Texto digital de El labrador de La Mancha
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- El texto procede de Francisco Cabañas Centeno.
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Cabañas Centeno, Francisco. Texto digital de El labrador de La Mancha. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/labrador-de-la-mancha-el.

EL LABRADOR DE LA MANCHA
Y adonde alegre caminas, el dorado Alcázar ves, a quien sirve el sol hermoso de cubierta y capitel. Esta es la dichosa casa y este el divino Aranjuez, que llamaron Buenavista por ser casa de placer, en cuyos bellos jardines ámbar respira el clavel, bálsamo las dulces fuentes, que no cesan de correr; aquí bien es convidado. Envidia me das a fe, pues comerás en las bodas del mayorazgo de un Rey. Músicos de su capilla, que el que canta menos bien, tiene la voz como un ángel, han de cantar y tañer. Las mesas han de servir, yo lo digo, yo lo sé; doce mil de cada tribu y nueve coros también. Luceros tiene por techo la sala en la que han de comer; un favor es en blancura, cada huésped un Moisés. ¿Pues qué serán los manjares? Si queréis, yo apostaré que es el Fénix de los cielos, que uno es solo; aunque son tres la Eterna Sabiduría. Si lo quisieres saber, haz el gusto de la boda: dale a ella el parabién. No hay principio en la comida, ni postre en ella ha de haber, que Amor, que es el cocinero, la dispuso así esta vez. De zafiros el trono, de oro puro el escabel; para el Salomón divino cielo es suelo de sus pies. Ya con majestad se asienta debajo de su dosel, para echar la bendición, el nuevo Melquisedec. Ya los convidados entran, advierte lo que noté: que su vestido más blanco que la nieve y marfil es. Un Abel es el primero, el segundo es un José y, en inocencia y limpieza, todos son José y Abel. Ya el Padre de las familias, con su justo proceder, las sillas va repartiendo sin igualdad de interés. Labradores se han sentado y en mesa de estado, ¿quién dirá que no es bueno el suyo? ¡Ay de ellos si así no es! He mirado tu vestido y me parece, pardiez, que en nada no les pareces; aunque más bizarro estés. Contento, pena me das de oírte si puede ser, siendo en tu ser alegre, a quien tratas pena des. ¿Qué diferencia has hallado en mi vestido y de aquel, que con más galas te adorna y con más virtud se ve? Del Rey, que aquí me convida, guardo con rigor la ley, obedezco sus preceptos suaves, aunque son diez; doy limosna, ayuno y rezo. Este no es hábito en quien hay prendas y por quien puedo estas honras merecer. Vengan de boda vestidos los que aquí son convidados, que son muchos los llamados y pocos los escogidos. Pues yo escogido he de ser si tales mis obras son. ¿Qué te parece, Razón? Tú te puedes responder: piden de boda el vestido y de serlo el tuyo deja, pues entre la piel de oveja el lobo viene escondido. Dar limosna, si es fingida como la das tú, es llevar piel de oveja y el obrar de lobo en que va escondida. Luego yo hipócrita soy. Bien claro se da a entender. Luego no entraré a comer. De ese parecer estoy. ¿Qué me falta? Ir adornado de aquel vestido nupcial que pide el Rey celestial, a quien es su convidado. ¿Ese vestido cuál es? Con un divino temor, obrar por su santo amor sin otro algún interés. Tú, con fingida apariencia, en lo exterior obras bien porque los hombres te den vanagloria y excelencia. Y así con su Majestad no es bien que a comer te atrevas, pues el vestido no llevas que Él pide de caridad. Tal dices, bueno sería que yo perdiese este honor. Espérale en mi favor. ¿Puedo entrar, Hipocresía? Pues no contigo entraré. Esa estimo. Y yo lo quiero, pero escúchame primero. ¿Cuándo yo no te escuché? Entra, mas has de llevar humilde la vista y grave y en voz delgada y suave saludarás al entrar. Besarás manos y pies con grande blandura a todos porque te dé en tales modos gran reputación después. Los ojos bajos tendrás y la cabeza inclinada y en voz alta y levantada suspiros tiernos darás. Habla en tono regalado, si no es que tu honor padezca de tu cuello no parezca sino poco y no aseado. Zapato grueso y sin cintas, siempre traerás el vestido de jerga basta tejido. Ya vengo como me pintas. Y cuando por gran favor tu vida alguno autorice, dirás: “Jesús, quien tal dice, yo soy malo y pecador”; y aunque haya mucha distancia en ti y el bueno en vivir, el serlo has de presumir con interior arrogancia. Finge ayuno y castidad, pero a campana tañida porque digan que es tu vida de un ángel en la ciudad. Serás tenido por santo, que con tal ostentación para la humana ambición mis engaños pueden tanto. No dudes, entra contento, que esta virtud aparente, en parte más eminente, te dará lugar y asiento. Luego al Rey no has de temer, pues es quien todo lo sabe. En un acto que es tan grave, riguroso no ha de ser por no afrentar a un vasallo a quien da muestras de amor. ¿Qué me aconsejas, Pesar? Mil inconvenientes hallo y así por tu condición no los digo, pues no quieras, considerando quién eres, mudar conmigo intención. A buen necio te arrimaste para que gusto te dé. Dime, Apetito, ¿entraré a comer? Ya me afrentaste en pedir antes que a mí a la Razón, mi enemiga, parecer y es bien que diga quejas grandes contra ti. Entra a comer y verás que en decir que no es decente tu intento y vestido miente. También conmigo entrarás. Vamos. Consejeros son los que ha tenido acertados. Son oidores sobornados de su misma indignación. Entra, pues quieres entrar, que yo espero que, al comer, en la pared has de ver la mano de Baltasar, por quien serán malogrados tus intentos atrevidos; que son pocos escogidos, aunque muchos los llamados. No temo que me diviertas. Contento, quédate aquí, no pases. Harélo así. Tú no pases de las puertas. Jamás entro más adentro si fundado en Dios no voy, que en lo demás siempre doy un azar con un encuentro. Que lo tendrá bien lo creo el hipócrita engañado. Vicio es de Dios señalado y en sus ojos el más feo, que obrar mal y vivir mal con cubierta de que es bien, hace a la virtud y al bien injuria y notable mal, que del vicio descubierto cualquiera se aparta y huye. De este no y así destruye la virtud por encubierto. Pesar, para hipocresías tienes talle acomodado. ¿Siempre has de ser libertado conmigo por tus porfías? Siempre a reñir te provoco, no quiero contigo paz. Costumbres son de rapaz y obras muy propias de loco. ¿Qué dices, triste de ti? Mala cara sin consejo, corto moco, largo viejo, pedradas tiras y a mí las ventajas que me debes así me quieres negar. Soy, a tu pesar, Pesar; si algo hay en ti que alabar, es mío y por tal lo cuento, que es fuerza, siendo el Contento, acabar en ser Pesar. Di lo que quieres de mí, aunque falso que bien sé que al Infierno no me iré ni me es posible y tú sí. Si no vas, a muchos llevas por seguir tu mal humor. En el bueno soy mejor si en el malo me repruebas. Si lo lleváis por lo humano, iguales venís a estar: presto se pasa el Pesar y presto el Contento vano. Los dos de alquitar sois juros, que en esta humana inquietud, solo el que tiene virtud goza contentos seguros. Y como sin ella entró el convidado sospecho, ¿qué les ha de hacer mal provecho el honor que pretendió? El rey y la gente toda se alborotan. Bien notaste. Amigo, di cómo entraste sin el vestido de boda. Sal fuera, que conocidos han sido ya tus pecados; que son muchos los llamados y pocos los escogidos. De la cena se despiden. Sin responder obedece. Su delito le enmudece, por él sus glorias se impiden. Tal agravio se consiente. Que le llame y le despida. ¿A qué os supo la comida? Que así se enoje y me afrente: fui yo adúltero homicida como el pastor de Isaías. Quité, cual él para mí, la oveja al dueño y la vida. He sido egipcio obstinado con portentos impaciente, hice fuga inobediente como el profeta anegado. Manché el casto matrimonio de la que abonó Daniel o soy cambiador cruel, como el que dejó él. ¿Mi pecado acaso pudo ser más que el del sabio rey? Quebré tablas de la ley, como el otro tartamudo. Quité la viña a Nabot, soy Nemrod en la locura. Atrevíme a la hermosura que en Sodoma guardó Lot. Levanté el fiero bastón contra un Abel envidioso, tuve de Absalón hermoso la parricida intención. Pues si mi culpa no sube hasta el Aquilón ligero, donde el primer bandolero quiso hacer silla de nube, ¿cómo así soy afrentado y el Rey, con dura sentencia, me arroja de su presencia, siendo a su mesa llamado? Si por no ser noble fue, otros a su lado vi que no los estimé allí para suelo de mi pie. ¿Cuánto más que el propio dijo que al pobre, al malo y al bueno, rico y al de honores lleno a las bodas de su hijo? Convidaba si es así. Puesto que yo mozo soy y de Él convidado estoy, ¿por qué me despide?, di. Al malo y al pecador dices verdad que convida, mas no para que en su vida mala coma y en su error; sino para que a comer llegue con alma tan pura, que hoy deje a la nieve oscura el que fue tan malo ayer. A ocupar las mesas francas de todas suertes entraron limpios y al Rey agradaron por sus vestiduras blancas. Pero tú, por tu malicia, del Rey entraste en desgracia, que es privación de la gracia la culpa y de la justicia. Solo tú con mancha fuiste y sin el nupcial vestido y, como loco atrevido, su indignación mereciste. Si mandaba el rey Asuero que ninguna a verle entrase ni a negociar que llevase talle o vestido grosero, ¿qué vestido es bien que lleve puesto que Él no te lo mande, quien con monarca tan grande a entrar a comer se atreve? Y si es verdad que llevé mancha en el vestido yo, ¿cómo ninguno la vio sino el Rey, que así enojé? Porque solo Dios conoce al hipócrita y así solo Él vio la macha en ti, aunque a todos se reboce. Y es bien claro de probar que tu falta de paciencia da contra ti la sentencia de hombre falso en el obrar. Déjame, no me atormentes. En esto te doy disgusto. El vestido es de mi gusto, aunque lo contrario sientes. Segunda vez, vuelve a entrar. Eso es ya menos valer. Llévame allá y puede ser que comas. Calla, Pesar. No sé qué remedio intente para buscar mi consuelo. Uno te daré, que el suelo corone por el mi frente: Labrador, por el pecado primero el hombre quedó y a ti también te alcanzó que no fueses preservado; luego, si eres labrador y con mancha por la cual de aquella mesa imperial te despiden con rigor, bien te podemos llamar “Labrador de Mancha” _a ti. Es así; adelante, di. Pues si pretendes medrar, y el nombre es ya en ti forzoso, corazón y gusto ensancha y sé labrador de Mancha que lleva el trigo vicioso. Bien dices, ya en ella estoy; así me llamen de hoy más. Errado y perdido vas. Labrador de Mancha soy. Vuélvete al Rey. Eso no. Vosotros todos seréis los que el esquilmo gocéis, que el cielo dará y medio: el Apetito ha de ser mi gobierno y mayoral, por quien seré otro Nabal en hacienda y proceder. Semillas escogeré que alegres frutos me den y Razón, pues me está bien, de su esclava servirá. ¿Su esclava quieres que sea? Y herrada, que así me agrada. Esclava sí, mas no herrada; aunque tu hierro me afea. Tú verás porque se entienda que eres labio de tal olmo, el fruto por mí y el colmo en tu persona y hacienda. Por mí tus campos serán fértiles de trigos rojos. Si imita por tus antojos, será, en cosechas, Labán. Las viñas, en su sazón, darán vinos olorosos. En los frascos ponzoñosos de Jael y del dragón. Quiero que la Hipocresía, pues yo mudo de intención, el nombre mude: Ambición se llamará. Dicha es mía. Tú serás quien haga precios en mi renta, honor y ser. No sabrá ser mercader, que no es oficio de necios. ¿Soy necia yo? Y lo autorizo del nombre nuevo, pues tienes todo el cuarto de las sienes a teja vana y pajizo. Sobre las plumas del viento hace que tus plantas tengas y que a ser Nabuco vengas en grandeza y pensamiento. Haréte una estatua de oro, fundada en barro y en sueño, que el guijarro más pequeño vuelva en polvo su decoro. El Pesar será el gañan que trabaje con rigor. Si soy el gañan en dolor, comerás siempre tu pan. Con tal dueño así se medra. Mejor dirás que has de ser gusano para roer a sus deleites la hiedra. ¡Calla, perra! ¡No podré, porque tus engaños siento! ¿De qué servirá el Contento? Mejor que tú lo diré: en la siembra de tu vicio seré el almanac discreta; en la siega tu poeta, raro y mal premiado oficio; el gomecillos seré porque en penas no tropieces y también algunas veces, porque caigas, pondré el pie; el cribo seré en las eras cuando gustos acribares; y, si de ellos te enfadares, seré tu quitadenteras; tu pájaro, y no enjaulado, porque nunca estoy de asiento; y aún tu buñuelo de viento por no serte tan pesado; seré en todo como Dios, que ninguno se me iguala; y seré la noramala para vos y para vos. Todo serás, yo lo juro. Y tú eterna perdición. No se pase de sazón el buen tiempo que procuro, luego a sembrar comenzad esos mullidos barbechos de antiguas costumbres hechos de mi propia voluntad. Lábrense las viñas luego porque den vino de amor. A tierra tiene ya humor, aunque no es de cielo el riego. Vengan los gustos a ser jornaleros en mi casa, que, si el tiempo se nos pasa, vendráse todo a perder. Labrador, vuelve, ¡ay de ti! Por ti, que perdido vas, mejor labrador serás si me das crédito a mí: limpia el hábito y prevén la ropa que el Rey pidió; no bajes a Jericó, súbete a Jerusalén. Vuelve al Rey, teme el castigo; pues no te obliga su amor. No le quiero por señor, Esclavo, ni aún por amigo. Ya escogí vida más ancha que no la que Él pide estrecha. Triste será la cosecha si eres Labrador de macha. Razón, vete norabuena. No me acompañes jamás. Siempre mis voces oirás. No la escuches, que es sirena. Labrador de la Mancha, siembra deleites porque cojas el fruto que tú pretendes. Ya para muerte suya el Labrador comienza, en sus tierras viciosas, la desdichada siembra. Ambición le madruga, el Pesar le despierta, Contento y Apetito le engañan y desuelan. La primera semilla que derrama es Soberbia, porque su nombre solo hasta los cielos crezca. De Ira es la segunda, que ser Saúl desea contra aquel que le ha sido David para que venza. Ya siembra la Codicia, y el necio no se acuerda que Lot y Abrahán juntos se dividen por ella. La Gula no se olvida, aunque a Jonatán vea que un poco de miel sola a muerte le sentencia. La Envidia siembra aprisa para empezar con ella al José más querido, aunque su hermano sea. Y a la Pereza torpe derrama sin que temas de las vírgenes locas el castigo y afrenta. De la torpe Lascivia mayor cantidad siembra, que quiere ver del alma las trojes siempre llenas. ¿No adviertes, ignorante, que esa semilla oscura anega el mundo en agua y las ciudades quema? Ya cesa en el trabajo, ya los sembrados riega con culpas de deseos de quien el fruto esperan. Ya nacen y yacieren, como si espuma fueran, que siempre crece mucho cualquiera mala hierba. Ya favorecen y espigan, que el vino nace apenas cuando sin detenerse se desvanece y seca. Ya esperan que maduren, que presto a sazón lleguen con los consentimientos de la voluntad ciega. Ya el Labrador de Mancha, para no salir de ella, en ocio y fiestas vive mientras su agosto llega. Ande el gusto y venga el bien, y todos den parabién a mi ventura y, pues la gozo segura, tengan envidia también. No te desengañas ya de que tu siembra es encanto, que en eterna pena y llanto tu esperanza trocará. Deja esa necia porfía, Razón, no me desgrades. ¿Posible es que así te enfades de mi voz y compañía? Es pesada y enojosa. Es santa y de avisos llena. Estima y busca la buena, que la mala es muy dañosa. Cuando tuvo compañía Abrahán con los caldeos, malos en obras deseos. Aunque él cual justo vivía, jamás Dios le apareció y, en mudando vecindad, con mercedes y amistad, le trató y le regaló Sara hermosa, santa y fiel; porque Isaac no le matase, no consintió que jugase con el travieso Ismael. Jacob, con su mal hermano, tratar no quiso y vivir temiéndose pervertir con su proceder liviano. Deja ya esa compañía y estos ejemplos advierte, pues solo busca tu muerte; vida tendrás con la mía. Di por qué en mi presencia hablas con tal libertad. De mi madre, la Verdad, nací con esta licencia. Ser más honrada presumo que tú en trato y en intento. Quedo que, aunque soy Contento, puedo llorar con tal humo. ¿Qué importa que la Razón, como afrentada y corrida, al Labrador celos pida de nuestra conversación? Él la quiere y la desea, su vida y casa gozáis. ¿Qué os da pena? No temáis, que lo que pretende vea: yo, Razón, ya te dejé; ya de mí olvidada estás. Pues sin mí, bestia serás. Más gusto sin ti tendré. Calla y sirve al Apetito. Razón, yo le doy su pago, pues cien mil penas le amago y el dulce al vicio le quito. Si va a coger los despojos del deleite donde yerra, con el fin que es nada y tierra, le doy en cara y en ojos. Solo a mí me pones freno. Sí, porque eres desbocado. ¿Soy caballo? Y descartado de la baraja del Bueno. Luego corrido estaré, por lo menos del descarte. No hay quien no sepa ensillarte y aún correrte. Bueno, a fe. Atropellar mejor sueles y el que va en ti libre está, que, por lo menos, tendrá en el seso cascabeleo. Para esperar nuestra siega es buen entretenimiento. Baila, pues sabes, Contento; mientras la Razón se llega. Si hay quien me quiera ayudar, bailar y serviros quiero. No faltará compañero. Pues comienza a cantar. ¿Qué letra quieres que sea? La que a propósito fuere. Así mi gusto lo quiere. Hágase lo que él desea. Cantaros quiero, señores, a vida que alegre pasa a su trato y en su siembra, “el labrador de la Mancha”:_ _ Llega el otoño lluvioso y en sus tierras barbechadas comienza a sembrar el trigo con dichosas esperanzas. En cuartos cuenta la luna, aunque allá toda es de plata y el reportorio acuartiza. Si no promete bonanza, si tarda en llover se muestra un puro santo en plegarias, que parece mucho al vino en estar puro sin agua. Llega el esperado santo que al pobre dio media capa, mata el matador de Adonis las cubas del blanco tapa, goza el menudo aviñado, guarda de ello para Pascua, convida yernos y nueras, que así le cantan y engañan: “v_ív_a_m_e_ _m_i_ _s_u_e_g_r_o_,_ _ que el más ruin es bueno si da, porque si no da es el mejor más ruin”._ _ Pasa el enero nevado y el febrero lo pasa y viene marzo vistiendo de flores prados y plantas. Sale el campo a ver sus trigos, que en abril limpia y escarda porque les dé mayo espigas de bendición y abundancia. Y viendo que el seco junio rayos y truenos dispara, pide al cura que conjure con reliquias y campanas; y cuando julio abrasado, de las mieses adoradas y de los maduros frutos, se pone toscas guirnaldas; comienza a segar sus trigos, con cuyas rubias manadas, haciendo ricas las eras, compone ceñidas paricas. Ya lo tilla, ya lo vuelve, ya en montones lo levanta y ya, con el cierzo frío, lo limpia y el grano aparta; ya lo criba en pardos cribos, ya en zarandas lo zaranda y ya en el montón lo aprecia, que en cruz y en círculo raya; ya con la mano en el cinto dándole vueltas lo tasa, porque piensa salir de ella cuando a los cuarenta valga; ya lo mide y ya lo goza y ya los que lo encamaran, porque lo pague en la cena, estas lisonjas le cantan: “A_l_ _a_m_o_ _l_o_s_ _c_i_e_l_o_s_ _d_e_n_ _ mejor trigo y mejor bien, que siempre a los buenos dan mejor bien y mejor pan”._ _ Buena vida, aunque molesta si los años fuesen tales. Para bienes temporales, ninguna es más bien dispuesta. Con vuestro favor, ¿quién duda y principio tan costoso que nuestro fruto dichoso con ciento por uno acuda? Esa es cosecha de gustos y a fuer de la vida eterna, cuya labor se gobierna no por locuras y gustos; sino por un santo acuerdo de no alzar jamás la mano del arado soberano. La paciencia y tiempo pierdo. Vamos a la siega luego, que mi deseo y cuidado los frutos ha sazonado. ¡Ponga el cielo al campo fuego! ¡Vete de aquí! Todo está a tu gusto prevenido. Cantad, y al prado florido decid cómo siego ya. A segar va el Labrador, a segar va. Flor por fruto cogerá, que toda su siembra es flor. Quien mis males pronostica, ya a cólera me provoca. La Razón, que es una loca. Tu cosecha será rica. Tus frutos serán mayores que los pide tu deseo. Cantadme, que así lo creo, pues que sois mis segadores. A segar va el Labrador, a segar va. Flor por fruto cogerá, que toda su siembra es flor. Vete, Labrador perdido, a segar el vicio vano y advierte que, en cada grano, hay un áspid escondido. Echa al deleite la hoz, que sus espigas serán; no las de Rut, que darán frutos de gozo a Booz. En tu perdición repara, que de loco das indicio. Mira por la espalda el vicio, no le mires cara a cara. Y advierte, si ya pasó de fealdad sus obras llenas, que a penas, si no son penas, señal ninguna dejó. Ya el Apetito, por guía, las mieses que va segando, va tentando y disfrutando con el celo de una harpía. Aprieta aquesos manojos, que para tu gusto cojes y verás, cuando no aflojes, que son espinas y abrojos. Goza de esas liviandades tras quien arrojado vas, que al fin de ellas llorarás tu engaño por mis verdades. Esta sí que es siega, que da por fruto deseados deleites y alegres gustos. Si esas voces dadas fueran por quien de ti se ofendió, la ropa que Él te pidió yo fio que te vistieran. Acuérdate que su ley es amorosa y suave y que, al que servir sabe, da gran premio, porque es Rey. Acuérdate que te dio el alma y el ser que tienes y, para darte más bienes, por ti los cielos crio. Gozada ya y desfrutada la siembra y la posesión, queda de su pretensión la voluntad descansada, que de regalos hallé, que sin ella no tenía. ¡Bien haya el dichoso día que tal semilla sembré! Procuraré conservarla mientras durare la vida, que con ella entretenida, mucho más vendré a estimarla. ¿Pero cómo solo estoy, cuando tal bien por mí pasa de la gente de mi casa?, ¿cómo así olvidado soy? Contento no me responde, Ambición no quiere oírme. ¿Por qué queréis afligirme? Mal mi amor se corresponde. Apetito, ¿tú tampoco, siendo tan fácil de oído, respondes? Desdicha ha sido que me obliga a volver loco. Pesar, ¿no me oís llamar? Aquí estoy, ¿qué es lo que quieres? Conmigo, tras los placeres, solo ha quedado el Pesar. Después de haber ya gozado el deleite y dulce amigo del vicio, solo conmigo, Pesar pesado, has quedado. Tras un siglo de esperar el gusto tan deseado en mi casa y a mi lado solo has quedado, Pesar. Considéralo y advierte, porque convencerte pueda que, tras el deleite, queda solo el Pesar y la Muerte; pero al contrario será si seguir la virtud quieres, pues sus fines son placeres de un bien que fin no tendrá. Si en tal consideración no te sujetas y mueres, mira lo que al Rey le debes; conoce tu obligación. Crio para tu sustento de regalos variedad, el ser y la calidad te dio de cada elemento. Crio estrellas que pisases, tierra alegre en que anduvieses, ojos de luz con que vieses, vida con que lo gozases. De ángel te dio entender, de los brutos el sentir, de las piedras el sufrir y de la planta el crecer. Hizo en ti una breve suma de cuanto hizo, con tal modo que eres el todo de todo cuanto el cielo y tierra suma. Tu semejanza tomó y la vistió de la suya y, sin culpa por la tuya, muerto de amores murió. Clama con voz de trompeta, que las sentencias pronuncia y mis pecados anuncia como lo dice un profeta. Clama, Razón, que a tus voces a quien yo negué el oído, como a fuente el ciervo herido, vengo con pasos veloces. Razón, tu razón oí; pero no cuando sembré y bien se me luce a fe en el fruto que cogí. Pensé que el alma quedara de mi siembra y mi labor, con gran cosecha y honor, que con hartura gozara. Y por ser en Mancha hallé que es, para el que en ella espera, más estéril que si fuera el monte de Gelboé. Si espero que en ella llueva, veo el mal, que es bien me asombre, pues porque cuadre a mi nombre hielos y dureza nieva. Ya el alma se desengaña del esquilmo producido, pues, en vez de trigo, ha sido variedad, muerte y cizaña. De aquí quiero despedirme y de tu favor valerme por no acabar de perderme. Si con propósito firme de dejar la Mancha estás, Labrador, y de mí fías; la hiel del pez de Tobías en tu ceguedad tendrás. ¿Puedes tú darla? Bien puedo. ¿Qué esperas? Has de salir de la Mancha. ¿Y dónde he de ir, que alegre en oír te quedo? Llevaréte a un alto monte, pingüe de tierras y fuentes, cuyas fértiles corrientes son del cielo el horizonte. Allá serás labrador, que en él una viña está, donde el jornal que se da es de inmensible valor. Y si mis consejos sigues, haré que el Rey enojado te admita por convidado y que siéndolo le obligues. Vamos, Razón, que el deseo de seguirte y de este bien da priesa. Labrador, ven. De ti mis venturas creo. ¿Dónde fue el Labrador? Temo que ya nos olvida. Razón, de envidia vencida, hará su suerte mejor, que como tanto porfía en darle voces que yerra, la labor, la macha y tierra, el gusto y la compañía le habrá obligado a dejar. Pues si de ella pesar tuvo, como tan ingrato anduvo, ¿qué no te llevó, Pesar? Con él voy, aunque aquí quedo y los dos lo confesáis, pues pesar de irse mostráis. ¿Tanto puedes? Tanto puedo. ¿Dirás que eres más valiente que yo? ¿Pues eso quién duda? No hay parte donde no acuda. A todos estoy presente. ¿Quieres que te desafíe y desengañe, Pesar? ¿A qué ha de ser? A tirar. ¿Quién de oírte no se ríe? Has de llegar donde yo. Eso dices, ya me asiento. ¿Y pues cuándo llegó el Contento adonde el Pesar llegó? Lo contrario aquí verás. ¿Y cuál la barra ha de ser? El trato humano. El perder es tuyo. Tú perderás. Comienza pues. Tiro un tiro de unos pagados amores, en cuyo gozo y favores, dos amantes firmes miro. Aquel decir de ternuras y uno en otro transformarse, verse, escribirse y buscarse con mil logradas venturas. Enojarse el que padece desvíos y soledad, para más firme amistad que amor con agravios crece. No hay concepto ni compás para este encarecimiento. Poco ha tirado Contento. Yo tiro. No llegarás. Tiro la pena, el temor de la afrenta si se sabe, el dolor cuando se acabe por disgusto y por honor. El sobresalto de abrir la puerta, aunque sea secreta, si lo cuenta la indiscreta, si el otro le vio salir, el peligro de que el padre del hermano le vio entrar, si la muerte les han de dar con el rigor que más cuadre. Tiro con que ganará la enfermedad, la pobreza que nace de él, la torpeza. Mira si el tiro gané. Corto has tirado esta vez, estira el brazo a otro tiro. De tu arrogancia me admiro. Tirad, que yo soy juez. Tiro de una dignidad largo tiempo pretendida, la renta y honra crecida, el contento y majestad. Aquel ser reverenciado, aún del mismo pensamiento gozar del mejor asiento, tener siempre el mejor lado, llamar “hola” _y “vos” _a todos, que en la hinchazón y el hablar, se parece mucho al mar; aunque no mengua en sus modos. Aquel ser libre y exento, que gusto puede igualar. Mira si llegas, Pesar, adonde llega el Contento. Hago tiro al que has tirado: la pena y solicitud que, a costa de su virtud, le da el cargo procurado. Aquel hablar al que priva con humildad y regalos, dar alabanza a los malos si aquí su favor estriba. Comer deprisa y sin mesa por hablar al presidente, dar sobornos largamente porque si no todo cesa, ser malquisto si a gozar el fin viene de su intento. Mira si llegas, Contento, adonde llegó el Pesar. Tiro otro tiro y después, Ambición, nos juzgarás y es de avaricia. Bien vas. Menos largo que otros es. Tiro el tener allegado aún por mal me dio un tesoro, porque es muy mendoso el oro; toque uno, toque en hurtado. Comprar barato de aquel, que necesitado vende, que al pobre no entiende si busca su amparo en él. Tiro el gusto de engañar, que su honor en tener tiene, y teniendo al noble viene, siendo el humilde a mandar. Y aquel gozar el aumento del dinero donde aspira, hay mayor bien; Pesar, tira y llega donde el Contento. Qué satisfecho has quedado, pero tiraré y verás que solo has tirado más en el hablar arrojado. Tiro contra este avariento, que no come por guardar el castigo y el pesar de otro Tántalo sediento. La fuerza y mala intención con que de nadie se fía, sin ver que en esta porfía, es de sí mismo ladrón. Aquel tener enemigos, maldiciones y mal nombre, que el dar es prenda en el hombre por quien gana más amigos. Y por vencer y pasar tu tiro, y esos otros dos, tiro el castigo que Dios a los tales ha de dar. Conque dirás que no llegas, Contento, donde llegó el Pesar. Di quién perdió, Ambición. Tú, aunque lo niegas. ¿Yo? Mal procedes, Pesar; el juez diga si pierdo. Nunca entre amigos el cuerdo pleitos ha de sentenciar. Los dos tirasteis tan bien que no juzgo diferencia. Los cielos den la sentencia. Ecos y vientos la den. Al Pesar desafió el Contento con intento de tirar y perdió, que nunca llegó el Contento adonde el Pesar llegó. Ni a mí me puede penar, siendo el Contento, el perder ni a ti alegrar el vencer ni el honor, siendo el Pesar. Y así, de lo pronunciado, el pésame no me doy. Pues yo satisfecho estoy de mí en haberte ganado. No podéis amigos ser, y así no os pido las manos. Unos pensamientos vanos, mil glorias han de perder. ¿Pues qué hay de nuevo, Apetito? El Labrador que decía que de una compañía gozaba gusto infinito, ya para afrentaros deja la Mancha. ¿Y dónde camina? La Razón, a quien se inclina, da causas a una queja. Con ella va y con él fui, pero tan bien la escuchó y a mí tan mal me trató que los dejé y me volví. Un monte se va con celo, vida que más le agrada que es esta labor cansada por la sequedad del cielo. Dice el necio persuadido de aquella esclava enemiga. Aunque más persuada y diga y ella le tenga vencido, con mi engaño y sainetes ha de saber y ha de dejar la Razón. Que a mi pesar haga tal. No te inquietes, sino seguidme los tres y su camino sigamos. No dudo de que perdamos el tiempo y el interés. Ya Razón, fiel compañera, del monte fértil y excelso la cumbre miro que intentas, pues que sigo tus consejos. Por el de otros cinco insignes y santos memoria tengo, y así, si por verme ya en este, una hoja grande espero. El monte Sinaí fue el uno, donde al caudillo del pueblo dio la ley de Dios; yo en este juro guardar sus preceptos. En el monte Moriá quiso que Isaac muera siendo ejemplo de obedientes, y yo en este padecer por él prometo. La zarza del monte Horeb tomó por silla y asiento cuando habló a Moisés, y en este su voluntad sola quiero. Al monte Tabor se sube por mostrar a sus electos la gloria suya, yo en ese ganarla amándole espero. Muere en el monte Calvario para bien y por remedio del hombre, yo guardo en ese de su muerte los efectos. Aquí, pues tanto te agrada, que siembres y goces quiero frutos, que por frutos tengan bienes divinos y eternos; porque este monte que miras, pingüe de pastos a menos, es la Iglesia madre tuya, significada en el mismo. Y aunque tú no la dejaste como el hereje soberbio, hijo fuiste inobediente y a sus regalos te vuelvo: aquí tienes siete fuentes, que son siete sacramentos por donde Dios comunique a tu siembra el fértil riego. Sírvate en ella de arado el temor de aquel tormento, que a los preceptos espera, y del escogido el premio; será gañán la memoria de aquel malgastado tiempo que trabaje para el alma lo que descanso en el cuerpo. Escogerás por semillas firmes y santos intentos de servirle y no ofenderle a un Rey tan amante y bueno. Recibirás en tu casa las virtudes por gobierno, teniendo lo que dictaren por voluntad y precepto. Con tales disposiciones, la pluvia del Padre eterno vendrá sobre tus sembrados, conque crezcan hasta el cielo. La escarda de tentaciones y ocasiones que hay en ellos quitarás con disciplinas, ayuno y recogimientos. Sazonados ya los frutos, contrito y con ojos tiernos, servirá en ellos de siega la confesión de tus yerros. Siembra, riega y coge con tal doctrina y tendrá tu trabajo cosecha rica. Ya sé, con la luz vera y con los frutos veros para tal siembra y ventura, el alma despierta tengo. De vera palabra santa, que es semilla, ya me siembro, que soy tierra a quien, humilde, con lágrimas tiernas riego solo para agradeceros, a los que es el mayor premio no como hipócrita loco, serviros y amaros quiero. Para ser labrador rico, tarde a vera viña vengo; aunque ya sé que pagáis como al primero al postrero. Sin dificultad alguna lo que ordenas obedezco. Razón, gobierna este esclavo de quien eres libre dueño. La confesión de tus culpas solo falta, ¿estás dispuesto? Amiga Razón, ¿quién duda? En este palacio rico entremos y, confesado en las aras de su templo, gozarás el pan y el fruto de tu siembra y tu deseo. En él serás convidado de aquel Príncipe supremo segunda vez sin que temas la pasada afrenta. Entremos. A este lugar la excelencia a callar y respetar a todos puede obligar, y así prevenid paciencia y mirad con atención si al Labrador veis en él. Razón ya su guarda fiel, por moverle a devoción, aquí le tendrá. Reviento de pesar imaginando que ya, por su engaño blando, mudare de pensamiento. Labradores son los hombres en esta vida emprestada, pero bienaventurada los que lo fueren sin Mancha. Eso es sin duda, Contento; ¿no le ves, con ropa blanca, que ya pisa, humilde y santo, la divina imperial casa? Del sacro palacio apenas viste las preciosas aras cuando esforzó tus intentos la canción que oíste santa. ¿Bien te parece la ropa? Razón, es tela gallarda la caridad, pues por ella Dios se enamora del alma. Su amor es quien me la viste, que solo por Él trabajan mis sentidos sin que esperen las antiguas glorias vanas. Este es el nupcial vestido que Él te pide, cuya gala enriquece a quien le viste con dotes de gloria y gracia. Es la ropa de Ester rica, con que al rey Asuero gana la voluntad y a su pueblo la vida y perdón alcanza. Es la que vistió Judit cuando Betulia cercada el asirio tuvo, a quien mató beldad, que fue tanta. Es la brea que Jonás dio a Nínive, con que aplaca para que no le castigue la mano de Dios airada. Es también la piel vellosa de Jacob, con cuya traza, mayorazgo y bendición, le dio el padre patriarca. Llega, Ambición. No me atrevo. Habla, Contento, ¿qué aguardas? Llega tú, Apetito loco. A todos fuerzas nos faltan. Llegad, no estéis temerosos; mas con intención contraria de la que hasta aquí tuvisteis en mi engaño y en mi casa. Si en ella el Contento queda, ha de servir de templanza y gusto, que me enamoré del que a los justos aguarda. Los que tuve de ambicioso, conviértanse en vivas ansias de pretender en el cielo sirviendo a Dios silla y palma. Sirva de estímulo santo Apetito, en cuya llama para amar a Dios se vea mi voluntad abrasada. Pesar será mi reloj, que me cuente en horas largas, para confusión y enmienda, la mala vida pasada. Tuyos somos, tú nos riges. Hágase como lo mandas, que con tales conversiones no perdemos y tú ganas. Compañeros seréis todos y en la cosecha y ganancia tendréis parte, y en la ropa que visto y al Rey agrada. Y más si está guarnecida de confesión. A Dios gracias que está así. Yo no lo ignoro. Lleguemos, que en esta sala que eterna sabiduría hace el convite y da gracia. Pero bienaventurados los que comieren sin macha. Seré yo alguno de tantos. Sin duda, pues que te llama. Despediráme otra vez. No, porque estás en su gracia; entra, que ya el Rey te espera. ¿Quién mereció dicha tanta y el perdón de tantas culpas? Mucho perdona quien ama. Entra, Labrador dichoso. Entremos, Razón. El alba envidia la luz que lleva en su vestidura blanca. Esperémosle a la puerta y advertid el gozo y gracia con que la mesa se sienta, y con la que el Rey le aguarda. Ya le da el manjar divino, ya con el pan le regala, que es pan de ángeles hermoso que satisface y no harta; ya el Labrador venturoso, con lágrimas que derrama, su contrición grande muestra y su rostro alegre baña. Ya su humildad le engrandece, su fe y amor le levanta a que espere las promesas que el predestinado aguarda. Ya goza el fruto y trigo de la cosecha esperada, que quien con lágrimas siembra, siega en contento y en gracia. Aquí, humilde y retirado, quiero, si abrazos no bastan, daros de tantas mercedes, Señor, las debidas gracias []. Estima tu buena suerte y, pues supiste ganarla, no la pierdas por la culpa ni la olvides por desgracia. Vera voluntad veréis cumplida en mis alabanzas.
