Texto digital

Texto digital de Los desprecios en quien ama

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Juan Pérez de Montalbán
Atribución estilometría
Sin resultados estilométricos disponibles
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los desprecios en quien ama. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/desprecios-en-quien-ama-los.

Logo BICUVE

LOS DESPRECIOS EN QUIEN AMA

JORNADA PRIMERA

Y NArlos solo me acompañe, quedaos todos que las fieras que en estos montes habitan, no bastan para mi ofensa. Si yo a mí mismo me guardo, proseguid la caza y sea obedecido de todos como mi persona misma. Enrique, guardad su orden, porque el que saliere de ella, y quebrantare el secreto, pagará con la cabeza. Tú acallando me obedece, dando, a Florencia la vuelta, porque mi intento se encubra. Obedezco a vuestra Alteza. Carlos solo te acompaña. Oh, gran Duque de Florencia! ya se han ido los Monteros, los Cazadores se alejan. Solos habemos quedado, tus pensamientos revela, salga ese preñado a luz, hagan parto esas quimeras. Ya sabes que Español soy, si esta es venganza secreta, que solo a tu brazo rindo, o que a mi espada la dejas. Famosa elección hiciste, que hoy has de hacer experiencia de lo que tienes en mí; y basta, para que entiendas quien soy haberme mudado el nombre y negar mi tierra; porque solo el que es gabacho, o que es Calabrés, lo niega. En este mismo Jugar, en esta misma aspereza, donde ese arroyuelo manso de esos riscos se despeña hecho pedazos de plata, en cuyas márgenes bellas, si Abril las siembra de flores, él vierte sartas de perlas, te encontré te vi, y te hallé, no ha mucho, si bien te acuerdas. Cielos, si me he transformado . en Ninfa de aquestas selvas! que esto de fuentes y arroyos, cristal, plata flores perlas, son los primeros bostezos con que un amante comienza a requebrar a su Dama, y arguye mala sospecha el haber quedado solos. Qué temes? qué te recelas? No temo, que me imagino más fiero que una lampeza, que como dice un famoso, hablando de las Gallegas, mis piernas guardan mi cara, mi cara guarda mis piernas. Soldado, afligido, y solo, dando a la fortuna quejas, digo, que aquí te encontré. Si señor, y dije, que era de Yepes lugar famoso, que alinda con la gran mesa de Osuna, la Patria mía. No está gran señor, compuesta de arroyuelos cristalinos, ni claras fuentes la riegan: el gran Baco coronado de racimos, la festeja; este encierra a sus vecinos un tesoro en mil bodegas; o qué licor tan sabroso! no hay lágrima que no pueda hacer fiesta al corazón: qué linda sangre que engendra! Uno es bueno, otro mejor, no hay vino que malo sea, que antes por ser todos buenos, tal vez los hombres enferman. Yo fui el mayor Adalid, explorador de las cuevas que hay en Yepes yo el rentoy introduje en las tabernas: luego, que en solas tres cartas, desde una a nueve piedras envido, hasta que se sube todo el resto en la cabeza. En Yepes nací, mi nombre es Yepes, y tú le truecas en Carlos: Yepes me llamo. Conviene, que Carlos seas, desde que escuché tus burlas mezcladas con dulces verás. Qué ha de ser esto, señores? Hacer yo larga experiencia de tu buen gusto. Aquí es ello: vive Dios, que va de veras, acaba de declararte: la dificultad aprieta. Aunque hoy he salido a caza, solo ha sido de una fiera. La Condesa de Belflor, la hermosa Claudía, me fuerza a nuevas transformaciones; tu ingenio, con sutilezas ha de aliviar mi tormento, y ha de remediar mi pena. Cuerpo de Dios, señor mío, que solo con que dijeras Claudía al principio, excusaras en mí la mayor molestia. Que sirve andar por rodeos, prolijas intercadencias? Ama a Claudía, y a cien Claudías. que amar Claudías no es bajeza; quédate a solas conmigo, que no es España esta tierra, y para nombrar a Claudía dos mil razones rodeas. Y esto te causa temor? Pues qué otra cosa pudiera? En fin, Yepes con el nombre de Carlos, porque no entienda la traza, esta carta mía has de dar a la Condesa, que en esta quinta, desprecio, y afrenta de mi grandeza, vive siempre retirada; allí las flores con ella Mayos todo el año logran, todo el año Primaveras. Esta carta, pues, la escribo, para que Claudía no advierta mi engaño, que con industria hoy pretendo entrar a verla. Y es más que dar esta carta? Eso has de hacer con cautela, sin que tus burlas desdoren una gravedad compuesta. Harto ha de ser, si lo acabo conmigo yo con prudencia, y con medidas palabras he de ponerle a mi lengua freno? riguroso caso! Ven pues que de otra advertencia quiero también prevenirte. Ello ha de haber abstinencia en hablar. Cuerdo has de ser. Algo es difícil la empresa; al fin, no pude escaparme de Embajador de Comedia. . Deja que mi libertad llegue a saber, que lo he sido, no des tan presto al oído esa importante verdad. Gocen las aves parleras su libertad en naciendo, tierra, y aire discurriendo de su dicha pregoneras. Poca edad en verdes años, no me ha dado a conocer si la he llegado a tener, y ya estoy temiendo engaños. Cuando el Cielo le haya dado digno esposo a tu hermosura, y goces dicha segura, con aumentos de tu estado; qué libertad has perdido, siendo forzoso el casarte? Tu ingenio puede culparte de que no hayas advertido, Laura, que esa causa es la que funda mi argumento, pues cuando en mi casamiento hace el mejor interés, el ver que de mi albedrío no puedo señora ser, y que elección ha de hacer, para ajeno gusto, el mío causa en mi pena tan fuerte, causa en mí tal pensamiento, que ha de ser el sentimiento causa fatal de mi muerte. Cuando el Conde mi señor, y mi padre fuera vivo, del disgusto que recibo la causa fuera menor; pues como padre pudiera, menos ciego en nuestro agravio, mirar con acuerdo sabio, lo que a las dos conviniera. Pero que mi estado quede a elección del Duque Alberto, y que él de mi padre muerto este mando injusto herede? No puedes, Claudía, excusar pensión con que nace un Rey. Esa rigurosa ley quisiera yo derogar. Mas dicha que yo interesa una rústica Aldeana, naciera yo una villana, y no naciera Condesa. De tu esquiva condición pudieras antes quejarte, que él la es quien puede causarte tal desvelo y confusión; que no es hermana, prudencia perdona tanto rigor ni fuera contra tu honor, que el gran Duque de Florencia te viera y te visitara, pues es quien ha de casarte, poco pudiera dañarte, que él tu hermosura admitiera, sabiendo que lo desea. No juzgues a desconcierto, Laura, que yo niegue a Alberto, que me visite y me vea. Cautela ha sido, y cuidado, previniendo así excusar abrir puerta a otro pesar mayor que el que he publicado. Dicen, Laura, que en Ungría trata el Duque de casarte, cuando puede Alberto honrarte con sangre que tiene mía. Y es peligrosa ocasión ver un hombre a quien le dan de bizarro y de galán tan gran fama y opinión. Que habrá quien llegue a creer, en mi desprecio advertido, que le estimé por marido, y que él no lo quiso ser. Contra ti misma tirana eres e intratable estás. Tú en esta quimera das, yo en esta locura hermana. Pues libre me consideras, deja que aumente rigores, que consulte aquí las flores, y que allí siga las fieras. Para hablar a Vuecelencia aguarda un Embajador del Duque, y con tal rigor se apresura, que licencia pienso que no ha de aguardar. Qué quiere el Duque? cansado tutor el Cielo me ha dado: de su parte puede entrar, como él no pretenda verme, cualquiera que venga a hablarme. Entrad. Qué sirvió cansarme, ni a la puerta detenerme, silera el entrar cosa cierta? No os dije yo el Escudero, que a Embajador Cabaliero nunca se niega la puerta? Rusticonazo, apartad: bien el oficio profeso; mas esto de hablar en seso, es una extraña crueldad. Bellas mozas por mi vida: quién es? Pero si son dos cielos, donde cifra Dios: boca hablemos con medida, de su poder, y saber un milagroso verano, el preguntar es en vano, si juntas os llego a ver. A quién tengo de adorar? quién es la Condesa? . Yo. Vos, señora? Eso no, si no me dais a besar, yo más quisiera los pies; pero dame ahora una mano. Extremado cortesano! Si he de perder por cortés, esta carta::- Tomad silla. El fuero de Embajador me disculpa, aunque el dolor pudiera también pedirla. No venís bueno? . Yo? sí, ellas no vienen muy buenas. Quién son, pues, ellas? Apenas en lo que dije advertí. Ellas son pues lo preguntas, las postas con que he corrido, que tan de prisa he venido, que siete quedan difuntas. Ellas también pueden ser mis partes mal asentadas, de que las postas malvadas quisieron gígote hacer. Despejado Embajador! Grande hablador, Laura mía. Sin duda el Duque le envía por hombre de buen humor: qué tanto una posta salta? Mas que me han conocido! . poco aprovecha el vestido, si el talle, y el alma falta. Su modo a risa provoca: cómo queda el Duque? Bueno: quiero hablar grave, y sereno. . Y las postas? . Oh vil boca, por quien caigo en tanta mengua! qué haré? Cómo os llamáis vos? Yepes Carlos: vive Dios, . que se deslizó la lengua. Qué él sirva al Duque, señora. Lo que de él puedo esperar, que me trate de casar: escucha la carta. Ahora es mi confusión mayor, que las dos se han levantado, si he de quedarme sentado, o si a fuer de Embajador debo levantarme aquí; pero de cualquier manera, en pie cansarme pudiera, y descansar puedo así. Lee Claud. El Duque de Florencia. Con grande atención me miran. Mucho Carlos contradice a lo que esta carta dice. Las dos de verme se admiran: . sin duda la carta ha sido culebra. . Carlos. . Señora: mas que me llaman ahora . el Embajador fingido. . Prendedle matadle, muera. El Cielo me ha de librar. Qué es esto? ya empieza a obrar . del gran Duque la quimera? Qué alboroto es ese? Un hombre de otros muchos perseguido (qué valiente! qué atrevido!) de tu casa, y de tu nombre es afrenta no ampararle, y mayor no defenderle. Id todos a socorrerle; Guardas, salid a soltarle. Guárdete el Cielo mil años: ya todos le defendieron. Ya los traidores huyeron. Líbrete el Cielo mil años. Solo en tu piedad pudiera hallar mi vida sagrado, que haber sin ella quedado, solo por ti lo sintiera. Contento estimo el vivir, solamente por tener alma con que agradecer, vida con que te servir. Di quien eres, y el recelo pierde. . No tengo temor, que si tú me das favor, cierto es que me ampara el Cielo. Yo soy hermosa Condesa, un Caballero de España, ni muy pobre ni muy rico, con ser el cuarto en mi casa. Mi nombre es Don Juan Manrique, la gran Sevilla es mi Patria: Pasé mis primeros años, como los Nobles los pasan, en el Estudio, y la Guerra, aunque más seguí las armas. Llegó el tiempo en que mis padres, contra mi gusto, trataban de darme esposa en la Corte, sin conocerla ni hablarla: pero como era forzoso, que en mí la obediencia halla digno premio obedecer, si bien les di la palabra, dándome primero tiempo para que pudiera el alma conocer a quien después había de ser esclava. Prevíneme a ser amante, fui a ver a la hermosa causa de mi cuidado que entonces ya por mi esposa juzgaba; y en viéndola te confieso, que aunque era como gallarda, discreta, y como discreta, hermosa, grave y bizarra, que no me pareció bien, o ya porque violentada iba allí la voluntad, o ya porque recelaba el alma las penas tristes, que en sus ojos me aguardaban: Pero como había de ser su esposo, di en festejarla cauteloso, como aquel que después había de honrarla, celándola como a esposa, sirviéndola como a Dama; porque mujer, y en la Corte, y con libertad criada, puede acreditar sospechas, puede acreditar infamias. Visitela algunas veces, rondé su calle, y su casa de noche reconociendo cuanto sus sombras engañan. Oh efectos de amor injustos! o flechas de amor tiranas! qué diferente me hallé después de comunicarla Encantos hallé en sus ojos, engaños en sus palabras, libertad en sus acciones, liviandad en sus pisadas. Vime tratar con desprecios, vime en tiempo que exhalaba el pecho un volcán rabioso de celos, y de venganza: vi que lo que aborrecía, era lo mismo que amaba, y vi cerrarme la puerta cuando otro la hallaba franca. Valime de los engaños, y ora quien más me abrasaba, pues no habiendo de casarme, amás dejé de adorarla, hasta que una noche en fin, de su parte una criada vino de priesa a llamarme, novedad en ella extraña. Fui a servirla cuidadoso, cuando entre mortales ansias la vi en un jardín, y luego me dijo con voz turbada: Don Juan, si tu amor es firme, si de verdad se acompaña, hoy lo has de mostrar conmigo, dos veces fui desdichada, una en perderte, Don Juan, y otra en haber dado causa a un tirano, que triunfo de mi honor y de mi fama. Camilo Esforcia a quien hoy por don de mayor ampara el gran Duque de Florencia, es quien me dio la palabra de esposo y quien me burló; si vive esa prenda cara, halle amparo en tu favor, pues el de un padre le falta. Quedó entre flores hermosa su clara luz eclipsada, dejando un niño en mis brazos, también como ella sin alma. Aún me dura el sentimiento, aún la memoria me falta, considera cual quedé; pues confieso que la amaba. Llegó a tanto mi pesar, viendo muerta mi esperanza, que si dentro de Florencia a Camilo no buscaba, que si de su injusta vida no tuviera hoy la venganza, yo mismo me diera muerte; pero con ser la privanza del Duque Alberto en su Corte le hizo pedazos mi espada. Salí huyendo, y por las señas, del Duque una fiera escuadra, para prenderme o matarme, me siguió hasta esta montaña; mas como mi vida el Cielo para servirte la guarda, hoy llego humilde a ofrecerla al sagrado de tus plantas. Disculpe el valor la empresa, si bien temeraria ha sido. Lindamente lo ha mentido! . hay engañada Condesa! Buen talle. . Basta, pues, ser Español hecho valiente! Don Juan cuando el Duque intente vuestra persona ofender, sabré defenderos yo, que corazón tan constante, que con las leyes de amante tan largamente cumplió, no solo a merecer pasa mi amparo pero el mayor laurel que promete amor. Mas que se nos queda en casa? Si este Español amparáis, al Duque enojar podréis, pues su delito sabéis, mejor es que le prendáis. Disimulo bien, señor? Quién os mete en eso? . Aquí lo que es justo os advertí, que soy fiel Embajador. Y si como dicho habéis, queréis fervirme, ya en mí señora tenéis aquí, y oficio en casa tendréis, que iguale a vuestra nobleza. Siendo yo vuestro criado, ni puedo ser más honrado, ni subir a más grandeza. Ah, mujeres, fácilmente os podemos engañar! mas quién se podrá esquitar de lo que una mujer miente? Venid: venturosa he sido, honra su heroico valor. Ya la industria de mi amor dulce fin ha conseguido. Ya mi embajada espiró sin hacer caso de mí; todos me han dejado aquí como lo merezco yo. Al de Florencia le escribí mi intento, por laber que no puede la Condesa hacer sin orden suyo el casamiento, y como Alberto mi lealtad profesa, a Claudía le avisó mi pensamiento: no tengo por difícil esta empresa, y antes que llegue a verme tan dichoso, siendo de la Condesa digno esposo, quiero Ricardo cautelosamente ver primero de Claudía la hermosura, que puesto que la fama comunmente con todos la acredita, y asegura, tal vez la fama en lo que dice miente, y será necio extremo de locura verme de quien no he visto enamorado, y arrepentido ya cuando casado. Sin que de nadie deje visitarse, en esta Quinta vive retirada, ninguno la ha de ver ni deja hablarse. Pues si está su hermosura tan guardada, que no deja, señor, comunicarse, quién para verla te ha de dar entrada? El remedio la industria ha prevenido con este Embajador que aquí ha venido. Diré que es hombre alegre, y despegado: mas de qué ha de importarte su venida? Solo en que me reciba por criado esta dificultad queda vencida, pues podré ver a Claudía disfrazado. De esa suerte no habrá quien te lo impi- el sale. . Afuera aguarda. (ua: Afuera espero. O soy Embajador, o majadero: mas en qué han parar tantas quimeras? que pretendes hacer, que no lo entiendo? Mi pensamiento conocer pudieras, pues sabes que de amor estoy muriendo: pensé templar así las llamas fieras, que iban mi vida triste consumiendo; pero después que a la Condesa he visto, menos el fuego, y la pasión resisto. Viendo que Claudía con rigor porfía esconderse de mí, que me ha negado que yo la vea siendo prima mía, y siendo yo quien ha de darla estado; que mi estado también darle podría, las quimeras que dices he trazado, que intento averiguar dentro en su casa una sospecha que mi pecho abrasa. Sospecha ti? de quién? Mi pensamiento sobre el viento la tiene más fundada: dio una mañana Claudía al manso viento, con más rayos de luz que el Sol cercada, libre el cabello, y con rigor violento, una fiera siguió determinada: no imaginaba, no, que yo la via, cuando a la fiera, y a mi pecho hería. Quedé vencido allí de su hermosura, y por no disgustarla, si me viese, no quise que durase mi ventura, ni que mi daño el ver la detuviese, pues con llevarme el alma (qué locura!) deje que el monte discurriese; mas pensé que después me permitiera verme muerto a sus pies como la fiera. Privome de este bien, y mi enemiga sospecha de esta causa ha procedido, que pienso que secreto amor la obliga a extremo tal, así desconocido: ordena amor que sus intentos siga, esa la causa del disfraz ha sido, y quise que también tú me siguieses, porque mi intento acreditar pudieses. Y si hay quién te conozca? Ya he pensado como podré estar más encubierto: dirás a la Condesa tu (admirado) que me parezco mucho al Duque Alberto, y que yo de mí mismo soy traslado. Buena traza! pero hay oficio cierto? Secretario soy ya de la Condesa. Gente hay allí. . Pues voyme. . Andarlo apriesa. Válgame Dios! si he soñado, o si el Duque Alberto es? Quién sois, señor? . A tus pies está un humilde criado. Conoceisme? . Señor, sí, y servirle a Useñoria pretendo. . Por vida mía, queréis vos servirme a mí? alzad. . Este es mi deseo. De dónde sois? Soy de España. De España, y en tierra extraña! es de un Español trofeo querer servir? . Es forzoso. De qué Lugar? . De Sevilla. Es octava maravilla del mundo, Lugar famoso: qué hay en la Torre, Soldado? Es fábrica hermosa, y bella, y es muy alta. . Qué hay en ella? Hay un cápitel dorado. Qué hay en la Torre? No vi hombre tan preguntador. Veis como os cogí, señor? la Giralda no está allí? Sabéis a Yepes? . Muy bien. Y qué hay allá? Lindo paño. No hay sino vino picaño, mil palos haré que os den: llamaos? . César. No quiero nombre que es de Emperador, Fabio os estará mejor, llamaos Fabio, majadero. Haré lo que me mandáis. Cuántos años? Veinte y tres. Y una semana, y un mes; Fabio, muy barbado estáis: sois noble? Un hidalgo honrado. Y tenéis otro vestido? De todo estoy prevenido. Pues no he menester criado: mirad, yo os digo verdad, vengo muy a la ligera, y no es posible, aunque quiera, tener tanta autoridad. Advierte, que mi deseo no se funda en interés, solo de servirte es, y este es mi mayor empleo. De todo lo necesario no me falta nada a mí, servirte pretendo aquí sin comida, ni salario; de no, a Florencia ver, y quiero contigo ir. Él da en que me ha de servir, y aunque no quiera ha de ser. Si el dinero te faltó, esta cadena podrá suplir el gasto hasta allá. Pues que pierdo en esto yo? es oto? . El más acendrado. Mirad, aunque os despedia, siempre yo me prometra, que habíais de ser mi criado. Vos sois muy hombre de bien, conmigo iréis a Florencia, procura hacer resistencia, y ver, y callar también. Servirte solo es mi intento. Con esto podréis medrar: Fabio os habéis de llamar. César ni por pensamiento. . En esto el alma repara, que darme Alberto a entender, que llegó a él a deber cuando abona al de Ferrara; y a Carlos remite luego lo que a él solo pertenece; mil confusiones ofrece, y con temor a ver llego esta carta. . No has llegado a querer satisfacerte de Carlos? En eso, advierte, se aumenta más mi cuidado; porque no es capaz sujeto con quien se pueda tratar de estas cosas. . Podrá estar agraviado si es discreto, de que hoy así le dejastes, porque a verte no ha venido, y debe de estar corrido de ver que a Don Juan honrastes. Que no lo advertí confieso; mas qué te parece a ti Don Juan? . Escuchele allí admirada del suceso: es discreto y es galán, debes honrarle. . Yo estoy muy contenta, Laura, hoy de que me sirva Don Juan. Tu Secretario le has hecho, y en estas dudas que tienes, si bien a advertirlo vienes, podrá serte de provecho. Bien, Laura, me has advertido, haz que me le llamen luego. Ya voy. Qué desasosiego perturba aquí mi sentido? qué rigor castigo ofrece al turbado corazón? qué nuevos tormentos son estos, que el alma padece? Ojos aunque su hermosura os obligue a declarar, la causa habéis de callar, que en esto está mi ventura; más viéndola no hay prudencia. Don Juan, duraos el temor? sentís todabía el rigor del gran Daque de Florencia? No culpéis mi cobardía, que si entonces la mostré, la vida, que allí guarde, aquí serviros podía; que nunca cobarde ha sido en mil batallas mi espada, y ya de vos amparada Ejércitos no ha temido; que el Duque no podrá ya, viendo que me dais favor, oponerse a su valor, antes él la temerá. Yo, Don Juan, lo creo así, la espada no es menester, sino es que de una mujer también tenéis miedo aquí. A los rayos de esos ojos ninguno resistirá, que la espada no podrá rendir divinos despojos. Loco está, quien dos estrellas tales no llega a temer, y más si se llega a ver anegado en luces bellas. Conmigo, Don Juan, ahora habláis, advertid que no soy la Dama muerta yo, por quien lloráis. . No señora. Cómo de memoria os va? sentís ya menos su muerte? Aunque el tormento es tan fuerte, algo se ha templado ya después que os llego a servir; que el que a ser criado viene, y a vos por señora os tiene, solamente ha de sentir no agradar a quien adora, que la memoria, y cuidados siempre han de estar ocupados en vos que sois mi señora. Estimo el veros leal, y que por servirme a mí templéis vuestra pena aquí, aunque no os puede estar mal; porque si el pasado amor remedio, Don Juan, no alcanza, y está muerta la esperanza, siendo imposible el favor, debéis serme agradecido, después de serme criado, pues al dolor le ha faltado la memoria del sentido. Cómo puedo ingrato ser, si me habéis dado la vida, y con alma agradecida el alma os vengo a ofrecer? Nunca paga con mal trato condición, que no es villana, y antes seréis vos tirana, que llegue yo a ser ingrato. Y esto llegad a advertir, si me pretendéis honrar, que nunca el que sabe amar deja de saber servir. Don Juan, la Condesa soy, advertid, que habláis conmigo. Que soy vuestro esclavo digo. Idos, Don Juan. Ya me voy. Volved: oís? con cuidado, y alma, atento leed esta carta, y responded. Mi propia carta me ha dado, quiera Amor, pues la sentencia hoy por esta se declara, que aborrezca al de Ferrara, y que estime al de Florencia. ta

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA De qué sirven reprensiones, Amor, contra tu poder, si sabes siempre ofender con engaños y traiciones? Sin conocer tu rigor, huyendo de él vine aquí, y ya tu rigor en mí muestra la crueldad mayor. Cuando yo a todos negaba cautelosa mi paciencia, cuando el Duque de Florencia poder verme aún no alcanzaba, entonces Amor tirano, mi impiedad por instrumento tomaste de mi tormento: nunca del golpe inhumano defendiera yo tu vida, Español, nunca la muerte trocara en los dos la suerte, pues eres tú mi homicida. Pero este amor indiscreto al principio ha de costar, porque no es cordura amar en tan desigual sujeto. Ya, señora, os he servido. En qué Don Juan, me servís? qué queréis? a qué venís? Decir a lo que he venido. No os he mandado llamar. Escúcheme Vuecelencia. Don Juan, sin mi licencia nunca me vengáis a hablar; y no habiéndoos yo llamado, no os habéis vos de atrever a entrar, porque es exceder del límite de criado. Señora:: . No imaginaba, que era menester deciros esto, Don Juan, ni advertiros lo que saber os tocaba. Oh, pensamiento! parad, . que engañado del favor, os despeñáis al rigor con loca temeridad. Qué importa el desprecio aquí, Don Juan? cuando no te via . olvidarte pretendía; pero no cuando te vi. Si yo soy tan desdichado, que de lo que me mandáis, vos tan presto os olvidáis, no es la culpa del errado. Mas si lo debe de ser, pues suele por acertar, el más advertido errar, y esto en mí se llega a ver; pues cuando solo he venido con el alma a obedeceros, llega, señora, a ofenderos lo mismo que os ha servido. Yo aprenderé a ser criado; pero quieroos advertir, que siento el verme reñir, cuando causa no os he dado. Bastante para que muera: . a qué venís, en efeto? Que me he olvidado, os prometo, después que os mostráis tan fiera. No os di una carta? Y en ella el castigo que no vi, pues cuando la recibí, fue solo para leella; pero debeos de causar esta carta poco gusto, pues mostráis tanto disgusto cuando yo os la llego a dar: La culpa la carta tiene. Y qué habéis de ella entendido? Con alma atenta he leído lo que en sus letras contiene. Respondisteis? No os serví en eso. . Por qué ocasión? Porque todo es confusión: cuanto viene es cierto aquí. Por esa causa os mandé responder. . No me he atrevido, hasta haberos la leido. Vuélvela a leer. . Si haré. El Daque de Florencia. Qué Carlos es este? Ayer le pudisteis ver aquí. De aquel habla el Duque? Sí. Y qué os ha dado a entender? No solo, que no es discreto, mas de loco indicio ha dado, y que el Duque le ha enviado para diferente efeto. Todo fue tratar aquí de unas postas que había muerto, que debe sin duda Alberto querer burlarse de mí. Qué mal hice de fiar mi pecho de aquel villano! Vuestro recelo es en vano, que el Duque os sabra estimar como es justo, y me parece, que con disfrazado intento pública otro pensamiento, que aunque aquí solo se ofrece, es fineza de galán decir que por no ofenderos, pierde la dicha de veros, y otras razones que van fundadas solo en amor; que la carta no declara por dichoso al de Ferrara, aunque le ofrece el favor. Para ser vuestro enemigo mucho sus partes hacéis; vuelvo a decir que tenéis desde Florencia el castigo. Eso es solo respondiendo a lo que esta carta dice, su intento aquí satisfice, no porque lo estoy temiendo. Don Juan, diferente yo, que vos, puedo haber sentido, si sé que engaños han sido cuantos el Duque escribió; que para entenderlo así, basta que a Carlos llamase discreto y que le fiase estos negocios aquí: yo sé que llego a deber, mas que a Alberto, al de Ferrara. Mi desprecio se declara, . Carlos me ha echado a perder. Hoy a Carlos despachar pienso sin verle ni hablarle. Que lleguéis a examinarle primero podrá importar, y que no le despachéis también os suplico yo; porque si ya conoció la gran merced que me hacéis, turbar mis dichas podría, y hacer de ellas alarde el Duque, que aunque cobarde me llamáis necio sería sino temieste el perderos. Alzad, yo lo detendré, por vos, Don Juan, le honraré, que es fuerza ya el defenderos. . Yo sé que llego a deber mas que a Alberto al de Ferrara! si en esto el alma repara, qué más pruebas quiero hacer? Sin duda le tiene amor, que aunque en mi carta podía advertir la pena mía, nada leyó en mi favor. Acuerdo discreto ha sido el haberme disfrazado, que haber mi amor declarado, pudiera quedar corrido. Pero cómo conocida mi desdicha, viviré, si ya el alma la entregué, y ella es causa de la vida? Después que tengo criado no puedo a solas hallarme, que apenas quiero rascarme, cuando hallo a Fabio a mi lado: pero aquí está el Duque ahora, sin Fabio le quiero hablar. Oh, villano! mi pesar, arrancando esa traidora lengua, he de vengar aquí. Señor qué dices? qué es esto? Ignorante::- . Suelta presto. Infame::- . En qué te ofendí? Cuando el alma te he fiado, cuando de mi pena triste, en ti el remedio consiste, mi tormento has aumentado? vive el Cielo::- . Suelta, pues. Qué postas villano, son las que en aquesta ocasión nombrastes? . Tú no lo sabes. Cuando yo de veras muero, hablas de burlas? . Señor, sino he sido Embajador, otra del perdón espero. Mi lengua se vio atajada, Yepes soy, Carlos me hiciste: qué es en lo que a mi consiste, para darme esta embajada? Mandaras, que sin hablar cien hombres acometiera, no que embajada trajera, que nunca las supe dar. Qué le has dicho a la Condesa? Lindamente comencé, como Embajador hablé; pero soltose la presa, y aquellas postas salieron sin poderlas detener; mucho deben de correr, pues hasta aquí me siguieron. Ya yo, señor, te advertí, que no era para este oficio, porque el hablar en juicio era muerte para mí. Sí como te advertí yo, hablara tu lengua poco, no te tuvieran por loco. La lengua fue quien erró. Pues hoy lo has de remediar. otra vez grave y compuesto? Mostrándote allí modesto, volverás a acreditar mi engaño. . Y si a suceder llegase otra vez en fin, dejarme hecho un matachín, qué es lo que allí debe hacer un Embajador? . Callar. Ve a ver la Condesa luego, que te aguarda. Al Cielo ruego, que no vuelva yo a encontrar con otras postas allí. Sin duda que fue mi padre Embajador o de madre Embajadora nací. Él tiene notable humor. Al fin, eres su criado? Y no poco me ha costado, que él quiera ser mi señor: no hemos visto a la Condesa. Fabio Fabio, dónde estáis? como no me acompañáis, y hacéis faltas tan apriesa? Ninguno al cuidado iguala con que te deseo servir. Si no pensáis asistir, podéis iros noramala. Perdona, si me he tardado. No tengáis esa costumbre, que una muy gran pesadumbre me hubierades excusado, si vinierades conmigo. Aquese hombre quién es? Un amigo. . Descortés, tened amiga, y no amigo: no me volváis aquí vos. No te pretendo ofender. Mas todos sois menester; veníos conmigo los dos. . Con notable sentimiento las quejas Don Juan me ha dado, de que habiéndole llamado, culpases su atrevimiento, de que hubiese entrado a hablarte, y dice que le has reñido. Tanto Don Juan lo ha sentido, que las quejas llegó a darte? Y admírame hermana, a mí, que prometiéndole honrar, le llegues a despreciar cuando se ampara de ti: no seas, señora, cruel. Laura, después que ha venido este Don Juan no te he oído palabra, que no hables de él. En ver que es noble me obliga a lo que escuchaste ahora. El alma a Don Juan adora: . no será bienque se diga, que es de ti menospreciado. Laura, no me digas más, notable pena me das, no me hables de ese criado. Pena te doy? . Como sé que es Camilo Esforcia el muerto, y es deudo del Duque Alberto, a quien enojar podré defendiendo a Don Juan hoy, estoy, Laura, temerosa: mas no estoy sino celosa, . y de amor muriendo estoy. Carlos viene, y le acompaña Don Juan. Presto te olvidaste. Tu ahora me lo mandaste, no hablaré de él. Pena extraña! Traigo la capa bien puesta? miradlo bien mentecatos: limpiad, Fabio, estos zapatos; trabajo todo me cuesta. Cómo a verme no venís? Señora, no me he acordado: voy bien? . Mal has comenzado. Tomad sillas. Bien decís. Señora no os espantéis de que no haya vuelto a veros, que como los Caballeros ya pienso que me entendéis) solos no se han de dejar, y yo soy hombre resuelto, por esta causa no he vuelto, que me cuesta ya el hablar con vos lo que yo me sé. Qué os cuesta? Mucho dolor, y no penséis que es favor. Qué dices, necio? . No sé: . mi lengua erró como flaca. De qué estáis, Carlos, temiendo? Ay tal rigor! . En saliendo, . la lengua el Duque me saca. Ricardo, yo he conseguido todo cuanto he deseado, corta la fama ha quedado en haberla encarecido: su hermosura el alma adora. Sé, que el Duque mi señor es muy vuestro servidor, y os lo juro a Dios, señora. Esta sospecha cruel me tiene fuera de mí. Cielos, qué estoy viendo aquí! no es el de Ferrara aquel? Quién son estos? Son mis pajes. Muy buenos pajes tenéis. Pues aquí donde los veis, ninguno tira mis gajes; mas he notado una cosa de aqueste vuestro criado. Qué notáis? Es un traslado, una estampa milagrosa del gran Duque de Florencia. Tanto le parece? . Tanto, que imagino que es encanto: salí acá, no hay diferencia: de ver a este hombre me corro Hablad. . Qué he de hablar? La voz::- no es del Duque aquesta voz, tenéis vos más gordo el chorro: en la voz no le parece. Carlos, huélgome de veros; mas tiempo he de deteneros de lo que a vos os parece. Como fueredes servida. Cómo de postas os va? Muy mal, y he jurado ya no correrlas en mi vida. Volvedme a ver esta tarde: no os vais, Don Juan. Aquí aguardo. Venid no he andado gallardo? quedaos, Don Juan, Dios os guarde. No es el de Ferrara, Cielos? este hombre no es Federico? mis desdichas multiplico, ciertos son ya mis recelos. Esta cautela, este engaño, bien la Condesa le advierte disfrazado, de esta suerte crece su dicha, y mi engaño. La Condesa le miró, traza de los dos ha sido, por tenerle así escondido, en él no, en mi reparó. Gracias a Dios, que podré hablarte como criado, que esto de estar espetado, sin saber lo que diré, no lo llevo bien, señor. Qué te pareció de mí? no me negarás, que allí no hablé como Embajador. Como yo de ti esperé, lo hiciste. . Ya el miedo pierdo; no pensé que era tan cuerdo, como hoy aquí me mostré. Ven acá, hablemos de veras: qué hombre es aquel que trajiste contigo aquí? . Pues le viste, advertirlo tu pudieras: es, señor, criado mío. Tu criado? . Mi criado. Míralo bien. Bien lo he mirado. Viose mayor desvarío! vive Dios, que te dé muerte, si no me dices verdad. Hay tan gran temeridad! en que te lo he dicho advierte. Cómo tu criado es? Él te lo puede decir, que da en que me ha de servir sin salario, ni interés. Llamome de buscoria, ofreciose por criado, yo Embajador desdichado recibirle no quería. Dio en rogarme en persuadirme, de suerte que me venció, maravillábame yo, que él no venía a salirme de balde: esta es la verdad; y sino le despedí, fue por no bajar allí de mi oficio, y gravedad: voy a despedirle luego. Aguarda, loco, y repara, que es el Duque de Ferrara quien te sirve. . Estuve ciego: vive Dios, que le he tratado como un ganapan, señor; mas si es quien le obliga amor, la tramoya nos ha hurtado. La Condesa es quien le obliga, y quien con celos me mata. Qué tenemos? es ingrata. Yepes la industria prosiga, no llegue a entender quien soy este fingido criado. La Condesa. Oh qué cuidado! vete presto. . Ya me voy. . Don Juan? . Señora. Impaciente criado debéis de ser; el que sirve ha menester sufrir mucho y ser prudente. Tan presto os quejáis de mí? ya del dueño murmuráis? fácilmente os enojáis: tanto, Don Juan, os reñí? Quién os ha dicho, señora, que de vos he murmurado, ni que yo me haya quejado de vos, si el alma os adora? Ah, Don Juan, sin advertir, disparates luego habláis; no me espanto, que no estáis acostumbrado a servir: el servirme es adorarme? Con lealtad, y con amor sirve el criado al señor. No podréis ya disculparme quejas con tal sentimiento: no os quejéis más, que sabré enojarme, y os podré reñir con más fundamento. Que yo me queje es razón, pues vos me habéis castigado como el comitre enojado, que ofende sin ocasión. Vine de vos a ampararme, por dar alivio a mi pena, y vuestro rigor ordena menos modos de matarme; que como el desprecio ha sido quien me ha puesto en tal estado, veo presente el mal pasado, con el que hoy he padecido. Ya os volvéis a despeñar? ya os volvéis a esa locura? mientras la memoria os dura, mal podéis, Don Juan, sanar: Graciosa cosa por cierto, vuestra muerta Dama ha sido quien os tiene sin sentido, y soy yo quien os ha muerto. Dejemos vuestra pasión, y tratemos de la mía, que consolaros podría, si entendisteis la ocasión. Tengo que deciros mucho, y que me aconsejéis quiero. Serviros humilde espero. Escuchad, pues. Ya os escucho. Mi casa, y la de Florencia dos ramas de un tronco son, mi primo es el Duque Alberto, solo su Estado es mejor. Rodulfo, que goce el Cielo, ilustre sangre me dio, dejó huérfanas dos hijas, mujeres al fin (qué dolor!) Del Conde mi padre fue última disposición, que el Duque Alberto quedase por nuestro padre y tutor; mas no sin causa, Don Juan, hizo el Duque la elección, que por no haberse casado, mal mi padre lo advirtió: pienso que fuera una misma, como era puesto en razón, la Duquesa de Florencia, la Condesa de Belflor: pero que el Duque en Ungría se casa, es pública voz, y que no estima mi Estado, por ser al suyo inferior: que donde el interés vive, no halla lugar la razón, la obligación se atropella, no tiene fuerzas amor. Desde que supe que Alberto tomaba resolución de casarse, y no conmigo, hizo asistencia el valor, no en publicar sentimiento, que no amaba al Duque yo, si bien hasta allí le tuve como a deudo inclinación: Solo en descubrir desprecios mi venganza se fundó, porque nunca, aunque él lo intente, ni yo le vi ni él me vio. Trata de casarme en fin, y como piensa que estoy ofendida de su olvido, aquella carta escribió; porque siempre el que imagina, que falta a la obligación, para acreditar engaños, de lisonjas se vistió. En aquesta carta Alberto mis desprecios disfrazó, que la carta si lo adviertes, es como el Embajador. Dos muertes padezco aquí, dos penas me matan hoy, una es Don Juan ver que el Duque tenga mando, y posesión en mi gusto y que a él solo el darme esposo tocó: otra es un rabioso fuego, lleno de un fiero rigor, que atormentándome el alma, me deshace el corazón, me enajena los sentidos, sin que halle alivio el dolor. Quisiera vencer mi pena, quisiera en esta ocasión tener poder contra mí, tener contra mi valor: quisiera arrancar del alma esta importuna pasión; mas ay Cielos! que yo misma soy mi enemiga mayor. Sé que esto es el remedio, en dejar de ser quien soy: quisiera nacer humilde, si más pudo mi opinión, pues tiene quien esto tiene cuanto el alma de seó. Quisiera que al gusto mío me ofreciera esposo amor; y que en estas soledades admira más a los dos las cifras que ha puesto el Cielo, las glorias que aquí abrevió. Quisiera esta dicha sola, quisiera noble Español, hallar posible remedio al mal que me enloqueció. Quisiera, Don Juan, quisiera::- pero temamos, Amor, sea mi esposo el de Ferrara, pues tan desdichada soy. . Señora Claudía, Condesa, escucha: válgame Dios! a mí por mí me desprecia, su pecho me declaró. Ea, sospechas, ea, temores, nacidos sin ocasión, dejad libres los sentidos, abridle puerta al favor, que le trae nuevas al alma de que es suyo el bien mayor: albricias que Claudía es vuestra, la boca lo declaró. Pero pensamiento mío, tened el curso veloz, parad necia confianza, que solo instrumento sois, para que después se aumenten los males, si el bien mintió. Declaremos bien su intento, descubramos si sois vos, Duque, a quien estima Claudía, baldreme de una invención, sino me engaño de Laura su hermana, estimado soy: fingiré que a Laura quiero, conquistaré su favor, que en el potro de los celos dice la verdad Amor. Ricardo, si el Duque es, no está mi dicha segura, porque amor todo es locura, que en mí ya el ejemplo ves. No llego a pensar señor, que es Don Juan el Duque Alberto, que le parece es lo cierto, porque a ser él en rigor, Carlos allí no dijera, que Don Juan le parecía, ni Carlos lo ignoraría, si Don Juan el Duque fuera. Pero si casarte Alberto con Claudía te ha prometido, y sabes que hoy ha venido Carlos a hacer el concierto, es en vano el recelarte. Con lo que tengo trazado saldremos de este cuidado. Carlos viene. Escucha aparte. . Duquécito es encubierto mi sirviente bien lo sé: aquí están los dos, yo haré que no conozcan a Alberto. Ah Fabio qué divertido andáis para ser criado! ni hoy me habéis acompañado, ni limpiadome el vestido. Yo no temo sino cuando han de enojarse conmigo el criado, y el amigo, y el amo ha de andar rodando. Llegaos acá. . Hay tal humor Llave sois de mi cuidado; yo estoy, Fabio, enamorado, sabéis de quién? . No señor. Conocéis a Laura? . Sí: no es de la Condesa hermana? Su beldad tan soberana me tiene fuera de mí. Ando, Fabio sospechoso, que es opuesto de mi sol este Don Juan Español; quiero que vos cuidadoso deshagáis este nublado. Yo cómo? Vos ignorante, poniéndoos siempre delante, estar con mucho cuidado. Andad, que sois para poco, ved si la habla, o si no. Yo lo haré, señor. Pues yo os premiaré Fabio, un poco, Don Juan viene. Es mi enemigo, y no quiero hablar con él; si me sois, Fabio, muy fiel, nada perderéis conmigo. otra carta voy a dar a Claudía, que apenas puedo escaparme de un enredo, cuando en otro vuelvo a dar. . Federico es este, quiero . darle a que llegue lugar, que si con él llego a hablar, mejor encubrirme espero, desmintiendo que soy yo. Con esta carta, Ricardo, ver el desengaño aguardo, de lo que el alma temió. Señor Don Juan, hoy aquí cerrada esta carta hallé, y hasta veros la guardé. Para la Condesa? . Sí. Alguno la habrá perdido, a quien cuidado costó; en buenas manos cayó: quién sois? no me ha conocido. Fabio de Carlos criado. Pues, Fabio, yo la daré, y a la Condesa diré, que os premie aqueste cuidado. Ricardo si este es Alberto, no creáis que le dará mi carta, y si se la da, que no es el criado es cierto. El más cierto desengaño, es saber si está en Florencia el Duque. Es buena advertencia, tú irás a ver este engaño; sútil pensamiento ha sido: mil años te guarde el Cielo. . Y a vos también su recelo queda con esto vencido. Para mi intento importante que ha de ser la carta espero, darla a la Condesa quiero, y también fingirme amante de Laura, que de esta suerte, si me tiene amor sabré la Condesa, o lloraré con sus desprecios mi muerte, si encubro más mi pasión. La vida se acabará; aquí está Don Juan, si ya me diese Amor ocasión, para darle a conocer, que es causa de estos desvelos: hacedle discreto, Cielos, porque me llegue a entender. Tan divertido, Don Juan. . Señora, cuando el sentido llega a estar tan divertido, causa los cuidados dan. Y proceden los cuidados de alguna historia amorosa? Pluguiera a Dios, Laura hermosa, pues fueran menos pesados! que como ya conocidos, el alma no los temiera, y menos tormento diera la memoria? los sentidos. Nueva pena me enloquece, nuevo dolor me maltrata. Nuevo amor? Y nueva ingrata. Mucho mi tormento crece; mas ay de mí! . La Condesa . me ha visto, buena ocasión: flechas de sus ojos son las que me ofenden. Apriesa, que os ofendieron mostráis; pues sin advertir aquí, si me ofendisteis a mí, con tal prisa os declaráis. Bien a mi pena responde, más dicha no puede hallar; qué dulce cosa es amar cuando amor se corresponde! Si a manos del rigor fiero . sé que he de perder la vida, mejor es verla perdida, declarándome primero. Solo os suplico, señora, que pues matarme queréis, antes que muerte me deis, me deis un favor ahora. Vivid, Don Juan, consolado, no lo estorbe mi favor, no sea otra vez vuestro amor por mi causa desdichado. Alma, pues sin advertir el mal, a pena os obligáis, y rienda a los ojos dais, los daños debéis sufrir. Ya, corazón temeroso, es afrenta que un criado os ponga en tanto cuidado; despreciale generoso. Sienta mi rigor cruel, si acaso mi amor sintió, sepa que soy Claudía yo, y que un hombre humilde es él. . Es fondo, es limpio el diamante? Ay Cielos Y le escondéis? De que no le merecéis indicio me dais bastante: Advierte mira::- Bien conozco al dueño yo, que aquesa sortija os dio. Señora::- Mucho me admira, que un hombre tan bien nacido, que profesa Español ser, haya llegado a poner su valor en tanto olvido. Prendas mías guardáis vos, sin que yo os las haya dado? tal vicio en un hombre honrado se encierra? Válgame Dios! Quién comete este delito, qué lealtad ha de guardar? qué podré de vos fiar? Don Juan el Duque me ha escrito, que sabe que yo os amparo, y que fue grande la ofensa, que le hicisteis mi defensa, que es flaca en esto os declaro; joyas os daré y dineros, para que a España os volváis, que allá más seguro estáis del gran Duque. . Agradeceros debo esta merced señora; más bien sé yo que a estorbar el bien que llego a gozar, no es bastante el Duque ahora. A España en mala ocasión me habéis mandado volver, llegándome aquí a ofrecer joyas mi misma opinión; que si ya por vuestra aquí, la que es mía habéis tomado, las que ahora me habéis dado, mandaréis quitarme allí. Con tan mal nombre señora, a España no me enviéis. Allá quizá sanaréis del mal que os aflige ahora, que veros morir no quiero, Don Juan, dentro de mi casa. O en vivo fuego se abrasa, . o entre los desprecios muero. Determinad la partida, y sea luego. . Es gran rigor! Antes, Don Juan, es favor, no querer veros sin vida. Y no es posible, señora, que vos podáis impedir, que os deje yo de servir, aunque lo intentéis ahora. Hacerme vuestro criado pudisteis, mas no podréis vos con vos, que me quitéis lo mismo que me habéis dado. Libradme de este hombre, Cielos, pues me obliga a tantos daños. . sean bastantes sus engaños, pues, cuando lo son mis celos. El que esta carta me dio, . también me ha dado el diamante. Ya es la disculpa importante, conociendo el dueño yo: cuya es la carta? . La firma lo dice. . Cuya será? qué podrá decir si ya su engaño el alma confirma? Vuestro esposo el Duque de Ferrara. Ay Cielos, qué traición! Villano, di, quién te ha dado aquesta carta? . Un criado de Carlos hay ocasión de pena en ella? . Bastante. Mostrad. . Quita. Si la guardáis, en esto me declaráis, que es más falsa que el diamante. Pero no, mal lo he advertido, la mano a quien le entregué, solamente falsa fue, que la carta no lo ha sido. Pues como el diamante yo os le dejaráis quitar, no publiquéis que hay pesar, donde gloria el alma halló. Pues cuando excusar quisierais, que yo la leyese aquí, al viento en piezas así, sin guardarla, se la dierais. Qué es esto! a mí os atrevéis, villano? Guardas, criados. Señora. Oh necios cuidados! dejadme, qué me queréis? Ay de mí! que inadvertido . he publicado mis celos, por excusar sus desvelos, y mi enojo la ha rompido. Tú nos llamaste. Idos luego: todos mis locuras ven: aguardad, prendedle. . A quién? Qué mortal desasosiego! . a Carlos? . Dame la muerte. Presto el castigo os darán: Qué hechizo tienes, Don Juan, que nunca acierto a ofenderte? esa eral tes ena taa ta

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Si furia violenta ha sido, mal perdida libertad; si loca temeridad causa de haberte perdido: si fácil pudo el oído abrir puerta a tantos daños, ya pueden los desengaños conocer a la razón, pues tantos los daños son, que han causado los engaños. Señora de qué ocasión estos extremos proceden? Qué causas provocar pueden tu pecho a tal sinrazón? Qué duda qué confusión has sembrado en tus criados, pues cuando salen turbados, y a tus voces respondieron, sin saber a qué salieron, quedan con nuevos cuidados? Qué furiosa los llamaste publican, y que después les das a entender, que es Carlos con quien te enojaste: Si allí con Don Juan hablaste, si con él enojo tienes, si a ser la Condesa vienes, podrá dar que sospechar, ver, que a quien te da pesar, das favores, y desdenes. Pública es ya mi pasión, . buenas mis locuras van, Amor perdone y Don Juan, que primero es mi opinión. Esta ha sido la ocasión del pasado desatino; mira tú por qué camino pudo a mis manos venir, y si debo no sentir los daños, que ya imagino. Castigue tu libertad el ver a quien se la ha dado, si ya no te ha castigado tu misma facilidad: No tiene otra calidad el enojo que he tenido; mira si bastante ha sido, pues te imagino mi hermana, cuando tan loca, y liviana con hombre tan mal nacido::- Desdichada he sido, ay Cielos! . ha Español de baja suerte! Don Juan, pues no he de quererte, no es bien que me maten celos; . con estos necios desvelos también le despreciará Laura, y él conocerá que es en mi cierto el rigor, sino me descubre Amor, que a pocos lances podrá. Su castigo dilaté, por no darle causa allí, que conociera de mí, que yo estas locuras sé; mas yo le castigaré, y antes que crezca la llama, daré al olvido su fama, que es muy soberbio Don Juan; mas como durar podrán los desprecios en quien ama? Guardas molestas, apartad, qué es esto? Guardas vienen por mí con tanta priesa? No temas, necio, que la causa ignores. Tus locuras anuncian mi desastre: tú harás que dé con la embajada al traste. Yo sabré ahora si le dio la carta. . Cielos si a Federico no estimara, . con cuidado la carta no guardara. Nunca he llegado a verme tan cobarde. Carlos, de qué teméis? No sé, por cierto. Llegad. Qué me mandáis con tanta guarda? que para mi es azar tanta alabarda. Gracioso desatino de mi pena! como a mis voces acudieron todos, y les mandé que a Carlos me buscasen, de esta suerte le traen: su cuidado risa te puede, Laura, haber causado. Este villano pena ha de causarme. Mucho mirarme es este sin hablarme! otras veces mejor me recibían, no me dan silla, no, como solían: algo hay. . Pues Carlos? Es para mañana cuando pensáis Condesa, despacharme? que el Duque mi señor priesa me ha dado, y vos también, pues no os habéis casado. Priesa os da el Duque? (be. Cartas he tenido, no está muy bien con vos, según me escri- Conmigo no está bien? Verdad os digo: dice que defendéis a su enemigo, que le deis a Don Juan preso al momento, y si no que en lugar de tan ruin trato os ha de dar un muy bellaco rato. Esta es su carta. No pretendo verla. Yo contra mí le escribo, amenazando mi vida; ni le pesa, ni ha leido . la carta: quien no teme, no ha querido. Buena ocasión, Don Juan, para perderte, si mi mal remediara con tu muerte: qué criados tenéis? Fabio, señora. Quién es Fabio? Llegad: aqueste es Fabio. Creciendo va mi pena con mi agravio. . Este es el de Ferrara: su desprecio . conozca ya Don Juan, aunque pudiera conocer de mi amor la llama fiera. Fabio sois vos? . Ay Cielo! Y vuestro esclavo. En mucho estimo, Fabio, aquella carta. Cierta es mi dicha. Y mi desdicha cierta. Alzad, y escucha, hermana. Temer puedo, sin duda saben ya todo el enredo. Él de Ferrara? . El mismo. Extraña cosa! La respuesta daré. . Pena rabiosa! Para esto me llamáis con tanta priesa? para esto tanto ruido, y tanta guarda? Tratome, sin tratar de mi despacho, no como a Embajador, como a un Gaba- Fabio Fabricio la ocasión ha sido: (cho. venid, señor, en esto me habéis puesto, (. yo os juro a Dios, que yo os despida presto. Señor Don Juan, yo estoy agradecido, de que dieseis la carta a la Condesa; el premio que ofrecéis a mi cuidado, es el que con mis brazos yo os he dado: qué me huelgo, Don Juan, de haber sabido quién sois, y que Español hayáis nacido! Fabio, no hagáis a mi lealtad ofensa, la carta a Claudía di con mucho gusto, que yo la di cumpliendo con mi oficio, y no por interés; antes quisiera, que aquella carta, Fabio, un Reino os diera. Con eso me dejáis más obligado, es de Español en fin, la cortesía: yo os prometo, que hasta hoy no había sabido, que estáis del de Florencia perseguido; mas teniendo Don Juan, a la Condesa, y a Fabio aquí no os de cuidado nada, que aún os puede servir algo mi espada. . Quién dice que el desengaño después de hallado no mata, que se pierde todo el bien cuando el enemigo acaba! Qué importa que el desengaño permita en el mal templanza, si antes que pasen las penas, el gusto, y la vida faltan! Vida los engaños son, pues gusto en ellos se halla, los desengaños son muerte, pues tantos tormentos causan. La carta tomó con gusto: o como el alma buscaba engaños para vivir, pero con ninguno hallaba! que cuando la carta entonces mis daños aseguraba, el ver hoy a Fabio aquí, el ver que Claudía le llama, que con los ojos admira, que con sus rayos le abrasa, no como a mi dando muerte, sino luces soberanas; porque le hablase y dijese, que la respuesta (oh tirana!) de la carta le daría, señales ciertas y claras son de que nunca me amó: no me engañáis confianza, que no se declaran tanto los desprecios en quien ama. Los daños que amor ha hecho los desprecios satisfagan: . válgame el rigor aquí, no lleve Don Juan a España la gloria de haber pensado, que la Condesa le amaba: Váyase a España Don Juan, que llevar vida le basta. Secretario escucha advierte. . Vuelves a matarme ingrata? Escucha Español soberbio, que tus locuras me matan: Ya sabes que el de Florencia hoy por cartas me amenaza, sino te entrego. . Es así: o enemiga, si llegaras a conocer que soy yo! Pues quien sangre noble alcanza, ni se sujeta al temor, ni emprende bajas venganzas: Yo he prometido ampararte, que no ser así, bastara el haberme tu servido. Esta noche, antes que el Alba le abra las puertas al Sol, te espera una fuerte escuadra, para que en salvo te ponga. Mi pena está declarada; . pues me envía, no me quiere, que nunca de lo que ama, quien lo estima lo desdeña. Vete a España, o vete a Francia, donde más seguro estés, que yo para esta jornada te daré lo necesario: Dios te guarde: (ay pena extraña! . como es posible que tenga tan grande rigor quien ama!) Señora, aguarda. Qué quieres? Yo me voy. A que te vayas, Don Juan he venido yo. Y quieres tú que me vaya? Vuelves a estar loco? Advierte, que será menos desgracia morir, que perderte a ti: mírame, vuelve la cara. Ojos no le obedezcáis, . que para escarmiento, bastan los daños que he padecido, y ojalá que se acabaran! Que en fin me he de ir? Eso ignoras? no te está muy bien? No, Claudía, ni es bien que por adorarte llegue yo a perder tu gracia. Porque te estimo te ofendes? porque te quiero te agravias? porque peno me castigas? guardas, y criados llamas contra mí? con qué intención aquel rigor publicabas? para matarme, Condesa, no eran menester tus Guardas. Mal mi dolor advertiste, pues con vida me juzgabas: fue mucho que me atreviese? fue mucho que si te amaba, que temiera allí mi agravio, cuando fuego el alma exhala? No me quitaste el diamante? fue mucho que te quitara la carta, que no me diste, y con cautela guardabas? No soy yo tu Secretario? de oficio no me tocaba, que tú la carta me dieras? pues por qué me la negabas? No hablaste a Fabio? qué Fabio es este que está en tu casa? mas es que Fabio, Condesa, mucho el alma se declara.) . Hoy no le hablaste, y dijiste, que la respuesta aguardabas? Pues qué disculpa me das? qué abono contra esto hallas? el echarme, el despedirme, el desterrarme pues mandas, que me vaya antes que el Sol abra las puertas al Alba. Que se rinda ya el furor! . que las defensas se acaban! que el fuego que encierra el pecho quiera ya arrojar las llamas! Negadle la entrada, oídos, no le escuchéis que os engaña, que son balas del honor las que parecen palabras. Yo vine como tú sabes; escucha, que bien declaras, que está ya cansado el gusto, pues de escucharme te cansas. Vine a ampararme de ti, y tú piadosa me amparas; que a mostrar rigor entonces, el que hoy tienes no admirara. Vi en tus ojos no desprecios, no el rigor con que me matas; favores sí pues con risas allí me lisonjeabas. Bien me acuerdo, y bien te acuerdas, cuando entre mortales ansias, publicando estos cuidados, desmintiendo estas mudanzas; bien me acuerdo que dijiste con razones disfrazadas, que quisieras que tu estado gozar mi amor no estorbara, y que más gusto tuvieras siendo una pobre villana: No lo niegues no te afrentes de confesar que me amabas, que no hay desigual amor si se conforman las almas: demás, que mi calidad a la tuya Claudía, iguala: mas yo me iré, pues me envías, yo, pues tú me desamparas, yo pues burladas he visto tan seguras esperanzas, yo me iré a llorar desprecios, yo me iré a darle venganzas a mi vida con mi muerte, y yo me iré::- Calla, calla, déjame no me persigas, tirano Don Juan, ya basta; déjame, Don Juan, qué quieres de una mujer desdichada? . Muerta esperanza, volved, que muy en flor os cortaban; volved, Duque a tener vida: Voy a escribirle más cartas contra mí, que de esta suerte los intentos penetrarla podré, y podrán muy poco los desprecios en quien ama. . Fabio no vengáis conmigo; bien dicen que los criados enemigos declarados son. . Pues soy yo tu enemigo? Cuando no os he menester. En qué os ofendí señor? Hay tan notable rigor! es por fuerza que ha de ser? Aunque ya para este intento . no he menester a este loco, con él me entretengo un poco: me estimas que no lo siento? Duquécito socarrón, ya la flor os entendí. No es bien despedirme a mí sin haber dado ocasión. Ocasión no me habéis dado? pues, vergante, no lo ha sido haberme aquí respondido, no haciendo lo que he mandado? No es ocasión que yo diga, que a este Don Juan me sigáis, y que la causa sepáis si con favores la obliga? Señor, lo que mandas hice; más nunca he llegado a verlo. Pues el que llega a saberlo, no hace nada si lo dice. Los que un delito no saben, publicarle no es razón. Los criados, picaron, dicen más de lo que faven: a palos yo le he de echar. Y no es ocasión también, así lo he de publicar, el venirme aquí a engañar con la cadena? ya sé que es hurtada, y he sabido por qué causa habéis venido a servirme; solo fue por robarme vuestro celo, conozco sois un ladrón, que hoy me ha faltado un jubón, que era de mi bisabuelo, y unas calzas, y un antojo: si un amo da en despedir, no hallará para reñir una ocasión por un ojo. Bien me tratas. Qué es aquesto? No es cosa de cuidado: un ladróncito criado, que me ha robado: idos presto. Qué fábula a mí se iguala! Fabio. Fabio? vos también le conocéis? no es por bien: idos muy en hora mala. Carlos (hay tal desatino!) por mí no se ha de ir ahora. Para quedarse él, señora, no habrá menester padrino: Yo no lo he de recibir, perdonad la grosería. Hay tal hombre! Es suerte mía, nunca le acierto a servir. Y suerte muy desdichada: Fabio por qué os ha reñido? La causa vos habéis sido. Es la disculpa extremada: yo soy causa? . Si señora, que de vos está celoso de Don Juan, y aquí furioso, porque no le dije ahora, qué favores le habéis dado, me riñó, y me despidió. Qué favores le di yo? En otra locura ha dado. Sin duda que a publicar . llegó a todos mi favor; ha vil Don Juan! mi rigor la vida te ha de quitar. De la Condesa he sabido, que a buscaros ha enviado; hablad, y no os de cuidado el amo que habéis perdido. Aunque tal señor perdí, poco, señora, me pesa, como yo hable a la Condesa. . Entiéndelo Fabio, así. Laura es esta, Amor permita, que vuelva a favorecerme, y que también vuelva a verme la Condesa. . Al alma incita. Ciego favor: Laura hermosa? Don Juan, deseaba veros, No sabré yo encareceros cuanto vive cuidadosa el alma mientras no os vi. Con el pasado favor ya estaréis Don Juan, mejor. Algún alivio sentí: Ya no os vuelvo a importunar, porque le importa a mi vida, hasta que sane la herida, el remedio continuar. Pedireisme otro favor? Es fuerza. . El qué os he dado? En el alma está guardado. Pues con cuidado mejor no se guardará en el dedo? Menos guardado estará. Mirad que guardado está: conoceisle? . Apenas puedo. Que tu lengua disfrazase, villano, tan gran traición? y que mi loca pasión por noble te acreditase? que llegase yo a creer tan descubiertos engaños? que tan manifiestos daños no pudiera conocer? Tan poco valgo contigo? tan poco merezco yo, que tu lengua no temió, con tu maldad, tu castigo? Don Juan, también yo colijo, quien eres. . Señora mía::- Mirad, qué valor tenía quien a Carlos se lo dijo. Escúchame. . Quita, infame, huye de verme, tirano, antes que villana mano esa vil sangre derrame. . Bien ese enojo me está, bien podéis pasar, recelos, pues la Condesa sus celos a voces pública ya. Decid quien sois, Duque Alberto, pues la Condesa os adora: mas ay Cielo! Hoy, señora::- Federico esto os advierto; que toca en infamia mía, el venir vos de esta suerte, y que os mandaré dar muerte, si aquí ya la cortesía no llega luego a enmendar lo que erró el atrevimiento. Yo, en fin de mi casamiento no puedo ahora tratar; falte de Palacio luego, antes que muerte te den. No puedo escucharlos bien. Cuando a obedecerte llego, dame, señora, un favor. Porque te vayas, si hiciera. Contento con él me fuera, pues me asegura mi amor, que dura es esa inclemencia, hasta verme tan dichoso, que llegue a hacerme tu esposo el gran Duque de Florencia. . Don Juan es este ay de mí! mas por qué temo a Don Juan? Antes, Claudía, escucha ya en mi muerte últimas quejas, no porque pretendo hacer mi mal con ellas menos fuerte, que cuando las esté la causa viendo, en agravios el alma las convierte; mas las quejas, los daños van creciendo, menos tormento fuera no decirlas, cuando la misma Laura llega a oírlas. No es Fabio, ya lo sé, con quien hablabas, el Duque de Ferrara Federico, es, Condesa, a quien tu favor le dabas, cuando un volcán rabioso alpecho aplicos yo te vi que sus dichas aumentabas, yo te vi, mis desprecios multiplico, no es Fabio el de Ferrara, que encubierto, y con tu mano aquí, Claudía, me ha muerto. Ya, pues, está segura tu mudanza, ya, pues, se ha declarado tu inclemencia, ya, pues, tal golpe priva mi esperanza, tal favor más ofende mi paciencia: yo mismo te daré cruel venganza, (cia, yo mismo he de entregarme al de Floren- que en las penas, que encierra el hondo abismo, no hallaré más tormento que en mí mismo. No te engañen, Don Juan, ciegos desvelos, vuelve Don Juan que mandaré matarte, escúchame, Español: viven los Cielos, que yo de mí no puedo ya librarte! Ya te he dado a entender, que no son celos, agravios sí; no quiero ya escucharte, que si te escucho volveré a creerte. (te. Guardas, seguid a Don Juan, dadle la muer- Seas, Ricardo, bienvenido: de camino me hallarás para Florencia. . Podrás, si Alberto la causa ha sido, excusar esta jornada. Ya sé que me estás burlando, y que estás también culpando sospecha tan mal fundada. Ya, Ricardo, cierto estoy, de que Don Juan no es Alberto, ya de mi dicha estoy cierto: venís a Florencia hoy? Señor, como me mandaste, te obedecí, y te serví: hoy te has engañado aquí, primero no te engañaste. Duque Federico, advierte, que es el mismo Duque Alberto ese Don Juan encubierto. Qué dices? Que de esta suerte, tu misma industria siguiendo, vino a ver a la Condesa, y que en una misma empresa estáis los dos compitiendo: que aunque encargó con rigor el secreto de esta ausencia, es más público en Florencia su amor, que el tuyo señor. Pues el Duque no ha tratado con Claudía mi casamiento? su engaño, Ricardo, siento, no que loco haya intentado ser hoy mi competidor: yo hablaré a la Condesa, que no es tan suya la empresa, cuando gozo su favor. A Don Juan mandáis prender? con Don Juan tan inhumana? De estos disgustos hermana, no sé qué llegue a entender; que un criado no obligó a semejantes enojos, y dice Amor en tus ojos, que es Don Juan quien te los dio. Tú los enojos me das, y tú quien me afrenta eres. No te afrentes, si le quieres, que bien disculpada estás. Di, Condesa, qué ocasión te obliga a tratarme así? por que me prendes aquí? Dejadle. Qué confusión! qué me quieres de esta suerte, si estás, Condesa, ofendida? para qué guardas mi vida? manda que me den la muerte- Estamos buenos ahora? ya con tiempo te avisé. Qué dices, Carlos? . No sé, que hoy llega el Duque, señora, que hoy en tu casa ha de entrar, y que está tan enojado, que sino le has entregado a Don Juan te ha de pesar. Qué desdichada que soy! Vive Dios, que me mareo, cuando tanto embuste leo; qué enredo ha de ser el de hoy? Que te prendan has dejado, y a mí me mandas, que apriesa avise aquí a la Condesa, que hoy vienes a verla airado? Claudía permites cruel, que al Duque vaya a entregarme; más debes asegurarme, para hacer paces con él. Cuando tu enemigo, Don Juan, te acobarda, mi piedad te aguarda, huye su castigo. Escribirte quise, que te quise bien; pero mi desdén de mi amor te avise. Publique el dolor la escondida llama, que callar quien ama, es muerte mayor. Cuando no juzgaste, que podía perderte, podré aborrecerte: ay, qué mal pensaste? Mas ya en tu partida, pues sin alma quedo, negarte no puedo, que eres tú mi vida. El Duque agraviado de piedad carece, y a tu cuello ofrece cuchillo enojado. Ya es fuerza, Don Juan, que te he de perder, no llegue yo a ver, que muerte te dan. Hoy el de Florencia viene, a que te entregue, no esperes que llegue, teme su inclemencia. Parte con la gloria de que te he querido, que nunca el olvido llegó a mi memoria. Huye, pues, Don Juan, tan ciertas ofensas, que ya mis defensas no te librarán. El peligro advierte, teme al de Florencia, aunque con tu ausencia más cierta es mi muerte. Llegó mi esperanza al puerto, halló el fin que deseaba. Todo esto se remediaba, con decir que eres Alberto. Condesa, no como Fabio, como Duque de Ferrara, pues tu rigor se declara, vengo a declarar mi agravio; aunque si el engaño ha sido quien estos yerros causó, solo del engaño yo vengo a quedar ofendido. Pero cuando el desengaño presente señora, está, conmigo os disculpará, ver que ignoráis el engaño. El engaño es vuestro aquí, Duque, que el agravio es mío: pues qué es esto? . Un desafío, que toca a Don Juan, y a mí. Vos, Condesa, al Duque Alberto mi causa habéis remitido, y yo aunque de él ofendido, paso por este concierto: mandad la sentencia dar, pues está en vuestra presencia. Quién? El Duque de Florencia. Abrevió. . Mas si excusar queréis disgustos aquí, pronunciadla vos que Alberto solamente ha descubierto sus cautelas contra mí, pues a un truhan he fiado la dicha que me prometo. Hola, Fabio, más respeto, mirad que sois mi criado. Federico mis cautelas de las tuyas han nacido, de una calidad han sido los engaños, que recelas; que si es amor quien te obliga, y aquí así te disfrazó, amor también me obligó a que tus intentos siga: mas no por eso he faltado a mis palabras por ti, a la Condesa escribí, y encarecí tu cuidado. La elección ha de ser suya, que aunque la confieso amar, yo no pretendo estorbar dicha, que ya llamas tuya. Descubrir su obligación de esta suerte pretendí, o por no agraviarte a ti, o por no errar la elección. Aún no imagino que es cierto, con llegarlo a confesar, vuestro engaño, a pronunciar sentencia, Duque, no acierto; los dos me habéis ofendido: burlando vuestra esperanza, alcanzaré la venganza del agravio recibido. Escuchad, pues, la sentencia: Laura, al Duque de Ferrara, digo, tu favor le ampara, que es mi esposo el de Florencia. La difinitiva ha sido, no hay que apelar. Oye, espera, mi loca esperanza muera; pero si te he merecido, la perdida es ya menor. Tu esclava soy. No esperé, a la gloria que hoy gocé, llegar. . Y al Embajador, supuesto que no se casa, qué le toca? Tus cuidados premien doce mil ducados. Vitor ya no ha sido escasa la merced, iré a gastarlos a España, y me llamaré, a donde quiera que esté, el Embajador Don Carlos. Esta grandeza la fama publique. Y en bien tan cierto canten con glorias, Alberto, Los desprecios en quien ama.