Clímene
Infanta de Etiopía e hija de Admeto, criada en reclusión y consagrada a Diana; su encuentro con Apolo desencadena el conflicto amoroso y el cumplimiento de la profecía.
Pedro Calderón de la Barca
Data de publicação do resumo: 18 de junho de 2026
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Citação sugerida
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En una Etiopía mítica situada junto al Erídano, Clímene vive encerrada como sacerdotisa de Diana hasta que la irrupción nocturna de un desconocido en su jardín desencadena sospechas, celos y acusaciones entre sus damas. Ese desconocido resulta ser Apolo, desterrado del cielo y reducido a figura humana, cuya llegada provoca una trama de equívocos amorosos en el templo-alcázar, los jardines y la mina secreta que comunica con ellos. Tras la persecución pública, la caída al río y el refugio maravilloso en la montaña, Apolo y Clímene se unen, pero Fitón anuncia finalmente que de esa unión nacerá Faetón, cumpliéndose así la profecía temida por Admeto.
La obra se abre en el jardín y recinto sagrado donde vive encerrada Clímene, hija del rey Admeto y sacerdotisa de Diana. Durante la noche, la joven denuncia la entrada clandestina de un hombre en sus jardines y ordena, con ayuda de sus damas, que se busque al intruso y a la posible cómplice que ha profanado el espacio vedado. Clímene vive ya en una situación de dolor, pues ha sido criada en reclusión desde su nacimiento, y ese estado explica parte de su melancolía. La pesquisa nocturna se complica con reacciones ambiguas de sus acompañantes, especialmente Cintia, Lesbia, Flora y Clicie, cuyas respuestas despiertan sospechas cruzadas. Paralelamente aparecen Céfiro y Sátiro, vinculados a la mina secreta que comunica con el jardín y que ha permitido la entrada del amante. En medio del desorden se produce además la caída de Apolo, desterrado por Júpiter y reducido a condición humana tras haber ofendido el poder divino; el dios llega por azar a la mina y entra en el jardín sin comprender del todo su situación. Allí se encuentra con Clímene, que lo toma por el agresor de la noche anterior. Él no sabe explicar con claridad quién es ni cómo ha llegado, pero queda rendido ante la hermosura de la joven. La escena concluye sin resolución estable: Apolo huye, las damas se desmayan o disimulan, y el desconcierto de Clímene crece al no poder determinar con certeza cuál de sus acompañantes está implicada en la traición amorosa.
En la segunda jornada, el conflicto privado se convierte en cuestión pública. El pueblo exige ver a Clímene, y Admeto revela por fin la razón de su encierro: al nacer durante un eclipse y tras consultar artes astrológicas y mágicas, supo por Fitón que de ella nacería Faetón, un hijo cuya soberbia abrasaría Etiopía. Para evitar ese destino, la hizo sacerdotisa de Diana y la mantuvo aislada en un templo- alcázar junto al Erídano. Sin embargo, cede parcialmente a la presión popular y permite que Clímene goce de cierta libertad, aunque sin quebrantar su voto de castidad. Este cambio favorece nuevos enredos: Flora y Clicie creen cada una ser la amada del pastor desconocido; Apolo, disfrazado de pastor de Admeto, intenta acercarse a Clímene; y la propia Clímene, aunque ofendida y celosa, queda cada vez más atraída por ese forastero. Las entrevistas nocturnas en el jardín, las canciones con doble sentido y la mina secreta alimentan equívocos constantes entre las tres mujeres y Apolo. Finalmente, Clímene descubre juntas a Flora y Clicie cerca del lugar sospechoso y trata de acusarlas, pero ellas y otros testigos desvían la culpa hacia la propia infanta. Admeto, recordando la profecía y convencido de que su hija ha faltado a Diana, decide recluirla de nuevo y prepararla para el castigo. En el tumulto, Clímene intenta huir, el río le cierra el paso y Apolo se arroja con ella al Erídano para salvarla.
La tercera jornada presenta primero la salvación de Clímene. Apolo logra sacarla del agua, aunque ella queda sin sentido, y Fitón interviene con sus artes para ocultar a ambos en un palacio maravilloso abierto dentro de la peña, al tiempo que hace creer a los demás que han muerto en el río. Allí, aislados del mundo, Apolo y Clímene aclaran por fin parte de los malentendidos. Apolo le revela su verdadera identidad, cuenta su caída desde el cielo por mandato de Júpiter y explica que su amor por ella nació desde el primer encuentro. Fitón, por su parte, se muestra ambiguo: protege a los amantes y celebra sus bodas en ese retiro, pero al mismo tiempo deja entrever que busca confirmar la verdad de sus antiguas predicciones. Cuando Iris y Mercurio traen a Apolo el perdón de Júpiter y la posibilidad de volver al cielo, la condición impuesta es que regrese solo, pues Diana reclama el castigo de Clímene por haber quebrantado su voto. Apolo se resiste a abandonarla, y Clímene, por amor, intenta persuadirlo de que acepte. Antes de que la decisión se cierre, llegan Admeto, Flora, Céfiro y Clicie, que han vuelto en busca de la verdad. Entonces Apolo recupera su poder divino y, antes de partir, transforma a los implicados secundarios: Clicie queda convertida en flor del sol, Céfiro en viento, Flora vivirá de sus soplos y Sátiro recibe también un castigo burlesco. La obra termina con una revelación decisiva y sombría: Fitón asegura que los hados se cumplirán y anuncia que Clímene dará a luz a Faetón, hijo de Apolo. El desenlace conservado no muestra todavía ese nacimiento, pero deja establecido que la unión amorosa, lejos de anular la profecía, la encamina a su cumplimiento.
Infanta de Etiopía e hija de Admeto, criada en reclusión y consagrada a Diana; su encuentro con Apolo desencadena el conflicto amoroso y el cumplimiento de la profecía.
Dios del sol desterrado por Júpiter y obligado a vivir en forma humana; llega por azar al jardín de Clímene, se enamora de ella y acaba uniéndose a la joven.
Rey de Etiopía y padre de Clímene; la mantiene encerrada por temor a una predicción astrológica según la cual de ella nacerá Faetón, destructor de la patria.
Sabio y mago consultado por Admeto; interpreta los hados de Clímene, oculta a los amantes en la peña y al final confirma que la profecía se cumplirá.
Joven encargada del cultivo del jardín de Clímene; participa en los equívocos amorosos y es una de las principales sospechosas de haber facilitado la entrada secreta al recinto.
Dama músico de Clímene, también envuelta en los malentendidos amorosos con el pastor desconocido; al final es transformada en flor que sigue al sol.
Amante vinculado a Flora y a la mina secreta por la que se entra en el jardín; sus celos y maniobras contribuyen al enredo y finalmente queda convertido en viento.
Figura cómica y auxiliar de Céfiro y de otros personajes; conoce aspectos prácticos de la mina y presencia varios episodios decisivos, aunque su papel es secundario respecto al núcleo amoroso.
Recinto donde Clímene vive encerrada como sacerdotisa; concentra el conflicto entre reclusión, pureza ritual y deseo de libertad.
Espacio central de los encuentros nocturnos, las sospechas de traición amorosa y los principales equívocos entre Clímene, Apolo y las damas.
Paso oculto que comunica el exterior con el jardín y hace posible las entradas clandestinas; es clave en la intriga y en las acusaciones entre los personajes.
Marco del intento de fuga, de la caída de Clímene y Apolo al agua y de la falsa noticia de su muerte, que transforma el curso de la acción.
Refugio maravilloso dentro de la montaña donde Fitón oculta a Apolo y Clímene; allí se aclaran identidades, se celebran sus bodas y se prepara el desenlace.
Espacio de caza, persecución y búsqueda, asociado además a la amenaza profética y a la intervención de fuerzas sobrenaturales.
Toda la acción está condicionada por el anuncio de que de Clímene nacerá Faetón, futuro causante de la ruina de Etiopía; los intentos de evitar ese hado contribuyen a cumplirlo.
El amor entre Apolo y Clímene nace en un espacio prohibido y rompe la clausura impuesta por Admeto y el voto religioso de la joven.
La vida de Clímene está marcada por una prisión preventiva que provoca su melancolía y alimenta su anhelo de ver el mundo exterior.
Flora, Clicie, Céfiro y la propia Clímene interpretan erróneamente voces, señales y encuentros, de modo que la intriga avanza mediante malentendidos continuos.
Admeto decide el destino de su hija combinando autoridad de padre y de rey, justificando su encierro como protección del reino frente al peligro anunciado.
La obra presenta dioses, metamorfosis, castigos celestes y artes mágicas como fuerzas activas que afectan directamente a la vida de los personajes.