Texto digital de El relato vivo
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Agustín Moreto y Cavana
- Atribución estilometría
- No analizada No concluyente
- Género
- Entremés
- Procedencia
- El texto ha sido preparado por Iván Rodríguez Caballero.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Gómez Caballero, Iván. Texto digital de El relato vivo. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/relato-vivo-el.
EL RELATO VIVO
Oye, amiga, y verás ya de mis penas remediado el afán. ¿Qué es lo que ordenas? Ya sabes que Juan Rana es mi marido. Ya sé, doña Juana, que es tu esposo, según la burla hiciste que lo cree de veras y te asiste sin salir un instante de tu sala, y que con fineza te regala. ¿No es esto? Sí, eso es, mas oye agora: Como es celoso y tanto me enamora, como de cuanto pasa tiene celos, para quitarle, amiga, estos desvelos, porque sane del mal con un donaire, le he ordenado una burla de buen aire, pues estando presente le he hecho creer… ¿Qué, amiga? Que está ausente. ¿Cómo puede ser eso? Ésta es la maña, que es pintura ha creído, ¡es cosa extraña! Para lo cual, amiga, fue el motivo dar yo a entender que su retrato al vivo se me antojaba, conque al mentecato le hizo un pintor creer que es el retrato de sí mismo. Y como esto lo ha creído, desde hoy dentro de un marco está metido, y se está sin moverse en la postura que él le dejó, creyendo que es pintura. Y es risa el verle, porque en todo el día no ha dicho desde allí “esta boca es mía”. ¡Linda es la burla! Ya yo verle espero. Luego le sacarán, porque primero han de venir a verme sin recelos, aquellos mismos de quien tiene celos; porque, según con ellos he tratado, todos han de apoyar que está pintado en su misma presencia. ¡Ah de casa! ¿Quién es? Vuestra licencia espera mi señor don Honorato. ¡Hola, niñas! ¿Señora? Aquel retrato al punto me traed de mi Juan Rana y el polvo le limpiad. De buena gana. Decid que entrar podrá su señoría, que no hay estorbo. Adiós, señora mía. Sacan el retrato metido dentro de un marco De no comer, con las colores lacias viene el retrato. ¡Sacudid! ¡Deo gracias! El polvo lo pintado desfigura. Dadle bien, porque aclare la pintura. ¡Las dos me han sacudido que es contento! Mas como estó pintado no lo siento. ¿Qué te parece, amiga? Algo está esquivo, mas no dirán a Dios sino que es vivo. Solo le falta hablar y aunque no habla, parece que se sale de la tabla. No saldré, que el pintor dijo al untarme que me puede matar el despintarme. Ya que puedo sin susto, bella Juana, entrarte a hablar, pues no está aquí Juan Rana, toma estos lazos, que tu matrimonio no lo ve. ¡Estos son lazos del demonio! Toma, ya que está ausente tu marido. ¡Válgame Dios! ¿Adónde me habré ido? ¿No miras su retrato? En él se escucha. Cierto que es gran dibujo. Es cosa mucha. ¡Ay tal simpleza! ¡Sea Dios loado! Ya sé que está fuera tu cuidado, Juan Rana digo. Quiero regalarte. ¡Bien digo que estoy en otra parte! Dicen que tiene celos el salvaje. Y así quixera, para que trabaje esta pobreta… ¡Yo le estoy temblando! Sacarle… ¿A qué? A bailar, porque tirando un revés porque baile… ¡Mucho aprieta! Le hiciera la cabeza castañeta. ¡Madre de Dios, y qué reveses tira! Ya él está ausente. Así aplaqué mi ira. Y porque creas lo que te he contado, solo en casa le tengo retratado. Mírale. Así mi cólera ha vencido. Fuera estoy, mas no sé dónde he ido. ¿Y cuándo ha de volver? A otra semana. Como no tenga celos, doña Juana, venga cuando quixere. Esto deseo. ¿Habrá lugar que os hable aquí un correo? ¿De qué parte venís? De vuestro esposo, a traer esta carta presuroso. ¿Carta de mi Juan Rana? Sí. ¿Qué escucho? Y un regalo también. Lo estimo mucho. Señor correo… ¿Qué es lo que os desvela? ¿Sabe usté dónde quedo? En la Zarzuela. ¿Y quedo bueno allá? Por más mimoria, muerto de amor. Pues, ¡Dios me tenga en gloria! Oí la carta. Ved, que será buena. Dice así: “Solo vive aquél que cena”. ¡Linda sentencia! “Yo maté, señora, las perdices que ese hombre lleva ahora. Yo las cacé, mas él las lleva a cuestas. Y aunque daba la pólvora respuestas, de las respuestas no murieron juntas, porque solo murieron de preguntas. Ambas van con las patas coloradas para que no las trueque en las posadas; de otro color aquí no se han hallado, perdóname si el tuyo no he encontrado, la culpa te echa a ti, pues no me dices qué color es el tuyo en las perdices. A Dios que te haga madre y luego abuela. Tu marido, Juan Rana, en la Zarzuela”. Buen papel. Buen estilo. Y bien palpado. De esto me acuerdo ya, yo le he notado. Ya cree que es pintura, y él lo apoya. ¿Cazando estoy? Sí. El Bacho en la tramoya poniéndome en la nuca un grueso anzuelo, de un golpe me enseñó a tirar al vuelo. Las dos perdices son como un diamante. Haced que me asen una y sea al instante. Pues, ¿qué queréis? Comer, si hay coyuntura, que se muere de hambre la pintura. ¿Estáis loco, marido? Si esto pasa, vendrá el pintor. Dios sea en esta casa. Huélgome que a este punto hayas venido pues por comer se mata mi marido. No os espantéis que en esto se desmande, que un poco le dejé la boca grande. Y así vengo a achicalla y retocalle, que el comer el color puede acaballe. Antes oí decir a otros pintores que el no comer acaba los colores. ¡Estaos quedito! Ya yo me estoy quedo. No me hagáis mucho mal. No tengáis miedo, porque esto no ha de ser más de un retoque. ¿Qué es lo coloradillo? Esto es aloque. Pues, ¿pintáis con aloque las personas? Es que lo gasto cuando pinto monas. Ya está enmendado, y porque su trasunto se seque, al sol le cuelguen luego al punto. Si a secarme ponéis, –¡moscas, dejdme!–, mejor de no comer podré secarme. ¿Qué les parece? Que se está riendo. Cada cual de por sí le vaya viendo por si hay alguna falta. Norabuena. Cada uno le señale cada imperfección que tenga, y cantando se la diga para que enmendarse pueda. Ande la rueda y todos cantando aqueste retrato vayan enmendando. De nariz no está cumplido, por esto se la estiro. ¡Ay! Pues la boca abierta tiene, un pellizco se la cierre. ¡Ay! Del semblante a dos tirones, yo sacaré los colores. ¡Ay! Yo a las cejas arremeto por sacarles más el pelo. ¡Ay! Yo saco sus ojos lindos, que los tiene muy hundidos. ¡Ay! El correo a la guedeja parte a tirar de carrera. ¡Ay! Yo hallo corto aqueste brazo, y así le pongo la mano. ¡Ay! ¿Qué le parece el retrato, Juan Rana? Que yo soy el marco y tú la marcada. Si usted me pide los celos que suele, yo haré que pintado al punto le cuelguen. Muchas mujeres quisieran retratos de sus maridos por verlos colgados. A quien es simple y los celos conoce, ande la rueda y denle de coces. A quien da celos y finge cariños, ande la rueda y denle pellizcos. ¿Cómo pondremos al baile contera? Pidiendo perdones y andando la rueda.
