Texto digital de La rama del mejor árbol y pasmo de penitencia
Data de publicação: 22 de agosto de 2026
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- Atribuição tradicional
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- Juan de Velasco y Guzmán Provável
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- Comedia
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- El texto procede de la transcripción automática de un manuscrito de la BNE (signatura MSS/17080).
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La rama del mejor árbol y pasmo de penitencia. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-rama-del-mejor-arbol-y-pasmo-de-penitencia.
LA RAMA DEL MEJOR ÁRBOL Y PASMO DE PENITENCIA
Pag. 1
Cubierta del manuscrito.
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La rama del mejor árbol y pasmo de penitencia =
Comedia en 3 jornadas.
De don Juan de Velasco.
Legajo 2º
4-6
18
Biblioteca Nacional de España
Pag. 6
Jornada primera
M178
La rama del me...
...
Repare vuestra merced en el aviso último de esta jornada que hay un despropósito que se ha de quitar porque entienda la comedia ley
Jornada primera
Pag. 7
Mariana de Jesús
Luisa, su criada
Don Andrés, galán
Escarola, su criado
La Marquesa de Villena
El Marqués, su hijo
Don Pedro, viejo
Doña Leonor, su hija
Inés, criada de Leonor
Don Fernando de Castro
Martín, su criado
Diego de Cubillo
Un paje
Un ujier
El Niño Jesús
Una voz
El demonio
Villanos
Un muerto
Salen don Pedro de camino y doña Leonor, su hija, e Inés.
¿Está todo prevenido?
Mutación de cortinas y calle.
Ya está en el zaguán,
Mendo con el alazán
ensillado y bien comido,
aguardándote.
Leonor,
fuerza es partir, y ya es tarde,
que falta el sol.
Él te guarde.
¿Lloras?
No es mucho, señor,
que lo sienta y que me aflija.
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El ver que en tu edad cansada
se ofrezca esta jornada
no te dé cuidado, y ve
que de Toledo a Escalona
es corto el viaje, y presto
pienso dar la vuelta a esto
y el servir ocasiona;
mi señora la Marquesa
de Villena me ha llamado
y es fuerza siendo criado
que amor y lealtad profesa
acudir y obedecer;
tú, Leonor, mientras yo vengo
pues prevenido te tengo
lo que en mi ausencia has de hacer
pues ya sé tu honestidad
y sé tu recogimiento;
abrázame.
Mucho siento
señor, que en mi castidad
dudes, sabiendo que en mí
hay sangre tuya y que es buena.
Dices bien, Leonor, enfrena
el enojo que te di
que esto es ser padre, y tener
un alma sola en dos,
adiós.
El cielo con vos.
(Aparte.)
(Vase.)
No sé qué llega a temer
el alma en esta partida,
que la inquieta una pasión;
plegue a Dios que de Escalona
vuelva a Toledo con vida.
Pues ya mi padre...
Señora.
Pues cierra, Inés, esa puerta,
que no es justo que esté abierta
no estando mi padre aquí.
Que esté en casa otro, ¿qué importa?
Yo sé lo que importa, Inés.
Está el duque o el inglés
embozado al quicio
que son vanos sus desvelos.
No tengo que temer
pero si puede el curar
a mí y a ti estos desvelos
mejor será prevenir
lo que puede suceder
antes de experimentar.
Siempre se debe sentir
pero ¿a quién ha de asombrar?
que ninguna hay que se atreva
viendo que quieres estar.
No estoy, Inés, muy segura.
Codicias por don Fernando,
mírale que es caballero
y que merece tu amor
arrímate a él que te ama
que ahora con su cuidado
el alma del obligado
y mete esta media espada
porque mi amor perdone el susto.
Ni yo le daré ocasión
ni él tampoco se atreviere.
No fundes tu locura,
que mire con atención
a un hombre y más como él
noble, rico y principal.
No me apartaré de aquí.
Pues, ¿por qué eres tan cruel
que mal pagas su amor
ya que él se entrega a ti?
Bien quisiera yo, mas no,
soy mujer y tengo honor
conozco su calidad
y no sin amarte me aplico
yo soy pobre y él muy rico
ya tú ves mi calidad.
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menos quitara ya dudo
el que llegue a ser su esposo.
Aparte.
Si el cielo te ayudó en todo,
¿cómo enojosa has de andar
por quien te has de estimar
y adorar? Como una ciega
te apartas de un tesoro,
y de tu suerte reniegas.
Miro solo mi opinión
y no en vano lo resisto,
que es un hombre tan mal quisto
por su fiera condición
que no hay ninguno en Toledo
que quiera su compañía,
y mal podría ser la mía
quien a todos causa miedo.
No digas tal, que el más fiero
es más fuerte amartelado,
es con su dama un Abel,
y con su esposa un cordero.
Tú en las historias y proezas
a Sansón habrás leído
y cómo se vio herido
de una mujer como fiera.
Ya de otros muchos que no cuento
noto lo mismo, y por Dios
que esto quiere mucha miel
y un poco de entendimiento.
Sabes lo que he reparado,
que debes de estar pagada,
según te estás de obligada.
Malicia es de tu cuidado,
y siento que a mi lealtad
la trates de esa manera,
que no soy como cualquiera,
ni aunque estoy sin libertad.
Inés, yo estoy satisfecha
de ti y sé que eres muy fiel,
mas como hablando de él
das créditos, ya sospecha
Aparte.
no son de que fuese a estar
que en mí fuera desvarío.
Desde el día que en el río
le vio, no he visto más
miento, que anoche le vi
y esta noche le he de ver.
Pues, Inés, lo que has de hacer
por hacer mi gusto a mí,
es no hablarme en este hombre,
si a ver esto te has de advertir.
No tienes razón, por cierto,
y que es justo que me asombre,
hacer, y yo he de ser río
pues he dicho desgracias.
¡Cuántas, Inés, por ser necias
lloraron tarde el desvío!
¡Valga a Dios mi gratitud!
Que le quise bien confieso,
y en castigo del exceso
que fue amor en mi inquietud
pienso no hablarle en mi vida,
aunque se abrase mi pecho.
Aparte.
Injusto sigo espacio esto
ya está la potra cocida,
amor con poco se aviene,
yo le entraré en tu aposento
pues para eso soy criada.
Aparte.
Y, Inés, y a la noche vienes
de la huerta, y yo retén
velas en mi cuarto tuyo,
de corazón pavoriego
no sé qué oculto vaivén
de agravios y de temores
asalta mi pecho.
Yo he cerrado la puerta, está
con esto serán menores
tus miedos.
Entrase Leonor.
No dices mal,
que así el peligro se ataja.
Vamos.
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Y pues cierto no sé, Cruz,
no tengo juicio cabal.
Ya se entró en su cuarto, y yo
me veo muy obligada,
de don Fernando agradada,
que esto me altere, y si no
correspondo al beneficio
vuela mi crédito, pues
mancha la honra un revés,
y ya quiero hacer el oficio.
Con todo será provechoso,
esto en la maña consiste,
que el que con ánimo enviste
siempre sale victorioso.
Él me ha ofrecido una joya,
si a mi padre entrar le dejo,
y pues está fuera el viejo,
caiga el pez, mi dicha es hoy.
Entro, y en asegurando
a mi ama ya se ve,
al instante volveré
a despejar a don Fernando.
Vase y salen don Fernando y Martín como de noche
Si no callas, ¡vive Dios,
Martín, que te dé la muerte!
pues que mi paciencia apuras.
Con menos, ¡ay triste!, temblé,
señor, que estás de manera,
según tu cólera crece,
que los tienes como nueces.
No te fíes en que tienes
lugar en mi voluntad,
y si guiarlo no quieres,
Martín, desde aquí adelante,
sirve, mas no me aconsejes,
que no hay más ley que mi gusto.
Señor, excepción se hizo siempre
a favor del leal criado,
mas no es ir contra las leyes
de tu gusto el advertirte,
señor, los graves inconvenientes
que tiene tu pretensión.
Pues, ¿qué inconvenientes tiene
el gozar una mujer?
Muchos, cuando ella no quiere.
Pues ¿qué importará que no quiera,
ha de ser Leonor tan fuerte,
siendo una mujer humilde,
que no ha de poder vencerse
a los combates del oro?
No es Leonor de las mujeres
a quien rinde el interés,
que aunque pobre es noble, y tiene
su castidad por riqueza.
Demás de esto sus parientes
son en todo estimados entre la nobleza y plebe,
y un padre anciano que puede
sentir en sí estos daños con que el riesgo es evidente,
y no es bien que te desprecies,
cuando el peligro es notorio.
¿Ves eso? ¡Quita, cobarde!
peligro, pues no ves
por qué el paso quieres frenar,
afuera dificulteces,
mi valor, que nada teme,
lo pusilánime deje,
con ella Martín empiece,
y así si me embarazaren
sus parientes y sus deudos, ¡voto a
que con dar la muerte acabe!
Pag. 11
ese imposible se venza
por Dios que has perdido el juicio
haz de mí lo que quisieres
porque yo he de aconsejarte
no des lugar que se cuenten
de ti cosas en Toledo
tan indignas de quien eres
qué pueden decir de mí
que eres un diablo, un enge-
ño, desalmado, y un hombre
de los que el vulgo aborrece
que no hay perdición mayor
tu condición es de suerte
que todos huyen de ti
tú no pagas lo que debes
pero eso es de caballeros
no se te pone en las sienes
cosa que no has de ejecutar
no hay mujer que no pretendas
engañar en sus bellezas
aunque la guarde un lince
no hay pendencia que no muevas
no hay empeño que no emprendas
por más difícil que sea
y no hay día que amanezca
que de ti no haya que hablar
pues todo cuanto sucede
al verte oye quien murmura
de esto, de aquello y de estotro
solo a ti te echan la culpa
pues digan lo que quisieren
Martín, haga yo mi gusto
que a mi opinión nada ofende
esta es de Leonor la casa
y la puerta me parece
estar cerrada
no es mucho
porque estos secretos siempre
dan dolor a sus maridos
en un viejo impertinente
nunca faltan prevenciones
el que es honrado, eso tiene
y como es Leonor tan bella
no te espantes que recele
pues por mucho que la guarde
pienso que no ha de valerle
que yo no he de estar muriendo
por ella, ya me propuse
perder mil veces la vida
ya que el mundo me condene
he de gozar su belleza
esta noche
cómo puede ser
entrando
si está cerrado
presto verás que se rinde
toda esta fuerza a mi industria
que mi ardimiento previene
abren la ventana
sí
abren la ventana
será Inés
pues a qué aguardamos
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sino esta fiera llamada
echa entre los dos, me queman
¿es don Fernando?
yo soy
habla quedo, que está enfrente
mi ama
¿qué hay?
recados
y recados de a treinta dieces,
porque hay una rogativa
¿rogativa? ¿por qué?
fuese
hoy don Carlos a un viaje
y porque tenga y lleve
Dios con bien, se le encomienda,
que si yo de verlo viese
pudiera, que sé qué diera
en el ahogo si él huyese
¿fuera está su padre?
sí
y dime, ¿está como suele
Leonor conmigo?
y peor
¿que tanto rigor no temple?
no sabes lo que por ti
trabajo con ella; a veces
está un poco más humana,
y otras peor que unas sierpes
yo muero por ella, Inés,
y de ti mi remedio pende,
bien sabes lo que ya sufro
ya sé del mal que adoleces,
sí, pero es imposible
que halles remedio ni esperes
hallarle, porque mi ama
está tan de los dragones
y atenta que, aunque asome
su amor y los intereses
que pudiera siendo tuya
lograr, a un orón atiende,
que es la joya que más precia
pues conmigo, Inés, fingiendo,
no sabe mi calidad
y mi hacienda
si eso fuese
para casarte con ella,
quizá fueran sus desdenes
menos
pues en eso, ¿hay duda?
Inés, mi amor no pretende
descréditos en su honor
porque no fuera decente
cuando a ser su esposo aspiro
y así, Inés, has de valerme
en esta ocasión, mi vida
y mi hacienda es tuya; en este
bolsillo están cien doblones
y tendrás cuantos quisieres
de mí si lo que te quiero
pedir, Inés, me concedes
¿y qué es lo que has de pedir?
que esta noche
me abras la puerta y ponerme
en el cuarto de Leonor
yo, como no se supiese
que era cómplice en el caso,
tan obligada me tienes
que haré por ti cualquier cosa
eso, ¿cómo ha de saberse?
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industria había para todo.
Ahora bien, todo se acierte
por ti, y puesto que es tarde
el campo libre te ofrezco;
la fortuna y mi codicia
en dejando a Martín, vuelvo
por el postigo que en él
tengo. Guarda, señor.
Mi suerte
será feliz con tal dicha.
Vase Inés.
Voyme, porque no sospeche
algo mi ama.
Bien dice.
Martín.
Señor.
Vamos, que este
imposible está vencido.
¿Cómo así?
Como se humilla
la llave más firme al oro.
Aparte.
¡Ah criadas insolentes!
¿Quién se fía de vosotras?
Pobre Leonor, que te venden.
Por la joya yo te trajo
que amor en mi pecho enciende
apague y más que después
Leonor sienta, llore y pene.
Vanse los dos y salen por otra puerta la marquesa de Villena y Mariana en traje de viuda y acompañamiento.
mutación de sala
Los favores que recibe
de vuestra excelencia, ya
el alma no los ignora.
Deja, Mariana, que prive
la razón, no al parecer,
pues tu discurso previene
tomar estado, conviene
a tu persona, y poner
fin a la melancolía,
con que viuda has de vivir;
que seguir una extrañeza
es punto de tiranía
llorar a tu muerto esposo.
Y no me admiro, Mariana,
que tu estrella otro pida,
quizá será más dichoso;
no porque el primero fue
tan infeliz, que faltó
cuando apenas empezó
a lisonjear tu fe.
Has de advertir, Mariana,
el matrimonio es un velo
que lo que decreta el cielo
no revoca fuerza humana.
Bien, señora, determinas;
el discurso a vuestra excelencia
la prisión o encerramiento
que fue permisión divina
el quitarme en pocos días
mi esposo, con quien es preciso
que esto dé a su vista
a las prevenciones mías,
y así no es de admirar
darme en un breve tormento;
que si Dios fue el movimiento,
y si él le quiso llevar,
no tengo que discurrir
en lo que fue su gracia o no.
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pues su poder lo obró
debióme de convenir
ya que fue su voluntad,
que sola quede y que rija
mis pasiones con mi hija,
que es de mi alma la mitad.
Quisiera para mi vida
si es que gusta Vuestra Excelencia
de darme esta licencia.
Mariana, no es permitido
y así no te la he de dar
que no ha de estar tu hermosura
al golpe de la censura
sujeta, y aunque se ve
en tu virtud tal primor
que a todos envidia das,
mejor casada estarás
que es el estado mejor
para tu edad; esto gustan
tus hermanos, porque así
me lo han ya insinuado a mí,
y es que a la razón se ajustan,
y yo, que deseo
también porque te he criado
y porque amor te he cobrado,
quiero para ti este empleo,
conque sin más dilación
mañana estarás casada
con quien vivas estimada
que esta es mi pretensión.
Bien sabes que don Andrés
se ha criado como tú
en casa, y de su virtud
testigo Escalona es,
y así prevénte mañana
sin discurrir ni dudar
que casada has de quedar
como te he dicho mañana.
Vase la marquesa y los demás y queda Mariana sola.
¡Oh, rigor de mi fortuna!
A violencia del poder,
a sujeción sin tener
en tu favor cosa alguna,
que en un príncipe el mandato
ha de ser precisa ley.
¡Oh, Soberano Rey
de cielo y tierra, a quien grato
solicito y en quien fío
el logro de mi intención!
Bien sabéis mi corazón,
vuestro es, Señor, mi albedrío,
a vos desde que murió
mi esposo os tengo elegido,
que vos sois para marido
bueno, que los otros no.
A vos solo os ofrecí
mi castidad, y eso quiero,
no viudez en vos espero
que habéis de mirar por mí.
También desde que nació
un ser sin que me disteis,
porque sin que vos lo quisisteis
yo, que mi vida
os la tengo dedicada
para que viviendo sea
vuestra esposa, y en mi idea
y a la Virgen corona vea.
Pag. 15
de vuestra mano, mi Dios,
y pues es de vos la gloria
tened siempre en la memoria
el afecto de las dos.
De mis hermanos la instancia
da a mi corazón pena
que en los bienes de la tierra
juzgan que está mi ganancia
la Marquesa me previene
y en casarme se ha empeñado
porque como me ha criado
en mi juridición tiene
que he de caer en riesgo tal.
Si vos no me socorréis
mis deseos bien sabéis
a la vista tengo el mal
y no habéis de permitir
que otra voluntad me pise
solo en la vuestra se fije
la mía para vivir.
Sale Luisa, criada de Mariana.
Señora.
Luisa.
Al pasar
por la galería sola
la Marquesa mi señora
que no cesa de mandar
me dijo que te llamara
y por otro no sé qué
también llamó a don Andrés.
Nunca de mí se acordara.
Pues que te llame te asusta.
Sí, Luisa, y casi me ofendo.
Y hay qué dirás que no te entiendo.
No gusto de lo que gusta
y esto me causa tormento
el que me llame.
Esto es
que anda muerto don Andrés
porque se haga el casamiento
y mi ama lo resiste
pero no ha de valer.
Voy, amiga, a obedecer
que a ver qué la ha enmudecido.
Un impulso superior
tiene imperio y poderío
y contra lo más creído
no hay fuerza en el yo inferior.
Vase.
¡Que sea mujer tan aleve, cruel!
y se falte de una apañadora él
quito de veloz veneno
quiere tener en reserva
los años a quien rindo
que a mí me sucediera
ni dos horas estuviera
con las tocas en oro
que fuera muy gran locura
traer mil viejas a raya
viva yo, conquisto y vaya
el muerto a la sepultura
pero allí viene Escarda
que tan bien como su amo
se ve de andar al reclamo
si él quiere otro golpe en bola.
Sale Escarda, criado de don Andrés.
Mientras mi amo se agota
que con la Marquesa queda.
Pag. 16
por si el demonio lo enreda.
Vengo a ver esta muchacha
que anda un poco satisfecha
por si la pondré en derrama
Luisa, ¿qué hay, no hay maravedís?
También yo soy de la villa
y se requiere todo ruido.
Ya te criaron los humos.
Pues no me harás un favor.
De esto, casarme no puedo.
Matrimonio quieres tú,
nombre de Dios, tal castigo.
Luego ¿casarte conmigo
no quieres?
Es disparate
meterse un hombre a marido,
aunque la pasión se llame;
que el buey suelto bien se lame,
y no yugo estando asido.
Pues tú amas con mi ama,
¿no te casas?
No lo niego,
pero ¿por qué de este ciego
me he de echar yo en guinda rama?
No, Luisa, que un matrimonio
es bastante, si se apura,
a echar en la sepultura
a un hombre y a un demonio.
¿Por qué el casarte aborreces,
que es una cosa civil?
Por eso, y por más de mil
desastres que muchas veces
le vienen al que es casado,
y hay golpe, como es notorio,
que hasta que el purgatorio
que de este purgatorio
suele salir condenado.
Ciégase un hombre y se casa,
y sabido que aunque
mira y se le dirá
que aleje de la letanjosa.
Tráenle a un pobre un casamiento,
y el que le viene a tentar
le empieza a paladear,
diciendo que le está a cuento,
que es un non y un serafín,
un ángel en condición,
y que sus virtudes son
tantas que no tienen fin.
Píntansela de manera
que la desea hecha una masa,
pero en metiéndola en casa,
el ángel se vuelve fiera.
Empiézanse los oficios,
la fiesta y festividad,
y toman de autoridad
un ajuar de sus ejercicios.
Anda larga y liberal
en los gastos necesarios,
y suele haber más calvarios
que arenzas un colegial.
Y corre ya el desposorio,
y después de disgustados,
visitas y convidados,
empieza su purgatorio.
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levántase al otro día
del desposorio marchito,
y si no del todo ahíto,
con algo de hipocondría;
la madre de la señora,
que de ordinario la tiene,
entra a ver al yerno y viene
más hueca que una priora;
y con la voz melindrosa
le pregunta al desposado:
"¿cómo, sano, te has pasado?
¿ya inquesienta el otra cosa?"
a que responde: "la hiel
muy bien conservo, la primera,
y hubiera hombre que quisiera
haber estado en Argel
pasando amargas ansias";
que esto suele suceder,
suele una viuda tener
hermanos, sobrinos, tías,
y otras dos mil sabandijas
que en un pinaje se endiezan,
con que al pobre hombre deshacen,
y le aprietan las clavijas
de modo y con fuerza tal
que, por astuto que calle,
se ve muy presto en la calle
y muere en un hospital;
pues si esto es estilo y pasa
en bueno o en mal juzgado,
que dudo no estaba hecho,
cualquier hombre que se casa.
Tú tienes notable temor,
y el discurso es extremado.
Hablo de experimentado;
mas ya sale mi señor
y con él un forastero.
Éste es don Diego de Ulloa,
criado antiguo de casa.
Pues vete.
Dime, ¿es casada?
¿en qué quedamos los dos?
En que, si tú te acomodas
a quererme y que te quiera...
Sin duda, tonta,
no es cosa.
Vase Luis, y salen don Andrés de Galván y don Diego de Camino, como salió al principio.
Señor don Diego, ¿qué es esto?
¿vos estáis en Escalona?
casi no creo esta dicha.
Sí, amigo, que fue forzosa
mi venida, y ya me vuelvo;
que aunque la jornada es corta,
como ya la edad es mucha,
cualquier trabajo le postra.
Llamóme su Excelencia,
y vine porque mi persona
para un negocio importaba
en que se hallaba remota
tocante a su estado, y como
de mí las noticias sobran,
fue preciso que yo diese
a este asunto la forma.
Pag. 18
Y andéis por justos viejos,
no somos de una capa,
y os aseguro que vuelvo
gustoso de ver las honras
que su excelencia me ha hecho,
y el haber visto en tan poca
edad al marqués su hijo
con tanta experiencia en todas
las materias, que he tenido
mi venida por dichosa.
Bonito es el rapagón
para una breva a una calva,
por más astuto que sea.
Cumplís, don Pedro de Ulloa,
con lo que debéis a vos;
y os prometo que en la propia
obligación que os halláis
me hallo yo también, sin obras
que al presente reconozco,
pues debo a los dos la gloria
de una dicha que me espera
tan cierta como dudosa,
porque nunca el bien se goza.
¿No era mejor que en la flota
aguardaras cien mil pesos,
que no aguardar que te ponga
el cura un yugo al pescuezo,
que es lo mismo que mordaza,
que por lo menos con ellos
tuvieras la vida ociosa,
y no atado a una mujer?
No seas necio, Escarabajo.
¿Luego os casáis?
Sí, don Pedro.
Esta noche el alma toma
la posesión deseada
de un bien en cuya prisión
tan gustoso el corazón
que solamente zozobra
en la dilación sintiendo
cada instante una congoja,
que dilatarse una dicha
es desazón y no poca.
De que os caséis me alegro.
Y yo estimo que a esta hora
en esta casa os halléis
porque festejéis mis bodas,
para que esta fineza
mi amor ponga en las obras.
En todo quiero serviros,
ya sé quién es la señora.
Don Pedro, para conmigo
vuestra voluntad no ignoro,
la mía esta obligación;
y por eso en lo que os toca,
sed aparte, porque tengo
cumplidas todas sus glorias,
y en fin tan grande es mi suerte,
amigo, que por esposa
me da el cielo una mujer
a quien reconocen todas
por divina siendo humana,
porque su belleza consta
de más superior esfera;
esto el vulgo lo pregona,
y para que lo veáis,
yo pintaré sin lisonjas.
Pag. 19
la belleza de Mariana,
que este es su nombre y su lisonja.
Ea, ahora bien, va de priesa,
y plega a Dios que no lo sea,
da un poco la mano, que alza
para ti nueva y con Córdoba.
Del sol sus cabellos son,
mas no dice bien que de ellos,
el sol para sus cabellos
hace una composición,
esto no admite cuestión,
porque el sol cuando amanece,
si Mariana no le ofrece
de sus cabellos lo airoso,
aunque el sol es muy hermoso
no luce el sol ni parece.
Su frente es graciosa y bella,
es un abrevio del cielo,
y el cielo a lo que recelo
casi tiene envidia de ella;
en tan quejosa querella
se volvió a conformar
y el cielo le quiso dar
su lugar como prudente,
diciendo, solo en tu frente
quien me busque me ha de hallar.
Las cejas con que guarnece
sus ojos sin vanidad
muestran la serenidad
que el cielo a la vista ofrece,
el alba se desvanece
al verla y como no frisa
con sus rayos remisa
forma trémulos amagos,
porque a vista de sus rayos
el alba es cosa de risa.
Del carmín de sus mejillas
la rosa toma el color,
que cada mejilla es flor
y ambas juntas maravillas,
ni de Flora en sus cuadrillas
ni de abril más primores,
y es cierto porque en las flores
aunque de colores sean
están con tal perfección,
en Mariana son mejores.
Con sus labios no hay clavel
que se pueda comparar,
porque en ellos viene a estar
más vivo el matiz que en él,
no se atreverá el pincel
a copiar tan rojo tiento,
por más que en su movimiento
quiera sabio discurrir,
porque al verlos relucir
ha de turbar lo sangriento.
Con su garganta la nieve
parece que es desigual,
y no hay duda que es mortal
que a su lado no se atreve,
porque ella al mismo relieve
a oponerse a su blancura
con que viendo su ventura
limitada y que se ve
a las montañas se fue
huyendo de la censura.
Entre el cristal y el marfil
hay litigios cortesanos,
Pag. 20
sobre a cuál tocan sus manos;
mas un jazmín, que sutil
oyó el encuentro civil
de uno y otro, sin cesar
dijo: nones, que litigar,
porque eso me toca a mí,
y pues yo el candor le di,
yo me la he de llevar.
¡Vive Dios, que son de beta
cuantos pintores en Roma
hubo, Alejandro, contigo!
Bien vuestro afecto lo informa,
defended, y siendo tal
el sujeto no me asombra
el que estéis enamorado.
Eso se echa por arrobas.
Os prometo que lo estoy,
pero en esta afectuosa
digresión no os lo parezca,
porque cuanto aquí recoja
en tu favor del discurso
no es pasión que me provoca
ni de vanidad, porque en ella
cualquier alabanza es corta,
que después de hacerla el cielo
tan perfecta, tan hermosa,
como lo dice ella misma,
para más gloria la adorna
de tan heroicas virtudes,
que su vida piadosa
es de admirar, pues en ella
no se ve rasgo ni sombra
de lo humano, porque son
divinas sus partes todas,
su aseo y su compostura
con su castidad confrontan,
siempre a cauta, en cuidado
lo que desvela a las otras,
sin vanidad es discreta,
prudente sin ceremonia,
afable sin artificio,
y en efecto, en su corona,
es Mariana la que lleva
el triunfo entre las señoras.
Estimo, D. Po., mi suerte
y os prometo que no es poca,
que a hallar como ya se ve
en el siglo que hoy se goza
mujer en quien se junten
calidades tan heroicas,
parece que es imposible
y no porque no conozca
que habría muchas, muy perfectas,
mas como Mariana, pocas.
¿Y otra excelencia, señor?
Llevas con ella que importa
más que todas las demás.
¿Dime cuál es, Esca.?
No llevar suegra.
Anda, necio.
No sabes lo que te ahorras,
en tocando que una suegra,
aunque sea buena, es esponja.
Vamos, D. Po., que quiero
que veáis luego a mi esposa,
porque ya, según parece,
se va llegando la hora.
Pag. 21
en que yo logre mis dichas
siendo vos el que las logra,
el parabién yo de darme
por la parte que me toca.
Vanse los dos y suena dentro ruido de fiesta y regocijos y cantan los villanos esta letra.
¡Vivan muchos años
con gusto y contento,
la flor de caboya
y de tejo el pino!
Ya de la boda el rumor
se empieza y ya van saliendo
los de la danza gafe,
que hay danza del espital,
que antes de acabar la boda
puedes ver desta forma;
¡o qué pinta tiene aquel!
¡Qué bueno es para fullero!
Y los demás, a fe cierta,
que también lo eran y esto.
Salen los villanos cantando y bailando por el tablado y en acabando dice Escaparola.
Vayan dándole recado
que hay arroz y sopa en queso,
y de esto no caiga ninguno.
¡Ojo al plato y al cazo!
Y a todas las piltrafas
que hubiere.
Yo haré lo mismo.
Pues que se casa mi ama,
pardiós de Antón que yo pienso
llenar el panzón muy bien,
por si en otra no me veo.
Yo no me descuidaré,
que aquí traigo el bolsico
y lo que yo no pudiere
cargar, irá recibiendo.
¡Si así comen todos, son
para sabandijas muertos!
Mas noté que en habiendo boda
comen mucho estos jumentos.
Y suelen los borrachos
también, sin estar hambrientos.
¡Oh, hideputa!
¡Presto al sitio,
cuidado y tenerse tieso!
Vamos, que están esperando
los novios.
A vengarnos de ellos.
Pues toca y haya de baile.
Ya está templando el pandero.
Entranse los villanos de la misma suerte cantando la copla primera.
¡Corabién, esto se va
poco a poco disponiendo!
Y pues a fiesta están todos,
yo también hartarme quiero,
que una boda arrasa dos
de la sepultura a un muerto.
Mas yo no soy de la danza,
aunque soy de los de adentro,
y así mi papel aquí
será de los encubiertos,
porque yo no soy padrino,
ni convidado, ni tengo
de sentarme con los novios,
que no soy hombre de asiento.
Pues ¿qué lugar será el mío?
¿Qué lugar? Yo me lo igualo:
cocina, me iré abajo.
Pag. 22
que ese es lugar de los cielos,
porque allí está el bien de Dios,
a Luisilla me encomiendo
que ella cuidará de mí.
Y pues ya van por sus turnos,
como Dios van por sus turnos
pasando a tomar sus puestos
al cuarto de la marquesa
como ella y don Pedro han hecho
el más quesito sujeto
son los padrinos, es cierto,
que en haciendo el desposorio
darán con la cena luego,
pues entreme, y mientras andan
por allá los cumplimientos,
daré un buen rato a mis tripas
por si después falta tiempo.
Vase y sale la danza de los villanos delante, como está dicho, y don Andrés y Mariana muy bizarros y don Pedro y Luisa.
Muchos años viva
zagala del pueblo,
la flor de catorce
del mayo el aseo.
Mariana y su esposo
entre arrullos tiernos
gocen sus cariños
a pesar del tiempo.
En habiendo cantado estos versos y bailado, dice don Andrés:
Bellísima Mariana,
en quien admiro y contemplo
tantas perfeciones juntas
que ciego de entendimiento
si discurrir quiere en ellas
ya que logro, puse ciego,
aunque el efecto requiere
tropieza con el afecto.
Recibe mi alma rendida
que hoy en sacrificio ofrezco
a bellas aras, porque en ellas
mariposas de el incendio
que hasta el cielo despiden
esos hermosos luceros,
llegue a abrasarse y renazca
como el fénix, que muriendo
vuelva en sus mismas cenizas
a recobrar nuevo aliento.
Esposo y señor, que ya
este nombre ha de ser vuestro
pues que mi estrella lo quiere
y no lo revoca el cielo;
mucho vuestra fe me obliga
y más cuando considero
que para tantos favores
falta en mí el merecimiento,
sola mi humildad, que toma
a su cargo el desempeño,
será quien para obligaros
muestre tilde de acierto.
Yo seré solo quien ponga
para obligaros los medios.
Bien, señora, se conoce
en el cortés rendimiento
Pag. 23
las partes que en vos se hallan,
y desde que os vi os prometo
que me habéis hecho en el alma
impresión porque estoy viendo
en vos un vivo retrato
de mi joya que es el centro
a donde el alma descansa
y así desde aquí me ofrezco
a quereros como a ella.
Estimo, señor Pedro,
los favores que me hacéis,
y esto a mi esposo lo debo
que mal pudiera lograrlos
si él no fuera amigo vuestro.
Siempre, señora, en los dos
fue la lealtad nudo estrecho,
y lo será con que sola
la muerte podrá romperlo.
En todo hace ventaja
por mi esposo y por vos pienso
desde hoy, señor, ofrecerme
a vuestro servicio, puesto
que soy tan interesada.
Aparte.
Qué agasajo tan honesto.
Señora, la marquesa aguarda
con el cura.
Y con Bermejo
el sacristán, que ya pienso
que nos bebe los derechos
según la prisa está dando.
Vamos, mi bien, que ya es tiempo
de tomar las bendiciones.
Aparte.
Señor, ya veis cuán violento
este golpe es para mí.
Si es posible, suspendedlo,
y si no la voluntad
vuestra se haga, pues primero...
Entranse cantando como salieron y por el otro lado sale el demonio.
Espíritus infernales
que a mi obediencia sujetos
estáis desde aquel instante
que me aclamasteis por dueño;
vosotros que en el abismo
ejecutáis los decretos
de la justicia divina,
como a mis voces atentos
no estáis, como si mi furia
no atendéis a los extremos,
y como no adivináis
la causa destos efectos,
¿dónde estáis que no venís
a asistirme, o por lo menos
ya que otra cosa no sea
a saber el fundamento
desta pena, deste ahogo,
desta pasión, deste incendio,
deste susto, deste agravio,
deste dolor que padezco,
y para decillo todo
deste ultraje que en desprecio
de mi poder va labrando
misteriosamente el cielo
para más tormento mío,
tomando por instrumento
a una mujer en quien pone
tal perfección que la invidio
en el siglo maravilla
pues a su virtud atento
reconozco que ha de ser
asombro del sol y miedo.
Pag. 24
de todo el infierno junto,
y aun de mí, que soy yo mismo.
Mariana por nombre tiene;
parece que abrís suspensos
al oírlo, ¿y en qué dudáis,
que no bebéis el veneno
que mi cólera os infunde
contra su virtud, pues siendo
una mísera criatura
quiere levantar el vuelo
en mi ofensa, sin temer
de mi furor los alientos?
Pero ¿por qué solicito
vuestra ayuda, cuando puedo
por mí solo trastornar
el globo de el universo?
¿Yo no soy el que apago
del dorado firmamento
la mayor parte de luces?
¿Y el alcázar supremo,
con un movimiento solo,
no hago crujir todo entero
su fábrica admirable?
¿Yo no soy quien desde el seno
de el abismo donde asisto
altero los elementos?
¿La tierra no está sujeta
a mi furor si yo quiero?
¿El mar, si acaso me importa,
no le levanto hasta el cielo?
¿Un monte, si es menester,
no le arranco de su centro?
¿Hay cosa que de mi furia
se escape? Pues ¿cómo temo
a una mujer, cuando todo
está a mi arbitrio sujeto?
Ea, pues, tiemble a mis iras
todo el terrestre hemisferio,
que para vengar mi agravio
toda mi ciencia prevengo;
y pues ya está desposada,
y el tálamo será presto
su mayor quebranto, haré
que su esposo, a quien apruebo
ya tan ciego en la lascivia,
logre con tan deshonestos
extremos sus apetitos,
que la obliguen los excesos
de su pasión amorosa
a corresponderle, en medio
de su mucha honestidad;
arroje del labio al pecho,
entre lascivos arrullos,
mil ternezas y requiebros;
profane su castidad,
que este triunfo solo espero,
ya que el cielo me le ofrece
para quedar satisfecho.
Vase, y sale Mariana por el otro lado.
Corazón, si por los ojos
habéis de salir, ¿qué tiempo
que no andéis por suspiros
de vuestra pena el contento?
Ea, ¿qué es lo que aguardáis?
Salid en lágrimas deshecho,
sin deteneros, pues ya
tenéis el cuchillo al cuello.
Ojos, haced vuestro oficio,
que ya no hay otro remedio
ni le tenéis que esperar.
Pag. 25
Si no es que apiadéis al cielo,
Señor, ¿cómo no han movido
vuestra piedad mis lamentos?
Poco he sabido obligaros,
pues os hallo tan severo.
¿En qué os ofendió mi fe?
Pero ya, Señor, advierto
que debéis estar quejoso
de mí, pues habiendo puesto
solo en vos la voluntad,
a otra voluntad me entrego;
pero sirva de disculpa
el que sabéis que no tengo
más voluntad que la vuestra,
y que en este casamiento
solo ha sido la obediencia
quien ha obrado, y no el deseo.
Yo lo consulté con vos,
y aunque mis ansias no fueron
admitidas, sin embargo,
aun la esperanza no pierdo,
en vos espero.
Dice dentro la Muerte.
Mariana.
¿Qué voz es esta que el viento
trae, que su acento me turba?
Apenas moverme puedo.
Mariana.
Mas el ave suele
al quebrar los hielos
del alba con su armonía...
No sé qué en el alma siento.
Mariana, ¿dónde estás?
Sale la Muerte como la pintan.
Aquí estoy, pero, ¿qué veo?
¡Válgame Dios!
No te turbes,
que a ti misma te estás viendo
en mí, y porque no te admire
lo horroroso de mi aspecto,
lo mismo fui yo que tú,
y ya no soy más que un tú,
porque la mayor belleza
que causa raros efetos
en el mundo ha de ser de ella
a que la marchite el hielo,
y a ser lo mismo que soy,
mírate en este espejo.
Vase.
¡Qué visión tan espantosa!
¡Qué asombro, qué horror, qué miedo!
Sin mí estoy, mi muerte es cierta,
ya me juzgo por un muerto.
¿Adónde iré que me libre
de este golpe que fue cierto
contra mí?
Sale Luisa muy aprisa.
Señora mía,
¿qué haces aquí?, ¡ve al remedio!,
¿no acudes cuando tu esposo
y mi señor...?
¿Qué es esto?
Luisa, ¿qué tiene mi esposo?
Acaba, dímelo presto.
Que de repente le ha dado
un accidente tan fiero
que le ha quitado la vida.
¿Qué dices?, ¡válgame el cielo!
Cae desmayada sobre unas almohadas y ha de haber.
¡Ay, que mayor que su dicha,
aquí muere de sentimiento!
Quiero ir por agua al instante.
Vase Luisa y sale el Demonio.
Aquí mi cautela empieza.
Pag. 26
con la pena de su esposo
cayó sin sentido y pienso
que ya también ha perdido
pues no alcanzo ni penetro
qué motivo es el de Dios
pues antes que a su despecho
consumara el matrimonio
y sus lascivos deseos
sin limitación lograse
le pone el impedimento
embargándole la muerte
quiero yo deste misterio
por conjeturas alcanzar
la causa cuando contemplo
la virtud de esta mujer
y que pudieron sus ruegos
tanto que a su castidad
no le hiciese detrimento
a pesar suyo, pero ya
parece que va volviendo
del parasismo y sensible
aquí exhortarla pretendo
para que con el dolor
y la pena en que del cielo
sufriese y pasase este lance
el yugo que le ha puesto
Vuelve.
Valedme Dios, ¿dónde estoy?
Toda me ha cubierto un yelo.
Salen Ercaida y Luisa con agua.
Toma, amiga, esta agua.
Como yo nunca la bebo,
a su afán ando con ella
y a cada paso tropiezo.
Señora.
Señora.
Amigas,
¿sabéis si mi esposo es muerto?
Es cierta nueva, el gran turco...
Sí, señora.
¡Qué tormento!
Dejadme, dejadme sola.
Vamos, Luisa, que yo entiendo
que anda el diablo por aquí,
porque esto no huele a incienso.
Vanse las dos.
Qué grave resistir
la tentación, el encuentro.
No me falte vuestra ayuda.
Aparece el demonio de villano.
En vano le pides eso,
porque no te ha de ayudar.
Imaginación, ¿qué es esto?
¿Dios no me ha de ayudar?
No,
porque si hubiera de hacerlo,
ni a tu esposo le quitara,
ni se riera de tus votos,
y mal pudiera ser tu amigo
quien te quitó tu consuelo
y de las glorias del mundo
que ya te echarás de menos,
pues te sobra la razón.
Deja tu ruin pensamiento,
imaginación, ¿qué quieres?
¿Yo qué haré cuando le veo?
Darle gracias por lo malo,
como también por lo bueno.
¿Dios no es mi Creador?
Yo tengo más privilegios
que ser criatura suya.
Pag. 27
no pierden los movimientos
de su poderosa mano
Dios en todo no es perfeto?
Claro está, pues si estos males
que de tropel me embistieron
es su voluntad que vengan,
hágase su voluntad!
Pues tomo un consejo,
a reniego de mí mismo,
yo haré que arrojes del pecho
contra el cielo basiliscos.
Chirimías
Baja un ángel por una tramoya y por ella ha de llevarse después a Mariana.
No harás tal, dragón soberbio,
que tú no tienes poder.
Y aun embarazas tan presto,
qué me quieres?
Enemigo,
que no logres tus intentos
en esta mujer. Mariana,
no temas, yo te defiendo
y te ayudo en tus fatigas.
Quién eres, que me suspendo,
robusto joven gallardo?
No desmayes el aliento,
el ángel soy de tu guarda;
Dios quiere que tus deseos
se logren y te reserva
como a corona perfeta
para que su esposa seas.
Ven conmigo que en Toledo
has de trocar esas ropas
que te dio el mundo abastardo,
por el sayal asisiano
que es de tela de más precio,
donde en su tercera orden
has de ser norte y espejo
de todos los hijos suyos.
Y prevénte que otros riesgos
mayores has de tener;
mas no te faltará en ellos
el favor de Dios, y así
pon de tu parte el esfuerzo;
que no será el triunfo grande
si no es grande el vencimiento.
Y tú, infernal cocodrilo,
que engañando al pasagero
con tus acentos le embargas
la luz del conocimiento,
vete a tu eterno sepulcro
donde te atormente el fuego;
y adonde para más pena
tu soberbia tenga freno.
Yo me iré porque tú quieres,
pero volveré sediento,
como el corzo que va herido,
a buscar el cristal bello
de esa enemiga que guardas;
yo reventaré del disgusto,
mi astucia buscará el modo.
No saldrás bien del empeño.
Yo haré que mi esclava sea.
A vos me encomiendo,
libradme de este enemigo.
No hará tal, que es Dios primero.
Y ahora porque te abrases
a bulto me la llevo.
Vuélanse los dos.
Llévala, que aunque la guardes,
como dizes, te prometo
que a tu pesar he de darle
esta victoria al infierno.
Vase.
Fin.
Jornada segunda
Pag. 28
Línea de texto tachada e ilegible debajo del título.
Pag. 29
Salen el padre fray Guillén Cubillo y Escarola de donados.
Mutación de San Juan de los Reyes.
Hermano Escarola, el día
que el hábito se le dio
y en la religión entró
a instancias de su porfía,
bien sabe que le di luz
de todo, y nada ha acertado.
Padre, a mí se me ha olvidado,
por Dios y por esta cruz.
Mire que se hace ignorante
y es muy grande su malicia,
de todo tengo noticia.
Padre mío, no se espante,
que es el demonio traidor
y no hace más que tentar.
Pues, ¿no se puede apartar
del riesgo?
Soy pecador.
No es sino un hombre inhumano,
sin Dios, sin ley, sin conciencia.
Pida a su reverencia
que me tenga de su mano.
Pues, solo me desatina,
y no hay razón que me cuadre.
Benedicite, mi padre.
No ha de estar en la cocina
un hora.
Muy mala es esa.
Pag. 30
Este fraile se atribuya
y en castigo de la gula
que obra en el contento excesso
desde hoy ha de recoger
llorando sus desatinos
por los lugares vecinos
los huesos
y sin comer
lo que la piedad le diere
eso es echarme a morir
así podía resistir
si el demonio le embistiese
mejor será bien comido
porque si me coge flaco
me tragará que es bellaco
repare en que va perdido
no tome exemplo en Mariana
que su penitencia es tal
que excede a lo natural
es una santa la hermana
es prudente y teme a Dios
dice bien en mi conciencia
sígala en su penitencia
ella lo hace por los dos
qué tal dice
seamos yno
pues ella me dijo ayer
que por mí avía de tener
ocho días disciplina
con otros tantos ayunos
ay verá su perdición
y no muda de intención
para mí son importunos
porque rigores y exercicios
yo no me puedo azotar
ni menos puedo ayunar
qué obstinado está en sus vicios
tema de Dios el rigor
y aprenda de una mujer
que como dicen ayer
dio muestras de su fervor
y es tan grande que en Toledo
se hace de su vida espanto
que asombra más que me espanto
si al infierno pone miedo
eso a mí me lo diga
porque tal conocido
desde niña siempre ha sido
lo mismo que es por acá
también allá en Escalona
se vieron mil maravillas
con ella y sus zapatillas
le traía hecho una mona
y yo vero cuando vino
el bledo suesa y yo
como solos nos dejó
tomamos luego el camino
tras ella porque entre los dos
temimos nos envengara
el diablo que tiene cara
de no agraviarse con Dios
que por comerlos aquí
estando junto a Mariana
le cardaremos la lana
Pag. 31
yo me alegro que sea así
pero sus tretas son muchas
y así siempre se ha de unir
con Dios el que quiere salir
victorioso destas luchas
aun no me basta llamarla
que porque se rebela
y aun contino se repela
y hoy que se metió ermitaña
aborrece la virtud
y así hermano no se espante
de ver que ande yo lidiante
por turbar su quietud
falta que haré mi señor
con una cuerda de lana
haga lo que su hermana
no es fácil
sí lo será
como él quiera
no lo es
que yo me conozco a mí
y ganará hermana
sí
que ella se viste el arnés
y como un Bernardo sale
a la campaña con él
y allí llegan echar leyes
y aunque el demonio se bate
de su astucia y agudeza
cuando piensa que está flaca
ella le enviste y él saca
las manos en la cabeza
luego se va a la vestida
y en la ermita se da rayas
y no se duerme en las pajas
con estar bien recogida
de allí va de cerro en cerro
con una cruz muy pesada
y en viéndole al temido
le dice sal aquí perro
con que él se enfurece más
y ella viendo que le irrita
se entra a estar en su ermita
y él se va con Satanás
cuando viene la ermitaña
acaso y suelo vella
mil cosas me cuenta della
es su penitencia estraña
y sus desengaños tales
que mayor piedad que una obra
todo el tiempo que le sobra
reparte en los hospitales
con los pobres y en sus llagas
con caridad los asiste
a nada su pecho resiste
hasta lamerles las llagas
sin fastidio de el hedor
que su miseria ocasiona
antes siente y se apasiona
de que no sea mayor
Bien, Señor, la Providencia
muestra en estos más
pues a una mujer le dais
tal valor y resistencia
que con ser su complexión
tan frágil y delicada
siempre es y más esforzada
en la mortificación
Pag. 32
y si es total la aspereza
con que su carne castiga
no ay en su rostro fatiga
que a veces mayor su belleza
secretos son gran señor
de vuestra sabiduria
yo por si ayuno un dia
al punto pierdo el color
es que el demonio le priva
de todo el conocimiento
ya se que soy un jumento
y a averiguar si esta viva
mortifique su pasion
que es suciedad estraña
palazo con la ermitaña
embiando la ocasion
... y necia y tal
y es bonisimo tambien
quien es buena ermano
quien
seralo la que no es mala
el esgrimir mas de cillo
todo vana ira maldad
contra simplicidad
que quiere el ...
...
tenga aca tenga cordura
que la pasion se le cura
Aparte.
yo confieso mi pecado
perdoneme padre mio
que yo palabra le doy
de no ver mas ... pide ox
y para echarme en rocio
mala maña y rebuscar
si libreme del asi
ello a de venir aqui
que yo la he enbiado a llamar
Aparte.
Aparte.
este fraile es el demonio
pero ya la ermana viene
que ojuelos tan bellos tiene
su rostro da testimonio
de su virtud y umildad
Sale la ermana Mariana con auito de tercera.
gracias inmensas señor
os doy por tanto favor
como de vuestra vondad
a todas oras reciuo
pues quereis en mi pobreza
obstentar vuestra grandeza
que mucho sois compasiuo
pues de los pobres cuidais
como vuestros y asy son
que tal es vuestra atencion
que bien vuestro amor mostrais
ver consolada mi alma
fatigando la memoria
viendo en la misercordia
que a mis pobres les faltaua
viscochos para el reparo
de su continua dolencia
pero vuestra providencia
como en nada sois avaro
Pag. 33
entró y con tanta abundancia
que en las dos enfermerías
tienen para muchos días.
Doble.
Qué fervor y qué constancia.
Y a quien quisiere el trado.
Hermana.
Padre fray Gu.
Ya los dos juntos están,
yo me huelgo sin pecado.
Deme a besar, padre mío,
su mano.
Alzale.
Levante, hermana,
qué humildad tan soberana.
Dulce siervo de Dios pío,
mí acierto, que en su bondad
reconozco lo que gano.
Aparte.
No es lo que presumo en vano.
De vuestra paternidad
dulce mi ruego ya saqué.
Dionigoldo pensé
que si licencia pedía,
la obediencia, padre, fue
la que me pudo obligar
a que primero viniera.
Como es la limosna forastera
pues da mucha que quebrar.
Dionigoldo es también
y no de menos cuidado
para lo que la he llamado,
hermana.
Aquí no hay bien.
Váyase, hermano.
Señor.
Oye, hermana, por su vida,
que a Dios muy de veras ruego
me haga un santón, que ya ve
soy un pobre motilón,
el más simple de el aprisco.
El cielo le dé su bendición.
Échela a mí, eche también,
y con eso tendré dos.
Acabe.
Vaya con Dios.
Vase.
Hay fraile matusalén
como este, que me persiga
sin dejarme sosegar,
por Dios que se ve de estar
como gato con vejiga.
Ya sabe, hermana Mariana,
el infeliz suceso
de doña Leonor de Villa
y que, sabiendo
su desdicha cuando vino,
de un escalón tan inmenso
fue su dolor, que la vida
dio a manos del sentimiento.
Quedó don Leoncio solo
y de sus horas tan mancebo
no cesaron sus desdichas,
porque juzgando, sin duelos,
que la infeliz había sido
de su afrenta el instrumento.
Pag. 34
quisieron darla la muerte
y ella por satisfacerlos
dio la muerte a una criada
vil, que fue por cuyos medios
ejecutó don Fernando
tan inhumano despecho;
y, en fin, Leonor, acosada
por escusar los riesgos
en que se hallaba su vida,
tomó puerto en un convento,
donde ha seis años que llora
de su fortuna el asedio.
Ya lo sé, de que me cuesta
hartas penas sus desvelos.
No solo, pues, don Fernando
se ha mostrado en este tiempo
deudor, sigue dueño de un
lo que es robo manifiesto,
sino que antes en su ofensa
ejercitándose fiero,
sin que para en él basten
lágrimas, ansias ni ruegos,
hace gala del delito,
porque está el mundo tan ciego,
que hay hombres que les parece
que aún no quedan satisfechos
si, en cometiendo el pecado,
no le hacen público al pueblo.
Así don Fernando, a costa
del honor, que padeciendo
está en medio del agravio,
un encuentro y otro encuentro,
en deslucir su opinión
se ocupa con tanto extremo
que de todo le bastara
cuando no hubiera otro exceso,
que deslucirla pudiera,
cosa que en un caballero,
que le ilustra sangre noble,
es delito y no pequeño.
Pues don Fernando de Castro,
ciego del conocimiento
de lo que debe a su sangre,
no solo no está resuelto
a no pagar el honor,
sino que, obstinado y fiero,
llevado de su soberbia
y como bruto sin freno,
corre tan desalumbrado
en sus vicios, que sospecho
que ha de ser su ruina grande,
si no le saco del pecho;
y discurriendo en que todo
tiene fin, y como vemos
que aún el peñasco más duro
se deja labrar al peso
de la continua tarea,
he pensado que lo mismo
ha de ser en don Fernando.
Y así, hermana, este empeño
ha de tomar por su cuenta,
sin que se embarace en ello;
porque a esta alma, pareciere,
que Dios, viendo su buen celo,
la ayudará en esta empresa.
No tema al duque soberbio,
Pag. 35
apoyélle sus razones
ni desprecie sus consejos
que pues Dios los corazones
mueve, y por estos medios
busca el remedio de un alma,
en su providencia espero
que ha de salir con victoria
aunque lo estorbe el infierno.
¿Qué es lo que escucho? ¡Qué grandes
son, Señor, los juicios vuestros!
esto es lo mismo que yo
tenía que hacer, hoy ya veo
que siendo una privación vuestra
ha de venir con misterio,
por lo que me ha mandado
hoy estaba yo en hacerlo,
que por medio de auxilio
quizá porque mis deseos
conoció hoy ser tan grande
su piedad, que esto es más cierto.
Pues, hermana, a ejecutarlo;
y pues que Dios la da aliento
no tiene que temer nada.
Su bendición solo espero
pa mí.
Vase.
¡Qué humildad!
Levante, hermana, del suelo,
la de Dios vaya con ella.
¡Qué de prodigios contemplo
en esta mujer, no en vano
subida, admira a Toledo!
Juntos favores, mi Dios,
con quien no tiene sujeto
para saber obligaros;
que cuando estoy conociendo
que soy un vil gusano, yo,
el más pobre, el más pequeño
de cuantos alimentáis,
de vuestro amor...
a mí, Señor, me elegís
para este empeño, sabiendo
que este indomable bruto,
viviendo está tan ajeno
de la razón, que ha perdido
tantas veces el respeto
a tan prudentes varones,
y a tantos avisos vuestros
como la misericordia
vuestra le ha enviado por ellos;
¿queréis que hagan mis palabras
impresión en quien el pecho
tiene tan endurecido?
Pero si vos gustáis dello,
a mí no me toca más
que callar y obedeceros.
Porque un alma os desvela,
y al paso que voy viendo
está mal con vos vos mismo,
es abismo piadoso y tierno,
para que no se malogre;
más que mucho, si en un leño,
Señor, por ella expusisteis;
cada vez que al pensamiento
traigo de vuestra pasión
las penas y los tormentos,
Pag. 36
el corazón se me arranca y parte
quién pudiera padecerlos
por vos; esos duros clavos
que taladraron lo tierno
de vuestras manos y pies
y clavan en mí lo mismo!
Esa corona de espinas
que mis culpas os ha puesto
quisiera yo que en mis sienes
sintiera el efecto
Esas, azotes, heridas,
que en vuestro divino cuerpo
por mí rescibido habéis
siendo yo quien lo merezco
quisiera pasar por vos
solo por satisfaceros
quien pudiera dar la vida
por vos soberano dueño
quien en todo os ymitara
mas qué sonoroso estruendo
rompiendo los ayres baja
parece que se abre el cielo
Chirimías Suena música y bajan en una tra= maya Jesús del crucificado y Mariana se arrodilla en parte que al llegar a agarrase de los pies subiendo un poco
Mariana
Jesús mío
mírame en esta cruz puesto
por los hombres
gran señor
ya os miro en ella y confieso
que no es razón que así os tengan
son de los hombres los yerros
Tantos ya, que me ponían
en esta cruz por momentos
rigor es de su malicia
mucho padezco por ellos
y asimes mucho que sienta
su yngratitud
ya lo veo
estos tormentos que paso
ayúdame a padecerlos
qué haré yo para pasarlos
por vos
solo contenerlos
y traya en la memoria
siempre me tendrás contento,
míralos cómo ellos son
con el alma los contemplo
soberano dueño mío
y desde hoy siempre os ofrezco
tenerlos en mi memoria
ya sé el amor que te debo
pídeme lo que quisieres
pues tan liberal os tengo
la salud he de pediros
señor del señor pacheco
el marqués que está muy malo
como sabéis,
ya está hecho
mira si otra cosa quieres
a vos solamente quiero
pues ven mariana a mis brazos
señor resistir no puedo
tanto fuego que me abraso
yo en vuestros brazos qué es esto
aún no merezco los pies
Pag. 37
pero había carencia de ellos,
y como el alma se hallaba
con el arrepentimiento
de mis culpas pavorosas,
saldré al fin con derecho
para que en ellos alcance
lo que alcanzaron sus ruegos.
Satisfecho estoy de ti,
ya sé tu afán y prometo
quiero que logres fruto que
te dejo ahora, adiós luego,
queda en paz.
No me dejéis.
Aunque me voy, no te dejo.
Vuelve a subir la tramoya y Mariana vuelve a bajar.
Si estas finezas hacéis,
Dios soberano y eterno,
con quien tan poco os obliga,
¿quién hay que pueda ofenderos?
Dice dentro Luisa.
Por el amor de Dios,
de la caridad que hacéis
os dará el premio.
Sale con la demanda.
¡Qué bien!
En el alma estos acentos
suenan a divina aurora.
Madre del Verbo,
a quien los ángeles puros
tienen por norte y espejo,
dichosa el alma que os sirve;
sin mí estoy, si el tiempo
que no estoy en vuestra ermita
solo allí tengo consuelo.
Sale ahora.
Muy pocos me dan limosna,
este sábado no es bueno.
Pero con Mariana he dado,
sermón habrá, y no pequeño.
Hermana Mariana.
Luisa.
Hermana, ¿en qué andáis?
Pidiendo.
Para la Virgen, ya sé,
que aunque hay devotos sin cuento,
los que dan limosna son
poquísimos en el yermo,
y no hago más que cansarme.
Si tomara mi consejo,
no se cansara, hermana.
¿Qué he de hacer siempre en el cerro,
donde no hay más que lagartos?
Si yo tuviera algún cuervo,
como San Onofre tuvo,
que me llevara el sustento,
nunca a poblado viniera.
También pudiera tenerlo
como ese santo lo tuvo.
Si Dios quisiera...
Eso es ello.
Es que no sabe obligarle,
que aunque Dios, como sabemos,
es Dios, y su providencia
con el malo y con el bueno
ejercita cada día,
quiere que con rendimiento
se le pida y se le ruegue.
Pag. 38
Vase.
que al que vive en el desierto
sabe Dios alimentarle,
porque eso tiene de inmenso;
y así, hermana, fíe en Dios
y estese en su ermita presto,
que tiene por compañera
a la Reina de los Cielos.
Madre y maestra,
que yo en su nombre le ofrezco
no le faltará jamás.
Y ahora, hermana, porque vengo
de un negocio, no me veo
con ella más, yo pre... puesto.
Vaya con Dios, que la ermita
no ha de estar sola un momento.
Ya la hermana va [?] de [?]
y yo ya entiendo por qué
el que en la ermita me esté
y no baje a la ciudad;
ella quiere que esté sola,
si de envidia soy perdida,
porque yo paso mi vida
con el hermano Escarola
cuando bajo, y no muy mal,
que él cuida de mi regalo;
nadie dice que esto es malo,
que no hay pecado venial,
porque como hemos ser mil
en una casa los dos,
y voluntad, y sabe Dios
que no le hemos ofendido,
que es muy casta la afición.
Ya veo que el demonio la atiza,
pues la carne antojadiza
y come cual sabañón.
Hay valor y resistencia,
y lo mismo hace el hermano,
que a menos de yo una mano
le doy por la diligencia.
Ver al pobrecillo quiero
antes de irme, claro está
que en la cocina estará
como chorizo al humero.
Llegaré a la portería,
que el portero es muy su amigo,
y así que toco el postigo
le llamo y con rica risa
me saca de lo mejor
un plato muy bien colmado,
y en habiéndomelo echado
alabamos al Señor.
Sale Escarola con unas costillas de pescuezo.
Poquito de ayer a hoy,
aprended, flores, de mí,
que ayer cocinero fui
y hoy a pedir dis que voy;
mas ya que ha sido inhumana
la sentencia, aunque no apelo,
por lo menos un consuelo
me ha quedado, que a la hermana
Pag. 39
podré ver más a menudo
y con menos embarazo.
Él es, daréle un abrazo.
Ella es, ¿qué dudo?
Abrázarela, hermanita,
¿qué hace a estas horas aquí?
A verte venía.
¿Así?
¿Y s'en huir luego?
A la ermita.
Pues váyase norabuena
y écheme su bendición
que me voy.
¿Dónde?
Al Japón,
donde me darán carena,
que es una gente malina.
Mártir, hermano, serás,
mejor vida tienes acá.
Si estuviera en la cocina.
¿Luego no estás en ella?
No,
que un fraile, que ángel ser quiso,
me arrojó del paraíso.
¿Por qué?
Porque me cogió
comiendo de lo vedado.
Ese no es grande delito.
Es verdad que era chiquito
el conejo y bien guisado,
por esto y por más de mil
cosillas que se juntaron,
de la cocina me echaron,
y un fraile, que un albañil
fue, que asienta las tareas,
y me echaron sin querer
a que vaya a recoger
los quesos por las aldeas,
y así el jumentillo está
aguardando boca bajo.
Hermano, ¡qué gran trabajo
te ha venido!
Él lo dirá.
Ya no tendré a qué venir
a verte.
Por eso iré
a la ermita y la veré
cuando vuelva de pedir;
por las tardes, y será
la hermana más asistida,
que pasa muy mala vida
en aquella soledad.
No lo sabe bien, hermano,
que cuando está allí Mariana
se cura bien la cadena.
Mas ella se irá a la mano.
Yo quiero mi carne breve,
y no la he de castigar,
que eso de mortificar
su carne Mariana es quien
lo sabe hacer solamente,
que al más penitente asusta.
Por eso en ella se ajusta.
Pag. 40
El nombre de penitente
es lo que se mortifica
tanto que causa pavor
y ella no hace con fervor
lo mismo
así me predica
pero no lo puedo hacer
pues mire acabe con maña
que sea tan pobre ermitaña
es cosa de enloquecer
ya me pongo con destreza
muy fruncida y mesurada
todo eso no vale nada
sino tuerce la cabeza
porque es cosa socorrida
y tendrá cuanto quisiere
en el mundo si anduviere
con la cabeza torcida
de veras tomo la lición
yo sé que lucirá hermana
lo que vale y lo que gana
y en fin ¿hoy no hay provisión?
no, pero calle hermanita
que presto se proveerá
y se va a la ermita ya
sí
yo la veré en la ermita
vaya con Dios que allá espero
pues yo como un perrero
y a saltación la haré
aunque sea de capero
Vase Escarola y queda Luisa y sale el Demonio.
Hecho un volcán el pecho
el corazón herido y un deshecho
a fuerza de mis enojos
vertiendo basiliscos por los ojos
y rayos exhalando en mis suspiros
Vengo tras esta fiera
que apresurando tanto su carrera
tan ufana se levanta
y cuando al mundo asombra a mí me espanta
que me quiere dejar
que mayor desvelo que a su Cristo
se agregue y me deje
cuando de mi furor tiembla la tierra
y que no se contente
con rendirme por sí sino que intente
quitarme lo que es mío
pues cuando dueño soy del albedrío
del infeliz Fernando
ella pretende reducirle dando
al cielo este trofeo
póngome bien, paréceme que veo
a dónde este mi aliento
pero no se logrará este intento
porque de mí asistido
de tal modo le tengo suspendido
que engolfado en sus vicios
bate el mar del mundo más en precipicios
por donde su mal vea
y deje mi pasión y por que sea
mayor su desgracia cierta
Pag. 41
por Mariana, ese monstruo que encubierto
vive en tanta aspereza,
se abrasa, y tan rendido a su belleza
le tengo ya, que dudo,
supuesto que el amor rendirle pudo,
deje de contrastalla,
quiebre su castidad, pues que se halla
cercado de mi furia,
y del torpe Fernando la lujuria
ya buscando la viene.
El tal hombre parece que no tiene
cascos, a dar muy poco.
Salen don Fernando y Martín.
¿Qué falta el sentido, o estar loco?
Martín, yo estoy muriendo,
mi pecho es un volcán.
Yo no te entiendo,
por más que te examino,
que un hombre cometa tal desatino,
y más con y tan feo.
No sé más que dar gusto a mi deseo.
Eso es lo que yo quiero.
Este necio, ¿qué os dirá, caballero?
Vete, farsa vieja,
llamada a Dios, .
Limosna.
Tome, hermana.
Da limosna.
A pesares que dejo a esta tirana,
que este triunfo consiga,
aparta, infame, y oculta enemiga,
que llueve mil pedreas.
Amigo, ¿qué es esto?
Dio ya pasos
y dejarme pasmada,
oiga el diablo al hombre, y cuál se enfada,
qué buen alma que tiene el tal danzante,
y de contino paso adelante.
Vase.
De Fernando me enfado,
ver esta gentecilla que
anda en este ejercicio
con capa de virtud y es todo vicio,
porque estos desdichados
que exteriormente viven apartados,
de esta loca porfía,
es que Fernando yo creería
para atraer mañosos,
aquellos que son algo escrupulosos,
y a los que no lo son grandes
y al cabo es todo embuste y todo enredo.
Mas, ¡qué buen consejero
es decir que es amigo verdadero!
Sí, pero eso sentado,
porque yo de limosna no os he enfadado.
Dádmela, porque todos
estos que os digo por diversos modos,
la limosna que cogen más contritos
los gastan en sus vicios y apetitos.
Yo a la Virgen la doy por quien la pida,
el que la lleva, allá cómo se mida.
Dadla muy norabuena,
a ninguna a mí esto me atormenta y me apena,
deste.
Mas, ¡qué conciencia tan sana!
Y, ¿cómo os va de amor con Mariana?
Amigo, yo me abraso,
y en mi alivio no doy ni el menor paso.
Pues, ¿quién os lo embaraza?
El cielo que indignado me amenaza,
cuando quiero ofendella.
Pag. 42
Esos temores son encantos de ella
poca es su resistencia.
Ay, amigo, que cuando el alma piensa
lograr el bien que adora,
como es su rostro el sol y es el aurora
no me atrevo a llegar, porque sus rayos
me truecan el ardor todo en desmayos.
Eso decís, no creo
que amor tengáis ni que tengáis deseo.
No tiene igual el mío.
Pues ¿cómo puede ser tanto resfrío?
Yo la voy a dudar, llego
Pues ella viene aquí; si es tanto el fuego
que abrasa vuestro pecho
esta es buena ocasión. Amor con hecho
embestid al enemigo,
que es vuestra la victoria, pues yo os lo digo.
Eso es lo que pretendo.
Este amigo es el diablo, a lo que entiendo.
Sale Mariana.
Mutación de calle.
Casi toda la ciudad
he andado en un momento y no he podido
encontrar a D. Fernando.
Qué poca ventura tengo,
pues es vuestro, dueño mío.
Ya sea, ya sea gusto vuestro,
el que yo le busque, así
que le encuentre, mas ¿qué es esto?
¿No es éste? Sí, pues ahora
que estoy puesta en el empeño
os he de hablar, señor.
Aparte.
¡Ya me abrasan sus luceros!
Señor D. Fernando, a solas
hablaros un rato quiero.
Yo me voy, pues quedáis solo,
y ella os busca. Preveníos
y ejecutad vuestro gusto
pues en el lance os aprieto.
Bien decís. Vete, Martín.
Vase.
Viles cisgos, que Lutero
parió, con mi amo, fue
un ermitaño del yermo.
Quedaréme aquí invisible
para alentar sus deseos,
veamos cómo se escapa
este bobo de este riesgo.
No novedad os cause
el ver que yo os busque, siendo
una mujer tan humilde
y vos tan gran caballero.
Como lo dice la sangre
con que ilustráis vuestro pecho,
mas pensabais que en los nobles
el mayor blasón, por cierto,
es ensalzar los humildes
que suelen ser de provecho,
decir, aunque mis voces
gocen de vuestro silencio,
días ha que he deseado
y me ha puesto de desvelos
hablaros en este caso.
Ya inquieto, quito todo el miedo
con el respeto que tal vez
estos humanos respetos
ocasionan en el mundo
quizá los mayores riesgos.
Yo, que de ser temerosa
o atenta, reconociendo
vuestra condición y que ella
os ha obligado en el pueblo
ay, atropellando cuantos
temores, ansias gimieron,
Pag. 43
un tiempo tiré del cartón
a deciros mi resuelto
quizá del cielo guiada
como vida de mi celo
viendo de ver mi ruina
tan cerca el golpe sangriento
que para en vos el rayo
y a costa amenazando al menos
que miréis señor por vos.
Como decís atendiendo
a que no es bien que en un hombre
como vos galán, discreto,
noble, rico y poderoso,
en quien se juntar con tal, rieron
tantas partes que por ellas
pudierais ser en Toledo
el más querido de todos,
y no que estáis tan ajeno
de vos mismo que parece
según se ve en los efetos
que el entendimiento os falta
o que está el entendimiento
sino preso, suspendido,
sino suspendido, ciego.
Tenga vuestra condición
que no es triunfo más pequeño
señor en un poderoso
no ejercitar lo soberbio.
Para advertir, no basta
dais más lustre por aojaros
temer a todos, no; que antes
os dais menos lucimiento
por aquello que os parece
abrí, que es temor en ellos.
Como en sus pechos está
diga, muerto así, violento,
se va ensanchando en
odio, y va
como las hienas, ve-
neno
para en aborrecimiento
a pocos pasos
de qué león, de qué fiera
se acobarda, que haya hecho
con los de su misma especie
aunque racionales siendo
las cosas que vos hacéis,
ay cruel de quien no haya justo
en ejecución la ira
de vuestra saña vertiendo
contra todos más injurias
que tiene átomos el viento,
sin reservar al humilde,
cuando sirvierais por serlo
ayudarle en su miseria.
Pocos hay a lo que entiendo
que no se hallen ofendidos
de vos, solamente aquellos
que siguen vuestro dictamen
porque están como vos ciegos,
y porque os han menester
os hacen ese cortejo.
Qué mujer hay que no pierda
su opinión, sin más exceso
que el solicitarla vos.
Y ya que toco en esto,
es bien que de doña Leonor
tengáis sin honra, sabiendo
Pag. 44
Saca de la manga un crucifijo.
y ambos, se lo habéis quitado
y que fuisteis instrumento
de la muerte de un ángel
¿no veis que su justicia el cielo
pidiendo está contra vos
y que ha de bajar del cielo
en su favor porque allá
es Dios el juez y es muy recto
pues ¿qué razón es que os tenga
el demonio tan sujeto
que no veis naciendo libre
de aquello mismo que es vuestro?
¿no veis que os tiene privado
de todo el conocimiento
para que os precipitéis
logrando el efecto feo?
¿a dónde están las potencias,
los sentidos, que se han hecho?
mas si os los tiene embargados
¿cómo podréis usar de ellos?
ea, señor, apartad
cuerdamente de esos tropiezos
no rinda la voluntad
a todo un entendimiento
y ya que esta potencia
que ilustra al alma y al cuerpo
porque vos usáis mal de ella
tenga algún impedimento;
¿no os valdréis de la memoria
considerando más cuerdo
que dura poco la vida
y que llega el fin tan presto
que apenas en la distancia
que hay de un extremo a otro extremo
determinarse no puede
si es ilusión o si es sueño?
pues si esto es así, señor,
y que todos somos hechos
de un barro tan quebradizo
que al primer movimiento
se deshace y que la vida
tiene fin y que esto es cierto,
¿por qué no teméis la muerte
y miráis que hay un infierno
para el malo como hay
una gloria para el bueno?
mirad que Dios es piadoso
y como manso cordero
por vos se puso en la cruz;
veisle aquí, roto su pecho,
esperando que lleguéis
y con los brazos abiertos
dando muestras de un amor
porque es sumamente inmenso;
¿no malogréis esta sangre
que por vos está vertiendo,
mirad su cuerpo llagado,
por cinco partes abierto
por la redención humana
y que todas son a un tiempo
cinco puertas del perdón
por donde todos podemos
Pag. 45
entrar a pedirle siempre
sin que le niegue su afecto.
No os embarace el haberle
ofendido, que os prometo
que, si vuestras culpas fueran
más que estrellas tiene el cielo
y arenas el mar, si vos
arrepentido, pidiendo
misericordia llegáis,
es tan piadoso y tan bueno,
que os las ha de perdonar;
que son tales sus deseos,
que cuando perdona más
es cuando está más contento.
Mirad que os está llamando,
llegad, que os tiene suspenso,
¿no le perdonáis, Señor?
Que sí, dice. Yo lo creo,
porque es su misericordia
infinita como Él mismo.
Vase el Crucifijo de la manga
Línea tachada en el manuscrito.
¡Ay, que se va retirando!
¿Os apartáis? ¡Qué crueldad!
Sin duda tenéis de acero
el corazón, pues mirad
que, al paso que le tenemos
misericordioso, afable,
que también es justiciero
y que sabrá castigaros.
Pues vos, cruel y protervo,
malográis tantos favores
con inhumanos desprecios,
id y temed su castigo,
que ya la espalda os ha vuelto.
Vuelve a guardar el Crucifijo
¿Que esto sufra y no la arroje
hasta el abismo mi aliento?
Amagar ofender a Ma.
¿Cómo, bárbara e inhumana,
ha venido a este desierto
para reprenderme, cuando
no se atreve, ni aun el cielo,
a embarazarme mis glorias,
pues solo en eso las tengo?
¡Vive Dios, que entre mis manos
la deshaga! Mas, ¿qué es esto?
Yo me irrito contra quien
adorando estoy, que presto
me descompasa la ira,
sin mirar que a quien ofendo
es el dueño de mi vida.
Vuelva, amor, estos desprecios
en caricias, en abrazos,
en ternezas y en requiebros.
Mi...
Dice el Demonio a él
Por eso, mi ídolo,
has de lograr tu deseo.
Bien, yo sí...
No hay que temer,
tuyo será el vencimiento.
No, que yo...
Rabio de enojo.
Pronunciar...
¡Pues, al infierno!
¡Misericordia, Señor!
Encantos son que ha hecho.
¡Muera! ¡Mi vida se acaba!
Pag. 46
Vase retirando como asombrado.
Vase.
Todo me abraso y me yelo
viendo que de tu vista,
basilisco que me asombra,
si esto pueden tus palabras
qué harán tus obras.
Reniego
de mí y del cielo, pues siempre
contra mí esgrime el acero.
Seráfico padre mío,
pues de Dios tenéis el sello,
pedilde que este alma tenga
el verdadero arrepentimiento.
Embiste con ella y ásela.
Que se oponga una mujer
contra mí, de ira reviento,
fiera enemiga a mis manos
has de morir.
Favor, cielos.
Llama a ese Francisco
que tanto puede, y veremos
si de mis manos te libra.
Baja San Francisco en una tramoya.
Serafín padre.
Ya vengo
a socorrerte, Mariana,
ven conmigo y tú, soberbio
y indomable dragón, huye,
que si te abate, es tormento
el no te conocer
por tu soberbia.
No puedo
arrepentirme,
que si es verdad,
más puedes sentir.
Ya siento
el ver que tú por humilde
ganaste lo que yo pierdo.
Siente, que mientras más sientas
será mayor tu tormento.
Ven a mis brazos, Mariana.
Mi luz, mi padre y maestro.
En ellos os doy el alma,
y a Dios, que dará el premio
de lo que por él padeces,
y no tengas sentimiento
de ver que Fernán haya
despreciado tus consejos,
que él te buscará algún día.
Yo fío en Dios que ha de hacerlo.
Súbense los dos por la misma tramoya.
Ven y verás lo que gozan
los que a Dios servir supieron.
Vase.
Y yo veré si me acaban
iras, ansias y despechos,
aunque para mí no hay muerte,
que es mi mayor sentimiento.
Fin de la segunda jornada.
Jornada tercera
Pag. 47
Línea tachada e ilegible.
Pag. 48
Salen por lo alto de un risco Escarola y Luisón, cada uno por su parte, y van bajando como van diciendo estos versos.
Mutación de peñascos
Peñascos de la Bastida,
ecos de este sitio ameno,
que siempre estáis al sereno,
que me tenéis siempre asida,
En el margen izquierdo dice "No se imprima", y los versos desde "guiadme donde more" hasta "de cacao una sotana" están tachados.
guiadme donde more
a visitar la ermitaña
que es lo que el gusto me arroba.
Dijéronme si encontrara
a Escarola el matalón
pues él quiere sus cosquillas,
que ella entiende mis pandillas,
que él sabe mi complexión.
Aunque me cueste después,
si el padre visitador
llega a conocer la flor,
darle una felpa de envés.
Aunque después, si mañana
me coge en esta ratonera,
le dé desta carnicera
de cacao una sotana.
Que como a mi cargo está
el buscar por estos yermos
yerbas para los enfermos,
la madre que sabe ya
que por estar en sus lindes
las más tardes me he de hallar...
Pag. 49
aparta la tentación
del demonio, que anda listo
para hacerla tropezar;
mas ella le hace rabiar,
porque se agarra de un Cristo,
y con él la noche entera
se suele estar sin dormir.
¿Y ella no ha de asistir,
hermana?
Yo bien quisiera,
mas el sueño es mi enemigo,
y me acomete sin miedo,
con que en la cama me quedo.
Júntese, hermana, conmigo,
porque muy mal me acomodo
también en la penitencia.
¿Luego no guarda abstinencia?
No, porque como de todo.
Pues yo ayuno de contino,
que así la hermana lo ordena.
Saca qué comer y una bota.
Cierto que me causa pena,
pero mi amor le previno
recaudo en esta alforjilla,
para que su hambre cese;
tome, hermana, coma queso,
con esta pelotilla.
¿Qué me da?
Para empezar,
tome estas sardinillas.
¿Son asadas?
Y en parrillas.
Pag. 50
Buenas son para ensartar
estas con el olor solamente.
Seguro de echar media anega.
Y el licor sabe a la pez.
Esta no, porque es a buena gente.
Pues supuesto que ha de ser,
entre aquellas peñas vamos.
Dices muy bien que allí estamos
donde no nos puedan ver.
Apártanse los dos entre unas peñas que ha de haber y sale el Demonio por otra parte.
A derramar el veneno
que dentro del pecho mío
engendra la envidia siendo
testigo yo de mí mismo,
vengo, para que estemos,
que sin tener más abrigo
ni más fuerza que un sayal,
una cuerda y un silicio,
no blasome de que puede
poner freno a mis designios;
que tenga una mujer fuerza
para sufrir el esquivo
rigor de una penitencia
tan continua sin que el brío
ni el valor se desfallezca
negándose a lo preciso
para alimentar la vida
y que no se haya rendido
al frío, a la escarcha, al yelo.
¡Oh cuál pica el arenquillo!
Pues con esta carabina
le quitará el romadizo.
Confuso estoy y perplejo,
mas yo haré que este edificio
se arruine apriesa en el suelo;
puesto que para rendirlo
del cielo me dio licencia,
aunque si mi vida ha sido
pues para que la atormente
solo me ha dado permiso,
a pesar de tanta piedad.
¿Quién habla entre estos tomillos?
Algún lagarto será,
que los hay como borricos.
¡Pesar de quien me parió!
¡Y que tengo miedo a un mosquito!
Mira que haré a los lagartos
y más si son como has dicho.
Yo de la cueva en que asiste
al cotidiano ejercicio
de la oración sale, al burla
me asombro y me atemorizo.
Sale la Hermana Mariana.
Señor, Fernando se muere
que su enfermedad lo ha dicho,
y le habéis de dar salud,
hacedlo porque os lo pido.
No reparéis en que os tiene
disgustado y ofendido,
que él conocerá su error
y volverá arrepentido
a pedir misericordia.
Ya no hay que resistirlo
ni que negarlo, Señor.
Pag. 51
porque si os hallo remiso
me valdré de vuestra madre.
Pues consuelo de afligidos,
¿hay quien ha sido tal mona?
Pues yo estoy hecho un ovillo.
Que fúndaseme que viene.
A estos quiero descubrirlos,
porque se irrite con ellos.
Cúbrame, hermano gordito,
que si me ve, soy perdido.
Andan ellos metiéndose uno detrás de otro, y velos Mariana.
Ella puede hacer lo mismo,
porque también yo lo soy.
¿Quién está aquí? Mas, ¿qué miro?
¿Hermano Luis, a Escarda?
Los dos con tanto retiro,
¿qué hay con la hermana?
Nada.
En el margen izquierdo aparece el texto tachado "no se imprima".
¡Jesús, qué descompostura!
¡Salgan acá!
Ya salimos.
Andan escondiendo las alforjas.
¿Qué es eso? Pues, ¿con qué hay?
¿Qué ha de ser, hermana? Un pisto
que llevo para un enfermo.
¿De dónde?
Del ventorrillo,
adelante de la Sisla,
por no decir de Burguillos.
Veámosle.
Pues ha de verle,
porque no vaya en vacío,
échese esta sardinilla
y diga que se lo dijo
un tonto.
¿Qué dice, hermano?
¡Ay, tan gran desatino!
Pues la que es andaliza,
si ella no quiere, yo envido.
En el margen derecho hay escrito "vele".
O lo que puede, lógrele
en el mayor delito.
¿Comete, pues no le basta
tener él ese mal vicio,
sino que a la hermana quiere,
propio de algún buen perdido,
hacer cómplice en la culpa?
Mire, hermana, San Francisco,
mi padre, como sabemos,
siempre fue caritativo
con el prójimo, y así
en la caridad le imito.
Estaba la hermana hambrienta,
y yo, que ando prevenido
con algunas sabandijas
que matan el gusanillo,
se lo envié por ayuda.
Vaya, que algún diablillo
creo que le mortifica.
Eso es soplar, vive Cristo.
Vaya, váyase a su celda
y tenga, hermano, entendido,
que es el malo el que le tienta.
Soy mortal, ya yo lo digo.
Pídale, hermana, al Señor
que me aparte de estos diablillos.
Pag. 52
¡Y loaré! Vaya con Dios.
No harás poco, y lo fío,
en pedir por ti no más.
Vase.
A Dios, Luisa, hasta el domingo.
Adiós, Escalota.
Hermana,
¿es posible que consigo
sea tan cruel que quiera
por lograr un apetito
ofender a su Creador?
¿No sabe que le he pedido
con lágrimas muchas veces
que se aparte del peligro,
porque sus mismas pasiones
la llevan al precipicio?
¿Que haya quien quiera perderse
por no seguir el camino
de la virtud, y que tenga
tan turbados los sentidos
que quiera quitarle al alma
por darle un beneficio
tan corto al cuerpo, una gloria
que durará eternos siglos?
En fin, ya que no le ablandan
mis ruegos ni mis avisos,
en el mortificarla quiero,
como si yo hubiera sido
quien la culpa cometió,
llevar por ella el castigo;
y así, en penitencia, hermana,
la mando y la notifico
que sobre mi boca ponga
sus pies, y sin resistirlo,
desde la planta al cabello
me pise, que ya me humillo
para que Dios la perdone.
Échase la hermana Mariana en el suelo para que la pise.
¡Ay mudo, más exquisito
sea traer a la virtud!
Por Dios, hermana, la pido
que no me mande tal cosa.
Esto, hermana, le suplico,
y no me he de levantar
hasta que haga el sacrificio.
De la obediencia
se lo mando.
Acábase de echar y pone Luisa el pie en la boca.
No replico,
pero no es mi voluntad,
de que a Dios hago testigo.
Llega el demonio y ponele el pie.
Yo le ayudaré también,
y le será el peso mío
tan molesto, que sé al cuerpo
hacer halar y artificios
con que su carne atormento.
De tierra fue mi principio
y a tierra me he de volver,
y así a ser tierra me aplico
para que más, ¡ay de mí!,
que merezco.
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Basilisco,
no has de respirar siquiera.
¡Ay de mí!, ¿pues es lo que miro?
Casi difunta ha quedado,
su rostro es cárdeno lirio.
¿Qué haré? Que la hermana muere
sin hallarse en este distrito
quien me ayude a socorrerla.
Vase.
Vete tú, que yo la asisto.
Virgen María, ayudadme.
Salen por una parte el tablón de la Virgen y por otra el Niño Jesús.
Mariana, ya estoy contigo.
Y yo también, que a quien llama
a mí y a mi Madre en sus conflictos,
también yo la favorezco.
Tal dicha, ¿quién la ha tenido?
Y tal rabia, ¿quién la tiene
sino es yo, que estoy proscrito?
Vase.
Emperatriz soberana,
Madre del Verbo Divino,
Rey de los cielos y tierra,
dueño del empíreo y rico.
¿Cómo podré yo alabaros,
que hallara un nuevo estilo
de alabanzas, porque en ellas
diera mi amor el principio?
Pero ya veis mi rudeza,
que el entendimiento mío
no es capaz de obra tan grande.
Y porque ya yo he conocido
tu afecto, muy presto estoy,
y gozarás mis cariños
muy presto y con más descanso.
Saber, os sacrifico
el alma por tal favor.
La salud que has pedido
de Fernanda, está otorgada,
él estaba reducido;
y así irás luego y camina
a la casa de Fiallo,
que allí la irás a buscar,
y verás allí cumplidos
tus deseos.
Gran Señor,
no es mucho el andar continuo
con las criaturas vuestras;
sois Dios y son vuestros hijos.
A tus lágrimas y ruegos,
de ellas estoy agradecido.
Ven a la ermita, Mariana.
Dejadme, que los indignos
labios estampando vaya,
pues tantas honras recibo
adonde ponéis los pies.
Sube a mis brazos.
Y a los míos,
también te aguardan, Mariana.
¡Qué favor tan excesivo!
Esto hago a quien me sabe
servir como tú, en el siglo.
Vanse, y levanta, en medio caídos los brazos, extendiéndolos, y dice asuillo Lectura dudosa de "asuillo".
¿Adónde fue la hermana?
Ay, aquí quedo yo, que a mí
casi difunta, según,
no dio el último suspiro.
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Porque aquí no se descubre.
Pues en este mismo sitio,
porque lo dejé un instante.
Todo en ella son prodigios.
Y en mi padre todo es miedo.
¡Oh, cómo son infinitos
vuestros secretos, Señor!
¿Quién podrá sino vos mismo
ser de ellos el examen?
Que aunque por lo que he visto
cuán grande es vuestro poder,
sin embargo suspendido
me tiene el ver lo que obráis,
sin que en nada andéis remiso.
Con esta sierva vuestra,
por ella templáis los esquivos
de vuestro rigor; por ella
de vuestras espadas los filos
se embotan y que de ver
de que yo soy buen testigo,
por su intercesión habéis
perdonado mil delitos
que hubierais ya castigado
si no fuerais compasivo,
propio de vuestra grandeza;
y en fin, hermano, el motivo
de este accidente, ¿qué fue?
No sé cómo decirlo, padre,
aunque yo fui la causa,
ella fue la que lo quiso.
¿Cómo?
Porque nuestra hermana
tiene notables caprichos,
y sobre mortificarse
se ansía con Jesucristo;
dio en que había de pisarla
en la boca, yo se lo resisto,
y viendo que me excusaba
me lo mandó por precepto;
obedecíla, y bien sabe
Dios que es verdad lo que digo,
que adonde yo puse el pie
no matara yo un mosquito.
Conózcala ya, hermana,
que aquí ni más reposo es con Dios;
Dios abra el cuidado de ella,
que a veces el demonio anda listo,
y son todas trazas suyas,
no le valdrán sus arbitrios.
Él no lo quiso rogar.
Sale la hermana Mariana.
El padre fray Juan Cubillo
viene a buscarme a la ermita
porque Leonor le ha pedido
me diga cómo desea
asegurar el camino
de la salvación tomando
de mi padre San Francisco
el hábito donde está,
y como el gasto es preciso
y su caudal es tan corto,
el medio que anhela solo
ya Dios le tiene dispuesto.
¡Ay, padre, albricias, que he visto
allí a la hermana Mariana muy buena!
A mí en el abismo
ate el alma del demonio.
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que la trajo este Rotillo,
de mi avisar sus dos pies,
y mire que no le pise
los zapatos, que ya sé
que no los trae.
Preciso,
váyase, hermano, a la ermita.
Vase.
Ya me voy, mas un poquito
de miedo llevo, no sea
que el diablo que está mohíno
quiera que pague yo
el daño que ella trajo.
Hermana, a dos cosas vengo:
este pliego he recibido
hoy del marqués de Villena,
y después de darme aviso
de cómo a Toledo viene
a verla solo, muy fino,
me pide muy muchas veces,
mostrándose agradecido,
que de su parte le dé
las gracias del beneficio
que por su intercesión goza.
Esas gracias, padre mío,
a Dios se las ha de dar
su excelencia, pues le fijo
que a mí no me deben nada,
y así yo no las admito.
Esquiva es, hermana.
Fúndese, y en Dios fío
que muy presto sus deseos
conocer ha de ver cumplidos.
Pues, ¿cómo, hermana, constale,
o quién logra el haber dicho,
sino a un instante que acaso
le trato de amor conmigo?
El que lo dio pone todo,
el que nos da los auxilios
en nuestras dificultades
y el que da más que pedimos
porque es su piedad inmensa
y el dar tiene por oficio;
y así pongamos en Dios,
que es el que sabe cumplirlo,
toda nuestra confianza;
y en esto tenga entendido,
padre, que ha de ver muy presto
el remedio, como digo.
Y del alma con esa nueva,
las muestras del regocijo.
Sí, padre, yo se lo ofrezco.
Aparte.
Cada vez en ella admiro
más perfección, aunque ya
no es este el primer indicio.
Esto dilación no tiene,
y así, padre, le suplico
se vuelva a su celda en tanto
que yo voy intercediendo
a la Reina de los cielos;
porque ya, padre, Casilda
no volverá a ver su ermita
sin ver...
¿Qué es lo que he oído?
Así mi esposo lo ordena,
a quien ya se le ha visto
en sus amorosos brazos.
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El alma me ha enternecido
y qué mujer tan misteriosa
cuánto me alegra me aflijo
al ver que su compañía
es depender qué martirio
A Dios por esto después
de su vista me retiro
con más pena que consuelo
cuando su ausencia imagino.
Vase.
Divina aurora que del sol vestida
al mismo sol servisteis de morada
rosa de Jericó puerta cerrada
y puerta que nos dio paso a la vida
paraíso de Dios que está florida
azucena de todos celebrada
lirio entre espinas zarza coronada
reina del cielo y cielo en tierra vestida
ya no volveré más a vuestra ermita
porque mi esposo a quien el alma adora
como sabéis me llama y solicita
y pues lo que por vos gano señora
una gloria que para en infinita
gracias por ello os doy divina aurora.
Vase y sale el demonio por otro lado.
Adónde está mi pasión
adónde está mi coraje
dónde mi ciencia se esconde
que no me asiste mi valle
qué es esto que por mí pasa
soy yo aquel que en retretes
llamas vomitando estoy
ejércitos de volcanes
soy yo aquel a quien el mundo
aclama por formidable
monstruo de siete cabezas
vertiendo por siete grifos
más venenos que respira
intoxicase de mil linces
pues cómo sufro esta injuria
cómo consiento este ultraje
y contra el cielo no arrojo
desde el infierno volcanes
que yo pierda le consentiré
por lo menos que turbasen
yo rendido yo rendido
de una mujer probarle
para gloria suya el ver
que por sí sola se escape
sino que también se lleve
un hombre en quien tan bizarra
fui yo y que a mi pesar
en su corazón lograse
con tanta fuerza que ya
el que fue duro diamante
se abrase a sus instancias
de sus continuos desvelos
y tan trocado le tengo
que por más escusarle
hoy en caso de alarde
viene a asentar y pagase
tanto número de ofensas
qué quiere de mí este fraile
siendo un prodigioso rayo
con susto de mil sayales
pues ya que en él no me rindo
vengar tengo de vengarme
en su deshonor pagará
el desdén humillidades
e de hacer que ríamos con
los que sigan su estandarte
Pag. 57
que cuando estoy ofendido
ninguno ha de reservarse.
Sale Escarola.
Cogiónos en el garlito
Mariano, y si esto sabe
el prelado, ¿qué será?
Sobre la escarola vinagre,
y para mí no es muy bueno,
porque sobre mis achaques
echar caldo es querer
que yo me cague la sangre.
Ellos den en que yo ayune,
pero es bravo disparate,
pues para mis tripas tengan
alivio en irme delante.
¿Entré en la orden acaso
yo para desordenarme
y no comer más sequillo
que la regla me guardase?
No quiero saber de regla,
cuando yo para arreglarme
es menester que ande siempre
la provisión delante.
Yo no tengo de ser santo
que no hay en mi linaje
ni el hábito, y si lo soy,
dirán que salí de madre,
el demonio me lleve.
Llegase a él.
Eso, y cuanto me mandares,
te daré como tú quieras
ser su amigo.
Amigo, oye.
¿Quién habla aquí? Nadie veo.
Este diablo por el aire
debe de andar. Vive Cristo,
que el sagrado no me vale,
pero valdráme la cuerda
del hermano fray Diego.
Quítase la cuerda y tira al aire.
Enviste con él y dale.
¡Ah, traidor!
¡Ay, que me matan!
¿Tan valiente quieres, infame,
oponerte a mí? Yo haré
que entre mis manos acabes.
¡Ay, que Fray Diego, socorro!
Que me aprietan los gaznates.
Sale fray Diego.
¿Qué es esto, hermano Escarola,
de qué da voces?
¡Ay, Dios!
El demonio anda conmigo.
Mírele,
quedo, y calle,
¿quier estar loco?
No lo está.
Aquí no se ve que hay nadie.
Pues yo le vi, voto a Cristo,
y era mayor que un gigante.
Jesús, mil veces, qué dice.
Mire, por no me enfade,
porque estoy hecho un hereje.
Póngase la cuerda que hay
con ella en la mano.
Que
aun no lo echo a echar de allí.
Vuelve a tirar al aire.
¡Ay, tan gran desvergüenza!
Repórtese.
¿Reportarme?
No lo haré aunque me lo pida
todo el convento del Carmen.
Diablitos conmigo, cómo.
Ha dado en no templarse
y en hacer dos mil excesos.
Yo me estaba como inmoble
y por detrás me envistió
el traidor, como cobarde.
Yo te haré que me conozcas.
Sale Mariano.
Pag. 58
ya para poder gozarle
falta poco dueño mío
o si hora llegase
que ya el alma lo desea
porque estoy en esta cárcel
como violenta sabiendo
que paso a hacer el viaje
que de favores merecéis
y el mayor es de los grandes
este que presente tengo
pues me habéis cumplido antes
de morir aquel deseo
que tuve de que se salve
este alma que el demonio
había puesto en tal pasaje
sola otra merced me queda
que pediros, no se canse
Señor vuestra majestad
de que tanto le embarace
con las peticiones mías
que sé que han de decretarse
y por eso sois cansado
y pues queréis apartarme
desta miserable vida
porque mi pena se aplaque
a mi Ilda os encomiendo
a Sisbeldo como padre
pues a vos os la entrego
vuestra gracia no le falte
que quiera el cielo que sea
testigo aquí de mi ultraje
y que no pueda tomar
venganza de este áspid
ay hermana
madre mía
no hubiera venido antes
que yo le juro al dinero
si aguardara vuestros viajes
Pag. 59
para pedirte perdón
de las ofensas y ultrajes
que de mal he sido derecho
cuando debiera pagarte
con el alma los consejos
que me daban tus piedades,
humilde a tus pies te pido,
y pues con Dios tanto vales,
pídele que me perdone,
que pues su clemencia es grande,
no dudo que con tus ruegos
mis culpas perdón alcancen.
Ya confieso mis delitos,
ya conozco que ignorante
atropellaba con todo
por seguir mi mal dictamen.
Ciego he vivido en el mundo,
y cuando por mis maldades
debiera estar condenado
justamente a eterna cárcel,
la piedad ahora ha sido
tanta, que ha querido darme
lugar a que reconozca
su grandeza y tus bondades.
Ya el corazón por los ojos
envuelto en lágrimas sale,
pidiendo misericordia;
y pues no la niega a nadie,
seguro, clemencia infinita,
de aquí no he de levantarme
hasta que mi petición
sea admitida y se despache.
¡Piedad, Señor soberano!
Ea, mi Dios, ea, Señor,
¿qué tiempo, de que se vea
de vuestro amor lo grande?
Vos queréis del pecador,
más de que os busque y que os llame
arrepentido y contrito.
Pues ya le tenéis delante,
estas lágrimas que vierte
han de ser aquí bastantes
para obligaros, y vos
no queréis otras señales.
Y ahora, con todo, dice:
mirad que está vuestra sangre
dando voces, porque fue
el precio de su rescate,
y no se ha de malograr
sangre que vos derramasteis,
con tantas ansias, Señor,
para haber de rescatarle.
Ya os pide el perdón humilde,
y no es posible que falte
vuestra palabra, pues vos
así me lo asegurasteis.
¡Misericordia, Señor!
Según parece, que el cielo se abre.
Baja un ángel por una tramoya en que ha de subir Mariana luego. - Chirimías
Fernando, Dios te perdona,
porque han podido obligarle
de Mariana de Jesús
los ruegos; que el querer vale
de los amigos de Dios.
Con ellos entró a la parte,
y así, levanta y advierte
que es su voluntad que acabes
en la casa de Fernando.
Pag. 60
y pues en este trance
muero ya en vuestras manos
divinas como admirables
el espíritu encomiendo.
Ya te reciben y amparan
las celestes jerarquías
con el triunfo a coronarte.
(chirimías)
Van subiendo en la tramoya la Hermana de rodillas y cantan el Te Deum las demás.
Qué pena, y ha temido el cielo,
aquí para que me abrase,
en mi cólera el abismo
me desespere y me trague.
Húndese.
Gran prodigio.
Gran portento.
Jesús y el Padre Francisco
me valga en este conflicto.
Qué es esto que viendo estoy.
No le dije yo bien, que
que el diablo andaba hecho brujo.
Dios como es incontrastable
su inmensa sabiduría
obra y sabe lo que hace.
Ya la Hermana se fue al cielo
y no habrá más tempestades.
Padre Fray Juan, luego al punto
vuestra Paternidad trate
de tomar esto a su cargo
y de mi hacienda se saque
la mitad para Leonor
y pida la semejante.
Pag. 61
me perdone y que le ruegue
a Dios por mí y lo restante
pagando las deudas mías
se gaste en los hospitales
con los pobres, pues es suyo
que a mí me queda bastante
con el sayal de Francisco
el cual, para remediarme,
humilde a sus pies le pido.
¿Quién ha de poder negarle,
si es la voluntad de Dios?
Ea, del suelo levante,
sus lágrimas me enternecen.
¿Y él también nos ha de ser fraile
como su amo, hermanito?
Sí.
Pues requiescat in pace.
Sale Luisa.
¿Dónde hallaré yo a mi hermana?
Porque desde que ayer tarde
me dejó no estoy en mí,
y conocí en su semblante
que andaba ya por los hilos.
¿Qué hay, hermana? ¿Viene a darle
a Mariana algún aviso?
Pues búsquela en otra parte,
porque ya no vive aquí.
Padre.
Que no le hable
si acaso la viere, porque
no le haga algunos visajes.
¿Qué? ¿Ha muerto?
No sé si ha muerto,
que no veo más que guadañas.
Cen para gan...
Tocan dentro.
¿Qué es esto?
Una de gatos, por Dios,
y otras dos mil sabandijas
que aullando están.
Y el que sale
es el marqués de Villena.
Salen el marqués y acompañamiento.
No fuera justo apearme
en mi casa, antes de ver
a Mariana, pues me trae
solamente este deseo.
Mutación de la calle.
Pues ya, señor, viene tarde
Vuestra Excelencia para verla
viva.
¿Cómo?
En un instante
que dio su espíritu a Dios,
y a la patria pasa a dar...
Mucho siento hallarla muerta,
cuando juzgué que la hallase
mi atención y mi deseo
viva para consolarme
con su vista y sus palabras,
pero, pues mi suerte nace
tan corta, ya que he venido
a Toledo, os pido...
Que me hagáis relación
de su vida, que admirable
me dicen todos que ha sido.
Aquí tenemos romance.
Pag. 62
pues como quien lo ha asistido
podrá de todo informarme
Atiéndame vuestra excelencia.
En la villa de Escalona
desta ciudad ocho leguas
tan ilustre por ser grande
como por ser corte vuestra,
nació la hermana Mariana
de Jesús, cuyas proezas,
su vida ejemplar nos dice
que no hay mayor preeminencia
que la virtud, cuando pasa
tan segura su carrera.
De honrados padres nació
y aunque de su nobleza
ninguno dudarlo puede
porque cuando no tuviera
lo que heredó de sus padres,
bastaba lo que ella misma
adquirió por sus virtudes.
Como sus obras lo muestran
pues no hay donde se conozca
más bien la sangre si es buena
que en el obrar, y supuesto
que las suyas lo confiesan,
quien duda que pruebas dio
bastantes a su limpieza.
Salió a ver la luz del mundo
y desde la hora primera
que entró en él los que la vieron
reconocieron en ella
quien había de ser lo que ha sido,
pero qué mucho, si a fuerza
de oraciones y de ruegos,
de lágrimas y promesas,
se la dio el cielo a sus padres
que trae otras reverendas
diferentes el que viene
llamado desde la tierra,
para que se le conozca
que Dios siempre que le ruegan
da mucho, porque con eso
ostenta más su grandeza.
Creció y crecieron a un tiempo
sus perfecciones tan hechas
a su natural, que nunca
se conoció diferencia.
Porque fue su honestidad
su recato, su modestia
su virtud, su entendimiento,
su humildad y su prudencia
tan parecidas en todo
y con igualdad tan mucha
que desmentir no pudieron
de lo humano las sospechas.
Obedeciendo a sus padres
casó una vez, pero advierta
no tuvo más voluntad
que ver que el cielo lo ordena.
Tres semanas no cabales
vivió su esposo, el cual deja
Pag. 63
a Mariana encinta, con que,
cumplido el tiempo, presenta
al mundo por fiel consorcio
una tan hermosa prenda,
que, ya que al sol no se oponga,
compite con las estrellas.
La cual entra con afición
franciscana, y está profesa,
siendo ejemplo de virtudes
como lo es de penitencia.
Determinaron casarla
otra vez, y, como era
contra su gusto este estado,
ella se puso en defensa;
pero aprovechóla poco,
porque, entrando la Marquesa,
mi señora y vuestra madre,
como desde muy pequeña
la tuvo en su compañía,
obligóla la obediencia
y el respeto, que tal vez,
aunque el gusto se violenta,
como hay fuerza que se opone,
hizo la razón flaqueza,
con que llegó a desposarse;
pero al que dueño se piensa
ya de esa belleza, el cielo
permitió que no pudiera
ejecutar su deseo;
pues de improviso le cercan
las escuadras de la muerte,
y, de modo la atropellan,
que a breve rato aquel fuego
se le convirtió en pavesas.
Quedó Mariana confusa
del caso; y no le pesará
a Vuestra Excelencia,
que en mí ha sido inadvertencia
el haberle referido
hasta aquí lo que en su misma
casa pasó y lo que sabe,
que antes ha sido discreta
prevención para que todos
los que me escuchan atiendan
a los prodigios de Dios,
cuán grandes son, y que sepan
por los caminos tan raros
que fue llamando a su sierva.
En fin, Mariana confusa
quedó, como he dicho, y cierta
en que Dios no la quería
sino es para sí; y, apenas
fue nueva viuda, sintiendo
una y otra boda, deja
su madre, patria y sus deudos,
vino a Toledo, y resuelta
en dejar del todo el mundo
y entregarse a la aspereza,
conociendo que la vida
es una encendida vela
que el menor soplo la apaga,
y así, aseguró la eterna.
Pag. 64
eligiendo para el caso
la sagrada orden Tercera
de mi padre San Francisco
tomó el hábito y en ella
dio las primeras pisadas
cuando su fervor la alienta
de modo que aunque el demonio
empezó a hacer dura guerra
no temió sus amenazas
antes con valor se muestra
y en los encuentros se rinde
cuando él juzgaba vencerla
pues cargándose de yerro
su cuerpo sin dejar brecha
en el muro que no cubra
de cilicios y cadenas
aunque el enemigo usaba
de ardides y estratagemas
para llevarse la plaza
nunca le rindió la fuerza
Ocupose algunos años
en el regalo y limpieza
de los pobres sin dejar
hospital que no anduviera
donde en su piedad hallaba
el enfermo a su asistencia
sino la salud, alivio
y aun muchos decir pudieran
que llegaron a alcanzarla
por sus oraciones, dellos
qué pobres no socorría
no hubo ninguno que fuera
mal despachado, con todos
gastó liberal su hacienda
a quien no vio sin consuelo
pues hubo vez que a su puerta
se llegó un pobre a pedir
descalzo de pie y de pierna
y fue tan grande el dolor
de verle desnudo y pasar
por el erizado enero
que caritativa y tierna
le dio su mismo calzado
y el sayo también le diera
según su deseo, a no
estorbarlo la decencia
qué mujer se vio sin honra
no socorrió en su miseria
y cuántas doncellas pobres
con su ayuda fueron puestas
en estado, cuántos hombres
de vida estragada y fiera
que escucharon sus consejos
siguieron luego la senda
de la virtud, que hallándose
lo que por su negligencia
a perder llegado habían
y cuántos su muerte lloraron
Pag. 65
a no haber, por sus avisos,
puesto a su obstinación rienda,
qué vicios no se arruinaron
antes que ellos ruina fueran
de los que en ellos vivían;
por su intercesión, qué afrentas
no se puso a padecer
solo por quitar ofensas
que a Dios los hombres hacían,
siempre hallándose tan llena
de éxtasis y favores divinos,
que tengo por cosa cierta
que Dios con ella se andaba
apostando en las finezas,
viéndose pues obligada
de la suma omnipotencia,
y que finezas tan grandes
piden grande recompensa;
determinó de gastar
todo el tiempo que le queda
de vida solo con Dios,
tomando por nueva empresa
la ermita de la Bastida,
pareciéndole ser esta
habitación más segura
para lo que hacer intenta;
pasose pues a la ermita,
y entrándose en una cueva
o gruta que dentro tiene,
que por lo angosto y estrecha,
tumba parece sepulcro,
mostrando al entrar en ella
o que se enterraba viva,
o que se juzgaba muerta;
allí, en aquella espelunca,
fue su continua experiencia,
allí fueron sus martirios,
allí su carne atormenta,
allí fueron sus angustias,
allí con su sangre riega
el suelo y allí destila,
y llovía por sus venas,
entre arroyos de corales,
todo un diluvio de perlas.
Y a vista de un crucifijo,
cuya escultura se muestra
tan espantosa a la vista,
cuanto se enternece al verla,
su corazón exhalaba
por los ojos mil ternezas;
que cuando están en un alma
unidas las tres potencias,
lo que parece difícil
con facilidad concierta.
En estos ejercicios
sin que un punto se perdiera,
lo más del día gastaba;
y siguiendo su tarea,
de noche de allí salía,
y por entre aquellas breñas,
con una cruz muy pesada
Pag. 66
desta suerte resistía
de los yelos la inclemencia
sin más reparo, y estando
algunas veces enferma,
no era posible apartarla
de allí, por más que otras siervas
del Señor que la asistían
la rogaban que lo hiciera.
Una cruz siempre trajo
toda de puntas cubierta,
siempre arrimada a su pecho
solo para que la hiriera
cada vez que la abrazaban
amigas y compañeras
que a visitarla venían,
y todas estas cautelas
que para mortificarse
hizo, a ver, eran saetas
que al demonio atravesaban,
porque con tanta violencia
cada instante la embestía,
que, a no estar tan bien dispuesta,
juzgo que se le llevara.
Y así Dios, que es el que premia
los trabajos, las fatigas
que en este mundo se llevan
con paciencia en su servicio,
la llamó, porque tuviera
en pago de sus trabajos
una gloria que es eterna.
Esta santa a su niñez
Pag. 67
como más largo lo cuenta
en el volumen que ha escrito
su confesor, Luis de Mesa.
Esta es la monja Mariana;
esta, la flor de Castilla;
esta, la luz de Toledo;
esta, del cielo la estrella;
esta, la amiga de Dios.
Como se ha visto, y esta
La rama del mejor árbol
y pasmo de penitencia.
Absorto he quedado.
¿Quién pensara, quién creyera
lo que de Mariana escucho?
Pues no ha montado una alberca
lo que te ha contado el padre
para lo que queda en jerga.
¡Ay, madre del alma mía!
¿Yo cómo he de ser santera,
Luisa, habiendo ella faltado?
Pues métete recoleta.
En el margen izquierdo figura la indicación "No se imprima" junto a las siguientes líneas, que aparecen tachadas en el manuscrito.
Yo monja [ilegible]
mejor me fuera [ilegible].
Pues haz cuenta que es lo mismo.
[...]
obras es menester,
virtudes con gran firmeza.
¡Ay, Dios! Con estos prodigios,
¿quién imitarlos pudiera?
Lo que la vida la debo,
en publicar sus excelsas
virtudes, la gastaré.
Y la religión tercera,
en pedir al Santo Padre,
que, atendiendo a las inmensas
maravillas que Dios obra
por medio de esta su sierva,
la beatifique.
Y yo,
haré ejemplar penitencia
de mis culpas, pues salí
de sus peligros por ella;
ya que Leonor en lo mismo
su restante vida emplea.
Yo volveré a La Bastida,
a mi oficio de santera,
como Escarola no vaya.
¿Cómo pasarás sin ella?
¿Por qué?
Porque la escarola
es para de Nochebuena,
que es costumbre de ermitaños.
Tu razón tiene gran fuerza.
Y aquí, discreto Senado,
da fin esta comedia
de Mariana de Jesús,
y a vuestros pies el poeta,
no el víctor, el perdón pide
de las faltas que hay en ella.
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Y aquí acaba la comedia
de Mariana de Jesús.
Humilde a las plantas vuestras
el poeta perdón pide
de los yerros que hay en ella.
Fin
