Cristina
Fregona de la casa ante cuya puerta se desarrolla la acción; es objeto de la competencia amorosa y finalmente elige por esposo al sacristán.
Miguel de Cervantes Saavedra
Data de publicação do resumo: 18 de junho de 2026
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Citação sugerida
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En una calle de Madrid, probablemente en 1611 según la fecha que figura en la cédula leída, un soldado pobre vela celosamente la puerta de la casa donde sirve Cristina y disputa su amor con el sotasacristán Lorenzo Pasillas. La mayor parte de la acción transcurre ante esa casa, donde el soldado expulsa a cuantos se acercan, interpreta todo como amenaza amorosa y acaba provocando una pendencia cuando intenta imponer su pretensión ante los dueños. Tras aclararse que la honra de Cristina no ha sido realmente dañada, la muchacha puede escoger entre sus dos pretendientes y decide casarse con el sacristán, mientras el soldado queda burlado en clave cómica.
La acción se abre en una calle de Madrid, ante la casa donde sirve Cristina, una fregona pretendida por dos hombres de condición muy distinta: un soldado pobre y fanfarrón, que se proclama su «guarda cuidadosa», y Lorenzo Pasillas, sotasacristán de la parroquia. Ambos discuten violentamente sobre cuál de los dos tiene más derecho a aspirar a la muchacha. El sacristán presume de pequeños regalos y de las esperanzas de matrimonio que cree haber recibido; el soldado, por su parte, exagera sus servicios amorosos y, sobre todo, confiesa que pasa los días apostado ante la puerta para impedir que cualquier otro galán se acerque. Desde ese momento queda planteado el conflicto central: los celos del soldado, su vigilancia obsesiva de la casa y la competencia amorosa con el sacristán.
Esa vigilancia se manifiesta enseguida en una serie de escenas cómicas. El soldado ahuyenta a cuantos se acercan a la puerta, aunque sus intenciones sean inocentes o comerciales: aparta a un demandante de limosna para Santa Lucía, intimida a un vendedor de mercancías textiles al que han llamado desde la ventana y hace desistir a un zapatero que trae unas chinelas encargadas por Cristina. En todos los casos compra, soborna o amenaza para impedir cualquier contacto con la criada, revelando así hasta qué punto sus celos deforman la realidad. Mientras tanto, Cristina deja oír una copla amorosa dirigida al sacristán, lo que confirma las sospechas del soldado y aumenta su despecho. Poco después aparece el amo de la casa, ante quien el soldado intenta presentarse como pretendiente digno, exhibiendo papeles de servicios militares y fantaseando con futuros cargos y riquezas, hasta exigir absurdamente que le entreguen a Cristina como esposa. La situación degenera cuando regresan el sacristán y otro acompañante, y se produce una pendencia confusa que alarma a los dueños de la casa.
La intervención del amo, de su mujer y de la propia Cristina aclara finalmente el malentendido principal. Cuando la señora pregunta si alguno de los pretendientes la ha «deshonrado», Cristina explica que el supuesto agravio del sacristán consistió solo en insultarla públicamente en la calle por celos, no en una ofensa sexual o irreparable, de modo que la honra de la muchacha queda a salvo. A continuación se lee en voz alta una cédula en la que Lorenzo Pasillas declara quererla y ofrece de hecho promesa de casamiento. El soldado responde con nuevas jactancias sobre su valor y sus posibles ascensos, pero los amos deciden que sea la propia Cristina quien escoja marido entre los dos. Aunque al principio muestra vergüenza, termina eligiendo al sacristán. El desenlace transforma la rivalidad en fiesta: se llama a músicos para celebrar el desposorio, el soldado acepta a regañadientes el resultado como convidado y el entremés se cierra con coplas burlescas en las que cada rival comenta, desde su punto de vista, la elección femenina y la derrota del contrario.
Fregona de la casa ante cuya puerta se desarrolla la acción; es objeto de la competencia amorosa y finalmente elige por esposo al sacristán.
Pretendiente principal de Cristina y motor cómico del entremés; pobre, celoso y jactancioso, se erige en vigilante de la puerta e intenta apartar a todos sus rivales.
Sotasacristán de la parroquia y competidor del soldado; corteja a Cristina con pequeños dones, le da una cédula amorosa y resulta elegido por ella.
Dueño del hogar donde sirve Cristina; interviene para poner orden, escucha las pretensiones del soldado y acepta que la muchacha escoja marido.
Esposa del dueño de la casa; se alarma por la pendencia y por la posible deshonra de Cristina, pero participa en el esclarecimiento final del caso.
Acompañante del soldado en el momento de la pendencia; su papel es secundario, pero contribuye al aumento del alboroto.
Espacio central de toda la acción; allí se cruzan los pretendientes, los transeúntes y los vendedores, y allí se manifiesta la vigilancia celosa del soldado.
Ámbito doméstico desde el que salen la ama, el amo y la propia Cristina; funciona como lugar de autoridad y de resolución del conflicto matrimonial.
Lugar mencionado por Cristina al recordar el agravio verbal del sacristán; sirve para aclarar la falsa sospecha de deshonra.
Espacio citado en la cédula de Lorenzo Pasillas como lugar y fecha de su promesa amorosa; aporta concreción madrileña al episodio.
El núcleo del entremés es la obsesión del soldado, que se convierte en guardián de la puerta y trata de impedir cualquier acercamiento a Cristina.
La acción presenta una disputa entre dos pretendientes que buscan formalizar su relación con la muchacha y exhiben méritos muy distintos para conseguirla.
El desenlace otorga a Cristina la posibilidad de escoger entre los dos hombres, subrayando que el matrimonio debe hacerse al gusto de quien se casa.
El soldado exagera su valor, sus servicios y sus expectativas de riqueza, pero sus palabras contrastan con su pobreza real y con su fracaso final.
La obra juega con el temor a que la criada haya sido deshonrada, pero el equívoco se resuelve mostrando que el agravio fue solo verbal y celoso.
La rivalidad entre un soldado roto y un sacristán con oficio estable pone en juego el contraste entre prestigio verbal, utilidad económica y expectativas de vida matrimonial.