y prez,
que entiendo que desta vez
ha de ser vengada.
Y sin duda son sus bríos
que es mejor cada un pieza,
y de su beldad y aseza
y de Alí y de Zoraya.
De aquí los podremos ver
que por aquí han de pasar,
donde nos podrán hablar
y nosotras conocer
de tan famosos soldados;
no hay de qué temer deshonra,
son del linaje de...
los más de nombradía.
A don Diego decid,
que con fama acertéis
que ha de hacer fácilmente
animados mozos rendidos.
Y a un... de recato
y aunque no se atrevan,
por capitán a llevar
al obispo don Gonzalo.
Hará mil veces abuelo
como sabéis que se parta,
y vuelven con presa harta
aunque en el... de abuelo.
Veamos los que se mejoran
de aquí, y los quiero ver
por señal que se traen
un perdón de los del cielo.
Salen los caballeros de Jaén y trae don Fernando la bandera y salen con él don Nuño y don Juan, señor, y el tambor y hacen alarde, y dice don Fernando.
Damas, con leve pedida,
que es vuestra vista
notable y excesiva,
que no quede moro a vida;
mas si entre los escuadrones
fueran esos rostros bellos,
yo sé que mataran celos
muchos más que nuestras manos.
¿Don Fernando, no me habláis
y me dais alguna empresa?
¿Qué ha de hablar quien no cesa
de llorar viendo que os vais?
Tomad esta daga,
y plega a Dios que abra aquí
y haga vía al corazón,
que a vos os ponga en mí...
Dad acá y vivid contenta,
que si de esta jornada
me la dais acicalada,
yo os la volveré sangrienta.
Doña Ana, ¿no hay hablarme,
viéndome en tal ocasión?
Hablaos, Nuño, el corazón,
que es quien podrá disculparme,
y según tal se atreve
a vuestro... salí,
a los dos mostrar
con la lengua no puede.
Y a que saca seña así
que entenderíais, deseo
que al... yo os veo
queda el alma en mí.
A mi empresa os esforzáis,
valleis sin dudar,
y en... a cazar
amores que me mostráis.
Pag. 15
aunque cuidado si me ofrezco
a ti no hay quien se disponga
a ofenderte se ponga
los oficios en el río
Doña Lucía a Fernando.
¿Qué rigores os partió?
Por ver nacer por vos amor
que es lo que me va animando.
Paramos un rato aquí
y a aquestos luceros dos
de la fe que os di Dios
en sola vuestra voz se fía.
Por las soberanas leyes,
con pecho constante y cano
a ser del rey cristiano
por su justicia prisionero,
y que a un león más feroz,
con afición y justas leyes,
se ha de ir allá a las tres
a feriar de ayer mosquetes,
y siendo de otra manera,
traed mi banda verde
que es cosa de gran tormento,
que a un león trabáis por cualquiera.
Toma amor esta banda,
y ruego a Dios que veáis,
cuando a mí me la traigáis,
el cielo de vuestra banda.
Toma, y sean testigos
los cielos de este color,
que no soy yo merecedor
una banda de enemigos.
Vete, Gelena, por favor,
alguna prenda o señuelo.
Gil, ¿quién te dio este pañuelo?
Que mal te queda, ¿qué dar
más de lo que yo te ofrezco,
que hay aquí en el sombrero?
Porque son tuyas las quiero,
y no por otra merced,
con tales joyas y adorno,
ni cabeza como vos.
Si os comprara, ¡qué jaleo!
Con paños de ella y prefreno.
Si no quieres que te ahogue,
acércate aquí de la puerta,
y ver me has si da y muestra
mi requiebro larga verga.
Una cofia que te dizque,
quiero de lavar acá o carnes.
De entrambas cosas la quiero.
Yo te las traeré, y aun más,
¿hay otra cosa que quieras?,
porque en darte cuido y no caiga.
Más hay, quiero que me traigas
de un ciento arracadas.
¡Qué dices! ¿O es desatino?
¿Para qué tomaste amor?
Soy tan brava en el color,
que las he menester continuo.
Buena razón y mi fe.
Con amor de amor y vida.
Que Gelena te pida,
de firme que lloraré.
No toméis de aqueste enojo.
Sabe amor que con cuidado
y ver estaros me ha venido
del más sano antojo.
Pues por ti el salto se ponga,
mira lo que quieres.
Quiero
unos clavos, claveles
que me los arrime ya.
Pag. 16
Hanse ido ya don
amo ve pues lo verás
quieres otra cosa más.
Dejarte mi bendición
y un abrazo.
Ansí lo hago.
Mi bendición sea contigo
porque en el pueblo enemigo
pasas peligroso estrago;
bien puedes partir ufano
que nadie te ofenderá
yendo que contigo va
la bendición de mi mano.
Dadnos las manos.
Tomad
aunque con prolijo celo
que no es bien que os niegue a pelo
quien os dio la voluntad.
Yo juro y todos jurallo
señores de este bien
de no volver a Jaén
sin dar moro en aguinaldo.
Ansí se jura y promete
porque quien quede zumbando
se rinde al tiempo blando
no hay cosa que no saliere.
Yo de seguiros me trato
viendo que a todos aviene
y el que linda amiga tiene
comete dar tres o cuatro.
Quedad a Dios señores.
Él quiera a todos libraros
y con su poder guardaros
de asechanzas de moros.
Sale el obispo y dice.
Valerosos vizcaínos
soldados vamos de aquí.
Hágase señor así
si el cielo nos ayuda y guarda.
Vayamos que ando de prisa
a vasallos que he perdido
pues el obispo es sabido
bienes y diligente
que es de aqueste su tesón
que pues a un campo a meter
es bien que a acometernos
antes que nos a cometer.
Sean loores famosos
ganados de hoy de ser
el que pido a ver
Dios que es riguroso sol.
Y no me quiero hallar
presente a tanto valor
porque duda de su amor
me es de dolor pagar.
Hazañas siempre dudosas
aunque bien pesadas no hay
de al premio siempre pague
fácil en todas las cosas.
Rato que a marchar
pasemos serios preceptos
porque Dios nos da un puesto
do iremos bien a pelear.
Nadie se dé por dejado
sálgase a la salva allegar
que nos salva vividor.
Salen Rey, don Rodrigo, hidalgo.
Por Dios os ruego el obispo
que no pase descuidado
porque son tres mil los moros
que a las aguas de ahí han llegado
que quitan del sol la vista
y cubren montes y llanos
los que salen de a caballos
y ochenta de a caballo.
Una vez que lo jure
de su corona prestado
muerto en trescientos aceros
cielos muy más preñados
obras son muy de asombro
el pasmo de mis pecados
y el tesoro en mi palacio
que en mi casa dejarán.
Pag. 17
demos la vuelta, señores,
a dar la vuelta a enterrallos,
daremos a Dios servicio
y honraremos los patronos.
Sale Don Diego y dice.
Adelante, caballeros,
que me llevan mal ganado.
Los miserables pastores
y la más gente del campo
los moros corren tras dellos.
¿Cómo no movéis el paso?
Si os alcanzan, con furor
la vida os hubieran quitado.
Y en veros no lo hacéis,
sabiendo que el buen hidalgo
no es para huir de aquí
este fuerte mal y daño.
No quiero seguir a quienes
porque es cobarde el soldado.
Baste ya el paso confuso,
baste, Don Diego, y de paso
que aquí se os da un favor
con voluntad y buen ánimo;
y decidme qué conviene,
qué moros vistes y cuántos.
Al subir de un monte
y a la bajada de un llano,
vi tanta marlota azul,
tanto albornoz colorado,
tanta de adarga blanca,
tanto garzón alindado,
tanta de lanza a puño,
tanto hierro acicalado,
y a la fin tantos moros
que es imposible contarlos.
Apercibíos, fidalga gente, agora,
al fuerte brazo y rudo mal de cuello;
y recebid el valor de mi cuidado,
pues tiempo y lugar queda de ello;
agora es bien que la canalla mora
piense pagar a sus daños el sello,
con infinita devoción y gloria,
que cautiva, aprisionada y mora.
Haced que famosísimos seréis,
quedéis en la batalla sanguinosa
delante de los moros levantados,
de la patria con razón famosa;
yo confío sea fiador y prendados,
veréis aquí conmigo allí la presa,
el padre viejo y la consorte amada
y algunos dejen la tierra ensangrentada.
Y imaginad que a los montes seguros
las tiernas hermanas sin doncellas
arrancan los maridos del toro,
más que al dolor las aves del cielo,
quedan llevando un moro y dos moros
por más doliente tu pecho y dolores,
amargos ayes y quejas y cuitas
del amargo lloro de sus tristes vidas.
Y imaginad que las honradas canas
los viejos nobles padres venerables,
las bárbaras cuadrillas inhumanas
infames huestes y abominables,
considerad las tiernas esposas
vendidas a los moros miserables,
saliendo de temor y de asombro
dejando los abuelos a las fieras.
Y imaginad que dejáis el honor
y la mujer del su mismo amado,
a que mueran con la afrenta dura
y a las presas a esposos y queridas,
y a las gentes y a doloridos,
que hacen al infierno sin dolor,
al cándido abuelo con las buenas moras,
a donde veréis fortísimos golpes.
Y así, de nos, y en general amor
mueran a espada por reyes o siervos,
y decid a los moros que mueren
subiendo a los cielos los mozos y mancebos,
generosos que de gloria se valen,
mover los brazos y alargas con mi,
salgan con ellos peleando el estrago,
de los hacer campaña y Santiago.
Toma y sale rezando, y todos mozos y dice:
Queda, nadie se mueva de su sitio y puesto.
Pag. 18
Pues que el enemigo viene
a nuestro asalto y nuevo presupuesto,
nos cumple aderezar luego; y conviene
con que amigo consentid de presto,
sin que oiga caballo ni voz suene.
Con tan valiente camarada,
quiero que aquí se hagan emboscada.
Digan los moros de Jaén,
de modo que de verlos se entiendan,
que en este vencimiento, que sin falta,
cuando a los cielos se encomendar piensen,
y hacen a su Dios fe alta,
no los oyen ni a mi ruego atiendan,
si pierden con que ser así, y que no
don Sebastián el ganar...
dioseme de conjurar. Trato
que de tus ojos, a quien ya acato,
se den, y en vez de ser de esclavos,
den principio a su valor, ya uno.
Al que todos lo defiendan, no acabo.
Y a su Dios y al fin los enemigos,
cual quiebran las entrañas, a mí asombro.
El Cardenal, y lo que se ruegue
que os de, señor don Antonio mío,
con don Rodrigo que ir con brío.
De irnos a salir al paso del río
de don noble, sumariado y justo,
valiente don Juan que en él confío,
que habemos de salir con nuestra empresa.
Juan, hágaselo, luego don Rodrigo.
Entranse de a uno y van los demás.
Haced los dos centinela,
con el valor que soléis.
A vuestro valor que sabéis,
que no se teme y recela.
No hay de que dar de quejas.
Porque vemos, a la vez,
que nos ha de acometer
el obispo con tres señeras.
Y casi, casi, se gana.
Y pues hubo ya prevén,
la gente que ha de venir.
Y falte rescate ahora.
Dicen de dentro.
La famosa ciudad se...
La fuerte, red, uan...
Demos a asaltos que afán
en nosotros, los cristianos.
Y decís que aguardamos,
no tenemos que aguardar.
Vamos los luego a ayudar,
y si murieren, muramos.
Suena la batalla, alboroto. Sonido de los que en el tablado. Entra un cristiano con moros.
Caballeros valientes,
la traición ven buscar,
no ha de llegarles nada
a las enemigas gentes.
Y si algunos se precian muy alto,
vuelvanlos Dios acá,
que se quejó de dar,
a lo que me ha de negar.
Miren con casos de atar,
el Señor Omnipotente,
y aún sin decir la gente
tiene los brazos abiertos.
Y a que esa muerte cruel,
que venía culpar al que,
dice el pecador, a qué,
demos a todos por él.
Y haciendo que al fin,
por la bondad se apacigüe,
por muerte que aquí se llegue,
tendrán vida sin fin.
Sale don Fernando riñendo con un moro, y vuelven a entrar y sale don Rodrigo con otro y tornan a salir y el obispo.
Caballero Fernando
haced, haced, mozo ciego,
con tu camino y ruego,
cabiendo, amenazando.
Y tú mío por tu afán.
Pag. 19
tu intención es cumplida
que dudo que dejas vidas
destos que vienen vueltas
y vosotros gente noble
de tantas prendas y timbres
haced ahínco pues somos
que excusaremos al doble
Tocan dentro las trompetas, y atambores y sale Reduán con sus moros y dice.
A la mi gran victoria
que ya la tenemos cierta
Perros si mi gente es muerta
tiene en el cielo su gloria
Obispo date por preso
Yo preso aguarda y verás
A do traydores de tras
¿qué pretendes en eso?
Ríndete obispo ansí mesmo
Yo te enmendaré la trayción
¡Ay que me matas cobarde!
que me has rompido el brazo
con las muelas de un macano
Pues cae el que lo siente
del mejor en el partido
ganaste por comedido
que de ser por valiente
Llegad sin más rezelo
me quiero a vos rendir
porque usó de mis cuitas
don Gonzalo que os de el cielo
ay mas que quien es vencido
sea por quien el señor
para cautivo mejor
que fuy aquí perlado
Ea caminad agora
a sepultura amarga
donde podamos gozar
tan famosa cavalgada
Así es justo señor
vamos con la cavalgada
de un punto que me acaba
si no me des viva
Vanse y asoman a lo alto de la casa don Gonzalo y Doriana.
No sé Doriana qué siento
¿Qué es tu pasión?
Parece que el corazón
se me a elado en un momento
y parece que va acabando
No llegues llégate aquí
Si lo que veo ¡ay de mí!
algún daño a don Gonzalo
o acaeció en algún mal
A tu placer el dice
A su pesar dice
que la razón es leal
Ten esperanza y confía
que vuelva tu gran ansí
Pesares por me aparta
siempre me tiene con ansia
y sabiendo que es ansí
se de hacer burla del ser
que as de creer a quien
por creerte agora a ti
Escucha ¿quién voces da?
El daño que va a ser
que en mis entrañas está
Sale Gil y dice.
Cavalleros de Jaén
nuevas sabréis acá vuelta
que los moros del rey
os han robado la tierra
que los de acá todos an muerto
y los ganados se llevan
y a quella famosa
con los caballos de guerra
y los que no van cautivos
muertos o feridos quedan
Pag. 20
y lo que es peor que todo
y gran iniquidad
es que el rico noble obispo
vasallo y deudo de la reina
¿Murió don Fernando, amigo?
No es muerto, ni Dios lo quiere.
¿Y don Nuño?
También va
con la demás gente presa.
¡Ay mísera! ¿Qué he de ver?
¿Cómo mis ojos se cegarán?
¡Ay don Nuño, ay gloria mía!
¡Cómo me duele tu pena!
Sale el general de Jaén y otro caballero.
¿Qué es esto, amigos, que dices?
¿Es verdad lo que oímos?
Es, señor, como lo digo;
y pluguiera a Dios no lo fuera,
y que mi alma faltara
antes que el daño viera.
El obispo va cautivo,
y arrastrando las banderas;
y mucha grande gente se lleva
y las demás armas rendidas.
Rinde la banda y
y con famosa empresa,
a él salió un moro viejo
que es plático a la guerra,
dio de un golpe al caballo
y la cabeza dio en tierra.
Sobre mayores prisiones,
que ha de hacer el general,
un moro le dio feridas
que en él cayendo luego muera;
y la anclada a orillas de Jaén,
arrastrada de la cabeza,
anduvimos la campaña,
quitámosle las orejas,
y a los demás a su placer,
en prisiones ha vuelto
a Jaén y a su convento,
y al de moros a un acento.
Aqueste fue el suceso
que a Jaén ha traído nuevo.
¡Oh fuerte y belicoso hado!
Lleno de furia y desdén,
o ligeros a encarecer
del mal que trae pesado;
como en tiernas memorias,
mudando cordura y tiento,
en este daño atroz,
todas son victorias.
Yo voy a buscar a don...
sino que un buitre azor,
como a lobos y leones,
sea a cuenta su prisión libras.
Justo es que en ello se ataje;
pues luego, sin más cuidado,
lleven pregón mi gente,
por el precioso rescate;
y si tuviere por vil
el rey a aqueste partido,
luego que haya sabido,
lleven todos treinta mil,
de sino, fuere a cabildo
el interese con aquesto,
que rescatar trato este
las rentas de su obispado.
¿A quién se podrá encargar
esta deligencia luego?
A don Rodrigo y don Diego,
que valen muy gran paz;
que si allá no acabaron...
Nos vamos con
y en esto tenemos gran razón.
Pues vayan ellos a decir.
Vamos, y tú, buen Gil,
quédate en lo pasado,
con lo que queda a vestir.
Vanse y quedan doña Juana y doña Ana.
Doña Ana, ¿qué te parece
de mi tormento y dolor?
Que no puede ser mayor
que al que en mí se parece.
Tomemos
Juro que concluya.
Pag. 21
Con este fingimiento,
que mi pena nace de amor,
de su afición nace el tuyo.
Yo entiendo con mi poder
a don Fernando librar,
si me quieres ayudar
en esto que te dije.
Di, mi amo, y sea en buen hora.
Ya que a pesares llano
como quieren que mujer
lleve este encargo,
de cierto tengo imaginación;
siento lástima de él,
que se me agrava con él,
y él en traje de varón
donde no sola, mi bien,
elijamos a cuál pleno hacer
podrá, y con esto
más a don Nuño también.
Pues, ¿cómo podréis hacello
sin que entienda quién eres?
Calla, y verlo has, si quieres;
guarda silencio en ello;
y en lo que me has de ayudar
es decir que estoy doliente,
y que a ninguna gente
me consientan visitar.
Lo demás déjalo
todo a don Nuño y Fernando,
descansa de este cuidado
la locura que nos falta;
por eso vamos de aquí,
que sale ya Fernando acá.
Tendré ventura allá.
Entranse y sale don Diego y don Rodrigo.
Si me dio gran, y me pesa
más que Fernando preso,
que el obispo haya salido
a vengar mi ofensa,
y así ha de ir en verdad,
si al alcaide le pidiere
don Diego, si no fuere
a entregarle a la ciudad;
así de su furia
entre la fiera canalla
muriere por su batalla
o no volviere a Jaén.
A todo el mundo ha pesado
de ver lo que han intentado,
y de lo que pretenden,
lo que tenemos en cuidado.
Vamos luego agora
a verle, ya que hayamos
de suerte que le veamos
en su prisión encerrado.
Digo que se haga ansí,
aunque también nos conviene,
más que detenernos y verter
un par de riendas aquí.
Entra doña Juana en hábito de paje.
Gracias a Dios que he llegado
a la ciudad de Jaén,
que es la mejor que hoy en bien
que en mi vida he deseado;
y qué grande es su arrabal,
qué lugar tan agradable,
qué calles tan notables,
de rica, tan principal;
y qué sitio tan excelente,
que ofrece cumbres altas,
qué de mujeres hermosas,
qué de hombres tan valientes,
y, al fin, el pueblo gentil,
y lástima, aunque no lo fuera,
ser freno, yugo y frontera
de aquella canalla vil;
y hallar a don Diego informado,
que entre el obispo cautivo
quedó doloroso y vivo
que al del alma me ha llegado.
Sabe el cielo la verdad,
ya que juntéis buen medio
para que yo suplicó el bien
de a mi necesidad;
y, señores, ¿hay quien pretenda
servirse de un pajecico
que le sirva en lo lícito
con destreza, que hacienda...
Pag. 22
Hallaré aquí algún señor
que me quiera recibir.
Solo yo no sé recibir
sino gente de valor.
Tanto mi talle os ofenda
sin hacer a nadie ultraje
al que [?] si delinque
aunque yo [?] en él hacienda.
¿Dónde, que os ha encantado?
Digo que me maravillo
ver de este pajecillo
que es un [entremetido].
Dime, ¿dónde es tu ciudad?
Señor,
en Cuenca, ha años.
Ya no, que me veis solo aquí,
tengo padre y madre allí.
¿Sabes si estuvo tu madre
en Córdoba?
A que eso no;
lo que sabré decir yo,
que fue de acá mi padre.
Vueltas me deis hoy por sus sillas
aunque más las encubráis,
porque quiero que entendáis
que le notan de trasquillas.
Bastó, don Diego, por Dios,
que aunque traéis cubierto,
por vengar al paje allí,
que os ha dado el avío.
¿Qué es tu apellido y renombre?
Alexandro solía ser,
(que me dieron mis padres).
Eso sí, flaco en el ser
y muy robusto en el nombre.
Ese me dieron mis hados,
por verdad, a lo que digo,
por siempre fue su enemigo
de nombre afeminados.
Tan mal talle es mujer.
No es por al falsedad,
que antes con facilidad
me suelen hacer placeres.
Esa es mentira grosera,
porque viendo de [?]
mejor se querrán quejar
muchos de [?].
No me da nadie su nombre,
porque me ofrezco a hacer,
al que valiere menos,
por muy mucho hombre.
Antes debes ser mujer.
Mujer, ¡ojalá lo fuera!
que a más de cuatro diera
[por mi causa?] [?]
Y de todos por vengarme
en los hombres sin compasión
de [?] don [?]
[?] atormentarme.
Ahora vine [?]
que esto nos ha de hacer.
Si al menos querer,
que del mal que así me aqueja
seré [?]
y siempre [?]
sin poder concluir
cuanto me queráis mandar.
Yo te quiero recibir,
porque tu brío me agrada,
y el donaire asaz.
¿Y conmigo quieres ir?
Con gloria de tan buen paso,
la que debes alcanzar,
que el valor [?]
[?] por aqueso.
Señores, no os detengáis,
que todos juntos [?]
del cabildo y pueblo junto,
y ruego os [?]
[?].
Vamos, que nos detendremos,
y por el [?] sabremos
qué en ello ha de tener.
Salen don Diego y don Daza, Jamón, la cual dice.
Pag. 23
Dime qué es lo que quieres
o determinas hacer.
Ingrata, ¿qué has de querer,
aquel a quien tanto quiero?
Guárdate allá, que me espanto
de ver tan gran mal pagón.
Sombra es de ti,
que no se iguala a lo bueno;
navajas es a mi lumbre
apartarme el rostro el velo,
que me quita mi consuelo,
y vos sois la lumbre;
si a oscuras ya,
cubriendo tal resplandor,
mi alma no tendría valor,
ni el sol nos alumbrará.
Todos aquestos alabarán
será lo en este lugar.
Yo no os avezo a alabar
belleza tan sobrehumana,
desvalida sin velar,
porque está por su suerte
que no le duele ni muere
le pone su corazón.
Dale de mi mal la toca,
ese llanto o sentir
que me da...
para tomar otra flor,
y en mi rostro, si yo quiero,
que aquí se...
verdad, y os bien ofrezco
el alma, pues me muero.
Y no me trates ansí,
en invidias me has de anegar,
pues me vuelvo mudo, ciego,
y ¿por qué lo he de sufrir?
Y aunque me quieres mostrar
este fingido engaño,
sé que le hace el daño
que se podrá remediar.
Sé que con tu ligereza
terceros...
De mi ventura,
y también de tu belleza.
Ya que el mal que me hiciste,
sin poderle remediar,
una vez me haces penar,
y otras mil que desesperas.
Y por tus ojos rigorosos,
se acuantía tu disfavor,
que entristece y da dolor,
y me rinde muchos dolores.
Y así, ten piedad de mí,
ya que apenas me sufrí,
ofrécete a ti por mí,
cuando te vieres piadosa.
Aquesto bien yo lo quiero,
y dar fin a tu pasión,
mas con una condición,
que has de guardar primero.
¿Qué condición quieres que haya?
Lo que tú me dieres sea.
Que aquesta tu mudanza
cumplida ya no sea,
mas has sentido cómo
a qué punto me ha traído,
que con olvido has traído
el amor conmigo.
Y así, pues que tú callas,
quiero partirme a la calle,
por la que nunca se duele
de lo que aguardar merezco.
Ya no tomes fatiga
por el amor, no lo sientas,
que abrase el alma en vientos
el ciego y tu enemigo,
y eso no te acuerdes, vel
que te daré otros ciento.
No me darás tú contento
todas que me duele Raquel.
Pues di, ¿me desecas?
que otro traeré.
No harás,
pues conozco a los ligeros,
que esto es lo que más te pesa.
Pues ya le voy a buscar.
Anda, lisonjero, cruel,
que tú lo verás a él,
y él ni me podrá hablar.
Pag. 24
Vase huyendo.
Vaste, traydor, a ascondidas,
an vengado de mí,
porque me arrepentí
de confiarme tu ardid.
Do vas de negra suerte,
sin que me quepa advertir
dicho dónde puedes ir,
si no es a buscar mi muerte.
¡Ay, triste! ¡Ay, loco afán!
Que en vano he de aver andado,
gozar del semblante ayrado,
que ansí goza Rreduán.
Como el cuerpo no se fuerza,
así venga a así por ti,
más, ¿qué rebienta el rey,
si el amor no sufre fuerza?
Aquí vengo de vengarme,
porque sé por mi penar,
que algún bien me vendrá a dar
quien ansí pudo engañarme.
Sale Cazve y dice:
Rey poderoso, ¿no sientes
la grande truendo llegada
de la mayor cavalgada
que han de ver esson tus gentes?
Goza de tan alto bien,
como los sielos te dan,
que hace preso Rreduán
a los obispos de Jaén.
Goza de tan rico tesoro.
¡Ay, Cazve, no puede ser!
Que pequeño es el placer
para el pesar que yo mi moro,
que adó llega todo siento
lo que sirve en tal angustia,
que aun ende la vista
se estrella el mar de mi tiento.
¿Piensas tú si fue aquí,
que estos moros con más gloria,
vengan con tanta victoria,
si otro tal al levo de mí?
Pesa hato y o bien,
tiene este preso doliente
de cautivos de jente,
estudio yo también.
Haz que vuelvan a traer,
no adore a enten mi cuydado,
porque a queso serrado
ya llegan adonde de...
Traen los moros con los cautivos escudos,
arrastrando el pendón de Jaén y en
cadenas. Viene Rreduán a el rey y el rey
no los mira y se hace de enojado y tiene
un moro que trae en el rostro.
¿Qué es esto, rey, en que has dado?
Es buen premio y pensamiento,
que por venir yo contento,
vayas de tu enojado.
Respecto con esquiva
penas, quál ves que oy,
de tesoro que te doy,
por ti dóloze yo dos.
Y es admiración también
que a mí se quita y vengonza,
no solo falta alabanza,
mas quien lo rroe avió bien.
Si aviendo a tantos rendido,
me muestras tú el furor
que me mostraras, señor,
si fueras preso o venzido.
Vuelve, rey, la vista amada,
menos sumida y ardiente,
siquiera a tan buena jente,
aúste ruel preso, rro dretra.
Mira este obispo famoso,
como le don de molo yo,
que aun a veces turbo yo
mío de escuso y reposo.
Deja ese mal de que elo
vale de mimo al pesar.
¿Cómo mejor me alegrar?
Pag. 25
dos de viles fuerzas.
Pague el de un rey presente
con merced que el rey desea,
porque la merced dada a un paje
o a un vesagalla o a un peón
no es de su valor sin par,
porque si bien mi servicio
no los supiere servir,
Dios te lo sabrá pagar.
Señora.
Ora, señor.
A don Fernando.
...áis
que a solo los dos criados
tenéis vos respecto,
por lo que os quiero, y ansí,
y porque un dado combate
a este y al rey [ilegible]
venid conmigo, que pues
tratarse de tu rescate.
Vanse todos o da la vuelta.
No sé qué es con el rey,
con los contrarios amigo
y tan furioso enemigo
con los que en ocioso [ilegible] ,
ay, mi Frayacán,
los mejores tascas de moros,
libres los faranos
y cautivo Arrezón,
y al rey en quien se aconseja
con grandes venturas de [ilegible]
a todos os almad [ilegible]
y al viejo Zirrolas o das,
y Alindaraja es a quien
quiero me aguardéis aquí
antes que sepa de mí
la nueva triste y molesta.
Entran Alindaraja y Axa su criada.
¿Do vas, Zaide el moro,
que de Reduán del que [ilegible]
no se captivó esta [ilegible] ?
Pag. 26
Don Gonzalo, de...
que es tu preso.
¡Oh, lo que dices, ay, triste!,
que me turba tu razón.
Digo que es tal la prisión
que a ti misma te pusiste,
¿Qué prisión? Ca yo...
No sé qué. De acá viendo
una prisión de candado
y aun suelto alcaide por alcaide,
es en la torre se ve el
triste cautivo y mohíno,
don Rodrigo de Quintino,
pagando tan mal su fe.
Pero si el de Loaceli mejor
el rey le mandó a Reduán
que vaya a entregar a aquel
libre de competidor.
Quizá por este que viene
con tanto golpe de gente,
el amor si quisiera el bien de
a quien de veras reverencia.
De Reduán esta prisión...
si ello es como yo entreveo,
dízanse en Arrecife...
torre o casa de buen deseo,
y en bromas moza de buen
efeto que es presente.
¡Oh, fiero rey inclemente,
de ardiente y fuerte rigor!
Tenga quien es que calle,
viendo con mucho afán
venir con rigor Reduán
y al obispo don Gonzalo.
Yo me voy, la hija mía,
que al rey te complacieres,
sino es que me quereres
sobre Reduán su gracia.
Mas que a un ser mi le quiera
a mi ley o resucitar.
viendo que a mi gloria traen
ansí una crueldad tan fiera.
¿Qué dices de estos dolores,
¡ay, ay, rabiosos tirantes,
que sufro yo de estos amantes
por tener siquiera amores?
Séame aquí yo brevemente,
que aunque me desazonase,
no aborrezco a quien me llame
habiendo de estos a quien
que agravien goce y mi pena,
si el de los mis ojos fuera
como yo salga de pena.
De cuidado.
Ven conmigo a la prisión.
Vamos, aunque no quisiera,
que antes de partir me diera
algún galán de cadenas
de sus armas moriscas
y a la guarda donde estaban.
A los que venís a buscar,
¡oh la más venturosa dama!,
¿queréis rendir por vasallos
a los más graves y altivos
de los mis sesos captivos,
darles tus admiraciones?
Todo lo podéis hacer,
pero ruégoos una cosa:
seáis conmigo piadosa,
que con ellos la vais a ser.
No quiero muy perdonada,
mas de que me deis lugar
que a Reduán pueda saber
y sola en esta morada.
Hazlo por algo sagrado
de lo me detengo y suyo,
porque en cumpliendo esto tuyo
fuera a hacer el mandado.
Mas mirad que poco importa,
porque hoy nadie lo embarga.
Pag. 27
nos cala vizda a larga
que era mi vida azor
Entra y queda el moro Guácer, que es la guarda a la puerta de la cárcel.
Amor con mi ligereza
vierte llamas más que yo,
el buen Guácer, moro, hoy
sirve de humilde virrey;
y asanado lo sagrado,
sin más recelo y engaños,
del mal que fingí, llanos
me liberta ya prisión.
Embarázanme villanos,
mis hados y amor también,
que quiere que ha de dar bien
tendiéndole a sus plantas.
Quiero bajar a los prados,
que, aunque no queda qué dar,
a lo menos, por allá,
si en algún lugar me ascondo...
O, un poco, y se arrepiente
mi amor, que con pasión
busca por senda o quistión
a un hombre tan valiente.
Mejor, aquí, aguardar;
si al dar osada presencia,
podrá ser que bien me venga,
sin que lo vaya a buscar.
Sale Alindaraja y Reduán, cubierto un manto, y ha de entrar así.
Guácer, dad acá un buen ser
a quien te acata tu bien.
Y a ti también,
que me has dado a conocer.
¡Oh, bien mío, es que has dado!
Baste que el placer
de que yo te pueda ver,
y tú me hayas mirado...
El rey viene, ay, que a la...
cubreté, vete o qué hace.
No temas, que os dice
que no saliste de acá.
Sale el Rey. Dice.
Moro, la prisionera duerme,
que es necesario que con
Reduán prenda que, a Oraca,
Reduán venga a verseme.
Que agora se vea a la clara,
como traidor en un duelo,
fuerte Reduán el siruelo,
cuán que le pesará.
Ya yo me solicitaré,
y entenderás en mi perdón.
Y yo.
¡Oh, deja su prisión,
mientras duren tus visitas!
En estando de veras,
a verme con racha firme,
yo dejaré de afligirme,
y él dejará de vivir.
No hagas caso de aqueso,
que pasar, ¿qué puede que haga?
¡Qué demente que ve que
a mí tenelle tú preso!
Mas vengo a pedirte yo
de una persona que cuidas,
que a nadie fue oteada,
ni a tu persona agravio.
¿Como de aquel enemigo?
Baste que sea de buen son.
No es sino de quien agora
viene con gran enmigo,
y has de saber que nunca
un noble moro y fiel,
y en corte por senda de él
te sirvió, y por galán;
y así que el buen virrey,
una celada que te armó,
muchas veces se le es
acusas que tú no ves,
es caballero mozo preso,
dicen que por su mandado,
el de prisiones cargado.
Pag. 28
y estar sin sentido y seso,
ver a la pobre afligida,
sin que algún temor la espante,
que iba a librar a su amante
a trueco de perder su vida.
Iba a dalle a acompañar,
y en este traje de mora
le sacó, dejando agora
en el suyo una criada.
Yo, mora, bien que pones
tu gusto en darme favor,
a merced es, gran señor,
que tú asumas y perdones.
Paso yo al asaz ado,
no le des esta opinión,
cuanto que no hay perdón
en lo que nace de honrado.
No tiene la mora culpa,
porque sabe el valor,
la hazaña, la gloria de amor
trae consigo la disculpa.
Y así digo que no muera
el moro noble y fiel,
por lo que gano con él
y por ser tú la tercera;
mas veámosle el semblante.
¡Oh esfuerzo de don, si vas,
ya quieres volver atrás
lo que has llevado adelante!
Ay Dios, enojoso y fiero,
que esté cruel así.
¿Cómo delante de mí
tengo de sufrir el cuerno?
Que queréis deleitar,
con mano larga y cumplida,
dará a ese moro la vida,
si de mí la ha de seguir,
y así al fingir asombre,
y esto valdrá para que
me admire tu poca fe
y tu mudanza me asombre.
No haya, Alindaraja, más
agravios, y de mí, así,
que tener celos de mí
son favores que me das.
Mas yo no quiero vencer,
preso de tanto deber,
si el mundo a guisa de poner
duda en mi pasión suelta.
Y así voy, guiar de te saldré.
¿Ya te vas, mi señor?
Y en Reduán ve tu amor,
que es tu gloria, señora.
Ve, yo de ti al cuidado
vamos, que aguardo,
a ver qué de mi bien se ha de,
dejando al Rey engañado.
Jornada tercera
Pag. 29
Tercera jornada. Sale el Rey solo y pensativo y dice.
Quien vio a mí mediar
a Alintaraja, fiera extraña,
conmigo a quererme engañar,
pues yo me dejo engañar.
Y con los celos que mostráis,
quién no lo hubiera creído
que debajo del vestido
así me recelaba.
Y al que tu amor me fingió
con tan extraña piedad,
quién no dirá por verdad
todo lo que él ha cantado.
Yo perdone al traidor,
porque con gloria fingida
piense ganar la vida
adonde perdió el favor,
y siendo a quien dar la
quien a morir se abalanza,
viendo que mi bien no alcanza,
salió de él el mal.
Sale el alcaide.
Pag. 30
A quien los reyes
deja en sola quince vez,
que te vienen a traer
un riquísimo presente,
y es del obispo el rescate.
Que entren, os doy licencia,
por ver si quita su [...]
fuerza el mal que me combate.
Entran don Diego y don Pedro y don Juan a engaño de paje.
Rey poderoso y nombrado,
donde en mil bienes se bañen,
el rey envía a Jaén
por tu rescate acordado
y treinta mil ducados son
de oro; si os parece
más de lo que merece yo fice
si le otorgáis perdón.
Llamen a [...] acá,
porque de él es menester
que se tome el parecer.
Señor, así se hará.
Esta España de honor
triste y con justa razón,
pues siguiendo su opinión
huye de la gente mora,
yo fui a menester rendir
a mi persona su fuerza,
con seca y tal destreza
y a los pocos a destruir.
Trae el obispo con hierros y [...] de entre los cristianos.
¿Qué me mandas, rey, que quieres?
¡Oh, noble y fuerte varón,
llegamos en la venación!
El Dios la paz os abrace.
El rey envía a tu ciudad
porque recato me queda,
y aunque migo menos fuera,
te diera yo libertad
para mi goce puramente,
si te da contento y en velo
te puedes partir a su celo
no solo tú, mas tu gente.
No has más que me satisfacer,
vete a gozar tu reposo.
No puedo, rey poderoso,
con tu merced me alzar,
y menos permitir no quiero
que se haga la libertad,
y que en vil cautividad
tanta gente por la empresa.
Y será bien, rey, que así
yo vaya a vivir con cuidado,
viendo triste y despegado
a tanto pobre acá aquí,
y no os daño si en mi guarda
lo que ruego es el suplicaros,
a los que con largas manos
Dios le supla la vida.
El más bien singular,
que se tuza me deja el peso,
es que por ningún dinero
me consiento mis rescates.
Y pues lo que está presente
siquiera se me sirvís,
puedo, reyes, repartir
entre la cautiva gente;
y vosotros, caballeros,
que al pueblo habéis venido,
que mi yo me ha querido
me envíen mis dineros.
Y que acordé de enviallos
no se cansen de ello, no,
porque aunque acá en polvo ruego
me cansaré de gastallos.
Y ya no pienso verlos,
a los demás, le decí
que rueguen a Dios por mí.
Pag. 31
Aqueste Dios os traiga próspero,
y al caíd con su mesnada,
que no les hace por falta
la ausencia de su perlado,
con ello podréis triunfar
viendo de la mar la vela,
porque con su fuerza y revuelta
tengan salida o contienda.
Juntas de las montañas,
que pues están descansados,
miren a los que fatigados
vienen y quieren lo demás.
Valeroso alcaide, os diré
que de estas leguas que tienen,
porque no sé ni sé qué previenen
todas las insignias que traen.
Tú, noble caballero,
de fuerza y fama sin par,
pues también en las armas
rematas galán este dinar,
y cuando esto se acabe,
si algo queréis ansí,
que me dé mi descanso
y contento de ir a hacerme.
Y aquestos os tengo bien,
quiérome en él cargar.
Ayúdaselo a llevar
y acompáñalo también.
Vánense todos y queda doña Juana sola.
Confusa estoy y turbada
de vergüenza y de sobresalto,
no habiendo visto en mi alegría
estando vientos en alto;
socórreme en este salto
en este bien que me has dado.
Aqueste yo que de veras con...
y pues en este tiempo
muéstrate benigno y blando
y si trocares la suerte
haz que me acelere muerte
en brazos de don Fernando,
que aquel no podrá darme;
y si con su fuerza tan bien
solver ni dar tan bien,
bastará a remediarme.
Gente viene, me acogere,
quiérome aconsejar de fe,
que cada vez que tras un pie
del bien y placer que deseas...
Sale Alcaide, don Fernando y Zaida.
Cristianos de esta parte
salen de su conquista,
sin viendo que a tu vista
todo mi bien me llevaste.
Si pretendes que la veda
la voluntad de esa fiera,
vuélveme a dar lo que a mí
de mi alto trueque queda;
que con razón o sin razón,
contra el electo don Fernando,
de amor de este señor,
de mi suerte y mi nación.
Es mi amor tan conveniente
en lo que se me manda,
que podré con que me olvide,
que es tres veces ida a ausente.
Y si porque el rey cruel
no le ofendiese fiel,
no sé qué tras este obispo
muestra muy fiero y cruel.
Pues tu amo, que a tres reyes
las cabezas rinde y a sus tropas,
jamás perdonó personas
mientras yo aguardo a ellos.
¡Oh, don Fernando, ay, gloria mía!
Don Fernando, si ese mi amor...
Pag. 32
[...]sados no hagáis agravio
que impida mi alegría.
Fernando, ¿cómo no vienes
viendo que por ti me muero?
¿Quién daos mis cantos, quiero?
Clara ya que te tiene,
si te has por ahí olvidado
de aquel hidalgo de amor.
Amor, socórreme agora,
que el corazón me ha partido.
Oh, dama, ¿queréis os servir
de aqueste paje capón
porque sirva en vuestro momo?
No seáis triste, ¿qué decís?
Sintiéndose un desmayo fuerte.
¿Qué falta de algún placer?
No, que debe de ser
de los quesos, pego que
de don...
De Jaén.
¡Ay, que en aqueste lugar
es quien me hace penar!
Y el que me ofende también.
¿Cómo venís de aquí?
Vinieron dos caballeros
a traer hartos dineros.
Dime la ciudad rayada.
Agrádame también ver
que se rinde de fueros.
Yo solo por quien eres
mostrarme lo que en ella
o qué es toda su belleza,
que en vello entiendo yo
que aqueste pobre sufre
la mesma naturaleza.
Por su gracia que me fuistes,
lo diré al conde a placer.
Cabrá el alabar fuerte
y la de acá la mezquita,
a Aragón llega nota
de estos santos coros
que el rey ceñir de divos
trae el trabajo y la gloria.
Y aquellos a quien se humilla
la causa de mis pesares
son los ricos alifares
labrados a mata vieja.
¡Oh, tanta su bizarría!
Y su belleza le asombra
que el moro que los labrara
tendrá la ganancia al día.
Pues de allí mi cristiano
se muestra, y en le place
que con su vista se encare
la del cielo soberano.
Tanto, que viendo perecer
tantas almas de rigor,
no sale el sol de su fuerte
como antes solía salir.
Ya te he visto turbada,
señora, ¿y vienes de ser?
Comienzas a prender
para ser enamorada.
Como si tienes tu esclava
de la amorosa pasión.
Ya vi tu mala condición
que de mí la paciencia
vamos, ¡ay triste!
Alinda y Andrea.
Oye, Andrea, a entender,
que para darme placer
me trujo a mi casa ya.
Entra el obispo con un criado, y don Gonzalo, que quiere morir, y a un...
Anda ya, de mi vida,
que presto descansará.
Pag. 33
do ansí no quedamos,
que me actúa aflicción,
es fuerza, y has de ir
atrás, que traes sero,
según me siento que soy,
no puedo salir de aquí.
Muerto se me cae el pie,
mis amigos, o a decir
que me no lo he de ayudar,
estando tan mal cansado.
¡Oh traidores villanos viles!
Si de buenos os preciáis,
¿por qué no les ayudáis
a las sus obras sequibles?
¿Cómo no os dais los dos
de faz a faz en el suelo?
Fe de hombre que del cielo
vago a levantar a Dios
a dar más de holgarse gracias,
porque con descanso tal
mis grados de almas
y al bien de sagras de adas.
¿Cómo pasáis de bienes o vino
con flojedad de memoria,
abriendo a ellos su gloria
y cerrando el camino?
Tan duro de os y ceuent,
es quien da tus mercedes,
y porque de tu daño recibiréis
sueltas a este año nuestro.
Y no me sabré castigar
porque el daño repare,
y a cuantos sobresaltare
a todos habré de cebar.
Ven a mí, mozo, que es por feo
a no sé de qué va y tal,
que no sientes tú tu mal,
y yo siento el tuyo y el mío.
Sale don Nuño.
Señor, ¿dónde vais ansí?
Voy, Nuño, igual ves al punto
de enterrar este difunto.
¡Jesús! Me espanto aquí.
No se cause a contrito.
No permitas, mi Señor,
que tan aflicto y cansado,
este regalado y criado
al tósigo quiere llevar,
llevarlo sobre la cuesta
y solo quiérese a riesgo
de acá hacerse enterrar.
Váse don Nuño, que lleva el muerto, y el Obispo dize:
Rey alto, sumo y eterno,
dame socorro y favor
para que os sirva, Señor,
en aqueste cautiverio.
De sus manos admirables
vayan mis obras guiadas,
si fueren desagradadas
vos las haréis agradables.
Entra una captiva con su meztruo que quiere venderse y dize:
Como que aquesto se pasa
en una ciudad tan fiera,
y que por ser buena quiera
llegar al bien de mi casa.
Que guardar de la fe cristiana
solo me falta llegarme,
de la ruina llevarme
del moro al cristianismo.
Más vale que no se trate
en esto y en padescer
ganar dándome a placer
y en el cuerpo sin rescate.
Cualquiera que es de la fe,
para que me venda y tenga,
pero mi honra y vergüenza
y de viva la fe.
Aquí me quiero asentar,
quizá los que bien me amo
acudirán al reclamo
en oyendo mi cantar.
Cántase ansí deshonestamente:
y que quiere a su mujer mundana
Pag. 34
Si das ocasión, extraña
a ti, triste y pobre mujer,
cómo te vas a perder
tras un daño y otro daño?
El que quisiere entrar
a tomar algún contento
lo puede hacer al momento,
a sus treinta y tres.
Seamos o sean piratas,
llegue el que gustare acá,
que a todos se les dará
el paso seguro y cierto.
Mas hay un punto, y no falso,
y es que se da sin más fuero
a los moros por dineros
y a los cristianos de balde.
Mujer, ¿cuánto has de llevarme
o qué te tengo de dar,
si porque gustare de entrar
contigo un rato a holgarme?
Lo que quisiere, señor.
Y esto así se permite:
suele dar el que me gusta
un doblón, y otro dosle,
un real, si me le diere,
tomaré, ya que este es peso,
y si no, se lo doy si quiero;
dadlo que tú quisieres.
Dime, mujer, si me espanto
del triste estado en que estás,
¿cómo por tan poco así das
lo que a Dios le costó tanto?
Dime, hembra sin memoria,
que hay pena y castigo eterno,
¿cómo tiras al infierno
esa alma que en ti se halla?
Por quien Dios en cruz murió
con su sangre la adornó,
¿por qué quieres tú afearla?
Mira que te dé ventura,
pues de los ángeles atraído
tú afeas tu vestido
y a ellos su figura.
Deja ese error, sal de él,
que habiendo de la partida
comenzará a perdonarte
el camino da de ello,
con tu culpa y de su puerta,
porque no quiere el Señor
la muerte del pecador,
mas que cure y se convierta.
Híncase de rodillas la Cautiva y adviértese.
Dios eterno consagrado,
líbrame del mal que ves,
pues tu clemencia es
mayor que fue mi pecado.
Vuélvame a aquesta bondad
al estado que perdí,
volviendo a ser primero,
volveré yo a tu amparo.
Y a ti, famoso varón,
de recambio y santo celo,
que te merecen que me des
el cielo su galardón.
Levanta. Di, ¿qué ha querido
tu amo por rescate darte,
porque pretende librarte?
Cien doblas me ha pedido.
Pues ven y dártelas he,
y aun a costa de mi ser
no quiere Dios poderoso
que pierdas tú por tu fe.
Vamos, señor, te pido,
que consigas y premies igual
sea a ti de mi caudal
cuanto amigo lo has sido.
Vase, y sale don Fernando solo.
No curó de las locuras
que más del obispo tengo,
dineros y siempre le vengo,
y que en no, tres casarse...
Pag. 35
llore tristezas y dolor,
que de tormentos cargados
cumplan los pobres criados
la jurisdicción del señor.
Si él piensa acabar aquí
corazones sin hacer guerra,
que aun no a su tierra,
y quiera llevarme a mí,
pero ¿de qué me atormento
estando aquí Alindarra?
Que solo mirarla apaga
cualquier desmán y es contento.
¡Ay, amor dulce y querido,
que entiendo no la acobardas,
que no hay más bien que ganar
que perdiendo por ti la vida!
Salen Alindarra y doña Juana, en hábito de hombre.
¿Qué haces aquí?
Jesús, de veros por mi fe,
que ahora contigo me quieres,
que del punto en que te vi,
tú sabrás, viéndolo ahora,
que entre ambos tormentos,
soy un caos de pensamientos
y de lágrimas un lago.
Mas dime, señor, mi bien,
quién te dio el pasaje llano
y enviome el obispo
de la ciudad de Almería.
Que lo que de él se ha dicho
a un turco fiero entristece;
y no es sino que le parece
a uno que tuvo el cargo.
Llégate acá.
Dime, ¿no es caso bueno
que aguardes un noble esposo,
que quiebres, moza leda?
Y di, calla conmigo,
si tú guardas lealtad
a un quien te rinde las armas ya,
siendo de Dios enemigo?
Aforcejáis las razones
con que ofendido me has,
ya sé no negables mis
sino que en mi llore tonos
y a su faz has mal mirado.
¿Qué tienes, Fernando, ahora?
¿Quiéresme matar, que
por quien tu amor le ha hablado?
Amor, así no quiere que venza
mi fe a tu afición.
Rapaz, o acaso,
no baste el mentiroso,
sino ver de él la vergüenza.
Porque eres tan desigual,
y aun lo quieres ofender.
Aqueste paje ha de ser
nuestro estorbo, mi mal.
Pues que es lo que ves, y amo,
señora doña Alindarra.
Mira, Fernando.
No quiero.
Llégate acá, pues te amo.
No es bien que a celos se queje
porque espere tal oficio,
que en desengañar, ¡oh, Dios!,
asesinado rabias que susto.
Que me quiero ir, a lo que intentes.
¿Qué dices? ¿Qué dices, amigo?
No viendo lo que me quejas,
y esto por ti no lo sientes,
y ahora no me das lugar.
A un caso muy llano
con que queda aqueste en piano
en tu fuego que hablar.
Habladle, por ofender.
Sabré que armas recibe
que un señor en Jaén
medias fuerzas encomienda
y de fome que es blando
como celos muertos aquí
que se acuerde de mí
si vienes a don Fernando.
Pag. 36
y aun que no le vi de oy
y vengo a conocer
que eres don Fernando
este por quien me dejé
y vos ansi no la ofendéis
juro que soy cierto también
que os he visto reír bien
y traer el caño rebozaje
Confuso está
y a nada se determina
esto sin duda averigua
el daño que me dirá
No te quieres ya encubrir?
mienten del pago los que
os dicen señor que es
dificil mudar costumbre
y tupida y lo se hacer
pues más tengo mudado yo
no has dudado en yr ansiosa
yo cre que me oýs
y estoy confuso y triste
donde he yo merecido
la palabra de marido
que a don Juan le di.
Dale de mano que él
quedó con maldad tan fina
fue traidor a una espana
también lo será a un amor.
no oy es de aquí las razones
si mas cosin plega a Dios
que a señor tan parezidos
... no se ymagina donde
dejalo y vamos de aquí
no veáis que el que sé
de acostumbrar y veros yo
no a de volverte en mí
dame cuna yo te yo
que me das tuya y goze
no me amiges
digas me yes que yo no
desa amada don tizana
con qien en qe te tienes
si por paje me tienes
Salen el Obispo y doña Juana.
con tembla me bien q alu
a un q bien con gozo aguarden
el suceso de una amor
esto sera mas gusto
fue asi me engañaste
o miserable mujer
dame oy que el dolor
q me quita de
traidora lo q as hecho
a un negro tan ynipio
quieres q pierda el mio
as oydo a este titubo viejo
vete de aquí gall
q as de hacer q as pensado
que por q me as enojado
la vida as de quitarme.
Entra el obispo don gonzalo.
fido de esas famosas
yo ruego de cuidado
este condumio ayudado
y vos con harto reparo
esta el temor aqui
no te as de buscar
mujer q a ti fue a saltar
al tajo orejas vi
deja tu enojo riñelo
pq a q no eras de buscar
q algn ficion va a dar
a el q a q ui en da a lado
y tanta maldad q tenses
no es mas de con astillano
con su ser galan o ufano
si un do tu mal mujer
vete perra notable des
in q el asomo de tus bales
q in esas b transe jaleo
tu no el dem su rine des
Vase a un lado y saca su espada el obispo.
a su merced beja
y ponga el bano amor
mas por q eso a mi pastor
as sido tu mala oveja
si tu en mi mano acaes
obras buenas q im pitar
mas tienes o por pesar
malos de dios o fensas as
esto es lo q te condena
mas dadas me mala disculpa
q miente tu braza el pa
q vuelto q buela a pon
q pues a y mi razon
socorro / socorro
yo creo q uel q fastigo
ya ti de ti del perdon
Saca una de piple un papagayo y arze
Poca decencia y disciplina
si no quiere detener
de a q n da la fuerza del cr
y el de tu avena may cina
vale pues a ti corazon
canela a el te villano
q do el a en via mono
me a clamado el corazon
y dad me voces licencia
dios q l vis tejis mi pazzos
es q u g q y cum plos de
abeais la penitencia
yo no lo consiento
e yo allá los he de hacer
vaste me a my saber
que a sentir arrepentim
mas por q quedee l daros
quiero e de questa e piara
señor vuestra e spa
soy de don diego regozo
de esta con posturas yo
do el a palabra de
don fdo q o matio
q l casaria conmigo
y desp lo a quebrado
por q a flegado c
del mi amo a fue
cautivo y enamorado
noce doña Juana razón
q si tan caros nos tales
los senores d a mapales
q tam b como vos son
a un q tu de abrirl a puerta
a un mal q no tiene cur
el nel un en a ventura
q de ij fan ja esta q cier
y u lo buien vuestro favor
yo q r e para vos vien
os u a y tor do i a jhaen
adonde os po dare casar
Vense con my go
ansi sea
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Descubrid, quiero vellas.
Descubre al obispo y a don Gonzalo, que están con unas fieras.
Dios mío, tú has de guardar.
Vénganse a enmendar
a las mendigas preseas,
y Gonzalo queda en buen pro.
De bellaco se fabla.
Como has querido, señor,
volver por tus siervos agora,
mis alabanzas deben
los cielos haber oído, señor,
no solo darme favor,
mas regalarme también.
Sale Alindaraja y Axa mora.
Y di, ¿qué es lo que sientes
que te cansa, mansa y triste?
Sabe Axa en mi pecho
que en mí llevas un derecho
si en ti un buen acierto.
No te he hablado fiero,
mas aunque me veas comido
de mi crueldad y furia.
Y a los que veis, ¿qué pensáis?
Quiero que a las esquinas
estos papeles me pongas,
mas ya vos habéis de ser
Axa de mi vida.
Aquí os viene a amarrar uno,
pero conviene mirar
que el desposado ha de ir
si anda por la calle alguno.
Y más parece este león,
y no lo es, a tu ver,
nadie ha tenido con bien
dar consigo a hacer cura.
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y a tantas sus maravillas
que antes fuesen celadores
de las que él obrase allí.
A vos sí, que os hallaste
en ello, y os deposito;
si yo ofendiese a él,
no te cabrá poca fe.
Con mi grosera obediencia
que le aguarda y que le
sirve lo que merecéis,
de mi amigo no gozáis.
Vase diciendo así. Sale el Rey con un alabardero y dice:
Ya iré, Conde, de sobra
con el alabardero a buscarte.
Señor, como vienes de caza,
ten con el que te espera
en que de mí gozáis...
matizó la del contento,
y luego de dolor intenso
así nos aguarda al...
Deja aquestas ventas mías.
Hacia aquí, parte, veamos.
Donde está bien que vamos,
sino donde me perdí.
Donde, al ir a dar razón,
allí se me quitó;
pues quedó sin fin
el mal que a mi pesar da,
y mis quejas de los sonetos
de celos, con celos es ansí,
quiero, los celos que aquí
no sin misterio han puesto.
Dicen los ángeles lo que sigue.
Fe de la cristiana gente,
su noble fondo y religión rigiendo,
celeste y de excelente
logro, de cénit celestial, a mi da;
venid en mi seno imprudente,
que a las llamas se tornó,
y siga velas de nácar,
es atraco y perdimos a su ser
y porque, sin intervalo,
se sepa el cielo de cuyo
ser abajo freno.
¿Qué dices de los dos,
cómo han sido traidores
de esta fe que he tomado,
a quien he de dar la vida?
Cuyo ser a quien adoro,
con sentir del corazón
siento su traición, ¡ay dolor!
Y así, por premio de este,
luego al punto he de darles
a los dos, sin duda de mí,
quita la presto, Rey,
que vayan con mis dos...
Ya, Señor, se abren
sus arcas y leales perros.
Este comedor de todos,
que a mi fe he de dar,
mil fieras y de ello
porque, mi Rey, mandaste
ver mis muertos y leales,
de que mi señor es de ofenderlo.
Y así, perdido enemigo,
falto de mi luz y voz,
contrario, que si de dolor
lo siento, fue mi amigo.
Si me ves aquí del todo,
verás de prisiones cargado
donde este bien guardado
de perro que es del momento.
Si de los grillos y esposas
verás mi seso pagar tanta
venganza que para el paramento
sean venganzas piadosas;
y así, voyme a hacerlas.
Y espera, que quiero hallarme
presente y vengarme.
¡Ea, si me valen mis ángeles!
Vanse. Salen Don Fernando, Doña Joana y Don Nuño.
Adiós, miro que los humos
como el Rey lo ha dispuesto.
Y de su real de la prisión
en que todos nos vemos,
y por la palabra dada,
tenéis a mi el furor
que, en tiendo nobleza,
que ha de durar poco o nada.
Creo que sea si Dios quiere.
Lo que sea, es la que veis.
Doña Joana, no soléis
ser así, pena tuviere
de algo, y que luego se pase,
y que no haga mudanza,
porque es grave y del peso,
a la verdad, de mi fe,
y aun sin duda de las buenas.
El cielo dé su favor.
Ve, Señor, que las mías
son, Nuño, y yo las horas,
que, a mi dolor dulce, dirán
tanto de mi pecado,
que me da el cielo mi grado,
de aquel que allí me quitara.
Sale el obispo don Gonzalo.
¡Oh, gran Rey Soberano!
A ti te pesa y pregunto,
y así diré, Señor,
entiendo que obligados
grillos y cadenas tristes
son peso que cargarme
a las cosas de mi afán,
sobre mi las carnes vistes,
y no son al peso y mi infamia,
vees porque, en tanto, ¡ay Dios!
Que me la dé por favor,
cambia en mis penas livianas.
Y no pido de piedad
más que a mis querellas,
porque me libréis de ellas
más para darme favor,
solo pido, mi pecado,
que de este dolor mi llanto
ya va, que me da contento,
de que vuestra fe se ha avistado.
Habla un ángel que sea de arriba.
¡Gonzalo!
¿Quién me llama,
quién a la visión me vino?
Un mensajero divino,
que de cuenta de Dios baja;
quiere tu suma bondad
que a los oscuros fuerza
ande, falle de la fuerza
en el alma que de ti da.
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... si yo gastara mi viento
dando sustento y favor,
otros os lo darán mejor,
que es el que a todos sustenta.
Amigos y compañeros,
dadme abrazos, si queréis,
que esto os pido que me deis
para en despojos postreros.
No me guardéis lástimas
con lloroso sentimiento,
que os da a vosotros tanto,
y a mí me hace penas.
Y ninguno se espante;
tu fiel siervo yo quiero
que toméis todo el dinero,
ofendí muerto y vale.
Y a vos de mis arríeles,
a ti, a la que quisiereis,
y mides sirvanme siquiera,
que no quiero ser nada de él.
Y vos, obispo, perdonad,
para a vuestra razón
no es materia de perdón
mi cometer tal pecado.
Baja una cruz a hilo y viene volando a los cautivos, pónenlos los sombreros, y se les ven las cruces, y en viéndolo el obispo y dice.
Padres, Dios sea mil veces,
de lo que puedo alegrarme,
que en venir a visitarme
es ya por mi partida.
Valed y no llamad,
y a los que de yo
piedad estimo, quiero
este favor que me dais.
Sale Cañete con un azadón y un sudario trae tras sí una calavera cubierta con el sudario y dice.
De esta vez se ha de acabar
a este obispo enojoso.
Veamos si en ser piojoso
o le podrá Dios cegar.
Pero ¿qué es, cuitados?
¿Qué espectáculo es este?
Valga a Dios, que no me cueste
lo que tanto he sudado.
Todos tienen cruces, senos,
en las cabezas fijadas,
que temen las entrañas,
y a parecer de este tono,
este que os digo ahora,
si mi pericia ha parecido
a fuera falso vestido,
a fuera falsales modos,
y a mí si me tuviere
de otras vidas enojos,
vaya a fuerza de mis brazos
y requiamos al mundo.
Obispo santo y bendito,
castigaré con la espada
mi sonada a mil traidora,
y mi destalle de ha.
Dadme a entender la muerte
en este punto, a Traidor,
aunque ha estado bien renegado
de la compasión de este
y mi expiación.
Dios clarísimo que quiero
tu camino verdadero,
dar de hacer mi gestión.
Quítanse de los sombreros y el sudario cruz y dice el obispo.
Dad gracias, amigos míos,
porque está en la cruz clavado,
y también por que os ha dado
la luz en que padezcáis vos.
Así se hará, lo sé,
mas el bautismo querían.
Venid en mi compañía,
que acá dentro os lo daré.
Éntranse y desaparece el crucifijo. Y sale el Rey solo.
Si habrá ya, se ha acabado
de dar muerte a Eleazar,
conforme a su sinrazón,
pues amago me ha ofendido.
Díganme mis desvíos
que antes de eso no se duela,
no basta hacer los carteles
y aun firmarlos también.
Y dada ciego libelo,
y os tuvieren del dinero
que al amigo sido,
se halle tan en crueldad.
Y empece, tengo de por mí
que no será mi enemiga,
que todo ha llegado el castigo
donde llega la venganza.
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Sale Cayde con traje de cristiano, con una cruz en el vestido cosida.
Colige estrago y fuerte,
si ir aseréis a mi Dios,
y es porque reverencia os
el caminar de esta suerte.
Y un furor de bestia
el que me ha ayudado asume,
al cual me he de llegarme
asido de un amor.
¿Es Cayde aqueste? No sé qué él,
que hable consigo,
un cristiano de vestido,
y trae una cruz con él.
Acercaos a demonio,
¿cómo viene de esa suerte?
No tengo de ser de tu corte,
sino me llamo Antonio,
aqueste nombre me dio
la fe de Cristo que adoro.
Cristiano soy, Rey, agora,
si es mi furor y mi gozo.
¿Qué es lo que has hecho, perro,
sino es decir que mi perla
haya tomado licencia
de un villano tan grosero?
No te encargo de sacar
al obispo de su encierro.
Si mi fe y mi amparo,
que a mi Dios adora y ama,
con él te da enojos,
a ti te ha de dar pena,
pues yo no quiero ofensa,
dame la muerte furioso.
Villano que lo ha jurado,
ve a que le den la muerte,
muera furioso y sin ventura él,
pues que quiere su fin;
y a ese obispo traedle
a mis pies a la cad,
conocedlo abajado
de su vida o su fin.
Vanse el Rey y Cayde y los...
Temed, mi Dios, no puedo
decir si vivo o si muero,
que cuando yo muero
quiero el amor de mi Dios.
Mi gozo es ir por él,
con fe, presteza y fuerte,
dando al obispo la muerte,
sea de olvidar de mi ley.
Quiero partir a buscalle,
porque con furor se ponga,
encubriendo su venganza
y en mi corazón sella.
Sale el obispo con su cruz, y corriendo sangre todo el cuello, y dos verdugos traen el garrote y espada sangrienta, y dice el obispo:
Mi Dios me dé su favor.
Híncase de rodillas, y dicen los verdugos que le siguen, puestas las manos, muer... y tocan dentro a música.
¡Oh, brazo de mi Dios, fuerte,
cómo por ser tu lealtad,
me has dado tan alto dolor!
Toca a música dentro y muérese el obispo.
¡Cuánto me pesa, Gonzalo,
de tu muerte y mi daño!
Después fuiste tan bueno
y para mí fuiste tan malo.
Ya mi gozo se acabó,
siendo tu duro enemigo,
pero yo sé que contigo
muere también mi alegría.
Tocan pífanos, etc.
Quiero que luego lo llevéis,
a ese cristiano, en ferias,
con mucha pompa y honor
vaya con acompañamiento,
pues lo pide su virtud,
y ponelle en su ataúd
con insignias de estado.
Y al punto volved
a vuestra España y mi patria.
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y con gente de familia
también la acompañará.
Vase el Rey, y quedan los cautivos y caen de rodillas.
Oh, sangre en la cruz derramada
por aquella mano fuerte,
cómo nos ha dado la muerte
en no tener yo la vida.
Aunque con boca malvada
os quiero alabar a vos,
que en ser vertida por Dios
merece ser adorada.
Pues ya el alma está en la gloria
pongamos su cuerpo aquí.
Hágase, pues cae de ansí,
dando fin a nuestra historia.
El maestro Diego de Velasco lo escribió en la villa de Villalón a 3 de julio de 1587 años.
A loa y alabanza de Jesucristo y de su bendita madre.
