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Texto digital de El mayor de los milagros por premio de un santo celo y santos corporales de Daroca

Fecha de publicación: 22 de agosto de 2026

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El mayor de los milagros por premio de un santo celo y santos corporales de Daroca. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-mayor-de-los-milagros-por-premio-de-un-santo-celo-y-santos.

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EL MAYOR DE LOS MILAGROS POR PREMIO DE UN SANTO CELO Y SANTOS CORPORALES DE DAROCA

Pag. 1

[Cubierta del manuscrito. Encuadernación jaspeada con lomo oscuro. En el lomo se lee verticalmente: "MENESES. EL MAYOR DE LOS MILAGROS". En la parte inferior del lomo hay un tejuelo blanco que dice: "Mss" y debajo "15313". En la esquina inferior derecha aparece la marca de agua: "Biblioteca Nacional de España".]

Pag. 2

[Cubierta interior con papel jaspeado. En la esquina superior izquierda hay dos tejuelos pegados, uno con la inscripción "Vv 239" y otro con "Mss. 15313".]

Pag. 3

V-239

Mayor de los Milagros por premio de un Santo celo y corporales de Daroca

Tello de Meneses (Antonio)

Pag. 4

1

2

MS. O. 11

Mayor (el) de los Milagros por premio de un Santo Celo

Santos Corporales de Daroca

163

Tello de Meneses (Antonio)

Pag. 5

2

Mayor (el) de los Milagros por premio de un Santo celo y Santos Corporales de Daroca Don Antonio Tello de Meneses

Jornada primera

Pag. 6

La gran Comedia, El Maior delos Milagros, por premio de Un Santo Zelos que son los Corporales de Daroca. Personas El Rey Don Jaime. Don Berenguel Entenza. Don Guillen Bouillon. el Capitan de Daroca. el Alferez de Daroca. Zaen Rey Moro Abencedrat Moro el Vizconde de Cardona. Zambor Gracioso

Abdelamelet Moro Doña Violante Reina Berenguela Dama Mesgelina Dama Celia. Un Sacerdote de bomba el Comendador de Alcañiz Soldados 2

Al Son de Cajas, y Clarines, Salen el Rey, Don Berenguel, Don Guillen, el Vizconde, el Comendador con habito de la Ca rraca, la Reina con las Damas, y Zambor gracioso, y Soldados – y entran cantando

Don Berenguel.

Monarquia ilustre, a fe Sonora aclara.

Sol Iberos, la frontera defensora.

Don Guillén.

Don Joaquin excelso, a fe Valor ilustre.

en el belico terror, Maestre Segundo.

Pag. 7

Vizconde.

Encargo aragonés, en cuyas leyes

goza fundar su régimen los Reyes.

Comendador.

Héroe que logras ver, infeliz rama

católico Tello, logrando fama.

Don Berenguel.

Y el bárbaro agareno horrorizado

queda, más afligido que castigado.

Don Guillén.

Y a la fiera de Alí, infiel traidora

en el pecho de Codo, su afrenta llora.

Vizconde.

Y lamenta su trágica fortuna

sintiendo eclipses la africana luna.

Comendador.

Y a por la altiva que gime vencida

vuelve la victoria de la nacida.

Todos.

Para que así triunfante de esa corona

se eternice inmortal, la tu rüina.

Rey don Jaime.

Magnánimos, generosos españoles,

Alcides en valor, y en lealtad soles,

cuyas frentes heroicas, hazañas

fortalezcan con gloria, las campañas,

y que abrigues de esfuerzo invencido

de este laurel, que ciñe pedazos

con ilustre entereza

se debe la más sólida firmeza,

pues resuelto celo vigilante,

mantenéis fiel el amor almirante,

y del Rey el respeto

dando con el ilustre reflejo

los vasallos se animan

donde aprenden hazañas, y se giman

para la guardia de tus alientos,

que al mirar en los choques más sangrientos

con tan exorbitante acción más enemiga

cubierta mi cabeza de fatiga,

y en los acentos que fundas

no me desamparan las armas duras,

pues que haciendo destrozos, alardes

ninguno, a ejemplo mío se acobarde;

y supuesto que el cielo

favorece nuestro celo

por el santo evangelio cristiano

que defiende católico cristiano

de Darío la tierna hermosura

se arruine y llore llorosa

porque, a pesar de tanta resistencia

primero en las murallas se baten las

ya que se muestra Dios de nuestra parte

fiémosle de la cruz el estandarte.

que posea templo, y que el invicto

confiese adoración, súbase al culto

del pérfido Mahoma,

del alma, idolatría asoma.

En vista de la fe, en los blasones

en brío en que arden los corazones

tributen al Señor, que el más divino,

o albe áurea voces de mi dehesa,

abrase su enamorado empeño;

para tan santa, y memorable empresa

en que el mérito ilustre se disfraza

a este reino envestido.

Pag. 8

Rey don Jaime.

y porque el Bárbaro está fortalecido

del continuado sitio, con horrores

altera los alientos legionarios

antes que el cruel filo de la hambre

corte de todos el vital estambre;

por esto ha prevenido mi cuidado

que traiga en su distrito celebrando

la deliciosa estancia la Burriana

la beldad de su amante Roxana

a su cuarto, que el numen poderoso

no vuelve con paciencia victoriosa,

los horrores belicosos, ni la gloria

a que amor le aspira, y la memoria

continuamente le desvela

causará su tormento, y si este celo

Don Berenguel.

rendido ya a su brazo

en que sin dudar queda el embarazo

la victoria que labró su desgracia

el soberbio Castillo de Xátiva

con otros siete, que levanta el Moro

por presagio infeliz de su desdoro.

La resolución es tan plausible

que más cierta la juzgo que posible

cuando golpe tan vario

acobarda la fuerza del contrario

Don Guillén.

Su ejército orgulloso

es, según se ha sabido numeroso

y para dar en él, que se disponga

brioso recongoje

contra el insolente de sus vasallos

de cuatrocientos belicosos caballos

que con valor traban tajos

aunque siguiendo van diez mil infantes.

Rey don Jaime.

Aunque tuviera escuadrones bárbaros

mi fuerte corazón no se asustara

y en esta empresa arguyo

que es mucho mi valor, que el poder suyo.

Don Berenguel.

Batalla le hubiera prestando

si Vuestra Majestad le hubiera dado

a mí en su permiso

Rey don Jaime.

la osadía

(Capitán general) nos viene a día

pues dicta la experiencia

que a quien vence sin riesgo, es la prudencia

Comendador.

En la fútil campaña

que con cristales líquidos se baña

su ardicia cautelosa

previene de la ruina ignominiosa

en que hallará con trágica mudanza

asentado sepulcro su esperanza.

Vizconde.

Asoman tan venturosos escuadrones

a vista grandiosa de tus pendones

suplicantes se rinden

y sumisa la pérdida, que gimen;

Rey don Jaime.

en el metal escruendo del varón lleno

de gozos que alarga su faena

y pues que con fuerzas singulares

van creciendo los trofeos militares

a vuestro aliento fío

seguros la victoria, y el trofeo.

Don Berenguel.

De su esfuerzo invencibles entran

Pag. 9

Don Berenguel.

se aquietan caballeros, y franceses

y para su defensa en justa guerra

se unen Aragón, Linza, la tierra.

Rey don Jaime.

Obra de lealtad tanta

la emulación, que el crédito adelanta

fuerza es don Berenguel, que en esta saña

el que no ha llegado

cuando a todos la fama les convoca

el Ejército armado de Daroca.

cuando en la piedad el lauro es uno

Dentro todos el Rey Don Jaime invicto. Dase con cajas y clarines.

Rey don Jaime.

¿Qué denota esta salva lisonjera?

Don Berenguel.

Que de Marte en la esfera

rumba escuadra belicosa, cuyo acento

festiva declamación repite al viento.

Salen el Capitán y Alférez de Daroca, el Sacerdote y Tambor.

Capitán.

Poderoso, invicto, grande

a todas luces, Monarca

a vuestras plantas postrados

de Daroca los leales,

obedientes, que a esta jornada

y leales, y tantas hazañas.

Y yo que Capitán necio

vengo a que los invictos

con milicia en su crianza

en nombre de todos vengo

a hacer ofrenda bizarra

de mil vidas, que gustosos

en tu defensa consagran.

Alférez.

El blasón que al ar en alza

a vuestro poder se humilla

acción digna, e gloria tanta.

Sacerdote.

También Señor el Estado

eclesiástico, que igualar

con el honor, que profesa

el celo de Dios, que abrazo

en mi persona se ofrece

lealtades en que se exalta

y sabiendo que la guerra

justamente se declara

contra la obstinada altivez

bárbara, astuta canalla

que del infame Mahoma

las supersticiones guarda

cuando en ella se defiende

del Supremo Dios la causa

le colosal

y Daroca, la Sagrada

eclesiástica milicia

a tanta empresa no falta,

pues cuando se contra enemigos

de la Iglesia, la campaña

obra se pone prudente

sus incontrastables armas

recelando del Marcial estruendo

las separaciones santas

cabales lechos

corazón, que la espada.

Rey don Jaime.

A los Ministros Sagrados

Siempre ha debido mi ardida

En el margen derecho: Rey. Buen estado en vosotros parece este fin heroico que la piedad de mi celo ensalza por [?] de las Regias lealtades [?]

Pag. 10

Rey don Jaime.

en las muy ardidas campañas

las mayores confianzas.

Joan.

con su mirlada sotana

viene este Sacerdote, que

se deja ver clara

que se me dan los Bonetes

le gozan en esta hermosura.

Capitán.

en la Parroquial Iglesia

de San Christobal, gozaba

el titulo de Rector.

Capitán.

Y abandonando con él

los fieles de su cura

a nuestro Capellán viene

nombrado.

Rey don Jaime.

Sangre heredada

de su misma acción es digna;

Sacerdote.

Por Dios, y el Rey, y la Patria

si los renuevos de Cristo

subieran, las desguarnecen.

que estas grandezas caducan

y nunca muere la fama.

Don Berenguel.

¡Resolución generosa!

Rey don Jaime.

Desde hoy gozaréis la plaza

de mi Real Capellán Mayor

de mi ejército;

Joan.

y qué aguarda

Su Magestad. Para el page?

Rey don Jaime.

Yo me acordaré

Joan.

Cosa gorda.

que en palabras de Soberanos

nunca faltan desengaños.

Mosen Matheo Martinez

conmigo se compadezca

no suene vuestra piedad

vile de esa parte, amada

Rey don Jaime.

qué decís?

Joan.

Lo dicho dicho

Sacerdote.

no atendáis a la ignorancia

con que responde;

Joan.

Ignorancia

a mí? mira lo que hablas

no sabe que es sol?

Rey don Jaime.

quién eres?

Joan.

Ab eterno, y ab infancia.

soy un racional hombre

Rey don Jaime.

Hombre sois?

Joan.

y de prosapia

tan ilustre, que en el mundo

otra no será más sonada.

soy hermano del clarín

primo carnal de la flauta

del pífano compañero

pariente de las sonajas.

Rey don Jaime.

sois eclesiástico?

Joan.

Etiam.

Pag. 11

Rey don Jaime.

¿Tomáis mucha renta?

Tambor.

Magna.

Rey don Jaime.

¿Qué órdenes tenéis?

Tambor.

Menores.

Rey don Jaime.

Sois latino.

Tambor.

En abundancia.

Rey don Jaime.

¿Tenéis valor?

Tambor.

Usque ad numerum.

Rey don Jaime.

¿Tenéis quimera?

Tambor.

Salgamos.

Rey don Jaime.

¿Habéis reñido?

Tambor.

En la calle.

Rey don Jaime.

¿Y de soldado?

Tambor.

Requetepeor.

Rey don Jaime.

Humor tiene entretenido.

Don Berenguel.

Mucha discreción reparte.

Rey don Jaime.

Vuestro nombre le pregunto,

¿cuál es?

Tambor.

Según voces varias

es Pasquín. Por eso ser

alegre como una Pascua.

Rey don Jaime.

Pues ¿por qué os llaman Tambor?

Tambor.

Porque al nacer yo, se hallaba

mi tatarabuelo presente,

y viendo lo que gritaba,

dijo, según por los altos

pechos, con bizarra alzada,

muestra mi voz que con asombro

gran cabal, y valiente,

desde aquel punto me llamen

Tambor, y por dar un tiento

le dando las espaldas,

a un mudo que renta

catorce bellísimas ganas

le hacen cristal de ovejas

de la dehesa machovetana.

Rey don Jaime.

Que me parece, que dando

miserables las entrañas.

Don Berenguel.

Arrogancia es valerosa.

Tambor.

Pues más es lo que se calla,

que en turbadas ocasiones,

es gran altivo mandria.

Don Berenguel.

Y si fuesen más los moros

que los nuestros.

Tambor.

A pisarlos.

Sacerdote.

Con suma osadía.

Tambor.

Pues ¿no sabe, que el que ama

el peligro en él perece?

Sacerdote.

No se logra el fin, mas

sí el martirio.

Tambor.

Media entonces

acción farta de imprudencia.

Don Berenguel.

¿Por qué?

Tambor.

Porque no hace caso

el que vuelve las espaldas.

Rey don Jaime.

Recibid a vuestro amo,

Tambor.

No le dejaré un punto asaras,

que los Tambores de Yglesia

son del caso en la campaña.

Aunque las importunidades

no hay respeta la lanza.

Pag. 12

Rey don Jaime.

Don Berenguel, no parece

conveniente, que una escuadra

acometa a los contrarios

al dar vista de la Plaza

dispuesto, que el rubio

Apolo, nazca el alba.

Don Berenguel.

Su dictamen apruebo

porque con eso se alcanza

que el bárbaro se horrorice

en las fuerzas duplicadas.

que se irán a la empresa.

Rey don Jaime.

Sois Entenza, y esto basta.

Don Guillén.

Ya deseo, que mi brazo

corte el vuelo, que levantan

las orgullosas deidades

del poco seguro altar.

si bien, que nuestro remedio

acudirá a la batalla

en que María, de una hermosa

nube, flechas le dispara.

Rey don Jaime.

Don Guillén, son las lealtades

efecto de noble causa.

Tambor.

Pues si quieren vencidas

las aguilillas bastardas.

Comendador.

Y señor, a la lid aspiro.

Vizconde.

Ya en crónicas son hazañas.

Capitán.

Daroca en prudente brío

hasta que de sus murallas

se aleje la funesta

sombra de las lunas africanas.

Alférez.

Y lo aseguremos todos.

Sacerdote.

Y con mucha instancia

se dé obediencia a María,

defendiendo la Fe Santa.

Tambor.

Pues si dan en dar orejas

a moros de la morisca casta.

Rey don Jaime.

Mosén Machaca, guiad

con vuestra prudencia sabia

aquello que más convenga.

Sacerdote.

Vivan edades tan largas

y felices, que desmientan

el bárbaro de la Arabia.

Tambor.

Este es lindo consejero

si no fuera algo Machaca.

Rey don Jaime.

Vamos esperando todos

con nueva festiva salva.

Todos.

La Fe Católica viva,

y defienda su Fe Santa.

Sale la Reina, y las Damas.

Músicos.

Que a los leones, asombre

de las garras doradas

que alta la corona ostentan

en ambas, que toca al arma

y dice para alumbrarnos

toca, clarín, canta el ave.

Doña Violante.

Qué vistoso ostenta

el trono de nácar

la Rosa, que Reina

se corona en duplicadas

hojas de enramadas.

Rey don Jaime.

Qué bien resuena en mis oídos

la armoniosa consonancia

Pag. 13

Doña Violante.

con que suspende el acento

toda la atención del alma;

y más cuando asiente bulto

la música retirada,

de este vergel generoso

en la deliciosa estancia;

a su sombra que los cielos

con influencias sagradas

restituyan triunfantes

en su presencia adornada

del Rey. Le victorias

en inmarcesible guirnalda.

Berenguela.

Madre hermosa, Violante,

saber templar a las quejas

de la impaciencia el furor,

y notar que se levanta

cristal del sentimiento

contra el efecto de ausencia.

Marcelina.

y solo lisonjea

alienta a débiles afectos

sabe deshacer, corazón

que bebe cenizas frías

Pero reconocer desmayos

se avivan, y se disparan.

Celia.

Cátedra de aduladoras

pueden regentar entrambas.

Doña Violante.

Berenguela, Marcelina,

estimo de vuestra hidalga

atención la vanidad,

pero excede la alabanza

en quien cumple los preceptos

que amor soberano manda.

El Rey, mi señor, defiende

de la esclavitud tirana

sus dominios, y conquista

las demás que avasalla

del yugo cruel el peso;

y así goza libertad

de su presencia ufana

poderosa eficacia,

porque es sabido también que entre

en las muy duras batallas

los generales se alientan,

los soldados no desmayan,

todos se esfuerzan, y llega

a poseer buenas andanzas;

porque el sol, y sus reflejos

benévolos se dilatan

en los vasallos, que gozan

el esplendor que él derrama.

Con que no debo sentir

su ausencia, cuando se allana

a cumplir con sus mandatos

la ley de un ciego monarca.

Berenguela.

Cuando quisierais el pesar

con cautela disfrazada

ocultar al fiero muro

de tu corazón, bastaba

destos arroyos que brotan

dar el tributo en fragancia

la amenidad de afligir,

mal haya violenta ansia,

cuando aquí advierto en mi vida

que os quejáis, y os halla

Pag. 14

Marcelina.

La copiosa variedad

la santa obstinada envidia

las más rigurosas penas

divierte, con lo que piensa.

Aparte.

Celia.

Aplauden mucho las flores

porque a las flores asisten.

Doña Violante.

Las piedades providas

desta lumbre ilesas

a sus virtudes prevengan

coronas inmarcesibles inmensas.

Venid, y pedidle a Dios

que las victorias armen

a sus huestes, y en su nombre postren,

Berenguela.

Infelicidades tantas

venga adornado de triunfos

que los suyos le formen.

entre bárbaros horrores

Marcelina.

Y las remotas, y extrañas

naciones, fieles vasallos

la lealtad nuestra aplaudan.

Celia.

A Dios me elevo, si comienzan

a ensalzar con plegarias.

Vanse, y salen Zaén, Abencedral y moros.

Zaén.

¿Por qué padecéis sola

cobardes, que mi grandeza

a los rigores del cielo

experimenta violencia?

¿Cómo consientes, que lleguen

esta ciudad opulenta

a ser mudo funesto

de astuta invasión advierta?

Huyendo yo de tan pocos

soldados, siendo Zaén

que fin, para más furias,

se reproduce mi afrenta?

Contra mi poder soberano

como los hados no me tiemblan?

cuando por dueño absoluto

postrados me reverencian

tantos ricos dilatados

dominios de mar, y tierra.

¿Cómo no teme el Cristiano

burlarse de mi soberbia

pues de un rebelde, que brutos

a concitarle la impaciencia?

Ya, supuesto este alboroto

que he causado en las arenas

venga cualquiera varón

a lidiar siendo palestra

el campo, en que su ignorancia

siembra, y desgarra en celos?

¿no ve como el rayo, que fiero

no es fulminar centellas

que sus vuelos remontados

abatan, o desvanezcan?

¿Abencedral?

Abencedral.

Gran Señor.

Zaén.

Porque el Cristiano no advierta

en tan riguroso asedio

nota alguna de flaqueza

en nosotros; se prevenga

que en la Ciudad, se prevengan

en públicas luminarias

aclamaciones diversas.

Pag. 15

Zaén.

que alternen en los estruendos

de cajas, y de trompetas,

y así conocerá

que poco me amedrenta

el terror de su amenaza

porfiada como necia.

Abencedral.

Con presunción escusas

la gallarda jactancia,

pues mi rigor de ese modo

que nuestros escuadrones espante,

que de sus fuerzas mayores

las altiveces desprecias.

Zaén.

Y llegando al tiempo mismo

la armada de naves negra,

que en campaña sangrienta

con las altas lunas bellas

por esferas cristalinas

vela se encara, y vuela;

esta ciudad logrará

el socorro, que desea,

con que alentada respire,

porque asustada se altera.

Abencedral.

Toda la gente que viene

con don Jaime, rey de Valencia,

según oye por espías

advertidas, y alerta,

son sesenta mil infantes

y mil caballos, que llenan

con pertrechos militares

toda la circunferencia,

jamás alentados.

Zaén.

Suspende

el acento, que me ofende;

empañarán mis timbres

con la bajeza ajena,

un número es tan corto

que me corro de que venga

a ser lustro sangriento

de mi sañuda fiereza,

que me asusten mil hombres

con Jaime, cuando están

los campos en mi defensa.

Sale Abulamelet.

Abulamelet.

Advierte, rey Zaén,

que es nuestra desgracia incierta.

Zaén.

Prosigue, que a mis alientos

no consternan contingencias.

Abulamelet.

La armada de Túnez

Zaén.

Di.

Abulamelet.

Hallo cerrada la puerta

del grao, y los Alarcones

hacen fuerte resistencia,

que inútil se la juzga

para auxiliar la barcaza.

Frustróse nuestra esperanza

del socorro, y ya viéndose

consternados, cuando miran

su frágil, y vana barcaza

que con lamentables ayes

se aperciben las exequias.

Zaén.

En cada aliento respira

de vivo volcán centellas,

que esta ola de disgusto

nuestra osada resistencia

no basta, que los Alcaides

Pag. 16

Zaén.

Cristianos, asi se atrevan,

a sitiar a Xativa bella

Sino que de tus favores,

Sintiendo la clemencia

faltando el socorro a tantos

que de tu valor lo esperan?

no se como el Corazon

de mi colera en la hoguera,

con incendios fuesen

salamandra no se quema.

Abulamelet.

De tu furor gran Señor

el fiero nublado templa

que si bien usas las armas

pues tiene maña y engaño

que la rescate, la grandeza

Abulamelet bien dize,

y pues a el alto Planeta.

Zaén.

que fue en mi cuna rubi

Propicio luces me nega,

tumba, que me temo da guerra.

es bien que luche la fiereza.

no los lamentos de quejas

sino festivos aplausos:

que los enojos desmientan.

Sientense Don Berenguel, el Capitan, y Tambor

Don Berenguel.

Pues ya los funestos lutos

de la lobrega tiniebla,

Prometen dejar escura

en la lúz que le destierra,

intento, Moros ilustres

avisar los centinelas

Porque del enemigo

los movimientos se adviertan

y den aviso a todos.

Sacerdote.

Cuerda prevencion es esa

porque a veces, vence mas

el ingenio, que la fiereza;

Zaén.

no los sirva prevenidos

viva bellisima Cena

porque la guerra que aqui reina

todo ha de tener ademan.

Sacerdote.

y a aquel Valor del principio

como desmaya?

Zaén.

al Rey

que no es esto, que mi pena

desmayo sino flaqueza:

Don Berenguel.

Paje algunos enemigos

salen de la plaza llenos,

mira con todas las armas

para embestirlos.

Zaén.

y asi creo

que al que les cerceno

vino, abras las orejas.

Sacerdote.

como espera defender

la religion, esta guerra?

Sabemos los compañeros

los sacerdotes, en ellos.

como Ministros de Dios:

Pues para su dios cualquiera

manda que el que no tuviere

espada, su diligencia

la busque, y para comprarla

asta la tunica venda.

Zaén.

Esto, que yo daré a el

lo que me baso en la tremenda

de su desvelo, que sienta

Pag. 17

Rey don Jaime.

esta acuchilla espigas,

yéndoseles en tales

burlas.

Sacerdote.

¿Dónde?

Rey don Jaime.

En la espesura,

porque creciendo entre

frondosos, lechugueras.

Don Berenguel.

¡Ah fiera inaceptable

luz de la bella estrella!

amada zambra lucida.

Rey don Jaime.

¡Al arma, que la primera

lucero que bate grados!

Sacerdote.

Necesaria es la prudencia

en estos lances.

Rey don Jaime.

No hay más

que arrancar la baqueta.

Encájese en el cañón.

Zaén.

En la silenciosa quieta

triste estación de la noche

muerta, voces de armas

se escuchan.

Todos.

¡Pues a daros

acometemos!

Zaén.

Sea en el rigor

de su furor conocido

mi persona, y pues se quedan

retirados, sin lucida

la dudosa competencia

en la ciudad, pues entramos,

y de la propuesta idea

en la ejecución vencemos

en disimuladas cautelas.

Seguidme.

Abulamelet.

Ya obedecemos.

Abencedral.

No es una precisa deuda

ya en obediencia.

Entranse.

Don Berenguel.

Por esos derribados venid.

Don Berenguel.

Pues nos ofrece la fortuna

esta ocasión, no perdemos

la dilación. Entremos.

¡Al arma!

Sacerdote.

En la divina, de Dios la diestra

sigan de nuestro propósito

fuerte en la lid

en el brazo, que el acero

esgrime, por su defensa;

Rey don Jaime.

Padre de luz y de días

y de los tiempos. Empezamos en puerta

sacudiéndoles el polvo

que bebieron en la yerba.

Don Berenguel.

Acompañadme; que gente

Rey don Jaime.

¿Quién se atreve a nuestros muros?

Don Berenguel.

¿No responden?

Rey don Jaime.

No sé que

sienten, un aire se llenara

la frescura, que nos

infama la estafeta.

Don Berenguel.

De la sombra.

Sacerdote.

Sin duda temen

Rey don Jaime.

Ledo de la infame guadaña

eres sordo? y a ti

vea con que presteza

le hagos, que del sol que ves,

apenas declina. Y

pues toca, no es mora?

Va el ministrillo de toca?

Sacerdote.

Nadie en el campo parece

esperar.

Rey don Jaime.

Isabel blanca,

Pag. 18

Tambor.

así a dar golpes has

que a mí sin duda ensordezcas.

Puesto de lodos, y que dados

has al fresco.

Don Berenguel.

Con que al alba

se entraron en la ciudad.

Sacerdote.

Esta nación agarena

en mí asienta,

Tambor.

Viven que

viven de ardid que revuelva

lo de arriba abajo, y saque

todo lo de adentro, afuera.

Don Berenguel.

Y aliviaron los enemigos

nuestro cerco y su urgencia.

Tambor.

Con que fin desea tan grande

victoria, lo que se acata y media

le di a un moro su vejamen

y a gritos llamando queda

al Zancarrón.

Sacerdote.

¿Quién? ¿Adónde?

Que la campaña desierta

está, de nuestros contrarios.

Tambor.

Y sin que remedio tenga

estaban abriendo ya

de Vulcano las calderas.

Sacerdote.

Mira lo que dices.

Tambor.

¿Bien vuelves

a oponer a mi prudencia?

Prueba notable mayor.

Sacerdote.

¿Qué hace? ¿No consideras

que es oprobio?

Tambor.

Sino que ahí hablas

de un necio en berengena.

Que de más de ser los gatos

pardos, aunque negros sean.

De qué ladera tenga

sin reparo cabizbaja

a los moros, y a los alarbes

que la morería engendra.

Clarín, y cajas.

Tambor.

Tendrás de Zaén la gloria

que en su aplauso se haga lenguas

la fama.

Tocan.

Tambor.

Y a los mártires

la fama nunca venera

a quien adora deidad

de pleito en la cabeza.

Don Berenguel.

Con la zambra, y algazara

los moros a entender dan

que la obstinación del sitio

no sienten.

Sacerdote.

Estratagema

es la de perder sin ella

de los peligros mil saca.

Tambor.

¿No sentís?, que echanos plantas

que es Argel esa galea.

Sacerdote.

¿En qué lo conoce?

Tambor.

En que

faltan para su trompeta

que para que no se sequen

el paladar, y la lengua

en continuado ejercicio

ya que no mascan, vocean.

Don Berenguel.

Pues ya del padre del día

la presurosa risueña

viste las orlas que esmalta

con tantas vívidas perlas

y pues se resisten fuertes

Pag. 19

Berenguela.

abrigos, y la violencia

con que el odio los oprime.

a su tragica experiencia

conocerán, que postrados

toda torpedad prevenga,

por asalto se la rinda.

Sacerdote.

Quítese lo benigno, luzca

el rigor, ofenda el clemente, y llore

la indignación más severa.

Tambor.

no tengo de dar cuartel

ni al Rey, si a caso llega.

Don Berenguel.

Pues Señor, solos a nuestros

con ansiosa diligencia

desde el campo al cielo vienen.

Sacerdote.

mucha novedad excita,

Don Guillén.

Señor. Nuestro Rey invicto

don Jaime. Venid ordena

a reconocer del cerco

la guarnición, porque intenta

tomar la ciudad gloriosa;

Rey don Jaime.

Poderosa es la paciencia

para vencer, y alcanzar

con su gentil empresa.

Don Berenguel.

Pues antes, que los aceros

desenvainen las luces bellas

de conseguida alta ofrenda

que a sus Reales pies ofrezca,

Sacerdote.

Dios soberano, merezca

vuestra lealtad, y vuestros

gustos gocen en su fuerza.

Tambor.

ninguno de estos guzmanes

quede vivo. todos mueran.

Vanse. y salen el Rey, Don Guillen, y soldados.

Rey don Jaime.

Mucho gusto he recibido

entre vos, en que se prueba

la lealtad, y obediencia

infiel, del brío de Entenza,

y fiome, que tanita lid

la de este glorioso cerco

al Veng, ha de ser mirado

por resolución, por descaro.

la ciudad, y el dulce

de su lealtad opulenta.

porque de toda humilde

sumisión, de Berenguela.

Don Guillén.

con que lograda el socorro

de tener? Hasta Berenguela

Rey don Jaime.

de Berenguela, a la vista.

para la armada, y alguna

los robados de la plaza.

conocieron la bandera,

y cuando rechazaron furia,

los vanagloriosos, y soberbia.

Don Guillén.

mucho resentida, y de su

con su dulce semblante

de su dulce, y manifestado

a Magdalena; y la que era

amorosa, con que quebraba

el alma, y de la fuerza.

Rey don Jaime.

con que en todos los aceros

y sus lealtades, y con ella

la armada, y asegurada.

Pag. 20

Rey don Jaime.

a defender las trincheras.

Don Guillén.

la disposición gallarda

de las militares tiendas

cobardía les infunda,

temiendo lo que respetan.

Todos.

Nuestras vidas rendiremos

al filo de la inclemencia,

antes que el bárbaro logre

el laurel.

Rey don Jaime.

¡Oh siempre excelsa,

ínclita lealtad de España,

digna de alabanza eterna!

Soldado 1.

Grande falta de vuestro favor

necesitamos.

Margen derecho: Caja clara

Soldado 2.

las flechas

no cesen de dispararse,

que ya vencemos;

Rey don Jaime.

¡A la empresa!

Vivan, los campos se abrasen.

Señor, pues la causa es vuestra,

en tan sangrienta batalla

amparadla, y defendedla.

Soldado 1.

Premio es cada cristiano.

Soldado 2.

con cobardía, y afrenta

a la ciudad se retiran,

pero la marcial palestra

por nuestra ha quedado.

Rey don Jaime.

El cielo

confianzas nos alienta.

Todos.

Viva España.

Soldado 2.

y la luz que la

demuestra fue resplandeza.

Salen Don Berenguel, el Capitán y Alférez de Daroca, Vizconde y Comendador.

Capitán.

Fatiga feliz, y alcanza,

la gloria de tantas penas,

invictísimo monarca.

Y envidiando que merezca

ofrecer en el sagrado

templo, en que amante os venera

la lealtad, esta victoria,

en que aficionada queda

del mahometano furor

la pacífica residencia;

y para que de Daroca

trasfiera el celo adeudado

a consagrar a vuestras plantas

leal y amante fineza,

cuantos dominios el orbe

ciñe, en regiones diversas;

Alférez.

siempre en el choque pudimos

estar delante, y bandera

impedida, que acredita.

especial valor se acrecienta;

Don Berenguel.

El Portal de los Serranos,

que era muro, y fortaleza

de la ciudad,

ganaron;

Vizconde.

con tal destreza,

que vencieron de un traidor

una multitud inmensa.

Comendador.

con emulación gloriosa

todo el campo lo celebra.

Pag. 21

Sacerdote.

De el celo de Dios, las armas

tan poderosas, se ostentan

que con rayos, que despiden

a su tiempo vencen, y ciegan.

Rey don Jaime.

Agradecido a tan noble

y leal correspondencia

y cuando premia las fatigas

es muy precisa deuda

por las banderas rendidas

con gloriosa preeminencia

os concedo el privilegio

que desde hoy pongáis en ellas

de las Barras de Aragón

la insigne divisa regia

para que admirado el mundo

de tales hazañas, sepa

que el Rey don Jaime a leales

con un blasón mismo premia.

Capitán, Alférez.

Cuelga en bronces la fama

Señor, tu justicia recta.

Dentro unos.

Soldados.

Entrega la plaza antes

que tanta gente perezca;

Rey don Jaime.

Por librarse oprimidos

ya solicitan la entrega.

Don Berenguel.

Y de la ciudad, un moro

ha salido, y con presteza

a nuestro campo ha llegado.

Rey don Jaime.

La inmunidad se liberta

del embajador, que vino

no llegará a ser permitida,

Sale Abulamelet.

Abulamelet.

Don Jaime, Rey soberano

de la segunda deidad

Rey don Jaime.

Él te sea

propicio, gallardo moro.

¿Qué motivo a esta nueva

inopinada salida

di?

Abulamelet.

Para que hacerlo pueda

espero piedad de los

dos.

Rey don Jaime.

Que te la conceda

es mi deudor, retiraos

todos.

Don Berenguel.

La nuestra obediencia

siempre habéis de hallar constancia.

Rey don Jaime.

Ya estamos, moro, empieza;

Abulamelet.

Zaén, supremo monarca

de esta dilatada esfera

por mí te envía salud;

y atendiendo a tanta inquieta

alteración repetida

de los sitiados que esperan

rendir el último aliento

del hambre a la inclemencia

pues ya el total edificio

si no se cae, titubea:

quiere entregarte la plaza

capitulando las treguas

por espacio de ocho años,

y que todas las riquezas

que quedan llevar consiga

Pag. 22

Abulamelet.

las familias, que assi desnudas

saquean; y por las asperas

passen, sin lesion cierta

para vivir con quietud

dentro de Cullera, y Denia.

Y como Rey, te pide

Zaén; y lo mismo ruega

Abulamelet vasallo

suyo, que se pretenda

reflexionar, no coarte

el animo, oido a las quejas

de los vasallos;

Rey don Jaime.

Alabo

su debida Real clemencia.

que de el subdito el lamento

cuando en el oido suena

de el Monarca, con ruido

de estrangeras amenazas,

de las campanas el eco

hasta el corazon penetra.

Todo lo que pide otorgo,

y confirmo en tu presencia.

Viejos, niños, hembras, dando

con una blanca bandera

indicio, de que nosotros

nuestra proteccion esperan.

Abulamelet.

Alá prospere tu vida;

Sale vn soldado.

Rey don Jaime.

él la dicha te conceda;

Soldado 1.

Señor

Rey don Jaime.

Ninguno ofenda su marcha.

Abulamelet juzgara

favor, que le privilegia.

Vase.

Abulamelet.

Con razon aplaude el orbe

de sus heroicas proezas.

Rey don Jaime.

Don Berenguel, no esta viendo

Melitona, Valencia es nuestra,

Don Berenguel.

Conque es factor?

Rey don Jaime.

a su tiempo

lo sabreis.

Tambor.

camina apriesa.

Sale Tambor y vn Moro.

Rey don Jaime.

que ruido es este?

Tambor.

este perro

sin judio de la refalega,

se quiso burlar de mi:

y cerca de la Albufera

le he cogido; aunque me ha hecho

sudar, mas que si estuviera

purgando malos humores

llevando vn colchon a cuestas,

Rey don Jaime.

mal alega, que asi ligas

los enemigos;

Tambor.

fue tema,

el no venir al gaudeamus

sin traer alguna pieza.

Moro.

Mahoma Señor,

Rey don Jaime.

Dejadle.

Tambor.

que es dejale? no se mueva

mira, que si hace mudanzas

la mi cuerda con vueltas,

Pag. 23

Tambor.

de ahogarme en la laguna,

porque tenga buena pesca.

Sacerdote.

A Su Majestad le entregue

por cautivo.

Rey don Jaime.

Toma, guárdalo,

y advierte que te hacemos dueño,

que es digna recompensa

de tu trabajo.

Tambor.

Albricias,

según su pío cacareo,

sin duda que es descendiente

de alguna casta podenca.

Abulamelet.

Señor, piedad.

Tambor.

No nos ladres,

que puede ser que nos muerdas.

Rey don Jaime.

Ya la bandera pública,

en lo alto victoria, que me eleva,

vemos, y daremos gracias,

por piedad tan suprema,

al Dios omnipotente;

Sacerdote.

Y pues mañana celebra

el eclesiástico rito

la devotísima fiesta

de aquel máximo Arcángel

que postró vana soberbia,

repitamos con él mismo

su celosa competencia:

¿quién como Dios?, ¿quién vencía

soberbios enemigos patricios?

Tambor.

Y el Rey se ha librado,

así, que temía estas fieras.

Rey don Jaime.

Entremos en la ciudad,

y con acordes cadencias,

alternando majestades,

con las cajas y trompetas,

llegando a las consonancias

Músicos cantando con la letanía que se usa y dentro todos:

Músicos.

Alabemos, confesemos

la bondad inmensa

que piadosa defiende

de sus enemigos, y a los

suyos premia

con los Santos Corporales

misteriosos

de Daroca. ¡Viva la Iglesia!

Fin de la obra. Rúbrica de Tello de Meneses.

Jornada segunda

Pag. 24

[Página en blanco: folio vuelto 20v]

Salen el Rey, la Reina y las damas, músicos, y acompañamiento.

Músicos.

Almas, gloriosos triunfos,

y almas, feliz trofeo

que logra victorioso

el gran Monarca nuestro;

hagan festiva salva

con armonioso estruendo

de la lira las suaves cadencias

y de la trompa los bélicos ecos.

(Clarín y chirimías)

Rey don Jaime.

Las finas demostraciones

que las lealtades consagran

en aras de los regocijos,

en holocausto debido

a favores tan supremos,

con que en glorias sucesivas

nos patrocinan los cielos;

y que a pesar del hado

que con obstinados ceños

de bárbara invasiones

produce altivos encuentros

entre religiosos ritos,

hoy consagrado venero

desde profana mezquita

este magnífico templo,

en que infatigable el culto

a los católicos pechos

exhale en adoraciones

aromáticos inciensos,

puede Vuestra Majestad

lucir más opulentos

Pag. 25

Rey don Jaime.

regio delicioso trono

sin que el Evangelio Santo

se altere a embates del rito

que agita Marte soberbio:

sino que para custodia

de los claros raros genios

que el Sol de vuestra belleza

esparce en sacros misterios

en esta Ciudad Bledana

estoy y quien la defienda,

Doña Violante.

Invicto Rey, y Señor

títulos en que compendio

de Apolo inmensos laureles,

de honor soberanos premios

de la Justicia que ensalzas

y victorias de himeneo;

rasgando diáfanos velos

con retórica armonía

de dulcísimo embeleso

eterniza vuestro nombre

coronado de trofeos

desde el cenit español

hasta el nadir contrapuesto.

La atrevida, cautelosa

invasión, y ningún riesgo

podrá jamás inquietar

al abrigo del aliento

que heroicamente postra

los peligros desmintiendo

a sus plantas generosas

la cerviz del Sarraceno.

Marcelina.

Y por tan plausibles triunfos

y continuados esfuerzos

Con razón os llama el orbe

el Conquistador; haciendo

esta grandeza notoria

con infatigable acento

a los más remotos climas;

desde la Cuna en que Febo

nace absoluto Monarca

de tanto brillante imperio

hasta las incultas grutas

donde le asiste Nereo

entre nieblas y espumas

cristalino monumento.

Berenguela.

Cuando esta Ciudad hermosa

en quien están compitiendo

con naturales primores

artificiales paseos,

de el alarbe sacudido

dejado el yugo fiero

de la esclavitud tirana

al poder del brazo vuestro;

no es mucho que aun los contrarios

con el bramido y ruïdo

efecto aquel del susto

y este del miedo efecto

reverentes os aplaudan;

porque tiembla el terror ciegos

la emulación los eclipse

ni los desminuya el tiempo.

Tachado: Cel. Invicto Señor, que todos / Y esperabamos / [tachado el nombre del personaje]

Tambor.

pues por horas, y momentos

nos caducaban a todos

Pag. 26

Doña Violante.

libres racionales presas,

pero qué pienso en su fuga

con la prisa que les dieron,

gracias a Dios nos libramos

de pagarles este feudo.

Rey don Jaime.

¡Qué enemigos de la Iglesia,

obstinados, y perversos,

a la diestra omnipotente,

cobardes, no se rindieron!

Salen don Berenguel, el Capitán, el Alférez, el Sacerdote y Tambor.

Don Berenguel.

Ya, Señor, la muchedumbre

bárbara, asombrada y vuelta,

después de tanta borrasca,

en su llanto y ruina, siendo

la mansión que los recibe,

Sirtes de su fin funesto,

en donde se experimentan,

para sacar los ejemplos

de inconstantes mutaciones,

escarceos de los lamentos.

Pero quién duda, que ha sido

este próspero suceso

providencia soberana,

para que el ornato bello

de alta empresa, peregrino,

con singular privilegio

del Sol de Oriente hermoso,

grana de Teruel un cielo.

Doña Violante.

De vuestro valor heroico,

el más noble desempeño,

es tan propio que quejoso

debiera el vencimiento

no conseguir por su dueño

los laureles, y los premios.

Don Berenguel.

Víctimas de mis lealtades

son siempre los rendimientos.

Capitán.

Daroca, beldad divina,

os dice, por mí, lo mismo

que os ofrece afectos blandos,

con fino constante afecto,

de sus victoriosos triunfos

los más gloriosos empleos,

asegurando en lo humilde

la dicha de los ascensos.

Alférez.

Y esta insigne, generosa

divisa, de blasón regio

debajo de cuyo asilo

milita el ardor guerrero,

como a Pallas peregrina,

se os rinde, reconociendo

que sus inmortales glorias

de vuestra fuerza nacieron.

Sacerdote.

Como a sombra de dichosa,

de nuestro absoluto dueño

la fidelidad tributa

a esos dones, que en el pecho

para eternizarse ilustres

buscan trono, y hallan centro.

Doña Violante.

Siempre en vasallos ilustres

confirma vínculo estrecho

la nobleza, y bizarría

asegura el ser tremendos.

Pag. 27

Tambor.

Yo también, señora, vine,

las caravanas cosiendo,

a besar las quillotras,

que son cunas de los dedos;

y así entre la turba me cuelo,

no digno.

Doña Violante.

Alzad del suelo,

que ya que sois villano,

Tambor.

eso es en mí lo de menos;

lo demás es, que mi voz

fue la causa e instrumento

para que tanta canalla

se despachase al infierno.

Doña Violante.

¿Vuestra voz? ¿De qué manera?

Tambor.

Porque cuando se pusieron

frente a frente los dos campos

mirándose rostro a rostro,

apenas sintieron todos

mi ruidoso llamamiento,

cuando vellosos leones

y osos, temblando de miedo,

se acometen, y se cascan

golpes, a diestro y siniestro;

y como estaba mirando

la refriega desde lejos,

despedir no cesaba

el ton y son de mis acentos;

rabiosos se encarnizan,

y unos con otros revueltos,

aquí caen y allí tropiezan,

yo de alentarlos no ceso,

la marcial banda se aumenta,

y desde lo alto de un cerro,

como era cosa de por junto,

aquel asunto dispuesto

para hacerle más sonoro,

entre compás y silencio

estaba tocando yo,

mientras se golpeaban ellos.

Y para no molestaros

sin círculos ni rodeos,

soy el tambor de las tropas

que han venido a defenderos

de Daroca, de Teruel

y Ateca.

Rey don Jaime.

Ya me acuerdo

de vos.

Tambor.

por vuestro decoro,

que os acordéis me alegro,

pues os libráis de ese modo.

Rey don Jaime.

¿De qué?

Tambor.

Del vulgar proverbio,

que comúnmente asegura,

sin distinción de sujetos,

que los flacos de memoria

son gordos de entendimiento.

Sacerdote.

Tenga modestia.

Rey don Jaime.

Dejadle,

porque su modo y gracia le

divierten.

Tambor.

Pero, señor,

tan desabrido no os quiero.

Rey don Jaime.

Bien está; don Berenguel,

Pag. 28

Rey don Jaime.

asignadle doble el sueldo

desde hoy.

Tambor.

Cuyo logro

sin tocar a mi derecho

sea tambor bien premiado

con patronato de leyes;

Don Berenguel.

quien fiel procura serviros,

señor, es digno del premio.

Tambor.

el consecuente es el dicho.

porque tantas veces vemos

que unos roen el trabajo,

y otros mascan el provecho;

no obstante, rey generoso,

por el doblado estipendio

con que dobláis los favores

de dobles merecimientos

dobladamente cuenta y

con duplicados progresos

la vida reduplicada

de lo doblez de los suegros:

a su tanto, que doblando

su duplicado desvelo

duplique su mayor gozo

al redoble de los nietos.

Sacerdote.

Sea en hablar más prudente.

Tambor.

Pues ¿los agradecimientos

han de decirse por serias?

Sacerdote.

no; pero con modo serio.

Tambor.

yo voy solo a la sustancia

y en modos no me detengo.

Rey don Jaime.

Violante hermosa, entretanto

que al inconstante gobierno

acudo, de esta corona,

de cuyo robusto peso

atlante soy, muro en que estriba

su sólido fundamento,

Podéis gozar las delicias

de estos pensiles amenos

donde el vulgo de las flores

en vegetativos ingenios

paga en ámbares preciosos

los susurros lisonjeros

con que las mece el favonio

mansamente introducido.

Vanse las Damas

Doña Violante.

Tantas victorias, señor,

conseguís, que los cuadernos

de la fama, al dilatarlos,

serán volumen estrecho.

y pues, imbuyendo avisos

de un cariño preceptor

el cielo, esposo adorado,

os guarde,

Rey don Jaime.

Para que a veros

vuelva, triunfante de tanto

bárbaro enemigo encuentro

Tambor.

La criada que ha de darlo

casi se me ha olvidado

que tenga mi beneficio

por pensión el galardón.

Rey don Jaime.

Don Berenguel, pues admiro

tan prósperos los sucesos

que producen los triunfos

de los repetidos riesgos,

Pag. 29

Rey don Jaime.

Para acobardar el brío

osadamente resuelto

de las africanas furias,

vibran bélicos intentos,

porque las sagradas auras

del más religioso celo

de exaltar la fe de Cristo

me inspiran tales alientos

que llego, que me desluzco

y en todo lo bueno emprendo.

Don Berenguel.

Resolución tan gloriosa

nace del brillante incendio

católico, que la esfera

ilustra de vuestro pecho.

Sienta esa ciudad, que fue

en los cristianos quiebros

de Setabis con el nombre

trono de Marte sangriento

a pesar de lo rebelde

los rigores del asedio.

Y aunque sobre toscos riscos

que en homenaje brutesco

gigantes cuellos, labran

recinto, a su fundamento,

situada se desvanece

entre trágicos funestos

horrores; llore en su ruina

de su orgullo, el escarmiento;

sus edificios gima

el simétrico guijarro

desquiciados de sus líneas

carteles, y escarmientos;

y pues con continuo afán

animoso ardor guerrero

el vizconde de Cardona,

y el Comendador a trecho

en la reñida lucha,

valerosamente diestros

que se dividan las partes

de aquesta monstruosa conquista

que con impaciente anhelo

nuestra milicia deseara

ya sus plazas conquistando

y ya sus armas venciendo;

no hay que temer sus ardides,

que el leal atrevimiento

bárbaramente murieron; los siglos

hoy al repetido golpe

de nuestro heroico esfuerzo

cederán, que turbados

llorarán cobardes

o los detenga el respeto.

Rey don Jaime.

Y cuando de uno, y de otro

obstinados, como ciegos

fueren sirviendo avisados

rehusaren el desprecio;

en los mismos estragos

reconozcan, que fueron

ilusiones sus victorias,

y sus glorias devaneos.

Tambor.

Y sabrán que en esta danza

es un tambor instrumento

Pag. 30

Tambor.

para que les den a todos

una vuelta de podencos.

Rey don Jaime.

Y vos, Capellán Mayor,

¿qué sentís?

Sacerdote.

Señor, apruebo

de tan sagradas empresas

el designio, pues contemplo

que el honor de Dios os mueve,

os mueve a tales empeños.

Rey don Jaime.

Son muchos los beneficios

con que obligado me veo

de su piedad, y quisiera

en parte satisfacerlos.

Sacerdote.

Ensalzar su santo nombre,

hacer que en climas diversos

brille el sacro inextinguible

esplendor del Evangelio,

destruir las enemigas

cortar las fieras gargantas,

postrando los que bebieron

en falsas doradas copas

acíbar del veneno;

todo, Señor, sabe y hace:

pues si por alto decreto

la causa de Dios es obra,

la que nosotros defendemos

no es mucho que buenos sucesos

logre sagrado cimiento

sea de tan justa causa

noble producido efecto;

y así, Señor, a la lid

quiero yo ser el primero

que, atropellando al arrogante y fiero,

generoso sacrificio

haga de mi vida. Cierto

de que gloria eterna gano

si lo momentáneo pierdo.

Tambor.

Y yo he de ser el segundo

que usar traje de bracero

quiero meterme en el aprieto:

porque hasta el ejército llego

harto manda un amo

y que quebrantar sus fueros

es cometer mil excesos

y a la campaña me atrevo

que enfermos manda un novel

discípulo de Galeno;

del darme un cementerio;

porque ya sabe el discreto

que el oficio del sacristán

es el vivir con los muertos.

Sacerdote.

En la ocasión se desvele

el brío.

Tambor.

Ya se está viendo,

porque en mi oficio es muy propio

que crezca por momentos

Rey don Jaime.

Pues marche bizarra al campo

don Berenguel, que es preciso

ser antemuro de él, y

rémora del movimiento

con que el pérfido enemigo

Pag. 31

Rey don Jaime.

incauta asedia al centro.

Don Berenguel.

desperdicio destilando;

y en los Cristales serenos;

el sol luminoso, y rojo;

estaran los esquadrones

en batallones dispuestos

tomando desse monte

vezino, el fuerte terreno,

para que vea el contrario

que del español ardimiento

sabe labrarse coronas

del mas dificil empeño.

Capitán.

Y dando Vuestra Persona

a los Soldados exemplo

conmilitones a todos

sera cada cual un Hector;

Rey don Jaime.

pues a vuestra

Don Berenguel.

atencion.

Sacerdote.

hacer vuestro nombre eterno

Capitán.

a de fundar base santa;

Alférez.

a de dar altibos vuelos;

Todos.

Pues no quede jamas adverso

que de aclamado a la luz del cielo.

Zaén.

Desde la Ciudad al campo

marcho, bastante lo dudo;

Porque aquella muchachuela

de mi memoria, y de un sueño

que toda mi bateria

va de la parte de adentro

y siempre es mas peligroso

el enemigo secreto.

Abulamelet.

Sin dar treguas a la honrada lid

fatiga de mi desvelo,

con ansiosa vigilancia

las esquadras recorriendo

he venido, y tan dispuestas

al certamen las advierto

que de la marcial escuela

poco ocupan los preceptos.

Tu invencible pecho exalta

que de un fiero aliento

Abencedral.

De tan animosas huestes

que con tan faustos progresos

oscurecen las hazañas

de Romanos, y de Griegos

sin el corte de la lucha

la victoria me prometo.

y mas cuando los animos

de nuestro Rey el aspecto

bizarramente serena

y felizmente alienta.

Abulamelet.

Pues al regio Pavellon

que portatil trono hizieron

honrradas sedas de Arabia

de cetros bellos luceros

hemos llegado; la dicha

se logre en el rendimiento.

Pero en tal que el descanso buscando

esta, en la quietud de la campaña

que cuidados deben desvelalle

si en dulce cautiverio, dormido

Abencedral.

A la poderosa fuerza

del mas activo beleño

prision ufana logra,

Pag. 32

Abencedral.

en dominios de Morfeo;

Abulamelet.

pero alterado le admiro;

Abencedral.

y fatigado e inquieto

dice:

(en sueños)

(despierta)

Zaén.

Prodigioso asombro

suspéndase de tu acero

la indignación, y no exprima

contra mí el rigor violento,

ya de Aleto el espanto,

y el terror del Leteo.

Triste despojo me halla

la tormenta; mas, ¿qué veo?

¿quién atrevido, alevoso,

tiránicamente sangriento,

intentaba abatir

de mi majestad los fueros,

ser homicida?

Todos.

Señor:

ninguno excedió inmodesto

al Sol de vuestro honor.

Abulamelet.

que adulteren sus privilegios

Abencedral.

que vulneren su grandeza.

Abulamelet.

mi lealtad

Abencedral.

mi noble afecto

Todos.

dejará con su ruina

tanto agravio satisfecho.

Abulamelet.

Responded, y decidnos

de qué principio nacieron

los lamentos?

Zaén.

Cuando

navegaba el pensamiento

el océano de glorias

a que aspiro, y que poseo,

y cuando en blando reposo

los sentidos consiguieron

sin borrascas de cuidados

la tranquilidad del puerto;

vi, que un joven guerrero

vestido con regio arreo

de fuertes, lucientes armas;

el rubio brillante pelo

surcando veloz bajel

la diafanidad del viento;

señalando de norte, y guía

a la católica grey,

que por despreciable triunfo

postré, destruí, y vencí

a mi presencia, y cobrando

modestamente severo

el duro acerado corte

contra las aras de mi pecho;

medido, postró a mis pies

al Patrón, que defiende

de esta cristiana milicia

los valerosos pertrechos;

y cuando de estos fanatismos

me juzgué caduca yerta

suspendido con la amenaza

de execución, pero fueron

tan penetrantes sus voces

y tan activos sus ecos

que aún me deja amagado

con medroso vilipendio

Pag. 33

Zaén.

sin la violencia del rayo

el estallido del trueno;

pero pues ya reconozco

que esto ha sido devaneo

de la fantasía, que

en imaginarios portentos

de fantasmas, y de sombras

hace fantásticos cuerpos;

el combate se prosiga

sin que esta ciega ilusión

desvanezca ilusiones

el real fundado concepto;

y pues bravura tenéis

sobrada, don Jaime, expuesto

a la fatal experiencia

de los estragos que temo

no os entreguéis, aunque perezcan

a los rabiosos tormentos

de hambre, y sed demás soldados

más que el castellano empeño

y a mi mesnada aprisa rinda

dejad aquestos, Señor.

Abencedral.

Un aborto de la idea

nos asiste, que el esfuerzo

si titubea, desnudo

jamás desmaya vencido;

pues, quien inquebrantado

las fortunas suspendidas

es víctima ilustrada

y de vuestro valor supremo.

Abulamelet.

Aunque a las pequeñas tropas

de cristianos, con exceso

vuestro ejército aventaja,

abrazo de esta en los riesgos

jamás espanta su asombro,

que relevo solo entendiendo

mi corazón invicto

en belicosos aprietos

vencer, quedando glorioso

de todo peligro exento.

Zaén.

Son encantos de su Magia.

Abencedral.

Son superiores secretos,

que este escuadrón gallardo

y que bizarro alienta el incendio

no necesita valerse

de tan infames pretextos.

Zaén.

Pues, ¿de tu Dios dependes?

Abencedral.

Ya es indecencia del respeto

con que a su Deidad atiendo,

notar que en dudoso silencio

a que mi voluntad inclina

según los documentos

católicos, que en el alma

de continuo reverencio.

Zaén.

Si ese poder en que fundan

sus atrevidos anhelos

da propicio los amparos,

también podrá defenderlos

del enojo fulminado

que contra su ardid prevengo.

Teman las bizarrías tantas

de mi furor, y al estruendo

de mis armas estremezca

asombrado el universo.

Pag. 34

Zaén.

Desde la tórrida zona

hasta el helado Cáucaso,

donde el trágico mantiene

de costumbres imperio;

noten, Abencedral,

los militares escuadrones,

y ardan todos a las llamas

que vomita el Mongibelo

de las iras,

y nuestro voraz incendio.

Abencedral.

Con tan eminente estrago

asegura nuevo espanto,

siendo del valor heroico

triste, lamentable óbito.

Zaén.

Con este fin he venido

desde Denia, y aunque dueños

se nombran de algunas plazas

ferozmente rebelados,

en quienes más que la fuerza

fue poderosa la industria,

no por eso se acobardan

mis designios; antes creo

que al impulso del agravio

busquen más aliento

de vuestra invicta sangre,

de que vivo tan sediento,

y así a la lucha.

Abencedral.

Al combate.

Zaén.

Que así, aguardo.

Abencedral.

Que así espero.

Zaén.

Coronarme de laureles.

Abencedral.

Adornarme de trofeos.

Zaén.

En presagio de las dichas

nuestras voces repitiendo.

Todos.

Expire el cristiano nombre,

y el mahometano gobierno

en el ámbito del orbe

triunfe, por siglos eternos.

Abencedral.

Quedad a Dios, que estos aplausos

me sacan de mi elemento,

pues ya con violencia vivo

en los actos, que profeso.

Vanse, y salen la Reina, Marcelina y Celia.

Marcelina.

Entre tanto que la Reina,

mi Señora, en el recreo

deste retiro, divierte

las penas, y los consuelos

de la ausencia de su esposo,

con un modo tan discreto

que lisongea las congojas

con el disfraz de lo ameno,

a este jardín ha salido

su amor, vistoso embeleco

de los sentidos, en donde

logra el Mayo lisonjero

vencer los cierzos furiosos

del cano erizado invierno.

Celia.

Para desechar pesares

no hay cosa como el paseo.

Sale.

Don Guillén.

Feliz, quien sigue los rayos

del Sol, a cuyo reflejo

debe el lucir, abrasada,

mariposa.

Marcelina.

Detén el vuelo,

Señor Don Guillén, y al cargo

atended de vuestro empleo.

Don Guillén.

Pues, ¿en qué falto?

Pag. 35

Marcelina.

en hacer

muy subidos excesos;

Don Guillén.

Señor, con el premio

que me dan los privilegios

entre este velo,

Marcelina.

no culpo

que extrañéis, señor, el ruego

de que le perdone las voces

atrevidas, don Guillén.

Don Guillén.

Señora, que os vi en el lance,

me hizo amor un prisionero;

consagrandoos las prisiones,

esclavitud, que padezco.

Si en Pinos dar luz continua

con su crueldad, impidieron,

que por lo que ata del labio

se desatase mi pecho

del ardor que se acrecienta

en el Volcán que es de acero.

sí que aquejado de suerte

que en esta Ciudad logremos

vos ser Sol, y yo ser Cielo,

que a más de sus luces bebo,

pues ya en mí enorme delito

no deciros

Marcelina.

ya os entiendo.

Don Guillén.

que firme os adoro

Marcelina.

extraño

lo que os olvidáis tan presto

de lo que en Villena os debo.

Don Guillén.

Tan precisada Marcela,

Marcela, que del propio

airoso bello desvelo

nacen en mí estas finezas,

Marcelina.

Cómo?

Don Guillén.

Como siempre fueron

para acreditar lo hermoso

bizarro blasón los celos.

Marcelina.

Novedad, que a vuestro valor

hacéis dudoso, y cifro

un borrón, que en pretensiones

unos timbres son escasos

la mitad de su luz dada.

Si el Sol, de los alhagüeños

cariños, es sin eclipse

de gallardos lucimientos,

y sin culpable nota

un sol, del olvido ajeno

que llegue a dar a el incendio

con dictámenes serenos

que quiere honrada os trate

deudora de vuestros bríos?

Don Guillén.

Suya de vos, mi dama.

Marcelina.

no sean pocas aquellas

que en firme correspondencia

favor de dos se deban,

(eso si de mi dama

la imagen de la afrenta)

favor alguno lograsteis.

Don Guillén.

en que conocéis su dueño?

en dudar mi corazón

herido tan sin remedio

que apetece como alivio

todo la ruina de que muero.

(Sale)

Tambor.

rompiendo toda la guardia

atropellando porteros

suspendiendo centinelas

Pag. 36

Marcelina.

en hacer

muy repetidos excessos;

Don Guillén.

Señora con el paroxismo

que median los priuilegios

entre aqueste yelo.

Marcelina.

No culpo

que extrañeis, sino es el cierzo

de que se precian las bocas

abriendose a vn mismo tiempo.

Don Guillén.

Señora, que en tu eminencia,

me hizo amor reprehensiones,

consagrandoos las passiones,

esclauitud, que padezco.

Si en tu deidad tus continuas

contrariedades, impidieron,

que por la puerta del labio

se desahogase mi pecho

del ardor que tú acrecientas

en el volcán que el silencio

ahoga; ahora le recato

que en esta ciudad logramos

Vos ser Sol, y yo ciego,

que amante a tus luces bebo,

que es en mi enorme delito

no deciros.

Marcelina.

Ya os entiendo.

Don Guillén.

Que firme os adoro.

Marcelina.

Es desvario

lo que presumis tan presto

de lo que mi fineza os deue.

Don Guillén.

Sola fineza señora,

Marcelina, que del propio

airoso bello desprecio

nacen en mí estas finezas.

Marcelina.

¿Cómo?

Don Guillén.

Conociendo que fueron

para acreditar lo hermoso

bizarro blasón los celos.

Marcelina.

Mientes, que el disimular

hacéis alevosia, y creo

que no lograran, que impidieren

unos brios, que en excessos

de mi deidad que osadia

se rinda a los halagueños

cariños, que con eclipses

de gallardos lucimientos,

y tan culpable rinda

amor, al disimulo ageno

que llegue a ofender, atreuido

con dictámenes groseros,

que quiebre mi respeto

rendida a la fe de lo que deuo.

Don Guillén.

Supo amor daros mi osadia.

Marcelina.

No siruan para aquellos

que en fingida correspondencia,

favores a dos se benden,

(como si en mis finezas,

sin vltraje del intento)

favor alguno lograsteis.

Don Guillén.

¿En qué conoceis mi engaño?

En dejar mi corazon

herido tan sin remedio

que apetezco como aliuio

todo lo que le hiere de nueuo.

(Sale Tambor)

Tambor.

Rompiendo toda la guardia

atropellando porteros,

suspendiendo centinelas,

Pag. 37

Tambor.

Sin magica que la rapaza

a leido mis pensamientos;

tiene espaldita derecha

vuela tras el calcañar.

aquel tupe que la deja,

que me lian el deudo,

Celia.

intento, y locos que malos

partidos.

Tambor.

sino entenderlo

fue gran mal de escaramuza.

Celia.

Pues que quereis decir?

Tambor.

estos

que si a llegar se te viene

todo el cuerpo en compuesto

un Sacristan Vetustino

y un Soldado a lo moderno.

Celia.

no me inclino a los Tambores.

Tambor.

lo reconozca de nuebo

porque siempre las mujeres

sois amigas de andar.

Celia.

que un Tambor a nosotras

no puede ser de probecho.

Tambor.

quien dio boca a la codicia

daras el Diablo sus recuerdos.

Celia.

y digame va de veras?

Tambor.

y a laba vertiendo el cebo

va de veras, viene y va

el cariño, que de tiempo

que nunca repara.

Celia.

nunca?

Tambor.

no, porque sabe el magisterio

que esta beldad efimera

no tiene merecimientos;

yo ansique, prosigo y

mudo a otros pensamientos.

Celia.

mire que es de dos prehetos.

Tambor.

fuerza le sobra el hacerlo,

Celia.

Porque?

Tambor.

Porque los Tambores

no nacimos escuderos;

Celia.

forzoso el agasajo

para hacer mas manifiesto

el cariño con los gustos

que se ofrezcan.

Tambor.

Agradezcolo

que ahora amuzan al picaro

desbocandome adentro.

Celia.

luego en palacio vivis?

por lindos, y presumidos

Tambor.

pues los que somos soldados

nos teneis en menos precio;

Celia.

en eso se reconoce

ser sus estilos groseros.

Tambor.

nosotros sino bien fundados,

porque si pasa del anzuelo

de una mujer algun rico;

se ve, que en vanos extremos

la adorna mas, y la fiesta

con que queda basteciendo

no se los hace al facha.

Celia.

Deis a quien?

Tambor.

a los Pelayos:

y en fin judas no cansarte

por lo que yo me meteria

mas de que te quiero

no hablemos mas en el cuento;

Celia.

buena frialdad es esa.

Tambor.

Somos amores mui frescos;

Celia.

Pues vais con la frescura

a otra parte.

Tambor.

Desde luego;

Pag. 38

Tambor.

Sin mentira que a la rapaza

olvidó mis amonestamientos;

tome el palito y eche a

cuelga para el catalán

aquel, dizque de que loco;

si me sacan en dentro,

Celia.

intento, y locos, que malas

partidas.

Tambor.

sino cantárselo

a un gramatical de secano.

Celia.

Pues qué quiere decir?

Tambor.

esto:

que si a lugar se remite

todo cuanto en un compuesto

un sacristán de teatinos

y un soldado a lo moderno.

Celia.

no me inclino a los tambores

Tambor.

no nosotros de nuevo

porque siempre las mujeres

sois amigas de pandero;

Celia.

y que un tambor a nosotras

de qué puede ser de provecho.

Tambor.

cuando toca a recoger

parece el diablo, y es tremendo,

Celia.

y dígame va de veras?

Tambor.

ya estaba metiendo el cebo

tan de veras tiene y va

el cariño, que te tengo

que nunca reparo.

Celia.

nunca?

Tambor.

no, porque sabe el más necio

que esta beldad enamora

y roba mis miramientos;

yo consiento, y prosigo

Celia.

mire que es alto perchete.

Tambor.

fuera desdicha el hacerlo.

Celia.

Por qué?

Tambor.

Porque los tambores

no nacimos escuderos;

Celia.

es forzoso el apartarlo

para hacer más manifiesto

el cariño con los gustos

que se ofrezcan.

Tambor.

pues de veras

que busco a mi amor aliciente

provocándome a disimulo.

Celia.

los que en palacio vendemos

pretensiones que amor

Tambor.

pues los que somos soldados

tratamos de menor precio;

Celia.

en eso se reconoce

ser sus estilos groseros

Tambor.

nosotros sino bien fundados

porque sépase Palazuela

si a una mujer algecireña,

se ve, que en bandos extremos

trata su amor, las fiestas

con que queda boquiabierto

no se las hace alfabete

Celia.

Pues a quién?

Tambor.

a los peligros;

yo en fin rudo y no causante

por lo que a mí me merezco

me despido que a la y idos

no hablemos más en el cuento;

Celia.

buena frialdad es esa.

Tambor.

somos amores muy frescos;

Celia.

Pues vais con esa frescura

a otra parte.

Tambor.

desde luego;

Pag. 39

Rey don Jaime.

Siempre del leal desvelo

fueron las fuerzas gloriosas.

Sacerdote.

Son, señor, más poderosas

las armas de fe y de celo,

con cuyo auxilio sagrado

el cristiano defendido,

coronas ofrece combatido,

y nunca se verá postrado.

Don Berenguel.

Antes gran Señor en quien

la suma alteza se asienta,

nuestro laurel acrecienta

y victoriosa se ostenta.

Don Guillén.

Quédese remisa envidia

vincula en tan obediente,

llega a ofrecer reverente

su lealtad a vuestros pies.

Rey don Jaime.

La continuada experiencia

de vuestra fidelidad

asegura esa verdad.

Sacerdote.

¡Qué majestuosa prudencia!

Rey don Jaime.

No tengáis por cosa extraña

que al campo os haya llamado;

Don Guillén.

nunca está más bien hallado

mi aliento que en la campaña,

porque el honor es ley

en un pecho generoso

que no deje el vasallo ocioso

la milicia de un rey.

Rey don Jaime.

Pues del contrario a la vista

ya nuestro ejército está,

y pues mi aliento se va

prosiguiendo la conquista,

y quiero que vuestro decoro

previniendo el estrago crudo

se oponga al loco atrevido

al designio del moro.

Don Berenguel.

Los soldados impacientes

están pidiendo acometer.

Sacerdote.

Deseosos de vencer

bárbaros inconvenientes.

Clarín.

Rey don Jaime.

Para tan sagrado pecho

mi afecto este blasón ordena,

venid que marcial sirena

nos llama el son del clarín.

Sacerdote.

Grande novedad previene

este impensado rumor.

Don Berenguel.

Es lisonja al valor

que el pecho católico mantiene.

Don Guillén.

Mientras bárbaro revienta

nuestro esfuerzo infatigable.

Vizconde.

Es presidio inexpugnable

al fuerte que tal fe alienta.

Comendador.

En quien halla resistencia

el ímpetu más furioso.

Sale.

Soldado 1.

Señor, un moro brioso

para entrar pide licencia

a vuestra tienda.

Rey don Jaime.

Es forzoso se conceda,

decid que llegue.

Don Berenguel.

Venid,

nos hará esta embajada.

Sale.

Abencedral.

Invicto rey, a quien da

la fama gloriosa esfera

de la India a la postrera.

Rey don Jaime.

Moro bizarro, qué te agrada.

Abencedral.

Para el que os merezco bien

de llegar. Soy un leal,

el guerrero Abencedral,

noble alcaide de Bairam.

Pag. 40

Abencedral.

que prompto decir intenta

procedido infalible, como bárbaro

propone mi Soberano;

Rey don Jaime.

Dilo pues.

Abencedral.

Escucha atento.

Zaen, que en Denia reina decoroso

a pesar de los hados mas crueles

vive feliz, imperando generoso

guirnalda de los bélicos laureles,

cuyo nombre en corona gloriosa

de nuestra ley afianza en bronces fieles,

sin que destruida rinda su tesoro

del cano tiempo la caduca mano:

Salud por mi te embia, y conociendo

que de alentar tu arrojo no cesa

a seguir el ardor de tanta hazaña

esta dificil imposible empresa

de conquistar la Xativa afanando

sus fuerzas, asi esfuerza, que destreza

que la defienda con tal astucia loca

guarnicion natural de armados re-

ductos, que luzida, y galana,

de tu apurado campo rinde fatiga

al Castillo protervo de Alicante

accion a que el benevolo le obliga

sugiriendo liberal, en quien defiende

la presuncion lisonjera su bajeza

pues tu ley manifiesta su grandeza

en lo que da con suelta franqueza;

el suponer zozobra desecharla,

no puedes ignorar, que republica

asila la falda a la atrevida roca

que incita eloquente al puerto con vista rica,

consagrando al mar aplausos de belona

a sus plantas cortan la indiana rica

cruzando, que naves con campos lison-

jeras sueltan en ribera pletóricas va-

De el las espumas

surcan rexamando envueltos en fatigas

que recatados, que en copiosas sumas

ladrones, y syrenas

y en las naves de emboscadas, y leonas

se amparan, huyendo, huyendo perezosas

burlan de Noto monstruos, y de Euro

por el vago elemento cristalino.

entonces mas floridos horizontes

les ofrezen obedientes, y arreglados

ollando valles, y rompiendo montes

para labrar doscientos mil soldados

que en las fraguas de la tracia, y de bronces

forjan las flechas, de que bien armados

y quienes espantan osadas, en la guerra

al ayre nubes, escandalo a la tierra.

Previniendo el poder mas formidable

para jactancia leal tu arrojo asegurada

el socorro, que envia inexpugnable

la Cordoba de Numidia, y de Granada

sin que dela deidad siempre variable

le asuste al tiempo la temible airada

siendo plausible anuncio, y notoria

del Rey Zaen la inestinguible gloria.

Con la paz te combida, porque adviertas

que si la admites, tuyas feliz parte

pero si desprecíandola despiertas

al fiero adviento rencoroso Marte

abriendo assi de Jano las puertas

fatal guerra publica, inquebrantarte

logrando estragos rigurosos en ti o

los que ahora lisongeas, tendra rayo.

Rey don Jaime.

Dile a tu Rey que reposo

la ignominia, Abencedral

porque ofensa liberal

Pag. 41

Rey don Jaime.

Pero que nada le admita,

Abencedral.

lo será desatinar

su majestuoso poder.

Rey don Jaime.

Como quererle deber

lo que no puedo ganar;

de conquistador le dio

nombre el orbe sin segundo,

y aun es corta empresa el mundo

para conquistarle yo.

Y al valor enoblecido

siempre más crédito ha dado

un castillo conquistado

que todo un reino ofrecido.

Y di que no le embaraza

a mi generoso aliento

tanto repetido acento

de exitrosa amenaza;

y se debe presumir

que en defensa de la fe

basta que yo comience

la fatiga de proseguir.

Don Berenguel.

Si es cierta la potestad

que le encumbra y desvanece

¿para qué dones ofrece

con hipócrita piedad?

Abencedral.

De su rey en la presencia

jamás el vasallo habló.

Rey don Jaime.

A un general puedo yo

conceder esa licencia.

Don Berenguel.

Con ella decirte puedo

que ese pacto indecoroso

Abencedral.

efecto es de lo piadoso.

Don Berenguel.

No, sino efecto del miedo.

Abencedral.

¿Miedo? Cuando su escuadrón

infunde terror, y espanto?

Don Berenguel.

Aun un sermoncillo tanto

nunca le temió Aragón.

Pues en presas y fortunas

de sus bravatas amparando

muchas veces ha elogiado

a los africanos la luna.

Abencedral.

Esto mi rey ha ofrecido

por vuestro subido interés.

Rey don Jaime.

De la fuerza aragonesa

no cabe duda de todo.

Abencedral.

En eso te engañas yerra

cuando de bondadoso necio.

Rey don Jaime.

Pues solamente por eso

quiero que rompa la guerra.

Porque te desengañes donde verás

pues la ventura mayor claramente

solo estriba en el valor,

no en el número de gente.

Abencedral.

Dispuestos los batallones

están para acometer.

Rey don Jaime.

Y a la ilusión de vencer

solo aguardan mis leones.

Abencedral.

Y basta temeridad

llegar a tales extremos.

Todos.

En eso nos prometemos

la mayor felicidad.

Abencedral.

Lamentaréis vuestro estrago.

Rey don Jaime.

Si a su de fe los abrasa.

Vase.

Abencedral.

Pues veréis que presto pasa

a ejecución el amago.

Don Berenguel.

Desairado el moro vuelve

a presencia de Zaén.

Rey don Jaime.

Prontas las armas estén

por si acaso se resuelve

a presentar la batalla.

Pag. 42

Don Berenguel.

el combate esperando

el menor sitio ocupando

nuestro ejército se halla.

Rey don Jaime.

Cautelosos pensamientos

tienen.

Don Berenguel.

Briosos están

Alférez, y Capitán

ofreciendo movimientos.

Sacerdote.

Por obligación los toca,

desvelo tan Religioso,

pues trono a la fe glorioso

tiene su fineza Daroca.

Rey don Jaime.

Capellán, vuestra oración

sea nuestro firme muro.

Sacerdote.

Irá la campaña seguro

de el Católico blasón.

Pues al fin logra vencer,

por su abono Soberano,

pues no da el poder humano

contra el divino poder.

Sale Tamb.

Tambor.

Milagro es, que entre esforzados

haya escapado con vida,

pues su rabia enfurecida

iba echando por esos cerros;

Rey don Jaime.

¿Qué traes Tambor?

Tambor.

Testimonios

desta canalla pagana,

que en algazara importuna

vuelan a los mil demonios,

y si huyen a los pies, no a espaldas,

ya se tuvieran, hubieran sido

en el camino castigo

y en la campaña estrago.

Rey don Jaime.

No quede disimulada

la ira, que más viene.

Sale Cap.

Capitán.

Toda la Morisma viene

con soberbia singular

contra nosotros;

Salid

a rebatir su osadía

esforzosos;

Don Berenguel.

llegó el día,

de vencer o de morir;

Don Guillén.

el triunfo mayor se encierra

en el feliz suceso de esta suerte

Sacerdote.

Corona será laudable

Dentro Unos.

Unos.

Arma, arma.

Dentro Otros.

Otros.

Guerra, guerra.

Rey don Jaime.

Cielos, socorrednos;

el campo aprestan y se ve la batalla

Don Berenguel.

si nuestro laurel coronase el hado

Todos.

a ellos.

Don Berenguel.

Acometemos

con valor que al mundo asombre

la fiera turba enemiga

experimentando el castigo

Sacerdote.

Dios con nosotros no obre;

Abencedral.

Cristianos sangre

incendia.

Don Berenguel.

a su atrevimiento

dará triste escarmiento

la floresta.

Unos.

Guerra.

Otros.

Guerra.

Zaén.

Aguarde vuestro valor

Tambor.

No os queden detrás señor.

que el estruendo del tambor

pueda asordar los aires hoy

cada punto viene a esto

que medrosa se asoma

Unos.

Al valor de la Corona

Otros.

Al Católico Reino invicto

Don Guillén.

grande ventada se advierte.

Pag. 43

Todos.

En el Cristiano escuadron

Santiago invicto Patron.

Por lo alto Santiago en un caballo armado, y con lanza

Santiago.

Y el contrario herir.

Rey don Jaime.

Esta voz vence al desmayo.

Zaén.

Brazo de Ala poderoso

fuerte el golpe riguroso,

vibraste contra mi el Rayo.

Santiago.

Y asi quedan aqui castigados

los barbaros sarracenos

Zaén.

Ya mi brio se rinde.

Vase.

Don Guillén.

Toda la esquadra enemiga

huyendo va.

Rey don Jaime.

Y a sus alcances voy

los persigo.

Sacerdote.

Cesse la ira,

indulto.

Don Berenguel.

La Imperial Potestad,

que blasona esclama victoria.

Tambor.

Y este mundo cansado

de matanza tan horrenda.

Sacerdote.

Sangrienta fue la contienda.

Tambor.

Triste, y quedo escaldado.

Salen rindiendo con las armas al Rey Zaen y Abulamelet y los demas Moros

Vizconde.

Rinde el Moro

el sobervio

la indomita cerviz

postrado a las Reales plantas

al Rey Zaen con los suyos.

Rey don Jaime.

Captivos de tal esfera,

quedan a mi estimacion.

Sacerdote.

Que heroica compasion!

Tambor.

Y que maldita prision.

Yo llebo estos Morillos

todos amarrados

alli lleba el Sacerdote

los corporales por monaguillos.

Rey don Jaime.

Venid, y con tanta gloria,

a Dios gracias hoy rindamos

pues nos dio la victoria.

Sacerdote.

Y al sacro templo vayamos.

Todos.

Muera la secta Agarena,

la ley Catholica viva.

Cajas y clarin.

Fin.

Jornada tercera

Pag. 44

Cruz en la parte superior central

Salen don Berenguel, don Guillén, el Sacerdote, y Tambor

Don Berenguel.

Pues la partida forzosa

de nuestro monarca invicto

a Mompeller, es la causa

de que se suspenda el sitio

con que a Játiva amenaza,

previniendo en vaticinios

gloriosamente triunfantes

sus fatales parasismos;

para refrenar el loco

bárbaro aliento atrevido

de Zaén, que la soberbia

aumenta en los precipicios

dificultades venciendo

en el horror del peligro

porque quede más seguro

de la victoria el camino

quitar el inconveniente

más difícil solicito,

cercando ese agigantado

inexpugnable edificio

que hacen rocas naturales

artificial bélico,

ese padrastro de gloria

castillo fuerte de Chío,

donde Zucalbierez abriga

de su furor los designios.

Y aunque en la ruina triste

de desechos desvanecidos

ofrezca escarmiento al mundo

fiel escarmiento a los siglos.

Don Guillén.

De pertrechos militares

Pag. 45

Don Guillén.

está tan fortalecido,

que es obstáculo formidable

a la vista.

Don Berenguel.

Son los bríos

de España, fogosos rayos

que de baldones despechados

de la nube del enojo

con ímpetu enfurecido

donde hay mayor resistencia

allí hieren más activos.

Sacerdote.

Como llevan nuestras tropas

por heroico caudillo

la fe, cuyas luces puras

con esplendores divinos

en el católico pecho

forman trono peregrino,

ya es esfuerzo generoso

el aliento más remiso.

Tambor.

Y yo solo soy tan fuerte

si en la pelea me excito

no solo para vencerles,

sino, sin mucho ruido,

para comerle por sopa.

Sacerdote.

¿Qué dice?

Tambor.

Lo dicho dicho.

Y castillos dos a tres

engulliré, sin perjuicio

de otro avestruz racional.

Sacerdote.

Advierta que eso es delirio.

Tambor.

Para que vea que es fácil

el conseguir lo que digo

entregando los ochavos

me tragaré los castillos.

Don Berenguel.

Reconociendo que el moro

cruel como vengativo

querrá borrar la ignominia

del padrón que en los dominios

de Flora metió tanto

que glorioso esmalte vertido.

Donde, cercano monte,

de que leal el gran teatro

duran amenidades

para coronarle a un pino

Luego el ejército todo

con tal orden repartido

que en la quietud que advierten

del fiero laberinto,

por todas partes estorben

los pasos al enemigo.

Salen el Comendador, Capitán y Alférez.

Don Guillén.

La caballería ocupa

con guerreros hijosdalgo,

que en los cristales del Cinca

bebieron feroces motivos,

la falda, que soberbios montes

al valle tendieron descuidos,

atrevidos, con las armas

y coronados por los riscos.

La infantería guarnece

todo el recinto del foso

en ataques y fortines,

con soldados prevenidos

a los embates del hado,

y a los amagos del tiro.

Tambor.

En fin son aragoneses,

y tienen humos tan lindos,

que están siempre bien hallados

en donde están más perdidos.

Y a mí me toca, y me atañe

por carga de los oficios

Sacerdote.

¿Qué le toca?

Tambor.

Hacer,

Pag. 46

Foliación manuscrita: 100

Tambor.

que dancen estos malditos

y al son con que yo les toque,

pues le encumbre arrastrado

al Ser. Tambor tocado

y al sacristán lo han de dar

sabiendo estos vizcaínos;

Sacerdote.

no duden

Tambor.

y siempre e oído

que gastan bien de barriga.

Sacerdote.

¿qué deja?

Tambor.

digo a los

hacia a este deudo

pues enfada el picadillo,

Don Berenguel.

¡aliento varonil!

Tambor.

estando

cercado para imaginar

que a los moros acometa,

pues anoche entregado

teniendo por cierto que

le acometo, enfurecido

con un gruñido y tan fuerte

que me destine a un bolillo.

Don Berenguel.

para más seguridad.

y desvanecer su error

el Vizconde de Cardona

y Comendador unirlos

recorren las trincheras

del valle de Albaida, luciendo

de la sangrienta rüina,

sacando al tiempo mismo

las escuadras de Marruecos

desafían por el ancho

las indecisas cautelas

de tan rudo enemigo.

Don Guillén.

temerario es, y arrojado.

Sacerdote.

quien se opone inadvertido

al riesgo tan porfiado

por el más prudente juicio

su desgracia se acerca;

Tambor.

no ellos pueden decirlo

pues siempre van despechados

encargados de fingirlo.

Vizconde.

todo el contorno del monte salen a

cercar ficabantes moriscos,

Comendador.

de modo, que si no está en

mí, con el conflicto del Comendador

ble león; que le impide

el socorro!

Capitán.

repartido

de blasones en el monte salen

consigo; por el bello uno, y el

de Acafalafia, que la nuez

amaga a un tiempo mismo.

nidos nos tiene.

Alférez.

y priva

en el concierto crecido

de las escuadras, que formen

un muro tan bello

de poder hallar el nudo,

de la ocasión el arbitrio;

Don Berenguel.

poco importa que el aspecto

del hado biroque esparza

nos asuste inaudito,

o nos amenace impío,

pues los leones generosos

cuando están más oprimidos

del lazo, en que incautamente

les aprisionó el destino

cobran más valerosos

fuerzas de lo cautivo

con que bramea, y ladea

esgrimen enfurecidos

las incontrastables armas

de la garra, y el bramido.

Pag. 47

Folio 44

Sacerdote.

Señor con el Real profeta

David, con pecho Intranquilo

en tan reñida contienda

solo de Dios el alivio

esperemos; pues el espanto

cuando deja

a los montes Gigantes

mudos, con lo indeciso

de ignorar, de que ganancia

podra venirnos el auxilio;

y en cuya indecisa repulsa

medita, que el Patrocinio

nuevamente aguardar debo

de aquel Señor Infinito

que juzgador absoluto

del cielo y la tierra hizo.

Don Berenguel.

De vuestro celoso cuidado

dictamen la regla sigo,

y en la proteccion divina

ya de su favor confio.

Tambor.

En fin nos cuesta la defensa?

Sacerdote.

Vencerla a dudo pienso

el que estado poderoso;

Tambor.

y en medio de ranzelillo metido?

Don Berenguel.

Si podremos libertar,

Tambor.

con nuestro Patrocinio?

Sacerdote.

con que?

Tambor.

con que no caigamos,

aquel proverbio latino

que dice, si no me engaño

que los que en medio asistimos

somos la peor ventura,

y los del cerco los dueños

Sacerdote.

de que lo infieres?

Tambor.

del texto

sin evidencia crecida,

pues con estar nos vinieron

en medio con el rebote.

Don Berenguel.

y as de a fuerza morir.

o vencer.

Tambor.

el refrancillo

de a los moros mas ganancia

os dé el cielo cumplido.

Sacerdote.

el que muriese en defensa

de los Catolicos ritos,

lograra palma de Martir,

Tambor.

y el que saliere vivo?

Don Berenguel.

de que?

Tambor.

de llegar a ser,

del flos santorum vecino.

Sacerdote.

motivo constante?

Tambor.

Padre,

los que en Daroca nacimos

siempre pretendemos ser,

antes muertos, que vencidos;

Don Berenguel.

el varonil esfuerzo

en esa ley

Tambor.

y aca quedo dudoso

que no siendo yo aragonés,

y que me acobardo, me asombro

huir de loca hazaña

se glorioso, se fuerte

y si del chasco quedo alegre

el vivir, o ahorcarme

solo por ganar martirio.

Don Berenguel.

nobles espiritus heroicos

muestren pechos animados

que el esplendor de la fe

asilo fabrica digno

de los muros conque postra

densos vapores nocivos

y alegre el dia dichoso

Pag. 48

Don Berenguel.

enque vuestro nombre escrito

quede en bronces de la fama

direccion, senda, vestigio

a el mas perspicaz discurso

de libertarla, y pues fuimos

en los pasados combates

los que contra los inicuos

sarracenos, animosos

dandoles fieros rebatos

oi, que el ceño de la suerte

retirandose a lo propicio

a dado a nuestros animos

de la estimacion el sitio

no sea bien, que se malogren

acuerdos de mis desvelos

que cobardes desmintamos

aquel heroico instinto

aliento de los principios

y a advertir, que el valor nuestro

casi en numero infinito

que en los casos mas arduos

se arrojaron a los peligros

y hacen para los siglos

los laureles mas crecidos:

ley, Rey, y Patria nos llaman

con eficaces motivos

a obrar ilustres empleos

y almas de grandes designios.

no ai que desmayar, pues llevan

nuestras armas por asilo

de Jesus, y de Maria;

(blason Catholico antiguo)

los dos dulcisimos nombres.

que alaba apacible el Cielo

reverente venera el mundo

y triste tiembla el Abismo;

y pues la sabiduria,

infinita, a permitido

para mayor gloria suya.

este impensado conflicto

con esta nacion humilde,

entre infieles feroces

hagamos de nuestra vida

victima, que agradable efecto

del debido honor de Dios,

porque humille el abismo

a el soberbio y fiero monstruo.

Sacerdote.

Varones charitativos:

pero porque somos hombres

fragiles, y quebradizos

y azemos con graves culpas

a este señor ofendido

para aplacar sus rigores

y hallarle clemente benigno

es fuerza que las conciencias

purifiquemos contritos

hallandose en el sacramento

de la penitencia unidos

la sagrada tabla, en que

libres de los precipicios

del original naufragio

logramos puerto tranquilo.

para que se determine

la victoria, al conseguirlo.

asi que el Padre del dia

dejando el lecho umbrio

en corona de centellas

ilumine el polo indio

yo dare, en nombre de todos

Pag. 49

Don Guillén.

corazón herido,

la sagrada Eucaristía

recibiremos rendidos

porque con fervor tan tierno

en tal acción determino

que nuestro ejemplo mueva

a amansar el rigor vivo.

Sacerdote.

Seis formas consagraré

para que fortalecidos

con tan divino alimento

consigáis el beneficio

de la soberana gracia,

y pues es un purísimo centro

del alma, y para que en todos

crezca el amor, y el respeto

y el verdadero dolor

y firme deseo de ser

buenos, ya con ansia mucha.

Y pues pocos los ministros

somos, los que asistís

seis almas, valerosos;

con la piedad, que os encargo

y en secreto pontificio

los absolveré; y quedando

de toda malicia limpios

podréis conseguir la lid

y acometer advertidos

de que nuestra constancia

pide a Dios la consiga.

Don Guillén.

Santo es el fervor solo

con que a su piedad aspiro

la fe, que adoro salamandra

en su volcán encendido.

Todos.

Morir será nuestra gloria

y el padecer nuestro alivio.

Sacerdote.

¡Oh cristiana firmeza!

Fiad en Dios, que propicio

Pag. 50

Don Berenguel.

en nuestro nido atrevidos

Tambor.

y este Aragon, vencedor

valerosas embestidas

porque en armas fieras deje

nota habida o conocida

Váyanse, y sale Zaén, Abencedral y Moros.

Zaén.

Que perezosa la noche

del caos entenebrecido

envio el aterado velo

para que en flamantes giros

libre ilustrase al sol

tan obscuro laberinto.

pues del pielago, undoso

saca sus caballos tintos

para seguir la carrera

providencial; que previno

con pausado movimiento

en los orbes de zafiros.

que ejercito infelice.

de mil pesados rigores

experimente el castigo.

Abencedral.

Tan alborotados gimen

la desgracia los ánimos

que de su tragedia infausta

en el silencio es indicio.

Zaén.

Si viendo de la altivez

el vuelo tan abatido

que solo encuentra ignominias

donde hallaba sus glorias; que se aja

y postra, que la engreída

luna de su bello hemisfero

llena de asombros encubierta

de sus pasos el archivo

es imposible, que tocado

en el punto de los agravios

no prorrumpa en engendros

de locura, o del delirio.

Abencedral.

la felicidad pasada

deja quejas, da incentivo

a aventurar a lo osado

Zaén.

con la sombra

de su memoria, me irrito

con ira, que en mi concibo

con furor sangriento astuto

que difundiendo el veneno

que por los ojos despido

en la accion, de mis aceros

seré arbitro de su estrago:

yo no se que prevengo

en el ahogo expiro

no sé donde cobro aliento

fuerte, que engendra, designios,

vivo el fuego y el anhelo

centro de este deposito

para encender la venganza

las centellas, que respiro.

que ardiente llama del asombro

por el despeño abatido

en que hidalgo refugio

se sacie entre aleve sangre.

de mi braveza el cuchillo.

y al tiempo, que de sus furias

Pag. 51

Don Berenguel.

envanecida de arbitrios

Tambor.

y esta aragonesa bizarra

valerosa demostración,

porque en materias de fe

no ha de haber ponderación.

Vase, y sale Zaén, Abencedral y Moros.

Zaén.

¡Qué perezosa la noche

del caos entenebrecido

no desata el denso velo,

para que en llamas de giros

libre el Éufrates arda!

Pero obscuro laberinto

puesto del yelo, dudoso

pisa sus escollos ciegos,

para seguir la carrera

providencial; que parece

suspendido su decurso

en los orbes de zafiro.

¡Qué ejército infelice

de mil partidos rigores

experimenta el castigo!

Abencedral.

Tan acobardados gimen

la desgracia del oprobio

que luto trágico infausto

en el silencio el ruido.

Zaén.

Si viera de la albañega

el buitre tan abatido

que solo encuentra ignominias

donde halla su gloria y queja;

y sombra, que la angustia

de su soberbia el olvido.

Mira, mancebo, al oriente

de sus despojos archivo.

Es imposible que toquen

sus perturbados arbitrios

en promesas de venganza,

locura o del delirio.

Abencedral.

La felicidad pasada

siempre es incentivo

a los osados.

Zaén.

Con la fúnebre sombra

de su memoria, me irrito.

De modo, que envuelto el ceño,

con sanguinolento instinto

racional sangriento astuto

ponzoñoso basilisco,

que difundiendo el veneno

que por los ojos despida

mortal la acción, al mirarlos

con queja de su albedrío;

¡y qué amargura que tienen

al exprimir el suspiro

mas donde sobre sus pechos

juegan, que engendran suspiros!

¡Viva Alá, y de mi enojo

centro de este depósito

para encender la venganza

las centellas que respiro!

¡Que al desdén donde yace

por el despecho abatido,

triste de ver sus cenizas

en que hidrópico sediento

se sacie en su aleve sangre,

desmintiendo el cuchillo,

y al tiempo, que de sus furias

Pag. 52

Son

Sacerdote.

tan espeso se derrama

el congelado granizo

como de piedra y flechas

en envueltos ñublados

violentas chispas arrojan

los acerados pertrechos

corta, que la mano arrastra

o tras el arco torcido

tomad las armas, y el fuerte

escudo embrazad, y animo

salid campeón valeroso

a socorrerles benigno.

Caja y Clarín

Don Berenguel.

Cathólicos españoles

alarma, que propicio

el Cielo nos favorece.

Zaén.

Hagarenos, pues rendido

va el ejército contrario

guerra, (Todos) guerra

Incienso

Sacerdote.

qué animo

el superior esfuerzo

con insuperable brío

el general los alienta

mostrando a los aborrecidos

llenos de infernales penas

las vidas, de los que ciegos

rompieran arrogantes

en dulces blandos letargos;

si Gedeón alcanzó

el trofeo esclarecido

de los hijos de Madián

y Amalec, siendo el indicio

de ser de vuestra presencia

aceptable sacrificio

el vellocino bañado

con el celeste rocío,

este Gedeón cristiano

los Mahometanos vestigios

destruía, pues hoy denota

el primero el triunfo suyo.

deste Augusto Sacramento

el Sagrado Vellocino

inmaculado cordero

que del mundo los delitos

quita y comunica gracia

con favores divinos.

Repara en el gran Josué

hizo seña al firmamento

laurel publicando glorias

que le dieron abatidos

cinco Reyes Amorreos

cuyo invicto

coronado Monarca

detuvo del continuo

movimiento el veloz curso

que parara el gran Josué

de tan alta memoria digno.

qué mucho, que cuando vos

ilustráis este distrito

hermoso Sol de Justicia

de ocaso, sin parar, términos

el victorioso valiente

y prevenga lo tranquilo

Este que de vuestro pueblo

es general, y caudillo.

y para que no desmaye

el embate descompasado

en su presencia animoso

fiándose que le asisten

escuadrones de atrevidos

moros, que ciegos procuran

daros para el precipicio

lazos para el precipicio

debiendo tolerarlos

nota que en el conflicto

toda la innumerable

vuestro celo lo ha obrado

vuestro honor resplandece

y así es razón que aplaudida

Pag. 53

Todos.

con los ecos de la fama,

de estos cinco, ¡hebreos!

que fueron de los llamados

y son de los escogidos.

Salen todos.

Don Berenguel.

¡Victoria, por la fe santa!

¡viva en dulce patrocinio

las llamas inextinguibles!

Don Guillén.

¡Victoria, victoria!

Todos.

en fuertes gritos

todos de victoria dicen

y ninguno baja al pecho.

Sacerdote.

Bendito Señor,

que su poder peregrino

manifiesta en vuestro brazo.

Don Berenguel.

ya de cadáveres fríos

es teatro lastimoso

el campo.

Don Guillén.

que ha conseguido

más carmesíes de esmeraldas

de aliento que ya encendió.

Vizconde.

los que con vida quedaron

desbaratados huyeron.

Comendador.

de los nuestros

los muertos, y los heridos.

Capitán.

no dando los encendidos

pedernales defendido

Alférez.

y quedan llenos,

de cruces formados, y ha ido.

Abulamelet.

Mahoma deba tan grandes

y repetidas perdidas

yo vuestra fe confieso

en verdad.

Tambor.

Murió

estotro de despeñera feroz

al infierno.

Sacerdote.

¿pues qué hizo?

Tambor.

que de los golpes llevados

reventó el necio

y habrá obrado un milagro

Sacerdote.

¿Milagro?

Cor.

Tambor.

y sin desatino

un morazo corcovado

derecho a mí se vino

y yo al verle le he pegado

de roble. Por la torcida

cuesta bajaba, le di

dely, y Hernando chialy

que idiendo en su espaldy

de un navajazo cortó

quitándole la corcova

haciéndole como un pino.

Sale un soldado que avisa.

Don Berenguel.

Supuesto

le doy de agradecido,

¿qué hago? y al cielo alabar

que oye tantos beneficios

moros y cristianos.

Sacerdote.

Llegaos

con corazón puro, y limpio

a recibir aquel pan

de los ángeles, que guardo

haciendo cristalino albergue

majestuoso de su rico

y omnipotente auxilio, a

Don Berenguel.

a cogerle vuestro pecho

concedo, me dé de nuevo.

Todos.

y

sus luces por norte seguimos.

andando por una puerta y salen por otra.

Sacerdote.

pues venid a ser humildes

al lugar feliz, que asido

de tan peregrina perla

vistoso nácar subido.

Don Berenguel.

vuestros pasos nuestra guía

sean.

Tambor.

y del monaguillo

que el alarde de llevar

querrán responde a lo ladino.

Abre el Sacerdote a la caja.

Sacerdote.

Mira esta inmersión, en donde

depósito mi cariño

el más precioso tesoro

del cielo, pero que dimos

Pag. 54

Sacerdote.

de suave acorde armonía,

por el diáfano destierro

so el dulcísimo embeleso

las potencias, y sentidos?

Rey don Jaime.

Cómo se descubre Dios

sacramentado, ¡qué asombro!,

que el órgano, y chirimía

reemplazan los angelitos.

Sacerdote.

Todo es gloria que rebosa.

Don Berenguel.

Todo es luz que absorto registro.

Don Guillén.

Todo es dicha que altivo toco.

Todos.

Todo es asombro, y prodigio.

Sacerdote.

Mortales que nuestro manso Jesús

con veneración, y pasmo

no véis como devotos

del lienzo exornado armiño,

que con rutilantes arreboles

con corales vestido

es corazón, y esmalte,

a fálida heroica de Tiro?

Cuando las sacramentales

especies, con invencible

portento, hoy se ostentan,

sin confusión de las tres,

de la total Humanidad, y Forma,

el orden inmenso inmenso

y con inefable suspiro

nos las dio el cielo, y el cielo!

Levantan la losa, se oye música, y de entre las peñas, sale una con trono de gloria, y en medio los corporales, estendidos en la forma que de sangre se reconozcan.

Don Berenguel.

¡Qué ventura!

Don Guillén.

¡Y qué grandeza!

Todos.

¡Qué dulce amoroso hechizo!

Músicos.

Mortales dichosos

que tenéis inmerecido

engrandecido el celo

que abrasa, y fino

de la gloria del misterio amoroso

que hace el tierno dulce imperio.

Todos.

Bendecid, y alabad su poder infinito.

Sea su nombre alabado

Por eternidad de siglos.

Rey don Jaime.

Amén, y quien no dijere

que este es el cuerpo de Cristo

Dios, y hombre verdadero

sea al instante maldito.

Abulamelet.

Yo lo confieso, y aunque he

sido el bárbaro pagano

Sacerdote.

De sacramento tan grande

yo te ofrezco ser ministro.

Rey don Jaime.

Para que mi pecho aprenda

logre mi fe el catecismo

al punto que quede borrado

el error de mi pecado,

aunque ciego fuiste necio

aplicada empiece el bautismo

Sacerdote.

Llegaos al crisma

Rey don Jaime.

Pues para que

no se oculte a los siglos

el tesoro que yo hallo

y el ardiente celo infinito

que quiero que abrigue el alma

viva de hoy más en mi reino.

Don Guillén.

Para que la adoración

de tan sin par misterio

unánime rinda culto

repita la voz sagrada

al misterio benditísimo

y a bien, que se traslade

a Valencia, cuyo solo digno

de la Majestad, y trono

de los fértiles dominios

que el turco en sus faldas baña

le adorna corona, y fondo.

Vizconde.

De justicia pertenece

a Teruel, pues con invicto

valor la furia enemiga

lanzó al atrevido

que de su desgracia alarde

llamar al clarín se ha visto,

Pag. 55

Vizconde.

cuando el tratado el del Moro

se desvanece marchito.

Comendador.

De maravilla excelsa

por justísimos motivos

se desatará la boca.

pues en bélicos conflictos

nos sirvió generosa

con caudales muy crecidos

para alentar los progresos

del militar ejercicio.

Capitán.

Para que sea Daroca

depósito sacrosanto

de tan celestial riqueza

por su derecho benignos

alegan celo, y honra

de Dios, que con tales medios

su pureza acrisolada

el esplendor primitivo

Don Berenguel.

Para que cese entre todos

debate amoroso, y ciego,

la sagrada competencia

Una mula de recua

mansa, que en estos distritos

ni al cabestro sea buscada

ni oiga estampa de vestigios;

y puesta en ella la rica

preciosa carga, en que el lino

y pan, que descendió del cielo

halle custodia, y adviértalos

aquel bajel animado

a los soplos del camino

la entregaremos, sin que

lleve por rumbos directos

ni dirección de piloto

ni para obviar desvíos

de el gobernalle del freno

los silenciosos asilos,

con anhelo infatigable

devotos, que a su auxilio

los acudimos, rindiendo

homenajes presurosos

postrándonos donde hay

allí es evidente signo

que asiste Señor Soberano

de los hombres y con los hombres

quiere gozar sus delicias

repartiendo beneficios.

¿Qué decís en aquesto?

Todos.

En ello concordes somos.

Tambor.

de estar siguiendo un bando

lo que en tierra conseguimos.

Don Berenguel.

Pues venerable Rector,

solo vos tenéis exento

por la potestad sagrada

de el Sacerdocio, el permiso

para tocar esta prenda.

descubridla.

Sacerdote.

Aunque sea indigno

humillado

sin temeridad, pues miro

que a otra fortuna clara,

Reverencia, aunque vestido

de celo, de Sacerdotes

experimento castigo

de su funesto, amago

la pureza al fin transijo

valerosa, resolvida

asalto tan peregrino

que logre de tan sagrado

medio llegar a su alivio.

en vuestra voluntad santa

sumo Dios me resigno

y obedeceros firme

es el solo anhelo mío.

Don Berenguel.

aunque el rico despojo

justamente repartido

entre los soldados quede,

Pag. 56

Don Berenguel.

con rebeldisimo equilibrio

nos perdonemos,

Tambor.

cuidado,

que aqui por doblado oficio

de avisarme, y Tambor

vuelvo a daros el partido.

Sacerdote.

Pues Señor, ha concedido

a las Catolicas armas

Para que ya sin peligros

las libremos; a pesar

de sangrientos enemigos

los Montes, dejemos Todos

tan graves, como fastidios

Todos.

que engrandecido

aclamado al caballo, y caballero

vuelva a su sangre envanecido.

Vanse ocultándose todos y salen la Reina y las Damas.

Doña Violante.

Conque hermosa Berenguela

vistosamente lozano

se adorna de estos vergeles

el bello florido espacio.

Marcelina.

hechizo de los sentidos

es su delicioso ornato.

Berenguela.

aqui la naturaleza

en Majestuoso Teatro

a pesar del caduco

representa lo bizarro

Celia.

y que estan tan zafiros

los infames africanos

que me admira, porque

corta causa enfado

que cualquiera de los asiduos

se atreva mas que Lyaco.

Doña Violante.

Aunque la fiereza ardiente

con funestos presagios

tenga borrascosos

de los soplos soberanos

engendre zozobra el aliento

en mi siensia, Leal desmaia;

luego que en estos perfiles

la misma sosegada

mi ventura, quedaba seguro

celosa de estar trocando

el rigor audaz y duro

Marcelina.

Providencia fue del cielo

que de los Indios tiranos

te libertase.

Berenguela.

esa es gloria

que inmortaliza el aplauso

y lo pudo conseguir

de Don Jaime invicto el brazo.

Clarin.

Doña Violante.

Como es la fe la que alienta

de su espiritu gallardo

las nobles ansias, que aspiran

a ensalzar, el Soberano

nombre de Cristo. que mucho

que de todos sus contrarios celebre, paloma

victoria consigan

siendo por mayor Lucero

del reino de Dios el celo

termino feliz sagrado.

pero que festiva salva

es esta?

Marcelina.

en acentos varios

alborozada la plebe

viva, dice

Berenguela.

hazaña y espanto

de sus enemigos, viva

de laureles coronado

nuestro Monarca invencible.

Sale el Rey, y acompañamiento.

Doña Violante.

ya de los fieles vasallos

la fineza, que de el pecho

habeis conocido el labio.

avisa en aclamaciones

que llega mi esposo.

Rey don Jaime.

dando

el mas Veloz movimiento

imagino mi cuidado

Violante hermosa, al vuestro

Pag. 57

Rey don Jaime.

de tus peregrinos rayos

abrasada mariposa

de amor precioso holocausto.

Doña Violante.

En hora dichosa sean

reyes, tranquilo mis brazos

donde corone himeneo,

el triunfo más elevado.

Rey don Jaime.

Ya en vos, Reina, queda todo

pacífico y sosegado.

Doña Violante.

Vuestra Majestad el Rey

en las batallas

(Salen don Berenguel, don Guillén, Vizconde y acompañamiento.)

Rey don Jaime.

Milagros

todas las serenidades

son de la divina mano;

a quien por favorecido

me ves tan obligado.

Don Berenguel.

A las de mi debida lealtad

Monarca augusto, el suelo

a tus plantas, que vuestro

engreído, dicha, y desengaño

tienen para glorias de centellas.

Todos.

A tu respeto se humillan.

Rey don Jaime.

Alzad, campeones valientes

en cuyos brazos afianzo

la sólida permanencia

del católico reinado.

Y en quien halla el sarraceno

castigo para estragos.

Don Berenguel.

Si mis prevenciones, cuando

lamente el inopinado

misterio, para rendirle

coligies, invicto campeón

de tus lábiles luces

los resplandores bastardos.

Rey don Jaime.

Muchos favores debo al cielo

Don Berenguel.

A él más, y a una ruda

debador, y por corona

debe ponerse el guarismo

seste conseguido aplauso

Desde que ese tachonado

globo de ardientes zafiros

viva centella vibrando

con armonioso movible

orden de signos, y astros.

Rey don Jaime.

Tan grande fue la victoria?

Don Berenguel.

Si del prodigioso caso

la gran verdad noticia

de ti; yo con batano

concluyo, lo que en de civilo

se ladran.

Rey don Jaime.

Ya lo consiento;

y rinde a quedo que los triunfos

recaudigen duplicados;

rindiendo reverencia

al vencedor por el labio

y el invicto general

al modo del afrentos.

Don Berenguel.

Pues atended

Rey don Jaime.

Ya vos escucho

mis dichas anticipando.

Don Berenguel.

Goce, Rey don Jaime glorioso,

que en estrechísimo lazo

con la beldad de Violante

del amor más puro, y casto

los premios logre, aunque

del tiempo prolijos lustros

la tea nupcial apaguen

luces divina, imitando

al Valenciano portento

de Arabia ave solitaria

en aromática pira

de cinamomo, y acanto

donde renace a otra nueva

vida, de sus cenizas,

nuestra fénix soberana,

un valle, tan adornado

de naturales primores,

que se aplauden tributarios

a los pensiles de Chipre

y de Tesalia los campos:

como amena deliciosa

Pag. 58

Don Berenguel.

En circunferencia, formado

vuestro ejército marchaba,

a quitar el embarazo

de la altiva arquitectura

con que soberbio, y ufano

dicho el castillo intenta

escalar inanimado

gigante de piedra, el muro

de ese diafano palacio,

para hacer mas feliz

nuestro designio: ocupamos

las llanuras, y eminencias

de un monte inculto, cercano

a Luchent, que llama el vulgo

el uche del sol; logrando

en su oculta atalaya

ser cada individuo un Argos

que registra movimientos

hasta que los sobresaltos;

con militares alardes

de belicos aparatos

las machinas se anuncian.

Valerosamente, cuando

funesto aviso el mensagero

llegó, diciendo infausto

que de esquadras sarracenas

estabamos tan sitiados

que solo abria el peligro

la puerta, para el agravio.

Pronto intrepido el invicto

Jefe, y esperanza armado

hizo en mi pecho animoso

dulce lisonja el quebranto.

manda los esquadrones

llegar, y con celo Santo

Catholicamente cuerdo

previene, que los soldados

hagan firme fortaleza

de su teson, para resguardo

en el Sacro Sacramento

de la penitencia; y pio

manda tambien, que en la Misa

los seis principales cabos

la Sagrada Eucaristia

recibiesemos; de mano

del Capellan venerable;

de este modo asegurando

lograr auxilios divinos

para que ayuden humanos;

Perezosa iba la noche

recogiendo el negro manto

que texio de briznas turbias

y sombras tenebroso caho;

y el tiempo, que fiel prudente

cobraba hechuras, que formaron

de las nubes, y el ayre

nieve, y escarcha, que el llano

oculto: ya se levanta

la aurora; desvaneciendo

con la risa de sus luces,

el pavor de un asombro;

devotamente asistimos

al incruento elevado

sacrificio, y quedando todos

esparcidos, considerando

de Misterio tan Supremo

los prodigiosos arcanos,

al llegar el Sacerdote

a aquel tremendo acto

de anunciar paz, fervoroso

al ejército, postrado:

la barbara muchedumbre

con estruendo, que alteraron

de atabales los ayres,

pone confuso espanto

las mortiferas armas

del Africano, respiraron

alentando los caballos;

hizo entonces animado

de los adictos vasallos,

del zelo de Dios; llevando

en el corazon fraguado

Pag. 59

Don Berenguel.

y a las voces que daban llenos

de Jesús, y de María

los dos nombres sacrosantos,

dudosos los resistimos;

y encontramos varios

espesas flechas, y lanzas,

astiles, dardos, y chuzos,

que formaron bastarda nube

en el elemento vago.

Tres horas duró el sangriento

combate, y ganado le traemos,

donde faltó el escarmiento

y de toda nuestra vida el blanco;

el cielo declaró el triunfo

por nosotros, rubricando

con su sangre

en ardiendo, guiar a mi ciego

espíritu cada cual, señor,

felices vaticinios

que coronan de comunión

industrias de tanto aplauso.

Y para mostraros todos

¡oh, jove rancio, sudor grato!

roguemos al sacerdote

que piadosamente franco

nos diese la consagración;

y a su efecto guiados

al llegar, en que oculto

religiosamente el paño

las tres consagradas formas

para acabar de viciar

(afecto cruel de aleve

furia sarracénica insana)

abatió los botes, losa

que de tesoro tan alto

buril natural, perfecto,

hizo nuestro tabernáculo;

vimos, ¡qué admiraciones!

que todo el campo tendido

de los santos corporales,

cuyo raro equivoquismo

estaba suspendido

en matices que robaron

al nácar más subido

luces concha el ornato;

competencias a las rosas

y todos se suscitaron

refiriendo ocasión

del amor en los amados

por la posesión dichosa

dividimos alegatos;

pero yo que advertía

con su eficacia, inspirado

del cielo, que fue divina

voluntad, el ampararnos

quiso que en esta elección

manifestase su agrado:

mande suelta al jumento

quisimos, no simulacros

inestables de los preciados

metales, que al tesoro

la común Madre concibe

sino al Cristo, Dios, y hombre

verdadero, cual sagrado

leño arbitro portento

de toda especie creado:

viva carroza; guiando

con huellas irracionales

nuestros racionales pasos;

formará la procesión

devota. Aquí no faltaron

de las cultas aves todas

los vistosos aparatos.

La tierra ostentó alcatifas

que preciosas dibujaron

en estudiosas fatigas

los naturales matices

entre los bellos realces

se admiraban enlazados

milagros, y azucenas,

diamantes; oro enramado

de los claveles rubíes;

matices, topacios

de ambar perlas violetas

Pag. 60

Sacerdote.

esmeraldas, en el vario

vulgo, de plantas divinidades

de las fragancias del suelo.

rica colgadura

dispuso, que formaron

con diferentes colores

en un vagaroso espacio

de retamas, y romeros

los troncos agigantados

que en las inminentes cumbres

en soberbias jerarquías

en legamosas bellezas

sirvió de toldo, estorbando

al febo la actividad

de sus luces, que en recelo

de la vista del sol divino,

solo quiso que sus rayos

se ocultasen reverentes

por no desvanecerse vanos;

pues en vez de plumas las cuales

fueron, que acordes formaron

entre quiebros, y gorjeos

suaves dulcísimos cantos;

fueron famosas redes

los árboles resonaron,

que entre las ramas, y troncos

sus perfiles publicando

franquezas de solio existen

del cristal ocho pedazos.

Nuevos, se percibieron

coros de nuncios alados;

que repetían conformes

aquel celeste trisagio

Misa sea a la alabanza

del que es presencial Santo;

de la borrada tiniebla

de un opaco, alterado

jamás terreno. Que fue

(apasionado alegado)

claro refulgente día

visita del encarnado

sol, que en cenit de esplendores

alegre no queda al ocaso;

viendo esta multitud

de los pueblos comarcanos

salió a estorbar el prodigio

haciendo concurso tanto

las poblaciones desiertas

y los desiertos poblados.

Todos con humilde brío

ofrecen fino holocausto

aunque a la inmensidad que oía

blandos con mandarme vecinos

nada admite, y solo anhela

al termino del descanso,

suspendió su inapetencia.

que mucho, si estaba obrando

la gracia en orden supremo

quebrantando altos.

pues aquel Señor que pudo

de los volcanes airados

del horno de Babilonia

suspender el exaltado

efecto, de que abrasase

sin voracidad triunfando,

aquel que ardiendo, se hiela,

y quita el nativo bizarro

fuego, para que Daniel

impidiendo su fiereza

lidiando entre rigores

quedase ileso, e intacto.

Pero con su misma traza.

(aunque el filósofo sabio

dude que el alimento sin fruto

implique necesaria

para conservar la vida)

que el feliz bruto olvidado

para la alabanza divina

de aquel apetito innato;

sin alimento viviese;

por decreto soberano.

Cincuenta leguas rindió

de este modo caminamos

con infatigable aliento

sin reconocer cansancio

ni por los ásperos montes

ni por arenales blandos.

Llegamos a la ciudad

Pag. 61

Sacerdote.

de Daroca: y siempre el gozo

a las pruebas abreviaba.

Abriose, entro apresurado

en el deslucido Estrecho

de el hospital de San Marcos

y no es injuria, que descubra

misterios, que no recatos;

en hospital tomo puerto

esta nave, para darnos

a entender, que a tanta lepra

de ambiciosos contagios.

los que con gracia reciban

este antídoto Sagrado,

en el deben resguardarse

y reconociendo todos

que era lugar destinado

por la brevedad de ruina

para encierro. recatados

los Sacerdotes, el arca

recibieron reverentes

y el irracional portento

de el tesoro desatado

herido de el piadoso golpe

de dolor, rindiendo el as-

cutre humildes, parasismos

de su franqueza el pasmo

cayó repentinamente

al respeto, que al estrago

de su rigor sometido

los espíritus bizarros,

quedan las auras vitales

despedidas, y eclipsadas,

en el bello relicario

de la carga, y el instante

que la trasladan. el llano

que la ocuparon la vida

quedó al arca depositando

desde allí la devoción

colocó en el elevado

templo de la Madre

este meditado Asalto.

este mandan

que enriquece, de el Reino

virtudes de el Soberano

y acuden con tal presteza

que vencidas, aterradas

no escupidas, embestidas

ni rendidas, ni alborotadas

sino en su precioso Cuerpo

de el que es Divino, y Humano

lloro vencido el Hereje

al Moro, que me ha tocado

la Católica sedienta

y reverencia el Santo;

despidiendo a un tiempo mismo

tanta dicha y bizarro Asalto

entre tanto asombro, y pasmo;

piezas, y laudras, bultos y quadros

y en el Cielo, perfectas

luces, M. Nacidas, y astros.

Rey.

Con tan peregrina historia

suspende, como admirado

al Rey, que omnipotente

(sus Tesoros franqueando)

hace a mi Reino, crecidos

pecados multiplicados;

y advierte al instante el intento

de Daroca, donde grabo

que a su Alcázar firme llama

un corazón abrasado.

Regidor.

Obras son, maravillosas

de Dios; tan grandes milagros;

Rey.

A Daroca el que medita

que marche a coronar el Campo

la Daroca, y venid todos

conmigo.

Todos.

fieles vasallos

con la obediencia acrediten

méritos agigantados.

Don Guillén.

Amor, que a Mengelina

sube, está ya tan sobrado

que es proeza, el que fue ardor

y olvido, el que fue agasajo.

Rey.

porque el ambicioso culpable

de las pequeñas inmundicias

jamás se anote: deseo

no reconocer espacio

Pag. 62

Rey don Jaime.

entre el ansia de emprenderlo

y el celo de executarlo.

y asi señora venid

gustosa:

Regidor.

Sin duda que el cielo

para amparo de esta dicha

le niveló muy arreglado.

(Vanse, y quedense Cardenio con la mantilla, y saldrá con el tambor de la mano)

Rey don Jaime.

Señor a quien recelaba

con humildad agradecidos!

(ruido)

(Salen tres pobres)

Tambor.

gracias a Dios que paró

la musica, y que mudo

esta fatiga, que un premio

asaz de este, ya le muda

la sacristania en arriendo

mas que saca el estenato

a todas horas, que templo

lo que la bebida dura

y de un empleo a otro empleo

en lo que dura en el trabaxo.

mucho, mas poco el sustento bendito,

ya que un salteador

un bellisimo sosiego

a dos carrillos engullo

regalos, que en un contento

alla andaba desvelado,

aqui apurara suelta la devocion

aunque alguna vez es

por la beldad mi desvelo.

pero ya salen los pobres

prebendados de su celo

a entonar la quotidiana

peticion, al Padre nuestro;

Soldado 1.

Sea Dios magnificado

Soldado 2.

Su nombre siempre alabamos

Soldado 3.

viva Jesús, y Maria.

Todos.

Amen.

Tambor.

o Cristianos viejos!

ya hermanos bien venidos;

Soldado 1.

Señor este pobre ciego

desea la limosna;

Tambor.

muchos

motes mas que me deseo.

Soldado 2.

y el tullido a sus pies suplica

Tambor.

no es Poeta segun eso,

porque tubiera los pies

a mano, para cogerlos.

Soldado 3.

y el que naci manco, menos de un brazo

para dar bofetadas, pretendo

Tambor.

Porque un brazo que da bofetadas

siempre quedara boquiabierto;

Todos.

a Dios le pidamos todos

el socorro

Tambor.

el dar diestros

remedios para mis males

y para el bazo remiendos

(Sale una Mujer, y un hombre, deteniendola)

Mujer.

Rabias, furores, venidos

vomitos

Tambor.

sera el infierno

su estomago. pues arrojais

a bocanadas todo horrendo.

Hombre.

Señor esta mujer viene

segun sabemos por cierto

endemoniada aprisionada:

Tambor.

espere v.exa que presto

de los desanimare yo,

con el hisopo y caldero.

disfrazare malediction!

Mujer.

nunca picaros

Tambor.

ablas fiero

atrevimiento con asperezas

como asi cogieseis puerco?

Mujer.

Porque el hojocelo atreverse

estui.

Tambor.

ya veras si puedo;

Todos.

que demonio tan furioso!

Tambor.

Vade, sine impedimento

ad loca sylvestria abjecutus

Mujer.

vela abrazada en un fuego

ignorancia;

Tambor.

Ignorantie

Conoiste ingratu teatus

rex nosterinus?

Mujer.

Sois bobo.

Idiota, incapaz desnudo

y miserable!

Tambor.

instruque

mentecato, infame, perro.

sois bobo! que mala Crianza

el demonio ha revuelto,

pues yo me hallo sin honores

de su tan ruin vocinglero.

Pag. 63

Sacerdote.

¿Ida? cuando mi ciencia

me ha prevenido el ascenso

de la máxima graduada

en Don Berenguer colijo

que es donaire, que en vano,

condicional, se usa.

Moro.

Te haré mil menudos pedazos.

Tambor.

Y yo te ligaré, por ti, eso

con esta cadena.

Cae, y vuela asido; y Tam. Saliendo el Rey, Reyna, Sacerdote, Don Berenguer, Guillén, doña Flora, doña Inés, y acomodándose en dos tronos a los lados del Templo lucidos, en el de la mano derecha estarán las armas de Aragón, y sobre ellas este rótulo: Vencerá. Y en el de la mano izquierda las armas de Daroca, con este rótulo: Non facit taliter omni nationi.

Sacerdote.

Aparta,

manda una, y el diablo suelto

en tu locura.

¡Fuego, fuego!

que me quemo.

Tambor.

¡Sacramento!

los antiguos reyes vienen.

Sacerdote.

Indignos de este lugar,

dichos quien no registra

de toda delicia el centro.

Reyna.

Lugar que Dios ha escogido

debe tenerse por cielo.

Sacerdote.

Cuando vuestras Majestades

ilustran este hemisferio

de lumbre, la misma llama

reaniman, vivas reflejos.

Rey don Jaime.

Este patrimonio heroico,

devoción al amante afecto

a este Sacramento augusto,

heredé del rey don Pedro

mi padre; que en reverencia

de tan divino misterio

al tiempo que coronada

el pontífice Inocencio,

le impuso, como diadema,

queriendo, anteponiendo

la materia de este asombro,

al ornato más soberbio.

Capitán.

Leal y fina Daroca,

vuestro amor reconociendo

lo que dicta un ánimo

caracteriza el obsequio.

Tambor.

Devotos sois, aclamamos

cuidado no el un poquito.

Sacerdote.

Este tesoro, que acredita

el blasón de vuestro reino,

os da el título glorioso

de Vencedor. Y pues advierto

que el maná escondido ofrece

al que venciere, y que está

dispuesto el misterio.

Hágase por privilegio.

Conservad de vencedor

con asombro el nombre eterno,

a la del maná escondido,

que tiene excelso portento

Roma, alcance, invasión,

a las armas.

Rey don Jaime.

Así lo contemplo.

Porque si un Jerusalén grande

merece ver, que merecieron,

adorar, inmensa suma

de tesoros santos los cuerpos

debe animar este pueblo

vuestra divina prenda.

Sacerdote.

¿Pues en esta de la santidad? ¿pues ad-

vierte los asombros de distancia, presunción

de Cuidador, a cada duda,

y dude el alma al picaño.

Entrad, pues, a la devoción,

admiración, e inmenso

Reyna.

Tal dicha de el blasón de el decoro.

Sacerdote.

Aquí de las maravillas

divinas, cifra, el compendio.

Músicos.

Y la adoración inmensa

con puros obsequios

de fe, que se deslama, y paciencia, y hace

el alto misterio

que ama, que convite nos ofrece

venganza, y escarmiento.

Mientras canta la Música, se descubrirá un altar, con mesa, luces, y seis velaones, y en el segundo cuerpo del retablo un Templo. Se vea una imagen de nuestra Señora, con un Niño en los brazos, y delante cubriendo en el medio el cuerpo se irá abriendo como nube.

Rey don Jaime.

Creador de cielo, y tierra,

cuyo soberano imperio

pisa con gran asombro

por un manifiesto,

se ven mil muestras de luz

y protección, que gimiendo

venciste el excelso trono

que vio Juan, de aquel cordero

que abrió en la eternidad

los siete sellos de un libro

sus coronas a alabar

Pag. 64

Rey.

tiranos. conociendo

que solo vuestro dominio

es permanente, y eterno

y de vuestras deidades

quedara tan justo ejemplo

humilde rendido el llano

ofrece corona, y cetro;

para que este reino logre

reconocer por dueño,

ya que de la tierra hacéis

un vistoso, y nuevo cielo,

manden a los escogidos;

a Dios ensalzad entre ellos.

Música.

A vos del Comite, de dobles, lleno

Belisario.

A vos, suma hermosura!

Berenice.

A vos, divina Alimento.

Sacerdote.

A vos, luz, y poblacion

Guerrero.

Para el del eterno premio.

Visir.

Atrevido celestial

Conde.

vuestro deleitoso incendio

Capitán.

incansable sacrificio

Alférez.

de amor dulce desempeño

Juez.

si como digno legio.

Todos.

De la piedad Sacramento.

ingratitud de tantos beneficios

reconoced, por victima ofrecemos,

a su hijo el Señor vivo

Música.

y a mí que a su divino

amable amor, que libra,

de todo mortal veneno.

Juez.

A vos de la pura luz

huyo el infernal nochuelo.

Música.

y a su cobrado misterio

con santidad.

y afecto;

Juez.

solo a vos a vos en mi pecho

celebren los monumentos.

Música.

y de tanta eternidad

de lo que admiro veo.

Juez.

A vos el Santo Sacramento

pues a su paso vemos

hacer de los gozos tantos

gozelos divinos licor.

Todos.

quien sino vos, pudiera

en miseria tan grande Socorrernos!

Música.

Bendecid bellos dores del Cielo

al Señor inmenso,

que es de dolor los thesoros preciados

hace mansión de Aragon en el suelo.

en donde reparte,

luz del puro, gozo a los redimidos.

Rey.

Para que perpetua memoria

de el sumo agrado en el verbo;

a esta magnifica iglesia

el Señor conceda

de la villa de monreal.

con sus distritos, y fueros;

y una Magestad rica

custodia a donde parejo

que un rocio o destello

de su sombra, venza.

Música.

Siempre los generosos

nobles corazones se advierten.

Rey.

A vos, Rey de mi recta,

de Dios benigno pueblo

Coro.

Vivid felice, adonde

vuestras heroicas echas

Rey.

los prodigiosos excesos.

A Berenice el exilio

de Dios bendigo en el tro

Reina.

cual caudal, gozoso adoro

el ilustre de Dios thesoro.

Rey.

y a vos dichosa Ciudad

en favores los consuelos,

Rey.

y a vos con ellos fortalecida

asegura los aciertos.

Rey.

A Belisardo de el Cielo

que el catolico exorto

goza puro de el Bautismo

en el de Dios.

Música.

consagran el tiempo felice

a su soberano palacio

Juez.

Vivid en dulce franqueza

con amor, de en amor de hermanos;

Música.

celos promete inmenso

premio de Amor de deidades

y estado y mandan costumbre

Coro.

que quiebra decia en el?

que sepa, que el que asistiere

siempre a su rey en el ruego.

Rey.

Vea el valor de los vasallos,

este de la lealtad reino

supuesto nombre se ensalze

glorioso en el universo

donde tantas victorias

y honores, a el instrumento,

y a el autor de sus hechos

desengañan los celos prestos

con general afecto

hasta inmortal precepto

aqui tiene fin dichoso

el mayor de los milagros

obra feliz, milagrosa

por premio de un santo celo.