Texto digital de El nacimiento (égloga)
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El nacimiento (égloga). BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-nacimiento-egloga.
EL NACIMIENTO (ÉGLOGA)
Pag. 0001
Página izquierda en blanco.
Égloga del nacimiento. Interlocutores: Fe, Esperanza, Confidencio, Licio, Tirreno, Luciolo, Faústulo, Cándido.
14.
De la mayor quietud que había gozado
ni esperaba gozar este anchuroso
orbe, desde aquel punto en que formado
quedó por el artífice glorioso,
estaba un pastoril bando cercado,
gozando el nuevo bien de su reposo,
pasando en regocijo, juego y fiesta
la fría noche y destemplada siesta.
Cuando un solo pastor, en cuyo pecho
estaba de dolor un colmo lleno,
en lágrimas de amor todo deshecho,
pasaba un grave mal dentro en su seno;
lloraba con dolor no sin provecho
el antiguo pastor grave Tirreno.
Pag. 0002
que al fin no hay mal tan grande que no pase
y su rigor con fin dichoso tase.
Lo que a aqueste pastor en el contento
de los otros pastores afligía
era ver que su mal en más aumento
para su mayor pena se extendía;
y no hallando otro medio en su contento,
dos fuentes avenidas despedía
del triste corazón que por los ojos
daba de su congoja los despojos.
Lloraba por los males que pasaba
su rebañuelo tierno y afligido,
y porque un mayoral mucho tardaba,
siendo ya el plazo de venir cumplido;
este era en cuyas fuerzas confiaba
de ver muy mejorado su partido,
que por aqueste fin al triste suelo
prometió darlo el estrellado cielo.
Solo para el alivio de su pena
le acompañó sin admitir mudanza
una divina ninfa, ayuda buena
contra cualquier cruel desconfianza;
es esta que empezó en tan buena estrena
a animar a Tirreno en su esperanza,
divino norte inmoble, guía cierta,
que en saber acertar continuo acierta.
Desta supo el pastor dejar guiarse,
y ella que solamente procuraba
que el afligido pecho descansase,
gozando del que tanto deseaba,
siempre le fue animando a que esperase;
hízolo ansí y halló lo que intentaba,
que aunque a veces el cielo en dar se tarda,
jamás supo faltar a quien le aguarda.
Lo que en aquesta sombra está ascondido,
quién fue el triste Tirreno misterioso,
quién el pastor divino prometido,
qué el bien que causó al mundo deseoso,
fácilmente podrá ser entendido
de cualquier pecho grato y amoroso,
de aquel pastor divino que este día,
naciendo, trajo al mundo el alegría.
Solo os pido que en cuanto el nuevo hecho
vieredes disfrazado entre pastores,
pinte vuestra memoria dentro el pecho
lo que supo hacer Dios por amores;
y cuando en un portal pobre y deshecho
vieredes al Dios niño entre dolores,
15.
Pag. 0003
ved si fue cara culpa en cuya paga
quiere Amor que su Dios tal baja haga.
16.
Cena primera.
Confidencio y Licio.
Si con tiempo tan dichoso,
Licio amigo, mi ganado
no queda muy aumentado,
grueso, lucido y hermoso,
no creo terná jamás
en este valle y frescura
otro tiempo y coyuntura
para poder medrar más.
Que ver cuán manso y afable
ha entrado este invierno hogaño
me da prendas de que el año
nos ha de ser favorable.
Pues que parece imposible
que el año sea desgraciado,
cuyo invierno ha comenzado
con rostro tan apacible.
Será ansí sin duda alguna,
pues la experiencia nos muestra
que el buen invierno es la muestra
de nuestra buena fortuna.
Si entra el invierno amoroso,
apacible es el verano,
y si el invierno inhumano,
entra el verano enfadoso.
Mil veces oigo contar
a los viejos mayorales
de los desastres y males
que al ganado suelen dar,
y he visto que la ocasión
dellos dicen haber sido
el invierno mal sufrido
de su mal y perdición.
Si cuando el tierno cordero
sale a luz del hatillo ,
es recebido el chiquillo
del tiempo con rostro austero,
es cosa cierta, pastor,
que de esa mala acogida
nace el daño que en la vida
se siente cuando es mayor.
No hay por qué gastar, si hay seso,
Pag. 0004
tiempo en esto, pues sabemos
que el bien o mal que tenemos
toma principio en agüero.
Si vemos nuestros parrales
sin lustre y hoja perdidos,
los frutales destruidos,
el hielo causa esos males.
Mira si puedes sin pena
el mal que antaño pasamos,
del cual agüero tomamos
por su desdichada estrena,
y verás, si no estás ciego,
que invierno da o quita el fruto
que el verano por tributo
se adjudica de su riego.
Que no hay duda, Licio amigo,
del dichoso fin deste año;
yo te aseguro del daño,
toma el tiempo por testigo,
en él podrás mejorar
tu cabaña y tu pellico
con el rico multiplico
que tu ganado ha de dar.
Oh zagal, si aquesto fuese,
qué grande gloria sería
ver que nuestra pastoría
siquiera un año creciese.
Volviérame en regocijo
mi trabajo y descontento,
si viese que iba en aumento
mi cabañuela y cortijo.
Porque aunque cuesta sudor
andar continuo sobre ello,
y a hojallo y defendello
de cualquier lobo traidor,
es gloria el trabajo, hermano,
cuando por su paga deja
el multiplico en la oveja
de tierno hijuelo temprano.
Suelo ponerme a mirar
con gusto en los corderillos
cómo brincan los bobillos
luego en soltándose a andar.
Y cuando me pongo atento
a verles de mis cabañas
hacer sus juegos de cañas,
doblan mi gusto y contento.
Es placer verles salir
todos hechos una muela,
17.
Pag. 0005
a vistas de mi chozuela,
como que quieren reñir.
Y en poniéndose en el llano
que mis dos pratillos hacen,
la muela al punto deshacen
con un alarde lozano.
Unos de hacia la fresnera
y otros en su contra puestos,
salen dejando sus puestos
para pasar la carrera.
Y en llegando los chiquillos
a mezclarse, vuelven luego
para proseguir su juego
a hacer sus escuadroncillos.
Mas si acaso a algún zagal
aciertan a ver, medrosos,
entonces más presurosos
huyen por huir su mal.
Deshace luego su muela
el rebañuelo afligido,
que por llegar presto al nido
deja de correr y vuela.
Es cierto, amigo, gran fiesta
ver entre los arbolcetes
esas fiestas y juguetes,
mientras se pasa la siesta.
De mí te sabré afirmar
que si brinca un corderejo,
arrojo la barra o tejo
por ponérmele a mirar.
Y aun por eso estás tan rico,
sin que por ti pase enojo,
porque allí se te va el ojo
ado brinca el corderico.
Pues como dice el refrán,
tan sabido en esta tierra,
más vale que fértil tierra
un cuidoso rabadán.
Burla es pensar que ha de haber
buen suceso si el cuidado
no vela sobre el ganado
para que pase a placer.
Del pastor es el buscar
el lugar fértil y ameno,
donde sin dañar lo ajeno
su manada pueda andar.
Y despedirse del gusto
que dará el nuevo aumento,
18.
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quien huye por su contento
de la hojar el disgusto.
Que a quien rehúye el trabajo,
bien es que le niegue el cielo
el fruto que en este suelo
da el trabajo, que es gasajo.
Oh, cuánto holgara te oyesen
algunos mozos lozanos
que viven en nuestros llanos,
y oyéndote te entendiesen.
Que a buen seguro mudara
su rebañuelo el mal pelo,
y sin que mudasen celo,
otro gallo les cantara.
Porque es risa y desvarío
ver que mudan de lugares,
si hoy duermen en los pinares,
mañana orillas del río.
Que escojan buenos ejidos,
no hay acabarlo con ellos,
y ansí es lástima de vellos
pobres, tristes y corridos.
No es posible que haya seso
en quien tales cosas hizo,
si no es pastor que le aplace
su desdicha y mal suceso.
Ni creas que en estos prados
ni en nuestra campaña viva
pastores de quien reciban
tan mal trato sus ganados.
¿Quieres que diga quién son?
No, no, bástales su mal,
que quien ellos son, zagal,
bien me lo da el corazón.
Que, Licio, si paras mientes,
aunque comienza con gusto,
nunca acaban sin disgusto
este murmurar de ausentes.
Para ti el mejor camino
es que deseches cuidoso
de ti lo que muy celoso
condenas en tu vecino.
Si el descuido no te agrada,
echa de ti la pereza,
y abraza la fortaleza,
si su inconstancia te enfada.
Gocen ellos los despojos
de su descuido, pastor,
19.
Pag. 0007
que al fin, si es grande el dolor,
él basta a abrirles los ojos.
Y nosotros, pues ha entrado
el tiempo tan amoroso,
abracemos el reposo
sin cuidar de su cuidado.
Juguemos, si te parece,
en medio de la floresta,
allí detrás de la cuesta,
que de Febo nos guarece.
Que pues agora se está
nuestro ganado a contento,
es bien que pues da el contento
el cielo, el serrano vea.
Holgara hacerlo, pastor,
cierto, si dejar pudiera
de llegarme a la ribera
antes que caiga el calor.
Para coger, cerceando,
a Fineo el zagalico
con quien troqué mi pellico,
estándome ayer burlando.
Pero volveré, si quieres,
a buscarte a tu cabaña
o a aquesta misma montaña,
o en el puesto que eligieres.
Y llamaré otros zagales
de los que ya conocemos,
para que mejor hacemos
danzas y otros juegos tales.
Pues tú quieres, ansí sea.
El puesto que determino
es el pradillo del pino
que está a vistas del aldea.
Y mira que a más tardar
para anochecer te espero,
date priesa, compañero,
no me hagas esperar.
No hay que poner duda alguna,
porque estará más vistosa,
pues hoy su rostro hermoso
acaba de henchir la luna.
Y ansí, amigo, lo que resta
es que hagas de tal arte
que no deje por tu parte
de hacerse nuestra fiesta.
Pierde cuidado, que al punto
20.
Pag. 0008
señalado volveré.
Ve, pues que yo aguardaré,
teniendo el rebaño junto.
El nuevo gozo y consuelo
que hoy vuestra pena destierra
no es, pastores, de la tierra,
aunque ha nacido en el suelo.
Ver que fortuna inhumana
tan mansa se haya mostrado
muestra que haberse mudado
fue por causa más que humana.
Porque el súbito consuelo
que vuestro dolor destierra
no pudo nacer de tierra
ni ser causado del suelo.
Su inestimable riqueza
de principio eterno es muestra,
y en su grandeza nos muestra
de su causa la grandeza.
No es, no, pastores del suelo,
bien que tanto bien encierra;
Dios es que nace en la tierra
por hacer la tierra cielo.
Cena segunda.
Tirreno. Esperanza.
Hasta cuándo ha de estar, cielo, cerrada
la puerta a mi descanso; hasta cuándo
ha de estar contra mí tu mano airada.
Si no es darte el tormento y pena en grado
para ablandar tu saña rigurosa,
ni atender que es morir vivir penando,
rompa la débil vida enmarañosa
el hilo de tu espada cortadora,
mostrándome en aquesto ser piadosa.
Que vida donde tanta pena mora
tiene de vida solamente el nombre
y efectos de ponzoña matadora.
Soy flaco y débil, porque al fin soy hombre,
do quisiste cifrar lo que es flaqueza,
sujeto a cualquier todo que me asombre.
No basta mi mudable fortaleza
a sujetar las fieras robadoras,
do puso su morada la fiereza.
Entran en mis ganados roedoras,
21.
Pag. 0009
y llevan sin que hallen resistencia
las simples ovejuelas baladoras.
Mil veces he implorado tu clemencia,
después que de tus términos mi padre
me dejó desterrado por su herencia.
Mil veces, cual hijuelo a blanda madre,
bañando mis mejillas, te he pedido
des fin al mal que comenzó en mi padre.
Y aunque es verdad que ya me has prometido
y dado tu palabra de ayudarme,
dando un nuevo pastor a aqueste ejido,
cuya solicitud baste a librarme
de la que me atormenta dentro el pecho,
y cuya fuerza baste a asegurarme,
pero considerando el largo trecho
que tardas en cumplir lo que deseo,
mis dos ojos dos fuentes se me han hecho.
Y fuérame dichoso y rico empleo,
si bastase el caudal que dellos mana
para poder traerte a mi deseo.
Salid, salid, pues de tan buena gana,
lágrimas, os doy franca la salida,
por entender que no me saldrá vana.
Pues si perseverare endurecida
esa vistosa máquina y altura,
sin querer remediar mi triste vida,
servirá de remate y sepultura
ese raudal furioso y avenida,
do quedará anegada mi ventura.
Cesa, pastor, de llorar,
no des libre rienda al llanto.
No la doy tan libre cuanto
quisiera poderla dar.
¿Cómo es eso? ¿Por ventura
hallas en el llanto gusto?
Hallo para mi disgusto
en su amargada dulzura.
Pastor, pues si de llorar
ha de nacer tu contento,
22.
Pag. 0010
vete en el llorar con tiento,
porque pueda más durar.
Porque parece locura
agotar en un momento
la fuente de tu contento
y el pozo de tu ventura.
Pero ¿qué mudanza ha sido
la que tanto te ha mudado?
¿Qué suceso desastrado
a tu ganado ha venido?
No es en mí nueva la pena,
fruto propio de mi mal;
un envejecido mal
es el que me aflige y pena.
Siento el lamentable daño
que mi ganado padece
del cruel lobo que empece
en lo mejor del rebaño.
Y verme sin un pastor
que el cielo me ha prometido,
siendo ya el plazo cumplido,
hace mi dolor mayor.
Antes aquesto, pastor,
te debe causar contento
que acrecentar tu tormento
y ese importuno dolor.
Que pues el tiempo ha llegado
de aquesa promesa cierto,
ya debe estar a la puerta
ese pastor deseado.
Ya debe estar en el suelo
ese que tanto deseas,
porque no es razón que creas
que te ha de faltar el cielo.
Son, mi Confidencio, tales
los desafueros que he hecho
contra el cielo y a despecho
de todos los celestiales,
que temo con gran razón
no quieran, pues yo he querido,
dejarme do me he metido,
en pago de mi traición.
Aunque es, amigo, verdad
lo que dices, ten por cierto,
Al margen: Y oí el mayor dolor .
23.
Pag. 0011
que no faltará el concierto
del cielo ni su lealtad.
Pues teniendo él conocido
lo que era tu desventura,
prometió darte la cura
que reparase tu vida.
Y no hay razón de dudar
que porque crezca tu daño
se te muestre el cielo extraño,
dejándote sin curar.
Deja esa pena enfadosa,
que ya tu bien está cerca,
pues el plazo se te acerca
de la promesa gustosa.
Y pues ha tanto que esperas,
espera, pues falta poco,
porque te ternán por loco
si por poco desesperas.
Tanto se ha hecho mayor
el colmo de mis dolores,
estas ansias y temores,
cuanto es el plazo menor.
Dime, ¿nunca has advertido
aquel crecer y aumentarse,
cuando ya quiere soltarse
el fuego de do está asido?
Pues entiende que a ese modo
pasa en tu pecho, pastor,
do el aumento del dolor
muestra que se va del todo.
Dichosa pena sería
la que sufro si sirviese
su aumento de que se fuese
y creciese mi alegría.
Pero tengo gran recelo
que con pena tan crecida
antes me falte la vida
que me dé remedio el cielo.
Seguro puedes estar,
yo te aseguro el vivir,
si hay pecho para sufrir
y esfuerzo para esperar.
24.
Pag. 0012
Y tenga el cielo entendido
que entre dolores de muerte
has de estar inmoble y fuerte,
esperando al prometido.
Que si se tarda en llegar
este pastor a tu ejido,
solo es por ver si, afligido,
no te cansas de esperar.
Porque es maña que ha tenido
con cualquiera que ha tratado,
darle después de probado
lo que le había prometido.
Y alguno a punto ha llegado
de tener puesto a la muerte
su hijo, y el brazo fuerte
para degollarle alzado,
cuando por haber ya dado
de su fe muestra bastante,
fue en aquel terrible instante
del que esperas ayudado.
Esme el cielo buen testigo
que aunque de veras procuro
huir del desmayo duro
como a cruel enemigo,
no puedo ya resistirle,
porque es tanta su insolencia
que toda mi resistencia
no es bastante a reprimirle.
Y ansí, ninfa celestial,
si no mandas otra cosa,
me entraré en la selva umbrosa,
do a solas llore mi mal.
Porque siquiera impedida
mi vista con su espesura
no pueda ver esa altura
de donde pende mi vida.
Porque me quita el contento
ver que estando yo lloroso
se esté el cielo desdeñoso,
burlando de mi tormento.
Toma al cielo por testigo
del fin de tu desventura,
que do él prometió la cura
no hay mal que temer, amigo.
25.
Pag. 0013
Y, Tirreno, a lo que entiendo,
antes que nos falte el día
se trocará en alegría
ese mal que estás sufriendo.
Que este es el tiempo y sazón
do prometió de ayudarte,
y a bien sumo levantarte,
según me da el corazón.
Yo iré sin tardanza alguna
en busca del que deseas,
y quiera el cielo que hoy veas
mudanza en el tu fortuna.
Dichosa puede llamarse
tal tristeza en tal pastor,
que al fin podrá su dolor
en paz eterna trocarse.
Si en crecida pena espera,
es sumo el bien que le aguarda,
y no faltará, aunque tarda,
su amado, si él persevera.
Ved, pues, si puede llamarse
desgraciado este pastor,
cuyo cuidado y dolor
en bien sumo ha de trocarse.
Viendo que a sus graves daños
el que aguarda ha de acabar,
mientras se tarda en llegar,
los días se le hacen años.
Mas presto vendrá a trocarse
tal cuidado en bien mayor,
y su enfadoso dolor
en paz eterna trocarse.
Cándido, Faústulo.
Tachado: Faústulo.
Faústulo, cómo tardas
en venir, como estaba concertado,
zagalejo, ¿qué aguardas?
¿En qué estás ocupado?
Respóndeme si estás en el collado.
Ah, Faústulo, ¿no vienes?
¡Faústulo! ¡Hao! No suena voz alguna.
Sal ya, ¿en qué te detienes?
Advierte que la luna
con su luz baña el soto y la laguna.
26.
Pag. 0014
Yo me tengo la culpa,
pues vine tan temprano, zagalejos,
aunque esto más te culpa,
pues destos bosques lejos
mi choza y cabañuela está más lejos.
Ay Dios, y qué espacioso
eres, Faústulo, ya estaba cansado
de ver que perezoso
te me habías mostrado
en acudir al puesto señalado.
Esperabas que el suelo,
viendo otra vez a Febo desterrase,
de la noche este velo,
y con él nos quitase
nuestra fiesta y en pena la mudase.
¿Tan tarde te parece?
Pues apenas la noche ha desparcido
el licor que entorpece
los miembros y el sentido,
dando con él el sueño que es debido.
Todavía medrosas
se ocultan en sus cuevas retiradas
las aves quejosas,
y aún no están sosegadas
las fieras de los bosques mal domadas.
No trates de excusarte,
confiesa llanamente tu tibieza;
no basta descuidarte,
sino que con corteza
de cuidado me vendas tu pereza.
Cierto que yo venía
contento, por pensar que era temprano,
y ansí me lo decía
Silvanejo, mi hermano,
y cuantos me encontraban por el llano.
Que son tan perezosos
los zagalejos que hay en tu montaña
cuanto son de briosos
y de viveza extraña
los muchachos, zagal, de mi cabaña.
Veces le ha acontecido,
teniendo ya entre todos concertado
ir por fiesta al florido,
27.
Pag. 0015
vallecete afamado
por donde pasa el río apresurado.
Para salir más presto
que sale el venturoso y claro día,
dormir alguno puesto
el pellico, y podría
mostrarte con el dedo quién lo hacía.
Pero dejando aquesto
aparte, ¿dónde están los ganaderos?
Mal cumplen lo que han puesto,
pues vienen los postreros,
habiendo de ser ellos los primeros.
Mucho nos hemos tardado,
pues que ya Febo se ha ido
y en su lugar parecido
el rico velo estrellado.
¿Ha mucho que estáis aquí?
Rato ha que estoy aguardando.
Aguardando.
Y murmurando,
también a ratos de ti.
Pues no te he dado ocasión,
harto temprano he venido,
que apenas ha anochecido.
Digo que tienes razón.
Mira bien si se parece
la cara de Febo hermosa,
o si la luna graciosa,
llena, a tu vista se ofrece.
Y deso podrás sacar
contra ti mismo argumento,
tan eficaz, según siento,
que él te baste a condenar.
Quien te vido no ha gran rato
decir que me aguardarías
y cerca de aquí tendrías
junta tu manada y hato,
y vee que eres el postrero
en venir, bien podía ver
que va de bien prometer
a bien cumplir, compañero.
Créeme que bien temprano,
28.
Pag. 0016
hubiera, zagal, venido,
pero he estado detenido
y el venir no fue en mi mano.
Porque encontré con Tirreno
luego que de mí partiste,
tan congojado y tan triste
y de tan gran dolor lleno,
que me hubo de ser forzoso,
por solo ver cuál estaba
y cuánto lo atormentaba
aquel dolor enfadoso,
detenerme a consolarle,
animándole a sufrir,
sin quererme del partir
hasta en su albergue dejarle.
Pues ya, amigos, se ha trocado
esa congoja enfadosa
en una paz milagrosa
y en un contento colmado.
Porque cuando más su mal
se aumentaba en su tormento,
dio principio a su contento
una ninfa celestial,
dándole por nueva cierta,
cuando en mayor pena estaba,
que el rey por quien suspiraba
le tenía ya a la puerta.
Prometiendo de mostrarle
hoy tal bien en su dehesa,
y por cumplir tal promesa,
al punto salió a buscarle.
A ser nueva cierta aquesta,
su tardanza a bien tendremos,
pues con tal nueva podremos
hacer mayor nuestra fiesta.
Aunque en suceso tan bueno
cualquier fiesta fuera poca,
que este bien a todos toca,
no menos que al buen Tirreno.
Lleguemos, pues, al bajar
de aquella cuesta arenosa,
que allí la ninfa graciosa
quedó de irnos a avisar,
adonde antes que lleguemos
creo nos habrá esperado.
29.
Pag. 0017
Y si no hubiere llegado,
jugando la aguardaremos.
Vamos, pues nuestra ventura
tanto bien nos encamina,
y aquesta senda encamina
do tanto bien se aventura.
Sale cantando la Esperanza.
Suelo dichoso, do el cielo
deposita el que es su vida,
¿en qué parte al que es eterno,
hecho niño hoy das manida,
que es vida mía?
Aquel por quien gime y llora
Tirreno de noche y día,
quien como sol verdadero
la noche de muerte quita,
que es vida mía.
Aqueste es el rey que busco,
este el bien por quien suspira
el triste mundo afligido,
aqueste mi norte y guía,
que es vida mía.
Yo soy la firme esperanza,
cuya fuerza es de tal suerte
que entre dolores de muerte
permanezco sin mudanza.
Mi valor bien se ha mostrado
en lo que es flaco y terreno,
pues con mí el flaco Tirreno
en vivir se ha sustentado.
Soy fuerte ancla, norte cierto,
de quien quien quiere valerse
es imposible el perderse,
muy cierto llegar al puerto.
Pasa el mar tempestuoso
y persevera inmutable,
la ancla fuerte y grueso cable,
de los vientos victorioso.
¿A quién habría que no asombre
ver entre tanta tristeza
la invencible fortaleza
que supe causar a un hombre?
Pero al fin ya le ha venido,
según imagino, al suelo,
aquel rey que tiene el cielo
tanto tiempo ha prometido.
Cielos, noticia me dad,
30.
Pag. 0018
do está esta perla escondida,
que el sol que da luz de vida
mal se esconderá en verdad.
Verdad.
¿No estoy solamente yo?
Sí, pues ¿quién me ha respondido?
¿Qué voz es esta que he oído?
¿Quién desde el valle me oyó?
Yo.
Pues ¿quién eres tú que habitas
dentro el fresco valle y hueco?
Eco.
¿Eco? ¿Sabrás decir, di,
a qué parte o puesto cierto
está el que busco encubierto,
pues hablas conmigo ansí?
Sí.
Dime, pues, si el rey divino,
en quien se cifra el tesoro
de los bienes que atesoro,
al terreno puesto vino.
Vino.
Y aquese rey celestial
bajó de su rico cielo,
que es la causa que en el suelo
para sí tomó portal.
Portal.
Caso es raro, anuncio bueno
para el hombre fatigado.
Di, pues, ¿qué cama ha tomado
el niño rey nazareno?
Heno.
Pues ¿quién da al cielo valor,
cubre en heno su grandeza?
¿Quién al que es la suma alteza
trajo al valle de clamor?
Amor.
Dichoso Amor, feliz nombre,
por quien mi Dios tanto obró;
di, ¿de quién se enamoró,
que no hay de qué más me asombre?
Hombre.
¿Qué halló tal rey en nos
que le pudo enamorar?
Suelo, ya no hay que esperar,
pues en ti tienes a Dios.
A Dios.
Eco, y él vaya en tu guía,
que en tanto yo vuelvo presto,
toda llena de alegría,
a dar aviso de aquesto
a la simple pastoría.
Encuéntrase con los cuatro.
Ved si me engañé, ya aguarda,
qué nuevas hay que nos dar.
31.
Pag. 0019
Pastor, bien puedes sacar
de mi gozo el que te aguarda.
¿Qué es ese bien que publicas,
que en tu contento descubres?
¿Qué será el oro que encubres,
si sus muestras son tan ricas?
Este nuevo bien, pastor,
que hoy se comunica al suelo,
es tal que aun el mismo cielo
jamás le tuvo mayor.
Y esto os baste por agora,
gozad lo que no entendéis,
pues lo que es sé que sabréis,
pastores, antes de un hora.
No es noche para perder,
pastores, la que tenemos;
si os parece, comencemos
a mostrar nuestro placer.
Eso, Licio, me contenta.
Pues yo no espero otra cosa,
veamos quién más graciosa
invención o juego inventa.
Juguemos a hil derecho,
que es juego regocijado.
No, que me siento cansado
y dos mil pedazos hecho.
Pues siéntese, no se muera
de cansado por ventura.
Hágolo por ser cordura,
y aun durmiera si pudiera.
No es cierto aquese buen juego,
a la brasa jugaremos,
si queréis que nos holguemos.
Pues ¿no ver que falta fuego?
No quede por eso, allí,
debajo aquel zarcalejo,
me parece, zagalejo,
que hay fuego.
También a mí.
Yo voy, si queréis, por ella.
32.
Pag. 0020
Pues, Faústulo, ha de ser presto.
Pierde cuidado en aquesto,
que al punto vuelvo con ella.
Llega al portal y háblale la Fe, que está sentada a la puerta.
¿Adó bueno vais, zagal?
Divina ninfa, enviado
vengo a aqueste destechado,
pobre y pajizo portal.
¿Y qué venís a buscar?
Fuego.
Pastor, llegad presto,
porque hay en aqueste puesto
más que vos podréis llevar.
Aquí alza un poco la cortina y llega el pastor a ver al niño, y entre tanto dice la Fe.
Qué descuidado que vive
el hombre, cuán ocupado
anda en burlas, sin cuidado
del bien que Dios le apercibe.
¿Cómo? Dime, ¿has engañado?
No hay fuego en el portalico.
Pues ¿qué viste?
Un tiernecico
niño sobre el heno echado,
cuya hermosura es tanta
que el corazón me ha robado.
¿Qué mucho, pues el sagrado
cielo de verle se espanta?
Que ese tan chiquito y tierno
que has visto, zagal dichoso,
es a quien sirve gozoso
el cielo y teme el infierno.
¿Qué dices? Que no te entiendo.
Digo que aqueste zagal
es quien pondrá fin al mal
que el mundo está padeciendo.
Este es aquel prometido,
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por los antiguos pastores,
para fin de los dolores
que Tirreno ha padecido.
Este es aquel león fuerte,
cuya inmensa fortaleza
sustentará tu flaqueza
y ahuyentará tu muerte.
Fuego es que viene a encender
un nuevo incendio en la tierra,
dando principio a una guerra
do el morir será el vencer.
Oh nueva cierto dichosa,
oh pastores, ¿qué hacéis?
Venid ya, ¿en qué os detenéis,
en juegos, burla costosa?
¿Qué es eso? ¿No traes, amigo,
la brasa, buen perezoso?
Vengo, amigos, tan gozoso,
pero no vengo, mal digo.
¿Qué dices? ¿Tornaste loco?
Según las cosas que vi,
si el juicio no perdí,
solo fue por tener poco.
Tachado: juego.
No te entiendo.
No me espanto,
que casi no sé entenderme.
Acaba de responderme,
no me lo dilates tanto.
Dime qué viste.
En el suelo
a aquel que el cielo no encierra,
y un sol nacido en la tierra,
que ante él se eclipsa el del cielo.
Fue cierto el viaje bueno,
dichoso el punto en que fui,
pues dentro el pajizo vi
al mismo Dios entre el heno.
Oh dichosa y rica nueva,
ya, Tirreno, tu tormento
cesará con el contento
con que tu bien se renueva.
Yo me parto a consolarle,
ven, Cándido, conmigo,
porque el dolor enemigo
se aplaque en atormentarle.
Tachado: ator .
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Id presto, y aguardaremos
que volváis al val del pino.
Pues no tuerzas el camino,
zagal, que nos perderemos.
Salen danzando los seis: Licio, Confidencio, Faústulo, Cándido, Tirreno y Esperanza, con otros dos pastores, y entre tanto canta el coro.
Noche clara y bella,
noche sosegada,
do mi bien comienza,
do mi mal se acaba.
Dichoso fue el punto
en que el sol su cara
cubrió, descubriendo
la rueda estrellada.
Pues en el del cielo,
con feliz entrada,
salió un sol divino
de belleza rara,
con cuya presencia
la pobre cabaña
de Tirreno en todo
queda mejorada,
libre de las fieras,
cuya furia y rabia
a las mansas madres
sin hijos dejaba.
Dichosa, pues muestras
aquella luz clara,
do los astros toman
sus luces prestadas.
Dichosa, pues diste
entre el heno echada
la brasa del cielo,
tanto deseada.
Qué mucho que muestre
con alegres danzas
Tirreno el contento
que tiene en el alma.
Ni que saque a vistas
las joyas preciadas,
trocando su luto
por vistosas galas.
Pues ya aquel pastor
por quien suspiraba
da a su bien principio,
con gozo sin tasa.
En acabando de cantar, que será juntamente con la danza, quedándose los seis en sus puestos, sale del portal la Fe y llegándose hacia Tirreno le dice.
Bien parece que ha entrado el alegría
en tu pecho, pastor, pues tan trocado
sales sin el dolor que te afligía,
el pellico y gabán todo mudado.
Sucedió al triste llanto el armonía,
la quietud y descanso a tu cuidado;
volviose tu importuno y largo llanto
en sumo regocijo y dulce canto.
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Al paso que el dolor me atormentaba,
ha crecido del gozo el nuevo aumento;
cumpliose lo que tanto deseaba
y feneció con ello mi tormento.
Vino el bien por que tanto suspiraba,
qué mucho, pues fue público el contento,
mi gozo se publique, y entre tanto
dé franca la salida al dulce canto.
Ingratitud sería si estuviese
mudo, estándome el cielo regalando,
y si cual bruta fiera no volviese
los ojos al que está mi bien trazando.
Mi merecido fuera que perdiese
la vista de aquel rey que voy buscando,
que el desagradecido bien merece
ser privado del bien que no agradece.
Vente conmigo, amigo, llega presto,
mostrarte he el portalico mal cubierto,
do merecerás ver al descubierto
a tu Dios hecho niño al frío puesto.
Vamos, que ese portal me será el puerto
que me libre del mar do he estado puesto,
de los adversos vientos tan seguido
que mil veces me tuve por perdido.
Aquí corre la Fe el velo, y Tirreno con los demás se ponen de rodillas y dice la capilla.
Verbum caro factum est, et habitavit in nobis.
Tono primero.
Oh dichosa chozuela, oh rico cielo,
acá do mi rescate se atesora,
oh fervoroso Amor, divino celo,
pues niño Dios por mí en la tierra mora.
Por remediarme estás expuesto al hielo,
niño cuya presencia me enamora;
espíritus divinos, ¿qué os parece?
Mirad a lo que Dios por mí se ofrece.
Quédase enajenado el pensamiento
de sí mismo mirando a la bajeza
que vienes, niño Dios del alto asiento,
do el cielo reconoce tu grandeza.
Naces para quitar mi abatimiento,
lloras porque fenezca mi tristeza;
espíritus divinos, ¿qué os parece?
Mirad a lo que Dios por mí se ofrece.
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Si es riego cuanto hay dentro el tierno pecho,
¿dó está el manantial desta corriente?
¿De dónde salta ese cristal deshecho?
¿De dónde aquese aljófar transparente?
Oh riego, por mi bien del fuego hecho,
oh fuego vuelto en riego, amor ardiente;
espíritus divinos, ¿qué os parece?
Mirad a lo que Dios por mí se ofrece.
No sé con qué poder agradecerte
tanto bien, por la vida que me diste;
te debo lo que soy, pero en hacerte
hombre otro nuevo lazo me pusiste.
Pagaré, pues no puedo de otra suerte,
reconociendo el bien que me hiciste;
ángeles, cielos, tierra, ¿qué os parece?
Mirad a lo que Dios por mí se ofrece.
¿Qué traza pudo haber más amorosa,
que por quitar la pena en que sufrías,
baje tu Dios de su ciudad gloriosa
a la vil alberguela do vivías?
¿Qué cosa pudo hacer más milagrosa
que hacerse pobre por ti al que tú ofendías ?
Di, si puedes, pastor, qué te parece
del extremo a que Dios por ti se ofrece.
Dichoso error pasado, feliz culpa
fue aquella que te cupo por tu herencia,
pues al mal incurable de esa culpa
pone tal fin del cielo la clemencia.
Aqueste fin te sana y te disculpa,
deshaciendo del todo tu dolencia;
mira entre tanto bien qué te parece
del extremo a que Dios por ti se ofrece.
Ves aquí aquella flor tan celebrada
que de la vara de Jesé florida
salió al mundo, do fue tan deseada
cuanto fue milagrosa su salida.
Este es aquel maná do está cifrada
la dulzura que alivia a nuestra vida,
dichoso tú por quien tal flor parece,
y maná tan suave el cielo ofrece.
Pastor dichoso, pues que ya has gozado
del regalo que tanto deseabas,
y tu tormento y pena se ha mudado
en mayor bien y gloria que esperabas,
bien será des la vuelta a tu ganado,
para que en el lugar do antes llorabas,
goces con el contento que él merece
deste infinito bien que Dios te ofrece.
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Yo iré, pero dejando al portalico
mi corazón ardiendo entre ese heno,
y llevando conmigo al tiernecico
dulce Jesús metido dentro el seno.
Que con solo este trueque quedo rico,
mudado en Dios, quedando de mí ajeno;
ved, cielos, deste trueque qué os parece,
pues todo lo que es Dios por mí se ofrece.
Danzan y con la misma danza se entran.
Decid, cielo, si habrá en vos
a quien tal trueque no asombre,
que porque no llore el hombre
está llorando su Dios.
Llora Dios por el provecho
del siervo ingrato y tirano,
para honrar el pecho humano
con tan amoroso hecho.
Quién habrá, hombres, entre nos
a quien no admire y asombre
ver que por el bien del hombre
llore como niño Dios.
Ved qué cambio y qué riqueza
para el hombre menesteroso,
que porque él viva gozoso
llora el que es la suma alteza.
Quién, decid, cielo, hay en [ilegible]
a quien tal cambio no aso [ilegible] ,
pues porque no llore el hombre
está llorando su Dios.
Por dar valor al despreci [ilegible]
y principio a nuestro bien,
Dios por el hombre en Belén
hace sus lágrimas preci [ilegible] .
Quién, decid, cielo, habrá en [ilegible]
a quien tal precio no asombre,
pues por la nada del hombre
está llorando su Dios.
Laus Deo.
J.
