Texto digital

Texto digital de Vida y muerte del rey Bamba

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Lope de Vega Carpio
Atribución estilometría
Lope de Vega Carpio Probable
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la edición de Obras de Lope de Vega. RAE.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Vida y muerte del rey Bamba. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/vida-y-muerte-del-rey-bamba.

Logo BICUVE

VIDA Y MUERTE DEL REY BAMBA

JORNADA PRIMERA

JORNADA PRIMERA. Dejaron por ejemplo los romanos, En celebrar el vil y el torpe culto, Y en las custodias de sus dioses vanos, En lo público así como en lo oculto, Mil ejemplos, que fueron soberanos; ¡Cosa es notable que, adorando un bulto. Tuviesen gran temor y miedo eterno Á unos dioses ministros del infierno! Pues si estos adoraron de esta suerte Los padres de la muerte en justo engaño, ¿Cómo un Dios que pasó terrible muerte Por nuestra culpa eterna y nuestro daño, Nosotros, con dolor terrible y fuerte, No observamos la muerte? ¡Caso extraño. Que a los cristianos, por sus hechos viles, Les dejen claro ejemplo los gentiles! Quiso Dios levantar en nuestra España, Porque el castigo nuestro más le cuadre, De los pelagianos la cizaña Contra la Virgen santa y de Dios madre; Y aunque es verdad que poco al pueblo daña, Ni le puede morder aunque más ladre, Ya parece que basta oír sus voces En pago de pecados tan atroces. Mas Dios, como precioso y gran Monarca, Hace que a nuestro bien y gozo aplique Mi toledano pastor y patriarca, Ildefonso famoso, al que Manrique, El cual, de la mentira jeriarca, Hace que más maldad no se publique, Sacando por su ciencia y sacro ruego Estos herejes de su error tan ciego. Cristiano y valeroso Recisundo, Godo famoso y Rey de fuertes godos, Digno de ser señor de todo el mundo, Y de ensalzar tu fama por mil modos: Salga de España aqueste error profundo. Pues hoy te ayudan tus vasallos todos, Siguiendo de la cruz el simulacro, Y de Dios la bandera y pendón sacro. Ese valor eterno que se esconde en tu pecho famoso o invencible, Ya, señor, le suplica, pues tu Conde Te ayuda con su fuerza irresistible. Como Conde respondo; tú responde Como Rey, pues tampoco le es posible; Que imposible será que te resista Del fiero hereje la mortal conquista. Ya no fuera español, ni hijo de España, El que no te ayudara en esta empresa Con ánimo feroz y fuerza extraña, Arriesgando la honra y la cabeza. Salgamos, Rey famoso, a la campaña; Toca a marchar, a recoger empieza Tus soldados valientes y cristianos, Y mueran los pelagios y arrianos. Godos famosos, satisfecho quedo Del valor que en vosotros se sepulta, Que, confiando en él, sin miedo puedo Descubrir mi pasión y pena oculta: Queriendo Dios, saldremos de Toledo, Pues tan poco, cual veis, se dificulta. Mañana o esotro día a lo más tarde, Porque hoy se haga un general alarde. ¿Tan de mañana y con tan grande priesa Te levantas, señor? Sí, Atanagildo; Que quise de Ildefonso oír su misa. Acompañando al coro y al cabildo. Y ¿sabes lo que hay? De ello me avisa. Un milagro harto extraño. Pues decidlo. Advierte, Rey supremo, lo que pasa En este templo que de Dios es casa. Cuando para su trabajo El labrador soñoliento Despierta, y del pedernal Saca centellas de fuego; Cuando los tristes pastores Están al sueño sujetos. Mientras el ganado encargan A los vigilantes perros; Cuando el caminante pobre. Mirando la luz de lejos, Adonde está se encamina. Teniéndola por del pueblo; En fin, para concluir. En el mismo punto y tiempo Que a su sacro Redentor Negó el olvidado Pedro; Cuando los gallos dan voces, Representando este ejemplo, Y la luz de las tinieblas Están partidas por medio; Cuando suenan las campanas De la iglesia de Toledo, Y hacen a los maitinantes Dulce música al concierto; Digo, en fin, a media noche, Entró con todo su clero El gran perlado Ildefonso En el soberano templo, Donde a la vista de todos Se abrieron sus altos techos, Por donde pudieron ver También los cielos abiertos, De donde vieron bajar Todo el divino Colegio De serafines y tronos. Entre mil ángeles bellos. Y tras esta procesión Venía el divino Eugenio, A quien la santa Leocadia Venía en orden siguiendo. Tras de ella Pablo y Juan, Pedro, Andrés, Felipe y Diego, Tomás y Bartolomé, Lucas, Marcos y Mateo. Luego a la postre venía La Virgen Reina del cielo. Madre de Dios sin principio, Y autor del principio nuestro. De estrellas resplandecientes Traía el manto cubierto. Que al cielo se las quitaba Por hacer cielo a Toledo. Traía a sus pies la luna, Y no alumbraba a los nuestros, Y el sol faltaba a los indios Por venir allí sujeto. Sobre una piedra se puso, Que aunque piedra decir puedo Que tenía corazón Según mostró sentimiento, Donde con sus santas manos, Al son de diversos ecos. Una casulla le puso. Dejando a todos suspensos. Diciendo: «Toma, Ildefonso, El justo y debido premio De lo bien que me has servido Y del favor que me has hecho.» Apenas esto ha acabado, Cuando se escuchó al momento La concertada armonía De angélicos instrumentos. Volviose luego María A subir al cielo eterno: Volviose el sol a los indios; Dio luz la luna a los nuestros. Las estrellas se fijaron En su inmóvil firmamento; El cielo tornó a juntarse, Y juntáronse los techos. Quedó el Arzobispo santo Gran tiempo en éxtasis puesto, Y quedó toda la gente Admirada del suceso. Luego los clérigos todos, Los rostros por tierra puestos, Con lágrimas en los ojos, Le daban diversos besos. Y con levantadas voces Y contrición de los pechos. Diciendo: Te Deum laudamus. Te Domine confitemur. Luego el Santo les rogó Que olvidasen los extremos Y no diesen a entender Tal novedad a Toledo. Dijo allí una santa misa. Dio a todos el Sacramento, Y luego a casa volviose Con grandísimo secreto. Esto ha pasado esta noche: Mira si con causa puedo Haberte dado el aviso De tan extraño suceso. ¿Posible puede ser, Virgen sagrada. Que tanto bien a este tu siervo has dado? ¡Oh edad dichosa y bienaventurada! ¡Dichoso Rey, que tanto has alcanzado! Déjese la jornada comenzada; Que quiero visitar a mi Perlado, Digno de ver tal bien aquesta noche; A pie me quiero ir, no me deis coche. Cuando todos dan al cielo Alabanzas con gran gozo, Yo estoy del cielo quejoso, Pues me sustenta en el suelo, No envidiado, sí envidioso. Cuando a todos con fe tanta Dentro del pecho les canta El placer que a fuerza adoro, Yo mi pena eterna lloro Y la envidia que me espanta. Nací altamente, y casé Tan altamente, que fue Con prima del Rey, y así. Cuanto en ventura subí. Tanto en envidia bajé; Pues cuando entendí reinar Heredando a Recisundo, Hijos le quiso Dios dar; Mas es como bola el mundo, Y así, no puede parar. Pero, corona española, Si una vez os veo sola. Porque no podáis correr Yo os prometo de poner Los dos pies sobre la bola. En las alforjas lleváis Medio pan y una cebolla, Y cuando de allá volváis Tendré cocida la olla Para que os satisfagáis. Yo os prometo, Sancha amada, Que si va a decir verdad. Que el ir al pueblo me enfada; Más precio mi soledad Y mi casa derribada. Que los palacios famosos De los reyes suntuosos, Do la ambición con la envidia, De día y de noche lidia Con mil pechos envidiosos. De más gusto me es salir A ver murmurar el alba, Y a ver el día reír. Que la pompa y la salva Con que al Rey suelen servir. Mayor gozo me concierta Cuando he acabado de arar El oler desde la puerta Lo que guisáis de cenar, Si es cabra salpresa o muerta. Con grande abundancia de ajos, Y algunos toscos tasajos De lacios y muertos bueyes, Que la comida de reyes, Llena de tantos trabajos. Calla, no digáis aqueso: ¿El Rey trabajos tendrá? ¿Tal dice un hombre de seso? ¿No veis que a su cargo está Una carga de gran peso? ¿Hay mayor carga ni aprieto Que, por mil diversos modos, En público ni en secreto. Tener cuidado de todos Y estar a todos sujeto? Y, decí, ¿á qué vais a Ircana? Allá voy de mala gana, Que Alcalde quieren votar, Y por fuerza me lie de hallar En la Audiencia esta mañana. Y ¿podréis estar allá Mucho sin verme, decí? No lloréis, Sancha; calla, Que a la noche estaré aquí; Con la cena me aguarda; Que si el Consejo replica Y el Alcalde pronostica, De entre la gente discreta. Más recio que una saeta Volveré con mi borrica. ¡Ay, Bamba! Si os hiciera El pueblo Alcalde, ¡por san! Que yo la Alcaldesa fuera, Y una cofia nueva hiciera Para el día de San Juan. Bamba en su vida será Alcalde, que yo bien siento El valor que en Bamba está, Porque ese cargo se da A hombres de más asiento. Informadme de otra cosa, Mi Sancha, así os guarde Dios, Que a mis ojos, cara esposa. Parecéis, sin serlo, vos Más que una espetera hermosa. Del modo que estáis, os ama Mi rendido corazón. Que en el vuestro amor se inflama, Y vuestros melindres son Más hermosos que de dama. Tanto amor os he cobrado. Que mil veces he dejado. Por solo no os olvidar. De pasarme allende el mar Y al Rey servir de soldado; Que os prometo que me dan Los soldados tal contento Yo os juro, Sancha, ¡por san! Que me alboroto si siento El son de taparatán. ¡Cómo! ¿Quereisme dejar? Son esas cosas pasadas; Deja, mi Sancha, el llorar. Porque sola tú me agradas Más que todas del lugar. Que calles te ruego y pido. Y a fe que sois buen marido. Traeré tres varas de paño Para cuerpos. En un año Dos pares me habéis traído, ¿Y otro traerme queréis? ¿Cómo uno? Traeré seis Porque contenta viváis, Que, pues vos lo trabajáis, Es razón que lo gocéis. Que quedo a obscuras confieso, Sin luz, sin vida y sin seso, Faltándome vos, mi sol. Para godo y español, Bástame eso y sóbrame eso; Id y mirad si ha acabado La cebada la borrica, Y prevenid el recado. Yo voy: mil bienes publica De vos la ribera y prado. Cesen las cajas y la dulce pompa Que vienen celebrando mis victorias; Dejen las cajas sus sonoros ecos Y tóquense sordinas lamentables. ¿Cómo tan de repente el Rey es muerto? Detente un poco, ¡oh noble Teófilo! Que a las altas murallas de Toledo Llegaste sin saber este suceso. Sabrás que el alma dio en sus santos brazos De Ildefonso famoso y venturoso, a quien en la presencia de los godos Le encargó a su hijo Teodoreto, Que ya podrá tener como cuatro años. ¿Qué premio alcanzaré de mis trabajos, Si, cuando de ellos pretendía el lauro, Con su muerte me paga Recisundo? No dejarán de ser galardonados Tus hechos eminentes y famosos; Que ya todos los godos están juntos Para elegir un nuevo rey entre ellos. Pues ¿quién mejor que yo merece el reino, Si a méritos miramos y a persona? Y siendo, cual tú sabes, también godo. Digno de ser señor desde el Poniente Hasta el Levante, donde el sol nos muestra Su rostro bello, obscureciendo el alba. Otros habrá que lo merezcan más; Quédate, loco vano y arrogante, Que no puedo escuchar tus arrogancias. No hay arrogancias donde vienen obras; Bien sabes tú el valor que me acompaña. ¡Mía has de ser, sin duda, fuerte España! A pesar de todo el mundo, Este día me acomodo A heredar a Recisundo, Pues soy descendiente godo Del Rey en lugar segundo. Ninguno en valor me iguala; Mía es la justa corona; Pues el cielo la señala, No me la impida persona o sálgase de la sala. ¡Hola! Ninguno responde. ¿No soy justo rey de España? Advertid que soy el Conde, Y que de mi furia extraña Nadie se escapa y esconde. Rey justo tengo de ser. A mí me han de obedecer. Yo tengo de ser rey justo, Pues que es un negocio injusto Quitárselo a mi mujer. Pues es del Rey prima hermana. Mujer no puede heredar; Tu intención es torpe y vana. Pues yo tengo de reinar. No, sino yo: cosa es llana. Deja que entre por la sala El primero, y verás luego Cómo por rey me señala. A mí, dirás. ¡Qué sosiego ¿Qué es esto, godos valientes? Ven acá, amigo Ataúlfo: ¿Quién de las hispanas gentes Puede ser rey? ¿Quién? Rodulfo. No, sino yo. Yo, insipientes. ¿Cómo le pides a un viejo, Si en vos razón no se encierra, De lo propuesto consejo, Y hacéis campaña de guerra A la sala del Consejo? Reportaos ya, que es razón, Y las valientes espadas. Que el valor de España son. Haced que estén embotadas Estando en congregación. Dinos, amigo, sí o no: ¿Quién puede mejor aquí Ser el rey de todos? ¡Yo! ¿Pedisme consejo a mí Cuando razón os faltó? Las espadas envainad. Que esto no ha de ser por voces; De razón os gobernad. Ataúlfo, ;no conoces Mi casa y antigüedad? Pues la mía yo sé bien Que conoces. Y la mía Sé que conoces también. Rey justo el cielo me cría. El cetro es bien que me den. Ya a coraje me provoco: ¿No conoces quién yo soy? Dime, Ataúlfo, ¿eres loco? Amohinándome voy De veros seso tan poco. Entra Atanagildo. ¿Qué es esto, fuertes godos ? Pues que el cielo te envió, Di, ¿quién será rey de todos? ¿Quién puede mejor que yo, Por más soberanos modos? ¿No adviertes que estoy aquí, Entre todas estas gentes, Con más valor que hay en ti? Digo mil veces que mientes, Y lo sustentaré aquí. Como proponiendo dudas, No deshago aquestas menguas Con muertes fieras y rudas. Nunca ofendieron las lenguas Con las espadas desnudas: Envainad, y si queréis ¡Ah, infame, si yo te cojo! Suplícoos que os asentéis, Y que, olvidando el enojo, Mis razones escuchéis. Decís bien; yo me acomodo En este asiento primero. ¿No imaginas que soy godo Y que en sangre te prefiero? ¿Y yo no soy godo, y todo? Mío ha de ser el asiento De en medio. ¡Qué desvarío! Mío ha de ser al momento. El asiento ha de ser mío. ¿Qué tuyo? Es hablar al viento, Sosegaos, ¡por vida mía! Y quédese aquesta silla En medio, y esté vacía; Que el que reinare en Castilla Gozará la monarquía. Godos valientes, gloria de España, Será justa razón que a Teófilo Le premiéis del valor que le acompaña. Seguid de vuestra plática el estilo, Y a mí me dad el deseado premio. Prendí mi vida de un delgado hilo Por poner al contrario fiero apremio Desde la tierra do la planta estampo, Muy lejos de mi patria y de mi gremio. Sufrí fríos, escarchas, en mi campo, Sed insaciable y devorante hambre. Que apaciguaba de la nieve el ampo. Las fuerzas que obscurecen a la hambre, Con flaqueza las vi mil veces puestas. De menos resistencia que la estambre. Con estas manos que miráis, con estas. He sujetado bárbaros confines. Mil bárbaras naciones contrapuestas. ¿Por quién, sino por mí, los mallorquines A vuestra majestad están sujetos. Aplazando sus odios y motines? Por España me he puesto en mil aprietos. Sufriendo mil heridas en el pecho, Que son de mil hazañas los concetos. Justo será que quede satisfecho Y el reino se me dé, pues que soy godo Y lo tengo ganado de derecho. Y ¿no imaginas que soy godo y todo? ¿Que soy godo también no consideras? ¿Y yo a serlo también no me acomodo? ¿Y yo nací en las partes extranjeras? El reino ha de ser mío. Mis blasones Han de ensalzar belígeras banderas. ¿A intentar esas máquinas te opones. Sabiendo que soy rey por justas causas? Roy tengo de ser yo; acortad razones. Poned a la pasión y pena pausas, Pues sois tan sabios y tan cuerdos hombres, Que aquesta es pesadumbre y desvarío . Suplícoos que escribáis aquí los nombres En aqueste papel, y en él se puede Dar a uno de rey título y nombre. Pues no por escribir mi nombre quede. El mío estará escrito, que hasta en todo A todos los demás vence y excede. Aunque ser el segundo me acomodo, Es mi valor y nombre sin segundo. Aunque tercero, soy el primer godo. Cuarto soy, mas primero en todo el mundo. Aunque postrero, el ciclo a cargo toma Levantar mi humildad hasta el profundo. Godos, con el papel que me habéis dado He de partirme aqueste día a Roma, Do por el Papa el rey será nombrado. Pues si vas hasta Roma, yo te sigo. Y yo tengo de ser tu acompañado. También, si puedo, tengo de ir contigo. A Roma voy; el que quisiere siga. Yo, aunque el mundo lo impida y contradiga. Yo he de seguirte y serte leal amigo. Godos, a quien el reino el Papa diere, San Pedro desde el cielo lo bendiga. Sale Bamba con un destral. Quiero una carga do leña Para una viuda llevar. Pues este árbol me enseña Comodidad no pequeña Para poderle cortar; Que hasta Ircana yo me iré. Pues soy buen mancebo, a pie. Que la legua no es muy larga, Y en la borrica, la carga De la leña llevaré. Cae una corona de flores. Mas ¡válgame Jesucristo! ¿De do cayó esta corona? Pues ninguno aquí me ha visto. Cae otra corona. Otra cayó; mi persona. Ya del daño no resisto; Esta apariencia me engaña, Y el sentido me refuta. Tengo a maravilla extraña. Que un árbol que dé tal fruta Haya nacido en España. Caen dos coronas juntas. Otras dos juntas cayeron:. ¿Si aquí algunos las pusieron Para algún engaño acaso? Mas otro me ofrece un brazo, Y diferente la hicieron. Que esta que veo es dorada. Brazo no es consonante de acaso. Toma. Tomarte, eso no. Caeré. Cae si te agrada, ¿A mí no me quieres? No. ¿Por qué? Porque eres pesada, Y tus engastes dorados Para mí buenos no son. ¿Por qué? Porque, ponderados. Dentro de mi corazón Se encierran varios cuidados. A otro tu intento endereza, Corona de precio y costa, Que, aunque eres tan ancha pieza. Sé que me entras angosta Si te pongo en la cabeza. Y con aquesto perdona. Que de hinojos te lo pido. Pues sabes que mi persona, En el tiempo que ha vivido. Nunca te hizo el buz, corona. voz. Aguarda. De tus reflejos Quiero apartar mi crisol. Pues son tan buenos consejos; Que a la corona y al sol Es bien mirarlos de lejos. Poned bien aquese escaño, Y enderezad ese asiento. Que viene el Ayuntamiento Que ha de ser para otro año. A mi amigo Borregoso Gané yo la palmatoria. Hoy se acaba vuestra historia. No me habléis tan gravedoso, Que aun empuño aquesta vara. Luego sin ella os veré. Pues luego os ahorcaré Si en aqueso se repara. Ea, Cardencho, dejadle. ¿Cómo conmigo se toma Sin ir por buleto a Roma? o soy bestia, o soy Alcalde. No haya más por esta vez. No le abonéis, Borujón, Pues sabéis tengo razón, Y con razón sopitez. Yo soy sópito escribano Si vos sois Alcalde honrado. Vos mentís desvergonzado. Reportaos, Alcalde hermano. Ea, Cardencho, dejadle, Que es un hombre sin malicia. ¿No tengo de her justiciar' o soy bestia, o soy Alcalde. ¿Cómo está la Audiencia mocha? Reñí por esto, reñí. ¡No hubieran echado aquí Mastranzos, juncia o atocha! Entra Mollorido, villano. jOh Cardencho! ¡Oh Mollorido! Ya vengo arrimar el palo; Perdonad si he sido malo. Antes muy bueno habéis sido. Sentaos. Tarde venimos. Sentaos, Berrueco y Morcón, Al lado de Borujón, Pues con esto concluimos. Guárdeos Dios. Siempre venís, Bamba, con boca de risa. ¿Dónde habéis estado? En misa. Por eso no le reñís. ¿Habéis, señores, votado Quién el Alcalde ha de ser? Para aquese menester, Bamba, os habemos llamado; Y así es razón que votemos. Y que nos den de beber. Yo vengo de parecer Que la vara a Bamba demos. Yo y todo: sea Alcalde. Eso no se ha de tratar; Yo el palo no he de tomar. Tomadle, Bamba, tomadle. No faltará otro más viejo. Que podrá mejor regiros. Hoy quiere. Bamba, elegiros Por nuestro Alcalde el concejo. ¿Por qué queréis her Alcalde Al que lo merece menos? Sois el mejor de los buenos; Tomadle, Bamba, tomadle. Por pura fuerza lo tomo, Porque carga tan pesada Para mí no vale nada. Venga vino, mayordomo. Beberemos sendas veces. No faltará vino bueno, Y también un plato lleno De tostones y de nueces. ¿Hay una limosna acaso Para un pobre caminante? No paréis, pasa adelante. No impidáis al pobre el paso: ¿No sabéis, amigo, vos. Que en eso que hacéis pecáis, Y si al pobre maltratáis, Maltratáis al mismo Dios? Entre. Soy un hombre honrado, Que el ser pobre no es afrenta, Que un ladrón, en una venta, Cual veis aquí, me ha robado; Pido por amor de Dios. Pues esta capa tomad. ¿La capa le dais? Callad, Que por una tendré dos. Un Martín de vos no escapa. Con que el pobre se remedia, Aunque él dio sola la media, Y vos dais toda la capa. Muy retórico sois vos. Désele una vez de vino Para pasar el camino. Págueoslo, señores, Dios. Vase el caminante. Un hombre que está vendiendo Estampas me traed acá. Al momento se traerá. Esto, amigo, os encomiendo; Tengo de una cosa espanto, Que poco me satisface: Que donde justicia se hace. No es razón que esté sin santo. Entra el estampero con estampas. ¿Qué es lo que mandas, señor? Aquí una estampa querría. ¿Es de la Virgen María, o su Hijo el Salvador? Declárame el modo o cómo: ¿Es en la cruz, por ventura. En la calle de Amargura, Azotado, o Eccehomo? ¿Decid, bamba, qué lloráis? Soy tierno de corazón, Y en mentando la Pasión, Lloro así; ¿qué os espantáis? Esto es razón que se note: Por acá se suena, hermano. Que al Obispo toledano La Virgen le dio un capote. ¿Es la casulla que dio A Ildefonso soberano María, y su santa mano? Sí, sí, ésa quiero yo. Veisla aquí. ¡Santo cielo! Que con vestido tan bueno, No os hará daño el sereno Ni os podrá ofender el hielo. Encima de esta pared Del Audiencia le pondremos, Y todos le rogaremos, Y a todos hará merced. Bamba, andad acá; seréis De un hijo mío compadre; Con él sale la comadre. Yo os ruego que le toméis. Dámelo acá: ¡qué bonito Que sois, niño venturoso! Luego estaréis más hermoso. Que estaréis de Dios bendito. Yo me voy, porque la ley, Que el padre no esté le avisa, Cuando el hijo se bautiza: Adiós quedad. Bamba es Rey. ¿Habló el muchacho? Bamba es Rey, ¿no oístes? ¿Cómo todos los sentistes Y no lo he entendido yo? ¡Eh! ¿Qué dijo? ¿Papá, caca? Tal diría. ¿No es persona? Del niño y de la corona Algún misterio se saca. Santo y clemente Padre piadoso, En aqueste papel vienen escritos Los godos todos sin faltar ninguno. Afuera me aguardad; que quiero a solas Pedirle a Dios con lágrimas me envíe Un godo justo para Rey cristiano. Aquí, clemente Padre, te aguardamos. Señor, mira de España la miseria, Pues siempre sueles a los afligidos, En cambio de sus males, darles bienes. En aqueste papel están los godos Á quien el reino justo pertenece. ¿Serlo ha Ervigio? Señor, ¿no me respondes? Atanarico es el segundo: ¿seralo este ? Rodulfo es el tercero: ¿es este digno? El cuarto Atanagildo: ¿aqueste puede Tener de España el mando y justo cetro? Teófilo es el último y el quinto: ¿Gustáis que sea Rey aqueste godo? Mas, ¡cielo santo! ¿qué visión es esta? Agato, Dios no quiere que ninguno De estos sea Rey, que Rey tiene elegido, El cual arando se hallará en España Con dos bueyes, un rojo y otro blanco, El cual tendrá por sobrenombre Bamba. ¿Querranle obedecer? Sí, que Dios quiere Sus pechos obligar a que le sirvan; Avisa luego y los verás conformes. Quédate en paz, y dale Rey a España. ¡Oh visión milagrosa! Fuertes godos, Ya tenéis Rey. ¿Soy yo? ¿Soy yo, por dicha? Dime, ¿acaso soy yo? ¿Soy yo, por suerte? ¿Hase de mí acordado el cielo santo? Ninguno de vosotros es Rey. ¿Cómo? Hoy, por revelación, Dios me ha mandado Que a España vais, y que busquéis un hombre Que con dos bueyes hallaréis arando; Él uno ha de ser rojo, el otro blanco. El cual tendrá por sobrenombre Bamba. ¿Qué tenemos de hacer? Búsquese luego, Pues son cosas guiadas por el cielo. Vosotros, ¿qué decís? Que le busquemos. Que a Dios y al Padre Santo obedezcamos. Búsquese luego el Rey que Dios envía. Danos tu bendición. De Dios y mía. JORNADA SEGUNDA.

JORNADA SEGUNDA

Ha dado el sol su acostumbrado círculo Trescientas veces por la torre zónida. En tanto que buscamos este rústico Que el cielo santo declaró en su oráculo Por católico Rey de los católicos; Ya del hielo sufriendo los carámbanos En medio del invierno frigidísimo. Ya del sol sufriendo como etíopes. Cuando tiene más fuerza su canícula; Ya en España no queda parte o límite Do no se haya buscado con propósito, Desde las partes donde baña el Ebro, Hasta correr los galicianos términos, Habiendo ya buscado el suelo hético Hasta la margen de la fértil África. Godos valientes, los trabajos míseros No han de vencer vuestros soberbios ánimos; Ninguno se arrepienta sino es ése, Pues queda todo el galiciano límite Por buscarle no más: resuene el pífano, Tiéndanse al aire las banderas góticas, Y las cajas, con dulce son y estrépito, Deshagan la región del necio ícaro. Si no me engaño, está entre aquellos álamos, Acompañado de infinitos céspedes, La tierra, creo, un labrador arándola Con dos bueyes, un rojo y otro blanco, Que son las señas que nos dio el Pontífice. ¿Hacia qué parte está? ¿No ves el álamo Que está en la mano izquierda de aquel cóncavo. No lo echamos de ver. No somos águilas. Sin duda tenéis ojos de cernícalos: Vamos adonde está como relámpagos, Que quiere desuncir; y si mirásedes Conforma con las señas muy ciertísimo, Ha de ser de los godos Rey legítimo. Comienza a levantar las plantas ágiles; Que todos te seguimos. ¡Cielo santo, Danos el Rey que deseamos tanto! ¡Cuán bienaventurado Es el que vive en su sabroso oficio, Remoto y apartado Del traje y del bullicio. Do las maldades hacen su ejercicio! Entre ellas no se ofusca, Sino la soledad dichosa busca. No ve del gran Monarca Los vestidos famosos de escarlata. Sino una tosca abarca Que al pie le liga y ata; No sabe qué color tiene la plata, Por más que al Rey le sobre. Ni señas sabrá dar del bronce o cobre. Entre paredes pardas Entapizadas de frondosas hiedras. Cubiertas de mil bardas, Como en paja la serba, La honra amada con razón conserva, Y la tiene muy cierta. No como el cortesano, a puerta abierta. No ve los homenajes Ni los soberbios y altos torreones. Que de sus tres linajes Son eternos blasones. Sus águilas, castillos y leones; Ni ve del Rey la cara. Ni besa del señor la mano avara. Ténganse allá los reyes Su reino poderoso, Que yo con mis dos bueyes Me hallo más ufano Que si fuera señor del suelo hispano, Al lado de mi Sancha, Que ni mi honor ofende, ni lo mancha. Estese allá en su sala, Hasta que llegue la ligera muerte Que a todos nos iguala, Haciendo en el rey suerte, Como en el pobre su guadaña fuerte; Que solo la mortaja Ser de ruan o anjeo es la ventaja. Salen los godos. Los bueyes ha desuncido, Y pienso debe querer El hombre honrado comer. ¿En qué piensa embebecido? Suspenso y embelesado, Mirando hacia el ciclo está. ¡Ahí ¡Bardino, ven acá! Tira a esta parte, Bragado. ¡Ah! ¡Mala landre te coma! Muy bien los bueyes convienen, Y al propio las señas tienen Que el Padre Santo dio en Roma. Y si, conforme la ley, Es Bamba su nombre propio. Aunque así villano impropio Es santo y es justo Rey. Acechemos ¡por mi vida! Lo que quiere agora hacer. Dice Sancha de dentro: Bamba, venid a comer, Que se enfría la comida. Bamba le llamó. Ya voy. Bamba le llamó; pues, godos. Luego obedezcamos todos A nuestro santo Rey hoy. Denos Vuestra Majestad las manos. Tiraos afuera, No os burléis de esa manera; De la tierra os levantad; Que, aunque así me veis villano, No imaginéis que el linaje Puede desdorar el traje. Si el linaje es cortesano; Que, aunque me veis de este modo. Debajo de la corteza Hube valor y nobleza De alguna sangre de godo. No os burlamos, señor. Señores, poneos en pie, O yo me arrodillaré Delante vuestro valor. Y si acaso sois soldados Y seguís la fiera lid, Yo y la mi Sancha advertid Que somos recién casados. Y aqueste ejemplo presente Para mi disculpa os sobre; Y si es mujer moza y pobre, ¿Qué hará estando yo ausente? Ya veis que la ausencia priva Gran parte de la afición, Y en semejante ocasión A la más firme derriba. Gran señor, no tengas miedo. Digo que eres nuestro Rey; Deja el cerdo y tardo buey Por la silla de Toledo. Señores, ¿es que no os burláis? Digo que el cielo sagrado De España el cetro te ha dado Yo pienso que os engañáis, Porque en mí, ¿qué ha visto el cielo O qué vale mi persona Para gobierno y corona? Que os burláis tengo recelo. Porque donde hay tantos godos De sangre ilustre y real, ¿No ha de parecer muy mal Venir yo a ser Rey de todos? Pues Dios quiere que nos mandes Como justo y santo dueño; Nuestro valor es pequeño, Y tus méritos son grandes. Pues la causa me decí De ser yo Rey. Pues advierte Si quieres ver de la suerte Que eres Rey. Comienza, di. En el tiempo de los godos, Que no había Rey en Castilla, Cada cual quiere ser Rey Aunque le cueste la vida. Unos por gran sinrazón El cetro justo pedían, Otros querían gozarle Contra razón y justicia. Al fin este godo fuerte. Que entre todos más sabía, A todos escribir hizo En un papel nuestras firmas. Con codicia de reinar, Que esto puede la codicia, Sin escándalo o motín, Tuvo estas firmas escritas. Y cuando se vio con ellas, Porque el Rey el Papa elija, A Roma quiso partirse Aquella semana misma. Fuímonos todos con él Por hacerle compañía: Al fin a Roma llegamos Dentro de cuarenta días. Agato, que es Padre Santo En las costumbres y vida, Luego en oración se puso Haciendo muchas vigilias. A Dios ablandar pudieron Sus oraciones benditas. Que pecho de Dios ablandan, De las entrañas salidas. Al fin, en resolución. De una inspiración divina Supimos que Dios gustaba Que España por Rey elija; Cuyos términos pisamos, No dejando en ella villa Do buscado no te hayamos Con presteza muy crecida. Y del Patrón de Santiago Ha sido su casa vista Por nosotros varias veces, Y la gran corona antigua. No hemos dejado del Betis La fértil y clara orilla, Ni de los Alpes soberbios Las nevadas y altas cimas. En efecto, de la España, Con la sed y hambre infinita, Un año ha que buscamos Todos tu casa pajiza. Por no poder encontrarte, Por la esperanza perdida, Todos los godos cansados A su casa se volvían. Hasta que el ciclo nos trujo Por aquesta parte misma Para elegirte por Rey Este venturoso día. Suspenso y embelesado Me estoy, del caso admirando: ¿Cuándo, Dios, merecí, cuándo Ser elegido y llamado? Yo no lo puedo creer. Porque veo que me falta, Para persona tan alta, El valor y el merecer. Digo que te está guardada España por justa ley. Así puedo yo ser Rey, Como dar flor mi aguijada. Florece la aguijada. ¡Milagro extraño ! Florida Está toda la aguijada. Ya no hay que dudar en nada; Repara España afligida. Sacó Dios del pesado cautiverio Su pueblo por el mar de los Gitanos; Florece a Aarón la vara entro sus manos, Y Moisés ve en la zarza aquel misterio. Dale a Josef el cetro y sacro imperio, Y líbrale de todos sus hermanos; Saca a David de en medio de tiranos, Y ensalza su favor al hemisferio. ¿De qué me espanto yo, si puede tanto Tu mano poderosa y tu persona? Reparo que a mil míseros repara. Solo me espanto yo, solo me espanto De que goce por suerte una corona Las flores venturosas de esta vara. Llamoos, señor; acabad, Bamba, si habéis de venir A comer, y luego uncir. Mas ¡ay Dios! Sancha, llegad. Señores, ¿quieren llevarme A la guerra a mi marido? De merced les ruego y pido Que no quieran descasarme. Sancha, llegad. No es razón Que me dejéis viuda así: Entretenedlos ahí Mientras voy por el lanzón. Y si no, dad a correr; Que yo aquí los detendré. Que no es eso, Sancha, a fe; No tenéis de qué temer. ¿Hay simplezas semejantes? De paz todos son venidos. ¡Oh, qué galanos vestidos! Decid, Bamba, ¿son danzantes? No, sino godos. ¿Quién ? Godos. Decid, ¿qué son godos? Son Gente de sangre y blasón: ¿No lo echáis de ver en todos? Huélgome de conocerlos: ¿Cuál es el Rey de ellos? Yo. ¿No OS burláis, mi Bamba? No. Yo solo soy el Rey de ellos; Que me han elegido Rey Y os quieren de aquí llevar. Y decí, ¿habéis de dejar El uno y el otro buey? Quieren llevarme a Toledo. Y ¿ quién Alcalde será ? La Audiencia lo mirará; No tengáis, mi Sancha, miedo. Y yo, ¿qué tengo de hacer Si vos sois Rey? ¿Qué? Ser Reina; Que donde el marido reina, También reina la mujer. Entre viudas del lugar La espetera partiréis, Y a una doncella daréis Nuestra cama y ajuar. La casa y el cercadillo Mando a la igreja, y al cura Los libros de la Escritura, Y a los pobres el novillo; La borrica a Borregoso, Y a Antón Mondoñedo, el manco, Le daréis nuestro buey blanco, Y a Gil Cardencho el hoscoso. Con los bonetes quitados Están aguardando allí; Que se cubran les decí. ¿No veis que son mis criados? En grande consulta están Los dos, gran rato hablando. Vamos, que están esperando; Dorémosles vino y pan. ¿No me han de poner a mí Otro vestido galán. De damasco o tafetán, o de terciopelo? Sí. Señor, ¿no podrás dejar Ese traje? Así me iré En mi borrica, o a pie. Hasta Toledo llegar. Buena tu razón no hallo. ¿En burra Tu Majestad? Pues un caballo me dad Si hay sobrado algún caballo. Venid conmigo, mi Sancha. Tú partirás esta noche, Y nuestra Reina en un coche Mañana. El alma me ensancha: ¿Qué es coche? Es un carretón, De terciopelo aforrado. Un vestido está aprestado, Y partirás, que es razón. Partamos, que es justa ley. Y tu gente te acompaña; Bamba es justo Rey de España. ¡Viva Bamba nuestro Rey! Será tuya, sin duda, toda España. ¿Qué dices, Paulo? Lo que es cierto. ¿Cómo? Por mi mucho valor, industria y maña, Tinto el alfanje armiño hasta el pomo, De la sangre española vil y extraña. Si acaso, por tu industria, a España tomo. Yo te prometo, Paulo, ¡por Mahoma! Subir tu Grecia y abatir su Roma. Pero, ¿cómo imaginas que yo puedo Alcanzar de estos reinos los trofeos? Yo te pondré, Alicán, dentro en Toledo, Allanando los altos Pirineos: La gran mezquita ganarás de Oviedo, Sus perlas, sus carbuncos, camafeos, Sus reliquias, sus altares y sus aras, Que son de jaspe y otras piedras raras. Corrí de España la frontera y costa Catorce años por el mar de Atlante, Desde las Indias hasta Famagosta, Málaga, Cartagena y Alicante: Pasé de Gibraltar la mar angosta Estando más soberbia y arrogante, Llegando de los muros de Melilla, Y casi entré en el Betis de Sevilla. He bebido las aguas de su Ebro, He pisado las márgenes del Miño, Que acompañando el Duero, le celebro Por ser las aguas blancas más que armiño: Ya me parece a que le vuelvo negro Y que su planta en sangre aleve tino. Volviendo sus aljófares y conchas Todo en corales y sangrientas ronchas. Y sé por do ha de entrarse aqueste reino Que ya mi industria y tu valor le escarba. Desde el punto que aquesta barba peino, Hasta mucho antes que tuviera barba; Ya me parece que a tu lado reino, Y que aquesta canalla puesta en parva, Rendidos de tu yugo te hacen plaza Desde Galicia, Perpiñán y Baza. Prevén las naves, porque es muy decente Que nos partamos antes que el mar brame; No muestre flojedad tu alarbe gente, A quien es justo tu valor infame. Dame que en ella yo la planta asiente Y que su sangre bárbara derrame; Que tú verás, queriendo la fortuna, Puesta en Toledo mi argentada luna. Habernos de tomar nuestra derrota A Sicilia primero y a Cerdeña; Y luego pasaremos con la flota, De Menorca y Mallorca el alta peña; Después de aquesto, con alfanje y cota, Daremos en Bugía la reseña, Y una noche apacible y más serena, Tomaremos el puerto en Cartagena. Si una noche en Cartagena te hallas, No tendrás en España resistencia, Abatirás de Murcia las murallas Y las soberbias torres de Valencia: Y si este reino bélico avasallas. Has de tener cordura y gran prudencia; Que solo en la prudencia está la gloria, Que sin ella jamás se halló victoria. Ni quede arco ni ballesta comba Que en las naves al punto no se embarque. Sin dejar invención de fuego, o bomba, De cuanto mi poder y estado abarque; De la caja el estrepito rimbomba. Es menester que con gente salga Azarque Y forme un escuadrón en la campaña. ¡Hoy he de ser tu Rey, felice España! Esta es la vega famosa Del Tajo, la plaza llana, Y aquesta, de Galiana La morada deleitosa. Mira la frescura y huerta, Y mira mil maravillas. Aquestas son las Vistillas, Y esta del Cambrón la puerta. La puente de San Martín Es esta. ¿Cómo está entera? Si es de tal santo, creyera De ella un peligroso fin. Tengo, señores, gran miedo, Que si le van a pedir Por Dios, que la ha de partir, Y hácele falta a Toledo. Santo, por amor de Dios Este verso no consta. Que la puente nos dejéis; Mas ¿cómo la dejaréis Si media capa dais vos? El castillo de San Cervantes Es este, por do a la Sagra Se va, y esta es de Visagra La puerta de los Gigantes. Este de labor mosaico, Es el alcázar nombrado. No es bueno, porque, aun pintado, Aborrezco lo judaico. Esta es de Zocodover La plaza, y esta, señor. Llaman la plaza Mayor. Agora, ¿qué resta ver? La iglesia. ¿Es esta? Sí. Quiérome, pues, descalzar. ¿Para qué? Para entrar En ella descalzo así. Mucho tu valor humillas. Antes mucho más me ensalzo; Que aquí se ha de entrar descalzo, Y aun por tierra las rodillas. Y aun más que eso hacer me toca; Que adonde la Virgen Santa Puso su hermosa planta, No es mucho poner mi boca. Descalzo la quiero ver, Que Dios me dará su premio. Bien verás de San Eugenio El cuerpo más a placer; Que este fue Arzobispo santo De Toledo. Bien verás Otras mil reliquias más: De Santa Leocadia el manto; La casulla que le dio María, y su santa mano, A Ildefonso soberano. Que una noche le vistió; Un Arzobispo intentó Vestir tan alta divisa; Pero diciendo la misa, En tierra muerto cayó. Decí, ¿no la podré ver, Y con las manos tocarla, Para adorarla y besarla? Gran señor, no puede ser; Por lo cual, ya nos enseña Bien de tan raro milagro. A mi alma la consagro, Pues tal milagro me enseña. Entra un criado. El Arzobispo y el clero Ya, señor, cantando vienen. Con palio que te previenen. Mas antes entrarme quiero. Ayudadme a descalzar; Que antes que lleguen acá. Con ellos estaré allá: Descalzo pretendo entrar. Postrad en tierra el alto baluarte, Allanad sus murallas por el suelo. Resuene el belicoso y fiero Marte Llegando a amenazar al alto cielo; Guerra resuene en una y otra parte, A todos los matad sin tener duelo; Que por el rastro de su sangre, entiendo Ir a mis gentes el camino abriendo. Valeroso Alicán, agora importa Usar de la prudencia sabia y sola; En matar y en romper mas te reporta, Advierte que esta gente es española, Y su fuerza y valor al viento corta: Tu estandarte y tu luna aquí enarbola, Y en la conquista vete poco a poco, No me digas después que estaba loco. Advierte que españoles arrogantes, Aunque el aspecto y cuerpo tienen chico, Tienen los corazones de gigantes, Que cada cual es pródigo y es rico En fuerzas que obscurecen mil Atlantes; Que te reportes más pido y suplico. ¡Calla, que España tiembla de mi mano, Y bástale tener un Rey villano! Quémese este lugar, luego se abrase, Y póngase mi campo en el camino, Y con concierto y orden luego pase Al lugar más cercano y más vecino; Todo se rompa, parta y despedace Con crueldad y coraje repentino, Causando espanto a la española tierra: ¡Armas, húndase España, guerra, guerra! Galán, Bamba, parecéis Vestido de cortesano. ¿Vengo, Sancha, muy galano? Y yo también, ¿no me veis? Hanme puesto en la cabeza Aquesta gorra dorada. Con mucha piedra pintada, Siendo todo de una pieza. ¿No veis, Sancha, que es corona? ¿Para qué decís es esta? Esta sola lleva puesta Del Rey la Real persona. Y como sois mi mujer, Por darme mayor contento, La Corte y Ayuntamiento Os la han querido poner; Y a mí los pies han atado Con aquestos picos de oro. Que valen grande tesoro, Y en el cuello me han fijado Aquesta ¿Cómo se llama? ¿Cómo le llamaste, ola? Gola, señor. ¿Esta es gola? Por cierto es pieza de fama. No penséis, Sancha y señora, . Por qué es tan sola, que hay más; Por delante y por detrás Me pusieron Calla agora. Otras piezas como sayo. También de la misma suerte. Que no la rompiera un rayo . Y ¿para qué os la probaron? Para armarme caballero. Bamba, ¿sabéis lo que quiero? ¿Qué queréis? Ver si quedaron Acaso algunos lugares Para dar a mis mujeres, Para aumentar sus placeres Y deshacer sus pesares. Aguardad, que no acabé, Señoras, de contentarlos A mis gentes y vasallos, Y es bien que algo se les dé. Al conde Ervigio le doy Cinco villas y un castillo. A tus pies, señor, me humillo. Yo, Conde, humilde soy. Yo he medrado en esta feria. A Teófilo, gran soldado. Le doy título y ducado De la fuerte Celtiberia. Bien, gran Rey, nos das señales De tu valor tan profundo; Alejandro eres segundo. No son mis méritos tales. A Rodulfo, que se inclina A mis servicios de veras. Le hago Conde de Balderas Y Vizconde de Zolina. A Atanagildo le hago Mi Teniente general. Bien, a tu grandeza igual, Nos das, alto Rey, el pago. Atanarico será. En el ínter que yo reino, Alférez mayor del reino, Y mi estandarte tendrá. Beso tus Reales manos Por tan generosos hechos. ¿Estáis todos satisfechos? Y a tu inmenso valor llanos. ¿Podré agora ser franca Con mis dueñas? Sí, perdona; Dale por suya a Girona A mi prima doña Blanca. Hoy al gran monarca excedes Y mayor renombre cobras; Y pues le imitas en obras, Es bien que su nombre heredes. ¿Qué le daré a doña Elvira? Dadle, señora, marido Y que le deis también pido La tenencia de Algecira. Estando, Rey, en tu amparo, No quiero más bien ni gloria. Yo tendré de vos memoria. Hablando, mi Elvira, claro, Teodoreto, ¿dónde está? Cuando por Rey te eligieron. De miedo te lo escondieron, No lo matases quizá. Pero ya, como han sabido Tu humildad y tu valor, Anteponiendo el temor, A Palacio le han traído; Que este Teodoreto es El hijo de Recisundo. Que es en el reino segundo, e impídelo su niñez . Y así, vengo en su lugar A ser de España señor, Como quien es su tutor Hasta poderse criar. Traédmelo luego aquí. Yo voy, señor, a traerlo. Gustaré de conocerlo Y que él me conozca a mí. ¡Pobrecito de él! Yo creo Que gran trabajo ha pasado Mientras estuvo encerrado: Ya verle mucho deseo. Veslo aquí, señor. ¡Oh Rey! Vos sois todo mi remedio. ¿Cómo está Tu Majestad? Muy bueno, a vuestro servicio. ¡Qué gran ser y gran juicio, Y qué gran severidad! Al fin la naturaleza A lo justo corresponde. Tu Majestad, ¿qué responde? Que me mande Vuestra Alteza. Servirle, ¡por vida mía! Todos, señor, me dijeron Cuando por Rey te eligieron, Que la muerte me daría. Mas ya recibo gran gusto. Señor, en vivir con vos; Que Rey nombrado por Dios Sin duda ha de ser Rey justo. Yo he sido muy desdichado o mi ventura lo ha sido, Pues a mí puso en olvido, Y a vos, por mozo, llamado. ¡Qué razones tan discretas, Y qué razones de viejo! La vida de España dejo En vuestras manos sujeta. Príncipe, yo os serviré. Yo OS tengo. Rey, de servir. Conmigo habéis de vivir, Y nunca os olvidaré. Ya es tiempo. Bamba famoso, Pues Dios da a España a tu cargo, Gustes el tósigo amargo Antes que el néctar sabroso. Alicán, que el Negroponte Tiene su reino y estado, Por cierto Paulo guiado. Te ocupa ya este horizonte. Ha saltado en Cartagena, Y con una gran compaña Viene entrándose en España Y a tu persona condena. Manda que salga al momento La caja, y pífano suene; Que con un campo solene Viene mostrando su intento. No imagine ese cobarde Que por verme de esta suerte No le dará cruda muerte La cólera que en mí arde. Recogeos, mi doña Sancha, Y aqueste niño llevad. [Deseada soledad, Vida deleitosa y ancha! ¿No veis, señor, que os darán Muerte cruda los contrarios? Son sus pensamientos varios; Yo espero en Dios que no harán. Vuestra ausencia me provoca A llanto. No tengáis miedo, Que, aunque voy, aquí me quedo. ¡Toca al arma, al arma toca! Postrad los muros por tierra, Pues resistencia no vale; Todo se queme y se átale. ¡Muera España! ¡Guerra, guerra! Alicán, mira que soy Cristiano, aunque esclavo tuyo, Y que a gran torpeza arguyo Quemar las iglesias hoy; Que si a ganar te levantas A España por mi ocasión. Advierte que no es razón Quemar las iglesias santas. Tu consejo es sano y justo, Y así, Paulo, te prometo Que tu gusto tenga efeto. Pues siempre estás con mi gusto. Y porque la gente está Asolando esta ciudad. Con presteza y brevedad Acudamos luego allá. Alicán, no estés dormido. Del sueño es bien te levantes, Que con cuatro mil infantes Él Rey villano ha venido; Y trae tan valiente gente. Que nos ha desbaratado El campo, y ha destrozado Gran parte de nuestra gente. Ya mi pecho se desalma; ¡Aguárdame, Rey villano, Sacarete con la mano Por la boca tu vil alma! Alicán, los españoles De Belona son centellas; Que si estos son estrellas, Ellos son lucientes soles. Ya en la venganza me fundo Sin dejar de tienda adarve: ¡Tiemble de este Rey alarbe El Rey de España y del mundo! ¡Armas, armas, cierra España! ¡Muera esta pagana gente! ¡Aguarda, villano! ¡Tente, Que gran valor te acompaña! Si al punto no quieres darte, Yo haré que a mis manos mueras. Villano dijeron que eras: Yo te llamo el mismo Marte; Pues de ello gusta Mahoma, Rendirme quiero, que es justo; Tu esclavo soy. De ello gusto; Alarga la espada. Toma; Que yo gano gloria al doble. A darte vida me allano; Que bajo de ser villano, Tengo los hechos de noble. A mi Rey hallar no puedo, Que en la batalla se entró. ¡Ah, Paulo! ¿Quién me engañó? ¡Cautivo y perdido quedo! Yo propio de mí me quejo, Y de la ventura mía, Pues tan poco caso hacía De tu discreto consejo. Rey supremo, pues mi Rey Por tu esclavo se rindió. Serlo suyo también yo Es santa y es justa ley; Verdad es que soy cristiano, Y que es el alarbe moro, Mas soy su esclavo, y adoro Su gusto y su trato llano; Yo soy causa y ocasión De que él se sujete a ti, Y pues yo la causa fui. Padezca yo la prisión. ¿Cómo te llamas? Mi nombre Es Paulo. Paulo, espantado Me tienes, y embelesado. Dudando estoy si eres hombre; No sé por cuál amistad, o por cuál conocimiento, Dentro de mi pecho siento Tenerte gran voluntad; ¿Eres sirena que cantas, o hechizo que enamoras, o cocodrilo que lloras, u eres Circe que me encantas? Que dentro del corazón No sé qué me has estampado, Que con hablar me has causado Grande gusto y afición; Vente libre a mi Corte. Es un griego muy honrado. Más valiente y esforzado Que hay desde el Poniente al Norte; Muy bien puedes ocuparlo En tu casa y tu servicio; Que tiene ingenio, juicio, Y será muy buen vasallo. Hácesme, señor, mercedes En engrandecerme así; Todo aquesto falta en mí. Alicán, venirte puedes Conmigo hasta mi ciudad, Y a Paulo me dejarás En ella, y te volverás. Serviré a Tu Majestad; La vida, Paulo, te debo. Más le debe Paulo a Dios. Paulo y Rey, seguid los dos, Que a mi tendejón os llevo. Notable cosa es, por cierto. Rey vivir o morir quiero. ¿Qué ha visto en este extranjero. Que le adora? No sé cierto. Al fin, por nuestro castigo, Un villano nos deshonra, Y ensalza, engrandece y honra A un extranjero enemigo; Cielo santo y soberano. Decidme, ¿son justos modos Que así abandona los godos Un fementido villano? Mas suframos y callemos, Que tiempo y suerte vendrá, Y el cielo justo dará Ocasión que nos venguemos. Rabio de coraje y saña. Disimula como yo. ¿Quién así te sujetó, Libre y belicosa España? JORNADA TERCERA.

JORNADA TERCERA

Téngote tanto amor, Paulo dichoso, Que gusto que tu Rey se vuelva libre, Pues me lo pides con tan grandes veras; Denle seguro para que se vaya Con todos sus vasallos y cautivos, Y tú te quedaras solo en la corte, Donde conmigo pasaras los días Ocupado en servirme de contino, Pues el cielo te trujo desde Arabia A ser mi amigo por tan varia suerte. Beso tus pies heroicos y famosos, Supremo Rey, honor de fuertes godos, Que como a Cristo sigues en tu ejemplo, Los humildes levantas y engrandeces: Aquí me quedaré, pues me lo mandas, Adonde, no conforme a tu grandeza, Podré remunerar tantas mercedes Sino sacando fuerzas de flaqueza. Entra Atanarico. Rey y señor, al arma, al arma presto, Mira que de la Gótica te niegan El cetro justo que tus manos gozan, Y la corona de tu excelsa frente; Dicen que eres un bárbaro villano, Más conveniente para arar los campos Que para administrar reinos soberbios. ¡Cómo! ¿Que eso responden? Parte luego, Paulo famoso, con un grueso ejército A sujetar esa villana gente: ¿Que así me niegan porque soy villano? Toma aqueste bastón, que del te encargo; Mi General te hago; irán contigo, El Duque por mi Alférez, y Rodulfo Por Sargento mayor, para ayudarte: Vamos adentro, do sabrás mi orden. Vanse Paulo y Bamba. ¿Cómo, que donde están tantos vasallos Hijos de España, y de linaje godos. Este cargo le da a un advenedizo? Villano al fin de pensamientos viles, Pues hace caso de ese tan ruin hombre. La culpa está en nosotros, pues quisimos Sujetar nuestros cuellos de esta suerte A un hombre que tan solo sujetaba Las humildes cervices de dos bueyes. Tiempo vendrá que el cielo justo quiera Darme de España la corona justa. Pues de derecho es mía, como sabe El mundo todo, y todos lo sabemos. Mas locura será pensar que es tuya. Ahora callemos, porque Bamba sale, Que tiempo queda do esto averigüemos En campo justo y en batalla justa. Bien dices, tiempo queda en que hablemos. Pues callemos, que sale. Pues callemos. Ya, señor, no hay quien os vea. Después que mudé de estado. Mi doña Sancha, he mudado De condición y librea; Después que de labrador Ya me olvidé, no me hallo Ni bueno para vasallo, Ni bueno para señor; En otros tiempos pasados, Entre descuidos vivía, Más hallome aqueste día Envuelto en cien mil cuidados; Como no tenía carga, Dormía sueño profundo, Mas ya no puedo, que un mundo Sobre mis ojos se carga. Ya os habéis hecho prudente. Necesidad y cuidado. Señora, me han enseñado, Y el lidiar con tanta gente. Y así, traigo estas medidas Para que España se rija. ¿Para qué es tanta vasija? Con ocasión son traídas. Y esta vara, ¿para qué? Con aquesta no habrá engaño En medir la seda o paño, Y la ocasión os diré: España muy torpe estaba. Porque gran agravio hacía. No solo aquel que vendía. Si también el que compraba. Y así, con aquesta quiero, Para vender, dar la traza, Poniendo a las cosas tasa . ¿Qué vale aquesta? Un dinero; Y estas dos, y estas tres, Y todas van prosiguiendo De esta suerte. Ya lo entiendo: Y aquesta, ¿para qué es? Esta es vara; cuartas tiene Cuatro, sesmas tiene seis, Dozavas, doce. Sabéis Mucho. El batidor viene. Ves aquí, como mandaste. Acabada la moneda. Veamos, para que pueda Saber cómo lo ordenaste. Tasa no es consonante de traza. ¿Qué es esta? Esta es corona: ¿No veis en ella pintada Una cara coronada Con la letra que la abona? ¿Cómo dice ? Dice así: Bamba, Rex pio Toleto. Qué dice saber no puedo; La cruz, ¿para qué está allí? Dando a entender lo que gano En seguir la cruz de Cristo, Porque, cuando sea visto. Entiendan que soy humano. ¿Y otra que está más arriba? Es para dar a entender Cuanto de humano poder La cruz soberana priva. Y con esto yo me voy, Porque tengo mil cuidados, Y todos los obispados Tengo de repartir hoy. Quedaos adiós, doña Sancha, Si no mandáis otra cosa; Vida es esta trabajosa. Yo la juzgaba por ancha. Haced de aquestas agora Doscientas si el oro es bueno. Bueno es, no lo condeno. Pues vos os id en buen hora. Vase el batidor. Mucho sabe el que desea La soledad y aborrece La corte. ¿Mal os parece? Mejor me hallaba en mi aldea. Decid, ¿no habéis de volver? Sí, que luego volveré; Primero despacharé Mil negocios que hay que hacer, Y luego estaré con vos, Que habrá más lugar sobrado Después de haber despachado. Adiós, Sancha. Bamba, adiós. El reino dice que ofrece Primero a ser asolado, Que venir a ser mandado Del Rey que no lo merece; Y que niegan la corona Y potestad de su mano. Por ser grosero y villano Y tan humilde persona. La gente toda está puesta En sustentar lo que digo, Y así, quisieron conmigo Enviarte la respuesta. Y los grandes también dicen Que tan mal con Bamba están, Que si quieres, te darán Mil cosas que te eternicen. Darante su cetro luego Y que el reino Rey te llame; Que más que a un villano infame. Quieren a un hidalgo griego. Todos te darán su vida Para que puedas, sin miedo. Tener por tuyo a Toledo Y ser de ella Rey sin duda. Que si en la gótica España Te hallas Rey y señor. De la Iberia, sin temor, Lo serás por fuerza y maña. Respóndeme lo que quieres De nuestra gótica tierra; Pues te ofrecemos sin guerra. Bien es que lo consideres. Paulo, si quieres ser Rey, Yo prometo de ayudarte, Si quieres determinarte En toda amistad y ley. Que sabe que estoy yo y todo Con Bamba dentro del pecho. Aunque así Duque me ha hecho. Muy mal, por vida de godo. Porque es, cierto, gran bajeza Estar sujeto a un infame. Que así es razón que se llame, Pues que no tiene nobleza. Mejor me hallara contigo, Que, en efecto, eres hidalgo; Pero yo de seso salgo Viendo Rey a mi enemigo. Anima ese pecho fuerte; Que solo, si quiero, puedo Sujetar hasta Toledo Y dalle a ese Rey la muerte. Muera ese infame villano Que así sujeta a los godos. Pues por soberanos modos La ocasión está en tu mano. No pongas duda ninguna. Mira que es bueno reinar, Y malo sujeto estar. Pues te ayuda la fortuna. Aqueste es mi parecer, Mira lo que te parece. Paulo, pues que Dios te ofrece Todo lo que has menester, Niégale a Bamba la fe, Y el reino toma al seguro; Que, a fe de buen godo, juro Que en todo te ayudaré. Porque si una vez te hallas De la Gótica Rey alto. Luego subirás de un salto A Toledo y sus murallas. Y viendo cómo los godos Te ayudan de aquesta suerte, Le darán a Bamba muerte Al punto los godos todos; Que también están muy mal Con él, como yo lo estoy, Por ser un villano hoy Con cetro y pompa real. No temas; pues te promete Echar a tu dicha el cuello Hoy la ocasión su cabello. Ásela por el copete. No tengo más que decirte, Y en mí tienes un amigo; Solo te hago testigo Que contino he de servirte. Sabed, señores, también Que, con odio desigual. Estoy con Bamba muy mal. Supuesto que él me halla bien. Quiero, pues es vuestro gusto, A Bamba desamparar, Y en la Gótica reinar. Sea justo o sea injusto. Y luego, sin dilación. De la más lucida gente Formar un campo valiente En concertado escuadrón; Y acometer a Toledo; Que yo tengo confianza Que ha de acudir mi pujanza Y causarles bravo miedo. Y la visión que habló Al Papa de los dos bueyes. Hoy, por soberanas leyes. Si bien lo miráis, soy yo. Los dos bueyes sois los dos. Que conmigo estáis arando, Y el bien de España aumentando Por inspiración de Dios. Y es justo que se obedezca Su mandado soberano, Y que, muriendo un villano, El cetro justo me ofrezca. Vuelve con esto que digo A la ciudad al momento, Y diles que soy contento Hoy de ser su Rey amigo; Que me hagan franca la puerta Que ya voy con mis soldados. Pues los soberanos hados Reciben mi vida muerta. Yo voy, señor, a pedir Nuestras glorias que codicias, Las venturosas albricias, Y lo voy a prevenir. Vase el ciudadano. El campo marche hacia arriba, Que la ciudad nos espera. ¡Bamba muera. Bamba muera! ¡Paulo viva, Paulo viva! Vosotros, amigos caros, En quien mi valor espera. No pienso de otra manera En otra cosa ocuparos; En regocijos y fiestas. En banquetes y placeres, En deleites de mujeres, Honestas y deshonestas. No soy como aquel tirano Hipócrita, que os quitaba El gusto, que nunca os daba Con su proceder villano. Digo, Paulo valeroso, Que todos te ayudaremos, Y a tu lado moriremos Si fuere el morir forzoso. Grande premio se os espera. Resuene esa voz altiva: ¡Paulo viva, Paulo viva! ¡Bamba muera, Bamba muera! Castiga tan gran malicia. Pues eres Rey justo y santo; Duélate, señor, mi llanto, Señor, guárdame justicia. Y de mí te acuerda hoy. Pues es cosa justa y llana, Que del concejo de Ircana El Alcalde anejo soy. Todos os salid afuera; Que justicia se os hará, Y la respuesta espera En el lugar que se espera. Vanse afuera. Leedme estos memoriales. «Julia, mujer doncella. De Laurencio se querella Porque escaló sus umbrales, Que una noche la sacó Diciendo ser su marido: No quiere; justicia pido.» Con eso se condenó. Decid más. Es tu criado, Y no quieren condenarlo. Yo le condeno a casarlo, Que bien queda condenado; Y de aquí pronuncio y mando Que no sean reservados De castigo mis criados; Y publíquese este bando. Diciendo como yo aquí Mando que el que me sirviere, Si castigo mereciere, No se reserve por mí. Lee otro memorial. «En la ordinaria prisión. Nueve años ha me entretengo. Porque dineros no tengo. Contra justicia y razón. Soy pobre, pagar no puedo A mi deudor, y él es rico: A Vuestra Alteza suplico.» Decid que obligado quedo Por esa deuda, y soltad De la prisión a este hombre; Sabed su trato y su nombre, Y cien ducados le dad. Lee otro memorial. «Cardencho, en nombre de Ircana, Pueblo de Tu Majestad, Por cuanto hay necesidad De un frontal y una campana, Limosna pide le des, Pues Tu Majestad nació En ella, y que se crio.» Llámame a Cardencho, pues. Entre Cardencho. Entra Cardencho, villano. La mano Pido a Vuestra Majestad Para besar. Levantad Del suelo, Cardencho hermano. ¿Cómo va? Dios sea loado, Bien va. ¿Están todos buenos? Buenos; mas tenemos menos Al Bardón y al Borregado, Que ha dos años que finaron. ¡Válgame Dios! Vuestros bueyes, Que allá llamamos los Reyes, Gil y Ergasto los compraron; La casa y el cercadillo Tengo yo, y el pegujar Donde solíades sembrar, Y el cura tiene el novillo. Y esta es la pura verdad, Como os cuento. Bamba amigo: Soy necio, no sé qué digo; Perdone Su Majestad; Que como en tiempos pasados Le hablaban de esta suerte, Será ventura que acierte. Bien, Cardencho, habéis hablado. No hay cumplimientos conmigo Por razón y justa ley; Que antes que yo fuese Rey, Erais, Cardencho, mi amigo. ¿Acabaron el retablo? ¡Pues no! Es cosa de ver Lo que tiene en qué entender; Tiene un valiente San Pablo. Más hay que ver en Longino, Que no en toda la Pasión, Y más que hay un Santantón Con campanilla y cochino. ¿Es vivo acaso aquel niño De que me hicieron compadre? Está mayor que su madre; Mira qué gentil aliño. Rey me llamó cuando iba Con él a la iglesia. Sí, Que muy bien todo lo oí. Y decid, ¿la madre es viva? Sí, señor. Habéis de hacer Que el niño me venga a ver Porque mis brazos reciba. Andad, ídmelo a traer. Porque alivie mis cuidados: |Hola! Dadle cien ducados Sin un punto detener. Para la iglesia le dad Mil ducados. Sea así. Partid, Cardencho, de aquí. Serviré a tu Majestad. Rogaremos con amor A María y a Ildefonso, Con una misa y responso. Que Dios te dé su favor; Porque todos tus contrarios Quieran conocer a Dios, Y yo rezaré por vos Cada un año cien rosarios; Aunque los habéis comprado, Señor Bamba, a lo que pienso, Por alquitara o por censo. Cada rosario a ducado. ¿Quieres saber cómo están Los obispados partidos? Sí quiero. Pues dadme oídos, ¿Que cual de tu mano van: «Vistas las muchas razones Que tengo para intentarlo, Yo, Bamba, Rey de la España, Reparto los obispados. Que sujetos estarán De aquesta suerte y estado, Sin que haya desconcordias, Ni controversias, ni bandos. Primeramente, a Toledo Le señalo por primado, A quien estarán sujetos Todos estos sufragáneos. El primero será Cuenca, Y de allí a Sigüenza paso, A Cartagena y Segovia, Y Ávila también le allano. Valladolid, Salamanca, A Osma también le acompaño, Y a Badajoz y a Plasencia A la sujeción y amparo. Segundo será Sevilla, Por famoso arzobispado, A quien serán sujetos Los obispados que mando. El primero será Córdoba, Granada en segundo grado, Jaén, Guadix, Almería, Écija, y su largo espacio. Sidonia y Málaga pongo También por sus allegados, Y por tercera diócesis Luego pongo a Santiago, A quien obedecerán Orense en primero grado, Mondoñedo, Tuy, Lugo, Astorga a León, y mando Que a Burgos estén sujetos Estos en el cuarto grado, Oviedo, Zamora, Coria; Ciudad Rodrigo le alargo. Tarragona, en Cataluña, Tendrá por sus allegados A Lérida y Barcelona, Y a Vique y sus muros altos, Tortosa, y a Cartagena, Albarracín y Barbastro, Teruel, Valencia y Segorbe; Y en el Reino lusitano Habrá tras ellos aquestos: Lisboa, Évora, Faro, La Guardia, Braga, Viseo, Coímbra no les aparto, Y Elvis, Leria y Oporto, Portalegre, lugar raro; Y a Lamego, con aquesto, Juntarles también les mando. Y no embargante de aquesto. Amonesto, pido y mando A los obispos que apremien Sus súbditos y curatos; Que los clérigos no excusen Traer sus hábitos largos; Jamás eximirse pueden. So pena de castigarlos. Que se hayan bien con los pobres, Y los Sacramentos santos. Con amor y reverencia Se administren con cuidado; Y los que aquesto no hicieren, Tengan por notorio y llano Que he de ser, de Rey amigo, Rey enemigo y contrario. Fue dado en la nuestra corte A veinticinco de Mayo, Habiéndose en el Consejo El justo rey Bamba hallado. Muy a mi gusto está puesto; Mira si hay algo que importe. Porque tu grandeza acorte, Abreviaremos con esto: Uno en cierta parte Dijo que eras labrador. Villano y de poco honor, Y quiso menospreciarte; Y dijo a voces, señor, Que eras por injusta ley De España famoso Rey, Siendo un tosco labrador. Y en un palo le pusieron, Y después, al otro día. Con muy crecida alegría Doscientos azotes dieron. Por cierto que es mal juez El que tal sentencia dio, Pues de lo que me honro yo Por soberano interés, Él lo toma por deshonra; Por cierto, es poco juicio: Desprivadlo del oficio, Y al hombre vuelvan su honra; Y libre le dejarán Y le darán cien ducados; Los azotes ya son dados. Quitárselos no podrán. Dice un vizcaíno de dentro; Si las puertas no me abiertas. Abrirás camino ancho Con mi buena espada, Juancho. ¡Hola! ¿Qué voces son estas? Un correo es que viene En el nombre de Vizcaya. Entre; dilación no haya: ¿Qué sabéis si me conviene? Las manos también besamos; Toma papel si pudieres, Y léele si quisieres. Muestra la carta, y veamos. Vizcaya también desea Ver allá al Rey, mucho, mucho. Ya con mi cólera lucho. Gótica la traidorea. ¿Paulo, es posible, cielo. Que tan mal pago me ha dado? Mas yo quedaré vengado De su enorme y falso celo. ¡Conde Ervigio! ¡Mi señor! Mientras que vengado quedo. Tú quedarás en Toledo A ser mi Gobernador; Que con una gran campaña Á Paulo pienso acabar. Pues que se ha querido alzar Con la gran gótica España. No ha de ser de esa manera. Que yo les daré tierra ancha; Encárgote a doña Sancha, De pena acaso no muera. No hay mayor gusto que ser Señor solo y absoluto. Que es grande cosa el poder, Y la posesión y fruto De todo un reino coger. Dime, ¿no te está mejor Que ser sujeto vasallo. Ser Rey libre y ser señor? Yo, por mí, mejor lo hallo. Haceisme mucho favor. Vengan damas, que esto quiero; Gástese mi Estado entero En deleites y placeres, Pues faltándonos mujeres, Yo ningún contento espero. ¿Mujeres han de faltar? Vayan un criado y coche. Y podrá algunas buscar. ¿Fueron buenas las de anoche? Por ahí; andar, andar. Sale un ciudadano. ¿Qué haces? Deja, señor, El sabroso pasatiempo, Y descuidado no vivas Entre Baco y entre Venus. Salga el ocio que se cría En tu valeroso pecho. Donde se ocupa y reparte El bravo Marte sangriento. Ya de la ciudad famosa Y de sus muros soberbios No hay que tener confianza, Que están en tierra deshechos. De más de diez mil soldados No te quedan cuatrocientos, Unos, del campo alejados; Otros, en el campo muertos. Bamba te ha desbaratado, Y tu gran poder deshecho; Que no debe de ser Bamba Sino castigo del cielo. ¡Pelea tan fuertemente Con piezas de bronce y hierro! En pedazos las deshace Con su brazo y con su acero. A voces te va llamando, Y con coraje diciendo Que te ha de dar castigo De tu loco atrevimiento. Dice que perdonará A todo el gótico reino. Si con la vida te llevan Ante su presencia puesto. Y si no, que ha de abrasarlo Con grande y terrible fuego, Volviendo la tierra fértil, Estéril y negro infierno. Esto es, señor, lo que pasa; Prevén, prevén el remedio. Aunque te será imposible Si no te subes al cielo. Tiranos habernos sido En seguir tan loco intento. Perdón pido de mi culpa; Bien poca o ninguna tengo. ¿Agora os volvéis atrás, Siendo cómplices del hecho? Yo sí que tengo la culpa, Y así la pena merezco. Busquemos alguna traza Con que la vida escapemos. Dadme a Paulo, Nimes fuerte, Solamente a Paulo quiero; Que si me le dais, yo os doy El perdón de vuestros yerros. No soy, cual os informaron. Tosco, villano, grosero; Español soy de nación; Godo soy, que no soy griego. Perdónanos nuestras culpas. Rey valeroso y supremo; Que si nos das el perdón, A Paulo te entregaremos. Mil veces perdón os doy; Entregádmelo al momento. Pues vedlo aquí, Rey famoso. Con sus ciegos compañeros, Que escondidos los hallamos En un tenebroso hueco, Y así te los entregamos Con aquesta soga al cuello. Aquesta es la recia soga. Que adornando mi valor, Ya la garganta me ahoga; Que como soy. Rey, traidor, Se me ha convertido en soga. Puse sobre mi cabello. Cual si fuera Real persona, Esta corona sin sello; Y es tan grande esta corona, Que se me ha bajado al cuello. Mi cabeza le di yo; Y como de ella se espanta, Luego su centro buscó. Y por serlo mi garganta, A su centro se volvió. Es su morada secreta Mi cuello; y para asentarme Con medida más perfecta, Tanto en el cuello me aprieta. Que ha de venir a ahogarme. El valor y la grandeza De esta corona subida. Por ser tan famosa pieza Vino grande a mi cabeza, Y al cuello vino nacida. Di, Paulo, ¿por qué ocasión Me has causado tanto mal? ¿Dite yo acaso ocasión? Mas yo fui Troya leal, Y tú eres griego Synón. Dejas mi servicio y sigues El consejo de esos dos, Y a que te diga me obligues, Como al otro dijo Dios: Paulo, ¿por qué me persigues?» Por tener mando y gobierno, Fue de ofenderme tu celo; Y no ve tu error eterno. Que es ser vasallo del cielo Más que ser rey del infierno. De mi voluntad reniego. Que ella causó mi mal todo. Pues por tus palabras ciego. Deje tanto español godo Y puse amor en un griego. De todas tus pretensiones Hoy me venga el cielo justo, Acabando tus traiciones: ¿Cómo, Paulo, sin ser justo. Vienes entre dos ladrones? Con justa causa y razón, También malos los señalo; Que si en aquesta ocasión El uno es injusto y malo. No puede haber buen ladrón. Ya de vuestra gran maldad Satisfecho en todo quedo; Caminen a la ciudad; Que como están, en Toledo Han de entrar con brevedad; Que ya en inmenso rigor He trocado mi amor blando; Como están, vayan marchando, Porque así se irán mejor Mis victorias celebrando. Y en esta ciudad agora Quiero, antes de partirme, Tener de descanso un hora. Donde por señor confirme Este villano que ignora. Mal no les pienso hacer. Sí tratarlos con amor. Porque vengan a entender Que lo sé hacer mejor Que ellos saben merecer. Y en tanto, pues, es razón, Por darme gusto y concordia, Estén puestos en prisión. Mayores mis culpas son Que no tu misericordia. Si me la das, de ella apelo; Que tengo de ser contigo Como el que cayó del cielo; Que quiero más mi castigo Que no los bienes del suelo. Y digo que mi persona Pretende morir de grado, Cual tu boca lo pregona; Que entiendo alcanzar corona Del reino desesperado. Mátame, que traes gran grita, y borra el valor de España; Que ya mi alma maldita Quiere seguir la compaña Que en los infiernos habita. Tapadle esa infame boca. Haz presto de mí justicia, Esa sentencia revoca; Que al lado de mi malicia. Tu misericordia es poca. Alto Rey, perdónanos. Llevadlo con esos dos. Yo misericordia quiero. De ti y de ella desespero, Como Caín de su Dios. Ya la gótica ciudad Palio prevenido tiene A tu invicta Majestad. La ciudad donde estoy viene; Pues antes que llegue, andad. Ervigio, verdad te ofrece. Si eso es verdad, doña Blanca, Dadle la libertad franca, Que de albricias lo merece. Pero es caso torpe y vano Que por soberana ley Sepa que yo he de ser Rey, Un hombre mortal y vano. Por su ciencia lo ha sacado, Que es un mágico famoso. Si acaso no es mentiroso, Es un caso no pensado. Sacadlo de la prisión, Y traedlo luego aquí. Yo iré. Id, que por aquí Os aguardo en conclusión. La fénix ¿de ceniza no renace? ¿De espinas la purpúrea y bella rosa? ¿De gatos la algalia provechosa? Y de un niño ¿un gigante no se hace? De un huevo chico, ¿no se engendra y nace Un águila soberbia y caudalosa,? ¿No toma luz del sol la luna hermosa. Que el día con su fuerza la deshace? Y de un grano pequeño de simiente, ¿No se cría una hierba y una planta? Y ¿no se hace también del mismo modo, De una chica culebra una serpiente? ¿De un alma pecadora, un alma santa? Pues bien se puede hacer un rey de un godo. Dame tus manos. Presencia Tienes de discreto y sabio. Hácesme, señor, agravio En engrandecer mi ciencia. ¿Cómo te llamas? Esclavo El tiempo que estoy cautivo; Pero cuando libre vivo, Yo me llamo Mujarabo. Ven acá. ¿Es negocio cierto Lo que dices? Sí, señor; Vivo tienes tu valor. Si hasta aquí le has visto muerto; Que por maravilla extraña, Sin pagar ningún tributo. Te verás Rey absoluto De toda la fuerte España. ¿De qué suerte has alcanzado A saber este secreto? En mi cárcel y en mi aprieto. Por mi ciencia lo he sacado. Por ella vine a alcanzar Que tú, con codicia fuerte, ¡Dándole a Bamba la muerte. Tras él vienes a reinar; Que con ciertas hierbas puestas En caldo o en la bebida. Has de dar fin a su vida . Casos notables son todos Los que te sucederán; Que tres tan solo serán Do se acabarán los godos. Pues ¿quién ha de suceder En cetro, en estado y silla? Escucha una maravilla Que gustarás de saber: De Agar, esclavo Ismael, Y Abraham, gran Patriarca, Ha sucedido en el mundo Una famosa prosapia, De cuya estirpe desciende El gran profeta que llaman Engañoso los cristianos, Y los alarbes alaban. Este se llama Mahoma, Cuya vida ilustre y santa, Querértela referir Sería una historia larga. A este, pues, serán sujetos Los del África y Arabia, Y los de España también. Haciéndola tributaria. Y de aquesta sucesión. Ha de ser toda la causa Florinda, una mala hembra, Que otros llamarán la Cava; Que forzándola Rodrigo, Postrer godo de esta casa, Rendido de sus amores. Ha de venir a forzalla. Y el conde don Julián, Por tomar de ella venganza, a los suyos les dará En España franca entrada. Gozarán el cetro de ella Por siglos y edades largas, Hasta que un fuerte Pelayo, Que nacerá en las montañas, Empezará a sujetarlos Y a resistir su pujanza. Andando toda su vida Dándoles fieras batallas. Otros diferentes reyes Han de venir a ganarla, Hasta que un fuerte Felipe, Segundo en la Casa de Austria, Desterrará estos alarbes De los reinos de Granada: Hete contado verdad En todo cuanto aquí pasa. Dame, en cambio de mi fe. La libertad deseada. Grandes cosas me has contado; Y porque así se ve, Mucho gustaré que esté En un lienzo dibujado. No sé quién lo pintará. Yo lo pintaré, señor, Que sé el arte de pintor Por la voluntad de Alá. Ven, pues, y lo pintarás; Y después de estar pintado. Dentro de un cofre encerrado, Doblado el lienzo pondrás. Y luego podrás, sin miedo, Meterlo allá en una cueva. Que por obscura reprueba Entrar en ella Toledo, Donde se pondrán dos puertas Con seis o siete candados. Muy bien fuertes y acabados, Do no habrá sospechas ciertas. Rey y señor, el esclavo, ¿Qué dice? Mil cosas varias. Terribles y temerarias, Y de ellas estoy al cabo; Y agora me perdonad. Que a cierto negocio vamos: Luego a este punto tornamos. Serviré a Tu Majestad. Gracias te doy, mi Dios, pues ya contemplo A Toledo tan cerca de mis ojos, Honor de España y de la tierra ejemplo. Gracias a Dios, pues borro mis enojos Mirando las paredes de tu templo, Del cielo preciosísimos despojos. Donde podré gozar descansos tantos, Y besar de María los pies santos. Ya quisiera mirar la cara hermosa De mi Sancha afligida y congojada. Que con mi ausencia la tendré llorosa, Y de perlas y aljófares sembrada. Aguarda, que ya voy, querida esposa, Que la hora dichosa ya es llegada Que la pena troquéis en dulce gloria, Y gusto recibáis de mi victoria. ¡Hola! ¿No hay ninguno? Ya me veo De mi grande escuadrón un poco lejos, Y embebecido con el gran deseo De mirar de mi Sancha los reflejos: He caminado lo que yo no creo. ¿Dónde, señor, caminas sin consejo? Diversos pensamientos me han traído De una imaginación embebecido. ¿Dónde aquellos traidores se quedaron? Descalzos todos tres fueron pasando Como mandaste; por Toledo entraron, Sus delitos atroces publicando, Y tu inmensa victoria, que escucharon En alzando la voz, y excelso bando, Al campo les llevaron de esta suerte, Donde les dieron sus castigos muerte. A Paulo le pusieron la cabeza En una escarpia para más rigores. De sus desdichas, cierto que me pesa. Rey, no es razón que sus castigos llores. Son prolijos al fin. Verdad es esa; Pero advierte, señor, que son traidores. Grande dolor me ha dado; el campo marche, No quede, si es posible, en caja parche. Muy bien todo lo has pintado: ¿Quién es esta que está aquí? Aqueste es el Alfaquí. ¿Y aqueste del brazo alzado? Es el valeroso Muza. ¿Y este de la vista brava? Es el padre de la Cava. ¿Y esta brava escaramuza? Es de los moros de Oran. ¿Y estos que están en cuadrilla? Son de Tánger y Melilla, Y también de Mostagán. Estos de aqueste peñón Son de Marruecos y Fez, Y estos que a este lado ves Alarbes ligeros son. Las letras que están debajo Ves no es consonante de Fez. ¿Podranse claro leer? Bien se pueden entender Con muy poquito trabajo. ¿Cómo dicen? Dice así: «El Rey que aquesto verá, A la España perderá Como se lo digo aquí. Por vengarse don Julián Del agravio de Rodrigo, Dará a España este castigo Del modo que aquí verán.» ¿Está el cofrecillo a punto Donde el lienzo has de poner? Todo lo voy a traer, Y traer candados junto. Pues todo el recado lleva Apartado de Toledo, Y esperarasme sin miedo A la boca de la cueva. Bamba viene. ¿No te vas? Voyme; queda con Mahoma: De presto estas hierbas toma, Que en la bebida pondrás, Conque le darás la muerte Sin ninguna dilación. Hierbas de provecho son. Vete, pues; no alcance a verte. ¿Qué hay, Conde y Gobernador? A solas, ¿qué estáis haciendo? Donde ves que estoy, entiendo En tu servicio, señor. Tengo un gran vasallo en vos; Mas, decid, ¿qué se trataba? A solas aquí rogaba, Señor, por tu vida a Dios. Yo os agradezco el cuidado. Mas si conoció mi dolo Dejadme aquí un poco solo Por desechar el enfado. Quiero un poco descansar Así a mis solas aquí; Si preguntaren por mí, No dejéis a nadie entrar. Así, señor, lo haré, Como lo mandas. Pues vete. ¡Que un villano me sujete! Pero yo me vengaré. Vase Ervigio, y queda Bamba solo. Señor, grande es mi pecado; A vuestra clemencia apelo; Que acordándome del suelo Largo tiempo os he olvidado. Ya por el reino me pierdo Y me vuelvo en hombre infiel, Pues para acordarme de él. Por jamás de vos me acuerdo. Pero bien, Señor, sabéis Cuan de veras os sirviera Si este cargo no tuviera; Ruego que me perdonéis. Si no gobierno. Señor, Conforme a razón y ley. Yo no nací para Rey, Sino para labrador. A vuestros oídos suene Esta disculpa que doy. Que mi ser el día de hoy Ya da más de lo que tiene. Vuestra Majestad perfeta, No mereciéndolo yo. De los campos me sacó Como al santo Rey profeta. Soy injusto y falso Rey, Que por mi reino os olvido: De mis culpas perdón pido; Señor, miserere mei. Y porque mis hechos sean Al compás de tu concordia. Ten de mí misericordia. Dele iniquitatem meam. Porque siempre libre esté De todo pecado y vicio. Pues perdonar es tu oficio, Señor, amplius lava me. Con entrañable deseo Solo pido por disculpa Estar libre de mi culpa, Semper de peccatj meo. Sueño profundo me ha dado; Aquí me quiero sentar. Donde lo podré pasar: Mas no podré de cansado. Quiero aplicar los sentidos A solas que están afuera. Pues de la misma manera Los de adentro están dormidos. Escúchame, justo Rey; Óyeme, cristiano Bamba, Y no te espantes ni admires De mi precisa embajada. Dios quiere que para él Hoy sin falta alguna partas, Y el cuerpo en la tierra dejes Y al cielo se suba el alma. Llama antes de expirar Todos los nobles de España, Y adviérteles que reciban A Ervigio por Rey sin falta; Que todos vendrán a ello, Pues que Dios lo quiere y manda, A quien encomendarás A tu mujer doña Sancha, La cual vivirá muy poco; Que antes de cuatro semanas La arrebatará la muerte. Llevando victoria y palma. Y antes que muera advierte Unas extrañas borrascas Que te han de suceder Por un hombre de tu casa. Y aquella mujer que ves Con aquel hombre abrazada. La Cava son y Rodrigo, Que los dos a España acaban. Y aquella que está en el suelo, Es la triste y noble España; Y el moro que la sujeta, Muza el soberbio se llama. Que sus altares y templos Les hará quemar a tala, Y a ella le dará la muerte Con aquella fiera espada. Yo me voy; adiós te queda, Y esto que te digo basta. Que para vida tan corta Es mi embajada muy larga. Aguarda, cobarde moro; Espérame, Muza, aguarda. Que hoy has de morir sin duda Entre los brazos de Bamba. Deja mi España afligida, No huyas, espera, aguarda. Despierta. ¡Ah, sueño ligero y vano. Sombra de la sombra vana! ¿Hablando agora conmigo Una inspiración no estaba, Que me declaró mi muerte? Sí, que conmigo hablaba. Díjome que el reino pida; Que a Ervigio Rey nombre y haga, Y que a su cargo le deje A mi mujer doña Sancha. Después de esto, ¿no vi aquí Otras figuras extrañas, Y un moro que con su estoque Toda España sujetaba? ¿No le vi entre mis brazos Trabando fiera batalla? Pero debió de ser sueño, Sombra de la sombra vana. Un sudor frío me cubre Todas las venas heladas, Que me da notable sed: ¡Hola! Dadme un jarro de agua. ¡Hola! Supremo señor, ¿Qué es lo que pides, qué mandas? Que un jarro de agua me des. Voy por él. El paso alarga. Ya el cielo justo me ofrece El lugar que deseaba; Agora le daré muerte. Pues que me convida y llama. ¿Qué habéis, marido y señor? No, nada, mi doña Sancha; Estaba ahora durmiendo. Pues ¿para qué voces dabas? Un jarro de agua pedía. Veis aquí, señor, el agua. Dámela acá; dulce es mucho.- No ha de ser, si bien amarga. ¿Qué es aquesto que me has dado Que las entrañas me abrasa? ¡Ay, Ervigio, que me has muerto Sin haberte dado causa! Salen todos los godos. Qué, ¿está malo nuestro Rey? Que está malo es cosa llana. Señores, si sois servidos. Antes que la airada Parca Corte el hilo de mi vida, Escuchadme una palabra: Por inspiración de Dios Supe que Dios quiere y manda Que a Ervigio le deis el cetro Y la corona de España. Digo que te obedecemos. Solo tu gusto se haga. Encárgote, conde Ervigio, A mi mujer doña Sancha. Toma, ponte mi corona; No dudes, póntela, acaba; Que siempre una mala obra Con otra buena se paga. Dame un abrazo, señora. De llanto el pecho se rasga. Este abrazo es el postrero; Caballeros, consoladla, Y adiós quedad, que me muero. Ya salió del cuerpo el alma, Y ella entre sus muertos brazos Se ha quedado desmayada. ¡Ah, doña Sancha! ¡Ah, señora! ¿Qué hemos de hacer? Llevarla, Y luego el entierro se haga Porque podamos mañana Hacer la coronación. Que es costumbre que se haga, Ya, fortuna, me has subido Al lugar que deseaba; Tu rueda constante y firme No ruedes y me deshaga. Cojamos el cuerpo en hombros Y luego el entierro se haga. Dando fin a la comedia Y vida y muerte de Bamba.