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Texto digital de Virtud, pobreza y mujer

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Atribución tradicional
Lope de Vega Carpio
Atribución estilometría
Lope de Vega Carpio Segura
Género
Comedia
Procedencia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Virtud, pobreza y mujer. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/virtud-pobreza-y-mujer.

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VIRTUD, POBREZA Y MUJER

JORNADA PRIMERA

El mundo quiere abrasarse, Julio. . No sé, vive Dios, donde nos vamos los dos, sino hay otro en que salvarse. En la tierra solo sé, que el hombre es mundo menor. Sabes por dicha, señor, adónde vive Noe? Fero quierome informar si es por agua, o fuego, luego aunque en esta edad por fuego pienso que se ha de acabar. Mas no me dirás quien es el Astrólogo ignorante de suceso semejante? Tú mismo. . yo soy? . tú pues. Plega a Dios que si he creído, que hay figuras en el Cielo, digo en su primero velo azul, y blanco vestido. Como peces y serpientes, toros, carneros, leones, y otras varias invenciones, hermosas, y impertinentes, con que nos dan a entender, que saben lo por venir, que caiga como albañir, quiebre como mercader. Mienta como mal deudor, espere como cochero, ande como cabestrero, trabaje como Impresor. Sea en invierno azacan, y sea herrero en verano, sufra como Cortesano, y coma como truhan. No me acabas de decir, que a mi ruego, a mí dinero, a estas partes con que espero almas de bronce rendir, Se muestra esquiva, y cruel Isabel, pobre, y hermosa? No puede ser virtuosa, pobre, y hermosa Isabel, Sin que esto sea señal para que el mundo se acabe? Quién las que en el pasan sabe, responde ignorancia igual? En esta edad mil escudos no engañan una mujer tan pobre, pudiendo hacer ochenta maridos mudos. Contentos treinta criados, veinte madres satisfechas? Poco, señor, te aprovechas de tus intentos honrados. Satírico y necio estás, no quieras con tan vil precio, que en el punto del desprecio alcance tanto el compás. Esta mujer es doncella, pobre, hermosa, y virtuosa, y no habrá en el mundo cosa bastante a satisfacerla, Si no es casarte. . Casarme con una pobre mujer! Pues cánsate en pretender. Antes no pienso cansarme, Si no decirle que es justo, y que casarme prometo, mas que ha de ser en secreto para no causar disgusto A mi tío, que podría dejar su hacienda a mi herman Industria, o fuerza tirana contra tu honor y hidalguía, Pues cómo, don Carlos, quieres adquirir tan viles nombres? Para vengar tantos hombres, que han engañado mujeres. Pues hante dado poder para cobrar sus engaños? Si nacen, Julio, mil daños de cualquier planta mujer, Que to admira que en un hombr haya alguno, pues forzado de amor lo intento . En cuida me has puesto. . nada te asónd que esto ha de correr por mí, y aquesta noche ha de ser. No está en mi mano querer dejar de querer así. Pues como a don Carlos quiere y te sabes defender? Porque nací para ser ejemplo de las mujeres. Cánsese Carlos, Ines, que si mil mundos hubiera, tan suyos, que me pusiera sus tesoros a los pies, Era imposible rendirme. Ya que te estoy escuchando, como me estás despreciando, escucha como soy firme. Si tantos años hubiera como el alma ha de durar, no te pudiera olvidar, ni aunque pudiera, quisiera. Mas yo me espanto de ti, que juzgues loco mi amor, si solo intenta que es luz con que vive en mí. rmana Tú mi honor, si con vil precio, Carlos, le quieres comprar? Mas que no te sapo dar ía, qieres! mirecado aqueste necio. El dinero te enviaba, s? ibres, sibiendo que tu pobreza deslucia tu belleza, S. anque tu virtud la honraba, Que solo quiero de ti lmerecer ser tu marido. Confieso que necia he sido, omba sul tu recado entendí. Siendo así, Carlos, yo soy cuidid lesclava, pues mi pobreza asóbi queres honrar. . Tu belleza tu virtud de que estoy, llabel, tan satisfecho son la riqueza que adoro, sporque no hay mayor tesoro; me el que es de virtudes hecho. quierbel Sur, la China, Ceilan, serlas, diamantes, rubies, solandas, telas; rabies lle Flandes, Persía, y Milan odrá tener en el suelo Aseñor, o el mercader, sero la buena mujer siene de mano del Cielo. esta te doy con testigos, sonque el principal es Dios, do, me en declararnos los dos que temer enemigos. Mitio, rico, y señor piensa en la Corte casarme, Esgustarle, es obligarme perder todo el valor De su casa, y de su hacienda, e yo tengo de heredar, y así me importa casar sin que ninguno lo entienda, Que el no ha de mirar en ti la virtud, ni la hermosura, sino el dote que procura, y calidad para mí. Y para mi calidad es la virtud y belleza, que te han dado la riqueza, que estima mi voluntad. Qué respondes? . Que no puedo agradecer tanto bien, sino es que tus pies me den licencia. . Yo tengo miedo, Que nos vean, tanto importa el recato, entra en tu casa. Cuanto amor tuyo me abrasa tanto el temor me reporta. Licencia quisiera darte, pero estórbanlo dos cosas. No serán dificultosas, si en ellas puedo agradarte, Quiero más seguridad de que serás mi marido, por la opinión que he tenido en mi honrada vecindad, Qué juzgarán mal de mí, auinque entres honestamente. Parte, Julio, diligente, y venga vi Notario aquí, Hagamos mil escrituras. Díceslo de verás? . Tanto, que de que tardes me espanto, si mi remedio procuras. Yo voy. . Ya puedes entrar, y darme licencia a mí. Asegurarme de ti, Carlos, no te ha de enojar, Pues sabes que mi pobreza no te hubiera merecido, y que mi virtud ha sido para tus ojos riqueza. Los pasos que me has costado dos años lo muestran bien, no hayas miedo que te den mis pensamientos cuidado, Que aunque casado en secreto haré con mi voluntad, que guarde a tu honestidad tan merecido respeto: Solo quiero visitarte. Lo segundo, que pensaba pedirte, se me olvidaba, pero no quiero dejarte. Es por ventura, no estar tu casa con la grandeza que merece? . Mi pobreza pienso que te ha de espantar, Si bien lo que tengo en ella está limpio y aseado. No te dé Isabel cuidado, que la fuente pura y bella Mas agrada al pie de un árbol entre arenillas y flores, que de jaspes de colores, y de figuras de mármol. a más el campo florido, que el más compuesto jardín, que a lo natural en fin siempre está el arte rendido, Por mal que engastada estés no dejas de ser diamante. Entra pues, y no te espante la pobreza en que me ves, que un padre honrado perdido por fianzas, y al sin muerto dejó este campo desierto de sus consejos florido, Donde solo mi lavor me sustenta, como sabes. No hay tesoros que me alabes como tu virtud y honor, Presto verás tan trocada tu casa, como ha de ser para quien es mi mujer. Si el alma, Carlos, te agrada presto en su centro verás tan rica tapicería, que digas, que el Sol al día no alumbra, ni adorna más. Hermosa ciudad Toledo. Sobre estas inmensas peñas tiene su nombre Imperial la silla de su grandeza. Desde ellas sus altas torres llegar parece que intentan al Sol hermoso de día, y de noche a las estrellas. Parece que quiere España mirar su antigua cabeza en los espejos del Tajo de su hermosura soberbia. Hicieron los Reyes Godos su silla, y Cortes en ella, como Recisundo, y Bamba en tantas partes lo muestran, Puesto que en vuestra Sevilla vinieron con tal grandeza los que las memorias dicen, los que las historias cuentan, El Águila del Imperio Di se aplica por excelencia a estas dos nobles ciudades, que es un cuerpo; y dos cabezas, Todo lo que en ella he visto es digno de fama eterna, Envidia tengo a las plumas que en dulces versos celebran los milagros con que el cielo ha dado honor a la tierra, Por no poder celebrarla con mi ignorante rudeza, mas pues en ella nacio Garcilaso de la Vega, su espíritu resacite. Qué bien que pintó las ruedas En sus Eglogas divinas, por donde las aguas trepan a competir con los olmos que el Tajo dorado riega. Gregorio Hernández llegó a la mayor excelencia que pado ingenio Español. Toledo, Hipólito, precia estos dos famosos hijos por su más alta riqueza, Y si admite algún tesoro de muchos que en competencia de los dos pueden honrarla bien me permiten que sea Pedro, Liñan. . Justamente, aunque sus obras no quedan impresas, con que se olvida la memoria de sus letras. Tal fue de Pedro Lainez raro, y único Poeta, por no imprimir olvidado. ̱. Hoy Henares se lamenta del divino Figueroa. ̱. Qué os parecio nuestra Iglesia? ̱. Con el silencio, don Juan, os he de dar la respuesta, pues callán siete milagros, que la antiguedad celebra, Que no hay Colosos, ni Faros, epúleros, templos de Efesía y las demás maravillas, que puedan lucir con ella: Pero dejando a la Fama, que del Sur al Norte vuela, y del Austro a los Triones su hermosa fábrica inmensa, Al salir por el Perdón, que es aquella insigne puerta, que está solo en tales días para ganarlos abierta, Yo vi con honesto rostro; don Juan, la mujer más bella, que para milagro suyo formó la Naturaleza. Y cuando en hábito pobre luce una mujer, no queda mayor encarecimiento. Ya os vi reparar en ella. Hy tan divina hermosura? hay tal ropa de vayeta? hay tal saya de pícote? Ay tal toca? ay tal limpleza? conoceisla? . Si conozco. Y podré yo conocerla? Que dias pensáis estar En Toledo? . Veinte, o treinta después que la vi, don Juan, y dos antes que la viera. Pues convertildos en años, y tendréis después de verla lo mismo que antes. . Por Dios! En ser tanta su belleza es mayor su honestidad. Será porque no lo intentan, que Ovidio dice, que es casta aquella a quien nadie ruega, Y así será de esta dama. Él habló como Poeta, porque ninguna mujer, pienso yo que en la edad nuestra ha sido más perseguida. Pues como en tanta pobreza puede haber tanta virtud? Teneldo por cosa cierta, y que no hay mozo en Toledo de los que edad, gentileza, brío, y hacienda acompañan, que no haya entrado por ella en el mar de su conquista; pero en efecto se anegan, y cansados del viaje vuelven sin jarcias y velas. Qué dice el dinero, el oro? Corrido delante de ella, aunque ha nacido amarillo, rojo de vergüenza. Válgame Dios mujer pobre al señor oro atropella? al Príncipe dar resiste? al Rey dinero desprecia? No puede ser. . Ahora bien, remitámoslo a la prueba; dos sois rico y liberal. Valdrá en Sevilla mi hacienda, sin las naves que a la India, navegan, y que Dios vuelva, cien mil ducados, y más. Pues conquistaréis con ellas y los Bárbaros de Chile, y no a la casta Isabela. Que aunque se llama Isabel, porque Ariosto celebra una casta de este nombre, de quien mil virtudes cuenta, la llama Toledo ansí. Pues cuanto va sobre apuesta, que antes que vuelva a Sevilla? No digáis más, que es soberbia indigna de vuestro ingenio; aquí hay una forastera bella como el mismo Sol: mal dije, porque es más bella; esta del mar de Madrid arrojó a nuestra ribera la justicia de sus ondas, que Madrid aunque aposenta tantas conchas en que cría naturaleza las perlas, también tiene sus mariscos, sus caracoles, y almejas con que purga sus escorias, y entre las espumas llegan a los pueblos comarcanos, entretengamos la siesta con su brío, si os parece; pide Florencio licencia, y veréis que se os olvida la castidad de Isabela. Yo voy. . Tu Ramiro, traes dineros. . Treinta, o cuarenta doblones. . Bastan. . Veréis una de aquellas birenas que dieron temor a Ulises. Pasaré, don Juan, por ellas atado al árbol hermoso de la divina Isabela. Pierdo el juicio de escucharte so Yo te digo verdad, verdad te No pudiera, señor, de Poloa contarme nadie tan feroz porten como en el Cielo es uno soló Apolo, sola Isabela en casto pensamiento es única en el mundo; pero basta que digas tú que no es como antes casta, Necio, si me casé por escritura; por testigos, por graves juramentos, por invención, por auto, por locura, que culpas de Isabel los pensamientos? Así prospere el Cielo tu ventura, que yo sé que hay a tu ventura atentos mas de cuatro envidiosos pretendientes, que su inocencia, y tu traición me cuentes. Julio yo entré en su casa de Isabela, tan pobre, aunque tan limpia y aseada, que unos paños de red juzgabaa tela, y a escarcha de oro su labor pintada: animávame todo a la cautela, que la pobreza siempre fue burlada; y así mirando en todo tan vil precio hice de la virtud, y honor desprecio. Imágenes tenía que no eran del Mudo, del Basan, ni del Ticiano, ni de las vanas fábulas que alteran el mayor de los tres contrario humano: dar devoción sospecho que pudieran, mas no al hereje amor tan Luterano, que ni templos, ni imágenes respeta, tanto a su imperio la razón sujeta. La cama pobre y limpia contenía una colcha de olanda tan delgada, que pudiera servir de celosía, cuando a Isabel miraras acostada: sus almohadas con terliz había, que era una banda verde y encarnada, estas muy buenas, que sus manos bellas son prados en labor, y en nieve estrellas. La alcoba una antepuerta defendía de un tapiz de la historia de Susana, en cuyo espejo yo miré que había disculpa de mi error en la edad cana. Fue necio amor, porque mirar debía s el fin que tuvo presunción tan vana, que los ejemplos tomas en la parte del bien, no la del mal quiero escucharte. Sentámonos los dos, Julio, en dos sillas, que aunque eran de respaldo, no te asombre por lo que maltrataban las costillas las pudieran llamar con este nombre: vino a hacer la escritura, y maravillas de amor un escribano gentilhombre, y conocido de mi viejo tío, pesome, aunque el secreto le confío. Hízose con testigos, fuese, dile la mano; por tomársela mil veces, y como amor con la ocasión se afile, anduve despejando los jueces, que cen asemos juntos persuadile, cosa que tú me dices y encareces, y dices bien, porque la mesa sabe juntar lo más humilde a lo más grave. Cenamos en su limpia talabera, que a mí me pareció que era en la China, dieron las diez, togome, que me fuera, y era arrancar la más antigua encina: tosé de los Maitines la primera tote del mundo en música divina, y yo del alma asido, loco y ciego, rogando un mármol, y encendido en fuego, Por abreviar, después de las dos dadas, y de sufrir mil cóleras y enojos, y querer con las manos enojadas rasgar las hojas, y bañar los ojos, quitó de las paredes las pintadas imágenes, que amor que a mis antojos pudieran dar templanza, y así dijo: Carlos, jura a esta Madre, y a su Hijo. Juré, Julio juré, Julio jurara si hubiera más, que allí se encierra todo, y ella con dulce y vergonzosa cara me permitio de su conquista el modo: amaneció del alba la luz clara, y yo por los vecinos acomodo at de mi partida, y por mí que más arrepentimiento que osadía. Con hermosura tal te arrepentiste? No sé, Julio, que tiene la pobreza, que de menos contento el alma viste. Pues está la hermosura en la riqueza? a la fe que la causa de estar triste, es ver que te costaba su belleza el haberte casado. . Estoy de suerte, que si la vuelvo a ver, veré mi muerte. Oh efecto de los gustos de la tierra! grandes, dijo un Poeta, imaginados, con que el humano entendimiento hyerra, y pequeños después de ejecutados. Muchos dicen, que el gusto no se encierra en las bordadas camas, los estrados de tela, el ámbar puro, y no hay belleza, que no tenga su fuerza en la riqueza. Porque, Julio, mirar entre unas redes de lienzo tosco un Ángel de hermosura con un vestido roto, pensar puedes, que miras una imagen sin moldura, una vayeta vil, unas paredes desnudas, Julio, en una casa oscura hacen cobarde la mujer más bella, y desmáyase amor de hablar con ella. Dejemos esto, y a tratar pasemos de andar de mezcla, y de olvidar enfados, todas estas damazas visitemos, no más amores, Julio, trasnochados: es linda; es dulce cosa que lleguemos, y nos reciban gustos despejados, palabras libres, dulces ademanes, adonde baila amor Escarramanes. Loco estás vive Dios, mas como olvidas el juramento en una imagen hecho? No tratemos de cosas desabridas, que traigo lleno de catarro el pecho. Aquí viven dos mozas relamidas, gente que solicita su provecho, de estas que llamas tu dulces y tiernas, con muchas ligas, y muy pocas piernas. Descubren hasta el codo su zoquete, que dicen que en España es importante brindar los hombres con igual sainete. Qué majadero estás, y que apretante, quien en los trajes, bárbaro, te mete? No lejos vive una mujer pasante. Quédome en veinte. . Aciertas vive el cielo, porque esto de sesenta es puntó al vuelo. Violante, aquella que en Madrid vivía, adónde se ha pasado? . Aquí repasa la paja del pesebre en que solía comer cebada de la Corte. . Pasa: pero no pases, que me dijo un día, que me olvidaba mucho de su casa. Pues llamo? . Espera. . Aco No gusta de esta sola. . No, Mucha merced me habéis hecho. Poned acuenta, señora, del señor don Juan ahora lo que juzgáis de mi pecho. Nunca fue el señor don Juan mi galán. . De parte nuestra bien ese desprecio muestra, que no soy vuestro galán. Mas vos escogéis muy bien, que Hipólito justamente merece, aunque está presente, que aquese nombre le den. Yo paso, porque Violante me favorezca, no vos. Qué habemos de hacer los dos, estando otros dos delante? Hemos de aguardar la vez cómo aguadores en fuente? es mejor esperar veinte desde las dos a las diez, Que servir una doncella limpia, y sola cómo el Sol? mpañada viene. Temor tiene. Es pobre. . En ese criso! se apura cuanto hay en ella. Pues qué gusto como entrar aunque haya dos mil galanes? Todo este mundo es desvanes, quien sirve, aprenda a callar. Señora Violante, es hora de hallaros en vuestra casa? Esto allá en la Corte pasa, y acá se introduce ahora. Qué novedad es aquesta? hola, sillas. . Aquí están. De qué os enfadáis don Juan? Lo mismo os doy por respuesta Vuesas mercedes se sienten. Antes nos queremos ir. Si yo he venido a impedir, que aquí serviros intenten estos Caballeros hoy, mejor es que yo me vaya. Antes no es justo que haya quien os canse, yo me voy. Eso no por vida mía, y todos se han de sentar. Si en eso os pienso obligar siéntome por cortesía. Es este trato mejor que el de Isabel? . Calla necio. No está en la riqueza el precio, sino en la virtud, señor, Mal hayan los ademanes, amén, y quien gusta de ellos, mira que de los cabellos tienes estos dos galanes, Deja solo al de Sevilla, que no es bien que tú te quedes. Quiérenme vuesas mercedes rifar una cadenilla? Yo por mí, digo que sí. Pues yo, señora, a quí estoy. Y vos don Juan? . Vuestro soy. Cómo respondéis así? qué extraño estáis! naipes, hola. Cómo ha de ser? . Bastará a una quinola? . Si hará Pues va a una quínola sola, que precio? . Como no baje de treinta escudos se allana. Pues alto, el mejor la gana, y el ruin la pierde. . Baraje. Alzo por mano. . Que sota. Yo soy mano. . Yyo dorcartas. Buenoa fe, fietes descartas? Eso poco te alborota? Treinta y nueve. . Pocas son. Yo hice veinte. . Y yo cincuenta. Perdí. . Ya está por mi cuenta. Mohino estáis sin razón. Florencio os dará el dinero. ̱. Y yo la cadena os doy, porque de otro dueño soy, y con vos librarme quiero. Estoy por no la tomar, porque más os quiero a vos, que a cien cadenas. . Por Dios, que me pudieran ganar Mi hacienda en este disgusto: en fin, el más ruin fui yo: pero aunque el naipe me dio ahora este nombre injusto, No pienso que de los tres, que en la risa entrado habemos, soy el más ruin. . Quién diremos que de todos tres lo es. Si no el que perdió? . Yo fui quien perdió, y el ruin sois vos. Mentís. . Fuera. . Ai no por Villano, venid tras mí. (Dios. Hipólito, escucha. . En vano me detienes ofendido. Lindo dinero he perdido del mercader de Sevillano. Suspende el llanto a los ojos, no los maltrates ansí. Para vengarme de mí doy a mis ojos enojos: suyos fueron los antojos, paguen su contento, Ines, si suya la culpa es, pasen penas semejantes, que pues se alegraron antes bien es que lloren después. Que no te haya visto más! extraña desdicha ha sido! Quién ha visto del olvido tan cerca el honor jamás? Deja los ojos, ya estás, señora, vengada de ellos. Quejaranse los cabellos, que con el dolor terrible, a ser mi culpa visible la puede cubrir con ellos. No siento tanto el dejarme don Carlos de aquesta suerte, aunque el desprecio me advierte, que solo vino a burlarme como el venir a contarme, que anda de noche y de día con mujeres, que podría afrentarse su criado de haber en su casa entrado, y despreciado la mía. Ponle pleito? . Cómo puedo, que tengo buena opinión, y será dar un pregón de almoneda por Toledo? vendrán sin respeto y miedo, que quien el honor perdió, licencia, y aún puerta dío para que el más despreciado quiera llegar confiado por donde el otro pasó. Pues qué has de hacer? . Esperar en la justicia del cielo, que no puede la del suelo a ninguno hacer amar. Sí, mas puede castigar. No quiero yo si no amor, y casado por rigor como me le ha de tener; que aún por bien no suele ser firme el marido mejor. Habla, señora, a su hermana. Qué remedio podrá darme, sino casarme, y culparme de que fui necia, y liviana? toda mi esperanza es vana, engañome el juramento. Llamaró? . Sí. . A Julio siento. Julio, tú en aquesta casa? No has sabido lo que pasa? Tú sabes mi encerramiento? En casa de una Violante Cortesana de Madrid, por sangre nieta del Cid, y amante por no diamante, don Carlos mozo arrogante, con un don Juan de Toledo tuvo palabras: no puedo decirte bien la ocasión, ni más de que en la cuistión. Ay Julio, tiemblo de miedo Murio Carlos? . No Isabel, Carlos a don Juan mató, y aunque a san Miguel huyó no le valio! san Míguel; que acudiendo de tropel la justicia, queda preso. Triste, aunque mejor suceso. Por no ser caso pensado no pienso que es tan culpado Carlos de este loco exceso. Ah Julio, no era posible parar don Carlos en menos. Yo pienso que han sido frenos a su condición terrible, reducirle fue imposible a que estimase tu amor, y así preso está mejor, pues será por tiempo tanto, que le reduzga el espanto a satisfacer tu honor. Podrele ver? . Bien podrás. Dónde le han dado prisión? En la puerta del Cambrón con tres guardas. . Eso más? Antes mejor le verás por ser cárcel más secreta. Ni en el bien, ni el mal quieta fortuna estar me permite, pues no hay bien que no me quite, ni mal que no me prometa. Tú tienes lo que mereces, no hay para que replicarme, pésame que mi respeto te dé tan honrada cárcel. En que podían parar, don Carlos, tus disparates, sino en haberte perdido? Cómo me aborreces, haces Tan inorme mi delito, que yo sé, que cuantos saben, que ofendido y provocado di muerte a don Juan Velazquez, Alaban el valor mío, y que cuando tú te alabes de los muchos enemigos que has muerto soldado en Flandes no has ganado tanto honor. Qué loco del Nuncio sales; mal dije, que entras ahora donde por Dios que te amansen muchos años de prisión. Cómo tú, señor, me ampares no pienso que serán meses: pero como ansí me trates, veramé Zocodover verter del cuello tu sangre. Sobrino, si esta pendencia fuera con disculpas tales, que pudiera honrarme de ellas. mi hacienda, no es alargarme, Mi vida vender supiera: pero en casa de Violante, mujer libre de Madrid, sobre el juego, es cosa infame. Oí decir a un amigo, que mujeres semejantes Tart. y los que se pagan de ellas eran baraja de naipes. En copas dan el veneno, que emborracha a sus galanes, en los bastos, los bordones de tantas enfermedades. Esto dan ellas, y ellos dan los otros dos manjares; en los oros sus haciendas, pues hay tantos que las gasten, Y en las espadas, las muertes, y heridas que en tantas partes han sucedido por ellas. Para consejos ya es tarde, Lo que importa son remedios, y que a este Hipólito hables, que era amigo de don Juan. Para qué? . Para que calle, que si el jura soy perdido. Dónde está? . La misma car- le han dado, que a mí, si bien (cel la culpa no es más de hallarse al lado del muerto entonces. Vete a esas rejas, que salen a las vistas de la Vega, Carlos, mientras puedo hablarle, que yo haré que suba aquí. Haciendo las amistades no hay que temer más testigos. Plega a Dios, Carlos, que pare en que escarmientes. . Si haré, y muchos años te guarde. Mucho atrevimiento ha sido. Amor es incontrastable, no hay fuerza que le derribe, no al peligro que le espante. Damas, juráralo yo, ya vendrán a visitarle estos médicos a Carlos. Sin duda es este el Alcaide. Pues que le piensas decir para que nos deje hablarle? Damas, si buscan a Carlos, suplícoles que se bajen de la torre, porque ahora no hace tiempo de ocuparle, Dineros, pies, y favor dicen que son en la cárcel, las tres potencias del preso; cuál de aquestas cosas traen? Qué melindres y deleites tienen sus tiempos iguales allá donde piden celos, allá donde engaños hacen. Yo no soy la que pensáis, y es justo que os desengañe la vergüenza de mi rostro, la honestidad de mi traje, Y porque en secretos son las canas la mejor llave, sabed que soy su mujer. Su mujer, caso notable! don Carlos es mozo libre. Esto ahora no se sabe por don Vasco de Aragón; que vino ahora de Flandes, Porque ha de heredar su hacienda; y quiere en Madrid casarle, yo soy, señor, su mujer. Tenéis calidad bastante? Hija soy de un pobre hidalgo de limpia y antigua sangre. Qué hacienda? . Muchavirtud, heredada de mis padres. No es moneda que ya pasa, aunque era bien que pasase, ni basta limpia hidalguía sino hay oro que la esmalte. Si fue casamiento a escuras, porque parecéis un Ángel, y me obligáis a respeto, que no fue poco obligarme. Yo tengo algunos dineros con que vos en otra parte hallaréis igual marido, porque sabed, escuchadme, Que soy Vasco de Aragón, y no de esta puerta Alcaide, y vive Dios. . Señor mío, sin amenazar a nadie, Que a mí no me conocéis, y en llegando a despreciarme, ni vos, ni Carlos, ni el mundo merece que yo me baje A admitirle por marido, ni que él a mí me descalce: Carlos con fuerte escritura, y juramentos bastantes está obligado a mi honor, este no es pleito de Alcaldes, ni jueces de la Iglesia, porque sabré yo quejarme al Rey, y a su Presidente, y cuando no hacer matarle. Ese dinerillo vuestro a las mujercillas dalde, que suelen vender su honor, que como es su honor tan grande hay para venderle a muchos, y entre tantos mucho vale. Yo os hable con inociencia, si os ofendí, perdonadme, que Carlos es mi marido. A un espejo semejante miro la virtud en vos; y como en vuestros cristales, miro mis canas, por ellas quiero también reportarme. Desheredo a Carlos hoy con juramento inviolable de dar mi hacienda a mi hermana, y de no verle, ni hablarle mientras Dios me diere vida, ole destierren o maten, o aquí le tengan mil años. Señor, escuchad. . Dejadme. Qué has hecho? . Si lo has oído que preguntas? . Para darte la muerte ocasión me has dado. No puedes, Carlos, culparme, porque hablé sin conocerle. Tú dices, infame, a nadie, que eres mi mujer? . Advierte, Carlos, que no soy infame: mira que es ofensa tuya, que de esa suerte me trates. Cuando fui yo tu marido? Cuado a Dios, cuando a su Madre lo juraste. . Yo? . Sí. . Yo? Testigo su santa imagen. No se llaman juramentos esos que los hombres hacen cuando están fuera de sí, que fuera de si no valen. Qué ejemplo para mil necias! pero cuando ellos no basten, bastarán mil firmas tuyas. Papel es manjar del aire: vive Dios que no me veas, mujer enemiga, hablarte, que digo hablarte? ni verte, aunque dos mil siglos pasen, porque en cuanto dices mientes. Mi bien, si es enojo, baste, mira que esas asperezas en mujeres principales han causado muchos hierros. Para que me persuades con amenazas a mí? el cielo podrá bajarse al suelo, el suelo subirse a la esfera en que el Sol nace, Dejar de ser lo que fue, ser el agua y tierra graves ligeras, y el aire y fuego graves y dejar tocarse, Persuadir a un hombre lego con principios de estudiante, o hacer que mujer con celos siendo propia sienta y calle, Que eternamente, Isabel, verte, hablarte, ni escucharte. Pues primero, Carlos mío, verás que los cielos caen de los Polos en que estrivan, y que junta se deshace su soberana armonía, y verás que dos amantes cuando juraron no verse, dejen de verse y hablarse, Primero los elementos firmarán eternas paces tendrá el infierno alegría, y ser a un discreto fácil sufrir un necio, que yo pueda dejar de adorarte e.

JORNADA SEGUNDA

Años ha que deseaba ver a tu padre mi hermano. Murió, señor, Feliciano, quien vida y honra me daba. Quedaron mis esperanzas, rota su firme coluna, a discreción de fortuna, mujer en hacer mudanzas. Aunque en las que vengo a ver en mi desdicha y pobreza, tanta ha sido mi firmeza, que no parezco mujer. Tan necesitada estás? Tanto, que solo señor, me sustenta mi lavor, que después de Dios no hay más. Desde el valle de Carriedo, Montaña limpia y leal, de donde era natural tu padre, vino a Toledo, Quedé yo allí, y estos años tan mal de hacienda me fue, que por acá imaginé poder reparar mis daños, Hallo difunto a mi hermano, y a ti con tanta pobreza, que has doblado mi tristeza viendo mi remedio en vano. Y pues tu cuidado es tal, ya que es fuerza que me vaya, vente conmigo a Selaya pasaras lo menos mal. Que en aquel pobre rincón, aunque agradable aspereza, nos sustenta la nobleza como acá la ostentación. Bien sabe Dios si quisiera poder esconderme en él de mi desdicha cruel, tío, si posible fuera: Mas no puedo aunque lo inteeto por una notable historia. Aunque aflijas tu memoria refierela. . Estadme atento, En esta noble ciudad; Roma de España en grandezas, y en tener su eterna silla sobre montañas soberbias, En esta torre de casas, a donde mejor pudiera la arrogancia de Nembrot atreverse a las estrellas. Viéndome tan pobre y sola, y con alguna belleza, de la ociosa juventud sufri notables ofensas, No tuvo plata labrada su Casa de la moneda, ni joya su Plateria, ni su Alcana seda y telas, Ni flor, ni fruto su campo, ni caza su verde vega, ni peces su claro río, ni libres aves su selva. Ni conceptos la Poesía, ni las tinieblas licencia, ni la música instrumento, ni amor tercerá discreta, Con que no me conquistasen: pero eran balas de cera, que en la casa del honor son de diamante las puertas: Mas como donde no pueden entrar humanas flaquezas, hallan paso las desdichas. que entran en casa por fuerza, Carlos de Aragón, un hombre de conocida nobleza, se casó conmigo: ay Dios, que traición, y que inociencia! Fue secreto el casamiento, porque viendo mi pobreza Vasco de Aragón su tío no le quitase su herencia. Apenas de cierta noche: o que bien he dicho, apenas, que tantas como he tenido todas procedieron de ella. Llegó la luz del Aurora, cuando como hombre que deja la capa al toro; y se escapa, huye de mi cama, y vuela: No solo no me vio más, mas dio en vivir de manera, que su salud consumia con infamia de sus prendas. Mató finalmente un hombre, y por muchas diligencias, y poca prueba, a seis años de Oran a Carlos sentencian. Parte a cumplirlos; su tío airado le deshereda, sabiendo mi casamiento; muere, y su hacienda le deja Adoña Elena su hermana, mas no goza doña Elena su hacienda, hasta que se case: lloré seis meses su ausencia: Julio después, Julio un hombre que le sirve; trujo nuevas de que quedaba cautivo, porque alargando la rienda Una noche en Berbería de la demás soldadesca, le prendió un Alarbe Moro, y porque tuvo sospecha, Que era Caballero, pide con temeraría insolencia mil y docientos ducados: yo vendo mi pobre hacienda, que llega a docientos solos, sa hermana poniendo en venta sus vestidos y sus joyas, mientras su herencia posea, Cuatrocientos me ha enviado de su valor justa prueba, mas no puedo hallar arbitrio a los seiscientos que restan; Que todos cuantos me miran, y apasionados intentan hacerme bien, a mi honor quieren remitir la deuda: Pero aunque yo muera ausente, y Carlos cautivo muera, ha de vivir mi virtud, ha de triunfar mi paciencia, Que quiero yo que por mí, aunque imposible parezca, virtud, pobreza y mujer en un sujeto se vean. Mis brazos te quiero dar con uno, y con mil abrazos, que bien merece mis brazos quien mis brazos sabe honrar No puedo yo darte aquí lo que mi amor pretendía, pues en efecto venía a socorrerme de ti: Lágrimas me han atajado, queda, sobrina, con Dios. A qué hablasedes los dos aguardaba mi cuidado, Ya está aquí todo el dinero que doña Elena envió. Ay Julio; en lo que faltó; que humano remedio espero? Ya con seiscientos ducados tendremos toda la talla, con que le rescate Audalla, por Carlos bien empleados, Mas por el Moro es maldad, y ha sido precio excesivo. Que de tanto bien me privo por tanta necesidad! Cielos condoleos de lver, que por conservar mi honor resisto a ruegos de amor, y al ser pobre; y soy mujer. Bien sabéis que no ofendí eternamente el espejo de mi virtud. . Un consejo quiero darte. . Ay Julio, di. Bien pudieras en Toledo pedir para su rescate, pero de esto no se trate por justo respeto y miedo De lo que pueden decir, y de ser tan conocidos, y por tantos atrevidos, que te intentaron servir, Madrid es Corte en efecto, su gente y riqueza es más, en ella pedir podrás con libertad y secreto. Y no dudes que en seis días tengas mayor cantidad. Ah fuerte necesidad a que obligas si porfías! Ahora bien, esto ha de ser, vamos, aunque he de sentir notablemente el pedir. El pedir, siendo mucer? mal lo entiendes. . Porque no, si soy quién sabes? . No creas, que en comenzándolo seas más vergonzosa que yo, El pedir se ha de seguir al nacer cualquier mujer, porque el llorar al nacer es comenzar a pedir, La primera le pidio a su esposo que comiese, y aunque él su desdicha viese, eso que pidio, le dio. Y quiero, que consideres que la demanda, oración, deuda, firma, y petición porque piden son mujeres. Pintan la tierra con velos de mujer sobre la frente, porque pide eternamente agua, y más agua a los cielos, La prisión, la enfermedad, que son mujeres entiendo, porque siempre están pidiendo la salud, y libertad, Por el pedir se conforma la venganza al mismo ser, y la materia es mujer por pedir siempre la forma, En este traje verás a la codicia vestida, y siempre mujer la vida porque siempre pide más, Y son tales sus desvelos en pedir, y en perseguir, que en no habiendo que pedir nos matan pidiendo celos. En fin, o buenas, o malas, consumen sin resistencia con los celos la paciencia, y la bolsa con las galas. Julio, no corre por mí ese discurso que has hecho. Que sabrás pedir sospecho. Por causa tan justa sí, y siendo honrada y fiel. En comencando a pedir tan dulce lo has de sentir, que rescates medio Argel. Con lástima de tu historia bañé los ojos en llanto, y en tristezas la memoria. En penas que afligen tanto, causa el referirlas gloria. Pero ya me pesa en parte, Fátima hermosa, de darte pena con mi historia triste. Tanto esa mujer quisiste? Dejo su belleza a parte, Yalabo su discreción, y su virtud sumamente. Pues como tanta afición pudiste olvidar presente, sin que te diese ocasión? Porque es fácil olvidar a cualquier mujer de bien, que en no poderse vengar con dar celos, no hay con quien pueda picar, y abrasar. Hace que sin pesadumbre el que quiere olvidar pase: amor no es más de una lumbre, porque no hay cosa que abrase como el trato, y la costumbre. Muchos piensan, que es amor aquel gran desasosiego, y es la costumbre, en rigor, que amor hasta el bien es ciego, y luego al trato inferior. Yo he sido de esta opinión, si bien causa maravilla a muchos, que de otra son; que amor no es más de tablilla, y la costumbre mesón. Así yo pude olvidar, pues una noche no es trato, nudo mi amor cesar. Oh tu eres, Carlos, ingrato, o nunca supiste amar: Moras han estado aquí de las que echastes de España, que me contaban a mí como vuestro amor engaña, y desde entonces temí. Qué tienes tú que temer? Yo me entiendo. . Bien quisiera, Fátima hermosa, querer a Isabel, si no tuviera gusto de propia mujer. Ya te dije, que era honrada, y en extremo virtuosa; y que me quiso engañada. Siendo propia, no era cosa más segura, y más fundada? Al principio te decía, que como ella no sabia dar celos, si no llorar, no me podía picar, y yo dejarla podía. Cuando es libre una mujer más presto a querer obliga, porque está diestra en hacer las varetas, y la liga en que se vuelve a querer. No has visto que un cazador de su mano al rededor pájaros suele poner? pues lo mismo la mujer con hombres provoca a amor, Alá me libre, que hiciera mas que esa necia tu esposa, aunque nunca más te viera, que amar sin honra es la cosa más indigna, injusta y fiera. Querer en correspondencia es justicia, y es prudencia, pero de otra suerte no; porque en los desprecios yo, ni tengo amor, ni panciencia. Pues, Fátima, la mujer que no sabe dar disgusto pocos la saben querer, que hacer pesar; dobla el gusto, y no hay sin pesan placer. Si la mujer que yo quiero por honrada; considero que está en su casa llorando, mientras de su amor burlando ajenos brazos espero. Qué celos me han de picar? qué temores despertar? mas si no es mujer de bien, y en haciéndola un desdén otro ocupa mi lugar. Y le veo con buen talle, que para verme salir ronda su puerta, y su calle, dónde me tengo de ir? cómo tengo de dejarle? De suerte, que no queréis sino solo mal tratados? Eso todas lo sabéis. De manera, que obligados olvidáis, y aborrecéis, Estoy por decir, que sí. Y yo te quiero creer, pues aborreciendo a Alí, da en que he de ser su mujer, como yo en quererte a ti. Qué dije! . No te arrepientas, que en esta desigualdad lo que no es posible intentas. Naciste sin voluntad. Por tan bárbaro me cuentas? No digo yo que lo eres, pero parecen mujeres los hombres, cuando los ruegan, y sin perder honra, niegan lo que tu negarme quieres, Ea. Cristiano, y esclavo, acércate a mí, no seas tan desabrido, y tan bravo. Quiero, Fátima, que creas, que de costumbres me alabo. Mi dey me aparta de ti. Si me quisieras, dejaras el mismo Cielo por mí. Tu padre. . En eso reparas? Yo te le presento Alí, Pero por precio no puedo, pues a traer mil ducados partió un soldado a Toledo, que tiene deudos honrados. Basta, satisfecho quedo. Demás, que le tengo amor, y si es para tus fragatas será venderle rigor, que aunque tú no los maltratas viviera en tierra mejor, Que al alcanzar, y al huir es fuerza azotar, y herir. Por Alá, que no es mi intento echarle al remo. . Esto siento Carlos, yo me quiero ir, Que no quiero que me hable el Alcaide, aunque te diera, celos, que es lición notable. Yo pienso que entonces fuera roca al mar incontrastable. Diez esclavos te daré por este Español. . No sé cómo negártele pueda? ya es tuyo, contigo queda. Fátima ingrata se fue: Carlos? . Señor. . Ya eres mi Andall a te me vendió. De libertad desconfío. Sabes quién soy? . Bien se yo que contra el cielo porfío, Él me quiere castigar. Sabes que el Alcade soy de Tremecen? . Si tratar verdad no es ley donde estoy, que tengo ya que esperar! Con Audarla he concertado mi rescate, y un soldado por él a España nartio, y hame vendido. . Si yo soy, Carlos, quien te ha comprado, No pierdas las esperanzas; Turco soy, que no soy Moro, noble soy. . Tantas mudanzas! cielo, tu castigo adoro, y de Isabel las venganzas. Ven conmigo, que yo creo que te has de hallar bien? . Deseo la muerte, pero si en fin es de los trabajos fin, un imposible deseo. Si pides de aquesa suerte la limosna, será cara, mira que el pedir no quiere vergüenza. . Pues pidan otras, Que yo no puedo perder, Julio, tan preciosa juya. Pide, con rostro apacible, pide con risa en la boca, Y con los ojos de suerte, que las entrañas les rompas: bien hayan las Cortesanas, que aún para pedir aloja Dan dos ojos en almibar, y una mano en pepitoria, da muñecas pesia tal, que estas las llaman ahora Pronóstico de los bajos, aunque hay temerarías sotas, que hay mujer de puños grandes, que después que artificiosa Da muñecas garrofales, tiene piernas cantimploras: pide con aire, con brío, que tu honor no se desdora, Porque les parezcas bien, que a ser eso cierta cosa, no fueran dando en los coches manos blancas las hermosas, Manteos cuando se apean, chapines cuando se mojan, y no te detengas tanto, ni a tantos cuentes tu historia, Pues qué tengo que decir? Aprender la gerigonza de los pobres ordinarios. Estás loco? . Tú estás loca, No has visto un pobre que tañe su víguela, o su vigornia, que en llegando a alguna puerta medio sonecillo toca, Y si responden, espera, pasa el arco a la zampoña, y en diciendo no hay que dalle el muchacho, o la fregona, Sin tocar otro compás deja el son a media copla? pues eso mismo has de hacer, haz cuenta que eres Gascona, Y en viendo: Dios la provea, dalle codo, y tomar postas. Soy yo pobre, Julio? . Yo soy bronce, si melindrosa pensará que habías de ser, por Dios que vinieras sola. Llévote donde posaba un Duque de Alba, que adorna mejor la Corte del Rey, que el verde campo la Aurora. Un Duque de Feria, honor de los nobles Figueroas, con un Conde de Salinas, que las cárceles adoran. Un Duque del Infantado que no el, cualquier Mendoza puede traer los esclavos de Argel, y Constantinopla. Un Duque insigne de Sesa de Cordoba honor y gloria, que te diera más escudos que el suyo trofeos bordan. Dije, que el Duque de Cea pasaba en una carroza, no le quisiste pedir, ni después en la Victoria Al Marqués de Peñafiel, ni al Enríquez, a quien postra Castilla como a Almirante las torres de su corona. Pues si no pides a estos qué esperas? . Temor reporta mi lengua, mis plantas hiela. Pues dame ese manto y toca, Yo seré mujer de Carlos, que no seré, si me enjoyas la primer mujer barbada, y para disculpa sobra, Que de la humedad del mar me salieran estas pocas: allí va, corretras él, el Marqués de Barca. Rora, Príncipe, que no sin causa Puerto. Carrero se nombra: con el Conde de Saldaña va don Antonio de Borja. Mira al Duque de Maqueda, que se parte a Oran ahora, piedad tendrá, pues don Carlos se perdió por ganar honra En las campañas de Oran. Ay Julio, yo tiemblo toda, a señores, yo no puedo. Pues gente de toda broza que nos han de dar, ochavos? Soy nueva, estoy temerosa. Para el Duque de Pastrana no hay disculpa, llega, dobla esa condición esquiva. Julio, no me descompongas. El Arzóbispo su hermano, adonde España atesora tantas virtudes y letras, que ya lo es de Zaragoza con llanto igual de Granada viene con el, que te asombras? No puedo, Julio. . No puedo! o bien hayan las busconas que van de noche tapadas por callejuelas angostas, Zapateras al pedir, pues como al quitar las hormas tienen sus sacabocados, ellas tienen saca bolsas: Vive Dios que nos volvemos sin blanca. . De eso te enojas? piensas tú que soy Gitana, que he de llegar de esa forma, Julio, a decir al que pasa, que tiene cara de rosa? el arbitrio que me has dado, es mi destruición notoria, Porque en llegando a pedir me dan mortales congojas. Harto bien negociaremos, mas si tanta pena tomas, dale al Rey un memorial, que en su piedad generosa, y Cristianísimo celo hallarás, como conozca tu necesidad, remedio, o a la Princesa Española, si tenemos tanta dicha, que alguno a tus pies te ponga. Espera Julio, que viene un galán. . Llega animosa. Hola, llévame el caballo al juego de la pelota. Caballo dice que tiene. Si el es necio; tanto monta. Suplico a vuesa merced, que me mande dar limosna para mi esposo cautivo. (moza. Dónde? . En Argel. . Buena cómo cautivo? . En Oran saliéndose de la tropa en que iba a los Advares de su campaña arenosa. Cómo se llama? . Don Carlos. De dónde sois? . Con que sorna habla el señor Cortesano, y le responde la tonta! De Toledo soy, señor. Hermosa ciudad. . Famosa. Señora, Dios os provea, lleva ese caballo, hola. Oleado estés, borracho, plega a Dios antes de un hora: Dios os provea! . Qué dices? no quieres tú que me corra de ver, que un hombre galán de esta suerte me responda? Sabes como son aquestos tan compuestos de persona, y tan grandes majaderos, que es semejanza ingeniosa: No has visto venir de Flandes en unos lienzos ahora pintado un galán bizarro con su cuello, capa y gorra, y mirándole de un lado es un jumento, que rozna con vara y media de orejas, pues en esto se transforman muchos de estos Cortesanos. Las preguntas enfadosas en Dios, señora; os provea pararon después de un hora, no es oficio para mí; mas con dos damas hermosas vienen dos gallardos mozos. Estos, de vergüenza sola te darán cuarenta escudos. Los treinta y nueve perdona. Ay pobre, que en viendo hembras toda la labia desdobla, porque sabe que por ellas es la limosna forzosa. Y dónde en efecto vais? A la comedia samosa, que representa Morales. Famosa, cómo se nombra? La rueda de la Fortuna. Tenéis razón, escribiola el Doctor Mescua. . Bebio todo el cristal de Helicona. Súplico a vuesas mercedes den su bendita limosna para rescatar un hombre. Si esos ojos le aprisionan, quién le basta a rescatar? Qué belleza! . Milagrosa: si me queréis por esclavo, tendré por dicha, y por honra serlo de tan dulce Argel, que cautiva y enamora. Requiebros, señor hidalgo, vicio son, que no limosna, mirad que está allí mi hermano. Las ofensas amorosas merecen perdón, tomad. Pagueos Dios la buena obra. Esto recibid de mí, y dichoso del que goza de tal prisión. . Qué te han dado? Dos de a ocho, pero nota, que fue por esas mujeres limosua de vanagloria. Ella vino con muletas, que debía de estar coja. Dirasle que vuelvo luego. otro llega, al mar te arroja. Para un cautivo, señor. Estas bellezas ociosas andan con aquestas flores, mal haya quien no os azota. . Guarda la cara. . Esto es hecho, si cuantos cercan las ondas del mar me diesen, no pienso pedir más. . Ya con la hoja estuve por responder. Julio amigo, a Barcelona, o a Valencia caminemos, que una invención milagrosa se me ha ofrecido por Carlos. Cómo? . En esclava me torna, y venderme a quien te diere, pues hay muchos que las compran, lo que falta del rescate. Estás loca? . No interrompas el intento de mi amor. Y los clavos? . Pues qué importa si me los puedes fingir? Celebren versos y prosas tu nombre. . Qué voz es esta Es de un hombre que pregona un coche para Sevilla, linda ciudad. . Nueva Roma, este alquila. . Voy. . El ciel mi buena intención disponga: De quién se contó en el mundo una hazaña tan heroica? Yo quiero que andes galán, aunque en hábito de esclavo. Tu hidalgo término alabo. Qué sabes, Carlos, de Oran? No más de que han proveído al gran Duque de Maqueda, y que mi soldado queda en nuestra tierra afligido En no juntar mi rescate, que mi tío se ofendió de que me casase yo, y no hay quien de darle trate. Solo dice, que Isabel vendió su pobre hacendilla. Por Alá, que maravilla ver una mujer fiel. Es de suerte que me ha hecho venir a tenerla amor. Y que conserva su honor entre ausencia? . Si sospecho Siendo tan pobre, y tan bella tanta virtud, donde usais la libertad que les dais, la virtud se prueba en ella. Difícil es de creer, yo pienso que amor te engaña en la libertad de España, virtud, pobreza, y mujer no puede ser. Las que aquí son virtuosas, Alcaide, sonlo forzadas, en España son honradas por sí mismas, siendo hermosas. Y pues que llega a tener Isabel, con tal belleza, tanto honor en tal pobreza, virtud, pobreza y mujer bien puede ser. Si aquí con tanto recato aún no podemos vivir, donde el dejarlas salir es de muchos hombres trato. Cómo libres puede haber lo que falta a quien las cierra? mira, Carlos, que en tu tierra virtud, pobreza y mujer no puede ser. Ay tantas allá tan buenas, que con esa libertad de ejemplos de honestidad están las ciudades llenas. Si se deja parecer una mujer tan hermosa por ser pobre y virtuosa, virtud, pobreza y mujer bien puede ser. Pero quiérote enseñar una carta que me escribe. De quien tan honrada vive déjame el papel besar. Pluguiera a Alá me quisiera Fátima, como Isabel te quiere, pues tan cruel en no querer persevera Aceptar el casamiento, que tenemos concertado yo y su padre, . Tu cuidado suspende, y estame atento. Parte zo. Cautivo del alma mía donde está mi libertad, por quien vivo en soledad en esta noche sin día: desde Toledo te envía el alma, si hay alma en mí, pues sabes que te la di, más suspiros, que razones, y más almas, que renglones para que vivan en ti. Esta tinta con que escribo lágrimas del pecho son; el papel del corazón, que está contigo cautivo: no sé mi bien como vivo, pero sé, que he de morir, que no puedo resistir de tu prisión los enojos, porque ausente de tus ojos es imposible vivir. No los vuelvo a parte alguna, donde, aunque me fuiste ingrato, no me asombre tu retrato, aunque sin piedad ninguna: quejarme de mi fortuna no quiero, pues que te vi, que vale más para mí el ser de ti aborrecida, que tener descanso y vida en otros brazos sin ti. Ojalá que aquese Moro me quisiera en tu lugar, que yo fuera a rescatar con mi vida la que adoro: dícenme, que arenas de oro lleva el Tajo, si esto fuera, una a una las cogiera para juntar tu rescate: pero a que vender me trate, Carlos, con paciencia espera. Dos hierros pienso ponerme, y venderme por librarte, Carlos, en alguna parte, que no puedan conocerme: a todo pienso atreverme, hasta morir, o vencer; esta te dará lafer, y él te dirá como quedo, y que hay juntas en Toledo virtud, pobreza y mujer. Huélgome de haberla oído, aqueste lafer quién es? Un Moro de Ifre. . Que estés agradecido te pido, Que lo merece Isabel, y que tengas esperanza, que haurá muy presto mudanza en tu fortuna cruel. Ya ves que a Fátima adoro, si negocias que me quiera, que será mi boda espera tu rescate, afe de Moro. Yo te daré libertad. Cuando en España se muere quien tiene esclavos, y quiere mostrar entonces piedad, Libres los deja al partirse, y si tú me la has de dar casándote, harás pensar, que es el casarse, morirse. Esto procura, pues puedes, que en persuadir tenéis gracia los Cristianos. . Mi desgracio con tu nuevo intento excedes. Mis galeotas están a vista de Tremecen, visitarlas será bien mientras tus cuidados van A pedir para los dos a Fátima libertad. De tu liberalidad la espero. . Guárdete Dios. Desde estas playas bárbaras, y que miran la desierta Berbería, toma por verte, España, cada día alas el alma, y la esperanza postas. Amor, que la más verde selva agostas de las que tiene quien en ti confía, pues si a tus puertas el engaño guía, de entrar son auchas, de salir angostas. Cuándo veré mi patria? cuando el claro Tajo, que baña de cristal sonoro la gran ciudad, que fue de España amparo? Cuando al opuesto de su Arlante Moro, serán sus torres de mis naves Faro, que de la libertad no es precio el oro. Que buen encuentro al salir paño. . Es este el esclavo? sprecio el oy Parécete que le alabo sin causa? . Puedes decir, Que vives bien empleada. Aún no le parezco bien. Qué es la causa? . Que también tiene el alma apasionada. Hate visto bien? . No sé. Descúbrete más. . No puedo que tengo algún lince miedo, que por ventura me ve. Finge que por el cendal teva una araña. . Ya baja Fátima del baño. . Arlaja, Arlaja, hay Dios que animal! Sacude el manto de presto. Bizarro talle! . Ay Cristiano, llega, llega, da la mano a Fátima? . Pues qué es esto? Ay Carlos tan fiera araña en mi vida pensé bella! Para dejar de tenerla bien san Jorge os acompaña! Traed con vos un membrillo, o algún pedazo de sal, que a su veneno mortal son contrayerba y cuchillo, Pero yo tengo que hablaros. De aquí a mi casa podrás, aunque fuera de ella estás. Y a vos quiero suplicaros lo que decirla rehuyo. Que te ha parecido el talle de Fátima? . Qué envidiarle puede el Sol. . Pues ese es tuyo. qué puedo hacer? . que no aguardo a hablarte perdiendo honor, que a mujer que tiene amor enfada un hombre cobarde. En esto me entretuve todo el tiempo, Finardo, que sabéis, tan olvidado como si hubiera con el Griego Ulises comido el árbol del olvido eterno. Amor es un hechizo dulce y tierno, que embelesa, y adverme los sentidos, en este error fantástico perdidos. Quise notablemente la belleza de esta mujer. . Y siendo su pobreza tan notable, fue siempre virtuosa? Vivio siempre, Finardo, cuidadosa con tanta honestidad como hermosura. Merece en bronce, en oro, en escultura de porsidos lustrosos por más gloria escribir a los siglos su memoria. No solo yo de aquesta fortaleza fui resistido, pero el oro, el ruego, la diligencia de otros mil amantes, que vieron sus almenas de diamantes de valientes soldados coronadas, reluciendo los yelmos, las espadas Del honor, la vergüenza, y el recelo, por quien pelea agradecido el cielo, Toledo en lo demás me entretenía, ya por los verdes bosques escuchando los ruiseñores, en los altos olmos, ya sentado a la orilla de su río, viendo casi los peces en la arena, pues al rojo metal, de que está llena, sirve de toldo de cristal el agua: allí pues donde el pensamiento fragua tantas resoluciones y quimeras, trazaba ver del Betis las riberas: pero luego me echaban sus prisiones de Isabel las divinas perfecciones. Bien estáis en la patria, bien en Gradas. Qué gente es esta que mirando viene con círculo vulgar alguna cosa, que debe de ser nueva y monstruosa. Una esclava que venden junta el vulgo. Y tienen gran razón pues su belleza mas muestra una Real naturaleza, que no de humilde y bajo nacimiento. Tenéis razón. . Estad al precio atento, Lo que digo daré. . Pues es muy poco. No se ha dado tal precio por esclava, y aún en Sevilla me tendrán por loco. Sabéis, Finardo amigo, que miraba, si no es que con las ansias me provoco; que es esta la Isabel que yo adoraba. Pues era esclava? . No si no señora, faltó por Dios naturaleza ahora. Este es su rostro, y si en sus rosas viera menos los clavos sin respeto impresos, que era la misma que adoré dijera. Son de un ausente amor locos excesos. El alma que me avisa persevera. En el mundo se ven tales sucesos. Sea quien fuere, parecerla basta, como no la parezca en ser tan casta. Pues comprarla queréis? .Q ent tanta hermosura? 2. Doí los cuatrocientos. Parece que los distes de malicia. 2. Rusino, en el comprar no hay cumplimientos. Qué piden de la esclava? . Si es justicia a mí me la darán. . Piden quinientos, y cuatrocientos dan. . La esclava es mía. Por vos me huelgo. 2. Haceisme cortesía, Pues buen provecho, y buena prole haga. Dónde se ha de acudir por el dinero? En oro, y luego llevaréis la paga. Merced me haréis, porque partirme quiero. No hay imaginación que satisfaga al bello rostro que miré primero: de dónde sois? . Señor, de Berbería. Bendiga el cielo tierra que tal cría. Pues bendiga en Toledo al Pozo amargo. Sois Cristiana? . Querría. . Prueve a dalle dos lonjas de pernil, así a lo largo. Yo he comprado un tesoro en vuestro talle, venid tras mí. . Ya voy: Julio a tu cargo queda mi bien. . Yo parto a rescatalle. Y yo en Sevilla por esclava quedo, Y laurel de las armas de Toledo.

JORNADA TERCERA

̱. De esa suerte se defiende? ̱. Dos meses ha que peleo con ella, y con mi deseo. Pues qué dice? . que no entiende. ̱. Las Irlandesas que a España vinieron, si les decían que sirviesen, respondían eso mismo. . Cosa extraña, Que una esclava se desienda de su dueño, y siendo Mora! ̱. Si ella en el honor adora, Parte 26 no es mucho que no le ofenda. Creo que tiene por Dios la honra esta alarbe fiera. Por Dios que yo la vendiera si fuera Hipólito, vos, Vos no coméis ni dormís, ni un instante sosegáis, si de vos no la apartáis con más tormento vivís, Que de Sicilia el tirano, que Falaris de Agrigento. Hoy en esta huerta intento el postrer remedio humano, Los criados con secreto hice a Sevilla volver, ella sola que ha de hacer si doy a la fuerza efecto? Rendirse, pues no hay aquí quien la escuche, aunque dé voces. Estas bárbaras feroces se quieren tratar ansí. Salid presto, que ha venido y cerrad con esta llave la huerta. . Voy. . Amor sabe que estoy perdiendo el sentido. Verdes álamos altos, cuyas copas Las gabias vencen de estas fuertes naves, Haciendo en vos los Céfiros suaves las hojas velas, y las ramas popas: Adonde acuden en diversas tropas Mil diferencias de pintadas aves, Campos de flores, y edificios graves, Donde roba el amor tantas Europas. Árbol de Palas, de la paz despojos, Que al claro Betis coronáis la frente Entre obas verdes, y corales rojos, Llorad conmigo, convertidme en fuente; Mas ay, que aunque sus hojas fueran ojos No pudieran llorar mi dulce ausente. Han traído Zaida? . Señor. la comida? . A punto está, mas donde Antonio se va quedando en casa Leonido? A ningún criado veo, su descuido castigad. Conocen mi voluntad adivinan mi deseo: Solos estamos aquí, yo he trazado la invención. Pues a qué efecto? . En razón de que te duelas de mí; pareces tanto a Isabel, que menos, Zaida, quisiera, pues quien no la pareciera cómo fuera tan cruel? Quiere, Zaida, quiere a un hombre que es por lo menos tu dueño, Cómo quien de un grave sueño despierta oyendo su nombre, de mi tierna condición sale mi honor en oyendo vuestra ofensa. .̱ En que te ofendo En esa loca afición. En quererte? bien se ve, que eres bárbara, de tierra que la dulce paz destierra que nace de amor. . Por qué? Todas las cosas criadas están al amor sujetas, y no pueden ser perferas si están de amor separadas. En los Orbes celestiales hay una perfeta unión, que causa su duración con movimientos iguales. Y con ser los elementos tan contrarios, el también los hace que en paz estén, y enfrena sus movimientos. Al agua adora la tierra, al aire el agua, y al fuego el aire, que el amor luego vuelve en paz su eterna guerra, Cuanto vive está con él en una cadena eterna, y cuanto enlaza y gobierna tiene duración por él. Amán, Zaida, aquestas flores, y amor es tercero aquí, que parece que entre sí se casan con sus colores. No lleva fruto la palma si está donde no la vea la palma que ella desea, que hay en los árboles alma. Aman las fieras, suspiran los peces mudos, las aves dicen sus quejas suaves a las fuentes que las miran, Y las aguas dan señales de amar, pues con dulce son por estar en más unión se convierten en cristales. Quiere tú, pues no es tu ser de piedra, planta, ni flor, si quien no conoce amor se puede llamar mujer. Si yo amase en otra parte que tan bárbara sería? hi Beria desdicha mía, y ocasión para matarte. ̱. Si amase a un hombre en Oran de mi ley, y de mi tierra, y que más partes encierra de gentilhombre y galán, En qué os ofendéis de mí? En que está ausente, y le quieres, que no soléis las mujeres tratar los hombres así. Si le olvidara, dijeras que era falsa y desleal, ni os agrada el bien ni el mal, ni las burlas, ni las verás. Zaida, cerrados estamos, yo tengo resolución de salir con mi intención, si las voces excusamos. Será bien para los dos, si no, yo sabré taparte la boca; no hay que turbarte. Que estás resuelto? Hi. Por Dios Que está todo prevenido, y hasta las puertas guardadas, las voces son excusadas. Pues que me escuches te pido: Yo no soy Zaida. . Pues quién? Isabel la de Toledo! Si fuese verdad, no puedo, amor, desear, más bien, Tú me quieres engañar. Pues ves los clavos aquí. Hi. Isabel, y esclava? . Ansí me manda amor disfrazar. Pues porqué causa te has puesto en hábito tan extraño: Por amor tuve el engaño que has visto por más honesto. Tanto tu virtud me agrada, que me casaré contigo, y desde ahora me obligo. No puedo, que soy casada. Casada, Isabel, con quién? Con don Carlos de Aragón, que desde aquella prisión tú le conociste bien. Echáronle por seis años por la muerte de don Juan, Hipólito noble, a Oran, de que nacieron mis daños. Cautiváronle, vendí mi hacendilla, no alcanzó, pedí, ninguno me dio, que con vergüenza pedí. En mil remedios hallé, que si por él me vendía con mi obligación cumplia, vendime, a Julio envié. Del una carta he tenido, que el primer dueño vendió a Carlos, a quien compró un Alcaide bien nacido, Que le tiene en Tremecen, que estos días que he llorado, está carta lo ha causado. Premio los cielos te den, Isabel, de esa firmeza, y ríndame su laurel Rodope y Porcia, Isabel, y su casta fortaleza Sulpicia, Lucrecia, y Drias, y honrese tu patria bella de que tu naciste en ella en tan peligrosos días. A ejemplo de tu valor tan liberal quiero ser, que no es bien que una mujer pueda tenerle mayor. Que a Oran tengo de partir, y tu esposo rescatar, que historia tan singular cuando se venga a escribir, no ha de dar más maravilla por virtud, que envidiar puedo de una mujer de Toledo, que de un hombre de Sevilla. Voy a hacer abrir la puerta que ya sé que de la Fama que con su laurel te llama, la tiene su templo abierta. Donde en gloria de tu nombre puede este siglo poner, que hubo en el una mujer que se vendió por un hombre, Espera, Hipólito, espera, dónde me quieres dejar? En mi casa hasta tomar la playa de esta ribera, Adonde a Carlos traeré. Eso no, yo he de ir contigo. Si quieres venir conmigo hasta Oran te llevaré, Y llevaré para el Moro telas, joyas, Isabel, que me dé otros mil con el por granas, diamantes, y oro; Beso tus pies, que si aquí algún valor he tenido, tú le venciste, que has sido quien pudo vencerse a sí. Vamos, y un mismo laurel para los dos se confirme, a mí por mujer y firme, y a ti por hombre y fiel. Cómo tengo yo de amarte, Alcalde, si de mis ruegos nunca conocí en tu amor la ejecución que deseo? No te he rogado que echases aqueste Español al remo, porque le tienes en casa? Fátima, todo lo entiendo, porque Carlos ha tratado contigo mi casamiento, porque no te quiere Carlos te vengas de su desprecio. Sábeslo ya? . Ya lo sé, y también lo sabrá presto Audarla tu padre. . Audarla es mi padre, y no es mi dueño: confieso que quise a Carlos, pero fue con pensamiento de hacer un servicio a Alá en darle este hombre. . Yo creo que fue tu celo piadoso, pero no lo son mis celos. Tú no dices que me quieres? Bien sabes tú que te quiero. Pues haz diligencias tú en tanto que yo no puedo para desenamorarme. (pero. Dímelas tú. . Espera. . Es- Para desenamorar, dicen, que el mejor remedio, es, casar una persona con la que tiene en deseo: siendo así, con él me casa, y verás, Alí, que presto, si la recera no miente desenamorada quedó. Qué te case con él? . Sí, para que pueda con esto pasar a Carlos, Alcaide, todo el amor que le tengo. Harto mejor es matarle, que es el remedio más cierto y ese lo he de ejecutar; pues a perderme el respeto llega de tu loco amor, Fátima, el infame exceso presto llorarás su muerte. Ay cielos, poned en medio de los dos vuestra piedad! Ca Fátima hermosa, qué es esto? No te vio el Alcaide? . No. Pues huye, Carlos, que pienso, que quiere matarte Alí. Pues dónde, Fátima, puedo? A esos montes, a esos valles del río, que pues yo llego a quitarte de mis ojos, ten el peligro por cierto: darante dorado fruto las palmas, para sustento, agua te darán mis ojos. Guárdete, Fátima, el cielo. Ah venido aquí mi esclavo? Mil veces, Alí soberbio, el espejo de tus ojos me llamaste, no lo creo, pues dicen, que el más airado como se mire a un Espejo pierde la cólera, y tú viéndote en mí no lo has hecho. Qué importa que espejo seas, si te ha manchado el aliento de un esclavo? . Porque diste por Carlos tanto dinero, si era persona tan vil? Por tratar mis pensamientos con un discreto, que dicen, que los alivia un discreto. Oye, Alcaide, por tu vida. Si son entretenimientos para que yo no le mate, presume que ya te entiendo. Antes te engañas, Alí, porque hoy me conto Fidelio, que por el río a la mar el y otros cuatro se huyeron. Doy albricias; por Alá, aunque mil escudos pierdo, que más que cien mil escudos pelan dos horas de celos. El que miras es í. Con salbvo conduto vengo del gran General de Oran, para desde aquí a Marruecos, famoso Alcade, a quien guarde por muchos años el cielo, para rescatar a Carlos, un Cristiano de Toledo, que fue cautivo de Audalla. Dónde tienes el dinero? Dónde tienes el esclavo? El esclavo, no le tengo, que se me huyó desde alnoche. Pues, Alcaide, yo me vuelvo. Daca el dinero. . En Oran le tiene Joseph Hebreo, donde le he depositado. Quién eres tú? . Soy su deudo. No serás si no su deuda, pues de ti cobrarla espero; el esclavo se va a España, dame, Cristiano, el dinero. Ya te digo quien lo tiene, y yo, porque te lo debo? Siboroo la Hola . Señor. . Una almilla, bonete, y cadena presto, y dalde docientos palos, hasta que caliente un remo. Docientos palos! por Dios, que bien sespachado vengo, pues que pidiendo un cautivo quieren que lleve docientos. pásito señores Moros. Acabe, vistase presto. Esto más es desnudar. Todo cuanto ves he hecho, Fátima, por darte enojo, y vengarme de aquel perro. Al Conde pienso escribir, que así le guardas respeto. Pues dile al Conde, que venga, y a Tremecen ponga cerco. Hay hombre más desgraciado! qué hay cautivo? . Aquesto es bueno! qué hay esclavo? . Ya se enmienda, vive Dios; que no ha un momento que estaba libre, señoras. Soldado, aquestos sucesos son de la guerra. . Qué guerra? que en mi vida fuera de esto salí de Cocodover. Cristiano, verdad diciendo, bárbaro ha sido el Alcaide. Sea bárbaro, o barbero, vive Dios, que no podía tenerme sin culpa preso, porque yo vengo de paz. Él os tendrá por lo menos aquí trece, o catorce años. Trece, o catorce! Santelmo: vive Dios, que es maldición si entre bárbaros me quedo, pues por no pagar la barba di perro muerto a un barbero: a dios, España, a Dios patria, a Dios Tajo, a Dios Toledo, huerta del Rey, cigarrales. Pues los lloráis? . Poco menos. Ahora bien, venid conmigo, que quiero daros remedio para vos, y para Carlos. Mil veces los pies os beso, que bien será menester, según los tienen pequeños las señoras Africanas. La historia contaros quiero del enojo del Alcaido. Y yo deciros, que tengo una hambre temeraría. También regalaros pienso Aura cosa de pernil.) puerco. Qué es pernil? . Puerco. . que es Cóchino. . Cómo? . Tocino. Aquí no se trata de eso, arrope, miel, y alcuzcuz hasta no más os daremos. Alcuzcuz? ahora bien, vamos, ha España, tierra del cielo! lio la al Con la nueva que tuve que vivía Carlos en Tremecen, doblando el Cabo, vine a vista de Argel, y de Bugia. La población de aquesta costa alabo. Hi, Deshizo a Tremecen de Argel la envidia, que la trataba como a propio esclavo, Tanto, Isabel, la sujeción fastidia. Pequeño Reino. . Quince millas tiene desde el mar a los montes de Numidia. Estos pocos castillos entretiene, por las guerras del Turco, y Carlos Quinto. Veloz el río al mar huyendo viene; Ya mi cautivo en la memoria pinto del Afrícano Sol todo abrasado, y de la suya mi valor distinto. Qué notable es la industria que has pensado de fingirnos Moriscos Españoles, para buscar a Carlos sin cuidado. Ya voy sintiendo los ardientes Soles de aquesta tierra vil. Hi. Tienen su arena los Trópicos en rojos arreboles: Siéntate un rato en esta orilla amena, puesto que no corone al claro río mastranzo, lirio, trevol; y herbena, Hasta que descogiando el manto frío de la noche la tarde perezosa; llegue la barca que a la sirga envío. Puesto que el corazón nunca reposa, sentarme quiero, a ver si vence el sueño una imaginación tan poderosa. Huyendo voy de aquel tirano dueño, hasta que su furor injusto pase, que nunca con los celos fue pequeño. Aunque su misma condición le abrase: si debiera el honor con juramento, aconsejo a cualquiera que se case. Ay Isabel, que claramente siento, que el cielo me castiga aquel engaño? mas ay, quién habla aquí si no es el viento? A quien huyendo teme el propio daño, las peñas hombres, y armas le parecen, hasta que son las manos desengaño. Si son Moros aquellos que se ofrecen, yo soy perdido, extrañas confusiones! y mis ingratitudes las merecen. Allí bajan al agua dos leones, de los dos daños a los Moros quiero, que hay mal, y hay menos mal en ocasiones. Ay cielos, qué es aquesto! ya que espero, pues he perdido el seso en la desdicha! tal puede de un dolor el curso fiero. De la imaginación será por dicha falsa pintura, y aunque engaño sea, por ser de mi Isabel la tengo a dicha, Mas porque luego el desengaño vea, está a salado un hombre de buen talle, con que ya no es posible que lo crea. Gente deciende por el verde valle. Un cautivo se aparta del camino. Sin duda es Español, quiero llamarle. Que llegue una tristeza a desatino, que me parece a mí que estoy mirando aquello que tan lejos imagino! Quiero por estos árboles buscando lo más oculto, huir mi pensamiento, mas no podré, que va conmigo hablando. Cautivo espera. . Ay Dios mi lengua siento? Oye cautivo? . Aquella voz me asombra, y detiénese el alma al dulce acento. Oye Español? . Quién español me nombra? Una mujer de España. . Sombra mía debe de ser, si el alma tiene sombra; porque después que de Isabel tenía la imagen que otro tiempo despreciaba, dentro del alma como Sol vivía. Cuando de responder me retiraba, era por presumir que erades Moros. Vas fugitivo a caso? . El mar buscaba. La libertad son últimos tesoros. Un vergantín tenemos en el puerto. Mueve a piedad los celestiales coros un pobre esclavo de favor desierto. Si me queréis llevar la misma vida de la satisfacción será el concierto. En esta selva de árboles vestida Te puedes esconder, mientras hallamos, o plega a Dios que en Tremecen resida, un Español cautivo que buscamos. Esclavo soy allí, decidme el nombre, que al fin los de la patria nos juntamos. Don Carlos de Aragón. . Aunque os asombre el verme tan mudado y diferente, ese hombre soy, si tengo forma de hombre. Tus trabajos, y el Sol de Libia ardiente, Carlos, te desconocen. . No tu esposa, que en el alma tu voz llorando siente. Quién si no tú, Penelope famosa, por tanta tierra y mar peregrinara? Pues no muero por ti, no soy dichosa. Fénix serás por una fe tan rara. Seré tu esclava yo, pues por no verme con hermosura ausente herré mi cara: Julio y amor vinieron a venderme a Hipólito en Sevilla para efecto de darte libertad, y esclava hacerme: Pero luego que el supo mi secreto, Y que Julio escribió no hallaba el Moro, al mar, al tiempo, y al temor sujeto, cargando un vergantín de granas y oro, Fingiendo ser Morisco desterrado, a dar viene por ti mayor tesoro. Echáreme a sus pies, donde han formado sus estampas señal, pondré la boca. Y el pecho que dirá tan agraviado, Pues bien sabéis que ese favor le toca? El pecho el alma os doy, que tal nobleza a daros cuanto pueda me provoca. Aquel divino ejemplo de firmeza. lo que veis me enseñó, donde están juntas la virtud, la hermosura, y la pobreza. Carlos, qué haremos ya? . qué bien preguntas! el peligro es notable, que Alí tiene diez galeotas en aquellas puntas. Pero que vaya Hipólito conviene a Tremecen, y al bárbaro le diga, que desde España a rescatarme viene, Y pues el oro sobre todo obliga, conténtenle con darle mi rescate, que al más airado corazón mitiga, Con esto haremos que dejarnos trate salir del puerto. Hi. Voy. . Aquí te espero. No quiera el cielo que mi bien dilate. Por el peligro de este monte fiero mejor será que os vais a nuestra nave, pero a las guardas advertid primero, pues son para salir del mar la llave, que aguardo del Alcaide la licencia. Quién ve lo por venir solo ese sabe. Vencieron mi constancia y mi paciencia. igo uera esper Ay Isabel, como el cielo castigó mi ingratitud, mas fue porque tu virtud diese tal ejemplo al suelo, Qué te has vendido por mí? Y otras mil veces me obligo: si Hípólito tu enemí hizo esta hazaña por ti, Que te espantas que yo fi la que era forzoso ser? No te supe conocer. Gente sueva. . Ay Dios, Un, Mora viene aquí con arco y flechas. . Vendrá cazando. . El amor será. Ya el amor me ha muerto amí. Yo estoy en hábito Moro, y en traje que hombre parezco, escóndete, Carlos, tú mientras que yo a hablarla vengo. Aquí estoy entre estas murtas. Perdida buscando vengo aquel fugitivo esclavo, que tiene el alma por dueño: Mal hice en aconsejarle que se fuese al monte huyendo, pero más le quise entonces llorar perdido que muerto: si algún León en el suyo ha sepultado su cuerpo? si se fue de noche a Oran por su tiniebla y silencio? quiero darle voces, Carlos? Carlos? . Ay cielo, qué es esto? Carlos esta Mora dice! Carlos? ya responde el eco Carlos. . Yo soy, qué buscáis? No sois vos, que el que yo quiero le conozco más que a mí, y retratado le tengo en los ojos y en el alma, peroicón traje tan nuevo no he visto Alarbe, ni Moro, quién sois, dónde vais? . tenemos los Moriscos Españoles de este vestido, aunque es bueno, poco gusto y experiencia. Que vos sois de los que fueron por Felipe desterrados! A vivir a Túnez vengo, a Tremecen, o a Bugia. De dónde sois? . De Toledo. Ay Dios, de Toledo sois? daros mil abrazos quiero. Sois vos de allá? . No mi alma. vuestra alma? . Sí. . no lo entiendo. Quiero un hombre que es de allá. Era esclavo? . De su dueño, pero dueño de esta esclava; y va de las dos huyendo: al Moro que le tenma le lleva el precio del cuerpo, a mí lo que vale el alma, por eso le voy siguiendo. Si él se llamaba don Carlos yo le conozco. . Y yo espero verle en España algún día, de su ley principios tengo, que como me tiene el alma dentro de la suya aprendo esa ley de los Cristianos. Extraños son mis sucesos! pienso que acabo mis males, y nuevos males comienzo, que hasta en hábito de Moros vengan contra mí los celos! mas que mucho, si en el mismo buscando a Carlos me vieron? Quién es, amigo, este Carlos? Un honrado Caballero limpio de sangre, y de hacienda. qué es pobre? . Pobre en extremo, porque perdió de su tío ser por su causa heredero, y lo fue su hermana. . Tiene hermana? . Un Ángel del cielo, que está ya para casar, y este tío que os refiero la dejó cien mil ducados. Si me voy a España huyendo no se casará conmigo Carlos? . No, porque sospecho, que es casado. . Pues qué importa, si él me quiere, y yo le quiero? cuatro mujeres y más tienen los Moros, bien puedo. En la ley de los Cristianos, por inviolable decreto una se permite sola, y aún hay casados tan buenos, que una les parece mucho, y que dura un siglo entero, y más cuando tienen suegra. Ay qué tierra de los cielos! Sois bárbaros por acá: pero por darte contento haré que veas a Carlos. Tú cómo? . Soy hechicero: ha señor Carlos? . Quién llama? Es su voz? . La misma siento. Tu nombre? . Fátima. . Salga que es Fátima, pierda el miedo. Fátima aquí? . Carlos mío. Isabel, pues te dio el cielo tan valiente corazón, tan divino entendimiento, disimula, que después sabrás que alabarme puedo de la firmeza mayor que cupo en hombre sujeto: Fátima, este deudo mío viene con otro mancebo a rescatarme, inducido de los que en Toledo tengo: un vergantín que han traído con licencia está en el puerto, Si quieres venir a España a España te llevaremos. Si quiero dices? si adonde no calienta el Sol el hielo, o donde la arena abrasa, y la mar la vierte en fuego me llevases, no tendría mi amoroso pensamiento dificultad, ni respuesta. Pues guía al puerto, Cardenio y vamos de aquestos olmos por esta orilla cubiertos. Vamos, pues que quieres tú. Yo, Cardenio, te lo ruego. Ay cielos que voy a España, y qué voy con Carlos, cielos! Del placer con el pesar se paga otro tanto censo. Sal allá perro Cristiano, y agradece, si vivieres, la vida al ser de quien eres. Basta, no más, ten la mano, Dale, Mátale. . No hay más de darle? mátale? Paso, qué es esto . Un extraño caso, y no pensado jamás, Estaban en la Mezquita, señor, los Moros más graves, y a la puerta, corno sabes, que cada cual se los quita, Mas de trecientos zapatos, este Cristiano llegó, y como juntos los vio por burla, que son sus tratos, Los juntó de tal manera, que al salir en todo el día ninguno de ellos sabia cual zapato de cual era. Por qué hiciste esta maldad? Por ver la prisa que había, y en tanta zapatería ver tanta dificultad. Cuál, señor, en nueve puntos quiere meter diez y siete, cual en diez y nueve mete las hormas de los pies juntos. Cuál riñe por el más nuevo, cual niega que el viejo es suyo: finalmente yo concluyo con que lindos palos llevo. No le deis hoy de comer. Eso más, no importa nada, mire que hermosa lunada puesta en agua desde ayer! Alcuzcuz, y arrope dalo a una madrastra, a uua suegra. Con su despojo me alegra. Pues agua, lindo regalo. Aquí está un Moro de España. Dile que entre. . Alá te guarde de traiciones de cobarde, y amigo que falso engaña. De amigo falso, hablador, lisonjero, mentiroso me guarde Alá poderoso. Yo vengo a darte, señor, Él rescate de un cautivo, aunque casi libre está, pide; aunque le pidas ya, Alcaide, un precio excesivo, Que Carlos es Caballero tan noble, y te quiere tanto, que para que entiendas cuanto te quiere dar el difiero, Pudiendo no le pagar, pero aunque en ley enemigo, Parte 2o sin que entiendas que es tu amigo no quiere pasar el mar. Carlos fue de mi estimado, Carlos muy bien me sirvio, Carlos nunca me ofendió, pero fue Carlos amado De una bárbara que adoro: matarle determiné, porque le olvidase, y fue todo amor a fe de Moro, Que llegado a ejecución, antes la muerte me diera, que a Carlos, y de que huyera de mi amistad y prisión, Solo estoy triste por mí, y en prueba de esta verdad le di, que la cantidad del oro le vuelvo ansí, Que la mitad dé a su esposa para galas, y a su hermana la otra. . De la Africana playa a la Libia arenosa Te haga Selín señor, que tal liberalidad muestra, que la Majestad es digna de tu valor, Pero has de hacerme un placer. No habrá cosa que no haga. Presupuesto que no es paga; pues que no la puede haber, Te suplico, que hoy conmigo cenes en mi vergantín, que quiero enseñarte en fin como a hidalgo, y como amigo La cosa más peregrina que ha visto el mundo hasta hoy. Digo, que contigo voy, noble hidalgo, a la marina, Y que juntos cenaremos. También te he de presentar dos granas, que puedan dar al mismo coral extremos, Seis jaeces Cordoveses, dos piezas de terciopelo, que no es más azul el cielo en los más serenos meses, Con una sarta de perlas, que presentes a esa Mora, porque ella imite al Aurora, y tú a la tierra en cogerlas. Muestras nobleza, y valor, pide esclavos cuantos quieras. Puesto que merced me hicieras, no tengo a nadie, señor. Si tienes, yo estoy aquí, pesar de quien me vistió. Quién eres? . Quién eres? yo: el que a Zaida te vendí, Julio soy, Julio, señor. Julio amigo! . Pesia tal, sácame de este arenal, hazme, Hipólito, favor, Que por Carlos estoy preso después que Carlos se huyó. Conocer a Julio yo por un extraño suceso Me obliga a que te le pida. No es mi esclavo, que enojado de esa suerte le he tratado, ya el enojo se me olvida. Desde el cabello a la uña te beso. . Conmigo ven. Vivas más años, amén, que un agravio en Cataluña. nomos y ella Por la gente que viniere debajo de la cubierta primera te has de esconder, que en trayendo la licencia nos partiremos a España, Alá, Carlos, me conceda, que en esa patria deichosa donde naciste, me vea, nise me acuerda de Audalla, ni de nadie se me acuerda, que solo en que voy contigo tengo la memoria puesta. Voyme a esconder por si miran la nave. No te entristezcas, Isabel, que aquesta Alarbe un imposible desea, ya te ha dicho mis rigores. Trabajos, Carlos, pobrezas, soledades, enemigos, ingratitudes, y ausencias no me han desmayado el alma, celos sí, que celos llegan mas a lo vivo. . Ay de mí! quién en una barca llega? Hipólito, no le ves? O mi temor lo sospecha. o viene con él mi dueño, Qué importa, cuándo lo sea? Allí, Isabel, te retira. Acosta la barca, apresta un cabo, sube Muley. Puesto que enojado vengas, y más que para piedad. para castigar ofensas, le no pienso esconder de ti mi rostro. . Oh que mal lo hicieras pues fuera poner en duda el valor de mi nobleza. Dame, don Carlos, los brazos, Los tuyos serán cadena de los míos. . Este Moro me dijo la gentileza con que el rescate me envías, yo le dije, que no eras mi esclavo, si no mi amigo, Y por esta recompensa quiere que cenemos juntos, y por postre me presenta ciertas joyas que ha traído, y dice, que a todas ellas prefiere una maravilla, que puede hacer competencia a las siete, que en el mundo por únicas se celebran. ̱. Yo lo digo, y es verdad, haz, Carlos, que luego venga aquí tu esposa Isabel. ̱. Aquí estoy. . Pues mira en ella el ave que de si nace, y que en Fenicia se quema, el monstro por quien compiten con España, Italia y Grecia. El honor de las mujeres por quien juntas se contemplan la hermosura y la virtud, la constancia y la pobreza, Esta es aquella Isabel, que por ser corta su hacienda se vendió por su marido, no fábula, verdad cierta. Yo la compré, que yo soy no Moro, como tu piensas, si no Hipólito de Ochoa, a quien ha dado nobleza Vizcaya. . Muy justo es, que tal mujer encarezcas, huélgome de haberla visto, mas que si en Fenicia viera El pájaro solo al mundo, que abrasan gomas Sabeas, y a ti por único amigo, mas que si viera en ufesia Etemplo en Menfis, las Piras que amenazan las estrellas? dadme los brazos los dos. Porque dos esclavos tengas. Yo os doy, Isabel hermosa, y perdonad que me atreva, estos dos bellos diamantes de tanta luz y grandeza, Que valen tres mil ducados. A tal valor, ya es vergüenza no ser un hombre leal: yo quiero con una prenda págaros de más valor. Carlos, si Fátima fuera, no hubiera que desear. La misma es bien que poseas. Fátima? Aquí estoy. . Y yo vengo, señores, con ella. Es Julio? . El mismo. . los brazos de qué te has puesto suspensa? aunque yo pregunto mal pues que de verme lo quedas. Pues, Carlos, tú eres traidor, así, das al viento velas para conducirme a España? Fátima, tan grandes deudas tú sola puedes pagarlas: Isabel, mi esposa es está, Yo no me puedo casar, Cristiano soy, considera el grande amor del Alcaide. Si así lo quiere mi estrella, Doñe la mano y los brazos. Ardase la playa en fiestas, y el mar en fuego. . Pues dese sin con esto a la Comedia, Donde juntos su autor puso por historia verdadera, Virtud, pobreza, y mujer, aunque imposibles parezcan.