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Texto digital de Aborrecer lo que quiere

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Atribución tradicional
Juan Pérez de Montalbán
Atribución estilometría
Juan Pérez de Montalbán Segura
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Aborrecer lo que quiere. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/aborrecer-lo-que-quiere.

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ABORRECER LO QUE QUIERE

JORNADA PRIMERA

Sentir el mal es de sabios, mas no ha de ser de manera, que el sentimiento prefiera a la razón. . Los agravios del alma, se sienten más; que como es exhalación del pecho, y al corazón se allegan, siempre verás que forman guerra civil, tan travada, dura y fuerte, que aún no es bastante la muerte con su ardimiento sutil, a deshacerlos: yo amigo, estoy conmigo tan mal, que es mi enfado sin igual en las desdichas que sigo. Cuando de Valladolid vienes a ver a tu esposa, tan gallarda y tan hermosa, con tal industria, y ardid, que la seña que traías para que te conociera, quisiste que me pusiera; te afligen melancolías? No te ha parecido bien? Pluguiera al Cielo; oye atento, y verás el fundamento de mi mal, y de mi bien. Ya sabes, amigo Fabio, que me escribió el Conde Alberto, que con una deuda suya, que en hermosura y ingenio excede a las de Madrid, con atributos de Cielos, dejando siempre lo más, suelen elegir lo menos. Me cásase, que tenía para hacer el casamiento, cien mil pesos ensayados en su casa, sin empleos. Mas que mediana riqueza; pero como no tenemos en el arte de querer acción en nosotros mismos. Para venir a las vistas dispuse piadoso y cuerdo, que un broche que yo tenía de ponerme en el sombrero, para que me conociera, te le pusieses, haciendo galantería del gusto, desaire del ardimiento. Llegué a Madrid disfrazado, tan a mi costa, que pienso que me ha de costar el alma, sino prevengo el remedio. En efecto (ay Dios) llegamos con aqueste fingimiento, a donde estaba mi esposa, o mi muerte, que es lo mismo. Y vide (ay amigo Fabio) un epilogado cielo que la asistia, tan sol, que mendigo sus reflejos para tener luz alguna; pues de la suerte que Febo, mayorazgo del celeste globo, de los alimentos que le sobran, da a la Luna, y a las estrellas sustento; así este sol disfrazado, este encubierto veneno. Este rayo sin aborto, esta cometa sin fuego, dio algún aliento a mi esposa, de su hermosa luz, lo vemos. Y el tenerla junto a sí, fue providencia de ingenio, para poder usurparla un pedazo de su cielo. Quedé al verla tan confuso, tan admirado y suspenso, que les pregunté por mí a mis mismos pensamientos. Quise mirar a Ysabela, pero como soy de acero, y ella imán, sin duda alguna que me lloró tan violento los ojos, que absorto en ella la reco nocí por dueño. Pasaste plaza de novio con ellas. Pluguiera al cielo, pues me importaba un ahogo que tiene oprimido el pecho. Mientras tú estabas hablando con Ysábela, resuelto llegué a hablarla, y no fue poco el tener atrevimiento de llegar a hablar, mas son milagros de aquel díos ciego; hallé en el modo de hablar un proceder tan honesto. Tal compostura, tal gracia, que cuando tuviera menos de hermosa, la idolatrara, solo por su buen ingenio. Y pues has sabido ya la causa de mi tormento, la desdicha que me sigue, la borrasca en que me anego. Escucha, y sabrás también lo que has de hacer, advirtiendo, como verdad infalible, que me va la vida en ello. Pregunté a un criado suyo quien era, y prudente y cuerdo satisfizo a mis preguntas, que era su prima, y que el cielo le dio hacienda en cantidad, y esto es lo que importa menos, que no repara el amor en oro, si es verdadero; que se llamaba Rosaura, y que está lo más del tiempo con su señora en su casa: con aqueste atrevimiento le di un billete a Tomín, y aquí la respuesta espero escrita en el nombre tuyo; porque si fuera tan necio que en mi nombre le escribiera, estando ya el casamiento de su prima tan cercano, cerrara a mis pensamientos el paso, sin dar lugar a más disgustos ni empeños. Tú pues, con el nombre mío has de proseguir, diciendo que eres Lisardo, en su casa, a sus padres y a sus deudos. Y yo y Fabio, y de este modo se irá dando tiempo al tiempo, hasta ver si hallo camino de gozar mi amado dueño. Y si por tu intercesión, y hacerme este gusto, llego a tanto bien, Fabio amigo, si hallo en mis penas remedio. Tendrás un esclavo en mí, que de contino, asistiendo a tus gustos, rinda el alma a tus gallardos intentos. Esta es la pena que paso, este el disgusto que tengo este el mal que me amenaza, esta la muerte que espero. Este el remedio que trazo, este el bien que considero, este el gusto que procuro, este el regalo postrero, y está la Aurora que elijo por diosa de mis deseos. Rigurosa empresa sigues, pero como es el consejo dudoso en esta ocasión, ni lo concedo ni apruebo, porque si ya tiene dada su palabra el Conde Alberto en tu nombre, será error imaginar deshacerlo: pluguiera a Dios que me hiciera tan venturoso los cielos. Para las dificultades son los valerosos pechos, que el que no hace más que otro siempre es reputado en menos, que si llegara a Madrid, y viera a Rosaura, siendo sin inconveniente alguno, que me debiera a mí mismo? Demás, de que yo la adoro tan constante, y tan entero, que era el quitarla el valor no costarme ningún riesgo. Y así para que se añadan obligaciones de nuevo, bueno es que me cueste mucho, pues podré tener derecho para decir que me agravio, si por desdicha la pierdo. Yo apostaré que imaginas (en la cara te lo veo) que vengo favorecido de Rosaura, si por cierto, en eso estamos: Pues cómo, no diste el billete? . Bueno, soy desgraciado en billetes, desde que nací profeso de esta aversión natural, yo ninguna culpa tengo si es influencia de estrellas. Tomín no seas grosero, sino dime lo que ha sido. Al caso voy, está atento: llegué a casa de Rosaura. Y en llegando? . Llamé. Abrieron? Pues no me habían de abrir si llamaba, somos negros? Prosigue, no seas cansado. Salió una niña berrueco, que por ser el día turbio se conjeló de bostezos. Sin poder llegar a perla, díjele alegre y risueño, mas que fraile convidado: quería hablar a su dueño. Respondiome muy mirlada de apariencia, caballero, mi señora queda ahora con ciertos impedimentos colegiales, y no puede entrarla a ver. No lo entiendo. Que estaba con su costumbre, vestida como mazero. Y eso que me importa a mí? Mucho; porque iré diciendo lo que pasó, sin que falte una tilde. . Di. . En efecto, dile el popel. . Y tomole? Sí; pero dije primero, que era una brava recera para tolanos. . Pues necio, tiene Rosaura ese mal? No lo sé, mas con el tiempo no le pudiera tener? Estuvo un rato allá dentro, y después de haber habido mucho ruido y estruendo, sobre llevar el papel. Como que estaban riñendo (bravo tartago le doy) Qué ofensa puedo haber hecho en escribirle? . Salio, y me dijo a vuestro dueño le decid, que mi señora le envía aqueste, advirtiendo que no envie más papeles en su vida. . Pensamiento, no le deis tormento al alma con mis confusiones, leo: Estimo de suerte, forastero galán la oferta: cielos que escucho! Abajo viene lo bueno. Que me holgara no ser ajena, pa ser vuestra; pero podéis creer que te dréis eternamente en mí quien sacris que su voluntad a la vuestra. Ay tal dicha? ay tal ventura? hay tal donaire? mil besos daré al dichoso papel donde llegaron sus dedos. vecio, pues esto traías y callabas? Yo me entiendo; quise darte malas nuevas al principio; porque luego, con el gusto de las buenas. fuese mayor el contento. Por ellas te doy Tomin el perdón. . Si a todo eso de perdones y alegrías, añadieras algo bueno, lo estimara en mi conciencia. Toma este diamante. . Apelo para los mil y quinientos, y sea juez de mi pleito un boticario de mosto, con acesor de sarmientos. Con justa causa estimáis el papel, que viene lleno de mil favores. . Amigo, si favorece mi intento Rosaura, llueva el mundo inconvenientes, y riesgos. Qué constante en adorarla, inmortal contra los tiempos, seré suyo eternamente, aunque pese al Conde Alberto, A Ysábela y a su padre, que si en tanto bien me veo, Cricio idólatra seré para adorar a mi dueño. Plega a Dios que no nos cojan entre puertas como a perros; y con un garrote liso de encina, robre, o enebro, nos saluden las costillas, para ejemplo de otros necios. Tanto estimo a Ysabela, que en su remedio el alma se desvela, pues fuera de lo deudo, es tan hermosa, tan bizarra, y airosa, tan compuesta en su modo, que no le falta nada para todo. Pero de haber de dalle esposo que la iguale en brío y talle, no pienso que he elegido mal; porque Lisarso es escogido, valiente, generoso, bien dispuesto, galán, afable en todo, y muy modesto. Hoy estuvo conmigo, y lo puedo decir como testigo; pues hacienda y nobleza, yo pienso que le dio naturaleza lo que basta a su estado, estoy contento, la prevención dilata el casamiento. Viniendo por tu mano, generoso blasón del Castellano. no pudiera ser menos; pero ha sido género de extrañeza, haber venido oculto y disfrazado. Pues eso, padre, os puede dar cuida- quiso ver a su esposa, y no le culpo (do? antes bien la disculpo; que como el casamiento es el empeño. mayor del alma quiso ver su dueño, primero que le viera, y no es cordura a este acierto dar nombre de locura, Decidme, está gustosa Y sabela? Pues no? y muy deseosa de besar vuestra mano. Cuando en servilla tanto gusto gano, bien merece mi amor esa fineza, pero yo la iré a ver, que la belleza tal privilegio tiene. Lo que a mi gusto, a mi honor conviene, es que conozca, pues mi dicha sella, en mí un criado, y una esclava en ella, que obedientes, señor, a vuestro gusto, siempre os sirvamos. Reconocer es justo la buena voluntad, Esa os ofrezco eternamente, y pues que ya merezco tal bien como decís, las dilaciones suelen causar pesar, que prevenciones mi yerno a menester cuando se casa? no tengo hacienda yos no tengo casa? disponga de ello como cosa suya, y aqueste casamiento se concluya; que ya deseo ver bien empleada mi hija; y que a su gusto esté casada. No se puede hacer todo tan aprisa, que aunque tal dicha en ello se interesa; es menester primero prevenirse de cosas. . Ya no espero en mi vejez cansada falta alguna, si este bien me concede la fortuna. Es sola mi Isábela, y aunque muerta su madre el corazón ansias despierta; ninguna falta ha hecho a su virtud, sospecho cuando mi mucha edad la muerte espera, que está mejor casada que soltera. Bien me parece todo, padre vamos, y la instrucción de todo resolvamos. ̱. Vamos señor, y en mi fatal desvelo, que os conserve mil siglos ruego al cielo. En esta hermosa ribera, donde con violencia suma, hay tanto orfeo de pluma, tanta alegre primavera. Rosaura amiga quisiera, comunicarte en mi suerte mi desdicha, que es tan fuerte, que en mi esperanza perdida, lo que me alivia la vida eso me sirve de muerte. Anegado el pensamiento en mil imaginaciones, con mal formadas razones declara su sentimiento; no me pueden dar tormento estas flores, ni alegría las fuentes, que en armonía sonora, yacen sin susto, la noche me da disgusto, cuando me entristece el día. Nada me contenta, ay cielo; porque es tanto el mal que paso, que con mi nieve me abraso; y con mi fuego me hielo; un insufrible desvelo no me deja resistir tanto anhelar y sufrir; fortuna en que ha de parar, acábame de matar, que ya me cansa el vivir. Tanta desesperación, de qué puede proceder? De querer, y no poder, esta es la sola ocasión. Pues en tu imaginación, Y sábela, que has perdido? Bien Rosaura has discurrido en mis penas, mucho pierdo, pues pierdo un amante cuerdo, y gano un necio marido. No te ha parecido bien tu esposo? Ay Rosaura mía, si me desposo, ese día verás mi muerte también. Fuerza es templar el desdén, pues que ya ha venido aquí para casarse. Ay de mí! para matarme dirás. Pues cómo lo excusarás? Yo se cómo, escucha. Di. Bien sabes tú que ha tratado con muchas verás el Conde Alberto; que corresponde a quien él es, darme estado, y que para esto ha llamado este Lisardo. Es verdad. Diciendo que en cantidad tiene hacienda, que es airoso, galán, cortés generoso, y me tiene voluntad. También quiso que eligiera día en que verle pudiera, y habiéndome de poner una banda lisonjera, para que me conociera, y él un broche en el sombrero, te la puse a ti primero, y con nombre de Ysabela te habló, engañosa cautela, de quien mi remedio espero. Pues oye, también sabrás mi mucha pena y fatiga, y en efento como amiga, en todo me ayudarás; que bien conocer sabrás. que no guarda eternamente ley el amor, ni consiente escrúpulos en el gusto. Di Ysábela tu disgusto, pues escucho atentamente. Pues por no cansarte más, a Fabio estoy adorando, padeciendo y suspirando por él, de hoy más me verás; es mi bien, y así sabrás que es mi esposo, él se desvela en quererme sin cautela, siglos los momentos cuenta: Espera, que haces la cuenta sin la huéspeda, Y sabela. Que son desvanecimientos, pues ofendes sin prudencia de tu padre la obediencia, del Conde los pensamientos, y unos honrados intentos en mí, pues te casarás con Lisardo, y dejarás a Fabio, porque Lisardo: Pensarás que me acobardo, pues ahora le quiero más. Comodidad no más fuera, si cuando tanto le adoro, y por su ausencia lloro, sin estorbos le quisiera; amor que no persevera a pesar de inconvenientes, no será bien que le cuentes por amor, que viene a ser querer solo por querer, sin disgustos ni accidentes. Un papel he recibido, y en su nombre, lance cruel, papel, que siendo papel, aliento a el alma ha influido; leile, y le he respondido, que luego me venga a ver, que le quiero dueño hacer de mi vida, y a este fin entrará por el jardín, no te espantes, soy mujer. Tú pues ya has comenzado prosiguiras la cautela. Pues no bastaba a Ysabela, haberme el alma quitado? sino aumentar mi cuidado, queriendo que sirva yo de tu tercera, eso no, déjame estar suspirando mientras te está enamorando, que también tengo alma yo. Bien es quitarme el galán, y pedirme a mi favor; hay algún duelo de amor que tal permita? si están engañados, bien podrán estarlo hasta el fin del caso, y pues por tu causa paso. estas penas, déjame, que yo las abrasaré, con el fuego en que me abraso. Si Fabio a ti te quisiera, podías Rosaura quejarte, pero si él ha de olvidarte, aunque tu pecho le quiera, no te ofendo. Considera los lances sin la pasión que te aflige el corazón, y verás que podía ser que me llegase a querer, sino hubiera otra ocasión. Considera tú un abismo en que peno osada y ciega, y verás como se anega mi fuego en su fuego mismo, ya llega a ser barbarismo aconsejarme, eso es cierto, y dar remedio a un muerto mas que piedad, es locura. Y si tu padre procura, cumpliendo con el concierto, que te cases, qué has de hacer? será en vano el replicar. Aún muerta tengo de estar, y de ninguna ha de ser: luego llegas a entender que de burlas es mi amor? Es ofender el honor perder la amistad del Conde, que a tu estado corresponde. Pues para todo hay valor. Pídeme tú que te dé, pues tienes necesidad, de mi hacienda en cantidad Rosaura, que yo lo haré, pero a Fabio, bien afe, (en eso el alma le estima) como quieres que reprima mi amor, si en mi debaneo, un día que no le veo me parece un siglo, prima. Sin duda vendrán aquí los dos, habla tú a Lisardo, que es muy airoso y gallardo. Pues guárdale para ti; bueno es alabarme a mí lo que a ti te da disgusto, quieres coecharme el gusto, alabando en perfecciones? Ya son vanas tus razones, pues solo mi gusto es justo. Señora, la seña han hecho abrire la puerta? . Sí. Pues voy a abrir. Ay de mí. Qué gozoso y satisfecho el corazón en el pecho espera su dueño amado. Qué cobarde y desdichado mi corazón se lamenta. Ya no temeré tormenta, Rosaura amiga, cuidado. Dónde tu señora está? Aquí a los dos os esperan, ella y su prima Rosaura. Es Lisardo? . Es Ysabela? No pases más adelante. Ay amor, dame paciencia. Fabio. . Señora. El postrero? no os lo merecen mis penas Porque el contento de veros, no me de muerte violenta, quise detenerme un poco. Mal pensada extratagema. Porque, si mi vida da aliento a la vida vuestra, (porque vos me lo escribís, que no porque verdad sea) entre alentar y morir, es mucha la diferencia. Con vuestro mismo argumento, y con vuestra razón misma, lo contrario he de provar, porque si es cosa tan cierta, Que el contento suele a veces matar a quien le alimenta mas que el pesar, y es tan grande el que en veros acrecienta el alma, bien digo yo que te mí como advertencia la muerte; pero que muerte con vos dichosa no fuera? Vos Ysábela divina cómo estáis? con mil quererlas de vuestra tardanza, ay cielos que mal finge quien desea en otra parte, . Culpáis en vano lo que os desea, el corazón, vive Dios que no me atrevo, aunque quiera a enamorarla, hay Rosaura de mi vida, quien pudiera ser tuyo sin embarazos? Señora Clara, quisiera decirla cien mil ternezas, y hasta ver de la manera que he de hablarla, no me atrevo ha decir Luna, o estrella. Mas no querrá estar tan alta; porque no se desuanezca la cabeza, y caiga abajo, bueno será ser cometa. Pero cosa de presagios, quien la ha de aprovar por buena? Sea nuve, no tampoco, que vendrá un Levante apenas, cuando en menos de un instante la mude trecientas leguas; y cansárase sin duda; porque como no está hecha, nadará mal por los aires, mejor será por la tierra, que hay menos inconvenientes, y a pie enjuto se navega. He de hablarle de tú? o de vuste? Excelencia me ha de llamar, y aún con eso no me ha de tener contenta. Pues no riñamos por eso; porque excelencia y alteza, y majestad la diré, que aunque cortesana enjerta, se bien el bocabulario de corteses palaciegas, ceremonias, esto es cierto. Sí, mas diga por su vida, que trae de allá de su tierra con que servir a las damas? Traigo muchas cosas buenas, papagayos, catalnicas, caimanes, y otras diversas cosas de entretenimiento. Pues es indiano? Pudiera, Quién divino dueño mío, puede estorbar que merezca poner mi dichosa boca en esas manos, afrenta de la cándidez más pura? Cierto respeto, que es fuerza encubrir hasta su tiempo. Impedimento hay que pueda estorbarme tanto bien? Pluguiera a Dios no lo hubiera. Pero de cualquiera suerte os aseguro que tenga vuestro amor satisfacción; porque tengo de ser vuestra a pesar de inconvenientes que quieren que no lo sea. Aunque supiera quien soy no hablara de esta manera. Cómo podré divertir mis ansias? que estratagemas podré hallar? amor me ayude; Rosaura, mira que sueña en el cuarto de mi padre ruido, y se ha oído la puerta, y viene a saber quien es. Detente Fabio, sosiega, Clara mira lo que pasa, y si es mi tío, con cuerda advertencia le dirás, que a gozar la noche fresca salimos mi prima y yo. Yo voy. Aquí nos desuellan, no lo dije yo? . Lisardo, hacia esta parte te llega. Páguete amor la lisonja. Oyes, si no fuere cierta la venida de su padre llega a hablar con Ysabela, que te aseguro que tiene conversación tan honesta, cordura, y entendimiento, y en el hablar tal modestia, que te holgarás de escucharla. Tenga muy en hora buena; que no hay dicha sin Rosaura. Ay Cielos, dadme paciencia. Prima mía, si por dicha no viene tu padre, llega a hablar, con Lisardo un poco, podrá ser que te diviertas, que tiene ingenio extremado. Solo el oírlo me altera, donde está Fabio ninguno le puede hacer competencia. Señora, mi amo está durmiendo, y tiene la puerta cerrada. Y hay luz? No hay luz. Pues qué quimeras son estas? Pareciome que le oía. El miedo finge sospechas, y para que tú no estés con sobresaltos y penas, pásate destotro lado, tu Clara ponte a la puerta. Nada imagino que acierte. Y tu divina linterna de mi vida, no temiste? Yo Tomín soy muy resuelta, no temi nada en mi vida. Pues yo sí, y es cosa cierta, que quien no tiene temor no puede hacer cosa buena. Mucho te debo Rosaura. Hartos peligros me cuestas, mas quiérote bien, no es mucho. Eso es pagar mi firmeza. Rosaura, mira que ya se esparce el Alba risueña, tirando rayos de luz, y que ya las nuves densas de temor del rubio Apolo, se retiran, y se ausentan. A ruego tuyo será. Yo por mí, pues hay que pueda darme disgusto? No amiga. Pues si no de qué te quejas? Queda Lisardo con gusto? Sí. Que mucho que le tenga con tal belleza? Es ansí, con tu dicha me atormentas. Adiós Fabio. Adiós Rosaura. Lisardo a Dios. Con el queda. Adiós mi señora Clara. dicha C Qué torme Que ve Que fr Que Ba

JORNADA SEGUNDA

jornada segunda Hablaste al Conde? Si hablé. Y qué te dijo? Qué fueses a verse luego al instante a su casa, y que advirtieses que estaba ya su palabra empeñada, que no hicieses que padeciesen desaire sus ardimientos corteses. Que era bueno para amigo, y otras cosas que no vienen a propósito a tu amor. Qué rigor, Cielos, es este Cómo he de poder mirar a Ysábela, si obediente el alma asiste en Rosaura, y se la he dado en reenes? hay mi mal logrado amor; hay estrellas inclementes, en mi penas desdichadas; como pueden; como pueden forzarme el gusto, si está mi amor constante siempre, que es inmortal con los tiempos, temor de sus altiveces, ni hace caso de la vida, ni le da pena la muerte. Flor de almendro he parecido, que apenas en sus niñeces gigantes pompas presume, a emulación de la nieve, cuando halla su sepultura en los mismos accidentes, pues caduca en su puericia, en sus fortunas alegre, apenas goza la vida, cuando ya espera la muerte. Hay males también hallados, hay tan bien perdidos bienes, yo a Ysábela? ruego al Cielo que antes que mi mano llegue a la suya, duro estoque, presagio en mi infausta suerte, venas y arterías me rompa: y si a caballo subiere, altivo y desenfrenado duro escollo represente, hasta que bajando al valle, tan hecho pedazos llegue, que el pensamiento se engañe, hasta que el rigor apruebe, y matizando mi sangre los jazmines y laureles, se engañen entre si mismos, pensando que derrepente, el prado siempre ambicioso se ha esmaltado de claveles. viste a Rosaura? También: has visto cuando amanece, salir el Alba dorando cumbres altas, prados verdes, influyendo nueva vida en las flores, y en las fuentes, pues las que son hielo puro con su aliento se humedecen. y desperdiciando perlas, de modo se ensoberbecen, que arrojadas de su centro subirse hasta el cielo quieren, a hacer al sol de sus aguas un cristalino presente. Como en agradecimiento de haberle hecho mercedes de quitarle las prisiones; que fueron eternamente roca inmóvil de alabastro, escollo armado de nieve? Pues así salió Rosaura, tan hermosa, que mil veces las flores de su jardín repetían dulcemente. Albricias, que sale el Alba; y no fue vano accidente, pues apenas le tocaba con melindres diferentes el concierto de su pie, cuando gozosas y alegres, desparramando el aljófar que guardaron en su frente, por diosa la celebraron con amorosos motetes. Y hubo flor que de invidiosa, de ver que las otras crecen por llegar a ellas Rosaura, rogó al céfiro que hiciese el oficio de verdugo, y la degollase aleve, con tal que el céfiro mismo entre sus pies la pusiese, pues con que ellos la tocaran tendría más dura suerte. Ay perdido dueño mío! prosigue. Si te enterneces; porque mi discurso torpe la ha pintado solamente, que harás, señor, cuando sepas de cierto lo que la debes? Pues qué hay de nuevo Tomín? Díjome, que te dijese, después de haber preguntado por tu salud muchas veces, que la casaban por fuerza, mas que por cierto tuvieses, que no siendo tú su dueño, que era imposible quererle. Y que para muchas cosas al caso pertenecientes, fueses a verla esta tarde, que importaba que la vieses. Porque su padre iba fuera a buscar ciertos papeles a un oficio de Provincia, y auría bastantemente lugar para hablar los dos: dijo esto, y tan tiernamente se despidio, que imagino, que ha mendigado el Oriente las perlas de sus mejillas. para ensartar en su frente. Encontré luego a Ysabela. No la nombres, si no quieres, que anegado en mis desdichas me de yo mismo la muerte. No la nombro si no gustas Que ha de ser fuerza oponerme a mi gusto, por dar gusto a un Conde, que alevemente quiso cautivarme el alma, cielos, qué rigor es este? Hay corazón, que de penas. os aguardan; ay placeres que de pesares os buscan: hay ansias, que fuertemente os aprietan el cordel, porque mueras muchas veces, hay amor como os malogran, hay alma que os enloquecen, hay pecho que os arrebatan, ay Rosaura, que te pierden mis finezas, no es posible, miente quien lo dice, miente. Vamos Tomín, que si es cierto, que suele ser tan vehemente un pesar, que imaginado quita la vida, es prudente consejo, pues me atormentan tantos, esperar la muerte. Las obediencias se ven en acreditar el gusto de un padre; justo, o injusto; fuera de esto, será bien, que habiendo su autoridad antepuesto el Conde Alberto, su intento le salga incierto, depuesta su gravedad? Y que perdamos los dos la amistad por tu arrogancia; la réplica es sin sustancia, que esto ha de ser vive Dios. Porque merece Lisardo muy dignamente tu amor, por su sangre y su valor, por su proceder gallardo. Es cosa de burla hallar seis mil ducados de renta? tu pensamiento que intenta? No sé que respuesta dar, que cobarde el corazón, lo que no es hablar de Fabio le parece que es agravio, hay fuerza de la pasión. Señor estoy a tu gusto dispuesta como obediente, miente la voz, miente, miente, que contradice su gusto. Yo se lo voy a decir al Conde, está prevenida, bien tocada, bien prendida, que esta tarde ha de venir tu esposo a darte la mano, que yo se que en el verás tu buen gusto, y que creeras que no te engaño, esto es llano. Señor, mi prima casada, no estaré yo sola bien, háblale al Conde también. Qué dices? Estoy turbada; hanme dicho que ha venido con Lisardo, un primo suyo de Valladolid, y arguyo: Ya Rosaura te he entendido; quieres que trate con él que te case. Sí señor, hazme este bien, que en rigor viene a ser cosa cruel quedarme yo en caso igual desamparada. Está bien; ate parecido bien? No me ha parecido mal, debió de ser el mirarme con ojos de mi marido. En un instante he perdido cuanto bien pudo amor darme. Rosaura déjalo estar, déjame casar a mí. Pues que te importa eso a ti si ella se quiere casar? Estará bien empleda en Fabio, yo trataré con el Conde, y dispondre tus bodas. Hy suerte airada: no le bastaba a mi amor sin esperanza morir, sino quererle añadir un rigor a otro rigor? Adónde haurá resistencia para un alma tan perdida? Cielos, quitadme la vida, o aumentadme la paciencia, Señor sea con cuidado, porque se efetue luego mi casamiento. Estoy ciego, pues tu amor no he adivinado; bien le debes de querer; porque no le previnieras tanto, si no le quisieras. No te espantes, soy mujer. Y yo fuego, que me abraso en el volcán de mis celos, a quien diera voces Cielos en las desdichas que paso? Valedme, si no queréis que anegada en mal tan fuerte, yo misma me dé la muerte. Yo aseguro que queréis que os dé lugar para dar principio a la prevención, si, que no será razón que os hallen así. Eso es dar muestras de tu entendimiento. Queda con Dios. Él te guarde. Oyes? Qué. No sea tan tarde. que salga vano mi intento. Cómo. Rosaura atrevida, oponiéndote a mi gusto, mi voluntad contradices con tan bárbaros trasuntos? Tú tienes atrevimiento, sabiendo que yo le busco con asechanzas del alma, que piadosa constituyo. De querer a Fabio, tú tratas con mi padre injusto tu casamiento, qué es esto? que bárbaro Palinuro, obstento tal villanía en sus entrañas? qué bruto torpe abortó de Liguria, parto de sus riscos duros; trató de quitarle el alma a el que por amigo tuvo? Piensas que porque mi padre, el Conde Alberto; y el mú amparen mi casamiento, forzándome el alma y gusto tengo de casarme yo? Y cuando sea, que lo dudo, a de ser Fabio tu esposo? primero los altos muros de la ciudad más constante, que ampara el tiempo oportuno, de diamantes guarnecida, cercada de adornos brutos, sin que le ultragen centellas, verás convertida en humo. Primero tendrá sosiego el páramo de Neptuno, y el que es adorno del día dejará de andar su curso: El Cielo en sus movimientos tendrá fijo el veloz punto, y producirá la tierra en vez de flores y frutos estrellas que la iluminen con resplandores confusos. Primero la más ruda fiera brivará el cristal eburneo, y será mi cuerpo alimento de sus boraces trasuntos, que tal agravio consienta, que permita tal abuso, tal ilusión acredite, ni crea tal infortunio. La que esperé que me diera alivio en el mal que huigo, de quien fíe mis secretos, siendo guía de mi rumbo, es la que a mi fe engaña, y cuando mi muerte busco, la que me tira el cordel, sirviéndome de verdugo? como los Cielos consienten tal agravio, y tal insulto? Ven acá Rosaura ingrata, contra mis males conjuro, no fuera mucho mejor coger en el cuarto suyo a mi padre, y consultar con él a solas tu gusto, tratando tu casamiento? para que yo a mi discurso dijera, tened paciencia, que a esta mujer no la culpo. Mi padre sin que lo sepa, sin duda alguna dispuso el casarla, está inocente, en vano en su ofensa arguyo, y en tal caso, aunque envidiosa, yo pasara mi disgusto conmigo misma, esto es cierto, yo te disculpara mucho. Pero delante de mí, y sabiendo que le busco, que le adoro, y le deseo, y que de Lisardo huyo, no hallo disculpa Rosaura: pero a los Cielos te juro, que has de pagarme el pesar de suerte, que en tu discurso arrepentida te enseñes a no atropellar mi gusto. Pues yo constante en mi amor, digo que si todo el mundo estorba mi casamiento con los imposibles juntos que has pintado, es poca cosa, pues ya por mío le juzgo. Poco os merece mi amor, pues tan poco me buscáis; como en Madrid os halláis? Muy bien; porque es el favor tanto, que v. Señoría desde que en Madrid estoy, me ha hecho, que siempre estoy esperando noche y día ocasión en que servir la merced que me habéis hecho. Podéis estar satisfecho que he procurado lucir con mucho encarecimiento vuestra voluntad, vos Fabio no hagáis a mi pecho agravio, abrazadme. Estoy atento a las honras de mi primo, que como es justo agradezco, cuando por ellas merezco. Creed que a los dos estimo como a mí misma persona: ayer estuvo Riselo conmigo. Pluguiera al Cielo, cuando a mi pesar abona, que antes, infelice suerte, me diera cobarde espada, que llegara a ver tratada la sentencia de mi muerte. Mirad que habéis menester, como si yo mismo fuera vuestro hermano. En todo espera mi humildad, reconocer la estimación y el favor que de mi persona hacéis. Más Lisardo merecéis, corto queda mi valor. Señor. Amigo Riselo, a buen tiempo habéis venido. Para matarme habrá sido. Mil años os guarde el Cielo; cuál de los dos es mi yerno? Hablad Lisardo, qué hacéis? Por esclavo me tendréis. Voy sois? Para mi tormento. Seáis muy en horabuena, muchas veces bienvenido, notable dicha he tenido; abrazadme, pues ordena mi ventura tanto bien; abrazadme muchas veces, hay bien logradas vejeces: abrazadme vos también, que habéis de ser, según veo, mi sobrino. Cómo? ay Dios. Juntas se harán de los dos las bodas; porque el deseo de Rosaura así ejecuto; ella misma me ha pedido que os hable, que os ha tenido por muy de casa. Oste puto. No soy yo tan venturoso, no os han informado bien. Sé que os conoce muy bien. No me juzgue tan dichoso, que mereciese su amor; mas pues decís que yo he sido de su boca el elegido, y merezco su favor, luego al instante podéis hacer cuenta que está hecho. Un volcán abrasa el pecho, desdicabs que me queréis? Tomín. Señor. Aslo oído? Pues yo soy sordo? Ay de mí, que en un instante perdí las esperanzas; corrido he quedado, vive Dios, pues me quejo justamente de un primo, que alevemente, siendo una cosa los dos, mi pena y mi muerte trata con argólicos desvelos, de una ingrata, que a celos sin resistencia me mata. A cruel, como olvidastes los hálagos que fingías? Son las mujeres arpías. Como aleve me mataste tan sin piedad? ay de mí, Tomín, ella misma ha sido quien lo ha buscado y querido. Sabes qué he pensado? Di. Si con el nombre trocado, pensando que Fabio eres, lo ha intentado? Son quimeras; mi muerte ha solicitado. No escuchaste tú a Riselo decir (a injusto desdén) se que os conoce muy bien? A señor. Pluguiera al cielo, si a mi muerte satisface, se engañara; pero no, que muy bien le conocío, muerto soy. Requiescantín pace, prevengo lutos señor, llamo sastres y cereros; haste de enterrar en cueros, o vestido? Qué rigor! Avisaré al capatero de muertos, que deje anchura bastante en la sepultura? Bien puedes, pues ves que muero, Señor, y vendrán también con su lago de pecina los niños de la dotrina? Déjame ya necio. Es bien prevenir lo necesario quien tuvo tan feliz suerte, que no han entrado en la muerte médicos ni boticarios, cuantos Conventos vendrán? Hay mal lograda esperanza. mátome la confianca. Cuantas Misas se dirán, y en que Parroquias? Villano, vive el cielo: Poco a poco. Que mi enojo manifieste, es tiempo de gracias este? Ay señores que está loco. Tú lo irás a prevenir para ti. Extraño rigor; pues quien te ha dicho, señor, que yo me quiero morir? Qué es eso? Aqueste villano. que me aflige el corazón, Señor, tiene devoción de rezar a san Cipriano cierta oración excelente, y porque se lo he acordado, aqueste enojo ha tomado, no vi hombre tan impaciente. Qué os importa? Desatinos sin causa, no me alboroto, porque yo soy muy devoto de Santos ultramarinos. Ved Lisardo, que esta tarde habéis de ver vuestra esposa, que os aguarda más hermosa que el mismo sol, Dios os guarde; háganse juntos los dos casamientos. Qué ventura; Y sábela, tu hermosura bien se logra, yerno a Dios. Él os guíe, Venid luego, advertid que ya os aguarda. Luego iré, que poco tarda el mal, perdí mi sosiego: Ven acá Tomín. . Señor, hay lamentación mental? Dale un remedio a mi mal, para que en tanto rigor venga de un golpe tan junto que me acabe de matar. Pues señor vete a casar, y moriras luego al punto. Tanto, que un hombre decía, (discreto a mi parecer) que en viéndose con mujer luego al punto convenía por acción dificultosa, todo el Clero prevenir, porque casarse y morir todo es una misma cosa. Pues ya si la tal mujer es melindrosa y cansada, muy celo say entonada, que la espere Lucifer. Hay cosa como mudar cada semana la suya, y cantarle el Alleluya un Sabado a merendar. Porque aunque va despachado para el infierno a penar, todo se puede llevar solo por no ser casado. El discurso es como tuyo, hombre al fin de baja suerte, Pues cásate, y en tu suerte verás del modo que arguyo. Qué es casarme? mal conoces mi amor en todo constante, y mi furor que es gigante nada mira, daré voces, quejándome de la ingrata que el alma me cautivó. Sabes que hiciera yo? una Rosaura de plata, que en mi aposento estuviera. Sin alma fuera veneno. De plata y sin alma, bueno, o que gentil borrachera; si lo oyera un Ginones ya te hubiera respondido, que eres un loco perdido. No te pido que me des esos consejos villano, cuando ves que absorto en calma tengo atravesada el alma. Soy por dicha cirujano? Ahora bien, esto ha de ser. Sea muy en hora buena. Pues sabes tú lo que ordena mi amor? Elo de saber por arte mágico yo? Pues qué ha de ser majadero? Lo que tú quisieres quiero. Mira Tomín, pues faltó contradiciendo mi gusto, en Rosaura amor y fe; no será bien que le dé casándome este disgusto? y que por lo menos vea lo que siento su traición. Si señor, tienes razón, pero cuando aquesto sea, el castigo es para ti. Pues qué remedio he de hallar? Ve a su casa y dile, Qué? Qué es fea. Cómo podré, si el sol se puede afrentar en llegando a conocer su cara calle tu labio. Este era el mayor agravio que se le podía hacer, mas si no quieres, no sea. Yo he de ver, hay suerte airada, en otro dueño empleada la que mi pecho desea? como he de poder vivir cielos, si en tanto tormento me falta ya el sufrimiento, no será mejor morir de una vez a la inclemencia. de mis celos? bien será pues tan apurada está de mi pecho la paciencia. Pues también me toca a mí otro poquito de tema, pues que una clara sin yema con ojos de zahorí; me pica como al soslayo, y es fuerza; porque dirán, como se casa el galán, y no se casa el lacayo: y si esto no se remedia casándome, habrá barbado que digan que le han quitado la mitad a la comedia. Divierte un poco, señora, tu afligido pensamiento, que no todas las desdichas se sienten tan por entero, No desmerece tu esposo nada, que es galán y es cuerdo, entendido, generoso, bien puesto, afable, modesto. Y sobre todo, es razón mirarle como a tu dueño, que una mujer principal, como tú, con tales deudos, para cumplir con el vulgo; aunque pierda su derecho, es fuerza mentir finezas, y acreditar debaneos. Sosiega un poco señora, diviertete. Cómo puedo? si afligido el corazón, a sus pesares atento, ni aprovecha el discurso, ni le aquieta el pensamiento. Antes como el pajarillo, que siendo señor del viento, dulce músico a la Aurora, que en canciones y requiebros dándole la bienvenida, la saluda desde lejos, llevándole el contrapunto el céfiro lisonjero. Aprisionado se ve, y con lamentos y ecos su preciosa libertad llora en motetes diversos. Así el corazón rendido, que en el afligido pecho vivio libre de desdichas celebrando sus contentos. Hoy que con tantos ahogos, con tantos desabrimientos, tantas penas y desdichas, tantas violencias y miedos. Se llega a ver afligido, cobarde en su sentimiento, pues el amor le aprisiona en la jaula del tormento. Llora cobarde su engaño, siente afligido su empeño, y las lágrimas le sirven de miserable sustento? Tomín ya llegó mi muerte, pues en mi necio deseo me fuerzan a ver por fuerza una mujer que aborrezco. El discurso es por demás, y es imposible el remedio muramos valor, muramos con violencia; mas ay cielo! Rosaura es sin duda alguna, que sabiendo el casamiento, al encuentro me ha salido. Ay cielos, qué es lo que veo! cuando esperaba a Lisardo, Fabio me sale al encuentro? Sin duda alguna que sabe de mi padre los conciertos, y viene a estorbarlo; ay Dios, yo soy muerta, como puedo, cuando le estoy adorando, hacer ofensa a su pecho? Cómo he de atreverme a entrar, si un paraninfo tan bello me arroja del paraiso con una espada de fuego? Entre turbada y medrosa parece que está diciendo: a donde vas, que te pierdes hombre, mira que te quiero, y que es malograr mi amor si prosigues tus intentos. Entre turbado y confuso me declara sus deseos, violencia es, no puedo más; ay de mí, bien sabe el cielo que le quiero más que a mí, y que sin culpa le pierdo. A obediencias mal fundadas; por donde, o con que rodeos me disculparé con él, porque es imposible, hoy muero. Ea, que es ya ingratitud, y desagradecimiento, no estimar tantas finezas, sin entrar allá me vuelvo; porque es en esta ocasión, cobarde el atrevimiento. Señor? . Señora. Tampoco mi amor os debe, que viendo mi pena, no procuráis aliviarla? Cómo puedo, si para poder vivir estoy buscando consuelos? Bien sabéis que soy la causa de mis amantes desvelos. Cómo lo puedo negar, señora, yo lo confieso. Cómo os vais sin hablarme? Por no daros más tormento. Gloria fuera para mí. Sí, pero ya será infierno. Ay de mí, sin duda sabe que me caso, aquesto es cierto, que no me pudiera hablar de esta suerte sin saberlo. Habéis sabido mi mal señora? Pluguiera al cielo no lo supiera, y mis penas hallarán algún remedio, pues ganara yo una dicha, y perdierais vos un riesgo. Pues no quiero referirlo, que viene a ser tan molesto, cuando se vuelve a decir, para el alma un sentimiento, que no se cuál es más pena, referirlo; o padecerlo. Pues yo que lo sé, y lo callo, con más razón decir puedo, que por no dar a mis males alivio en tanto tormento. No le concedo a la boca, porque es tanto el mal que siento, tanta la pena que paso, tanto el dolor que padezco. Que ahogado el corazón, y atropellado mi pecho, aunque las quiera decir, como son tantas no puedo, que unas se ostorban a otras, y como no hallan remedio para salir acá fuera, me están matando allá dentro. Señora manga de Cruz, por lo aforrado y lo enjerto, hablando están nuestros amos, y es de criados muy necios atajarle las palabras. Demás, que con el ejemplo de tantas afectaciones, es fuerza que esté tan tierno, tan meloso, y tan suave, que yo mismo en mis concetos, me endulzo, me diacitrono, me alminaro, me grajeo, me piñono, me azucaro, me canelono, y mármelo. Pero soy muy vergonzoso, y no he de decir requiebros delante de estos señores, vámonos Clara allá dentro, y a solas te lo diré. Vamos. . Pues envido: Quiero. En efecto he de perderte cuando te adoro? . En efecto será fuerza Fabio mío. Sin remedio? . Sin remedio. Quién lo impide? El ser quien soy. Con tu gusto? . Es violento. No podrá ser? . Es locura. Remedialo. . Cómo puedo? Quiéresme bien? Yo te adoro. Y mi primo? . Le aborrezco. Porfía. . Ya es imposible. Pues qué hemos de hacer? Perdernos. No es mejor morir? Muramos. Pues ya empiezo. Pues ya empiezo. Quiero cantar como cisne en los últimos alientos. Mi querida Rosaura por quien muero, acompaña en mi mal mi dura suerte, que aunque la gloria pierda yo de verte, vida será pensar que verte espero. Es tan firme mi amor, tan verdadero, que imposible ha de ser aborrecerte: y así, aunque venga contra mí la muerte fénix renaceré en el bien que espero. Tras ladarme sin verte a la otra vida, sentiré mucho más que si muriera, aunque eres de mis glorias homicida, Morir contigo es muerte lisonjera; porque si asiste en ti mi propia vida, cómo puedo morir hasta que muera? Querido Fabio, si en el mal que siento hallara algún alivio, me pesara, y infinitos pesares me buscara, para añadir más pena a mi tormento. No puede ser mayor mi sentimiento, es eterno mi mal, y nunca para, y si tu afecto en mi pesar repara, no lo puede alcanzar tu pensamiento. El mal que paso me parece poco, siendo la causa, ay Dios, tan eminente, comodidad de amor es la que toco. El mayor frenesí no es accidente, cuerdo es el corazón cuando está loco, y si digo otra cosa, el alma miente.

JORNADA TERCERA

jornada tercera Huélgome de hablar contigo, porque en tu capacidad pagas a mi voluntad lo que debes a un amigo que ha procurado el aumento tuyo con tanto cuidado; y porque un enamorado declara su pensamiento a quien padece su mal, más desenfadadamente, pues es cierto y evidente que pasas en caso igual, lo mismo que yo padezco, por tu querida Ysabela, y si el alma se desvela en las penas que padezco con causa, amigo no es mucho que me alivie el referirlas, Bien puedes señor decirlas, que atentamente te escucho. Bien sabes que te escribí con mil encarecimientos, viendo tus merecimientos, aunque te importaba a ti, que a madrid partieses luego, donde vieras a tu esposa que te esperaba gozosa, que aunque es lince amor, es ciego porque con mayor acuerdo tu negocio dispusieses, y en fin para que la vieses; pero tú que eres tan cuerdo provaste mi elección, y estás de ella enamorado. Sabe amor que me ha costado gran parte del corazón. Y ahora para advertir lo que me puede costar no llegarlo a remediar. Dos cosas te he de pedir, que en tan forzosa ocasión negármelas fuera injusto; porque una importa a mi gusto, y otra a mi reputación. La primera, y que más toca, al alma quiero decir, aunque he menester pedir nueva licencia a la boca. Porque cuando satisfecho quiero, dejándote en calma, decirte afectos del alma, me lo está estorbando el pecho. Que ha sido tan recatado este amor en mi altivez, que de mí mismo tal vez mi secreto no he fiado. pero si es fuerza el decirlo, oye, que hoy lo has de saber, que en ocasión suele ser, que da gusto el referillo. En fin a Rosaura adoro, y ella mi amor ha pagado con un secreto cuidado, cuando su desdén ignoro he gozado en paz segura, sin formar quejas ni agravios, tal vez de sus bellos labios la bien compuesta hermosura. Tal la nieve de sus manos templaba el ardor del pecho, dejándome satisfecho los favores soberanos. No me he casado con ella; porque hay cierto impedimento, y porque yo estoy contento solo con hablarla y bella. Ayer, no se si estuviste bien en ello, la pidio Fabio a su tío, mas yo oyéndolo estaba. Ay triste. Mira cual me quedaría, quise en tan fuerte ocasión, con una demostración, igual a la pena mía, darle a entender que sentí que lo inténtase su amor, y pareciome mejor llamarte Lisardo a ti, y decirte como amigo, que le digas que no pase adelante, ni se case, porque en la empresa que sigo, tan grave como atrevida, no valiendo la amistad con él, esta liviandad vendrá a costarle la vida. Parece que te has quedado suspenso. Cómo he de hablar, si le ha llegado a faltar el aliento mi cuidado? Es tanto lo que he sentido escucharte, aquesto es cierto, que quisiera quedar muerto primero que haberte oído. Porque en tu pesar injusto; sé, que aunque favor me pida ha de costarme la vida no contradecir tu gusto. No tuvieras el lugar, que conmigo has merecido, sino hubiera presumido que me habías de pagar mi amor con logros tan buenos, como los que haciendo vas, y pues oíste lo más, quiero decirte lo menos. Ríselo se me ha quejado de la natural tibieza con que miras la belleza de Ysabela, en que has mostrado más cordura de marido que fineza de galán. Y pues tus partes estan pagadas, y has elegido, aunque por mi intercesión, tan a tu gusto mujer, como se ve; es menester darle rienda al corazón. Que aunque aumentas el cuidado de las finezas, yo creo que es del novió el galanteo premicias de amor casado. Y pues hay de dilación lo que durare esta tarde, no te muestres tan cobarde, dale fuerza a la pasión; desuerte que en sus antojos vayan mostrando los ojos que el alma queda gustosa. Tan justo es lo que me pides, que no puedo replicar a tu gusto, ni dejar de morir. Desuerte mides tu voluntad a la mía, que será vana advertencia hacer otra diligencia, haz esto por vida mía. Que si fuere de provecho para servirte, verás que en cualquier tiempo hallarás mil finezas en mi pecho. De suerte en mi mal estoy, que aún para poder hablar no me da el alma lugar, bronce inanimado soy, que en las desdichas que voy tocando, las sufro y callo, y es, cielos; porque no hallo capacidad en mi ser, porque el humano poder a echado en mi muerte el fallo. A quien le habrá sucedido tal manera de penar? quien ha llegado a tocar tal desdicha en tanto olvido? mas si la culpa he tenido, en vano, ay Dios, me lamento, pues en las penas que siento, siendo mi pecho un abismo, me las busqué yo a mí mismo, y hoy me situen de escarmiento. Imaginar olvidar es vana imaginación, adorar con tal pensión, mas que querer es penar; pues que modo he de buscar para darle algún sosiego al alma, atrevido y ciego me arrojé al mar, ay de mí, como entonces no, advertid que estaba entre el agua el fuego. Pues si con nuevos antojos quiero casarme, es error, pues ha cifrado el amor mil aljabas en sus ojos, llevome el alma en despojos, no se que medio he de hallar, ahora bien, quiero intentar la ausencia, es vana advertencia, que no es bastante el ausencia para dejarla de amar. El Conde ha de ser servido, aún cuando yo no tuviera favores suyos, a fiera, que me robaste el sentido; habiendo del Conde sido diste lugar a mi amor; hay tal género de error, que me amabas presumí, mentí mil veces, mentí, que fue mi engaño mayor. No fuera mejor decir; hombre yo estoy empeñada, quiero bien no soy culpada, tengo amor, no sé fingir, y no querer persuadir mi loca imaginación, con tal engaño, es razón burlarme con tal malicia; aquí del amor, justicia, que me roba el corazón. Bravas albricias me mando, y yo no he de contentarme con un vestido, una joya, una sortija, un diamante. Es el rico y generoso, y las nuevas que le trae mi cuidado, bien merece mas dineros, vendrá a darme cien escudos, es muy poco, poco? pesia a mi linaje, que es la hacienda de un Cristiano, tomémolos, no hay que hablarle. Porque no quiero que diga que yo soy interesable, en otra ocasión mejor podrá mi amo ayudarme. Qué es bueno estar obligados; dos vestidos, y que tales, tengo de hacer al momento, luego vendrá a enamorarme doña Blanca de Mendoza, doña Leonor de Alencaste. Y es muy poco; porque yo soy galán de los galanes, como cuento de los cuentos, que este brío, y este talle, merece ser estimado de las matronas más graves, y más teniendo dineros, que son plusultra del arte. Pero no es aquel mi amo? él es, quiero mesurarme y reñille; porque ha mucho que le busco: señor qué haces? No he de poder descubrirte? a dónde estás? no he hallarte aunque dé quinientas vueltas por Madrid, pesia a mis males. Esta es valiente ocasión, que sin duda algua sabe que Rosaura se casaba, y medio muerto le traen estos disgustos, señor ya das en embelesarte? escúchame. Majadero, que me quieres? Que te hablandes; son pasiones de Rosaura? si serán; porque los males a los desdichados buscan, que los dichosos se salen con todo aquello que quieren, a fortunilla inconstante; pero si yo te trujera un recipe sin jarabe, de la dotoral Rosaura, di, que me dieras? Infame, mil puñaladas, que el pecho furiosamente te pasen. Sin duda no me ha entendido, pues tales extremos hace. pensó que dije Isabela, escúchame, y no te engañen pensamientos; porque yo sé muy bien que si lo sabes, trocarás las puñaladas que prometiste arrogante, en mil agradecimientos. Pues qué quieres? Que esta tarde vayas con mucho recato; no he de pasar adelante si no me mandas albricias; pero no, no me las mandes, que yo sé que son las nuevas que traigo tan agradables, que me has de dar más que pida, en fin, dice que es tan grande la voluntad que te tiene, que sin que en nada repare, como tú quieras, serás Apolo de mejor Dafne, sin convertirse en Laurel, aunque en ocasiones tales muy necio es quien se convierte en laurel, siendo de carne. Quién dice eso? Quién, Rosaura. Necio vienes a matarme? pues vive el Cielo, villano, que entre mis manante acáse. porque pruebes un pedazo de mi furor arrogante. Quiero despedirme de ella, diciéndole mil pesares tan indignos; pero no podré, aunque más me agravie, cuando la ofende la lengua el alma al encuentro sale. Hay tan graciosas albricia?? mas de que sirve quejarme, quiero callar y sufrir hasta que la historia acabe Rosaura queda esperando, yo la dije que le aguarde, que está muy agradecido, y podrá ser que me pague lo que mi amo me quita, no hay qui aguardar, porque estarde. Lo que te digo ha pasado, y yo quedo tan gustoso de que con tan noble esposo tenga ya Rosaura estado, que no se por Dios si fuera cosa tuya, si estimara más ventura. Repar a en lo que dices, espera, él lo dijo? qué locura. Qué locura? digo que me dijo Fabio que era hacerla mucho agravio no conocer su hermosura; que unos necios pensamientos. le tenían alterado, pero que no habían pasado de los primeros intentos. Que con atención miró unos ojos, y un engaño le mostraba el desengaño, esto no me declaró, ni con el mucho contento se me dio nada de oíllo. Qué haré, si solo el decirlo basta para mi tormento. El engaño es que he sabido. que soy Ysábela yo, y en un instante trocó los favores en olvido. Hubo hombre más inconstante? huo pena más crecida? que me quitase la vida, fingiendo se firme amante: Que me viniesa a inquietar con tales engañosielos? dejadme, dejadme celos, que me queréis acabar. No te has alegrado mucho del aumento de tu prima? El alma, señor la estima. Con que contento te escucho, afe que tiene cordura, y le quiere más que a sí. Cielos, que quiere de mí mi padre, que así me apura? digo señor que lo creo, y conociéndolo estoy. Ella viene, yo me voy, declárale mi deseo, y la dicha que ha tenido. Mi desatino qué intenta? Trátala como parienta cercana de tu marido. Engaño del pensamiento parece lo que ha pasado, verdad es, pierdo el aliento. Prima, parece que estás malencólica, que tienes? Doite a ti los parabienes de los males que me das. Ya Rosaura estás casada con Fabio, ya llegó el día, muestra Rosaura alegría, que estas muy bien empleada. Todo el engaño ha sabido, y que yo soy Usabela, en quererte se desvela, y yo en padecer su olvido. Vio imposible su cuidado, y posible tu belleza, era vidro su firmeza, y de un golpe se ha quebrado. Los requiebros que envidiabas y los favores qeiuoy, ya son todos para ti, no sin causa te celabas. Sin duda que adivinaste que era tuyo, bien hiciste, no en vano, si le quisiste, por el al Conde olvidaste. Que en efeto si se abrasa por ti, te será mejor, pues tendrá premio tu amor: Qué me dices? Lo que pasa. Mi padre me lo ha contado, quiérele si le codicias. Y no me pides albricias? Dárelas a tu cuidado, mientras yo muerta de amor lloro mi poca ventura, que siempre trae la hermosura a la espalda el favor. Prima, aunque por Fabio muero el verte me desconsuela, tan triste, mas Ysábela bien ves que yo soy primero. Quise al Conde, y admitio mis deseos, pretendí casarme con el, mas vi que non lo que dijo mintio. el cielo me ha enviado, siendo a mis ruegos tan justo, marido tan a mi gusto como tuve deseado. No será razón perderle por una necia inquietud, antes bien será virtud servirle, amarle y quererle. Pon la mira en el olvido, quiere mucho, que es gallardo, a Lisarso, aunque Lisardo no es tal como mi marido, Dices bien, tienes razón, y aunque no lo confesara, a voces lo declarara mi rendido corazón. Veamos a ver si ahora las albricias se me han ido, yo he de quedar bien vestido, aunque revuelva en un hora el mundo, que si se casa mi amo, estará secreto este embuste, y en efecto todos quedamos en casa. Aquí están señoras mías? vengan al mundo en buen hora, para alegrarnos la Aurora por donde amanece el día. Hermosas estáis las dos, esa hermosura me brinda, nunca has estado tan linda en tu vida, no por Dios. Y mucho maslo estarás cuando sepas mi embajada, porque ya queda trazada para el intento que ves. Siguiendo la mejor cosa que se pudo imaginar, mi amo te vendrá ha hablar; linda cosa es ser hermosa. Si tú vieras la locura de mi amo, y porque modo contradiciéndole a todo con hálagos, con blandura. Le exagere tu recado, me dieras mil bendiciones, díjele lindas razones, y queda tan rematado, tan perdido, y tan marido, que si no le detuviera un hombre, ya aquí estuviera enamorado y perdido; no he visto tal afición. Sí, mas será por mi prima. Por tu prima, si te estima tanto en aquesa ocasión, como yo sé, algún villano anda metiendo zizañas. Vergante pues tú me engañas? Detén señora la mano. Cómo el seso no he perdido? pues di, tú te has de atrever a traerle otra mujer recaudos de mi marido? alcáguete. . Santos cielos, en que ha de parar Tomín. Villano, hoy será tu fin, que en el volcán de mis celos te he de abrasar. . Eso es bueno, aunque quieras no podrás, pues como me abrasarás, siendo Cielo, y tan sereno? y si el infierno está en ti, y abrasas almas, señora, llévenme dentro de un hora todos los diablos a mí. Ya el engaño se ha sabido del trueque, y que no he de ser yo su mujer. Su mujer? Ay de mí; yo soy perdido. Pues ya sois criado mío, yo a vuestro amo le diré que os castigue. Por mi fe, hay tan loco desvarío. Que en efero toda via viene muy enamorado? a villano, que a engañado la loca esperanza mía; que no bastó la primera, sino ahora, y el bendito cual está. Será finito, sol hermoso, primavera, ángel. Infierno me llama. Pues en qué culpado he sido? No es nada haberme querido a mí, y tener otra dama? Qué otra dama? que te adora, No le disculpes villano. No le disculpo. Esto es llano, el alma su engaño llora. Yo constante le he adorado, y aunque mil mundos tuviera, mil mundos aborreciera solo por tenerle al lado. El bien ha mostrado aquí su engaño, y su fingimiento, él me olvida, a cruel tormento. Pues respóndate el por mí. No vengo como otras veces, a verte, perdida ingrata, ni adorar de tus mejillas la nieve mezclada en nácar. No a idolatrar de tus ojos la bien compuesta arrogancia, ni afrentarlos con decirlos que son del sol semejanza. No a llamar rubí partido tus labios, a donde guardas más diamantes que el Ceilan, mas olores que el Pancaya. Y en fin no vengo a rendirte el alma; porque ya el alma es tuya, aunque no la quieras solo a procurar quitarla. Que no merece que esté (ay Dios) tan mal empleada, que en desaciertos del gusto pague logros de ganancia. Quitastemela atrevida, y allá con su gusto estaba; porque no entendió jamás salir de tan buena casa. Pero ya que ha conocido lo mucho que la maltratas, lo poco que la engrandeces, y en fin lo mal que la pagas. Quiere salir a buscar, quien con ciertas esperanzas le venda amor por amor, que es segura la ganancia. Ven acá mujer, no vine a verte, cuando tú estabas según lo que ya he sabido, y es lo cierto, enamorada? Pues para que me mostraste con alagüeñas palabras, una voluntad fingida, una posesión burlada? Es valentía matar al contrario con ventaja? no es bajeza en un rendido ejecutar arrogancias? Pues que presunciones logras, o que victorias ensalzas, si me das muerte a traición, aunque ha sido cara a cara. Fieme de tus álagos, vencime de tus palabras, pluguiera amor que primero yo a mí mismo me matara. Que por lo menos muriera de una vez, y no de tantas; fue ofensa quererte bien? fue agravio entregarte el alma? Fue ingratitud adorarte? si, porque a quien es ingrata, los beneficios le sirven de inciertas desconfianzas. No me dejaras seguir mi fortuna buena, o mala, dejarasme en mi quietud padecer, qué te importaba? Quejárame de mí mismo, y adorara las estampas de tus pies, sin pretender hallar jamás esperanza. Pero subirme a tu cielo, ponerme en parte tan alta, que no pudo mi fortuna subirme a más, y arrojada como segundo Faetón, dar precipicio en las aguas a mi loca juventud, que desdicha no pensada! Pero pues que me aborreces, y con desprecio me pagas, yo dejaré tus mentiras, burlaré tus asechanzas, yo me iré, mas que te importa que me quede, o que me vaya. Si fue todo fingimiento, y todas mis amenazas paran en que tomaré yo de mí mismo venganza. Goza mil siglos tu amante, que pues le dio dicha tanta el cielo, sin duda alguna que fue gracia datís data. Goce tus hermosos brazos, aunque el pensarlo me mata, y muera yo pues que fui de tu fuego salamandría. Viví con el fuego tuyo, y como el calor me falta, aunque más se anime el cuerpo, al alma alientos le faltan. No puedo pasar de aquí, porque un nudo en la garganta me oprime de tal manera, que me embarga las palabras. Quédate a Dios, y perdona, que un aborrecido enfada; y cúlpate a ti, pues fuiste de mis desdichas la causa. No te vayas de esa suerte; espera, detente, aguarda; y pues te has quejado tú, y no son menos mis ansias. Déjame quejar a mí, y verás como te engañas, y como eres un traidor cuando de leal te alabas. Qué trataron de casarme primero, es verdad tan clara, que es el negarlo locura, y confesarlo arrogancia. Y si después de saber que marido igual me daban, te quise, y atropellé obediencias tan fundadas. Mi peligro fue mayor, pues sin reparar en nada, condecendí con mi gusto, constante te idolatraba. Tú si que me has ofendido, pues cuando tuve constancia, siendo mujer, la perdió un hombre que no miraba en obediencias de un padre, y que con libre arrogancia pudo arriesgar una vida por libertar una dama. Si yo te envío a decir esta tarde, que en mi casa te espero, y que quiero darte posesión de mi esperanza. Y luego se que le has dicho al Conde tales palabras, que le obligan a que airado venga a buscar a su casa a mi padre, y con enojo le culpe de la tardanza. Como no quieres que yo imagine que es villana tu fe, tu amor engañoso, y tus intenciones falsas? Cierto que perdieras mucho, cuando por mi dilataras conciertos para mi muerte, festines para mis ansias. Pero amaste con engaños, quisiste con asechanzas, engañaste con álagos, y burlaste con palabras. A mal hayan las mujeres, que con ligereza tanta, a un requiebro, y dos suspiros rinden su altiva arrogancia. Pero yo castiga ré en mis penas bien fundadas, delitos tan derrepente, y males que me amenazan. Yo me abriré el corazón que tan presto te dio entrada, yo te arrancaré del pecho, yo te sacaré del alma. Y en mi furor oprimida, cobarde con mi constancia, aprenderé a ser más firme, aunque sea más ingrata. Y pues que tú lo has querido, como se ve por la causa, vete con Dios, que no es bien que cuando mi llanto trata de dar alivio a mis penas, y desahogo a mis ansias, te burles de ver llorar una mujer desdichada, que aborrecida suspira, y despreciada se casa. Yo me iré, que no es razón que te busque quien te enfada; Tomin llora? . No lo ves, por las mejillas de nácar, desperdiciando las perlas que ha producido el Alba. Son engaños. . No te has ido? Ya me voy. . Pues a qué aguardas? Adiós, mas si tú quisieres, en esto poco que falta hasta la noche, dar orden de dar vida a mi esperanza, te adorara tan constante, tan firme te idolatrara, que fuera de tu hermosura segundo Anteón. . Aguarda, tú tienes atrevimiento de decir tales palabras, cuando sé yo que me ofendes? Yo te ofendo? Sí. . A ingrata, que estás buscando rodeos para casarte. . Ya el alma me ha dicho que eres infiel, Advierte, que ya en la sala todos tus deudos están, y será desdicha extraña que ansí malogre dos dichas. Pues no ves tú que me agravias? si el quiere, yo también, mas estos engaños traza para darme más tormento. Ea, señor, a qué aguardas? Déjame Tomín, que estoy para matarme, mal haya quien se fía. . No des voces. De mujeres, que ansi engañan. Qué descompostura es esta? para esta ocasión aguardan vuestras quejas? . Yo señor? Ya no hay que decirme nada, tan bueno soy como vos, y de sangre tan hidalga, y vuestra esposa la tiene mía, y cuando esto faltara, que me parece imposible; habiendo dado palabra al Conde Alberto, y a mí, os está bien que se haga el casamiento, por Dios que aunque en mis venas heladas tan poca sangre me pulsa, antes que de aquesta casa salgáis a la calle, haré que lo hagáis a cuchilladas. Antes de ahora pudistes deshacerlo, mas ya es vana pretensión; porque dirán los que presentes se hallan, y el vulgo todo a voces, que hallastes algunas faltas de honor en vuestra mujer, de que me redunda infamia, a mi casa, y a mis deudos, harto os he dicho, esto basta, Villano, dirás ahora que son mías estas trazas, dirás que tengo la culpa, dirás que soy una ingrata; pues me adoras y te dejo; qué respondes? . Que me matan desdichas que no las busco sin haber dado la causa. Que más causa que aceptar por esposa y prenda amada a mi prima? . Yo? . Tú pues, no lo oíste ahora? Aguarda: cuando vine. Amor pluguiera no vinieras, y excusaras el disgusto que me aflige, y la muerte que me aguarda. Ríselo me dijo ahora vuestro disgusto, y me agravia que alguno de los dos ponga duda en cosa que es tan clara. Yo entiendo que bien te acuerdas de lo que dije en mi casa, y tú de lo que hay tratado entre los dos; mi palabra y mi gusto lo sabéis ambos a dos, y si trata alguno de componer cosas que están tan fundadas en razón, miren el tiempo, y lo poco que ya falta, y aconsejense consigo, verán en breve distancia, que soy bueno para amigo, y malo si alguien me cansa. . Que de inconvenientes juntos, para atravesar el alma se juntan. Qué desdichas a un mismo tiempo me acaban, Es verdad lo que yo dije? Pues yo lo he negado? Basta; mas como a mí me engañaste con obligaciones tantas de un señor tan poderoso? Porque yo lo idolatraba solo a fin de merecerte; y pues ves lo que me acaban las desdichas de los dos, basta señor, basta, basta, y ya pudiera dejarmo esta vida que me acaba. Esposo. . Esposa. . Ay de mí. Para confirmar mi llanto vienen muy bien estos dos. Y para darnos las manos dicen que el Obispo ha ido, y están señora esperando. Solo el Sacerdote falta para bien tan soberano; dichosa yo pues merezcó llegar a darte la mano; una esclava en mi tendréis. En mi tendréis un esclavo, que obediente a vuestro gusto se contente con miraros; no me respondéis, señora? Que dé Dios a un hombre humano libre albedrío, y le fuerzen los hombres, suceso raro. Que ha de ser fuerza, por fuerza. rendir el alma a un tirano, o desdicha no pensada! Tomín, llega a ver si a caso vino el Obispo. Señor, yo entiendo que ya ha llegado, porque hacia acá vienen todos. Llegó de mi muerte el plazo. Para que quiero la vida si pierdo mi dueño amado? Yo he de decir que Isabela aborrezco, y que es en vano el dármela por esposa, aunque me hagan mil pedazos. Vamos hijos; porque deis dichoso fin a mis años. Los disgustos que he tenido, los pesares que he pasado, las dilaciones que ha habido, las trazas, y los engaños, todo ha sido dirigido a no casarme, esto es llano, con vuestra hija Riselo; porque estoy enamorado de Rosaura, a quien adoro; y de no darla la mano, he de volver sin casarme. Sí señor; porque me ha dado palabra, como tú sabes. Yo a ti palabra? Qué aguardo con tal desprecio? Señor, si todo el poder humano se junta; esta es ya mi esposa, mi primo es noble y honrado, y podrá con vuestra hija casarse. Aguarda Lisardo, que Isábela es la que eliges. Y sabela? Caso es llano, esta es su prima Rosaura. Los frenos se han destrocado. Tú eres Lisardo? Yo soy, que por verte disfrazado le di la seña a mi primo. Pues ese fue nuestro engaño, que yo también a mi prima di mi banda. . No me espanto de que los señores novios así se hayan engañado, que puede ser; pero yo, que soy el discreto, el sabio, el mequetrefe, el trampista, el Lazarillo, el bellaco, me engáñase, no lo entiendo. Vive Dios que he profesado de archiburro, y que a no ser por ser el primer lacayo del mundo, que no ha sabido los secretos de sus amos, no me hiciera todo el mundo salir a aqueste teatro a hacer papel tan secreto, siendo siempre el secretario. Aunque de burlas te quise, de verás te doy la mano de esposo. Y yo la agradezco. Yo más desapasionado, pues no ha de ser mi mujer, por este desprecio paso, que no he de quitarle yo marido que Dios le ha dado. Ya se que me he de casar, y así denme por casado, que mientras se hacen dos bodas, podré preguntar de espacio a Clara si quiere. . Quiero. No lo hubiera preguntado si la respuesta supiera. Y aquí tiene fin Senado, si perdonáis nuestras faltas, el aborrecer amando.