Texto digital de El villano del Danubio y buen juez no tiene patria
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El villano del Danubio y buen juez no tiene patria. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/villano-del-danubio-y-buen-juez-no-tiene-patria-el.

EL VILLANO DEL DANUBIO Y BUEN JUEZ NO TIENE PATRIA
JORNADA PRIMERA
Dves el Sol es solo la de dad sagrada, que el mundo ilumina, la esferas manda. Alegre el Danmbio su glorias aprauida. Pues debe a su influjo su verdor la planta, el hombre la vida, y el astro la llamaz- Alegre el Danubio, Pues es su presencia de los orbes alma, que con ella animan, y mueren si falta::- Alegre el Danubio, Moradores del Danubio, que en las cimas empinadas de sus ásperos peñascos veneráis la soberana deidad del Sol en el templo, que el afecto le consagra entre estos incultos riscos, no se suspenda la fausta aclamación suya, pues va veis que sus luces rayan las torres de su edificio, que en oro sus rayos bañan. Dices bien, bella Dantea, no detenga, amigos nada lo festivo de su culto, cuando después del aguarda mi amor mirarse premiado con tu hermosa mano blanca. Ah ingrato Alcidón! o antes que vea tan mal pagadas mis finezas, o mi muerte, o la tuya, satisfaga mis celos. . Dice muy bien Alcidón, de fiesta vaya, que el señor Sol es un Dios amigo de holgura, y chanza, y porque la noche es triste, no quiere verla la cara. Pues el sestejo prosiga, que mientras al sacro alcázar llegamos, ya habrá mi padre venido. . Pues como falta en esta ocasión? . Bajó a las márgenes heladas del Dannbio por traer el sacrificio a sus aras, que acostumbra. . Pues repita nuestra festiva algazara. Pues el Sol es solo la deidad sagrada, que el mundo ilumina, las esferas manda:- Alegre el Danubio sus glorias aplauda. Arma, guerra. Mas qué es esto? Qué novedad impensada altera nuestro sosiego? Qué rumor de voces vagas el aire asusta? Infelices moradores de las altas cumbres del Danubio, huid, que inundando vuestras playas extranjeros enemigos, a cuantos encuentran matan. Pues voy donde no me encuentren: dueños de haciendas, y patria, ven Taurina, a la cabaña. Arma, guerra. . Huyamos todos. a quién esto decumpara? Donde el temor es arrastra, y el sacrificio dejáis? Donde la fuga nos valga las vidas. . Como vosotras me desamparáis? . No hay nada con la pluma del acero, que nos deje ver el miedo. Seguid, amigos, mi planta, y hasta ver de ese enemigo, que encarecéis, las ventajas, no desmaye vuestro aliento. Seguidme, hermosas zugalas, y siquiera por curiosas, cuando no por esforzadas, vamos a ver el contrario. En vano, Alcidón, te cansas. Muevaos mi ejemplar, seguidme. Mi brío ejemplar os haga. Arma, arma, guerra, guerra. Cercad toda la montaña, pues cobardemente de ella esos bárbaros se amparan. Huyamos de su furor. El templo sacro nos valga. . Seguid su alcance, Romanos, sin dejar en la intrincada maleza de su espesura peña, tronco, risco, o planta, que no registre el valor, y el coraje no deshaga; y pues no se han atrevido y en esta amena campaña a guardarnos, y se vale de las cumbres empinadas de esus riscos su temor, no logren la retirada: a ellos, antes que en ellos se fortifiquen sus armas. Al riaco, a la cumbre. Donde va, Soldados, vuestra saña, si ya el triunfo el enemigo os le deja a las espaldas? Si su fuga vil os hace qué es lo que queréis pedir Sus vidas, pues que sus vidas son de mis iras la causa; pues no es victoria, no es triunfo el que no escribe la fama que sangre enemiga esmalta; y así, hasta que correr mire, cual rojo mar, toda cuanta del Damibio la ribera habita, en vano tu, canas templar podrán, si son nieve, de aqueste pecho la llama. Camilo, aunque a tu valor el sacro Senado encarga (como a Capitán dichoso de las ciudades riparias del Dambio la conquiita, también, que se acompañara tu brío de mi prudencia quiso, hasta que sosegada esta indomita provincia, hecha Coloia Romana, del yugo de su dominio viese la coyunda blauda. Ya el triunfo está conseguido, pues al furor de tus armas las mayores poblaciones se han rendido, y solo falta entre estos incultos riscos esta remota comarca, cuya asnereza, terreno, y moradores iguala. Si estas a lo más fragoso se retiran, cosa es clara, que es el temor quien los guía, pues no disputan sus armas sus casas, sino sus vidas; y pues solo el conservarlas en obediencia nos toca, depón, Camilo, la saña, pues en el rendido, aún está de más la amenaza. Cuando aún esos fugitivos las cérvices humillaran, y a pedir piedad vinieran, no se lo que ejecutara, cuanto más al ignorar si es fuga, o si es retirada, la suya; y así, en tal duda, Soldados, a ellos. . Al arma. Señor ya con más cautela recoger las desmandadas tropas debes; pues aunque antes al estruendo de las armas los bárbaros asustados huyeron por partes varias, va recogidas sus fuerzas, frente hacen a tus escuadras: una en la fragosa senda, que guía a la plaza de armas, que forman en ese risco, y unr busto juven manda; y o otra parte las mujeres tambin, vonitiapala de ua pntica bellaza, este odificio, que llaman templo auyo, han guarrecido, o ya porque de él se amparan, como sagrado, o ya porque desde él resistencia hagan. Has visto ya, Marco Aurelio, como tu piedad te engaña, y que al Capitán prudente no ha de asegurarle nada La defensa::- . No gastemos el tiempo ahora en palabras, acometed rieco, y templa. Pues porque no te perenaidas, que lo que ha sido prudencia, es en mí de valor falta, yo iré al risco, y postraré sus bárbarás arrogancias. Pues guiad al templa vosotros. Ya su cima, cormada se ve de bárbaros. . Pues aunque la subida es agría, a ellos, Romanos. . No, aigos, la novedad de las armas os asuste, que de acero hace el valor vuestras clavas. En vano es vuestra desensa, que las águuilas Romanas Saben con ligero vuelo vencer mayores distancias. Ya lo veréis. . Arma, guerra. Pues que no solo declara su tosca fábrica ser el templo donde se amparan el que veis, sino también el que defenderse tratan, entradle a fuego, y a sangre, sus puertas al suelo caigan. Donde, valientes Soldados, mueve la atrevida planta vuestro sangriento furor? donde el brazo la amenaza? Si es al témolo, como en él no os le refrena la sacra deidad de un Dios, todo fuego, todo rayos, todo llamas? Si es a las que dentro de él medrosamente asustadas buscan su asilo al oír el horror de vuestras armas, qué os han hecho las mujeres. que aún no queréis que las zalga la inmunidad, que concede a un delincuente esta estancia? Y en fin, o sea uno, u otro, ya estamos aquí: qué aguarda vuestra ira? pero advertid, que si de profanar trata, o ese culto, o este honor, vuestra bárbara arrogancia, primero en roble defensa de dos tan primeras causas, vender sabremos las vidas las que miráis, mas tan caras, que en vuestras venas no hay sangre bastante para pagarlas. Lo mismo decimos toda: y ved, que al que de esa raya se atreva a pasar, el pecho será de esta flecha aljaba. Hermosísima Amazona, en quien renueva la sama la belleza de las Griegas, y el valor de las Romanas; quien eres, que tan resuelta contra un ejército hablas? Mas qué pregunto, si tienes para postrar nuestras armas tres más fuertes en tus ojos, en tu pecho, y tus palabras? pues que valiente, discreta, y hermosa si miras, matas las almas; si hablas, cautivas; y los pechos, si amenazas: qué Dios de fuego, y de rayos en ese templo se guarda? Si ya no es imagen tuya, pues eres tú la que abrasas, haciendo con dulce incendio apetecible la llama: a rendir, a avasallar he venido; mas tu rara perfección trocó el intento, si no al efecto, a la causa, pues rindo, avasallo, y postro a tu beldad soberana el acero, y el hastón, el corazón, vida, y alma: qué quieres pues? Hombre, o monstruo, qué intentas con tal ventaja? Morir matando, ya que no quiere mi estrella infausta el que pueda defender a Dantea, y a mi patria. Eso es fácil que lo logres. Antes verás arrastrada mi vida. . Tú le defiendes! eso a mis furores basta, para que le dé la muerte. Guerra, arma. Tened la suña, para el agravio los unos, y otros para la venganza, si a mi ruego le disculpa la licencia de catas canas. Ya, Mileno, nuestras iras con tu presencia se aplacan. Las mías no; pues quien eres tú, que a solas tus palabras las cóleras militares intentas mirar templadas? Quién soy, dices? oso debo preguntar yo con más causa; quien eres tú, me responde, (aunque ya el traje declara ser Remano) o con qué intento, a la mestuo a Germanía con tal alboroto vienes de sangrientas amenazas? Despacio está i faror, para que ahera se parara contigo a derte razón de la que me mueve. Aguarda, Camilo, que ya que vemos juntos de aquesta comarca los moradores, y en voz de aqueste anciano pues callan, razón nos piden, es bien que la sepan porque no haya objeción de que el Senado Romano resuelve, y manda, nada que no sea razón. Pues si eso por justo hallas, sabed que el sacro Senado, después que al África y Asia ha impuesto leyes, sabiendo. que solo en Europa falta por reconocer su Imperio, estas ciudades riparias del Dainbio, a Marco Aurelio, y a mí su corquiita encarga; a cuyo fin::- . No prosigas, que menos voces bastaban a conocer tu intención; y pues que ya declarada, a ti el conquistarlas toca, y a nosotros el guardarlas, Sabe, que es esta Provincia por su terreno tan agría, por sus riscos tan inculta, y en todo tan retirada de humano comercio, que eterno olvido nos guarda de la ambición, y la envidia, que en el demás orbe manda: los que ves somos agrostes vecinos, a quien traslada de su aspereza lo bronco; estas pieles son las galas, de que iguales nos preciamos estos troncos nuestras armas: entre nosotros no hay Rey que nos mande, porque es vana locura ser nadie más, dorde se ignora que es fama. Al Sol por Dios adoramos, viendo que nada le iguala en el cielo, ni en la tierra: con que si bien lo reparas, ya miernas, que quien vive en esta tranquie calma, no es rico, porque no sabe de qué sirva el ero y plata ni pobre pues que lesibra cuanto a despreciar alcanza: con que yo no sé a qué sin Roma de inquietudes trata, pues no sé yo a su grandeza que pueda servir de nada una Región tan inútil, que no puede tributarla, mi eda como Daimasco, ni púrpura como Arabia, ni trigo como Sicilia, ni como Sidon el ámbar, ni como Cantabría acero. moro y plata como España; y aví, Capitán valiente, a Roma vuelve tu marcha, y di al Senado, que deje en la quietud de sus casas una gente, que no puede, cuando llegue a conquistarla, darle utilidad, ni gloria, pues en fortuna tan baja, qué perderán en perderse? ni tú en ganarlos, qué ganas? No dirás que no he escuchado con atención tus palabras, porque cargo Marco Aurelio de tu racen no me haga; mas como el obedecer lo que el Senado me manda debo solo, y de la ley militar en la observancia el texto no admite glosa, pues ya piso esta campaña, de ella soy ya dueño, y todos prevenidos, sin tardanza, a jurarme la obediencia o a morir. . A esa amenaza así respondo. . Teneos; pues qué razón, o que causa mueve al Senado, que nuestra libertad así se avasalla? somos enemigos suyos? jamas en edades largas, ni aún por racionel comercio, nos hemos visto las caras? Hay algún derecho antigno, hay alguna ley, que manda que sea sujeta a Roma la pacifica Germania? pues qué es esto? . Esto es, Mileno, que en ley natural se halla, que el mayor mande al menor: en la salobre campaña, mudos los peces lo dicen; en las asperas montañas, rugiente el león lo muestra; y en esas esferas vagas, obediencia dan las aves al águila coronada, a cuyo ejemplar el mundo así sus diademas labra. Roma por esta razón, República es soberana, a quien todo se sujeta, pues estendiendo sus alas las águilas de su timbre, una punta, y otra abrazan los dos polos de la tierra, a cuya sombra descansan; pues por qué quiere eximirse un rincón, un punto, un nada de la tierra a su poder, si ve provincias tan vastas, con si protección felices, y con su dómimo ufanas? Ahora me has concluido; porque es razón muy sobrada ser pobre, ser abatido, para que el soberbio haga de su humildad escalón al trono de su arroganera; y si Roma en su ambición su fundamento señala, hay de corona, que estriba en tiranías su hara. Ten, que aueque ha dicho Camilo, por convencer ignorancias vuestras, que es solo el anhelo de dominar el que arrastra al Romano Imperio, hay otra razón mayor, con que enlaza vuestra propia libertad en las glorias, que se añada. Perder nuestra libertad, sujetarnos a sus armas, bien se ve que es gloria suya; mas que tu ahora nos persuadas, que puede ser por bien nuestro, es proposición extraña. Pues porque no lo dudéis, decidme, la vida humana en qué funda su fortuna? en qué sus dichas señala? no es en poseer riquezas? no es el poscerlas, gozarlas con delicias, con regalos? no es en vivir con urbana comunicación, sabiendo las ciencias con que se alcanza, no solo la diatinción, que hay desde el bruto a la planta, como desde el hombre al bruto, si no lo inmortal del alma, a lo caduco del cuerpo? Pues si en aquesta privada vida carecéis de todo, siendo de aquesta comarca brutos, con figura de hombres, sin que entre vosotros haya ni leyes para el gobierno de política enseñanza, ni aún religión, pues al Sol vuestra sencilla ignorancia adora por solo Sol, sin que sepáis su sagrada estirpe, y de los demás Dioses: luego, quien esto os mostrara, gran beneficio os hacía, de que habláis de dar gracias? Pues esto pretende Roma, a esto envía sus escuadras, a esto con paz os convida, a que seáis entre tantas provincias como la sirven, la no menos estimada, a que aprendiendo sus leyes, de la justicia la espada de seguridad al bueno, corrija al malo sus faltas; sepáis que es la religión de los Dioses derivada, cuales son sus sacrificios, como sus templos, y aras, cuales las costumbres, usos, y tratos de la lozana juventud, y racionales en esto, pueda la fama celebrar el claro nombre de las ciudades riparias. Ya segunda vez respondo, que aún antes de pronunciada conozco vuestra intención; pues qué amistad, qué alianza, o por qué antiguos servicios nos esta Roma obligada a que tan a costa suya ponga un ejército en marcha pera nuestra conveniencia, cuando no le importa nada, que senmos bárbaros, o hombres? pero materia tan ardua, pues la escuchan los que en ella intereaados te halláan, entre la paz, o la guerra. miren cuan escogen de ambas. Propoición, que nos trae tan sinpalares ventajas, pren hay que admirar en ella, pues dun al valor le salba, que es la razón la que vence, y no el brío el que batalla. Lo mismo decimos todos. Si para aplaudir la fama uma mujer, decir suele una matrona Romana, y esto venimos a ser, en qué el decoro repara? Si son sus hermosos trajes tan propios para las damas, desechemos estas pieles. Ay avecillas incautas! mirad el lazo que encubren del prado las esmeraldas. Qué lajo? Cadaco anciano, . Es, que con bestidos tales no hiporritamente hagas con misterioros delirios oráculos de tus canas; y vosotros responded. Ya respondido te hallas; pues si por ser quién es, Roma nos ofrece dichas tantas, que viva Roma, y que triunfe, pues benigna nos ampara. Viva Roma. . Roma viva. Ay bellísima tirara, que tuyo solo es el triunfo! Vamos adonde se haga el homenaje debido, y a Camilo, por tan sausta expedición, esnozcáis Cónsul de aquesta comarca, que es quien ha de gobernaros. Pues porque veáis, que no es tanta nuestra rustíquez, venid, y veréis la comenzada ceremonia al sacrificio del Sol; y antes que a sus aras lleguemos las de unas bodas, cuyo aplauso las comagra: ha vulgo, fuerza es seguir el curso de tu inconstancia. Vamos, pues. . Ay mi Dantea! feliz quien tuyo se llama. Qué dicha iguala a mi dicha? Qué pena a mi pena iguala? plegue a amor ingrato aleve, que no logres lo que amas. Siguiendo voy el hermoso imán de mis esperanzas. Quiera Dios, que por bien sea tan repentina mudarza. Huye, Taurina. . Huye tú, Córcoba. . Cuerpo de Dios, no huyáis, aguardad los dos. Que te aguarde Bercebú. Para que, si os he alcanzado? Suelte, mire como agarra. Ay, que el sayo me desgarra. Quién sois? Pues no lo ha mirado? Sois gentes? . Pues no lo veis? os tuve por animales. Es merced que nos hacéis. Yo con la gente de guerra a esta conquista he venido, y he andado todo hoy perdido por esa fragosa sierra buscando los escuadrones. Y qué sois en conelusión? Yo soy soldado dragón de las Remanas legiones. Dragón? el alma se alegra; ya lo que seréis prevengo, que otros dos en casa tengo. Quién son? Mi suegro, y mi suegra. Mirad lo que estáis hablando. Malicias son no hay que oírlas Sin otras dos cuñadillas, que se van edragonando. Sois su mujer? . Claro está Pues dame, hermosa serrana, los brazos. . De buena gana. Qué es lo que miro! arre allá. Qué os espanta? . A vista mía, que a mi mujer abracéis. Pues aquesto no sabéis, que es Romana cortesía? Hasta ahora tal no he sabido. Pues como conmigo estéis, esto, y más aprenderéis. Yo lo doy por aprendido. Ilustrad vuestro limaje, sed hombre y no bruto ya. Pues a usted qué se le da, si yo quiero ser salvaje? Mirad, la sed me maltrata; tenéis vino? . Fese a mí: vino? una fuente hay allí, que corre como una plata, y de ella os podéis hartar. Pues traedme una poca, amigo. Vente, Taurina, conmigo. Pues solo me ha de dejar? Sois medroso, mal pecado? pues venid hasta la fuente, y beberéis juntamente. Mirad, yo vengo cansado, y aquí sentado quisiera el que ella me acompañara, en tanto que descansira. Acompañar? guarda fuera; yo estaré de aquí a mañana, con vos, si el miedo os aquella, y que traiga el agua ella. No es cortesia Romana el que la mujer tranaje, y esto es razón también que aprendáis. . Dígole a usted, que yo quiero ser salvaje. Sois un bruto. . Ya lo entiendo. Y tiene mucha razón en esto el señor dragón. Qué también vais aprendiendo? Id luego. . No mos maltrate, que ya irán. . Traedla al momento, que estoy de sed que reviento. Mas que se os seque el gaznate. Yo os he de hacer, a fe mía, hombre con cuatro lecciones. Valgante dos mil legiones por Romana cuertesía. Ya se fue: hermosa villana, los brazos me vuelve a dar. Dale con tanto abrazar. No ves que es moda Romana? quieres conmigo venir adónde mi gente está? Y mi marido qué hará! Nada tienes que sentir, pues alíí serás servida, festejada, y regalada, deja esta vida camada. Ya estó medio reducida, y con él pienso ir a ver las cosas con que me emboba: qué hará en viniendo Corcoba? Qué? buscar otra mujer. . Aquí, antes de mtrar a templo, es primer costrumbre nuestra, el que dados de las manos los que desposarse eperan, Saluden al Sol, volviendo al oriente las cabezas. Especie es de religión Y así, hija, a Alcidón te acerca, que es el que esposo te elijo Pues dame, hermosa Dantea, tu blanca mano, en quien cifra amor sus dichas supremas. Ya con el alma la ofrezco. Esperad, que miro penas Qué es esto. . Por qué atajáis la ceremonia primera? Pues qué razón? . Escuchad: dareles causa diversa, y haga ingénioso el amor honor de lo que es violencia. En proseguid. . Mileno, no decí que e hija vuestra esta dama? . Esta serraba, que acá dama no se encuentran, es mi hija Y no es Alcidón, según he visto en las muestras de su valor, el caudillo de más brío, y más nobleza? Vos me honráis. . Pues qué razón hay, que en el día que llega Roma, o en su nombre yo, a tómaros la obediencia, a instruiros en sus costumbres, y a gobernaros en ellas, se haga función tan solemne, en donde a un tiempo interesan la prudencia de Mileno, la hermosura de Dantea, y la gala de Alcidón, Sin los aparatos, fiestas, y demostraciones, que estimamos? . Todas esas vanas pompas por acá ni se saben, ni desean. Una vez que estoy presente, qué el mundo de mi dijera, si no os honrara? . Señor, la mayor honra que esperan de vos mis afectos, es, que no interrumpáis la fiesta. Eso a vuestra atención toca pedir, como a mi grandeza el mostrar lo que os estimo, que es bien que el Danubio sepa lo que favorece Roma a sus provincias sujetas. Dejadlos casar ahora, que después tiempo nos queda para que vos nos honréis, y para que ellos aprendan. Ay de mí! . El cielo me ha oído. Muy justo es que les concedas lo que piden, si esta gente con aquesto se contenta; dejadlos. . Bien, Marco Aurelio, veo lo que me aconsejas; pero esto me importa. . Mira, que no es política regla el desazonar al pueblo, donde nuevo a mandar entras, y más por cosas tan leves. En fin, señor, das licencia? Bara qué? para casaros? Si la voluntad es vuestra, y yo os la doy como padre, no es esa pregunta necia? No lo es, que fuera de que es desatención grosera, oponerse a mi dictamen, tiene Roma ley expresa para que nadie se case sin orden del que gobierna. Cómo acá no hay esas leyes? Pues así haré que se sepan. Pero entre tanto:: . Entre tanto, haré lo que me parezca. Y esa es ley? . No me repliques. Ah? qué presto que revienta la mina, que yo temía! Señor, si el ruego te templa de una mujer:- . Por ti sola hago yo esto. . Considera:: Marco Aurelio, ya tu empleo ha cesado, pues me dejas Gobernador, parte a Roma para dar del triunfo cuenta; y cuando yo no te pido parecer, no me le ofrezcas. Para esto Roma mandó, que yo contigo viniera. Yo mando ahora que te vayas, pues ya se acabó la guerra. En la paz es de mis canas el oficio. . Poca ciencia deben de tener, pues no Saben, que en estas materias de oponerse a un poderoso, quien más porfía, más yerra. Con que, en fin, señor:: Mileno, la boda ahora se suspenda, porque es justo; porque yo gusto de ello; porque es vuestra utilidad y porque todos pretenden que sea, diciendo yo que no quiero; y a esto ningune se atreva a replicar y porque este enojo no os parezca, sino modo de mostraros las Romanas obediencias: tú, Capitán de mis guardías, Alcidón, quiero que seas; y tú, Mileno, a mi lado el árbitro de quien penden todas mis resoluciones; y cuando de Roma vengan las preseas y las joyas, los brotados y las telas, de que su nobleza usa, y ha de bestirse Dantea, y las demás, estas bodas se harán y ninguno entienda, que hay en lo que determino apelación, ni respuesta; tu ven, para que los pliegos te dé, con que a Roma vuelvas, sin la menor dilación. Yo partiré como ordenas; mas mira, Camilo, antes que no dé lugar a quejas tu temeridad, porque con acciones tan violentas envias en mí al Senado un testigo en favor de ellas. Bien está. Ay triste de mí ay mi mijer! ay mi prenda! ay mi Taurina! . Qué es esto, villano? . Estas son las señas de su vestido: sabrame decir, si por esta senda echó un dragón, que a Taurina se lleva, para que aprenda la Romana cuertesía Quita, loco. . Aparta, bestia; ven, Marco Aurelio. . Señor. Por ser la merced primera, que a tus plantas: . Lo resuelto ha de ser, aunque no fuera mas sino porque sepáis, que aún en cosas tan ligeras, sin gusto del superior los súbditos ni aún alientan; ay, serrana, que tus ojos aún a más rigor me fuerzan Qué es esto que escucho, enojos? Qué es esto que miro, penas? La Romana cuertesía. Pues yo padezco, padezcan. Qué gemis? qué suspiráis? no os pretino estas violencias mi voz? . Tarde lo conozco. Pues Alcidón:: Qué? . Paciencia, y llore como mujer quien como hombre no pelea. Déjame, que yo:- . Ya es tarde, que de todas vuestras fuerzas señores son los Romanos. O, jamás acá vinieran Qué importa si bestiréis sus brocados, y sus telas? Y aprenderán cuertesía; pero ahora que se me acuerda, sabéis vos de mi mujer? Quita, villano, que un etna tengo en el pecho. Ni vos? Ni aún de mí sé en tanta adversa fortuna. . Sabréis decirme de mi Taurina, Tirrena? Solo el dolor que padezco halla alivio entre estas quejas. Ni vos, Mileno tampoco? Ah infeliz patria, y qué apriesa lloras tu error! . Pues en tanto que, o nos acaba, o se templa:- A sentir. . A padecer. Mas con tal silencio sea, que ni aún desde el pecho al labio sepa el suspiro la senda, que el que sin culpa castiga, hará agravio de la queja.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Rompe aquesos memoriales, Mileno. . Por qué te irritan humildes quejas del pueblo? For sus cansadas porfías: no he dicho ya, que no puedo darles lo que solicitan a tantos como pretenden, ni escusarles las precisas contribuciones, que Roma por órdenes repetidas manda sacar? . Como son nuevas en estas provincias aquestas imposiciones, pues del tributo en su antigua libertad, ni aún por el nombre llegan a tener noticia, no en tu extrañeza te espante les parezcan excesivas. Pues si saben que el que manda de su república misma es siervo como le pueden negar en buena justicia el sustento, que compone de partes tan divididas, que al que obedece son nada. y son mucho al que domina? y cuando nuevas urgencias se descubren cada día, son forzosos los arbitrio La miseria en que se miran estos pueblos, no teniendo hacienda, que fructifica, ni comercio, que la supla, hace su queja atendida. Jamas el que debe, tiene; pues qué el Danubio quería, que haya un ejército Roma consumido en su conquista, y que yo a enseñarles venga religión, trato, y justicia, y la convenencia su a se fabrique a costa mía? deben de querer también que les dé dinero encima. Solo pretenden::- . Mileno, tener sabido podías, que de réplicas no gusto; diles, que junten apriesa la cantidad que les pido, para pagar las milicias, porque no haya trabacuentas, con la que es forzoso pida después para el nuevo templo, que a Júpiter se dedica, que al tributo del Imperio daré espera. . No imaginas, que es imposible que cumplan tanto? No me contradigas, que si desta sunvidad se quejan, viven mis iras, que aún las voces con que hablan los alientos que respiran, haré también tributarios; y a las regiones vecinas, hasta sacar lo que pido, esclavos haré que sirvan. Eso no harás. . Cómo no? Como si es que bien lo miras, el vendernos por esclavos fuera alivio en tal desdicha, pues que mudando de dueño pudieran nuestras fatigas encontrar otro, que acaso se lastímase de oírlas. Aquí, pues aquí te encuentro, pagarás tu alevosa. Ten Córcoba. Qué es tener? no te me has de escapar. . Quita, villano. . Hola, qué es eso Esto: un garrote de encina, un brazo, y una razón, que deshace unas costillas. Más Pasquín? Señor? . Anarta, y que estás delante, mira, del Cónsul. . Qué ha sido? No es nada, que el otro día cuando vino su mesté, (mala rabia en su venida, que así nos trae aperreados) yo con mi mujer Taurina estaba en paz en mi choza, y haciendo la perdidiza, vino ese señor dragón, y mientras que le trasa un jarro de agua, con ella cargó, y ni muerta, ni viva la he podido descubrir encuéntrele ahora acá arriba, y pardiez alzo el garrote para sacudirle ansina. Ten, bárbaro. Pues qué quieres? El que donde está me diga, y me la vuelva. Eso es justo. Pues, señor, la ver ad dicha, ella se escapó de mí. Pues harto es, que mi Taurina es mansa como una vaca. Y para eso, la osadía tenéis de entrar de ese modo? Él se entró, que yo venía tras de él, y si se aguardara que le diera una paliza allá fuera, no me entrara. Quién viene a pedir justicia, trae la razón por portera, que le franquea propicia la puerta de cualquier Juez. Eso es lo que no sabia: con qué os parece que es justo? Dícelo la razón misma. Pues yo os juro hacer por él hasta que nada me pida. Hola. . Señor. . Haced luego:: Desta a mi dragón le pringa. Que ahorquen a ese villano. Este hombre está en su camisa? Qué deéís? . Que le llevéis. Venid al punto. Hay tal priesa! Señores, que está borracho. Advertio:: . Qué es injusticia diréis. . Pues y no es verdad? No es, que si a estas niñerias hubiera de dar oídos, el tiempo me gastarian estos bárbaros, y así, sabrán no gusto de oírlas. Tiene su merced razón, bien robada está aurina, y como a mí no me ahorquen, vaya y venga cada día. Veis como está satisfecho? idos luego y vos, el día que de su mujer supiereis, volvédsela. . Ay tiranía. como esta considerad. Qué aún sobre esto me replicas! Hola. . Señor. Ya que a este villano libráis la vida, haced le den cien azotes. Venid corriendo. Hay tal priesa Señores que está borracho. Y advertid, que a esto me obliga la intercesión de Mileno. Tal como ella sea su vida: Yo azotes? . Ea, llevadle. Ven, y verás a Taurina. Ah perro! Ya el sufrimiento se apura, Camilo, a vista de esta sinrazón. Qué es esto? si le ahorco, te fatigas; si le doy libre, te quejas; si le azoto, te lastimas: no sé como te contente. Haga burla tu malicia de ver, que nuestra inocencia así a tu rigor se rinda. No sino que ya tenéis por costumbre introducida quejaros de los Romanos, y decir, que os tiranizan las honras, y las haciendas; y así, para reprimirlas, hola, haced que se eche un bando, en que pena de la vida, a acusar ningún Romano alguno tenga osadía. Y qué importa que se quejen, si así habéis de hacer justicia? Escusar la impertinencia de que vengan a pedirla, y hacer con esto también, que con tal cuidado vivan, que no den a mis soldados motivo de demasías. Y esas son las grandes leyes Romanas, que nos decías? No son porque deste freno allá no se necesita, y son, porque el imponer las es ahora voluntad mía. Es porque somos nosotros el blanco de vuestras iras? Pues si sois blanco, sufrid, que el blanco nunca replica, por más flechas que le tiren. Pues sabed, que al sol un día se quejó del arco el blanco, que mil veces le rompía con flechas, que le tiraba, siendo así, que él no podía defenderse, y ofender! Y el sol le dijo: qué admiras? paciencia, que ese es tu oficio, estad firme a recibirlas; pero en verdad, que una vez era el blanco donde tiran una piedra, y que la flecha, con la fuerza que iba a herirla, retrocedió hecha pedazos al rostro de el que la envía. Fue al sol también esta queja, y dijo: Mire el que tira si el blanco es piedra, o es tierra, que a él le basta en tal desdicha estar siempre con paciencia expuesto a la puntería. Eso es decir. . Estas son caduqueces como mías; mas ya que tan desgraciadas hoy han sido a vuestra vista las suplicas, que os han hecho, una quisiera por mía, que me otorgaséis. . Decid. Que pues están suspendidas las hodas, por orden vuestra, de Alcidón, y de mi hija, con el motivo de que se celebren más festivas con las galas, que usa Roma, y esas tan introducidas están, que como contagio va cundiendo cada día, deis licencia:: . Bien está. Para que::: Nada hay que digas, yo lo haré cuando convenga. La conveniencia está vista, pues quieren él, y ella, y yo soy el que lo solicita. Ya dije otra vez, que nadie lo que mi voz determina dispute, ese casamiento, en que insistís, se hará el día que a mí me de mucho gusto, y eso será, si por dicha yo no dispongo otra cosa; pues ni vos, ni vuestra hija, ni Alcidón, ni todos cuantos contiene la verde orilla del caudaloso Danubio, y sus peñascos habitan, tienen más ley, más arbitrio, ni voluntad, que la mía, en quien su poder supremo el sacro Senado cifra, pues soy despótico dueño de haciendas, honras, y vidas. . Qué esto sufra mi altivez! ha infelice patria mía, qué presto que experimentas en mis anuncios tus ruinas! Mas pues ahora el oponerme a este tirano, sería dar a su ambicioso fuego materia con que a cenizas redújese nuestro aliento, hagase desentendida la honra, y a buscar vamos en los riesgos, que imagina el alma, pronto remedio, y a donde todo peligra, líbrese lo que se pueda, que en semejante desdicha, como se salve el honor mas que se pierda la vida. . El día felice, que alegres logramos consagrar su templo a Júpiter sacro; todo júbilo sea, todo sea aplauso, pues tiene el Danubio en su simulacro, por tutelar numen al Dios de los rayos: Todo júbilo sea, todo sea aplauso, Pardiez, señora que ya lo cantado, y lo bailado lo sabemos lindamente; y que cuando llegue el caso de festejar a este Dios, que han traído los Romanos, han de ver como aprendemos sus danzas y sus saraos. Dice bien, bella Dantea, Taurina, y aqueste rato basta de ensayar el baile, y no es bien que le perdamos sin fruto, cuando podemos más noblemente gartarlo hablando de nuestro amor. Ay, Alcidón! que aunque tanto intéresa el pecho en ello, no sé desde aquel infausto día, en que nuestras riberas llegaron estos Romanos, que nueva especie de pena, qué susto, o que sobresalto me oprime el pecho de modo, que aún no permite el acaso triste alivio de un suspiro cuanto más, que salga al labio nuestro amor, en la noticia de las voces, que recato. Qué esto escuche. . Ese temor, y ese silencio es muy vano, cuando tan públicamente tu padre me ha destinado para tu esposo, pues solo pudo aquel belito acaso del día, que nuestras fuerzas sujetaron los Romanos, dilatarlo, no impedirlo. Ay si te dijera cuanto me cuesta desde ese día de rigores, y recatos la porfía de Camilo. Mi prima, Alcidón, ha dado en tales melancolías, que se aumentan en hablando en esta materia; a otra podéis pasar: ha tirano! Tirrena de mi ofendida, . aunque su razón no alcanzo, se declara mucho. . Ah dicho lirrena bien discurramos sobre aquesta nueva mola de trajes, que nos han dado, pues dan mucho que decir este moño, y este rabo. Nada tiene que afligirte, pues presto verás logrados tus deseos, y los míos. Todo lo temo, y lo aguardo. Vuelve para, divertirla al festejo que empezamos, Taurina. . De buena gana, que de bailar no me canso. El día felice, que alegres logramos consagrar, Tened, no oís que a las puertas llaman? Y con qué porrazos! Abre y ve quién es; o cielos, no sea Camilo acaso? Yo soy. Pues, señor, qué es esto? Eso debo preguntaros; qué músicas, que festines son aquestos que he escuchado? Qué es lo que dudas, si sabes, que a nuestro cargo tomamos los públicos regocijos para el día señalado, en que el templo se dedique a Júpiter con que estamos ensayando, y aprendiendo los compases, y los lazos? Y eso aprendéis? Qué te admira, si es forzoso conformarnos con el tiempo y adular en todo a nuestros contrarios? Sí, señor, que es linda moda esto de brincos, y saltos: oiga, y verá la canción. Calla, calla. Ya callamos. Que para oír vuestras locuras no vienen mis sobresaltos: Dantea, Alcidón, Tirrena. Afuera, viles tiranos, que pasan ya de los ciento. Qué es ento? Yo, que me he entrado. Qué traes? Pese a mi linaje! dos tomates colorados, dos madroños: ay ay, ay! Marido? Mas aquí te hallo, buena alhaja? Pues cuánto ha? Y el dragón? De cuatro trancos le dejé. . Oh él te dejó? Y viene en cas de mi amo. Fues ya vio el señor Mileno, que porque iba pescudando por mi mujer cien azotes me mandó dar el malvado de Camilo y el dragón me los asentó de plano; ay ay! . Qué aquesto se sufra! Para esto os vengo buscando; pero esas puertas primero cerrad bien. . Ya está cerrado. Dantea, Alcidón, Taurina, ya esto se va declarando; ya aquesta preñada nube se rompe en ardientes rayos; ya aqueste fogoso bruto, en la carrera empeñado, se desboca, y precipita; y por decirlo más claro, ya estos enemigos nuestros la máscara se han quitado, con que hasta aquí a nuestra ruina buscaban pretextos varios. Ahora, pidiendo a Camilo licencia para casaros, no solo la niega, pero responde con tan extraño modo, que me hace temer; mas el juicio suspendamos, y de lo poco que digo inferiréis lo que callo: Hijos, nuestro honor vacila, acudamos al reparo, y si oponerse no pueden iguales fuerzas, hubamos: provincias tiene la Europa, donde en seguro descanso podemos:- . Señor, no tienes que decir, suspende el llanto, que todo cuanto propones, ya yo lo tengo pensado, pero callaba hasta estar más cierto de mis agravios: Dantea, te atreverás? Sí, Alcidón, a todo cuanto propusieres, que no es menos, ni mi amor, ni mi recato. Tú, Tirrena? Donde puedes ir, que no siga tus pasos? Pues. Córcoba, ya que el sol va declinando al ocaso, baja a la helada ribera del Albís, y ten un barco prevenido. . A eso iré yo más ligero que diez gamos, porque los ciento me sirven de espuela para dar saltos. Adiós músicas, a Dios bailes; pero no llamaron? . Quién podrá ser? Sea quien fuere, abrid. Cómo tardáis tanto en franquearme esas puertas, cuando yo soy el que llamo? Como creer no podía tanta honra, favor tanto, esta casa, y a estas horas? Yo siempre procuro honraros, sin que para ello hora, ni tiempo haya señalado, mas que cuando me da gusto. Los señores son muy llanos. Y vos, Alcidón, qué hacéis aquí? . Lo que vos hablando con Dantea y con Tirrena. Pues en mi casa es milagro que esté Alcidón, si es mi yerno? Aún no se han dado las manos, y las matronas Romanas se portan con más recato. Dantea puede enseñar. Calla, Alcidón. Ya yo callo. Aún tienen mucha soberbia. Ya yo se la iré domando. Qué hay, amigo? Acá estáis vos? Y con mi carta de pago de los ciento recibidos. Cuando queráis otros tantos, acuiid. . Y estas libranzas la pago yo de contado. Y es aquesta la villana? Sí, señor. . Ahora te alabo el guato, que es mus graciosa. Eto oímos, y callamos? . Sí, que no es tiempo. Y en fin, qué haciáis, que he reparado que tenéis los instrumentos? Estabamos ensayando para la celebridad de Júpiter un sarao. Pues proseguid, ya que yo a tan buen tiempo he llegado. Señor, aún no estamos diestras. No importa. Reparad:: . Vamos, que en vos será primor todo. Qué lo estáis dificultando? haced lo que manda el Consul. Si ha de ser, id empezando. El día felice, Tened, que bien se conoce que no estáis ejercitados como ha de ser. No os lo dije? Mas ya que aquí nos hallamos, el aire os enseñaremos; vosotros, pues, apartaos. Pues como hemos de aprender nosotros? Viendo, y callando. Dice muy bien. Ay de mí, que este es riesgo no escusado! El din felice, Hermosísima Dantea: De amor divino milagro: Serranta de mis ojos:: Yo te adoro. . Yo te amo. For ti: Qué es esto? soltad. Una ocasión que en mis brazos te losro no he de perderla. Ya es infamia el sufrir tanto, apartad. . Cómo, Alcidón, tu conmigo tan osado? Porque ahora tiene razón, si hasta aquí le fui a la mano. A mi casa y a mis ojos venís vos tan deslumbrado, y queréis que os esté siempre la prudencia contemplando! Estos son lazos precisos del baile. . Acá no gastamos los primores que enseñáis, porque semejantes lazos a romper estamos hechos. Yo en humanarme, y honraros, veo que tengo la culpa. Aquí no os hemos llamado. Y a mi casa estas visitas podéis escusar. . Villanos, ya se apura el sufrimiento; y pues mi benigno trato hace que vuestra soberbia olvide que sois esclavos, idos de aquí luego al punto. Irnos y dejarte? . Malo. Pues, y quién lo ha de estorbar? Señor, Alcidón, templaos; qué es esto? Caduco viejo, tú me embarazas el paso? Yo, señor que no es razón, que profanéis el sagrado de mi casa, y de mi honor. Qué honor ni casa os ultrajo? vosotros tenéis mes honra, que la que yo os estoy dando? no tenéis a mucha dicha, que yo venga a visitaros, el que Dantea me guete, el que la tome una mano? y para que lo veáis, luego al punto se eche un bando, en que pena de la vida ningún bárbaro sea osado, en público, ni en secreto, a tener armas veamos, pues beneficios no bastan, si os reduzco con agravios. Qué va que estos, como yo, otros ciento andan buscando? Lelio, quitales las armas. Las armas? Sí, yo lo mando. Eso será de este modo, ̱n. que ya no queda reparo donde hay honor en la vida. Cómo, atrevido? Soldados, mueran. . Amigos, aquí. Ahora no os embarazo. Qué has de embarazar, si así pondrás en mis pies los labios? Hijos, amigos. No hay nadie que te libre de mis manos. No le mates. . Solo tú puedes suspenderme airado: huye, caduco. . Sí, haré, de ti huiré pero esperando, que si hay en Roma justicia, tu llorarás este agravio. A ellos. Mueran. No dejéis con vida a ningún villano: no os aflijáis, luego vuelvo. . A favorecer salgamos a Alcidón. Qué es esto, cielos? Hermoso fin de sarao! . 1. Marco Aurelio viva. 2. Viva nuestro augusto Emperador. 3. Viva, y el sagrado honor del sacro laurel reciba. 1. Hoy el Senado Romano te reconoce, señor, por supremo sucesor del Emperador Trajano. 2. Y en felices parabienes de tus incutas victorias, ciñe con eternas glorias de esa diadema tus sienes. Yo recibo honor igual con el aprecio debido, y no haberle merecido reconozco en acción tal, con qué generosa mano sabe premiar los afanes de sis nobles Capitánes, Senado y Pueblo Romano; y así, hanta el albis undoso sus águllas tremolé, presto a ambos Polos haré llegar su vuelo glorioso Viva Marco Aurelio. 1. Pero qué bruto feroz, sobre un caballo veloz va atropellando ligero el vulgo que se amedrenta al verle, y no le detiene? 2. Hacia el Capitolio viene. 1. Ya llega. Veamos qué intenta. Salve, patria de los Reyes; Salve, archivo de la ciencia, Senado, cuya prudencia al mundo da justas leyes. Hombre, o bruto, que admiramos, qué quieres. . Que a mis razones cedáis las admiraciones. Prosigue, que ya escuchamos. Padres conscriptos, Senado venturoso, a quien el mundo reconoce vasallaje, como poder absoluto: Yo Mileno, natural de la orilla del Danubio, con la obediencia, que debo, os reverencio, y saludo, permitiéndolo los hados por sus secretos influjos, y los Dioses juntamente en ninguna cosa injustos. Los Capitanes de Roma, más venturosos, que muchos, sujetaron la Germanía al sacro latino yugo. Entregámonos humildes, quizá porque pintar supo su astucia en falsa apariencia, que era nuestra ruina triunfos, que eramos nos ponderaron hombres, pero tan incultos, que a lo humano desmentía trato, y comercio de brutos; que viéndonos con vosotros, gozaríamos seguros de cuantas tranquilidades felicidad llama el vulgo; que en vuestras galas, y telas trocariamos el uso de desaliñadas pieles; que sabríamos el culto de vuestros Dioses; y en fin, de glorias tanto conjunto en nuestras fiestas y bailes, que la juventud del vulgo, sin que el áspid advirtiese, que estaba en la flor oculto, y aunque mi cana experiencia a la vista se le puso, admitió vuestra propuesta, rindió el cuello, y luego al punto Carmilo se juró Cónsul, cuyo poder absoluto con tantos prometimientos juró no cumplir ninguno; pues apenas Marco Aurelio, a quien por testigo busco de esta verdad, volvió a Roma, cuando Camilo perjuro se ostentó tirano, haciendo ley universal su gusto todas aquellas delicias que supo pintar astuto, aún sin explendor de llama se redujeron en humo; Sabéis qué han hecho, Romanos, vuestro Cónsul, y Tribunos? en lugar de gobernarnos, todo es violencias, insultos: mujeres, vidas, y haciendas nos dicen, que todo es suyo, y con quitarnos las honras, nos mandan que estemos mudos. Si son estas vuestras leyes, si es este el gobierno sumo, que tanto alabáis, más vale, pues que todos somos unos, y para ser sus esclavos mayor derecho no tuvo Roma, que ella a serlo nuestra, que en un desorden confuso todos a conquistar vamos, y a robar por ese mundo, pues por experiencia vamos en vuestro infeliz abuso, que mata roba, y ofende según puede cada uno. Bárbaros decís que somos, pero por los Dioses juro, que mejor que vuestra ciencia, da nuestra ignorancia el fruto; pues si a las obras se atiende, yo veo que todos juntos aborrecéis la soberbia, y no hay humilde ninguno: todos la templanza alaban, y todos sois epicuros; con castigo de las leyes todos infaman los hurtos, y todos toman los bienes ajenos, por propios suyos; con la lengua solamente en las virtudes de justos queréis blasonar y todos ponéis en el vicio estudio. Si en vuestra sabiduria está, si en aquestos puntos vuestra política estriba, bien deéís, que somos brutos, pues desórdenes tan feos allá ninguno los supo; qué es lo que queréis, decid, después de tantos incultos, de nosotros? y no hagáis, que más estemos confusos, Si lo hacéis por nuestros hijos, cargadlos de yerro duro, y tomadlos por esclavos, que a lo que en esto averiguo, de grillos, y de cadenas no podrá el más cruel verdugo cargarlos más, que lo que sufren sus miembros robustos; pero de vuestra codicia al desordenado impulso, ya no pueden con el peso de pechos, y de tributos. Si lo hacéis por miestra hacienda, para qué es a cada punto quitar, lo que de una vez daremos todos con gusto? Si teméis que nuestra tierra, por no ver males tan sumos, se levante contra Roma, que estáis engañados juzgo, porque según la tenéis debajo de vuestro yugo robada, y aniquilada, dadme vosotros seguro de que ella no se despueble, que yo darosle presumo de que levantarse pueda; y en fin, con lo que concluyo, si nuestras sérviles vidas os dan acuso disgusto, poned fuego a la Germania, porque llegue a Roma el humo: grande, Romanos, ha sido vuestra fama por los triunfos, que habéis dado a vuestra patria, sujetando el orbe junto; mas si los historiadores escriben verdad, presumo, que será más vuestra infamia para los siglos futuros, por las crueldades notables, que contra todo estatuto natural han cometido vuestros aceros desnudos; pues atended lo que os digo: que, o se ha de parar el curso de la fortuna voltaria, o se ha de acabar el mundo; o lo que en seiscientos años habéis ganado con sumo trabajo, habéis de perder en espacio de seis lustros; pues no penséis, que si acaso sujetastéis nuestro orgullo, fue por ser más valerosos, más osados más astutos, sino porque quizá entonces nuestra infeliz patria tuvo al sacro Apolo ofendido, y en sus secretos influjos, vuestros inhumanos pechos para azote nos condujo; pues no os dieron la victoria los dardos, lances, y escudos, que trajistéis a la guerra, sino nuestros vicios muchos: Con que si en esta razón queréis parar el discurso, qué esperáis? qué de vosotros será, si os Dioses justos nuestros gemidos atienden, y miran vuestros insultos? Queréis ver en el estrecho, que vuestra cruelda nos puso? pues juramento a los Dioses hemos hecho todos juntos de dejar nuestras mujeres, y matar los hijos suyos, porque no quieren dejar con la mísera, difuntos los padres, su amada sangre en manos de sus verdugos. El más humilde de todos soy a quien fortuna puso por trofeo de sus plantas entre todos los del mundo; para vivir en la tierra hago con la reja surcos, tal vez pesco, y tal las mieses siego en el ardiente Julio. El tierno amor de mi patria ha de decir: esto me trujo a vuestro Senado, ahora dad el remedio que busco; si os preciáis de justiciero, o si os he dado disgustos diciendo tantas verdades, yo mismo ofrezco desnudo el cuello, midiendo el suelo, que solo fama procuro. 1. Qué discreción! 2. Qué osadía Cielos, qué es esto que escucho? cuando te vi entrar, villano, pensé que eras algún bruto, y después que te he escuchado, que eres algún Dios presumo; levántate de la tierra, que de mármol, y oro puro mereces que te levante mil estatuas el Danubio. Yo soy Marco Aurelio, a quien por testigo tu voz puso de tu verdad, ya me hallas con el dominio absoluto del Imperio, y ya verás si oigo lamentos tan justos. Padre de tu patria has sido, y por ti, nuevo Mercurio, de sus quejas ha de verse en estado más seguro. La oración que nos has hecho en el Cúpitolio Augusto, se pondrá para memoria, y de Roma serás uno de sus honrados patricios, y que te sustente gusto para siempre de su erario: dame ahora los brazos tuyos, que eres monstruo de Germania, . Ya salgo, Dantea hermosa, y eres asombro del mundo. Deja que bese tus plantas; mas mira, César Augusto, que si yo he venido a Roma, no es porque esas honras busco, sino a defender mi patria, a que sepas los abusos de los Jueces, que dejaste, a que emiendes sus insultos, y a que aquella heroica fama, que adquiere por todo el mundo Roma, no dejes que así se oscurezca en el Danubio; y en fin, justicia te pido por mi honor, y por el tuyo; y como aquesto consiga, qué más gloria? qué más triunfo? Cuando administrar justicia no fuera aquel timbre sumo, que hará inmortal mi memoria: Por los sacros Dioses juro, que por ti mire el Senado tu propio honor, como suyo. Vine en esa confianza. Yo tengo a feliz anuncio el día que me corono, en un engaste tan rudo hallar el mejor diamante, o el más luciente carbuncio; y para enseñarte a Roma por un hombre sin segundo, quiero que a mi lado vayas con todo el Senado junto. Engrandeces mi humildad. Honrar tu valor procuro. 1. Marco Aurelio viva. Viva nuestro Emperador Augusto. . Abran aquí a una Córcoba,
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Ten, Taurina, con la puerta gran cuidado. . Si señora. Mira que de ti me fío. Ya sabes que estoy de posta siempre que lo mandas. . Pues con ese seguro, ahora puedo ya abrir; Alcidón: a renovar en tus brazos, amante Fénix, la corta vida infelice, que el hado me dejó para congojas, el día que de Camilo:- No traigas a la memoria, ni aún de ese tirano el nombre, pues que sus iras celosas por muerto desde aquel día te tiene, y de esa torma pude encubrir en mi casa curarte las peligrosas heridas, de que aún no bien convalecido te notas: mayor cuidado me causa, el que desde aquella hora no he vuelto a ver a mi padre. Vanos recelos te asombran: no es tan cortés la crueldad, que en estos tiranos obra, que su muerte te encubrieran por piedad, o por lisonja; pues aún las viles acciones, que al nombrarlas se sonroja la modestía, en nuestro oprobio ostentan, con vanagloria; mayor causa en la prudencia de tu padre le ocasiona, como a mí, vivir, oculto: pero a la puerta. Señora, no oyes llamar? . Alcidón, vuelve a ocultarte. . Es forzosa esclavitud. Ve quién es. que viene danzando corbos, corbetas, y cabriolas. Pero Tirrena? . Ay de mí! cierra, cierra presurosa esa puerta. . Qué es aquesto? Mi propio aliento me ahoga! Lelio, ese vil Capitán de las escuadras de Roma, que a imitación de Camilo todo es intentar deshonras, en el campo esta mañana me encontró y con licenciosa osadía, no pudiendo sacar ni la menor sombra de esperanza en mi recato, a sus persuaciones locas violentamente me hizo conducir con una tropa de soldados a su casa; y al tiempo que las aromas de un agradable jardín quiso hacer florida alfombra, si no trágico teatro de la sceña lastimosa de mi deshonor, Camilo llegó en su busca, y a solas se apartaron a tratar las materias que le importan; y yo advirtiéndome libre, me descubrió la ingeniosa necesidad un postigo, a quien leve impulso sobra para franquearme salida, donde encontrando a Córcoba, hasta tu casa he venido a valerme, aún temerosa de que me siga el aleve cuando mi fuga conozca. Y yo que ya otros docientos, si sabe que fui tu escolta me pican, qué temeré? Bosiega, Tirrena, ahora, que entre tanto que averigue donde ocultar tu persona, nos dará el cielo remedio. Como está su piedad sorda a vista de ranta ruina? como el honor nuestro llora? Quizás en su sufrimiento mas su justicia acrisola. Si al llevarse mi mujer donde al otro se le antoja, y porque voy a pedirla ponerme hecho una amapola, calla el cielo, para cuando son los rayos? Buenas cosas. ahora se pusiera el cielo a oír cuentos de Corcebas. Echad abajo esas puertas, puesto que no hay quien responda, y muera quien lo defienda. Mas quién mi casa alborota? Ay, señora, que es Camilo. Y con él la jarcia toda de Romanos. Muerta estoy! Preciso es el que te escondas. Doleos, cielos, de mis ansias. Quién se convirtiera en mona. Abre tú. Quedad vosotros en esa puerta de posta. Señor, vos así en mi casa? qué defensa os ocasiona a aquesta demos? ración? no vis tan desta forma los caballeros las damas; pues quién la puerta os estorba? Nadie, porque yo no sufro, que ni aún el cielo se ponga en defensa: de mi tiemblan las luces de sus antorchas; quieres que a lo cortesano, con aplauso y ceremonia venga a verte y te lo avise, y aguarde a que me respondas? bueno era para mi humor. Bastan las vanas lisonjas que he gastado, ya que tú hasta aquí has estado sorda; pero ya vengo resuelto, pues no hay excusas que pongas, muerto, Alcidón, a que seas mía de cualquiera forma. Señor, advierte:: . No tienes que decir pues no hay quien oiga; pero antes de todo, dime, adonde se ha entrado esotra parienta tuva, Tierena? Yo no la he visto. Aquí es Trova. Bueno es eso, y a tu casa se ha venido huyendo ahlora de la de Lelio: no es cierto? En mi jardín quedó sola cuando entrastes a buscarme y quien lo ha visto me informa, que salió por el portigo, que en esta casa propia ha entrado. No hay que dudarlo. Señor:- Niégalo, que importa; ven acá, dónde se esconde? y mira, que si me enojas mintiéndome: . Si otros ciento la paga, será gran casa. Señor, yo no he visto nada, que de fuera acabo ahora de entrar. Bien está; y tú, dime, lo sabes? . Señor, perdona, que aquella vapulación tanto la vista me acorta, que no veo de aquí allí mujer ajena, ni propia. Harto me decís, y yo lo veré por todos: Hola. Señor. Registrad la casa. Pues cómo, señor te arrojas a allanar de aqueste modo inmunidades que gozan estas paredes? y más por una causa tan corta, y no digo tan injusta? Porque ya tú me ocasionas, pues lo atento no te obliga, a que me valga de toda la autoridad del poder, que no habéis visto hasta ahora. Mira: . No os detenga nada: entra, Lelio, pues te toca a ti aquesta diligencia, y todo se reconozca. Así lo ejecutaré. Faltan cielos, más congujaa Taurina, avisa a Alcidón, que con diligencia pronta huya aunque arroje:: . Ya lo entiendo todo, señora. Dónde vas tú? . A adereza la casa. . Espera. Embargola. Valedme, cielos. . Suspende el paso, tirana hermosa, no el adorarte te ofenda. Date a prisión. . No se postra así el pecho, aunque las fuerzas al valor no correspondan. Qué es lo que veo? pues cómo vivo tu y de aquesta forma en la casa de Dantea? Deacubriose la tramoya. No respiro? . Como el cielo a esta vida, que te enoja, guarda, quizá para ruina de la tuya. . Brava ronca! Pues yo hubiera dado albricias, a saberlo antes de ahora, para volverte a quitar vida que es tan enfadosa. Prueba a lograrlo. Es tan fácil, que la experiencia me sobra, más quitártela no intento, que fuera hacerte lisonja el pagar tantas ofensas con una muerte tan sola; y pues para más castigo guardar tu vida me importa, prendedle. No hay quien se atreva. Mal contra tantos blasonas. Pese a las débiles fuerzas, que al tiempo que más me impontan, me desamparan; matadme. Dicha te fuera, y no poca, por no ver lo que te espera. Como el llanto no me ahoga? Aprisienadlo las manos. Mas que otros ciento le envoca? Tú, Lelio, lleva a Dantea, y a Tirrena con escolta a mi casa y a Alcidón llevad de la misma forma, porque quiero que a su vista se venzan las desdeñosas esquiveces, con que intentan encarecernos sus honras estas damas. . Reparad: Quién me réplica, me enoja. Lacencia te ha dado el cielo de que en mi vida di pangas no en mi honor, que le defiende mi veluntad animosa. Mi tuverte verás primero, Belio, que no mi de honra: no temo no tus crueldades, que yo me asito a mi propia. Dioses, aquesto anfrís. Qué falta, Taurina, ahora te hace Pasquín? . Es verdad, nadie de mi hace memerias. Escuchad, señor primero. Vuestra nobleza nos oiga. Apartad; qué os detenéis? llevadlas. . Venid, señora. Valedme, cielos. Qué cielos? como quieres que te nigan si catan tan lejos? mas qué confuso rumor de trompas, y cajas, sin orden mía, nuestro sosiego alborota? Señor legiones Romanas, y con marcha presurosa vienen llegando. . Qué dices? Que las águilas gloriosas Remanas, a cuyo vuelo no hay provincia que se esconda, lo publican en el aire. ?. Qué oigo? . Qué escucho? Oh piadosas deidades! . En nuestro amparo Sin duda vienen, señora. Dicen, que otro nuevo Consul con ellas ervía Poma a estas riberas. . Qué es esto? Gran novedad lo ocasiona. Sin duda se ha revelado Egipto, o otra remota provincia y quiere el Senado, que mi diestra valerosa vaya a sujetarla. . Es cierto. Como lueven alcachosas. Ya parece que respiro. Nuevo espíritu me informa. Parece que esta noticia serena vuestras congojas, porque juzgáis, que en venir nievo Cemor nuevas tropas, se frustrarán mis inteos; y es falsedad bien rotoria, pues lo que yo obro es justicia, y aquesta por ley forzosa, la ha de observar cualquier Juez: y aunque suese pasión propia, mi casidad, y servicios los que vinieren no ignoran, y todos somos Romanos. Así dijo el de las moscas: qué importa me quitéis estás, si luego han de venir otras? Señor, acudir es fuerza, pues que ya, según lo notas, casi en la Ciudad se escucha entrar las cajas. . Forzosa obligación es salir a recibir la perama del nuevo Cónsul; y así, suspéndase por ahora lo que mande, hasta que vuelva; y entre tanto, Dantea hermosa, si acaso de cruel me culpas, cruel eres con quien te adora. Id con trecientas mil suegras. Basta una, si es regañona. Cielos, es sueño, o delirio, o nóvela fabulosa lo que nos está pasando? De tal suerte se eslabonan los riesgos, y los temores, que aún discurridos asombran. Pues antes de todo, deja desate esas rigurosas que decir pues no hay quien oiga; pero antes de todo, dime, adonde se ha entrado esotra parienta tuya, Tirrena? Yo no la he visto. Aquí es Troya. Bueno es eso, y a tu casa se ha venido huyendo ahora de la de Lelio no es cierto? En mi jardín quedó sola cuando entrastes a buscarme, y quien lo ha visto me informa, que salió por el postigo, y que en esta casa propia ha entrado. No hay que dudarlo. Señor:- Niégalo, que importa; ven acá, dónde se esconde? y mira, que si me enojas mintiéndome: . Si otros ciento la paga, será gran cosa. Señor yo no he visto nada, que de fuera acabo ahora de entrar. Bien está; y tú, dime, lo sabes? . Señor perdona, que aquella vapulación tanto la vista me acorta, que no veo de aquí allí mujer ajena, ni propia. Harto me decís, y yo lo veré por todos: Hola. Señor. Registrad la casa Pues como, señor te arrojas a allabar de aqueste modo inmunidades que gozan estas paredes? y más por una causa tan corta, y no digo tan injusta? Porque ya tú me ocasionas, pues lo atento no te obliga, a que me valga de toda la autoridad del poder, que no habéis visto hasta ahora. Mira: . No os detenga nada: entra, Lelio, pues te toca a ti aquesta diligencia, y todo se reconozca. Así lo ejecutaré. Faltan, cielos, más congojas! Taurina, avisa a Alcidón, que con diligencia pronta huya, aunque arroje: . Ya lo entiendo todo, señora. Dónde vas tú? . A adereza la casa. . Espera. Embargola. Valedme, cielos. . Sus pend el paso, tirana hermosa, no el adorarte te ofenda. Date a prisión. . No se postra así el pecho, aunque las fuerzas al valor no correspondan. Qué es lo que veo? pues como vivo tu y de aquesta forma en la casa de Dantea? Descubriose la tramoya. No respiro? . Como el cielo esta vida, que te enoja, guarda, quizá para ruima de la tuya. . Brava ronca! Pues yo hubiera dado albricias, a saberlo antes de ahora, para volverte a quitar vida que es tan enfadosa. Prueba a lograrlo. Es tan fácil, que la experiencia me sobra, más quitártela no intento, que fuera hacerte lisonja el pagar tantas ofensas con una muerte tan sola; y pues para más castigo guardar tu vida me importa, prendedle. No hay quien se atreva. Mal contra tantos blasonas. Pese a las débiles fuerzas, que al tiempo que más me impontan, me desamparan; matadme. Dicha te fuera y no poca, por no ver lo que te espera. Como el llanto no me ahoga? Aprisionadle las manos. Mas que otros ciento le envoca? Tú, Lelio, lleva a Dantea, y a Tirrena con escolta a mi casa, y a Alcidón llevad de la misma forma, porque quiero que a su vista se venzan las desdeñosas esquiveces, con que intentan encarecernos sus honras estas damas. . Reparad:: Quién me renlica, me enoja. Licencia te ha dado el cielo de que en mi vida di pangas, no en mi honor que le defiende mi veluntad animosa. Mi muerte verás primero, Lelio que no mi de honra: no temo no tus crueldades, que yo me asito a mi propia. Dioses, aquesto sufris! Qué falta, Taurina, ahora te hace Pasquín? . Es verdad, nadie de mi hace memerias. Escuchad, señor primero. Vuestra nobleza nos oiga. Apartad; qué os detenéis? llevadlas. . Venid, señora. Valedme, cielos! Qué cielos? como quieres que te cigan si cstán tan lejos? mas qué confuso rumor de trompas, y cajas, sin orden mía, nuestro sociego alborota? Señor, legiones Romanas, y con marcha presurosa vienen llegando. . Qué dices? Que las aguilas gloriosas Remanas, a cuyo vuelo no hay provincia que se esconda, lo publican en el aire. Qué oigo? . Qué escucho? Oh piadosas deidades! . En nuestro amparo sin duda vienen, señora. Dicen, que otro nuevo Consul con ellas ervia Poma a estas riberas. . Qué es esto? Gran novedad lo ocasiona. Sin duda se ha revelado Egipto, o otra remota provincia, y quiere el Senado, que mi diestra valeresa vaya a sujetarla. . Es cierto. Como llueven alcachofas. Ya parece que respiro. Nuevo espíritu me informa. Parede que esta noticia serena vuestras congojas, porque juzgáis, que en venir mievn Cemor, nuevas tropas, se frustraran mis intentos; y es falsedad bien notoria, pues lo que yo obro es justicia, y aquesta por ley forzosa, la ha de obserbar cualquier Juez; y aunque fuese pasión propia, mi calidad, y servicios los que vinieren no ignoran, y todos somos Romanos. Así dijo el de las moscas: qué importa me quitéis estas, si luego han de venir otras? Señor, acudir es fuerza, pues que ya, según lo notas, casi en la Ciudad se escncha entrar las cajas. . Forzosn obligación es sulir a recibir la perama del mievo Cónsul; y así, suspéndase por ahora lo que mande, hasta que vuelva; y entre tanto, Dantea hermosa, si acaso de cruel me culpas, cruel eres con quien te adora. Id con trecientas mil suegras. Busta una, si es regañona. Cielos, es sueño, o delirio, o nóvela fabulosa lo que nos está pasando? De tal suerte se eslabonan los riesgos, y los temores, que aún discurridos asombran. Pues antes de todo, deja desate esas rigurosas ligealuras. Mas onimen las que el alma me oprisionan. Pues ahora, qué os sobresalta? cuando parece que asoma más propicia la fortuna a nuestro socorro pronta? Nuevo Cónsul no escuchamos que llega con esa pompa militar? Pues que tardamos, que a sus plantas no se postra muestra desdicha a pedir insticia: oh misericordia? Rómano es, pero no es fuerza, que todos por una moda hayan de ser tan tiranos, y aún por política docta, cuando, como esotro sea, no querrá que lo conozcan en esta primera entrada; pues suele haber Juez, que obra como debe el primer día; luego, como se le antoja; y en fin, sea como fuere, en esta mortal congoja busque yo el miedo, que el fin a la fortuna le toca. Dices bien. Quieran los cielos, que más benigno nos oiga. No vamos también nosotros? Ve tú, que eres buena moza, y clama cuanto quisieres, que yo, que les sé la moda, temo, que a queja de ciento. con docientos me respondan. . . O me ha querido agraviar . Notable acompañamiento trae el Cónsul! . Es espanto. Mas para qué rumor tanto de armas? . Ignoro el intento, pues para seguridad de esta bárbara Nación, aún sobra con la legión, que yo tengo en la Ciudad. Alguna nueva conquista sin duda el Senado intenta. Pues cómo, sin darme cuenta, vienen las tropas que aliata? Y del Cónsul, no has oído quién sea? . Yo no señor. Por patricio, oh Senador será en Roma conocido, que no me enviara a mudar hombre, que no me igualara en dignidad. . Cosa es clara. Llega el paso a adelantar, que ya le veo venir entre escuadrones armados. Hacedle salva, soldados. Salgámosle a recibir. Hagan alto las escuadras, pues a recibirme veo se va acercando Camilo. Qué es lo que reparo, cielos! l, no adviertes? . Qué miro este Cónsul, no es Milea? Qué confusos se han quedado! Mas llegar a hablarle quiero: seas, Consul, bien venido. Con mis brazos agradezco tu atención, noble Camilo, cuando mi humildad en ellos ensalza este nuevo honor, y estoy corrido, confieso, que un bárbaro como yo, ocupe el lugar Supremo; que un patricio como tú, rige con tan grande acierto: fue voluntad del Senado; ya conozco, que a ser vengo fábula de estas riberas; mas qué he de hacer? obedezco. el Senado en el desprecio de darme ese sucesor, o esto lo hace Marco Aurelio. La elección es acertada, pues tu prudencia, y tu esfuerzo son las esenciales partes del político gobienno, y a estas riberas será mas suave, no teniendo la adversión de ser Romano. Es vulgaridad del pueblo, que el sabio no tiene patria, y el que es noble, sabe serlo en la suya, y en la ajena. Misterioso viene y temo, que en sabiendo lo que pasa, quiera vengarse sangriento. Yo procurare atajar ese peligro: Supuesto, que ya recibido estás, pues yo guatoso te entrego la autoridad, y el dominio, dame licencia, que intento pasar al instante a Roma, a la pretensión que tengo del Consulado de España. Eso es lo que hacer no puedo con tal brevedad; no tanto porque antes tomarte espero residancia, pues ya sé, que en tu imitable acierto solo tendré que admirar; como porque ahora quiero, que en estos primeros días a mi lado, en el gobierno asistas para instruirme, pues ya conoces, que vengo rudo tronco, a que me pulan tus virtudes mis defectos. Yo quieres que te aconseje? Pues tu hicistes lo mismo conmigo? por que ahora extrañas te pague lo que te debo? Con qué falsedad a todo . responde el villano. . Oh, Lelio, como no has llegado a hablarme? Solo aguardaba este tiempo, para que tus pies: . Levanta, que un Romano de tu erfuerzo es acreedor de mis brazos; y cree, que solo vengo para atenderos a todos por justificados medios, y que traigo del Senado especial encargo desto. Si él sabe lo que ha pasado, ahorcarnos es lo de menos. Ya entrar en la Ciudad puedes, que el camino, considero, fuerza es que te haiga cansado. Yo estoy a trabajos hecho, y el deacansar de los míos, sin aliviar los del pueblo, uera crueldad; y así, antes, según la orden que teo. daré audiencia los que lloguen: que aunque descuidados no creo de Camio, en la matica no deja de haber lamentos de pobres impertinentes, que no se atienden por serlo; y yo, como lo soy todo, tendré más flema con ello:. Allí le pica. . Aquí al paso, a mi Secretario Enio, han dado unos memoriales, y es bien que los vamos viendo. Estos en tu casa puedos despañnar con más anento. Para leer quejas, Camilo, no hay más luz que la del cielo, que la que entra en los Palecios, aún materialmente vemos, que va cambiando colores, según se los tiñe el medio del cristal por donde pasa; y al que no es muy lince en esto, de la inocencia al armino, si se atraviesa un objeto, o pálido por la envidia, o por la ira sangriento, manchando su candidez, le arriesga el conocimiento. 1. Desviad. 2. Tened. Al Consul hemos de llegar. . Qué es cato? Esto es, Capitán heroico, que a tus plantas: mas qué veo? Qué miro! Padre. 2. Señor? Qué hacéis? dónde vais? teneos. Adonde el amor nos lleva: a que en tus brazos: No entiendo lo que dices. . Yo tampoco la autoridad que venero en tu persona, más esta no quita el conocimiento de hijos tuyos. . No os conozco. Pues nuestro padre Mileno no eres? . Estáis engañados, ni de uno, ni de otro me acuerdo de ser tú mi hija, tú mas, de que Roma me fía de vuestra patria el gobierno, y que a un bárbaro, que fuera, como decís, vuestro deudo, mal le pudiera encargar políticos documentos, que enseñe a vuestra ignorancia: no es verdad, Cámilo, esto? Señor:: . Voto a cien Apolos, que está borracho, o yo sueño: no se acuerda de Corcoba, y de cuando le pusieron en las cuantas atrasadas una libranza de ciento? pues aquí está el contador. Es verdad, Camilo, esto? conoces estos villanos? Señor, yo: . No estés suspenso. A Dantea, y Alcidón es forzoso conocerlos, t y a Tirrena. . Y a Córcoba por qué no? pese a su abuelo! Señor, para qué es andar dilatando por rodeos lo que tu ignorar no puedes? Sabe, que Camilo, y Lelio, atrevidos, como siempre, atropellando el respeto de mi persona, y mi casa, sobre querer defendernos Alcidón, quisieron: . Basta, que aunque ni dudo, ni creo lo que decís, estas cosas se han de comprobar primero, que de un Juez, y Juez Romano, para creer tal exceso, son menester evidencias, y aquí, de no conoceros Alcidón, ya los hados más propicios, veréis el primer motivo; pues como puede ser esto mi sobrina, y tú mi yerno, y hacer con los tres el Cónsul tan grande atropellamiento? Señor, es verdad: Camilo:: No más, que ya considero, que en tu sangre, en tu prudencia no caben estos defectos, y que estas quejas serán odio (como en otro tiempo dijiste) que a los Romanos tiene esta provincia, y esto yo lo atajaré muy breve; ven, pues, conmigo, que temo, que en estas impertinencias, si aquí más nos detenemos, dos han de gastar el día; y a vosotros os advierto, que a sentarme en el juzgado voy ahora, donde espero oír, y hacer justicia a todos, justificando primero la verdad, sin que para ella, tu Dantea, o tu Camilo, el que yo sea Mileno, haga al caso pues es cierto, que el buen Juez no tiene patria, cuando ha de obrar justiciero; y al que encontrare culpado gravemente vive el cielo, que ha de dar con su cabeza a los demás escarmiento. Que envien a este villano para que aje mi ardimiento! Temblando voy! . De esta vez los gaznates volaverunt. Vaya el seor dragón, que ahora todos endragonaremos. parece dan de nuestro alivio indicios. La voltaria fortuna en el mal, ni en el bien nunca fue una, que en el inquieto mar de su mudanza hay calmas de tormenta, y de bonanza. Por donde, pues, Mileno habrá alcanzado el poder con que asa le honra el Senado? Siendo extranjero, hablando misterioso, y mormurando a roso, y a belloso del gobierno presente, cátale acomodado brevemente. Aunque a Mileno el cargo he conferido de Censor del Danubio, no he querido tan del todo fiar de sus acciones estas resoluciones, que no venga a su vista recatado a ver lo que ejecuta con cuidado, para emendar lo que él errar pudiere, o por si algún tumulto sucediere. En que ahora nos paramos, que de mi padre al tribunal no vamos a pedirle justicia? . Vamos luego, que ya me abrasa de vengarme el fuego. Si debo aconsejaros, no estaréis decorosa, si a mostraros llegáis publicamente a un Tribunal, que asiste tanta gente; mejor es por escrito que yo a todo asistiré. . Del modo que tú lo dispusieres, lo mejor será siempre. . Qué hay, que esperes? En que Alcidón se tarda, nuestro paso. . Es verdad, vamos. Aguarda, que he menester me digas: de este quiero informarme primero, si es verdad de Camilo la injusticia, pues este, sin pasión, y sin malicia, la verdad cantara. . Qué me detiene, y sin dejarme ir, ni va ni viene. Es verdad, que un Censor a esta ribera acaba de llegar? . Adiós pluguiera, que ni aquesta llegara, ni acá del otro viesemos la cara. Pues qué os hizo Camilo? . Mal provecho, nada, porque antes todo lo ha deshecho; deshizo las solteras, las casadas, las viudas, las doncellas, las preñadas; deshizo nuestras leyes, nuestra hacienda, y hasta a mí me deshizo la trastienda. Y los demás Romanos, qué decían? Que bailando al son que les tañían; pues si el Censor las tiendas abrasaba, gran tonto era el que no se calentaba: mas yo sé, que Mileno, que ahora manda, les ha de hacer bailar la zarabanda. Es hombre de razón? . Pese a mi abue mas sabe, que perdices en cazuela: ese era acá el que todo lo entendía, quien dudas, y cuestiones decidía; pero Camilo se quitó de cuentos, y a coces concluyó sus argumentos. Verdad Mileno en todo me ha contado, y en su elección conozco que he acertado. Si no pregunta más, voyme volando, donde Míleno ahera está juzgando, para ver sus caprichos, que son raros. Vamos, que también quiero acompañaros; y para que poder mayor le asista, mi guardía haré también que esté a la vista. , . El Capitán de mis guardias, Moradores del Danubio, que de los hados impíos, aún en sus asperas grutas os supo hallar el castigo, si quejosos, con razón, o sin ella, del dominio Romano (según decís esclavos habéis vivido, hoy el Romano Senado, justiciero, y compasivo, a que averigué me envía, si es verdad lo que le han dicho. Nuevo Censor soy del albís; ya han cesado de Camilo, y de los demás Romanos autoridades, y oficios: yo soy el que los sucedo, y yo el que, según estilo, para castigo, o el premio, su residencia público: cuantos estéis agraviados venid, que aquí estoy a oíros, sin que os turbe el embarazo de porteros, ni Ministros. Lelio, este villano quiere vengarse, según he visto, de nosotros. Bien lo temo. Pues haz que esten prevenidos, por si importa a nuestro amparo, los soldados que trajemos. Ya, como a ellos les importa también, están sobre aviso. con la escuadra que he elegido, esté pronto a ejecutar las órdenes que le envio; y tú, Enio, en tanto que llegan los demás, pues por escrito te han dado muchos sus quejas, ve leyendo. Entre el bullicio de la gente, en esta parte oculto oír determino. De Adriano Tribuno, en este memorial se queja Friso Labrador, que habiendo dado el hospedaje debido a sus Tropas, y Oficiales, le pagaron el servicio con saquearle a la partida. Desorden introducido de soldados, que en su marcha cualquier pais es enemigo. Le mataron dos pastores, y robaron atrevidos sus dos hijas. Cómo? eso ya va por otro camino. Y aunque se quejó al Tribuno, no solo no fue atendido, pero quiso castigarle. Y de eso tiene testigos? Hecho es público, y lo afirman sus criados, y vecinos. Señor:: Llevadle a que dé su descargo por escrito, a mi Capitán: prosigue. Tirrena, hija de Fabricio, se querella aquí de Lelio, que con violencia la hizo llevar a su casa, donde: No más, que para el delito le sobran ya circunstancias. Señor, confieso rendido, que el amor:: Pues quien os niega, que a Tirrena habéis querido? Es, que ella esquiva: Es honrada, en la violencia se ha visto. Señor, para esposa mía sabe Júpiter Olimpo que intenté:: Pues tanta priesa os dabáis a ser marido, que no tuvisteis paciencia para pedirla a Fabricio su padre? llevadle a dar su descargo, como he dicho, a mi Capitán. . Advierte: Ya yo lo tengo advertido. Váyanse con él burlando. Buen crédito han adquirido en Germania los Romanos, mas siempre temi esto mismo. Ahora entro yo: aquí, señor, está Córcoba, marido de Taurina, a quien Pasquín, dragón del señor Camilo, se la llevó y se la trajo para aprender (según dijo) la Romana cuertesía; y cuando a quejarse vino al dicho Camilo, manda, que le den al susodicho, cien azotes, y el dragón anduvo largo y cumplido, sobre que ofrece probanza, y pide, según estilo, justicia y costas. Señor:: Andad, llevadle vos mismo a que dé el descargo. Cape. Usted se venga conmigo, señor dragón, y verá . otra moda, que no ha visto. Valgaos el sol por Romanos! en todos vuestros delitos hay mujeres y violencias; vuestra gran terneza admiro; y luego dirán, que sois crueles, y vengativos. Todos estos memoriales vienen a ser uno mismo, que de Camilo contienen varias quejas. No es prodigio que un Juez tenga desafectos, pues si castiga los vicios, se lastiman de él los malos, y cuando en esto anda homiso, también murmuran los buenos; pensiones son del oficio demás, que Camilo halló estos pueblos, que ha regido, tan bárbaros, tan incultos, que para haber de instruirlos en la religión y leyes, buenas costumbres, y estilo de Roma, trabajaria con rigor y no me admiro, que para labrar un tronco, muchos golpes son precisos. A esto le envió el Senado, yo creo, que ha cumplido a pesar de desafectos; y porque veáis lo que digo, leed:: . Esta es general queja de los pueblos oprimidos con tantas contribuciones, valimientos, donativos, cuarteles, repartimientos, y tal variedad de advitrios, que en la substancia eran robos, y tributo en el sonido. Orden tuve del Senado para todo. Bien ha dicho, que con la autoridad suya, de la orden, desorden hizo. Que al que quejarse venía, maltrataba con impío rigor de obra, y de palabra; y entre otros muchos vecinos, aguardaba, y te hice esta propoaición por oírlo; yo conozco los excesos, y culpas, que han cometido los jueces en esta tierra, y emendarlas solicito: llevad a Camilo luego donde he mandado. . Divinos cielos, yo bus que mi muerte! . Y los que con él han sido cómplices, con él padezcan. Ya entiendo, que su suplicio esta ejecutado. . Cómo? Como a eso era el remitirlos a dar su descargo. . Bien en todo habéis procedido: Cónsul os hago perpetuo de aquesta provincia, y fío mi acierto de vuestro acierto. Yo con humildad admito tal honra; mas si queréis quedar señor bien servido, mandad, no quede ningún Romano en este distrito; pues ya estando, como veis, unos de otros ofendidos, será tener cada día de disenciones motivo para regir en justicia; yo aquí no los necesito; y no temáis, que la tierra se os levante, si habéis visto con que humilde rendimiento sus ultrajes han sufrido; y a lo menos esta herida, que tan reciente la miro, dejad que la cure el tiempo, que él sabra, maestro benigno, ir uniendo poco a poco los que ahora son enemigos. En todo he de complaceros; yo me llevaré conmigo las tropas: de ahora Alcidón la mano, como habéis dicho, a Dantea. . Felice yo, que tal fortuna consigo! Mas felice yo, que así salgo de suatos tan repetidos. Tirrena? Yo, gran señor, lo que rendida os suplico, es, que si honrar me queréis, me concedáis el retiro en el gran templo de Vesta. Ya lo tenéis concedido. Volvámonos a casar Taurina. . Si otro marido me buscas, de buena gana. Mejor es, mientras le elijo, que el buen Juez no tiene patria que EL VILEANO DEL DAxUNIO tenga perdón, si no victor.
