Texto digital

Texto digital de El aguador

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Agustín Moreto y Cavana
Atribución estilometría
No analizada No concluyente
Género
Entremés
Procedencia
El texto ha sido preparado por Iván Rodríguez Caballero.

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Cita sugerida

Gómez Caballero, Iván. Texto digital de El aguador. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/aguador-el.

EL AGUADOR

¡Vaya fuera el picarón! Cerrad ahí, enhoramala. ¿Esto se hace con un hombre? Si me vuelve a entrar en casa le he de hacer moler a palos. ¿Viose maldad más extraña, que dos años de finezas de aquesta suerte se pagan? ¿Qué es esto, don Desperdicio? ¿Qué queréis que sea, don Maula? La mayor bellaquería de las que en la corte pasan. ¿Qué ha sucedido? Ya vos conocéis a doña Estafa. ¡Y cómo que la conozco! En las tabernillas de Parla la vi yo andar con mantilla, que era su albergue, y hoy anda por diferenciar polleras buscando telas de Italia. Pues amigo, esa mujer después que en joyas y galas me ha consumido mi hacienda, porque me ha visto sin blanca me pone en la calle agora. ¿Qué decís? Pues, ¿no os casábais con ella? Sí, amigo mío, que atropellaba mi infamia por vivir acomodado. Mas es tan loca y tan vana que agora que su codicia de riquezas está harta se metió en la vanidad, y pretende su ignorancia que la llamen señoría. Y no quiere ser casada sino con título, y tiene cien personas ocupadas en buscarle casamiento de señoría. Y no habla sino con los extranjeros, que a los sastres se lo llaman. ¿Hay más graciosa locura? ¿Queréis vos ver castigada su vanidad, y el dinero que os ha estafado en las garras? ¿Qué decís? Que diera un ojo por lograr esa venganza. Pues venid conmigo. ¿Dónde? No habéis de preguntar nada. Pues, ¿cómo ha de ser? Yo tengo un francés lacayo en casa que era aguador y vivía de echar dos cántaros de agua. Y es tan discreto bellaco que por su agudeza rara le di librea y me sirve. Con esto hemos de engañalla. ¿Cómo es posible? Venid y lo veréis en la traza. Vive Dios que hemos de hacelle la señoría italiana. Pícaras, no repliquéis. Señora, esto es ser tirana. Pues, mentecata, ¿quién quieres, si a un pobretón doy entrada, que me llame señoría? Ser piadosa lo embaraza. ¿Qué llamas piadosa, necia, soy yo señora o beata? Señora eres tú. ¿Qué es tú? Pues, ¿no sabéis más crianza? Llamadme, pues, señoría. Harase como lo manda vueseñoría. ¡Qué tonta! La señoría mirlada es para los aldeanos. Llamadme la cortesana. Pues, ¿cómo hemos de decir? Sincopando la palabra y no diciéndola entera. ¿Cómo ha de ser? Sía basta. A sía obedeceremos. Eso es lo que pido. Acaba. Baste que así nos lo mande… ¿Quién? Prosigue, mentecata. Sía, digo. Pues advierta que la echaré de mi casa si me gasta impersonales. ¡Jesús, sía, tal no haga! que yo quiero a sía mucho y haré lo que sía manda porque no se enoje sía. ¡Qué cosa tan regalada, qué dulce y qué sustanciosa! Dádmela por las mañanas en lugar de chocolate. Sea Dios en esta casa. ¿Quién es? Quien de usía viene a besar las manos blancas como criada de usía, si usía me hace honra tanta. ¡Bien haya quien la parió! Qué señoría tan colmada que repetirla tres veces es señoría de Pascua. ¿Qué quiere, buena mujer? Vengo a traer a esta casa todo el honor que deseo. Usía, estoy informada de que busca casamiento, y ha venido ahora de Francia un príncipe mariscal que trae riquezas extrañas. Viene a ver este país, y por quedarse en España se quiere casar acá. Personas que en ello andan le han informado de usía y él quiere venir a hablalla, que su prosapia y riqueza le han arrebatado el alma. La riqueza está bastante, pero lo que es la prosapia está en casa tan de sobra que ya no cabe en las arcas y la tengo en los desvanes. ¿Cómo ese señor se llama? El mariscal de Bimbón. ¡Ay, Dios, qué cosa tan alta! No daré a nadie existencia si me veo mariscala. Decidle que venga luego. Él vendrá ya. ¡Para, para! ¡Ay, señora! Éste es el coche. Del susto, de la esperanza, se me salta el corazón. Cien misas mando cantadas a las ánimas benditas y a San Antonio otras tantas si mariscala me hacen. (Ap. ¡Qué fácilmente se clava la vanidad en las gentes! No hay flaqueza más humana.) ¿Entra, niñas? Ya se apea. Ponedme bien esas faldas, echad ahí unas pastillas, miren si estoy bien tocada. Está usía como un mayo. No tuve desconfianza en mi vida, sino agora. (Ap. Jesús mío, si se casa con un aguador, ¡qué risa!) ¿Quién está aquí, Limadama? Yo, llegue usía. Ya lleguí. ¿Qué es eso? Es il pay de Francia, hermosi estar usirio. Usía se siente conmigo antes que me hable palabra. Sí haré, que vengo de asiento porque el presencio me grada. las misas en ello andan.) ¿Y cómo viene useoría? Señori, yo vengui de Fransio a ver li reino de Españo. E traigo toda mi casa porque mi vengo a casar, cien acemilus cargadus. ¡Trairá usía muchas joyas! Esu es cosa que es espantu: cuarenta mil ratonerus traigo de formas extrañus y unce mil pares de fuellus. ¡Jesús, qué cosa tan rara! ¿Para que son tantos fuelles?, ¿no era mejor oro y plata? Traigo también dos millones… ¿De moneda? Eso me agrada. De alfileus de París, por no perder la ganancia. Y el estado de Bimbón, de que mariscal le llaman, ¿dónde cae? En la Caitilla. ¿Cómo? Un provinsiu de Fransiu que li llaman de Bimbón porque en ell robebun agua. Y dejando esto, vusía sé que de casarse trata. Y para esu vengui aquí. Mucha gloria es la que gana mi casa, si es tan dichosa. Si mi persona os agrada no hay circunstancia que os falte. Es que estes coses se traten con los señores parientos. Mi primo el duque se casa sin darme aviso y el conde, mi sobrino, no me habla. ¿Conque no es menester esu? Si estu estar ciertu, se hago logo nostu casamentu, que yo tengui lindi gano. ¡Ay, bendito San Antonio! en estando desposada envío luego a saber si en palacio tiene almohada la mujer de un mariscal. Entrad conmigo, don Maula, que he de hacer aquí un destrozo. ¿Quién entra aquí? Yo, tirana. ¿Qué es esto? Pues, ¿cómo vos os entráis así en mi casa delante del mariscal con quien estoy ya casada? ¿Qué mariscal? ¿Qué decís? Sí, señor, que ya madama es mi esposa. Sean testigus de que conmigu se casu y de que le doy li manu. ¡Jesús, ya soy mariscala! Si ya están los dos casados, no tengo que hablar palabra. Mil siglos la goce usía. ¡Sí, señor, qué lindi dama! Salen el alguacil y un alcabalero ¡La Justicia, caballeros! Digo que entró en esta casa. ¿Quién es aquí el aguador? Éste es. Échele la garra, que desde que era aguador me debe del alcabala de dos cuartos cada día tres años, y no me paga. ¡Venga a la cárcel! ¿Qué es esto? Pues, ¿de esta suerte se trata al mariscal de Bimbón? ¿Qué mariscal ni qué aca? ¡Que aqueste es un aguador! Hombre, ¿qué dices?, ¿qué hablas? Venga acá, ¿no es aguador? Sí, señor. Mas ya, a Dios gracias, estoy casado, y mi esposa tiene hacienda muy sobrada para pagar todos mis deudos. ¿Qué dices? ¡Virgen sagrada! ¿Aguador? Con mucho honro. ¿No se acuerda cuando andabo con mantilla usía, y yo con mis dos cántaros de aguo? ¿Yo mujer de un aguador? ¡Ay, que echaré las entrañas! Pues si no lo quiere creer, aquí verá la probanza. Todos los gabachos venimos de consum a celebrar las bodas del aguador Monsur, ¡lantururú, lantururú, lantururú, lantay tú! Mujer, ¿cómo me has traído un aguador a mi casa? Señora, pues, ¿qué te admira en el Bimbón, si echa agua? Vueseñorío baile que todos somo unus fregonas y aguadores, lo mismo es pof que puf. No sienta vueseñoría lo que es dolor común, que ansí castiga el mundo las vanas como tú, ¡lantururú, [lantururú, lantururú, lantay tú!]