Lucrecia
Hija de Valerio y protagonista efectiva de la comedia; enamorada de Carlos, adopta múltiples disfraces, especialmente el de Floro, para seguirlo, apartarlo de Laura y alcanzar finalmente su matrimonio.
Lope de Vega Carpio o Pedro Calderón de la Barca
Data de publicação do resumo: 18 de junho de 2026
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Citação sugerida
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En la Florencia de la obra, probablemente poco después del saqueo de Roma evocado por Valerio, dos viejos nobles conciertan casar a Lucrecia con César y pretenden dar a Laura a Carlos, mientras Lucrecia, enamorada y desdeñada, se disfraza de paje para combatir ese plan. Gran parte de la acción transcurre entre casas nobles, el convento de Santa Ana y el jardín de la casa de Laura, espacios donde Lucrecia, bajo el nombre de Floro y otros disfraces, engaña a Carlos, mueve a Laura a enamorarse del supuesto Alexandro y aplaza los matrimonios impuestos. La llegada final del verdadero Alexandro a Florencia permite aclarar identidades y cumplir el desenlace: Laura se casa con él, Carlos reconoce la firmeza de Lucrecia y la toma por esposa, y la obra resuelve sus conflictos mediante enredo, disfraz, celos y constancia amorosa.
En la primera jornada se plantean dos proyectos matrimoniales que ordenan el conflicto. César Ursino, noble florentino ya entrado en años, pide a Valerio Conti la mano de su hija Lucrecia, con el deseo de asegurar su linaje, pues solo tiene una hija, Laura. Valerio acepta, aunque recuerda la ruina sufrida en Roma durante el saqueo de la ciudad y la pérdida de su hijo Alexandro, arrebatado entonces por error a causa del extraordinario parecido entre los dos hermanos. Mientras los viejos conciertan estas bodas, se descubre que Lucrecia ama desde tiempo atrás a Carlos Sabeli, a quien conoció en Siena, y que, al verse recluida en Santa Ana y olvidada por él en favor de Laura, ha tomado traje de paje bajo el nombre de Floro para seguir cerca de su amado. Con ayuda de su ama Lida y de sor Felicia, hermana de Carlos, entra en casa de este, conoce sus pensamientos y procura apartarlo de Laura, aunque él la estima solo como criado ingenioso. El acto concluye cuando César y Valerio hablan con Carlos para proponerle a Laura; él acepta pedir su mano, y Lucrecia, escondida como Floro, comprende que su situación amorosa se agrava.
En la segunda jornada el disfraz de Floro desencadena el principal enredo. Lida descubre a Laura que ese supuesto paje no es un simple criado español, sino Alexandro Conti, hijo de Valerio, liberado de forma probable del cautiverio romano y oculto por prudencia; la noticia, promovida por la propia Lucrecia y Lida, hace que Laura se enamore de él y le entregue palabra de esposa. Fingiendo ser ese Alexandro, Lucrecia obtiene así el amor de su rival y gana tiempo para impedir el enlace de Laura con Carlos. Luego prepara una nueva burla: se viste con ropa femenina de Laura y habla con Carlos en la reja del jardín como si fuera ella. En esa entrevista lo reprende por haber pretendido forzar el matrimonio por vía paterna, le afea su mudanza respecto de Lucrecia y le declara que ama a otro hombre, cerrándole toda esperanza. Carlos queda más apasionado y confuso. Poco después, Lucrecia vuelve a disfrazarse de mujer desconocida en casa de Carlos y, mediante una escena fingida, le recuerda los derechos de su primer amor y lo fuerza a ensayar verbalmente un retorno a Lucrecia. Aunque él todavía vacila, la representación empieza a mover su ánimo y a apartarlo de Laura.
En la tercera jornada el enredo se complica y se resuelve. Lucrecia, perseguida por las sospechas de Gerardo, cambia otra vez de traje con ayuda de Lida. Entretanto aparece por fin el verdadero Alexandro, llegado a Florencia tras escapar de su cautiverio, sin conocer la ciudad ni las maniobras urdidas en su ausencia. Lida y Lucrecia aprovechan su llegada para introducirlo en casa de César vestido con el traje usado por Floro, de modo que Valerio lo confunda primero con Lucrecia disfrazada y luego se encamine la unión con Laura. Esta, que cree encontrarse con el mismo hombre a quien ama desde su fingida identidad de paje, acepta la ocasión y queda con Alexandro. Paralelamente, Lucrecia, ya bajo nuevos disfraces, provoca los celos y la perplejidad de Carlos hasta llevarlo al punto decisivo. Reunidos todos en casa de César, Alexandro se da a conocer como hijo perdido de Valerio; ello cumple además la antigua promesa de César de dar a Laura a Alexandro si este aparecía. Entonces Lucrecia revela que ella fue Floro, la falsa Laura de la reja, la dama tapada y la peregrina adivina, y expone toda la constancia con que ha seguido a Carlos. Conmovido por esa fidelidad, Carlos la acepta finalmente como esposa. La comedia termina con la restauración familiar y amorosa: Alexandro queda unido a Laura, y Lucrecia logra a Carlos gracias a una serie de burlas que resultan ser veras.
Hija de Valerio y protagonista efectiva de la comedia; enamorada de Carlos, adopta múltiples disfraces, especialmente el de Floro, para seguirlo, apartarlo de Laura y alcanzar finalmente su matrimonio.
Galán florentino amado por Lucrecia; tras haberla querido en Siena, se inclina luego por Laura, hasta que las burlas y pruebas de fidelidad de Lucrecia lo obligan a reconocerla y aceptarla como esposa.
Hija de César Ursino y rival amorosa de Lucrecia; primero es pretendida por Carlos y después, engañada por el disfraz de Floro, se enamora del supuesto Alexandro, con quien acaba unida al aparecer el verdadero hijo de Valerio.
Hijo perdido de Valerio, arrebatado en Roma durante el cautiverio familiar; llega al final a Florencia y su aparición resuelve a la vez el problema del linaje de su padre y el matrimonio de Laura.
Padre de Lucrecia y Alexandro; noble empobrecido por la catástrofe romana, acepta casar a su hija con César y vive marcado por la pérdida del hijo, cuya recuperación determina el desenlace.
Noble anciano de Florencia que desea casarse con Lucrecia para asegurar su casa; su proyecto fracasa cuando reaparece Alexandro y debe cumplir la promesa de entregar a Laura al hijo de Valerio.
Ama de Lucrecia y figura clave del enredo; protege a su señora, media entre personajes, inventa excusas y facilita casi todos los disfraces y estratagemas.
Criado de Carlos, implicado en varias escenas cómicas y testigo parcial de los engaños; su presencia sirve para complicar y comentar los sucesos.
Marco general de la acción y ciudad donde se cruzan las casas de Valerio, César y Carlos; en ella se desarrollan los proyectos matrimoniales, los disfraces y el reconocimiento final.
Espacio central de las intrigas amorosas, pues allí Lucrecia entra como Floro, observa a Carlos, conversa con él y ejecuta varias burlas decisivas para mover su voluntad.
Lugar importante del desenlace, ya que allí se concentran los malentendidos sobre Floro, Alexandro y Laura, y se verifica la restauración final de los matrimonios.
Lugar donde Lucrecia está recogida al comienzo por decisión familiar; desde allí sale secretamente disfrazada, y su reclusión sirve de cobertura a muchos de los engaños.
Espacio de entrevista nocturna entre Carlos y la supuesta Laura, que en realidad es Lucrecia disfrazada; allí se produce uno de los desengaños más importantes de la obra.
Ciudad recordada en la narración retrospectiva de Lucrecia, donde conoció y empezó a amar a Carlos; funciona como origen del conflicto amoroso.
Espacio evocado del pasado traumático: allí sufrió Valerio la ruina, murió su esposa y se perdió Alexandro, antecedentes fundamentales para comprender la acción presente.
La acción depende de los cambios de traje y nombre de Lucrecia, que como Floro, falsa dama o peregrina manipula la percepción de los demás y conduce la trama hacia el desenlace.
Lucrecia permanece fiel a Carlos pese a su olvido, mientras la obra censura la inconstancia del galán y premia la perseverancia amorosa con el matrimonio final.
Los padres intentan ordenar enlaces por conveniencia, pero la comedia muestra que los casamientos sin gusto de los hijos provocan conflictos, engaños y resistencia.
El amor de Carlos por Laura y la competencia entre las dos jóvenes generan la mayor parte de los enredos, impulsando tanto las burlas de Lucrecia como las vacilaciones de los demás.
La preocupación de César por su descendencia y la de Valerio por el hijo perdido sitúan el honor de la casa y la continuidad del linaje entre los motores básicos de la acción.
La obra concede a Lucrecia, apoyada por Lida, la iniciativa dramática principal, pues su inteligencia práctica organiza los planes, corrige los obstáculos y resuelve los conflictos.