Texto digital

Texto digital de Curiosa

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Luis Vélez de Guevara
Atribución estilometría
No analizada No concluyente
Género
Loa
Procedencia
El texto ha sido preparado por Ana Belén Hidalgo González, Inés Izquierdo Archidona y Ana Ortega Gutiérrez.

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Cita sugerida

Hidalgo González, Ana Belén, Inés Izquierdo Archidona y Ana Ortega Gutiérrez. Texto digital de Curiosa. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/curiosa.

CURIOSA

En mi cruces, hay tal cosa, hay tal vieja, hay tal viejo, cómo era la novia tal, tal era el casamentero. De vistas de desposado en este punto vengo, y aura de servir de loa este, y otro casamiento. El uno me ha sucedido hoy a mí, y el otro tengo prevenido para loa, vaya primero el ajeno. Dicen que doña Ignorancia: casó con Perdido tiempo, y engendraron a Penseque, que es como de mula pienso. Doña Juventud lozana fue mujer de aqueste necio. Tuvieron cuatro muchachos como cuatro majaderos. No sabía, Quién dijera; No pensé, No miré en ello; Quien dijera se casó con don Descuido, y tuvieron Bien está para mañana. Tiempo hay: y aqueste mancebo se casó con No pensaba, y engendraron a Yo me entiendo. A mí me engañarán. Acabe, deje ese deseo: con Yo me entiendo casó, como era un poco soberbio. Doña Vanidad doncella, loca de su nacimiento. Aunque no queráis, fue el hijo primero, tras el primero. Salir tengo con la mía, No faltará, Galas quiero: con Galas quiero caso. No nos faltará, y de aquestos nació Holguémonos perdido: y la Desdicha, teniendo edad para ser casada, se casó con Poco seso. Estos tuvieron mil hijos, todos mancebos resueltos. Me parece a mí, arrogante. No me diga más ¿qué es esto? Que le va a él, no es posible, y el loco Bueno está eso. Calle, no me diga nada. A Dios una muerte debo. Salir tengo con la mía, ya sea tuerto, o sea derecho. A la voluntad resuelta excusado es el consejo. Diga quien quisiere, diga, que, aunque me maten soy terco. Que se da a mi señor, son lanzadas, o dineros. Si he de estar preso por mil, preso por mil y quinientos. Ninguno murió de hambre, y todos de hambre murieron. Porque tales cabezadas hacen poblar monasterios: Galas quiero enviudó, y cómo las gasta el tiempo. Casó con la necedad, y todo procede de ellos. Gastaron sus patrimonios, y cuando pobres se vieron. Dijeron el uno al otro: paciencia, que Dios lo ha hecho. Galas quiero dijo: amiga tomemos dinero a censo. Y holguémonos este año, que Dios dará el venidero. Tomaron dinero a logro, y fue el engaño el logrero. Llegó el plazo, y no pagando fueron del engaño presos. En medio de estos trabajos: Dios hará merced dijeron. Les dio una enfermedad, y proveyó el juez, que luego al hospital los llevasen donde murieron juntos. Dejando por todo el mundo tantos hijos encubiertos, como de aquí estoy mirando, y pensando que era de estos. Llegó a mí un viejo en el talle, aunque no en el poco seso, y me dijo: “una muchacha hecha de mil perlas tengo para darle por mujer”. Y yo que quitarme quiero de los trabajos del mundo, de sus vueltas y rodeos. Como dijo, que era moza, luego el casamiento aceptó. Fui con él, por el camino. Me fue contando, que fueron los Reyes de no sé dónde sus parientes, y sus deudos. Llegué a su casa, y salió la novia a cierto aposento donde estábamos sentados. Cuando esperé del cielo un ángel, salió una cara, que pienso que es del infierno. Un topetazo postizo, como entre amarillo y negro, con una frente tan ancha como lo ancho de este dedo. En las cejas y pestañas, pelos, ni por pensamiento. Los ojos, yo no los vi, porque estaban muy adentro. Por boca una grande espuerta. Por nariz un agujero. Dientes, rape el diablo aquel, negra harto más que un cuervo. Sesenta de edad, y hacía mil melindres, y pucheros. Lo que yo puedo sentir quiero dejar al diferente, a quién pidiendo no canso, como es costumbre el silencio: pero si acaso aquí hubiere del primero casamiento. Sobrino, hermano, cuñado; hijos, nietos o bisnietos, y no callaron en dos horas, que dura la farsa, ruego a Dios que yo le vea casado, con las viejas que les cuento.