Texto digital de El pastor Fido
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Antonio de Solís y Rivadeneyra, Antonio Coello y Ochoa y Pedro Calderón de la Barca
- Atribución estilometría
- Pedro Calderón de la Barca Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El pastor Fido. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/pastor-fido-el.

EL PASTOR FIDO
JORNADA PRIMERA
T. A A A IDS CEIDEdE S y A A a Y A V @ Bihoteco Nacionasde España A M @ Biblioteca Nacional de España @ Biblioteca Nacional de España @ Biblioteca Nacional de España Diedad, Cielos, piedad, que ya no puedo rendirme a más, que a confesar el miedo, y parece que os cuesta algún cuidado, hacer más desdichado a un desdichado. De su estado en el Templo se ha caído, pobre Mirtilo! Sátiro, qué ruido es el que hay en el Templo? Ay es un muerto, que decía un ejemplo, Mírtilo, aquel Pastor tan afamado, (honra de esta Región) hoy se ha informado del Oráculo, allá de sus pasiones, y como son los Dioses respondones, en viéndose endiosados, y tienen tantos humos de incensados, le habrán sin duda ahora respondido alguna cosa, que le habrá aturdido. Mírtilo ha sido? . El mismo; mas no sé si fue muerte, o parasismo: él andaba estos días muy entendido de melancolías, viendo dos mil visiones, y requebrando el aire en los rincones; y lo más lastimoso es, que padece un mal muy asqueroso. Qué mal es? Mal de amor, señora mía, hablando con perdón. Cómo es el día hoy de la ausencia de Dorinda bella, que se parte a la Arcadia, y yo con ella a festejar las bodas de su prima Amarilí; ese mal, que le lástima, no será mal de amor, sino de ausencia, que es amenaza de mayor dolencia. El otro por Dorinda? ya no la quiere, y ya de otra más linda Ninfa, que dicique vio en esa montaña, se enamoró el simplón: gentil hazaña! Tan malo es el amor? Digo, señora, que es un loco de atar quien se enamora. Tú siempre has despreciado las verdades de mi amor. Pues si en esas liviandades hablas, me iré. Por qué, Sátiro ingrato? Porque no le está bien a mi recato; que no hay humana ley que haya dispuesto, que el Sátiro sea siempre deshonesto. Nuesos senores padres han querido casarnos; pero yo lo he resistido, porque soy muy devoto de Diana, y tengo mucha gana de juntar de mi dote algunos reales para entrarme en las Virgines bestiales. Hay mayor bobería! casarte no es mejor? Señora mía, yo soy Pastor, y cabras he guardado, y muchísimas veces he notado sus travesuras, sus disoluciones, y lo que hacen sufrir a los varones. Pero qué es esto? aguarda, que parece, que otra vez en el Templo el ruido crece. Esto es morir, amigos, nadie impida el único refugio de mi vida. Su voz es esta, él ha resucitado. No le ves, qué confuso, y qué turbado viene allí con Dorinda, y con Carino, su viejo padre? Abriendo va camino entre la gente ya para escaparse, que estó resulta del enamorarse. Dejadme; ay tal rigor! Padre inhumano, cruel Dorinda, al Cielo soberano os oponéis los dos, con apartarme de mi visión? Que no quieras escucharme! Que a una mujer, que tanto te ha queri- aún no quieras oír! (do, Pese a mi oído; atención les pedís a mis enojos? no veis que toda el alma está en los ojos? Dulcísima enemiga, no te apartes: (dejadme que la siga) espera, si te obliga mi cuidado, que te llevas la vida, que me has dado; detente, si esta dicha te merezco, que me dejas la vida que aborrezco; pero ya la perdí de vista: ay triste! Ingrato Sol, qué presto te pusiste! toda mi dicha se ha llevado el viento; así te desvaneces, pensamiento! perdí mi bien, perdí mi compañía: con la vida te burlas, fantasía? Ay desdicha mayor! Ay mayor pena! Qué apostamos, que está la Luna llena? Pastores del Sacro Alpeo, Sátiro, Corisca, amigos, decidme si aquella Ninfa, aquel hermoso prodigio, que llevaba entre los pies arrastrando mi albedrío, ha pasado por aquí. Ninguno tal Ninfa ha visto. Y tú, Sátiro? Yo, sí; pero no me ha parecido albedrío, lo que arrastra, sino un senojil pajizo, de unos listones de paño, que suelen llamarse orillos. De aquese Templo de Apolo no salió ahora? decidlo: no me volvia a llamar? En sus ojos no habéis visto una piedad, que era imperio, y parecía cariño? Hijo, deja ya ilusiones, que no estás en ti. Mirtilo, no escucharás a Dorinda? No oirás a un padre afligido? Decid, hablad, qué queréis? Hijo. No me llames hijo. Tú, padre, (que este atributo a mi costumbre has debido) tú, padre, me has de poner en la garganta el cuchillo? Tú me diste el ser, y quieres robármele? o padre impío! si habías de hacer el robo, por qué hiciste el beneficio? Yo quitarte el ser? primero falte mil veces el mío: no sabes cuanta ternura me debes. Señor, amigo, advierte::- Calla, enemiga, y no me llames amigo. No fue amor, engaño fue tu amor: ya pasó aquel siglo en que vencias mirando, y triunfabas del vencido. No nos dirás lo que sientes? Ni hablarnos quieres, ni oírnos? Yo os diré mi mal, y no por lograr vuestros alivios, sino porque me dejéis como incapaz de sufrirlos. Por un extraño accidente a que me guio el destino, vi una hermosísima Ninfa, que me robó el albedrío; y aunque entonces tuve dicha de librarla de un peligro, con rendirme, y ausentarse, me pagó este beneficio. Quedé sin vida al perderla, y después (o sea prodigio, o ilusión, que más parece algún celestial aviso) una imagen suya traigo delante, entre mal distintos celajes, que ya me llama con imperioso cariño, y ya me dice piadosa, que tema el acero mismo de mi padre; esto vi ahora con irmado en el divino Oráculo de ese Templo, y asombrado mi sentido, empezó; pero qué es esto? aguardad, no habéis oído ese rumor espantoso? no veis el Templo vecino como forceja temblando con la tierra que ha oprimido? No veis la grande techumbre, que baja a ser con el ruido, unas veces pavimento, y otras veces frontispicio? No veis que se turba el Sol, y que ya en sangre teñido, de aquella parte arrebuja los horrores más vecinos, para que entrando en el aire el imperio del Abismo, le inflame con otros rayos otro Dios más vengativo? Grande Oráculo de Apolo, que con altos vaticinios revelas sin tiempo a el tiempo sus secretos escondidos: desengaña, la ignorancia de estos oyentes indignos, que escuchan en ilusiones la verdad de tus prodigios. Dime, irritada Deidad, quién amenaza mi suerte? Conducirante a la muerte tu padre, y tu voluntad. Mi padre, y mi voluntad? o fiera ley del destino! Habla a voces con el aire, más nosotros nada oímos, ni vemos de lo que él dice. Señores, pierdo el sentido; como el juicio le han quitado, habiéndole vuelto el juicio? Dejemos, por si descansa, que lidie unorato consigo, porque no hay pena mayor, que un consuelo intempestivo. Dónde está, Oráculo santo, este hermosísimo hechizo, que me ha muerto? no respondes? tan presto has ensordecido? Pero ya se ha serenado el Cielo; y el día, vestido de más luces, restituye al campo el verdor nativo. Dulces instrumentos sueñan; pero qué es esto que miro? ojos, gozad lo que os toca, sin estorbar los oídos. No tendrá fin el daño que os ofende, hasta que junte amor dos semideos, y de una infiel mujer los debaneos la alta piedad de un Pastor Fido enmiende. No tendrá fin el daño que os ofende, Dónde vas, sombra divina? no te entiendo, ya te sigo; pero la espalda me vuelves? otra vez de mis gemidos te apartas? tanto veneno tiene un infeliz consigo, que cuando truega, no informa, sino hiere los oídos? Entre las ondas de Alfeo se arrojó, y se ha sumergido, dejando con nuevas luces su cristal más cristalino. Hay más rara confusión! Hay más extraño delirio! Ya estaréis desengañados: ya, Dorinda, ya, Carino, habréis visto estos portentos: decid ahora, que finjo idéas: decid que mienten las voces de mi destino. Mirtilo, nadie te entiende; nosotros nada hemos visto. Si das a tu error licencia, vendrás a perder el juicio. Déjame, padre cruel, que ya parece que miro en mi garganta la sungre, y en tus manos el cuchillo: Déjame, Dorinda ingrata, que ya con no sé qué instinto, me parece que eres tú quien me conduce al suplicio. Yo me resuelvo a dejaros, y por incierto camino acercarme a la fortuna, o alejarme del peligro. Así pagas lo que debes? Así te apartas, Mirtilo? A un padre que te ha criado? De ima mujer que te quiso? Qué te debos? qué te debo? a ti, padre, el nacer hijo de un Pescador, con alientos tan heroicamente altivos, que quisiera, para ser, conseguir el no haber sido. Ah si pudiera decirte un secreto! mas qué digo? callando obedezco al Cielo, y muriendo haré lo mismo. Y a ti, Dorinda, el prendes estos naturales bríos de mi espíritu bizarro, con el mísero artificio de unos hierros, que se forjan; y se arrastran sin sentirlo. Ah si pudiera quitarte la vida! mas qué imagino? hoy me partiré al Arcadía, y la ausencia hará su oficio. Helide, patria enemiga, Alfeo, sagrado río, montes, que me habéis criado, campos, que me habéis sufrido, padre, que de un hijo solo. eres impropio enemigo: Dorinda, a quien quise un tiempo arrastrado, o conducido, a Diós, que el Cielo me manda, que me entregue sin arvitrio al rumbo, por donde van las huellas de mi destino. En fin, me dejas? . Es fuerza. En fin te vas? . Es preciso. Pues yo sabré lisonjear con mi muerte tus desvíos. . Pues yo sabré castigar tu sequedad con mi olvido. Yo vagaré por el mundo hasta hallar al dueño mío; o encontrar con el sosiego en el último suspiro. Buenos van, Corisca, veslo, esto es amor? ahora digo, que he de ser virgen bestial, aunque me muera de frío. Trátame como quisieres, que aunque te precies de esquivo; yo me parto hoy al Arcadia con Dorinda, y es preciso sentir tu ausencia. . También pienso seguir a Mirtilo, porque he comido su pan; pero no pienso sentirlo. Y no me permitirás, que pueda el afecto mío quererte bien desde lejos? Aunque no es bien permitido; como sea con amor patónico, lo permito. Qué es amor patonico? Eso ignoras? Jamás ese nombre he oído. Yo no sé lo que es, empero sé lo que no es. Pues dilo. Amor patónico, amiga; es une encantos agostizo, que no es voluntad, ni es odio; que no es pena, ni es alivio, que no es carne, ni pescado, que no es desdén, ni cariño, sino otra cosa, la cual, sin ser virtud, ni ser vicio, anda invisible, a manera de feligrana dé vidrio; y aunque no es Cielo, ni Infierno; y es algo menos que Limbo, diz que está en ella penando, sin tener calor, ni firo, el alma de Garibay, por los siglos de los siglos. No es más fácil olvidarte? Usted lo ajuste consigo. Pues a Dios, que yo sabré. vengarme de tus desvíos: yo te arrojaré del pecho, y en tu lugar, descreído, pondré al primero que viere, y si hay más lugar vacío pondré a dos, para que cobres el tercio de lo caído. Oigan la mujer! por Dios, que el respeto me ha perdido. De esta manera nos tratan, y luego dirán, que fuimos ingratos, sir las dejamos, y nos harán soneticos de quejas, en que nos llamen arroyuelos fugitivos. Pastores, que en las montañas. de Arcadia seguís mis huellas, sin poder sumar en ellas el número a mis hazañas. Vosotros, que en las riberas de Alfeo, me habéis seguido, ya dé las fieras temido, ya acosado de las fieras: y habéis visto al fatigarlas. en las venatorias lides, mi destreza en los ardides, y mi fuerza en las batallas. Seguidme ahora: venid a librarme de un cuidado; que nunca me habéis hallado. en más peligrosa lid. Libradme de la escondida violencia de una beldad, que ofende mi libertad, que es algo más que mi vida. Silvio, qué es esto? Señor, dónde vas? Aguarda, espera: Hoy, que es la estación primera de las dichas de tu amor; hoy, que la Arcadia pública tus bodas, y sus ventura; hoy, que la rara hermosura de Amarilí se dedica a ser tuya, para ser refugió de esta región, de cuya desolación fue artifice otra mujer, Dejas el vanquete? rompes la fe solemne que has dado? y con tu fuga, o tu enfado los festines interrumpes? dejando a tu triste esposa, (que tu sequedad acusa) o bienellorosa, o confusa, o bien confusa, y llorosa: qué es esto, Silvio? . No sé, Dónde vas? A ser quien soy. Vuelve en ti. . Sin vida estoy. Qué sientes? . Yo lo diré. Confieso, padre, y señor, que el ser de Amarilí esposo hiciera mi amor dichoso, a haber nacido mi amor; pero yo (que me he criado en las selvas, persiguiendo las fieras, y entre el estruendo belicoso, que han formado cuando se eleva, o se abate sobre la garza el neblí, cuando gruñe el jabalí, el León ruje, el perro late) he de vivite oprimido en la cárcel de unos brazos, que más que del hombro lazos, son prisiones del sentido? Yo para lún pacto villano la mano ahora he de dar, que es lo mismo que arrojar mi libertad con la mano? Yo he de idolatrar rendido los ojos de una mujer, y cuando puedo vencer, enseñarme a ser vencido? eso no, padre, perdona; porque el yugo no sufriera, aunque en el yugo viniera enlazada una Corona. Una fiera en ti engendré; mas si yo he sido otra fiera, . que a un hijo por la severa ley del destino arrojé en la cueva portentosa de Ericina, qué me espanto de ver en otro hijo tanto? que mi impiedad rigurosa, por no quitarlo la vida, (porque más mi dolor fuese) le arrojé donde él muriese. Ah piedad mal entendida! o quien borrar esta historia con el olvido pudiera! Lloras? No sé: Oh si naciera . un infeliz sin memoria! Ves que mi inculta aspereza aún con la razón no domas, y para vencerme tomas las armas de la flaqueza? no llores, que te condenas a que te deje si lloras. Si lloré, dejad, Pastoras, que salga a decir mis penas. Que lloréis, y lloren cuantos supieren mi poca dicha, que para tanta desdicha, aún no bastan muchos llantos. A toda el Arcadia el Cielo castiga conmigo, y ver padeciendo padecer, es miserable consuelo. Antes crece mi agonla viendo que es común la pena, y me aflige como ajena mucho más que como mía. De un padre, y de una mujer entre dos llantos estoy casi; pero dónde voy? Ojos, si os estorba el ver, volved a mi inclinación, que enternecerme, no quiero, y os sabré sacar primero que os entienda, el corazón. Ya, Silvio, de mi amoroso empeño no te he de hablar, ya sé que enseñna a negar el que ruega temeroso; y así, solo tu atención pido por un breve rato, que sin faltar a lo ingrato, cumplirás con mi razón. Di, que ya se han reprimido mis naturales enojos; mas yo cerraré los ojos, y cuidaré del oído. Pues escuchadme, Pastores, y veréis por qué rodeos han llegado mis deseos a sufrir estos rigores. Diez lustros habrá cabales, (si no engañan las Historias) que una mujer de la Arcadia, (cuya infelice memoria impresa con sangre, apenas con nuestro llanto se borra) faltó a la fe de su esposo, manchó el tálamo, y la honra de Tirsi, (que entonces era Sacerdote de esa Antorcha, que iluminando la noche, viene a ser Sol de la sombra) y por el justo Decreto, que ordenó la misma Diosa, fue conducida a sus Aras, para ser víctima impropia, que lavase con su sangre la mancha de su deshonra: y porque en los sacrificios (según nuestras leyes) toca al brazo del Sacerdote la cruenta ceremonia, vio Tirsi a sus pies rendida a su hermosísima esposa; y como aún el agraviado a la hermosura se postra, siempre que la voluntad se aparta de la memoria, tres veces levanta el brazo para herir a la que adora, y tres se le cae la mano, sin que el brazo lo conozca; pero venciendo el amor, (que arrebata al que aprisiona) vuelve contra si la punta, y con ira más heroica hiere allá en su corazón a la ingrata, que le enoja. Murió en fin, y de esta muerte (que fue del amor lisonja) resultó (quizá por eso) la indignación de la Diosa de la Castidad, que vio atado a Tirsi en la pompa de los triunfos del Amor con cadena ignominiosa. Cubriose el Cielo de nubes, vistiose el aire de sombras, murió el Sol por aquel rato, o se le apagó la antorcha. Rompió la cárcel el viento, y con furia sediciosa llevó tras si tan ligeros los troncos, como las hojas. Flejible la tierra, mezcla las casas, y las personas; y al más pesado edificio le niega el centro, o le arroja. A tanto asombro, sucede la plaga más horrorosa con que el Cielo nos castiga, cuando su piedad se enoja. No sé qué constelación malignamente inficiona el aire, de suerte, que es la respiración ponzona. El hombre es el basilisco del hombre; su vista sola, o su contacto, más fiero destruye su especie propia. Siega a vulto las humanas mieses la guadaña corva, bara ando la cizaña con la espiga, y con la rosa. Muere el Médico primero que el enfermo; la piadosa madre desampara a el hijo, en medio de tal congoja. Todo es dolores el cuerpo, el alma toda es zozobras: válgame Dios! qué batalla de la materia, y la forma! De muchas voces confusas se compone una voz sola, que, o no dice lo que quiere, o dice misericordia. El hombre se vuelve al Cielo, gran de es el mal que le ahoga, que cuando es leve el castigo, hacia otra parte solloza. Oyó el Cielo los clamores de nuestra Arcadia, y la Diosa mandó, que todos los años con superstición devota, diese la vida en sus aras una de nuestras Pastoras. Y no contenta con esto, hizo una ley rigurosa contra el infelice sejo de la mujer, en memoria de aquella primera ingrata, que tanto daño ocasiona, mandando, que cualquier Ninfa, que la fe a su esposo rompa, o manche, en sus mismas aras el cuello al cuchillo ponga, si con otra humana vida no puede comprar la propia. Medió siglo se ha pagado esta pensión afrentosa, hasta que nuestra aflicción con nuevo fervor invoca a Diana; y tú, Nicandro, como Sacerdote, tomas la voz del Pueblo, y mereces, que el Oráculo la oiga, la admita, y se compadezca, y de esta suerte responda: No tendrá fin el daño, que os ofende, hasta que junte amor dos semideos, y de una infiel mujer los debaneos la alta piedad de un Pastor Fido en- (miende. Este vaticinio santo obliga a la Arcadia toda a que ponga en mí los ojos, (como indigna succesora de la gran Deidad de Arcadia) y también a que los ponga en Silvio, que por tu hijo la sangre de Alcides goza, juzgando que ha de cesar la calamidad penosa de tantas calamidades el día de nuestras bodas: Y yo, que de nada estaba mas lejos, que de la ociosa política, con que Amor lisonjea al que aprisiona: di licencia a los primeros afectos de esta alevosa pasión, que son las centellas de que su incendio se forma: (si a ser incendio llegaron en mi pecho, poco importa publicarlo: así no hablaran mis ojos con lo que lloran) Silvio, en fin, me dio de esposo lla fe, y yo le di de esposa algo más, pues se la di sin violencia; (aquí se ahogan mis palabras con mi aliento, que hacia el alma las revoca) pues el día en que himeneo, siguiendo la nupcial pompa, tuvo encendidas sus téas para ilustrar nuestras glorias, permite el amor, que airado Silvio, con las manos rompa el dulce yugo primero, que en la cerviz se le pongan. Pastores, Ninfas, Nicandro, Silvio, (ah traidor!) lo que ahora discurro, no es en mi queja, sino en vuestro bien, que importa mas, que mi vida, aunque fuera mi vida más venturosa: según la voz de Diana, cesará vuestra zozobra el día que amor uniere dos amantes de la heroica estirpe de nuestros Dioses: Amor lo es también, y estorba mi dicha; si esto no fuera contra lo que el Cielo informa; no contradijera un Dios lo que aconseja una Diosa. otra, sin duda, otra Ninfa, o más noble, o más dichosa, es la que merece a Silvio, y la que los Cielos nombran, buscadla, Pastores míos, aunque las selvas la escondan, que no quiero que compréís i fortuna a tanta costa. Esto mi razón os pide, a esto mi amor os exhorta, y esto mi piedad os dicta: que yo ofendida, quejosa, y despreciada, sabré sepultar en la más honda región del alma estas penas, por no turbar esas glorias. Y ahora me iré a llorar, donde nadie reconozca estas lágrimas infames, que ya a los ojos se asoman, cuando debieran quedarse heladas donde se forman. . Escucha, Amarilí, espera. Tente; dónde vas, señora? Seguidla, porque no acabe con su vida su congoja. Seguidla, y no la llaméis, que si vuelve tan hermosa, y tan elocuente, hará que mi corazón la oiga, y le arrojaré del pecho, si veo que se apasiona. Y tú no la sigues? . Yo? antes el huir me importa, que quien llega a batallar con una mujer que llora, solamente con la fuga conseguirá la victoria. Pues qué intentas? . Yo? seguir mi inclinación belicosa. Plegue al Cielo, que de amor el blando yugo conozcas. Calla, no pronuncies, padre, lo maldición tan rigorosa. Dioses, corregidle, o falte esta vida que me sobra. . Selvas, amparadme, y mueran estas villanas lisonjas. A caza se va este novio por solo huir de la novia; y no hace mal, porque el ir a caza, (si bien se nota) o nunca es fiesta, o es fiesta para el día de la boda. Linda tierra es la Arcadía, y lindamente por el río siguiendo la corriente, en dos Barcos sin riesgo hemos venido, Dorinda este festín ha prevenido para las bodas de Amarili hermosa, que es su prima, y con Silvio se desposa, y quiere entrar de máscara, y de danza a darla el parabién. De aquí se alcanza a ver su Barco, que algo atrás venía. Ya a la orilla abordó. Yo no quería ver la fiesta: mas yendo tras Mirtilo, que iba llorando un hilo, y otro hilo, por la visión de que anda enamorado, huyó de mí tan ciego, y arrojado, que en la pobre barquilla de un Pescador, que estaba allá en la orilla, como cosa entregada a la carcoma, viene; y qué hace? toma, y déjase llevar el río abajo; y yo, que me aturdí de su trabajo, después de hacerle en voz una protesta, tómo, y qué hago? vengome a la fiesta. Pues ya que aquí los dos solos estamos, es menester que un poco nos oigamos, mientras llega la gente. Oigámonos por cierto atentamente; pero has de hablar de amor? No será mucho. Protesto que te oigo, y no te escucho. Señor Sátiro, usted en Helide nos hacía la vista de señoría; y la vida de merced. A su desdén, y a sus fieros, fe a falta de hombres guardé, que es muy fácil guardar fe donde hay falta de corderos. Ya a la Arcadia hemos llegado, que es la Corte pastoril, donde es el amor redil de muchísimo ganado. Aquí tengo yos un garzón conocido, por lo menos, que ama con rayos, y truenos, y se llama Coridón, Si adelante ha de pasar nuestro amoroso placer, y ha de olvidar el comer, o ha de enseñarse a tragar: No ha de ver mis trampantojos. si quiere aumentar sus bienes; y si dolieren las sienes, ponerse un parche en los ojos: Y en fin, si esto ha de durar, ha de ser vuesa merced como pintura en pared, que adorna sin estorbar. Celos me das atrevida? hay mayor disolución! quieres que la tentación se ría de mi caída? Con celos? vano desdén! pero honor, volved por mí: Coridón se llama? . Sí. Uñas tiene el quedar bien; porque si él no fuera hombrón, se llamara Coridito, y no puede ser chiquito quien se llama Coridón. O el deseo me ha engañado, o he visto a Corisca allí: Corisca? . Amigo? Helo aquí, por Dios que se han abrazado; no sé qué diablos es esto, que yo no podía verla, y ya me inclino a quererla: Pensamiento deshonesto, detente, que ya te has ido en casa de Bercebú, vesme sin sentido, y tú quieres estar con sentido? Quién es este? Qué partida! Es un Pastor. . Sí señor, dice bien, yo so el Pastor, y ella la oveja perdida; mas si dijere que es cosas mías, sepa usted, que miente, y sepa que soldemente es una de mis quejosas. Si Dorinda no viniera, yo supiera castigarte. Qué querías, alabarte, y que yo lo padeciera? Venid todos, que ya es hora de que la fiesta ensayemos, para que con ella entremos a ver Amarilí ahora; y para que este contento dé más gusto al parabién, tú, mi Corisca, preven el tono, y el instrumento. En ala todas, y cuando llegue la copla tercera, partiré yo la primera, y el primer coro bailando me seguirá, y al primero el segundo, y los demás: cuidado con el compás, que es este ensayo el postrero. Al día más alegre, que ha visto el tiempo, ven, Amor, ven, fortuna, ven, himeneo, Las tres gracias no vengan, que siendo tantas las que tiene la novia, son pocas gracias. Las dichas de Amarili cantad, Zagales, y el aire se las lleve, pues son del aire. Qué dichas decís? qué dichas de Amarilí? los pesares decid; y si al pronunciarlos os duele, callad, Zagales; y esas dichas que pasaron, antes de perficcionarse, el aire se las lleve, pues son del aire. Pero qué miro! Dorinda, tú vienes a acompañarme en mi tragedia? . Amarilí, qué es esto? tus ojos salen llorosos a recibirme, cuando vengo a festejarte desde mi vecina Patria con esos coros nupciales? Yo lo estimo, pero ya no es tiempo de fiestas; dame los brazos, y vete luego, que si no quieres dejarme, enfermará tu fortuna del contagio de mis males. Quién te buscaba en las dichas, también sabrá acompañarte en las desdichas: Pastores, debajo de aquellos sauces esperad. . Luego lo dije: desjarretonos el baile, mas qué anda el amor aquí? bien hago en no enamorarme, sino en ser un mancébito preciado de libertades. Ya estamos solas, ya puedes dar licencia a tus pesares: callas? . Ay prima! un agravio se renueva al pronunciarle. Tu agraviada? . Yo agraviada. Qué puede haber que te agravie? Has tenido amor? Ay triste! Suspiras? ya confesaste, que en la escuela del amor no se aprende otro lenguaje. Amor tengo, pero amor muy desdichado. . No hables en desdichas del amor donde yo pueda escucharte. Nadie la corta fortuna de mi amor iguala. . Nadie? triste cosa es competir en las infelicidades, pero más triste es vencer, y siempre vencen mis males. Sabes lo que son desprecios de un hombre ingrato? Eso sabes? llégate más, que no sé que parentesco contraón dos corazones enfermos, que adolecen de un achaque. ̱ . Valedme, Diases. Qué es esto? Cielos santos, amparadme. No ves, Dorinda, no ves con qué furor se desase su corriente de este río de los preceptos del margen? De sus límites Alfeo ha salido en un instante, y con sus ondas usurpa la jurisdicción del valle. Un hombre (ay mayor desdicha!) no le ves? un hombre sale de entre aquellos dos peñascos, cediendo a los uracanes en una pobre barquilla. Ya con ímpetu arrogante la resaca, hacia la tierra le arroja: Cielos, libradle. Valedme, Dioses, no siempre a un triste la tierra falte, pues no es contra la desdicha el que cayendo la abrace. Levanta, joven, levanta del suelo, que ya escapaste. Quién eres tú, que la mano das a un hombre miserable? que arrojado: mas qué miro! tú aquí? tú, prodigio amable, me das la mano? ay amor! ya que los ojos burlaste, tienes también ilusiones para que el tacto se engañe! Qué sientes? . Déjame un poco, que el pasar en un instante de los males a los bienes, es un bien intolerable. No es este Mírtilo, Cielos? . Mírtilo. . Hay más raro lance! tú aquí, Dorinda, también? de donde a oponerte sales a mis dichas? ahora digo, que es mal menos tolerable el pasar en un momento de los bienes a los males. Cielos, no es este el Pastor, . que tan osado a librarme de aquel riesgo se arrojó? sin duda es él; mas delante de Dorinda no conviene darme a conocer, ni hablarle en lo que debo a su esfuerzo; porque aunque no fue culpable el riesgo, hay en él razones para que el riesgo se calle. O no me conoce, o finge no conocerme: tan fácil es olvidar beneficios, porque un infeliz los hace! mas sin duda por Dorinda no quiere hablar de aquel lance tan aventurado: ay triste! siempre hay algo que embarace mis dichas, y aún no son dichas una vez que son verdades. Con rara atención se miran, como que se han visto antes: . Ah traidor, no tienes ojos para mí? pero delante de Amarilí no es bien dar ocasión a sus desaires; ya se llegara su tiempo, sufra el corazón, y calle. Bueno me ha puesto el amor . entre dos extremos, que hacen contraria violencia a un tiempo al corazón vacilante: Allí mis penas se aumentan, ̱. aquí se alivian mis males, allí mueren mis afectos, aquí mis suspiros arden; y tu amor, cuando allí rompo tus hierros para librarme, aquí con nueva prisión me rindes, quieres que calle? sin permitir a un cautivo aquel triste son que hace con arrastrar las cadenas de una cárcel a otra cárcel? Con raro afecto me mira, . y parece que al mirarme me persuaden sus ojos a que en sus prendas repare: Ay Silvio, si tu supieras mirar así! Ambos semblantes mienten, o es más que atención esto que en sus ojos arde. Forastero Pastor, dinos como a la Arcadia llegaste? Señora, el sagrado Alfeo, donde se arrojó la imagen de un bien que sigo, me ha puesto con ímpetu favorable a tus pies: que por Dorinda . no pueda yo declararme! Cielos, si será Amarilí . la causa de mis pesares? porque esto es hablar sin voz, y pasa ya de mirarse. Ya que amor cierra mis labios, porque su ardor no se éxale, . por la voz (dulce enemiga) no entendieras el lenguaje de los ojos? otra vez con los ojos persuade a que yo; mas dónde voy? necias ideas, dejadme: Hombre, cualquiera que seas, a raro tiempo llegaste, pues cuando acabo de estar irritada de otro amante, vienes a que yo coteje tus prendas con sus desaires! mucho me importa el huir primero que aquí me arrastren impulsos que son violentos, y parecen naturales: vamos, Dorinda, de aquí. Bien dices, vamos, que es tarde; apartarlos me conviene. . Él no volver a mirarlo es el remedio mejor. No esperarás un instante? así me dejas, ingrata, a solas con mis pesares? Dices a mí? Hablas conmigo? No lo sé: entrambas dejadme sufrir, y callar afectos: a ninguna mi inconstante fortuna llamaba ingrata. Sentí que así me llamases, y ya conozco, Mirtilo; de qué fortuna mudable te quejas: guárdete el Cielo. Extrañé que así me hablases, y ya siento que te enoje tu fortuna: Dios te guarde. Celos, mucho os atrevéis, . siendo enemigos cobardes. Valor, mucho has desmayado . en este primer examen. Amor, mucho, te acobardas . para tanto como ardes. Pero yo sabre vengar con mis iras tus desaires. . Pero yo para vencerme, de quien soy sabré acordarme. . Pero yo sabré granjear, firme, rendido, y amante, que por mi fidelidad el Pastor Fido me llamen.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Quédese la barquilla varada en el regazo de la orilla, y de ese troficoatada; (aún más que de la cuerda) asegurada de la playa serena, sobre la fel descanse de la arena. Aquí por donde Alfeo entra en el mar, y el líquido himeneo buscandó de Aretusa, sin permitir, que en el amor confusa le mezcle su corriente, bajel de plata intrépido, y valiente navega el golfo, a su Aretusa llega, donde mezcla el cristal; y Amor le ane- Aquí, pues, breve estrecho (ga. de mar se forma; y de tan corto trecho, que la vista le mide, mo con que Helide de Arcadia se divide. Oh Arcadia! a ti he venido en demanda de un hijo que he perdido. Hijo Mirtilo, en esta misma parte te hallé la vez primera, aquí he de ha- Esta cueva profunda, (llarte. que cuando crece Alfeo, de él se inunda, fue por donde arrojado de la resaca; y de su boca echado, te hallé, y con señas tales: mas o memoria! de mi bien te vales? será darme la muerte: di, no tienes harto en los males, sin buscar los bienes? De hermosas caserias, (que de Alfeo, y jadón las ondas frías baten) está poblada esta selva, y en fábrica elevada frondoso Templo allí se mira enfrente. Mas qué rumor festivo dulcemente de Ninfas, y Pastores, tejiendo bailes, y sembrando flores, discurre el valle escuadra peregrina? parece, que hacia el Templo se encamina: saber la causa! quiero, a la puerta del Templo los espero. A las fiestas de Venus divina, que Arcadia celebra, Pastores, llegad, venid, llegad a ofrecerla guirnaldas de flores; solo llegué quien sabe de amores, y oíd lo que avisa la Diosa inmortal, Aviso, y pregono, que lleguen los amantes, los amantes solo; y el grosero que de amor no sabe, no venga, no llegue, deténgase, aparte, que el que ignora su dulce rigor; ofende, y profana la madre de Amor. Cómo? torna (con licencia) a repetir, pues es corta la copla. . Por qué? Me importa para un caso de conciencia. Que el que ignora, Quédense ustedes con Dios, que no puedo concurrir. Por qué? no te has de ir, concurre. Concurrid vos; las fiestas no puedo ver. En qué tu opinión se funda? En dos causas, la segunda, en que yo no sé querer. Por la primera empezad, que es de mejor gradnación. Pues hablo yo en procesión, para ir por su antiguedad? La segunda causa Je por mi condición severa, no es verdad? . Sí. Y la primera? La primera no la sé. Que quieras a este simplón mas que a mí! fiero pesar! Que cueras tu ajustar el gusto con la razón! Cuando aquí todas te aclaman, te vas, Sátiro, enefeto? Corisca, yo no me meto jamás donde no me llaman. O si la madre de Amor vengase en ti lo que lloro! Yo siento acá en mí, que ignoro su dulcísimo rigor: Solo los amantes hallo que llama, y no hay que dudar: no tengo en esto de amar más animo que un caballo. Como un Nerón de este modo, si la honestidad me toma, veré abrasar una roma, y una narigona, y todo. Qué gustes de esto, bellaca! Corazón de piedra tienes. No hay que tratar, van desdenes de mí, como de una vaca: voyme. . No te puedes ir. Por qué? . Porque allá dentro se están eligiendo ahora los tres oficiales nuevos para estas fiestas; por sí te toca a ti alguno de ellos, has de esperarte. . Pues yo soy sastre, ni zapatero, que me han de hacer oficial? Ay tal simple! que no es eso, los tres oficios son:: . Diga. Alcade. . Alcade? No es bueno? Helo sido muchas veces, y quisiera incienso. . Ascenso dirá: el otro oficio es (mientras las fiestas hacemos) ser Sacristán de la Diosa. Aquese si que es ascenso. Mas no dura más que un mes, que dura la fiesta, y luego espira. . De un mes espira? qué lástima! . Si por cierto, deben de darle viruelas como a niño. . Y sin remedio. Sacristan de un mes, que espira, irase al Limbo derecho. El tercer oficio es::- Cuál? . Él de Prior. Fuego. En qué lengua está ese oficio? Derívase del Caldeo, y del Tudesco mazcado. Pues dénselo al tabernero. Por qué? . Porque cosa que se deriva del Caldero, y de Tudesco, será vino aguado, y no le quiero. Si te tócate la suerte, será cosa sin remedio, porque es carga Concejil, y eres vecino, aunque nuevo. Ya las suertes han salido. De dó salen? De un sombreto, que de allí las saca un niño. Pues no hay Doctor en el Puebro? Sí. . Pues a él le tocaba sacarlas. . Pues a qué efecto al Doctor? . Porque es Doctor. Vitor Bato, vitos Bato. Qué oficio? Alcade el primero. Temblando estoy no me toque. Victor Sátiro. . Qué dicen? Proboste soy, esto es hecho. Vitor Sátiro. En qué oficio? Viva el Sacristan. Laus Deo. Sacristan? brava Prebenda! Es oficio de mi genio: digo, en Arcadia hay bodigos? Para qué? . Para comerlos. Los Pastores de la Arcadia, ni comemos, ni bebemos, todo es amar, suspirar, y cantar. Pero en muriendo no se les ponen bodigos contra la hambre que tuvieron, como a los demás oficios? No señor. Pues según eso, cantarán, suspirarán, y amarán después de muertos? Vitor Coridón. Qué escucho! Viva el Prioste. Me huelgo. Yo Prioste? hay tal desdicha! Pues no es buen oficio? Bueno: pero está en costumbre, que le dé una comida al Pueblo, y yo soy pobre: esta suerte estaba puesta. . Ay fulleros en Arcadia? . Ay tantas flores, que no dejará de haberlos. Si la suerte te ha tocado, será cosa sin remedio, porque es cargo Concejil. Yo con gasto tan tremendo? Qué oasto, si en el Arcadia por aprensión comemos? gasta tu por aprensión, se te dará poco deeso. Hh dado famoso arbitrio, con pabos de pensamiento, perdices de fantasía, de imaginación rellenos, y todo aquesto guisado con suspiros, y con versos, y cátate la comida. No traigan más, que reviento, que todo me lo he comido sin sentir, como es tan tierno. Ea, el baile se prosiga. Vamos cantando; y tañendo. Hacia dónde va la danza? A aquese portatil templo, que junto a la cueba misma donde fue ofendida Venus, tejido de hojas, y ramas, fabricó dentto afecto, porque más cerca del daño aplique la fe el remedio. Pues no dicen, que una boda, recetada desde el Cielo, era unguento de estos males? Sí, más vase suspendiendo sin haber por qué, y el hado se verificaba en ellos; porque la bella Amarilí, por legitimos abuelos desciende de Pan. . De Pan? pues casémosla con queso. De Pan, piedad de la Arcadia, que al primor de su instrumento trajo suspensa a la Luna, de quien era amante ciego, hasta su cueva, y allí, triunfando de sus desprecios, se burló de ella. . Ah buen Pan! A esto llaman han de perro. Y Silvio de quién desciende? Silvio es generoso nieto de Alcides. . Y esos son Dioses iguales? . No, un poco menos: Semidioses. . Semidioses? Son los Vizcondes del Cielo. Prosiga la fiesta, vamos. Y al Sacristan (por saberlo) qué le toca? . Qué le toca? cuidar del Altar de Venus, y sacudiéndola el polvo, irla perdiendo el respeto. Pues el baile se prosiga. Vamos cantando, y diciendo: Que el que ignora, Celebrad con puro celo las fiestas de la gran Diosa, y vuestra fe Religiosa aplaque ofendido al Cielo. Mitiguen ya su rigor los males, que a nadie afligen, y su sacrílego otigen borre vuestra fe. . Señor, qué festivas alegrías, y que alborotos son estos, que toda la Arcadia ocupan? Pastor, que bien forastero te muestras en la pregunta, son las fiestas que hace a Venus todos los lustros Arcadia, por templar el sacrilegio de aquella adúltera Ninfa, que violó la fe al supremo Sacerdote de Diana. Pues por qué los votos vuestros son a Venus, si es Diana la ofendida? . El adulterio se cometió en esta cueva, que fue consagrada un tiempo a Venus, y ahora Diana detiene el nombre en su centro, que daba cultó a la Diosa, y su Oráculo en misterios ia od daba respuestas divinas; mas hoy de asombros, y miedos es un albergue horroroso: qué voces se escuchan dentro? Atiende. . Ay de mí! . Qué voz es esta? Qué triste acento me asombra? Padre cruel, . por qué me matas? El Cielo me valga! De mármol soy. Todo me ha cubierto un hielo. Si fue ilusión? . Si fuelengaño? Oh fuerza del pensamiento! lo que me dijo Mirtilo alpartirse, en debaneos me finge la fantasía. La idea de lo que pienso, me hace imaginar que escucho. Detén, detén el acero. Ya esto no es imaginado. Ya no es ilusión aquesto. Conmigo estas voces hablan. Contra mí estas voces fueron. Quiero examinar lo que es. Yo lo averiguo, aunque temo es causa de mi delito. Este puñal: . Este acero: mas qué es esto? . Entre las ramas un hombre rendido al sueño está aquí, y él es: despierta. Despierta. . Aguarda, sangriento homicida de tu hijo, no ejecutes: mas qué veo! detente: o cruel decreto del destino! espera, aguarda: yo obedezco, yo obedezco la sentencia de los hados. Pero (válganme los Cielos!) qué fuerte aprensión! hijo, hijo, aún soñando está. . No es sueño, avisos son de los Dioses: de mi padre voy huyendo. Hijo, hijo. . Padre, padre. A los dos un nombre mismo, y los dos un mismo nombre? Yo lo soy. . Yo lo parezco, con lo que teme de mí. Ciego temor, a quién temo? de dos aceros confuso se forma contra mi cuello un golpe, que es tan distinto, oY hi que vacilando el recelo, no saber a cual declararle; y como obediente acero, llamado en igual distancia de dos imanes a un tiempo, aquí temó, allí me asombro, porque igual mezclado el riesgo, conozco que está delante, pero donde está no veo. Qué hacías entre las ramas? Rendido de mis desvelos, me hurtó el sueño un breve rato porquietar mis pensamientos: si bien en especies mudas me volvió al prodigio bello que adoro; mas tan mezclado este bien con los agüeros, que me asombran de un cuchillo, que esgrimo contra mi cuello. Hijo, sosiega, hijo mío, perdido de pensamientos, y hallado de mi cuidado. Es vuestro hijo, buen viejo? Si señor, y huye de mí. Pues por qué, ingrato mancebo? Porque en él mi muerte miro. Porque locos debaneos me le ausentan de mis ojos. Porque me avisan los Cielos, que ha de matarme. Oh dichosos! dichoso estado es el vuestro. Dichosos nosotros? . Sí. Dichoso, cuándo esto temo? Dichoso, cuando de mí se teme un caso tan feo? Sí; que mal tan comedido, que da por venir el tiempo, no es desdicha, si no aviso: luego dichosos os veo. Tú, porque temes, y huyes, te dan lugar para el miedo; y tú, en que huyendo, te quita la ocasión de cometerlo. Qué importa, si ya me agravia con las infamia del recelo de que doy muerte a mi hijo? Padre pudo haber tan fiero, que mate a un hijo? . Sí, sí. Cuando lo avisa en misterios el Cielo? . Esa es ilusión. Cuando lo mando el decreto del hado? . Nunca lo malo se ha mandado desde el Cielo. Cuándo horrores le amenazan? Despreciarlos, es vencerlos. Cuando los Astros lo influyen? Si me inclinan, yo no quiero. Cuándo agüero lo confirma? Son liviandad los agüeros. Cuando influyen, invisibles lo disponen así. . Ese imperio fuera contra el albedrío, que aún no reconoce al Cielo jurisdicción; y si Dios se reservara ese imperio, no merecieran los hombres con lo malo, o con lo bueno. Calla, calla, que penetras con tus razones el pecho, y más cercano a los Dioses, que yo, sabes entenderlos. Calla, que con tus palabras pronunciando estás veneno contra mi triste memoria. Yo callaré si os ofendo; adiós, hijo, pues me huyes! a mi pobre albergue vuelvo, que hallarás siempre seguro. Son otros mis pensamientos. Oh humilde Pastor! que humilde tu santa dostrina entiendo: tarde tu ignorancia he visto! Muera yo, que en daño incierto, por curarle amenazado, le anticipé verdadero. Oh Mírtilo, que obstinado entre vanos pensamientos, el amor de un padre olvidas! muera yo, pues de tu pecho, donde sembré beneficios, cosecha de agravios llevo. . Vete, estorbo de mi amor, que reparto el pensamiento, el temor, tu muerte, y todo, para estotro mal le quiero. Ásperos Montes de Arcadia, ondas del sagrado Alfeo, pues sois palestra de amor, pues sois campaña de celos, pues sois teatro, en que tantas transformaciones se han hecho, amando Dioses, y Ninfas, que de sus ardores vemos dormido en tibias señales, pero aún no apagado el fuego: Troncos, pues vivís, y amáis, en vuestras hojas teniendo mil lenguas vejetativas, que hablan cuando quiere el viento; decidme pues, si en vosotros vive mi imposible bello, qué encanto es este que adoro? qué muerte es esta que muero, que recatea el matarme, si estoy de morir sediento? Qué enigma es esta divina, que asomándose, y huyendo, la infunde la voluntad, la ignora el entendimiento? Qué enfermedad fugitiva, que no hallada la padezco, y aún dentro de un golpe mismo no tengo el dolor que tengo? Qué infierno es este que sigo? que gloria es esta que anhelo? qué asombro es este que busco? qué hechizo es este que siento? qué rayo es este? Amarilí. O el acaso, o el misterio han dado nombre a mi mal, dulce nombre! dulce aconto! Amarilí. Esta es sin duda mi ingrata, que el mismo efecto, que hizo al mirarla en mis ojos, nombrada en mi oído a hecho: oh cuanto le debo al aire! Yo también nombrarla quiero. aora: Amarilí, Amarilí, su nombre en mi boca, Cielos! labios, guardaos de los ojos, que de envidia están muriendo, y llorando hacia vosotros, quizá lloraran veneno. Amarilí. Dorinda. También el eco sabe el nombre de Dorinda? ya cobró lo que le debo: qué vivir no sepa el gusto, sin el vecino tormento! Dorinda, Dorinda, Ahora, qué liberal anda el viento! mas quiero con este nombre encubrir aquellos ecos: Amarilí, Amarilí. Hacia aquí sonó el acento; quién me llama? quién me llama? Yo te llamo. Di en el riesgo (qué tormento!) más recelado de mí. Di en la muerte que deseo. Tú, Pastor, pues a qué fin mi nombre en tus labios? Eso es preguntar, por qué el alma habita dentro del cuerpo? Qué pretendes? qué me llamas? qué dices? . Señora: tiemblo de verla, de hielo soy: Amor, qué hiciste mi fuego? pero entrose todo al alma, huyendo de su respeto. Habla, qué quieres? Señora, preguntarte si por yerro has visto allá mi albedrío, que está perdido, y es ciego. Yo tu albedrío, Pastor? yo, ni reparo, ni veo. Desdichado del esclavo, en quien no repara el dueño; y sabes de mí? . De ti, siendo de Arcadia extranjero? Tampoco sabes de mí? a que poca costa muero! En fin, que de él, ni de mí no sabes? No sé en efecto. Pues escucha lo que sabes, y yo de ignorarlo muero: Quien es un cielo de fuego, dónde está mi perdición? una hermosa exhalación, que deslumbra, y huye luego? unas gloria sin sosiego? de Ángel vestida una fiera? una divina chimera? un pesar, cómo placer? un cielo, como mujer, a quien vi de esta manera? Esa pequeña Provincia, que yace en la opuesta margen de Alfeo, y el Mar, y Alfeo la ciñen por ambas partes, fuerte regular de flores, cuyos rebellines bate- líquido ingeniero el río, con pólvora siempre errante, es Elide, patria mía, mas no patria de mis males, que estos nacieron después: mas con tal maña, y tal arte, que vinieron extranjeros, y se han hecho naturales. Aquí ignorada, y oculta, la dura ciencia de Marte, en la caza, y en la pesca se imita, si no se sabe. En fin (pasando en silencio, lo que al intento no hace, del asunto de mi vida, y aquellos frívolos lances, que sirvieron de episodio al poema de mis males) volviendo en mi Barca, un día lleno de triunfos errantes, de escamosos prisioneros; al transmontar de la tarde, por donde más dilatada de Helide, y Arcadia, se hace garganta undosa de Alfeo, que escupe en el mar cristales, dando a la arena las redes, y soltando por el margen los palpitantes cautivos, (libertad que no les vale) doy cabo al Barco; y apenas en breves seguridades, fío el Barco de la cuerda, y encargo la cuerda a un sauce; cuando en repetido estruendo de armas, y voces, distantes quejas oigo, ya remisas, y golpes que sueñan rarde. Atiendo más, y el oído (que es advitro de este examen) averigua, que el rumor dentro de las ondas nace. Curioso valor me alienta, desato el barquillo frágil; y porque ya de las sombras se estaba vistiendo el aire, rústica antorcha de tea, prevención que el Barco trae de sus parajes, incierta me enciende centella fácil, que a tres preguntas del golpe responden dos pedernales: hagome al agua resuelto, pulsa el remo sus cristales, y al rumor, norte elocuente, sigo el rumbo del viaje; mas, y más me acerco al ruido, y más, y más formidable, ya crece, que se percibe, ya se alcanza, ya se sabe, combate no numeroso, si bien sangriento combate: ya cuerpos, ya sangre arroja al mar de un breve Patache, que en un escaso vagio surto, y encallado yace. Poco a poco la contienda va sonando menos que antes, va reduciéndose a menos, va desmayando el coraje; y ya apurado el ruido, veo que llega a estrecharse la lid solo a dos que restan de tanta vertida sangre: Subo al Patache resuelto a dividir el combate, y en su Plaza de Armas breve, veo anhelar por matarse dos obstinados mancebos, quito la espada a un cadáver; y cuando a golpes les pido, con la espada que se aparten, oigo voces de mujer, que nueva piedad me hacen. Acudo pisando horrores sobre mil huellas mortales: llego atrevido a la popa, de donde las voces salen, hallo cerrada la puerta a mi ardor, materia frágil, que a dos impulsos del pie, le halló mi valor la llave: y al entrar, una mujer llorosa a mis pies se abate, y antes de escuchar sus penas, antes que las pronunciase, la vista embarga al oído, que mirando hacia otra parte, vi un cielo, un sol con eclipse, que de esta manera yace. Descuidado el cabello, en ley incierra, al corazón la sangre retraída, desmayada con aire de dormida, y dormida con aire de despierta. Poco cierto el vivir, la beldad cierta, el alma sin obrar en si encogida, para poder matar, como con vida, y para no sentirlo, como muerta. La vi, y al irla hablar, dije adverrido: si lo hermoso de ingrato es argumento, desmayada, y esquiva tendrá oído: Luego en vano es decirla lo que siento, que mal podrá sentirlo sin sentido, si aún con él no tuviera sentimiento. Suspenso a tanta hermosura quedé en absortas piedades, como si naciendo ciego, un hombre vista cobrase, y viendo al fin de repente tal superior, a un instante de la idea que había hecho, díjela mudo, y cobarde: Qué diferente es el Sol de lo que en la idea cabel qué otro era el Sol que veía allá en mis oscuridades! Allí en un ínstame, docto de amor, probé en un instante la experiencia de las penas, el saber de los pesares, que aquí entraron padecidas, y solo nombradas antes. Dudosamente suspenso en tan equivoco trance, ya faltaba a su remedio, de que recuerdo me hace la otra mujer, que me dijo: Mancebo, pues tus piedades se indician de tu valor, y casi difuntos yacen los dos, que va inútilmente por esa beldad combaten: Sácanos de estos horrores a aquesa vecina margen; y yo asistiendo a su arvitrio, con justas temeridades cogí en mis brazos al cielo: (muérase de envidia Atlante) reclina el cuello en mis hombros, y como sentí abrasarme, el rostro volví, creyendo que eran llamas materiales, y no era sino el cabello; que en dulces actividades, peinado elemento ardía, con incendios más suaves. En esto vi, que su rostro del mío empezó a apartarse, con unos como desdenes, que sin elección se hacen. Y yo enamorado, y loco quise ver::- Calla, no pases adelante, que no quiero saber licenciosos lances, que indefensa la ocasión, dio con manos liberales; y si lograrlos fue culpa, referirlos es ultraje de aquella infeliz belleza. Qué es aquesto? no me saleria muy inciertas mis sospechas. Señora, escucha, no atajes la justicia de mi queja. A solas le escucha; (ah fácil!) mas mi propio error condeno. Déjale el bien de quejarse a un infelice. Ya sé cuanto puedes alegarme; que la sacaste del riesgo, que absorto a su luz quedaste, que libre, nuevo accidente te la quitó de delante; que ignorada la quisiste; que acaso otra vez la hallaste; que como ilusión se huye de ti, que quien es no sabes. Qué informada está de todo! Esto faltaba a mis males! Dorinda, a buen tiempo llegas: este Pastor, ignorante de quien soy, es sombra mía, y temo que ha de matarme: digo, del susto de verle. Menester era explicarte. Y pues que tú le conoces, quiero que le desengañes, o informes, que todo es uno. De atrevimiento tan grande, poca pena es un desprecio. Espera. . Suelta, qué haces? No querer que por tercera. persona me desengañes, ya que me debes la vida, que no quiero que me pagues. La vida te debe? . Sí. Ya me parece que hallaste aquella ilusión, Mirtilo. Échale la culpa al lance, en que negarlo no puedo. Mucho de Mírtilo sabes, sin duda que en sus nineces con él te comunicaste. No sé más de él, si no que es un Pescador su padre: con que menos proporción hay para que se declare con cualquiera de los Dioses. Pues ya no quiero informarte de lo que soy. . Pues por qué? Al fin solo de pagarte la vida, vive en tu duda. Pues tanto esa duda vale? Lo que va de un bien dudoso a unos evidentes males. Aguarda, no el beneficio. es justo que así me pagues. Por pagártele mejor, me voy sin desengañarte: Quien diera este amor a Silvio, o a Mírtilo aquella sangre! Dorinda. Ahora me buscas? Ingrato, no ves que el áspid. dé mis celos, en veneno está inficionando el aire? Si el desengaño es ponzoña, muerda con desengañarme. el áspid. Pues porque bebas el veneno hasta apurarle, esa hermosura que sigues, esa ocasión de mis males; esa ilusión de tus ojos, esa idolatrada imagen, es de ti tan diferente, y está de ti tan distante, que la sangre de los Dioses sagrada en sus venas arde, y de Príncipes de Arcadia desciende por otra parte; demás de la obligación, que le ha dictado esta sangre, es cuidado de los Dioses; y para extinguir los males de Arcadia, es voz dé los Cielos, que precisamente case con esposo cuya estirpe también de los Dioses baje; y habiendo un gallardo joven generoso por sus partes, amable por su persona, trata Arcadia que se casen. Aguarda, que no juzgué con tanta ponzoña al áspid: Muerto estoy! Pues lo quisiste, tirano; hasta que se acabe le has de beber; sabe en fin, que Silvio (que por su padre Nicandro, honor de la Arcadia, de Alcides su origen trae) es el ilustre mancebo, que por pactos generales. de esta Provincia, y del Cielo; se han dado fe de casarse, tan inviolable, y tan firme, que se juró en los Altares, añadiendo fuerza a fuerza. Válgame el Cielo! Y añade, que Amarilí a Silvio adora, narciso galán del valle; y añade más, que es ya Silvio marido hasta en los desaires, pues la paga con desprecios; con que ya, Mirtilo, sabes, que es noble, honrada, y ajena, y que quiere en otra parte. Ah fiero infame dolor, y no dolor, si no ultraje! de otro enamorada, y luego despreciada de otro amante! qué desairado tormento! ondas de Alfeo, anegadme; fieras, hacedme pedazos; rayos, fulminad volcanes. Detenté, aguarda, Mirtilo. En vano me persuades. Olvidala. Ese remedio no se encuentra, aunque se sabe. Mira mi amor. . Estoy ciego. Oye mi pena. . Es en balde. Pues qué has de hacer? Qué? imposibles: ajena, ingrata, o amante quererla, sea como fuere, que de influjos celestiales la inclinación no se excusa, lluevan penas, vengan males. . Pues yo buscaré remedio, ingrato, que el daño ataje, aunque sea a sangre, y fuego: yo te borraré la imagen, que de ti arrancó la mía, con los pinceles infames de los celos, y la tinta del pincel será la sangre. Ya la escasa luz avisa al día en este Horizonte; qué es esto? el Alba en el monte, y Silvio el monte no pisa? Ea, amigos, ya la fría noche huyó del arrebol, aguardáis a que os dé el Sol en la cara con el día? Aunque con cetro de horrores de todo el mundo sea dueño, no son vasallos del sueño amantes, ni cazadores. Prevenid las jabalínas, y el Sol se afeite en sus hierros, y del sueño de los perros sean clarín las bocinas: Aquella espantosa fiera, que es de la Arcadia el estrago, hoy morirá a vuestro amago, que al golpe, hazaña no fuera: Ya el can mal despierto late presumiendo al jabalí, y sonándola el Neblí, sobre la garza se abate. Ea, valiente cuadrilla, vamos, impaciente infiel gima, y consienta el lebrel la cárcel de la trailla, la alcándara el sacre errante deje por la mano mía; y si en el sueño porfía, duerma otro rato en el guante: Tirso, Ergasto, con quien hablo? sacudid con ligereza de vosotros la pereza, y de la funda el venablo prevente ya contra mí, fiera espantosa, y ligera. Dónde vas? si buscas fiera, no es mejor buscarla en ti? Cuando en repetidos males arde Arcadia, y en tu boda la salud pública toda con las voces celestiales; cuando estragos terremotos llueven confandiendo al día, apostándose a porfía sus iras, y nuestros votos; cuando por ver si el ejemplo de los otros te movía, vivo en aquesta Alquería, que está tan vecina al Templo, tú con tan necios cuidados, huyendo de un Ángel bello, hurtas a su yugo el cuello, y haces burla de los Hados? No ves que a Venus allí en devotos escuadrones aplacan himnos, y dones, que aún se escuchan desde aquí? Piedad, divina Venus, calmen los rayos ya, cesen los truenos: cese del Cielo el rigor, que para un pecho mortal no es menester otro mal, bastante pena es amor. Mira lo que tu ocasionas. Antes aviso mejor me dice allí, que el amor, lazo en que tú me aprisionas, es el más fiero tormento, y así voy huyendo de él: dulce libertad fiel, en ti reside el contento. Oye. Diligencia vana. Haz a Venus sacrificio. Ya imitando, su ejercicio hago ofrendas a Diana. Ya al Oráculo divino. van todos. Ya piso el campo, llama a Barcino, y Melampo. Tó Melampo, tó Barcino. Piedad, divina Venus, Por ver si remedio hallo, la Diosa consultar quiero. En Venus remedio espero del mal que padezco, y callo. Veré si al error que aprecio es la esperanza posible. Sabré si será imposible no haber de amar un desprecio. Ya al Oráculo fiel todos quieren consultar. Ya van llegando al Altar como moscas a la miel. Madre de amor, que adoro, y parto de las ondas de Anfitrite, un blanco hermoso toro, que transformado en Júpiter imite, degollaré, en tus aras, si mi duda en tu Oráculo declaras. Inobediente un hijo; patria, y padre baldona, los males que ocasiona, me hacen morir en un vivir prolijo Tendrá mi triste suerte remedio alguno sin llegar la muerte? Siempre, y nunca, homicida será de la que piensas que no es vida. Claro mi daño envendo, esto es decir, que viviré muriendo, sin remedio, y cautivo, dentro de aquesta vida, que no vivo. Qué noticia tan trágica, y funesta! Ya los coros repiten la respuesta. Siempre, y nunca homicida, serás de la que piensas que no es vida. Reina hermosa de Elido, los de Arcadia, y mis males son tan unos, e iguales, que por ella, y por mi remedio os pido; ya conoces mi intento; un mal tan arraigado, podrá, di, ser curado sin remedio violento, sin sangre, sin herida, sin derramar la vida, que mi furor enciende? No tendrá fin el daño que os ofende. Oh infelice! tus males, y los de Arcadia aspiran a immortales. Celos, clara respuesta bien se entiende. No tendrá fin el daño que os ofende. Esto es decir, que solo medio, fuera de mi esperanza, que Amarilí muera. Hija de las espumas, inadre dé Amor, la fe tengo ofrecida a esposo ingrato, que mando el destino; tendré marido fino? podré querer, querida? y si es preciso ser tan desdichada, hasta cuando ultrajada serán mis males de un rigor trofeos? Hasta que junte Amor dos semideos. Oh fiera voz del Hado! sangre dé Dioses, yo de bajo estado? el Cielo se burló de mis deseos, hasta que junte Amor dos semideos? Esto es decirme, que por ley severa feré de Silvio? mi esperanza muera. Esto es decir que Silvio, aunque mas huya; ha de enlazar mi sangre con la suya. Belló origen hermoso del Dios de Amor por voces de los Cielos, huyo mi muerte, pero en otra he dado dé desprecios de celos: Podré olvidar? mejoraré de estado? o para algún motivo del destino importo yo desesperado, y fino? sirven para algún fin de la fortuna mis celos, mis deseos? Y de una infiel mujer los debaneos. Pobre Pastor, de un padre amenazado, y una mujer infiel, (oh Cielo airado!) bien claro desengañas mis deseos. Y de una infiel mujer los devaneos. Esto es decir, que aunque hoy su amor le rinda, padecerá en los celos de Dorinda. Bellísimo lucero, dos progenies sagradas son remedio del mal, y Silvio huye las bodas ya tratadas: qué otro culto, o efecto sobstituye? conmutese este medio en más pronto remedio, y el sacrílego error, que así os ofende:- La alta piedad de un Pastor Fido en- miende. Pastor fiel, pues, no dijo? sangre de Dioses. Si de mi colijo lo fiel, de mí lo noble no se entiende. La alta piedad de un Pastor Fido en- miende. Lo fiel, y lo Pastor en él cabría, mas no sangre de un Dios. Desdicha mía! si es por Mirtilo? Confusión molesta! Componed de las cuatro una respuesta. No tendrá fin el daño que os ofende::- Hasta que junte Amor dos semideos::- Y de una infiel mujer los debaneos::- La alta piedad de un Pastor Fido en- miende. La misma respuesta es esta, que dio la Diosa ofendida. Oh separada, o unida, mi muerte está en la respuesta. Mudaré a Silvio el intento. Estudiaré mi venganza. Moriré sin esperanza. Viviré con mi tormento. . Andad ya con Barrabás, que ya me dejáis molido, y no vale con vosotros un maravedí el oficio. Fiero espigón llevan todos. Que no le hayan ofrecido estos hombres a la Diosa cosa que valga un comino! Corisca, vete con Dios, que estamos los dos solitos, y daremos que decir. Déjame, ingrato prodigio, hartarme de ver tus soles. Pueden darte un tabardillo: cierto el Templo. Pues a Dios; dame un abrazo. Quédito, que quedas irregular, mujer. Pues dime, no ha habido Sacristanes abrazados? No saben hacer su oficio. Mas espera, de esa Aldea cuatro pobretes, o cinco del Oráculo a la sopa vienen, del Amor mendigos. Pan los provea, porque el Oráculo ha escurrido. Vive Baco, que traen todos ofrenda. Qué habrán traído? por Dios, que han de hablar a Venus para que corra el oficio. Y si el Oráculo acaso a algún negocio se ha ido? Que hable por Procurador. Bien has dicho. Si escondido detrás del Altar, respondo lo que me venga al capricho, como Médico, que a bulto manda sangrar con ahito. Pasarás entre dos luces, como el Oráculo fino, siendo falso. Pues yo quiero ser chansión a lo divino. Ya llegan, éntrate presto, mas no digas desatinos: finge la voz, y habla en tiple; ya llegan: Oh Cielo esquivo! muerte, y vida? o voz confusa! sombras toco. Qué te ha dicho? Un no sé qué, un no sé como, y un no sé cuando divino: difunta estoy! . Vaste? No, antes al Altar me arrimo en grado de apelación. Mala respuesta habrá sido: Madre de amor, en ti pienso hallar remedio a mi mal: respóndeme, y en señal de adoración este incienso queda en su lumbre sagrada, con que tus aras perfumes. Toda aquesa gloria es humo, y yo estoy desengañada. Este laurel, que a las llamas del rayo es fuerte, será bien tu Altar honre. . Eso también es andarse por las ramas. Qué ronca voz! si está airada? Cómo anda siempre de noche siguiendo el nocturno coche, anda un poco acatarrada. Yo adoro a un Pastor, con quien ahora casarme, trato? él me da celos ingrato, darele celos también: Dame favor, porque aprenda de tus liciones de amar: muda está. . No hay que tratar, no responde sin ofrenda. Responde, y más prevenida otra vez, te serviré con más. . Yo responderé cuando yo fuere servida. Cielos, que los labios abra, y no responda! voy ciega. Nunca responde, ni juega Venus sobre la palabra: ya estaba temblando. Fuese? . Sí. Pues bájome yo a la tierra un poco: todo se yerra. Que tal presente la diese! Que un laurel traiga con él, para que en alto aproveche, y no trajese escabeche, de donde sacó el laurel! Este lance se ha perdido. otro viene a más andar. Presto a la Estrella. Al Altar. . Altar tomo. Estrella pido. Venus sacra, a tu Deidad acudo con mis pasiones, y te traigo humildes dones, que los disculpa mi edad: esta fruta hace muy bien mi madre, y te la tributa mi afecto. . No quiero fruta. Tómala, que es de sartén. Qué ronca voz! si está airada? Como auda siempre de noche siguiendo el nocturno coche, está un poco acatarrada. Y porque de mí te duelas, te presento liberal aqueste virgen pañal. Aqueso es miel sobre ojuelas. Oye mi pena amorosa, aunque él respeto me empacha. Mira, devota muchacha, si allá te queda otra cosa. Estos huevos darte quiero, que llevaba en buena fe a mi padre, y los pondré aquí junto a este brasero, donde el incienso se atiza: todo lo pongo a tus pies. Quédito, mira no des con ellos en la ceniza. Diosa saliendo a coger de berros una ensalada al arroyo, enamorada quedé (que al fin soy mujer) de un Pastor, que me pretende burlar sin ser mi marido; yo no consiento, ni olvido, y mi pecho más se enciende, mucho temo hacer un yerro; qué haré para que mi honor conserve intacta su flor? No andarte tú a las del berro Tu consejo agradecida tomaré. Fuese ya? . Sí, baja. . Ya bajo: aún así se puede pasar la vida; probemos la ofrenda. Aber? muy dulce está. . Brava tacha? venlo aquí, aquesta muchacha sabe lo que se ha de hacer. Todo te lo comes? . Debo de ser comilón feroz: quiero aclararme la voz. Cómo? . Sorbiéndome un huevo. otro viene. . Oh suerte escasa! esos relieves recoge. Sube aprisa, que nos coge con las manos en la masa: Y los huevos? . Aquí están, que quiero por mi consuelo sorbérmelos en el Cielo. Crudos matarte podrán, no hagas tal. Si tu querella en aqueso solo estriba, yo los asaré allá riba con el calor de una estrella. Hija sagrada del mar, esta liebre fugitiva; triunfo tuyo, por esquiva, doy por ofrenda a tu Altar: en su cama la cogió mi industria ayer: mas ay triste! Y dime, adonde cogiste eso que ahora sonó? Es un gato que he tomado a mi padre con dinero, que soy hijo del Ventero. Y a mí la liebre me has dado: Si quieres que yo celebre la ofrenda, Ventero ingrato, no me des liebre por gato, mas quiero, gato por liebre. Toma, porque medicina me dés, (oh madre de amor!) para su fiero rigor; que el corazón predomina: dame de alivio algún medio. Pues úntate el corazón con alcrebite, y limón. Ese mismo remedio para la sarna me dijo el Doctor, yo pido alguno para el amor. . Todo es uno: qué más sarna que mi hijo? Yo quedo en la misma calma. No entiendes, entrambos son, sarna, y amor, comezón, ya del cuerpo, ya del alma: mas sabe que tú la Diosa, rígete por su capricho. Yo voy rendido al remedio. . Anda; honrado Venterillo; pero qué es esto? de nubes se cubre el Sol, y aún tejido nublado se va formando. Recoge el ganado, Alcino. Aún duran estas venganzas! Socorro, Cielos divinos. Qué es esto? Temblando estoy! si acaso es nuestro delito? Arcadia, de esta manera dan los Cielos el castigo. a un sacrílego. . Ay de mí! muerto soy, todo es conmigo. Hate muerto? . Claro está. Hacia adónde estás herido? No sé más, de parte a parte me ha pasado como un higo el rayo, quemado estoy por de dentro sin sentirlo. Levanta. . Ten no me toques, que aunque acía fuera estoy vivo, dentro estoy hecho ceniza. Los campos inunda el río. Levanta, vamos de aquí. Huyamos de aqueste sitio donde fue la culpa. . Presto. Qué enojado al Cielo miro! Venus está que echa chispas. Es herrero su marido, y echará cuantas quisiere. Gran delito cometimos. . Piedad, divina Venus. 1. Centellas el aire arroja, que abrasando va los trigos. 2. Ceres sagrada, las mieses defiende, pues es tu oficio. Gran Minerva, a tu cuidado tocan los verdes olivos. Defiende a quien te corona, Baco sagrado, el granizo cunde las viñas en cierne: ojo alerta con el vino. Por ti sagrada, y tu amparo están los frutos ópimos, que abrasa el Cielo. 3. El ganado, Palas, está a tu arvitrio, y casi inundado muere. Qué es esto, Cielos divinos! de esta suerte nos tratáis? son enefeto castigos. La tempestad excusemos de aquesta encina al abrigo. Ya no parece Dorinda, y Amarilí se ha perdido con la escuridad. El Cielo de amenazas se ha vestido. Piedad, divina Venus, Piedad, divina Venus, calmen los rayos, y cesen los truenos, De horrores cubierto el Sol, borró el día, y me he perdido. Vagando por estas selvas, salí a puerto, pues, vecino del Templo, escucho el acento de los cánticos, e himnos, y junto a la cueva estoy de Ericina, y el vestido de nubes va destejiendo el aire. . Ya del Olimpo vuelve a encenderse la antorcha, volveré a buscar a Silvio: mas qué miro! . Cielo santo, no en vano el ajado aliño cobró el Sol, no en vano al día su luz se ha restituido. Dioses, como a cada paso me ha de rondar mi peligro! voyme. . Exhalación divina, donde en rayos fugitivos dejas burlados los ojos, que han cegado de haber visto, adonde, cómplice hermoso de este mi mayor delirio, mueves la planta, que llega sobre sendas de suspiros? Si vas a ser de las flores bello Planeta divino, pues que viven o fallecen de tu semblante al arvitrio: vuelve, que también te ofrezco en mí, para hacer tu oficio, mi vida para influencias, para estragos mi albedrío. También capaz de tus rayos mi vida, que no resisto, y también capaz de medios es mi placer, aunque es mío. Déjate hallar de los ruegos, que a tu Deidad los envío, no quede en sospecha el serlo, si se vuelven no admitidos. Si víctima, y quejas dando, las quejas te han ofendido, escóndete de la queja, pero no del sacrificio. Pastor, a aquestas montañas, tan para mi mal venido, que me sigues, y me pierdes, incrédulo a los avisos, no sabes, que en fe jurada en las manos del destino, soy ajena, y tengo honor? Y doy que de esto me olvido, de esposa aún antes de serlo, la fe que juró al marido, es fuerza cumplir, porque se castiga en nuestros ritos con la vida, y tú no atiendes a mi honor, ni a mi peligro. A escándalos me enamoras, no hay amor sin desvarío, no hay sentimiento sin quejas, quiere; pero allá contigo espera, pero sin mí; obliga, mas sin ruido; adora, mas sin que brote el humo del sacrificio la publicidad fragante, que diga la ofrenda a gritos. No sabes, divina ingrata, que intentas hacer que el Nilo, que liberal se derrama en undosos desperdicios, se contente con su margen, en cuyo coto prolijo caber intenta, y no puede su gran corazón de vidro? Yo no te pido piedades, crueldades solas te pido; si has de matarme por ellas, déjame hartar de delitos. Y mi honor? Yerros de un loco, de la vida son peligros, no del honor. . Este extremo apuesta como el de Silvio, y no sé si ha de vencer: déjame por Dios; Mirtilo. Podré adorarte? . No sé: sin mí estoy! mas allí miro, que viene Dorinda: a Cielos! Es verdad. Aún no me ha visto, y no quiero que me vea hablar a solas contigo, que a la boca de esta cueva quiero esconderme: así evito su sospecha. . Ataja, ataja, que se escaba hacia el camino. Seguidla, seguidla. Yo por esta parte la sigo: Amarilí; mas qué es esto? aquí estaba con Mirtilo, y se ha escondido, pues quien se esconde tiene delito: sin duda se entró en la cueva, y el pesar de haberla visto la he de hacer. . Adónde vas? Ya los perros la han perdido con la espesura. . Esta cueva quiero tomar por asilo. Mira que se entró una fiera en ella, y es desvarío. Déjame, traidor, qué fiera? Tan fiera, que la he temido, aborreciendo la vida. Ah tirano! Silvio, Silvio, hasta aquí llegan las huellas, más desde aquí se han perdido. Pues por aquí la busquemos. Vamos. Acasos habéis visto una perseguida fiera? En la cueva se ha escondido: así vengaré mis celos; este Pastor me lo ha dicho. Entraré a matarla yo. Espera, no pises, hijo, los horrores de esa cueva. Qué he de hacer? Grave peligro! Ruido sueña entre las ramas. Pues yo desde aquí la tiro. Deja, que en ti será hazaña. matarla, en mi sacrificio. Aguarda. . Venus sagrada. Muriendo, su muerte he visto. Esta ofrenda::- . Muerto soy! Válgame el Cielo! Qué miro! Amarilí? Hija? . Dioses, pagué por justo castigo el error con toda el alma. Recibió el golpe Mirtilo, y en mí el aliento desmaya. Ay Cielos! si la has herido? No, que este infeliz Pastor, por acaso, o por destino, se interpuso al golpe; llega. Dichosa desdicha ha sido. Que esa lástima me llama con dolor también preciso. Contra mí se volvió el golpe, que tiré a los celos míos. . Ha desdichado mancebo! no ha muerto, ayudad, amigos, y tratemos del remedio: llevadle al Lugar vecino, que ya os sigue mi dolor; ha vuelto? . Ya en calor sibio se va cobrando, Amarilí. Ay de mí! qué es esto, Silvio? Silvio soy, que del dolor, y el susto de tu peligro, estoy sin vida. . A mal tiempo. te escucho el primer cariño. Si entraste huyendo la fiera, (así encubro mi delito) caro te pudo costar el engañarse Mirtilo. La disculpa me ha trazado sin querer, con lo que dijo; mas qué importará perder esto más con lo perdido? Albricias, ya de sus ojos pasó el eclipse prolijo. Vamos, que de aquel Pastor llevo en el alma el peligro. Ah muerto? . Aún no. Respiremos esperanza: Dioses míos; asistidle, socorredle. Causa de mi muerte he sido; pero pues no me conoce, callaré por encubrirlo. De mí se ha vengado Venus: válgame el Cielo! si ha sido acaso el de este Pastor? pero ilusiones, qué digo! La sangre de este Pastor, con idioma no entendido, habla en mi pecho, y su riesgo me está rondando el peligro. Oh ciegas oscuridades! o confusos laberintos! cueva infausta de Ericina; toda eres siempre prodigios. . Cielos, amparad mi vida en la del hombre más fino, que dos veces se la debo: Dioses, si acaso en Mírtilo sagrada sangre se esconde! si es acaso el Pastor Fido, que vuestras voces prometen! o matadme, o descubridlo, antes que mi honor se anegue en mares de beneficios.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Corisca. . Lo que me mandas. Sátiro. . Lo que me quieres. Di, bella Amarili::- Di, galán Mirtilo::- Oye. . Atiende. De la salud de Mirtilo tan cuidadosa me tiene la acción, que reparó mi vida osado, y valiente::- Tan vano me tiene aquella acción de llegar a verme a las plantas de Amarilí en los brazos de la muerte::- Que quiero, no de mi parte, sino como acaso, llegues a saber de él a las ruinas de ese pastoral albergue. Que quiero que a saber vayas donde hoy su luz amanece, para ofrecerla mi vida otra vez, y otras mil veces. Yo iré; pero no quisiera, que allá Sátiro me viese, y su calle traspasase, que hay más que eso en su caletre. Yo me iré a ver por donde anda, no quisiera lo entendiese Corisca, y que a mis recatos cotejase de alcahuetes. Ahora bien, obedecerte será forzoso. . Ahora mal, forzosorir, aunque me pese. Pues en esta parte estoy esperando. . Pues en este mismo sitio me hallarás. Pregue a Dios que no me encuentre Sátiro, y presuma que es Coridón el que me mueve a ir por aquí. . Pregue a Dios, Corisca a saber no llegue, que yo ando en tan malos pasos, y de mí en mi honor se vengue; más dicho, y hecho, ela aquí. Mas hecho; y dicho, aquí ele, Corisca. Sátiro. . Adónde bueno tan sola por este valle? A buscarte a ti. . Es posible, que a considerar no llegues, que otros porque pierden buscan, y tú porque buscas pierdes? Hasme tomado una mano en tu vida? hasme en tu muerte merecido, que a una reja me ponga siquiera a verte? paseo la calle? hante dado los desechos de mi peine, para estar agradecida, de mi cabello una liendre? Pues qué me quieres, Corisca? no a que me vaya me fuerces, según de desdenes pobre me tienen tus altiveces, a una Aldea de mi honor, a orar con tales desdenes, que vuelva a gastar contigo. Es posible que no puedan celos que te he dado, darte cuidado? . No, no mientes esa civil artimaña de mujercillas soeces. Para quién está esperando es muy buen discurso este. Para quien aguarda es buena la conversación que tienen. Los celos son artimaña? Artimañas son, qué quieres para ello? . Sean testigos prados, aves, flores, fuentes, de que un Sacristan de Venus tanto el respeto la pierde. Pues quién se le ha de perder, sino el Sacristan? . Que llegue un simple a decir, que son timañas: . Tente, tente, sus nietos son. . No son hijos de amar? . Soy un imprudente, que hasta ahora no sabia su abolongo donde fuese. Si su plática no atajo, pondré que en todo hoy no cesen. Si no corto su discurso, pondré que en todo hoy no vuelve. Corisca, qué es lo que aguardas? Sátiro, en qué te detienes? Cuando:- Mas qué veo! . Qué miro! De qué, Amarilí, te ofendes? De qué, Mírtilo, te enojas? Si la respuesta más breve::- Si la más veloz respuesta::- Esta es, que pudo traerte. Para está que has de ver lo que has dicho. . Para este, que has de ver tú lo que has hecho. Suspensa he quedado al verle. Absorto quedé al mirarla. Mas qué es lo que me suspende? Pero qué es lo que me turba? Hablarle quiero, mas llegue él primero, que no es decoro, que por mi empiece la plática. . A hablarla voy, su respeto me detiene, que no es bien que empiece yo sin que ella hablando me muestre, sino el que de mí se obliga el que de mí no se ofende, Quizá es cortés cobardía. Quizá es decoro prudente. Mi obligación me disculpe. Mi rendimiento me aliente. Mírtilo. . Amarilí hermosa. Mucho me huelgo de verte convalecido. . Yo no me huelgo de que te huelgues. Por qué? . Porque de grosero es motejarme, pues quieres, que parabienes reciba de su salud el que alegre recibió de mejor gana de su herida parabienes: que quien a tus ojos tan airoso muere, o nunca sanara, o muriera siempre. Cuantas veces he culpado, que hallado el estudio hubiese de docto Pastor la planta, que me curó! y cuantas veces dije entre mí, para qué, Arcadia, antidotos tienes tan inútiles, que dan vida a un triste, y sanar pueden la herida que hiere un brazo, y no la que un alma hiere: que aunque tus piedades es bien que confiese, piedades son, pero piedades crueles. Pésame de que sea fuerza, Mírtilo, que yo me encuentre con tu discurso, y que haya de no sentir lo que sientes; pues cuando tu despechado, el provido estudio ofendes, de naturaleza yo agradecida, he de hacerle eglogas que canten, elogios que cuenten, que contra unos males se armó de otros bienes. En que se muestra más Diosa la providencia, que en verse tan árbitro de los Hados, que a sus acasos enmiende la fatalidad? y así, no, Mírtilo, desesperes, que donde hay venenos, hay antidotos que los vencen: y espera, y confía, que nadie padece pesares que no puedan ser placeres. Dasme licencia a que viva de esa esperanza pendiente? Con una condición. . Qué es? Que no al Amor se la entregues. Pues dime a quién. Al olvido: que decir que te consueles con que hay mudanza, no es decir que hay amor, si atiendes a cuanto está el mío a mi Patria obe- diente, pues ella; y los míos cautiva me tienen. La esperanza que te doy, ese monte te la ensene, pues en su mudanza estriba, y no en su amor. . De qué suerte? Bien ves, Mirtilo, ese monte, cuya fábrica eminente, expuesta al rigor del hielo, y a la saña de la nieve, humilde, postrada, y rendida padece helados rigores dele cano Diciembre. Pues apenas del Abril pisará su pompa verde, cuando la verás ceñida. de rosas, y de claveles, ufana gozando, contenta, y alegre, matiz en las flores, cristal en las fuentes. Pasará la Primavera de esmeraldas, y claveles, el Estío verás que de oro la falda guarnece, trocando el provecho a pesar del deleite, las flores a espigas, las rosas a mieses. Vendrá tras de él el otoño, y del árbol más silvestre verás coronar la copa el fruto que de ella pende: Luego si mudanzas a un monte mantienen qué mucho que un hombre mudanzas espere? Ya yo extrañaba, Amarilí, que los favores viniesen sin que pisase su sombra la huella de los desdenes: De males a bienes dicen, que se pasa fácilmente; pero de males a males digo yo que es más frecuente; y así no me digas, que mudanzas pueden, sin trocar la tuya; mejorar mi suerte. Qué importa que vea el otoño de sus árboles pendientes más frutos que hojas se ven, si el Invierno le previene el ceño arrugado su mismo Noviembre, secas las campañas, y hielo en las fuentes? Qué importa que vea el Invierno en sus ateridas sienes el Aurora de las flores, que en el almendro amanece, si apenas rosado el capillo las prende, cuandó en el instante que nacen fallecen? Qué importa que dé sus rosas los matices diferentes te enseñe la Primavera la guirnalda de su frente, si ya del Estió la saña impaciente, a luces la enviste, y a rayos la vence? Y finalmente, qué importa, que el Estíoufano ostente montes desoro, si las nubes se los llevan donde quieren, haciendo sus lluvias en veloz corriente, líquidos arroyos del montón más fértil? Y así cuando el año mires, como el mal en bien convierte, mira el bien en mal, que todo cabe en su círculo breve, si se anda, y se desnuda de aquella serpiente, símbolo del año, que su cola muerde. Y ya que más declarado, (perdone tu amor) me tiene mi despecho, no interceda persona, y a hablarte intente: corramos, hermosa Amarilí, aquel débil embozo, el arte de mis dudas cese. Yo fui quien te dio la vida, tú quien me has dado la muerte, y con ser las ferias tales, no hay dicha a que yo las trueque: pues desde que en la ribera te despareciste, eres tan sombra, y tan luz de mi vista aparente, que nunca he dejado de mirarte siempre. Pero qué es esto? la cara escondes? si te enterneces, i es a llorar, no a tus solas te lo llores, vuelve, vuelve a llorar conmigo, que no es bien te lleves tú el alivio, y solo el dolor me dejes. Llorando Amarilí está, y aún Mírtilo me parece, que llora también; qué malos testigos para quien viene a examinar! celos son las lágrimas que ambos vierten, porque son testigos, que tachar no puede mi pena, que un llanto tarde, o nunca mien- Mírtilo, yo por decreto::- (te. Ya lo sé, no me lo acuerdes, de los Dioses prometida, y aún casada estás con ese monstruo racional, tan fiero, y aleve, que niega al Amor la fe que le debe. Sé que la paz de la Arcadia de este matrimonio pende; sé que si faltas a ella, estás condenada a muerte; sé, que aunque quisiera el Hado, y quisieras tú, no puedes ser mía, que soy un pobre pescador, y eres quien eres; sé::- . Pues si tú has de decirlo, por qué que lo calle quieres? Porque cuando cura la herida más fuerte propia mano, menos que la ajena duele. Pues si de la propia mano a estar lisonjeado viene el dolor, cúreme a mí mi misma mano, y empiece mi traición a declararse; a cuyo fin llamé a ese monte a Silvio, que me ayude a vengar de aquesta suerte áspid de los celos, que tan inclemente me deja la vida, y el alma me muerde. Mirtilo, un Pastor extraño de Arcadia, a lo que parece, por ti pregunta. . No tanto por él es bien que me ausente, como por ti: Amor::- . Fortuna::- Celos::- . Hado::- Estrella::- . Muerte:- 3. Sentid hacia el alma, porque no se quejen penas que se dicen de que no se sienten. De qué, Amurilí, tan triste has quedado? . De qué quieres que lo esté, si mis desdichas sabes? . No sé qué hacerme . de ella, sabida la causa: no sé bien de qué accidente la relación suspendiste, que ibas a hacer. . Pues atiende: Aunque de Dorinda no sé qué sospeche, me he de declarar, por ver si lo siente. Supe, Dorinda, un día, que en Elide tu patria el valle hacía fiesta a la soberana Deidad de la castísima Diana; y aunque a Venus adora la Arcadia, y de Diana el rigor llora, a que yo desdichada tengo mi libertad sacrificada, o por ver si podía con el voto templarla, o por llegar a darla quejas de la infelice suerte mía, o porque fiestar había, que esta es mi culpa; y mi disculpa aquesta, dispuse in disfrazada a ver la fiesta: y como solamente nos divide la líquida corriente de Alfebo, sacro río, del Pastor de una amiga yo me fío, él me da su campaña, aquel el barco, y está me acompaña. Dejamos, pues, la orilla, y al impulso del remo, ya pensaba tocar el otro extremo de la opuesta ribera nuestra quilla, cuando vela mayor a quien cubrilla en su enseñada pudo de juncos, y algas del escollo rudo, sacro marino en su anchurosa plaza, vemos que a vela, y remo nos da caza; ya verás cuan inútil resistencia haríamos las tres, y más notando, que el barquero, por escapar nadando, nos dejó a la inclemencia de bárbaro pirata, que vive infiel de lo que roba, y mata. Quién creyera (ay Dios!) que aquí tuviese reservada desdicha a mi fortuna, a quien la vida, y libertad hubiese perdido, con quien fuese la de la patria, y libertad ninguna? Oh dígalo importuna de mi suerte enemiga la aún no apagada sed, huyo la dicha: era el bajel, según la pena mía después notó, de dos iguales dueños, de bárbaros isleños, de Alfeo, y de Lodón en compañía comerciaba la injusta mercancia de humana vida: y estos, ninguno dueño, ni inferior ninguno, sobre partir la presa ambos dispuestos a morir antes, que a ceder ninguno, que fuese el otro dueño de mi vida, uno fue de otro trágico homicida. Viole apenas la gente muerto en sus manos, cuando de repente en bandos dividida, era la muerte la menor herida. A tanto, pues, llegó el horror sangriento de su encendida saña, que violento el bajel, no en dos aguas zozobraba, sino en dos sangres, por la que alojaba la portátil del mísero trofeo, bastó a tenr las ondas del Alfeo; qué mucho, si de todos el que estaba, que es fuerza que se halle sin quien rija el timón a gobernarle, suelto de la cadena, encalló en un islete de la arena? Considérame, en suerte tan esquiva, en aquel panteón tan triste hierta, que entre los muertos me tenía por viva, y entre los vivos me juzgaba muerta: y más cuando con sombras la desierta campaña de agua, y mar, de luces falta, con la noche otra vez me sobresalta. Al Cielo yo, y mi amiga dimos voces: qué piadoso es el Cielo, pues a nadie le niega su consuelo! ellas mismas lo digan, que veloces al oído llegaron de un pobre Pescador, según me dijo, cuyos tristes lamentos le obligaron a seguirle, norte prolijo de mi cansado aliento, solo un bien tuve, y ese fue en el viento. Llegó al bajel, llamó, no respondía, y encendiendo una tea, subió al bajel, adonde su horror, mas que pregunta le responde. Por no cansarte en fin, mal informado, aún más que de mi voz, de mi semblante, si ya no fuese de mirar delante tan no visto expectáculo del Hado, sin que hubiese quedado quien nos hiciese resistencia alguna, en peor bajel corrí mejor fortuna, pues me puso cortés en la ribera de la patria que ves más lisonjera. Aquí (ay de mí!) pensando, que si era conocida, peligraba mi honor más que mi vida, por ser todo esto cuando mi boda se trataba; determiné, mientras veloz andaba el Pescador buscando por la orilla tronco donde dar cabo a su barquilla, que huyesemos las dos a la espesura de un bosquecillo, que la noche oscura dejó ver en aquel pequeño rato: que él volvería a buscarme, quién lo duda? y quien duda, que a no hallar me seguirían veloces (me los últimos acentos de sus voces? Ingrata me llamaba, y yo lo concedía; pero la suerte mía a dejarlo de ser no me dejaba, pequeña luz, que apenas terminaba si era luz, o era estrella, el norte fue de nuestra errada huella, donde de unos Pastores albergadas, nos hallamos del todo aseguradas, sin que jamás supiese el Pescador quien fuese, hasta que el mismo Alfeo le arrojó entre las dos, para trofeo de su sacra piedad; como quien dice, ves aí un infelice, que viene donde en sus adversidades piedad encuentre, pues sembró piedades. De suerte, que ofendida de ingrato esposo, al tiempo que obligada de fino amante, de Mírtilo hallada; y de Silvio perdida, de uno quejosa, y a otro agradecida, soy el imán de dos efectos tales, que no pueden iguales hacer entre este amor, y aquel olvido, ni a este noble, ni aquel agradecido, ni a mal tan importuno, ya que de dos no soy, ser de ninguno. Dos daños, bella Amarilí, padeces, según me cuentas, que un ingrato te desdeñe, y un fino no te merezca. Ninguno de los dos daños puedo yo enmendar, que a cuenta vive de superior causa el uso de las estrellas. Mas si por dicha imaginas, mas si por ventura piensas, que con no ser de ninguno algo a tu fortuna enmiendas, eso es lo que yo podré por ti hacer. . De qué manera? si ves que esposa de Silvio soy, con tan sagrada fuerza, que el Cielo, y mi Patria son testigos, . Dasme licencia a que lo que sé te diga? . Si doy- Mira que pudiera ser, que después te pesara. Ya no puede ser que sea mas el pesar, que la duda; prosigue pues. . Oye atenta. Áspid del alma, ya es tiempo de que tu veneno viertas. Silvio huye de ti, no tanto porque tu amor aborrezca, cuanto porque de otro amor le arrastran las influencias. De otro amor? Pues bien, qué sientes, si no ser suya deseas? La ofensa del alma, ya que no del gusto la ofensa, porque somos las mujeres a nuestra altivez atentas, tanto, que ofendiendo, aún no queremos que nos ofendan. El seguir siempre los montes, el no seguir de las selvas, no es cariño de la caza, como toda Arcadia piensa. Cariño es de una hermosura marítima Ninfa bella, que de los coros de Tetis en amorada Sirena; a verse con él al monte santílegamente ciega, cada noche del Alfeo, el satro cristal navega. Esta lo tiene rendido a su amor mas no quisiera darte pesar. . Ya el pesar dado está, di lo que resta, antes es gusto. . Cómo? Como ya una vez dispuesta la vanidad al desaire, pienso que e la vez primera que se han de tomarlos celos de ser bien vistos licencia: prosigue pues, y di como tú sola, siendo extranjera, lo sabes. . Muchos lo saben, pero nadie te lo cuenta, por no alborotar a Arcadia; porque siendo así, que en ella; del mismo modo que es ley, que sacrificada muera del Sacerdote la esposa, que hace a su marido ofensa, si ya otra víctima humana en su lugar no se ofrezca. Pero esto ahora no es del caso, tiempo vendrá en que lo sea. Es ley también, que la esposa, que de su marido tenga comprobada la traición, el matrimonio disuelva; y así por esto se calla tu agravio, porque no quieras anular aquesta unión, de quien los Arcadios piensan, que pende su salud; pero yo soy tu prima, y no pesa toda Arcadia para mí lo que tú; y para que veas, que lo que dice mi voz dirá mejor tu experiencia; ese centro de Ericina, esa pavorosa cueva, siempre a horrores destinada, siempre a delitos expuesta, porque el terror no los busque, es donde los dos conciertan verse, y como los espíes, los delates, y los prenidas, aunque lo llore la Arcadia, te podrás hallar exenta de ese yugo que te ahoga; de ese lazo que te aprieta, de ese ingrato que te huye, y esa patria que te fuerza. Dame, Dorinda, los brazos, que viendo que me aconsejas tan en mi favor, te pido perdones una sospecha, que de ti tuve; y pues eres quien más mi esperanza alienta, vuelve a decirme otra vez, y otras mil, aunque parezca cortesaba vanidad hacer gala de la ofensa, que puede ser verme libre de un ingrato; y pues deseas mis dichas, pasa adelante, di, que puede ser que sea, en viéndome una vez libre, aunque pese a Arcadia entera, casarme a gusto con quien me estime, y no me aborrezca, me busque, y no me huya con Mírtilo iba a decir, vuelva atrás la voz. . Tarde es, pero vuelva en hora buena. Porque si vieras, Dorinda, ya que de ti satisfecha puedo hablar claro contigo, con cuan rendidas finezas, con cuán corteses afectos (dejo aparte las finezas del haberme dado dos vidas en el barco, y en la flecha) lo noble de su amor calla, lo hidalgo de su fe cuenta, si le vieras en los ojos no sé qué lágrimas: . Cesa de encarecerlas, que temo::- Qué? Que las has de llamar perlas. Calla por Dios, no me digas, que llora un hombre. . Si fuera hombre cobarde, y llorara, yo acusara su flaqueza; más ser valiente, y llorar, es una gala tan nueva, que solamente en un alma, y esa noble, es donde asienta. Noble un Pastor? Cómo eso tiempo, y fortuna conciertan: y ya que me has dado, prima, la esperanza que me alienta, dame el medio; qué haré yo para averiguar si es cierta esta traición? . Yo no sé: Celos, movedme la lengua, porque no hemos hecho nada si no hacemos lo que resta; pero lo que me parece, es, que primero lo veas por tus ojos, que lo digas, que puede ser que no sea verdad, y que yo me engañe. Dices bien, y así encubierta entre las ramas del monte, a la vista de la cueva todo el día me he de estar, para ver si sale, o entra. Eso es exponerte al riesgo de que tu examen se vea; y viendo que las noticias de sus traiciones te llevan a averiguarlas, desde hoy viva atento a la sospecha, y tú para averiguarla, ni tiempo, ni ocasión tengas. Pues qué me aconsejas? Yo una cosa te dijera, si pensara que tenías::- . Di qué? Ánimo para hacerla. Si en una celosa no hay temeridad que no emprenda; si no hay una enamorada temeridad que no venza; enamorada, y celosa, qué peligro habrá que tema? Pues el centro, según dicen, tiene infinitas revueltas, que a modo de laberinto toda su bóveda cercan: si tú (pues que ya la noche a lóbreguear empieza) entrases dentro, y en uno de sus senos encubierta tomases la hora, y el sitio, con eso a otro día pudieras públicamente llevar quien los sitie, y quien los prenda. Dices bien; y porque no hay para quien aconseja más premio, que obedecer, has de ver, que mi respuesta, ya que quiso el Cielo, que nos hallasemos tan cerca, solo ha de ser arrojarme a la boca de esta cueva a tocar mi desengaño determinada, y resuelta. No empiezan mal mis ardides: así acaben como empiezan. . Aquí Amarilí quedó, y aunque Dorinda con ella quedó también, no me sufre el corazón, que no vuelva donde a costa de un pesar mi amor un contento tenga. Mas ay de mí! cuán en vano imaginé que pudieran el contento, y el pesar estar corriendo parejas, sin que el pesar se adelante; o el contento se detenga. Mírtilo, por qué no pasas adelante? no, no tuerzas el paso, que si es porque tienes de mi algunas quejas, ya es muy otro el tiempo, ya estás seguro, no temas, que te hable en mi amor; qué buscas? yo te daré la respuesta: Amarilí no está aquí, y no buscarla pretendas, que te pesará de hallarla; adiós. . Oye, aguarda, espera, No quiero. Sin escucharme. no te has de ir. No me detengas; que no es mucho que una vez de cuantas de mí te ausentas, me ausente yo de ti; adiós, señor Mirtilo. Oye. . Suelta. Tu falsedades conmigo? de cuándo acá? . Buena es esa. Rieste? . Tan desdichada. había de ser mi estrella, que no había de haber día en que estuviese contenta? harto tiempo he estado triste; Si con esa risa intentas decirme, que te has mudado, dáreme la enorabuena. Puede ser que sea mudanza lo que hoy alegre me tenga; pero cierto que no es mía. Pues cuya? . No sé. Oye. . Deja. No te has de ir, vive ol Cielo; aleve, sin que yo sepa, qué quieres decirme. Mira que lo diré. . Pues qué esperas? Buscas a Amarilí? . Sí. Pues si es que hallarla deseas, no la busques en el valle, buscala::- . Dónde? En la cueva de Ericina, a qué, y con quien, tú lo verás, si allá entras, Oye, espera, escucha, aguarda; mas ay de mí! que aunque quiera seguirla, no puedo, que tan fuera de mí me deja, que aún no le ha quedado al alma el uso de sus potencias. En el centro de Ericina, teatro de infames violencias, Amarilí? y más ahora, que ya de la noche negra desarrugándose va el manto? pero que mienta una ingrata, no es más fácil de creer, que no que sea impuro el rayo del Sol, y la luz de las Estrellas? sí, claro está, claro está; más ay, que aunque uno no quiera dar crédito a lo peor, dárselo a la duda es fuerza; y así, no porque presuma que es verdad, mas porque vea esta vez que miente, tengo de entrar dentro: Oh tu funesta madre del horror, y miedo, pues en tu seno le engendras, admíteme en tus entranas para sepultarme en ellas, si es verdad; o si es mentira, para que tu asombro sea desde hoy puerto de la paz, si hasta aquí de la tormenta. Bien se va de mi venganza disponiendo la cautela. En la cueva entró, y aunque decirle a Silvio que venga. a verme al monte, fue a otra causa, pues se logra esta, esta me valga; ya es tiempo de que responda a mi sena: Silvio, Silvio. s Cuando tú no me llamaras, viniera yo en las alas de mi fuego, Dorinda, a vengar mi ofensa. Sabrás::- . No me digas nada, ya he visto esa ingrata fiera entrar delante, ya he visto entrar (ay de mí!) tras ella a un hombre a quien no vi el rostro, en cuyas vidas sangrientas verás que mi honor se lava. Advierte:- . No me de tengas. Que si yo::- . Aparta. Te he dado: . Quita. Aquesta ocasión::- . Suelta. Es porque la ley te vengue, sacrificándola a ella, y no al Pastor, pues ya sabes, que Arcadia a él no le condena a la muerte. . Pues soy yo hombre de tan bajas prendas, que he de esperar que la ley tome mi agravio a su cuenta? Vive el Cielo, que has de ver como de entrambos se venga mi furor; porque una cosa es el que yo la aborrezca, y otra el que él me agravie. . Ay Cielos! siempre me salen sangrientas, mas que presumí, mis trazas. Dígalo la de la flecha, pues por herir a Amarilí, a Mírtilo le hirió, y esta, que pensando que parara en sacrificarla a ella, pidiendo venganza Silvio a la ley, a poner llega al mayor riesgo la vida, que está de la ley exenta. A mis manos una ingrata muera, y un aleve. Muera a mis manos un dichoso. Cielos, piedad. Ya en la cueva se han hallado, aquí no hay más remedio de que venga quien lo estorbe: Ah de la Arcadia, ha del monte, ha de la selva: Pastores, venid, venid todos. Qué voces son estas? Qué es esto, Dorinda? Entrad, entrad todos a esa cueva, sabréis lo que es, excusando la más infeliz tragedia, que vio el Sol. Siempre infausta, siempre horrible, y siempre abierta boca para pronunciar, en mil horrores envuelta, hoy en tu seno:- . A mis manos muera un alevoso. Muera a mis manos un dichoso. Quién vio confusión cómo esta! Mirtilo, Amarilí, y Silvio son. . Quién allí los encierra? Algún galán de capricho. Suelta, Silvio, Pastor, suelta, quita, Amarilí, que habiendo yo llegado::- . Deja. Deja, qué muera a mis manos: Cielos, qué es lo que miro! Que muera a mis manos: Santos Dioses, qué es lo que veo! Suspensa en dos acciones el alma, tan igualmente violentas, ha quedado. . Silvio es quien con Amarilí bella en la cueva estaba. Mírtilo el autor es de mi ofensa. Mírtilo a qué fin, fortuna, a matar a Silvio entra, cuando él viene a sus amores? Quién el afecto me trueca, que domás de esposo el nombre, al verle el brazo me tiembla? Quién, al verle, de mi acero ay que el impulso detenga? Suspensos los dos a un tiempo quedaron; y aunque debiera yo por Silvio apasionarme, no sé qué causa secreta hacia el lado de Mirtilo me tira con igual fuerza: Qué es esto, Mirtilo? Silvio, qué es esto? Amarili bella, qué es esto? hablad. Yo no puedo. Tampoco yo. Aunque debiera con mayor causa mi honor callar, pues en tu presencia ya no es posible vengarme, véngueme de otra manera menos noble mi desdicha: este es un agravio, esta es una rabia, una ira, una injuria, una violencia, un delirio, un frenesí, una pasión, una pena, un letargo; una aflicción, una deshonra, una afrenta, tal, que aún es el pronunciarla mayor mal que el padecerla; y para decirlo todo de una vez, es una ofensa hecha a los Dioses, y a mí, y a ti también, pues es fuerza, que como Padre te toque mi dolor; y pues mi ciega cólera ya no es posible, que a su venganza se mueva, por sí, y por no sé qué causa con que este Pastor la templa, a despecho de mi honor, a pesar de mi vergüenza, sabed que Amarilí falta a la fe, y a la promesa, que comprometida esposa debe a la alta sangre nuestra. Yo, cómo, sí, cuando, a ti, buscaba mi amor::- Calla, fiera: con ese Pastor la he hallado encerrada en esa cueva; si entrar en ella es delito, qué será con él, y en ella? Yo no te pido venganzas, padre; pero considera, pues eres padre, y Juez, qué te toca hacer en esta esdicha, que yo no quiero ya de ti más de que adviertas, si huyendo de una mujer, hice bien de irme a las selvas; pues fiera por fiera, no hay otra para mi más fiera. Oye, escucha, espera, aguarda. Aguarda, oye, escucha, espera. Que no es bien quieras dejarme:- Que no es bien dejarme quieras: Con tu ofensa, cuando yo vengo a averiguar mi ofensa. Con la culpa, y sin la dicha, que me causara el tenerla. Para aqueste trance, Cielos, mi cansada edad conservas! Pastoras de estas montañas::- Pastores de aquestas selvas::- Yo celosa:- . Yo ofendido: A él le buscaba en aquesa lóbrega estancia. A buscar entré otro Pastor. Qué vieja disculpa de dos amantes a quien un marido encuentra! Dilo tú, pues tú lo sabes. Vuelve tú por mi inocencia, Dorinda. . Yo no sé nada. . Oh aleve! . Oh ingrata! Oh fiera! Si no lo sabe, también, y todo, qué quieren de ella? Ya que tú me faltas, deme quien lo sabe la respuesta: Pastores, pues en el valle hay quien las traiciones sepa de una Ninfa, y Silvio, hablad, qué decís en mi defensa? escuche yo vuestras voces. Amarilí muera. Muera. Oh nunca las escuchara! Oh nunca yo las oyera! que aunque no soy el dichoso, basta ser quien lo parezca. Muera Amarilí. Qué es esto? Estar la Arcadia revuelta, diciendo, que si un delito como este es quien la condena a tantas calamidades, y cuando esperaba de ellas el fin, la vuelve al principio; (traición que es tan manifiesta, pues nadie ignora por quien Mírtilo a la Arcadia venga, que es fuerza esperar mayores. pestes, ruinas, y miserias; y así, que muera Amarilí, comó las leyes ordenan, para hacer a nuestra Diosa del mismo delito ofrenda, a cuyo fin dicen todos: Amarilí muera. . Muera. Qué mal pleito tiene (oh Cielos!) quien el día que a esto llega cómplice de algún delito; le da el pueblo la sentencia! Bueno es que yo la ofendida de un aleve esposo sea, y su culpa::- . Calla, calla. Bueno es que yo a buscar venga a quien me ofende, y presumas, que puede ser::- . Cesa, cesa: Al Templo de nuestra Diosa llevad a Amarilí presa; y a ese joven (solo en esto . no anduvo la ley severa, parece que la hice yo, pues con la vida le deja) en un barcor el río abajo, sin timón, remo, ni vela; le echad a voz de pregón; que publique la sentencia de su destino, que yo pude darla, mas no verla: Ay juventud infelice! Ay infelice belleza! Qué de cuidados me debes! Qué de pesares me cuestas! . Al Templo ven, Amarilí. Ven, Pastor, a la ribera. Mirtilo? Amarilí hermosa? Yo voy a morir contenta, sabiendo que por ti muero. No, no hacerme quieras el cargo, sino al Pastor que buscabas. Sola esa desdicha::- Vamos. . Aguarda, le faltaba a mi tragedia, cuando yo para ser tuya::- Mirtilo, vamos. Espera, que sola una razón falta, y todo mi bien en ella. Vamos presto. Adiós, Mirtilo. . Adiós, Amarilí bella. Por ti a morir voy. Yo no, porque esa dicha no tenga. Mírtilo, adiós. Amarilí, a Diós. Qué infeliz tiagedia! En toda mi vida vi cosa más puesta en razón. Mucho bien dirá el simprón de esta ley de Arcadia. . Sí: porque ley tan entendida, tan discreta, y tan honrada, que habiendo sido mal dada, se ha hecho bien recibida: ley, si de ella otra vez hablo, que cogiendo en hurto ha dos, al hombre le envía con Dios, y a la mujer con el diablo, dentro de muesas entrañas había de estar immortal en lláminas de metal con lletras de oro tamañas: alto a casar, esto es hecho, sin que te vengues arisca: venga esa mano, Corisca. Por qué ahora? Porque sospecho, que aún antes que se pubrique, según, Corisca, eres fiel, la boca harás un aquel por donde te sacrifique; y no es bien que por mí en nada pierda la Diosa sus bienes, sabiendo de ti, que tienes genio de sacrificada. Malos años para quien eso pensare jamás. Oh qué degollada harás! y como te estará bien sobre el cándido cristal de tu garganta primero la gargantilla de acero, y luego la de coral: Ea, alto a casar, la mano me da. Porque veas que ha sido tan galante, tan rendido, y tan fiel mi amor, que en vana teme esa ley, y otras mil, cata aquí la mano mía. Espera, que no querría, que andovieses tan civil después de haberme casado, que como quien no hace nada::- Qué? . Me salieses honrada, y me dejases burlado. Eso has de pensar de mí? puedo nunca faltar yo, Sátiro, a ser quién soy? . No, más pudiera ser que sí. Vamos ahora al honor mío, entre alma, y vida, que dice habla honor. . . Ay infelice! Que le han echado en el río, desde el río respondió lastimosamente fiel: luego bien, si se ahoga él, será desahogarme yo. Ay de mi infelice! Alienta, que ya de la orilla toco contigo el puerto, a pesar de las injurias del golfo: dichoso mil veces yo. Y yo ninguna dichoso, pues donde pierdo la vida, me parece que la cobro. Mírtilo, hijo, amigo:- Padre. No en vano, cuando me arrojo de mi barca a socorrerte, sin saber quien eres, noto, que la carga que traía no me pesaba en los hombros; qué es esto? todo ha de ser fortunas, desdichas todo, para ti todo prodigios, todo pasmo, todo asombro? Sí, padre, y aunque son tantos, al ansia con que los tomo, y a la sed con que los bebo, tal vez le parecen pocos. Mira como de los Hados sabe desmentirse docto dictamen; pues cuando huyes de mí, temiendo dudoso, que te dé la muerte, es la vida la que te otorgo: Qué es esto, otra vez pregunto, quien en aquel pobre roto barco, sin vela, ni remo, te echó, donde impetuoso el raudal te trastornó en su piélago más hondo? dime, qué es esto? Si yo sucesos tan lastimosos supiera decir, supiera cuantos son, y así es forzoso no contarlos, porque no quede su número corto. Dónde estamos? . No lo sé, que yo tendiendo los ojos, al más cercano celaje es donde la mira pongo. Pues en tanto (ay padré mío!) que hallamos por este umbroso bosque albergue, mi fortuna sabrás. Suspenso te oigo. Yo de mi infeliz destino arrastrado; mas qué roncos destemplados instrumentos, (que alegres fueran en otros tiempos) llenando los aires de escándalos pavorosos, a soplos mi fuego avivan, debiendo matarle a soplos? No lejos de aquí se escuchan. Acerquémonos un poco. A los rudos instrumentos funestamente sonoros, parece que sobstituyen tristes endechas, y tonos. Oigamos, por ver si algo nos dicen sus ecos sordos. Piedad, divina Venus, y templen tus enojos de humano sacrificio la fe, el culto, y el voto. Si ya mi cansada vista no me miente, reconozco desde aquí, que van saliendo de aquel montecillo umbroso hacia una fábrica breve, pequeño templo del soto, de Pastores, y Pastoras una grande tropa. . Todos van de ciprés coronados, arrastrando por despojos negros álamos. . Las teas encendidas dan a Apolo, que las ve más con el humo, que con la luz en el rostro. Atendamos, para ver si algo nos dicen los coros. Piedad, divina Venus, y templen tus enojos de humano sacrificio la fe, el culto, y el voto. Tras de todos viene una mujer vendados los ojos con negro cendal, y atadas las manos. Y al tiempo propio que ellos se van acercando con pasos bien perezosos, se abre del Templo la puerta, en cuyo atrío se ve solo un Sacerdote, en la mano un puñal. Dioses piadosos; pero miento, crueles Dioses, como (ay infelice!) cómo esto consentís? . Mirtilo, qué es esto? . No sé. Estas loco? Sí, pues, no lo estoy: hay padre! que si la seña recorro al sitio, al bosque, y al Templo, y al alma, que es más que todo, aquel es Nicandro, aquella Amarilí: Ol rigoroso Hado siempre, y nunca: mas como otra vez no me arrojo a morir desesperado desde este risco a ese golfo? Mirtilo. Para ver esto me libras, cuando me ahogo! qué más muerte querías darme? cruel eres, no piadoso, padre injusto, pues me traes adonde esto miro, y oigo. Piedad, divina Venus, y templen tus enojos de humano sacrificio la fe, el culto, y el voto. Cuando la injusta sana de Venus siento, y lloro, castísima Diana, a tu piedad invoco: tu solamente sabes si ofendí mi decoro; tú, que inocente muero: advierte, que es impropio, que donde no hubo ofensa, sirva de desenojo la afrenta que padezco, las lágrimas que lloro. Aunque parezca impiedad, tronco vivo entre estos troncos, tengo de asistir a este espectáculo, piadoso, y cruel a un tiempo. Aunque sea injusto desahogo, amparada de los verdes canceles de aquestos olmos, también he de ser testigo de la venganza que tomo. Nunca humano sacrificio dejó de causarme asombro al ejecutarle, pero este (ay de mí!) más que todos: Qué diera yo porque hubiera para suspenderle modo! Corisca, aprende el papel, por si te pasa lo propio. Pastores de Arcadia, ya que el holocausto es forzoso, cúmplase toda la ley, digan a voces los coros, si hay extranjero Pastor en todos estos contornos, que de Diana en las Islas siga el culto religioso, que quiera morir por ella. Cielos, qué es esto que oigo! esta ley hay en la Arcadia? Tente. . Suelta. Escuchad todos. Amarilí, Ninfa bella; es, porque faltó a su honor, fuerza en víctima ofrecerla: hay extranjero Pastor, que quiera morir por ella? Luego habrá tonto tan grande, que diga que si? y qué poco! Si hay: suspenda tu acción, Nicandro, el golpe alevoso, que yo a recibir el golpe por ella a tus pies me postro. De donde, o cómo, Pastor, has venido? siempre pronto entre mi acero, y su vida te he de hallar? Sí: pues del modo que entre tu flecha, y su vida tal vez mi vida interpongo, entre su vida, y tu acero lo he de hacer. Qué es lo que oigo! Qué es lo que veo! Mi agravio crezca. . Crezcan mis enojos. De qué suspenso has quedado? de qué pasmado, y absorto? extranjero Pastor dices, que ha de ser el que dichoso dé su vida, y dé a Diana cultos: yo lo tengo todo, de Elide soy, a mi padre para testigo os propongo; y pues voluntariamente por ella a morir me arrojo, muera yo, y viva Amarilí. Viva Amarilí, gozosos digamos todos de ver hecho de Amor tan glorioso. Amarilí viva. . Viva Amarilí, y muera el tonto. De donde otra vez has vuelto, extranjero prodigioso, a doblarme las desdichas? Aunque en las voces que oigo, oigo que hay quien por mí quiera morir, quien es desconozco: porque igualmente tapados los oídos con los ojos, no me dejan percibir quien será el que generoso ofrece por mí su vida. Descubre a Amarilí el rostro. Amarilí viva. Viva Amarilí, y muera el tonto. Pues si merezco mirarla, será dar mi vida a logro. Quién es quien por mí: qué miro! ya no es vida la que gozo. Yo soy, Amarilí bella, quien por ti a morir me expongo, no cómplice en tu delito, que a serlo, hiciera muy poco, sino ofendido, porque sea mi amor más heroico. Eso es querer obligarme, y ofenderme a un tiempo propio; y porque ninguno crea, que yo hice ofensa a mi esposo, y de que quien la presume me da la vida en retorno, si es que puede deponer la fineza, la depongo. No es posible. No? pues viva Amarilí, y muera el tonto. A la ley te has entregado, y obedecerla es forzoso. No es, porque él no puede ser sacrificio entre vosotros. No es, que siendo él el que muere, yo, a la verdad, me dispongo. Por qué, Dorinda? por qué, Pescador? Escuchad todos. Habla tu primero. Ese joven, que de amores loco, se ha ofrecido al sacrificio, si bien de él las leyes toco, no puede morir, porque es natural de Arcadía. Cómo puede ser, si eres mi padre, y eres de Elide? Si rompo las carceles de un secreto, de Arcadia, infelice mozo, eres, no eres mi hijo; porque el día que furioso, saliendo Alfeo de sí, hizo piélago este soto, zozobraba mi barquilla, varó en el fatal contorno de ese centro de Ericina, cuyo bostezo horroroso, con la resaca del río, abortó de sus más hondos senos a la vista mía un pequeño infante hermoso, que mis piedades llamaba a gemidos, y sollozos: este eres tú, y por más señas, por si acaso entre vosotros puede haber quien le conozca, pendiente tenías al hombro en este cordón de seda esta lámina de oro, en cuya plancha gravado dice (mote misterioso!) porque no te mate yo, muérete, infeliz, tu propio. Ay hijo del alma mía! en este instante no solo la lamina, mas también mis ceguedades conozco; y sé de aquel vaticinio, que me dijo prodigioso: siempre, o núnca homicida serás de la que piensa que no es vida. Ahora felicemente a ver el sentido torno: siempre tu homicida he sido, yo te arrojé riguroso a morir, yo con la flecha te herí, yo te eché en el golfo, y yo levanté este acero contra ti: con que está todo cumplido el Hado, pues nunca te mato, y siempre te lloro. Pues si él no muere, volvamos a decir ahora nosotros, que muera Amarilí. Muera Amarilí, y viva el tonto. Tampoco ella morir debe. Por qué? Porque ya que cobro (viendo imposible a Mirtilo) la razón de mi celoso rencor, confieso que fue su delito testimonio. De una, el vaticinio a mí también me dijo horroroso: vil mujer, los debaneos darán a tu vida asombros. Yo, habiendo visto en Mirtilo, que por hermano conozco, tanto amor, no che de volver al pasado matrimonio. Bien puedes, pues que no hube en tu pecho duro, y bronco mas que sagrado contrato, y lo que obligaba a todos era unir dos semideos, cuyo descendiente heroico ha de libertar a Arcadia, y ya en Mírtilo lo propio conviene, que en ti convino, por su esposa se la otorgo. Con que también de mi estrella el vaticinio piadoso, que un Fido Pastor había de enmendar tantos enojos, se cumple felicemente, siendo Mírtilo mi esposo. Varato con una vida tan grande ventura compro; y con esto el Pastor Fido aquí tenga fin dichoso.
