Texto digital

Texto digital de El baile de los oficios

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Agustín Moreto y Cavana
Atribución estilometría
No analizada No concluyente
Género
Entremés
Procedencia
El texto ha sido preparado por Iván Rodríguez Caballero.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Gómez Caballero, Iván. Texto digital de El baile de los oficios. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/baile-de-los-oficios-el.

EL BAILE DE LOS OFICIOS

Con el lucero del alba salgo a vender letuario, que, aunque es celoso mi jaque, gusta de lo naranjado. Por ser devoto mi crudo de los milagros de Baco, de hierro viejo una tienda ha querido que pongamos. Castaña enjerta cocida, que es de los viejos regalo, porque tras estas castañas van muchos rucios rodados. Mi galán, con el menudo, en los celos se ha templado, pues tiene por conveniencia que me tomen una mano. Aceitunas sevillanas vendo, a fuer de buen hidalgo, pues, de roerme los huesos, quedo con mejores cuartos. Con la naranja y las nueces, conservo con mucho gasto mi casa; y es porque, a prueba, soy mujer de bravos cascos. Cuando de nuestra ganancia los dos la cuenta ajustamos, se queja que en las partidas haya siempre muchos clavos. Cuando al tostador asisto, pasan chistes muy salados con mi mulato en la mesa, porque sé más que el Tostado. Mi bravo, por si le ofendo, me dice que, a pocos pasos, aunque cueste mucha sangre, lo sacará por el rastro. Las penas de pesar mal, como yo quiero las pago, que soy muy dueño del peso, pues tengo al fiel de mi mano. Muchas somos para un sitio. Comadres, todas a un lado, que habrá falta de narices, ¡por Cristo!, si me amostazo. Si yo me encrespo un tantico, las tripas, de un puntillazo, por la boca de la olla la echaré. Vamos a espacio, que, si embisto a la vasija, en la cara un redomazo llevará con la mistela. ¡No revolvamos más cascos! ¡Quítate allá, maquilona! Escarpinera de asnos, ¿tú conmigo? ¡Esportillera, regüeldo de mil lacayos! Comadres, ¿qué es lo que oigo? ¿No ven que lo estoy mirando y, si disparo una pesa de la pieza de mi brazo, sus cascos, con las dos libras, no saldrán muy bien librados? ¡Socorro, amigas, socorro! ¡Suelta, patona! Ya aguardo. No me tires los cabellos, pues son como el sol dorados. Con esas manos de hierro, por eso, quiero tomarlos. Mi comadre, la patona, ¿si anda en la refriega acaso? Mas ¿si en aqueste trinquete la zamba se ha empelotado? Mas ¿qué es esto? ¿A mi berruga las cerdas la están quitando? ¡Patona! ¡Ya voy, Colmillo! ¡Mi zamba! ¡Ya voy, Carrasco, porque esta mata de pelo en tu nombre nos pongamos! ¡Galápago de mis ojos, todo el pelo me han rapado! ¿Para qué traigo la chica? ¡De cólera estoy temblando! ¡Lo que hace el corazón siempre en los hombres bizarros! ¡Qué digo, vuélvanla el pelo! ¡Echadlo, amigo, al trenzado! Dame la daga, bien mío, que yo vengaré este agravio. ¡Toma, y tírale de veras! ¡Déjame con ella, Juancho! ¡Brunete, deja la chica! ¡Colmillo! ¡Tira de plano! ¡Afuera, o con el barril las volaré! ¡Señor Bolaños, teneldas! ¡Apartad, mandrias! ¡Leones son arrojados! ¡Que no se descubra un hombre que las meta en paz! ¡A un lado, cese el banquete de espadas! A los principios estamos. Pues llegan las aceitunas, no están sino muy al cabo. Usté ha cumplido muy bien. Muy bien las dos han quedado. Como se verá... En el peso aqueste duelo pongamos. Bien ha dicho: en las balanzas se ajusta lo más pesado. Pongo en ésta mi razón. Yo en estotra mis trenzados. Palabras y trenzas muestran que han reñido de buen garbo, porque los duelos de pelo siempre han sido muy delgados. Dense las manos. A ti te toca el tomar las manos. Encaja aquesa azucena. Dame el jazmín animado. De tus trenzas rubias no sientas la falta, pues ven que te sobran más de mil castañas. ¡Hala, hala, hala, vuelen tus cabellos, pues les damos alas! En las cerraduras nos muestras, bizarra, cómo es la herrerilla valienta de chapa. ¡Hala, hala, hala, con hablar tan tosco, es mujer limada! Yo quedo peor, pues sé que a mi casa me vuelvo en la cesta las manos lavadas. ¡Vaya, vaya, vaya, todos tus sucesos son de Sancho Panza! De moscas mis nueces se ven atestadas y así, sin canela, son nueces moscadas. ¡Hala, hala, hala, campe tu conserva ya con tantas alas!