Texto digital de El natural desdichado
Data de publicação: 22 de agosto de 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El natural desdichado. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-natural-desdichado.
EL NATURAL DESDICHADO
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[Hoja de guarda. Nota manuscrita: Res - 72 44. Sello: R. 104]
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Va 428 28 + 1 El Natural Desdichado Caso R ACTO 1. Los que hablan en este Acto Emperador Vitelio Florindo, secretario Dos soldados o más y el último sea músico, Dos ciudadanos Dos máscaras Fabricio, coronel Patricio, coronel Un músico soldado Mensajero Julia, dama Casandra, criada Mogrollo, lacayo
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Jornada primera
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Jhs Ma Josph et mea
El Natural Desdichado. Acto Prº.
Suenen chirimías, trompetas, atabales y grandísimo ruido de fiesta, y digan dentro Florindo y soldados estas dos coplas
¡Viva, viva, guarde el cielo
a Vitelio, emperador
de todo el mundo, señor,
a pesar de todo el suelo!
¡Muera Otón, Vitelio viva!
¡Viva el César, sin segundo!
¡Viva el monarca del mundo!
¡Viva el César!
¡César viva!
Al son de grandes voces de dentro, chirimías y todos los demás instrumentos, salgan todos los soldados que pudieren, de seis arriba, con una espada desnuda en una y otra en la cinta y coronas, y los demás con Vitelio en brazos, y siéntenle en un trono alto que esté hecho, y, como fueren saliendo, vayan tocando los instrumentos.
Invictísimo monarca,
rey y señor nuestro, toma,
y con este, el de Roma,
cuanto el cielo y tierra abarca.
Veáse en tu diestra mano
de todo el orbe el gobierno.
Haz, señor, tu nombre eterno,
liberta el pueblo romano.
En tu vencedora frente
pongo la imperial corona,
pues el cielo te pregona
rey justo, sabio y valiente.
Emperador te elegimos.
Por príncipe te nombramos.
Por nuestro rey te aceptamos.
Y todos ansí lo decimos.
Vayan levantando los pies todos.
Vuestra imperial majestad,
pues tan justa cosa es,
nos dé a besar esos pies
a sus vasallos.
Llegad.
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Emperador, ten consuelo,
esperanza y fuerza toma;
has de entrar triunfando en Roma,
y si es posible en el cielo.
Triunfar del cielo no es dado,
porque es del mundo, señor,
pero haréte emperador
de cuanto el cielo ha criado.
No tienes para qué ir,
porque no hay de quien triunfar,
pues con solo oírme nombrar
tienen todos de morir.
No acabas de conocerme,
pensando que voy allá;
de temor se han muerto ya,
que no aguardaron a verme.
Si estos tienen de acabar
antes de llegar nosotros
iré al infierno por otros
porque haya de quien triunfar.
Vuestra lealtad me cautiva.
Veo esfuerzo y veo amor.
¡Viva el nuevo emperador!
¡Viva largos años todos, viva!
Sepa toda la ciudad
que tienes el mando egregio,
y a ver su emperador regio
viva tu majestad.
Con vuestro gusto me asusto.
¡Muera Otón, emperador!
¡Viva el rey, nuestro señor,
invicto César Augusto!
Dos ciudadanos.
¡Brava fiesta!
Cierto, brava.
¡Grande gloria habéis tenido!
Ya el pueblo redimido,
ya su esclavitud se acaba.
Llévanle coronado como estaba en brazos, y éntranse con grandísima fiesta.
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Extraña muestra de fe
tienen, e excesivo amor
a su nuevo emperador.
Bien en sus obras se ve,
pues a tres días que vino
por procónsul general
con cargo tan principal
cuanto a su esfuerzo convino,
y contra Otón indignados
toda Alemania y su tierra,
como ya veis, todo es guerra,
todo es armas y soldados;
piensan el mundo asolar
por tierra, a Roma poner,
y al emperador vencer,
a sangre y fuego marchar.
Y entiendo será mañana
según la gente se apresta.
Ruido siento de fiesta,
subamos a mi ventana,
pero una máscara sale,
esperad aquí y veremos
si trae algo que compremos.
No hay gusto que a este se iguale.
Una máscara con una arquilla debajo del brazo con fuego, y sea de manera que en abriéndola salgan llamaradas de ella, y lleve en la mano algunos confites u otra cosa dulce.
¡Alí, bravi, gentil uomo!
¡Alí, forti cavalieri!
¡Servitori y escudieri,
tutti quanti in prem somo!
¡Qui compra la cedronela!
¡Qui vol confeta comprare!
¡Qui vol di questo pillare!
¡Alí, bravi, bona beca!
¿Qué traéis en esa arquilla?
Porto di confeta.
Ansí.
Y es buena.
Sí, o ves y
veamos.
Aquesto pilla.
Dele dos confites.
No es muy mala.
Buena es,
abrí la caja.
Il fare.
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Buena confitura fue,
en humo se ha convertido.
Abra la caja y salgan llamaradas de fuego.
Vole mai, su señoría.
Vase.
Digo que fue burla extraña.
Es muy propio en Alemaña
usar de esto cada día,
pero otra máscara viene,
veamos con qué invención.
Si es por dicha colación,
como en ella se contiene.
Otra máscara con un huevo en la mano con sangre.
¡Qui compra el ouo di stori!
¡Nessuno me sabuto intero!
¡Qui lo compra adesso, adesso!
¡Alí, belleri servitori!
¡Patrone!
Sí,
vol pillar de questo.
¿Qué es lo que traéis aquí?
Ouo di stori traya.
A ver.
Vuélvase lo.
¡Sangre es, por mi señor!
Donoso ha estado el olor.
¡Patrone mio a reveder!
Vase.
Fuego y sangre; todo es guerra.
De que hay que tener recelo,
fuego que amenace el cielo,
sangre que cubra la tierra.
Ruego a Júpiter sagrado
que la guerra pare en bien,
y que suceda también
como sabéis, pronosticado
que al rey, al duque, al señor
o al que algún gobierno alcanza,
se le ha de hablar con crianza
y obedecer con amor.
Y lo demás le está mal,
y no me parece justo;
si el príncipe fuere injusto
el vasallo sea leal,
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pero voces siento, vamos,
que el emperador será,
que a palacio vuelve ya.
Es sin duda, ansí lo hagamos.
Vase.
Vuélvenle a sacar en brazos como le metieron, y al punto que le sacan empiece a abrasarse a un lado del tablado encima del alto cosa con mucha estopa, pez o resina de forma que salgan grandes llamaradas de fuego como que se abrasa una casa.
¡Viva el nuevo emperador!
¡Viva el César, sin segundo!
¡Viva el monarca del mundo,
y muera quien es traidor!
¿Qué casa se está abrasando?
La de vuestra majestad
es, sin duda.
Ansí es verdad.
Parece que estáis temblando.
¿Qué os admira, qué os espanta?
Es temor tan espantado
de mil prodigios pasados
que este, señor, nos encanta.
Pero prodigios ni agüeros
ni falsas supersticiones
no acobardan corazones
de tan nobles caballeros;
pero es gran temeridad,
y aunque anuncian grandes males
dos mil funestas señales
que hoy se han visto en la ciudad:
echarse un viejo sin brío,
tan decrépito y doliente,
tocando arma, ansí, gimente,
a nado a fondo del río
y pasar con furia extraña
de la otra parte, y a un punto
quedar el cuerpo difunto;
teñir en sangre la campaña,
y sacrificando ayer
al dios Marte, huyó
la víctima, y nos dejó
sin podella detener.
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y vuelta a sacrificar
la víctima, por mil modos
rució su sangre a todos
sin hombre alguno escapar.
¿Quién vio y tres cuervos volando
y a un águila persiguiendo,
y al fin sobre ellos volviendo
quedar de todos triunfando,
y llevando una culebra
sobre el piquillo fue
un ramillo de laurel,
que dio un águila en persequilla,
y al fin la asió saltando,
que aquel laurel espiró
y el ave despedazó,
que no causó poco espanto;
y mil prodigios notables
que por horas multiplican,
agüeros que pronostican
muchos casos miserables.
No porque causa temor
a mí ni a los que aquí estamos,
que si en agüeros miramos
aqueste ha sido el mayor,
mas los portentos esquivos
y los prodigios inciertos
no amenazan a los muertos
pero avisan a los vivos.
En hombres tan valerosos
y en tan heroicos soldados,
en términos tan honrados
y en pechos tan belicosos,
desierto que no cabrá
pensamiento de temor
y género de deshonor
ni puntos de cobardía.
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Si mi casa se abrasó,
no os dé, amigos, desconsuelo,
son luminarias que el cielo
en mis fiestas encendió.
Sosegad, tened consuelo,
que el cielo me la abrasa
por darme mayor casa,
que es grande mi pensamiento
y en la de mal alojamiento
gocéis que han sucedido.
Todas, amigos, han sido
flaquezas de corazones,
que los hombres valerosos
no creen prodigios ligeros
encantamientos ni agüeros
que todos son mentirosos.
Y si hubiera de creer
por fausto pronosticar,
que tenía de imperar
muy bien lo pudiera hacer,
mas no es tarde, tiempo habrá.
Y porque veáis mi daño,
y conozcáis mi engaño
dadme oído, que os diré en qué encarga.
Nací en la ciudad de Roma
según mis padres dijeron,
que fueron Sextilia honrada
y el noble Lucio Vitelio,
hidalgos de sangre noble
sus padres, y sin aquellos,
ellos hijos de sus obras,
y de mis obras y deseos.
Cuando nací de mi madre
hubo prodigios y agüeros
que mis padres alegraron
y a los dioses suspendieron.
Criéme en la isla de Capreas
desde niño hasta mancebo
entre mujeres y amigas
del emperador Tiberio,
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en los gustos regalado,
en las obras descompuesto,
entre los hombres vicioso
y entre damas deshonesto,
en las burlas no pesado
y en las veras no muy necio,
ved el principio que tuve
y mirad el fin que tengo.
Criándome en esta isla,
más vicioso que honesto,
más dado a mi mocedad
que no a honrados pasatiempos,
una noche tenebrosa
de tempestades y truenos,
relámpagos y granizo,
piedras, aguaceros, fuego,
cayó un rayo sobre el muro
asolando el cimiento.
Y se oyó una voz que nos dijo
como bajada del cielo:
"Este muro, ciudadanos,
que agora veis por el suelo
ensalzado por fortuna
y humillado por el tiempo,
tiempo habrá que con tiempo ensalce
aquestos muros soberbios
y, siendo señor del mundo,
liberte el romano pueblo."
Y un mes antes que naciese
salió un pronóstico cierto
que natura pariría
antes de un mes un mancebo
rey de todo lo criado
y bien del romano imperio.
Y así, espantado el Senado,
determinó por decreto
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que cualquiera que naciese
en el mes o dos primeros
se criase con recato
o muriese con secreto.
Y yendo mi madre un día
a sacrificar al templo
víctimas al dios Apolo,
se quedó acaso durmiendo
y soñó con un dragón
o serpiente, se asía en su pecho
y que sus entrañas eran
llevadas hasta los cielos,
convertidas en estrellas
de los palacios de Delo,
y de su vientre salía
el sol y sus paralelos.
Y pasando un día mi padre
acaso con un ejército
por los desiertos de Idumea,
quiso consultar primero
qué sería de su hijo
al templo del dios Libero.
Y echando en el sacrificio
un poco de vino luego
se levantó tan gran llama
que compitió con los cielos.
Y solo a Alejandro Magno
le aconteció aquesto mesmo.
Y luego esta misma noche
les aparecí entre sueños
en figura más que humana,
con el relámpago y cetro
coronado con los rayos
del sol reluciente y bello,
del dios Júpiter insignias
y señales de mi imperio.
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Y una noche que en la cuna
me dejó el ama durmiendo,
a la mañana me halló
sobre una alta torre puesto
contra el resplandor echado
del sol y su nacimiento.
Y estando en la isla de Capreas
en un bosque y prado ameno
jugando con unos niños
y un poco de pan comiendo,
vino un águila a mis manos
y el pan me quitó, y de presto
se volvió a subir volando.
Y poco a poco volviendo,
otra vez me trujo el pan
y otra vez se subió al cielo,
y al fin, para concluir,
pues son prodigios y agüeros,
y veis que no hago caso
de señales ni portentos,
yo soy vuestro emperador
por justa ley y derecho,
rey de todo lo criado
y señor del mundo entero.
Para Roma nos partamos,
con mi campo marchemos.
Roma pide libertad,
los nobles piden sosiego,
los pobres piden amparo,
los ricos piden gobierno,
los viejos piden justicia,
los mozos piden consejo,
vosotros pedís señor
y yo del mundo el imperio.
Vivas, señor, largos años,
tu fama aumenten los cielos.
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Los dioses te den victoria,
cumpla Marte tus deseos,
pues mañana os aprestad
porque el otro día marchemos,
que el quemarse aquí mi casa
es porque me parta luego
a librar de esclavitud
el triste romano imperio.
Viva el nuevo emperador
del mundo.
Viva Vitelio,
y miserable Otón muera.
Muera,
muera,
aunque le amparen los cielos.
Vanse.
Salen Patricio y Fabricio cónsules y dos ciudadanos.
Ya que pide Roma
que le deis príncipe justo,
que le deis emperador,
no cual los otros injusto,
sino que les tenga amor,
ya no pueden llevar
ni sus ánimos sufrir
tantos modos de robar,
todos se quieren ir
y sus haciendas dejar,
que con tantas impiedades
injusticias y crueldades,
con tantas imposiciones,
tantos robos y extorsiones,
adulterios y maldades,
se pecan desesperados,
de hacienda y gusto privados,
y quieren más ser perdidos
donde no sean conocidos
que adonde han sido criados;
y ansí piden que les den
un príncipe más humano
que les trate a todos bien,
que conozca al ciudadano
y al noble y justo también.
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Si a manos de traidores
han de ser mañana muertos,
quieren más que hazañas y dolores
ser en España libertos
que no en su patria señores,
y pues que ya Otón murió
y ansí mismo se acabó,
como sabéis y sabemos,
no aguardéis que nos matemos,
cual mismo rey se mató.
Emperador os pedimos,
justo emperador queremos,
a Aulo Vitelio escogimos,
y a Vitelio acetaremos.
Todos ansí lo decimos.
Pueblo romano, yo he sido
aquel que con más cuidado
vuestro bien he pretendido,
vuestro gusto he deseado
y el bien común ha querido,
y ansí en cualquiera ocasión,
de razón o sin razón,
que mi emperador ha hecho,
habéis sabido mi pecho
y visto mi corazón.
Ya sabéis cómo no adulo
honras ni privanzas quiero,
a nadie culpa acumulo,
mando ni hacienda espero,
ni maldades disimulo;
ya sabéis mi voluntad,
ya conocéis mi lealtad,
mi justicia, mi clemencia,
mi recato, mi prudencia,
mi llaneza y mi verdad,
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ya sabéis que a todos quiero,
que a vuestro gusto me aplico,
que a nadie soy lisonjero,
que no es mi ambición ser rico
sino amigo y compañero.
Y supuesto que esto es ansí
y que vuestro bien deseo,
digo, amigos, desde aquí
que en vuestro gusto me empleo,
y que no quede por mí.
Sea Vitelio emperador,
y al momento despachemos
de Roma un embajador;
pues tantas nuevas tenemos
de que es fuerte y su valor,
y pues que todos decís
que al procónsul admitís,
ya aqueste mismo aceptamos,
y emperador le nombramos,
pues es justo y le pedís.
A quien avisemos luego
que el emperador Otón,
de alguna sospecha ciego,
se ha muerto, y en ocasión
que ha dado a Roma sosiego,
y que el pueblo le ha pedido
por justo derecho y ley,
y a voz alta a ello movido,
por su señor y su rey,
y emperador le ha elegido,
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y aquesto quede ordenado
por decreto del senado.
Pues viva el emperador
Vitelio.
Viva el emperador,
de cuanto el cielo ha criado.
Vanse.
Tocan a marchar y salga todos los que hubiere en el vestuario de soldados unos con una guitarra, otro con dados, otro con la caja, otro con una salforja y en ella pan, queso y una bota con vino, a repartirse en ranchos apartados, unos a jugar, otros a merendar, otros a cantar, y el emperador tendido en el suelo oyendo, cantar, riendo, comer, y jugar, de manera que esté en todo.
Mucho la gente ha marchado,
y viene tan fatigada
que a mí me ha puesto en cuidado
si podrán hacer jornada
o quedarse en despoblado.
Hagan alto, descansemos,
que mañana nos pondremos
a vista de la ciudad.
Sacad, dados, jugad.
Aquí hay caja.
Pues jueguen.
Trae tu a mano el instrumento,
Señor, sí.
Por mi contento,
me canta alguna canción
de mi querido Nerón.
Canten.
Cumpliré tu mandamiento.
Roma, cabeza del mundo,
un tirano te gobierna,
mucho temo tu ruina,
que en efeto eres cabeza.
Mándate Nerón abrasar,
siendo tú su madre mesma,
y para mayor crueldad
una mata y otra quema,
que fue del alto fuego que le envía,
y abrase el alma que abrasó su tierra.
Aparte.
Qué valor, qué justicia, qué grandeza,
que ha solo un hombre, todo un mundo tema.
Saquemos de merendar.
Hay algo?
Una niñería,
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pues empechaos a sentar.
Y pan y queso que traía,
que os sobre.
Bueno es guardar.
Tenéis vino?
Aquí hay un trago.
Más a nueve.
Digo y hago.
Asar en esta ocasión
pese al dado guijarrón,
reniego amén con esto pago.
Cantan.
Al cielo suben las llamas,
al centro bajan las piedras,
al aire van los suspiros,
al senado las querellas,
al terso las maldiciones,
a los dioses las promesas,
a los tiempos la inconstancia,
la crueldad, a la fama eterna.
Ya se acaba el rigor entre las fieras,
y en ver los hombres la crueldad empieza.
Yo perdí.
No tengas pena,
pierde y calla, ves aquí,
juega sobre esta cadena.
Por entrambos.
Topo aquí.
Ocho quiero.
Enhorabuena.
Más a nueve.
Digámos.
Más aquesto.
Topo aquí.
Repartíselo.
Alabás.
Catorce quiero.
Es ansí.
Asiéntole a barrabás,
pues pese al infame dado,
siempre tengo de perder.
Soy algún desdichado?
Aquesas beber,
una tajada ha quedado.
Por Júpiter que estas manos
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se habían de estar quemadas,
en tierra de luteranos.
Pese a las manos probadas
y al ladrón que tiene manos.
¿Habéis jugado y perdido?
¿Perdido? Sí, que no he jugado.
Pues ¿cómo pérdida ha sido?
Porque sin tomar el dado
he dado cuanto he traído.
Pues toma y vuelve a jugar.
Dame aquesos pies.
Soldados,
¿es aqueso merendar?
Señor, vengos andados
para volver a marchar.
¿Hay para todos?
Señor,
no conforme a tu valor,
porque no hay ningún regalo;
un trago de vino malo,
poco pan y mucho amor.
[Tachadura extensa]
Haréis a aquestos soldados
cien sestercios por mi gusto,
que me parecen honrados.
Con tu voluntad me ajusto.
¡Pese a los infames dados!
Pues, soldados, ¿cómo va?
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La cadena perdí ya.
Y la sortija; reniego
de los dados y aun del juego.
No tengáis pena, jugad.
Cantan.
El tirano emperador
la mira desde Tarpeya
alegre con su ruina
y ambicioso con su afrenta.
Pero el plazo de la muerte,
que aunque tarde siempre llega,
le ejecutó a que pagase
con la vida tantas deudas.
Triste Nerón, de ti quién te aconseja
que vivas mal y mueras con afrenta.
Por los dioses, que es justo que viviera
y ojalá que su vida fuera eterna.
Mensajero con una carta.
Dame tus pies.
Levanta.
Tus pies me has de dar.
Acaba,
¿qué es lo que quieres, soldado?
Esta carta del senado
traigo a vuestra majestad.
Lee, Florindo.
Más a dos.
Aquesto paro.
Topo aquí.
Aquesto más.
Lo tomo caro
reparo.
No juego más,
ni quiero otorgar reparo.
Lee.
Nos el Senado Romano, Cónsules, Senadores, Magistrados,
Pretorianos y Tribunos por la gracia de los divinos
Dioses, cabezas de la vacante de Roma, a ti el Dios
y señor mío, semper Augusto Aulo Vitelio César, Em-
perador de Constantinopla, Señor del Oriente, Persia, Etio-
pía, Mosconia, de la gran Tartaria, Circasia, Babel,
Bitinia, Arabia, Arcannania, Armenia, Egipto, Asia.
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Turquía, Albania, Trapisonda, Macedonia, España, Hungría, Po-
lonia, Tesalia, Austria, Aquitania, Pannonia, Dalmacia, Fla-
ndes, Inglaterra, Helia la hermosa, Babilonia la antigua, Troya
la fuerte, Tebas la populosa, Cartago la rica, Corinto la rodea-
da de naos, Tiro la deleitosa, Roma la santa, Nápoles la gentil,
Venecia la rica, Génova la soberbia, Milán la grande, Bolonia
la crasa, Padua la fértil, Sena la valiente, Florencia la bella,
gran Emperador, señor de cuanto riega el gran río Ganges con
sus siete ramos, el Danubio y seno del mar Adriático, y de cuanto el
sol con su universal curso rodea, Rey de los Reyes, señor de los
Señores. Salud, para que con ella castigues los rebeldes e in-
obedientes que contra tu cesárea y real persona se levantaren
y tiranos vasallos tuyos que no te obedecieren. Sabrás cómo
el injusto y tirano Emperador Marco Silvio Otón César, temiendo
el rigor de tu poderosa mano y la fuerza de tu invencible ejér-
cito, él mismo se ha dado una muerte merecedora de su mala vida,
pues acostándose habrá seis noches con el temor de algunos pa-
sados casos y peligro de algunos injustos hechos y aviso de
prodigios infinitos, después de haber dado audiencia a todos
los que quisieron, los despidió, y diciendo esta tan memorable
palabra: «y demos a nuestra vida una tan sola noche», y ponien-
do dos cuchillos debajo del almohada, durmió un profundo
sueño, y despertando antes de amanecer, se dio una herida, y
acudiendo todos al primer gemido, con una voz encubierta y sin
manifestando murió
a los 38 años de su edad y noventa y cinco días de su imperio,
de cuya muerte todos se alegraron, y eligiéndote por su Emperador,
el Senado Romano te espera zelando tu salud y esperando tu
venida, la cual los dioses aumenten y traigan para que con ella
sosiegues los inquietos, castigues los culpados, premies los justos
y todos te obedezcamos.
El Senado Romano.
Válganme los dioses a ello,
que el emperador Otón
sea muerto, gran desconsuelo;
pero llega en ocasión
que me sirve de consuelo.
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¿Y qué le pudo mover
a un caso tan temerario,
si lo alcanzaste a saber?
Ser tu señor su contrario.
Porque más no pudo ser.
¿Cómo, por qué y de qué suerte
un hombre tan principal
se dio a sí mismo la muerte?
Si no me informaron mal
yo lo diré.
Dilo.
Advierte.
Hubo en Roma diferencias
una tarde en el senado,
sobre una querella justa
y sobre un injusto agravio.
Era el querellante pobre,
el delito muy pesado,
el delincuente muy rico
y el pobre muy desdichado.
Pidiendo el uno a los cielos
justicia, a voces llorando,
que sus lágrimas pudieran
enternecer un peñasco.
El emperador injusto
mandó soltar al culpado,
y prendiendo al inocente
(¡ah, duro y acerbo caso!)
condenándole a morir,
le dio dos días de plazo.
Aquí fue la confusión,
las voces del senado,
diciendo que era injusticia,
que advirtiese bien el caso,
que era el homicida el rico
y el muerto, del pobre hermano.
El aleve emperador
respondió muy luego:
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que el pobre no es bien que viva,
harto muere, aquesto mando.
Nunca se vio lobo hambriento,
en Liguria áspid pisado,
celosa tigre, onza herida,
fiero escorpión, espín pardo,
como, cuando el viejo oyó
tal crueldad, con rigor tanto,
desesperado y furioso,
puesto en medio del senado,
con libertad y razón
perdió el temor anciano,
y dijo: Emperador injusto,
de la muerte no me espanto,
que a mis caducos días
piden al cuerpo descanso,
pero de un tirano rey
no está seguro hombre humano,
pues que castiga a los buenos
y premia a los hombres malos.
¿Están seguros los muertos
de aquestas tiranas manos?
Yo muero alegre y gozoso,
de tiempo y muerte triunfando.
Y sacando de una vaina
un puñal que traía acaso,
dio principio a su memoria,
y fin a tantos trabajos.
Admirados los presentes,
el senado alborotado,
el emperador confuso,
y el difunto cuerpo lacio,
unos movió a compasión,
otros entre ellos a escándalos,
al senado a triste agüero,
y al emperador al espanto.
Fuese a palacio con esto
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medio confuso y temblando,
que el alma de aquel difunto
le hubo de salir al paso.
Quien viera cinco o seis hijos
del triste padre colgados,
el mayor dolor tendría,
aun no cumplido de un año,
sobre el ya difunto cuerpo
y a Julia llorando,
que le limpia las heridas
y procura de asirle en brazos,
cuál besa el pálido rostro,
cuál le dice mil regalos,
cuál dice: "murió mi dueña,
y murió mi padre amado",
los dioses le den el cielo,
y al Emperador el pago,
y acabe como acabó:
muera sin culpa a sus manos,
él mismo se dé la muerte.
Como mi padre ha dado,
el triste cuerpo enterremos.
Hermanos, con él muramos,
y a Otón le llevemos,
si no pudiereis en brazos.
No nos dé su muerte pena,
basta lo que hemos llorado,
el pobre mejor es muerto,
que no vivo con trabajos,
con lágrimas y sollozos,
suspiros, quejas y llantos,
llevaron el triste cuerpo
los hijos del pobre anciano.
Dentro de dos o tres días
trujo nuevas un soldado,
como V. M.
venía a gran priesa marchando,
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con un soberbio escuadrón,
y todos amotinados,
Cónsules y Senadores,
y todo el pueblo romano.
Viendo su muerte presente,
que le estaba amenazando,
estando solo una noche,
quieto todo el palacio,
sacó un cuchillo pequeño
y, dándose por un lado,
dio fin a su mala vida
y a la muerte franco paso.
Con este suceso triste,
todos, señor, se alegraron,
el triste tuvo contento,
el afligido descanso,
el pobre tuvo riqueza,
tuvo el rico desengaño,
Roma gusto y alegría.
Hizo fiestas el Senado
y pidiendo Emperador,
a ti, gran señor, nombraron.
Esto es lo que ha sucedido,
perdona, señor, el cargo.
Ninguna pena me ha dado
un caso tan desastrado,
y a compasión me ha movido;
pero, pues que me ha elegido
con tanto amor el Senado,
he de ser su amigo en efeto,
como el reino y mando aceto,
y su fe y amistad estimo,
ya el darle me animo,
a su voluntad sujeto,
y que mañana se encierra,
con aquesto os prevengo,
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el premio tendrá lugar,
y en todo te han de servir.
Éntrense, y salen Julia y Casandra.
Ya mucho puede una afición,
gran fuerza tiene un querer,
pues que vence la razón
y no se deja vencer
de avisos ni discreción.
Jamás creí que pudiera
un rapaz tanto como eso.
Si no es que, visto lo viera,
¡ay, Casandra, pierdo el seso!
El seso, ¿de qué manera?
¡Ay!, otro nuevo cuidado:
a el tu galán casado
tienes, por dejar otro ausente.
Ay, que yo me atormente
de alguno desdeñado,
es porque a algún dolor,
que yo lo remediaré.
Y pues llego a su deshonor,
avísame y callaré.
No, amiga, sino de amor,
¡ay, ingrato!
Pues que es amor,
a mí me encubres tu mal,
sabiendo quien soy, y que...
¡Ay, Casandra, es muy mortal!,
que me perdones te pido,
Si con eso te he de dar,
por servirte, me señalo,
que tu tristeza no ignoro,
que tu bueno o tu malo
guardando a tu honor decoro.
Como me encubres a mí
lo que está secreto en ti.
Dime, ¿sabes qué es querer?
Poco o mucho, no hay mujer
que no lo sepa decir.
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saber bien los dolores
que nacen de aqueste amor.
No sé yo tanto de amores
que no pase del favor,
dándosela como me adore.
Pues ¿cómo, Casandra amiga,
has de saber querer bien?
¿Quieres que mi mal te diga,
sino que gracias te den
y yo te alabe y bendiga?
Aunque de acá no pase,
ya supe qué es guardar fe.
¿Llegaste a tener amor?
No, pues no tuviste amor.
Yo entiendo que llegué.
Pues ¿crees que a tener llegaste?
Si nada es que bien quisiste,
mas si de veras no amaste,
dudaste, mas no temiste,
daño mal no pasaste.
A un hombre, señora, amaba,
como al alma quería,
como al alma adoraba,
quise amarte y calle un día,
y dejóme.
Afición crasa,
pues los que han de ser queridos,
de justo, sean estimados,
regalados y servidos,
con palabras obligados,
con amor favorecidos,
el martelo es disgustoso,
el desdén desesperado,
el celo y temor forzoso,
porque un hombre amartelado
nunca escapa de celos,
que es fiel temor y celar.
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Y el recelo de perder,
hace de muchos adorar.
Si no me llega a querer,
¿por qué he de amartelar?
Y si él de que me quiere,
yo digo que le quiero,
como por otra se muere,
que este amor no es verdadero,
según lo que del se infiere.
Dices, Casandra, verdad,
y es que, hasta conseguir
un hombre una liviandad,
si muere, suele fingir,
por cumplir su voluntad.
Son cosas averiguadas,
que a los hombres dan disgusto
las mujeres recatadas,
y para cumplir su gusto,
no quieren que sean honradas.
Y aun piensan que es gran deshonra
cuando no hacen caso de ellos,
y dicen no pierden honra
porque ser malas con ellos
solamente no es deshonra.
Padecen dos mil penas,
conforme a las que señalas.
Y querrán, según ordenas,
que en principio sean muy malas,
y después firmes y buenas.
Que con ellos sean humanas,
tratables, nobles, llanas,
y con otros enemigas;
pero, en siendo sus amigas,
que sean lucrecias romanas.
Pero volviendo al dolor,
que me causa este disgusto,
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nace de temor y amor,
que donde hay amor tan justo,
es muy hidalgo un temor.
Ay, Casandra, es perderme,
Rosardo no se fue, agora
no es esto verle ni verme,
ya conozco que me adora
y sé que no ha de ofenderme.
Pero siento yo acá en mí
un no sé qué de recelo
que me tiene amiga en sí.
Admiré tu mal, consuelo
pudiera tenerle en ti,
como en mí de qué manera.
Sácame este corazón,
mira si importa que muera,
que por tu amor y afición
vida y honra pospusiera.
Agradezco tu lealtad
y estimo aquesa nobleza,
que es de tanta calidad
que no puede mi pobreza
pagarte esa voluntad.
Dime tu mal.
No lo entiendo,
estoyme toda abrasando,
y cual la cumbre me ofendo
que a todos está alumbrando
y ella se va consumiendo.
Su criado viene aquí,
sosiega que nos dirá
adónde queda.
¡Ay de mí!,
que me parece que acá,
Casandra mía.
Sea ansí.
Mogrollo, lacayo, muy roto y gracioso, vestido medio italiano.
¿Qui me apela?
Casandra soy.
Oh, fratela,
¿qué manda la señoría?
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¿Adónde?
Patrona mía,
candato a la curumbela.
Y pues, ¿dónde está Rosardo?
Él vendrá ansí, adeso, adeso.
¿Queda en casa de Ricardo,
o queda en la braza, por preso
de alguna dama que aguardo?
Per la estrata venía ancora.
Habla claro.
A la malora.
Pues, Mogrollo, yo querría.
Hablele la señoría,
mandare, bella sinora.
Yo te quisiera rogar,
pues que sabes donde asiste,
que le fueses a llamar,
pues todo mi bien consiste
en solo poderle hablar.
Faró de gracia tu gusto,
eló trovado al momento.
Vase Mogrollo.
Suenen cajas.
Cajas, pífanos siento,
no es de echar.
Un nuevo susto
me ha dado en el pensamiento.
Y será.
El emperador
Vitelio.
Que en nuestra plaza...
¿No escuchas este rumor?
Sin duda alguna embaraza.
Muy próspero es su valor.
¿Quieres que le veamos
al emperador entrar
desde la ventana?
Subamos.
Mucho has de saber holgar.
Quizá, pues.
Ya guío.
Vamos.
Vanse.
Chirimías, sacando los que pudieren de la compañía, y Florindo, y Emperador detrás del a... Emperador muy triste, toda la compañía. Otros las del Emperador se quede acá que por donde sale.
Cuando, tu vuelo invencible,
avencedora fénix,
sale a coronar la gente
llena de un gozo increíble;
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Digo que entren poco a poco los del alarde a poner el arco que los tienen en varas, y giren estas coplas, y que no salgan más del Emperador y Florindo.
cuando tus gentes gozosas,
con la gloria de tus obras,
hacen fiestas y alegrías,
sacrificios y otras cosas;
cuando este mundo, recelo,
esperando en tu valor
que has de ser emperador
de la redondez del suelo;
cuando el indo, el babilon
y el persa, el turco se alegra,
y de la gente negra
a la mar fiera nación;
te ofrecen de Arabia el oro,
y de Cantabria el acero,
y el coral de algún minero,
de Oriente el rico tesoro;
del indo suelo la algalia,
de Nigritania el plomo,
te traen cañas de Trípoli,
y terciopelos de Italia;
y de carpesios del Occidente,
carbunclos, piedras, aves;
te traen vasos de Corinto,
mármol puro y trasparente;
aceites de Mauritania,
flores de Asia y Sajonia;
te traen ámbar de Sidonia,
y rosas de Lituania;
cuando el árabe te ofrece
la fénix rara en tus manos,
y tu nombre entre cristianos
más se aumenta y engrandece;
cuando de uno al otro polo
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se ocupan en te alegrar,
desde cuanto cerca el mar,
hasta cuanto mira Apolo;
cuando todo el mundo entero
se acrisola en tu crisol,
y quitan la luz al sol
para darla a tu lucero;
el carbunclo radiante,
el topacio y el piropo,
el amaranto, el crisopo,
la esmeralda y diamante;
y cuando el tártaro, el sabao,
el árabe, el mauritano,
el húngaro, el transilvano,
el persa y el moscovita,
el aminta, el indo, el tracio,
el iberio, el frigio, el godo,
el asirio, el tiro, el noto,
el galo y el croacio,
hasta el lugar más ignoto,
a ver tus fiestas están,
desde el seco alemán,
al antípoda remoto;
cuando todos vienen ciertos
a hacer sus nombres altivos,
y entras triunfando de vivos,
vienes triste por los muertos.
No te espante, amigo, advierte
que hazaña no entendida,
fui su enemigo en la vida,
y soy su amigo en la muerte;
su sangre, su valor
y su nombre hizo inmortal,
la sangre que es leal,
sellada, aumenta el honor.
Y como aquesta atiendo,
olla, mi tanta copia.
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Página completamente tachada con un aspa y sin texto de la obra legible.
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por ser mi sangre es la propia,
la tuya me ha entristecido.
De un peligro que es tan llano
no es libre tu persona,
pues consigues tu corona
con la sangre de un tirano.
Aparte.
Basta, no le trates mal,
ni me compares con él.
Yo no vengo a ser cruel,
sino piadoso y leal.
De mi don, tórtola rama,
es de ver quien se defiende;
yo perdono a quien me ofende
y aborrezco a quien agravia.
Y esto basta.
Ya ha bastado,
pues te sabemos entender.
De ese lado viene.
A hacer
reverencia con cuidado.
Vaya andando el Emperador y en medio del tablado se abran unas puertas y parezca un arco triunfal, y en lo alto de él a los lados Rómulo y Remo, con cetros y coronas, y romanos en un... y más bajo en un... la una del pueblo el pie, Pompeyo, y Senado en... y encima del Imperio un pie Julio César, con la espada desnuda... y un poco más abajo triunfan de él y del mundo Nerón... con una corona... y más bajo Marco Antonio atrás de Nerón, una espada, y más bajo en un... Serafín, y un... más arriba Otón con una corona en la mano dándose con él.
¿Qué te parece, señor,
esta puerta? ¿No es famosa
capilla? Y buena está, y es de vista a
quien es este emperador.
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Tiene la mano a Roma
abrazándola.
Aquel es
Nerón, y aqueste que ves
acá, Pompeyo, y el mundo toma.
Dime, ¿quién es el que me agrada?
Julio César.
Cierto.
Cierto,
que después a un ayer muerto
de veinte y dos puñaladas,
Marco Antonio, el que está allí
con la espada atravesada.
Otón, el de aqueste lado,
di, ¿más que me agrada a mí?
Rómulo y Remo son estos
que aquella ciudad fundaron,
y estos los que la abrasaron.
Agradádome han aquestos.
Cubridlos, y no haya más,
que en tan fiestas por hoy
triste y muy triste voy,
y esto me entristece más.
A vuestro palacio puedes ir.
¿Quién es esta?
Casandra.
Con ella quiero dormir.
¿Tú quieres?
Por Júpiter, que se haga,
o volverás a hablarla luego.
Harélo ansí.
Bien está.
Entranse todos. Pasa en Alemania y Roma.
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El natural desdichado Acto 2. Los que hablan en este acto: Julia Casandra Florindo Rosardo Arsindo Mogrollo, lacayo Emp Vitelio Fabricio Patricio Fornio Vespasiano, emp Un soldado Otro soldado Carmeno
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[Página en blanco]
Jornada segunda
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JHS Maria
El Natural desdichado Acto segundo
Julia y Casandra a una ventana. Rosardo y Florindo de noche, las capas terciadas, espadas en las manos. Mogrollo de justillos como arles detrás, tentando la espada.
Florindo y Rosardo son,
no sé quién a otra parte.
Hablando en conversación,
procura de sosegarse
hasta saber su intención,
pues no solo la he de ver,
procurar y requerir,
sino que tengo de querer
juntamente servir.
No es la vida para ver,
sino para amar y vivir,
sin razón me ofendes.
Yo no busco aguardar más,
paso y daos a esperar.
Deténganse los dos.
Cae Mogrollo herido.
¡Ay, muerto soy!
¡Afuera digo, aparta!
Rosardo, es cierto,
muerto soy y ciego he de dar.
Veremos si estáis herido,
para que lleve a curaros.
Yo entiendo que nada ha sido,
pues no sé cómo pagaros.
¡Ay, señora! Vuelve en ti,
que estás difunta, ¡ay de mí!
Yo sospecho que no es nada.
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Si no se a sacar la espada, trájese acaso y cae.
Quiero que de a mi cuenta,
pues anda tan creada,
que me ha librado de afrenta
y restaurado la vida.
Y así, si queréis decir
a quién tengo de acudir
con el premio y recompensa
de esta libertada ofensa,
podréos, mi señor, servir.
No quiero que me obliguéis
con el buen trato que usáis,
solo os pido, si queréis,
que la ocasión me digáis
del enojo que tenéis.
Mogrollo, muy afeminado, medio turbado.
Pues así non andato via,
aquelo coso contrajo,
fótame non por vida mía,
que sois muy gentil andrajo.
Que en este buen día
que yo andato a ritronar
a qualque amo y valentone
per uemi a castigar
aquelo somo farfantone
y farto a de so amar,
y ella es una mujer.
Sea del cónsul Fabricio.
Un año debe de aver,
poco más.
Si pierdo el juicio
que perdí por mujer
a que adorado y querido,
porque es este sumarido,
y aunque eso que la quiero
no es negocio que me muero
ni por ella estoy perdido,
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es mi amigo, y e callado
por verle determinado
a hacer tan gran desvarío.
Y al ser amigo mío
a lo que veis allegado,
y si a mí hubiera venido
mediante mi amistad,
me la hubiera pedido,
juro por Dios de verdad
que se lo hubiera concedido.
Porque, a digo, no es cosa
de que a mí se me da mucho,
ni la dama es tan hermosa
que me apetezca un trecho
la ocasión con la grosa.
Yo, no estado bien aquí,
volo andar a contrapuerta,
que torna per así
me sañuda en la testa
qualque golpazo, ¡ay, ay, de mí!
Y esa señora es mujer
que me le dejar ver,
y mil veces suelo hablar,
y a me dado en regalar
mediante aqueste querer.
¿Es mi Rosardo?
Señora,
soy quien sirviendo os adora.
Aguardadme allí un momento.
¿Estáis solo, gente siento?
Solo estoy.
¿Y a aquesta hora?
Aquesto ora por veros
del estremo de quereros,
allegado a punto tal.
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Ya no temo mi mal,
con el temor de perderos.
Muy bien lo sabéis decir.
Mejor lo sé padecer.
Pero me quiero reír,
que quien no llega a querer
nunca sabe qué es sentir.
Porque si a sentir llegara,
yo entiendo que padeciera
con las veras que me amara,
que mi pena le doliera,
y más mi honor estimara.
Per ansí, si enso rudo,
voló me acá ritornar,
pero me amá el seso,
que primo que ja de tronar
questo poltrone, es conmigo.
Que es posible que llegue
a contemplar por mi daño,
una tan fingida fe,
y un tan claro desengaño,
sagrado cielo, ¿qué haré?
Mi señor, si es tan servil,
vuelve, y dime quién te dio
razones tan de a mil,
pues soy yo quien te adoró,
basta Julia, no haya más,
que de verte apasionada,
mayor sentida me das.
Que aquesto no ando nada,
gente siento.
Donde vas,
adentro, que es tarde ya,
y sospecho que vendrá.
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A Dios, que a mi padre siento.
Has de volver al momento.
Será sin falta.
Será,
perdonadme, si he tardado,
antes justo he venido,
que me ocupéis cual criado,
y como tal haya sido
quien sirviendo os ha guardado.
Si vuelven a tornarme en medio,
y no sé por do salir,
y me abran de sacudir,
sin poder tener remedio,
acá me torno a venir.
Ya es hora de recoger,
y por si soy de provecho,
haría conocer
quien tanta merced me ha hecho.
Si es que de saber
perdonad, que tiempo habrá
que os lo descubra Dios sea ansí.
Ocasión se ofrecerá
en que os hable, y don de aquí,
en este puesto será.
Cuando por la mañana,
los dioses queden con vos,
y a mí me traiga ocasión
por sirva como es razón
aquesta merced. A Dios.
Señor, parta ya despacio,
no aguardiamo a la matina,
que lo que se yo non saccio,
per Dio vero, no ven gallina.
Ven gallina, no ven borrajo,
a dende Andrent ansi e los dos.
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Viento en firmeza, sin fe, en la confianza,
muerta en la vida, viva en la memoria,
del contento ficción, del mal historia,
amparo del traidor, del leal venganza.
Fiscal del amor, fiscal de la esperanza,
infierno de pesar, cielo de gloria,
fuego de eternidad, luz transitoria,
sol de nobleza, y luna de mudanza.
Prisión de libres, libertad de presos,
cocodrilo del bien, del mal sirena,
tema del flaco, y asiduo fuerte,
fiera en crueldad, mujer en los excesos,
de dolor propia, y solo de mí ajena,
bien de otra vida, y de mi vida muerte.
Es culpa por mi suerte,
la causa del rigor del mal que siento,
cuerdo en las quejas, y loco el tormento,
pero qué me quejo en vano,
si qué remedio hay posible,
al adorado imposible
de aquel ángel soberano,
ahora bien quiero llamar,
fingiendo nada he sabido,
a de arriba, ¿fui, no te has ido?
Señor, ¿suspirar?
Pues no quiero que suspires
ni por mi causa te quejes,
que de mi vista te alejes,
ni con ninguno te airés.
Y porque de mi afición
no te enojes, que no es justo,
ni recibas más disgusto
escucha mi pasión,
has de saber que Florindo
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secretario de Vitelio,
ha hablado a mi tío Aurelio
allá por medios de Arsindo;
y este Arsindo es corcobado,
que me pide por mujer;
mas yo no le puedo ver
porque es muy necio y pesado
y un hombre muy enfadoso,
de mala cara y mal talle,
y es de suerte que aun miralle
sin mucho temor no oso.
Si quieres verle, podrás,
que ahí le suele amanecer;
mas yo no le puedo ver
más que ver a Barrabás.
Solo Rosardo es mi gloria,
la luz de mi pensamiento,
el cielo de mi contento,
la imagen de mi memoria.
Pero Arsindo, Dios me guarde,
de hombre tan impertinente,
qué bárbaro, qué insolente,
qué hablador, y qué cobarde.
No quiero más desengaño,
pues de tu boca he sabido
que soy el que te ha ofendido
por mi desventura un año,
y de verme que soy muy necio,
muy enfadoso y pesado,
que de hablador me aprecias
y de valiente me precio,
y pues no me puedes ver
que mil enojos te doy,
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y un insensato soy
en pedirte por mujer.
No digo que fuiste fuego
que abrasó mi corazón,
no digo que tu afición
me trae como dizes ciego,
ni digo que tu cabello
nació en la pétrea Arabia
que al oro de Oriente agravia
y al sol reluciente bello.
Y no que aquesos ojos son
del cielo las claraboyas,
fuegos que encienden mil Troyas
y abrasan mi corazón.
Ni digo que esa coluna
que sustenta un cielo raro
afrenta al mármol de Paro
y a los templos de la luna.
Mas digo que es gran dolor,
ya que no me quieres bien,
y que me hables con desdén
y a mí me trates con rigor.
Y digo que no es grandeza
ni a tu honor es permitido
triunfar de un hombre vencido,
que es género de bajeza.
Digo que me quieras, no,
que no fue tanta mi suerte,
sino que dejes quererte
y que no te enfade yo.
¿No me respondes, no sabes?
Dame, pues de mí te vengas,
vida con que me entretengas
y muerte con que me acabes.
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mas pues a tiempo has venido,
hoy, Arsindo, escúchame.
Mil veces te he dicho ya
cómo no te puedo ver,
y dices que soy mujer
y el tiempo me mudará;
pues no te fíes del mar,
del tiempo, de la fortuna,
del sol, del aire y la luna,
del contento, ni el pesar,
que es todo esto variable;
y más que esto, es la mujer,
que es firme en aborrecer,
pero en el querer mudable.
Y pues si nunca te he querido
ni en mi afición hay señal,
¿cómo esperas ser amado
siendo siempre aborrecido?
Por eso no me canses más,
ni te canses, que es muy tarde.
Aguarda, Julia.
Vase.
Aguarde
en gentil hora.
¡Ay temerario sufrimiento
y extraña resolución!
¿Es posible que hay razón
que venza el tormento?
Que es de loco perseverar
y en la demanda morir,
que pues no me quiere oír,
quita, me querrá matar.
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Al son de chirimías, atabales y música, el emperador Vitelio siéntese en un trono, dos cónsules, Fabri- cio, Formio; Florindo secretario con papeles en un bufete; Patricio con bastón, y gente de acompañamiento.
[Tachadura de cuatro líneas]
Ya que cónsules nombré,
en el Senado aprobé
los oficios que había dado,
y los cargos que han tenido
de nuevo los confirmé;
las leyes quiero que oigáis,
veamos lo que os parece
o si en ellas concordáis,
que buena ocasión se da
pues todos juntos estáis.
Leyes dadas por el divo y sumo emperador Semper Augusto Aulo Vitelio César.
Primeramente, que no haya médicos que curen, sino que al que enfermase le dejen hasta que muera.
Que ninguna mujer fea pueda ser casada y en llegando a treinta años use oficio de alcahueta pública y para ello se le dé licencia.
Que ningún cargo de la república se dé por méritos ni favores, sino por interés.
Que a todos los condenados a muerte los maten con muchos géneros de tormentos, porque sientan que mueren.
Que todos los que orinaren dentro de palacio paguen seis ducados.
Que cualquiera que matare a hombre zurdo, cojo, bizco, o frenético, y de su punto, no sea castigado por ello.
Que amaneciendo un hombre muerto sin saber quién le mató, ahorquen en aquella calle el hombre de más mala vida que en ella hubiere.
Que todos los que nacieren los maten, si no tuvieren hacienda de que vivan.
Que todos los que murieren no puedan dejar por herederos de sus bienes a hijas deshonestas, ni a hombres necios.
Que ninguna mujer pueda beber vino, pena de la vida.
Que las mujeres necias, mudables o ingratas se vendan por esclavas.
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que el que adulterare con mujer hermosa no sea
castigado por ello.
que las leyes que aquí están son
se me hacen imposibles,
y aun sin uso de razón.
Y aunque otras hay insufribles,
usad de ellas con discreción;
pero, señor, considerad
que no será bien, imaginad
Roma contra ti
esta vez murmuren todos,
porque Roma tiemble, y yo lo espero.
no tiene que replicar,
pues yo como rey he de obrar
lo que yo pude mandar.
Oye.
Muera.
Qué crueldad.
Saquen con él a coces,
y a las fieras le llevad,
que le despedacen luego;
echadle vivo en un fuego.
Tu gusto, señor, se hará.
Señor...
No me detengas.
Escucha.
¿No le lleváis?
Por los dioses, si me hacéis
que todos juntos muráis,
llevalde, ¿en qué os detenéis?
¿No venís?, ¿a qué aguardamos?
A injusta prisión vamos.
¿No acabáis?
Valedme Dios.
¿Qué de ahí, de aguardar tenéis?
Que todos las aprobamos.
Lleven a Formio.
Sois nobles, y sois leales,
y de hombres tan principales...
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no se puede esperar menos,
que en fin hacéis como buenos,
y seréis siempre como tales.
Danos tus pies.
Llegan delante el Emperador todos.
Mi grandeza
llega y vealdos que os doy.
Ay triste Roma de ti.
Qué dices tú?
Que eres rey, vivo por ti,
y que es justo hacerle ansí.
Ahora bien, que era base a nuevamente
ha dado en vera, no lleguen
y mujer sea quien me case, y hoy
pues sabéis mi pobreza se ha de dar
todos me habéis de ayudar.
Como lo mandas se hará,
y en todo obedecerá Roma
tu gusto, que es gran razón.
Servirme con afición.
Tuyos somos, emperador.
Yo quiero hacer una fiesta hoy a Minerva, y quiero
que me deis de comer
en gloria tan manifiesta
que de grande alegría
ansí el mi intento asombre.
Qué nos mandas?
Pues atentos asentad.
Luego al punto se os dé
dinero, y digan gastad
en lo que ahora diré:
Primeramente comprad
siete mil aves.
Qué de aves!
y dos mil peces, mil carneros.
Cien vacas, cien terneritos,
cuatro o cinco mil perdices,
setecientas asaduras,
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mil cabezas de elefantes.
Dime, señor, qué procuras.
Calla, escribe y no te espantes,
que morirás si murmuras.
Hígados de cien camellos.
Y adónde hemos de ir por ellos?
Al infierno, no te abras,
y no me repliques más
o irán los tuyos entre ellos.
Descubrid mil corazones,
cerebros de mil faisanes,
de pavos dos mil alones,
de azúcar cuatro mil panes,
los sesos de cien leones,
cuyanos de mil corderos,
lenguas de fenicópteros,
hoyadas del mar Carpacio.
Que te sirvan más despacio.
Cumplidos sean mis agüeros,
cuatro colas de ballenas,
lenguas de algunas morenas
que se hallan aunque importunas
de Hércules en las colunas,
pero de lenguas son buenas.
Y todo esto prevenido,
de enpuesto ya se ha de dar
cocido, bien cocido,
y lo demás bien asado.
Como atrás tengo pedido
mandaréis hacer un horno
de trecientos pies de largo
y cuatro mil de contorno,
y todo aquesto sin embargo
de apelación ni soborno.
Pag. 58
en el campo le tendréis
con gran custodia y conserva.
Una cazuela haréis,
a la cual quiero llaméis
el gran broquel de Minerva.
Dioses, qué castigo es este?
Hay en el mundo rigor
que se iguale con aqueste
al tirano emperador,
que de ser Fabricio deste.
Digo, amigo, en conclusión
que es más cruel que Nerón,
y más que Galba tirano,
y más que Tiberio inhumano,
y más injusto que Otón.
Y pues a mi lado se asientan,
quiero que mi gusto hagas,
y luego le tomes cuentas,
y se les quiten las pagas
a las legiones y flor Ginsenras.
Replicarme?
No replico.
Si quieres ser noble y rico
haz mi gusto.
Ansí lo hago.
Verás cómo te pago.
Fuese música y base.
Vatu lo um... me aflijo.
Ansí que, como decía,
amigo Rosardo, adoro
este encarnado tesoro,
aquesta enemiga mía.
Ya a un año y más que la quiero,
y con tanto estremo ando
que estoy por ella perdido,
y bien ninguno no espero
si acaso mi amada
merece algún galardón,
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y tu hidalgo corazón,
ya visto mi voluntad,
te pido que a esta mujer,
a esta adorada enemiga,
desorden como la diga
mi pasión si puede ser.
Ya como atrás te decía,
el casamiento entratado
ya en fin quedó concertado
que esta semana se haría.
Y no me quiero casar,
y tú estoy deste parecer,
y ansí quiero conceder
y a tu gusto acetar.
Ponte a este lado, apartá,
haré que me abran la puerta,
y en viéndoos que está abierta
entraos adentro y calla.
Y os haréis de la ocasión,
y en habiéndola gozado,
y muy triste y disimulado
podréis pedilla perdón.
No entiendo con qué pagar
tantas mercedes.
Con qué?
Con callar.
Ansí lo haré,
pues notar puede premiar.
Qué digo?
Julia a la ventana.
Quién va allá?
Es Rosardo?
Sí, señora.
Oh mi contento, y en hora
vinieras por acá.
He tenido en qué entender
y hasta ahora no pude venir,
puedeme bajar a abrir.
Vase Juliana.
Sí, señor, pero irélo a ver.
Qué hay de nuevo?
Espera un poco
que salga de un aposento.
Pag. 60
Baja ya?
Ruido siento.
Estoy de contento loco,
dame esos pies a besar.
Quedo, que viene.
Es Rosardo?
Sí, yo soy.
Aguarda.
Aguardo.
Ya está abierto.
Puedo entrar?
Cuando quisieres podrás,
ya yo bajo al encuentro.
Abrieron?
Entrese Juliana, entrese Arsindo y el de noche a luz de Rosardo y casa de Julia.
Vase.
Juliana dentro y salen luego ella y Arsindo.
Entrate dentro
y no me repliques más.
Y esto está con base estar,
por el cielo en quien adoro,
que fuera primero moro
que con ella me casar.
Yo, casamiento rebiéme
del hombre que tal se casa,
que aquesta noche se casa
y mañana se arrepiente.
Todo lo ordinario enfada,
aunque sea en estremo bueno,
y siempre agrada lo ajeno,
y la mujer más quemada.
Pues tengo yo de tener
en mi casa de ordinario
un enemigo, un contrario
que no la pueda ver.
Y quiero yo, que no es bien
aguardar a que me vean,
y gócense que así desean
por muchos años, amén.
Justicia, cielos, traición.
Mirad que si no calláis
a vos misma os afrentáis.
Justicia contra un ladrón.
No queda en la vecindad
hombre que no está despierto.
Pag. 61
Ved, señora, que es mi muerte,
y vos sin sentido hablad,
considerad que me veis
como un hombre ahorcado,
y pues no soy conocido
de las burlas os dejad.
¡Ay, padre, a señor justicia!
Que hay contra un traidor.
Fabricio medio desnudo con una espada.
¿Qué es esto, Julia?
Señor,
una traición y malicia,
una infamia en vuestra casa,
una desdichada suerte,
es una afrentosa muerte
y una notable deshonra.
¿Qué dices, Julia?
¡Ay de mí!
¿Quién es este hombre?
No sé.
¿Quién eres tú?
Yo lo diré,
si quieres escucharme.
Di.
Mi propio nombre es Arsindo,
hidalgo de noble casta,
natural de Roma y basta,
eres hijo de Teotindo.
Sí, señor, y amor que es ciego
me ha traído más devano,
adorando un desengaño
y abrasándome en un fuego.
A Julia he querido bien
y ha sido con tanto honor,
que en vez de a mi amor,
he visto yo su desdén,
parando por aquí.
Y esta noche encontré
con no sé a quién hablé,
y quemada aquesta di
yo con su amor tratad,
con mi padre el casamiento
que en esta arte contento
yo estaba del enfadado.
Pag. 62
y en vuestra casa me meto
de pura rabia de manera
como Julia me espera
con razón o sin razón
hízome aquesta amistad
y en a tu puerta llamo,
en su hambre me meto,
y esta es, señor, la verdad.
De acaso el defendido
de mi noble atrevimiento
y mi honrado pensamiento
en culpa ha tenido.
Tu la pena puedes darme,
pero advierte que ha de ser
Julia mi mujer,
o aquí tienes de matarme.
¿Qué es esto, Julia? ¿No hablas?
A Julia donde te ascondes,
enemiga, ¿no respondes?
¿O qué machinas entablas?
Eres mi hija, no sé,
y soy tu padre, no.
Que al padre que te engendró
le has matado tú por caso,
y por mi desventura,
una hija que me infama,
estoy con un pie en la cama
y otro pie en la sepultura.
Mas ruego a Dios honrada,
enemiga de mi honra,
que a quien a mí me deshonra
que a ti te quite la vida.
Conmigo se ha usado tal,
que al término ha pausado
con un amigo tan honrado,
un hombre tan principal.
Pag. 63
y pues que tú infame fuiste
y a tu padre deshonraste,
a ti misma te afrentaste
y este marido escogiste,
dale la mano, que es de dar,
que un tanto bien no mereces,
y no te me has de ofrecer,
ni te quiero besar.
Y al cielo ruego y apuesto
que de pesar me acaben,
y de tu ser sumariado
mi vida y honra me cuesta.
Yo te la doy.
Y a me voy.
Vase.
A los dos los veré.
Marchan de guerra y salen los soldados.
Tachaduras ilegibles en el manuscrito.
Con el nuevo Emperador
muy perdida, si es clara
que se trata con rigor,
y tras mil vicios se va
dicen me que es tan tirano
como un Briareo griego.
Pag. 64
Apenas es rey
como Fálaris ciego,
Dionisio el Siracusano.
Que ha revuelto y ocioso
y he metido revoltoso,
glotón, infiel,
fuerte, vicioso, cruel,
avariento y lujurioso,
que con la sed de su mal
de Roma su potestad,
los soldados le eligieron,
y a su emperador hicieron,
y que es verdad.
Líneas tachadas extensas en el manuscrito.
Muy bien la caballería
detrás de la artillería
y marche luego el bagaje,
por orden el herraje,
al amanecer del día
podrán marchar los piqueros
delante de los arqueros,
arcabuces y mosquetes,
pistolas y coseletes
en medio de los flecheros.
Y antes de llegar a Roma
seis millas una jornada
quien la gente a cargo toma
podrá hacer una cabalgada
a un paraje de la loma.
Ansí mismo lo haremos
y en esto prevendremos
luego que haya de ser.
Pag. 65
Para que al amanecer
cual mandas nos embosquemos.
Tachaduras extensas.
Y supe que el otro día
los ejércitos de Hungría
las Pannonias y el Judaico
transmarinos y el Hebraico
Alemania y Lombardía
antes que muriese Otón
le eligieron y nombraron
con entrañable afición,
los soldados que se hallaron
allí en aquella ocasión.
Si España a Galba eligió
a Otón el Pretoriano
a Vitelio el Alemán,
no es mucho que le escojo
por mi rey a Vespasiano.
Por los dioses que has de vello
y todos hemos de vello
se pierda Roma y su tierra,
sea por paz o sea por guerra,
sea en mi daño o sea sin ello.
Si quiere el cielo que entremos
y a ver a Roma lleguemos
mañana a las diez del día.
Pag. 66
De mi parecer será
que aquesta noche marchemos.
[Líneas tachadas]
Solo quiero que ofendáis
y al emperador prendáis;
quiero decir le matéis,
y de clemencia no uséis,
y aunque de clemencia usáis,
con todos seréis piadosos,
nobles, misericordiosos,
amigos y compañeros,
con Vitelio, justicieros,
crueles, facinerosos.
Pues no es mi intento ofender,
ni es mi ambición imperar,
sino miedo hacer
a los malos castigar
y a Roma en salvo poner.
Ea, suyos, ea, soldados,
amigos, fuertes, honrados,
ea, hidalgos, ea, parientes,
ea, nobles, ea, valientes,
animosos y esforzados.
A todos he de abrazar.
Yo sé de día que sabéis
daros nombre en pelear.
Abrázalos a cada uno de por sí.
Pag. 67
Y patrias vidas tenéis,
de un tirano libertar.
Hermanos, a todos va,
suyos, haced como buenos,
vuestro honor clamando está,
pues vais de nobleza llenos.
Soldados, fuerza, marchad.
Suene la divina trompa,
crezca el bélico instrumento,
sin que el mundo os lo interrumpa.
Ea, marchad, y el viento
el sonoro clarín rompa.
Luego mi campo marche,
no es tiempo de sosegar,
amigos, a caminar.
Suene de la caja el parche,
toca a marchar.
Toca a marchar y vanse. Queda Vitelio solo, y dice:
Incauto pajarillo en vega rasa
gozaba alegre libertad amiga,
árbol alto, agua clara, seca espiga,
sin temores aquí, y allí sin tasa.
Reclamo cauteloso en jaula escasa
con un alegre resonar le obliga,
árbol deja, va al reclamo, da en la liga
de quien la vida el ser mortal compasa.
Cual simple pajarillo descuidado
triunfó del mundo lleno de alegría,
sin que a sus lazos domestique el vuelo.
Crece en mí la crueldad, mengua el cuidado
y, si en matarme un pájaro porfía,
propia mi vida cuelga de un pelo.
Válgame el alto cielo,
aquí vengo a tropezar.
¿Quién este lienzo ha puesto
agora en este lugar?
En confusión estoy puesto.
Si no me engaña el sentido,
Vase paseando, y ve en medio del tablado una mortaja, y yendo a levantarla, se hunde bajo por el tablado.
Pag. 68
mortaja me ha parecido.
Quiero levantarla. Cielos.
Hundióse, hundióse el suelo,
y en su centro la ha escondido.
Extraña riguridad,
no vista y nueva ilusión
que causa temeridad.
Pero los cónsules son,
callaré esta novedad.
Salen Florindo, secretario, con memoriales; Fabricio y Patricio, cónsules.
A tus pies, señor, venimos
a pedirte por merced
que nos des licencia.
Tened.
A muchos otros tuvimos
dos hombres que tienen preso.
Una formada suplican
que castigues con exceso.
Matadlos, que pronostican
que tengo de verme en eso.
Y al homicida soltad,
piden a tu majestad
los que mulas le alquilaron
que se las pagues, pues quedaron
por tu cuenta.
Al arriero
mandaréis luego azotar,
que por eso son vasallos,
para ayudar a su rey.
Esto me parece ley,
y si no, mandad matallos.
No me atrevo a replicar.
Replíquele quien quisiere,
que yo todo he de callar
y hacer lo que él hiciere,
paciencia y disimular.
Léntulo tu tesorero
que tienes puesto en prisión
¿Qué pide?
De allí salir,
Pag. 69
que está preso sin razón
y es muy noble caballero,
que le mandes, señor, dar
libertad.
Dices muy bien.
Yo se la quiero otorgar.
Si en prisión no se halla bien,
sacadle luego a ahorcar.
¿Y mi hacienda?
Ayer la vio,
y él no daba cuenta della.
Vela, y ojalá su estrella
que quien holgarme con ella,
como él, se holgó con la mía.
Traíganmela luego aquí.
Tu gusto, señor, se hará.
Vase Fabricio.
¿Qué hay por ella?
Sabido han
de un hereje que se ahorcó.
Esta sentencia a tu imperial majestad.
Que tu caro suegro está
pobre, enfermo y afligido,
y que muere en soledad,
que le socorras.
No quiero,
antes mando que no sea osado
nadie de dalle de comer,
que no ha de comer bocado
sino como que ha de hacer
obras y omisiones pasadas.
Si la campanilla suena,
nadie se ha de llegar a ella,
y si dicen que es su pena,
mándoles luego matalle.
¡Oh trance fiero!
Y tu hacienda consumió
el que de tu suegro es yerno,
para poder enterrarle.
Pag. 70
Que con el riesgo, señor,
su yerno se halla sirviendo,
que será daño menor
que su hacienda no se pierda,
que no que él venda su honor.
Es hermosa.
Señor, sí.
Moza.
De mediana edad.
Será buena para mí.
Rey eres, tu majestad
haga su gusto.
Ea, di,
esta noche la traed,
que con ella he de dormir,
después la haré yo morir.
Esto se puede sufrir.
Patricio, callad y ved.
Salga Fabricio con una fuente cubierta, y en ella unos grillos, soga y cuchillo con sangre.
La hacienda que de él sacas
en una caja, fuera de ella,
un hombre muy feo y vil,
¿Qué es esto?
Descúbrala y hunda el cesto.
Esta soga y con ella
estos grillos.
¡Ay, cuitado!
Y este cuchillo también,
ensangrentado le hallamos.
Ensenad, verele bien,
mira el cuchillo.
Si aquí lo habéis de traer bien,
a los cada día se ven.
Aparte.
Ay, mortaja, ay, cuchillo,
grillos y soga, ¿qué es esto?
Ya de los pronósticos vuestros
fui vidente; yo me muero.
No sea trágico y funesto.
¿Tenéis más que despachar?
Aguardando están los presos.
Idlos a sentenciar,
porque hay algunos excesos
que se han de castigar.
Un soldado.
Señor, que hacerte es mandado
por que Vespasiano ha entrado.
Pag. 71
agora impensadamente
con gran numero de gente
se ha entrado en la ciudad
sus tocad a recogeros
y demonos prisa a armar
si libre te quieren ver
que no habrá despues lugar
para poderlo hacer.
¡Ay, la verdad!
¡Dioses, que es esto que escucho!
Daremosle la ciudad
pues que sera guerra entre muchos
y huya mi majestad.
Comparecer no es razón,
que a su reino sagrado
que asienta y califica al que es dado
sino dodos se amotinan
contra el emperador de estado.
Ya todos sabeis que rindo
a quien este imperio ha aceptado
a su gusto rendido,
más por fuerza que de grado
que nunca le he pedido.
Pero pues de su gusto es
soltamos le ave aún
y entre tanto que darme
yo sabre proveer
haganse como ordenadas
hago recoger mis criados
y en fuerte escuadron formados.
Entretanto yo me armo,
mejor se dire me desarmo.
Cumplase tu voluntad,
pero, ¿quién ha de salir
que no hay soldado ninguno
que podamos prevenir,
pues sabes que no hay uno?
Pag. 72
Los mandaste despedir
Teneis razon pues daremos
Digo que nos armemos
y al encuentro le salgamos
y cuando mas no podamos
la ciudad le entreguemos
por que todos tus soldados
bien prevenidos y armados
con su enemigo se pongan
y emperador le eligieron
segun somos informados.
Suenen pifanos y cajas
y prevengamonos luego.
En vano cruel trabajas,
ya son cascajos y fuego
y los pifanos mortajas.
Verte dejar en amargura
y procurar salvar
bien puedes infame dar
por que que tienes de morir
si no te sabes librar.
Procura un caballo en pelo
que imite al viento veloz
que si te subes al cielo
al cielo llegara su voz
de tu crueldad de este suelo.
Que se parece Fabricio
a este cruel que me parece
que vida a dado su vicio
de la muerte que merece.
¡Ay dioses, que pierdo el juicio!
Ya una carta ha llegado
secreta para el senado
en que avisa llegara
como a las nueve del dia
que este expuesto a crueldad
que a nadie viene a ofender
sino a Roma libertar.
Pag. 73
Todo mi gusto es hacer
ya este tirano matar.
No pienso que lo ha de ver.
Veraslo decida bamos,
que alguna sospecha damos,
de su muerte no lo entienda
porque no hay quien le defienda
ni su bando le vendamos.
Vanse.
Vitelio muy pensativo en una capa muy rota y desnudo y Florindo tras él.
¿Como sales desta suerte?
¿Donde vas, señor, ansí?
Donde voy, triste de mi
huyendo voy de la muerte,
que abra donde me esconder
del rigor de mi enemigo.
Ay de la vida triste amigo,
que la muerte he de ver.
Ve a tu corazon morir,
si es que vasallo fiel
y gran parte has tenido
que de ser falso es desentir.
Ya que con el mundo acabo,
quiero que veas su rigor.
Yo el que era emperador,
y agora fuera tu esclavo.
Dame un abrazo muy fuerte,
por fin de mi despedida.
Siempre al despedir la vida,
son los abrazos de muerte.
Sagrado cielo que espero,
o que consuelo ve aquí,
huyo apresurado y vivo,
muerto en desgracia me muero,
pues no he de hallar de ti,
y quiero pedirte, Florindo, de mi
que yo en vida no falte,
en la muerte a de colgarme
a mi saltar un caballo
y mis potros enguarnezco.
Pag. 74
No podré librarme, y librame,
amigo, buelve a buscallo.
Ya sabe tu majestad,
como a todos los criados
los hallamos conjurados,
contra ti la ansia es verdad,
pues donde te podré ir,
sino a morir contigo, y yo
que yo a la muerte me doy.
Mucho ruido dentro de armas de teatro.
Dentro: ¡Arma, viva Vespasiano!
2º: ¡Muera Vitelio!
1º: ¡Buscadle!
3º: ¡En palacio está matalde!
¡Al arma, muera el tirano!
Solo a mí vienen a buscar,
triste de mí, ¿qué he de hacer?
Yo me quiero ir a esconder,
que en palacio van entrando.
Vanse y salen cuatro soldados.
¿Quién se fia, quién se fia de la fortuna?
aunque en el mismo cielo este encumbrado,
o quien osa decir que a navegado
con viento en popa sin borrasca alguna?
¿O que corona de oro desde la cuna
trabajo ninguno, no a pasado?
¿O que dama que no va enamorada,
sin competencia, o sin mudanza alguna?
Quien ay que juegue que alguna vez no pierda,
quien con su humilde estado esta contento,
del humilde pastor al rey mas fuerte.
Quien del pasado tiempo no se acuerda,
o que vida se escapa de la muerte.
Si todo esto es ansi que me atormento.
Cargame Júpiter santo,
que horrenda vision es esta
cruel trágica y funesta,
de mujer con un mancebo
es la que viene detras
de aquellos cuatro cautivos.
Pag. 75
Con este cuerpo cargado
quien eres tú, lo que seras.
Lo que seré, muerto soy,
yo soy muerto, y a los que
hay de los que agora creo,
que estoy vivo, y muerto estoy.
Dentro voces.
Dentro: ¡Aquí me dicen que está!
Salen cuatro soldados.
Pues si aquí estuviere muera.
Es este por mi fe.
Espera,
que este me parece.
Anda,
un picaro devia de ser.
Descubrase el rostro, digo,
que se encubre.
Paso amigo.
Muy bien le podeis prender,
que aqueste es.
Muera.
Tene,
y no me mateis aquí,
tened lastima de mí,
por los dioses.
Buen oafe,
Por ser la cosa primera
que nos pide la daremos,
que en la plaza le ahorcaremos,
marche el ganapan que espera.
¿Quien trae soga?
Aquí esta cuerda.
Echalda al cuello y tirad.
Paso amigos.
Caminad.
Quien hay que el juicio no pierda.
A cabe, vamos de aquí.
Amigos ansí lo hare.
Yo en vida le acompañe,
y en la muerte lo hare ansí.
Echenle la soga al cuello y denle rempujones y coces y llevenle así.
Suenan chirimias y grande ruido de fiestas y alegrías y salga Vespasiano debajo de un palio y todos los que pudieren con el y diga esta copla para su entrada y otra que se acaba la jornada.
Salva es Roma para liber.
Salva es mi patria
Viva,
Vespasiano y su majestad.
Fin de la jornada.
Pag. 76
[Página en blanco]
Pag. 77
[Hoja de reparto tachada]
El Natural Desdichado
Acto 3º y ultimo
Los que hablan en este acto.
Emp. Vespasiano fabricio consul patricio dos capitanes Julia Casandra Rosardo Arsindo Dos ladrones Mogrollo dos presos Un portero Un mensajero Un corchete
[Tachadura con firma perpendicular:] Verdaderamente Señor
Pag. 78
[Página con pruebas de pluma]
Ocultan los favores de paloma gallarda En que llamaban a doña casadita
Jornada tercera
Pag. 79
El Natural Desdichado
Acto 3º y ultimo
Los que hablan en este acto.
Emp. Vespasiano Fabricio consul Patricio Dos capitanes Julia Casandra Rosardo Arsindo Dos ladrones Mogrollo Dos presos Un portero Un mensajero Un corchete
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[Página en blanco]
Pag. 81
JHS María
El natural desdichado, acto 3º
El emperador Vespasiano, patricios y Fabricio, cónsules, y dos capitanes. La gente que pudiere.
Cónsules, senadores, magistrados,
jueces, tribunos, patricios y pretores,
capitanes, valientes esforzados,
censorianos, ediles y cuestores,
deudos y amigos míos tan honrados
que de un imperio sois merecedores:
ya sabéis la afrentosa muerte
con que acabó Vitelio por su suerte,
y que los justos dioses me eligieron
por vuestro emperador, gloria impensada;
el cetro y mando deste imperio dieron,
reformaré un abuso que ya es nada
y otras que mis pasados consintieron.
La insignia que traéis de oro esmaltada
es de nobles romanos el traella,
mas mando desde aquí que no usen della,
y por la república caída
quiero ilustrarla, y quiero establecella;
porque con nueva ley establecida
podré seguramente poseella.
La ciudad arruinada y abatida
con altos muros edificados quiero verla;
en el foro otro templo se levante
a Marte vengador, Jove Tonante.
A todos los soldados vitelianos
con destierro de Roma a Lombardía,
que en mi servicio no quiero tiranos.
Tres mil tablas de bronce, donde Roma
los senatus consultos de romanos
y privilegios cada cual tenía,
Pag. 82
os mando que busquéis las que faltaren
o se hagan luego las que no se hallaren.
A Comagene, Licia, Acaya y Rodas,
que reinos cada cual hasta aquí han sido,
en forma de provincias queden todas
y todos los demás reyes que han salido;
desde alemanes hasta gentes godas,
vuelvan a poseer lo poseído,
y agora, en tanto que otra cosa mando,
estas leyes podéis ir declarando.
Lee Patricio.
Leyes, estatutos y ordenanzas hechas por el emperador y señor nuestro, Flavio Vespasiano César.
Primeramente que todo lo que el Senado hiciere cada día se escriba.
Que a todos los doctores en artes liberales y medicinas se les den salarios con que vivan en Roma.
Que ninguna mujer pública pueda ir en litera, vestir púrpura ni seda, ni traer perlas ni piedra preciosa.
Que a ninguno se dé oficio público por favor, merced, ni interés, sino por méritos.
Que los usureros que dejen hacienda a los hijos de familias no tengan acción para cobrarla ni agora ni después de muertos sus padres.
Que la mujer que se juntare con esclavo sea esclava.
Que no haya solterías ni casas públicas de juego.
Que en las carnicerías y pescaderías haya ediles que aprecien lo que se vende.
Que ninguna mujer haga oficio de tercera, pena de la vida.
Que ningún hombre pueda traer ámbar, algalia, almizcle, ni otros géneros de olores, pena de muerte.
Decidme, ¿qué os parecen?
Que son justas
y que todos, señor, las aceptamos,
pues con razón y ley tanto reajustas.
Justicia y clemencia en ti hallamos.
Por padre me tened.
Pues de ello gustas,
así será, pues tanto bien ganamos.
Por padre de la patria te tenemos
y como a emperador obedecemos.
¿Hay más en que entender?
Nada se ofrece,
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pues todo lo acordado escribid luego,
que al bien común de todos pertenece.
Vivas, señor, en paz y con sosiego
los años que tan justo rey merece.
A Júpiter sagrado pido y ruego
te dé vida y salud y que te conserve,
y premie a un tan justo y sancto en ti.
Yo os premiaré como veréis si vivo.
En todo nos harás como quien eres.
Vuestra lealtad y viva fe veamos.
Los ánimos verás cuando quisieres.
Estimo aqueste amor que al ser eterno.
Haciendas, vidas, hijos y mujeres,
para servirte están, emperador, y gloria eterna.
¡Viva el gran Vespasiano!
Vanse.
¡Viva, viva!
Julia y Casandra.
¡Ay, Casandra, ay mi amiga, ay mi contento,
ay mi luz, mi consuelo y mi alegría,
ay secretaria de mi pensamiento,
ay tesorera fiel del alma mía,
ay testigo del mal de mi tormento,
ay remedio del alma que en ti fía,
ay mi amiga, ay mi bien, ay mi señora,
ay vida de la vida que te adora!
¿Quién habrá que no llore con mi suerte
y di que el pecho abra tan temeroso,
que no se duela de un dolor tan fuerte?
Si quiero declarar mi mal, no oso;
si le quiero encubrir, temo la muerte;
si le descubro, pierdo mi reposo.
Pues ¿qué he de hacer, ay triste, en tanta pena,
si amor a muerte eterna me condena?
Repórtate, señora, y ten sosiego,
que con llorar no se remedia nada.
Todo mi pecho es un volcán de fuego.
Yo con Arsindo, yo con él casada...
Rosardo por ventura estaba ciego.
Yo soy Julia, ay de mí, yo soy la honrada
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que tú eres Julia, y honrada que te asombra.
Yo Julia, no soy Julia, soy su sombra,
por Rosardo me ves desdichada,
de padre y de parientes perseguida.
Vime un tiempo querida y regalada
y entre las más honradas preferida;
contra ley y razón estoy casada,
de Rosardo y del mundo aborrecida.
Caséme con su gusto, ¡qué inclemencia!
pero pues fue su gusto, amor, paciencia.
Si entendiera, señora, que tus penas
tuvieran con mi vida algún consuelo,
y que la hidalga sangre de mis venas
pudiera remediar tu desconsuelo;
si entendiera que presa entre cadenas
o en medio del ardiente Mongibelo
te remediara, no me dieran pena
vida, sangre, prisión, fuego y cadena.
No es posible, señora, que te amase
ni amor alguno a tu beldad tuviese,
y que tanto rigor Rosardo usase
y tal temeridad contigo hiciese;
que a ti contra tu gusto te casase
y a él por no casarse se ofendiese.
O no te amaba, o te estimaba en poco,
o de mucho querer se volvió loco.
Fabricio.
¿Qué hay, Casandra?
Señor, ninguna cosa.
Oye, Julia, pues ¿en qué entendías?
Señor, en nada.
Alegre estás y hermosa;
hanse acabado tus melancolías.
Señor, no, según soy de ahora.
Dime, Julia, ¿qué es esto que varías?
Señor, no puedo más con mi tormento.
Pues procura alegrarte y ten contento,
que si nace el pesar de lo pasado,
de haberme visto cual me vi ofendido,
ya tú estás satisfecha y yo vengado
del padre aleve, del hijo fementido;
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que el padre con la vida me ha pagado
y al hijo triste a término he traído
que, con ser yo cruel y riguroso,
sus desdichas me han vuelto ya piadoso;
verle cómo le ves me lastima,
y el corazón me ablanda y enternece.
El triste sin ventura harto se anima,
y mientras más se anima, más padece.
Hacia palacio alguna vez se arrima
por ver si alguno dél se compadece,
y alguna vez le he visto de manera
dar una pena que aun monte enterneciera;
lo que conmigo usó no fue buen trato
sabiendo él mi hacienda prometida,
y estando como estaba hecho el contrato
del casamiento por su mal perdido.
Hombre que a tanto bien ha sido ingrato
bien merece la culpa que ha tenido,
y pague lo que merece su locura
pues que perdió tan alta coyuntura.
Aparte.
Yo le remediaré si no me muero.
Puedo entrar a comer.
Como gustares.
¿Cuándo a tu esposo esperas?
Hoy le espero.
Vase Fabricio.
Ven conmigo y en nada no repares.
Sin remedio, Casandra, desespero.
Por los dioses te pido que me ampares.
Vanse.
Haré tu gusto y te tendré ayudada,
pues siempre en tu servicio me he empleado.
Dos ladrones con una arquilla de noche.
¿Qué cogistes?
La arquilla del dinero.
Por Júpiter, que es oro y mucho pesa.
Rico soy desta vez.
Y repartir quiero.
Pues tanta gloria, ¿y bien se me interesa?
Por verme en Alemania rico muero.
Yo pobre y entre gente calavera.
Yo con lindos guiñapos, los faisanes
que quiere comparar con alemanes.
Pues, señor garitero, donde ha salido
quien entruche ni entreve en lo germano...
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del trato godo, lo que he entendido,
quien en verdoso o quien en el anrano
ha descornado flores ni ha bebido
pinto, que es polinche, o chupa grano,
yo como lagarto no lo entrucho
ya sea reclamo ora aguilucho.
No soy polinche, no soy garitero
ni jamás tuve marca en lo aguisado
ni he sido bregador murcigalero
ni mis chancas ninguno ha desflorado
ansí mandrucho, como cicatero
ni mis flores de guro ha descornado
ni de mi edad ningún churlo
ni he sido brechador, lagarto o urlo.
Y esto que aquí jugamos de antuvión
amartinándome el de guiravada
no me sirvió de nada el guirarón
yo fui el que jugué del antubada
y el señor rastrillero cobatón
su flor chancera está ya deshojada
y si estas chancas se echan con guinapos
váyase y no me gaste el guardatrapos.
Que destas cobas ni de aquestos granos
no piense darle nada, ¡he! jaquiceño
veré si como garla tiene manos.
No daré el rumbo, mis godeno
que todos somos negros y germanos
y por Apolo que si cojo un leño
no le han de valer tratos juncianos.
¡Afuera el bellacón, ya le embestí!
Dale y cae muerto.
Yo soy muerto, ¡justicia!
Ya acabas.
Quiero acogerme no me encuentre el guro
y me lleve de paso hacia la trena
que aunque traigo respeto y fuerte muro
más fuerte dicen que es una cadena.
En esta arquilla calquemos seguro
que prenda que ladrón nunca fue buena;
bolsa, arquilla o pañuelo se conoce
y el dinero a su dueño desconoce.
Deje la arquilla, y vase su espada desnuda.
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Sale Rosardo lo más pobre roto que pudiera salir.
¡Oh, sagrados cielos!, ¿dónde voy perdido,
que mar y que fortuna me ha arrojado?
¿Con fiera tempestad dónde he venido?
¿Esta es la casa de mi Otindo amado?
Estoy sin juicio, fáltame el sentido.
¡Que a tanta desventura haya llegado!
Que aquel a quien yo he dado vida y honra
ese mismo procure mi deshonra.
Faltó mi padre y todos me faltaron,
mis parientes y amigos fenecieron,
sus deudas mi padre me dejaron,
que aquesta fue la herencia que me dieron.
La deuda de la muerte al fin pagaron
y las mías al tiempo remitieron;
la deuda de mi vida, el tiempo cobre,
por que la muerte no la pague un pobre.
Por los dioses que estoy ya de manera
que apenas puedo de hambre sostenerme;
es el morir, pues es razón que muera
por no tener de quién favorecerme;
necesidad infame, aleve fiera,
por Júpiter que tengo de atreverme
y matar y robar, y si a vileza
y que a gustos y males obliga la pobreza.
Mas ¿cómo he de atreverme sin espada?
Que no me faltará, que se ha igualado
en todo en mi fortuna desgraciada;
que es lo que está rendido en este suelo?
Al levantar la espada llegue a la cara de él y ensangriéntese la mano y alce la espada.
Una espada está aquí desenvainada
y un hombre muerto; ¡extraño desconsuelo!
Quiero irme, que estoy de fuerzas falto
y el corazón me ha dado un sobresalto,
cual si fuera el homicida.
No acierto a andar, trance fuerte,
hay quien trocara tu muerte
por no padecer tu vida.
Patricio y un corchete con una linterna y acompáñense de ronda.
Hora es que las once han dado.
No es tarde, ¿quién viene allá?
Un hombre y fiera espera,
parece que está turbado;
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de qué te turbas, quién eres,
que espada es esta desnuda.
No ves cómo se enmuda,
y no habla, ¡Dios! ¿Qué quieres?
¿A quién has muerto?
¡Ay, señor!
¿A ese hombre que está ahí?
¿A dónde está? ¡Oh! ¡Vele aquí!
Asidle bien al traidor,
es verdad que le mataste.
¡Qué mayor información
que hallarle en esta ocasión
de la muerte que hallaste!
Y la mano ensangrentada
con que es cierto le mató.
¿Qué puedo replicar yo?
La muerte está averiguada.
¿Qué te movió?
No lo sé;
desdicha y necesidad.
¿Hay más extraña crueldad
que esto en que tropecé?
Parece arquilla.
Es así,
que ha hurtado de ella, y que nada
lo que hurte fue a questa espada
para darme muerte a mí.
Llevadle todo muy bien.
No hay para qué, por mi suerte,
que quien confesó la muerte
dijera el hurto también.
Con todo eso le mirad.
Miradme o no me miréis,
que en mi cuerpo no hallaréis
sino hambre y necesidad.
No le hallo nada.
Es posible
que en todo cuanto miraste
mi necesidad no hallaste,
pues a fe que es bien terrible.
Solo a questa arquilla traza.
Para traerla no me acobarde,
no es mucho que lo dude,
con la hambre lo asuma.
Pag. 89
¿Cómo te llamas?
Rosardo.
¡Oh, Dios!, de un nombre defunto
todo el mal os vino junto.
¿No eres nieto de Gerardo?
Sí señor.
Que por las estrellas
grande lástima me ha hecho.
Si hubieras visto mi pecho
quizá me tuvieras más.
Por los dioses que quisiera
no haberte encontrado aquí.
Ay, mejores, morí ansí,
que no que viviendo muera.
Vamos ya, donde estuviese.
En mi muerte venganza tomen
y al fin... que si comen
y salgo de adonde mueren.
Pues es bien avisar
de este caso sucedido,
pues junto a su puerta ando,
a Fabricio.
No hay dudar.
Llama a esa puerta.
Casandra a la ventana.
¿Quién va?
Señora,
el pretor Patricio;
que busca al cónsul Fabricio.
Está en casa.
Asómese Fabricio.
¿Quién lo busca?
Una nueva.
Ese es Fabricio soy.
Como ya voy.
Baja.
¡Ay, Dios, mi hombre más desdichado,
que me han venido a traer
a manos de mi enemigo,
a la mano de un amigo
y al rigor de una mujer,
paciencia, que no hay dolor,
por más terrible y más fuerte,
que no le acabe la muerte!
Salga Fabricio.
Señor Patricio.
Os sirvo.
Qué hay de nuevo por acá.
Pag. 90
Una muerte sucedida
en su puerta.
Por mi vida.
¿Y el homicida?
Aquí está.
¿Es el muerto conocido?
No se puede conocer,
ni nadie alcanza a saber
quién es o quién haya sido.
De Roma es el homicida.
Rosardo se llama.
¿Rosardo?
Sí.
Este es natural de aquí,
no es verdad.
¡Triste de mí!
Pobre de ti, en qué has parado,
natural puedes llamarte,
mas la naturaleza ha dado
que te sientes por hoy,
y mira cuán sin mi amor
que con serme tú traidor,
cual si lo fueras me aflijo,
y en fin de mi nobleza
canses de que te ha de agradar,
quise volverte a mi gran casa,
por remediar tu pobreza,
y aunque estoy de ti ofendido
y un tiempo estuve agraviado,
por natural desdichado
te ayudaré.
Tú perdiste.
Julia y Casandra a la ventana.
Casandra, no oyes aquello.
Señora, no haga ruido,
que ya todo lo he entendido.
Mucho quisiera decírselo.
Sosiéguese y los abras.
Idos, Rosardo, con Dios,
que yo miraré por vos
como quien eres y hablas.
Pésame de que esta muerte
haya sucedido aquí;
allá en esa calle de ahí
cómo está.
Sea en suerte.
Pag. 91
Llevaréis junto al templo
de Jove Capitolino,
que quizá allí habrá alguno
que le conozca, y su contento
el hombre más desgraciado.
Ganada de mujer.
Ay Casandra, ¿qué es lo que veo?
Tienes razón y a lo ves.
Señor Patricio, llevadle,
y al carcelero encargadle.
Yo cumpliré tu deseo.
Sin duda mi muerte es cierta.
Dioses, ¿quién será el difunto?
Todo el mal me viene junto,
ya mi esperanza está muerta.
Si mandáis baja con los
Señor, Patricio lo hace,
antes yo me quedaré
para serviros, adiós.
Tu padre ha entrado,
y sus ayas nada.
Y déjale aquí.
¡Tan triste de mí!
Entra y acaba, ay desgraciada.
Sale Mogrollo borracho, dando traspiés.
Non ritrovo, perdio uero,
con mia estanca, intoto il corno
a la niva del orno,
donde echara del oínero
non sonó las luminarias,
non sacho per qué serano,
che questo adonde gran
y gentes varias,
cosa nesuna
ove detronar
y saltar
che a questa laguna
pasar li acqua elame
Hace que va a saltar y cae, y no puede levantarse.
Pag. 92
io fatto consaltaron
il mondo anda al reves
collo dormia mentras para
Salen el Mensajero de Ronda y dos capitanes.
Y agora acaban de dar
Muy quieto está el lugar.
Con rondarle admiramos
no haber a nadie encontrado.
No es poco gusto el que adquiero,
amigos, quiero
en el ver el sosiego.
Las traiciones los insultos
por la mayor parte son
de noche y el corazón
porque se hacen más ocultos.
Mundo de su mal gobierno
al hombre que en sí confía,
le das breve el alegría,
para el pesar siempre eterno,
váis esta luna vosotros.
Señor, sí, y pena importuna.
Pues el mundo es igual la luna
y va siempre tras nosotros.
Más quiero duerme por aquí.
Este hombre siento roncar.
Llegaréle a despertar,
clamaporay.
Adiablo, a ganacho.
Déjale,
Dejalle quiero.
Sin duda que está hecho un cuero.
Al puercos responde, abomayo.
Quiero ver lo que es el mundo,
que esto de la
la prueba en este hombre sale,
y ser ejemplo sin segundo.
Llevaréisle como está
a palacio, desnúdenle.
Pag. 93
En mi propia cama echadle,
y como a mí le trata.
Pero lo demás que haré,
os diré por el camino.
Vaya durmiendo bien el vino,
y lo que es el mundo veré.
Llevan a Mogrollo y vanse.
Sale Otón.
Qué de enojo la marca,
y a lo que advierto dijo
que por el rastro a
se me sube el humo al calvatrueno.
Y la quimera coge entre estas cenizas,
que le amo, y cariño que le tengo.
Se le adentra al rostro en ruinas y pálida.
Júpiter en los dioses soberanos
que tengo de valer con lauro y gloria,
el echa por que el rey en sí notorio.
No en vano alzáis con roga gran panilla,
que dicen el metrópoli de Roma
es muy piadosa y en muy castraeo.
Viva mil años mi nuevo César,
que él será como príncipe tan justo
y de mi castigar y de estos
que esta sangre de oro a quien no mato.
Hacer mil sacrilegios y maldades
a desde el hombre plebeyo al mayor príncipe.
Y en el crecido frágil de fortuna
nadie puede tener refugio grato,
es innumerable y es omnipotente.
Y me parece el sagrado Febo,
viene alumbrando el mundo con su lámpara.
No sentís el ruido de la chusma,
del calabozo nuevo de allá abajo.
Sale el portero dentro.
Por allá va un preso,
Venga enhorabuena,
porque duremos por ladrón y muerte.
Desventurado del que allí aguarda.
A mí, ladrón sea, bienvenido.
Entra Rosardo.
Pag. 94
Tratadme bien, que soy honrado.
Como le han de tratar, socarrones.
Por los dioses, que trae muy mala ropa,
para ser tan honrado, como pinta.
Y si me ruega sobre ella cien dineros,
de vendérselo acaba y se tarda.
Antes que la facción se descomponga.
Por los dioses, que os suplico,
tengáis las manos quietas y la lengua,
y veis aquí el vestido que algo vale.
Copiola, dueña tiene de palabras,
le quitaré los calzones de lana blanca.
Que para ser ladrón viene muy roto.
Venid aquí.
Sosada es el lagarto,
y aquesta simple de caminemos.
Vamos, por aquí que está menos ancho.
Y a buen turno, golilla, en una ermita,
podremos seguros, golondrinos.
Hasta que el día dé su luz, sea en buena hora.
Como se llama, digan su nombre.
Es conde natural, me llamo
Lindo nombre.
Pues si he de comer sables, ya anda.
Que en mi calabozo, a nadie falta.
Beso os las manos, por merced tan alta.
Vanse todos y queda Rosardo.
Fortuna, fortuna,
tu nombre queda de esta vez eterno.
Pues saliste cruel, con fama y gloria,
del cuerno de la luna,
me bajaste, salva el centro del infierno.
Ya no hay de quién triunfar, falsa victoria,
fra, en saca tu memoria.
Pues ya quedo sorbida,
donde no puede dar mayor caída.
Dime si Nigritano,
Macedón, Fenice, o Africano,
Albano, Balacho, o Caldeo,
Pag. 95
Licio, o Mauritano.
Borgoñón, Moldavo, o Celerino,
Estadiano, Gálata, o Sueco,
Romano, o Sabeo,
lo tan desdichado y tan perdido,
como el triste Rosardo, al tu presidio,
o solo su ventura,
pues me veo desnudo, pobre y preso,
por culpa que jamás he cometido,
amarga desventura,
del triste el mayor aborrecido.
De los dioses, el mundo abocado,
y pobre y afligido.
Mueve en una cadena,
pagando con su mal la culpa ajena.
Dentro.
Hola Rosardo, hay quien llama,
dónde está Rosardo, aquí os aguarda.
Aquí está, ¿por qué me das voces?
Dentro.
Mirad que os busca el ama y trae,
Buscadme a mí, ¡ay señor, qué oigo!
Sale Casandra con un billete y cubierta.
Hablaros un poco quiero,
tomad este papel y mirad,
y leedle por mi amor.
Enemigo de conformar a tu crueldad.
Venid a verme, ruégolo harto
de tu aleve trato, pero por que conozcas
la que fui, y que obré regida de noble honor,
allende cien monedas de oro, tienes esperanza
de que Dios te dará gran remedio.
Julia.
¿Yo a Julia venir a verme,
acordarse de honrarme?
Con dineros regalarme,
con amor favorecerme.
De tan real cima a mí,
esta mujer me parece
que con ella me padece,
en perpetua obligación.
Ya tanto, sabéis, venid,
que dos días ha pasado,
que no he comido bocado,
ni gota de agua he bebido.
Pag. 96
agora me he de mudar mi
honor que de aquí se fueron
y a ti adonde me trujeron
que como veis me dejaron
pero en esta prisión dura
no se moviera a piedad
hambre y sed me anda a la par
Vitelio mi desventura
a suelta a Dios el volver
Casandra a quien recado
de mi dolor son dado
y el de Florindo mujer
no le tenga afición
y mire a lo que se atreve
y lo que a mi pecho debe
de forzosa obligación
quisiera yo replicar
pero no me atrevo a hablar
por no te volver atrás
bien sabes que mi señora
es muy principal y pues
digo que sabes quien es
y aun ando antes de agora
sabes como la conoces
con tan extraña invención
de tenerte en esta prisión
la ofendiste y de su nombre
ya sabes como es mujer
y que ofendida podría
ser una semana
y que no te quiere hacer
mas de lo que te advierto
de esto no se de aquí
y a no ser por mí
a muchos fueras muerto
por tenernos
quien la priva y la regale
y de mi gusto no sale
por su falta su sombra adora
Pag. 97
y no sumará no
sino un hombre principal
y muy rico y de cristal
y antes que a ti conozco
piensan que mi señor
está aquí me como sabes
y tenemos esas dos llaves
y en un gozo de amor
y esto que haré
contigo como aquí ves
hácelo por ser quien es
pero por que te admires
luego se te encendió
y aquello tan enfado
y aficionado
de ver mi amigo y señor
y a mí se me aquí
el alma se me quema
por su alteza
se acordarán de mí
pero un secreto te pido
y cuando venga a salir
mas tiempo para morir
que para darle la muerte
con el rey mi de él hable
y de burlas lo conoces
y a ti te vi, porque no me conoces
por ti lo hice por cobarde
pues te hubiere de aquí
yo te juro reponer en él
adonde le pudiera hacer
olvidar el capricho y ver
a quien yo no esperaba
y no a de ser de provecho
y decir que a el
y a un hombre confesar
lo de el cielo denegar
aunque en el tormento muera
Pag. 98
y que se acabe a pesar
que a mi amigo he de vengar
pues no quiero yo más
no te quiero más declarar
gozad de él, y no me quejo
dame la muerte y acabemos
Vespasiano, Fabricio y Patricio, y acompañan los dos capitanes.
dejar estar y soltar
y a mi no se me da
que las cárceles visitéis
si de ellas no se os gasta
y así de mi parte diréis
que ahora turna el castigo
castigue o dé libertad
en tan dichosa ocasión
porque están hartos de muerte
conocidos y mal dados
más de una cruz y de un lado
y el dolor del tormento
y en efecto, todo es nada
según su grande potencia
y el día de clemencia
y de esta gente desdichada
todos señor suplicamos
el castigo les mitigues
y que como quien eres
siempre de ti esperamos
que se de de mi parte
a donde no se ha quitado
y el de todos librad
si no se compadece
los dioses te den contento
y mucha vida y salud
la carencia y piedad
libre de pena y tormento
los que por deudores están
y de las que son deudores
de todos se pagarán
y todos se pagarán
Pag. 99
todos los hemos perdonado
y de mi cuenta absuelto
y a mi amor grande vuelto
pues con ella los habéis hallado
por agora no hagáis más
de lo que toca a justicia
la potestad tribunicia
se os da y el hacer a paz
y a él le compete
admite tu potestad
de su sola cantidad
tiempo habrá para conocerla
a los que tenemos en ella
a en esta ocasión
por delitos, doy perdón
las armas mil nos den la victoria
esperad que en este lugar
que anoche rondando hallé
muy borrachos, que mandé
detener mi propio nombre
llamándole majestad
sirviéndole de manera
como si yo mismo fuera
con muy grandes sumisiones
y mi ropa despojé
y él se vistiere de mi corona
y se ha hecho, Emperador, por mandado
que le traigan ante mí
lo que es el mundo veréis
si saberlo deseáis
sabréis de quien os fiáis
lo que seguís y queréis
y a que el tenor guardáis
por ejemplo verdadero
en aqueste extranjero
que nada no viere ayer
aquesta noche es mi placer
y en aquel mismo lugar
he de considerarlo
los de el cielo mandarán
Pag. 100
pero él sale ya señor
desde aquí puedes mirarle
plaza lugar de la calle
Sale el emperador
vestido de emperador coronándose
vuestra majestad nos dé
sus reales pies, mi afecto
qué cosa questa qué diantre
digo que no me jale
mirare a el majestad
nos pague
questa gente de la calle
a todos señor los da
yo majestad no lo juzgo
yo no so mogrollo, que
questa cara no es de mí
questa mano e questo dedo
questa testa e questa boca
questo naso e questa fronte
non es de mí; de quien es
tu majestad nos lo dirá
questa canalla tropa
para no empacharse
dan os tus manos besar
mientras te lavas las manos
no nos lavas; me acobardo
pilla las llaves, y agua
con mi agua he de lavar
yo duermo; no, non duermo
yo vivo o qué cosa hago
yo se de mogrollo, el desastre
servitore de vuestra
un gentil homo gallardo
que ancora non admiro
de la confusión que está
no sabe lo que se hace
muy bien le podéis beber
venga vuestra majestad
en la taberna noches
ancora de las cañas
que diable de majestad
me apela a aquesto patri
a dormir horas a mares
señor a comer, no ancora
Pag. 101
andato vía en bonora
es ansí, con el adormidera
dalde muy bien de beber,
de manera que se asiente
como yo le halle en la calle.
Yo un poco de licor bajé,
y por él de suerte esté
que aquesta noche tenemos
de dar distintos extremos,
un suceso nunca visto,
que en efeto yo me fundo
en que hay hoy de enseñar
lo que es el mundo, y mostrar
lo que hay que fiar del mundo.
Vase.
Julia y Casandra.
¿Qué eso pasa?
Ansí es verdad.
Amiga, ¿vuelve a decillo?
Que no quiso recebillo.
Extraña temeridad.
Mas lo atribuyo a locura
siendo tanta su privanza,
que no hay bondad, y alabanza,
ni sobra de desventura.
Si de lo que me ha mandado
hace este billete,
el alma se le arremete.
¿Y en efeto ha rehusado?
Con tan grande pasión,
que será muerte, para ha-
-cer segura su sangre y vida,
supone y conforma...
En fin si libre te hallaba
aseguras que pudiéramos...
Supondrá de mi ganancia
cuando su afición hallaba.
Mas por aquesto merece
que, pues que tu amor base,
te obligara, y te casase,
y la que agora padece
solo en desgracia de ti,
porque cuando ese rigor
Pag. 102
su libertad, para hacer
obsequias a un tormento.
Mas dime Casandra amiga,
si libre te vengo a ver,
qué remedio es el tener
para que esto se consiga.
Con quién ese amarte calla,
que conozco a ninguno.
Que no nos faltará uno.
¿Pues cómo tengo de hallalle?
Dejáme de ese cargo,
solo...
a Rosardo meterle
en casa, desto me encargo.
Fabricio.
Julia.
¿Señor?
¿Qué haces?
Recogida en mi aposento.
Entre mi pena y tormento
estaba...
¿No sabes lo que ha pasado?
Sabré agora notándolo.
Mi dueño Emperador
los presos a...
¿Todos?
No quedó ninguno.
¿Qué me cuentas?
Dios guarde a su majestad.
No ha quedado presidiario,
los que por deudas estaban
quedó el Corpus Christi,
y a todos libres quedaron.
¿Cuándo viene tu marido?
Esta noche me avisaron,
que vendrá.
Mucho ha tardado.
De importancias le habrán...
Grande quisiere...
Hacia a ver esa...
Casandra en buen punto estamos,
pues bien puedes ser viuda.
Rosardo con un vestido viejo y una espada todo malo.
Por su pista me espanto
de lo que a suceder va...
Pag. 103
extraño negocio ansí,
porque sin decirme, ¿a dónde?
¿ni por qué? un hombre la muerte
porque aborrece vivir,
y en fin le privaron
un delito que es tan fuerte
que le sabe da también.
Y que en un gran calabozo
a la horca condenable
le meten.
Que un hombre que nunca vi,
... me suene que me vio
este vestido me dio.
yo que ansí...
ya que quería...
por puerta me des...
...
sin poder...
por los dioses que me ampare,
más bien dicen que la ventura
deja al...
ya que... de procura
no es bueno...
tanto la desgracia pasada,
que Casandra me ha contado
que ha vístome, y me ha traído,
diso que me metería
donde lo pudiese ver
ya desvelo, y no creer
que ella está pira.
Más por el alto sagrado
que si tan grande maldad
fuese por su...
... tan honrada
que he de matar mi enemigo,
y del venganza he de hacer,
que el mundo este revolver
por la honra de mi amigo.
Casandra a la ventana.
¿Cómo tan cierta se ya
la...
sin duda a que sospecho
... a cu...
Pag. 104
Gente siente. A la ventana
de aqueste balcón de arriba,
¿quién vive?
Casandra.
Ya, ¡viva,
viva la nueva Diana!
¿Es Rosardo?
Sí.
Mi vida,
sube, como siempre...
que él sea muy bienvenido.
Ya el alma me colgaba.
Casandra es de humilde,
quisiera poder servir,
más no me deja acudir
mi mucha necesidad,
pero tiempo habrá que quede
y en servirse...
y cuando no...
que al menos no me excede.
Horas serán.
Tres han dado.
¿Te sacan?
No tardan en acudir.
Espántome de haber tardado.
¿Quieres entrar?
Sí, que ya,
y en extremo...
por poderte ver la cara
puerto bajo abrir espera.
Baja.
Parece que en...
Ya casi he sospechado,
que esta mujer me ha engañado,
pero la ocasión ignoro.
Sale Casandra y mételo a él, y entra; quédase Mogrollo a oscuras y como el estaba vestido de pícaro y echa el balcón al suelo.
Emperador, dos capitanes y un criado con Mogrollo a cuestas como él estaba vestido de pícaro y échale al suelo.
Buena noche.
Y buena cierto.
Ni hace frío ni calor.
¿Qué habemos de hacer, señor?
Este hombre medio muerto,
yo de todo le acomodo.
Con...
pienso habla, y está...
Pag. 105
No menos debe de estar
aquel...
Ansí lo regala.
Uno le coge...
y otro le ha de esperar,
preguntaréle...
qué hace aquí.
Anda...
...
¿No te levantas?
Yo volo, pero no...
que esta... menear.
¿Quieres que ayude a alzar?
De gracia pilla la mano.
Tente...
Levántanle en vilo, y él se espanta.
Ay, ¿qué cosa que es esta?
¿dónde estoy?
Está
suspenso de verse aquí.
¿Qué es lo...
míres que...
Sin duda...
Diga, señores, ¿qué quieres?
¿Qué hora es?
Las doce son.
Puesto está en gran confusión.
En fin, desto se...
Por Júpiter, que no entiendo,
que esto tengo por onosso humor.
¿Yo estar Emperador?
y me halla sirviendo.
Di tuti di...
que degebaper la calle,
pacha... calle,
que pacha il imperator.
... que te fue agora?
¿Ancora? Cosa non veritá,
mi nom bra tan majestá,
tuti intierni, ancora, ancora,
yo portaba una corona
sola testa.
Cierto.
Cierto,
et uti tuti coperto
di púrpura et de la bona.
Pag. 106
mi dimandaban la corona,
esper vederla a dovero;
tanto duca, no lo vero,
per Dio; esto soño vano
qui tuvo quello qui invero
fuerono soño profundo.
Veis aquí lo que es el mundo,
todo al fin se vuelve en nada,
a palacio llegad,
con qué triunfo le damos;
y de esto que os he contado
todos ejemplo tomad.
Líneas tachadas: mas adonde andamos sino que veis a ser emperador mas altiva que solía
Florindo de camino con botas y espuelas.
¿Es posible que merezca
lograrse mi deseo,
haber mi esposa llegado?
Que aunque mi dolor ciego,
he estado tres días ausente
de aquella Casandra que quiero;
y aunque me aflijo y muero
detengo mi bien presente.
Quiero llamar en su puerta,
llegar con mi mudanza,
que un pecho sin esperanza
ni en su corazón hay gusto.
Casandra
La puerta me dejé abierta,
y no sé si alguno ha entrado;
¿quién va?, ¿quién está parado?
Hablad, ¿quién da a la puerta?
Un esposo que os adora.
Vengáis, señor, en buen hora
a visitar mi señora;
que por mi vida que aunque
hasta agora la adoraba,
pues para llegar a ella
me quiero entrar. Salta gentes.
Pag. 107
99 / 14
el tormento de mi ausencia,
verdugo de mi memoria,
vuelve a convertir en gloria
la imagen de su presencia;
ya espero verme en sus brazos,
de tan queridos abrazos.
Julia
Gloria de mi pensamiento,
vida de la vida mía.
Consuelo de mi alegría.
Alivio de mi tormento,
amparo y señor bienvenido.
Al templo de Venus sagrado,
perdona si me he tardado.
Mi buen señor y mi vida,
alguna pena me dio
vuestra ausencia como es justo,
pero todo este disgusto
vuestra vista consoló.
Ocasión se me ha ofrecido
para poderte llamar,
y como no has de celar,
Por mi sol, mi cielo,
que no hay para que te quejes,
pues solas las pascuas sale
para darme a mí consuelo,
que a punto ni momento
de todos los que han pasado
nada en mi pecho ha reinado
que no haya sido tormento.
Y por tu bulto divino,
que es la cosa que más quiero,
que me ha sido un siglo entero
aqueste breve camino.
Segura estoy de tu fe.
¿Y Fabricio?
Entiendo
que debe de estar durmiendo,
que mañana le veré.
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Florindo y Casandra asoman, y apartado a Florindo.
Aquí te puedes poner
y desde aquí escucharás.
¡Ay más desgracia, ay más!
Y más mal me he de ver.
¿Cómo os ha ido, señor?
Casandra amiga, muy bueno,
gozallo y contemplallo,
y cerca de adonde estás.
Cielos, dad un consuelo
a quien en tanto dolor
padece, como es verdad;
y aquella que de él se ha quejado,
porque me han de dar dolor,
y si vive se ha de matar,
como si mi llanto ofende.
No entiendo bien desde aquí,
quiérome acercar un poco.
¡Ay, Julia mía, en viéndote,
que el alma se me arranca de dolor!
Estoy de coraje loco,
que tal tengo de sufrir,
que a mi amigo han de agraviar
y que he de verle penar,
porque se case con él.
¡Justicia, a los traidores
que me han muerto a mi marido!
Otón mata a Patricio.
¡Ay, muerto soy! ¡Traición alevosa!
Saltos me da el corazón.
Dioses, mi marido es muerto.
Aquí está quien le mató,
y tu maldad engañosa.
Casandra, Patricio es muerto.
No es posible que es verdad,
y que a un amigo maten;
él es cierto, verdad fue.
¿Viste tan grande maldad?
Triste cuerpo ya defunto
del amigo más honrado.
Cielos, y juro ahora
ni mi brazo ha de cansar,
sangre de aquel justo Abel,
muerto por la injusta mano.
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del Caín más inhumano,
que mató su germano Abel;
tu muerte lloro conmigo,
y no es mucho llorar tanto,
que eres mi amigo en el llanto,
y en la muerte mi enemigo.
Notando ya aqueste exceso,
sino alumbrado a tu ruego,
si quieres ser mi marido,
yo encubriré aqueste exceso.
Ya sabes que te he adorado,
y conoces que te quiero,
que fuiste mi amor primero,
y jamás te he engañado;
todo esto sabes muy bien,
y supuesto que lo sabes,
toma de mi fe las llaves,
y empieza a quererme bien.
No te canses, que primero
el tiempo atrás volverá,
y la luna alumbrará
al sol claro en su hemisfero;
primero los movimientos
de los cielos pararán,
y antes atrás volverán,
y el mar los bandos violentos;
y primero abrasará
el yelo a la blanda cera,
y en medio de su carrera
el caballo parará.
Primero a Florindo, mi amigo,
remate aquí y me mate,
que espere que bien se trate
ni corresponda contigo.
Advierte que daré voces,
y a mi padre llamaré.
Llama, cruel, mátenme,
que mal mi valor conoces.
Y clamar aquesto es llano:
yo fui el traidor, homicida,
que a Florindo quité la vida
con esta enemiga mano,
a voces
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Tomad venganza de mí,
pues a mi amigo maté,
el traidor Rosardo fue.
Rosardo fue, veisle aquí.
No hay quien mate a este cruel,
no hay quien prenda a este enemigo
que mató a su caro amigo
y tome venganza dél.
Pero, Rosardo, no más,
que te oirá mi señor, calla.
Tal maldad no es de callalla.
Extraño, mi gloria, estás;
por los dioses en que adoras
que hagas lo que te ruego,
mira, mi bien, que estás ciego
y que tu crueldad ignoras.
De rodillas te lo pido,
si en tu clemencia hay lugar,
o me tienes de matar
pues causa de aquesto he sido.
Fuego, me vas convenciendo,
que al fin te amé y me quisiste,
mas la sangre deste triste
está venganza pidiendo.
Señor Fabricio, al traidor
que ha muerto a un hombre en tu casa.
Sale Fabricio con una ropa.
Hombre muerto, ¿qué te pasa?
El muerto está ya al remate,
yo fui quien le maté.
No fui, señor, sino yo,
que una mujer me engañó.
¿Qué hago aquí si me ve?
Voyme, no sea mi pecado
que se venga a descubrir,
porque estos han de decir
que todo aquesto he enredado.
Vase.
¿Es Rosardo?
Por mi desdicha.
Y el muerto, ¿quién es?
Señor,
Otón, por mi dolor.
¿Otón muerto?
Por mi desdicha.
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¿Eres tú quien le mató?
Sí, señor, yo le maté.
Señor padre, tal no fue.
¿Pues quién fue, enemiga?
Yo.
Yo.
Yo fui quien le di la muerte,
no se me admita disculpa,
pues soy quien tengo la culpa.
No, Dios mío.
¡Trance fuerte!
Señor, mándame prender.
Señor, mándame matar.
Yo le maté, no hay dudar.
Yo fui, puedes creer.
Cielos, en tal confusión
¿qué he de hacer? Quiero llevallos
y en la cárcel entregallos.
¿Hase visto tal traición?
¿Hay caso más desastrado?
¿Que tal he llegado a ver?
Cielos, ¿qué tengo de hacer,
ay, viejo desventurado,
que al cabo de tu vejez
a tal desdicha llegaste,
pues de aquella que engendraste
has de ser verdugo y juez?
Gente, a la cárcel conmigo.
Mi señor padre, vamos.
Venid vos también.
Partamos.
¡Ah, fiero padre enemigo!
Casandra, ¿dó? Ya es ida.
Todos son participantes
en la traición.
No te espantes
que esté la pobre escondida.
Consúmome en llanto tierno
de un cuerpo desventurado,
y ha de haber sepulcro honrado
como a hijo y como a yerno,
y porque mi amor fuiste
quiero que mis fuerzas veas,
que ánimo tengo de Eneas
si en las fuerzas soy Anchises.
Llévenle el cuerpo y vanse.
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Patricios y capitanes,
¿qué pedís?
Que qué pedimos:
Las cohortes pretorianas,
y legiones alemanas
que en tu servicio asistimos,
Aulo Vitelio nos dio,
cuando tuvo el mando egregio,
una carta y previlegio
por la cual nos concedió
merced de seis mil dineros
sobre un vectigal cargados,
en cuatro tercios pagados,
destos dos años primeros.
Que conformes suplicamos
esta merced, y pedimos,
pues nosotros te servimos
y ves cuán pobres estamos.
Todas aquellas mercedes
que Vitelio concedió
todas las confirmo yo;
y ansí, de hoy gozar puedes.
Mas niego algún vectigal,
imposición o tributo,
sobre alguna renta o fruto,
de que a Roma venga mal,
doy por nulo desde aquí,
y en esto tal no consiento,
porque nunca fue mi intento
de imperar siendo extraño.
Y ansí esta merced señalo,
y por justa no condeno;
acepto cuanto hizo bueno,
y renuncio cuanto hizo malo.
Aquí está un hombre a la puerta
que te quiere entrar a hablar.
¿Entrará?
Que acabe de entrar.
Déjele al momento a mi vista.
Digo que es tan justa cosa
que se admita lo que es justo,
y se condene lo injusto,
que es traza menos dañosa.
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Un mensajero con un vaso pintado de oro y rostro de Vespasiano.
De la ciudad de Tegea,
que es en Arcadia.
Di.
Te traigo este vaso aquí
que tu majestad le vea,
porque de un lugar sagrado
muchos de aquellos sacaron,
y en todos tu rostro sacaron,
cual veis al vivo pintado.
¿Quién los descubrió?
Señor,
los adivinos.
Vase.
Yo haré
que los premien, y tendré
en memoria este favor.
Fabricio.
Si acaso tu majestad
quiere hacerme una merced,
dámela.
Fabricio, ved
lo que es, Fabricio, hablad.
Que me dejéis dos presos
que anoche tarde prendí
por un delito, aquí,
y castigue sus excesos.
Sacaldos fuera.
Llegan acá esos presos y Julia.
Aquí están.
Esta merced pido sola.
Pasa a abrazar. Abraza Fabricio con el Emperador.
Yo os la concedo.
Rosardo con grillos. Julia.
¿Quién es este?
Mi señor,
aquél es un homicida
que anoche quitó la vida
a un yerno mío.
El traidor.
Y advierta tu majestad
que el delito confiesa.
No le mató, sino yo.
Él, como dize verdad,
que fue quien le mató.
Yo soy la mujer del muerto,
yo le maté, esto es cierto.
No fue sino yo.
¿Quién fue?
Señor, yo.
¿Quién es aquesta?
Esta es una mujer loca
que confiesa por su boca
lo que no hizo.
Pues, resta
que se averigüe el culpado.
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que solo he confesado.
Oídme a mí una razón.
Dejaldos, que es la verdad
deste caso subcedió.
Déjelo saber.
No, pues déjeme oír,
y escuche tu majestad.
Yo soy hijo de Formio,
cónsul que fue en esta tierra,
que aquí en la cárcel murió
habrá dos meses por deudas,
tubo a su cargo el tesoro,
porque fue un hombre de hacienda,
y en este tiempo que digo
nací yo, que no debiera,
crióme con libertad,
porque al fin nací con ella,
y en toda Roma valía
por mi trato y mi nobleza.
Sucedió que una tarde,
andando por una huerta,
vi acaso por mi desdicha
una mujer, que es aquesta,
como mozo aficionéme
y como humano adoréla,
en resolución la amé
porque es tanta su belleza
que a querella me obligó,
y ella a mí, como yo a ella;
pedíla por mi mujer,
siendo tan honrada y honesta,
y esto solo me obligó
a lo que no pudo su hacienda;
trataron los casamientos,
hubo manos y hubo prendas,
hubo unidad de las almas
y no en nadie diferencia;
hasta tanto que una noche,
viniendo, señor, a verla,
un Florindo, un secretario
de Vitelio, sale a su puerta
metió mano para mí,
yo tropezando di en tierra,
y viniendo a matarme
alcé acaso la cabeza
y hallé cerca de mí un hombre
en medio de la afrenta.
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pidióme que le contase
la ocasión de la pendencia,
obligado obedecí,
contéle la causa de ella,
díjome que amaba a Julia
y que eran flacas sus fuerzas
para poder contrastar
la imagen de su belleza.
Encarguéme de servirle,
y al fin le casé con ella;
después desto sucedió
que vine a tanta pobreza
por la muerte de mi padre,
que yendo una noche apenas
sustentando el cuerpo laso,
perdidas las flacas fuerzas,
encontré un hombre difunto,
y advirtiendo bien lo que era,
dio la justicia conmigo,
y sin hacer resistencia
confesé que le había muerto
porque también yo muriera,
que tanta es la potestad
de la incontrastable miseria;
prendiéronme, y otro día,
usando tú de clemencias,
diste a todos libertad
y yo también gocé de ella.
Una criada de Julia,
con engaños y con cautela,
me dijo que cierta mañana
hacía a su marido ofensa;
y yo, por defender su honor,
prenda que tan caro cuesta,
entré por verle en su casa,
y al fin subcedió que en ella,
por meter a mi enemigo,
que huyendo vino de fuera,
y abrazado con su esposa,
no entendiendo yo quién era,
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con el celo de su onor
y mi amistad verdadera,
a mi amigo di la muerte,
y ansí es razón que yo muera.
Julia en esto no es culpada,
viva Julia, no padezca,
que si confiesa el delito,
movida de amor confiesa.
Justicia, señor, te pido,
todo el cuerpo se presenta,
justicia te pide a voces,
dale la muerte que esperas.
Júpiter está indignado,
el cielo está con querella,
mis amigos con agravio,
mis parientes con afrenta,
Roma te pide venganza,
el muerto pide su deuda,
Fabricio pide su onor,
corazón pide que muera,
yo pido, señor, justicia,
castiga aquesta inclemencia.
A compasión me an movido
las quejas deste cuitado,
pobre de ti, desdichado,
que a tal miseria as venido.
Por los Dioses soberanos
que me quiebra el corazón,
deste pleito en conclusión
yo le dejo en tus manos.
Vos, Fabricio, sentenciad
este delito esta vez,
como padre y como juez.
Viva vuestra majestad,
pues tanta merced me hace,
que aquesto en mis manos deja,
porque nadie esté con queja,
de hacello me satisface;
y ansí digo que conforme
a lo dicho y declarado,
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y vístolo confesar
de un delito tan inorme,
vista de entrambos la ciega,
y que mi hija advierte
la muerte que sucedió
sin tener della disculpa,
considerando el engaño
con que mi yerno fue muerto
y que el sobrado esfuerzo
no fue causa de su daño,
antes con celo de honor
de la muerte de su amigo
se da oficio de enemigo,
de reo y acusador,
hallo debo condenar
a Julia, mi hija, a muerte,
y ansimesmo desta suerte
a Rosardo libertar.
La sentencia apruebo fuerte.
Tu majestad no lo impida,
que el padre que me dio vida
no es mucho me dé la muerte.
Fabricio, con tu licencia
y movido de piedad,
quiero con mi voluntad
dar yo mismo la sentencia.
Tu gusto es ley, y es mi gusto.
A hombre tan principal
y a un amigo tan leal
quiero yo premiar, que es justo;
y ansí, Rosardo, podéis
dar la mano a Julia, y os daréis
Sentencia ha sido del cielo.
Muchos años os gocéis,
y el cargo que en el senado
tuvo vuestro padre, os doy.
Humilde a tus pies estoy,
pues al cielo me ha elevado.
Viva vuestra majestad
por tan extrañas mercedes.
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Mil años.
Y amén.
Amén.
Y a mí, pues tan bien me ha ido,
viváis un siglo.
Y dando
con aquesto fin
al natural desdichado.
Fin.
Loada sea la passión de nuestro señor Jesuchristo.
Augustín de Rojas
