Texto digital de Las carnestolendas de Barcelona
Data de publicação: 22 de agosto de 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Las carnestolendas de Barcelona. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/las-carnestolendas-de-barcelona.
LAS CARNESTOLENDAS DE BARCELONA
Pag. 1
Carnestolendas
de
Barcelona
Carnestolendas
de
Barcelona.
El Ms. Ant. y
Copiado de un manuscrito Antiguo. 1823.
Jornada primera
Pag. 2
Carnestolendas de Barcelona.
Personas.
Ludovico, padre de Clavela.
Clavela, dama.
Hipólita, dama.
Gobernador.
Leonardo, caballero.
Florencio, caballero.
Mercado viejo.
Fidelio, criado de Florencio.
Constantino, caballero.
Uno, 2, 3, 4, 5, 6.
Dos pajes, 1 diablo, 4 botargas, alguaciles, Teresa, hortelana.
¡Afuera, bellacón, detente, aguarda!
No tires canto dentro, majadero.
Quisiérate tirar una bombarda.
Pues no te derribe yo del primero.
Tú tienes gran razón de tener brío.
¡Oh, traidores, va ayuda, compañeros!
A lo menos salióte ese en vacío.
No te dé pena, que otro aquí me queda.
Recoge tú en tanto aqueste mío.
Por acá, compañero, a la Alameda.
Volvamos, por salvado, a la posada,
e iremos todos hechos una rueda;
no se excuse ninguno, camarada.
Pag. 3
Éntranse tirando salvado y salen dos caballeros en hábito de camino, llamados Florencio y Leonardo.
Extraña solemnidad
es esta de Barcelona.
No hay en su seso persona
hoy en toda la ciudad.
Yo he visto carnestolendas
con gala y desenvolturas,
pero aquí todo es locuras,
grita, visajes, meriendas.
Eso, Leonardo, será
entre la gente menuda,
que la principal, sin duda,
su decoro guardará;
que como aquí solo vemos
el vulgo desatinado,
has, Leonardo, comparado
los medios con los extremos,
y la fiesta general
donde el pueblo tiene entrada
es muy más solemnizada
que la sola y principal.
Y yo mucho más deseo
ver para gustar un poco
la trulla de un vulgo loco
que un concertado torneo.
¿Tienes ya tan removido
el estómago acá fuera
como dentro en la galera?
No muy mejor me he sentido,
y a fe que me ha maltratado.
Asómanse a una ventana dos damas ahorcando dos almohadillas de hacer labor; llamadas Clavela y Hipólita.
Aquí pagaréis, traidoras,
las mal empleadas horas
que nos habéis ocupado,
y aquellos ratos sabrosos
que pudiéramos gastar
no en sufrirnos ni en labrar,
sino en gustos amorosos.
Andad, enfado ordinario,
como infames ahorcadas,
dejaréisnos descansadas
de pecho tan tributario.
Bien es que juntas estén
y se tengan vecindad,
pues de su prolijidad
lo fuimos las dos también.
Leonardo, ¿qué te parecen
los verdugos?
Extremados.
¡Dichosos los ahorcados
que a tales manos perecen!
Si en ese trance me viera,
de mí solo decir puedo
que se me olvidara el Credo
por contrito que estuviera.
¿Qué delitos inhumanos
han hecho esas almohadas,
de que no sean perdonadas
tocándolas vuestras manos?
Por cierto, muy bien juzgáis;
antes el mayor delito
que contra las dos se ha escrito
es el descargo que dais;
porque el haberles tocado
nuestras manos es su culpa.
¡Mira qué gentil disculpa
en su favor habéis dado!
Si aquí dan por eso pena,
miraremos cómo andamos,
pues a tal tierra llegamos
que lo que salva condena;
mas aunque el rigor es fuerte
y pasa con tiranía,
yo sé que hay quien trocaría
mil vidas por esa muerte.
Y aunque no soy tan sentido,
si esa mano me ahorcara,
sin duda resucitara
al desnudarme el vestido.
No fuera pesado yugo
el lazo de vuestras manos.
Qué bien que mueren, hermanos,
y perdonan al verdugo.
No estamos en tanto estrecho,
pues suele darse el perdón
cuando la pronunciación
la vuelve el cordel al pecho.
Somos muy escrupulosas,
y así le habemos pedido
cuando están en su sentido.
¡Oh su de puta raposas!
¡Qué discreción tan extraña,
qué gracia y desenvoltura!
En dichosa coyuntura
venimos a ver a España.
¿Solo a ver a España vienen?
Pocos lugares verán,
si en el primero que están
tal gana de morir tienen.
Y ¿no nos dirán, señores,
si van con particular
intención a algún lugar
a tratar casos de amores?
Que siempre en estas jornadas
hay fundamento y historia,
ya llevarán por memoria
las damas más señaladas
que confiados vendrán;
en que dineros y billetes
son los finos alcahuetes
con que el mundo rendirán.
Antes venimos a ciegas,
solo por curiosidad,
sin ninguna voluntad
de semejantes refriegas.
Y ¿a dónde irán desde aquí?
A Valencia, y la jornada
desde allí será a Granada,
y a Sevilla desde allí;
en Madrid daremos luego,
que es golfo de forasteros.
Allí sí que los dineros
hacen sin billete el juego.
En la corte harán estrago,
y luego...
A Toledo.
Ansí.
Forzoso serán allí
huéspedes de Santiago.
Es algún mesón famoso.
Y ¿qué tal? Hay una sala
do se cobra el alcabala
del pasatiempo amoroso.
Súpolo de que un mi hermano
hizo el viaje que hacéis,
y volvió cual volveréis,
hiriendo de pie y de mano.
Entran cuatro de los mismos enmascarados, con cencerros y cascabel, tirándose salvado.
Quitásteme el cuerpo, perro,
pues yo tendré mejor cuenta.
No desmayes, que es afrenta.
Tírame dos si te yerro.
Pag. 4
Quítate, Florencio, a un lado,
deja pasar esta gaita.
Este puñado me esquita.
Perro, vil, desvergonzado.
Échanle al Leonardo en la cara un puñado de salvado y él echa mano a la espada, ellos huyen.
Leonardo, no te alborotes.
Vámonos, Florencio, a casa,
esto siempre y se pasa.
De adentro dice uno asomado a la puerta.
Poco corren, marquerotes.
Y tornas, vil mal nacido,
en risa lo vas a echar.
Ríese Florencio.
¿Qué quieres? No puedo llorar
de enojado y de corrido.
Clavela e Hipólita.
El extranjero
no parece de mal gusto.
Hace bien, lleva el disgusto
que han dado a su compañero.
Vámonos a la posada,
ofrezco al diablo la fiesta,
pues que tan cara me cuesta.
¿Leonardo, te enfada?
Un puñado de salvado
sentís con este extremo
y pedís que os ahorquemos,
haréis muy triste ahorcado.
No es buena la consecuencia,
antes lo contrario es llano,
pues lo que es de vuestra mano
ha de tener diferencia.
Ya os he pagado a lo menos
lo que de vos me reí.
Yo sabré volver por mí
sin argumentos ajenos.
Pues lo que pueden hacer,
si quieren holgarse un rato,
es irse a mudar el hato
y de máscara volver,
que en Barcelona este día
nadie sale de su casa
sin máscara porque pasa
muy sin remedio crujía,
y si os huelen extranjeros
será negocio pesado,
mucho más que no el pasado
aunque mostréis más aceros.
Pues hallaremos vestido
con que ir disfrazados.
Habrá dos mil alquilados.
Al punto somos venidos,
que sola esta calle sé.
Ya nos debéis algo.
Como
esa deuda yo la tomo,
a mi cuenta pagaré.
Vanse, y quedan en la ventana las damas y sale Florencio el postrero.
A fe que tienes humano,
Clavela, un poco al postrero.
Es por escoger primero
y dármele de tu mano.
No está el pensamiento malo,
si eso quisiera hacer
mejor pudiera escoger
el que por tuyo señalo.
¿De veras te pareció
el mejor aquel delgado?
Sí, que el otro del salvado
necio anduvo y se corrió.
No es mejor que nos bajemos
abajo, que hay más lugar
para podernos holgar.
Vamos, que hoy estrado hacemos.
Bájanse y salen fuera solas y dos pajes a poner un estrado.
Tended esa alfombra bien
y poned las almohadas
a la pared arrimadas,
o como suelen estén.
Ruido parece que suena,
escucha, Clavela, escucha.
Según es la gaita mucha
debe ser máscara buena.
Aun no se habrán sentado las damas y entrará un diablo con una cadena de hoja de lata con cuatro ramales, en que trae 4 portugueses con máscaras y guitarras y sonajas, llegará el diablo y dará su letra a Hipólita y los portugueses a Clavela, y pasarán con ruido y música.
Buenos galgos de traílla
lleva el diablo para caza.
En mi vida vi tal traza
de disfraz.
Di la letrilla.
Lee primero la tuya.
¿Quieres empezar por el diablo?
No era muy mejor retablo
el que a mí me dio la suya.
Lee Hipólita.
Quien compra los portugueses
que del infierno los echo
por locos y sin provecho.
Lee Clavela.
Temblad de nos castellanos,
que pois o demo nos vende
en seguro que se intende.
A fe que va bien pintada
su fantasía y locura.
Entran Florencio y Leonardo con dos marlotas al uso de cañas o ropas y máscaras, conociéndoles las damas.
Leonardo, mayor ventura,
la caza está levantada,
decidnos, damas, la usanza,
para estar con cortesía,
porque ninguno querrá
caer en mala crianza.
Clavela, el comedimiento
nos obliga a que les demos
asiento, y que los tratemos
como si fueran de asiento.
Alto, coja cada uno
su almohada del estrado.
A lo menos de este lado
no me quitará ninguno.
Pondráse Florencio al lado de Clavela y Leonardo al de Hipólita.
Yo a doquiera me acomodo.
No es mala la libertad
fue el entrar con humildad
para soltarse del todo.
La ocasión, señora, atiza
a que soltemos las riendas,
especial carnestolendas
que es víspera de ceniza.
Habrá música allá dentro, que sonará cada vez que quisieren salir las máscaras.
Alguna máscara pasa.
Tienen licencia de entrar.
Hoy no les pueden negar
la entrada en ninguna casa.
Entran un galán y dos mujeres con dos sogas tirando de él, y pasan delante y dan su letra.
Digo que salió extremado.
La letra que trae veamos.
Éstas ahorcarán a entrambos.
Pag. 5
si tanto lo han deseado.
La una porque la amo,
la otra porque la amé,
me dan vida tan infame,
donde hay tanta diferencia
como amar y aborrecer,
se pinta en un mismo ser
el dolor en competencia.
Puede ser la aborrecida
diligente y poderosa,
tanto como desdeñosa
la que muestra ser querida;
y si acaso es perseguido
de la que aborrece, es claro
que es pena tan sin reparo
como ser aborrecido;
y conforme aquesto pudo
de su amor y desamor
pintar igual el dolor
y hacer de los dos un nudo.
A fe que sois bien letrado.
Mal me defienden mis letras,
si tú, señora, penetras
el alma que no ha estudiado.
Tendría a gran maravilla,
siendo vos tan buen maestro,
que hubiese en cuerpo tan diestro
alma que fuese sencilla.
Torna la música a sonar y sale un galán arrastrando un Cupido de los pies, para y da su letra.
A fe que le dais buen pago
a Cupido de su gloria.
La letra dirá la historia.
No fue gloria sino estrago.
Lee uno la letra.
Aquí pagaréis, maestre,
la de antaño y la de ogaño,
pues ya llegó el desengaño.
Este sí que me contenta.
Tal eres tú de insensible,
diote gusto el ser movible.
Sí, porque caigo en la cuenta.
A fe que me abrís la gana
para que por vos me muera.
Dígola yo que me quiera,
no ve que me voy mañana,
no me mude la ocasión
cuando vengo tan de paso,
sino aprieto si hay acaso
moza alegre en el mesón.
Qué gallardo pensamiento,
señora, tenéis al lado.
Bien os tiraron salvado.
Adivinaron a tiento.
Soy un cachorro
que con que cualquiera me arropo,
y cierro con la que topo,
y con ninguna me aforro.
Basta que el señor Peneque
se amodorre y derrita,
y tenga ya el alma frita
y el corazón se le seque.
Vos queréis vivir sin pena.
También viviera sin gloria.
Qué donosa pepitoria.
Paso, otra máscara suena.
Entra un galán y un Cupido en los hombros. Da Cupido su letra y el galán la suya.
Este gritará con vos,
Florencio, que es bien sufrido,
dos invenciones han sido
trazadas para los dos.
¿Conoces algo, Clavela?
¿Quién puede ser?
Imagino
que es sin duda Constantino.
Hasta que venga mi abuela.
Que no te mude esta empresa.
Rabia da él y en sus disfraces,
si mayor rabia me haces
en toda tu vida que esa.
Erraste la coyuntura,
máscara, podéis pasar.
No es mucho falte el lugar
a quien le falta ventura.
No parece que le amarga
el sitio, a lo que entendí.
Quisiera quedarse ahí.
Y aun echarse con la carga.
Leen la letra del galán y luego la de Cupido.
Combatido de desdenes
meto en mis hombros la carga,
dulce a tantos y a mí amarga.
Si hay caballo que me arrastre
y que mis gustos repruebe,
asno hay también que me lleve.
Con vos habla, compañero,
Cupido es ese papel,
pues defendéis su cuartel
que no ser caballo quiero.
Al fin no te has de escapar
de ser bestia.
No de albarda,
ni dirán arre acá parda,
que os queremos descargar.
Mas que de estos heréticos
que hacen burla de amor,
suelen siempre en lo peor
venir a dar de hocicos.
Y pagan sus libertades,
porque de no tener curso,
proceden en un discurso
con una y mil necedades;
fuera de chocarrear
le saben dos mil colores
puestos en veras de amores
o en otro particular.
Aun eso tengo yo bueno,
que ni me corro ni enfado,
ni me turbo ni embarazo.
Al fin no sentís el peso.
A lo menos no lo siento,
que esta máscara me enfada,
porque me viene apretada
y no me encaja de asiento.
Si puedo quitarla, harelo,
y si no, vuestro mandado.
No habéis de estar destapado,
pero ataos este pañuelo,
que os dará menos enfado
que esta fiesta no permite
que la máscara se quite
ningún galán disfrazado.
Toma el pañuelo Florencio y poniéndolo dice:
Beso esas hermosas manos,
que ese favor y ese lienzo
serán dichoso comienzo
de mil gustos soberanos,
que el alma está engreída
de este regalo que siente,
y espera muy justamente
a más bien y a mayor vida.
Esto no sé yo decir,
sino a todo reventar
plega a Dios me dé lugar
en que lo pueda servir.
Con jáquima está mejor,
que estará más aliviado,
estando desenfrenado,
especial con tal favor.
Diga, ¿y ella no me da
unas faldas de camisa
que no lleve por divisa
para que me asiente allá?
Por solo libre os tenía,
pero ya dais en grosero.
Pag. 6
Basta, que mi compañero
sea la misma policía.
Pues tan poco os parecéis,
no sé cómo os conformáis.
En que nos diferenciáis
o qué competencia veis.
Pues como hermanos partimos,
y aun de lo que a mí me cabe
le suelo yo dar la llave
y ansina nunca reñimos.
Enemigo es de cuestión.
Y no mal contentadizo.
Bendito sea el que me hizo
de tan buena condición.
Torna a sonar la música.
Música torna a sonar,
alguna máscara viene.
¿Tenéis fiestas tan solemnes
acaso en vuestro lugar?
Señora, no sé en el suelo
cosa que iguale con esta,
que un no sé qué de la fiesta
para mí solo es del cielo.
Entran cuatro o seis negros y negras con panderillos y sonajas, y traen tirando una silla común y andas que hace dos asientos, y en la delantera tiene a Cupido, y en la trasera la Fortuna con su rueda y máscara negra, y pasa por delante, y da Cupido su letra a Florencio, y la Fortuna a Hipólita, los negros a Clavela.
¡Do al diablo tanto amador!
Si no nos tienen molidos
ya con docientos Cupidos,
otro servicio de amor.
No es la miel para la boca
del asno.
Dios se lo pague.
No vuestros gustos estrague
opinión tan torpe y loca.
Como no estás enfadado,
Florencio, tú de esta fiesta.
¿En qué la sientes molesta?
En ver que aquí nos han dado
Cupidos fritos, Cupidos cocidos,
Cupidos pasados por agua.
Qué importa si de invenciones
salen todos diferentes.
Dejale ya, no argumentes,
defienda sus opiniones
quien la de amor ha cogido.
Yo la tengo.
Léala, pues.
Hermosas insignias tráis,
negros, Fortuna, Cupido;
si aquella gente bozal
pueden al amor seguir,
mas yo no quise pedir
tres medios por un real.
Calle ya, que es muy pícaro
curtido en bellaquerías.
De ahí nacen mis granjerías
y de no serlo mi daño.
Señor Leonardo, podré
en callando esto leer.
Harele en eso placer.
Sí.
Pues lea, buey sandío.
Lee Florencio.
Vencido del interés
me fui retirado a Guinea,
señores, nadie me pea.
Para Florencio es muy bue-
na letra.
Y para vos.
Señala a Florencio, y a Clavela.
Yo doy mi parte a los dos
que nunca amor me dio gen.
Y alcanzaréis un bocado,
porque no sería razón
que vos quedéis sin ración,
yo sí, como desdichado.
Pase la plática de ella.
Pase la vuesa merced.
Otra letrilla leed,
que este nunca acabará.
Esta es la de la Fortuna,
y por proverbio la tomo.
Hechicera sois.
Y como
jamás me igualó ninguna.
Lee.
Tras amor negra fortuna,
porque el que sigue a este ciego
a ruines manos viene luego.
Esto juro bien a Dios,
buen proverbio habéis asido,
yo espero verle cumplido
para cuando vuelva en vos.
De estar con vos asentada
aun me puede suceder.
No ser necia en escoger
proverbio a carga cerrada.
Tomárala por ejemplo
a ser de otro esa razón.
No era bastante ocasión
ver los ángeles del templo.
Veamos pues su letrilla,
qué sienten del nuevo rey,
la conformidad de ley
que hace primos su cuadrilla.
Lee Clavela.
No mira en color Cupido,
que a palomas como a grajos
a todos nos da trabajos.
¡Oh, perras, quién los pringara!
Porque sintieran de veras
y de amor las flechas fieras
en sus espaldas quebrara.
Con esto será notorio
que usa amor nuevas tretas,
de ébano las saetas
y las plantas de abalorio.
Serán humo sus suspiros,
sus lágrimas tinta fina,
sus placeres de cocina,
bien emplea amor sus tiros.
Suena la música y entra su paje.
Señoras, al azotea,
porque pasa la ciudad
con brava curiosidad
de invenciones y librea.
Mi señor me envía volando
a que os haga subir presto
y no os detengáis en esto,
porque os queda allá esperando.
Levántase del estrado.
Habréisnos de perdonar.
Con vos no quiero cumplir.
Podremos allá subir.
Subir no más que volar,
que este día de contento
que con libertad parlamos
todo el año le pagamos
de enfadoso encerramiento.
No se esquita mal del daño,
que según están de diestras
por Dios que muestras las muestras
que andan sueltas todo el año.
Yo dejo el satisfaceros
a vos mismo, pues veréis
si algún día os detenéis
que hay dificultad en veros.
No viniera poco a poco,
vuela tan arrebatada
para tenerla tragada.
A su tema vuelve el loco.
Si acaso no deseáis
verme, señora, de hecho
y si acaso os mueve un pecho
Pag. 7
cual el mío imagináis
y si acaso os mueve un alma
que dejáis en mil tormentos
y mil vivos pensamientos
que de ella os rinden la palma
y si acaso una fe pura
y un casto amor no fingido
sencillo recién nacido
hijo de esa hermosura
que darosle ya me atrevo
como puedo veros yo
pues ese rostro la dio
en mi pecho y mundo nuevo.
Jamás entendí deciros
que siento no haya lugar
para poderos hablar
y con esto podéis iros
que para dicho de veras
fuera de Carnestolendas
no han sido pequeñas prendas
para mías y primeras
mas los principios han sido
de chacota y de pasada
y a la primera jornada
lo pondréis todo en olvido.
Mas quiero que me neguéis
el veros y aun el oír,
que, señora, el consentir
que tal de mí sospechéis.
Si eso basta a consolaros
adiós, yo quiero creeros.
Ha de ser posible el veros.
En la iglesia y sin hablaros.
También vos os despedís.
Y vos no os desesperéis.
Siento tanto el ver que os vais
como un maravedís
y aun eché el uno de más
que un maravedí bastara
si hubiera aquí quien trocara.
Vanse las damas y quedan solos y quí- tanse las máscaras.
Qué tan de burlas estás
ya que de burlas sientes
lo que es amorosas llamas
como en fuego no te inflamas
de mis centellas ardientes.
Que llueva vinagre o fuego
me tiene a mí de inflamar
vámonos a reposar
porque caminemos luego.
Tú puedes buscar reposo
que yo sin él y sin ti
no pienso salir de aquí
sino muerto o victorioso.
Florencio, es burla o donaire
porque si acaso no juegas
y procedes tan a ciegas
que así te ciegas del aire
mudaré de voluntad
y será tu desatino
principio de mi camino
y fin de nuestra amistad.
Si esa, Leonardo, me tienes
y tu gusto del mío gusta
ya mi voluntad se ajusta
y mis bienes son tus bienes.
Si una fe firme y jurada
nos liga con lazo estrecho
que en este acerado pecho
jamás será quebrantada.
Puede moverte a que sigas
el intento que yo sigo
con nuevas prendas de amigo
a nueva amistad me obliga
Ya espero que te resuelvas,
¿quieres detenerte aquí?
O que me dejes a mí
sin enojo hasta que vuelvas,
que allí donde hemos jurado
a la vuelta me hallarás,
ni quiero me dejes más
que a Fidelio, mi criado.
Cumple, Leonardo, tu intento,
ve a ver a España, y después
con decirme cómo es
me dará el mismo contento
que yo mi España, y mi gloria
en Barcelona he tocado,
en aquel rostro he cifrado
la repartida memoria.
Mal mitigará esa fragua
rocío de mis razones,
que esa llama en que te pones
enciéndela más el agua.
Qué efecto has de conseguir,
con qué fin te determinas,
en qué discurso caminas,
no te quiero persuadir
que a quien está tan cerrado
pertinaz en su opinión
convencerle con razón
le deja más obstinado.
Nunca, Florencio, entendí
que una amistad verdadera
vuelta ni mella sufriera
como la que he visto en ti.
Si de tu injusta querella
quieres satisfacerte luego,
rompe este pecho de fuego
y saca de él esa mella
acabará con mi muerte,
Leonardo, y has de creerme,
yo de abrasarme y arderme
y tú de satisfacerte.
Vamos, y permita el cielo
que suceda de este hecho
no lo que yo acá sospecho.
No me anuncies ya mi duelo.
A mujeres, sexo inicuo,
cual trastornáis y volvéis
al más cuerdo que conocéis,
abrasado sea ese pico.
Éntrase y dase fin a la primera jornada.
Jornada segunda
Pag. 8
Sale Florencio vestido de labrador con una regla y un compás y un cor- del en las manos, y Fidelio su criado con un pañuelo con dineros.
Ánimo, mi corazón,
que si voy con esto al cabo
será el negocio más bravo
que forjó imaginación.
Espántome que no entiendas
sino es que estás trascordado
que el disfraz es acabado
y que no es carnestolendas,
que da a entender tal mudanza
que has dormido y que soñando
te levantas preguntando
que por dónde va la danza.
Fidelio, pues te escogí
para alivio a mis cuidados
y entre todos mis criados
lo fío solo de ti,
no me hagas repugnancia
sino que tu pensamiento
haga en todo con mi intento
una misma consonancia.
Pag. 9
Bien me has visto de secreto
andar todos estos días,
sumiendo a esta huerta espías,
encubriéndose el efeto.
Y también del dueño de ella
me habrás visto procurar,
como al descuido, informar
si de un ángel que hay en ella.
Todas estas cosas son
la causa de esta mudanza;
no fiestas, ni paz, ni danza,
sino fuego, ansia, pasión.
Es imposible el remedio
y, como a enfermo sin cura,
se ha de buscar la ventura
por otro imposible medio.
Parece que abren la huerta,
si es acaso el hortelano,
ponte en el rostro la mano,
que es seña muy encubierta,
y sin que él ni otro te vea,
te escondes en esa esquina.
¡Oh, cielo, tú me encamina
como mi alma desea!
Encúbrese a un lado el criado y Florencio a otro empieza a medir las paredes y sale un Hortelano.
Vele medir.
¡Hola! Mujer, al pollino
echadle bien de comer,
porque tiene de volver
por el harina al molino,
y remienda esos costales
mientras el trigo se ahecha.
¿Qué diablo busca o acecha
este en mis puertas y umbrales?
¿Qué medidas estas son
que en mis paredes hacéis,
o qué en mi casa queréis?
Vos debéis de ser ladrón,
pues volveréis noramala
si nos pensastes robar.
Venís agora a llevar
la medida de la escala.
¿Quién os mete a vos aquí,
no habiéndoos nadie llamado?
Andad con Dios, hombre honrado,
y dejad hacer a mí.
¡Por Dios que es cuento galano!
No está mala la fiesta;
sepa que soy de esta cuenta
jardinero y hortelano,
y me dirá, aunque le pese,
qué pretende o a qué viene.
Paso, que a mí me conviene,
demás que es vuestro interés,
pero decidme verdad,
porque os juro y certifico
que a punto de ser muy rico
estáis con facilidad,
y este traje en que me veis
no es propio, sino postizo,
porque es adrede hechizo
para el caso que sabréis.
Importa mucho el secreto,
que el venirse a descubrir
forzoso viene a impedir
el todo de nuestro efeto.
Al cielo mil gracias doy
que al cabo de tantos días
hallé de mis alegrías
el fin que buscando voy.
Oye, sea cerrada la puerta
a tu pobreza y pesar,
y los dos hemos de hallar
nuestro bien en esta guerra.
¿Habrá quien nos oiga alguno?
¿Es esta parte segura?
Que hoy se colma tu ventura.
No puede oírnos ninguno.
Sabrás que traigo de un mozo
una memoria muy cierta,
que dice que en esta cuenta
hay aquí grande tesoro.
El cual está en cierto modo
soterrado y dividido,
y en mil partes repartido
porque no lo hallen todo.
Estas medidas me dio,
este compás y cordel,
para tantear con él
la cuenta donde quedó
en medio muchas cuentas
con gran nivel y cuidado,
y en esta sola he hallado
venir las medidas ciertas.
Luego, ¿el tesoro está aquí?
Sosiega y tenme atención,
que es venturosa ocasión
y no como quiera así.
Al fin, hermano, concluyo
con que la mitad del oro
y joyas de este tesoro
ha de ser sin duda tuyo.
Conviene andar disfrazado
y andar en tu compañía,
que en mi hábito sería
descubierto y muy notado,
y las noches poco a poco
el tesoro iré sacando.
Ni sé si me estás burlando,
o si sueño, o estoy loco.
Llegad acá.
Importa estar avisado,
que con recato prevengas
en casa y a todos digas
que soy tu primo o cuñado.
El uno de estos engaños,
cual te pareciere, di tú,
como que he venido aquí
de ausencia de muchos años.
Tratarásme sin respeto,
mandándome en qué servir,
y nadie podrá inferir
el punto de este secreto.
Y porque tampoco quiero
que gastéis a costa vuestra,
ven acá, Fidelio, muestra
el pañuelo del dinero.
Esto podréis guardar vos
para el gasto que yo hiciere.
Que de lo que yo comiere
podremos comer los dos.
Eso, hermano, no es razón
que vos gastéis vuestra hacienda.
Pésame a mí de que entienda
que soy de ruin corazón;
ya yo tengo imaginado
que en casa a mi mujer
les haremos entender
que venís de ser soldado.
Dice que sois mi sobrino
y que os fuisteis de esta tierra
desde pequeño a la guerra,
y que llegáis de camino.
También hemos de encubrir
a mi mujer el tesoro,
porque si huele que hay oro,
querráse entrar al partir,
porque es infernal demonio;
y después en mi partida
quiero que venga a mi hija,
que es del primer matrimonio.
Eso será muy bien hecho.
Pag. 10
que en mujer negocio grave
si le barrunta o lo sabe
jamás le cupo en el pecho.
Fidelio vete con Dios
que después podrás tornar,
y al descuido preguntar
por cualquiera de los dos.
Y si pregunto por ti
por quién he de preguntar,
Miguel me quiero llamar
mientras estuviere aquí.
Decidme cómo os llamáis
también vos compadre honrado.
Mena a vuestro mandado
y cuando acaso volváis
no preguntéis por Miguel
sino preguntad por mí
y si os toparen decid
que sois nuestro mercader
y que venís por dineros
de cierta mercadería
y que os traigo de día en día
y gruñid y haceos fiero.
Con esto tú puedes irte.
Voyme.
Pues vamos a ver
nosotros a mi mujer
procura bien de encubrirte.
Ese amigo no os dé pena
que metido en esta piel
haré que venga Miguel
a manda de Mena.
Vanse y sale Constantino galán aborrecido de Clavela y Albano un su criado con un billete en la mano.
De tan amargo quebranto
de tan triste sentimiento
tal angustia y pensamiento
que no da lugar a el llanto.
Y por el alma derrama
tal rabia y tal agonía
que lo que llorar temía
se ha vuelto en creciente llama.
Tengo aquí dentro una fragua
es un engaño tan ciego
que siendo en mi pecho fuego
parece en los ojos agua.
El corazón me traspasa
al pensar que en mí se haga
aquello que el fuego apaga.
Rigurosa y viva brasa
quien vio tan extraño ensayo
y tan diabólico extremo
que en agua clara me quemo
que cada gota es un rayo.
Lágrimas con tal poder
aun no queréis acabarme
pues para martirizarme
tomáis tan contrario ser
pero no es posible tal
ni que vuestro ser se mude
sino es que acaso os ayude
algún rigor celestial
para aumentar mis enojos
os conjuráis tan de hecho
que rodeáis en mi pecho
por no venir a los ojos.
Muestra ese papel a mano
tan desdichado en ser mío
que engendra rigor y frío
en lo más humilde y llano.
Que con ese mismo enfado
que me decís, y ese ceño
te dijo dile a su dueño
que es muy necio y porfiado.
Respondió enojadamente
o si no tartamudo.
Digo que aun no me miró.
A ponzoñosa serpiente
bien pagas Clavela bien
tanto amor tanta fineza
a tal muro de firmeza
tal combate de desdén.
Que en esas entrañas fieras
de ese duro corazón
no haga alguna impresión
el fuego de aquestas mías.
Un placer imaginado
una soñada esperanza
una falsa confianza
aun siquiera no he gozado.
Sale Floro con un azadón de espuerta o si quisieren con un arcaduz a echar agua.
O cómo endereza el hado
mi ventura, y mi bonanza
y por segura esperanza
me lleva al dichoso estado.
Vayan mis cosas fundadas
en un felice cimiento
si en las veras de mi intento
las tuviese aseguradas.
Conoces aqueste Albano
Criado es recién venido
que aquí nunca he conocido
sino solo al hortelano.
Podría hacerme provecho
porque los demás criados
los tiene ya maleados
la que maleó mi pecho.
O gentil hombre o mancebo
acaso servís aquí
en la huerta.
Señor sí.
Pues debéis de ser muy nuevo
desde cuándo en ella estáis
que no os he echado de ver.
Señor, estoy desde ayer
mas por qué lo preguntáis.
Hermano por cierta cosa
que no os estará a vos mal
y podría ese sayal
trocar en suerte dichosa.
Y solo con que acertéis
a tener ánimo y brío
de dar un billete mío
a mi Clavela, ¿osaréis?
Si su Clavela la llama
que ha menester tercera
par Dios que si fuera mía
no embargante que es mi amo
que no buscara alcahuete.
¿No veis que ella me aborrece?
De esa cuenta me parece
que es menester el billete
y a fe que os habéis topado
con quienmele ser maestro
porque me pico de diestro
que es oficio delicado.
No que costumbre he tenido
de tener eso por trato
sino con grande recato
con los amos que he servido,
he sido el de la privanza
aunque me veis de ese traje.
A fe que muestra el lenguaje
que debéis ser buena lanza.
Albano aparte.
Muy presto os maravilláis
pues entraréis a lo hondo.
¿Qué dices?
Señor respondo
que haré lo que me mandáis
y que en extremo deseo
que por mi mano alcancéis
todo lo que pretendéis.
Eso amigo yo lo veo
Pag. 11
Dale la carta.
No lo perderás de mí
en paga ni en voluntad.
La carta, señor, me dad,
y dejadme solo aquí,
que, como al descuido, a bobas
haré que la lea hoy,
o no seré yo quien soy,
que ya conozco estas lobas.
Después por Miguel pregunten
cuando volváis por acá,
y, en todo, disimulad,
no nos huelan o barrunten.
Con esto, señor, no más.
Yo me voy, adiós.
Y yo a la huerta.
Hoy de una esperanza muerta
viva esperanza me das.
Vase Constantino, y queda Florencio con el billete solo.
Ya empieza a darme pasión,
amor, ya empieza;
aun no empiezo a gozar fruto,
y por la pensión,
al fin son tus glorias estas.
Contrario y competidor
y señal de este amor
tan presto me manifiestas.
Apenas en campo entrado,
cuando topé el enemigo,
apenas tu huella sigo,
cuando al alma me has tocado.
Este bien tomado está,
porque, con haberlo hecho,
estaré yo satisfecho
que otro no se le dará;
porque este no se recela
de mi pecho falseado;
así le truje engañado.
Sin que lo sepa Clavela,
quiero abrir y leer,
y sus lástimas veamos,
porque de aquí colijamos
lo que le he de responder.
Estará él abriendo la carta, y sale Clavela, y escúchale por detrás.
Desde el punto que a este vi,
ando medio alborotada,
sospechosa y recelada
de que más que muestra aquí.
Estar abriendo o cerrando,
con tal aire, aquel papel,
es mucho para Miguel;
algo voy imaginando,
porque el rostro y parecer
en nada le diferenció
del mismo de aquel Florencio,
pero ¿cómo puede ser
tan presto dentro en mi casa,
y tratalle el hortelano
por sobrino, hijo de hermano?
Esto a lo posible pasa.
De mil dudas combatida,
tengo la imaginación;
quiero andar con atención,
sin darme por entendida,
que cuando venga a ser él,
sé que no me arañaré
siendo tal muestra de fe,
sino que...
A mí, Clavela, he notado
que me escucha aquí detrás;
quiero descuidarme más
para dalle más cuidado;
que si tiene el pecho blando,
el irme siempre encubriendo
más gana la irá poniendo
el írsele dilatando.
Lee la carta recio.
A término ha llegado mi fortuna.
"Clavela ingrata, que te afirmo y juro
"que, de tanto sufrir, ya nada siento,
"mas no podrá mudarse el amor puro
"que tan entero asiste en este pecho,
"cuanto es tuyo, otro, terrible y duro.
"Yo acabaré, pues tú lo quieres, de hecho,
"en suspiros y lágrimas y fuego,
"quedo con darte gusto satisfecho;
"pero, solo te pido, encargo y ruego,
"Clavela de mis ojos y mi vida,
"que no me olvides en muriendo luego;
"esto te pido en esta despedida,
"y no será razón negarlo ahora,
"siendo tú la ocasión de esta partida.
"Acuérdate, siquiera, dulce señora,
"de la aspereza con que me has tratado,
"y siempre firme esta alma que te adora.
"Acuérdate que nunca he desmayado
"desde el punto que aquestos ojos vieron
"ese rostro en un mal tan declarado,
"que, siempre que los tuyos le movieron,
"continuo los topaste en ti fijados,
"que nunca de tu vista se torcieron;
"bien sabes cuántos días malogrados
"ha gastado en quererte el alma mía,
"tan mal agradecidos y pagados.
"Tras tantos males, ¿cuándo será el día
"en que des acogida a mis razones,
"vida a mi vida, muerte a tu porfía,
"y respuesta a estos míseros renglones?"
Por una parte me anima
ver que este no es admitido;
por otra, he de ser querido
de quien tal papel no estima;
si de un mozo tan gallardo
aborrece estas razones,
en mis locas pretensiones,
como yo, no me acobardo.
No es de hortelano aquel brío,
ni uno con otro conviene;
sin duda esta carta tiene
escrita ya en nombre mío.
Llega Clavela, y esconde él la carta.
¿Ya os han dicho a vosotros
que esté cerrada esta puerta?
Ha de estarse siempre abierta
a que entren unos y otros.
No he tenido culpa de ello,
y, aunque la hubiera tenido,
siendo tan recién venido,
no hay que reñirme sobre ello;
que no puedo yo saber,
si tiene de estar cerrada,
no habiéndome dicho nada.
Bien os sabéis defender.
A mi tío o a un tra...
se lo puede ir a decir.
Gana tenéis de reñir.
Con ella bueno sería,
aunque fuera un renegado;
nunca riño con mujer.
En eso se ha de ver
la puntilla de soldado,
y a dónde habéis hecho asiento
desde que faltáis de aquí.
Señora, a Italia me fui
por mochilero de un sargento,
y después me di a la quema
como me hice mayor.
¿Y a dónde os halláis mejor?
A toda ley, en mi tierra.
No fuistes aventajado,
estando tanto sirviendo.
Eso agora lo pretendo,
que aun memoriales no he dado.
Pag. 12
Pues habéis de ir a la Corte
a seguir la pretensión.
Aguardaré la ocasión
a coyuntura que importe.
¿Tuvisteis alguna hacienda
allá en la guerra ganada?
Una esperanza fundada
solamente en una prenda
que en extremo estimo y precio.
Es algún diamante fino.
Sale la hortolana con un caldero.
Tuyo Miguel, a sobrino.
Paso tía no tan recio
no veis que está aquí señora.
Es de menester regar.
Pues yo no os quiero estorbar
quedad Miguel en buen hora.
Vase Clavela mirándole él a ella.
Toma sobrino el caldero
y regarás esas flores
todos los cuadros mayores.
¿Por do empezaré primero?
Desde el lado del alberca
hasta aquí donde estoy yo.
Que mi desdicha ordenó
que me estorbase esta puerca.
Vase Florencio y queda la hortelana.
Ay Miguel y nunca aquí
te hubiera traído el diablo
pues no sé si duermo o hablo
desde el punto que te vi.
Yo soy la casta y la buena
Teresa betazor es
la que ya mueve los pies
para ofenderos Useña.
Porque este sobrino vuestro
me ha trastornado el sentido
vos le trujisteis marido
en duro punto y siniestro
con cuanta facilidad
me arrojo y me determino
sin mirar que es mi sobrino
aunque por afinidad.
Mujeres yo os aconsejo
que huyáis de la ocasión
que ocasión hace el ladrón
y puta y el aparejo.
Como a mí que siempre he sido
una Lucrecia fiel
hasta que vino Miguel
no lo acertaste marido.
Y teniendo una mujer
moza y lozana y briosa
y tenida por hermosa
de este rostro y parecer,
al fin yo me determino
componerme y aliñarme
y con Miguel declararme
que no siento otro camino.
Pues vos la culpa tuvisteis
vos padeceréis la pena
vos le trujisteis Useña
Useña vos le trujisteis.
Entra Constantino y su criado.
Gran señal que se acaba
es ver que ya la fuerza va faltando
si Clavela te agrada, mi tormento
si gustas de que viva agonizando
a cumplir mejor tu intento
si quieres ir al mal más mal sumando
que usa el rigor de tu entereza
modérate siquiera en la aspereza
que ya que en esa furia entraste
halle tan poco puerto mi esperanza
no cortes tan de golpe en una vida
más digna de piedad que de venganza
que cuando vos el contrario de vencerla
no es triunfo la victoria que se alcanza
ni es justo que a ese rostro soberano
le puedan dar renombre de tirano.
Solicitado de mi ardiente fuego
y del dolor acerbo hecho esclavo
no hallo bien, reposo, ni sosiego
en este acerbo mal revuelto y bravo
y aunque para más mal ya vuelvo luego
a ver si mi desdicha lleva al cabo
el principio cruel que me has mostrado
en ese monte de tu pecho helado.
Sale por otra parte Florencio.
Divinos ojos luces de aquel cielo
que está reverberando en este pecho
y deshaciendo con su fuego el yelo
que un libre pensamiento tenía hecho
dichosa soledad dichoso suelo
dichoso encerramiento dulce, estrecho
favoreced un atrevido intento
si con amor merece atrevimiento.
Este que viene es Miguel
o venturoso hortelano.
Apártate a un lado Albano
dejémoslo con él.
Pues amigo, ¿qué tenemos
que el cabello se me eriza?
Extremos de primeriza
mas no me espantan extremos.
Esos me matan Miguel.
Novedad será morirte
saliendo solo a decirte
que se leyó tu papel.
Dame Miguel esas manos
qué me dices.
Lo que es cierto
y aun he, señor, descubierto
indicios, no muy livianos.
Pues dime cómo pasó
y qué sientes de mi estrella.
Púseme delante de ella
luego que al jardín bajó
y vila regocijada
y en medio de aquel placer
diose gusto de leer
señora esta pachotada.
Siquiera para burlar
de un su galán tan rendido
que me dio esto, y condolido
de velle yo suspirar
mira cuál está por ti
tan rendido a su pasión
pues sin consideración
me da dello cuenta a mí.
Medio sonrióse un poco
al ponérselo en la mano
y dijo al tomarle en vano
da en porfiar este loco
y vos tan recién venido
presto habéis hallado oficio.
Vistes en mí algún indicio
que os ha hecho ansí atrevido
al fin el papel abrió
mil ademanes haciendo
cabeceando y regruñendo
mas todo se le tragó.
Porque es caso averiguado
que jamás hubo mujer
que le deje de morder
gana de abrir lo cerrado.
Con eso estoy tan contento
que me has Miguel puesto brío
para sufrir su desvío
mil años en mi tormento.
Al acabar de leelle
¿qué entendiste de su pecho
desdén tuvo o despecho?
Solo que vi al rompelle
con color más encendido
y con airoso ademán
harto pasa este galán
Pag. 13
estando tan de partida
que si como dices es cierto
que tan aprisa se muere,
no sé yo para qué quiere
que me acuerde yo de un muerto.
Díjele: has de responder,
y fuese casi compuesta,
diciendo: da por respuesta
que me le viste romper.
Según eso no mandó
que me dijeses a mí
que el billete que te di
no le quiso ni leyó.
Eso no me desespera,
porque si no le picara
sin duda que me mandara
que nada te respondiera;
y más que no me previno
que cartas no recibiese
ni que no te despidiese.
¡Ay, dichoso Constantino,
si algún rastro de bonanza
el cielo me descubriese
y a mis esperanzas diese
Miguel, pues has empezado
a dar vida a mi alegría,
y de muerte, gloria mía,
a nuevo ser has tornado!
Prosigue, amigo, el alcance
que nos muestra la ventura,
no se pierda coyuntura
ni por tu descuido el lance.
Pues esto está en estado
que será bueno hacer,
que quiero tu parecer
como desapasionado.
Digo, señor, que probemos
a darle como el billete
alguna joya o juguete
y que nos aventuremos;
que en estas moras sujetas,
que su padre las encierra,
descúbrese mucha tierra
con las doradas saetas;
que las más suelen gustar
de un brinquiño o niñería
y esto la centella cría
que las viene a derribar;
y tienen ya por verdad
la más torpe y la más diestra,
que el dar es la fina muestra
del paño de voluntad.
¡Al cielo, amigo, pluguiese
que mi Clavela gustase
de que yo la regalase,
y que ese viento corriese!
Pero tu razón es buena,
y en cuanto será acertar
a atreverme a llevar
a Clavela esta cadena.
Por Dios, al diablo me atrevo,
especial que ya no puedo
tener a Clavela miedo,
pues va de segunda prueba.
Toma Florencio la cadena.
Amigo, ¿con qué caricias
podré pagarte este bien,
si con esto sales bien
a pedirme las albricias?
Muestra y vete enhorabuena,
que no ha de quedar pedazo
de mí, si no te la enlazo
de esta vez con la cadena.
Adiós, amigo.
Y con él
vais.
Espera coyuntura.
Vase Constantino.
Asómase Clavela a una ventana.
Como vos, vuestra ventura
por las manos de Miguel.
Bravamente en su porfía
Constantino persevera,
si en otras manos cayera
aquesta alcahuetería,
bien me diera en qué entender
este señor Constantino,
si hallara abierto el camino,
que al fin Clavela es mujer.
Que al fin Clavela es mujer,
un poco de más silencio
si negáis el ser Florencio
porque os podrán conocer,
porque de no ser Miguel
ya yo estoy desengañada,
pero no determinada
a declararme con él.
El alma que siempre vela,
como en toda parte asiste,
ya ve sin alzar la vista
en su ventana a Clavela.
¿Qué puede hablar entre sí
sin temor o confianza
la dilación y tardanza
de declarárseme a mí?
Ya la traigo recelosa,
y bien sospecha quién soy,
pero como yo lo estoy,
también está vergonzosa.
Pues de mí no ha de salir,
aunque más mi intento cales.
Saca Florencio el pañuelo anudado.
Quiero te mostrar señales
que me puedan descubrir.
Salid vos acá, pañuelo,
mi agradable compañía,
principio de mi alegría,
aumento de mi consuelo,
venda que vendó mis ojos,
lazo que el alma ligó,
cuyo dulce nudo que ató
las manos a mis enojos,
dichosas carnestolendas
que subistes mi ventura
donde el cielo me asegura
por esta prenda mil prendas.
Enhorabuena, el hortelano.
Pues, Miguel, ¿en qué entendéis?
¿Habéis el jardín regado?
Puedo hablar sin cuidado.
No hay de quién os receléis.
Amigo, yo he descubierto
parte de nuestro tesoro;
guardo esa cadena de oro,
que lo demás está cierto.
Empecé junto al nogal
que me dio el moro por señas,
y cavé entre las dos peñas
donde hice la señal;
y apenas hube cavado,
cuando saqué esa cadena,
y quiero la lleve vueseñoría
por ser el primer bocado.
Miguel, o como os llamastes,
que iba a decir don Miguel,
dichoso punto fue aquel
que vos en mi casa entrasteis.
Extraña forma y rodeo,
engaño maravilloso,
como ceba a un
este metal el deseo.
Voyme, que quiero esconder
esta fiera de mi casa,
no barrunte lo que pasa
la sierpe de mi mujer.
Paréceme bien.
Apenas
no sé, Miguel, lo que os diga,
sino que el cielo os bendiga.
Id a guardar la cadena.
Pag. 14
Vase el Hortelano.
de nuevo el alma revive
de otra gloria soberana
viendo que aun en la ventana
mi dulce Clavela asiste
Que pues no se ha retirado
es infalible argumento
que vacila el pensamiento
con vestido ya en cuidado.
Hoy, una carta escribí
echa con cautela a donde
por donde Clavela puede
salir de su duda aqui.
Como que escribió a Leonardo
todo lo que me pasa
desde que entré en esta casa
donde su venida aguardo.
Quiero hacer como que miro
entre las hierbas lugar
donde poderla dejar
mientras de aqui me retiro
que si esta de amor tocada
y le pica la centella
poco tardará en leella
y en quedar desengañada.
Deja la carta a un lado entre las hierbas y vase.
En buen lugar queda puesta
voyme y en echallo espero
que ha de ser el mensajero
mi Clavela y la respuesta.
Vase y queda Clavela en la ventana.
No esta mala la cautela
ya entiendo aunque primeriza
que fue la carta echadiza
para cazar a Clavela
que sin duda me sintió
en la ventana el traidor
como lo que ordena amor
Jamas nadie lo impidió
mas que cierto en mi será
no sosegar sin leella
yo quiero bajar por ella
pues sola la huerta esta.
Baja de la Ventana y sale fuera.
Él ha andado dilatando
el darmela y nunca ha sido
poderoso ni atrevido
con el miedo vacilando.
como se le hecha de ver
que no procuro encubrilla
a que pudiese asilla
bien sabe darse a entender.
toma la carta y lee el sobre escrito.
Al muy Ill^{re} Señor
mi señor Leonardo Ursino
no es a mi aunque imagino
que es todo un mismo color
Abre la carta y lee quedo y sale Constantino y esta detras.
Penas Rabiosas esquivas
duras terribles pasiones
que fuistes muertos carbones
y agora sois brasas vivas.
Si del fuego que me inflama
una centella podria
tocando en la nieve fría
convertirla en viva llama
Como el continuo batir
todo junto en ese pecho
no haga Clavela desecho
o tu yelo o mi vivir
O que buena coyuntura
mas como puede ser tal
si el bien se me vuelve en mal
y en desdicha la ventura
Pero pues sola la veo
quiero llegar.
Quien me escucha
Un miserable que lucha
con su furia y su deseo.
Vivo sois.
por un mal vivo
bien os admirais que viva
viviendo esa saña esquiva
y ese desamor esquivo
Pero aunque parece vida
no es vida sino un aliento
que me pone el pensamiento
que hando de mi homicida
y de eso que preguntais
he venido a convencerme
que aun gustais de aborrecerme
entiendo que os olvidais.
Ya quiero hablar con paciencia
porque creo que bastaria
para dejar tal porfia
y tan vana impertinencia
haberos desengañado
desde la primer razón
no con cifrada invencion
o pecho disimulado
sino con tal claridad
que siempre habéis entendido
que no solo en mi no ha havido
un rastro de voluntad.
sino mucha pesadumbre
de ver lo que pretendeis
no se yo que mas queréis
Constantino que os alumbre.
Con tu razón te condenas,
pues estoy firme al rigor
no es mas finesa de amor
perseverar en las penas
Si estoy cual peñasco al viento
resistiendo tus desdenes
cuando tu mas me condenas
me salva mi pensamiento.
Que sea falso o verdadero
tu amor o mudable o firme
muy mal podrá persuadirme
aquello que yo no quiero
que ni tu amor y firmeza
ni tus ansias y pasiones
ni tus ardientes razones
encenderán mi tibieza
y asi que no fies en eso
Como forzase al amor
Curandole por humor
que esa es ya falta de seso.
Sale Florencio por detras de Clavela y esta haciendo señas que se vaya Constan^{o}
Si en ese estremo me viera
menos temiera tu estremo
pues como cuerdo te temo
lo que loco no temiera.
Pero pues ya tu rigor
tan libre se desempeña
yo romperé la cadena,
del justo y licito amor
pues estimas tan en poco
una voluntad rendida
y como libre atrevida
me juzgas asi por loco
procederé como ciego
como tu en tu desamor
dando fuerzas al dolor
y añadiendo leña al fuego.
Vase Constantino y queda Clavela y Flor^{o}.
Que pasión desatinada
que accidente loco y fuerte.
Por Dios que gusto de verte
colérica y enfadada.
Pag. 15
aunque también me dolí
de su tierno padecer
porque puede suceder
aquello mismo por mí.
Aquí estabais Miguel
pues si os habéis condolido
de veros enternecido
no quiero estarlo con él
que nunca dura el desdén
especial que es de creer
que al fin Clavela es mujer
como las demás también.
No lo digo yo por tanto
ni Dios señora lo quiera
mas que a su pecho de cera
sea el vuestro un duro canto.
Que al hilo de sus suspiros
me fui como descuidado
pero agora reportado
vuelvo señora a deciros
que vuestro gusto sigáis
y quien le aborrecéis
es muy justo que le deis
la respuesta que le dais.
Como tan presto os volvéis
esa es miguel condición
propia del camaleón
tantas colores hacéis.
Solas dos de esta manera
que en ellas mi bien se funda
pues gozo con la segunda
lo que gané en la primera.
Entra Ludovico Padre de Clavela.
Dónde estás hija Clavela.
Aquí en el jardín señor.
que esta fuente, y este olor
como del cielo consuela.
A mí me consuela más
cierto caso que he tratado,
y dejo ya concertado.
Qué es señor.
Tú lo sabrás,
que no puede ser sin ti
ven conmigo a mi aposento
porque es para más de asiento.
Adiós, Miguel.
Voy a mí.
Vase y queda Flor. solo.
que una sospecha homicida
en el alma se ha fijado
pensamiento agonizado
triste y asaltada vida
ya me cubre un nublo oscuro
y a la ocasión es llegada
por los hados promulgada
en un fin áspero y duro
que si yo no desatino
de las razones que hoy
por muy hecho colegí
de Clavela el casamiento
adiós bienes engañosos
aun sin teneros por míos
habéis torcido los bríos
a mis principios dichosos.
no llegará solo a ver
aunque ya se le revela
si de este engaño Clavela,
toma disgusto o placer.
fortuna no me pusieras
sin sobresalto y recelo
a los ojos de aquel cielo
hecho Florencio de veras
sino que tu injusta mano
tan endurecida esté
que si por villano entré
me quede para villano.
Entra Fidelio criado de Florencio.
Ya señor tu intento para
de razón y de medida
que gustes tú desta vida
hecho escoria de esta casa
como Florencio se nombró
si se trae un falso caso
con una espuerta en el brazo
y un azadón en el hombro.
y que salgas por las plazas
con hábito tan grosero
son estas de caballero
buenas costumbres y trazas
pensé que este engaño fuera
para lo que pretendías
cosa de dos o tres días
y no tan ciega quimera
cuán justo es tu temor
Leonardo, señor recuerda
no quieras que aquí se pierda
el juicio tras el honor.
al fin cierras los oídos.
Déjame cuero de vino
Si soy yo el que desatino
digan los nuevos vestidos
Y motejarme de loco
villano si te arrebato
no comprarás muy barato
lo que excusarás por poco.
Para que me martirices
estoy muy de pasatiempo
y vienes a lindo tiempo
para volver sin narices
tira ve desvergonzado
y no me asomes aquí
ni esperes ya más de mí
que lo que muestra este estado
Muy bien con mi amor conviene
mas por este te he sufrido
que le tengo revestido
como tú al Demonio tienes.
Huye Fidelio y acométele Flor.o
Por qué no te detuviste
que llevaras tal momo
que no solo es un Demonio
el que mi pecho reviste
es todo el Infierno junto
un duro desasosiego
una pestilencia un fuego
de solo un mal que barrunto.
Si al fuego el pecho convierto
si quedó el alma deshecha
de lo que agora se sospecha
que será saliendo cierto.
menos mal porque el tormento
vendrá a ser tan sin medida
que ni repare la vida
ni resista el sufrimiento.
Entra Clavela muy alborotada dejando en cada parte un chapín.
Ya de paciencia y de razón el freno
y justos nudos de vergüenza rompe
el áspero y mortífero veneno
que el pecho abrasa y el furor corrompe
y aqueja el corazón de bien ajeno
y a la cerrada lengua le interrumpe
el mal guardado y tímido silencio
pues por mi daño sé que sois Florencio.
no pensé yo venir a declararme
con tan amargo y triste sentimiento
ni que el bien de miraros y mirarme
en lágrimas parara y en tormento
mi padre ha concertado de casarme
mirad qué venturoso casamiento
que con un caballero de Valencia
quieren que viva estando en vuestra ausencia
mucho digo Florencio mucho digo
mas pues lo digo, lo que siento es mucho
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solo un corazón es buen testigo
que con él, y vergüenza en este pecho.
Tiene la abrazada.
Estrella dura, cielo, mi enemigo,
Clavela dulce, ¿qué decís, qué escucho?
paso terrible y susto riguroso
con asombro y apariencias de dudoso.
Quien os viera, señora, en estos brazos
que no juzgue mi mente por locura,
¿quién no dirá que con estos abrazos
descanso, vida, bien, gloria y ventura?
siendo dolor, desdicha, muerte, lazos,
rabia, furor, infierno y sepultura;
que me apareja mi contrario hado,
temiendo en el principio el fin cifrado.
Ya vengo a conocer en mi bonanza
el mal que me resulta de tenella,
pues me dais por un caso confianza
que da fuerza mayor a mi querella,
y por otro cortáis de la esperanza
los dulces pasos, y la gloria de ella,
pues apenas el bien he conocido
cuando me le confiscáis por perdido.
Justo rigor conmigo habéis usado,
viniendo a conocerme en este punto;
pues suelen cuando muere un condenado,
a que el miserable sea difunto
ataparle los ojos; yo, cuitado,
porque vea mi mal, y todo junto
se ayude uno con otro a condenarme,
venís el blando pecho a declararme.
Desengañadme ya, sin conocerme,
un dolor con el otro se aplacará,
quedará con la lástima de verme
olvidado y ausente de esa cara;
pero amado y ausente, ¿qué ha de valerme?
que poderosa fuerza le resana
siendo del alma suya el alma y vida,
con las lágrimas de amor y despedida.
Florencio mío, ¿quién podrá dejaros?
o ya que os deje, no por partirme
podréis mi dulce bien aseguraros
que primero será para morirme.
Sea yo poderosa a consolaros
y una segura fe, y un pecho firme
dispuesto a padecer un fin sangriento
a manos de la ausencia, y mi tormento.
El darme por consuelo esa muerte
bien encarece la desdicha mía.
Voyme, señor, a casa; aquí no acierto
a entrar: mi padre envuelto en su alegría
y no halle a Florencio de esta suerte,
que mal se disimula una agonía.
Aun este rato ordena el duro hado
que le tenga tan corto y limitado.
Vase Clavela y queda solo.
Jamás tuve en fortuna confianza
de que permaneciera mi ventura,
siempre estuve temiendo esta mudanza,
que mi contraria suerte me asegura,
ya me espantaba yo de la tardanza
que no suele tardar mi desventura,
mas no extrañé, si vais con mi enemigo,
si yo me quedaré sin ti y conmigo.
Sale la hortelana llena de, y alcoholada y compuesta.
Buena ocasión he hallado
para decirle mi pena,
él está solo, y Neona
no ha venido del mercado.
Quiero aventurarme ya
a descubrirle mi amor,
que él será gran pecador
si tocadillo no está.
Miguel, amado sobrino,
no juzguéis a atrevimiento
decir mi pena a un exento,
sino amor macizo y fino.
Desde que estoy en mi casa
de decirlo regateo,
pero apriétame el deseo
y persígame la brasa;
la honra de mi marido
y mi proceder honesto,
y el miedo de algún incesto,
hasta aquí me han detenido.
Pero ya no puedo más,
demasiado es lo que he hecho
teniendo abrasado el pecho
como un propio barrabás.
Muy mejor es que en un día
me venga el golpe todo,
podrá ser que de este modo
acabe con mi agonía;
solo esto me faltaba
para más condenación,
si burlado de mi pasión
acaba fortuna acaba.
¿No me respondes, Miguel?
Dejadme por Dios, señora,
porque me cogéis en hora
que estaba hecho de hiel;
y más de esto, ¿no miráis
a que soy vuestro sobrino
y que es furia y desatino
ese amor que publicáis?
¿no conocéis que a mi tío
tengo yo de ser infiel?
Ya lo conozco, Miguel,
pero más me amodorro.
Aparte
Mala modorra te venga,
villana desvergonzada,
que compuesta y afeitada
se nos ha puesto, y qué menga.
No me hables entre dientes,
amor hace esta inclemencia,
que es tan ancha de conciencia
que jamás mira en parientes;
no hagas a mis pasiones
Miguel, ese oído sordo,
que aunque tengo el cuerpo gordo,
son pintadas las facciones;
no haga tu desamor
que vida y honra me cueste.
Vase.
¡Qué gentil consuelo es este
para un buen renegador!
Vuelve acá, esa cara buena,
no desprecies esta fe,
que estima ya más tu pie
que no las basas de Osuna.
Fin de la segunda jornada.
Jornada tercera
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Salen el gobernador sin vara con ropa de levantar y cuatro alguaciles y un escribano y Ludovico, padre de Clavela.
Señor Gobernador, sin duda espero
a que el cielo ha de volver por la inocencia,
y mostrar de su mano algún milagro
en la satisfacción de mi justicia;
mi hija había de dar sin mi palabra,
no digo a Constantino, que es un hombre
indigno de casarse con mi hija,
pero ni al mismo rey, sin mi licencia.
Aquí, señor, no hay que tratarme de eso,
yo tengo de seguir por el derecho
y gustaré yo mucho, Ludovico,
que le tengáis de vuestra parte todo.
Constantino es un noble caballero
y ha dado información de seis testigos
de que Clavela vuestra hija misma
le dio promesa y fe de ser su esposa,
y más, señor, resulta de lo escrito
que por una ventana de la huerta
Pag. 18
le dio la mano una y muchas veces
jurando de cumplir lo prometido
de todo se os dará después traslado
que es necesario que Clavela a solas
diga su confesión, entremos dentro
aunque mejor sería Ludovico
darla por mujer y tapar lenguas
seguras de dañadas intenciones.
Primero tengo de enterrar la viva
entra Señor que cuando llegue el término
de tomar ese medio por forzoso
antes yo mismo le daré la muerte
que sujetarme a tan infame suerte.
Entrase y sale Florencio.
Aqueste falso embarazo
no le he tenido por malo
pues servirá de intervalo
para que se alargue el plazo
no me ha dicho Constantino
palabra de esta cautela
no sé si ya se recela
de que le tuerzo el camino.
Pero no el mal tratamiento
que en mi Clavela halló
y como después llegó
la nueva del casamiento
sin duda fue la ocasión
y la traza esta extremada
no dicen que está pintada
del caso la información
que dure el pleito es mejor
que no que vaya a Valencia
que mientras sale sentencia
al fin seré poseedor.
Entra Const.
Ha llegado acá la nueva
Miguel de mi pretensión.
Has trazado una invención
que todo el mundo la aprueba.
y así que estoy querelloso
de no haberme dado parte
Si no he podido toparte
sin razón estás quejoso
como lo toma el señor
Ludovico y su Clavela
Árdese la casa y vuela
a los cielos el clamor
el Gobernador está
desde esta mañana dentro
que no le tope al encuentro
Ya le vi venir acá.
Pues sabe Miguel amigo
que solo a hablarse venía
porque mucho importaría
que fueses también testigo
que será lindo argumento
y negocio averiguado
si no a su propio criado
por mi testigo presento.
Pues como señor no entiendes
el disparate que es ese
pues si tal dicho dijese
es con lo que más te ofendes.
Echaránme al proviso
de casa ese mismo día
y perderás una espía
que te dé de todo aviso.
Mejor es que cele y cuela
lo que se traza y ordena
esta sí señor que es buena
invención.
Rica cautela
y dices perlas por Dios
que un enemigo de casa
todo lo asuela y abrasa
Aparte.
Y pienso empezar por vos.
Vase Constantino y queda solo Flo.
En gentil cañaveral
me tiene metido amor
sirviendo al competidor
de alcahuete principal.
Si los fines son tan buenos
como yo se los procuro
él podrá quedar seguro
de llorar duelo ajeno.
Entra un viejo letrado llamado Marco Hipólito Pariente de Ludovico.
Oh hijas no hay que fiar
quien de Clavela creyera
que tal liviandad hiciera
no me acabo de admirar
hijas criadas sin madre
luego habían de enterrarlas
porque mal puede guardarlas
con tanto cuidado el Padre
decidme hermano Miguel,
Ludovico donde está.
Ya sale Señor acá
el Gobernador y él.
Sale el Gobernador, Ludovico, y los demás.
Todo lo niega no hay que preguntarme
es necesario dar una fianza
para que la tendréis de manifiesto
y no la ausentaréis de vuestra Casa
hasta que venga a definirse el Pleito
so pena de diez mil escudos de oro.
Dónde tengo yo de ausentarla
mi hija no es mujer que ha de encubrirse
No haya más Ludovico esto se manda
y agradeced dejarla en vuestra Casa
pudiéndola llevar a un monasterio
Si no soy abonado para hacerla
no fiaré Señor de Ludovico
Oh Señor Licenciado Marco Hipólito
aunque pariente de estos Caballeros
para esto y mucho más seáis bastante
dejad en blanco toda la fianza
y firme porque no nos detengamos.
Que vuestra merced dice que se obliga
que esta Dama estará de manifiesto
sin ausentarla en casa o en parte
o si no, pagará diez mil escudos
de más de lo juzgado, y sentenciado
y costas personales.
Sí me obligo.
Firme vuestra merced donde señalo.
Vase.
Adiós, señores y permita el cielo
que en regocijo y paz se vuelva todo
que yo lo espero de tan buen juicio.
Qué os parece de esta oveja
no es un semblante manso
que regalo y que descanso
a la vejez me apareja.
Qué cara es vuestra alegría
oh hijas quien os desea
tan harto de ellas se vea
como yo estoy de la mía.
Pudístela hablar allá
delante el gobernador
Yo no la he visto Señor
Pues Miguel llámala acá.
Porque quiero examinar
su pecho, su intento, y gusto
Mostrársele aquí tan justo
que os haga desatinar.
Dice que ni el pensamiento
en tal hombre ha detenido
y de haberle aborrecido
hizo este levantamiento.
Sale Clavela y Miguel.
Pasa adelante Doncella
consuelo de vuestro Padre
cuando yo enterré a tu madre
te había de enterrar con ella.
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dime la verdad aquí,
tu padre soy, y no un extraño
sujeto a soldar el daño
que tú buscas para ti.
Di, Clavela, verdad,
y no nos encubráis nada,
que si estáis determinada,
seguid vuestra voluntad.
No te quiero yo estorbar,
encargando mi conciencia,
pero el tiempo y la experiencia
te vendrá a desengañar.
Habla, clandestina perra.
¿Ahora estás encogida?
Pestilencia de mi vida
y del alma cruda guerra.
Señor, la tierra se abra
y me trague aquí delante,
si de caso semejante
he dado yo tal palabra.
Antes, señor, siempre ha sido
en mis ojos este hombre,
y aun hasta su mismo nombre,
cual demonio, he aborrecido.
Hipólita lo dirá,
tu hija, que bien lo sabe.
Es el secreto y la llave.
Y ¿cómo que lo sabrá?
Y si no te satisfago
ni me tienes por fiel,
prueba a casarme con él
y veamos si lo hago.
Que aunque más tu gusto fuera
y tu voluntad lo amara,
esta lengua me cortara
primero que el sí le diera.
No sé qué diga, por Dios.
Él es enredo y cautela.
Vanse juntos Miguel y ella.
Miguel, vete, y tú, Clavela,
déjanos aquí a los dos.
A mí me espanta, Ludovico, el caso,
y hame dejado atónito, y confuso,
sin duda esta inocente vuestra hija,
por que es grande libertad con la que...
Pues, señor licenciado, entrambos ven,
como pariente y como amigo caro,
y como tan letrado, es necesario
que busquéis algún medio conveniente
con que pueda impedir este negocio,
pues de Clavela tengo el pecho llano.
En eso hallo yo muy mal remedio,
porque debajo que ella le haya dado
palabra a Constantino, y fe de espo-
so, que hay información y tan bastante,
hanla de compeler forzosamente
y conforme a derecho a que la cum-
pla, de cual hay mil textos, y es el uno
el capítulo ex literis, segundo,
y el cap.º requisivit cum aliis de spon-
salibus et matrimoniis;
y las razones de esto son muy claras,
que por derecho humano y por divi-
no, debent servari et pacta, aun-
que la palabra y pacto ha de guardar-
se, ut in capitulo primo de pac-
tis.
Conforme a esas razones, yo probaré
que mi hija había dado la palabra
antes que a Constantino, a mosén Farro,
que es cierto caballero valenciano
con quien he concertado de casarla,
haciendo información que esta pa-
labra fue primero, que estotra es cosa cla-
ra, que mandarán guardarla, y que vos
como juez, señor, será obligado
a cumplirla, si pruebo ser prime-
ra, que no la que ha probado Constantino.
Mejor medio será luego de hecho
que le entreguéis a igual caballero
desde luego a Clavela, y ya con eso
será forzoso su mujer, no obstante
otra cualquier palabra que ella diese,
aun antes de esta que es averiguada,
que con la tradición se adquiere
el derecho en perjuicio del primero.
Favoreciendo al poseedor segundo
el texto expreso aqueste en el cap.º
Frater dudum de sponsalibus.
¿Cómo podré entregarle yo a mi hija,
si está en Valencia y ella en Barcelona?
¿Que no está en esta tierra el mosén Farro?
Señor, no.
Pues no tenemos nada,
ni lo que vos decís, ni lo que digo
nos puede aprovechar estando ausente.
Pero advertid lo que deciros quiero
y no como letrado de conciencia,
sino como pariente, y obligado
a volver por mis deudos; como es justo,
un medio se me ofrece con que entiendo
le podremos poner impedimento,
que es el mismo que vos habíades dicho,
pero cese el hacerse por la ausencia
de aquese caballero en Valencia; no,
paréceme, señor, que luego al punto
busquemos con cuidado un hombre bajo
a quien tengáis sujeto y obligado,
y sino un criado de los vuestros,
el que mejor a vos os pareciere,
que bien instruido salga a este negocio,
pidiendo a vuestra hija por esposa,
diciendo que le ha dado la palabra
mucho primero que no a Constantino,
y lo pruebe con toda una cara.
Estando esto entrampado de esta suerte,
aunque el Gobernador se muestre esquivo,
sé yo muy bien pleitear de una parte
y dará por ninguno todo esto,
porque desea hallar algún camino.
Pues hecho eso tengo de quedarme
con un criado mío o hombre bajo
con nombre de mi yerno en Barcelona?
Escucha, Ludovico, que aún no acabo;
hecha la diligencia que te he dicho,
quedando Constantino ya excluido,
secretamente tienes de dar muerte
al hombre que escogieres para esto
y enterrarle en tu huerta a medianoche,
y publicar en toda Barcelona
que ha hecho ausencia por algunos días,
y Clavela con esto queda libre
y el tiempo nos dirá lo que conviene,
y si no se casare, será monja.
Paréceme muy bien, y he ya pensado
una persona que será excelente
si lo acabo con él, que es un sobrino
del hortelano mismo de mi huerta;
este Miguel que estaba aquí denantes
que ha sido por allá medio soldado,
y tiene a fe razón, no de villano,
y tenemos color para probarlo,
que como está Miguel siempre en la huerta
y mi hija también, el mayor tiempo,
junto al jardín, y nunca sale de ella,
dirán que la ocasión ha sido parte
a que se envuelvan, y se den palabra,
y tiene el mozo no muy mal talle.
Habéis trazado lo mejor del mundo,
y el hombre es en extremo a propósito;
hágase luego, sin dudar en nada.
Vamos a persuadirle con promesas,
y a los demás también, que sean testigos
que mi hija hará mi mandamiento.
Pag. 20
Vamos que peligró el intento.
Entranse, sale el Gobernador, y Constantino.
No tenéis de qué agraviaros
de nada aquí, Constantino,
antes os abro el camino
para mejor concertaros.
Que si a Clavela
de su casa cuál decís
y en otra como pedís
señor, la depositará,
era encender más el fuego
y tener la indignación
mayor con mucha razón,
que Ludovico está ciego,
tan colérico, impaciente
en este caso hablaba,
que casi de ver no echaba
que estaba yo allí presente;
y no es mucha ceguedad
que a quien no desatinara
que su hija se casara
sin su gusto y voluntad.
Que aunque el casamiento sea
conocidamente igual,
toman los padres muy mal
una libertad tan fea.
No sé yo por qué contemplo,
estando tan indignado
Ludovico y alterado,
aguardarle tantos temples;
que en caso de tanto honor,
salido a plaza el secreto,
no hay que guardar más respeto
sino el punto de rigor.
Que unos casos favorecen
las leyes con tanta fuerza
que antes que un punto se tuerza
los litigantes perecen,
y viéndose de tal arte,
mi justicia habrá lugar
de poder depositar
a Clavela en otra casa.
Porque es notoria evidencia
que del temor paternal,
vino a declarar tan mal
lo que no hiciera en su ausen-
Ese depósito tal
no se puede aquí hacer,
porque Clavela es mujer
tan de cuenta y principal.
Que de su punto perdiera
y vos siendo vuestra esposa,
cuando semejante cosa
por corrillo se dijera.
Pues tenéis muy bien probado
vuestro negocio y muy llano,
y entiendo que será en vano
lo que Clavela ha negado.
Salen Ludovico delante, y luego Miguel con su capa y sombrero, gabán blanco, y el hortelano, con su mujer y un criado, y un paje y una criada, y Ludovico alterado.
Quítase la gorra Florencio cada vez que le nombran.
Mira, señor, lo que pasa
y cómo mi honra va,
pues levantada está ya
contra mí toda mi casa.
Que aunque no hubiese salido,
cuando a mí todos vinieron
y con voces mil dijeron
tu hija tiene marido,
no reportando la ira
escuché su desatino;
y dicen: "no Constantino",
que eso es maldad y mentira,
que primero dio la mano
a Miguel, y suya es,
que este señor que ves,
sobrino de mi hortelano.
Yo, espantado de tal caso,
a mi hija fui a llamar,
deseando ya acabar
la vida con cada paso;
aunque pensé que mentían
diciéndole esta maldad,
di, por ventura, es verdad,
dijo que verdad decían.
Y con un libre semblante
cual nunca jamás mostró,
tan firme en esto quedó
como una peña o diamante.
Diciendo ser cosa cierta
y su voluntad y gusto,
y que fuese injusto o justo
ha de ser o quedar muerta.
Díjele: "Perra, si estás
tan loca y desesperada,
con él has de ser casada,
para castigarte más".
Hícele allí juramento
que lo tengo de seguir
y de contradecir
este honrado casamiento.
Estos serán mis castigos,
siendo solicitador
de su pena y de su dolor.
Y son estos los testigos.
Quién duda que no estarán
para el hecho sobornado,
siendo todo su criado,
buenos testigos serán.
El viejo se llama Mercado.
Desto debe de ser el
testigo, hay en la manada
que dice de una asentada
cuatro pliegos de papel.
Oyes.
Esta pasión
que Ludovico ha tomado
le tiene desatinado
y forja aquesta invención.
Vuestro será el desatino
y ya llueve sobre mí.
Señores, que estoy yo aquí,
Ludovico, Constantino.
Vos alcanzaréis renombre,
Miguel, si de esta salís,
ya no me miráis ni oís.
No os conozco, gentil hombre.
¿Queréis aparte hablarme?
Quizá me conoceréis,
que me espanto que os troquéis.
Aquí quieren sobornarme.
Todo prevenido viene,
bien el gobernador,
en que ha sido torcedor
que bien clara muestra tiene.
No hay testigo aquí torcido,
todos declaran de plano:
primero le dio la mano
a Miguel, y es su marido.
Ninguna cosa discierno,
si no es que se desespera
Ludovico en tal quimera,
pues deja y toma tal yerno.
Pues decir que es inventado
es disparate notorio,
desharáse el desposorio
aunque sea con su criado.
Señor, esta es ya mi mente
y pues el cielo la envía
quiero la tomar por mía.
Pag. 21
Él es trance bravo y fuerte,
alto, entrad adentro amigos,
llámenme luego al notario
porque será necesario
examine los testigos.
Después iré a vuestra casa
a examinar a Clavela.
Bien clara está la cautela.
Y aún en mi alma abrasa.
Éntranse todos y sale Clavela.
Si tras mi muerta esperanza
el cielo mi bien ordena,
ya se ha visto de una pena
renacer nueva bonanza;
si de donde no pensé
me resultare tal gloria,
alzaré de la victoria
las banderas que arrastré.
Cuántas ocasiones tuve
de conocer a Florencio
y con un torpe silencio
yo misma mi bien detuve,
hasta que la coyuntura
precisa del punto crudo
quitó de mi lengua el nudo,
poniéndole en mi ventura.
Por esta sentencia paso
con justísima razón,
que quien pierde la ocasión
es justo que pierda el caso.
Mi padre viene, y contento.
Ata, fortuna, los brazos
a todos los embarazos
que impidieren nuestro intento.
Entra Ludovico.
Hija, yo espero en el cielo
que nos tiene de ayudar,
y todo ha de resultar
en tu descanso y consuelo;
que una maldad semejante
como la de Constantino,
Dios le cerrará el camino
porque no pase adelante.
Ya queda el gobernador
en el negocio ocupado
y nuevas fuerzas me ha dado
mostrándome gran favor.
Que luego como se fue
Constantino, me apartó
y me dijo: "Aquí estoy yo,
tenga firme, que no haré
que Constantino se quede
con su vana pretensión
si con esta información
Clavela dice y concede".
Y cómo concederé;
venga, señor, y verá
que tu voluntad está
por ídolo de mi fe.
Y porque veas tú y él
que esta jamás fue trocada,
tengo de quedar casada
con ese propio Miguel,
y he de quebrantar mi gusto,
mi honra, y mi vida y ser,
por solo dar a entender
que obedezco lo que es justo.
No, hija, que muy mejor
lo tenemos ya trazado,
tú te verás en tu estado
a pesar de este traidor,
que esta noche determino
que matemos a Miguel.
¿Pues quieres vengar en él
la culpa de Constantino?
No, pero aquesto concierta
nuestra pretensión y efeto,
y enterrarle he muy secreto
yo y un criado en la huerta,
y habemos de publicar
que fue a cobrar una herencia,
porque si dan la sentencia
en que te mandan casar
y que se ejecute luego,
bien quedarás en lo dado,
saltando de esta jornada
de las brasas en el fuego.
Con esto libres de entrambos,
hija mía, nos veremos,
y despacio trataremos
cómo tu gusto hagamos.
Señor, el tuyo es el mío,
pero recia cosa es
que a un inocente le des
un galardón tan impío.
Esto es ordenado y hecho
y no se halla otro medio,
pues es para tu remedio,
muestra, Clavela, buen pecho.
Yo me voy a prevenir
dos espadas para el caso;
si el gobernador acaso
acertare aquí a venir,
éntrate allá en mi aposento,
y al decir tu confesión,
está muy sin turbación,
sosegada y con asiento.
Vase Ludovico y queda ella sola.
¡Ay, Florencio de mi vida!
¡Ay, nueva triste y funesta!
¡Cielo! ¿Qué revuelta es esta,
qué mudanza y recaída?
Padre de tal nombre indigno,
a quien te libra del daño
le das muerte por engaño,
y que viva Constantino.
Entra Florencio muy alegre.
¡Ah, Clavela de mis ojos,
qué dulce nueva que os traigo!
Ya, señora, desarraigo
de mi alma los enojos;
nuestro bien se va fundando.
Ya he dicho mi confesión,
la demás información
quedan, señora, acabando,
y el gobernador está
de nuestra parte extremado,
y como un desesperado
salió el contrario de allá.
¿Cómo, señora, no dais
muestra de regocijada?
¿Cómo os estáis mesurada?
¿En qué, Clavela, pensáis?
¿Arrepentísos acaso
de lo que estoy tan ufano,
o en vuestra alma el valenciano
me tiene atajado el paso?
¡Ay, Florencio de mi vida,
qué regocijado vienes,
como noticia no tienes
de la desventura mía!
No sé, Florencio, decillo,
sino que nos pone el cielo
en una mano el consuelo
y en otra el duro cuchillo.
Mi padre tiene ordenado
esta noche de matarte,
y de secreto enterrarte
en la huerta él y un criado.
Para asegurarme a mí
que no me case contigo,
mira tú, Florencio amigo,
si es lo que yo pretendí.
Vete, Florencio, a tu tierra,
más te quiero vivo, ausente
Pag. 22
mi bien que muerto y presente
aunque ausencia es mortal guerra.
a dos montes me has subido
amor para despeñarme
dos veces por desposarme
me ha tu mano enriquecido
esta es la fina, y mas alta
no te detengas Señor
que rehusa el temor
al poco tiempo que falta.
Está Florencio pensativo los ojos al suelo.
no nos dañe la tardanza
solo en un consuelo estribo
que con saber que vos vivo
ha devuelto mi esperanza
y que el tiempo como suele
hara su curso ordinario
que no ha de ser tan contrario
que en nuestra desgracia vuele
no estes amigo suspenso
sino de mi fe muy cierto.
Señora si me divierto
en nuestro remedio pienso
que de los inconvenientes
que nos han sobrevenido
tengo ya el pecho curtido
de resistir accidentes
y mil temores asuelo
un pecho determinado
sin engaño he imaginado
animo dulce Clavela
que no tengo de salir
un punto de estos umbrales
hasta dar fin a mis males
o yo con ellos morir
concede muy sosegada
en el venir a matarme
que antes que lleguen a darme
los saldrá a buscar mi espada.
y será traza escelente
que a las primeras razones
diré a voces a Ladrones
que me roban salga gente
y sin golpe ni herida
les daré tan buena mano
que salga mi intento vano
y yo libre y con la vida
y si te fuere a contar
tu padre aqueste suceso
finge aver perdido el seso
que de esto viene a quedar
tu casamiento desecho
y mi muerte pues no avra
para que matarme ya
no siendo tu de probecho
y será muy buen indicio
para tu honrra bastante
ver que caso semejante
te auia sacado de juicio
y si loca desa suerte
se viene luego a saber
quien te quiera por mujer
aunque salgan a venderte
y si permitiese Dios
que de este enrredo salgamos
en el campo nos quedamos
con la victoria los dos.
Muy incierto es ese medio
pero que dara lugar
de que os podais ausentar
si se errase el remedio
a nada tengo temor
sino solo de perderos
Mi clavela esos azeros
son vivas muestras de amor
No haré mucho en mostrar
que estoy loca, y aun furiosa
No con furia no hagais
por do os vengan a encerrar
sino loca trastornada
hablando con desatino
y aun con solo esto imagino
que os han de tener atada.
Entra un paje a llamarla.
Señora el gobernador
está aquí fuera esperando.
y quien mas
con el hablando
Ludovico mi señor.
Pues vamos a Dios Miguel
lo se bien señora
pues se llega un punto ahora
que no se si saldré del.
Entrase Clavela con el paje.
Quien Florencio te dijera
las mudanzas de este caso
y aquel peligroso paso
que en esta noche te espera
ay Leonardo caro amigo
quien te tubiera a su lado
como estas desanimado
Florencio falso enemigo
teniendo aqui a tu Clavela
te acobardas de villano
alto brazo pecho y mano
id por espada y rodela.
Sale la Hortelana.
Donde vas fiero León
que te parece enemigo
que venga yo a ser testigo
para mi condenacion
y mas no viendo quedas
lo que yo hize por ti
hicieras lo tu por mi
con tanta facilidad
hay razón ya de ablandar
ese pecho de carrasca
o soy yo alguna tarrasca
que no me quieres mirar
Porque no hago ademanes
ni melindres te alejas
es la causa que me dejas
no cansarme tafetanes
a que piedra no mobiera
esta cara no afeitada
solo con agua labada
como mano de ternera.
y encenderanse en las brasas
de las que menos merecen
unas que siempre amanecen
llenas las caras de pasas
estas que tenéis por toscas
como soliman no traen
al menos no se les caen
muertas del rostro las moscas.
las que barnizan el cuero
y pescan con falso cebo
huelen a retablo nuevo
mas yo a tomillo salsero.
al fin lo bueno se abate
y se escoje lo peor
que me respondes traydor
Siempre ha de aver Jaque y mate
como eslabones estan
mis disgustos engarzados
que unos con otros trabados
tras el primero se van.
Fidelio falta que venga
a hacerme sus sermones
para que mi corazón
estos dos Diaconos tenga.
Que por vida de mi tio
que os tengo de hacer un juego
sino rreportais el Fuego
de tan torpe desvario.
Pag. 23
que os veáis vos, deseéis
loca, sin honra y sin seso
como un viejo ha de poder
tanto en vos que os dejéis.
Pues refrenad esta tema
que de juicio os enajena
porque la infamia de ajena
es también mi propia afrenta.
Vase Flora.
Ya se me ha desvergonzado,
ello va todo perdido,
si lo dice a mi marido
diré que él me ha requebrado
y no quise consentirlo,
y como le amenazase
para disculparse fue
el primero a decillo.
Vase la hortelana, y entra Ludovico con el criado viejo Mercado.
Mercado, yo no he querido
fiarme de otra persona,
no se sepa en Barcelona
que ha sido hechizo el ruido.
Para matarle durmiendo
los dos solos bastaremos.
Si él duerme muy bien podemos,
señor, a lo que yo entiendo.
No he querido este suceso
fiarle de mozalbillos
que le cuenten en corrillos,
sino de hombre de seso.
Si tú te sientas sobre él
y le cogemos echado,
yo llegaré por un lado,
que tiene fuerzas Miguel,
y espetaréle la espada
sin que pueda rebullirse.
No podrá, que al despertarse,
ya la carga doblada,
harto siento el ofenderle,
Miguel no puede ser menos.
Los fines tengamos buenos,
no llores, señor, su muerte,
que después habrá lugar
de afligirse de este hecho.
Gusto de ver tu buen pecho.
Vámonos a aderezar,
que no me espantan noveleros.
Entrase, y sale Miguel con espada y adarga.
Trance peligroso y duro,
que tal puedo bien llamarle,
no por lo que de mi parte
en el peligro aventuro,
que una miserable vida
pequeña pérdida era
si a vueltas de ella no fuera
mi Clavela entretejida.
Otra invención he pensado
antes de probar la espada,
que cuando no valga nada
me acuda al segundo grado.
Entre los árboles quiero
fingirme que soy visión,
que en un flaco corazón
parecerá verdadero,
porque un cobarde se asombra
con solamente un ladrido,
y se deja amortecido
al topar con una sombra.
Y como pienso hacello
concierta con mi enredo,
y cae como anillo al dedo
si vengo a salir bien dello.
Y cuando no los espante
con mi engañoso medio,
mi espada será el remedio
más corto y más importante,
y si mi desdicha ordena
que muera, al fin moriré
hecho mártir de mi fe,
que no es muerte menos buena.
Quiero entrarme en la arboleda
y esperar este suceso,
entrando en lo más espeso
y donde sentirlo pueda.
Sale Mercado el viejo y Ludovico su amo, armados, con figuras que causen risa, con sus cabezas de diablo y ligazos.
Mira cómo vais, Mercado,
no despertemos la gente.
El pie pongo blandamente.
Pues tira por ese lado.
No fuera mejor traer
un mozo que nos guiara,
porque la vista repara
y hace desvanecer.
Ya, Mercado, llegamos,
ven tras mí hacia la casa.
En no ser la tierra rasa
voy temiendo no caigamos.
Habla de dentro Flora en voz demudada.
Caen los viejos en el suelo temblando.
Perverso Ludovico, al cielo ingrato,
¿a dónde vas con tan dañado intento?
Tan falso proceder, tan falso trato
ha nacido en tu loco pensamiento.
Tu propia mujer soy, yo soy Faustina.
Que vengo por celeste mandamiento
a reprimir esta traición maligna;
contigo está indignado justamente
todo el poder de la región divina.
La muerte quieres dar tan fácilmente
a aquel que por su gusto y su mandado
con pecho noble y ánimo inocente
a Clavela tu hija te ha librado
del engaño que hizo Constantino,
habiéndose por esto perjurado.
Vuelve y refrena el desatino
si no quieres que el cielo poderoso
te abrase con un fuego repentino.
Y porque quedes desto temeroso
ordena de quitarte tu consuelo
y que pierdas la hija y el reposo.
Por orden suya aquesto te revelo,
que pues fue la ocasión de tu pecado,
en eso mismo te castiga el cielo.
Quiere que quedes ya desatinado
y perdido el juicio de manera
que te traiga contino atormentado.
Vuélvete, Ludovico, y considera
que si este es el castigo del intento,
el del enorme hecho cómo fuera.
Están echados el un viejo junto al otro, y Ludovico alza un poco la cabeza.
¡Ay, Mercado! ¿Estáis ahí?
¡Oísme, hola, Mercado!
Buen lance habemos echado.
Aquí estoy aunque sin mí,
¿a dónde, señor, estás?
Hacia donde está la puerta.
Sé yo si estoy en la huerta
o en casa de Barrabás.
Di, Mercado, ¿viste tú
visión alguna a tu lado?
Tuve cada ojo tapado
con seis cruces y un Jesús.
No me oso levantar.
¡Oh, peña quien me parió!
Si estaba en mi seso yo,
que es el quinto no matar.
¿Y tú tras esto, así
estarás? Ponte en pie.
Pag. 24
Al momento me pondré
que ya encima la tenemos.
Pues llega y ásete aquí
y vamos arrastrando.
Yo voy muerto.
Yo temblando.
Vamos bien.
Pienso que sí.
Entran arrastrando uno asido de otro.
Sale Flor.
Estando tan prevenida
Ludovico esta jornada
la dejan desamparada
con sola una tos fingida.
Pero trocóse el contento
mejorando mi partido
que por topar un dormido
habéis topado un despierto.
Cielo soberano y justo
inmensas gracias te doy
pues ya sin peligro estoy
de tan temeroso susto,
que en solo salir con esto
tengo a esta mi vencida
y entiendo que se asegura
de peligro todo el resto.
Y si mi Clavela acierta
también en lo que le toca
ya muero por verla loca
destrozar toda esta huerta.
Quiero entrarme a reposar
aunque estoy tan desvelado
con la fuerza del cuidado
que no podré sosegar.
Éntrase Flor. y sale Clavela.
Como el que sentencia aguarda
estoy confusa esperando
temerosa recelando
como mi padre se tarda,
y dame una pena extraña
ver que no he sentido estruendo
de que colijo, y entiendo
que este sosiego nos daña.
Si Florencio se durmió
si le cogieron dormido
si despertó con el ruido
que conmigo concertó.
Entran los viejos alborotados.
Dónde estás hija querida
que de un extraño suceso
vengo asombrado y sin seso.
Gran mal hay, vengo sin vida.
Clavela hace visajes fingiendo estar
loca sin pena.
Desnúdase la ropa.
Oh qué galano es el cuento
diz que yo puedo vivir
trayéndome de vestir
sin alas el pensamiento.
Pues aun lo que tengo puesto
os podéis luego llevar.
Hija mía.
No hay hablar
ya no hay semblante modesto
que después que me quitasteis
el fin de mis pretensiones,
bellacos viejos llorones,
conmigo y todo acabasteis.
Salió la promesa cierta
mira si fue sueño vano.
El diablo lleve el cristiano
que más pie ponga en la huerta.
Si mi pensamiento vuela
y yo le estoy esperando
para qué estáis destrozando
el pensamiento a Clavela.
De aquel pensamiento firme
ha nacido este liviano
no me le hurtes tirano.
Hija mía quieres oírme.
En llegando escuchará
quieres tú que se le quite
un mal que el cielo permite.
Por mi culpa se le da
desdichado Ludovico
más merezco yo señor.
Con el son del atambor
esta victoria publico
ya ha vencido su engaño
mi capitán general
que es mi propio natural
el que tenéis por extraño.
Vuestra primera cautela
la segunda la borró
la tercera a esta mató
la cuarta todo lo asuela.
Si me deshaces la quinta
será el juego peligroso
que vido fallo en . . . .
vale mucho más que pinta.
Es este Clavela el día
de tu desposorio y fiesta
Ludovico ha sido esta
tu esperanza y tu alegría.
Hija vamos a cenar
ven conmigo a tu aposento.
Si no masca el pensamiento
cómo puedo yo mascar.
Más lástima que ha tomado
en aquello viene y va
tras su pensamiento da.
Ese es caso averiguado
siempre dan en una tema
los más de esta enfermedad.
Hola criadas guiad
que me duermo con más flema.
Éntranse y la loca delante.
Vamos que si duerme un poco
haréle gran beneficio
que suele tornarle el juicio
el solo dormir a un loco.
A mí me fuera más sano
haberme entrado a acostar
que no venir a buscar
loca, duende, ni hortelano.
Sale Florencio con su espada.
Espada andaos a mi lado
que no sé si estoy seguro
seréis mi defensa y muro
mientras pasa este nublado.
Las locuras escuché
de Clavela entre una puerta.
Ruido siento en la huerta,
pues clara la luz se ve
nada me dará cuidado.
Salen Ludovico y Mercado tras Clavela
con un plato, y algo que coma en él.
No he de estar entre paredes
donde van vuestras mercedes.
Clavela come un bocado.
No deis en esa locura.
Pues dame a mí ese contento.
Que coma sin pensamiento
para su ventura.
Señor Mercado qué es eso
que trae un ruido mortal.
Grande mal Miguel, gran mal
Clavela ha perdido el seso.
Esta noche habéis sentido
en la huerta alguna cosa.
Una voz muy temerosa
y un espantable alarido
pero agarré del colchón
y echémele en la cabeza.
Ese alarido fue pieza
para su estimación.
Ya te entiendo vejezuelo.
Come hija de mis ojos.
Para solo darme enojos
alzáis pensamiento el vuelo.
Pag. 25
Como queréis que yo coma
soy por ventura mujer
Sí que bien puede comer
Quién os mete aquí mahoma
sois vos traidor ayudante
a quitarme el pensamiento
y con tan poco escarmiento
parecéis aquí delante
Qué bien finge las locuras
cuán astuta estás que diestra
a necesidad maestra
a qué riesgos te aventuras.
Quieres te dejar morir.
Por un pensamiento muero
y a mi pensamiento quiero
sin él no puedo vivir.
Llegadle el plato Mercado
siempre el darlo sale cierto
No me coja en descubierto
algún mojicón rodado
No hará que aun medio mal
habido no estar furiosa
hija come alguna cosa.
Será pecado mortal
si quebranta el ayuno
que el pensamiento me puso
con justa causa se hizo
voto mandado importuno.
Veamos prueba a comer
quizá luego comerá
que el loco siempre se va
tras aquello que ve hacer.
Come Mercado.
En nombre sea de Dios
oh cómo sabe Señora
alcance un bocado ahora.
Veolo mas comedlo vos
que no tengo tal intento
sino hallo lo perdido
Ya hija ya ha parecido
ves aquí tu pensamiento.
Dale una sortija.
Que aquí dentro en este anillo
yo mismo te le escondí
No puede caber allí
pensamiento para un grillo.
y venís así a burlarme
dejame sola traidores
que quiero de mis dolores
algún momento aliviarme
quiero yo soñar un sueño
que renueve mi gloria
y que vuelva a mi memoria
la memoria de mi dueño
Ya se asienta vámonos
pues esto cerrado está
en cuanto reposará
Encomendémoslo a Dios.
Siéntase ella y éntranse todos y dejan allí el plato y en yéndose endereza el cuerpo sentada, sin levantarse empieza
Ausente o pensamiento
de mi dulce pensamiento
no sé cómo tomo asiento
tal tema para el sermón
no quise a Florencio hablar
que como estoy tan medrosa
temí no decirle cosa
que diese que sospechar
buena vereda hallé
del pensamiento perdido
será camino seguido
en que no me perderé
a fe que quedo cansada
pero contenta en extremo
pues por loca ya no temo
lo que aborrezco, y me enfada
al fin de tu mano vino
mi Florencio el remediarme
y de las manos librarme
de Fabio y de Constantino
con que bastante razón
me he determinado a amalle
qué brío donaire y talle
qué animosa discreción
que segura de su fe
puedo entregarle la mía.
Entra Florencio con una cesta con algo de comer.
Mi clavela
mi alegría
Sois vos la misma que fue.
Florencio de mis entrañas
Loca de mi alma y vida
sois vos clavela querida
Casi no te desengañas
yo soy mi bien y consuelo
la que en verte libre y vivo
un nuevo gozo recibo
trasladado del del cielo.
Mis ojos come un bocado
siquiera por que yo soy
clavela el que te lo doy.
Como a loca me has tratado
Pues la misma prisa pones
que mi Padre me ponía.
Amor por tu vida mía
que tienes dos mil razones
Porque tan embebecido
en tus locuras estaba
que casi no me acordaba
de que tu padre era ido
Ahora yo quiero empezar
a comer, pues tú lo quieres
porque Florencio después
me esfuerces para cenar.
Que en efecto en mí has dado
locura es desesperada.
No menos bien fundada
Si más requiere cuidado.
No estoy yo mal prevenida
pero como no me alabas
mis locuras no son trabas
Son extremos por tu vida
que aun apenas yo creía
con ser dello el instrumento
si era cierto o fingimiento
según propio parecía
En eso conocerás
lo que estimo el no perderte
pues me esfuerzo de esta suerte.
Satisfacciones me das
siendo vida de mi vida
y habiendo ya conocido
que por ti mi bien no ha sido
muerta y deshecha y perdida
no ves que vivo de nuevo
con que se estorbe tu ausencia
según esta consecuencia
dos vidas y aun tres te debo
Pues también me la aseguras
Clavela con avisarme
cuando pretenden matarme
y ahora con tus locuras.
Parece que suena ruido
mi padre acaso será
esconde esa cesta allá
no barrunten que he comido
Yo sabré disimular
déjalos entren Señora.
Ludovico entra y un Criado.
Hija Clavela no es hora
que vayas a reposar
Nunca he podido hacer
que coma solo un bocado
que de esta cesta le he dado
lo que traigo que comer
sin remedio
Pag. 26
si no con mil disparates
decir, Miguel, no me trates
de tan peligroso medio,
que si sabe el pensamiento
que como sin suficiencia
no volverá a mi presencia,
y otros desatinos, cierto.
A qué vienen, ellos digan,
y el pícaro no se va,
o es concierto entre ellos ya
de que todos me persigan.
Pues echen luego la suerte
antes que salgan de aquí,
que el uno vive por mí
y a los dos quite la muerte.
Dices, mi hija, verdad,
pero ahora come aquesto,
que quiero yo verme en esto
si haces mi voluntad.
Pues pechos endurecidos,
principio de mis cuidados,
para solo dos bocados
os mostráis agradecidos;
si mi pensamiento ha dado
el vuelo de la paloma,
¿para qué queréis que coma
si no viene el convidado?
Ponedme luego la mesa
y vamos a esperalle,
que no quiero yo quitalle
lo que falta de la empresa.
Pasad adelante todos.
No os me quedéis vos, villano,
que me habéis de dar la mano
y sacarme de estos lodos;
a vos os digo, a entrambos.
Hija, no se la daré.
A dos queréis que la dé.
A ver lo que quiere vamos.
Entran Clavela y todos tras ella, y sale Leonardo de camino con Fidelio criado.
Eso pasa, Fidelio, eso me cuentas,
que en esa honrada vida, en este traje,
con ese vituperio, esas afrentas,
fuiste, Florencio, el rostro a un linaje
honrado, nombre, milagrosa fama,
le vendrá a resultar de este vil traje
a pestilencia viva en viva llama
si veo yo abrasar falsas mujeres;
y empiece la primera por mi dama,
como conozco ya vuestros placeres
vivo con vida alegre y sosegada.
Espántame, Florencio, que no infieres
que al apretar la mano es todo nada,
y cuán cerca del bien está lo amargo,
que son gustos cual píldora dorada;
luego daréis amantes por descargo
que amor lo hace siendo falsa culpa
los que para descuento dais del cargo.
Florencio, mi señor, no se disculpa,
antes no da lugar a más razones,
comerse, tragar a quien le culpa;
está ya convertido en sus pasiones
tan fuera de razón y enajenado,
que en balde a reducirle te dispones,
y a su señor ni sabe que has llegado,
se escondiera de ti, porque sospecho
que sin duda le tienen hechizado.
Vierasle andar por esas calles hecho
azacán, hortelano, despensero,
que no quedaba, en viéndole, derecho,
y otras veces en cuerpo y sin sombrero
barría la plazuela de su puerta.
Propias hazañas son de caballeros.
Cogiendo la basura en una espuerta
le ve cargado de ella y volver luego
a regar los jardines de la huerta;
finalmente, señor, está tan ciego
que si una vez por pies no me valiera
gozara de la furia de su fuego;
ya de su casa nunca sale fuera,
no sé si de temor de tu venida,
porque no le deshagas su quimera,
tiene toda la casa prevenida
que digan que le buscan, que es ya ido,
para que no le estorben esta vida,
y así yo mil veces he querido
verme con él, y sale el hortelano,
que de un falso tesoro embebecido
le tienes más que a todos de su mano,
y dice: "Si buscáis al compañero,
no tenéis que buscar, ya es ido, hermano."
Pues yo, Fidelio, aventurarme quiero,
¿sabes del dueño de su casa el nombre?
Es Ludovico, un noble caballero.
Pues no me tienes de tener por hombre
si yo no le sacare de este engaño
con otro tal, Fidelio, que te asombre,
pues yo tengo la culpa de su daño.
Éntranse y sale Clavela y su padre y un criado, y Vsena el hortelano y Florencio con un plato y algo de comer, y Clabela saltando o jugando con algo.
Porfía en darme comida
por estorbarme la muerte,
traidores, y de esta suerte
me iréis quitando la vida.
Ella se irá consumiendo,
porque estando sin comer
mal se puede entretener,
hija Clabela.
Ya entiendo
que vuestro dañado intento
es henchirme de manjar
para que no me haya lugar
cuando venga el pensamiento.
Qué furioso desatino
ha tomado y qué prolijo.
Cuál fue el villano que dijo
que mi dulce Constantino
ha llegado, miren, falso,
pues bien le pueden decir
que la que sabe fingir
sabrá deshacer su agravio;
tantos me quieren a mí
siendo pensamiento tuyo,
pues para que de ellos huyo
basta el esperarte a ti.
Mientras le esperas un rato
siéntate y come un bocado.
Hasta que le haya topado
no me llegue nadie el plato.
Salid, Vsena, a ese aposento,
y entraréis hacia nosotros,
y luego decid vosotros
que es este su pensamiento.
Vase Vsena.
Ya, hija, remedio tiene
tu pretensión y deseo,
que me ha llegado un correo
que tu pensamiento viene,
luego tienes de comer.
Pues decidme adónde llega,
que el regocijo me niega
las muestras de este placer,
salgámosle a recibir.
Tente, que él entrará acá.
Tampoco contento os da
que no me dejáis salir.
Entra Vsena.
No tienes necesidad,
que vesle aquí donde asoma.
¡Oh, qué donosa carcoma!
Pag. 27
si no me tratáis verdad
será mayor el delito
quereisme engañar atento
no veis que es mi pensamiento
más gentil hombre y mozeto
Lud.co señala ahorcado.
o hija que no erramos
y por burlarte lo hicimos
ves le aquí que le tuvimos
encubierto entre unos ramos
ya tu enojo es acabado
que no te luce este engaño
tomad allá ese pícaro
desadle estese enrramado
echadle por esa puerta
si no queréis que me ofenda
mira qué gentil hacienda
me tenían encubierta.
llega tu miguel probemos
todo lo posible a cielo
hija mia y mi consuelo
ya no es razón que burlemos.
ves aquí tu pensamiento
que junto a mi letanía
sino que te le encubría
hasta estar en tu aposento.
llega Clabela a flor. y mírale con cuidado y siéntale un rato.
Dulce pensamiento mio
hoy buena anda la carguera
Quién pensamiento creyera
mi firmeza y tu desvío
adonde te has ocupado
no me llevarás contigo
sin dejarme un enemigo
por verdugo a cada lado.
Pruebale miguel a dar
algo que coma quiza
de tu mano comerá
que es vena que suele dar.
Pues sois nuestro pensamiento
que do ahora que comáis
veamos si me dais
Clavela a mi ese contento
tan presto quieres que haga
lo que ninguno ha podido
aviendo tu merecido
tan diferente la paga.
no pensamiento no quiero
sujetarme a padecer
que no tengo de comer
si tu no comes primero.
Come Flo.
Ea pues ya como yo
come vos tambien Clavela
Come Cla.
Puedo poner una escuela
de comer uno y uno.
Aquestos enrubiadicos
os trastornan la mollera
no enrubió de esta manera
mucho mejor mis hocicos
Secretos del cielo son
o misterio soberano
que muestras en esta mano
mi remedio y mi traición
que en este mismo que quise
tan contra razón matar
el reparo viene a estar
que me amenaze y avise
yo te prometo inocente
cuidar de hoy mas por ti
mas que por ella y por mi.
Como no coméis pariente
pues durará mi querella
si no queréis ayudarme.
tengo yo de atiborrarme
por darle contento a ella.
no basta lo que han comido
han de seguir su veleta
para que despues no meta
con el boticario en ruydo
Habla bajo Miguel
que la atruenas con la voz
Pues Señor barbas de arroz
quien le manda ablar a el
Conoce él a dicha es tonto
pues no se deja ensillar
que si le quieren domar
dá corcobos como un potro.
Pero yo le esconderé
aca dentro de mi pecho
y verá que en su provecho
está velando mi fe.
no estas de esto confiado
pues ven comigo y reposa.
no me faltaba otra cosa
sino andar della cargado.
ásele.
Por Dios bueno arre aca Sancha
vayase ella ado quisiere
ve con ella donde fuere
Pensamiento y esa mancha
habéis descubierto ahora
venid y sabreis de mi
que yo vuestra vida fui
y la matadora.
Vamos que por Dios que pienso
irme presto a un lugar
porque yo no quiero andar
trayendo aqueste tal censo.
Pues lo ha permitido el cielo
vete llevala Miguel
vos D.a Xena idos con el.
Vanse todos y queda Ludovico.
Un poco de mas consuelo
tengo en ver que haya comido
con justa razón padezco
que mucho mas mal merezco
que el que me ha sobrevenido
Pues con un intento ciego
buscava la muerte a quien
fue instrumento de mi bien
y agora de mi sosiego.
Entra un Paje.
Un caballero embozado
dice que quiere hablarte
y te pide de su parte
que estes sin ningun criado
Si es esta traycion que tiene
ordenada Constantino
pero no lleva camino
viene solo
solo viene
Dile que entre y salte fuera
y tu y otros dos criados
os estareis arrimados
en esa puerta primera
Por si fuere de menester
que siempre es bien recelarse
pues no puede adivinarse
lo que esta por suceder.
Entra Leonardo embozado y descúbrese a Ludovico
Concedaos Señor el cielo
la vida que os deseais
Y vos la misma tengais
y a su medida el consuelo.
a gran ventura he tenido
Señor que lo que pretendo
cayga en parte adonde entiendo
que seré favorecido.
Porque vuestras nuevas son
de manera en Barcelona
que aseguran mi persona
y allanan mi pretension
Es merced que no merezco
toda la que se me hiciere
Pag. 28
mas lo poco que valiere
a vuestro servicio ofrezco
Pues con esa confianza
y merced que me ofrecéis,
espero que remediéis
una perdida esperanza.
Sabed, señor Ludovico,
que en Nápoles, do nací,
habrá un año que reñí
con un caballero rico,
de los de más nombre y cuenta,
hijo del barón de Roca,
que de su soberbia loca
vino a resultar mi afrenta.
Este Florencio se llama,
que aun solo en nombralle siento
un encendido ardimiento
que de venganza me inflama.
Sobre cierta niñería
se revolvió la cuestión,
y a una liviana razón
me respondió que mentía.
No pude satisfacerme
luego que me desmintió,
porque al instante cargó
mucha gente a detenerme.
Que es uso inconsiderado
querer venir a dos reñir,
todos acuden a asir
y a tener al agraviado.
Aumentóse a mi pesar,
que como me detuvieron
por entre todos le dieron
para escaparse lugar.
Sintió todo mi linaje
con tal extremo esta infamia
que respecto con furia
era frío mi coraje.
Fue tanta la diligencia
que buscándole se puso,
que de temor se dispuso
a hacer de Italia ausencia.
No tuve de esto noticia
y al punto me partí luego,
aunque reportado, ciego,
pidiendo al cielo justicia.
Toda España he rodeado
sin hallar este traidor,
pero el cielo vengador
del inocente agraviado
ya que me venía a embarcar
y deseando a irme,
llegaron aquí a decirme
que estaba en este lugar,
y ya que es cosa cierta
y que anda de temor
vestido de labrador
y no sale de su huerta,
y que en ella pasa ufano
seguro, estando encubierto,
teniendo todo por cierto
que es deudo de tu hortelano,
y trueca en Miguel su nombre.
Todas esas señas son
ciertas, y tenéis razón
que en mi casa está ese hombre.
Pues, señor, como quien ereis,
lo que es honra considera,
que el verme de esta manera
hará que lo consideréis.
Mira un noble caballero,
tan de todo desterrado,
y sin razón afrentado
como a villano grosero.
Solo te pido que haga
esta pasión en ti mella,
y que mi justa querella
en Florencio satisfaga,
y para satisfacerme
te suplico me le entregues,
pues no será bien que niegues
en esto el favorecerme.
Con la misma relación
habéis el descargo hecho,
con que quedáis satisfecho,
señor, de aquella cuestión.
Porque si el contrario huyó
y no fue para esperaros,
eso no pudo agraviaros
si luego no os esperó.
Que también podría venir
uno a agraviarme dispuesto,
con el mismo presupuesto,
fiado en que puede huir,
luego quedaré afrentado
pasando de esta manera,
no, si el contrario no espera,
no os tengáis por agraviado.
Ya me han dicho esta razón,
pero a ninguna me allano,
si no con mi propia mano
no tomo satisfacción.
Esto he venido a pedirte,
confiado que has de hacello,
para que yo salga dello
con honra para servirte.
Estará Ludovico algo confuso y pensativo.
Extraño caso intentáis,
pero mucho me ha movido
veros andar aburrido,
aunque sin causa lo andáis.
Porque conozco el cuidado
que dan estos casos de honra,
y cuál siente una deshonra
el que vivió siempre honrado,
os quiero servir en esto
y sacaros de esa pena.
Será echarme una cadena
con eje y clavo en el pecho.
Pues para que haya lugar
cómo trazarlo mejor,
iros y podréis, señor,
antes de una hora tornar.
Dame, señor, esas manos
que mi deshonra han deshecho,
pues son respiro a un pecho
en que no cabe un estrago.
No es razón que pidáis eso,
muy seguro os podéis ir
de que os tengo de servir.
Otras mil veces las beso.
Vase, y queda Ludovico.
¡Oh, maravilloso medio
el que tengo imaginado!
Deste caso ha resultado
mi descanso y mi remedio,
que agora por Barcelona
y lo que deshonra ha sido
ha de ser una corona.
Diré que muy bien sabía
que Miguel era Florencio
y que el secreto y silencio
que en este caso tenía
era solo de temor,
porque con aviso estaba
que este traidor le buscaba
con ventajas de traidor,
y que mi hija le dio
palabra de casamiento,
y que de consentimiento
con ella se desposó,
y hasta estar asegurado
Pag. 29
No quise se descubriese
porque seguro estuviese
en mi casa disfrazado
satisfaziese mi honra
y mi hija queda honrada
si queda con el casada
soldando tanta deshonra
Ella en dichosa ocasión
porque aunque tan loca cosa
consolar me he con ver ya
en mi casa sucesion
no lo ordenaré demente
que obre este ciego el daño
y libraré con su engaño
a Florencio de la muerte.
Van de prisa Ludovico y entra Florencio.
nueva alteración me ha dado
que el rostro como una brasa
va Ludovico de casa
con gran prisa alborotado
Porque al salir de la puerta
con Clavela me topó
y con ninguno habló
ay mas mal fortuna incierta
Porque hoy la nueva le vino
que la sentencia ha salido
en mi favor y excluido
por mi parte a Constantino
ay Cielo nueva asechanza
si a que tenéis por oficio
derribarme el edificio
siempre que va con bonanza.
Clavela dulce bien mio
todo lo sufro por ti
Por ti sola tengo aqui
tan enajenado mi brio
Por ti moriré contento
con nuevo exemplo de amor
y acabárase el temor
a manos del sufrimiento
Entra Cla.
Ay Florencio que sospechas
tengo de otro nuevo mal
porque vi a mi Padre tal
que quedó muerta y desecha
y no pudiera alterarme
el vello tan demudado
sino que estando a mi lado
se saliese sin hablarme
que despues de esta locura
me muestra mas voluntad
No es nuevo aver novedad
de ordinario en un ventura
Ay amigo de mis ojos
quan por mi mal te miré
puestas en esto causaron
y causaron mis enojos
que sospechas? que piensa
Florencio de este cuidado?
Como camino trillado
voyme luego a mis ofensas
de mi muerte doy eviden
cia que la sentencia en favor
que hoy me dio el gobernad.
trae sin duda otra sentenc.
al fin moriré ya aqui
sin que puedas remediarme
pues no podras aviarme
no avisandotelo a ti
A figúrate Florencio
que antes que llegue ese extremo
hase romperse este pecho
su traición y mi silencio
vamos a mi aposento
y di que quieres comer
no nos vengan a entender
que hara mas cierto el temor
abrazale
Dame un abrazo primero
ay mi bien como hay quien
abrazo tan desabrido
nunca fue dulce el portero.
Van a irse y tornase ella a dentro porque ve al Padre.
Tornate Florencio alla
que a mi padre veo venir
Para que me he de encubrir
entrase aqui nos hallara.
Pues disimula y veamos
en que para este nuevo
Poco hay que dudar de eso
Entra Ludo.
Hija es hora que comamos
Al Padre.
Si con tanto olvido
pagais tanta fe
querria mas un quarto
que a vuesa merced
Como os va Miguel a vos
no andeis con ella mohino
Pardiós que su desatino
nos trae locos a los dos
despues que el diablo me hizo
sombra de tu pensamiento,
Con Flo.
Ese es muy buen regimiento
cuando el mal es pegadizo
Pero menos hinchazon
quiero que tengan conmigo
que es poderoso enemigo
el que encubre el corazón.
de miedo de esos Pastores
ojos mios no lloreis
que a los que os miran volveis
llorosos.
Todas estas niñerias
que me atormentan a mi
te habían de dar gusto a ti.
Entra un paje.
Pensamiento a mi te ensayas
Con quien quieres despeñarme
para que no te despeñen
si sueñan dejalos sueñen
que podrian engañarse.
Venid Miguel que ya es hora
quiere el amo de comer
tiempo es luego traer
a Clavela mi Señora.
Empieza ya la tarea
tienenme a mi aqui alquilado
para andar apaleado
como negro de guinea
tómalo o nunca
en enseñando la a esto
le quedara el beso puesto
Es locura que le toma
no se de Miguel pasión
que si agora esta impostura
hace esperando esta luna
mudara imaginacion.
Pues tengo yo de esperar
sus lunas que me va a mi
Ay pensamiento a mi
tal respuesta vais a dar
Estando yo tan al cabo
que quiero morir por vos
pues yo os boto al sol de Dios
que no se me da un ochavo
Si eso le piensas decir
mas mal le haran tus razones
aun sin hacerle amoniciones
no la podemos sufrir
mira que hara con ellas
con los locos no hay regalo
sino con azote y palo
cada momento molillos.
Corre ve hijo Miguel
y dales la comida
ea Miguel por mi vida
ea hija idos con el.
venga do los ala un mala
a pensamiento traidor
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ya me mostráis desamor.
Burlandico se regala.
A un perro que allá dentro
cuando solos nos veamos,
vos gustaréis que comamos
los repechos del encuentro.
Entrase, y queda Ludovico.
De notable admiración
es verle disimular,
qué cuidado en el hablar,
qué bien guía su intención.
Pero yéndole la vida
en andar de esta manera,
finge, como yo fingiera,
la simplicidad fingida;
ya como astuto le quiero
y le miro con cuidado
si el cielo, santo, sagrado
como espero...
Entra Leonardo y Fidelio.
Oh, señor, heme tardado.
No, porque por un momento
no se estorba vuestro intento,
antes habéis acertado,
y a coyuntura venís
que no puede ser mejor.
Esperadme aquí, señor,
que voy por lo que pedís.
Vase.
Ya, Fidelio, es imposible
que este loco general
salga con buscar su mal.
Será negocio increíble
porque va tan dentro en él
y demente le sojuzga
que no sé quién se reduzca
a Florencio de Miguel.
Entra Ludovico con el gobernador y alguacil.
Señor gobernador, este es el hombre
que ha venido a matar aquí a Florencio
sobre caso pensado, y acechando
manda luego prenderle estos ministros
y que en la cárcel como tan aleve
le pongan luego en la mazmorra escura.
Asidle luego, dadle vos las armas.
Mirad, señor, que soy un caballero
noble, y que no es razón que de esta suerte
me traten por estar en tierra ajena.
El señor Ludovico este buen término
vos el aleve sois y el engañoso.
No pasen adelante esas razones.
Haced que llamen a Miguel volando
para que aquí a los dos los careemos
y la averiguación luego se haga.
Ludovico a un criado. Corre por el que con Clavela queda.
Sabe, señor, y sepa Barcelona,
que este que por Miguel habéis tenido
no es, como piensan todos, un villano
de rústico y humilde linaje,
antes un valeroso caballero
que su nombre es Florencio, único hijo
del barón de la Roca, cuyo estado
en Nápoles, señor, tiene su asiento.
Ha muchos días que anda disfrazado
de temor de este y otras mil traiciones
que con engaño y falsedad procuran
darle la muerte porque allá en su tierra
a este desmintió que tenéis preso.
Él es mi yerno, y él es el que ha sido
con nombre de Miguel de mí encubierto,
y yo mismo, señor, le di a mi hija,
y ella por su marido allí le aplaude,
sino que hasta prender a este tirano
para mejor asegurar su vida
convino que el secreto se guardase
hasta el punto que el cielo haya querido
que este señor viniese aquí a las manos
para que pague el alevoso intento.
Él es mi yerno Florencio, quede libre,
y aunque loca mi hija, muy honrada
con que se sepa la verdad del caso,
y quede disculpado en Barcelona
de que no envolvió con un criado,
sino que yo le di noble marido,
que el nombre de criado fue fingido.
Entra Miguel con el criado.
Aquí viene Miguel, que estaba dando
de comer a Clavela, mi señora.
¿Qué me mandas, señor, que con tal prisa
me fueron a llamar de donde estaba?
Arremete Leonardo a querer abrazarle, y asiendo Leonardo, y el Gobernador, y Ludovico, y todos se alborotan y los detienen pensando que se quieren acometer.
¡Florencio, amigo!
¡Ay, Leonardo, hermano!
Tened lo que intentáis aquí, traidores,
en mi presencia vais a acometeros.
¿Tíranse o tienen asido ciegamente,
o por qué no me dejáis abrazaros?
No os dé pena, Florencio, el verme preso,
que no por eso perderé el abrazo.
Sueltan a Florencio y tienen el otro asido y apartan.
¿No decís que estos dos son enemigos?
¿Cómo cual veis porfían a abrazarse?
De eso también me quedo embelesado.
Sabrás, señor, pues es llegado el tiempo
en que el intento mío se declare,
que viniendo Florencio y yo de Italia
con deseo de ver a toda España,
llegamos por su mal a Barcelona,
donde se enamoró con tanta fuerza
de una dama que vivía en esta casa,
que sin querer pasar más adelante
aquí se me quedó con un criado
sin que fuese bastante a persuadirle
que dejase tan ciego desatino,
que tal ha sido pues en el discurso
de estos amores de este falso loco
sin duda con hechizos le han traído
andar de la manera que le habéis visto,
sirviendo en esta huerta de hortelano.
Y para que si acaso yo viniese
porque no le sacase de este enredo
ya no salía un punto de su casa,
y si venía a buscarle su criado
salían a decirle que era ido,
que más no le aguardase en Barcelona.
Como llegué y supe todo el caso,
hice con Ludovico aqueste engaño
para no descubrirle los amores
que Florencio trataba aquí en su casa,
por si acaso, señor, no los sabía.
Y tuve por menor inconveniente
fingir esta quistión, que declararme,
con ánimo de en viéndole a la mano
llevármele conmigo luego a Italia,
sacándole de aqueste infame enredo,
ya que veréis, señor, la verdad clara.
Pues dice Ludovico que es su yerno,
mirad, señor, si está bien engañado.
Manda que me le entreguen al momento,
que de él tengo de dar cuenta a su padre.
Señor gobernador, pues yo os suplico
y requiero también, si es necesario,
con el justo y debido acatamiento,
que a Florencio también detengáis preso
hasta que el casamiento se efectúe,
pues está desposado con mi hija,
y también por ser ....... declarado,
y es, señor, como veis, de reino extraño
y se podrá ausentar quedándose ella
en toda Barcelona deshonrada,
de más de que Clavela estando loca
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muy mal puedo con vos ya casarme
manda señor ponedle a buen recaudo
para seguridad de este negocio.
Asid a essotro entra ambos vayan presos
que Ludovico pide justamente
Pues no me oyreys señor una palabra
Mas de espacio será razón oiros
que no es Florencio aqueste caso
para tratado aqui ni tan de paso.
Sale Clavela con dos espadas desnudas tirando cuchilladas y ellos huyen a una parte y a otra al rededor.
Afuera afuera villanos
que se acaba el sufrimiento
en un dulce pensamiento
osastes poner las manos
Es este invicto Perseo
que hacéis todos golpe en él
Y tú que León cruel
te muestras con un cordero
agora en esta ocasión
verás, enemigo fiero
el León vuelto en cordero
y hecho cordero el León.
Dale la una espada a Florencio
toma conmigo la mitad
Ofiende tu parte aqui
Señora escuchame a mi
dulce Clavela escuchad.
Déjame vengar la injuria
que tanto ha ya que sufrimos
si hasta aqui la resistimos
con mas paciencia que furia.
Detienela Fl.
Clavela no es necesario
bien podéis hablar en seso
que ya un felice suceso
quita el temor del contrario.
Hablame como Miguel
o como Florencio claro
Porque si no hay reparo
a mi cólera cruel
Ya estamos asegurados
señora y va sin recelo
que hoy nos paga amiga el cielo
los infortunios pasados
ya como Florencio vuestro
y vos Clavela cual mia
lo que cada uno fingia
se trueca en provecho nuestro
No acierto a estar contenida
Florencio de vergonzosa.
Clavela es señor mi esposa.
Y Florencio es mi marido.
Qué milagro es cielo santo
el que ante mis ojos veo
yo seré el loco si creo
este misterio y espanto.
arrodillase.
Dejad esa admiración
que el estar loca Clavela
fue Ludovico cautela
fingimiento e invencion
este engaño se escogio
si advertís para librarme
cuando quisiste matarme
y la fantasma fui yo.
Amor que nos ha enseñado
a sufrir y padecer
y con el mismo poder
que me tubo amenazado
quiere colgar de alegria
mi constante y fuerte pecho
Estando ya satisfecho
de la fe y firmeza mia.
hoy descansa mi esperanza
tomando dichoso puerto
aviendo ya descubierto
tras tal tormenta bonanza
no hay que ponerme en prisión
que lo que pretende quiero
y es mi gusto verdadero
mi gloria y mi pretension.
Veme hoy a tus pies Ludovico
para que mejor me creas
pues lo mismo que deseas
es lo que yo te suplico
si para seguridad
no aprovechan mis razones
y queréis ponerme en prisiones
como esta mi voluntad
la tuya executa en mi
pero mi señor advierte
que aun queriendo darme muerte
nunca me ausente de ti
sino me puse en huyda
cuando quisiste matarme
porque tengo de ausentarme
cuando quieres darme vida.
vos señor gobernador
pues entendeis ya mi pecho
como en todo lo habéis hecho
mostradme ahora favor.
y vos para pedir
a Ludovico que admita
lo que el mismo solicita
sin venirse a arrepentir.
Vuestro termino hidalguia
señor Florencio me obliga
a que vuestro gusto siga.
Y a ti mi fiel amigo
cuyo noble corazón
estimo como es razón
en esto te sigo
suspende ya el camino
gustando de mi contento
para que en mi casamiento
seas Leonardo mi padrino.
Si en lo mas desordenado
siempre he seguido tu gusto
Florencio en lo que es tan justo
mal faltaré a tu lado.
Que cuando el caso no fuera
de las partes que hay en él
por sacarte de Miguel
y de andar de esa manera
yo mismo lo procurara
evitando el mayor mal.
Mi Leonardo esa señal
siempre la he visto en tu cara.
Entra un Paje alborotado y con voces.
Señor Governador acude presto
que dejan medio muerto a Constantino
Sosegate en que parte a donde quedo
Dos hombres que sirvieron de testigos
cuando quiso casarse con Clavela
vinieron a pedir que les pagase
lo que les prometio luego al principio
y como no se hizo el casamiento
los despidio con asperas palabras
y ellos echando mano a las espadas
le dieron dos heridas peligrosas
una en el brazo y otra en la cabeza
estando constantino sin espada.
Justo castigo a su dañada intenta
Y sabese do estan los delinquentes
Sospechase que estan en una Yglesia
junto a Palacio.
vamos, que avisando
vos Florencio Leonardo, y Ludovico
pues los semblantes veo tan conformes
no será menester ya mi presencia
que la razón gobierna a este caso
dejando en amigable paz a todos
yo me combido para el casamiento
pues veis que el irme agora es tan forzoso
que estos cargos y oficios de gobierno
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no nos dejan cumplir obligaciones,
y ansí, tan presto al...
del esposo goces con el contento
tan grande como el susto habéis pasado.
Todos, señor, besamos vuestras manos.
Ya no pudiera sucedernos menos,
estando este negocio en vuestras manos.
Vase el Gobernador y su gente.
Abrázale.
Agora quiero abrazaros,
y a Florencio como mío.
De mi voluntad confío
que ha de acertar a agradaros.
Y a vos, Leonardo, también,
pues sois una misma cosa
de mi yerno y de su esposa.
Esas manos se me den,
Ludovico, que es razón,
pues en nada diferencio
de lo mismo que es Florencio
en voluntad y afición.
Como estáis muda, Claudia,
descansáis de lo pasado;
¿queréis comer un bocado?
Vuela el pensamiento, vuela.
Mas ¿cuál cuidado le turba?
No la traten mal, señores,
que la harán salir colores
de encogida y vergonzosa.
La fina vergüenza fuera
no alcanzar lo que he querido;
el gusto me ha enmudecido,
que vergüenza no pudiera;
y cuando me resultara
no alcance mi pretensión,
no amancilla el corazón
la vergüenza de la cara.
Muy bien sabéis sacudiros.
Quedole un poco de traba.
Y aquí la historia se acaba;
no el deseo de serviros.
Fin.
