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Texto digital de Vida y muerte de Poncio Pilato

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Atribución tradicional
Juan Espinosa
Atribución estilometría
Andrés de Claramonte y Corroy Probable
Género
Comedia
Procedencia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Vida y muerte de Poncio Pilato. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/vida-y-muerte-de-poncio-pilato.

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VIDA Y MUERTE DE PONCIO PILATO

JORNADA PRIMERA

Quítale Brodio el retrato. Cómo, si en el alma está, el quitármela podrá? De este modo. . Aparta ingrato. Méjico fue el peregrino, Dedano que se le dio. Santo fue, pues retrató tan hermoso el Sol Divino, Qué talle el hombre tenía? Pareció en el traje Hebreo, y yo de aquestos bien creo cualquiera bellaquería. Esta está loca con él, y ha de perder el juicio. No sé que más claro indicio, de que es divino el pincel. Di Brodio, como pondremos remedio a tanta locura! Ay celestial hermosura. Varios ejemplos tenemos de locuras que han sanado, con otras, uno decía, que en la cabeza tenía ̱r un cascabel encerrado, y otro con un cascabel le sano. Cómo? . Fingió, ng que de ella se le sacó, deca y quedó sano sin él: llega conmigo, que quiero ver, si yo puedo sanalla: señora, ha señora. . Calla, no ves que volar espero al Cielo dónde me aguarda mi esposo? Bien pareciera, que al Cielo así subiera a una mujer tan gallarda, donde hay Dioses diferentes, y todos enamorados; en casa tienes criados, discretos, y diligentes, que puedan subir por ti con un poder, y tratar tu intento. Sabes volar? Qué es belar? Pájaro fui, diez años. . De cuáles, di? que hay grandes, y hay pajarillos, Cuchillo. . Los Cuchillos siempre los aborrecí. Dame un poder, y verás, como el casamiento trato. Y has de llevar el retrato? Claro está. . Muy necio estás yo me he de quedar con él. Pues como quieres que yo conozca el que te robó el alma, si acá el pincel le queda? Bien dices, lleva el retrato de mi esposo, y el más galán, y hermoso, es el que mi amor aprueba. Pues yo me voy a vestir. Ve presto. . Al más alto Cielo me verás subir de un vuelo. Haz tu Dedano esciibir los poderes, y las cartas. Voy a ordenarlas; qué es esto? Sanar un loco. . Ve presto a vestirte, porque partas. Pártome, dame el retrato. Póntele amigo en el pecho, y camina. . Quién se pone en camino sin dineros? Para qué son menester en el camino, no hay pueblos? No hay pueblos, mas ay señor siete Planetas venteros en esos Orbes, que son regarones por extremo. Dale dineros. . Ahora sabrás, que para ir al Cielo dineros son menester. Todo se alcanza con ellos. Adiós, pondreme las alas, verás como trepo, y vuelo. Tendió las alas al aire, no he visto volar más recio en toda mi vida un hombre: vesle? . No. . Yo si veo, no ves que le abrió la Luna su Palacio, y ya ligero pasó el Cielo de Mercurio, ya entró en la casa de Venus, ya toca el Orbe del Sol, ya el de Marte, ya le ha abierto Júpiter el suyo, ya con grande recibimiento Saturno le dio los brazos, ya en las estrellas se ha envuelto? Notable ver! no ve tanto de ajenas vistas un necio. Que presto le han despachado. Presto te parece? . Presto. No aguardes, o no deseas, que la esperanza, y deseo, hace las horas edades, y hace siglos los momentos. Muerto soy, Válgame Dios! mira del modo que vuelvo por servirte. . Brodio amigo, sabe el Cielo que lo siento: como vienes, que las alas traes abraladas del fuego? Escucha atenta, y sabrás de mi viaje el suceso. Por darte gusto señora, bolé con tan grande esfuerzo, que por los vientos perdido parecía el mismo viento. Llegué, en fin, donde sacando el retrato, vi a su dueño luego por él. . Qué me dices? Que por el retrato luego el Divino criginal conocí. Qué Dios eterno es mi esposo? El que es de todos, el Coberano, y supremo, el que encárcela los mares, y enfrena los elementos, Júpiter es, y te envía de su mano aqueste pliego, con quien dejo efectuados ya tus dichosos conciertos. Dame los brazos. No en dioses mis humanos pensamientos. Dime, es buena habitación? está bien poblado el Cielo? No he visto mejor Ciudad cas toe viva, ni tan bellos edificios, Oh qué casas! Oh qué jardines! qué huertos! de leche de las cabrillas tomé un trago, que me ha puesto como un reloj, más bajando, tres Águilas me salieron al camino, salteadores arrogantes, y soberbios de los aires, que atrevidos, por pájaro forastero con las uñas, y los picos, de tal suerte me pusieron, que me obligaron a huir, y di en la región del fuego: donde abrasadas las alas, como aquí viste, en el suelo tan gran pajarada di, que de la Ciudad del cuerpo el miserable arrabal no ha quedado de provecho. Quiero ver lo que me escribe mi esposo. . Esposa, al momento al aldea os retirad, donde bajaré encubierto a desposarme con vos. Júpiter esposo vuestro. Ea amigos, hay tal dicha! que aquesto traes, luego, luego, para ir allá prevenidme partida presto, presto. Qué has hecho? Calla, que allí más bien sanar la podremos. Partamos de aquí, qué haces? ay esposo hermoso, y bello, muerto, o vivo, habéis de ser vos solamente mi dueño! Vamos tras ella, que un loco hace muchos. . Y yo veo, que más de dos nos escuchan, que pudieran hacer ciento. Por aquí dicen que vienen, huid todos. . A rebato tocad, dichas me previenen. Huid de Poncio Pilato. Bravo es el miedo que tienen. De mi ventura quejoso estoy. Humor extremado es, señor, en el que has dado. Pues Delio, no es desdichado el que es en todo dichoso; si nuestro padre primero del bien, y del mal comió, bien, y mal comer espero, hombre soy, no monstruo yo. De oírte reír me quiero, todos se quejan de ser desdichados en el mundo, y tú de otro parecer estás. Yo Delio me fundo en ser hombre, y en saber de bien, y de mal contento; a pesar, unir se ven en los hombres, y es tormento, que a mí me suceda bien cualquiera cosa que intento: viven los Cielos que estoy cansado de ser dichoso! soy hombre, o penasco soy! De tu dicha estás quejoso? Sí, y a despedirme voy, porque tanta dicha, es cierto, que en desdicha ha de parar que ofendido, herido, y muerto, y pudiéndome matar, de cualquiera desconcierto he salido sin lesión, con gusto, y con buen suceso. Y aquestas desdichas son. Que son desdichas confieso, que un disgusto, una prisión, un desastre, un padecer, suele el gusto acrecentar, porque como ha de saber, sino conoce el pesar un hombre a que es placer: siempre el placer viene a dar enfado, que es necio el gusto, A que se gusta sin azar, porque el placer sin disgusto, no es placer, si no pesar. No tengo por dicha yo ser Capitán de bandidos, Pues mi dicha lo eligió, que siempre entre foragidos desventuras no faltó. Aquí ha de estar. Libio amigo, qué hay de nuevo? Cierta presa, que importa el Romano Imperio: tu gente, y yo, aquesta sierra penetramos y en el llano a Mario Cónsul encuentran los tuyos, que en tres caballos guedis. corría veloz, la vuelta de Jerusalén, y yo me adelanté porque sepan donde estabas, iré al punto, te le traeré que le veas, Ve volando, que es aquesto fortuna? ahora comienzan Delio, amigo, nuevas dichas. No hay lino tener paciencia, besa al Capitán los pies. Cielos que aquesto consientan vuestra piedad! apartad villanos, que jamás bolan hombres como yo, pies viles. No le injuriéis, ya te deja por loco, y desesperado u mi piedad, con vida llega, ̱e que hoy me has de servir de estrado, y sobre tu cuello puestas las plantas, me alabaré que al Imperio, y su soberbia tuve rendido. . Bien dices, que en mí le postras, y afrentas, Y la afienta que hago en ti Marío, erce que la hiciera a ̱ Fón. al ampara Eniré joyas, y preseas, que los tuyos le quitaron, en el pecho hallamos está sortija, y anillo, que es sallo de Tiberio César HAver, muestra, qué vale esta? ̱t Cuanto el Imperio rodea. Luego con él soy señor del mundo? . Es así. . Pues vean, que si todo el mundo es mío, de esta suerte le desprecia mi soberbia, vaya al mar. Mira que te pierdes. Pierda, vete libre, y a Tiberio podrás llevarle las nuevas, de que Pilatos echó su anillo en el mar. . Ya es fuerza decirlo? . Dilo. . Y su enojo verás sobre tu cabeza, quitándola de tu cuello. No tendré tal dicha, vea, que a la vergüenza te obliga, quien en la libertad te deja: matadle toda su gente, y dejadle que se vuelva solo. Quítame la vida también a mí. Si lo hiciera mas de tu desdicha quiero que dar envidioso, y esta desdicha, no la has de ver, cuando a mi dichas me cercan sacadle al camino. . Vamos. Castigue el Cielo esta afrenta. Dónde te piensas quedar a comer? . En la ribera de ese mmar podré comer; que si soy fiera, y las fieras hago que tiemblen de miedo, también las que en esa bestia de aqueste elemento habitan sujatará mi fiereza. . Allí veo una cabaña de pajiza cabellera, y alberque debe de ser de pescadores. En ella preven luego la comida, Voy a servirte, eeee Ve Al camino salimos con Mario, g y una tropa señor vimos, que de muy poca gente a nosotros camina diligente; pero como nos vieron, medrosos por el monte se esparcieron, algunos se escaparon, y estos tres prisioneros nos dejaron. Llega mujer, quién eres? hombre soy, no te turbes, no te alteres, Tú quieres que me asombre siendo mujer de un Dios, de ver un hombre. Mujer de un Dios? . cucha. No sé si he de tener paciencia. Verónica en los dichosos Principios de Augusto César, Dictador fue en Roma, y fue Varón estimado en ella, Mas como siempre a la envidia, está la verdad sujeta, persiguiéronle envidiosos, y desterrose a Cosencia. Allí en paz, pasó en Calabría la edad, con bastante hacienda para su compuesta vida, para su larga prudencia. Este Varon venerable, en sangre, en armas, y letras fue mi padre, de quien soy sola, y única heredera. Logro sus felices anos, c hasta contar los noventa, y en paz dio el alma a los Dioses, y dio la tierra a la tierra, Murió mi padre, y mi madre que por la patria lamienta, conmigo se volvió a Italia, gue y volvió a vivir en ella, e Murió en fin en la campaña, a donde que de flor tan tierna, que a ser yo rayo del Sol mostrar nuertad paviera. a Aquí con recogimiento, con recato, y con pureza he vivido, que el cuidado es alma de las doncellas. Di en hospedar peregrinos, compasiva, y limosnera, piedad, que siempre los Dioses la gratifican, y premian. Mis criados se ocupaban en tan santas diligencias, por religión, o por ver que era obedecerme fuerza. Al fin un día llegó, un peregrino a mis puertas, de grave, y hermoso rostro, de venerable presencia. Pidiome que le hospedara, yo afable, amorosa, y tierna, a sus pies mande dar baños, y unciones a su cabeza. Preguntele la nación, y Hebreo me dijo que era, gente que en todo guardo siempre la primera lengua. Dícele, qué ley seguía, qué Dios honraba, y apenas esto le propuse, cuando una lamina pequeña sacó del pecho, y me dijo la luz que este Dios enseña, por nueva, no conocida, y prodigiosa, por nueva, es la que sigo, y observo, que por santa es la más cierta. Este que ves es el Dios, de quien los abismos tiemblan, a quien se postran los mares, y a quien los Cielos respetan. De los Cielos ha venido a ser tu esposo, profesa su Ley, búscale, y serás su esposa amorosa, y tierna. Esto dijo, y en las manos con el retrato me deja, donde el pincel trasladaba superior naturaleza Que era del Júpiter santo conocí, por unas lerras, que en caracteres extraños declaran su omnipotencia. Mujer de Júpiter soy, y en esta pequeña Aldea, quiere el Dios que nuestras bodas sin dulce, y próspero tengan. Esta soy, a esto he venido, la eterna lamina es esta, a quien obedece el mundo, a quien los Orbes respetan, a quien veneran los aires, a quien las aguas festejan, a quien el fuego se rinde, a quien se humilla la tierra, a quien los Cielos aclaman, a quien los abismos tiemblan; y finalmente es a quien esposa amorosa, y tierna, reverencia su deidad, y la mano reverencia. Qué lamina es esta ingrata, que me abrasa, y que me quema? y qué figura espantosa que me anuncia muerte eterna? este es Dios? Fuego es, y rayo, vaya al mar. Ya no te quejas de ser dichoso. Esto solo Libio me ha dado tristeza. La lámina echaste al mar, yo me arrojaré tras ella. El bronce en las aguas nada, como si una pluma fuera. Verónica al mar se arroja, hay tal locura! hay tal fuerza de amor! no sé qué virtud tiene la imagen secreta; temo que se anegue, quiero llegar a favorecerla. Yo no, que si mi desdicha es mi madrastra en la tierra, qué podrá ser en el mar, C sino mi cunada o suegra. Ven acá, eles desdichado? Mas que un zurdo, y un Poeta, porque cuando yo nací, sobre ciertas diserencias a lo zaino le miraron, s fortuna, y naturaleza. Por los Cielos, que te envidio, en mi servicio te queda; vete Delió a recoger la gente, Mi mala estrella espero vencer contigo. Tu nombre? Es una minestra ue la más infame del mundo. Brodio soy, y aunque sustenta mi nombre tanto brodista, nadie hay que me lo agradezca. Desde hoy Poncio su ventura, más engrandece, y celebra. Pues qué ha sucedido? Admira tu dicha. No me detengas en suspensión. Salí a ver echar las redes, y en ellas sacaron entre otros muchos, que fue multitud inmensa, un pez que era el cuerpo plata, y eran las escamas perlas: pediles que le guardaran porque tu Poncio le vieras, y llegándole a apartar vieron en la boca misma el anillo de Tiberio, que al mar arrojaste. Muestra, válgame el Cielo! qué es esto! que en nada desgracia tenga! todo ha de ser buen suceso! todo ha de ser suerte buena? por los Cielos soberanos que lo siento de manera, que estoy por desesperarme; ve, y haz Deno que prevengan, la comida, que ya voy. e Sin duda mi dicha es cierta con amo de tanta dicha. Conmigo Brodio te queda, estamos solos? Si estamos. Estame atento. Comienza. Todos los hombres nacimos sujetos a las miserias naturales, que esta vida está a miserias sujeta, al que le anochece llora, al que amanece se alegra, sin ventura no hay estados, sin la fortuna riquezas. Pues siendo así, a mí que he sido siempre dichoso, me quedan por pasar por ley divina, desventuras, y miserias: así, antes que de mi triunfen, a como es fuerza triunfar de ellas, la quiero, pues lo que se elige, no daña, aunque en daño sea. La muerte cuando se busca es gusto, es gloria, y es pena, es horror, y espanto, cuando ella acomete violenta. Si es así, quiero triunfar del César, antes que el César triunfe de mí, ven conmigo Brodio. Y adónde me llevas? A la muerte. No es mejor a comer? No, Tú lo hyerras. No me repliques en nada. Cómamos, y luego intenta imposibles. Ven, y calla. Eso es transformarme en piedra. A buscar voy la desdicha, antes que a buscarme venga, Para qué vas a buscarla cuando conmigo la llevas? Aguarda esemigo, aguarda, que así a Júpiter desprecias, que confirmación más clara que la que la estampa muestra, de que es Dios su original. Mansas las olas soberbias a la orilla la sacaron. Mira amigo si soy cuerda cuando por ella me pierdo. Pues si conocer deseas el original, sabrás que fue el traerte a esta Aldea invención mía. Qué dices? Porque tu acuerdo volviera, con semejante locura te engañé, mas se remedia este daño; con que vamos peregrinos por la tierra, hasta dar con él. Qué es hombre, que no es Dios? Hombre, o Dios sea, en la tierra le has de hallar, pues del Cielo bajó a ella a desposarse contigo, busquemos la gente Hebrea, pues dices que el peregrino, que la dio, dijo que era de aquella nación. . Bien dizea; vamos, como me prometas no dejarme jamás. . Juro, a esa inagen que celebras, e de asistir siempre contigo. Con eso voy satisfecha: original soberano, permitid que vivo os vea; pues voy peregrina así por el mundo en busta vuestra. Jermánico tendrá el Romano Imperio, pues es suyo por ley. Justo ha sido en su digna elección tal vitupelo, estas las cartas son que he recibido. Escóndelas de presto, que alberio dice que sale al militar ruido. Poco le durará su tiranía, Mañana llorará la Monarquía. Salieron Mario ya los Decuriones, a abrasar las montañas de este ingrato bárbaro Capitán de cien ladrones. Yo, gran señor, de esta venganza trato, Que provoque mi honor, que mis pendones atropelle este Poncio, este Pilato, y que al mar (aquí tienmblo de decirío, osase echar mi soberano avillo) parte Leoncio amigo, y en campaña no me dejes cruel montes en montes; yo sé que para él es pequeña hazaña, que tiemble el Lúfrates, y el Orontes, pública mi crueldad, en sangre baña Leoncio, amigo aquellos Horizontes donde saliendo el Sol por la mañana, desperdicie la luz papura, y grava, Tu enojo mostrar? Tú también Mario, luego te has de partir que en aquella Provincia es necesario tan ran lncurador, Herodes vea; que aunque su amigo soy, su contrario, civil conspiración hacer desea. Dame los pies Monarca ilusire, y fuerte, escurhame, y después dame la muerte eoe Sacro Monarca del mundo, a quien los opuestos Polos en tierra, y profundos mares, postran Eutipos, y Pontos Yo soy un hombre a quien niega, la edad nacimiento propio, prodigioso en las hazañas, y en la vida prodigioso: unos me juzgan de Francia, de Italia me juzgan otros, y en tan grande confusión yo los acompaño a todos. Verdad es, que de dos años, grosero, robusto, y tosco, un cabrero me halló, en la bóbeda de un tronco, fiero hospedaje, y alberje de unos carniceros lobos, que como a Rómulo, y Remo, me alimentaron piadosos. Esto me advirtió después, que entre sus pardos cachorros, me habien criado, siendo hasta en el criarme monstruo. Pendiente me hallo del cuello sobre una tarjera de oro Leonis Gretia, letrero, o enigma din ultoso, por quien han pensado muchos, cuando yo mismo lo ignoro, que nací en León de Francia, aunque León no me nombro. De seis años me encontró, Ponelo Cirinto en un soto, Captan de los Amitas, cuyo valor no propongo, pues invencible Caudillo, con pecho, y ánimo heroico mur has naciones rebeldes venció con soldados pocos. Este aficionado al brío, o su hermosura del rostro, que en competencia del Sol fui entre sus rayos hermoso. De entre los blancos cabiitos, que en fugitivos córcobos dan lisonjas a las hierbas, y al aire válidos roncos. Me llevó consigo, y fui con este tan venturoso, que con su hacienda me dio su nombre propio de Poncio. A quien yo añadí el Pilato, nombre que adoptivo tomo del pastor que me criaba, que se llamo de este modo. Gaste en Academias Sacras gran parte del patrimonio del Capitán, que fui un tiempo dado al ejercicio estoico. Y tan prodigioso he sido, que desde que me conozco, no ha perturbado desgracia mi quietud, y mi reposo. No he tenido mal suceso en mi vida, porque a colmos me ha dado el Cielo las dichas porque nací en Horoscopo. Dos mozos, y yo, lloviendo nos retiramos a un olmo, y estando al tronco pegados, cayó un rayo, y abrasolos. Y yo que entonces estaba en medio de los dos mozos, quedé sin lesión alguna n emulesado, y absorto, En un convite una noche se cayó la casa a plomo, y entre tantos que mutieron pude escaparme yo solo. Estando en el circo un día, vino de repente un toro, y mató al que hablando estaba conmigo, y yo con enojo entre sus cuernos me puse, y apenas la frente toco, cuando me vuelve la espalda avergonzado, y medroso. Un día desesperado de verme tan venturoso, me arrojé al mar, y un Delfín sobre los cerúleos hombros, me sacó a despecho mío a la orilla desde el golfo. Seis en desafío he muerto, y en seis un rasguño solo no me han dado, en todo al fin venzo a todos, gano a todos, Cansando de buenas suertes irme a los montes propongo, y robar, que en artes tales son los desastres forzosos. Y con haber cometido muertes, insultos, y robos, jamíás un disgusto ha sido en mis fortunas estorbo. Y últimamente prendiendo a Mario invencible Cónsul, y quitándole este anillo le eché al mar, con gusto solo de ser desdichado en algo; más pescando de allí a un poco un pez me volvió su anillo, que del diamante los fondos, daban tanta claridad que conocí ser el propio. Viendo, pues, que tantas dichas han de parar en forzosos desastres, a tus rigores mi buena suerte antepongo. Y así primero que triunfes de las victorias que gozo, triunfando yo de ti, y de ellas, a tu cuchillo me postro; a tu rigor me encomiendo, a tu impiedad me dispongo, a tu amenaza me rindo, a tu justicia me arrojo; a mi fama me consagro, a mi altivez como loco, a mi vida me eternizo, a mi desdicha me opongo. Y así la muerte has de darme, Pilato soy, yo soy Poncio, porque si tú no me matas he de matarme yo propio. Yo gran señor, vivir quiero, que soy desdichado en todo. Morirás por desdichado, y él morirá por dichoso. Serás desdichado ahora. No seré tan venturoso. A firmar voy la sentencia, porque mueran estos locos; y vos Mario preveníos, porque a Judea dispongo, que vais por Gobernador; acompañad vos Leoncio a Mario, y seréis testigos de la muerte de este monstruo. s Ya villano, no pondrás las plantas sobre el Senado. Si yo la muerte me he dado, de mi vengado no estás, ni tu pudieras jamás vengarle vil, ni pudiera, aunque su poder trajera el César, porque si aquí, yo no me matara a mí, nadie matarme pudiera, En fin tu muerte has de ver. Aunque yo me he condenado, soy tan poco desdichado, que pienso que no ha de ser. Y yo vengo a padecer por tus locuras y temas. Si estás conmigo no temas desdicha, ni mala suerte. Pues no es desdicha la muerte? No, si no triunfo. . Blasfemas? Ya ha venido el Secretario, y trae pienso la sentencia. de tu muerte. . No lo creo. No hay si no tener paciencia. Escuchad. . Di Tiburino. Nos Tiberio César Augusto, señor de las Monarquías de la tierra, nombramos por Juez Procurador, y Gobernador de toda la Palestina, a Mario mi provisión es aquesta. Pues dice: a Poncio Pilato. Es yerro. . Ved la que queda a quien dice. . Dice así: Cortaréis las cabezas, por razones que a esto nos obligan, a Leoncio, y a Mario, y las pondréis en el Capitolio, C en memoria de mi justicia. Esta es merced, o sentencia, contra Mario, y contra mí. No hay si no tener paciencia. A verlo vuelvo a leer, por si fue error de la lengua, Nos Tiberio César, A Poncio Pi- lato. . A mí? debió de engañarse el César. Calla, y déjalo engañar. Mueran los traidores, Mueran Leoncio, y Mario. Ay de mí! ̱ Pues esí el Pueblo se altera, cauta debe de tener. Sin duda el Cielo lo ordena con su inefable poder. Obras son del Cielo aquestas, y así al suplicio me riudo. Leoncio, y yo con cautela conspirabamos la gente contra el Imperio del César, por Germánico. Ya es justa la muerte. Aquestas son Tiburino las cartas. Pues traidores, salid apriesa al sacrificio. Ay de mí! No hay si no tener paciencia. Besa a Tiberio los pies. . Por ti la vida me dejan. Para gran bien, o gran mal, me hace dichoso mi estrella. Ya se queda ejecutando la sentencia, y toda Roma de mirarlo se ha alterado. De qué el Pueblo se alborota? De qué cortas las cabezas de tan heroicas personas. Dos bandidos, dos tiranos, son dos personas heroicas? miren que Mario, y Leoncio, que el mundo, y mi Imperio honran. Cuando me ofrezco al castigo, usais de misericordia conmigo, mas eres César, y das por castigos honras; tanta es mi dicha. . Qué es esto, no me dices que les cortan a estos viles las cabezas? Pues tus manos generosas esta merced no me han hecho? Cómo? . Aquí se acaba ahora su dicha, y aquí nos ponen Poncio Pilato en dos horcas. Yo a Judea este villano? yerro fue, matadlos, pongan escarmiento sus castigos, y sus delitos memoria. No dije que estos morían? Neciamente me reportas: pues di quien. . Leoncio, y Mario. . Qué dices? Tu mano propia en esta les da la Muerte; no es esta tu letra? Hay cosa semejante! Ya estarán muertos; y porque conozcas lo que a los Dioses les debes, mira en estas cartas todas que Mario sacó del pecho la conjuración traidora, que con Germánico hacían. De la mano poderosa, son todos prodigios altos, y son milagrosas obras, el Cielo movió mi mano en mi defensa. . Sus bocas confesaron la traición, viendo la muerte espantosa. Si en lugar de castigarle, el Cielo le galardona, parte a Judea. . Esos pies me da a besar. Dios te nombra, yo no, reconoce el bien de su mano poderosa, que sospecho que te lleva allá para grandes cosas: haz justicia con justicia, que sin ella Dios se enoja. Pues yo prometo emprender hazañas tan prodigiosas, que pues mi dicha me cansa, y desdichas no me tocan, el Dichoso Desdichado me ha de llamar toda Roma.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Es famosa ocasión para el intento, muera Natan, este tirano muera. (to. No, qué un lascivo, un cruel, un abarien- a Palestina a gobernar viniera! Dos años que rige, han sido ciento si perturba la paz, y el pueblo altera. Viva la libertad, muera el tirano que no se ofenderá el César Romano. Aquí a caza Josefsacó a Pilato, porque el santo jordan en su ribera, verá Delfas bordar su pecho ingrato palpitando en la sangre lisonjera: los tres solos aquí en aqueste trato cómplices somos. Pues Pilato muera. Fieras buscando va. Qué barbarismo, si las sale d a matar, matarle a él mismo. Por aquí ha de pasar, forzosamente se cae en las roturas de estas peñas, al Cielo envanecidas, frente a frente; tan mudas escalar quieren por señas, es el paso común al transparente, fugitivo cristal, que entre sus breñas del lisonjero curso que dilata, tira arrogante al Sol gritos de plata. Pues que dices que es sitio acomodado, aquí quiero agardar sobre la hierba, selva del Sol, tapete de este prado, al gamo corredor, la veloz cierva. Ve, y avisa la gente, a quien ha dado tanta ventura el Cielo, a quien reserva para mayores casos la fortuna. pues no tuve jamás desdicha alguna; En Roma me casé impensadamente, si admi ación al Cielo, con aquella sacerdotiza santa a quien la gente profetiza llamando sabia, y bella: Es de Rómulo, y Remo descendiente, venerable mujer, bestial doncella, que hasta en el matrimonio, y casamieto me la palió mi dicha con contento. En dos años que estoy en Palestina, todo ha sido quietud, y buena suerte, que el Cielo en ningún caso determina, si fiera oposición no se previerte, si astromonica ciencia, y me adivina verdad, a mí un Astrólogo me advierte, que la muerte he de dar con falso celo, al Monarca mayor que tiene el suelo. Y si aquesto es verdad, será a Tiberio que hoy el mundo, y sus Provincias doma que el Cielo, no sin causa, y sin misterio me dio, y dijo: este Gobierno toma, mi dicha me ha de dar el Sacro Imperio de la siempre inmortal triunfante Roma, que vivir sin pesar, y sin desdicha, es para tanto bien, y tanta dicha. Eso será tirano, si escaparas con vida. . Muerto soy. . Matadle. Muera. . Favorecedme Diosas inmortales. Tu sangre a de manchar esta ribera Tú sales a matar sus animales, y no sotros a ti, que eres su fiera. Mi dicha acuda aquí. Qué error profundo! ved que estorbáis la redención del mundo, Ved Profeta Divino, que es tirano de la ley, y la patria. . . Aunque lo sea, de este pendiente está el linaje humano. . Que lo defienda Juan contra Judea. . Huyamos. Nuestro intento salió vano. . Vida tienes, que el mundo más desea. Hay prodigio mayor, ni mayor suerte! . . Las penas te defienden de la muerte. Monstruo divino, forma soberana; quién eres? Voz clamante en el desierto, del Cordero de Dios blanca mañana, que a manos de una fiera he de ser muerto, vida de la palabra, carne humana, testimonio del Sol ya descubierto. Como en peñascos andas, cuando enseñas esa verdad? Soy voz entre estas peñas. aquí aclamo la ley, aquí bautizo en agua solamente, aquí el Mesías en las claras corrientes profetizo, ya cumplida la edad, llanos los días, con palabras las obras autorizo, porque obras suyas, son palabras mías. Conocesme! Por hombre prodigioso; el más desdichado, y más dichoso. Aguarda monstruo bello, fiera santa, Camello racional, forma divina, deidad que con la unta el mundo espanta, y admira con la voz, y la doctrina, no te escondas de mí con furia tanta; pues la vida te debo perogona, virtud de esta ribera, bruto hermoso, oye al más desdichado, y más dichoso. Esta caza ha de durar toda la vida? Y Jolefo dónde quedó? No he podido descubrir gamo, ni ciervo, porque lograras su muerte. La tuya veré muy presto, a buscar fieras salí, y he encontrado en este puesto otras fieras vengativas de unos cobardes Hebreos, que me han querido matar, mas un racional Camello de un monstruo casi divino, g. de aqueste desierto ameno deidad, me ha dado la vida. Ese es el Profeta nuestro Juan, que en este desierto habita. Pues yo lo vi llevar preso, no ha una hora. . Pues quien tuvo tan bárbaro atrevimiento, que se atreviese a prenderle sin mi licencia? . Dijeron, que Herodes su Rey. Iré, visitaré a Herodes luego, y le daré libertad: vamos, yo haré que Josefo, y los dos, den a Judea con sus muertes escarmiento. De qué sirve el poder, de que el Imperio, si una pasión mortal que me sujeta, no la puedo vencer, soy yo Tiberio? A Cómo este dolor no me respeta? ley común es de humano vituperio, pues a todo Monarca le sujeta: los Médicos llamad, no se que curan aunque remedios tantos me procuran. No es posible que soy cesar Augusto, pues un dolor me tiene de esta suerte: esto es mandar el mundo? a Rey injusto que un dolor te deshace, y te previerte! Tiburino. . Señor. De morir gusto, este dolor se acabe con la muerte, rabio, y muero. Señor. . Médicos llama. Ya están todos aquí, vuelve a la cama, no ha quedado señor hombre eminente en el mundo que a Roma no ha venido. . Pues siendo así, la medicina miente. En tan fiero dolor solo ha mentido. Donde es Poncio Pilato Presidente me han dicho que hay un Médico entendido en toda enfermedad. De ese unos Griegos me dicen, que con barro cura a ciegos. Ese me ha de sanar, parte al momento Tiburino a Judea, que imagino, que ese me ha de librar de este tormento, por medio acertado, y peregrino. Llámanle milagroso. Al mar, y al viento luego te opone en arrogante pino, por mi salud te envío, no repares en vientos fieros, ni en soberbios mares. da Vuelve al lecho, señor. Cómo si rabio; ha dolor! en mortales jamás visto. Qué sujeto el poder esté a este agravio. . Cómo César lo venzo, y lo resisto: más parte luego, que pendiente el labio de ese Médico está, que llaman Cristo; rabiando estoy, y los Médicos me llama. Ya están todos aquí, vuelve a la cama. Ya, señor, degolló Herodes al Precusor por el ruego de una mujer, que en bailando, tiene el diablo en el cuerpo. Está quejoso de ti, porque treinta Galleos, por la venganza de Juan, sabe, señor, que le has muerto? al Sol entre palos yacen, Josefo, y sus compañeros, y han llevado en caperuza, porque dártela quisieron: tan apriesa arrojas hombres a freir a los infiernos, que el pueblo confuso está. Calla villano, grosero, que por los eternos Dioses, que haré en ti, lo que hago en ellos. Yo lo doy por recibido, y callaré como un leño. Toma allá aquesta toalla, que ha sido el vil instrumento, que a mi inocencia da culpa. En toda mi vida he hecho cosa de que me arrepienta, si no esta. . Acaso has muerto otra sarta? . Si he muerto un justo, pues mi sentencia E es lo mismo que matarle. Pues, señor, qué causa te movió a hacerlo, o qué culpa hallaste en él? Ninguna, la voz del pueblo le da muerte, que yo no, en tumulto descompuesto a mi presencia llegaron Escribas, y Fariseos, y remitido de Herodes, al Profeta me trajeron, a quien unos llaman Cristo, y otros Jesús Nazareno, porque conspiró llamarse Rey del Pueblo Galileo; la acusación aclamaba, y hacerse señor del Templo, que en una Cruz merecía morir suplicio sangriento, donde infamemente mueren los que viven para serlo. Advertí en Jesús entonces tan humilde rendimiento, que aún no consintió el semblante el más leve movimiento. Y admirando sus designios e tan hijos de mis alientos, tan suyos me aficionaron, tan míos me parecieron, que su delito me infunde nueva afición en mi pecho, porque me pierdo por hombres de tan altos pensamientos. A Barrabás, y a Jesús, pueblo obstinado os presento, pues por Paseva acostumbráis darle libertad a un preso, les dije, uno es justo, y santo, otro sedicioso, y fiero, que por robos, y homicidios en la cárcel habéis puesto. A cual queréis de los dos que de libertad? queremos a que sueltes a Barrabás, y que Jesús muera a un tiempo, respondió todo el tumulto: yo admirando, yo temiendo algún motín, en señal que en su muerte no consiento, lavé mis manos, y en fin a su inclemencia le entrego, confirmando la sentencia de tan horrible decreto: Porque vi en su obstinación un ánimo tan revuelto, que a no entregarle pudieran malquistarme con Tiberio. Y así, porque no padezca mi autoridad, mi respeto, mi grandeza, mi opinión, por un informe siniestro pues ellos gustan que muera, darles este gusto quiero: muera el justo, si lo es, por los pecados ajenos. Que no es razón que se arriesga, cuando le venera el Cielo al crédito de Pilato, por un justo, mas, o menos. Qué mal has hecho señor. A lo hecho no hay remedio, No me repliques: vosotros alterad dulces acentos, y ocupando las ventanas de esta sala, vuestros ecos me impidan oír las voces con que el pueblo novelero, y obstinado, se apercibe al sacrificio sangriento de ese hombre. A servirte vamos. Un tono triste, y funesto, cantad de su muerte exequias, si no funeral lamento. La degollación de Juan en un Himno ha escrito un Griego. Cantadle, que gustaré de oír sus quejas, que debo a ese Profeta amistad, y quiero pagarle en esto. Con oír sus quejas pagas vida que le debes; bueno, yo sé que cuantos me escuchan tomaran muchas al precio. Mal hallado estoy conmigo, todo me cansa, el sosiego me falta, la luz me enoja, y la tiniebla aperezco. A eso llaman estar triste, melancólico, y suspenso. Eso es estar triste? . Sí. V Admíranme sus efectos, de conocer la tristeza, por los Dioses que me alegro. Arde holocausto, víctima humea, espira Fénix, y renace Aurora, fallece el Sol, y de su luz que vea, hasta en su eclipse ha sido precursora. El Pueblo te da muerte, él lo desea, y de ella su malicia ha sido autora, yo no detente, aguarda. Espera un poco, porque cuerdo serás, si ya estás loco; si tuviera figura el sentimiento, si la pena explicara sus enojos, si tuviera palabras el tormento, si la pasión no hablara por los ojos, si el dolor sufocado fuera centro, y si el pesar saliera a sus arrojos, razones advirtieran sus sentidos, que jamás conocieron los oídos: Qué impulso riguroso, qué inclemencia, qué destino fatal, qué adverso hado te conspiró que dieses la serstencia de muerte a un justo, en Cruz crucificado, por delito castigas la inociencia, lo inculpable condenas por pecado? Oh rompan ya mis licitas querellas principios de luz, montes de estrellas, si desdicha apeteces, ya la hallaste, si pena buscas, ya te aguarda pena mucho mayor que tú la deseaste. Tu injusticia a rigores te condona, los soberanos Dioses enojaste, teme su indignación de rigor lleva, ay de ti, si obstinada en tu porfía, Jerusalén no lloras noche, y día, los acentos que escuchas son clamores que predican, y anuncian tu delito, y tu disculpa te culpa, y son mayores los hierros que con sangre se han escrito, profetiza me aclaman, superiores son los avisos que te solicito, remédiate si puedes, huye atento de los Dioses el funebre escarmiento, que se sabrán vengar, aunque lo estorbe voraz el viento, que los riscos mueve. Torpe la tierra que sustenta el Orbe fulgido el Sol que los vapores bebe, rápida el agua que las nubes sorbe, y rico el fuego que los rayos llueve, porque en fuego, en cristal, en tierra, y viento, tiene jurisdición su Mandamiento. Mi sufrimiento acaben tus locuras. Locura es prevenir tus atenciones? Prócula basta ya, mucho me apuras. Mas se apuran en ti tus sinrazones, Para ti lo son siempre mis corduras, entendiendo al revés mis intenciones. De tu justicia tal rigor desdice. Debió de convenir, pues que lo hice, Dale vida a este justo. Ya está hecho. Teme el castigo. Nada me previerte. Di, qué esperas? Espero satisfecho, castigo justo, para eterna muerte, Llevadle, muera. Mármol es tu pecho, que no te ablanda. De ninguna suerte. Muévate mi piedad. Es sin provecho. Quédate obstinado en tu castigo. Vete que mi fortuna va conmigo. Ya estás en Jerusalén, después de haber rodeado todo el mundo, Que he llegado aquí para un gran bien imagino. Bien viviera un bien tras de tantos males, mas quien en desdichas tales jamás buen remedio espera? Necio, no habemos salido de todos prosperamente? Alborotada la gente veo. Qué estruendo, y ruido es este? Bien hallarás a tu Esposo de esta suerte. Notable alboroto! Advierte, y de él la causa sabrás. A un mal hechor crucifican, que aún el pregón no he entendido con el estruendo, y ruido. Hompre de importancia es: pues en tres sordinas bajas, y entre destempladas cajas ir al suplicio le ves. . Porque se hacia Rey, dice el pregón. Caso notable! Y ya con el hombre viene todo el mundo por la calle. Delito grande es el suyo. También podrá ser que paguen, los justos por pecadores. Ya con él al campo salen. En los hombros la Cruz lleva, en que han de crucificarle. Y ha menester Dios, y ayuda, porque pesara, que es grande, Qué afigido, que va el triste, que no hay quien de él se apiade, ni quien el rostro le limpie, pues sudando le va sangre, aguarda que con el paño. el sudor he de limpiarle, que aunque delincuente, es hombre, y también le parió madre. Dime, estás loca? qué intentas? Limpiarle aunque me maten. . Ah Verovira, a señora, atrevimiento notable! Matadla, hacedla pedazos. Monstruos sangrientos, dejadme, que el rostro le limpie a an hombre afligido, y miserable, que podrá ser que algún día Dios esta piedad me pagues Echadla a palos, y a coces, sal maldita, sal infame. Los malditos sois vosotros en quien la piedad no cabe. Ponte el velo, y tras él vamos. Bien dices; pero qué Imagen es esa? Tres son, y todas al retrato semejantes, los tres dobleces del lienzo con que el rostro le enjugaste la forma imprimieron. . Cielos! principio, y fin nuestros males tuvieron a un mismo tiempo. Cómo? El hombre que así traen es mi esposo, mira bien los rostros. Qué disparate! No son estas tres estampas al retrato semejantes? Digo que tienes razón. Ay desdicha semejante! Por este habemos corrido tantas Provincias, y mares, pasando tantos peligros, infortunios, y desastres. Por este que mi desdicha ha estado en llegar tan tarde, que fue suerte hallarle vivo. Qué importa si han de matarle. Amigo, vamos a verle, porque su rostro agradable me dice, que es más que hombre. Si hallaras quien te informase, quien es, y porque así muere; fuera, mas no ha de haber nadie que nos informe. Allí viene un hombre, que en su semblante nos muestra la compasión que tiene, del informarme quiero. Llega. Peregrina, señor, de extranjeras partes llego a esta Ciudad, que veo en confusión tan notable con este que crucifican, hacedme favor de darme noticia del hombre, Oíd, porque el suceso os espante. En el principio del mundo, donde prodigios, y asombros crió Dios, pues que la falda le pisan unos a otros. Mas que estrellas en su claro de Zafiros promontorio, las vióleras a racimos, los claveles a manojos. A escuadras las azucenas, y los jazmines a copos siendo cada cual en sí al beber del Alba el lloro. Oh ramillete de perias, o de agua de Ángeles pomo, a pisar tanta hermosura, y nacer con labio tosco, Por rapetes de espadañas, tomillos, y cinamomos, desabrochando sus senos, y desgarrando sus poros. T loda preñez montaraz parió (que beldad) copiosos escuadrones de animales, y como señor de todos, nació el hombre, salió a luz, y así que el luciente trono ocupo Rey, todo el Cielo brillo diamantes en gozo. Llegó a su cumbre en la tierra, y el Orbe todo orgulloso derribó su altivo cuello, a los pies de un hombre solo. Pecó el hombre, perdió el ser, (aunque decirlo me corro) el Palacio más Augusto, el Imperio más honroso, el mando más estendido, y el más rico patrimonio de un Cielo, y de un Paraiso, perdió por ganar de un pomo. Perdió la gracia, y quedamos sin ella, siendo forzoso, que a redimirnos viniera el Hijo del Padre propio. Las entrañas de una Virgen, que desde abeterno, solo para esto estaba dispuesta, Albor cándido, y hermoso, fragrante Aurora del día, que entre rayos luminosos le negó a Dios el poder de elegir más puro solio. Le dio albergue, vino al mundo, a pagar hoy por nosotros la palabra, y esta deuda, que Adán causó ciego, y loco. Trema y tres años fue el plazo, hoy se cumplen, y es forzoso, que a porque vivamos no otros, Ese a quien pautan heridas del compás ignominioso, que entonan voces impías, y repiten ecos roncos. Este que inocente Abel, lleva su suplicio al hombro, que lo lánguido, y cerúleo, son esmaltes de su rostro. Ese que cardenos lirios guarnecen su cuerpo a copos, que del cristal de su frente hermosean los abrojos. Ese que lirios claveles, de su diadema a manojos, corren, y adornan granates los diamantes de sus ojos. Es Jesús, que en una Cruz, antes suplicio afrentoso, ya Nave del mismo Cielo, Fénix renace amoroso. Y esa que tras el tumulto entre fatigas, y ahogos, viene buscando el Cordero, que le usurparon los lobos. Esa que apenas parece, que mueve los pies medrosos, desmayando los suspiros entre lágrimas, y polvo. Esa que tan sin consuelo, traspillado el rostro hermoso a quejas, y a parasismos anegan tiernos sollozos, es su Soberana Madre, Rosa, Estrella, olivo hermoso, Espejo, Fuente, jardín, Azucena, Cinamomo, Arca, Escala, Luna, Sol, Ciprés, Palma, Lirio, Pozo, quien soy yo: soy Nicodemus que discípulo me nombro de este Señor, y encubierto, digo sus preceptos todos, y aunque emparedado acabe a manos de aquestos monstruos, no he de dejar mi Maestro, sin darle sepulcro honroso: vos señora que llegáis en día tan prodigioso, que veis morir el Cordero, de quien Juan dio testimonio, ahora, ahora que queda esta Nave sin Pilato, este apriseo sin pastor, esta mina sin tesoro, aqueste cuerpo sin alma, esta vala sin coloso. Aquesta concha sin perla, esta Esposa sin Esposo, esta hyedra sin arrimo, aquesta parra sin olmo, sin luz aqueste hemisferio, y en fin sin Dios, que es el todo, Con las hijas de Sion alternad fúnebres coros, que el sentimiento me lleva sin mí, tan triste, y lloroso. Aguarda voz soberana, que bien me das a entender, que espíritu debes ser vestido de carne humana. Y vos Esposo Divino, aguardad a vuestra Esposa, ya que fue tan venturosa, que el rostro a limpiaros vino. Bien empleados tormentos, bien empleados pesares, caminos, desiertos, mares, pues logro mis pensamientos. Donde yo hallaré a mi Esposo Jesús, que hombre, y que Dios es, o siempre dichosos pies! oh viaje venturoso! vamos a verle morir, pues que por nosotros muere. Vamos, mas el Cielo quiere sin duda a la tierra hundir. Qué espantoso terremoto, válgame mi Esposo santo! muerta soy! . Muero de espanto. Sus vidrieras arrojó el Cielo. El Sol se ha eclipsado. Todo es noche, y desconsuelo, esto es decir tierra, y Cielo, que su Hacedor ha espirado.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Notable prodigio ha sido, dime, que resucitó, Centurión, el Profeta? . Yo la verdad te he referido. . Bien pudieras remediar lo que mi amor te avisó. Qué importó matarle yo, si el sabe resucitar. Pudiera tu adversa suerte ser más piadosa, y atenta. Si ya está vivo, haga cuenta que yo no le di la muerte. Hay más extraño suceso! Aunque la muerte le di, divinidad conocí en él. Di, tuviste seso habiéndole conocido en matarle? . Por dar gusto al pueblo, di muerte al justo. Lindamente ha respondido, a pero teme su rigor. Quién me ha de pedir la muerte? Madre tiene. . Es pobre. Advierte en su inefable valor, Cenurión tú has de feriarme esa túnica de Cristo, que por lo que en él he visto ha de venir a importarme: ponle el nombre que quisieres, no repares en el precio. De darte gusto me precio, y así si servirte quieres de ella, voy por ella. . Gusto me haces, a mas no la quiero sin dinero. Qué dinero me das? Si el precio del justo fue treinta dineros, hoy los mismos te doy por ella. Pues voy señor a traerla, y el alma en ella te doy. Esta tengo de llevar Prócula siempre vestida, que me ha de imporar la vida, y el honor de importar, y pienso con ella ser señor del Romano Imperio. g Un privado de Liberio de Roma te viene a ver, no trae acompañamiento, más nobleza manifiesta. Gran novedad es aquesta. Yo excuso el recibimiento, Tiburino Boluciano, señor en Jerusalén, tanta merced, tanto bien? Poncio, al César soberano esta visita debéis, que por él a veros vengo, aunque a buena suerte tengo, que vos siempre me mandéis: y porque aquesta visita pide, Toncio, brevedad, a lo que vengo, escuhad. La voz pública acredita, a un Médico Palestino, y como el Emperador, de un incurable dolor, por no visto Peregrino, padece, y después de aver la medicina juntado del mundo, y no haber dejado remedio humano, por ser la fama tan peregrina de este Médico, y por él me envía, por ver que en él consiste lu medicina, porque le han dicho que da vista a ciegos, vida a muertos; y así en remedios tan ciertos, cierto su remedio está: yo había de haber llegado antes, mas el mar furioso, arrogante, y proceloso, al César no ha respetado, antes el Viernes, en él B pu la celestial pesadumbre vimos tres horas sin lumbre en tempestad tan cruel, que acabarse parecía la ni turaleza, dando silbos, y bremondo los montes sel agua fría. Médico en judra? . Sí. De tanta opinión, y fama; sabés su nombre? . Se llama Cristo. . Cristo? En Roma así le nombran, no tienes de él noticia? Ese era un Profeta de vida santa, y perfecta. . Pues Poncio, el César por él me envía, que en él consiste su saluda haz que al momento venga, que partirme intento. Sin descansar; si supiste su nombre, como su muerte ignoras, no te han contado, qué murió crucificado? . Cómo, Cristo es muerto? . Advierte. Que he de advertir, cuando voy sin él a Tiberio, y cuando Tiberio está imaginando, que en él la salud le doy: quién mandó matarle? . Yo. Por qué culpa? . Por ninguna. Pues si en él no hallaste alguna, qué fiera di, te incitó a dar muerte a un inocente? Solo por apaciguar el pueblo le hice matar, Buen Juez! buen Presidente! harate dignos favores el Célar, si a un justo das muerte, por solo el gusto de ingratos, y pecadores. Si en Cristo culpa no hallaste, por qué la muelte le diste? por qué culpado lo hiciste? y en culparle te culpaste? culpa al inculpable, pena al inocente; qué furia movió la lengua, a la injuria, que te infama, y te condena? Si lo has hecho por dejar de tu justicia memoria, nombre eterno, inmortal gloria, en la fama has de gozar, memorable te ha de hacer, esta crueldad que en ti he visto, diciendo que murió Cristo debajo de tu poder. Si yo le maté, su muerte dobía de convenir al pueblo, pues resistir no pude rigor tan fuerte de sus intentos tiranos, la inocencia me disculpa, ni en su muerte tengo culpa, que ya me lavé las manos. Cuando al inocente das la muerte por medios vanos, Poncio te lavas las manos, y dices que libre estás: pues el pueblo a quien temiste. castigando este delito quizá a Tiberio le ha escrito culpas que no cometiste, y de sus intentos vanos también libres quedarán, que la muerte te darán, y se lavarán las manos. Si aquesto no castigas a nuevos alborotos nos obligas. 2. Castiga esta tirana, pues nuestra ley siendo Gentil profana, Fieras, verdad os digo, y si verdades no son, venga el castigo. Hebreos nobeleros, siempre en nuevo rigor ministros fieros, qué tumulto de gente es este? habéis hallado otro inocente? Esta mujer traemos, que perturba las leyes que tenemos, harnos, Poncio justicia, de su inorme maldad, de su malicia; dice que es Jesucristo ese que en Cruz morir el pueblo ha visto, su Soberano Esposo, y Dios Omni potente, y poderoso, que su muerte deroga la ley de la rebelde Sinagoga, y nueva ley promulga, y a voces por las calles la divulga; y con aqueste lienzo (cosa que de decido me avergüenzo) a cuantas topa con el favor sana de Bercebú Mentís nación tirana, que salud les da él nombre de mi Esposo Jesús que es Dios, y Hombre. Yo ya llevo conmigo, para contar al César el castigo, que en el Profeta hiciste sin culpa. Tiburino, jamás triste me puso ese suceso, yo con su muerte fulminé proceso, aunque de mí ha triunfado, que hay gente que le vio resucitado, y que vivo le ha visto. Solo a Jerusalén vine por Cristo, y a Roma sin él vuelvo, del enojo del César no te absuelvo, no excuso tu castigo. Vete, que mi fortuna irá conmigo. Que no temas es posible el rigor del César? . No. Pues yo si le temo. . Y yo, que un soberano es terrible. Sucederme es imposible mal suceso eternamente. La sangre de este inocente, fuerza es que venganza cobre. Calla, que es sangre de pobre, que no se escucha, ni siente: viste algún Juez jamás por un pobre castigado? el muerto es el desdichado. Y el que lo mató es más. A Roma he de ir, y vestida la túnica he de llevar, que en su deidad he de hallar pasaportes de mi vida Tiberio que a sus tiranos rigores vence mi estrella ven a Roma Ten Labo mis manos. Aquí Vuestra Majestad puede divertirse un poco. Si el dolor me tiene loco, vencerlo es dificultad? Para divertirte Roma, en tan enormes tormentos, varios entretenimientos, señor a su cargo toma. Más valiera que tomara a su cargo mi dolor. A poderlo hacer señor, luego el dolor te aliviara; pero la humana grandeza no se excusa de esta ley, que está un soberano Rey sujeto a naturaleza. Válgame el Cielo! aunque quiero divertirme, este dolor me saca de mí Mejor aquí entretenerte espero. Qué ruido es este? Hh llegado Tiburino, y ya comienza a celebrar toda Roma tu salud, eso festejan con voces. Aquesos pies César invicto, merezcan mis labios. Oh Tiburino, alza, bienvenido seas, viene el Médico contigo, de quien el mundo desea su remedio, y mi salud. qué enmudeces? de qué tiemblas? Enmudezco gran señor, de ver que el remedio esperas de mí, y tiemblo aquí de ver, que sin el remedio venga. Fuiste a Judea? . Señor, fui a Judea. . Y en judea no hallaste el remedio? Halle ya en ella muerto al Profeta. Qué Profeta? . Cristo. Cristo! Palestina, y Galilea así le llama. Si es muerto, Tiburino, muera el César, que este remedio solo esperaba. Su fiera, y sangrienta muerte puedes saber gran señor por esta, que el Presidente te escribe. Luego murió con violencia? Crucificado murió, señor, por culpas ajenas, que esto da a entender aquel que padece sin tenerlas. En esta carta Pilato, que es justo, y santo, confiesa; y que por dar gusto al pueblo a tan bárbara sentencia le candenó, hay tal maldad, qué esto por dar gusto hiciera! Por sus soberanas obras, ser más que hombre manifiesta, y muchos le llaman Dios, y tus Imperios desprecian, y entre ellos esta mujer que traigo a tus ojos presa. C Eres Hebrea? . Señor, Gentil soy, mas ya comienza en mí, después que en María, segunda naturaleza: y así ya de Cristo soy, Cristiana y para que creas, que su poder es eterno, y que tu iperio es miseria. De ese dolor insufrible, g que con tantas experiencias, no se ha podido aplacar, solamente con que veas aquí seis estampas santas, has de quedar libre. Inmensa es su virtud, pues así libre su rigor me deja: O Imágenes soberanas! Oh inefable omnipotencia! ya descanso ay Tiburino, dime, qué mujer es esta? Esposa de Cristo soy, y estas estampas eternas, Imágenes soberanas de su rostro, El lienzo muestra, Al lienzo te postras? Veo aiburino tal grandeza en los rostros, que me obligan a miedo, y a reverencia; como sacaste estas copias tan parecidas, y bellas? Escucha, y de sus prodigios te haré relación pequeña. En la campaña vivía con recato, y con hacienda; cuando un hombre Peregrino, y de Nación Nazarena, llegó con este retrato, de cuya hermosa presencia enamorada, y perdida salí, midiendo la tierra, el orignal buscando de su natural belleza; y al fin de muchos peligros, en mares, islas desiertas, a Jerusalén un día llegué en que las culpas nuestras llevaba el Cordero afable a la más gloriosa ofrenda. iso Llegué digo, cuando a Cla vi con la cara sangrienta, que la envidia le llevaba con enojo, y con soberbia. Y movida a compasión, vi, su angustia, y su tristeza, sin conocerle, por ver en tal rigor tal paciencia. Quíteme para limpiarle el velo de mi cabeza donde estampadas quedaron de su cara en sangre envuelta, y sudor, estas ties caras, y conocile por ellas, ser de ese retrato mismo, señor, una copia misma, y vi, que era el que buscaba Dios del Cielo, y de la tierra. Bien dices, entre mis Dioses se ponga Cristo, y se tenga por Dios prodigioso, y labren su estatua de blanca piedra. Qué estás bueno? n Bueno estoy, g lo que Médicos, ni hierbas no hicieron, hizo la vista de estos retratos, celebra mi salud, y este milagro en toda Roma se sepa, y tu pídeme mercedes, porque mi grandeza veas. Que esta muerte, señor, vengues solo te pido. Pues muera Poncio Pilato, de quien mil agravios, y mil quejas oigo cada día, vayan por él porque en mi presencia, mas le han de hacer dos mil pedazos, y las crueldades más fieras en él se han de ejecutar, que es justo que así padezca de decos hizo al justo, por dar gusto a la fiereza, El mismo en aquesta carta que te ha escrito se condena. Poncio Pilato, señor, está aguardando a la puerta de la antecámara, y pide de besar tus pies licencia. Poncio Pilato; qué dices? Que Poncio Pilato espera, y en la antecámara aguarda. Atrevida desvergüenza; salid, y matadle. Vamos. Vamos, mas él señor entra. Dame esa daga, que yo le he de matar. Si el que llega a esos soberanos pies, a quien las naciones tiemblan, y a quien obedece el mundo, está libre por franqueza de cualquier exceso, y crimen, o delito que cometa: yo, señor, que a esos pies llego, llenos de amor, y clemencia, con mayor seguridad es justo que el miedo pierda; pues falsas acusaciones; son, señor, las que me fuerzan a buscar amparo en ti; la túnica me defienda, o pues que vestida la traigo. De vuestra mucha prudencia estoy satisfecho Poncio, que vuestras armas, y letras en igual confermidad, mi Monarquía acrecientan: le vantad, dadme los brazos, que brazos que me conservan es justo que me honre de ellos. Cielos, qué mudanza es esta! Hechizo debe de ser, que después que en su presencia le ha visto le quiere bien. Yo también darle quisiera mis brazos. . Bien te ha cumplido la palabra el César. Sea un cuarto de mi Palacio Pilato posada vuestra, el cuarto que al Tiber sale le dad a Poncio. . Que muestras mayores de su ventura. Id a descansar. El César le ha salido acompañando, Tiburino hasta la puerta. Dicha es suya. . Predominan sobre el poder las Estrellas. Así la palabra cumples? así a mi Esposo le vengas? Bien dices, muera este ingrato. Qué impertinente fiereza, si en viéndole le perdona. Tiburino, que se atreva este a mí! muera matadle. Si no atajas su soberbia, se ha de oponer a tu Imperio. Que con las manos sangrientas del justo llegue a tus menos, y que el respero te pierda. Muera este tirano, hola, llamerde, este monstruo vuelva al castigo, que no hay donde la sangre mejor parezca de un tirano, que en los solios recamados de oro, y perlas. , . Ya está aquí, No sé que en él veo, que el furor suspende, no sé que Dios le defiende, y muda el tirano en fiel, fiero, enojado, y cruel le hice llamar, y resisto mi error después que le he visto, sin duda en lo que discierno, o hay mucho en él de infierno, o hay en el algo de Cristo. Hanme dicho, gran señor, que me llamas? . Poncio sí, en viéndole suspendí mi cólera, y mi rigor, lo que fue enojo es amor. A tus pies estoy. . Detente, Poncio, discreto, y prudente, qué tienes, que aunque enojado estoy, mi enojo he templado? Tengo mucho de inocente: de tu enojo, y mi delito, proceso cerrado soy, que aunque condenado estoy; me defiende el sobre escrito: soy quien te aplaco, y te incito, soy entre nieve, y carbón, una horrenda confusión, que cubierta de luz viene, y soy espada que tiene valor por la guarnición. Soy furor de paz cubierto, lobo de oveja vestido, d y matador retraído a la casa del que ha muerto. Mar fiero en tranquilo puerto, estoque de hombre mal quisto, que en vaina ajena me he visto, y en fin pues verdad te trato, soy por de dentro Pilato, y por desuera soy Cristo: Mira que mandas, señor, de Cristo, y Pilato juntos? Que te recojas, por punto me va aumentando el amor. En esto paró el rigor. Poncio este diamante toma. Belaré tus pies. En Roma te he de hacer más amistad, no sé qué oculta deidad en él me suspende, y doma, quiero matarle cruel, y tiemblo cuando le veo, darle la muerte deseo ahora que estoy sin él. Es la túnica de aquel Profeta a quien dio la muerte, que vestidatrae, y advierte, que era traje Nazareno, y no Romano. . Condeno si es así su dicha, y suerte: a id, y quitádsela luego, y quitada le matad. Qué cometa la maldad, y halle en la ofensa sosiego! hoy el Senado a mi ruego entre sus Dioses pondrá a Cristo, y hoy morirá quien cruel muerte le dio. Este criado intentó (el gran señor, lo dirá, y yo con él) más apenas quitarla quisimos, cuando atrás volvimos temblando, sin pulso, y sangre en las venas, y si en secreto no ordenas quitársela por engaño, no podrás hacerle daño. Vamos, y le engañare. De qué suerte? . Mandaré que entre conmigo en el baño. Notable advertencia fue la túvica. . No está en ella la suerte, sino en la Estrella que en mi Ocidente se ve, el que muere es desdichado, que ningún Juez murió por matar. . Mil veces yo al Juez he comparado al Médico, De qué suerte? Estos sin hlacer delito dan la nuerte por escrito, y notifican la muerte: un Filésoso decía que por su decencia callo. . Qué? De un recipe a un falso poca diferencia había. Deliros castiga el Juez, tu Poncio un justo mataste. No pude estorbar su muerte; pero debió de importarme sin duda. . Venganza pido aquella inocente sangre. Inocente estoy en ella, no haya miedo que me alcance. Esta es la digna justicia, qua Dios a Pilato hace, por castigo de sus culpas, quien tal hace que tal pague. Quién canta en este jardín semejantes disparates? Señor, yo cantar no he oído, ni en el jardín hay quien cante, Tampoco oíste cadenas? Cadenas? . Cadenas? Baste, un pregón decid no oísteis? itntrae eria no oísteis amenazarme con el infierno, diciendo, quien tal hace, que tal pague? Yo no oí nada. . Ni yo. Por los Dioses inmortales, que lo oísteis, y negáis la verdad. Señor. . Dejadme, idos de aquí. . Ya comienza aquella mocente sangre a dar voces contra ti. Tu gustas de que me maten, Prócula, según me cansas, con aquestos disparates: vete de aquí, o vive el Cielo que aqueste acero haga examen de tu vida. . Ya me voy, Poncio, no quiero cansarte. Ni me veas, ni me nombres. Déjote por incurable en tus locuras. No puedo arrepentirme, Mal haces. A lo hecho no hay remedio. Perdón pide, y salvaraste. Que es perdón, cuad seripsi, scripsi, dije una vez, y tornarme atrás, será cobardía: Idos los dos, y dejadme. Que para que a mi valor no le valgan los disfraces, y al atrevido castigue, para que otra vez no cante verlos tan contra mi honor, la túnica he de quitarme. Y he de ver si en el jardín hay quien cante disparates. Por aquí sonó la voz, estos cuadros de arrayanes he de examinar primero, y no me ha de quedar calle en el jardín que no busque, por ver si puedo encontrarle Hasta el jardín has entrado, gran señor, sin verte nadie. Si la túnica le quito, verás Tiburino darle la muerte más rigurosa, que ha podido imaginarse de los tiranos Autores de tormentos y crueldades. Nadien parece. . Señor, dando voces por las calles del jardín Poncio desnudo, parece en sus flores áspid. Su manto está allí. Y allí (castigo de Dios notable!) la túnica. . Qué me dices? Qué es la túnica. a Pues dale la muerte, si no se deza prender; as a haz presto que llanen mi guarda, y si se resiste, heridle y despedazadle. Muera Poncio. Muera Poncio. Por aquí va, no se escape. Voz cobarde, espera, aguarda. Muera. Que aguardo, matadle. El mundo viene tras mí, aquí para defenderme la túnica he de ponerme del que azoté, y perseguí. Ma ay! que ya no está aquí, el Cielo se la llevó, para que padezca yo, en justo castigo eterno, y pague yo en el infierno, culpas que él no cometió, En esto paró mi suerte, en esto paro mi dicha, porque es la mayor desdicha de todas la mala muerte. Ya sobre mis rayos vierte el Cielo, y el viento brama, a voces cruel me llama, para que mi vida estrague. Quién tal hace que tal pague. . Oh vil, fuese en humo, y llama, de toda piedad ajeno, con justicia me señalo hoy por el hombre más malo, que dio la muerte al más bueno: y si a muerte me condenó, que pena, o muerte mayor podré hallar que mi rigor, ni que más al mundo asombre, que el que ha sido el peor hombre, de muerte al hombre peor; no triunfe el César de mí, no sea en todo prodigioso, muriendo seré dichoso, pues yo mi dicha vencí: muere así, padezca así, para que el mundo se asombre, un hombre de tal renombre, que por triunfar de su suerte, él mismo se dio la muerte Aquí mataron un hombre. Si hombre en esa Cruz murió yo le maté, mas si aquí Cristo, padeció por mí, él se mató, que yo no si Cristo aquí padeció, y hombre a un tiempo, cierto fue que yo la parte acabe de hombre, con que bien se ha visto, que él se mató cuanto a Cristo, yo cuanto a hombre le mate, pero que blasón aquí mayor alcanzo, y conquisto, e; si aún para matarse Cristo me hubo menester a mí: En cuanto a hombre desmentí su ser, porque en corta cefera, por mi padecer pudiera, y así el justo, aunque me asombre si aquí mataron un hombre, que aquí quien le mató muera. Hoy Cristo vos me matáis, y en el Tribunal os veo en la Cruz, y como a reo maldito me sentenciáis, a la justicia me dais, que me hiera, y no me amague, que me confunda, y estrague, por perverlo, y por ma quisto, si esta justicia hace Cristo, quien tal hace, que tal pague. Ya queda mujer tu Dios en el Capitolio sacro, y ya mande por edicto, que no prendan los Cristianos, y aunque pudiera mandar encerrar en mis Herarios la túnica, y lienzo a ti de su custodia te encargo; pero qué prodigio es este? Gran señor, Poncio Pilato se ha dado la muerte él mismo. Hallar ministro más malo en su castigo no pudo, que a sí mismo aqueste ingrato: haced sacarlo de aquí, y sea en aquestos campos oepasto de aves, y de fieras, pues él fue fiera en su trato: ya te ha vengado tu Dios dando al agresor el pago. Mil veces vendito sea. En mi ponder han quedado las joyvas, y las riquezas, los tesoros ay los vasos, que en Jerusalén al Templo spó Poncio Pilato. Pues dado a aquesa mujer, y la túnica, y retratos labrara en su tierra un Templo. En tu poder sol erano. Cristo viva. . Dando fin con portento tan extraño, la vida, y muerte de Poncio, el Dichoso Desdichado.