Texto digital de El jardín de Falerina
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Francisco de Rojas Zorrilla, Antonio Coello y Ochoa y Pedro Calderón de la Barca
- Atribución estilometría
- Francisco de Rojas Zorrilla Probable yPedro Calderón de la Barca Probable
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto ha sido preparado por Iván Rodríguez Caballero.
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Gómez Caballero, Iván. Texto digital de El jardín de Falerina. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/jardin-de-falerina-el.

EL JARDÍN DE FALERINA
JORNADA PRIMERA
Mágica , cuya ciencia rige toda la gran circunferencia, sabia legisladora, que al sol pones preceptos y a la aurora, que a los astros limitas, pues les das influencia o se la quitas, por estrañas regiones ¿adónde guías mis admiraciones?, por rumbos ignorados ¿dónde, suspensos, mueves mis cuidados?, ¿qué monte es el que pisan mis temores, surto bajel de roca en mar de flores? Responde, : ¿dónde estamos?, ¿es la media región la que habitamos?, que ciega mariposa arder espero sobre la llama del mayor lucero. Dime: allí ¿cómo nace de improviso sobre las aguas el clavel narciso?, ¿con cristal elocuente, cómo habla fugitiva aquella fuente?, ¿qué árbol allí, con líquido decoro, consagra a tu deidad primicias de oro?, ¿cuál es aquel tan obediente río que se mueve por solo tu albedrío?, ¿qué inexpugnable puente levadiza de este verde palacio es puerta riza?, ¿cuál mano la pulió de arquitectura con jazmines y hiedras por moldura?, o, sin decir la ley de tu cuidado, ¿a qué fin, a qué intento —di— has criado jazmín, río, moldura, hiedra, puente, Chipre, clavel, muralla, árbol y fuente? , prodigio de la tierra, tú, que la luz corriges que el sol yerra, tú serás el objeto —no lo ignores— a quien sirvan, fragrantes, esas flores. Este jardín, que rinde por despojos, fábrica docta es para los ojos y, aunque aparente es, aunque es fingido, servirá para el tacto y el oído. Por ti su verde muro a las edades vencerá seguro, no gigante de piedra sino obelisco de frondosa hiedra. El intento, me di, que te ha obligado a interromper la paz a mi cuidado. Refiere la ocasión, tu intento cuenta. Pues, oye mi intención. Ya estoy atenta. La gran Tartaria es mi madre, mi padre el planeta rubio, que como su planta propia me ha criado con influjos. Nací de humilde prosapia, pero con mi ciencia juzgo que hago ser noble a mi sangre y a mi valor, absoluto. En la edad primera fui a los astracanes susto, para los pocos ejemplo y castigo para muchos. De astrología y de magia me di al difícil estudio, y de la tierra y el cielo examiné los dos rumbos. Espíritus infernales provoco con mis conjuros y de su traje o su forma ni me asombro ni me asusto. El sol a mis voces paro, el fuego a mi enojo apuro, el aire a mi ira gobierno, el mar a mi ardor enjugo, puedo hacer… Ya sé que puedes permitir que se trasluzgan de los orbes celestiales esas antorchas noturnas; que puedes desordenar los efectos de la luna; que rechine todo el polo o que todo el polo cruja; descuajar puedes los troncos; producir flores más puras y que, verdinegro, el mar los montes y playas cubra. Es el bárbaro mi mayor hermano, a cuyo valor tiemblan los dos ejes sobre quien se carga el mundo. Él y yo desde Tartaria, ya apartados o ya juntos, yo a la crueldad, él al robo, yo a la magia, él al insulto, él atroz y yo disforme, hábil yo, rudo, no perdonamos a un tiempo, codiciosos ya o sañudos, ni por voraz a la fiera, verde al árbol por robusto, simple al ave por ligera, ni cano al monte por duro. Yo, pues, un día mirando esos naturales muros que defienden de los vientos las espumas del mar bruto, en la margen de un arroyo voces de una infante escucho, a quien acallaba el aire con cariñosos arrullos; llegueme… Ya me has contado que, infante yo, en verde cuna meciéndome pocas flores pero halagándome muchas, recién nacida lloraba, por naturaleza oculta, mucho más mi nacimiento que mi propia desventura; que, si al nacer no sentimos males de la edad futura, la vida es la que lloramos, que no lloramos la injuria. Hete criado, en efeto, siendo tú el primer asunto con que ingenioso mi amor saca evidentes discursos. Hija eres de esa montaña y de aquese monte inculto, aunque tu ingenio y belleza te dan nuevos atributos. Yo te llamé . Ya sé que sola en mí fundas con mi belleza y tu magia elogios para la pluma, y que dices que has hallado, cuando los astros consultas por tu ciencia, que yo soy de la gran progenie augusta. Dices bien. Pues dime ahora qué intentas o qué procuras, a qué me traes a esta selva, para qué este jardín fundas. Escúcheme tu atención. Ya mi admiración te escucha. En este jardín hermoso de los pensiles dibujo, a quien el mar, del orbe, paga cristalinos juros, te he de hacer reina absoluta de dos polos, de dos mundos, trayéndote a este jardín, para ser despojos tuyos, cuantos príncipes a Europa alumbra el astro diurno en cuanto nace topacio y en cuanto dura carbunclo. Oye: un árbol allí guardo, allí un tesoro te encubro, que mi magia te ha criado, cuya flor y cuyo fruto son granadas de metal que el sol purifica rubio, llevando para sazón granos de rubís menudos. Estas granadas de oro tienen antídoto oculto contra el hechicero encanto y contra el acero agudo. Príncipe que las tuviere siempre vencerá seguro: en la lid a Marte airado, y en la paz al dios desnudo. Para que en la red hermosa de tus ojos no haya alguno que no tropiece elocuente aunque se levante mudo, este árbol ha de ser cebo con que atraerte procuro al más galán y valiente o al más bizarro y robusto. Examen pienso hacer docto en este jardín inculto del más poderoso en reinos, del más capaz en estudios, y luego que yo prefiera de mis prisioneros uno este ha de ser quien merezca los divinos soles tuyos. Pongo en ti toda mi ciencia y dejo por substituto en la cátedra del pecho a tu ingenio y tu discurso. Triunfa aquí con tu hermosura, vence aquí con nuevo asunto; que a los que tú aprisionares los darás precioso indulto. Que yo, solícita, ahora como amiga te aseguro dar a tus ojos objetos, dulces manjares al gusto, a tu oído consonancias, al olfato calambucos, al tacto aprehensiones nuevas, a tu gran belleza triunfos, por que rija, por que mande tu gran valor sin segundo a un tiempo los dos imperios de Ceres y de Neptuno. Pues, ea, gran , este veneno o cicuta que hoy estás inficionando en el vaso de hermosura contagiosamente empiece a obrar con fuerza absoluta y, bebido por los ojos, noble al corazón acuda... Mas ¿qué lúgubre clarín, la hierba al monte espeluza, la voz usurpa a las aves y el curso a los vientos turba? Si algún príncipe pretende entrar por esta aventura, si de mi encantado árbol ganar pretende a la fruta... De caza son los indicios que la vista me asegura: el can el monte requiere y la fiera al can se hurta; de dos caballos ahora, que al viento que los ayuda vienen corriendo borrasca por los mares de su espuma, dos caballeros se apean. Y la vista me asegura que son del Manodante los dos hijos. Pues escucha, que hacia esta parte podremos, o recatadas u ocultas, saber su intento…. Bien dices. Pase a evidencia la duda, que, si hay ojos, ¿para qué ha de obrar la conjetura? , hermano mío, tú, el grande de polo a polo, el que, aun más que yo, tú solo riges todo un albedrío... , con quien gano finezas a que me obligo, más mi hermano que mi amigo y aun más amigo que hermano,... ..a consultarte mis penas… ..a decirte mi pesar… …te busco. ..te vengo a hablar. ¿Qué me mandas? ¿Qué me ordenas? ¿Dejonos mi padre? Sí. Ya por el monte se ha entrado. Pues atiende a mi cuidado. Oye mi pena. Habla. Di. Para tu primero amante o para tu prisionero, echarle mis redes quiero al príncipe . Pues para prodigio tanto obre tu magia veloz. . Ven, que con sola la voz le he de atraer a mi encanto. . Pues ya nos dejó mi padre y estamos a un mismo tiempo yo libre de su obediencia, tú libre de sus consejos, primero cuenta tus males. Tú has de contarlos primero, porque, si mis penas saco a la plaza de mis celos, no quedará ni cordura para obligarte al consuelo. Primero tú me los cuenta, porque si decirlos quiero, tan activo y tan mi amigo te has de llevar de mi afecto, que no has de poder después entrar en tus sentimientos. Pues desea nuestro cuidado, bien proporcionado, un medio, con los sucesos de uno los del otro interpolemos: yo te diré mi dolor, manifiéstame tu incendio; atiende tú a mi pasión, acuda yo a tu consejo; y, declarando los dos, tu amor tú, yo mis sucesos, ya sentidos, ya escuchados a un mismo instante, podremos, como a un tiempo los digamos, consolarlos y saberlos. Pues atiende a mi dolor. Oye la voz de mi pecho. Mi cuidado aquí te busca. Aquí te llama mi intento. A una divina hermosura en bosquejo, aunque deidad, la adoré como verdad y la vi como pintura. Copiar la luz clara y pura no supo humano pintor, pero imagina mi amor, al verla tan peregrina, que estaba su luz divina trasladada en su color. Yo me rendí a una hermosura mas con pasión desigual: yo la adoro natural si tú la adoras pintura. Tan perfectamente pura la admiró mi admiración, que, de mi imaginación llevado a su actividad, quise engañar la verdad y creer a la ilusión. Yo, aunque vivo, tan mortal vivo, que mi vida ignoro porque esta pintura adoro. Yo este objeto natural. Ese es amor desigual al que declararte espero. Antes lo contrario infiero. ¿En qué lo has diferenciado? En que ese es amor pintado y este es amor verdadero. Yo, con debido respeto a su decente hermosura, ardo en la misma pintura. Y yo adoro al mismo objeto. Sí, mas puede mi sujeto a tu sujeto exceder. Para poderlo entender no van tus discursos buenos: que esto no puede ser menos y el tuyo lo puede ser. ¿Por qué puede ser menor esta hermosura admitida? Porque siempre fue creída la lisonja en el pintor. Y ¿pudiera su primor ser menos que su hermosura? Sí. Luego esta es más segura belleza en indicio tal. Yo quiero mi original. Y yo adoro mi pintura. En efeto, , en poder de un estranjero vi este retrato una tarde: adorele, estuve ciego. Yo en Lidia vi a , que es el nombre de mi dueño, cuando derrotado vino de Francia Agramante, huyendo del heroico Carlomagno, a Lidia, que es nuestro reino. Seguíales , prima de soberbio. Procurela, fue de mármol; escuchome, estuve tierno. Preguntele de quién era esta deidad en bosquejo, esta beldad en idea, aquesta voz en silencio, y dijo que hasta tener fruto de un árbol que, ameno, produce granadas de oro con granos de rubís bellos, que está en el jardín hermoso de suspenso, era imposible lograrla, porque Malgesí soberbio encantada la ocultaba en su castillo. Y sabiendo de este mágico jardín de el misterio, a la aventura de este árbol animosamente llego y a lidiar con un gigante o con un dragón que, hambriento, de ese jardín inficiona los claveles lisonjeros. Obligué a mi hermosa flor con ternezas y con ruegos; obró el trato, ardió el amor y subiose a ser incendio. Saquela de Lidia un día y una obscura noche, ¡ay cielos!, en las orillas —¡qué pena!— de la mar —¡qué gran tormento!— unos bárbaros —¡qué agravio!—, saltando en tierra —no quiero referir la circunstancia: basta que diga el suceso—, robaron a , y a buscarla estoy resuelto con suspiros por el aire, con incendios por el fuego, con lágrimas por el mar, y con quejas por el centro. Las condiciones y leyes del cartel decirte quiero, por que mi valor admire quien ha estrañado mi incendio: “Caballero que venciere sacar podrá al caballero que quisiere del jardín u dama por más trofeo y, si viniese por fruta, fruta podrá; mas advierto que no ha de poder sacar dos cosas a un mismo tiempo.” Yo, pues que ciego y amante a esta aventura me atrevo, por fruta de este jardín pedir batalla prevengo. Y, así, apartándome ahora de mi padre, me consiento a entrar por esta aventura, o solícito o resuelto; que, si el encanto de amor tiene a mis sentidos ciegos, ¿qué importará que otro encanto guarde mi valor suspenso? Yo, pues que, idólatra, firme la mayor deidad venero, por los dos polos del mundo buscarla desde hoy pretendo. Pues a la batalla voy. Pues irla a buscar ofrezco. Pero espera... Pero aguarda... Más amigos lo miremos. Más prudentes discurramos. ¿No será mejor acuerdo que yo primero te ayude y que tú me ayudes luego? Ayudémonos los dos. Bien dices, tu intento apruebo. ¿Eres mi hermano? Y tu amigo. Mas de repente sospecho que a la cátreda del sol sustituyen los luceros. Sombras a esta parte nacen. Y del monte en lo secreto a abrigarse de las hojas, manso, se ha emboscado el viento. O es fantasía del miedo o te llamaron ahora. Vive el cielo que es mujer la que me llama. Yo lo escucho y no lo creo. ¡Socorred a una mujer miserable! Al triste acento de esta voz muevo, confusos, los dos sentidos atentos. Más acá de ese jardín de se oyeron las voces. Yo he de ayudarte. [.] ¿No habrá ningún caballero que socorra a una mujer? ¡!, ¿qué te has hecho? Esta es la voz de mi dama, ¡Válgame el cielo! [.] Matadme, bárbaros viles; sacad de mi noble pecho mi sangre; no seáis piadosos si habéis nacido tan fieros. [.] ¡Socórreme, ! [.] ¡!, ¿qué te has hecho? Sigo mi voz. Mi voz sigo. ¿Adónde vais? ¡Deteneos! Aquí he escuchado las voces de los dos, mas no los veo. hijos, amigos!, ¿qué es esto? ¿Dónde estáis? Mi padre es este. Esperadme. No podemos. ¿Dónde vais? Sigo esta voz. ¿Y tú que sigues? Mis celos. [.] Mira que de vas al jardín. No le temo. Mira que pisan el monte bárbaros. Ya los deseo. ¡Socórreme, ! ¡!, ¿qué te has hecho? Soy noble, ya te socorro. Soy amante, ya obedezco. Yo os llamo y soy vuestro padre. ¡Espérame, hijo! No puedo. ¡Óyeme tú! No es posible. ¿Qué intentas? Morir pretendo. ¿Qué aguardas? Librar mi dama. Responde. Llamas al viento. Yo voy tras ti. No has de hallarme. Mira... No admito consejos. Quíteme el cielo la vida pues en ese monte mesmo perdí una prenda del alma y ahora dos hijos pierdo. Mala noche, , se ha declarado. Peor es la buena noche de un casado. ¡Qué obscura está! Por más que estarlo intente no faltará aquí quien la comente. La tal noche parece, comparada, casa de ginovés por lo cerrada. Señor , ¿sabe dónde estamos? Sí lo sé: el pabellón de [a]questos ramos y los colchones de esa fértil grama al sueño nos darán mullida cama. En fin, que tu valor dos mundos yerra por buscar esta Angélica, esta perra... Por las puras estrellas que resultan del sol rubias centellas, por el mayor espejo de ese cielo en quien se pule el mar y afeita el suelo, por la diosa triforme que en sí encierra causas a los efetos de la tierra, por el mar claro y puro y por la causa de las causas juro de no entrar en poblado en este agravio; no admitirle manjares a mi labio, menos el fruto que la fiera pace; de no segar la hierba que en mí nace; no retraerme al sol, al agua, al viento; de no apagar mi sed con su elemento; no templar mi corriente cristalina hasta encontrar a Angélica divina. Noble diamante que al Ceilán madruga, perla que al alba en nácares enjuga, oro que el tíbar líquido derrite, que al que le purifica le compite, fuera poca riqueza para que yo dedique a su belleza. ¡Qué poco al mundo tienes entendido! No gastes si pretendes ser querido, que al que llaman del gasto por desprecio es para con las damas bobo o necio. Si otro defecto en él no se repara, reniega del que quiere cara a cara; que el querer he pensado que ha de ser solamente por un lado. No dices mal en noche tan estraña. Este árbol será tienda de campaña. Y pues tu amor constante nos desvela, tu amor nos servirá de centinela. Quiero entregarme a este mortal beleño. No tienes mucho amor, pues tienes sueño. ¿Cómo al letargo buscas de esa suerte? Solo porque es imagen de la muerte. Échate a dormir; ¡ea!, faz tu cama. Duerme tú que has cobrado buena fama, que yo, aunque tu consejo me prevenga, no he de dormir hasta que ya la tenga; pero, si ello ha de ser ya obedecido, no es bueno que estos días, de estreñido, recelaba prolijo un accidente y de muy poco acá me hallo corriente; pero a los boticarios decir puedo que no obran treinta purgas lo que un miedo. ¡Ah señor! Vive Dios que se ha dormido. Yo quiero ver si acaso lo ha fingido. ¡Ah señor!... Pero no, no hay que recele, grande sueño tomó, que no me huele. ¡Qué letargo suspende tus sentidos! ¿Tomaste adormideras o maridos? Pero ¿qué es esto? O mienten mis temores, o he escuchado sordinas y tambores. ¿Si acaso fue ilusión? Mas no me yerro: hachas vienen también. ¡Este es mi entierro! ¡Señor !...; pero no le llamo. Mejor es abrazarme con mi amo, por si acaso al valor pegarme puedo. Mucho más que el valor se pega el miedo. , . De estos árboles liguemos a la rústica corteza estos cristianos, en tanto que, de nuestra competencia, se pasan a nuestros brazos las iras; que, por ser nuestras, aún no empiezan a ser iras y acaban en ser sangrientas. Grande ... Gran ... ..el que rige... ..el que gobierna... ..del mar el salobre imperio... ..todo el cetro de la tierra... ..tú, que racional te pules de vegetativas hiedras... ..tú, que con la piel disfrazas de tus piedades las señas... ..aquí el último despojo a nuestro rigor se espera. Ya hemos partido en la nave de Sulfar las blancas perlas, del Ceilán rubio el topacio, y el rubí que el sol penetra. Y a los cristianos también hemos repartido fuera, de los que alimento han sido, siendo nuestra forma mesma. ¡Vive Dios que comen hombres! Pero no es justo que tema, porque, estando yo dañado, no puede haber quien me quiera. Ya el robo de tantos años partido está. Solo queda este valeroso joven y esta hermosura perfecta. Si quieres darme esta dama, te daré por recompensa aqueste joven que ahora en esa rústica selva compramos con tanta sangre a costa de tanta ofensa. La cautiva ha de ser mía, pues, de Lidia en la ribera, yo fui quien la cautivé. En vano gozarla intentas. Yo tengo amor y valor, y cualquiera de ellos fuera bastante para lograr el triunfo de su belleza. Yo deseo, y el amor con esperar se contenta, pero un ardiente apetito es imposible que pueda. Con mi valor fundar quiero silogismos y entimemas. Remitamos a los brazos dilaciones de la lengua. Gozarala el que venciere. Pues de quien venciere sea. ¡Que no haya quien me socorra! ¡Piadosos cielos, no hubiera quien me cortara estos lazos! En vano al cielo te quejas. ¡Embistamos! ¡Ay, ! ¿Quién me llama? ¡Tente, espera! Un hombre se ha levantado. ¿Qué confusiones son estas? ¿Quién eres? ¿Qué es lo que miro? Allí una mujer cubierta desmaya muchos suspiros de los labios a la lengua; allí un valeroso joven con iras nobles se queja; aquí dos irracionales en el campo de ira siembran amenazas y ruinas. Hombre que atrevido intentas dejar en nuestros rigores nuestra indignación suspensa, ¿quién eres? ¿Quién sois vosotros? Paréceme que le pegan y llevo yo por tablilla. Dos astracanes que alientan la tema de una venganza por solo una conveniencia. Por esta mujer reñimos. Poned freno a la soberbia, aunque a un rigor desbocado antes irrita la rienda. Esa dama he de librar. Caballero soy y es fuerza que haga como caballero. A los dos dejad que tengan libertad u de los dos veréis la muerte sangrienta. ¿Sabes que soy , aquel a quien viene estrecha de los dos polos del mundo la varia naturaleza? ¿No sabes que soy , bárbaro que mares reina, hermano de , mágica que a un tiempo tiemblan el sur como estrella errante y el norte como planeta? ¿Y que de los dos el uno, puesto que el otro no quiera, te sabrá quitar mil vidas... ..cuando mil vidas tuvieras? Pues este brazo —coluna en quien por firme se asientan la venganza a descansar y a ser valor la soberbia, esgrimiendo aqueste acero que es árbol de tal cosecha que lleva amagos por ramas y muertes por fruto lleva— os hará tantos minutos, sacudiéndoos a esa esfera, que bajéis hechos granizo de sangre humana. Y la tierra, por ser rojo lo llovido, contra la naturaleza, rosa trocara al jazmín y clavel a la azucena. ¿Con quién pretendes tener primero batalla? Sea ¡Oh, pese a mi furia! En vano te quejas: brazo queda para todos, muerte para todos queda. Pues al monte. Ya te sigo. Yo voy tras ti. Y tú me espera, que luego te mataré. Primero quién eres sepa. El valor os lo dirá. Síguenos por esta senda. Y vosotros esperaos a la muerte y la violencia. Vida esperad, infelices, que mi valor os alienta. . ¡Ea, mátame, cruel! ¡Que me des la muerte pido! Supuesto que ya se han ido, entra ahora mi papel. Iras y enojos prevén; ¡ea, llégame a matar! A esta quiero desatar y a este desato también. Aunque de los ojos ciego, no hallo lazo que me impida. ¿Para qué me das la vida si has de quitármela luego? O la aprehensión me ha engañado, o es enigma de mi suerte, o para lograr mi muerte los dos lazos me han quitado. ¿Quién mis penas pudo oír? ¿Quién, cielos, pudo librarme? El velo quiero quitarme. Yo me quiero descubrir. Pero la sombra recelo, dando horrores en despojos; que al espejo de mis ojos pone más obscuro el velo. Ciega, la noche atropella vientos a su negro manto; pero a un infeliz ¿por cuánto mostrará el cielo una estrella? Si a la desdicha el valor igualas, joven, aquí, ve a socorrer quien por ti espera el riesgo mayor; indignado mueve el paso, porque a su venganza aspiras, si rendir quieres las iras de y de ; vencer intenta veloz la saña de tu enemigo. Esta voz habla conmigo. A mí me obliga esta voz. Si es , ¡ay de mí!, la que en el riesgo se ve..., pues no la vi y escuché. Quien por libertarme así a su sangre corresponde... Pues mis enojos verán. Ea, que en la lid están. Ve al socorro. y Dime dónde. Otra voz le respondió. Otra voz ha respondido. Si yo por mí lo he entendido, y no soy yo... No soy yo. Preguntarlo piensa así. ¿En qué, suspendida, tardo? ¿A qué, valeroso, aguardo? y ¿Quién es quien hablaba aquí? Ya dio el último suspiro y ya murió, ya mi espada le venció. Pero ¿qué es esto que miro? ¡Hermosa flor! ¡Prima! ¡Roldán! ¿Quién aquí te trujo? No sé de mí. Y ¿a ti, joven? Mi valor. Tú me libertaste. Sí. ¿Y ? Ya murió. ¿Y ha muerto? No; pero queda herido. Y di: ¿cómo en las manos has dado de estos bárbaros? No sé. Yo señor te lo diré: por la Lidia derrotado pasó Agramante… Es así. …y arrogante salió a atajar a Agramante. Yo a Carlomagno seguí. Ayudole mi valor; a pude hablar. (Mi amor le quiero ocultar.) . (No le he de contar mi amor.) Los enemigos rendimos. Ciega, una noche cerró donde y yo por un monte nos perdimos. Esos bárbaros saltaron en tierra; halláronme allí; di voces… No las oí. …y, en efeto, me robaron. Dos mares hemos surcado hasta que, por más enojos, a repartir los despojos en Lidia han desembarcado. Quejeme como me vi en Lidia. Yo te escuché; de la piedad me llevé y los pasos repetí. Los bárbaros me sintieron. Ira y amor irrité; a unos vencí; a otros maté y, en efeto, me prendieron. Atada, mi amor sentí. Temiendo, mi amor lloré. Y a ese tiempo desperté y a los bárbaros vencí. Y, pues que libres estáis sin recelo y con honor, hoy os pide mi valor... ¿Qué pides? Que me sigáis. Pues mandarme determina. Pues con amor sin segundo por las provincias del mundo sigo a Angélica divina, bien me puedes ayudar si el hado lo ha permitido. [.] ¿Por qué me olvidas herido? Acábame de matar. Porque mi valor le deja o mi brazo, nunca incierto; porque no le olvido muerto, herido se queja. Mas que fuera —ha presumido— baja atención de mi suerte que yo intente dar la muerte a un hombre que está vencido. Sígueme, pues. Ya te sigo. Mi amor siga a mi valor. Y mi temor a mi amor. Yo he de ser siempre tu amigo. Mi amistad será constante. Arda en los dos igual llama. Yo he de seguir a mi dama. Ya va conmigo mi amante. ¡Qué fortuna! ¡Qué temor! ¡Qué dicha! ¡Qué desconsuelo! ¡Qué contento! ¡Qué recelo! Ven, . Ven, Flor. . Tú, , vele a buscar. . Antes que busque ese puerto, a este que está medio muerto quiero acabar de matar. Herido llora su suerte. Ya se despeña atrevido. Supuesto que me has herido, ¿por qué no me das la muerte? Porque no me rendiré. Él se viene junto a mí. Si no me matas aquí... ¡Ea, mátame! Sí haré. Espera, detén el paso. ¿Quién eres? Sépalo yo. Yo soy aquel que te hirió y soy quien mató a . ¿No estabas armado? Sí. ¿Cómo así te llego a ver? Porque yo no he menester tener armas para ti. ¡Muere, perro! El rigor para. O la vista me engañó, o no eres tú quien me hirió. Cada hora tengo otra cara. Dame más heridas. ¡Ten! Por que tu ardiente rigor me mate con más valor, dame armas. No me está bien. ¿Pues tan valiente soldado, y a quien antes me rendí, sin armas me mata? Así estás más acomodado. Sin narices dejo roma tu cara y rota también. ¡Qué tajo! Acertele bien. ¿Quieres más? Más quiero. ¡Toma! ¿Quieres más? ¡Mátame! ¿Hay tal? Que te quiero bien infiere, porque quien bien te quisiere ese es quien te ha de hacer mal. ¿Quién eres? ¡Dímelo! ¿Tú eres ? Sí soy. Muriendo y rabiando estoy. ¿Cómo así me hieres? Dando. ¡Que no me pueda anegar en la sangre que he vertido...! Mira si acaso te he herido, que te quiero perdonar. Acaba ya, o ¡vive el cielo que yo a mí me mataré! No quiera Dios que yo dé a un hombre que está en el suelo. (Yo quiero halagarle.) ¡Cito! ¡Tus! ya murió. Por cierto que se quedó muerto como un pajarito. Pues que a morir te acomodas, llore el alba su rocío. ¡Qué talle! Así fuera el mío. ¡Qué muerte! Así fueran todas. Yo me quiero ir a llorar en dos líquidas corrientes. ¡Qué razones tan prudentes que decía al suspirar! . De el jardín es este que reconozco. ¡Ah, mágica ! ¡Ah, gran , asombro de la belleza y prodigio del uno y del otro polo! [.] ¿Quién me llama? Yo te llamo. [.] ¿Quién me busca? Yo te nombro. ¿Quién eres? Soy . Habla que ya te conozco. Vesme herido. Ya lo veo. Pues tu hermano... Es valeroso. ¿Te ha herido? No, . Dilo presto. Ya lo lloro. Es muerto. ¿Cómo murió? A manos... ¡Qué grande enojo! ..de . Detén la lengua. ¡No es posible! Pues tus ojos lo digan: mírale muerto. Pues ¿cómo en tiernos sollozos... ¿Cómo en compasivas quejas... ..no me anego? ..no me ahogo? ¡ muerto y yo viva! ¡Muerto y no lloro! ¿Y ? Esos montes pisa. Por propia esta ofensa tomo. Por los cielos cristalinos... Por los elementos todos... ..que he de vengarme en . ..que en él se vengue mi enojo. No le quiero conocer hasta que de mis oprobios tome la justa venganza. Yo tus venganzas apoyo. Pues ya es nueva condición de mi cartel riguroso que el que me trujere preso a pueda aquel propio sacar galán, fruta y dama de mi jardín, sin que el monstruo voraz que su fruta guarda a su intento ponga estorbo; que ya un príncipe de Lidia es de mi jardín despojo. Y tú anímate, ; que, pues hierbas confecciono, con ellas sanarte espero. Pues ya resucito el odio por que renazca volcán lo que iba a morir en polvo. Y yo, por ser causa tuya, como tuya me apasiono. Eres noble. Hasme criado. Yo guardaré valeroso ese puente, por si ganar intenta el tesoro que, avariento, el árbol guarda. Dices bien. Mi intento logro. Pues, ea, ¡a obrar con mi magia! ¡A enamorar con mis ojos! ¡A vencer con mi valor! Suspiros, seguilde en soplos. Quejas, seguilde en incendios. Penas, seguilde en asombros. Lágrimas, buscalde en mares. A mi jardín vengan todos. El cebo de mi belleza los ha de atraer, hermoso. Pues mi valor los incite. Astros, obrad luminosos… Plantas, obrad eficaces… Vientos, ayudadme todos… … por que tú un príncipe logres. …tú una venganza. …yo un odio. ¡Muera ! y ¡ muera! Para que tu nombre solo se escriba en bronces rebeldes o en vegetativos troncos.
JORNADA SEGUNDA
Gracias a Dios, dueño mío, que, reprimidas las penas, podrán buscar desahogos después de tan larga ausencia; gracias a Dios que te miro en mi poder, sin que pueda alterar hoy la fortuna mi dicha. Ya hallé mi prenda. Dos cosas hay en el mundo que yo estimo: la primera eres tú, que eres del alma la mitad, y la otra media un hermano, que de amigo más con el nombre granjea, haciendo amistad y sangre una indisoluble mezcla. A ti te cobré perdida; mi hermano, que en esta selva perdí, se habrá vuelto ya a la corte; que en tal pena, sin mí, que soy su mitad, desistirá de una empresa. se fue a buscar a Angélica y en su ausencia me encargó que te guardase. Nada me falta. Pues, ea, vamos, divina, a la corte, donde sepa mi padre que tu hermosura por prodigio... Mas espera, que un parche gime azotado del pino. Pues no es de guerra el ruido, que poca gente, poniendo en troncos y peñas unos carteles, caminan hacia esta parte y ya llegan. ¿Qué será? ¡Confuso estoy! Averiguarlo quisiera sin darme a conocer. Bien has dicho; pues no te vean. Echad el bando, y no haya parte en toda aquesta tierra donde no le echéis; que así cumplo del rey la obediencia. Bando es. Señor pregonero, que es oficio que se enseña desde la cuna, pregone. Oye. Diga. Empiece. Atienda: “Cualquiera que de Roldán diere la persona presa le dará el rey Manodante dos mil escudos de renta, y mándase pregonar para que todos lo sepan.” Así está bien. Id fijando los carteles. ¿Qué quimera es la que escucho? ¡A mi primo ponen tallas en tu tierra! Quiero informarme encubierto sin que me conozcan. Llega. Caballero, ¿qué le obliga al rey, para que lo sepa, a tallar al conde ? La ocasión, señor, es esta: el príncipe quedó preso en la soberbia aventura del jardín de , y le entrega si le dan a , y el rey lo intenta. Como no hay hoy caballero que por él batalla emprenda... Que su hermano , que es quien librarle pudiera, o no quiere o no lo sabe. Esta es la causa. Adiós, ea. , toca; que Roldán dicen que anda en estas selvas, que hay noticia que estos días anduvo Angélica en ellas. ¡Válgame el cielo! ¿Qué escucho? Siempre que a ser grande llega la dicha, luego declina sin estarse un rato queda. ¿Habrán sucedido a nadie en solo una mala nueva empeños tan imposibles como a mí? ¿De qué manera? De los ojos de mi padre salimos para una empresa juntos un hermano y yo, que mi propia vida alienta. Roldán me ha dado la vida y he de ser suyo aunque muera. Mi hermano, entre encantos viles, preso y vencido se encierra. Para librarle no hay modo si no es que a Roldán se entrega. Yo en empeño de librar a mi hermano estoy por fuerza, y la palabra que di a Roldán también me empeña en no dejarte, dejando mi amor, que es la mayor deuda. Si dejo preso a mi hermano, será de mi sangre afrenta; si entregar dejo a Roldán, es de mi deuda bajeza; si al jardín voy a librarle, tu soledad me da quejas; si te dejo, también falto de tu amparo a la promesa; si no voy, cerrando a todo los ojos, anda en sospechas mi valor, pues ya murmuran que preso un hermano tenga, sin darme por entendido; y así, de cualquier manera, cerrados todos los pasos, mil imposibles me cercan. , ¿cómo pueden blasonar tanto las penas si, cuando más enredadas, a desatarlas no acierta la industria, dice el valor que tanto monta romperlas? Lo sumo de la desdicha es que entre mágicas hierbas esté preso ; su libertad se pleitea; su precio es Roldán. Tu padre ha mandado que le prendan, y tú le debes la vida y en no dejarme te empeñas. Pues para cumplirlo todo sin que Roldán tenga queja, sin que a tu hermano le faltes, sin que tu opinión padezca, sin que yo esté sin amparo, solo en seguir esta senda que te enseña mi valor cumplirás con todas ellas. ¿Cuál es? ¿Dónde vas, señora? Aquella muralla bella que de macizos abriles tantos relieves ostenta es el jardín prodigioso de , que encierra tu hermano. A librarle vamos. Prueba su aventura. Llega, llama al puente y cuantos monstruos le guardan o le defiendan, a la vista de mis ojos, que te prestarán centellas, serán despojo a esa espada que tanto el mundo celebra; que si consiste la duda de emprender tan ardua empresa en dejarme a mí, si acaso para seguirle no hubiera amor en mí y aun valor, ya esta duda está deshecha: pues si el mar peregrinaras, si escudriñaras las peñas, si rodearas los montes, si osaras a las esferas, si al abismo te calaras, siempre viva o siempre muerta, con el espíritu solo desnudo, ya te siguiera, amante firme y constante, si en la mitad de la empresa me dejaran, caducando a tanto empeño, las fuerzas de este albergue material que Dios al alma le presta. Dame mil veces los brazos, heroica Palas francesa, no tanto de agradecido, que me sigues y me alientas, como para que, llegando a mi pecho esas centellas de tu valor, en el mío comunicadas se enciendan. Y pues me sigues amante, sin que peligre en tu ausencia mi denuedo, que sin duda sin tu vista falleciera, vamos al jardín temido de . Y haz cuenta que esos mentidos abriles que el orden del año alteran, esos pimpollos de plata que nacen para azucenas, esa fruta en cuyos granos tanto rubí se despliega, esos verdes corazones con quien palpita la hiedra y esas hojas de esmeralda que blasonaron de eternas, al menor rayo que vibre mi espada, hace que se vuelvan desvanecidas, caducas, supuradas y deshechas, en fuego, en ceniza, en humo, en aire, en átomo, en niebla, en sombra, en nada... y después en menos si acaso hubiera alguna cosa en el mundo que menos que nada sea. Pues , al jardín,... Pues , a la selva,... ..que entre piélagos de encantos... ..que entre escuadrones de fieras... ..nada es peligro en tu espada. ..todo es brío en tu belleza. [Villanos.] ¡Guarda el loco, guarda el loco! [.] ¡Villanos, probad las fuerzas de mis celos! [Villano.] ¡Muerto soy! Mas ¿qué ruido es el que atruena los montes? Mas ¿qué rumor escandaliza la selva? ¡Huye Silvio! ¡Huye Belardo! ¡No importa huir que mis quejas os alcanzarán, villanos! soy con ofensas. ¡Muerto soy! ¡Él está loco! Escóndete en la maleza. ¿Para qué se lo dijiste? Convoquemos a la aldea y volvamos a prenderle. ¡Ay, señores, que me pega a mí también! ¡Morid todos! ¡Medoro Angélica espera! ¡Primo! ¡Roldán! ¡Conde! ¡Amigo! ¿Qué tienes? ¿Qué haces? ¡Sosiega! ¡Detente! ¡Aguarda! Perdona... …por inútil… …por sin fuerzas… …esa turba de villanos... …ese escuadrón de una aldea... …y di la ocasión que tienes... …di la causa que te ciega... ..a seguirlos... ..a matarlos... ..con rigores. ..con ofensas. Por morirme de contarlas las diré, que ya revientan. Cobra aliento. No haré poco, pero escuchaldas. Empieza. Buscando aquella cruel que el Catay lleva por norte, huyendo de mis suspiros, el mar vagando y el orbe, después de medir montañas, después de inquerir regiones, después de hallar varios climas, penetrando aquese monte, desenmarañando ramas, troncos cortando disformes, sendas inciertas pisando, vine a meterme sin orden en un pastoral albergue que la guerra entre unos robles —o, ciega, de sus malezas ignorando los rincones; o, altiva, regateando en un rendido los golpes— le dejó por escondido o le perdonó por pobre. Llego a que de unos villanos la rusticidad me informe, con cautela, de mi dueño y, sin decirle su nombre, pregunto, escudriño y ruego. Una mujer me responde, que siempre son las primeras que divulgan lo que oyen: “¿Veis este rústico lecho que, en vez de tirios labores, manchadas pieles le abrigan y estriba en mullidas flores? Pues en él aquestos días mejor que en brocados nobles, mal herido y bien curado, se albergó un dichoso joven, tan hijo de su fortuna, amante tan sin temores, regalado tan sin sustos, dichoso tan sin pensiones, que sin tirarle amor flechas le nó de favores.” Pregúntole ya con susto, profeta de mis temores, cómo vino a su cabaña este amante, y respondiome que entre los sustos de Marte, de la guerra en los horrores, le halló en el campo aquella vida y muerte de los hombres; y yo, al dolor excesivo de tal nueva, frío y torpe, como adivinando el mal que aún no era cierto hasta entonces, descuadernado el aliento, elevadas las acciones, palpitante el corazón, me helé, quedando a sus voces las venas con poca sangre, los ojos con mucha noche. ¡Oh amor, cómo eres injusto!, pues la que fue de los hombres estrago, dura a los ruegos, sin lástima a los dolores, sin compasión a las penas, ya llena de compasiones del palafrén se derriba, no porque al moro conoce, no porque querellas suyas aquella piedad negocien, no porque el moro haya sido idólatra de sus soles, no porque haya granjeado su amor con obligaciones, no porque haya ajado el viento, no porque haya errado el orbe, sino por ver que la hierba tanta sangre paga en flores. Límpiale el rostro, y la mano, estraña a tales dolores, con novedad en el tacto que en veneno al alma corre, trepando veloz las venas hasta el corazón de bronce, siente el mal y no le halla, halla el mal sin saber dónde. Y andando a buscar en sí el áspid que la inficione, mirándolo más atenta, siente el áspid, que se esconde tras las rosas, que la muerte va violando sus colores. Herido aquel pedernal, que no dio fuego hasta entonces, centellas de agua despide, solicitados los golpes del amor que, por rendirla, engendró un monstruo disforme, una piedad mal nacida que su pecho no conoce, disimulada quimera del más traidor de los dioses. ¡Oh compasión mal fundada, oh traición mudada el nombre, oh infamia vuelta en nobleza, oh veneno oculto en flores, oh amor bastardo, oh piedad, hija de padres traidores! Pues viendo que aquel diamante burló rebelde los golpes del buril de los suspiros y el cincel de los dolores, y sabiendo que con sangre se deja labrar, valiose de un hombre no más que herido por que labren sus arpones al diamante del Catay con aquella sangre noble. Hierbas aplica a sus llagas y el accidente, aunque torpe, a aquel contacto divino embelesado quedose; y de una parte empeñado en quitar la vida al joven, y por otra conociendo al milagro obligaciones de aquella deidad, queriendo cumplir de una vez conforme con la muerte y con la vida, suspendió perplejo el orden, dando calma a las heridas: que si no sanan entonces en virtud de tales manos, lisonjean los dolores. Y en fin, favorable siempre a tan viles compasiones, aquí más ciego que nunca, por que el joven se enamore por tener parte en la cura, muy servicial en traiciones, Amor la ofrece su venda; mas ella sus velos rompe para ligar las heridas, mostrando el prodigio noble de par en par descubierto. Y como dejó sus soles sin nube que los encubra, sin velo que los estorbe, a luces más eficaces, mejoró su tez la noche y enmendó su luz el día. El viento lo dice a voces: tenga paciencia la luna, los rayos del sol perdonen. Yo, furioso, no sufriendo saber más, postrado el bronce del sufrimiento, mis celos en villanos, en pastores, en la cabaña, en el lecho, en los troncos, en los montes, vengando celoso y loco, ¡qué de rayos vibré en voces, qué de muertes di a los brutos, qué de heridas di a los hombres, qué de golpes a las peñas, oyendo mi agravio entonces! Y aun ahora de pensarlo, renovándose los golpes de la memoria, verdugo que el pecho airado me rompe, ¡qué de nudos le está dando a un áspid la envidia torpe, contando de las palomas los arrullos gemidores! Pues ¿para qué lo refiero? Mejor es que sus traiciones en venganzas se desaten. Viles tórtolas conformes, cazador soy ofendido; yo os buscaré y, si veloces huis el nido siquiera, mancharé de sangre montes. ¡Deteneldes, estorbaldos! ¡Aguárdame, ingrata! ¡Oye, fiera Angélica! ¿Qué digo? Pierda mi memoria noble tu nombre. Monstruo te llamo, prodigio, ingrata, mar, bronce, no Angélica. Mas ¡ay cielos!, vanas son mis prevenciones. El eco me hace acordar pues, por decirme su nombre, si un valle “Angélica” suena, otro “Angélica” responde. Pues ¡no ha de ser! Solo vivan sus memorias, por que logre venganzas. ¡Espera, ingrata! ¡Afuera, infames blasones! ¿Qué me servís si la pierdo? Y contra viles traidores no quiero ventajas. Bastan para abrasar mis ardores los verdes fresnos del valle, los blancos chopos del monte, pues en el monte y el valle por testigos, por padrones de su amor y de mis celos, de mi ofensa y sus favores, no hay verde fresno sin letra ni blanco chopo sin mote. Todo me muestra ofendido; todos publican a voces mi infamia; todos lo dicen: los villanos son pregones, la cabaña fue testigo, el lecho abrigó traiciones, las flores guardan sus huellas, el eco dice sus nombres, los troncos su historia escriben, los montes me los esconden... Pues si todos igualmente fueron terceros conformes, fueron medianeros viles de mi agravio y sus favores, todos me paguen mis celos; y así, fieras, lecho, flores, eco, villanos, cabaña, troncos, árboles, pastores, cómplices de este delito, contestes de estos amores, el cielo os guarde, si puede, de las locuras del conde. ¡Aguarda, Roldán, espera! ¡Primo, aguarda! ¡Señor, oye! Arrojando va las armas. Asolando va los montes. Embistiendo va las peñas. Sigámosle, y tú recoge esas armas. Primo, espera. A fe que se acuerde el orbe de las locuras de , que tiene celos y es noble. Gran lástima que haya quien pierda su juicio, señores, por no hallar a una mujer. Aún si le perdiera un hombre por haberla hallado, ¡vaya!; pues hallara en ella entonces quien le pida, quien le canse, quien le gima, quien le llore, quien le quite su dinero, quien le meta en ocasiones. ¡Oh, pobre conde! ¡Cuál va desencajando los robles como si fueran de alcorza! ¡Bravo pulso! Entre ese bosque se esconden. Quiero seguirlos y recoger estos nobles despojos. Quiero llevarlos como mejor se acomoden. Armas del mejor caudillo que ciñó espada en el orbe, venid acá, y en mis hombros no os desdeñéis que os coloque y que me quede gallina después que a cuestas os tome: que también anda dos días un esportillero pobre cargado con un talego y, sin que el oro le toque, tan desnudo como antes se queda. ¡A la selva! ¡Al monte! ¡Atajalde! Allí está . ¿Qué es lo que escucho? ¡San Cosme! Estos buscan a mi amo y a mí a las ancas me cogen por valiente. Este es. ¡Prendelde! Aquí pagaréis los golpes. Mirad si es el mismo. El mismo es, que en aqueste capote de hierro le conocemos el medio. ¿Qué dices, hombre? ¡Apartad! ¡Gran dicha! El rey halló los medios mejores de su dicha. Él es sin duda, que esos pintados blasones, que son timbre de sus armas, bien notorios en el orbe, dicen que es él. ¿Cómo? ¿Cómo? Tenle, que es loco, Gilote. De un golpe me dejó a escuras. Apartad, famoso conde. ¿Yo, conde? Vienen borrachos. En vano fingís. Señores, este escudo es de mi amo, porque yo soy Gómez, hijo de a Pérez y nieto de López. Él está loco. Los celos le volvieron loco. ¡Ah, pobre Roldán, paladín valiente! ¡Qué lástima! ¡Qué dolores! Date a prisión por el rey. Pido iglesia y, si me importe, declino jurisdición. ¡Qué locuras tan disformes! Llevalde. Vamos aprisa, que al rey le llevo en el conde el rescate de su hijo. ¿Y dónde voy? ¿A qué torre? Al jardín de . Esto es peor. ¿Adónde? A que por ti nos dé a , y tome venganza de ti. No es nada. ¡Ya escampa, y llovía cerote! Noble paladín, no temas; que, como el librarle tomes a tu cargo, quizá el rey no te entregará en prisiones. Pues ¿qué he de hacer? Pelear con el gigante disforme que guarda el puente. ¡Oste puto! Pues entréguenme, señores. ¿Yo, pelear? Vamos luego. ¿Yo, pelear? [.] A rigores de Angélica, este es Roldán, que fue espanto a las naciones. Yo no riño por un pollo. No me metan en cuestiones. Cobra tú el juicio, que luego harás lo que siempre, conde. A me llevan, mas que me han de hacer gigote. Acuérdense de mí ustedes en sus pobres oraciones. Invisibles luceros, que del mágico abril sois jardineros donde el mundo imagina la encantada deidad de , prevenid en las flores, que ya olvidos influyen o ya amores en sus pimpollos rizos, de olvidos y de amor nuevos hechizos. Aunque ama a , divertido amante, a una pintura que antes ha querido, suele volver los ojos y el sentido. Pues no ha de ser; que, por que al mundo rija, ámenla todos y al mejor elija. , aunque esquiva siempre ignora de amor la flecha altiva, con la vista y el trato suele empezar a amar por aquel rato. Pues no ha de ser; que, por que elija a uno, todos la han de querer y ella a ninguno. Y importa que no quiera por que acierte, que amando no pudiera. Él viene idolatrando su pintura; pues diviértale ahora otra hermosura. Ella viene pensando en sus rigores; pues alégrela un rato hablar de amores. Ea, cantad sirenas, divertid sus memorias y sus penas; que yo en este retiro su intento noto y sus afectos miro. Dentro cantan. En los palacios de Adlante, que son bellos laberintos, hubo una fuente de amor y hubo otra fuente de olvido, y el jardín de tiene por mayor prodigio dulces voces de sirenas que infunden también lo mismo. Retrato, que un tiempo amante adoré sin libertad... Pecho mío, que en crueldad fuiste un rebelde diamante... ..perdonad que ya constante seguiré luz más divina. ..perdonad que ya declina mi desdén. Buscarla quiero. A prefiero. ¡Venza, venza ! Bello jardín, verde suelo, adonde entre encantos vivo... Verde mapa, en que cautivo encontré abreviado un cielo... ..¿dónde mi nuevo desvelo escondéis? ..¿dónde camina mi nueva beldad divina? Buscarela. Soy su amante. Suspensa y muda he quedado: ¡esto es amar! Mudo estoy. No he de hablarle: piedra soy. Yo me voy, necio cuidado. Mas ha mandado que le escuche; quiero oír. ¿Qué importa? Vuelva a morir. (Eso sí. Lléguese a hablar. Ella finja sin amar y él adore sin fingir. ) ¿Adónde, cómplice hermoso de este mi nuevo delito, mueves la planta que huella sobre sendas de suspiros? Si vas a ser de las flores bello planeta divino, pues que viven o fallecen de tu semblante al adbitrio; si vas a cuidar que medren esos encantos floridos, del veneno de tus ojos participados hechizos, vuelve, que también te ofrezco en mí, para hacer tu oficio, mi vida para influencias, para estragos mi albedrío. También capaz de tus rayos es mi vida, aunque no vivo, y también capaz de medros es mi placer, aunque es mío. Déjate hallar de los ruegos, que yo a deidad les envío; no quede en sospecha el serlo si se vuelven no admitidos. Si víctima y quejas dando las quejas te han ofendido, escóndete de las quejas, pero no del sacrificio. (Amor tiene , ya han obrado mis adbitrios.) (¿Serán verdades, amor? ¡Ay de mí, yo tengo oídos! No sé cómo le responda bien, para no despedirlo, y mal, para no empeñarme. ¡Oh, vanos afectos míos!) , en quien el cielo… (Mas decir el nombre indicio es ya de alguna fineza.) Príncipe de Lidia invicto… (La alabanza es sospechosa.) Monstruo de engaños vestido… (Esto es despedirle, pues le trato mal y le riño.) Caballero a estos jardines tan para mí mal venido... (Esto es quejarme y la queja arguye amor y aun delirio. ¡Oh cuidado! ¿Qué es aquesto? Ni le nombro ni le olvido, ni le ofendo ni le alabo, ni le dejo ni le admito. ¡Oh, loco amor, cómo veo que tienes cosas de niño!) Mi bien, mi dueño, ¿qué es esto? ¿Qué ofensas, qué desperdicios desde tu pecho a tus labios van a salirse en suspiros? Caballero, a estos jardines tan para mi mal venido, que intentas de mi sosiego turbar los castos retiros, ¿a qué flores de Tesalia piden prestado el hechizo tus palabras, que se meten, inficionando el oído, a turbarme el pecho donde nunca llegaron suspiros? Yo soy de bronce. (¡Ay de mí!) Yo soy mármol. (Mal he dicho.) Yo soy roca… (mas soy blanda); yo soy mar… (mas tengo oídos); yo soy áspid… (mas ya escucho); hielo soy… (mas ya encendido); yo soy fuego… (mas no abraso); Yo soy..., yo soy... Mas ¿qué digo? Enigma soy que me ignoro. Cuanto me llamo me finjo. Esto que he dicho parezco; lo que soy no lo he sabido. Parece que a los encantos de este jardín has pedido la confusión, pues ignoro tus intentos y tu estilo. ¿Quieres otro dueño? Yo nunca de amor he sabido. ¿Quién eres? No me conozco. ¿Dónde es tu patria? Esos riscos. ¿Quién te guarda aquí? Un encanto. ¿Quién te trujo aquí? Un delirio. ¿Qué sientes? Mi mal ignoro. ¿Por qué? No le he conocido. ¿Admitirasme? No sé. Yo te quiero. Es desvarío. Pues tuyo soy. Venza amor. Reina serás. Más te estimo. Saldrás de aquí. Busca el modo. ¿Cómo podré? Busca arbitrios. ¿Qué medios hay? El valor. Pues si el valor todo es mío... Pues ¡vitoria por mi amor! ¡Vitoria por mis suspiros! ( se enamora. Pues atajen mis hechizos este fuego. Cantad presto, voces; infundidla olvido.) º. ¿Quién hay que siga al amor si en pago de sus servicios aquel que siembra finezas solo engaños ha cogido? ¡Muera el tirano amor, viva el olvido; que amor es ciego y niño, virtud el olvidar y el amor vicio! ¡Qué bien dice la canción! ¡Qué bien las voces han dicho! Vicio es amor. Olvidar es usar de su albedrío. ¿Quién a una pasión se rinde... ¿Quién se sujeta a un delirio... ..quién en engaños se emplea... ..quién gasta el tiempo en suspiros... ..si al cabo de tantos años... ..si después de tantos siglos... ..entretenido en promesas... ..loco entre vanos motivos... ..solo coge llanto y quejas? ..solo engaños ha cogido? Pues ya olvido a . Pues ya a olvido. ( se divierte, con aquel amor antiguo, del amor de . Pues despierten de su olvido. Haced que vuelvan a amar, suspendeldos, divertildos y dense aquí la batalla el amor con el olvido.) º. ¿Quién hay que no siga a amor, afecto tan bien nacido que, por ser gloria el tenerle, amaron los dioses mismos? ¡Viva, viva el amor, muera el olvido, pues, amando Dios mismo, virtud es el amor y olvidar vicio! º. ¡Muera, muera el amor! º. ¡Viva el dios niño! º. ¡Ciego es amor! º. ¡Grosero es el olvido! ¡Virtud es el amor! º. ¡Amor es vicio! º. ¡Triunfe de olvido amor! º. ¡Mueran sus tiros! º. ¡Amor, amor! º. ¡Olvido, olvido, olvido! Pero ¿qué clarín suspende las voces que solicito? ¿Qué necio estruendo me turba? ¿Qué rumor me ha suspendido? [.] ¡, alerta, alerta! ¡Aventura en el castillo! Si vienen por ... Si por mi dueño han venido... Pues, monstruos, ¡a la defensa! , a tu retiro. , a las almenas, a asistir al duelo invicto. , ¡al puente! [.] Ya desde él el campo registro. Pues, si para la aventura está todo prevenido, ábrase el jardín ahora y lleguen los que han venido. ¡Ah del jardín prodigioso, ah de ese verde castillo, ah del puente! ¿Quién me llama? Ya a tus voces he salido. ¿Sois vos su defensa? Antes que os responda, dadme oídos, por si cumplís con las leyes que esta aventura ha pedido. ¿Sois caballero? Sí soy. ¿Tenéis armas? Rayos vibro. ¿Estáis afrentado? No. Pues hablad, que ya admitido podéis ser para esta empresa. ¿Qué pedís? Batalla pido. Pues, antes de entrar en ella, decid por qué habéis venido: ¿por dama o por caballero?, ¿o por la fruta que en rizos cogollos de oro se guarda en el granado escondido? Por el príncipe de Lidia vengo: a pido. Pues ya bajo; mas espera. ¿Traes dama? ¿Viene contigo esa mujer? Sí. Pues, antes de bajar, está advertido que ,si pierdes la batalla, queda presa en el castillo tu dama, y has menester para librarla atrevido hacer segunda batalla con otro, cuando el arbitrio de señale. ¡Válgame el cielo! ¿Qué he oído? ¡Fuerte empeño!, mas ¿qué temo? ¡Fuerte lance!, mas yo fío de tu valor. Por ti muero. Bien has dicho. Bien has dicho. ¿Qué respondes? Que te pido la batalla. ¿Admites estas condiciones? Las admito. Pues espera, que ya bajo a matarte. Mucho has dicho. Poco vivirás. Ya tardas. Llega. Llega. Mas ¿qué miro? ¿No eres mi bárbaro dueño? ¿No eres tú...? Sí. ...¿mi cautivo? ¿No eres quien prendió a mi dama? ¿No es este el hermoso hechizo que robé? ¡Valedme, cielos! ¡Valedme, dioses divinos! ¡Matarete por vengarme! ¡Matarete de ofendido! ¡Ay, que me miran sus ojos y con gran ventaja riño! . ¡Ay de ti, que por quedarme con tu dama haré prodigios! [.] ¡Ea, a la lid, caballeros, que hace señal, oprimido, el metal! Pues llega. Llega. Bella flor... Bello prodigio... ..por librarte a ti peleo. ..por ti será si le rindo. Ruego a los cielos que venza. Ruego a Dios que sea vencido. Si no vence , pierdo, ¡ay Dios!, el dueño mío. Si vence, libre se va y le he perdido. [.] Ríndete, pues que la espada te ha faltado. Aunque sus filos me falten, no el corazón. Es en vano. Por vencido estáis, caballero, ya declarado. Pues perdido habéis la espada, la dama queda presa en el castillo hasta que volváis a hacer batalla. Centellas vibro. Cautiva otra vez, lo vuelves a ser mía. ¿Esto permito? ¡Muerta estoy! Para librarla. segunda batalla pido. No es tiempo, joven valiente. Vuelve por armas y admito la empresa. No importa. Bastan mis celos y mis suspiros. Hoy no permito batalla. Ven a ser nuevo prodigio de mi jardín, bella dama. Ven a ser asombro mío. Eso no; que, aunque sin armas... ¡Escondelda, encantos míos! ¿Qué es aquesto? ¡Muerto estoy! Viento abrazo y mármol finjo. ¡, mi bien, señora!... Mis quejas al viento envío, y él no las oye. ¡Estoy loco! Seguilda aprisa, suspiros; cobrádmela, pensamientos; lágrimas, seguilda en ríos; quejas, detenelda en rayos... Mas, a pesar del hechizo del jardín y de sus flores, sus encantos y prodigios, volveré a librar mi dueño; pues, si solo el valor mío bastara a volver por ella, hoy que celoso me miro, hoy que a este bárbaro temo, ¿qué harán en un pecho altivo juntos celos y valor cuando, para hacer prodigios, al más cobarde le basta solo el estar ofendido?
JORNADA TERCERA
¡Ah del elevado puente de ese bárbaro cruel! ¡Ah del jardín encantado de esa mágica mujer! Valiente , tirana , escuchad. [.] ¿Quién pasar osó los umbrales de este guardado vergel? Quien otra vez impelido, quien arrastrado otra vez a la ingratitud del hado, de la fortuna al desdén, por la dama que perdió en campal duelo, después que cobró espada, segunda batalla pretende hacer. Aguarda, que es fuerza dar cuenta a mi dueño, porque aventurero que pide prenda que perdió, saber conviene cómo se ajusta a las leyes del cartel. Y sabe el sol si me pesa, ¡oh joven!, de que haya ley que deponga no ser yo quien te la ha de defender; que fuera rayo forjado en la nube de la piel por que no saliera nunca de mi poder. ¡Oh!, duélase la fortuna —si es que se sabe doler de un desdichado— de mí, que tanto lo he sido, pues tres desdichas me combaten: mi hermano y mi amigo es ; por él vine; perdí a , en quien perdí la mitad del alma; y a la palabra falté que de guardarla di a ; a , a cuya altivez le debí el honor y vida. Pues ¿cómo, cómo podré cumplir con un alma sola hoy con acreedores tres? Tu libertad, , hoy en tu mano se ve; pues hoy el caso llegó de mi establecida ley si a un aventurero vences; mas, si eres vencido de él, en tu vida estarás libre. (Estraña la duda es de mi amor y de mi honor en esta demanda, pues si venzo en ella y me miro libre, me miro también ausente de , deidad que adoró mi fe. Si soy vencido, imposible quedo de volverme a ver libre jamás, y indiciado de que cobarde llegué a ser vencido dos veces, pero ninguna a vencer. Mas ¿qué discurro? Primero es mi honor, y yo sabré, viéndome libre, librar a después.) Docta , ya la batalla espero en que me ha de sacar mi valor de este confuso tropel de desdichas, donde he estado combatido, al parecer, de un embate y otro embate, de un vaivén y otro vaivén. Dentro del mismo jardín decid a las guardas que hay batalla. Que entrar dejen a cuantos la quieran ver. ¡Oh tú, joven, que, infelice, sin escarmiento otra vez, a seguir tu desempeño aquí pudiste volver!, ya el caballero desciende, que es quien te ha de defender la dama que buscas. Baja para que lidies con él. Si fuese Marte, en su sangre bañado veré a sus pies su valor. Si fuese Alcides, sus aplausos venceré. Lidia, pues, campeón valiente, ya que tu muerte ha de ser el rescate de mi dama. Lidia tú, osado, pues fue tu vida el rescate mío. Yo..., mas ¿qué vi? ¿Qué miré? ¡Hermano! ¡Amigo! A tus pies estoy. Los brazos me da. ¿Qué es esto? ¿Qué puede ser, sino desdichas de un hombre infelice? ¡Oh tú, cruel parto de esas duras peñas, que mágicamente hacer supiste de ciencias tuyas tantos asombros por que, imperfecta, fuese docta ignorante la mujer! ¿Cómo, si por vine; cómo, si intenté la libertad suya; cómo, si por rescatarle fiel, perdí a , hoy quieres, haciendo el duelo al revés, que por rescatarla a ella haga batalla con él? Como, previniendo el lance, mi discurso disponer supo aquestas condiciones tan encontradas, por que ningún caballero andante que se pudiese atrever a entrar en esta aventura consiguiese su laurel, haciendo que pierda hoy lo mesmo que buscó ayer. Pues, por que veas vencido de tus ciencias el poder y que hay quien quede bien puesto con morir y sin vencer, yo a mi hermano agradecido, pues darme libertad fue el primer asunto suyo, quiero rendirme a sus pies, con que, habiéndome vencido, libre su dama se ve. Entrégale, pues, su dama, quédeme yo y venza él. Aunque deseo librar a , no ha de ser con tan grande mengua tuya. Yo sí, yo me rendiré. Mejor a los dos está aqueste partido, pues tú quedas libre y yo quedo libre en la prisión también, pues nadie está preso donde está lo que quiere bien. Por que esa razón no arguya con tal fuerza, has de saber que yo también tengo dentro del jardín deidad con quien es mi esclavitud dichosa. Luego ir libre te está bien por que, con tu libertad, después a ella se la des. Luego si, para librar después a mi dama, es justo estar libre primero, tú, que ahora lo estás, ¿por qué no haces antes lo que yo pretendes que haga después? Yo he de rendirme a tu acero. Pues mira cómo ha de ser, porque no he de consentillo. Mas que venimos a hacer batalla por ser vencidos cuando todos por vencer... Yo pelearé por rendirme. Yo por rendirme también. Y yo haré que por mataros, no por rendiros, lidiéis. salí al mirador a ver de vuestros dos caballeros la batalla más cortés. ¡Ay de mí! ¿Qué es lo que vi? ¡Cielos! ¿Qué es lo que miré? ¿Aquel no es...? Sí, . ¿ no es aquel? , dueño mío... De escuché la voz. ilustre... Yo a también. ..mi libertad en tu acero está: darme vida es ley. ..pues que yo te miro, cobra aliento para vencer. Perdona, hermano, que ya rendirme no he de poder, por que vea que su libertad busqué. Pues me atiende, yo he de vencerte, porque yo no he de estar desairado donde mi dama lo ve. Nueva aventura sin duda llega al mágico vergel. Las dos de aquí os retirad hasta que sepa lo que es. ¿Quién vio más confusa pena? ¿Quién vio duda más cruel? [Capitán.] Dos valientes caballeros dentro de aquesa pared del jardín hacen batalla. Llega presto. Suspended, valerosos lidiadores, el acero. Que no es bien, viéndoos batallar, dejaros sin poner paces. Mas ¿qué es esto, cielos? ¿Qué miro? ¿Aquí mi padre? ¿Aquí el ? ¿cómo así, ¡suerte cruel!, habiéndoos perdido hermanos y amigos cuando os dejé en este monte, enemigos y opuestos os hallo en él? Los dos sacáis los aceros contra los dos. ¿Qué emprendéis? Yo con riño por darle vida. También riño [yo] con por darle la vida a él. Bien nuevo modo de dar la vida matándose es; mas, si es aquesa la causa, hoy ya mejorado habéis vuestro duelo. Los dos. ¿De qué suerte? Escuchad y lo sabréis. Veraste con libertad, y sin que tú se la des. Plegue a Dios, pues sin su muerte a cobraré. Mágica , de cuyo horror el viento nos avisa, de paz pretendo hablarte. Ya, generoso , bajo a escucharte. Y del jardín las puertas, [.] aunque vienen de paz, no estén abiertas. Y tú, valiente, a pon dentro del puente, que aún es esclavo mío. Dueño eres de mi vida y mi albedrío. Di agora qué me quieres, Manodante. El príncipe mi hijo, —viniendo por el fruto de aquel tronco que ofrece por tributo, entre hojas carmesíes, cáscaras de oro y granos de rubíes—, de una voz atraído, aun antes de lidiar, quedó vencido. Tú publicaste luego que cualquiera persona que te diera preso al conde de Anglante, aquel francés soberbio y arrogante que la fama ocupó con bizarrías... ¡Cielos!, ¿qué oigo? ..por él concederías u dama u caballero. Pues que me des a quiero que aquí trae preso al conde mi gente, que ya llega. Cuanto esconde este rústico encanto por él te diera y cuanto debajo del alcázar de la luna al albedrío está de la fortuna. está libre como venga a mi poder y como tenga evidencias de que es, en tanto abismo, el hombre que me traes mismo. Esa evidencia deja a que yo la consulte con mi queja y no a tu ciencia acudas por la evidencia de tan cortas dudas; que yo, Gradaso muerto, cuando herido quedé en ese desierto, le vi que, publicando su nombre, más me hería; y así a conoceré porque la especie suya de mi memoria no es posible que huya. (¡Cielos! ¿Qué es lo que oído? ¿No bastaba, ¡ay de mí!, haber recibido vida de él; no bastaba perder a , que él me fiaba, sino ver, ¡ay de mí!, lance tirano, vender de un padre a precio de un hermano? No sé lo que hacer debo: más me acobardo cuando más me atrevo.) ¿No veremos, señores, dónde vamos de esta suerte? Mas no, no lo veamos, que, si como imagino sale ello, muchísimo mejor será no vello. Aqueste, —del escudo lo diga la divisa y dígalo la espada, en tanta aleve sangre acicalada—, es el conde de Anglante, que por postrar su cólera arrogante, sus furias, sus enojos, le traen vendados mi temor los ojos. ¿Yo, de Anglante? ¿Yo, ? ¿Yo, cóleras? ¿Yo, furias? ¿Dónde o cuándo? le conozca... Llega presto. está acá: ¡peor está esto! ..y en la esfera divina quedará del jardín de . Fale...¿ qué? Buena hacienda habemos hecho, , sin corcovas contrahecho. Llega, pues. ¿Ya qué aguardo? Oye, detente. ¿Qué intentas? Que me escuches brevemente. Este invicto paladín, este francés caballero, cuyas vitorias triunfaron de la fortuna y del tiempo; este, pues, a quien, tiranos, los celos el nombre dieron de furioso, pero a quien no hacen furioso los celos; por darme la vida a mí a Gradaso dejó muerto, por quien hace tan costosos sentimientos. Pues ¿qué dirá de mí Lidia?, ¿qué todo el mundo, sabiendo que la muerte, que por mí hizo, le trae a este estremo, y que yo contra mi hermano y padre no le defiendo? Y así tengo de perderla puesto a su lado, primero que consienta que le des, con tan injusto desprecio, a un enemigo dos veces: por ser mujer y por serlo. ¡Vive Dios que es hombre honrado este si sale con esto! ¿Qué es aquesto ? Es cumplir con lo que debo. ¿Tú mi libertad impides? Todo con mi honor es menos. ¿No es tu hermano ? Ni lo ignoro ni lo niego. ¿No soy tu amigo también? Sí, y el mayor que yo tengo. Pues ¿cómo a un hermano faltas? ¿Cómo a un amigo...? Sabiendo que es primera obligación dar la vida a quien la debo. (¿A mí me debe la vida ninguno en el mundo?) (Hoy muero si en mi poder no consigo a , a quien aborrezco.) , si tú debes la vida, que yo lo creo, a , yo a deudas tuyas no estoy obligado, es cierto; a la libertad de [un] hijo sí. Falso fue tu argumento, porque a mi deuda obligado hoy estás también, pues veo que por rescatar un hijo le pones en tanto aprieto, y por haber dado vida a otro no le libras luego. Por acudir a uno, faltas al otro, y tiene en tu pecho más lugar la conveniencia que no el agradecimiento. dice bien: su obligación fue primero. (Por quedar con aquella opinión esfuerzo.) ¿Tengo de perderte a ti? ¿Y has de afrentar tú mis hechos? Esa es generosa acción. Estotro es infame intento. (¡Válgame el cielo, qué fríos se han de quedar todos estos en habiendo quien conozca a !) ¿A qué te has resuelto? A que, aunque es tal mi desdicha que está imposible de medio, pues tenemos razón todos, hoy cumplir con todos quiero. Descubrid al conde el rostro. (Acabose el juego ya de la gallina ciega.) (¡Ay de mí! ¿Qué es lo que veo? Este, cielos, no es , sino su escudero.) Porque recogí estas armas... Ya te entiendo. (¡Oh, quién pudiera esforzar este engaño!, pues con esto seguro estuviera , y, dando a en trueco, libre . Yo en ese partido vengo.) ¡Ea, ! A has de librar por tus hechos. ¿Pues tú también me orlandeas? Si los celosos estremos de Angélica y de Medoro perturban tu entendimiento, no tanto, conde, desluzgas tu valor. Vuelve en tu acuerdo. Vuelve tú y tu alma en el tuyo. Solo ahora falta a mi intento que conozca a . No hay que dudar que el que veo... (Aquí mi engaño dio fin.) ..—no es... ¡Esto sí que va bueno! ..posible dudarlo— el mismo que dejó a Gradaso muerto y el que dijo que era cuando me tenía en el suelo. Nunca yo lo hubiera dicho y nunca él lo hubiera hecho. Ea, conde, pues que ya no tiene el lance otro medio, o libra por fuerza de armas, ya que lo fío a tu esfuerzo, a , o perdona que por él te entregué. Quiero aconsejarme conmigo. Dadme cien años de tiempo. (“—Potencias del alma mía y sentidos de mi cuerpo, ¿qué decís del lancecillo? —Que es muy malo y no está bueno. —¿Ganaré por armas esta aventura en que me veo?” El valor dice que sí, mas que no responde el miedo. “—Fama, Fama, ¿qué os parece? —¡Que peleemos, que peleemos! —Voto a Dios que estás borracha, Fama, si aconsejas eso.”) En efeto, ¿qué resuelves? Nada, en efeto, resuelvo, que soy ungüento amarillo, pues maduro y no resuelvo. Pero hemos de hablar verdad: yo tengo hecho juramento hasta que a Medoro mate... (Pero ¿qué digo yo mesmo? De oírselo decir a todos que ya soy creo.) .de no hacer batalla. Así, a le entrego esta espada y este escudo, y humildemente la ruego se duela de mí, que soy niño y solo y nunca en tal me vi. ¡Que tanto postrado hayan tan grande valor los celos! Ya que en el concierto vine, perderte, ¡ay amigo!, siento. Tal tengas tú la salud, Bramante, que yo te creo. Al príncipe te doy de por trueco. Bellísima , en tus jardines te dejo el alma por prisionera. Verás si por ella vuelvo. . Bellísima , aunque aquesta ocasión pierdo, a ganar tu libertad volveré, pues ya no temo que te defienda mi hermano, sin quedar mi amigo preso. Dos hijos perdí en un día y en un día a hallarlos vuelvo. ¡Oh cómo mejora el hado los días y los sucesos! Vengaré en ti de mi hermano la muerte. Saben los cielos que aun al pelo de la hiedra no le toqué. Vengar pienso las heridas que me diste, cobarde, estando en el suelo. Dios sabe que fue dar grande lanzada a salvaje muerto. Aunque más te finjas loco, no ha de serte de provecho. El diablo me lleve, amén, si más juicio que este tengo. Ya, , que en mi poder hoy preso y cautivo estás.... ¿Esto pudo suceder a nadie? ..lo que es sabrás ofendida una mujer. Verde dragón, tú que has sido guarda en aquestos desiertos del granado más florido y, por nunca estar vencido, duermes los ojos abiertos... ¿Qué es lo que a mirar alcanza mi vista? ¡Fuera de chanza! En uno y otro acometen verde y flores, que prometen verde y florida venganza. Si sangres de drago son para los dientes —¡qué pena!— de los hombres —¡qué pasión!—, la sangre de hombres no es buena para dientes de dragón. ¡No me comas, por tu vida! No hará; de mí defendida la tuya está; que tu suerte no la ha de acabar la muerte, porque dure perseguida. Pues tenga usted al señor dragón verde. ¡Échate al pie del tronco! No vi mayor obediencia; él está a fe bien criado. A tu furor hoy nueva empresa le fío: esta vitoriosa espada y este escudo te confío donde esté a hielo y rocío entre tus hojas colgada, por que vea así que encantada yace aquí su espada. Poco importó que, como no lo esté yo, de ella ¿qué se me da a mí? Mira que nadie a cobrarla llegue ya. Ni aun a pagarla llegaré yo. Por que esté siempre segura mi fe, de ti he querido fiarla. Y ahora tú, , lleva a a la obscura cueva donde ha de ser su prisión. Si allá no hay verde dragón, sala enladrillada y nueva será para mí. Guardando queda el triunfo que te mando tú. Y ahora suene veloz en todo el mundo una voz mis vitorias publicando, por que desde la nevada aurora hasta el negro ocaso sepan que tengo encantada de la ardiente espada con que dio muerte a Gradaso. Música. De la ardiente espada con que dio muerte a Gradaso entre las granadas de oro está pendiente de un árbol. [.] ¿Qué voces, músico, el viento va repitiendo sonoras que son mortales desdichas con cláusulas de lisonjas? La espada de dicen que, pendiente entre las hojas de un tronco, encantada yace, a pesar de sus vitorias. Pues ¿qué es aquesto? ¿No basta contra mi paciencia sola conjurarse el villanaje de aquestas campañas todas? ¿No basta contra mi vida estar convocada a tropas la república del aire que de mis celos me informa? ¿No basta contra mi pecho hablar las cortezas toscas, siendo sembrados cuadernos que me repiten mi historia, sino que el viento también me busque y con voces sordas, cansado ya de mi amor, me venga a hablar en mi honra? ¿Dónde voy? ¿Dónde me llevan, imaginaciones locas, vuestros discursos? Mas ¿cómo dudo lo que más me importa? Ya sé dónde me lleváis, que es a buscar, ya en las ondas del mar y ya de la tierra en las campañas hermosas, la espada que perdí cuando con la cólera celosa la arrojé sobre estas hierbas neciamente, pues no ignora nadie que, para con celos, son las armas más forzosas. Mas ¿dónde voy de esta suerte, despedazadas las ropas, desmelenado el cabello, yerto el pecho y la voz ronca, de suerte que, por inútil bostezo de aquella boca, aun no habrá sol que me mire, eco no habrá aun que me oiga? Gente he sentido. No estoy para que me vea persona ninguna. Verdes laureles haced cancel de estas hojas. Ya que, contento mi padre de ver que felice logra nuestra libertad, nos vuelve a Lidia, escúchame a solas. Mientras, descansa este instante sobre ese vulgo de rosas. (Este es . A él ya declararme me importa, pues socorrí sus desdichas, por que las mías socorra.) Por la mano me has ganado en pedirme que te oiga, porque también tengo yo que decirte... Mis congojas son fáciles de contar, aunque son dificultosas de sufrir. También las mías son para contadas pocas: ..presa yace. ..triste llora. Yo he de librarla. Yo y todo. Otra vez tuvimos otra contienda sobre contarnos nuestras penas rigurosas. Y aun parece en esta voz temerosa que el pasado lance en todo se está repitiendo ahora. Sí, mas no ha de repetirse tan del todo que nos ponga en ocasión de apartarnos. ¿Quién me nombra?. Yo. Pues di lo que me quieres. Que aparte y solo me oigas. Retírate, . Aunque tu valor me informa de ti, no te he de dejar: aquí me tienes de escolta. ¿Quién eres y qué me quieres? ¿No me conoces ahora? Sí, mas pienso que te sirvo más en que no te conozca. ¿Qué es esto, ? Estos son de aquella pasión celosa desmanteladas ruinas que dejaron sus vitorias. Solo quiero que me digas dónde mis armas heroicas están, dónde a tienes... ¡A espacio, congojas! ..dónde , mi escudero, se fue. De todo me informa, porque ya restituido, a pesar de mis memorias, a mi juicio, quiero dar vuelta a Francia. ¿Qué te asombra, que el color mudas, al cielo miras, suspiros arrojas, y, por salir disfrazadas las lágrimas que no lloras, huyen los ojos y salen en suspiros por la boca? ¿Qué es esto? ¿No me respondes? No, que no es bien que responda solo con palabras quien te ha de responder con obras. . ¡Detente, aguarda! No sigas sus pasos. Pues ¿quién lo estorba? Quien, si él no te quiere oír, embaraza que te oiga. A mí me importa seguirle. A él no seguirle importa, pues huye de ti. No es lid. Bien el verle huir le abona, que si fuera lid no huyera. ¿Conócesme? Ni hasta [a]hora te vi en mi vida. ¿Has oído de la fama vividora el nombre de ? Sí. ¿Y no has visto su persona? Hoy la he visto… Así es verdad. …cuando a la mágica docta , por no hacer batalla, con afrentosa pérdida de su valor, rindió las armas heroicas, despojo ya de su encanto... Pero verle o no ¿qué importa? ¿Cómo puede ser si yo soy el mismo ? Ahora veo por qué te dejó mi hermano. ¡Adiós!, que ya sobra la conversación de un loco, cuando seguirle me toca. Sin duda fueron verdades cuantas el viento pregona en oprobio de mi fama, pues hasta el viento la postra. Pero ¿qué aguardo? Mi vida de una vez por todo rompa. Si el furioso por mis celos me llamó el mundo hasta ahora, ya por mi honra el furioso me llame, aunque es una propia cosa, porque en un amante también los celos son honra. En esta cueva escondida donde apenas luz se ve, dijo aquesta maga que ha de conservar mi vida. Mudado ha de parecer sin duda, por más pesar, pues muerte me quiere dar quien no me da de comer; porque es ley establecida que cualquiera, sea el que fuere, el día que no comiere tenga pena de la vida, y mi hambre hoy en aquestas obscuridades me avisa que la alcalda me ha echado la ley a cuestas. Pero quizá esperará a que yo de comer pida: ¡hola, venga la comida! Aquí la comida está. No lo dije yo por tanto... Cierta es hoy la muerte mía, pues antes de hambre moría y ya me muero de espanto. º Siéntese a comer, no espere. En fin, ¿esto es de comer? º Sí. Por Dios que lo he de ver y venga lo que viniere. Bien mi prisión se celebra. Mas díganme, por su vida, señores: esta comida ¿es comida o es culebra? º Es un príncipe encantado que a comer viene con vos. Pues ¿cómo, jurado a Dios, sin haberle convidado? Pero, señores criados, ¿beben vino acaso aquí? º ¿Quién? Los encantados. º Sí. Hacen bien los encantados. Comeré de este pastel ya que tanta hambre tuve; pero ¡no es pastel!, que es nube pues hay tanto rayo en él; y por hacer algo bien yo beber un poco quiero. º Haré la salva primero. ¡Mal haya su salva, amén! º Sin duda que hay nueva empresa. Esta mesa levantad. Pues díganme en puridad: ¿a qué vino aquesta mesa? [.] Hoy arderá este jardín, volcán siendo sus llamas. [.] ¿No sabes que en este puente está , que le guarda? Aunque todo el mundo fueras. ¡Guerra, guerra! ¡Alarma, alarma! Por no dar un paso atrás cortaré este puente. Caiga todo al suelo, por que sea monumento de mi rabia. ¿Dónde está, decid —seáis hombres, brutos o fantasmas—, dónde está un fingido que en oprobio de mi fama tanto profanó mi honor? Aquesto solo me falta. º Aqueste que miras es ¿Pues tú me agravias? ¿Tan bien me ha estado ser tú, que de eso señor te enfadas? ¿Tú tomas mi nombre? A mí me le dieron dado. Basta. ¿Dónde mis armas están? Colgadas están tus armas y, por que no te las hurten, un señor dragón las guarda. Seguras están. Allá guía. Peor está que estaba. Ves aquí el árbol. A él llega. Dar las señas basta, pues en él están. ´ Ya veo la cuchilla entre sus ramas y el dragón que la defiende. Ya del suelo se levanta escupiendo fuego y humo. A mí no me espanta nada. ¡Miren qué son condiciones, pues a mí todo me espanta! Muere, fantástico bruto, si puedes morir sin alma; y tú, árbol, que, coronado, fruto de tantas desgracias produjiste, cae al suelo. Y ahora en pavesas arda el jardín de . Si por mujer que se ampara de tu valor... Si por verme puesta, señor, a tus plantas... ..hoy vitorioso me libras... ..hoy sin peligro me sacas... ..la vida te deberé. ..diré que te debo el alma. ¿Qué es lo que veo? En fin, mi valor te halla presa, dejándote libre. Vos no temáis, bella dama. Roto está el puente. Entra dentro por encima de esas ramas. Allí miro a . Allí me aguarda. Esa dama, caballero... Caballero, aquesa dama... No digáis más; a vos puedo la que pedís entregarla. La de no, porque no sabrá guardarla. Yo supe... Yo lo diré: …estimar tu confianza, que en mano de nadie está la ventura y la desgracia. Si tú le disculpas, yo mi queja olvido. Ahora falta abrasar este jardín tronco a tronco y rama a rama. No hay para qué, que yo misma, pues son mis desdichas tantas que un hombre venció mi encanto, derribaré la arrogancia, por que en su trágico fin a voces diga la fama que de aquesta manera acaba. Proseguiré mis vitorias. Y las tres plumas postradas piadosa disculpa piden y el perdón de tantas faltas.
