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Texto digital de Huyendo vence el honor

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Atribución tradicional
Pedro Calderón de la Barca
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Género
Comedia
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El texto procede de la transcripción automática de una suelta sin datos de imprenta (Madrid. BNE: T/55310/8).

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Huyendo vence el honor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/huyendo-vence-el-honor.

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HUYENDO VENCE EL HONOR

JORNADA PRIMERA

JORNADA PRIMERA por que tu ingenio rodea el efeto, y desvelada en permitidos placeres, A mucho riesgo te pones. con ser ambiciosa quieres En vano me persuades, usar de taza penada. que ya las dificultades Una principal mujer son del amor los arpones. si lo que pide le dan, Al Príncipe quiero ver, no ha de permitir galán. y hallarle sino deseo: al que marido ha de ser. que es del alma desaseo, El Príncipe de Conde, y echar el gusto a perder, de Enrico Cuarto sobrino, sin haber examinado por partes y sangre es dino en la fineza el afecto, de tu mano, en él se ve, rendir la mano al respeco como en quien el cielo iguala solo por razón de estado. contigo en común agrado, Si nuestro padre desea el ingenio no afectado, tu casamiento, si es ni mentirosa la gala: tan igual el interes que tienes que examinar? En tamgallardo sujeto, Huyendo vence el Honor, no consiste el ser discreto en escribir, o en hablar agudamente; apinión rego, y muchos la han seguido, que ha de tener el marido diferen te discreción. Lo que no se ha deseado, o nos cansa, o no es gustoso, no tiene tiempo de esposo quien no estuvo enamorado. Suya he de ser, ya lo veo; pero usando de artificio, quiero con el ejercicio acrisolar su deseo. Considera un despeñado arroyo roto el cristal, y en la espalda de sigual de un risco despedazado: cuando en mal seguras huellas desatado le presumas, ya en coléricas espumas, ya en argentadas centellas. Ya es penacho que se quiebra en el aire, ya se pierde a la vista ya en la verde hierba aljófares enhebra: ya en escarchados herbores, trozos finge de espejuelos, ya es pirámide de hielos, ya es verdugo de las flores. Sin descanso al fin se mueve, tal vez vívora de plata. tal vez flecha que remata en remolinos de nieve. Y bajando quebrantado de tan alto precipicio, del causancio y ejercicio combarido y fatigado; Cuando en su sosiego hermoso Huyendo vence el Honor, del monte en la fértil falda brinda en copa de esmeralda, qué dulce está? qué sabroso! Así es amor que procura agrados, cuando se empeña, se precipita, y despeña aprende mayor dulzura. El Príncipe solicite lo mismo que le ofrecí, tenga desvelos por mí para que al arroyo imite. A quien su afán y fatiga da dulzura y claridad, conquiste la voluntad, que con fineza la obliga. Esta noche ha de venir y facilita el deseo estar en Fontanableo, que no le puede impedir el cuidado de Palacio, porque en esta amenidad, es mayor la libertad; hablarle quiero de espacio. De su fineza imagino que ya no puede tardar, por el jardín ha de entrar, y que suba determino a nuestro cuarto, ya tiene llave, y todo miedo cesa, si estás conmigo, Condesa, yo sé lo que me conviene. Escucha. Solas están, el Rey la respuesta espera, que a Margarita quisiera hablar Con buen viento van mis esperanzas, el Rey se fía de mi cuidado de mi ama enamorado. yyo De Don Pedro Calderon y yo cumplo con la ley de fiel vasallo: yo salgo a avisar que puede ahora entrar. . Nerea. . Señora. Qué quieres? Si mandas algo. Déjanos solas. Si haré. No temas que la afición del Rey contra mi opinión estorbe que a Enrico dé la mano: mas ruido siento Bien dices, gran mal sería. que por esa galería que sale al apartamiento de la Reina: mas, ay cielos, ella es. Pierdo el sentido, un agravio consentido da ocasión a nuevos celos, Di lugar a que Isabela me ofendiera en mi presencia. y el Rey con esta licencia ya mi ofensa no recela. Quiere bien a Margarita, y no está en su cuarto, creo que ha de traerle el deseo a hacerle alguna visita. Y pues se que la enamora, quien lo duda, claro está que a entretenerse vendrá sino ha venido. . Señora, tan tarde en mi cuarto? . Pues Margárita, es cora nueva que tu caricia me deba este amor? . beso tus pies. ey. Hablarte sola quisiera: y tú. . Todo me acobarda. Una luz toma, y aguarda en esa sala primera. . De Don Pedro Calderon Celosa está . Marzarita, yo he sabido que procura el Rey vencer tu hermosura. que te sirve y solicita: cuanto te desacredita sabes, y cuanto me ofende, yo sé cuán mal se defiende la más honesta mujer, y se también que el poder alcanza cuanto pretende. No te desvanezca el verte servida de un Rey, su amor no hace la afrenta menor antes quien cuerda lo advierte, sabiendo que de esta suerte pública deshonra nace, sin que el vano aplauso abrace, mira por su honor atenta: porque es tan grande la afrenta, como el mismo que la hace. No te fies del secreto, que si es con todos amor fuego, con un gran señor hace más lucido efeto: que es puólico te prometo, ya en las cien lenguas no cabe de la fama un mal tan grave, pues yo a saberlo he llegado, siendo siempre el agraviado el postrero que lo sabe. Yo, señora? . Bien entiendo que atiendes a tu decoro, pero yo que al Rey adoro, del pensamiento me ofendo: más asegurar pretendo mis celos: en esa puerta siento ruido. . Qué concierta la Reina? Mata esa vela, laber con esta cautela mí A2 en esa sala primera. . Huyendo vence el Honor, mi agravio. . Mi muerte es cierta. Sola está con la Condesa de Ubernia, no hay que temer, porque a ninguna mujer de ser querida le pesa: la que más honor profesa aún no tiene el corazón a prueba de una ocasión. Cómo están sin luz? . No sé aquí hablando las dejé, lámala. . Qué confusión! Margárita, a Margarita. El Rey es. Voyme. Responde. donde Quién me nombra? . Escucha estás, que tu luz permita esta? sombrael velo quita a tus ojos, que es crueldad: mas aunque su claridad se deja ahora vencer, no es por no tener poder, sino por tener piedad. Pues aunque la falta siento de tu luz en mis fatigas, dan esas sombras amigas brioso un atrevimiento: fue piadoso pensamiento cuando al riesgo me convido, que esté el ardor escondido, que quien con el rayo airado mira a Júpiter armado, no puede ser atrevido. Pisa más paso. . Quédito, quedirítito amor no despierte al Ruiseñor, Mas en todo este distrito no hay luz, al pájaro imito Huyendo vence el Honor, que es de las lamparas greda Oye que hay gente. . Conceda tu voz, hurtando el oficio a la vista, algún indicio con que descubrirte pueda. Quién será? . Voz es barbada. A Margárita, a mi bien; si es recato si es desdén: Ya ves: oyes. .̱ No me agrada Que siendo de mí adorada correspondencia me debe tu amor, consiente que pruebe osadamente leal ese riesgo de cristal, ese imposible de nieve. Con Margárita está hablando, y en la voz parece al Rey No es tan severa la ley del honor, queréis callando. matarme? . Qué estoy dudando? que al Rey en su cuarto admita! a nuevo furor me incita, daré voces, a traidora. Poco a poco, escucha ahora lo que dice Margarita. Ya se apura mi paciencia. R Si precias tu libertad, rayo es la Majestad que hiere en la resistencia. El Rey es, hay tal violencia? Mira no den tus crueldades causa a mis temeridadas, porque en llegando a querer, es desaire en el poder rendirse a dificultades. Responde ahora. . Señor, o si de mis obligaciones las justas estimaciones no convencen vuestro amor: otro respeto mayor debe De Don Pedro Calderon. debe templaros ahora, yo me calo, quien lo ignora, con Enrico, y más me muevo por el respeto que debo a la Reina mi señora. Pues cuando posible fuera atropellar por mi honor fuera ingrata a vuestro amor, y a la Reina no ofendiera. Mas mi amor la agradeciera, si lo dijera por mí. La voz sueña por aquí, hallarla por ella espero. Esta es Margarita. . Quiero disimular. . Ay de mí! Una mano me permita tu rigor, hay prenda mía. Ya toca en descortesía, mas que me obliga, me irrita. Rey. Dónde se fue Margirita? Más afable está. . Apartarle quiero para deslumbrarle; que si esta necia porfía, verá que la voz no es mía, a otra pieza he de guiarle. Ya su desdén está llano, dónde me lleváis ansí? albricias, amor vencí, al cielo llevo en la mano. En vano intentáis, en vane. vencerme, mirad señor que no consiente mi honor esta vio encia. Ay mi bien. Por Dios. . Qué blando desdén Soltad. . Qué dulce rigor! Ya habrá tenido lugar el Rey, mas qué encanto es este? en vez del Rey está énrico De Don Pedro Calderon. con mi señora. . Qué tienes? yo soy, de que estás turbadas Por tu vida que me dejes que de este susto me cobre, que de este sueño despierte, ue no estoy en mí, mañana mas de espacio podrás verme Sin duda el Rey se ha escondido huyendo de Enrico. . Tente, no estaba aquí el Rey contigo? Es verdad. . que aún no lo niegues! Pues qué importa? . Nada, dime donde escondido le tienes Los Reyes nunca se esconden, que son como el sollos Reyes. Moralidades ahora? con que ocasión el Rey viene a estas horas a tu cuarto, y sin luz tan tiernamente te enamoras . Si conmigo la Reina estaba, qué temes? Bueno, harás que pierda el juicio: la Reina? que esto me quieres dar a entender! no hallaras disculpa más aparente. Las mujeres de mi porte Príncipe. . No son mujeres? En estas materias no, Pues para satisfacerme, a dónde la Reina está? A lo que imagino, fue se con el Rey. . Con el Rey? . Sí. Pues cuando el Rey viene a verte trae a su mujer consigo Éntrico, no te despeñes, ni al sol examines rayos, C tiempo falta en que te cuente estas cosas, y aún yo estoy turbada y en las paredes recelo atención curiosa: adiós Huyendo vence el Honor, a Dios Énrico. . Oye, . Vete que seguro está mi honor en tus respetos corteses. Nérea. . Señor. . Escucha. No es posible detenerme, que va sin luz mi señora No importa, que darte puedes. El Rey entró en este cuarto Qué dices? en este? En este: no lo sabes? . Tú le oiste? Basta que me lo confiese Margárita. . No le he visto que yo no estaba presente pues con la luz entro ahora. Bien está, mas no me niegues como llegó aquí: y adonde pudo tan presto esconderse. Yo señor. . Di la verdad imagina que si mientes, te he de matar. . Dios me g uarde, no quiero morirme en cierne mejor lo hará que lo dice, que es celoso y impaciente mas también si al Rey descubro puedo recelar mi muerte. Cuando se vio una criada, que ni le va, ni le viene, en paso tan apretado A de futuros contingentes? Qué dices? . Señor. . Acaba Digo que yo nací un Viernes a las seis de la mañana y es milagro que no fuese Martes, por las infinitas desdichas que me suceden. Yo te diré la verdad, aquí ha entrado No está, por Dios, y es mentira Di, qué temes? Decir verdad, que es en ella Huyendo vence el Honor, gran pena. . Has de prometer re que a nadie lo has de decir Habla, que segura puedes. Digo que ha entrado esta noche mira que me lo prometes en secreto natural. y que pecas mortalmente si lo descubres. . Acaba Linda pieza. . Aunque me cuesto la vida, he de averiguar mis celos. . Aquí fenece toda mi manifatura. Mira señor que te pierdes. Qué más perdido, si muero? aparta no me aconsejes, romperé esta puerta a coces. Muerto ha quedado de verme el Rey: quién es? . Yo, señora, vine, mi esposa, que siempre, mas no creáis. . No os turbéis justo es que un galán corteje su dama, mas no han de ser las finezas indecentes y más vos, que ya con gusto del Rey y de sus parientes os casáis con Margarita de Memoranci, no os ciegue amor en demostraciones menos cuerdas impaciente, que perderá apresurado lo que discreto merece. Yo os confieso que atrevido quise ver curiosamente a Margárita, a la hermosa, por la cual amor ofrece a mis honestos deseos, sol que afables luces vierte. No está, por Dios, y es mentira cuanto dice, y si me dieses licen De Don Pedro Calderon licencia. . Aparta, qué intentas? calla nocio Aunque te pese tengo de hablar a la Reina que yo he visto muchas vece que en comedias celebradas por donaire, o por sainete, se están hablando dos horas los lacayos con los Reyes. Vuestra Majestad no escuche a este loco, sino abrevie mis dichas, y con el Rey mi señor haga que premie mis deseos. . Estad cierto, Énrico, que haré de suerte que logréis vuestra esperanza id con Dios. . Que no pudiese saber donde se ha escondido el Rey? mas no hay que recele, que la Reina me asegura que en igual fuego se enciende. Divertida está Neroa ya no te acuerdas de Pierres? Si acuerdo, mas no es ahora ocasión. Ya me parece. . Adónde está Margarita? Antes que Enrico viniese se fue a acostar. Quiero verla, alumbrame. Neno unque me cuelgue tengo de estar negativa cuando se ha visto sirviente tan constante? tijeretas, yo me he de estar en mis trece Mucha parte de tu gusto (to tiene el suceso, aunque es mayor el sul Salí pues engañado, gozando del favor no imaginado, De Don Pedro Calderon y lo que me duró el oscuro encanto dije mi amor, y encarecile tanto que ahora no supiera referirle otra vez, aunque quisiera. Sellé su mano con turbado labio, y entonces dije: Cuál amante es sabio en alabanza de sus manos bellas, desatinos de estrellas, locuras de alabastros y cristales? llamé flechas mortales de amor sus dedos, que en hechizo breve el fuego disimulan en la nieve, Púsela en fin el alma en la palma, diciendo que la palma llevaba su hermosura al claro cielo, heregia es de amor, y cuando el vuelo a más dulces esferas estendía, absorta en permisiones mi osadía, un blandón que una antorcha sustentaba, me descubrío a la Reina, que gozaba de mi engaño, y vengándose remisa, atropelló la cólera a la risa. Yo suspenso y corrido, sin aliento, sin voz, y sin sentido, deshecho hen fuego, y impedido euhielos, por no esperar sus quejas y sus celos, la espalda vuelvo sin hablar palabra, y ella también sin que los labios abra, cortés en sus enojos, con un lienzo en los ojos, y un ahogado suspiro, que fue nudo en la garganta, ya sin voz no pudo, o no quiso quejarse mesurada: yo en efeto corrido, y ella airada nos apartamos, y esta noche eestado inquieto y desvelado, pues sabiendo la Reina lo que intento, hatá de Margárita el casamiento, porque de mí la libra de esta suerte o porque no se excuse el ver mi muerte. Huyendo vence No me parece que podrá excusarse que lleguen a casarse, pues si niegas la licencia ahora crecerán en la Reina mi señora los celos y el enojo. También yo, si me enojo; soy Rey y despreciando incón venientes, mediré con mi gusto mi albedrío Hoy cumples años, que feliz aumentes, y han de pedirte todos, yo lo fío, esta licencia, prevenirte puedes. No debod mi vida hacer mercedes Ya conla Reina viene el Condestable, el Príncipe y las damas, muestra afable el rostro. Cómo, si en furor bañados vienen contra mi vida conjurados Señale Francia tan dichoso día con la perla mayor que el Alba cría, y repítale el tiempo tan dichoso, que no acierte a contalle memorioso. Vos le hacéis más felice. Para que más honor le solenice, haced, señor, favores a quien os sirve repetid honores. Qué os puedo yo negar? ya el golpe en lo vivo del alma (siento Estadme atento. Yo en nombre del Condestable, de Enrico, y de Margarita, de su hermana la Condesa, te suplico, que (así vivas mas que el pájaro de Arabia, que reñace en sus cenizas) des licencia que celebre sus bodas, en alegría el Honor, da tus años, con Enrico Margárita, y que permitas que en amorosa lazada unión eterna los ciña, Si mis servicios te mueven. Si mi voluntad te inclina. Si mis ruegos te persuaden. Si mi intercesión te obliga. Vea yo alegres mis canas. Goce yo prenda tan rica. Merezca yo este favor. Débate yo esta caricia. Todo lo miraba Nero, y él de nada se dolía. a Señora, no es tiempo ahora, Condestable, tanta prisa? Príncipe, tened paciencia, no es ocasión Margarita, habladme en otras materias de más gusto. . Estoy perdida ̱. Oiga V. Majestad aparte. . Que mal sufrida tengo ahora la paciencia! En efeto determina impedir aquestas bodas? Quiero que Énrico me sirva en cierta impresa que intento, y si se casa, le obliga el amor del nuevo estado a que a su mujer asista, cuando libre le desea. el gobierno y la milicia. En paz gocéis vuestros Reinos, y en seguridad tranquila. Si no fuera en mi bajeza el darme por entendida, bien pudiera; yo lo fío, convencer vuestras malicias: mas vos me entendéis, y basta, que si es forzoso sufrirlas con De Don Pedro Calderon. como mujer, es desaire que vuestras injurias diga Celos, (mal dije, que ya no son celos, si no envidia envidia infame, que solo cabe en almas malnacidas) Envidia, digo, de Enrico os hace, (qué tiranía!) no permitir que se case Anoche: o lengua atrevida los agravios se me vienen alaboca, más resista la razón, porque no pueden romper de tropel mis iras. Mas vos cuando en mis alagos desnudo el amor se enfría, os divertís de mis brazos en adúlteras delicias. Debiendo en fin la corona de Francia, (prendas tan ricas) a mi fecunda lealtad, soy tan mal correspondida con declaradas ofensas tantas veces repetidas, que no os debe una afición tan justa una fe tan limpia: ya que no agrado, respeto, ya que no amor, cortesía. Injurias disimuladas, sinrazones consentidas no solamente os convencen, mas sospecho que os animan. Pues no he de sufrir ahora continuar las antiguas nuevas deslealtades, no: y porque están a la mira los que ofendéis, me reporto. A Énrico se le permita casarse sin dilaciones, que tanto os desacreditan. De Don Pedro Calderon. Si no, por vida de Luis, que públicamente diga vuestra intención, y que corra al secreto la cortina. Y como irritada fiera luzbel del campo, que pinta la piel de estrellas oscuras, y de ardor arma la vista. que escándalo del desierto busca las prendas perdidas y en bramidos lastimosos la campaña atemoriza: daré voces. Reina, vos descompuesta? Que os admira, si cargada de razón, apurada y ofendida con el fuego de mis celos ha reventado la mina Ya el Rey Espera. . Os ha dado la licencia, a instancia mía, con que os caséis luego al punto. Que esto mi enojo permita? Ssi consiento que se casen, ha de costarme la vida; si lo estorbo, de mi amor los deseos se publican, y ofendo de un golpe a Enrico, a Isabela, a Margarita, y al Condestable; y la Reina como vívora que pica grosero pie, vertera el veneno de sus iras: y a mí me ofendo, pues ya con lo que ha dicho me obliga. Oh cuantas cosas no puede el poder pues le limitan atenciones más valientes, y es Huyendo vence el Honor, y es forzoso que se rinda! Mas sin que del dulce intento mis esperanzas desistan, me dejaré persuadir. Ay, dulcísima enemiga, hoy verás que estimo más tu honor, que mi vida misma. De la Reina las instancias, y de todos la porfía me fuerzan, sábelo el alma, a que os dé (qué gran desdicha!) la licencia que pedís: mas no me obliguéis que asista a bodas donde mi gusto no tiene parte en mi vida: ni mayor hazaña hace, ni tuve tan triste día. Ven. Conté. Bien manifiesta su pasión Mil siglos viva Majestad. Gocéis los mismos de tanta dicha, que sin duda os la deseo: así mis celos se alivian. Para más gusto y quietud, cerca está de aquí mi quinta, en ella podéis casaros: venid hijos. Hoy se libra mi honor, que aunque el Rey lo siente, con casarme se mitiga su ardor: mas si bien mi esposa estoy cierto que me estima, informado en sus verdades, en su amor, y en sus caricias, estas que advierto en el Rey palabras tan desabridas, Huyendo vence el Honor, retiro tan sospechoso, iras tan intempestivas, ojos tan mal recatados, muchos riesgos notifican a mi honor. Venid, señora. Ya toca salva en la orilla mi nave, aunque de las olas mis recelos no se fían. Mucho debo a mi fortuna. Yo mucho más a mi dicha. Ya está seguro mi honor, que siempre tuve prevista, por los cuidados del Rey, una desdicha precisa: mil parabienes os doy. Qué contento. Qué alegría. Puede igualarse al que gozo? Puede igualarse a la mía? Vamos, Príncipe. Venid, adorada Margarita, en la joya de mi honor a ser la piedra más rica. Necios recelos dejadmo, que ya las vanas porfías del Rey cesarán casada: a Dios locas santasías. Vuestro soy, esposa amada Y vuestra, señor, mi vida. Para en uno son los dos: tantos siglos juntos vivan, como el pájaro que nace, y muere al fin de sus días. JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA

Muero, Conré, si bien creo que para pena más fiera, por De Don Pedro Calderon. porque así muriendo muera, es vida y muerte el deseo Que en uno y otro violento, es sin esperar mudanza muerte para la esperanza, y vida para el tormento. Oh cuanto erré en dar licencia de casarse a Margarrita! ya en vano la soncita mi amor, y ya mi impaciencia sabe que mis males son los mayores. Cómos Advierte; menos terrible es la muerte que la desesperación Pues quién llega a estado igual esto es a desesperarse, por alivio suele darse la muerte, que es menos mal. Que en un corazón honrado no hay paciencia, ni valor para oponerse al dolor de vivir desesperado. Mira, pues, si ha dado el cielo a ningún hombre mortal mayor dolor que mi mal. Tienes razón. . Buen consuelo. No quiero tener razón, si así piensas adularme haces mal, porque es matarme, si bien con buena intención. Cuando escuchándome estas sucesos tan infelices que tengo razón me dices? esto es lo que siento más. Para aliviar mi pasión, si halla tu ingenio algún medio dime que tengo remedio, y no que tengo razón. De Don Pedro Calderon. Que por librarme de un mal tan penoso y insufrible, solo por ser insensible, ser quisiera itracional. Pesados alivios son en un injusto desdén el tener razón. . También tienes ahora razón. Novedad viniera a ser, ya que a desdicha no pase, que el remedio te faltase cuando te sobra el poder. No porque a violencias tuerza tus bríos y tu valor; que las conquistas de amor mas quieren maña que fuerza Con ingenio has de vencor, avisada está Nerea que en este sitio te vea, es discreta, aunque mujer humilde: pero no importa, que con instrumentos viles obras se acaban sutiles tosca arena el jalpe corta. Del barro sale el metal acrisolado y precioso, y labra al diamante hermoso sangre de un torpe animal. Yo la hablaré en tu cuidado. No amigo, yo quiero hablarla, y liberal obl garla. Pues ya pienso que ha llegado, De esta vez he confirmado la gracia del Rey, ahora me espera yo soy señora grave, ya estoy con estado que puedo tener bajilla; mas cuando se llegue a hablar, temo que me he de turbar, B2 que soy Huyendo que soy algo encogidilla Nerea Señor. Levanta Tu mano espero. Y con ella este diamante. Esta estrella dirás, cuya luz es tanta que al sol se puede oponer y aún vencerle. Cómo está tu Señora? Mal le va, señor, a mi parecer. Como en la imaginación. crece la felicidad padece la voluntad enormísima lesión. No debe de ser rigor de la fortuna invidiosa la posesión tan sabrosa, como la pinta el amor. Que el gusto que se fingía durar más que esas montañas, gala es de juego de cañas que no dura más de un día Bien claramente se ve que esta opinión se acredita en Madama Margarita, y el Príncipe de Condé, Tan presto el gusto fastidis en dos que amantes se casan? Oye la vida que pasan, y no le tendrás invidia. Llegó a la quinta y desposose luego con Margarita Enrico, y al instante se eló de amor el perezoso fuego, de la tea espiró el ardor flamantes llego el nobro, con pausa, con sosiego, vence el Honor, y muy desaliñado de semblante, si no mudo, Cartujo de manera que se excuso la necedad primera Cenaron, y en la mesa ella se arroba, él se eleva, una triste y otro ingrato, ella tenía el alma hecha una boba, y él vertidos los ojos en el plato: miraba el suegrecito, (que lo adoba a los dos, y en el mustió triunvirato estaban sobre apuesta embelesados tragando más suspiros que bocados. Yo desnudé a Madama, ella miraba el tálamo, y al fin queriendo en vano disimular del llanto que abortaba mas de una perla se rompio en mimano: lo que sin luz entre los dos pasaba puede el oyente contemplar Cristiano, y juzgar de lo tibio del deseo lid sin valor, y triunfo sin aseo A las primeras señas del Aurora dejó la cama el nobió y el retrete, mirando a la que más aljófar llora, z severo como un Turco Matasiete: pues no mondaba sueño mi señora llámame, y miro ajado el ramillere de su rostro, en que amor a manos llenas Do formó rosas, claveles, y azucenas Vistiose, y desmayada la belleza visitó con caricia mesurada a su esposo, y hablola con ternez: convareciente en voz no articissada después de unflojo abrazo (gran fineza! los dos bebieron bien, que en nieve helada no sé que aliento en fin tal vez se bebe, sin regalo y sin gusto, aunque con nieve. No he visto acción de esposo si no es esta, mal hallado el amor ha castigado a los dos en venganza manifiesta, o en lisonja, señor, de tu cuidado: esta pasión que al Príncipe molesta, celos De Don Pedro Calderon celos deben de ser, que el informado de su imaginación, pena en la gloria que amor le ofrece, aquí acabó lahistoria Con donaire has consolado mas celos, que son consuelos que pruebe Condé en sus celos el veneno que me ha dado muera del mal que yo muero. En él viene a ser mayor que escrupuioso el honor uele herir con otro acero En fin el desabrimiento tan adelante ha pasado, que el Príncipe se ha mudado a dormir a otro aposento: y deja sola a su esposa en caricia tan reciente, que con extremo lo siente desalentada y quejosa: mirando tan poco gusto en quien se esperó tan grande no hay ternura que le ablande, y ella en desdén tan injusto, como si ausente estuviera, se acuesta con un retrato de su cruel dueño ingrato, que tiene a la cabecera, Con él divierte su mal, porque menos lo señudo en lo sin alma, en lo mudo imita a su original Si bien en tan triste estado bien pudiera vivir, sin tanta pena, pues al fin tiene un marido pintado. Tú has de hacer por mí una cosa en que consiste. Nérea, mi sosiego, porque sea remedio de mi celosa pena, su cclosa pena, De Don Pedro Calderon Mil vidas por ti aventuro. No es este lugal seguro gente parece que sueñas y si aquí, señor, te ven sospecharan tu deseo Yo vuelvo a hontanableo, y si esto sucede bien, ha de mi amor, Nerea que premiaré tu cuidado, Coure lo que he imaginado, te dir? Toda se emplea en servirte mi atención riose la fortunilla ya me imagino con silla, carroza y ostentación. Desamado estoy después que mi amo se ha casado, en tanta extrañeza nadado, que habrá ya cerca de un mes que en un extasis profundo vive sin hablar, ni ver quien diablos me echó a perder el mejor a no del mundo? Pero Nerca está aquí: señora. Qué humilde está o buen Pierres, como var Qué? Cúbrase. no esté así: creame que haré por él cuanto pueda. Estas borracha Toda esta gente Ganacha es servicial, es fier Ponga los ojos en cosa que le esté bien, que prometo acomo daro en efero cuan- Huyendo vence el Honor. cuando fui menos dichosa le hablé tal vez, y no quiero que piense que me he olvidado con la mudanza de estado. Por la fe de Caballero, que ya Madama Nérea sospecho que es Vuescoria Viscondesa de Ataugia, Princesa de Tararea; sepamos que ventolera te ha dado? Bueno, ya empieza, gracia tiene, que llaneza! parece que es de mi esfera: vaya, y hábleme después. Ya, ya, bravo sortijón. No estriba mi estimación en tan menique interes. Qué preciosa travesura de luces, pues resplandece demanera, que parece el cielo en abreviatura. Quién te dio esta quinta esencia del elementar incendios este de rayos compendió esta del sol competencia Dícelo por el diamante? con que poco se consuela: es una pobre joyuela él verá de aquí adelanto grandes cosas. Yo lo creo, mas si en tan poco lo estina, y por dicha se lastinia del estado en que me veo, hágame favor Vusia de prestármele. No ofenda mi decoro, que esta prenda tiene valor por ser mía: Huyendo vence el Honor. y una mujer como yo no ha de dar prendas a un hembre de tan bajo estado, y nombre No mi señora, eso no or limosna os lo pedí, que por favor, Dios me guarde: y como en incendios arde ese círculo, tem que la mano os abrasara, mas ya sé que no se atreve corto ardor a tanta nieve. Bien ha dicho, bien repara. No hay alma que no se rinda a tan rara perfección. No va fuera de razón: por su vida no soy linda? Tanto a lo humano excedéis en lo airoso, en lo gentil, en lo aliñoso, que a mí! Ángeles me parecéis cuando a mis sentidos locos vuestro esplendor encadena. La comparación es buena, mas los Ángeles son pocos. Y en cuanto al diamante, en que quedamos Quiéresle, dii No sé, sospecho que sí. De verás? Y te daré. Qué me darás? Un fincero afecto En fin le apeteces? Digo que si dos mil veces. Pues tres mil veces noquiero. Con eso sales ahora? pareces común mujer, no tienes traza de ser en tú De Don Pedro Calderon en tu vida gran señora. El Príncipe viene. . Él es Qué hacéis aquí? Poco, o nada. Dejadme. e Todo le enfada. Nérea, mira si es hora de cenar; levanta ese guante, espera, aguarda. Viole. Todo me acobarda que escondes con prisa tanta? ̱. No es nada. Muestra la mano: qué sortija es esta? Ahora ingenio. De mi señora. Yo estoy turbada, y en vano me procuro disculpar. Pues para que se escondías? Recele que si le vias, te habías de disgustar de que me pusiese yo las joyas de mi señora Más claro es mi agravio ahora; sin duda el Rey se le dio, que más ciego solicita su amor, yo le he conocido, cierta mi sospecha ha sido, pues recibe Margarita joyas del Rey: ay de mí: vete. ̱. Notable desgracia, ya perdí del Rey la gracia, ya mi diamante perdí. No dan paso mis ansias y desvelos sin quebrarme los ojos De Don Pedro Calderon en sospechas y enojos, en agravios vencelos; mi honor está en peligro conocido, si joyas Margarita ha recibido del Rey, su fama empeña para pagar el precio: no es pequeña sospecha, mas si miente esta criada, yes mi esposa inocente, o prenda amada y en infelices tiempos poseída, pues aún de tu nobleza defendida se te atreven mis celos, mi lecura! o retrible pensión de la hermosura, si necia despreciada, si discreta infeliz, y mal trarada; y si no está culpada Margarita, aunque sabe que el Rey la solicita, decirle yo la causa de mi enojo y a que no llegue a despertar su antojo, alómenos sería ofensa, o peligrosa grosería a su honesto decoro aún más la ofendo cuando más la adoro. Mas en vano el discurso desperdicio, apele a la revista de otro indicio más curioso el cuidado, antes que esté mi agravio confirmado Ya la cena. El honor es diligente, y una desdicha se halla fácilmente. Esta en la tabla. Ay triste. Aún no me ha oído, que está en sus cel loquios divertido. Señor; a esotra puerta él se a dormido he pie. Señor despierta En nada halla quietud la pena mía. Considera que tu melancoria es contagio que a todos se nos pega; vuelve en ti, que esa ciega pasión Huyendo vence el Honor, pasión es lima sorda de tu vida. Aquí estás? Sí señor, cosa perdida: comunica tu mal con un criado, que por larga experiencia le has fiado lo doble de tu mismo pensamiento: qué tienes? No es, amigo el mal que siento capaz de tus consuelos. Paréceme (y perdona) que son celos. Yo celos! de quién? (ay penas graves! puedo yo tener celos? Tú lo sabes: mas mi señora espera ya en la mesa con su padre. Si el alma lo confiesa, que importa que los labios disimulen, o calien mis agravios. Ya se lo que por tu gusto tengo de hacer. Y ya sabes que me va en eso la vida. El cielo, señor, te guarde. No me parece decirle el suceso del diamante, que se enojará conmigo. Mucho llego a lastimarme de que por mí la Princesa viva con disgustos. ̱. Antes es mejor darle ocasión le más celos y pesares, para que con ella haga el Príncipe más desaires: demanera que ofendida a tus caricias se ablande, ya que no por obligada, alomenos por vengarse. ̱. No se vengan en su honor Huyendo vence el Honor, las mujeres principales. Una apurada paciencia, y más en mujeres, hace aún más desalumbramientos: pero primero que acaben de cenar, y mis señores me echen menos, pues entraste sin que ninguno te viese, aquí podrás ocultarte, que es donde tiene la cama la Princesa: hacía esta parte hay un pequeño retrete, adonde suele tocarse. Aquí sola la Princesa duerme, yo tengo la llave, que la visto y la desnudo, de suerte que no entra nadio sin que yo lo sepa. Tienes el retrato? Confiarte puedes que por mi cuidado nada de tu gusto falte. Este es tu retrato, y ya sé que tengo de trocarle con el del Príncipe: ahora buen ánimo, no desmayes; que en la estacada de amor es vileza ser cobarde. Vencerasla si porfías, que la mujer más constante a un resuelto amor se rinde, y si salieres triunfante, como en tu valor lo espero) la mi bendición te alcance. Escóndete pues, que siento pasos. Oh amor, favorable asiste a mi atrevimiento. Esto es hecho, culparanme las las matronas honradazas: no han leido aquel Romance De Don Pedro Calderon. cuanto antiguo misterioso donde dice. No hay quien baste, o se oponga contra la voluntad de un Rey amante? Al Rey el gusto, la hacienda, al Rey la vida, y la sangre; pues lo que hoy hago por él, no lo hiciera por mi padre. Pero mi señora viene. Sin remedio son mis males, sin ejemplo mis desdichas, sin consuelo mis pesares. Es posible que mi esposo no se digne de mirarme, o que en traidora ojetiza para herir más penetrante ya como herboladas flechas, ya como agudos puñales brotando mortal veneno los airados ojos clave en el alma que le adora? No sabe el mundo, no sabe el Rey que a sus tiernos ruegos soy escollo de diamantes? Cuando el Príncipe dudara le mi amor, puede dudarse de mi honor y de la ilustre obligación de mi sangre. Mas ay, que amor le disculpa, y aunque me ofenda y me agravia mas sus sentimientos pesan, pues sin que un punto descansen, Bueitres los celos crueles, eternamente con hambre, en su corazón se ceban, y de sus entrañas pacen. Mas su dolor me lástima De Don Pedro Calderon. que mis penas, aunque grandes; pues cuando morir le veo, no es posible remediarle. Ay, Esposo de mi vida, quien pudiera asegurarte de mi amor, sin que del tiempo tolija experiencia aguardes! Nerea. Señora mía. Para mi consuelo dame el retrato de mi esposo, que pues el inejorable huye de mí, adoraré en su ausencia su semblante; ya que en un Ídolo mudo quiere el amor que idolatre: ve en favor de mis deseos puesto que el mismo me falte, en la lamina y el alma repetida está su imagen, Este es el retrato: ahora comienza el duro combate, en lugar del de su esposo le doy el de el Rey. Dejadme: vete pues a recoger, que me parece que es tardo. Ya te obedezco, y ya cierro la puerta En mis soledades vos seréis solo mi alivio, Ay de mí Calla no hables. Qué tienes? Nada, señora. Oh vive Dios que te pase con este puñal el pecho. Es- Huyendo vence el Honor, Esto es malo, al Condestable quiero avisar, no de todo, mas de solo aquella parte que baste para excusar estos riesgos sin culparme. Tan severo, tan cruel, tan áspero y intratable has sido siempre conmigo, que aún no oso determinarme a abrir la caja que cubre tu rostro. Tuerzo la llave, y aquí me escondo. Aquí puedo oír los extremos que hace viendo mi retrato. Temo que porque fiel te retrate, has prestado al bronce mudo, (solo a efeto de matarme) el veneno de tus ojos: y así recelo mirarte aún en tu retrato mismo: cubierto si me, escuchares, te diré mis sentimientos: y como a Rey, a quien hacen revetencian mis sentidos, será justo que te hable debajo de esta cortina. Del Rey habla, o lengua infame. De mi amor y mi firmeza te ha dado señas bastantes toda el alma, Énrico mío. Que esto escuche y no la mate! como se enternece al nombre del Rey Que así se regale con su esposo, aunque ofendida! Señor, si quieres que rasgue el pecho, templo en que erige Huyendo vence el Honor, mi amor a tu nombre altares, veraste adorado Enrico, de mis afectos, veraste deidad aunque en pobre trono: no importa que me amenace la muerte, cuando tus celos atropellan mis verdades. que aunque el instrumento es duro en mi fe moriré mártir. Que más claros puedo oír mis agravios? Si mostraste tan ardientes los deseos con tantas finezas antes de casarme, como ahora airado y inejorable, cuando con más libertad puedo ser tuya, en mortales enojos las ocasiones malogras: tú eres amante? tú eres fino? tú eres nobles mejor es que desengañes mi amor, porque de una vez, porque de una vez se acaben vida honor, gusto y deseos. Habrá paciencia que baste al peso de tanta injuria? Mas aunque cruel traslades el tosigo a tu retrato que en tus sinrazones arde, no puedo (ay Enrico mío) aunque muera con mirarte, huir de tan dulce muerte, que es dicha en amor notable morir en buena ocasión: cuar otra puede igualarse a morir viendotes A quién dices ternezas tan grandes, penas De Don Pedro Calderon. penas tan encarecidas, y requiebros tan suaves? A quien toda el alma adora, a quien aunque me maltrate, reina en todos mis sentidos. Ella misma ha de culparse si el que tiene es mi retrato. Temo que sus ceguedades han de parar en locura. Quién es a quien entregaste el cetro de tu albedrío? A Enrico. A quién? No lo sabes? al dueño de este retrato. A verle llego cobarde. Qué desdicha! todo el cielo sobre mis hombros se cae. Mas qué es lo que miro! Pues no te turbes, no te espantes, ese es de mi vida el dueño, ese el que tiene la llave del alma y entendimiento, Rey a cuyo vasallaje se han rendido mis potencias. Que esto llegue yo a escucharte? que esto adoras? Pues no es justo? ay cielos, qué miro! . Tarde te arrepientes. Muerta soy. Eso es fuerza, porque labe del honor que has ofendido las injurias con tu sangre. ̱ Que esto pueda una desdicha! Cómo pastor ignorante que un nido de Ruiseñores halló al abrigo de un sauce, De Don Pedro Calderon. y trepando por el tronco en ausencia de su madre, quiso robar los polluelos que al viento quejas esparcen, Y cuando alarga la mano codicioso, encuentra un Áspid, que anticipándose al robo, en ellos vino a cebarse, cuyo venenoso diente mortal ponzoña reparte por las venas, con herida cuanto breve, penetrante. Así yo, donde buscaba gusto, hallé en la misma parte el veneno que me ha muerto. Hay satisfacción que baste a tanto agravio? responde: Pero quiero que repares, que tan grandes culpas piden satisfacciones más grandes. Sufriré que por mi causa padezca sin culpa un Ángel. Tan malquista con la vida me tienen ya mis pesares, que aunque se, y lo sabe el cielo, que inocente y inculpable padezco, muriera alegre si mi honor no peligrase en tan indigna sospecha. Mas pues sé que las verdades, como la pasma oprimida, se levantan más triunfantes, tengo de volver por mí, sin consentir el vitraje de tus fantáricos celos: pues cuando escondido hallases al Rey en mi cuarto mismo adeshora (que aunque pasen de imposibles las desdichas, andan de suerte en mi alcance, C que Huyendo vence el Honor, que junto a lo sucedido todo me parece fácil,) no has de creer que yo puedo ofenderme y agraviarte, ni que en mi estado y nobleza tan locas bajezas caben. Más antiguas son (ay cielos) errores y liviandades en las mujeres, que el noble origen de tu linaje. Cuantas coronas perdieron el decoro y el esmalte en vuestras frentes? tú misma, tú misma has de condenarte, o darás leyes de honor, que en forzosas crueldades doy muerte a mi propia vida. Abrid aquí. El Condestable es este. Primero que entre, porque no estorbe tu padre tu muerte y mi desagravio, has de morir. Ayudadme. cielos. Fuerza es defenderla; tente Énrico, no desmayes Margarita. Esta desdicha me faltaba por remate de mi vida. Mira ahora lo que imposible llamaste, ya en mi agravio sucedio Deja que Énrico me mate. Mas me infama tu defensa que mi muerte: como entrasto Huyendo vence el Honor, aquí sin noticia mía? Ah traidora, te persuades (sin vida estoy) que fingiendo ignorancia, satisfaces mi ofensas La puerta rompen, abre, qué esperas? qué lance tan apretado Qué es esto, hija? . Desdichas que nacen unas a otras engarzadas en sucesión incesable. Vos, señor (muero de enojo) en tan sospechosa parte qué intentáis? terrible aprieto) Sosegaos Condestable Vos con el puñal desnudo qué es esto Enricos Escuchadme. El Rey (oh piadosos cielos) sino goza, solicita favores de Margarita, y siendo linces los celos, lo averigué con bastante indicio: el primero fue, que entre sus joyas hallé del Rey aqueste diamante. Del mismo ahora en su mano este retrato cruel, basilisco, pues en él tosigo pruebo inhumano. últimamente escondido en esta pieza le veo: ved si justamente creo que nuestro honor ha ofendido. Júzguelo vuestra prudencia, que yo (bien que os considero con piedad de padre) quiero pasar por vuestra sentencia. De Don Pedro ̱. Margarita que responde? Que en cuanto a estar sospechoso tiene gran ranzón mi esposo, mas dudar que corresponde con mi sangre mi lealtad por más o culparme intenten todos los indicios mienten, y él se ha engañado Escuchad Yo os confieso que juntando el poder con el amor, solicité a Margarita que honesta se defendíó. Encuanto a humanas pasiones igual con el Rey nacio el más pobre, el más humilde: y así puesto que Rey soy, (y Rey que estendí mi nombre con tanta reputación en cuanto círculo ciñe con línea dorada el sol oscureciendo las glorias que mi valor se adquirío me dejé llevar sin freno de una fuerte inclinación. Tema fue de mi poder, y de mí fue pundonor allabar este imposible, porque se me resistió A este efeto hizo el ingenio peligrosa ostentación por un medio, que no importa que os lo daclare, trazó estas máquinas, que os ponen en tan grande confusión Mas por mi corona os juro, por la se que debo a Dios, por la vida del Delfín, Ángel que el cielo me dio, que no tiene Margarita Calderon. ni noticia, ni intención de este engaño, que aparento tantas sospechas causó. Solo escuché de su boca tan desabrido el rigor, que aún faltó a la cortesía, y aún al respeto faltó, Enrico, vivid contento, sin recelo, sin temor que no hay marido en el mundo más venturoso que vos. Si mi palabra no basta a vuestra satisfacción, yo os daré la más cumplida que jamás se imaginó, con tal que de Margarita hagáis tanta estimación como os obliga su fe como os merece su amor. Y porque de su decoro no os atreváis al candor, que es más puro que la nieve que los Alpes coronó; aunque basta el ser quien es, y sobra afirmarlo yo, Si villanas las sospechas piden otra información, en ese retrato mío que tanto veneno os dio el antidoto hallaréis, y el desengaño mayor. Ya vos, señora, que al Orbe un nuevo prodigio sois de castidad y hermosura humilde os pido perdón. La culpa que cometi deslumbrado a tanto sol aunque grande, tiene más de ceguedad, que de error. Posible será, (de aquesto solo Huyendo vence el Honor, solo la palabra os doy dejar de daros disgusto, pero de adoraros no Mucho hay que pensar. Ya tengo otra nueva confusión. Del Roy la severidad en parte me aseguro mas librarme el desengaño en su retrato, quien vio laberinto tan oscuro? Para tanta turbación como puede quien me mata satisfacerme? por no mitarle otra vez, la muerte tengo por menos rigor. Mas salgamos de estas dudas, quiero ver con atención que tiene aqueste retrato: mas debajo del ay Dios) está un papel, con que susto le recibe el corazón! al alma se me ha pasado de las manos el temblor. Carta. q , , q . El Rey. Huyendo vence el Honor, Libre está mi honor, que el Rey no pudo hacer prevención de que había de llegar a ver estas letras yo. Cuando baste (que si basta para mi satisfacción mas que el papel y palabra del Rey, la justa opinior que de mi esposa he tenido) no puede bastar, señor, para mi seguridad Ya sabéis su condición y ya sabéis que es de pasta tan delicada el honor que peligra no en el golpe, sino en la imaginación Pues yo no he de estar expuesto a que el atrevido ardor mi honor abrase y mi vida, y así tengo por mejor no esperar de su violencia segunda resolución Flandes (Páis piadoso del Católico Españo!) nos servirá de sagrado, adonde con su favor libre de tantos recelos viviré seguro yo, bien servida Margarita, y sin sobresaltos vos. Qué dices tu Margarita? Que puedo decirte yo en riesgo tan evidente? irá contigo mi amor a los climas contrapuestos donde nace y muere el sol. Bien dice, señor, mi esposo segura en Francia no estoy pues como ahora sucede un engaño a un error con A con máscara de verdad, De Don Pedro Calderon. puede oscurecer al so manchar las mismas estrellas y desmentir la razón. Es cordura, y grande, huir de un peligro tan atroz, y valentía supuesto que huyendo vence el honor. Mucha pena me ha de dar que os partáis, que el corazón se me partirá también dividido entre los dos, pero al fin entre dos males se ha de escoger el menor: vivid en pazy seguros, aunque muera ausente yo. Cerca de esta quiata esta la primera población de Flandes, que es Landresa en la Provincia de Artóis. A trechos poned caballos, y con disimulación, como que salís a caza habéis de partiros hoy. Nadie culpará esta fuga, antes en esta ocasión, con valor más recatado huyendo vence el honor. Venid hijos. Señor, vamos. ̱. Temeroso (ay cielos) voy que el valor ha de acusarme hoy en tan cobarde acción. Pero cuando el riesgo es tal, y el contrario es superior, en batalla donde importa tanto la reputación, para librarle del riesgo. huyendo, vence el honor. De Don Pedro Calderon. JORNADA TERCERA (go,

JORNADA TERCERA

Ya veo, y no hago poco estando cie los peligros que tengo cuando llego disfrazado a Bruselas, y con razón recelas, que aunque hay paz entre estas dos Coronas venir antes de haberlas prevenido, es sospechoso, mas si no perdonas los hierros a mi amor, o no has querido, o mi amigo no eres. . Ya yo veo que son grandes las fuerzas de un deseos ya es hecho, ni te canso, ni aconsejo, de la fortuna a la piedad te dejo. Ya te escribí que huyendo con su esposa Conde, (resolución bien peligrosa) a Landre si llegó, plaza primer: que de Flandes a Francia hace frontera. Estaba el Archiduque en Marimonte gozando en playa y monte algún divertimiento aquí supe del Príncipe el intento, que era poderse asegurar en Flandes de los peligros que el pintaba grandes en su vida y honor. Respondio Alberto, con prudencia y acierto, que por no disgustarte se excusaba de admitir lo que el Príncipe rogaba: mas que por sus Estados le daría paso, si encaminarle pretendía a otra parte: en efecto le debiste este amor, o este respeto dondé pasó a Colonia, atravesando por suliers, y allí estuvo descansando, mas la Princesa vine con su hermana la de Oranje a Bruscias donde con ceremonia cortesana la visitó la Infanta y Damíselas, y A Huyendo vence el Honor, y Alberto, y de su Corte lo lucido al fin el Archiduque persuadido de Espinosa, y Ministros Españoles llamo a Condé con su mujer, y dioles licencia que en Bruselas asistiesen hospédalos Oranje en este mismo Palacio, y sin que ceser oficios de mis grandes diligencias de mi cuidado, en varias diferencias estuvo Margárita, persuadida de volver a Paris, reconocida a tu piedad, mas fue tan obstinado Condé, que nunca se ha determinado a ponerse en tus manos. Viendo que los remedios eran vanos, resuélvome en robar a la Princesa supuesto que la empresa está llena de mil dificultades: mas qué amor no intento temeridades? Para esto harán efeto favorable las cartas de su padre el Condestable, y su tía Madama de Angulema y aunque sospechas en su fama tema, pienso que blandamente ha de dejarse robar, para librarse del Español imperio que aborrece si esto sucede bien, amor ofrece gran remedio a tu pena y Paris venturoso de esta Elena, podrás gozar de tan preciosa joya aunque se abrase el mundo como Troya Aunque quiero (como sabes a la Princesa, y adoro sus rigores, y aunque en fin su ausencia me tiene loco: de no habérmela entregado el Español ambicioso para tratar, como es justo, libremente su divorcio: de suerte estoy indignado, Huyendo vence el Honor, que entre el brío y el enojo, entre el valor y la injuria, entre el amor yentre el odio, a la facción más ilustro que oyó el mundo, me dispongo: que quiero probar las fuerzas pues son los ruegos ociosos, cuando en lapaz y enla guerra doy leyes al mundo todo. El Español se me atreve, que vano y presuntuoso pretende opuesto a mi fama tocar la meta que borro Pues ya (aunque notenga efecto lo que has trazado en el robo de la Princesa) a cobrarla me animo, mas de este modo. Treinta mil infantes tengo, parte son vasallos propios parte Esguizaros, y cinco mil caballos en que pongo los de la Corneta blanca: por plaza de armas escojo a la lín, que de Campaña es un lugar populoso. Prácticas traigo también con el Ingles, y convoco en las Provincias unidas mis amigos y devotos. Y no temo que la tregua que corre, les haga estorbo, ni que tan buena ocasión perderán escrupulosos para entrar en Alemania, a donde he tenido modo de turbar los Electores del Imperio, y me conformo con el gran Rey de Suecia, padre de Gustabo Adolfo que de la región de Marte dos De Don Pedro Calderon dos colunas los dos somos. También en Italia siembro escándalos y alborotos, Nápoles ofrezco al Papa. blanco adonde tiran todos. Para granjear al Duque de Saboya, ocasión tomo de verle desavenido con España; y ingenioso al de Mantua a mi amistad inclino: y también negocio amistad con el de Urbino contra las Indias soborno a Holanda; Genova siempre será nentral; pero exhorto a Venecia grande empresa, si la obligo artificioso Con Ungría le convido al Turco, que codicioso junta su gente a este efecto también las armas provoco de los Cantones herejes, que supuesto, que me nombro Cristianísimo, me sirvo sin ofender mi decoro) de Hugonotes enemigos comunes. Bien como el docto Médico que se aprovecha de licores venenosos y mezclándolos con simples saludables, de unos y otros forma píctima. Así yo junto al Hereje y al Moro, y en política licencia físico remedio formo. El Español solamente alista (como es notorio) doce mil infantes, siendo mas de los seis mil visoños. Y aunque espera el Archiduque De Don Pedro Calderon de España un grande socorro, siempre la plata de España viene con plantas de plomo. Para no guardar las paces al Archiduque ocasiono, pidiendo paso en su Estado para Lucemburg, de modo que si me la da, destruyo en venganza de mi enojo) a Flandes, y a Margarita sin defensa humana copro: si me le niega, con este pretexto las paces rompo, y al punto con mis amigos en la campaña me pongo. Verá España lo que debe a mi quietud, si depongo la roga, y el arnés visto, vibro el fresno, el rayo arrojo. Quién duda que de esta vez toda su ambición reporto, toda su altivez castigo, toda su soberbia domo. Yo he de limitar mis dichas, yo tengo de poner coto a las victorias que espero del esfuerzo que mal logro, si desnudo la cuchilla si al aire una vez descojo mis banderas, donde el cielo bordó los tres lirios de oro Yo enmudeceré la fama del liberal Macedonio, y ataré las cuatro frentes del Orbe en un lazo solo; sin que el acero desciña. hasta que entriunfantes ocios no tenga más que vencer desde el uno al otro Polo. Mas cuando a la ejecución que Huyendo vence el Honor, que espero, está todo pronto, pequeña piedra resuelve toda esta máquina en polvo. Leve ocasión me suspende, pues entre vanos ahogos me reprendo desabrido, y casi supersticioso Para salir de Paris a ver las luces que adoro, fingí que a Jalón partía, con que mi intento rebozo: ya dos millas de mi Corte, al abrigo de unos oímos, vi un hombre en humilde traje, tostado y traidor el rostro, arada la breve frente, mortal el ceño alevoso, desaliñado el cabello, turbios y inquietos los ojos, que estaba con un cuchillo aucho, mellado, y mohoso fatigando la dureza de cuatro guijarros broncos, Mirele atento, y al punto con un hielo pavoroso sentí quejarse las venas, y embarazarse los poros. Estremecióseme el alma, y en latidos presurosos despertaba el corazón a los sentidos absortos. Súbito furor me mueve, y del puñal en el pomo temblando puse la mano; pero luego me reporto en voz ronca quién, quién eres, quién eres (le dije) monstruo, he parece que naciste ara terror, para asombro el mundo? En trémilo acento Huyendo vence el Honor, me respondíó: Soy un tosco villano, que en esa aldea hábito pobre, y me nombro Francisco de Ravillach. Apenas el nombre oigo, cuando nuevo otror me asalta, y de suerte me congojo, que perdí todo el color. y en un mármol me trasformo Y ya que del tanto helado con dificultad me cobro, piqué el caballo, y déjele y vive Dios que me cotro de confesarme postrado, porque si duermo, o si como, se me representa al vivo esta fantasma, y dudoso sangre es todo cuanto miro, luto es todo cuanto toco. Qué triste imaginación! vuelve en ti, y demos el modo como a Margárita veas De esta suerte lo dispongo. Dos pliegos me has dado, el uno del Condestable, y el otro de Madama de Angulema remitidos con un propio. Yo los daré a la Princera, y supuesto que no ignoro que ha de conocerme, entrego a su desdén riguroso con mucho gusto la vida, porque imagino que compro muy barata con mi muerte la gloria de ver sus ojos. Ella al cuarto de su hermana pasa. . Tu favor invoco, amor, por si puedes ciego encantar este Áspid sordo. De Don Pedro Calderon. Aún no pagas con la vida las traiciones a mi honor. Justo es todo tu rigor más fui del Rey persuadida con tal fuerza, que no pude defenderme: yo confieso que en cosas de tanto peso no hay excusa que me ayude. Erré, erré gravemente, si disculpa puede ser la de la primer mujer, engañome la Serpiente. A tus piedades apelo, y aunque tu amor se apasione, no dudo que me perdone quien tiene tanto de cielo. Dime (si me has perdonado) cómo te hallas en Bruselas? Muy mal. . Llega, qué recelas? Aunque está tan obligado mi esposo, y aunque yo veo que debo caricia tanta al Archiduque y Infanta, verme en mi patria deseo. Mas ya triste y desabrida imagino, (oh ciego error) que el asegurar mi honor ha de costarme la vida. Carra tienes de Paris. De quién es? . Del Condestable, y con efecto entrañable otro pliego. . No decís cuyo? . Sospecho que es de Madama de Angulema. Serán en su antigua tema de que me vaya. . Y no es razón? . Leérelas de espacio. A quién digo? a gentilombre, saber quiero vuestro nombre, y si servís en Palacio. De Don Pedro Calderon. No sitro si no es aquí. Aquí a persona Francesa? Sirvo. A quién? A la Princesa, y solo esta vez serví. Cómo yo he visto otra vez ese rostro. . Cuál? . Él tuyo: no huyas, señor. . No huyo, bien puedo a tu sencillez descubrirme. . Que esto pueda contigo amor! . Justa ley es que mande un Dios a un Rey. Ya he leido: como queda mi padre? . Triste sin vos, como toda Francia está. Y Madama? . Quién podrá encarecer de los dos la ternura? mas yo sé quien más que a todos le pesa. Es mi hermana la Condesa? No sino el Rey. . Bien a fe: como sabéis que de mí se acuerda el Rey? . Cierto estoy. Pues quién sois? El propio soy. El propio? . Señora, sí, el propio, que os ha traído estos dos pliegos. . Qué susto que me habéis dado. Y qué guito de miraros he tenido. Qué es lo que miro! Un amor. que aunque es tan capaz mi pecho, diréis que le viene estrecho; y como suele el ardor, que encertado en cárcel breve el corto término pasa, así el fuego que me abrasa rota- Da Huyendo vence el Honor, rompe el pecho en llama leve Posible es que así se olvida de sí un Rey! ay tal error! y por defender mi henor ponga a peligro su vida Porha es, no es firmeza, ira es, no estimación, es venganza, no afición, es agravio, no es fineza Solo por hacerme daño no reparáis en el vuestro; cuando a tanta luz os muestro evidente el desengaño. Como de mis libertades descorreles no os cansáis? a que furor ártima tan grandes temeridades Y pues no crece el amor no siendo correspondido, como (decidme) ha crecido el vuestro con mi rigor Como en lid tan desigual no os rendís a mi desdén? como en fin me queréis bien haciéndome tanto mal? Para remediar mis daños mal antídoto escogéis; si es que curar me queréis, no ha de ser con desengaños. Mejor remedio sería engañar mi inclinación acaso en la permisión se templará mi porfía Curadme pues con fingir agrados menos severa que sois la mujer primera que no ha sabido nientir. Vuestros rigores templas disimulando la ira merezca yo una mentira Huyendo vence el Honor, en premio de una verdad. Señora, vengo a avisarte no sé como te lo diga gran desdicha a esto se obliga pero no quisiera darte pesadumbre. . Acaba, di no en darme pena repares, supuesto que a los pesares de suerte el miedo perdí, que como de un Gentil cuentó que con veneno vivio, así con pesares yo; de suerte que me alimentan en vez de darme la muerte. El Príncipe mi señor con grandísimo rumor de gente. . Tu riesgo advierte. Y aquel Ginoves valiente de Espínola, a cercar viene esta casa, por que tiene aviso; o caso inclemente! Sin duda soy descubierto, en grande peligro estoy Ya han entrado, yo me voy. que apenas a hablar acierto. Porque pretenden cercar la casa? . Las centinelas dicen que el Rey en Bruselas está, y te quiere robar El Rey en Bruselas? . Sí. Gran desdicha. . Estoy mortal. Temiendo estoy un gran mal. Con estos ojos le vi. Que esto consientan los cielos, que no turben, que no asombren al mundo, que den lugar a delito tan inorme A6 Qué sosegada la esfera flaman. De Don Pedro Calderon flamantes flechas no forme ton intes tayos no vibre, serpientes dardos no arroje! Que no le embravezca el mar ni se desgajen los montes! que no se mézcle la tierra! que no se confunda el Orbe! Qué sufra a Reyes tiranos que con alientos feroces, para saquear los cielos escalas de escollo formen! De aquesta suerte le aviso a Enrico, porque no logren la ocasión para prenderle; que aunque las obligaciones de Rey y de deudo mío tan ciego las desconoce, yo no he querido olvidarlas que soy en efeto noble; ni dar a entender que entiendo qe disfrazado se esconde dentro de mí misma casa, áspid que mata entre flores. Hablando conmigo quiero, culpando sus sinrazones, representarle mis quejas podrá ser que le ocasionen mas lástimas a dejar a Brusalas esta noche, porque prenderle no puedan hay lealtad, en que me pones. No basta, (oh rigor) no basta que huyendo de sus traiciones de mi estado, de mi Patria, de mi vida me despoje: que ajenas provincias viva como desterrado, adonde la seguridad del puerto derrotado mi honor tome, sino que aquí me persiga, De Don Pedro Calderon y que envidioso negocio que del alma y de los brazos mi dulce esposa me roben? Mi esposa quiere quitarme de que Bárbaro se oyen tan arrojadas crueldades, tan indignas sinrazones? Cuando en su rústico imperio el Rey de fieras (qué indócil de la ensortijada grave corona de oro compone, aunque feroz sangre bebe, palpitantes miembros come, aunque elhonor no le obligue, y a la razón no conoce) a ningún bruto usurpó la que le dieron consorte el abrigo de las peñas y el tálamo de los bosques Pues como un Rey asistido de la razón, y con nombre de Cristianísimo, a quien con más vivos resplandores la piedad y la justicia eterno laurel le ponen, vuelve el rostro a todo el cielo, y olvidando obligaciones de la sangre, que en mis venas con ser suya desconoce, por un infame apetito, y por un antojo torpe, arrastrando la justicia con sacrílego desorden, manchar quiere de mi honor los no violados candores Pues antes (oh ingrato Enrico que tus intentos se logren, espero que de los cielos las justas indignaciones castigarán tus crueldades, ya le- A Huyendo vence ya levantando el azoto parece que te amenaza: es posible que no oyes que como vívora undosa el aire indignado rompe, y en el crujir repetido señala el eco del golpe? Pues ya yo te considero para ejemplo de los hombres, que mano infame con vil instrumento se te opone, y en boca que abre en tu pecho vierte sangrientos ardores, que entre incendios y diluvios ya te abrasen, ya te ahoguen. Oh cuán postrado te veo! cuán marchitos los colores! cuan presuroso el aliento! cuán desmayadas las voces! Ya entre tus canas cuajada la sangre enmanchas disformes, ya desarraigada el alma, y atonitas las acciones. No dudes, ira es sagrada la que estos medita errores, y si amenazas las juzgas, no son si no inspiraciones. Y vosotros (turba infame, cómplices en tan atroces, en tan aleves crueldades, homicidas y ladrones de mi honor y de mi vida) que aguardáis? queréis que tome venganza, y en vuestro pecho mancue un acero tan noble, y que como el Canherido tras la piedra airada corte, y al que la ha tirado deja os castiguen mis furores? Pues ya que mis lealtades el Honor. injustamente perdonen al agresor, a vosotros, aunque a mi afrenta os arroje, no os he de honrar con mi enojo, mas no esperéis que desfogue el incendio que en mi pecho da ya indicios exteriores, que os haré a todos ceniza: idos luego no me informen vuestros labios: a villanos que os detenéis? a traidores: pues aunque yo no os castigue, y en mis iras me reporte este agravio pues les toca también a los Españoles, vengarán en vuestras vidas, pues me defienden y acogen a pesar de vuestro Rey: que aunque sus armas convoque, unque su poder ostente, aunque la tierra alborote, Philipo y Alberto tienen para que su furia domen, justa causa acometidos, y mayores prevenciones. Porque permiten los cielos, que a los soberbios se eponen, que haya un Rey que desagravie, cuando hay otro que deshonre. A justo enojo, señor, ningún discreto responde, contigo habló claramente, sin duda que te conoce: y para guardar tu vida, que tanto peligro corte en poder del Archiduque, ha librado en sus razones todo el peso de sus iras. Yo sufro. . No te apasiones. No os vais? queréis que impaciente por De Don Pedro Calderon. por la ventana os arrojes Vamos, señor, que es tentar al cielo. Que así blasone! pues podrá ser que algún día el fuego encendido brote. Si como espero te libras, luego es bien que postas tomes. Amorir voy, y a la muerte nadie perezoso corre. Y vos, señora. . La muerte espero. . Sola esta noche abéis de estar. Fiero trance. Acompañada. Acabose mi vida. . De vuestros deudos. Quién lo duda, conociole, y esta noche sola quiere darme de vida: socorre cielo mi inocencia. . Quiero que no viváis. . Deciarose. Tan poco segura. . Yo esposo? . Habrá quien estorbe mi gusto? . Sí mas yo nunca vos lo sabéis) di ocasiones a que el Rey venga. . No quiero discurpas, porque suponen delito: haced al instante. Qué he de hacer? Las prevenciones, porque a la primera luz. Tengo de morir: oyo se más cruel sentencia? . El llanto suspended, no me ocasione a que a mañana no aguarde mis justas resoluciones. Mejor será declararme pues no es posible que ignore que ha estado aquí el Rey Enrico, De Don Pedro Calderon. No porque el Rey os enoje viniendo a Bruselas, soy culpada. Vuestros temores cesen porque el Rey no ha estado en Bruselas, que aunque corre esa voz, no es cierta, quiero que os vais a Palacio, a donde seguro esté de enemigos mi honor: ya me han dado el orden sus Altezas: con la Infanta estaréis sin que zozobren nis dudas. Si disimula? Qué decís? Que estoy conforme con vuestro guito. Cercad toda la casa. San Jorge, este es el Príncipe Alberto, pero ya Enrico escapose. Yo cumplí mi obligación, que aunque los Reyes se arrojen a ciegas temeridades, los que son vasallos nobles no han de dar a la venganza lugar, antes cuando importe librarios en el peligro. Quede con la guarda el Conde. adónde se oculta Enrique? Que a vuestra Alteza le informen que estaba en mi casa el Rey es verdad, más engañose quien le imaginó en Bruselas, que solo Enrico se esconde en lo noble de mi pecho, donde a pesar de traiciones vive Huyendo vence el Honor, Vivo seguro, pues antes n su Majestad le toque qué es agravio? el pensamiento, la os el golpe que pudiera amenazarle, yo expusiera el pecho noble a la muerte en su defensa: que no ha de haber en el Orbe quien diga que fue Conde traidor a su Rey. En bronce se escriba vuestra lealtad, porque admiren las naciones, tan a vista del agravio la constancia tan conforme a la nobleza heredada de vuestros progenitores, d Vuestra miteza es nuesto mparo, que son ansiguos blasones de España, y la casa de Austria amparar al que se acoge a este soberano asilo, a este sagrado de pobres al escudo de la Fe y al árbitro de los hombres. Leon que por generoso enlo intricado del monte, defiende al cordero humilde, cuando el lobo se se opone. Madama y yo somos vuestros con nuevas obligaciones. Levántese vuestra Alteza, Madama mis brazos honre que no ha de faltar Alberto, por más que Enrique se enoje, Guarde Dios a vuestra Alteza, eao felices años, y goce con el renombre de Pío, de Cortesano el renombre. Porque no presuma Enrique Huyendo vence el Honor, que me salí de su Corte por faltar a su obediencia, ni quiera en sus sinrazones tener queja contra España, (aunque estimo los favores que vuestra Alteza me ofrece) con su licencia, esta noche, tengo de partir a hieja, que en tan graves ocasiones, huyendo vence el honor cuando es un Rey el que pone en tal riesgo a su vasallo. Lo que fuere, más conforme al gusto vuestro elegid. Echó el fallo, declarose, hoy nos partimos a Lieja: Nérea, las ocasiones. se han de llevar en paeiencia cuando no las busca el hombre. Pierres, Lieja es buena tierra. Linda para coger flores, porque todo el año hay nieve, mas allí cualquiera coge lo que siembra, y así tú cogeras lindos jubones, lindas mitras, lindas pencas y linda zurra de azotes, Venid a ver a la Infanta. Todo el cielo lo dispone, Dios vuelve por mi inocencia, Aprendan aquí los nobles, que huyendo vence el honor aún en los riesgos mayores. N. ooe an