Texto digital de El cerco y toma de Túnez y la Goleta por el emperador Carlos Quinto
Data de publicação: 22 de agosto de 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El cerco y toma de Túnez y la Goleta por el emperador Carlos Quinto. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-cerco-de-tunez.
EL CERCO Y TOMA DE TÚNEZ Y LA GOLETA POR EL EMPERADOR CARLOS QUINTO
Pag. 1
Cerco de Túnez. Toma de Túnez y gana de la goleta
2 3ª
Z
Cerco de Túnez y la Goleta
Plaza universal de todas ciencias
5 legajos
14 33 55 155 142
Jornada primera
Pag. 2
Figuras x Marqués del Basto x un legado del Papa x conde de Sarno x general de Florencia x Andrea de Oria x don Luis x Carlos Quinto x general de Nápoles x Federico x Augustino x Muley Hacen, rey de Túnez x algunos moros x Alonso de Pita x Aloysio x Zafer, moro x Aydino x Andrés Ponce, soldado x dos tudescos soldados x duque de Alba x Barbarroja x Saleco x Fátima, dama x Sinán, judío x Tabaques
Jornada primera. Suena dentro ruido de salva con artillería.
Amayna, que ya estamos en la tierra;
levaremos, canalla, y demos fondo,
que nuestra capitana el ferro ferra
en las mismas entrañas del mar fondo.
Suene el clarín marítimo de guerra
por todo aqueste círculo redondo,
que callar no recibe por distinto
del Alexandro nuestro, Carlos Quinto.
Sale el marqués del Basto, el legado del Papa, el conde de Sarno, general de Florencia, general de Nápoles, y los demás que hubiere soldados, y suenan ministriles, trompetas y atabales.
Gracias a Dios que ya en Cerdeña estamos
con tiempo alegre y favorable viento, 2
Pag. 3
Todos, pues es tan justo, se la damos
con pecho franco y con igual contento.
Desde Civita Vieja no tardamos,
según comparación, solo un momento.
Guíanos con su norte el justo cielo
y su teniente santo aquí en el suelo,
y el gran vicario Paulo a la partida,
subido al cielo con el alma santa,
de parte de la armada apercebida,
bendijo con honor y gloria tanta.
¡Oh, gente cristianísima escogida!,
¿de qué os da admiración, de qué os espanta
que aquí salgamos con tan buen piloto,
sin remo menos y sin mástil roto?
Seguro voy del vencimiento claro,
llevando un Paulo tercio por tercero,
y un Carlos quinto santo por amparo,
contra el poder del Barbarroja fiero.
Nuestro bien es notorio, el favor raro,
pues con tal tercio y quinto el favor infiero
que, por dar muestra de su amor sucinto,
hoy nos ha mejorado en tercio y quinto.
Señor, ¿cómo viene?
Viene bueno,
bendito Dios.
¿Y vuestra señoría
Conde de Sarno?
De contento lleno,
vuestra excelencia.
Lleno de alegría,
para poder serviros, y no ajeno
de servir con el alma aqueste día
a los demás señores generales.
Todos, Marqués del Vasto, estamos tales.
Aquí, según el orden que me han dado,
con el heroico príncipe Andrea Doria
y los demás de España acompañado,
vendrá el gran Carlos, digno de memoria.
De aquí el emperador y gran soldado
por excelencia suya y mayor gloria,
como en efecto quinto en excelencia,
su fama subirá a la quinta esencia.
Aquí le he de esperar y de aquí luego
partirá contra Túnez, donde aguardo
que ha de privar el mundo y el sosiego
a ese tirano bárbaro gallardo.
¡Guárdese Barbarroja, que va ciego,
de ira contra el un león pardo,
con tres coronas bellas por blasones,
de que aventaja a los demás leones!
Aperciba el tirano La Goleta
de piezas, de murallas y de arneses,
que va a ponerla a su opinión sujeta
el que tiene asombrados los franceses,
él amedrenta al indio y masageta,
quien venció a su contrario tantas veces,
quien hizo a Solimán, su rey, gran turco,
abrir huyendo por los mares surco.
No hay nave, barco, carabela o urca
que al mar de España corra de Lepanto,
después que el golfo Barbarroja surca,
poniendo de sí mismo al mundo espanto.
Por él se asemeja la nación turca,
que con justa razón le alaba tanto;
por él llora la madre a el hijo vivo,
y el hijo al padre viéndolo cautivo;
no emprende hecho que con él no salga,
todos temen su cólera suprema.
Pag. 4
Pues como Dios a nuestro Carlos valga
él hará que se humille y que lo tema.
Díjome un moro de nación hidalga
que este que en el nacer de Dios blasfema
este corsario Barbarroja exento
era vil y de humilde nacimiento.
Yo sé muy bien aqueso y sé sin duda
que es un hombre nacido de la hierba
y por favor del cielo que le ayuda
creció que así solo lo reserva
ha venido a dejar la gente muda
con inclinación bárbara y proterva
siendo rey poderoso, casos raros.
Quiero contar quién es para espantaros.
Según a un cautivo oí
ese bravo Ariedeno
Barbarroja por renombre
corsario del mar soberbio
y Horrucio Barbarroja
el otro hermano que es muerto
a quien todas las naciones
llamaban brazo del trueno
porque llevándole el brazo
y mano diestra en el cerco
de la ciudad de Bugía
una pelota de acero
hizo de hierro y metal
y con tal industria puesto
que el que le faltó con él
apenas se echaba menos.
Aquestos dos como digo
por nuestros males nacieron
en la ciudad de Metiele
dentro en la isla de Lesbos
de humilde y de bajo padre
muy pobre y de nación griego
que las más veces los malos
son de malos nacimientos.
Hicieron del patrimonio
que de su padre adquirieron
una galera por banda
con solamente dos remos
con ella como indinados
a buscar por malos medios
el sustento de la vida
robaban los pasajeros.
Juntáronse con Camales
un bravo corsario experto
porque siempre halla el malo
quien le ayude en sus intentos
con el amparo de aqueste
y con el industria dellos
armaron ocho galeras
aún no en un sanar de tiempo.
Viéndose tan poderosos
hicieron apartamiento
del corsario que el tener
cría soberbia en los pechos.
Siguieron su compañía
estos homicidos perros
que el lobo defiende al lobo
cuando va contra el cordero
y todos de mancomún
nombraron de buen acuerdo
a Horrucio Barbarroja
por su general supremo.
Comenzó a medir el mar
desde un estremo a otro estremo
con tal fuerza de ventura
que ya amenazaba al cielo.
Ganó la ciudad de Argel
y vino a ser rey del reino
usurpándolo a su rey
con ánimo y con gobierno.
Atrajo a su sujeción
aquel puerto de recelo
llamado Yulia Cesárea
en la antigüedad del tiempo.
Venció con nuevo valor
junto a Argel aquel gran Diego
de Vera, gran capitán
que hoy vive en la fama eterna.
Con don Hugo de Moncada
peleó con tanto esfuerzo
que le hizo retirar
a sus galeras huyendo
y por una gran tormenta
que movió en su curso el cielo
quedó en su poder captiva
la mayor parte de su ejército.
Quitó al rey de Tremecén
del reino el mando y el cetro
con gran deseo de alzarse
con lo más del hemisferio.
Hizo otras mil crueldades
vino a pagar todo aquesto
en la batalla de Orán
do le mataron los nuestros.
Sucedióle en el mandar
el hermano Ariedeno
este que el gran Carlos busca
imitándole en los hechos.
Desbaratóle y diole muerte
a don Portundo viniendo
de coronar nuestro César.
Procediéndole su heredero
llegó a las manos mil veces
con el soldado perfeto
el príncipe Andrea Doria
y una le venció de hecho
saqueó al reino a Próchita
surcando el mar con los remos
también saqueó a Gaeta
y eso hizo con intento
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de prender y captivar,
para hacerla su dueño,
la hermosa Yulia Gonzaga,
digna hechura del sol bello.
Otras mil temeridades
hizo también, que los dejo
por ser cosas tan sabidas
que han pasado en nuestros tiempos.
Pero, por fin y remate,
como al mundo es manifiesto,
se ha jurado rey de Túnez
con traición y sin derecho,
quitándola a Muleaces,
que era su rey verdadero.
Viendo aquesto nuestro César,
a quien Dios nos guarde, viendo
que, si no se castiga
este tirano sin freno,
poco a poco se hará
señor del universo,
ordena de ir en persona
a castigar este perro,
y a vengar las sinrazones
que contra su gusto ha hecho,
con el ayuda y amparo
de nuestro gran Paulo Tercio,
del gran duque de Florencia
y otros príncipes supremos.
Dios querrá que le castigue,
como lleva la intención,
que su furor mitigue,
honrando la religión,
que ese bárbaro persigue.
Ya a la vista se me antoja
que veo cuasi delante
mar y tierra en sangre roja,
y a nuestro Carlos triunfante
del tirano Barbarroja;
y ya le veo aquel día,
como temblando le están
los moros en Berbería,
y en su estrado Solimán,
que aún le teme todavía.
Ya le veo con amor
sus soldados regalando;
prueba de su gran valor,
como otro Alexandro dando.
O, como lo diré mejor,
que según veo en él,
el dar contino florece,
hallo por respetible
que Alexandro a él se parece,
pero no Alexandro a él.
Creo de su buena suerte
que a ese tirano malquisto
le ha de dar castigo fuerte.
Nunca tirano se ha visto
que muriese buena muerte.
¿A dó, gentil o moro,
que haya muerto muerte fiel?
Hasta el inventor del toro
murió preso dentro dél.
Guárdese este, no le coja
el que hoy a buscarle va,
con más furia que vagoxa,
que con sangre le pondrá
la barba roja más roja.
Sale un soldado.
Desde la gavia más alta
una armada se descubre,
cuya muchedumbre esmalta;
gran parte del mar se cubre.
Nuestro Carlos es, sin falta.
Toca la pieza de leva,
a recibirle, zarpa;
hágase del gozo prueba.
Suene el clarín y la arpa,
cuyo son el viento lleva.
Todos, con gloria excesiva,
salgamos a festejarlos.
Justo es que ansí se reciba.
¡Viva nuestro quinto Carlos!
¡Viva Carlos!
¡Carlos viva!
Aquí suenan atabales, trompetas, ministriles, y de cuando en cuando salva de artillería. Salgan algunos soldados con orden, y luego el príncipe Andrea Doria con un pendón y en él las armas de Génova; y luego el infante don Luis de Portugal con las armas de Portugal, abatidos los pendones; y tras ellos el duque de Alba con las armas imperiales levantadas, y luego el emperador con una gola y un bastón, y el Tusón al cuello; y aun mismo tiempo por el otro lado salga el general de Florencia, y luego Federico Carraso con las armas de Ferrara, Agustino Espínola con las de Milán; y luego el conde de Sarno con las de Nápoles; y luego Maximiliano con las de Alemania; y luego el marqués del Vasto con las de España; y luego el legado con las del Papa, y solo el legado ha de llevar el pendón alto; y hincando las rodillas, vale abrazando y recibiendo el emperador.
Al gran duque de Florencia
estoy muy agradecido,
pues con tal munificencia
hoy su favor me ha ofrecido
para aquesta competencia.
Él besa sus pies.
Alzad.
A Ferrara le agradezco
esta liberalidad.
Por ella a tus pies me ofrezco.
Federico, levantad.
Mucho le debo a Milán,
que con su poder me acude.
Lo que te deben te dan.
Como Alemana me ayude,
seguro soy de capitán.
Oh, conde de Sarno, bravo...
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Con tanto aplauso y amor
te da tanta fama el mundo
y el cielo tanto valor,
no en balde tienes bondad,
y en cuanto emprendes ventura
no en balde su santidad
hoy solicita y procura
tan de veras tu amistad.
Pues naciste siendo tal,
con fe piadosa y profunda,
para engaste principal
de la piedra en que se funda
la iglesia fundamental.
Monseñor, dejemos eso.
Su santidad, como está
hasta ver de este suceso
el fin en que parará
cuidadoso con exceso,
envíame a visitarte
con estas doce galeras
que te ofrece de su parte,
porque entiendas con las veras
que ha deseado agradarte.
Casi seis mil hombres son
los que te envía, y querría
Paulo enviarte un millón;
y fuera de esto te envía
desde allá su bendición.
Dice que si para dar
fin a esta guerra que intentas,
con deseo de acertar
quisieras todas sus rentas
en ellas puedes mandar,
que como sabe sin duda
la fe limpia santa y clara
que a tal empresa te muda,
empeñará su tiara
para solo darte ayuda.
Y esto quiere que se entienda
en el cristiano comercio.
La voluntad y la prenda
del gran pastor Paulo tercio
estimo por grande ofrenda.
Estoy muy agradecido
a este favor verdadero,
habiéndome concedido
el subsidio conocido
sobre los bienes del clero.
De todo me hallo ufano,
y con todo me engrandezco
hasta el trono soberano,
y a pagar siempre me ofrezco
estas obras de su mano.
Que sin duda claro infiero
por Paulo tercio, después
de la voz del vulgo entero,
que de los números que es
el más perfecto el tercero.
Al príncipe Andrea Doria
envía su santidad
este breve para gloria
de toda la cristiandad,
que es bien digno de memoria.
Desde aquí beso las plantas
Pag. 7
de tan piadoso pastor,
que para mercedes tantas
no tengo ningún valor.
Con la humildad te levantas.
Reconozca monseñor
a don Luis de Portugal,
mi cuñado.
Por señor
lo conozco, y como a tal
me publico su deudor.
El duque de Alba está aquí,
que merece por soldado
lo que se me ofrece a mí,
que es alba del sol dorado
del gran Carlos.
Y es ansí,
con peso que sin reparo
soy alba que le hago salva;
mas tú eres príncipe raro,
de su sol el rayo claro,
pues le da luz a mi alba.
Con tan gallarda compaña
como se ofrece a la vista
de los príncipes de España,
segura está la conquista
de aquesa provincia extraña.
Dios te haga venturoso,
emperador excelente,
y te vuelva victorioso.
Suena dentro ruido, diciendo unos «¡Fuera!», otros «¡Aparta!», otros «¡Guarda!», otros «¡Tente!»
¿Qué es esto que estoy dudoso?
Sale un soldado.
Un soldado, un mal trapillo,
quiere entrar de potestad,
que da vergüenza el decillo,
donde está tu majestad.
Eso no puedo sufrillo.
Habéisme mucho enojado
en despreciar tanto ansí
a un soldado, que es honrado.
Tratad delante de mí
con más respecto a un soldado.
Por un punto se ha de honrar
el desnudo y el que pudo
sus personas aderezar;
que el soldado por desnudo
no deja de pelear.
Antes, estos de mal pelo
suelen pelear doblado,
tiñendo de sangre el suelo,
porque no tienen cuidado
si se rompe el terciopelo.
Estos soldados pobretas
lo suelen hacer mejor
quizá que algunos jinetes
que calzan guantes de olor
y arman rubios coseletes.
No porque no les sobre
lo que no os falta a vosotros,
no le despreciéis como cobre,
que también es, aunque pobre,
soldado como nosotros.
Y pues que yo mismo aquí
de serlo me siento honrado,
más que cuando no lo fui,
honrad a cualquier soldado,
por no deshonrarme a mí.
Esto solamente os ruego,
y no os parezca importuno
entre ese soldado luego,
porque en la guerra a ninguno
que me ha menester me niego.
Vase el soldado.
Gran príncipe.
No le iguala
ninguno como lo pinto,
en prudencia, esfuerzo y gala.
Con razón, gran Carlos Quinto,
Dios te acaricia y regala.
Sale Alonso de Pita de Abarca, mal vestido.
Humilde a tus pies estoy,
dame tus pies a besar,
pues tu hechura humilde soy.
Los pies no os los quiero dar;
ambos mis brazos os doy.
Con una merced tan grande,
tu majestad no me corra,
ni a tanto bien se desmande.
Cubríos, soldado, la gorra.
Tu majestad no lo mande;
una merced tan extraña
besando tus pies regracio.
Cubríos, valor de España,
que un soldado en la campaña
es un grande en el palacio.
Obedezco tu mandado.
Quiero os volver a abrazar;
llega, poneos a mi lado.
Desta suerte se ha de honrar
el más humilde soldado.
Que al soldado que no es tal,
conforme su parecer,
el más rico y principal
le suele haber menester,
y a veces el general.
Porque en la ocasión reñida
y en el peligro mayor,
temiéndola ya perdida,
muere el soldado menor
por salvar al rey la vida.
Decidme lo que queréis,
no tengáis la lengua muda.
Hablad, claro no dudéis,
que en mí sin ninguna duda
padre y amigo tendréis.
Tus reales pies de nuevo
beso, que como a señor,
toda esta humildad te debo.
Habla.
Con tanto favor
favorecido me atrevo.
Da Pita una cédula al emperador.
Aquí el rey Francisco dice
lo que tu lengua recita
y pide que se autorice
tu valor, valiente Pita,
y justo es que me escandalice,
hoy es bien que tu opinión
fama eterna gane y cobre.
Mirad con cuánta razón
Pag. 8
No se ha de ultrajar por pobre
ningún honrado varón.
Veis aquí un pobre soldado
que ha hecho, aunque desgarrado,
más que hará algún entonado
que anda de seda vestido,
de oro, perlas y brocado.
Al cobarde, ¿de qué le importa
mostrarnos con brío y gala
la valentía que exhorta,
si en la ocasión le señala
cómo su espada no corta?
Denle seiscientos ducados
a Pita al momento, oís,
y doyle perpetuados
treinta mil maravedís
de renta.
Seránle dados.
Un privilegio también
le concedo con mi firma,
porque se sepa más bien
esta hazaña que afirma
él mismo, así como bien.
Y ponga dentro en su escudo
una manopla, un rey preso
y una cruz, pues a un rey pudo
prender con tan buen suceso
un hombre pobre y desnudo.
Dame, oh, Señor excelente,
tus pies por haberme puesto
en tanto honor.
Alzad.
Tente,
que merece todo aquesto
un soldado tan valiente.
Recibe esta pobre ofrenda
con que te empiezo a pagar,
y quiero que el mundo entienda
que, a no haber más a quien dar,
te diera toda mi hacienda.
Lo que de ti solo quiero
es que me des esta cruz
de aquel dichoso madero
do el Príncipe de la luz
padeció entre el pueblo fiero.
Siendo tuya, a mí me espanta
de que no la hayas tomado.
Estimo riqueza tanta.
Oh árbol santo, regado
con sangre de Cristo santa,
a vos me humillo rendido,
porque considero en vos
que estáis, santo leño ungido
con el bálsamo escogido
de pura sangre de Dios.
Mil veces con gran firmeza
os beso, que claro es
que aquí Dios en su tristeza
puso la mano o los pies,
o la espalda o la cabeza.
Con razón sois estimada,
oh santa reliquia, vos.
Con razón sois venerada,
pues sois reliquia tocada
al cuerpo del mismo Dios.
Pues que con el alma os hablo,
sednos norte, amparo y luz
en esta guerra que entablo.
Huya el moro de la cruz
como de su Dios el diablo.
Ya es hora de navegar;
vamos contra la Goleta,
vamos, pues, a castigar
a este tirano que inquieta
todas las costas del mar.
Adiós, piadoso legado.
Él guarde a tu majestad
y te vuelva afortunado.
Rogad de su Santidad
que ruegue por su ganado.
Vuelven a tocar, y van pasando unos tras otros con los estandartes por su orden y el legado echándoles la bendición hasta que llega el emperador, que también le bendice, y sale Barbarroja, Saleco y Fátima.
Suelta, Fátima, la carta.
Es cansarte, Barbarroja.
Muy bueno es aquesto.
Aparta.
Ya tu impertinencia me enoja.
¿Quieres que el brazo te parta?
Muy bien lo puedes hacer,
tan bien como lo decir,
que es tan flaca una mujer
que se honrará de partir
el brazo de una mujer.
Yo, que a todo el mundo humillo,
he de honrar mis obras raras
con quebrallo, ni partillo.
Si de hacello no te honraras,
no te honrarás de decillo.
Decillo me satisface,
aunque a ti te escandalice;
pero hacerlo no me place,
porque lo más que se dice
es lo menos que se hace.
Y aunque es de hombre afeminado
el decir y no cumplir,
como está ya averiguado
que puedo hacer, y decir,
he dicho lo que no he obrado.
Bien sabes que puedo obrar
tú, que tanta rabia cobras;
pero, por no blasonar,
por mí lo dirán mis obras,
que mudas saben hablar.
El papel he de quitarte.
Yo de defenderlo trato.
Mira que he de lastimarte.
No daré a torcer mi brazo.
Suelta el brazo, que es cansarte.
Por mi corona real
que te lo he de sacar.
Acaba ya, pesia tal.
Quiérola bien, y es mujer.
¿Cómo la he de hacer mal?
Suelta, digo.
Métela en el pecho.
Es sin provecho.
Puesto en el pecho la has;
de ahí la he de sacar, de hecho.
Pag. 9
por meter, cuando no voy,
la mano dentro en tu pecho.
Cuando en él metas la mano,
fiero enemigo cruel,
loco bárbaro inhumano,
no te hallarás dentro de él,
que lo que buscas en vano.
Meta yo la mano allá,
que quizá te borraré
el perro que en él está.
No, que inmortal mi fe,
y nadie la borrará.
Saquéte al fin el papel.
Él me vengará de ti
con lo que verás en él.
¿Es de Muleaces?
Sí.
¿Qué dice el perro? Leele.
Verdades sin falsedades,
pues tú al fin, como tirano,
hoy le usurpas su ciudad.
Verdades dice un villano.
¿Y tú conoces verdades?
¿Quién las conoce mejor
que mi hidalga voluntad
llena de todo valor?
Vive lejos la verdad
de la cosa de un traidor.
Eres loca y no te toco,
aunque tu error me provoca,
a no hacer castigo poco.
Loca soy, y por ser loca,
digo verdades de loco.
Lee ese papel, Salezo,
que en su desvelo imagino
que trata algún embeleco
este moro perro indigno
deste reino que en mi trueco.
Carta.
Bella Fátima mía, ausente de
mis ojos siento muerte eterna, mas
yo espero en nuestro Mahoma
santo, en la sagrada corán de
Meca, en nuestro verdadero alco-
rán, que me han de vengar de
ese tirano Barbarroja, que con
tanta inhumanidad me tiene
usurpado el reino de Túnez, y
tu persona cautiva en él, que
es lo que más siento. Alá te guar-
de, Mahoma te acompañe, como
a mi digna esposa, castigue a ese
tirano como a mi enemigo.
Muleaces, Rey de Túnez.
Él vive al fin confiado.
¿Esto sufres? Deshacello
tengo por el sol dorado.
No lo rompas, que rompello
es darme por agraviado,
y me obligas a que siga
a este perro como sabio
hasta hacer que se desdiga,
que el que confiesa el agravio
a la venganza se obliga;
a que este perro que rabia
tan lejos de mi presencia
no me agravia con su rabia,
porque agravio de ausencia
antes da honra que agravio;
que agravie a un hombre ausente
un afeminado aleve
es tenerle por valiente,
y es claro, pues no se atreve
a decir solo, presente.
Ven acá, ¿no firma ahí
Rey de Túnez el sin seso?
Míralo bien.
Señor, sí.
Rompe en el papel aqueso,
que eso solo es para mí;
acaba ya de borralle.
Salezo, no me importune,
muestra, yo quiero rasgalle,
que aun escrito he de quitalle
a este perro el Rey de Túnez,
con brazo invencible y fiel
y con valor infinito
le quité el reino al cruel,
y ahora también le quito
el nombre que tiene de él;
guarda tu enemiga mía,
como pronóstico en ti,
esta carta que te envía,
veré si se cumple ansí
lo que en él dice algún día.
Por ser carta de mi esposo,
porque contrato inhumano
que Mahoma poderoso
la hora pronóstico cierto
contra tu pecho alevoso...
¿Por qué alevoso me llamas?
Porque con trato inhumano
queriéndote me desamas.
Porque porque eres tirano.
Mis contra razón me infamas,
¿en qué lo soy?
En hacer
dos mil insultos que haces
y creerlo en desposeer
a mi esposo Muleaces
de su reino y su mujer.
Si este reino le quité
de Túnez en que me hallo
a ese mal nacido fue
por no ser para guardallo,
como patente se ve,
y pues no es para tenello,
pues que no sabe guardallo,
digno soy de poseello,
que yo, que supe ganallo,
también sabré defendello.
Si a ti te tengo en prisión
de donde escaparás tarde,
es porque contra razón
que un hombre vil y cobarde
goce tanta perfección,
y por ver que degenera
del ser que el cielo te dio,
te pido con tantas veras
me quieras, pues solo yo
soy digno de que me quieras.
Pag. 10
mira si te ofendo en esto,
y mira si soy tirano
en lo que tengo propuesto.
Tu retórica es en vano,
Rey injusto, hombre molesto,
porque no le ofende tanto
al que la nave gobierna
la furia del mar y espanto,
la helada a la planta tierna,
al carámbano el sol santo,
al que está ofendido el ruego,
al que riñe el poner paz,
a la blanda cera el fuego,
al pesaroso el solaz,
la falta de vista al ciego,
al presto neblí el azor,
a la garza el gavilán,
a la liebre el cazador,
la triaca al solimán,
la libertad al amor,
el desdén al que pretende,
los celos al que es querido,
ni a mí, aunque a tanto se entiende,
la ausencia de mi marido,
como tu vista me ofende.
Sale Sinán judío.
Al aviso del presonda
el cautivo genovés
se te ofrece y encomienda.
Oh, gran Sinán, entra, pues;
el cristiano no me venda.
Es hombre fiel, ya está aquí.
¿Qué dices de aquesta armada
que arma España contra mí?
Sale Aloisio.
Viene ya de mano armada.
¿Vienen ciento?
Señor, sí.
¿Quién viene por general
desta armada de memoria,
que es armada por su mal?
El príncipe Andrea Doria.
Digno es de fama inmortal,
mas ya él tiene entera fe
de mis manos y de mí,
aunque por su daño fue,
pues una vez le vencí
y mil veces le acosé.
Decíanme que en persona
venía el Emperador
contra mi brazo y corona.
Engañáronte, señor.
¿Sabeslo?
Así se pregona.
Al fin, que este Carlos Quinto
no viene en la armada, cierto.
Es, señor, como te pinto.
Vendrá Andrea a este puerto
y entrará en un laberinto.
Sale Zafrimo.
Ardino Caxa Diablo,
Asmén, por tu furia brava,
teme a veces el diablo,
de llegar al puerto acaba.
¿De veras?
De veras hablo.
Él venga muy en buen hora.
Huélgome de su venida,
que dél sabremos agora
desta armada apercebida
contra la ley santa mora.
Sale Aradino Caxa Diablo.
Dame aquesos pies, señor,
siquiera por bien llegado,
que solo a tu gran valor
te debe estar humillado
el que pone al mundo horror.
Levanta, fuerte Aradino,
y valentísimo piloto,
que eres de mi brazo digno;
¿qué hay por ese mar remoto?
Contártelo determino.
Con tu licencia y dos velas
de viento afable hinchadas,
que mientras más dél huían
más presto los alcanzaba,
como mandaste por ti,
hacia la costa de España,
para traerte noticia
de aquesta soberbia armada,
corrí el mar a toda prisa,
apaleando las aguas,
que como agraviadas dello
levantándose bramaban;
y en poco tiempo llegué
casi a la costa de Cádiz,
adonde estuve escondido
seis días en una cala;
al cabo dellos, un día,
descubrí una chica barca,
y zarpando contra ella,
aunque huyó, la di caza;
cautivé doce cristianos,
y con ruegos y amenazas
supe dellos brevemente
todo lo que deseaba.
Supe que en Cádiz había
contra ti una armada tanta
que desde Jerjes acá
no se vio en la mar salada;
y para espantarte más,
aunque a ti nadie te espanta,
en breve te contaré
su relación de palabra:
del Rey de Romanos vienen
catorce galeras bravas;
de Nápoles veinte y tres;
doce galeras del Papa;
de Milán quince galeras;
once vienen de Ferrara;
diez del Duque de Florencia;
veinte de Milán y Mantua;
de Sicilia veinte y siete
de potentados de Italia
que a su Emperador acuden,
bien creo que otras tantas;
treinta galeras de Génova;
y treinta y cuatro de España;
sesenta navíos gruesos
de Flandes, de inmensa salma;
veinte y cinco carabelas.
Pag. 11
de la antigua Lusitania,
y un galeón tan inmenso
que excede a una gran montaña.
Al fin, por abreviar,
vienen de estas naves tantas
que son casi setecientas,
que dentro de ellas se embarcan
de Castilla, de Valencia,
de Aragón, de Lusitania,
de Flandes, Roma, Bohemia,
de Frisia, de Bretaña,
de Milán, de Lombardía,
de Génova, de Ferrara,
de Nápoles, de Florencia
y al fin de toda Alemania.
La gente más valerosa
que empuña lanza y espada
y viste de acero el pecho
entre la nación cristiana;
y para amparo de todos,
en persona a la jornada
viene el gran Emperador,
a quien el mundo da fama.
Acompáñanle los grandes
como haciéndole guarda,
el conde de Benavente,
el valiente duque de Alba,
el gran marqués de Aguilar,
el grande duque de Nájera,
el conde de Nieba, y, ilustre,
el buen don Luis de Ávila,
don Fadrique de Toledo,
que es comendador de Alcántara,
y don Fadrique de Acuña,
caballero de gran costa,
y don Luis de Portugal,
infante de Lusitania,
cuñado del mismo Carlos,
por su mujer, que es su hermana.
Estos y otros muchos más
vienen con soberbia grande
contra la Goleta y Túnez,
a tomar de ti venganza;
y según buena razón
ya me parece que tardan,
porque yo los vi salir
del mismo puerto de Cállar.
¿Qué haces, gran Barbarroja?
Apercibe, toca al arma,
fortalece la Goleta
y de Túnez las murallas
para resistir la furia
de esta bárbara canalla.
Hazte león como siempre,
mete mano, desenvaina.
¿Que viene el Emperador?
Con cuanta potencia tiene.
Perro cristiano traidor,
¿no dijiste que no viene
el Emperador?
Señor,
yo entendí que no venía,
sino el Doria a aquesta empresa,
como el mundo lo decía.
No, perro; traición es esta.
Este engañar me quería.
Tú, perro, me lo has negado,
porque no me apercibiese
y cogerme descuidado.
Ahorcadme luego a ese
del pino más levantado.
Bien puedes darme la muerte;
mas de ninguna manera
lo dije por ofenderte,
que, a no ser cristiano, fuera
cosa posible creerte.
Tú no venir me afirmaste:
él viene, como ves claro.
Si simplemente hablaste,
como sé que eres cristiano,
yo creo que me engañaste;
cuando no, fuera en mi daño.
Ahorcalde luego, y sea
en el orilla del mar,
porque el cristiano lo vea
presente al desembarcar
vestido de la librea;
y porque en él consideren
las reliquias de los godos,
que del modo que lo vieren,
los he de poner a todos,
porque otra vez no me alteren.
Lo justo se cumplirá.
Llevalde luego al momento.
Señor...
Llevadle, acaba;
de puro enojo reviento.
Llévanle. Sale Tabáques con Aradino.
La armada parece ya.
Vayamos a la obra,
que este día se ha de ver
a quién el valor le sobra,
quién sabe mejor hacer,
a quién mejor opinión cobra.
Zafer y Sinán, judío,
Zalez, que el mundo inquieta,
y Tabáques, de quien fío,
a defender la Goleta
vayan, pues les sobra brío;
que defendida con pecho
de la Goleta la fuerza,
que está junto de ese estrecho,
no temo toda la fuerza
que va contra mi derecho.
Si todos partimos contentos
del modo que nos provocas,
y cree de nuestros intentos
que estaremos como rocas
combatidas de los vientos,
que, aunque con fuerza y pujanza
nos combatan de contino,
ya no haremos mudanza.
En ti, valiente Aradino,
tengo puesta mi esperanza.
No te dé nada congoja,
mientras yo a tu lado estoy.
Al mío, nadie le enoja,
que el mundo sabe quién soy,
Aradino, Barbarroja.
Yo, que de rabia no hablo...
Pag. 12
saben eso andaluces
que miden lanza y venablo
que aunque me llamen diablo
ya me huyo de su cruz
suena batería por gran rato y luego sale el emperador el marqués del Vasto el conde de Sarno el duque de Alba don Luis de Portugal Pita y otros soldados marchando y está Alviso ahorcado de un árbol con un papel escrito. veelo el emperador y dice alcen las cortinas
al fin ya tomamos puerto
a pesar del enemigo
gracias al cielo que es cierto
ques aquesto mas que digo
sin duda ques cuerpo muerto
no lo tengo a mala suerte
antes a suerte muy rica
ver un muerto, si se advierte
que este muerto pronostica
destos infieles la muerte
sin duda queste traidor
nos lo puso desta suerte
para ponernos temor
con el miedo de la muerte
y ha sido notable error
porque de aquesta manera
como siempre la veamos
tratable aunque no tan severa
puede ser que la perdamos
el miedo a la muerte fiera
que el león de más valor horror
que con el aspecto fiero
espanta al de más valor
tratándole el leonero
viene a perderle el temor
aquí se verá el contento
que tiene el perro arrogante
de mi venida a su asiento
pues que con este arco triunfante
me hace el recibimiento
como sabremos quién es
el muerto
Pita se obliga
a eso si su gusto es
señor muerto quién es diga
hable con él ea pues
pues solo pregunto yo
no burle de la persona
no quiere decírmelo no
o pese a la bujarrona
que le parió y le vistió
ese término tan malo
úselo allá con los muertos
que vive Dios que halle un palo
y le pegue cuatro palos muertos
si está muerto por regalo
no veis que simplicidad
que ansí con un muerto Pita
hable tan en puridad.
he de ver si resucita
déxeme su majestad.
a él digo señor muerto a él
mire que no estoy de humor
diga si es cristiano o infiel.
a Pita
calla señor
que yo me entiendo con él
un papel tiene en la mano
él nos dirá de su hacienda
leedlo Pita
el negocio es llano
Alonso de Presenda
ginovés preso cristiano
porque se le preguntó
si el emperador venía
y dijo que no y mintió
Barbarroja el mesmo día
colgarlo de aquí mandó
es estraño caso
ven
si mi tema es verdadera
el muerto es hombre de bien
que al fin nos dijo quién era
aunque por escrito bien
al fin que por declarar
que no venía en la armada
y vine por su pesar
con rabia y furia sobrada
lo hizo el perro ahorcar.
así se deja entender
notable y fiero rigor
huélgome por mi poder
de qué te huelgas señor
de que me empieza a temer
si a este ahorcarlo mandó
porque dijo aqueste día
que no venía y mintió
luego de ver que venía
señal es que le pesó
y pues que tanto le pesa
de que yo aunque poco puedo
vengo en persona a esta empresa
sin duda me tiene miedo
como en esto lo confiesa
hágase el alojamiento
que en poco tiempo me obligo
a ponerlo en detrimento
que de un medroso enemigo
firme es el vencimiento
cérquese de mano armada
la fuerza de la Goleta
muestre cada cual su espada
que aquesta fuerza sugeta
la ciudad está ganada
háganse trincheras luego
cada cual tome el lugar
que conviene a su sosiego
tu majestad me ha de honrar
con solo admitirme un ruego
hablad
yo beso las manos
lo que pido es que les des
hoy a los míos y italianos
la vanguardia
vuestra es
beso tus pies soberanos
que aunque es puesto peligroso
con ellos y mi persona
emperador poderoso
ensalzaré tu corona
contra el moro belicoso
Pag. 13
La retaguarda le doy
al marqués del Vasto, fuerte,
con los españoles.
Soy
contento de asir su suerte.
Pues yo al menos no lo estoy.
A este cuerpo se le dé,
con buen orden y concierto,
sepultura donde esté,
que cristiano al fin ya muerto,
mártir santo por su fe.
Comiéncese a trinchear,
váyase ganando tierra,
que Dios nos ha de ayudar.
¡Arma, arma, guerra, guerra!
Vanse. Queda Pita y el marqués.
¿Esto se puede llevar?
¡Por vida del rey que rabio
de enojo!
Pues soy prudente.
Cerrad el labio.
¿Vuestra señoría consiente,
señor marqués, este agravio?
Pese a la tierra, el lugar
de la vanguardia, que es
de españoles, se ha de dar
a italianos. Marqués,
¿quién lo ha de disimular?
¿Qué vez avemos temido,
qué vez nos han retirado,
qué veces nos han vencido,
cuando no hemos sujetado
moro, turco o forajido?
¿Por qué se les ha de dar
hoy a los italianos
nuestro honor, nuestro lugar?
Porque tienen buenas manos,
porque saben pelear.
¿Y nosotros no? ¡Ay, qué afrenta,
es lástima y nos agravia!
¿Cómo que esto se consienta?
Callad, Pita.
Con la rabia,
la mesma razón revienta.
Yo digo que los de Italia
son honrados, fuertes, buenos,
aunque entre seda y algalia;
mas nosotros somos menos,
siendo el valor de Vandalia.
Su majestad lo mandó
y ha de hacerse. Callad.
Callo, que no culpo yo
a su sacra majestad,
mas culpo a quien lo pidió,
si el conde de Sarno al cabo
por merced no lo pidiera,
mostrando su esfuerzo bravo,
su majestad no le diera
lugar tan honrado y cabo.
Ya es hecho, ¿qué se ha de hacer?
No avemos de socorrellos
hasta verlos perecer.
Veamos si solos ellos
se saben bien defender.
Sabrán.
Español ninguno
no acuda hoy a italiano.
Ese es intento importuno.
No nos vayas a la mano.
Señor marqués, basta, no refuno.
Tocan a rebato y sale un soldado.
Con innumerable gente,
que en una emboscada esconde,
salió un moro valiente,
dio en la vanguardia del conde
agora, tan de repente,
que si no los va ayudar
los italianos osados,
temo que han de peligrar.
Ellos son buenos soldados,
muy bien sabrán pelear;
ningún hombre el paso mueva
hoy para dalles ayuda,
aunque le venga otra nueva.
¡Arma, guerra!
Nadie acuda.
Haga Italia de sí prueba.
Tocan a rebato, y éntranse con
priesa y ruido con que se da
fin a la jornada primera.
Jornada segunda
Pag. 14
Jornada segunda. Tocan a rebato y sale el emperador Carlos Quinto, y tras dél el duque de Alba, y luego un soldado; esto es, como van hablando van saliendo.
¿Qué alboroto de trompeta,
de pífano y atambor,
es este que nos inquieta?
¡Ah de mi guarda!
Señor.
¿Quién hay que nos acometa?
¿Qué rebato ha sido
este que nos alborota?
¿Quién causa aqueste ruido?
¿Quién tanta bala y pelota
por los aires ha esparcido?
¿Quién nos da aqueste rebato?
Sin duda esta gente perra
usa su ordinario trato.
¡Oh grande desgracia de guerra
sucedida en breve rato!
¿Qué hay de nuevo?
Un mozo fuerte,
con mucha gente de guardia,
y con un ardid de muerte
acometió la vanguardia
que al conde le cupo en suerte;
y como infiel a una mano
mató al conde sin dejar
tan solo un italiano,
por no querer ayudar
los españoles; y es llano
¿Que los españoles vieron
tan notable desconcierto
y ayudarles no quisieron?
Tiénese por caso cierto
que de industria lo hicieron.
Ha sido trato cruel
y digno de gran castigo;
hiciera más un infiel.
Llamadme al marqués, amigo,
que quiero informarme dél.
Desgracia es que debe dar
mucho disgusto y es justo.
No me deja de pesar,
pero no me da disgusto
ningún desastre ni azar.
Como es tan propio el perder
en el belicoso estrago
como el vencer suele ser,
yo tan buen rostro le hago
al perder como al vencer.
Antes casos lastimosos
me suelen ser regalados,
porque el verse perdidosos
sé que anima a los soldados
a hacer hechos famosos.
Que es cosa muy cierta y llana
que el que acostumbra a jugar,
si pierde hoy, al que le gana
él mismo le va a buscar
para desquitarse mañana.
Dios tenga al conde en su estado.
Pag. 15
que o no tendré potestad
o lo he de hacer vengado.
Sale el marqués, Pita y otros soldados españoles.
¿Qué manda tu majestad?
Marqués, seáis bien llegado.
¿Es verdad, marqués, que visteis
morir al conde y su gente,
y que no les acudisteis?
Verdad es, señor, patente.
¿Verdad? Pues, ¿por qué lo hicisteis?
Decidme la causa dello.
Porque mi gente española
no quiso acudir a hacello.
¿Por qué ocasión?
Una sola
nos movió, señor, a ello.
¿Cuál es?
Solo haber tomado
la vanguardia que, lugar
a españoles dedicado,
porque lo saben guardar
mejor que ellos lo han guardado.
Si viéndoles perecer
no les hemos acudido
como es verdad, fue porque
del lugar que habían pedido
no lo sabían defender,
fuera muy bien acordado
que fuésemos a ayudar
nosotros con pecho armado
a sustentar el lugar
que ellos nos habían quitado,
y que con nuestro favor
alcanzasen la victoria,
y que después en rigor
se atribuyesen la gloria
así solos y el honor.
Júzquelo tu majestad
si fue el no darles ayuda
razón o temeridad.
Fue gran razón, y sin duda,
Pita, que tenéis bondad.
Yo anduve poco prudente
en darles ese lugar.
Tú has andado muy valiente,
que no tiene honra que dar
quien los agravios no siente.
La vanguardia en la batalla
os vuelvo a dar.
Y será
honra de España aceptalla.
Vuestra majestad verá
si sabemos sustentalla.
Hijos haré lo que quiere, marqués.
Por merced tan infinita,
humilde beso tus pies.
Estimad en mucho a Pita,
que es gran soldado.
Sí es.
Yo mostraré que lo soy
en la ocasión que se ofrezca,
y ojalá llegase hoy,
que cuando estoy en la gresca
es cuando en mi centro estoy,
porque no hay peregrino
gusto para mí ni encierro
de toro cuando me indino
como alocinar a un fierro
que ya me comió contino.
Vamos.
Llegárase el día
y verán si Pita riñe
cubierto de sangre fría,
porque mi pita se tiñe
con sangre y no con lejía.
El que es valiente no trata
de tanta jactancia y fiero.
Vase.
Si mi lengua se desata,
vamos, pues, al matadero,
que allá veremos quién mata.
Españoles hombres son
propios para la milicia.
Este es su mayor blasón.
Al cielo irán por codicia
de dineros y opinión.
Pues si sienten dineros,
no hay muralla de diamante
ni peto doble de acero
que se les ponga delante;
y dudo que un mundo entero.
Yo más quiero mil soldados
españoles fanfarrones,
que son soberbios, osados,
que de las otras naciones
diez mil de los más preciados.
Tienen valor sin segundo,
y son en las armas soles.
En una razón me fundo,
que con pocos españoles
se puede ganar el mundo.
Soberbios sin duda son,
pero nacen sus blasones
del valor del corazón.
Todas las demás naciones
quieren mal a esta nación.
Tocan arrebato y sale un soldado.
Es porque con su valor
sujetan al hemisferio,
que aborrece de rigor
la tigre al león fiero
porque le tiene temor.
¿Qué alboroto es este, ola?
Jafer es, señor, que traba
con nuestra gente española
una escaramuza brava,
donde su pendón tremola.
¿Trae mucha gente?
Infinita
de los genízaros trae.
¿Tanta trae?
La vista cuenta.
Tocan otra vez y suena grita, y dice Pita dentro y sale el soldado 2º.
Luego necesidad hay
de ayuda, que es esta grita.
Pag. 16
Cierra España, a ellos, victoria.
Viva España.
Viva España.
Viva Carlos por memoria.
Ha sido notable hazaña.
De España ha sido la gloria.
Acometió el gran Cafer,
moro animoso y valiente,
con infinito poder
a nuestra española gente,
que jamás supo temer;
y trabada la pelea,
y avivándose el rebato,
saliendo de la trinchea
nuestra gente en poco rato,
como mostrarse desea,
tal ruinada le dio,
sin poderse resistir,
que al bravo Jafer mató,
y a su gente hizo huir;
si alguna viva quedó,
esta ha sido la ruina
que el marqués del Basto bravo
hizo con fuerza divina.
Por cierto, hazaña al cabo
de mis españoles dignas.
Tocan a marchar y sale el marqués con un pendón morisco y Pita con la cabeza de Jafer y otros soldados.
Deme a besar esos pies,
su majestad, y perdón
reciba sin interés
este morisco pendón,
como vencedor que es;
que aunque mis soldados han
esta victoria alcanzado,
a ti la gloria te dan,
pues siempre vence el soldado
con calor del capitán;
que el capitán en la guerra
para los soldados briosos
es el sol que el cielo encierra;
que él, aunque de ella está lejos,
es quien sustenta la tierra.
Sírvase de esta cabeza
su majestad, si es servido,
que por Dios que una gran pica
por traérsela he tenido,
quebradero de cabeza;
don es no poco excelente,
por tal se puede tener,
que esta cabeza valiente
es cabeza de Jafer,
cabeza de mucha gente.
Fuerte era el moro, de fuerte
que era su persona, y ruina,
pero yo le di la muerte;
que como me llamo Pita,
soy como la pita fuerte.
Bien en aquesto se afina
el gran valor español.
En esa arena vecina
dejo mil moros al sol
para hacerse cecina;
y porque la complexión
de aquestos perros protervos
no es de buena digestión,
queden para que los cuervos
se den una hartazón.
Fue hazaña singular
y digna de agradecer.
Muy bien pueden comenzar
a tragar lo que he de hacer,
que a fe que hay bien que tragar.
Recibe tú, que tú vienes,
como pago a buena cuenta,
las hazañas que harás.
Yo te perdono cuarenta,
y págueme las demás.
¿Cuántos quieres que te dé?
Págueme no más de ciento,
ciento y cuarenta si hace.
Asaz bien, yo soy contento,
ciento y más te pagaré.
Salen los soldados y salen a recoger.
¡Oh, brazos de esfuerzos llenos!
Quiero daros mil abrazos,
que no sois dignos de menos,
y bien merecen mis brazos
los que los tienen tan buenos.
Abrázalos.
Eso no lo merecemos.
Mire vuestra majestad
si sabemos y podemos
sustentar con calidad
el lugar que poseemos;
todo el mundo se sujeta
cuando yo la planta estampo.
Ya la victoria me inquieta,
apercíbase mi campo
para batir La Goleta;
agora que mis soldados,
de este vencimiento alto,
están soberbios y osados,
les quiero dar el asalto
a estos perros renegados.
Acometa por la mar
Andrea Doria al momento;
váyanle luego ayudar,
que de animoso reviento
al tiempo de pelear.
Ya tardamos, ¿qué hacemos?
¡Muera esta gente enemiga!
¡Todo soldado me siga!
Todos por ti moriremos.
Tocan arrebato y éntranse. Sale a la muralla Sinán, Selenco y otros turcos.
Todo moro se aperciba,
que al cristiano se le antoja
batir esta fuerza altiva.
¡Viva el fuerte Barbarroja!
¡Viva nuestro Carlos!
¡Viva!
Sale el Emperador con un Cristo en la mano y todos sus soldados.
Pag. 17
Con escalas.
Por aquí, por esta parte
hemos de embestir con brío.
¡Oh, cristianísimo Marte!
Aquesta es, soldados míos,
mi imperial estandarte;
este, por favor y gloria
del cristianismo, levanto;
como os es cosa notoria,
por este estandarte santo
se ha de alcanzar la victoria;
estandarte es del que pudo
hacer todo cuanto hay;
conocido es, no lo dudo,
en cinco llagas que trae
por armas en el escudo.
Al arma, que tiempo es ya,
descendientes de los godos;
y el moro temblando está.
Ánimo, y Cristo con todos,
pues Cristo con todos va;
que por ley justa y recta,
juro al pesar del contrario,
que aquesta cruz santa y perfecta
la he de hacer el calvario
encima de La Goleta.
Toca al arma, arrima escalas,
que he de morir el primero.
Tocan al arma.
Mucho, señor, te señalas
en ponerte en el terrero
de tantos tacos y balas.
No hayas miedo que reciba
daño; todo lo resisto
con este escudo, ¡ea!, arriba.
¡Viva Cristo!
¡Viva Cristo!
¡Viva Carlos!
¡Carlos viva!
Dase el asalto, y sube el Emperador arriba y pisa luego, y los demás; y toma el Emperador el Cristo y pónele en lo alto.
Veis aquí, os hago, Señor,
a pesar de este contrario,
con vuestra ayuda y favor,
en La Goleta calvario,
como lo dije, y mejor.
Tocan arrebato y sale Barbarroja con algunos turcos y saca una alfombra.
Rabiando estoy de pesar;
una tristeza me asombra
y me hace reventar;
perros, tendedme esa alfombra,
que me quiero recostar.
Terrible melancolía
siento en el alma esparcir;
¿qué es aquesto, estrella mía?
Gana me da de dormir;
el sueño me desafía.
Terrible sueño me toma;
casi estoy de sueño enfermo;
salíos allá, gente broma;
si ello está en dormir, yo duermo,
encomendándome a Mahoma.
Échase a dormir; pónesele delante el Emperador, representando una visión suya con una espada desnuda y una rodela en la mano, amenazándole.
Cristiano, ¿qué quieres?, di;
dime, ¿qué quieres, cristiano?
Cristiano, ¿quién te entró aquí?
Espera, detén la mano;
¿por qué me matas ansí?
Y dime, ¿por qué me matas?
Detente, cristiano, tente.
¡Oh, Mahoma!, ¿ansí me tratas?
Pues yo llamaré a mi gente,
y verás si me maltratas.
¡A de mi gente!, que en vano
ya huyo de ti, ya corro.
Detén, cristiano, la mano.
¡A de mi guarda, socorro,
que me mata este cristiano!
Despierta Barbarroja y desaparece la visión, y luego sale la guardia.
¿Qué es esto, señor?
La suerte;
un cristiano que ha querido
agora darme la muerte.
¿Qué es dél?
Aquí se ha escondido;
buscaldo aquí.
Caso fuerte;
aquí, ¿cómo pudo entrar?
Buscaldo, pues que aquí entró.
¿Dónde lo hemos de buscar?
Aquí, que aquí se ha escondido.
Debiéroslo de soñar;
sueño ha sido, y no pequeño.
¿Sueño dices que fue?
Sí;
deje la cólera y ceño.
Pues si yo te mato a ti,
perro, también será sueño.
Cavad en aquesta tierra,
traed picos y azadones,
que aquí el cristiano se encierra.
No me arguyáis más razones,
guardaos de mi gente perra.
Él está encolerizado,
el diablo que le replique.
Vanse los turcos.
El pecho siento alterado,
no sé qué me pronostique
deaquesto que me ha pasado.
Salen dos moros con azadones, vestidos de graciosidad.
¿Qué nos manda?
Que cavéis
hasta que aqueste cristiano
que aquí se ha escondido halléis.
Será trabajar en vano.
Perros, no me repliquéis;
de ahí me lo habéis de sacar.
Pag. 18
Y si acaso por ventura
no lo acertamos hallar.
Hallaréis vuestra sepultura
en que os tengo de enterrar.
Pobre de mí, muerto soy.
Cavad hasta el centro y punto
de la tierra.
A eso voy.
Si saliese algún difunto.
Temblando de miedo estoy.
En comenzando a cavar, suenan debajo y arriba salen algunas llamaradas de fuego, caen todos los moros por el suelo, Barbarroja queda espantado. Acabase el ruido y el fuego, y en el mismo lugar parecen dos colunas de mármol con dos coronas, y en ellas pintadas las armas del emperador con un rétulo atravesado que dice "Plus ultra" y abajo escrito.
¿Qué armas y qué colunas
son estas, Mahoma fiero,
con que a ofenderme te aunas?
"Plus ultra" dice un letrero.
¿Faltaránme más fortunas?
Santo Alá, que desde ahí
todo lo ves y penetras,
¿qué quieres hacer de mí?
Más arriba hay otras letras.
¿Qué dicen?
Dicen así:
El día que se descubriere esta
antigualla, que será en doce
días del mes de julio de la
era del César 1573, de la
encarnación de Cristo 1535,
perderá la Goleta Ariadeno
Barbarroja, y dentro de pocos
días ganará el reino de Túnez,
restituyendo en él a su ver-
dadero rey Muley Hasan, el cris-
tianísimo Carlos Quinto, empe-
rador de romanos, rey de Cas-
tilla, de León, de Aragón, de las
dos Sicilias, de Jerusalén, de
Navarra, de Granada, de Toledo,
de Valencia, de Galicia, de Mallor-
ca, de Sevilla, de Cerdeña, de Cór-
doba, de Córcega, de Murcia, etc.
Y de aquí saldrá victorioso, de-
jando por su tributario al rey
nuevo de Túnez. Y siendo el prín-
cipe más invencible que se co-
nocerá en sus tiempos, hará
hechos cristianísimos, desterra-
rá la herejía, será azote de
sus enemigos y al cabo renun-
ciará el reino en su católico
hijo Filipo Segundo, viviendo
en santa religión de donde
partirá al descanso eterno.
En acabando de leer esto vu- elven a sonar truenos y a salir fuego, y desaparecen las colunas.
Mahoma, ¿qué quiere ser
tanto prodigio y portento?
¿O se acaba tu poder,
o algún furioso elemento
te comienza a deshacer?
¿Que hoy tiene de ser sujeta
la Goleta, o se me antoja?
¿O me sigue algún planeta?
Sale Sinán.
¿Qué haces, gran Barbarroja?
Ya es perdida la Goleta,
ya la cristiana nación,
todo tu poder vencido,
planta en ella su pendón.
Ya el pronóstico es cumplido
de la pasada visión.
¿Qué dices?
Toda tu gente
queda muerta, yo escapé
como me ves solamente.
Perro judío sin fe,
¿eres tú el bravo y valiente?
¿Deste modo haces alarde
de tu cólera y tu brío,
con tal pérdida esta tarde?
Perro judío, al fin eres judío,
en la ley y en ser cobarde.
¿Qué victorias me has ganado?
¿Qué banderas me has traído?
¿Qué buenas nuevas me has dado?
¿Qué ejércitos me has vendido,
qué cautivos presentado?
Y ya que esto no es ansí,
puesto que el contrario venza,
¿qué heridas traes en ti,
que con tan poca vergüenza
osas venir ante mí,
de quien villano fuiste,
que de cólera no hallo...?
¿A quién la fuerza rendiste?
A quien rendirla a un diablo
que en un hombre se reviste.
Si tú, señor, te hallaras
en la defensión del muro
contra aquestas gentes raras,
por nuestro Alcorán te juro
que no me lo preguntaras.
Mas yo espero que algún día
has de probar, rey, aquí
de Carlos la valentía,
y entonces veré en ti
si fue el huir cobardía.
Peleé mientras pensé
que como hombres peleaban,
pero después que hallé
que con demonios andaban,
como hombre me retiré.
Culpasme no con razón
de que huyendo me vengo,
y que de aquesta ocasión
en todo el cuerpo no tengo
Pag. 19
ni herida ni lesión,
pero pondera y advierte
que no viniera con vida
o viniera de esa suerte
que esta gente no da herida
que no sea herida de muerte;
de do puede inferir
que le resistí al cristiano
y no dejé de reñir,
pues había de venir sano
tampoco había de venir;
cuando tú vieras allí
al soberbio emperador
pelear solo por sí,
no me dijeras, señor,
que por qué causa huí.
¿Qué tan valiente soldado
es aquese a quien promete
de fortuna aqueste estado?
El primero es que arremete,
de todas armas armado;
el primero es que desea
que se llegue la ocasión,
el primero que pelea
y el primero en conclusión
que defiende una trinchea;
el primero es que alborota
el asalto, y el primero
que a sus contrarios acota,
sin temer lanza de acero,
piedra, dardo ni pelota;
el primero es que se ve
destroncado, como yo,
daré dello entera fe,
y el primero que metió
dentro en La Goleta el pie.
Mira tú lo que harán
los soldados valerosos
que tras imitarle van,
si tantos hechos famosos
ven hacer al capitán.
Por mi Mahoma excelente,
qué gusto de haber sabido
su gran valor al presente,
porque, ya que estoy vencido,
es de un hombre tan valiente,
que si menos que ese fuera
el que mi gloria borrara
y mi nombre escureciera,
por Alá, que me matara
del enojo que me diera.
Toda la tierra estremece
el eco solo del nombre
deste, que estatuas merece.
¿Qué talle tiene ese hombre
que mi gloria escurece?
Es de una buena estatura,
barbirrubio, color blanco,
tiene grave catadura,
el pecho robusto y franco
con notable compostura;
los ojos grandes, la boca
en muy buena proporción,
la frente como una roca,
animoso el corazón
según lo que le provoca;
ármase de armas de acero
maticadas de oro fino,
a prueba de cañón fiero,
trae al cuello un vellocino
por preciarse de cordero.
No tienes más que pintar,
por Alá, que es este mismo
el que debí de soñar
dentro de un profundo abismo;
me siento a prisa anegar.
Mahoma divino, ten
tu cólera embravecida,
y tú, Alá santo, también.
Sale Fátima.
De La Goleta perdida
vengo a darte el parabién;
huélgome de tu desgracia,
porque de hoy más no presumas
con tan soberbia eficacia
volar sin alas ni plumas
hasta donde el sol se espacia;
ya es justo que te entones,
pues bajaste un escalón
de la cumbre en que te pones,
y al segundo tropezón
rodarán los escalones.
¿No eres tú el que quería
obligar y enamorar
con hechos y valentía?
¿Dónde está tu blasonar,
que es de lo que me decías?
¿No llamaste afeminado
a mi esposo, cuyo ser
Alá hizo mejorado,
porque contra tu poder
no defendió aqueste estado?
Pues bien es que te competa
este nombre justamente,
pues contra quien la sujeta,
preciándote de valiente,
no amparaste La Goleta.
Vuelve pues por ti y procura
ser más cuerdo y comedido
a cualquiera coyuntura,
que vencer y ser vencido
las más veces es ventura.
No te quiero responder
hasta que me haya vengado;
déjame ahora, mujer,
que ningún hombre agraviado
ha de hablar ni pretender.
Siempre plegue a Dios, lo estés,
porque siempre no me hables.
Yo tengo esperanza, pues
que con hechos memorables
rendiré el mundo a mis pies,
al arma que yo me obligo,
o que no me verás más.
Toca al arma, al arma, amigo.
Toca, pues que tú verás
si se cumple lo que digo.
Pag. 20
Sale el marqués del Basto y el duque de Alba, don Luis de Portugal, Andrea Doria, Pita y algunos soldados, todos con pendones moriscos, y al tiempo que el emperador sale al son de menestriles, los van tendiendo en el suelo, y el emperador los va pisando.
Pisa sin pena ninguna
por alfombras lo que ves,
que por tu buena fortuna
hoy, como se ve a los pies,
tiene gran César la luna;
a tus pies está presente,
que no es bien que te levante,
y si para aquesta gente
ha sido luna menguante,
para ti será creciente.
¡Oh, sacra majestad!
Esta luna levantada
veremos con propiedad
hoy su soberbia humillada,
y ensalzada tu humildad.
Pensó esta gente importuna
vencer tu sol español
con su luna que es ninguna,
y erró, que a la luz del sol
no tiene fuerza la luna.
Agradezco ese buen celo,
mas pues ya los he pisado,
levantadlos hacia el cielo,
que lo que tanto ha costado
no es bien que ande por el suelo;
que trayendo a la memoria
tanta pena siento en mí,
en medio de esta victoria,
por diez hombres que perdí,
que casi iguala a la gloria.
¿Cuántas galeras han sido
las que ganado se han
a este perro malnacido?
Cincuenta y cuatro serán.
Ha sido lance escogido.
Cincuenta y cuatro galeras
de porte y muy de estimar;
ya las cristianas riberas
pueden seguras estar
de hoy más de estas gentes fieras.
Aquestas galeras era
la ocasión con que se osaba,
la ganzúa y la uña fiera
con que robaba y mataba
por una y otra ribera;
ganándolas con razón
le quitamos de por vida
al osado la ocasión,
la arma fiera al homicida,
y la ganancia al ladrón.
Por tenerlas muy guardadas
el arraez las tenía
en la Goleta varadas,
que aquí sin duda entendía
que no habían de ser ganadas.
Fue vana su presunción,
pues puso nuestra ventura
la Goleta en sujeción,
porque no hay fuerza segura
de una determinación.
Yo le haré al moro fiero
que conozca quién soy yo.
Dice dentro Andrés Ponce soldado.
Que me paguen pido y quiero,
u óigame el César, o no,
que yo pido mi dinero,
páguenme.
¿Qué quiere ser esto?
El diablo anda listo.
¿Qué es eso?
Velo a ver.
Páguenme, cuerpo de Cristo,
que yo no he de perecer.
¿Qué es esto?
Un soldado es
que sobre pedir su paga
hace, señor, lo que ves.
Matadlo.
No se le haga
ningún mal.
Dejadlo, pues.
Llamádmelo aquí.
Sin duda
lo quiere hacer castigar.
Razón bastante le ayuda.
Él lo mandará ahorcar.
Colgarálo
quien lo duda.
Sale Ponce.
¿Qué manda su majestad?
¿Eres tú quien voceaba
con tanta ferocidad?
Sí, yo soy quien demandaba
que me paguen es verdad,
y otra vez y ciento digo
me paguen lo que he ganado.
Sosegad el pecho, amigo,
páguese a este soldado.
Tu benignidad bendigo.
Marqués, hacedle pagar,
que hombre que con tanto fiero,
sin temer ni respetar,
sabe pedir su dinero,
también sabrá pelear,
pues así aqueste ha pedido
que le paguen ante mí,
tan osado y atrevido;
sin duda sabe de sí
que lo tiene merecido,
y es bien que me satisfaga
de que obra bien pues lo cobra
a voces y no halaga,
que el que hace mala obra
no pide a voces la paga.
¿Cómo os llamáis?
Andrés Ponce.
Términos tenéis honrados;
gran soldado sois.
De bronce.
Pag. 21
¿Cuánto os deben?
Seis ducados.
Seis ducados denle, once,
y porque lo mando yo,
cien escudos le darán
por el valor que mostró.
Aqueste sí es capitán,
pesar de quien me parió.
Muy bien habré menester
la paga que me acomodas
para poder guarecer
aquestas heridas todas
que en mi cuerpo puedes ver,
aunque sin banda ni lazo,
con una herida tierna
tengo deshecho este brazo,
y pasada aquesta pierna
de la furia de un balazo;
mírame, que no hay en mi
cabeza rostro ni pecho
que como esto no esté así,
por hacer hechos que he hecho
para defenderte a ti.
Mírame bien y verás,
pues a tus ojos me ofrezco
del modo que visto has,
si lo que me das merezco,
y aun creo que mucho más.
Por tu servicio, señor,
escapé deste rebato
como me ves y peor.
Ya yo vi, Ponce, en tu trato
que eres hombre de valor.
Los cien escudos se den
para cura, y en mi nombre
denle otros ciento también.
Muy bien lo merece el hombre,
que a fe que es hombre de bien.
Sale un soldado y dice.
Un bravo mozo ha llegado
al campo con estandarte
de paz, bien acompañado,
y quiere, señor, hablarte.
Pues entre y dé su recado.
¿Quién será el moro?
Será
algún embajador mozo
que el contrario enviará.
¿Qué nos querrá?
Aqueso ignoro,
pero presto se sabrá.
Sale Muleacy con acompañamiento.
Dame, oh valeroso Marte,
los pies, si es que honrar me quieres.
Antes quiero levantarte,
y dime, mozo, qué quieres,
sabré cómo he de tratarte.
Muleacy soy, señor,
rey que fui de aqueste reino,
que hoy posee este traidor,
y aunque por traición no reino,
mío es el reino en rigor.
¿Tú eres Muleacy?
Sí.
Dame esos brazos y toma
ese estrado, pues así
te mandó asentar Mahoma.
Bien estoy, señor, así.
Siéntate, que merecido
lo tienes, y no te alteres;
siéntate, pues te lo pido,
que tan rey como yo eres,
aunque estés desposeído.
No porque este te usurpó
aqueste reino sin ley
la dignidad te faltó,
y tú sin reino eres rey,
y él, aunque con reino, no.
Siéntate.
No mandes tal,
que no ha de igualar mi pecho
al de un príncipe inmortal.
Eres rey y de derecho
mereces honra real;
siéntate.
Quiero sentarme.
Propón agora tu intento,
pues has venido a buscarme.
Quiero darte ese contento,
pero tienes de escucharme.
Ya sabes, gran Carlos quinto,
digno señor de la Europa,
más digno de todo el mundo
que el hijo de Macedonia,
de darte en tributo y parias
más oro que Arabia cría...
+ Alta +
La principal intención
de que yo me haya movido
a venir a esta ocasión,
sabe el cielo que no ha sido
ni codicia ni ambición,
porque si Alejandro Magno
llaman magno por ganar
el mundo con fuerte mano,
a mí me lo han de llamar
porque puedo y no lo gano.
Cree sin duda de mí
que este reino mandarás,
y yo bien creo de ti
que reinando cumplirás
lo que prometiste aquí;
porque yo para creer
que no usarás trato doble
conmigo, basta saber
que eres rey y que eres noble,
que es lo más que puede ser;
y cuando puesto en estado
no quisieres acudir
a lo que eres obligado,
puede sin duda inferir
que no me dará cuidado;
porque como castigue
aqueste tirano aquí,
como tú verás, podré
también castigarte a ti
si me faltares la fe;
pero yo sé que tú aspiras
a dar de quien eres pruebas.
Pag. 22
qué es esto de que te admiras
paréceme que te elevas
no respondes, qué me miras
estaba tan ocupado
todo el oído sujeto
en tu hablar regalado
la vista en tu grave aspecto
que me quedé embelesado
oigo tu voz grave y clara
y miro con vasallaje
tu faz señor nada avara
y veo que de buen linaje
son tus palabras y cara
porque mirado en verdad
hallo con qué te eternices
que la misma autoridad
que con las palabras dices
muestras con la majestad
haz que de mi mora bella
me alumbren las luminarias
que como en cielo hay en ella
y pídete de por parias
si es que es posible una estrella
y está seguro señor
que lo que digo en efeto
te lo cumpliré mejor
mas porque te lo prometo
que por tenerte temor
como ese soberbio mozo
Ariadeno Barbarroja
corsario de mar y tierra
y horror de cristianas costas
estando yo dentro en Túnez
reinando en paz y concordia
vino contra mi poder
con una armada espantosa
y también sabrás señor
como te es cosa notoria
que por rigor de los hados
y de la fortuna impropia
me desposeyó del reino
vencida mi gente toda
de do escapé como pude
de sus manos por la posta
ganome el reino en efeto
y cautivome una mora
más querida de mi alma
que de Alá nuestro Mahoma
quisiera hacer pincel
de la lengua y de la boca
colores del pensamiento
y tabla de tu memoria
para pintar propiamente
de mi Fátima hermosa
ya que todo es imposible
al menos alguna cosa
pero porque tengo celos
de que cualquiera persona
la mire porque de fuerza
quien la mira la adora
no quiero pintarte aquí
las bellas partes que adornan
el rostro que alumbra el cuerpo
que tiene la tierra atónita
al fin sin reino y sin dama
el alma de ausencia loca
me retiré a Constantina
en el África remota
donde trastornando libros
por las conjeturas propias
con que los divinos cielos
se mueven y se trastornan
por los astros celestiales
por las estrellas y otras
influencias de que sé
desde niño grandes cosas
hallé que tú habías de ser
como se ve por la obra
quien me ha de volver el reino
que aqueste bárbaro goza
creílo porque sabía
el gran valor que pregona
la fama de tus hazañas
y helo confirmado agora
prosigue gran Carlos Quinto
que cierta está la victoria
restitúyeme en mi reino
haz como vea a mi esposa
que desde aquí te prometo
por la luna santa y sola
de reconocerme siempre
por esclavo de tus obras
Sale Pita con un memorial
Vuestra cesárea majestad reciba
aquesta petición
oh Pita amigo,
¿qué es menester?
un poco de recado
del récipe que dice esa receta
hay gran enfermedad señor de bolsa
y ha menester un pisto de doblones
leed ese papel Marqués del Vasto
veamos lo que quiere Pita
dice: petición
digo yo Alonso de Pita soldado del tercio de los
españoles que está a cargo de su excelencia el mar-
qués del Vasto que atento que los gastos ordinarios
son grandes y las pagas cortas y el dado me ha salido
todos estos días con azares y me ha dejado sin blanca
pido y suplico a vuestra majestad me mande
Pag. 23
proveer de algún dinero para gastos de justicia
a cuenta de los moros que maté en el salto de
La Goleta y de los que tengo de matar en esta
jornada.
Que se le dé, que a fe que lo merece,
porque yo soy testigo que a mi lado
entró de los primeros en la fuerza
y peleó como valiente hombre.
Aun bien que te hallaste tú presente.
¿Quién es este Pita, señor?
Este soldado.
¿Este es aquese que también pelea?
¿Este es Pita?
Pues bien, ¿qué le parece?
¿No tengo talle yo para comerme
cien moros como él acuchillados?
Tened respeto, Pita, al rey de Túnez.
Téngame el rey, señor, a mí respeto,
que no porque me ve con mal vestido
ha de pensar que soy algún quijote
de los que huyen al primer balazo.
Tenga su alteza a Pita en mucho y crea
que es gran soldado aunque con pobre traje.
Agora digo, valeroso César,
que no me espanto que te tiemble el mundo
con hombres como aquestos. Señor Pita,
tenedme por amigo y compañero,
perdonad si os he hecho algún agravio
y en recompensa recibid este anillo
que vale mil ducados.
Algún día
pagaré esta merced que se me hace.
Rico está Pita, no querrá dineros.
Con todo espero se me dé socorro,
que la manda del bueno no se pierde.
Désele a Pita un doblón, doyle tan poco
porque le pienso dar muy a menudo.
Con esto, hacia Túnez marche el campo,
marche el bagaje apriesa, todos marchen,
que muero ya por ver si tiene manos
aqueste perro vil de Barbarroja.
Su majestad provea en que se lleve
agua para beber toda la gente,
que en todo lo que hay desde aquí a Túnez
no se podrá hallar agua ninguna,
y por ser tan terribles los calores
y aquestos arenales tan desiertos
de sed y de calor, esto es sin duda,
que como sé también aquesta tierra,
sé lo que es menester para marchalla.
Estimo ese consejo, carguen luego
agua bastante para aqueste caso,
y sea de manera que no falte.
Hágase luego, y vos, marqués del Vasto,
alojaréis en vuestra tienda mesma
al fuerte rey de Túnez, Muleaces;
servilde como a rey y regalalde
como si fuera yo.
Beso tus plantas,
en todo muestras ser quien dicen todos.
Téngame vuestra alteza por amigo.
Oh gran marqués del Vasto, no sin causa
tenéis nombre de príncipe excelente
y de gran español.
Pag. 24
Marche el bagaje.
Dios te dé esfuerzo, valeroso Carlos.
Mahoma te acompañe, Carlos quinto.
Tocan la música y se entran por una puerta y por otra salen marchando todos los soldados, con los morriones puestos y las mechas de los arcabuces atrás. Unos con los camisos al hombro, otros con los calzones, y en calzones de lienzo; otros con calabazas y botijas al pescuezo, otros con perrillos a las espaldas, todos con la mayor graciosidad que ser pudiere y vayan marchando.
Marcha aprisa, que hace sol aprisa,
no desordene hombre de su manga.
Arenales son estos insufribles.
¡Oh, señor camarada!
¿Qué hay de nuevo?
Lleva la calabaza a mano.
Brindis.
Échate esa colaina.
Deste modo
se sobrelleva un tanto deste trabajo.
Terrible es el calor de aquesta tierra.
Vanse y salen dos tudescos con dos botas, bebiendo y borrachos.
A mi ser compañón mucho me seca
el estómago el sol.
Sí, señoría,
¿no siente el mundo andar a la redonda?
¿Y la vuestra no ve que a trigovolta
vuelve a salir el sol?
Gran fuego hace,
¿hay agua por aquí?
¿No llena vino?
Arde mucho la fragua en el estómago
y tengo sed.
Pues tome, beba un trago.
¿Adónde caminamos?
A Esclavonia.
Cerca estamos del norte y mediodía.
Por aquí camine hacia el zodiaco.
Éntranse y salen el Emperador y el Marqués del Vasto y un soldado.
Con terrible trabajo marcha el campo.
Son tan desiertos estos arenales
y es el fuego del sol tan ardentísimo
que tengo por milagro que lleguemos
a los muros de Túnez.
Toda el agua
que había se ha gastado en un momento,
que como es el calor tan excesivo
han bebido a menudo los soldados.
Cansado voy, Marqués, del gran bochorno.
Pues haz mandar, señor, que marche el campo
y armar una tienda donde puedas
tomar algún descanso, que no es justo
que vuestra majestad se aflija tanto.
Córrame con razón, Marqués, de aqueso.
¿Yo he de tomar descanso ni regalo
yendo en esta ocasión toda mi gente
pereciendo de sed, calor y hambre?
¿Qué dirá de mí el mundo? ¿Es bien que digan
mis soldados valientes que los dejo
en el trabajo y ocasión metidos?
Pag. 25
y me estoy regalando en blanda cama,
no, marqués, do murieren mis soldados;
allí he de morir yo, que buen caudillo
no ha de mandarlo hacer, y estarse quedo.
Sed terrible me ha dado.
Pues yo creo
que no hay en el real un jarro de agua.
Para mí no la habrá.
Quizá habrá alguna.
Y cuando por ventura no la hubiere,
sufrible que los hombres valerosos
muestran claro quién son en los trabajos.
¡Hola, soldado! ¡Hola, al cancelario,
que dé al emperador un jarro de agua!
Va el soldado.
Con su fuerza está el sol en esta tierra.
Siempre es estío en ella.
Dios me ayude,
que perezco de sed.
No hay ninguna agua.
¿Es posible?
No importa, caminemos,
que pues sin ella pasan mis soldados,
también me podré yo pasar sin ella.
Salen cuatro soldados.
Cuerpo de Dios con la tierra
y el ladrón que aquí nos trae.
El sol nos mata y destierra.
En todo el llano no hay
gota de agua, aquesta es guerra,
esto es estar en Argel.
Temerario es el influjo
del sol.
Y calor cruel.
Fuego en quien aquí nos trujo.
Callad, pues.
Reniego del...
Este es hijo de una...
Peste.
Este es nuestro emperador,
donde lleva tanta gente
pereciendo de calor,
rabiando de sed ardiente,
donde con nosotros va,
qué quiere hacer de nosotros.
Va pasando el emperador, no haciendo caso de lo que dicen los soldados, y dice:
Ea, soldados, andad,
que también el pobre va
cansado como los otros.
Presto saldremos de aquí,
que no se alcanza el reposo
sino caminando así.
Vase.
¡Oh, emperador valeroso!
Morir queremos por ti.
Tocan a marchar, con que se da fin a la jornada segunda.
Finis. Laus Deo.
Jornada tercera
Pag. 26
¡Qué estraño trabajo en este mi campo!
Enferman los soldados a menudo
con el mucho calor, y el cielo sabe,
falta el sustento, el agua, y no dudo
que según la aspereza de la tierra,
y soberbia que tienen los bárbaros,
es imposible el vencimiento suyo,
de la sequía todo el campo arde.
¿Pues qué queréis que haga?
Que se vuelva,
que después el invierno comenzado
se puede suspender aquesto luego,
que basta aver ganado la Goleta,
y todas las galeras del contrario
para volver a España victorioso,
con fama, con honra y sin afrenta.
¿Eso dice mi gente?
Aquesto dice,
y a lo menos entre todos se murmura.
¿Y qué os parece a vos, marqués del Basto?
Si he de decir verdad, mal me parece,
paréceme de un ánimo menguado
volver espaldas de aqueste modo,
y aunque vengan más de mil inviernos
valdrá el ganar de aqueste moro,
salgamos con honra a los barcos.
Que a los demás es muy vil nombre,
si todos los soldados que ahora dicen,
tuvieran como vos el valor y pecho,
bien fácil era el ganar el mundo,
mas al fin sois marqués valiente y honrado,
que lo mismo es honrado que valiente.
Criado suyo soy.
Mucho me pena
y ver mi gente de tanta cobardía,
porque uno o dos días el sustento falta,
por cuatro no se deje el trabajo,
que me lo paso yo por pasatiempo,
si se ganaran todas las victorias
a fiestas, sin penas, sin molestias,
no tuviera por honra Julio César
entrar triunfando dentro en Roma,
ni Alejandro el mando en Babilonia,
porque un valeroso y gentil corazón,
mas como que estamos aún ayunos,
dejemos de andar llorosos,
demás de sufrir los pocos trabajos,
se premia más que a todos los mortales.
Llamadme fuerte si en esto me matan,
que les quiero hablar claramente,
ninguno se pierda de espanto.
¡Cuán sabio vos, Señor, me parecéis!
Andad pues y dejo la plática,
en saliendo...
Pag. 27
pues ya sois, señor, el poderoso,
sabed que vuelve de España victorioso.
Sale Muleases.
¡Oh asombro
de todos tus enemigos!
De quien yo cierto me nombro,
o Alán entre tus amigos,
pues los tienes cobardes y asombros.
¡Oh muralla de valor!
¡Oh columna de firmeza!
¡Oh vaso lleno de honor!
¡Oh escudo de fortaleza!
¡Oh invencible emperador!
¡Oh ejemplo de virtud santa!
¡Oh gran príncipe, oh gran señor,
que a tu cielo levanta
tu ya piadosa mano,
hoy recibe mi santa...
dame tus pies.
Ya es tuyo.
Dame aquí esos pies, mis luces.
Álzate, que bien se los...
Y a los de a quien mereces.
¿Cómo estás? ¿Cómo te va?
Como contigo contento
y ufano hállome agora,
y hállome de tormento
como sin mi bella mora;
y lo que en el alma siento,
si ha pasado la inclemencia
del invierno y su rigor,
más fiero de su inclemencia...
dadme remedio, señor,
para que en vuestra ausencia...
Si aqueste remedio fuera
para mandar una espada,
para alzar una bandera,
para hacer una emboscada
y formar una hilera,
para asentar para tus vías
una lanza en la ocasión,
para saber ordenar
algún soberbio escuadrón
al punto del pelear;
diérate no solo uno,
pero dos mil, ya sabré,
doliéndome porque alguno
más que el hado el arcano se
mostró remedio ninguno.
Tocan a rebato y salen todos los soldados que se pudieren y el Marqués con ellos.
¿Qué es aquesto, gente mía?
¿Dónde están vuestros aceros?
¿Qué es de vuestra valentía?
¿Agora que veis volver
la cara a la cobardía?
¿Qué es de vuestros pechos llenos
de valor tan sin compás?
¿Agora que como buenos
habéis huido el compás,
sino el cuerpo a lo menos?
¿Agora que habéis pasado
las arenas de ambas Castillas
para llegar a este estado,
qué queréis perder por temor
cuanto habéis trabajado?
¿Sois valientes o sois cobardes
con aquesta gente mora?
Ni de su sangre ofendidos,
porque no sois los que fuistes,
o los que temen agora,
según habéis aperdido
la teméis agora así?
De mí a lo menos no es sabido,
porque yo siento en mí
el valor que he tenido.
Quien seguirme quisiere,
vuélvase, que bien cumplo yo
lo que a un rey obliga a hacer:
a vencer vine o a morir,
he de morir o vencer.
Y pues mi sangre imagino
morir aquí sin gloria y feo,
¿qué tendré para memoria?
Tanto la muerte deseo
como alcanzar la victoria.
Y oídme os, como digo,
que el que quisiere el volver
vuelva, que será mi amigo,
porque yo vengo a pleito
con los que temen conmigo;
vuelvan, que los cobardes
mezquinos, desanimados,
que más bien vencen armados
con un hombre cobardón
que con mil acobardados.
Y cuando sin más razón
huyan y sigan a mí
por falta de corazón,
yo solo quedaré aquí
a cumplir mi obligación.
Y quiero morir ansí
pues que por Dios no
que aquí digan de mí
que mi ejército huyó
y no dirán que yo huí.
De un traidor, a mí huyendo
como cobardes infieles,
en la ocasión que los ofendo,
que ya de todos son reyes
como sabéis que muriendo,
vaya ya al estado
lo que deben hacer o no
capitanes afamados.
Y que nunca hagáis vosotros
lo que debéis a soldados.
Volveos a España, y pues
no quiero con destos modos...
huyan, que lo parió
con vos y quien lo halla.
¿A vos quién os huye?
Todos.
Pone el ... de Santa...
Pag. 28
el Amón se levanta
manda Rey que en aquesta hora
de ganar la honra trate
y acometa a pie este día
y verás la prueba al ojo
con aquesta bella furia
me animas bizarro Alano
y que con razón de tema
dadme estos bravos bríos
son sin duda muy gentiles
qué soldados no serán
bravos fuertes y valientes
con tan bravo Capitán
ya para o Rey segundo
no me espanto con razón
viendo tu valor profundo
destos soldados son
los más bravos del mundo
si tú les das brío
qué mucho que sean osados
y que tengan señorío
presto tienen mis soldados
pues es menester el brío
hijo el Amón aquí
y por mi y por mi bien
que en esta ocasión también
me amparen al amparo
y de un Rey el poder
no vale nada sin ellos
de donde se puede entender
que menos valgo yo que ellos
mas que ellos me han menester
y dáselos luego el mo.
seis pagas adelantadas
o vivas años sin cuento
dése les pues es dada la
acción de gran contento
esto sí se ha de cantar
años pagas a menudo
con buen orden y concierto
y mandarnos que no dudo
que vamos al infierno
todo cuanto yo tengo y gano
para vosotros lo ofrezco
con el Rey Alexandro magno
al copioso dinero fresco
pon, ya a ayunar reprochamos
un don digno de vuestra casta y cual
a la fama que has de ganar
toma este bastón leal
que quiero ser yo soldado
y tú seas mi General
nos divida de su ser
acabo que mi honra
pueda yo fiar bien
diciéndome porque yo
os govierne a vos también
toma Marqués y a mi entera
voluntad en tu porfía
toma pues nos entenderá
de ti que lo merecías
creo piensas que te diera
darme a mi tal fortaleza
merece lo mereces
notable y gran extrañeza
hacer cabeza a los pies
estando en pie la cabeza
que no miré yo señor
un soldado tan honrado
hombre de tanto valor
bien merece por soldado
un Rey y un emperador
esa gente se recoja
póngase en arma el Real
contra aquesta que me enoja
que ya con tal general
me temblará Barbarroja
esa Alteza excesiva
recójase pues y el Real
por buen orden se aperciba
viva el nuevo general
viva digo
viva viva
Levántanle en hombros
ya entiendo lo que queréis
en eso no se repare
arroja el Marqués dineros y déxanle los soldados y van a recogerlos
viva el Marqués
qué hacéis
ea soldados pío dinare
todo es vuestro no dudéis
vanse los soldados
tiene el real asentado
¿Barbarroja?
sí señor
para mostrarnos esforzado
y espantarnos de temor
con él se nos ha acercado
qué donoso amedrentar
que piensa ponernos miedo
con salir a pelear
gallarda intención no puedo
dejarla de celebrar
yo le pondré en tal estrecho
que pierda el brío cobrado
de dos hazañas que ha hecho
solo por no haber topado
hombres como yo despecho
toma gran César reposo
y refrena la impaciencia
que te tiene congojoso
que o me mentirá mi ciencia
o has de salir victorioso
vencerás si no me miente
la complexión del planeta
que lo permite y consiente
Dios es la ciencia perfecta
él me ayude solamente
qué gente tendrá el contrario
en su ejército?
cien mil hombres
caso extraordinario
ansí ser de gente mil
ejército es temerario
Dize de dentro el duque
Pag. 29
Seguidlo, seguidlo, pues,
pague el traidor su malicia.
Sale un soldado con la espada desnuda y ensangrentado y el duque y algunos soldados tras él.
Al sagrado de tus pies,
huyendo de la justicia,
vengo, señor, como ves.
¿Qué es esto, duque?, ¿qué ha sido?
¿Qué ha hecho aqueste soldado?
Decidme, ¿qué ha cometido?
Merece ser castigado
sin ser un momento oído.
Dadme de este hecho parte.
Ha metido, señor, mano,
sin temor ni respectarte,
como descortés villano,
debajo de tu estandarte,
y sobre una niñería
que no pesaba dos clavos,
ha muerto con osadía
dos soldados los más bravos
que en todo tu campo había.
¿Que a dos soldados ha muerto
solo este?
Como te digo,
mira si merece cierto
por tal delito castigo.
Ha sido gran desconcierto.
¿Matolos de buena a buena?
Peleando los mató.
No es cosa de valor ajeno.
Llevaldo, duque, que yo
os le entrego, y le condeno.
Poned luego por la obra
de su muerte la sentencia
ya que tanto brío cobra.
Pues, ¿no tienes más clemencia?
Antes clemencia me sobra.
¿Qué quieres?, ¿lo que me pides?
Que me perdones nomás
lo que cometido he.
Alto, perdonado estás,
en esto no pararé.
Tus pies beso, César fuerte,
por la piedad que hay en ti.
Alzá, no estás de esa suerte.
Duque, llevalde de ahí,
y dalde luego la muerte.
¿Qué es esto, señor?, ¿no has
perdonádome?
De hecho.
¿Cómo te vuelves atrás?
No te mato por lo hecho,
mas porque no hagas más.
Llevaldo, pues, duque, ya.
Llevaldo. ¿Qué estás dudando?
Gran juez.
Ea, acabad,
ejecutad lo que mando.
Luego se ejecutará.
Vase.
Fue sentencia verdadera
del trazo que hoy tenemos.
Suba tu fama a la esfera,
general, ¿cómo haremos
que este soldado no muera?
Hombre que ha muerto a la clara
dos hombres tan sin concierto,
¿quieres que viva, repara?
Por aver dos hombres muerto,
que no muriera gustara.
No muera, si pueda ser,
hombre que con tan buen nombre
sabe decir y hacer,
porque un hombre que es tan hombre
bien ayudará a vencer.
¿Qué orden se podrá dar
para que viva?
No sé,
no lo puedes tú mandar.
Soy juez y no podré
dejarlo de castigar.
Vos sí podéis, con mandallo,
como general, marqués,
ir al punto y libertallo.
Si aqueste tu gusto es,
luego quiero efectüallo.
Hombre que a dos muerte dio
valiente es.
Voy a hacerlo.
Hacedlo al momento y no
conto que lo mando yo
mas como que gustáis dello.
No se entienda de mí hoy
general, por una vez
que contra justicia voy;
que con vos soy juez
y con otro no lo soy.
Mas digo que lo haré ansí.
Vase.
¿Qué dice deso?
Que es ley
digna, gran César, de ti,
y que me enseñas a mí
a gobernar y ser rey.
Que de tu gran proceder
todos los de nuestra edad
tienen harto que aprender.
Sale Pita.
¿Qué hace tu majestad,
cuándo piensa acometer,
cuándo a esta gente que peca
contra el divino Jesús
le hemos de hacer la mueca?
Porque no como alcuzcuz
ni el aceite ni manteca,
cuando alcaide Hamete y Muza
a Lisinán y Saleco,
y toda gente machuca,
perdóneme Dios si peco,
se le ha de dar caperuza.
¿Cuándo ha de ser la pelea?
Porque el sol echa una atena
de su gente el valor vea
que hay hombre que lo desea
como el día de la pascua.
Pag. 30
Cuando por mí pasa tiempo,
desta gente he de matar
más que en dos años el tiempo.
Su tiempo se ha de llegar.
Agora es el propio tiempo,
agora es el tiempo, pues
que he perdido al juego agora,
que he perdido mi interés,
mataré más en un hora
que otra vez en todo un mes.
¿Qué has perdido?
Mi dinero.
¿No lo echas, señor, de ver,
en estar tan bravo y fiero?
¿Tanto se siente el perder?
A pesar del mundo entero.
¡Vive Dios santo y subido!
Él me perdone si hablo
en esto descomedido,
que un hombre habiendo perdido
se matará con el diablo.
Repórtate.
No te asombres.
¿Por dinero está tan fiero
un hombre de tan buen nombre?
Pues, ¿de qué, si no por dinero?
Porque ha de enojarse un hombre.
Acomete, ¡pesia tal!,
que fuego y cólera arrojo
de enojo de verme tal.
Desfogaré aqueste enojo
con el contrario real;
comience el arremetida,
sin que en nada se repare,
pues no hay nadie que lo impida,
y mátenme si quedare
de cuantos hay moro a vida.
Acábase aquesta guerra,
muera esta gente maldita
y vámonos desta tierra.
Ya sé que eres hombre, Pita.
Sépalo esta gente perra.
Ten respeto, pues está aquí
el Rey.
No miraba en tanto,
no pensé que estaba ahí.
Hablad, que yo no me espanto
de que los tratéis ansí.
Con voacé me maten, digo,
que tiene ingenio de plata;
su criado soy y amigo.
Ya sé que nunca se trata
con respeto al enemigo.
Sale el Duque de Alba.
Raro suceso.
¿Qué ha habido?
Del ejército contrario
un lobo despavorido
salió bravo y temerario,
y, sin dudar, atrevido,
en nuestro real se ha entrado,
adonde, desperado,
entre las picas murió.
Caso es para ser notado.
A todo el campo espantó.
Tú, Afez, que del movimiento
sabes del cielo divino,
tanto según tu talento,
tú, que eres tan adivino,
declárame este portento;
dime lo que quiere ser
este prodigio fatal.
Bien claro se echa de ver,
porque este lobo es señal
de que tienes de vencer.
Venir un lobo inclemente
a morir con tal congoja
entre tu gente valiente,
es decir que Barbarroja
perecerá entre tu gente.
De manera que venir
a tu campo, temerario,
un lobo, quiere decir
que aqueste lobo corsario
en tu campo ha de morir.
Embiste de potestad
a ese perro, que ya empieza
a temer tu majestad;
y córtame la cabeza
si no dijere verdad.
Acomete, bravo y fuerte,
aqueste lobo ladrón,
haz que huya de la muerte,
que él es lobo y tú león,
y de fuerza ha de temerte.
De tu parte están los hados,
el cielo ayudarte empieza.
Embiste con tus soldados.
¿Cuánto dan por la cabeza
de un lobo?
Cuatro ducados.
Pues démelos, ante omnia,
y les traeré la de aqueste
sin más ni más ceremonia,
aunque mil veces le pese
a Nembrod de Babilonia.
Sale el Marqués del Vasto.
Ya yo hice tu mandado.
Sois, Marqués, muy gran amigo.
Soy al menos tu criado.
Ufano está el enemigo
con su ejército formado.
Ya toda su gente espera
solo el acometimiento;
y si en mi mano estuviera,
yo no esperara un momento,
porque luego acometiera,
luego hiciera la señal,
y embistiera, sin clemencia,
en el contrario real.
Pues ¿a quién pedís licencia,
si sois vos el general?
Haced vuestra voluntad
en otras cosas y en estas.
Mas al fin, por de potestad,
quiere vuestra majestad
echarme la carga a cuestas.
Yo sé que tenéis valor.
Pag. 31
para mas como se vee
entendiendo tu señor
eso de mi trocare
por hacerlo muy mejor
mas pues me quieres hacer
esa merced singular
tan digna de agradecer
y yo tengo de mandar
y tú me has de obedecer
yo mando que el campo embista
sin esperar mas razones
con ayuda del bautista
y empiecen mis esquadrones
esta soberbia conquista
suene por toda esta zona
tu nombre que ya triunfando
te veo desta corona
y a ti gran señor te mando
que mires por tu persona
retirate por mi gusto
señor a la retaguardia
porque es negocio muy justo
que este tu persona en guardia
de este ejército robusto
retirate en tu real
no venga descomedida
alguna bala fatal
y peligre aquí tu vida
para daño universal
pues eres tú mi soldado
y yo tu capitán soy
obedece mi mandado
no mas al momento voy
a hacer lo que has mandado
aunque fues que no murio
en este ni en otro caso
que en el mundo acontecio
emperador de balazo
tan poco morire yo
y aun por eso si te advierte
emperador verdadero
te has de guardar como fuerte
porque no seas el primero
que muera de aquesa muerte
guarda tu vida escogida
gran señor con retirarte
entre tu gente lucida
y agradeceme el mandarte
pues es por guardar tu vida
eso marques te agradezco
que dello infiero y arguyo
tu gran amor que engrandezco
y como soldado suyo
me retiro y te obedezco
quiero retirarme ansí
como lo mandas hacer
para que se enseñe aquí
el soldado a obedecer
a su general en mí
lo mas que yo hacer puedo
y tu me puedes mandar
no aviendo en mi ningun miedo
es mandar que me este quedo
viendo a muchos pelear
embista el campo que creo
que ese perro mal nacido
me ha de rendir el trofeo
el embestir me ha venido
a medida del deseo
ea señor Santiago
espolee su tezon
desembayne y haga estrago
en esta perra nacion
que hoy ha de llevar su pago
muestre sus fuerzas divinas
toca al arma toca pues
tocan al arma y los moros tambien diciendo los moros li li li lie lio
dentro li li li
gentes mezquinas
no ay li li li que eso
es cacarear de gallinas
entranse y sale el duque de alba acuchillando algunos moros y ellos retirandose
terrible es la valentia
cristiano con que presumes
deshacer nuestra porfia
huyd tinieblas obscuras
del alba luz del alba mia
huyd de mi pues que puedo
quitaros la vida ya
huyd cobardes de miedo
que contra vosotros va
en yr yo toda toledo
entra los acuchillados y sale el marques del basto con otros moros retirandolos
ea barbara nacion
que ya la paciencia gasto
morid o daos a prision
yo soy el marques del basto
que ya gobierno el baston
ya vays el campo perdiendo
morir teneys mala muerte
sale andres ponce acuchillando otros moros de modo que los moros tocan espaldas con espaldas con el marques
detente cristiano orrendo
a ellos a balos hiere
a balos que van huyendo
mete acuchillados el marques a sus moros y ponce por el mismo orden y luego sale barbaroja retirandose y el emperador tras el acuchillandole
detente déjame aqui
cristiano vision o sombra
y no me aquexes ansi
porque tu aspecto me asombro
por otra sombra que vi
eres tu por dicha aquel
que entre sueños me espanto
tan espantoso y cruel
eres tu aquel o eres del
la vision responde
Pag. 32
no,
hombre soy, perro asombrado,
como me ves no te ensañas,
tan floxo y afeminado?
tú eres el que he soñado.
pues yo haré que me sueñe,
tente, espera, aguarda aquí,
perecerá tu maldad.
Huye Barbarroja. Sale el marqués.
¿qué es esto, señor, señor? ¿ansí
guarda vuestra majestad
el buen orden que le di?
perdonad, marqués, que no
puedo en paciencia llevar,
por más que se me manda,
ver a otros pelear
y estar los mirando yo.
ánimo, que peor es tocar armas,
tener a las balas miedo.
Sale Pita tras algunos moros.
no me espanta vuestra grita.
no hay que andar echando cercos,
moriréis, gente maldita.
¿qué haces, valiente Pita?
señor, achocando puercos.
Mételos acuchillados.
a ellos, que huyen arriba,
que os ayuda Carlos Quinto.
Carlos Quinto, esta corriente
viva, y el áureo reciba,
Carlos Quinto, viva, viva,
todo vengo en sangre tinto.
Vanse, vanse. Sale Ponce, herido, retirándose, y Sinán judío con muchos moros acuchillándole.
muere, cristiano atrevido,
que ha muerto tanto varón
de nuestro campo lucido.
fuerzas tengo y corazón,
perros, aunque estoy herido.
valiente soy, no hay dudar,
pues que tantos no podéis
acabar de me matar.
mataldo ya, ¿qué hacéis?
llegad, si podéis llegar.
que un hombre, hecho pedazos,
se resista de mil hierros;
matalde, sin embarazos.
yo soy Andrés Ponce, perros,
y aunque muerto, tengo brazos.
muera el cristiano traidor,
tiralde un tiro de bronce.
Sale el emperador.
¿qué es esto?
muero, señor.
ánimo, valiente Ponce,
que aquí está tu emperador;
arrímate bien a mí,
que yo te sacaré, espera,
a paz y a salvo de aquí.
que no importa que yo muera,
mira tú, señor, por ti,
y mi vida no peligre,
por salvarme a mí, el vivir.
león soy, soy onza y tigre,
huid, perros,
todos a huir, a huir.
Mételos el emperador acuchillados con Ponce a cuestas, y sale Barbarroja huyendo y herido.
sí, huyendo del campo voy,
ya yo no soy Barbarroja.
y si Barbarroja soy,
será porque tengo hoy
de sangre la barba roja.
hoy con mis glorias concluyo,
por no poder resistir,
cristianos, el campo tuyo.
¿quién me ha enseñado a huir,
que con tal destreza huyo?
si por sucederme bien
ya voy con mi gente mora
huir, por ningún vaivén
de fortuna, como ahora
que huyo, huyo también.
Dicen adentro: a ellos, a ellos.
ea, quiero huir, pues consiente
Mahoma que en tal me vea
Al tiempo que se va a entrar, sale Sinán judío diciendo:
¡oh, Barbarroja valiente!
¿tú huyes de la pelea,
tú, que del cristiano resto
burlavas, y escarnecías?
dejas el campo tan presto
¿dónde están tus valentías?
tú vas huyendo, ¿qué es esto?
¿no eres tú el que ultrajaste,
porque una vez le huí,
al cristiano, sin contraste?
¿no eres tú? responde.
sí.
pues, como el campo dejaste,
¿cómo de ti no te espantas,
que huyes, acobardado,
muertos por ti gentes tantas,
y de mí te has espantado
que una vez volví las plantas?
huélgome que de ese modo
tu presunción se sujeta,
que si con el pueblo todo
yo he perdido La Goleta,
tú has perdido el reyno todo,
ahora bien ya creerás
que es inexpugnable el brío
d'estos que tan blando vas.
ahora creo, judío,
cuanto me dijiste y más.
por el cielo, que me ha sido
gran gusto si pudo ser
el verte al turco rendido,
solo porque echo de ver
quién son los que me han vencido.
a Túnez nos retiremos
y dejemos la campaña.
Vanse, tocan los instrumentos, y dicen.
Pag. 33
Dentro. Victoria, victoria.
Victoria, Carlos de España.
Sale el Marqués, el Duque y los demás; fuera el Emperador y Pita.
A Dios las gracias le demos
de tan noble hazaña.
A él se le deben dar
pues es quien nos asegura
el vencer y pelear.
Sale Pita.
¿Hay por acá, por ventura,
algún moro que matar?
¿Qué hay, Pita?
Vengo, señor,
buscando como tesoros
moros para un asador.
Ya no hay.
Al tiempo mejor
se me acabaron los moros.
¡A pesar del puto bando!
Ahora se me acabó,
ahora se me acabó, cuando
me iba del todo yo
en matarlos enviciando.
¡Reniego del bando infiel!
Quedo, Pita, tiempo habrá
en que mostraros cruel.
Nuestro César, ¿dónde está?
¿Dónde está? ¿Quién sabe dél?
En el campo del contrario
se mezcló con tanto extremo
que era caso extraordinario.
¿Qué será dél?
Yo le temí.
Sale el Emperador cargado con Ponce.
¿Por qué es tan temerario
un nuevo Eneas querido
de emperador singular,
o vencedor, no vencido?
Haced a Ponce curar
que viene muy mal herido.
¿Cómo vienes de esa suerte,
así sangriento y cargado,
de paso tal y tan fuerte?
Llevan los soldados a Ponce, queda el soldado primero.
Por librar a este soldado
de las manos de la muerte.
Por solo librar, señor,
a un soldado, ¿ha de ponerse
a riesgo un emperador?
Cosa es que no puede hacerse.
Callad, pues por quien mejor,
porque es más conveniente
que arriesgue el vivir incierto
un rey, como yo, valiente,
que por un hombre que ha muerto
más de mil de aquesta gente.
Pelear solo le vi,
mal herido, y lo mataran
sino que yo le acudí,
porque en él no se vengaran
de los que él mató allí.
Por esto con varonil
pecho quise a este varón
librar de esta gente vil,
para que en otra ocasión
viviendo mate otros mil.
Ha sido muy gran hazaña.
Hecho ha sido tuyo solo.
Fue de valor prueba extraña.
Volará de polo a polo
en honra y gloria de España.
Apenas se creerá
en el siglo venidero
aqueste hecho.
Calla,
no lo dudéis, que no quiero
que dudéis aqueso ya,
porque no se ha de creer
de mi valor y mi pecho.
Eso teniendo poder,
¿pensáis que es aqueste hecho
el mayor que he de hacer?
Cuando este fuera el mayor
hecho que de mí dirán,
tuviera de eso temor,
mas siendo el hecho menor,
bien fácil lo creerán.
¿Qué se hizo Barbarroja?
En Túnez, señor, se entró
con harta pena y congoja.
¿Que huyó el perro?
Huyó.
Ver que no es muerto me enoja.
Sinán y él de una manera,
siguiendo buenos consejos,
huyeron a la ligera.
Ciertos están los conejos
estando en la madriguera.
¿Cuántos moros habrán muerto?
Son cuarenta mil.
¡Cuarenta!
Este es el número cierto.
¿De los nuestros?
No cincuenta.
¡Venturoso desconcierto!
Cobardes sin duda son
estos perros y sin bríos,
pues han muerto en la ocasión
cincuenta, mientras los míos
la mitad de su escuadrón.
Marche el campo a la ciudad,
que la tengo de batir
con toda mi potestad.
Todos queremos seguir,
gran César, tu voluntad.
Tocan instrumentos y parecen
se algunas hachas encendidas
arriba en el muro.
¿Qué ahumados son aquestos
que dentro en Túnez se ven?
Señal de placer y fiestas.
Sale Muleaca.
Todo te sucede bien,
cargándote el mundo a cuestas.
Pag. 34
por tuyo el castillo está
y espero, César divino,
que el mundo ha de estar por tuyo,
pues eres del mundo digno;
esto en efeto ha pasado,
que por verdad me lo han dicho
muchos moros que de Túnez
a mi campo se han venido.
Ponte el laurel en las sienes,
entra triunfador invicto
en Túnez, que ya te esperan
temblando de regocijo.
De Túnez el mesuar
con los magistrados graves
te viene humilde a entregar,
invicto César, las llaves;
porque se te quieren dar,
y pídente por clemencia
que la ciudad no saquees,
ya que te dan la obediencia
y su gobierno posees
sin ninguna resistencia.
Permita tu majestad,
si es posible, que tu gente
no saquee la ciudad.
En eso hacéis excelente,
no tengo yo voluntad;
este saco solo es
de mis valientes soldados,
pues solos ellos, como ves,
rompiendo petos grabados,
han ganado este interés.
Quitárselo yo este día
no me será bien contado;
antes, injusto sería
quitarles lo que han ganado
con trabajo y valentía.
Si ellos lo quieren largar,
yo toda mi furia aplaco.
Túnez se ha de saquear.
¡Al saco todos!
¡Al saco!
Bien ha de haber qué pillar.
Tocan arrebato y entránse todos.
Robad las perlas del divino Oriente,
robad el oro que la Arabia habita,
saquead el coral tierno y reciente,
el carbunclo, el topacio y margarita,
robad granadas sangre de serpiente,
despojad de Mahoma la mezquita,
robad cuanto mi alcázar atesora;
no me lleguéis a mi querida mora,
robad incienso, bálsamo y aroma.
Pag. 35
ámbar, almizcle y delicada algalia,
regalos santos para Alá y Mahoma;
robad preciosos lienzos de la Galia,
saquead aquí a Túnez como a Roma,
que lo hicisteis poco tiempo había en Italia,
sin respetar al que con Pedro asoma;
no me lleguéis a mi divina mora.
Robad de mis palacios los doseles,
almohadas, alfombras y cortinas,
bandas, turbantes, plumas, alquiceles
de raso y de damasco, telas finas;
despojad de cadenas y joyeles
las hermosas gargantas cristalinas
de mil doncellas, hijas de la aurora;
no me lleguéis a mi divina mora.
Rendid, haced, herid y matad, junto,
hombres, niños, mancebos y doncellas,
y sin que os mueva a clemencia un punto,
sus voces, sus gemidos y querellas,
enterrad al herido entre el difunto,
incitando a dolor a las estrellas,
que todo os lo perdono desde agora,
si no llegáis a mi divina mora.
Vuelven a tocar al arma, y saca Pita a Fátima a rempujones.
Han de pasar de la galga,
que su melindre me incita
a que de paciencia salga.
Detente, valiente Pita,
ansí Mahoma te valga.
¿Sabes quién es esa mora
que llevas cautiva?
Sé
que es la perra matadora.
Ésta es el dios de mi fe,
y la que mi alma adora;
ésta es el sol de mi día
y de mi noche la luna,
aquesta es el alma mía,
ésta es mi buena fortuna
y la estrella que me guía;
aquesta es todo mi bien,
ésta, el fuego en que me quemo,
luz con que mis ojos ven,
aquesta es mi Alá supremo,
y mi Mahoma también;
aquesta mora es la cosa
que más quiero en esta vida,
ésta es mi suerte dichosa,
ésta, mi mora querida,
y ésta es Fátima, mi esposa.
Pide cualquiera riqueza,
Pita, que por su rescate
te la ofrezco; pide, empieza,
pide un mundo.
No me trate
de rescate vuestra alteza,
¿no se acuerda que me dio
para jugar una prenda
de oro que ya voló?
Bien me acuerdo.
Porque entienda
que soy hombre de bien yo,
libre la puede llevar;
yo se la doy, no se asombre,
que si él es para dar,
hombre también yo soy hombre
para saberlo pagar.
Aquesto solo le digo,
y quédese que ir me quiero,
corrido, Dios es testigo,
de que me ofrezca dinero,
habiendo sido mi amigo.
Vase.
¿Es posible que te veo,
y que a tus ojos me ofrezco?
Dame un abrazo, un trofeo,
que harto bien lo merezco
por lo que ha que lo deseo.
Dame de tus brazos parte,
ya que he merecido verte
y juntamente adorarte.
Temo no me dé la muerte
la alegría de abrazarte;
mas a trueco de gozar
de tan gallarda acogida,
como llegaste a abrazar
yo quiero perder la vida,
ya feneció mi pesar.
Ya del extremo de pobre
permite el amor que salte
al de rico y que me cobre.
Ya no hay mal que no me falte.
Ya no hay bien que no me sobre.
Tuya la tierra me llama,
tuya soy.
Del mesmo modo
es el alma que te ama.
Sale un soldado.
Ya se acabó el saco todo,
y el emperador te llama.
Vamos luego, ven, mi mora,
divino rostro hermoso.
Pag. 36
gozaros de ver un hora
al hombre más valeroso
que conoce el mundo agora.
Vanse, sale el empe- rador al son de ministriles, don Luis de Portugal, Andrea Do- ria y el marqués con el esto- que delante y los demás sol- dados todos, y siéntanse, tocan todos los instrumentos.
Si cuando en Ponto triunfó
dijo "vine, vi y vencí"
al gran Julio César, yo
digo, aunque triunfando aquí
vine, vide y Dios venció,
que si él por gentilidad
no conoció como digo
que Dios venció en potestad,
yo soy cristiano y me obligo
a creer esta verdad.
Aunque vencí el pueblo fiero,
fue por él y es cierta cosa
que este trato verdadero
es como el que se desposa
por mano de otro tercero,
que tal fue el saco.
Excelente.
Hay grandes joyas y dones,
y cuando muy mal se cuente
habrá más de dos millones
de tu parte solamente.
Pues eso y lo que han tomado,
aunque hay necesidad harta,
y no estoy nada sobrado,
entre mi gente se parta,
que muy bien lo ha trabajado.
Bien lo tiene merecido;
repártase este interés
entre mi campo lucido,
que a mí bástame, marqués,
el premio de haber vencido.
Mira bien que es menester
dineros.
Dejad cuidados,
tenga yo con mi poder
contentos a mis soldados,
que Dios lo ha de proveer.
Heroica imaginación
y digna es de ser celebrada
hasta la helada región.
Ya la fama alborotada
vuela allá con su opinión.
¡Oh valiente portugués!
¡Oh duque de Alba famoso!
¡Oh valeroso marqués!
¡Oh mi Andrea valeroso,
invencible ginovés!
¡Oh gente española invicta
cuya valentía pide
honor y fama infinita,
mucho os debo!
No se olvide
vuestra majestad de Pita.
No me olvidaré de vos,
que de quien también pelea
no me olvido. Rogad a Dios
que como el mundo desea
vivamos ambos los dos.
Salen Muleaces y Fátima.
A tus pies está mi esposa,
y yo por merced grande.
Levanta, mora hermosa,
levanta, rey.
No lo mandes,
pues es tan divina cosa.
Alzaos, tomad este asiento,
para lo que os he llamado
veréis dentro de un momento.
Siéntanse Muleaces y Fáti- ma en una alfombra y el em- perador en una silla.
Hágase, pues, tu mandado.
Leed alto.
Soy contento.
Capitulaciones.
Carlos Quinto, por la gracia de Dios, emperador
de Alemania, rey de Castilla, de León, de Ara-
gón, de las dos Sicilias, de Jerusalén, por
cuanto se ha visto por nos y por el nuestro Con-
sejo de Guerra, seros a vos, Muleaces, pertene-
ciente el reino de Túnez de derecho y de
justicia, puesto que por haberlo nos conquistado
con grandes gastos de la nuestra hacienda y reinos,
y riesgos de las nuestras personas, nos era justa su pose-
sión, no obstante esto, por usar de la nuestra clemencia
en tales casos acostumbrada, os hacemos merced del reino
de Túnez y de todos los demás sometidos a su jurisdicción,
con cargo de las capitulaciones siguientes:
Primeramente, que ha de pagar cada un año en re-
conocimiento de vasallaje y tributo dos caballos y dos
halcones.
Ítem, que ha de sustentar de todo lo necesario y del
sueldo conveniente a mis hombres que quedan en
guarnición con La Goleta.
Que sea obligado en todas las ocasiones que se ofre-
cieren, a mostrarse nuestro amigo parcial y fiel.
Pag. 37
y enemigo declarado de Solimán gran turco,
que dé libertad a todos los cautivos cristianos
que se hallaren en todo su reino y que de a
quí adelante no permita que ningún cristia
no sea mal tratado ni preso en su tierra,
que puedan entrar, salir y morar, comprar,
vender y contratar cristianos en Túnez, tener
iglesia, decir misa públicamente y hacer según
lo que a su ley son obligados.
que no consienta renegados en su tierra ni
admita corsarios en su puerto ni les dé aco
gida
que si alguna plaza se conquistare en
la costa de Berbería que sea para nuestra
corona real sopena de la nuestra merced.
¿qué responde?
que lo acepto
y aunque Mahoma lo ataje
cumplir lo todo prometo.
eres de real linaje
soy tu vasallo en efeto
y en señal de que lo soy
me da a besar esa mano.
como señor te la doy
muy contento honrado y ufano
de haberla besado estoy.
tiempo será de partir
dejemos los blandos ocios
y vamos donde hemos de ir
que tengo muchos negocios
de importancia a que acudir.
parte y el mundo sujeta.
quédate rey con Mahoma
pues es el Dios de tu secta
mas toca a leva.
esta es la toma
de Túnez y la Goleta.
finis laus deo
