César de Salviati
Padre de Alejandro, Carlos y Casandra; cabeza del linaje gibelino, intenta gobernar a sus hijos, decide la venganza por la deshonra de Casandra y acaba matando a Alejandro para impedir que sea verdugo de su propia sangre.
Francisco de Rojas Zorrilla
Data de publicação do resumo: 18 de junho de 2026
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Citação sugerida
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En la Florencia dividida entre guelfos y gibelinos, los amores cruzados de Diana, Carlos, Alejandro, Federico y Casandra enredan la acción entre calles nocturnas, casas nobles y ámbitos vecinos a un monasterio. Los celos, los equívocos y la venganza de honor llevan a los hermanos Salviati a descubrir la traición de Federico contra Casandra y a darle muerte, después de que ya hubiera estallado la rivalidad amorosa entre Alejandro y Carlos por Diana. Presos y condenados, Alejandro llega a ofrecerse como verdugo de su padre y de su hermano, pero César lo mata en el cadalso para evitar ese parricidio y el duque concluye la obra perdonando a los supervivientes y concertando el matrimonio de Carlos y Diana como paz entre linajes.
La acción se sitúa en Florencia y arranca de noche, en un ambiente de violencia entre los bandos de guelfos y gibelinos. Alejandro de Salviati, enamorado de Diana de Médicis, intenta entrar por una escala en el ámbito de un monasterio o de la casa contigua donde ella se halla, pero es rechazado violentamente por unos hombres a los que toma por agentes infernales. Furioso, recorre las calles buscando venganza, hiere incluso sin reconocerlo a su hermano Carlos y provoca gran alboroto. En paralelo se dibuja el entramado amoroso: Diana ama a Carlos, aunque su hermano Federico sospecha de esa relación; Federico, a su vez, pretende a Casandra, hermana de Alejandro y Carlos. La noche concluye con escenas domésticas que subrayan el carácter arrebatado de Alejandro y el temple más moderado de Carlos. Su padre, César de Salviati, reprende a ambos al regresar tarde, expulsa airadamente a Carlos de casa y después se descubre que su severidad forma parte de un designio educativo desigual entre sus hijos. Poco después, Alejandro, alterado por un sueño en que su padre lo mata, está a punto de asesinarlo dormido, pero se detiene por un impulso de respeto filial. Al mismo tiempo, Diana, perseguida por los celos de Federico, se refugia en casa de los Salviati; allí se producen equívocos que terminan aclarando ante ella y Carlos la verdad de su amor, con promesa de unión entre ambos.
En la segunda jornada, Diana toma la iniciativa y habla en secreto con César. Le confiesa abiertamente su amor por Carlos y le pide que facilite su matrimonio para poner fin a los odios entre ambas familias y aun reforzar la paz con otra posible unión entre Federico y Casandra. Sin embargo, el conflicto se agrava enseguida. Alejandro, desterrado o alejado de Florencia tras las tensiones anteriores, vuelve impulsivamente para ver a Diana y entra en su aposento. Cuando está a punto de salir, llega Carlos con la señal convenida; la pérdida de una llave y la precipitación de la situación hacen que ambos hermanos se encuentren ocultos en la estancia de Diana. Al descubrirse mutuamente, cada uno se considera traicionado: Alejandro cree que Carlos usurpa a la mujer que ama, mientras Carlos se siente ofendido al hallar a su hermano en la casa de su prometida. La disputa degenera en duelo hasta que interviene César, cuya presencia basta para suspender por un momento la violencia y pone de relieve el peso casi sagrado de la autoridad paterna. A continuación, en un plano paralelo, Casandra revela a su padre y a sus hermanos una desgracia mayor: Federico la sedujo con promesa de matrimonio y después confesó que todo había sido una venganza contra el linaje rival, vinculada al amor de Carlos y Diana. Alejandro y César quieren matarlo de inmediato para lavar la honra; Carlos propone antes comprobar si existe remedio más prudente, pero termina uniéndose a los suyos cuando prevalece la decisión sangrienta. Los tres acometen entonces a Federico y le dan muerte.
La tercera jornada muestra las consecuencias de esa venganza. Tras matar a Federico, Alejandro y Carlos buscan amparo precisamente en casa de Diana, donde los sorprende el duque de Florencia, que acude con el cadáver y descubre a los culpables. Alejandro declara sin disimulo el motivo del homicidio y añade que también piensa matar a Carlos por celos, pues lo encuentra otra vez junto a Diana. Se produce un nuevo enfrentamiento que acaba con la prisión de los Salviati. En la cárcel se anuncia que los tres —César, Alejandro y Carlos— han sido condenados a muerte por la muerte alevosa de Federico, y que no aparece verdugo dispuesto a ejecutar la sentencia, por la infamia asociada al oficio. Entonces se produce el núcleo trágico de la obra: Alejandro, para salvar su propia vida, se ofrece a ser verdugo y propone matar con sus manos a su padre y a su hermano. César intenta conmoverlo recordándole los vínculos naturales, pero al ver que persiste en su impiedad decide que es preferible ser él mismo “el más impropio verdugo” antes que morir a manos de su hijo. En el cadalso, ya con permiso ducal, César mata a Alejandro como castigo ejemplar de su desobediencia y de su intento parricida. Cuando comparece ante el duque, explica que no ha ejecutado a Carlos, sino al hijo verdaderamente culpable, y se ofrece después a morir él mismo y a entregar también a Carlos a la justicia. Sin embargo, Diana pide clemencia, el duque juzga suficiente el castigo principal y aprovecha la ocasión para cerrar la enemistad entre guelfos y gibelinos: concede a Carlos la mano de Diana y se reserva resolver honrosamente el destino de Casandra. La obra concluye así con una mezcla de expiación trágica, afirmación de la autoridad paterna y reconciliación política y amorosa.
Padre de Alejandro, Carlos y Casandra; cabeza del linaje gibelino, intenta gobernar a sus hijos, decide la venganza por la deshonra de Casandra y acaba matando a Alejandro para impedir que sea verdugo de su propia sangre.
Hijo mayor de César, violento, temerario y enamorado de Diana; sus celos y furor desencadenan buena parte de la acción, participa en la muerte de Federico y llega a proponerse como verdugo de su padre y de su hermano.
Hermano de Alejandro y amante correspondido de Diana; aparece como figura más moderada, aunque también participa en la venganza contra Federico y queda finalmente unido a Diana.
Hermana de Federico y dama amada por Carlos y pretendida por Alejandro; su amor por Carlos, sus maniobras para proteger su honra y su petición final de clemencia son decisivos para el desenlace.
Hermana de Alejandro y Carlos; su deshonra a manos de Federico activa la venganza central de la obra y convierte su caso en motor del conflicto trágico.
Hermano de Diana y galán de Casandra; celoso, receloso y desleal, seduce a Casandra con promesa de matrimonio y después confiesa que lo hizo por venganza, lo que provoca su muerte.
Autoridad política suprema; prende a los culpables, dicta la sentencia de muerte y finalmente transforma el castigo en ocasión de reconciliación entre los bandos.
Criado de Alejandro, de notable presencia cómica, testigo y comentarista de los sucesos, vinculado a las andanzas nocturnas de su amo.
Criado de Carlos, también de función cómica y narrativa; acompaña a su señor, participa en escenas de confusión y sirve de informante en la parte final.
Marco general de la acción y ciudad dividida por los bandos de guelfos y gibelinos; en ella se entrelazan los conflictos de linaje, amor y justicia.
Espacio central del linaje gibelino, donde se desarrollan los conflictos familiares, la expulsión de Carlos, el refugio de Diana y la deliberación sobre la venganza.
Lugar decisivo para los encuentros amorosos, los celos y los equívocos; en sus aposentos se descubre la rivalidad entre Carlos y Alejandro por Diana.
Escenario de persecuciones, combates, músicas y rondas; allí se manifiesta el desorden de los personajes y el clima violento de la ciudad.
Espacios de tránsito clandestino que permiten entradas secretas, huidas, saltos y escondites, fundamentales para los enredos amorosos y criminales.
Ámbito final de la obra, donde la venganza privada se transforma en justicia pública y se consuma la muerte de Alejandro.
Lugar del primer intento de acceso nocturno de Alejandro; el pasaje conservado no permite precisarlo de forma inequívoca, pero funciona como origen del arranque violento de la trama.
La acción gira en torno a la defensa del honor de las casas nobles, especialmente tras la seducción engañosa de Casandra y las sospechas sobre Diana.
Los personajes buscan reparar agravios mediante represalias sangrientas, hasta el extremo de que la justicia familiar y la pública se mezclan en el desenlace.
La obra presenta al padre como figura casi sagrada, cuya autoridad se pone a prueba en los hijos y culmina en el castigo ejemplar de Alejandro.
Los vínculos amorosos entre Diana y Carlos, la pasión desordenada de Alejandro y los recelos de Federico desencadenan los principales conflictos dramáticos.
La enemistad política entre linajes condiciona los matrimonios, alimenta la violencia y da dimensión pública a los agravios privados.
Frente a la venganza personal, la obra plantea la intervención del duque, la sentencia legal y el problema moral de quién debe ejecutar el castigo.
Pese al desenlace trágico para Alejandro, la obra concluye con una solución de paz entre familias mediante perdón y matrimonio.