Texto digital de Honra, confusión y honor
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Pedro Calderón de la Barca
- Atribución estilometría
- Gaspar de Ávila Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de una suelta sin datos de imprenta (Madrid. BNE: T/55310/9).
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Honra, confusión y honor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/honra-confusion-y-honor.

HONRA, CONFUSIÓN Y HONOR
JORNADA PRIMERA
Pisa quedo, mentecato. Mil flores no me han sentido, con haberlas yo tenido debajo de mi zapato. Remolcar puedo un Delfín con solamente el aliento, y suspender en el viento las piezas de un volatín. Bien lo encareces. . Así esté mi dicha asentada; hormiga dejo pisada que no ha sabido de mí. Pero de que sitve entrar a rondar este jardín, con pasos de matachín, sin tener e desear? Oh duña Reatriz, señor, te quiere, o no, si te adora, para que te importa ahora este embeleco de amor? Enrre cristalinas fuentes huellas suncia, y pisas grama, cuando te espera tu dama con el alma entre los dientes? y desdices su favor si no llegas vozeando. Muy poco sabes, Hernando, de los sainetes de amor. No ai gusto, ni bien tan alto, como la vergüenza pura de una divina hermosura, cogida de sobresalto. Su Hermana. La emuladora de la luz del Sol que espero, el crepúsculo primero, y el Lucero de la Aurora. Tus luciferos hálagos botas me han de hacer poner. A Por qué? Porque la has de hacer guía de los Reyes Magos. No en vano el campo Aurido me ofrecía por despoja si más flores a los oyo mas olor para el sengdo. No en vano estágaras fuentes. Baban, en cristal sa d y márgenes terminaban, risueñas, y tr ansparentes. No en vano en el manso viento se regalaban las flores, se envidiaban los colores, y sourtagan el aliento. Ano en vadlo, finalmente, Y anticipó la mañana, Abordados de oro, y de grana; los celajes de su Oriente. Dónde está mi dueño hermoso? Un ramiliete está haciendo, y en su variedad tegiendo cifras de un pecho amoroso. Dejaos flores venturosas. voger, y no os resistáis, que a divino poder vais: y si altivas, y orgullosas queréis con un Serafín competir, formando agravios, compita el clavel los labios, y las manos el jazmín. Porque si no conocéis la ventura que gozáis, decir podré que informáis del alma que no tenéis. Siempre los bien entendidos son el centro del amor. Encarecer es mejor agloria de mis sentidos. ̱ Quien llega a saber querer, fuerza es que sepa decir, como forzoso el sentir en llegando a conocer. Tales son ya mis intentos, que si posible me fuera, tantas almas me infundiera como tengo pensamientos. Y así en glorias tan crecidas, contra el tiempo variable, fuera el gozo inumerable, siendo infinitas las vidas. Confieso, discreta hermana del hermoso dueño mío, que sujeté el albedrío a una beldad soberana. A una deidad, a un milagro que hizo naturaleza, a cuya inmortal belleza mis pensamientos consagro, Pero como indigno soy de la merced que me hace, ni el alma se satisface, ni yo asegurado estoy. Porque si de sangre mía estarlo en mi amor pudiera, con menos sangre tuviera más vida y más alegría. Mas ventura que gozar, más alma que poseer, y ocupara en merecer lo que tardo en desear. Humildad de confiado. Propio recelo de amante dirás mejor; ay Violante, y que bien desconfiado. parecerá el que sudrieve y vestido, a un ser, de otro si no es cielo reuucido a forma, y término breves Mientras viene el desead que este sea premio quiero de un amor tan verdadero. Y está muy bien emplezdo? pero pues le quita al mío su verdadero lugar, al suelo vaya a informar de mi loco desvarío. Mal agan flores cogidas, que su variedad juntaron, y conformes se fiaron de unas manos ofendidas Mal haya. Hermana. Señora. No puedo para agradaros. hacer más que no estorbaros, suéltame hermana traidora, dejadme, iré a padecer, que solo quiero adquirir más tiempo para sentir lo que he tardado en creer. Hay sospechas bien fundadas, como fuisteis mal creídas, y hay horas de amor perdidas, que tarde desengañadas. Yo pensé. Viven los cielos, que pienso que en mis enojos conspirados hoy tus ojos, fulminan rayos de celos. Si te adoro, en qué te ofendo? si te engañas, que me culpas? amor que huye disculpas, ya se ofende aborreciendo. Oye, y condena. En mi daño ya es lo mejor resolver, por no volverme a perder a vista del desengaño. Ese ramillete sea voz, y lengua de mi agravio. Y este sufrimiento sabio satisfacción que se crea. Que siendo yo el ofendido, es imposible que acierte el alma a satisfacerte en culpa que no he tenido. Dile a tu hermana, Violante, mis amorosos intentos, y si son mis pensamientos, hijos de un amor constante, Dise tú lo que decía de mi dicha, y su hermosura, si encarecí mi ventura, y los extremos que hacía. Y di si está bien pagada mi afición de su lealtad, mi amor, mi fe, y mi humildad. Mejor es no decir nada, que a un necio desconfiar tan sin causa, no es razón el darle satisfacción cuando se debe culpar. Y solamente concluyo con decir que yo me holgara, que su amor quejas formara como yo gozara el tuyo. En qué funda esta grosera este atrevimiento? En ser tu hermana, y darte a entender que es mi afición verdadera. No solamente ha mostrado su nobleza en su disgusto, pero el sentimiento justo de un corazón disculpado. Tú que conservar pretendes su deseada afición, dale en tu satisfacción a entender que no la ofendes. Que yo, si tu voluntad el primer lugar me diera, gustosamente rompiera las treguas de mi lealtad. Si esto escucho, y esto veo, qué he de hacer? ̱. Creerme a mí, pues son distantes aquí mi firmeza, y su deseo. Y porque puedas estar en esta verdad segura, si es que mi dicha procura el Rey, me pienso casar con su licencia. Ahora sí, que tengo ya con razón la mayor satisfacción que me puedes dar a mí. Ahora sí, que mil veces debo poner en tus plantas. mi boca, haciendo otras tantas estos árboles jueces. Yo cogeré con mis ojos las flores que he despreciado, si no las ha marchitado el fuego de mis enojos. A mí el cogerlas me toca, para que no goce el suelo destribuiciones del cielo, que están mejor en mi boca. Estuvieron sus colores siempre en su verdor lozanos, que llevaron de tus manos la Primavera estas flores. De estas puedes disponer, y en esto el alma te enseño. l. Volvérselas a su dueño es lo que se debe hacer. También puedes en mi enojo, pues que te sabes quejar tan sentida, reparar. O las toma, o las atrojo. Hecha esa descortesía, la menor desdicha es, que al viento, y al suelo des parte de tu grosería. Por solamente excusar la causa de esta pendencia, le voy a pedir licencia al Rey; pero me has de dar palabra, que ha de tener fin este disgusto aquí. En todo me importa a mí desde ahora obedecer al dueño de mi albedrío. El cielo a mí me conceda tanto bien. Todo suceda como de tu amor confío. No doy mi parte de gusto por el de una Navidad, ha de ser monstruosidad verme comer sin disgusto. No hay en toda esta Región, escudriñándola toda, en lo airoso de una boda tan crespo comilitón. Encarecimiento es chico, la Región de Polo a Polo, y en imaginarlo solo me gaudió, y me bodifico. Apenas haurá el Rey dado el fiar del casamiento, cuando en desprecios del viento sea un aleto templado. Albricias pienso pedir a ciento y cincuenta pasos. Que no te sean escasos de aliento, Hernando, al venir, humilde pido a los vientos, porque en un bien que se aguarda, cuando es tal lo que se tarda son menores los contentos. Si esta ventura se escapa de incierta, y tú la previenes, ven, y entra a saco mis bienes, como en elección de Papa. No ha de quedar trasto a vida; Dichoso el gusto que pasa a desnudar una casa, dejando el alma vestida, Contenta estás, Puede haber causa mayor? No es cordura estarlo tanto, en ventura que puede dejar de ser. (te, Qué es don Luis mi dueño advier y que me ha mandado digo que no me enoje contigo, y voyme sin responderte. Pues fía de mi cuidado, que poco me has de deber el irte sin responder, y el ramillete arrojado. Dejadme solo. Señor. Si he dicho que me dejéis, que porfíáis? qué queréis? ya se que el Embajador de Roma me quiere hablar, pero en esta Monarquía, resérveme solo un día, en que a solas pueda dar audiencia a mis pensamientos, que a despacharle me obligo si me dejas mi conmigo residenciar mis intentos, Gran de fuerza tiene un Rey en la voz, y en la presencia, pues es para la obediencia cada palabra una ley. Y supuesto que difiere nuestra humildad su poder, del habemos de saber solo aquello que el quisiere. De don Luis de Godoyfía sus secretos, y él podrá saberlo; aquí viene ya, Con justa fe los confía. Qué hace su Majestad? Tal su tristeza juzgamos, señor don Luis, que dudamos si es amor, o enfermedad, y sentimos su disgusto de suerte, que nos parece que es nuestro el mal que padece. Que así se sienta es muy justo, que yo por mi cuenta halló, que el estares justa ley asido el pulso del Rey al corazón del vasallo. Y tienen tales enojos, mientras durare su vida, juridición adquirida en la luz de nuestros ojos. Qué penas puede tener un Rey? El ver que ha nacido para ser cuanto ha podido, y que ha de dejar de ser. Quién es? Don Luis de Godoy. Tú solo tienes licencia para hablarme. A su presencia confuso, y temblando voy. Que licencia podrá darme, aunque es en caso tan justo, si le hallo con disgusto cuando pretendo casarme? Cómo no llegas? Señor, veo a vuestra Majestad triste, y hace mi lealtad consultas a mi temor. Y pues a su Real grandeza cuanto soy le sacrifico, que me diga le suplico la causa de su tristeza. Bien se que es atrevimiento, pero esto es justo que intente, para medir justamente a la causa el sentimiento. De la lealtad de tu pecho, claros indicios han dado tu temor, y tu cuidado, y quedo bien satisfecho. Pero déjame callar mi mal, que si te le digo, con mi desdicha te obligo, y la debes remediar. Puedo yo, señor? Advierte que es caso evidente, y llano, que están, don Luis, en tu mano. juntas mi vida, y mi muerte. Ya el peligro es confusión, quien duda que pareciera tu vida, si en mi estuviera, eterna en su duración? De tus poderosas manos soy hechura, y fuera hacer desconocido mi ser, y mis intentos villanos, a no ser una en los dos la voluntad que conservo, solamente en mi reservo el alma, por ser de Dios. Y por el que tú me das, parte de tu vida hiciera la mía, si ser pudiera, para que vivieses más. De tu lealtad, don Luis, toda mi quietud confío: Cómo, pensamiento mío, albricias no me pedís? Cerca están de merecer los que pueden obligar, y hoy sin duda ha de premiar lo que por él puedo hacer. Con darme licencia a mí para dar el sí, y la mano a un Ángel, que en ser humano dichosamente elegí. A una suprema deidad, llena de almas, y sentidos, a cuyos ojos vestidos del Sol, rinden claridad los dos Orbes cristalinos del cielo de su hermosura, que por ser mortal criatura dejaron de ser divinos. Qué dices? Digo, señor, que causas quisiera hallar en que poder desquitar algo de tanto favor como recibo de ti. Tal la has venido a tener, que he de quedarte a deber cuanto hoy hicieres por mí. Llégate más; tanto siento descubrir flaquezas mías, que quisiera en mis porfías disimular mi tormento. Y cuando en tanto rigor pretendo disimular, me obliga solo a callar la vergüenza, y no el dolor. Tienes algo que pedirme? Sí señor. Pues todo está por mi concedido ya; pero primero has de oírme. Lo que yo, señor, querría, postrado humilde a tus pies, es que licencia me des para casarme. Temía lo mismo que ha sucedido mi tristeza, y mi cuidado; de verte a ti enamorado, y de estarlo yo ha nacido. Por doña Beatriz estoy transformado en otro ser. Sufrimiento, qué he de hacer? perdí mi bien, muerto soy. Si le declaro mi amor, sus celos me han de estorbar la ventura de gozar de su casa, y su favor. Mi in dustria me ha de valer? Tu competencia he sabido, después de haber conocido que es forzoso el padecer. Y así, supuesto que ya, condicionalmente dije la desdicha que me astije, en ti su remedio está. Y ajustándote a la ley de mi amor, quede advertido. que como amante te pido lo que puedo como Rey. Qué me respondes? Señor, solo que te han engañado, en no haberte declarado el sujeto de mi amor. Que en el estaba ignorante el que du ación trocó, porque solo quiero yo, señor, a doña Violante. Pues como no me has pedido albricias? sean mis brazos breves, y amigables lazos por las nuevas que he tenido. Secretario desde hoy eres de la cifra de mi pecho, ya del tuyo satisfecho que a doña Violante quieres. Hay más pena? hay más dolor? Mas no tienes que decir, que el venírmela a pedir por mujer, dice tu amor. Que no has de decir jamás a nadie mi amor advierte. En todo he de obedecerte. Tu vida importa no más. Ven a su casa conmigo. Cielos, dónde voy? qué haré? ya estoy muerto, ya acabé a manos, por más castigo, de un poderoso rigor. Dónde vas? Parte volando, y a doña Beatria, Hernando. No me sigues? Sí señor? El quería que avisara que el Rey lo lleva a cázar, y no ha tenido lugar de decirlo, cosa es clara. Pero si ello va de fiesta, no hay vírote despedido, que salga tan sacudido de la nuez de su ballesta. Y perdone el pensamiento, que unas albricias, en su visten aire, y calzan pluma, cuando el gozarlas no es viento. Quién duda que en ser has dado mi enemiga declarada? Déjame estar confiada. sin causa. Dame cuidado solo el verte imaginar que don Luis te quiere a ti, cuando lo que viste aquí te pudo desengañar. Con mostrarle solamente confiado el pensamiento, perderá el entendimiento, y me vengará impaciente. Si vienes a echar de ver que te engañas, que dirás? con que te disculparás en tu engaño? Con perder el juicio con mostrarme corrida en mi inadvertencia, sin sentido, y sin paciencia, con rendirme, con matarme. Pero ignorancia es hablar en desdicha, que a mi ver, está tan lejos de ser, y tan cerca de matar. Pues si tanto has de sentir el desengaño que aguardas, solo admiro lo que tardas en disponerte a morir. Cuanto dijo en el jardín, no fue porque lo sentía, sino porque dar quería a nuestro disgusto fin. Que con causas desiguales a las dos nos obligo, que a ti palabras te dio, y a mi enidentes señales, de que gozo la intención, y el modo le agradecí, porque el disgustarte a ti no fuera en él discreción. El que quiere conservar juntos su dicha, y su gusto, procura no dar disgusto a quien lo puede estorbar. Y sabio, y prudente allí solo pretendió obligarte en tus celos, y engañarte, para no perderme a mí. Albricias. Señora mía, albricias, que Hernando viene pidiéndolas, y previene tu ventura en su alegría. Y aunque él las ha merecido, dármelas a mi es razón, albricias de albricias son, de las que él pide las pido. Grosera, mal entendida, si no mal aconsejada, bastara el verme casada para quedar reducida en tu enora Yo me he de ver vengada con afligir: como me ha de reducir lo que se que no ha de ser? Albricias quiero, y requiero. Primero las pedíyo. Mi voz fue la que llegó, aunque tu entraste primero. Al venir desatinado. la cinta se me tompió, y hube de pararme yo, por no entrar desatacado. No tenga dicha jamás el lacayo sin ventura, que se ataca, y se aflagura con una cinta no más. Los pies que menos se mueven hacen la ventura escasa. Todos los bienes de casa por albricias se me deben: y si es que tú las codicias con ese nuevo donaire, hágote trasto en el aire, y llévote por albricias. El Rey viene con tu amante, pienso que a ser su padrino. Qué dices? Qué es desatino, que Hernando es un ignorante. Y tú una mujer que está obstinada en su pasión. Qué es esto? Desdichas son. Pues qué tiene? Loca está: ayer tuvo bueno, y sano el juicio, y ya está así. Decelos? I. . Pienso que sí. Ténganos Dios de su mano; lo que hace en solo un día la locura! cuando viene, no me parece que tiene la cara como solía. En habiendo voluntad, no hay rostro bien entallado; pero silencio, que ha entrado en casa su Majestad. Vuestra Majestad nos dé sus Realos pies a besar. Muy bien puede disculpar lo que en sus ojos se ve mi resuelta inclinación; mirad que se admira el cielo, señoras, de ver que el suelo haga humilde obstentación de tan celestial belleza. Muy bien mi humildad podí dejar de parecer mía, en fe de tanta grandeza. Al origen venturoso que esta casa ha granjeado, nueva luz, y ser le ha dado el esplendor generoso de tan alta Majestad, y como en él resplandece, visita del Sol parece, que le entra a dar claridada Pero porque este favor halle luz de lo que ha sido. la casa donde ha nacido, este es mi padre, señor. Este es aquel General, once veces vitorioso, cuyo pecho valeroso hizo su nombre inmortal. Y este, señor, es aquel que hizo por su persona mas temida tu corona, y más digno su laurel. Y esta verdad comprobada. privilegio ser podría en su ya ociosa armeria su siempre sangrienta espada: Tanto a su posteridad su luciente acero mira, que está mostrando que aspira a desmentir otra adad. Y finalmente en su honos le al sirvió obedeciendo, pudo adquirir mereciendo, y murió pobre, señor. Bien puede tener disculpa. mi amor en su entendimiento. Aquí de Dios pensamiento, que me atormentan sin culpa. Sientes esto así? Muy bien. Parece que te has turbado, propia acción de desposado, y de mucho amor también. Bien se que ha sido el mostrarme ese pintado retrato; decirme que he sido ingrato, y que he podido olvidarme de las honras que le debo. a esta casa, pero ya desde hoy el mundo verá en mi otro Alejandro nuevo. Y por mostrar que me animo, a agradecer, y a premiar, hoy empezaré a pagar con lo que yo más estimo. Aquí entra mi dicha ahora; el juicio he de perder. de contento. Qué he de hacer, si muero donde se ignora la causa de mi dolor? si digo mi pensamiento, pierdo al Rey, si callo, y siento, crece mi pena en mi amor. d . Y ahora qué has de decir? También que estás engañada; hasta que ya este casada, no me tengo de rendir. Bien presto serás testigo de mi biende La casa toda está diciendo, aquí hay boda. Y tú? Boda también digo, y solo para medrar, la gorra del Rey quisiera que en trasto se convirtiera. Re Lo que yo puedo excusar, es, encarecer ahora las partes de don Luis, que supuesto que admitís en esta casa, señora, los deseos que ha tenido, ofensa notable hiciera a vuestro honor, si creyera que no le habéis conocido. Su sangre pretende honrar con la vuestra, y me ha pedido licencia: Haste ya rendido? Primero he de veros dar las manos. De los aumentos. de esta casa cuidaré, como es justo, y mostraré en el premio mis intentos. Cuanto vuestra Majestad ha dilatado el hacerme. merced de favorecerme, honrando mi calidad, lo suple en este favor. Buena hermana, no pudiera decir más, cuando ella fuera la dichosa. No señor. Goza pues de la ocasión; llega, y conozca tu esposa tu resolución dichosa. Esto es qué haremos? Aquí acabó el engaño con los celos que fingí, y saben los cielos lo que estoy sintiendo yo. Jesús mil veces, qué es esto? si le arrepiento su amor? advierte, y mira, Leonor, a don Luis cual se ha puesto Qué dudas al resolver? dale, pues está delante, la mano a doña violante. Dios te consuele, mujer. O estoy sin sentido aquí, o lo que escucho es soñado. Si todos se han conjurado, y hacen burla de mí? Qué es esto? Siente, señor, según me lo ha confesado, que su hermana tome estado primero, siendo menor. Y en este disgusto fío que has de poder granjear su gracia, con dilatar este cisamiento mío hasta el suyo. Dices bien, justo es el daros disculpa de mi inadvertida culpa, y mi ignorancia también: de haber yo querido dar estado a doña Violante antes que a vos; de su amante os podéis solo quejar. Que está tan amartelado, que me pareció inclemencia el hacerle resistencia a su amoroso cuidado. Con esto la ofende más, Don Luis tiene, señor, a doña Violante amor? No le vi mayor jamás. No quiere, señor, creer que me tiene don Luis amor a mí. Si advertís en lo que él pretende hacer, con satisfacción bastante de su amor podéis quedar, y así que dejéis casar primero a doña Violante de mi parte os ruego, y pido, que yo prometo el casaros luego de mi mano, y daros honor, hacienda, y marido. Vuestra Majestad me dé licencia, que no me siento buena. Vuestro sentimiento me hace fuerza a qué os la de? felices años quisiera que se gozaran los dos. La boda está, juro a Dios, peor que en la faltriquera. Yo no se si es loca, o no, solo sé que se ha llevado de codillo el desposado. Yo no lo entiendo. Ni yo. No creerás lo que he sentido el haberla disgustado. El enojo remediado pondrá la queja en olvido. Con dilatar hasta el fuyo mi casamiento, estará contenta, aunque no lo va. Pues suspende por mí el tuyo. No te serviré en mi vida con mayor gusto, señor. No esperé de tu valor lealtad menos conocida. Y vos podéis perdonas, que a voluntades que son tan firmes, la dilación poco las puede estorbar. Poco puedo haber perdido en firmeza tan segura: yo no entiendo esta ventura, ni se por donde ha venido. Nuevamente decir puedo que por ella muerto estoy. Sin alma, y sentido voy. Alegre, y confusa quedo.
JORNADA SEGUNDA
Esto es, señor, lo que pasa, y a ti te toca el poner remedio, que desde ayer se está abrasando la casa. Y hame parecido justo el venirte yo a avisar, porque pueda remediar tu prudencia su disgusto. Mujeres al fin Leonor, y sin padre, razón fuera que Violante obedeciera a su hermana, que es mayor. Don Luis mudó en efecto de parecer? Sí señor. Misterio tiene, Leonor, tal mudanza en tal sujeto. Galantear divertido con merecer, y esperar, y resuelto despreciar lo mismo que ha pretendido, cosas tan distintas son, que al más cuerdo imaginar le harán desvaríar entre una, y otra opinión, Eso es solo lo que siente doña Beatriz mi señora, llora el daño cuando ignora la causa, y así impaciente, confusa, y desesperada, sin consuelo juzga el daño, porque cayó el desengaño sobre una fe confiada. Después de haber prometido firme amante, y generoso, él sí, y la mano de esposo, y tiernamente haber ido a pedirle al Rey licencia, con su Majestad volvió tal, que mudada enseño el alma en la diferenoía. Y en que ha tenido Violante culpa en eso? En competir su amor, hasta reducir la voluntad de su amante. Los casamientos, Leonor, que tan de cerca se tratan, y se excusan, y dilatan, producen algún error. En parte estoy afrentado, afrentado no, corrido, de no excusar advertido la culpa de haber entrado en su casa libremente un hombre con intención, que aunque él está en opinión de virtuoso, y prudente, padre soy de mis sobrinas desde que el suyo faltó, y supuesto quie enó, con hazañas peregrinas, nueva admiración al mundo, en mi pudiera llegar a ser bajeza el falzar al cuidado en que me fundo. Y porque nadie me arguya de descuidado con ellas, a mi casa he de traellas, o he de guardarles la suya. Vamos, Leonor, que has andado discreta en haber venido. A esto obligarme han podido tu valor, y mi cuidado. Cómo un día te has estado sin comer? y no es decente, que estando el señor a diente, esté comiendo el criado. Por no dejarme morir, vengo, señor, a saber cuando empiezas a comer, para tocar a embestir. Cómo ha de comer, Hernando, quién aborrece la vida? Eso es cosa muy sabida, consolándose, y tragando. A doña Beatriz dijiste tú mismo, que la adorabas, cuando en el jardín estabas, y ya después que volviste con el Rey, no te faltó, si no decir en tu culpa, como ladrón sin disculpa, el demonio me engaño. Y si jamás la olvidé, y ahora la quiero más que nunca, que me dirás? Que eso es lo que yo no sé. pues porque al Rey le decías que eras dejoña Violante verdadero, y firme amante? Todas son desdichas mías. Y no te puedo decir. mas, porque es tal mi tormento, que muero del sentimiento, y he de callar, y sufrir. Todo tiene en esta vida remedio, si no es la muerte, y que es ignorancia advierte, dejar tan mal entendida tu afición con la que llora tus propósitos mudables, y será bien que lnhablas, o la escribas, pues te adora. Al Rey quiero, Hernando, hablar espera aquí. Podré yo verle también? Eso no, aquí no tienes lugar, Esperate, y llevarás un papel mío, en que vea doña Beatriz que desea mi daño el Rey, y tendrás, si en esta satisfacción mi buen crédito codicias, más seguras tus albricias, y más libre mi opinión. Querraste al fin declarar. Yo lo trocaré de mondo, que quede entendido todo, y yo me pueda casar. Andarlo, mis alegrías, las albricias que murieron resucitaron, volvieron segunda vez a ser mías. Y ya de esta, a toda ley buenas nuevas, y medrar, volando quiero avisar mientras está con el Rey. del ciego ertor en que estaba la pobre doña Violante, muy presumida de amante: yo pensé que se llenaba, como dije, el desposado; pero a un Rey que se jugo, codiciosa atraveso un triunfo, y ha renunciado. Por mil causas debo ser, desde que el vuestro faltó, padre en esta casa yo, y no solo he de poner en ella para observar los preceptos de mi honor, pero ser legislador en los que habéis de guardar. Que no hay mujer tan prudente, que gobernada por sí no hierre en algo; y si a mí me toca forzalamente la paterna educación de tan juveniles años, bien es que miren sus daños a mi amparo, y protección. No digo que haber pudiera culpa en las dos, que pondría mácula en la sangre mía, y a mí mismo me ofendiera. Pero en el que llega sabio a discurrir, y a saber, siempre es cordura temer lo posible de un agravio. Yo te respeto, señor, como a padre verdadero, y no me debió el primero que me engendró, más amor. Que aunque dependen de allí mi ser, y mi calidad, muerto él, tu voluntad pudo prohijarme en ti. Venir el Rey a esta casa a solo honrarla, antes es para su honor interes, que a merced muy grande pasa, Pues mostrándole el retrato de mi padre confesó, que ha sido a lo que él sirvió descuidadamente ingrato. Y cuando de este blasón no tengamos mayor gloria, que haberle hecho memoria de su misma obligación, me basta a mí, si él se mueve, a conceder, y estimar, porque el más cuerdo apremiar, es, acordarle que debe. Beatriz, un Rey que pretende honrar tan a manos llenas, que deja por las ajenas su casa, si bien no ofende, hacer puede sospechoso en su poder nuestro honor, que tal vez suele un favor por muy grande ser dañoso, Mucho tu padre sirvió, pero que es impropio advierto que venga a buscarle muerto quien vivo no le premió. Y son falsas tus razones, que no busca quien se olvida de los hechos de una vida pintadas obligaciones. Sí, pero advierte, señor, que aún tiene mayor disculpa esta que parece culpa; que el principio del favor nació, de querer honrar a don Luis de Godoy, vino con él como su padrino, solo a fin de celebrar el casamiento tratado entre él, y doña Violante. Como si firme, y constante a mí me ha comunicado su voluntad, y decía, que tú Beatriz, has de ser su legítima mujer? Eso es lo que yo querría, que aneriguases ahora con la condición tirana de una fementida hermana, fingida, aleve, y traidora. Tuya ha sido la traición, pues con pecho cauteloso, inquietabas de mi esposo la resuelta inclinación. Y para mayor castigo, dijera, a no estar delante mi tíor Basta Violanté? Dijeras. Qué basta digo. No hay arrojada ocasión que en una noble mujer disculpe el auteponer el gusto a la obligación. No he visto en toda mi vida ladrón tan desvergonzado: señoras, un hombre ha entrado, y ya con mano atrevida cuanto hay llevarse pretende, y al quererle reducir, satisface con decir que lo dejen, que él se entiende. Suelta el tafetan, Hernando. Papam habemus, Leonor, y envisto con lo mejor, adquiriendo, y descolgando, Este retrato también es de mi juridición, bienes de esta casa son cuantos en ella se ven. Hombre, estás fuera de ti? Saber dónde está querría un escritorio que había de evano, y mársil aquí. Lo que yo de ti pretendo, es, solo saber quien eres, a que aspiras, o que quieres. Ya he dicho que yo me entiendo Con el retrato ha de dar en el suelo. Es loco? Espera. Tráíganme aquí una escalera, y ayúdenme a descolgar. Si en la peña está librado el remedio a tal locura, muy fácil tendrá la cura. De don Luis es criado. Pues que lo sea, o que no, saber su intención pretendo. Ya he dicho que yo me entiendo Importa entenderos yo, dame un cordel, que he de atar las manos a este villano. Eso es tomar mucha mano cuando no las quiero dar. Qué es criado solo advierte de mi esposo, y que no es justo, señor, que le des disgusto con tratarle de esa suerte; porque no es persona a quien se enoja tan fácilmente. Rapaza, loca, imprudente, vive Dios, que si también su amo con él viviera, y aquí a mi pesar entrara, que de un balcón le arrojara, si él mismo lo defendiera. Doña Beatriz mi señora me debe, pues hoy se casa; todos los trastos de casa, y por ellos vengo ahora. Qué dices? Cuanto pasó del casamiento es fingido, que por cierta causa ha sido, que no sabré decir yo. Pero diralo un papel de mi amo, en que confirma la verdad su letra, y firma. A dónde está? Voy por él. Nunca yo me persuadí a pensar que pudo haber mudanza en su proceder, para dejarme por ti. Ni era bien imaginar, que un tan noble caballero, en el intento primero que tuvo pudo faltar. No has quedado muy corrida en tu engaño? Señor no, porque eso fuera estar yo a que es verdad persuadida. Que si el cielo no atropella mi ventura en mi castigo, que se ha de casar conmigo don Luis, y no con ella. Esta loca presunción la tengo de castigar, con solamente abreviar tu casamiento. Estas son finezas de su deseo, pierde en esta competencia el respeto, y la pacieneia contodos; pero si veo mi esperanza bien lograda, presto la verás, señor, en su ignorancia, y su amor, justamente castigada. Qué he de hacer de este recado de escribir? Ponerle allí, en tanto que está ocupado el Rey, dando audiencia, aquí se la daré a mi cuidado. Falta otra cosa? No amigo, guardeos el cielo; ay de mí, lo que me falta es conmigo, pues yo mismo causa fui de mi pena, y mi castigo. Fáltame el bien que tenía, la ventura que gozaba, la gloria que poseía, el dulce fin que esperaba, y el alma por quien vivía. Por este papel quisiera, que doña Beatriz supiera considerar mi disculpa, sin decir del Rey la culpa, hasta que ella la entendiera de su misma inclinación, que es mi Rey, y no es razón aventurarme a perder su gracia yo; por hacer inculpable mi intención. Con equivoco sentido va el papel en sugrazones, disfrazado, y entendido, que nunca las prevenciones del ingenio, a nadie han sido dañosas: fiemarlo quiero, embajador verdadero de mi inrresistible daño, que al Reino del desengaño vas obediente, y ligero. Para persuadir mejor, sellados con mi temor, lleva, aunque a manos ajenas, la autoridad de mis penas, y el crédito de mi amor. Y con más aprobación de mi leal corazón, lleva en tanto que la admiro, en cada letra un suspiro, y un alma en cada razón. Que yo en fe de que te di para que informes por mí, mi amor, y mi sentimiento, por infundirte mi aliento pongo mis labios en ti. el ̱ De amores es, pues te obliga a tal extremo. Señor: aquí es fuerza que prosiga con mí ya fingido amor. Excusado es que te diga el dueño de este papel, cuando sabes que fiel, urme, amoroso, y constante, adoro a doña Violante. Tu amor quiero ver en él: urbado estás; pues de mí e avergüenzas? Señor, sí, que en las finezas del gusto, ualquiera recato es justo. También de mi parte aquí considerar es razón. que suele la privación aumentar más el deseo. Solamente, señor, creo, que abedecerte es razón. Tan uno, y siempre tan firme en mi amor primero estoy, que segunda vez te doy el alma, sin resistirme: solo de un Rey impedirme pudo el amor, y el poder, mas no para no queren que en esta dichosa hunión, posible es la dilación, pero no el dejar de ser. Pues en que impide mi amor al tuyo? En el dilatar mi casamiento, señor, solo por no disgustar a la causa de tu amor. Ciérrale, que dices bien, y pon en él sobre escrito, pues le has firmado, también; demás, de que es un desito indigno de que te den culpa a ti, que tu pretendes honrosamente, y no ofendes. Después diré que le di, y rompetele; ay de mí, que mal mi pasión entiendes. Hasle puesto? Si señor. Con solamente el olor del Rey, estoy ya turbado. Quién eres? Soy un criado de ipso. Es hombre de humor. De dónde eres? Del lugar que mandare vuestra Alteza. Cortés nacimiento. Es dar lo que debo a tal grandeza, no tener propio lugar. Tan corresmente paría mi madre, que si supiera que vuestra Alteza tenía. disgusto, a parir se fuera a una choza de Turquía. Dásele. Aquí me ha cogido, si réplico soy perdido: este papel has de dar a mi dueño. En el temblar. se conoce que ha temido, que el Rey tomase el papel, para ver lo que va en él. En el pecho irá escondido, hasta que llegue a la mano de aquel Ángel soberano, que por diénzmo, y por primicias, para darme mis albricias, solamente será humano, Adónde vas? A decir que se le de recatado, J. Panel que no ha de incurrin en culpa, te da enidado? no importa, dejale ir, y consuélame en mi amor, harás mi pena menor, pues estas favorecido, y yo tal, que aún no he tenido. la fe del primer favor. De tu parte has de escribir un papel, y en él decir que la adoro, estí no, y quiero Esto más? si aquí no muero, es imposible el sentir. Escribe. Temo el mostrar mi ignorancia en no acertar. Escribe, y yo iré diciendo. Cielos, yo me voy perdiendo, sin poderlo remediar. Tan enamorado veo, señora, a su Majestad, que no solo en este empleo disculpo su voluntad, pero os digo su deseo. Y a su corazón rendido, que os mostréis piadosa os pido! porque quedemos ahora, si premiado el que os adora, el que os ruega agradecido. Mas acertado, señor, me parence el ir yo allá, para encarecer tu amor. Dices bien, mejor será. Mil veces mucho mejor. Qué haces? Si yo he de ir, ignorancia es escribir a la misma que he de ver? Mi amor has de encarecer;. obligar, y persuadir. Yo voy. Espera, detente, y escucha, notablemente resuelvas ejecutando. Alcanzar quisiera a Hernando ser debo en toda obediente. Mete adentro ese recado. Ya el papel haurá llegado, cierta es mi infamia, y minfienta Este hombre no me contenta tantas veces demudado. Afectos tan euidadosos. que miran siempre a estorbar mis deseos amorosos, dar pueden que sospechar a los menos maliciosos. Ser puede que esté trocado su amor, y que yo engañado no lo entienda, pero no, que doña Violante habló muy hallada en su cuidado. Malicia no puede haber, aunque sí, que en mi poder, si su lealtad me asegura, también parece cordura el pensar que puede ser. Perdone mi auntoridad, si averiguo la verdad, que en las sospechas de amor, asegurar un temor es la mayor calidad. V, , , , Nadie mía bienes me asalte, que puesto que no es razón, sacaré una excomunión por un alfiler que falte. Mas que no te acuerdas ya del tiempo en que me decías que ser mi esposo querías? M. Yo lo veré, bien está, que aunque dura mi afición, los que tan ricos estamos, no es bien que nos resolvamos con tanta resolución. Las criadas de esta casa, que en ella pobres estamos, te pedimos, y rogamos, que no se nos muestre escasa tu intención, puesta a fe en tus manos liberales. ̱. Denme todas memoriales, que yo las remediaré. Qué es esto? Que puede ser, a viniendo con tal contento a esta casa? casamiento me fecit. De ese placer, nadie participa tanto como yo. Si tu supieras, Beatriz, el mío, creyeras que en tenerle me adelanto, Llama, Leonor, a Violante, que quiero que avergonzada conozca, que fue engañada en su deseo ignorante. le . Buen concilio, Aunque no es Tridentino, ni se nota por tal, es pleito en la Rota de un casamiento al revés. Quién te ha dicho a ti que ha estado inclinado a ser tu esposo don Luis? Su pecho amoroso, y en su resuelto cuidado, su rendida voluntad, pues tanto ha dicho, y yo creo que en mi amor, y en su deseo se ha engendrado esta verdad. Y si queréis que yo vea lo contrario, y persuadirme, es lo mismo te ducirme a que diga, y a que crea que en este punto amanece, si él mismo no viene aquí personalmento, y a mí me dice que me aborrece. Hable lo que él te escribió. Jesús. De qué te has turbado? Mira bien si le has trocado. Ese solo traigo yo. Dice aquí a doña Violante. Válgame Dios! Claro está que es para mí; y que traerá mil finezas de mi amante. Y porque veáis cuan cierta debo estar en está fe, públicamente leeré. Corrido estoy. Y yo muerta. Yo aseguro que te envía a desengañar en él, Mal en un pecho fiel cupiera esa tiranía. Y quiero, porque los dos conozcáis vuestras malicias, que escuchéis, Estas albricias no deben de estar de Dios. Tan uno siempre, y tan firme en mi amor primero estoy, que segunda vez te doy el alma sin resistirme. Viven los cielos, villano, que esta burla ha de pagarme tu vida. Para escucharme detén el golpo, y lu mano. Fuego vea yo empeender en el lacayo insolente, que tiene crisma en la frente, y no se enseña a leor. Válgale su inadvertencia, señor, por disculpa aquí, y no te olvides por mí de tu ser, y tu prudencia, Gustas de andar engañando? Plega a Dios, que si sabia lo que en el papel venía, Leonor, que muera rabiando. Bien conozco tu intención, mas los que ricos estamos, no es bien que nos resolvamos. con tanta resolución. Teodora, consuélame en tan estupendos males. Denme todas memoriales, que yo las remediaré. Esto se ha de averiguar con don Luis. Solo advierte, que vas a buscar tu muerte. Vive Dios, que he de sacar la espada con él. Qué importa esa resuelta osadía, si en brazo de sangre fría la mejor espada es corta. Si quieres anticiparte con mi tío, superios, y como hermana mayor, trataré de castigarte. Aunque pudiera temer tu estilo por espantoso, guárdeme Dios a mi esposo, que él me sabrá defender. A estorbarlo me prevengo, rapaza, y a buscar voy a don Luis. Aquí estoy, padre, y señor, y aquí vengo, porque se que habéis culpado mi papel, estadme atentos, a decir mis pensamientos, y a declarar mi cvidado. Bien se que se ha de ofender mi lealtad, pero no quiero un amor verdadero, to ni fingir, ni padecor. Si viera a mi sufrimiento opuesto al mayor rigor, he de publicar mi amor, y he de decir lo que siento. Una firme voluurad, un disimulado amor, y entre respeto; y temor una oprimida lealtad. Un negar continnamente lo que está el alma adorando, y la verdad confesando, atrevido de impaciente. Puesto el gusto en el deseo, digo resuelto, y constante, que adoro a doña Violante. Señores, que me mareo. y Qué es esto? Solo, señor, según se deja entender, dudar siempre, y no creer que don Luis me tiene amor. y Poco crédito, señora, hace con vos lo que digo, si soy de su amor testigo, porque es tanto, que la adora. Qué hay que dudar, ni temer? hoy le hallé besando yo un papel que la escribió, mirad si se ha de creer. Que quien esto a solas hace, adora; estima, y desea, y para que no se crea que ya de su intento nace dilatar su casamiento, a solas decir quisiera la causa, esperad a fuera. Cielos, falta otro tormento? Firme, esposo, que también estaré firme en mi amor. . Qué constancia! Qué valor! fuego en los hombres, amé. De avergonzado, y corrido voy corrompido, y pasmado, no hay si no buscar criado, que desde aquí me despido. . Aunque es verdad que las dos son mis sobrinas, y puedo decir que con honra quedo de esta elección; vive Dios, que tengo fuera de aquí de saber en que ha fundado dos veces vuestro cuidado, el hacer burla de mí. Ya que de tu amor he sido coronista verdadero, que lo seas mío quiero como me lo has ofrecido. De mis suspiros ardientes, y de mi abrasado pecho, informa, pues satisfecho lo exageras, y lo sientes. Di mivoluntad. . . Señora, de suerte su Majestad. Vio el mundo tamtran maldad? que no se contente ahora con haberme despretiado, sino que es también tercero de otro amor! mostrarle quiero en corazón alentado, por vengarme: con decir, que he vinido enamorada del Rey, quedaré vengada, aunque dispuesta a morir. Vuestra Majestad, señor, no ha menester más tercero, que saber que es verdadero, para conmigo, su amor. Que a saber yo que he tenido esta dicha, muchos días ha que de pasiones mías hubiera convalecido. Que por indigna he callado en tan altivos empleos los siempre ardientes deseos de un corazón abrasado. e . Y así vuestra Majestad por tan dichoso interés, ya desde hoy verá a sus pies mi rendida voluntad. No dirás que no se ha hecho tu negocio; ya podrás casarte, y descansarás en la inquietud de tu pecho. Los dos quedamos premiados, dame el parabién a mí, y darétele yo a ti, porque quedemos pagados; no estás contento? Señor, tal vez imita a un pesar un contento en el matar, y por eso. Extraño amor! quédate, porque concierpa tu gusto el dichoso día de tus bodas. Hoy querría desposarme con mi muerte; Ya, corazón desdichado, a solas los dos nos vemos, dad voces, y descansemos, pero no, que estáis culpado. Y cuanto más os quejéis, tanto más acrecentáis el daño que publicáis, y la culpa que tenéis. Pero direisme que no, y diréis bien, pues yo he sido causa de que hayáis perdido cuanto el alma granjeo. Porque en este desconcierto, solo yo, mi corazón, fui causa de la traición con que mi vida os ha muerto. Y así a callar sin disculpa miignorancia me condena, y he de padecer la pena, pues he tenido la culpa.
JORNADA TERCERA
Ya que mi desventura he referido, harás muy mal, Hernado, en no dejar que también de mi parte te déspido. (me, Hoy pretenden mis celos enterrarme, y el servir a un difunto, ni tendría intención de asistirme, ni agradarme. Despidiera también la luz del día, por retirarme al Limbo de mis penas si me fuera inferior su Monarquía. Esférioas deidades, siempre llenas de esplendores ardientes, ni mis ojos pretenden luz, ni respitar mis venas. Ya mis flacos sentidos son despojo de un cadaver, a cuya muerta vida son mísero sepulcro mis enojos. El alma, aunque asistente, desasida del mortal hospedaje vive, Hernando entre confusas sombras desmentida Miente quien dice, que el vivir ponando puede ser vida en quien padece, y siente cuando aflige un deseo atorpientando. Que si digo, señor y que remiente; mas que vuelvas en ti te pido, y ruego, que se pierde el juicio fácilmente. Como si el alma está tocando afueg Diciendo que no toque, ni se altere, porque ella es noble, y obedece luego. Quién de mí se despide, que me quiere? No te dejaba yo por desgraciado, por ser mudable si; y el mundo espere verme de mi obediencia tan preciado, y pegado a tu gusto a dos costuras, que me puedan llamar el pespuntado. Pero esto de el querer quedarte a escuras, no siendo congregado, en diciplina, parece acción de lóbregas figuras, Aquí pienso resolver la inconstante voluntad. de don Luis, por saber si nace esta variedad solo de un fácil querer. A solas hablaros quiero; señor don Luis. . . Qué aguardas? Que me lo mandes primero. Ya informas con lo que tardas. de tu ignotancia, grosero: cosas hay, t que el mandar aún no han de tener lugar. Avisar al Rey conviene, que el viejo es altivo, y viene resuelto, y han de rífar. . Señor don Luis de Godoy. bien se que de mi sabéis. cuan aficionado os soy, y no por lo que podéis, que ya la edad en que estoy, si a considerarme vengo, y en lo que soy me detengo, mas me importa, y yo os lo fío, disponer de lo que es mío, que adquirirlo que no tengo. Y nada, al fin, me divierte, que fueran, si bien se advierte, engaños de eternidad, olllegar en esta edad con la ambición a la muerte. Si todo para en decir, que no venís a pedir, ni que en nada he de valeros, so que debo, que es creeros, lo hago sin argüir. Vamos al caso. A saber vengo solo, y perdonar lo fácil del resolver, si está en vuestra voluntad la culpa que puede haber, en el haber desmentido vuestro amoroso cuidado, porque si la causa ha sido, la que hoy habéis despreciado, mi honor estará ofendido. Vuestro amante corazón me habéis siempre consultado con resuelta inclinación, y de suerte habéis trocado el deseo, y la intención, que a Violante apetecéis, y aunque es verdad que me honráis con la merced que me hacéis, por sentir lo que dejáis, no estimo lo que queréis. ̱̱. otra confusión mayor, otro modo de sentir otra pena, otro rigor; ahora bien, yo he de cumplir con mi lealtad, y mi amor. Siempre confieso que ha sido doña Beatriz a quien yo he deseado, y querido, y a quien el alma se dio cobardemente a partido Que mi amor encarecí, y sus partes alabe; pero qué importa? ay de mí, aquí se quede. Porqué? cuanto dices que no puedo pensar que siendo ignorante puedes acertar en nada. También de muy confiada podrás perderte, Violante. Tercera vez no es posible gra que este atreverse pe a engañarme, si no hubiera alguna causa infalible. Qué desairada elegancia! los que yerran ignorando, perseveran porfiando, que en eso está la ignorancia. Tu tío viene, señora. Plega a Dios que un desengaño. te haga posibre el daño, Aquí entra mi dicha ahora. Qué es esto? ̱ . Qué puede ser? juntas las dos el rigor de un perpetuo desamor; y un continuo a borrecer. La injusta desigualdad de un gusto en dos corazones, un plerto de sinrazones, y una encontrada hermandad. Qué es, dice, el verse trocada la suerte, imposible cosa, arrogante, y enfadosa. No sine considerada, y en tus culpas advertida: a traidora, y quién creyera, que por la cuya se viera mi confianza ofendida. Quién es el segundo amante por quién a don Luis ofendes? habla, de qué te suspendes? habla, que ya en tu semblante me estás confesando el daño. Yo no tengo entendimiento si no me voy al momento, a un monte a ser Ermitaños algún demonio se ha entrad en estas albricias hoy Dijo don Luis de Godos a quién quiero? Eso ha callado, y engañaste en cuanto pien que el no faltó a su lealtado por falta de voluntad, sino por sobra de ofensas. A solas te quiero hablar. Y yo a solas suplicarte, que te canses de cansarte, de creer, y de ignorar, Argún misterio hay aquí encerrado, y que no entiend quejarse de que le ofendo no es aborrecerme a mí? Y pues él pudo callar el amante que me dio, callando su nombre yo me tengo de disculpar, Ya estamos solos. Señor; culpa he tenido, es verdad; pero hay en mi voluntad. otra culpa que es d Quién si no tú la has tenir Un desleal caballero, en mis errores tercero, y en su lealtad fementido. Dime su nombre, Eso no, que a callarle me he dispuesto por solo obligar con esto al mismo que me ofendió. Como puede ser, tra que obliguen en lo que bten Eso es lo que tú no entien s Don Luis de Godoy señe quiere hablarte. N. En recompensa de su prudente valor, le ha prometido mi honor la venganza de esta ofensa; y me has de decir primero que entre don Luis aquí del amante, y del tercero los nombres, y esto ha de ser sin replicar, ni argüir. Sin decirlo yo, has de oír cuanto quisieres saber en tu confuso culdado. Adónde? En este lugar? Pues de quién lo he de escuchar? Del mismo que está tulpado; el primero que entre aquí, es la causa verdadera: entre don Luis. . . Espera, que entre dices? Señor sí? Cómo puede, siendo él quién entra, ser el culpado? Dile que entre; recatado pon los sentidos en él sin que te vez, y sabrás quien de los dos ha tenido la culpa en que está ofendido, Quién pudo verse jamás en tan grave confusión? aquí me escondo. Y aquí te dará mi honor por mí arisfacción. enter Esta noche me ha mandado que venga a decir que viene el Rey, y con causa tiene más confusión mi cuidado. Que si enamorada está, y el recado no la doy, para con el Rey estoy culpado, y él lo sabrá. Silse le doy, es delito contra lo que el alma piensa, pues me quejo de la ofensa cuando yo la solicito. Válgame Dios! qué he de hacer en tan confuso temor? de dos daños, el menor dicen que se ha de escoger. Agravar al Rey pretendo, que después tiempo me queda en que yo decirla pueda con la cabsa que la ofendo. Señora, su Majestad esta noche viene a veros, solo a fin de agradeceros vuestra grande voluntad. Y por si el mucho recato de vuestro tío os ofende, y que parezca pretende vuestro amor al suyo ingrato, a Palacio osflevará, donde os tendrá como es justo. La que obedece con gusto, que dificultad pondrá ninguna esta noche puede. venir con vos a deshora, que a una voluntad que adora, le es fácil cuanto concede. Tanto por ser verdadero el amor con que ha querido, como por haber tenido en vos tan leal tercero. Tan solicito, y fiel, que puede decir, por Dios, que os viene a deber a vos cuanto yo hiciere por él. . Ya es fuerza que ahora yo diga la verdad aquí, pues al Rey quiere por mí; oídme atenta. Eso no, don Luis, que no podréis, con cuanto os puede escuchar, conmigo ya disculpar la culpa que vos teneia. Como si sois el tercero del amor que ella ha tenido, os quejastes ofendido? vos Godoy? vos caballero, de quien jamás se ha contado, con tal sangre, y tal valor, que haya ofendido suy y que se queja culpador Mi descargo está fundado. en solo que me estuchéis. De lo que decís que hacéis. consta el juzgaros culpado, y así pienso remediar el intento de los dos, que vos mismo contra vos. ya no os podréis disculpar. . Bueno he quedado, qué es esto? cielos, hay más confasión en que esté mi corazón siempre a padecer dispuesto? Quién jamás verse ha podido. tan sin culpa desgraciado? que parezca yo culpado. adónde estoy ofendido! Si le digo al Rey que sabe don Alonso su intención; y piensa que esta afición le he dicho, el veligro es grave. Si callo, y viene he de hallarme, si de amor guardo la ley, en las accrones del Rey confuso al determinarme. Si no le doy el recado que doña Bearriz me dio, vendré a estar culpado yo, y el Rey contra mi enojado. Si se le doy, es forzoso aquí el haber de esforzar mi ofensa, para injuriar a un hombre tan valeroso. Válgame Dios! qué he de hacer en que pueda de mi culpa tener alguna disculpa, sin dejar de obedecer? Quiero decir, pero no, que sería declarar mi amor, y no he de faltar, a lo que he fingido yo. De fuerte se han enlazado mis desventuras aquí, que es fuerza hacer contra mí las partes de misfuidado. fero si no ha de venir mayor mal en la ocasión, que verme en tal confusión, desesperar, y sontir, venga el Rey, y venga gar el último desengaño, que el remedio de este engaño, solo en los fines está. Pasa como lo he contado, Si alguna centella había en él de lo que quería, terrible sustose ha dado? decir que venga a deshora el Rey. O soy ignorante, o puedo de su semblantes inferir que quiere ahora, Nan Leonor, aquellos ojos no son de hombre que aborrece, porque con ellos ofrece luz muerta aulvos enojos, Y tan antantes los ol, que con ellos parecía que a todo me respondía: muriéndome estoy por ti. Hasta en haber dilatado tanto tiempo el casamiento aprueba tu pensamiento. Si Leonor, disimidado está su amor. Pues, señora, dile a tu tío, que ha sido al favor del Rey fingido. No se lo he dicho hasta ahora, porque quiero que el engaño coja a trasción sus enojos, y que vean por los ojos la verdad del desengaño. Por el jardín le has de abrir al Rey, Leonor, la armería, donde me padre solía armarse para salir con la gente del lugar. Mira bienda Lo que has de hacer, es, castar, y obedecer, si a mí me toca el man Ya es de noche, ten cuidado, y procura abrir la puerta sin luz, que después de abierta sabrás lo que no has pensado. Aunque esto sea fingiendo, mal podré servirte en cosa para el honor sospechosa, que entenderá que le ofendo tu tío s i no abriré eayu fallane? Quén Sí. El interes obra aquí. Ten cuidado. Si tendré. Ya picoso que hans entendido lo que he dicho, En todo estoy. Confiada en ti me voy. Lindamente habéis cogido los caminos de medrar. Poco sabe quien lo ignora. Pues yo os renuncio, Teodora, cuanto el Rey os puede dar. La dichosa viene allí, a dos luces quiero hacer, por medrar, y merecer. Qué haces, Teodora, aquí? Estoy con cierto cuidado, en que ya tu hermana intenta su deshonor, y tu afrenta; que espere aquí, me ha mandado, al Rey, porque ha de venir aquí, y en su compañía tu esposo, y por la armeria con esta llave he de abrir. Esto es el honor, tirana? esta noche arrepentido. sabrá mi tío, que ha sido de parte de una liviana. Vete, que viene, y será mejor, que no estés aquí. Para ser tuya nací. Éntrate, Violante, allá. Sin mandármelo lo haría, por no ver tan a los ojos. los insufribles enojos de tu deshonra, y la mía. Qué dices? La que hasta ahora ha sido la más querida, y la más favorecida, resuelta, aleve, y traidora al honor que har conseruado. a Enrico está cen rendida, que ya esta noche se olvida de la sangre que ha heredado? Haz que maten allá fuera esas luces, que aún estoy vivo yo, y la guarda soy de esta casa. No quisiera que mi esposo pague aquí la cuspa que no ha tenido; que no le ofendas te pido. . Yo te lo prometo así, Si en este resuelto amor se ofende mi calidad, perdone su Majestad. que he de volver por mi honor. Guarda me he constituido de esta casa, y ser intento padre para el sentimiento, y en la venganza marido. Que había aquí luz es cierto, el Rey sin duda ha llegado, y por entrar recatado imagino que la ha muerto. Pasos siento. Por aquí pienso que a la puerta voy; es su Majestad? Yo soy, Asido, señor, a mí, podrá vuestra Majestad llegar a la luz que adora. Y tú sin ella, traidora, verás también mi crueldad. Esta noche ha de gozar por mí sola del honor de esta casa, y del favar que nadie pudo alcanzar. . Sin luz esta cuadra está, recato debe de ser. Qué luz es ya menester para quién sin alma está? oyes señor? Habla paso, que dentro siento ruido. Lo mismo me ha parecido. Si el viejo ha entendido el caso, ha de embestir juro a Dios con todos de Romanía. Cómo, di, confusión mía, de este enredo he de salir? Vienen? Señor sí. Que amante se ha visto tan venturoso? Y qué confuso celoso con desdicha semejantes Quién es? Don Alonso soy. Válgame el pielo! Ay de mí! a lo morciesigo aquí enviste, temilando estoy. La criada que tenía a su cargo abrirsa puerta, queda justamente muerta, y la llave que traía es esta que está en mi mano llegue, y tómela de allí el que pretendiere aquí ser injusto, y ser tirano, Que yo esta casa prependo guardar, y en ella, señor, llaves que encierran su honor se dan, matando, o muriendo. efa Majestad, Llega si acaso otenderme intenta, que solo pudo está afrenta constar de su voluntad. Y en no pudlendo impedir que mis agravios intente, si no matar solamente, debo ofendido morir. patrias? e Pues conmigo No señor, que esto es mostras que el remadio puede estar en culpar lo que dirías. Y bienasta en mi valor mi lealtad encarecida, pues te enseño en otra vida el castigo de tu error. Llega tú, y toma esa llave. Esto me tenía aquí también mi desdicha a mí? Eso es lo que ya no cabe, señor, en mi sutrimiento; ninguno se ha de atrever, si no eses tú, a resolver lo atrevido de este intento. ̱̱. Por premio de la lealtad con que su hermano sirvio, te suplico también yo que omidos esta impiedad. Porque debíás de ser justo, los, que me vieren casado, dirán que he solicitado con mi deshonra tu gusto. Mañana estarás, señor, sin la nasión en que estás, y contra mi juzgarda a bajeza de este error. Y a mí es bien que me atribuyí la culpa en tus demasías, si cuando esfuerzo las mías no te advierto de las, tuyas. Y pues contra ti ha de ser, lo que me mandas a mí, a ti, señor, contra ti, no te quiero obedecer, Haz lo que mando. De suerte esa priesa que me das me tiene, que quiero más que servirte, obedecerte. Y pues así se dispuso el fin para atormentarme, bien podrá el mundo llamarme, con justa causa, el confuso. Abrir quiero, y no dudar. Qué es esto? Guardar, señor, el castillo de mi honor, para que, no pueda entrar ninguno a ofenderme en nada, que no solo está mi vida de este escudo defendida, pero estoy aconsejada. Y tanto en defensa mía su ser me ha comunicado, que parece que me ha dado el alma con que vivía. De once batallas triunfó, ya resucitando aquí Féñix de su honor en mí, su corazón me infundió. Y fuera acción desmentida de su pecho valeroso morir él tan victorioso, y que yo viva vencida. D esta sunte las hingida tu amor? (o anl. Voce estimo, y quiero comg a mi Rey verdadero, y el nesengaño he querido callar, porque suelen ser, en pasiones amorosas, las rasistencias dañosas, Aglando es tan grande el poder. Pues para que permitiste sgún yo esta noche viviegaa Porque don Luis padeciera, a quien tú el recado diste. Que un hombre que me ha querida para su esposa, no creo que del todo en su deseo pueda estar desposeido. y. Aues tus, porque haz denltado este amor? Por no prederte, he querido obedecerte, y padeciendo he callado. Tan determinada vi tu resuelta inclinación, que excudenda ti ssielor contusión; y amor. la que no tuve fingí. , o, n tu gracia, de parte mía, porque amando te ofendía, s y negando te obligué. De suerte estoy de los dos convencido, y obligado, que me habéis avergonzado en mis flaquezas, por Dios: ahora conozco que es invencible tu valor. Y yo de nurno, señor, beso tus Reales pies. Dale de esposo la mano , ̱. Y estoy loco en pensar que lo soy. Yo soy la que en estugano. Podré yo ahora, Violante, decirte que es mi marido? Y aún decir tambien qse sido la engañada, y la ignorante. Quiéresme Hernando? No rebuso tu mano. Bien lo has dispuesto. l . Y aquí tenga fin cos al la comedia del confuso.
