Don Diego Ortiz de Fonseca
Galán llegado de Madrid para un matrimonio concertado que, por error de identificación, se enamora de doña Lucía y desencadena buena parte de la intriga.
Tirso de Molina
Data de publicação do resumo: 18 de junho de 2026
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Citação sugerida
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En el Toledo urbano y devoto de la comedia, don Diego llega desde Madrid para casarse con una hija de don García, pero se enamora por error de doña Lucía, creyendo que ella es su prometida. La trama se complica con los celos de Lucía, los enredos amorosos de don Fadrique y una cadena de falsas Doroteas, cartas cruzadas y testimonios engañosos que hacen creer que ambos galanes están ya casados. Cuando Lucía finge quedarse sorda para no desposarse con Fadrique, las burlas y maquinaciones acaban descubriendo la verdad y permiten que, al final, don Diego se una con Lucía y se recomponga el orden matrimonial.
La acción comienza en Toledo, en un ambiente urbano marcado por la vida religiosa y cortesana. Don Diego Ortiz de Fonseca llega desde Madrid con el propósito declarado de realizar unas pruebas vinculadas a su futuro matrimonio concertado con una hija de don García de Silva, a quien todavía no conoce personalmente. Mientras se aloja en casa de don Fadrique de Ayala, amigo suyo, este intenta atender sus propios conflictos amorosos con doña Lucía, de quien está enamorado, aunque ella sospecha que mantiene relaciones comprometedoras con una mujer llamada doña Dorotea. En el entorno de una procesión y a las puertas de la iglesia, don Diego ve y habla con una dama de extraordinaria belleza y discreción, a la que toma por su futura prometida; queda súbitamente enamorado y decide abreviar toda investigación, convencido de que belleza y virtud coinciden en ella. Sin embargo, al presentarse en casa de don García descubre que la dama admirada era doña Lucía y que la esposa destinada para él es en realidad su hermana mayor, doña Catalina. Desde ese momento nace un doble conflicto: don Diego ama a la hermana equivocada y doña Lucía, que primero se había sentido halagada por él, queda también afectada por ese malentendido, mientras Catalina advierte con celos la inclinación mutua.
En paralelo, la intriga se complica con los problemas de don Fadrique. Para defenderse de las acusaciones de Lucía, que cree que ha dado palabra de matrimonio a otra mujer y hasta que tiene un hijo, se organiza un encuentro con una supuesta doña Dorotea. Pero la situación se enreda porque aparecen varias Doroteas o, más exactamente, varias identidades asociadas a ese nombre: una mujer honrada que acude a limpiar su fama, otra que denuncia a Fadrique como marido infiel, y además unas cartas equívocas que parecen probar que también don Diego está casado en Madrid con otra Dorotea y tiene un hijo llamado Juanito. La confusión se agrava por la intervención del criado Cristal, ingenioso y burlón, que falsifica una carta femenina para apartar a don Diego de un matrimonio que no desea con Catalina y favorecer su amor por Lucía. Don García, alarmado por los papeles y temeroso de ver deshonrada su casa con dos yernos supuestamente casados, rompe de momento los enlaces. Lucía, que ya se siente herida por el comportamiento de don Diego, oscila entre el despecho y el amor; Catalina sufre por el desengaño; y Fadrique queda cada vez más comprometido por testimonios, cédulas y visitas que mezclan verdades parciales, intereses y engaños deliberados.
En la tercera jornada, cuando don García intenta reactivar la boda entre Lucía y don Fadrique, la joven finge haberse quedado sorda para retrasar el casamiento y resistirse a una unión que ya no desea. Esa sordera simulada da pie a una larga serie de escenas cómicas en las que Lucía oye solo lo que le conviene y desconcierta a su padre, a su hermana y a su pretendiente. Entretanto, Cristal y don Diego perseveran en sus trazas para impedir el enlace, incluso mediante un fingido alguacil que acusa a don Fadrique de cercenar moneda y lo pone en aprieto, al tiempo que se refuerza la noticia de que este debe responder ante la justicia eclesiástica por su compromiso con una Dorotea. Ya en el desenlace, se aclara que las cartas comprometedoras habían sido falsificadas por Cristal y con el auxilio de don Juan, primo de don Diego, para frustrar unas bodas inconvenientes. Se confirma además que don Fadrique debe apartarse de Lucía y que don Juan queda como nueva posibilidad para Catalina. Liberado don Diego de la sospecha de matrimonio previo, Lucía abandona su fingida sordera en cuanto sabe que podrá casarse con él, con lo que el refrán del título se verifica de forma teatral y burlesca: no oye quien no quiere oír. La obra concluye con la unión de don Diego y doña Lucía, mientras el resto de emparejamientos se reordena de modo satisfactorio, aunque el texto deja algunos extremos secundarios subordinados al cierre cómico principal.
Galán llegado de Madrid para un matrimonio concertado que, por error de identificación, se enamora de doña Lucía y desencadena buena parte de la intriga.
Hija menor de don García, bella y discreta, primero vinculada amorosamente con don Fadrique y después enamorada de don Diego; finge sordera para impedir una boda no deseada.
Amigo de don Diego y pretendiente de doña Lucía, cuya situación se complica por sospechas de promesas amorosas previas a distintas Doroteas.
Padre de doña Catalina y doña Lucía, responsable de ordenar los matrimonios de sus hijas y de preservar el honor familiar frente a rumores y engaños.
Hija mayor de don García y prometida inicialmente a don Diego; sufre el desvío amoroso del galán hacia su hermana y participa en los conflictos de celos y honor.
Criado de don Diego, figura cómica y muy activa en la acción, que falsifica cartas y maquina engaños para favorecer a su amo.
Primo de don Diego, incorporado al final como colaborador en la resolución del enredo y como probable nuevo pretendiente de doña Catalina.
Nombre asociado a varias figuras o identidades dentro del enredo; su presencia, no siempre identificable con plena seguridad en todos los pasajes, sirve para comprometer la reputación de don Fadrique y de don Diego.
Marco general de la acción, ciudad presentada en su dimensión religiosa, nobiliaria y urbana, donde se producen los encuentros, malentendidos y negociaciones matrimoniales.
Espacio doméstico principal donde se discuten los matrimonios, se desencadenan los celos entre hermanas y se producen varias revelaciones decisivas.
Lugar del primer encuentro entre don Diego y doña Lucía, ligado a la procesión inicial y al error amoroso que pone en marcha la comedia.
Espacio de conversación entre amigos y criados, preparación de engaños y llegada de cartas que alteran el curso de la acción.
Sitio concertado para aclarar el caso de doña Dorotea y las sospechas sobre don Fadrique; funciona como espacio de prueba y averiguación.
Espacio de tránsito al que se alude en varios momentos para paseos, encuentros y movimientos que facilitan la intriga amorosa.
La acción gira en torno a los celos entre amantes y entre hermanas, que provocan sospechas, fingimientos y cambios de conducta.
Cartas falsas, identidades confusas y testimonios ambiguos sostienen el enredo y muestran cómo las apariencias alteran la verdad de los vínculos.
La obra contrapone los acuerdos familiares de boda con la inclinación personal de los personajes, especialmente en el caso de don Diego y doña Lucía.
La fama de las mujeres y la limpieza de su conducta ocupan un lugar central, pues cualquier rumor sobre promesas, hijos o relaciones previas pone en peligro el honor familiar.
Los criados y los galanes explotan la facilidad con que otros creen rumores y papeles, de modo que la comedia ridiculiza la precipitación en juzgar sin pruebas suficientes.
El motivo central del título se concreta en la estrategia de Lucía, que aparenta no oír para no obedecer lo que rechaza y para ganar tiempo en defensa de su deseo.