Marta
Hija de Jacome Broserio y centro de la acción; joven hermosa, estudiosa y rodeada de prodigios, engañada durante años por el demoníaco Garzón hasta que reconoce su error, se arrepiente y queda liberada.
José de Cañizares
Data de publicação do resumo: 18 de junho de 2026
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Citação sugerida
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En la Francia de Enrique, primero en Aurelia y luego en Orleans, Marta Broserio vive rodeada de prodigios mientras su padre intenta averiguar si su conducta procede de virtud, ilusión o hechicería. Durante la guerra de Nantes y las fiestas cortesanas, el Barón de Heseing se enamora de Marta, pide su mano y el rey ordena examinarla, pero los portentos provocados por el misterioso Garzón hacen crecer el escándalo y la admiración pública. Finalmente, en París y en el templo de Notre Dame, se descubre que Garzón es un espíritu demoníaco ligado a una antigua maldición materna; Marta se arrepiente, obtiene el perdón de su madre y queda libre para casarse con Heseing.
La acción se sitúa en Francia, primero en Aurelia y después en Orleans, durante el reinado de Enrique y en el contexto de la guerra contra la rebelde Nantes. Jacome Broserio regresa del servicio militar y encuentra su casa alterada por la fama prodigiosa de su hija Marta, muchacha de gran belleza e inclinación al estudio, retirada casi siempre en su aposento y rodeada de sucesos que nadie sabe explicar: músicas nocturnas, visitas invisibles, pájaros y luces que parecen obedecerla. Mientras unos la veneran como ejemplo de virtud y otros la tienen por ilusa o hechicera, Marta aparece asistida por un misterioso Garzón que solo ella trata con plena familiaridad y que le sirve de maestro, acompañante y ejecutor de maravillas. Broserio, aunque inclinado a creer en la honestidad de su hija, se alarma al verla en trato con una presencia masculina que se desvanece en cuanto él irrumpe. En ese mismo momento la villa sufre el ataque de tropas ligadas a Nantes, pero Marta interviene de manera decisiva en la defensa, protege a Lafeing y muestra una capacidad extraordinaria para salir de su encierro y acudir por medios no explicados al campo de guerra, lo que aumenta todavía más el asombro de cuantos la rodean.
En la campaña de Nantes y luego en Orleans, las hazañas militares se mezclan con la intriga familiar. El rey Enrique perdona al Barón de Heseing, antiguo rebelde, y este, tras ver a Marta y quedar prendado de ella, solicita formalmente su mano con apoyo de Federica y de Lafeing. Broserio acepta de buen grado, creyendo que así podrá encauzar la vida de su hija, al tiempo que el rey ordena al obispo de Audegabia que examine si los prodigios que se atribuyen a Marta proceden de santidad o de superstición. Entretanto, Marta, recluida y siempre acompañada por el invisible Garzón, confiesa su dependencia afectiva hacia él, aunque también promete no casarse sin su consentimiento. Gracias a sus artes, el Garzón la saca de su encierro, la lleva disfrazada de gitana a las fiestas de palacio y allí provoca nuevos portentos ante el rey y la corte, de modo que ya no es posible contener la fama pública de la joven. El examen religioso no logra probar culpa doctrinal en Marta, pues responde como buena cristiana y no muestra desviación de fe; sin embargo, cuando Broserio le comunica el matrimonio concertado con Heseing, sufre un violento desmayo. Poco después, en presencia del rey y de los suyos, Marta desaparece de nuevo de forma prodigiosa y deja a todos sumidos en mayor confusión.
La parte final traslada la acción a París, donde parece prepararse por fin el casamiento de Marta con el Barón de Heseing. Marta vive más sosegada, reconoce los males que ha causado sin querer y siente afecto por el barón, aunque no logra apartar del todo la sombra de Garzón ni una inquietud interior que la atormenta. El conflicto estalla cuando Broserio oye en el sepulcro familiar la voz de su esposa muerta, que declara que el remedio de ambas depende de Marta; enseguida se desencadena una crisis pública y religiosa. Garzón rapta a Marta a un palacio ilusorio y, al verse descubierto, revela su verdadera naturaleza demoníaca: desde la maldición pronunciada por la madre cuando Marta, siendo niña, alzó la mano contra ella, él quedó unido a la muchacha, fomentó sus prodigios y se aprovechó de su curiosidad por los saberes vedados para engañarla. Marta, ya consciente del engaño, invoca la misericordia divina y la protección de la Virgen, mientras en Notre Dame el obispo la conjura con exorcismos y oraciones. Restituida milagrosamente al templo, Marta confiesa públicamente su historia, reconoce su culpa infantil y pide perdón a su madre ante el sepulcro. Entonces una voz y una señal visible indican que el alma materna queda liberada y que cesa la posesión o acoso del demonio. Con ello se disipa la sospecha sobre Marta, Broserio recupera la paz, el rey consiente el enlace de Marta con el Barón de Heseing y se anuncia además el premio amoroso de Lafeing con Federica, cerrándose la obra con la restauración del orden familiar, religioso y político.
Hija de Jacome Broserio y centro de la acción; joven hermosa, estudiosa y rodeada de prodigios, engañada durante años por el demoníaco Garzón hasta que reconoce su error, se arrepiente y queda liberada.
Misterioso acompañante de Marta, invisible o disfrazado según conviene a la trama; se presenta como servidor y maestro, pero finalmente revela ser un espíritu demoníaco que la ha seducido y extraviado desde la niñez.
Padre de Marta, militar y cabeza de la familia; oscila entre la confianza en la virtud de su hija y el temor ante sus asombros, impulsa su examen religioso y su matrimonio con Heseing.
Noble guerrero que, tras ser perdonado por el rey, se enamora de Marta y solicita su mano; su pretensión amorosa desencadena parte del conflicto de celos con Garzón y acaba convirtiéndose en el esposo legítimo de Marta.
Rey de Francia, figura de autoridad política y moral; dirige la campaña contra Nantes, interviene en el perdón de Heseing y ordena investigar los prodigios de Marta para proteger la ortodoxia religiosa del reino.
Prelado encargado de examinar a Marta y de conducir el proceso espiritual final; mediante preguntas doctrinales, exorcismos y oraciones contribuye decisivamente a descubrir el origen demoníaco del caso.
Parienta y amiga íntima de Marta; media en los asuntos amorosos, acompaña a la joven en varios trances y termina emparejada con Lafeing.
Militar y gobernador vinculado a Aurelia, enamorado de Federica y aliado de Broserio; participa en la defensa de la villa, en la campaña de Nantes y en la resolución final.
Criada o acompañante femenina cercana a Marta, de función principalmente cómica y doméstica; presencia muchos de los prodigios y sirve de contraste entre miedo popular y fidelidad a su señora.
Criado de tono burlesco, asociado a Julieta; comenta con humor los sucesos extraordinarios y refuerza la percepción escénica del miedo y el desconcierto.
Espacio doméstico donde Marta permanece recluida, donde se manifiestan muchos de los prodigios y donde su padre intenta vigilarla, corregirla y concertar su matrimonio.
Marco bélico de la obra; allí se desarrolla el asedio y la intervención extraordinaria de Marta, que une el conflicto político con el misterio sobrenatural.
Lugar de recepción del rey Enrique y de celebración cortesana donde Marta, disfrazada de gitana, exhibe nuevos prodigios ante la corte.
Espacio decisivo de revelación y resolución; allí se oyen las voces de ultratumba, el obispo practica el exorcismo y Marta obtiene el perdón de su madre.
Espacio sobrenatural al que el demonio arrebata a Marta; funciona como manifestación de engaño, seducción y amenaza de condena.
Primer marco urbano de la acción pública, donde nace la fama de Marta y donde se sufre el ataque de las tropas enemigas.
La obra muestra cómo unos prodigios admirables pueden proceder no de santidad sino de un espíritu maligno que confunde a la protagonista y a toda la sociedad que la rodea.
El núcleo del desenlace es la confesión de la culpa infantil de Marta contra su madre, su petición de perdón y la reconciliación que libera tanto a la hija como al alma materna.
Padre, obispo y rey actúan como instancias de orden que buscan esclarecer el caso de Marta y devolver estabilidad a la familia, a la fe y al reino.
La inclinación de Marta al estudio aparece unida a su exposición a conocimientos peligrosos y a una curiosidad que, sin mala intención inicial, favorece el engaño diabólico.
Los prodigios de Marta comprometen el crédito de Broserio y dividen a la opinión común entre la veneración y la infamia, de modo que la trama gira también en torno a restaurar la honra doméstica.
El amor legítimo del Barón de Heseing y la inclinación confusa de Marta hacia Garzón generan un conflicto afectivo que solo se resuelve cuando se desenmascara el engaño y se consuma el enlace socialmente aceptado.
La campaña contra Nantes enmarca la acción y relaciona la perturbación privada de Marta con una Francia que también busca restablecer su paz por medio de la autoridad real.