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Texto digital de La ventura sin buscalla

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Atribución tradicional
Lope de Vega Carpio
Atribución estilometría
Lope de Vega Carpio Segura
Género
Comedia
Procedencia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La ventura sin buscalla. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/ventura-sin-buscalla-la.

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LA VENTURA SIN BUSCALLA

JORNADA PRIMERA

Este es mi intento. . Señor, mira que es terrible intento. Desmayas mi pensamiento siendo, otabio, en tu favor. Conozco el bien que me haces, pero imagio también, en la grandeza del bien, que como el Sol me deshaces. Otabio, no son los Reyes poderosos en las cosas fáciles, en las forzosas estableciendo las leyes, Entonces se ve el poder cuando alcanza lo imposible, que todo lo que es posible cualquiera lo puede hacer, En sus Ethio que Aristoteles decía, que Dios hacer no podía no haber sido lo que fue. Solo este imposible halló, y tú le quieres poner en ser lo que puede ser, y que puedo hacerlo yo? Señor, al poder que tienes no es lo posible imposible, imposible es lo posible cuando a ejecutarlo vienes. Sin consultar la razón, que es el alma de la ley. cosa que pide en un Rey más resputo y atención Los Jurisconsultos tienen, por difícil cualquier cosa, que es solo al Rey poderosa, y es májima en que convienen. Pues a poder soberano de los demás se remite, que con ninguno compite. También dijo el gran Romano, Que en las cosas grandes puso la misma naturaleza disicultad. . Su grandeza en esa parte antepuso Al poder, mas no al saber. Dejemos filosofías, que en tu bien que me desvías disminuyes mi poder. En quererte casar yo con mi hermana, que imposible se halla, pues fue posible cuanto quiso a quién amó? Subirte de un vil estado al que tienes y mereces, hase visto tantas veces, que ya me tienen cansado Las historias que lo escriben, y las lenguas que lo cuentan, que honrar los Reyes intentan a los que en su gracia viven. Lo que me has de agradecer, es, que dándote a mi hermana se pueda en cosa tan llana mi grande amor conocer. Que si dar la sangre es hoy lo más que hace el más amigo, el mundo será testigo que en mi hermana te la doy. No hay respuesta, si no echarme a tus pies, que si hasta aquí tu voluntad resisti, era por indigno hallarme De subir a tanto bien, que si a la humildad le mido en que sabes que he nacido es imposible también. Mas si quieres levantarme cuanto yo humillarme quiero, y de un pobre Caballero a tu grandeza igualarme, Ya no es justo resistirme porque soy débil vapor, que el Sol de tu resplandor quiere a sus rayos subirme. Mi hermana viene, allí quiero que te escondas. . Yo señor lo que espero en tu valor en mi humildad desespero. s Dícenme, que me ha llamado vuestra Alteza. . Ansí es verda porque tengo voluntad, Lisarda, de darte estado, Y como yo no le tengo, el de matrimonio es justo darte, Lisarda, a tu gusto. A lo que me mmandas vengo, Con la obediencia debida, que en lugar de padre estás, Con nada me obligarás, como siendo agradecida. Mi amor se echará de ver, Lisarda; y cuanto yo soy, en que marido te doy antes de tener mujer. Y ójala tu sucesión sea, Lisarda, a mi gusto. Siempre excedes de lo justo por amorosa afición: Mucho deslustra el poder, y en ti se debe culpar, tener extremo en amar, y extremo en aborrecer. Ama y aborrece un medio. Es esta mi condición, y dar medio a mi afición es negocio sin remedio, Demás que llamarte a ti es muy razonable y justo. De casarme tienes gusto? Si hermana, Lisarda, sí. Es mi primo el que te ha puesto en este intento? . Él me escribe, y en esa esperanza vive. Justo pensamiento. . Honesto; Pero no has de ser mujer de quien te aparte de mí, que quiero tenerte aquí por si me has de suceder. Dios te guarde muchos años, mas cómo estaré casada y contigo? . Si te agrada vivir en Reinos extraños, Y no estar conmigo, es cosa de que tendré sentimiento. No entiendes mi pensamiento, ni mi obediencia forzosa. Si ha de ser a quien des tu hermana por igual tuyo, no ha de llevar lo que es suyo adónde sin ello estés? No te casaré con Rey, si no haré un Rey que suceda en mi Reino. . Que esto pueda amor? . En amor no hay ley, Y pues ya me he declarado, lazme gusto, pues tenerte conmigo de aquesta suerte a casarte me ha obligado. Todo es amor que te tengo. Y a qué Príncipe me das? No me entiendes, lejos vas cuando yo tan cerca vengo. Quién tengo cerca de mí de quién me sirva mejor? a quién tengo más amor? Es Otabio? . Hermana, sí. Otabio, aquel tu criado tan bajamente nacido? Lo que Otavio me ha servido a lo que ves me ha obligado. Sus partes no las juzgué por los padres que no vi, sus muchas virtudes si, y estas yo las vi, y las fe. No he mirado el esterior que con la sangre se hereda, sino el alma, porque pueda hacer elección mejor. Es un alma la de otanio, a a quien le viniera estrecho de cualquiera Rey el pecho. Hacesme notable agravio; O pretendes, si lo fundo, en querer como has querido darme un alma por marido, casarme en el otro mundo, Yo con el alma de Otabio, que cosas puedo tratar, tú si podrás estimar un consejero tan sabio. Que las mujeres, señor, y más de mi calidad. no en vana curlosidad hemos fundado el honor. Será bueno para ti, será discreto y leal. Cómo respondes tan mal? Qué tan mal te respondí? no has hecho a Otabio de nada, No era ayer? quiero callar. Dos cosas suelen ganar, que son la pluma, y la espada, Los Imperios de la tierra de estas los Reyes se hicieron, que sus coronas tuvieron, Pues mira si empaz, y en guerra ha mostrado su valor, y si merece Reinar. Dame un poco de lugar para pensarlo, señor. De buena gana, Lisarda, ve con Dios, libertad tienes. Él te guarde. n Qué a esto vienes! Otabio, qué te acobarda? Déjame a mí, que yo sé o que me está bien, o mal. El ser yo tan desigual causa de ofenderla fue. O tabio, aqueste es mi gusto, y el gusto en la Majestad no tiene desigualdad, esto quiero; y esto es justo. Si esto mando, y esto quiero, sirva en aquesta ocasión la voluntad de razón. Que se ha de alterar espero Tu Reino también. . No hará, que yo le pondré sosiego. Que no lo intentes te ruego si tu amor contento está De que se haya conocido al extremo que ha llegado: advierte que el Rey Conrado es de Lisarda marido Por última voluntad expresa en el testamento de tu padre. . De su intento apela mi voluntad, Mi padre, que tano amor tuvo al Lisarda, quería darle una parte en Ungría, que es del Reya lo mejor; Pero yo no he de querer que otro señor viva dentro, que un Reino, un alma, y un cena como el cuerpo ha de tener? No ha de entrar aquí un criado ni ser de Lisarda esposo. Será el disgusto forzoso. Ya estás, Otabio, pesado; Mira que réplicas mal: y en los Reyes hay extremos, que en los amigos bebemos, como en tazas de cristal. No se ha de hallar en sus pecho un átomo de disgusto. Digo, que tu gusto es justo. Tratando yo tus provechos Andas tú con desengaños? Perdona si te ofendí. Que más te pesara a ti si yo tratara tus daños? Dices bien. . Esto es forzo! No hay instrumento acordado que quiera estar más templado que el gusto de un poderoso. Pésame de haber traído un ignorante a la Corte, pues para cosa que importe ni puedo, ni iré seavido. Bestia ve compuesto y grave. Díjete yo en mi lugar, que era bueno para andar en esta confusa nave? Y tú no echabas de ver, que era un pobre labrador? Ponte el vestido mejor. Que me tengo de poner, Si vivo sin libertad preso en la dura prisión de estas calzas y jubón. No hay hombre en esta ciudad Que no me mire por ti, y es muy lindo este cuidado, para venir embozado. Tengo yo la culpa? . Sí. No temías mil criados, como señor del lugar, enseñados a tratar estos haros bigarrados? Con que intento me sacabas del arado, y de los vueves, ya que a ver cortes de Reyes Carlos, te determinabas? Serón, aunque pobre, vivo a cualquier villano igual, soy de la sangre Real, de ella mi origen recibo. Estoy en tu pobre aldea desde el día en que nací, contento de ver que allí no hay otro que mejor sea. Oigo contar las grandezas de la Corte, y el deseo me trujo donde ya veo su hermosura, y sus riquezas. Por venir más encubierto no quise traer criado de los que andan a mi lado, pero fue mi engaño cierto. Pues haciéndote vestir en traje de Cortesano, me señalan con la mano, y los provoco a reír. Note pares a las cosas que vieres, pasa adelante. Que me pareino te espantes, si son tan bellas y hermosas. Qué te paras a vestidos Parte a que están en tiendas colgados, a aparadores honrados de mil joyas guarnecidos. A tiendas de mercaderes, de guanteros olorosos, a ver los rostros hermosos de bien vestidas mujeres, Que entre clavel y jazmín, para dar al alma antojos, van metiendo por los ojos la virilla de un chapín, Sin otras cosas que callo, o que te haga parar el ver gallardo pisar un Caballero a caballo, Desempedrando la calle a la brida, o la ginera, como pudiera un Poeta en un Romance pintarle. Disculpa tienes: mas dí, porque te has de detener a las cosas de comer? Porque de ese humor nací. Que guantero de ámbar fino dará tal confortación, como el olor de un jamón, o de una bota de vino? Párense ninfas a ti, viendo esas plumas doradas, y esas calcillas mirladas de alfeñique y caniquí, Parate a yer sombreriros por gravedad sustentados, con vigotes engomados, y cogotes de Coritos. Parate a mirar fin toca un afeitado pescueco, que era de carbón de brezo, ahora cristal de roca. Fárate a ver una bestia que vale dos mil dueados, y yo, a quien esos cuidados no pueden causar molestía, que en las cosas que sustentan que esfuerzan, y que dan vida. Los animales comida para el cuerpo solo intentan, Mas para el alma los hombres. Las almas comen? . Pues no, sustento el cielo les dío, de más levantados nombres, Boca en los ojos y oídos, gusto en el entendimiento, que el alma para sustento tiene interiores sentidos, mas esto no es para ti. Cuándo te piensas volver? En acabando de ver las grandezas que hay aquí. Pues nunca nos volveremos, que ellas infinitas son. nlo Damas vienen. . Con perdón, sino hay mozas nos iremos, Porque piensan muchas viejas que en su tiempo fueron locas, que por quitarse las tocas, han de encubrir las crisnejas, Búscalas por tu divero mozas, así Dios te guarde, aunque nos vamos más tarde. Dad licencia a un forastero Que sepa vuestra posada. No hay cosa allá que se alquile. El entendimiento afile en piedra menos gastada, Y vuélvase por acá cuando aprenda cortesía. Esta por allá sabia. Pues usela por allá. Advierta vuesa merced que soy rico, aunque soy necio, y porque de dar me precio, me suelen hacer merced, Bien lo pudiera excusar, que bien se echaba de ver. Que tan necio puede ser el que es tan discreto en dar? Que da. . Palabras y coces Palabras no, coces sí. Nunca más necio te vi. Túrbome, ya me conoces. Quiérenme escuchar sancedes dos mil palabras? . A él: A mí, que este moscatel da coces por las paredes. Cómo es su gracia? . Serón Y halo sido por ventura: Sabiendo que eran basura vine en aquesta ocasión: Lacayo pique abelante. Señoras sotas, yo soy hombre que delante voy, pero honrado y importante. Oíganle, que busoniza, y es todo unto fin sal. De que se espanta la tal, si conmigo melindriza: Agradándome va el puerco: diga hermano, de dónde es? Del mundo, que anda al reves. Y en qué entiende! . Ahora me gente cecial a mi amo. Que su despensero es? Come pescado este mes. Allí está colgado un ramo, Vaya, y tomará refresco. Esto fue todo jugar, que la Corte da lugar para el estilo burlesco, Y si vos le dais a verás, mirad qué queréis de aquí? Ay dinero? . Reina sí. Adónde? . En las faltriqueras. Que no hay más cierta libranza si la voluntad la aceta. Cóncético a lo Poeta! Haced de mi confianza, que solo vengo a gastar lo que ahorro en una aldea. Señora, decid que sea, porque el volver al lugar, Como deseo, consiste en que se acabe el dinero. Sois honrado Caballero, y es necia quien se resiste A ese talle y corteña. Que conocidas que son. Entrad. . Gallarda ocasión. De pelar en agua fría. Mas pregunta si hay criada así Dios te dé placer. Criada debe de haber. Y que no esté muy criada, que supuesto que mancebos no apetecen gente moza, un garo viejo retoza mejor con ratones nuevos. Y en la Corte las mujeres, Carlos, como verzas son, que pasada la sazón de sus buenos pareceres, Con afeites y invenciones que encubren sus perigarlos, venden unos ciertos tallos, que dicen que son bretones. Daréis al de Polonia por respuesta, Embajador, que siempre el testamento de mi padre me fue cosa molesta. Y que no puedo hacer el casamiento de Lisarda, mi hermaba, por su gusto, porque llevo contrario pensamiento. ̱. Nuevas, y con razón, de tal disgusto no sé como las lleve al Rey Conrado, pretensor del Imperio siempre Aigusto, Ni sé dónde podrás hallar cuñado de tan alto valor en todo el mundo, habiendo de tomar Lisarda estado. En vida de tu padre Segismundo se hizo este concierto y casamiento, con gusto tuyo, y con amor profundo. Después lo confirmó su testamento, el llamarse Conrado esposo suyo no fue desigualdad, ni atrevimient Tan llanamente tu respuesta arguyo, que me atrevo a pensar que te arrepientas, si das lugar a tanto rigor tuyo. Si persuadirme vanamente intentas; la comisión; Embajador, excedes, tomando a un Rey de un testamento cuentas, yo se mejor cuanto decirme puedes, y me burlo de vanas amenazas. Ya solo digo que con Dios te quedes. Vendrá a tomarme ese tu Rey las plazas. que no le quiero dar, ni se las debo, C mas que con armas, con fingidas trazas, pues vete, que antes que corone Febo los altos montes de la fuerte Ungría, en su esposo tendrá defensor nuevo. Antes que llegue de su boda el día, sobre sus muros estará Conrado, que desde aquí por mí te desafía. Di que lo acepto, y parte acompañado de ese guante, Rutilio. . De esta injuria ninguno de los dos queda afrentado, el guante al que está ausente no le injuria ni a mí por ser de Rey, y yo vasallo de quien sabrá después templar tu furia ahora aunque lo sea, sufro y callo, que a tus soldados fuertes algún día hablaré con las armas a caballo: el Rey tu señor saldréis e ̱. Tún Qué es esto? . Tu casamiento Pues a voces? . Sí, que ha dado en la pretensión Conrado de aquel necio testamento. Pues qué intentas? . Lo que intent es que Otabio sea tu esposo. Otabio? . Es ya tan forzoso, que en no lo queriendo hacer fuerza te hará su mujer, y dejarasme quejoso. L ngria. Ya quedo desafiado con el de Posonia, y sé que el guante que le tiré a su Embajador airado, querrá volverme Conrado, O y que ho excuso la guerra, orra pero i nusto se encierra n en que des la mano a Otabio, Capitán; que de su agravio sabrá defender mi tierra. Que estás pensando, que aguarda mi pensamiento indeciso? Tengo de hablar de improviso? Así me importa, Lisarda. Lo primero, me acobarda el ver que casar me mandes en presencia de tus Grandes con quien a alguno sirvio, siendo codiciada yo de Italia, de Francia, y Flandes. Y lo segundo, que sea contigo tan desdichada, que pretendas, que casada con hombre tan vil me vea, si Conrado me desea no será por las ciudades, a que tú te persuades, sin ellas podrá querer. Siempre fue propio en mujer engañar con las verdades, Cuando Conrado me diga que se casará sin dote, para que no me alborote, ni su gusto contradiga, dirá después, que me obliga de mi padre el testamento, y por pleito a su contento hará en la Rota Romana su pretensión justa y llana, y injusto mi pensamiento, Lisarda, en resolución da la mano a Orabio luego. Qué adviertas, señor, te ruego que te ciega tu afición, y que no es justa razón, que des tu hermana a un villano. Dale Lisarda la mano. Digo, que darla no quiero. Parte si hay aquí algún Caballero, que me libre de un tirano. Qué Caballero ha de haber? esas afrentas me dices? Porque no, si contradices a tu honor con tu poder. Dale la mano. . Ah de ser muerta. . Lisarda repara que te la pondré en la cara. Matárete yo. . Tú a mí? . toma. . No hay un hombre aquí? Matarela. . El furor para. El velo al rostro se echó, y de vergüenza se fue. . Esa me debe, y yo sé, que mi mano se la dio, la color que no vistio su cara con la vergüenza del golpe a salir comienza. Esto has querido, señor, para que con más rigor la dura envidia me venza. Calla, Otabio, que podría ser que hubiese para ti. Yrá tras Lisarda? . Sí. Yo, señores, no quería que el Rey intentase tal, bien sé, que soy desigual, y nunca tan atrevido, que haya este lugar vencido a mi humildad natural: Yo sé muy bien lo que soy. El hecho ha sido infmano. Con que pena, Claridano, de la pobre Infanta estoy! Vamos, que palobra os doy de mudar al inepde intento. Impide su purfiiento, que te va la viva, carabio, que es de dos Reyes agravio. y te dan por fundamento. diens abellorallans Famosamente saliste. Lo que he de empeñar se gaste. Para el camino dejaste, o todo el oremus diste? Una parte reservé. Talmada mujer. . Notable. Brava burla! . Irreparable, y de esta manera fue: En tomando los escudos, las joyuelas, y la seda. Dierasme tú la moneda, que yo la diera cien nudos. Su posada me enseñó, la cual te describo así en lo poco que allí vi, y el tiempo me permitio, Sala primera entoldada de unos damasquillos Chinos, y con sus franjones finos la de alta cenesa adornada, Unas pespuntadas sillas, y un bufete: esta pasé, y luego a la cuadra entré de las siere maravillas. Rasos nácares colgados, estrado con borlas de oro, en largo tapete moro con rapacejos dorados, Escritorios, y bufetes de cvano, y márfil hacían correspondencia, y tenían pirámides, ramilletes, Y redomillas de olor, algunos bellos retratos, que no salieron ingratos a la paga del pintor. Una perrilla a halagarme lisonjera, que como el ama lo era, sus lisonjas aprendio. Sénteme, y mándome dar colación. Llevarla vi. Vino oloroso bení con dos confites de azahar. Pásose en conversación la tarde, la noche vino, la luz la cena previno, Ya lo vi desde el balcón. Sentámonos a cenar, llamaron luego, escondiome, y cierta esclava llevome. Tienes vergüenza. . A un páia Que me dijo, que era un Conde, y una escuadra de arcabuces: vino por mi entre dos luces, y hallome la esclava. . Dónde? Sepultado entre la paja, donde en mi vida pasé tal noche: está el Ángel fue, que de una en otra tinaja Me sacó por la bodega a una puertecilla fala, mas no comerá sin salsa, llórelo la Ninsa Griega, Que esta joya le tomé de un escritorio al pasar. Vengado te has del pajar. Ventura notable fue. Yo me cansé de esperarte, y esa gente vi venir, pero procuré dormir más seguro en otra parte. Da, Carlos, gracias a Dios, que sin peligro saliste, el sabe si estave triste. Concierto fue de las dos burlarse de un forastero. Aquí en la Corte de Ungría hacen estas cada día mil burlas por el dinero. Ya no puedo detenerme, que estoy sin blanca, Seron, Bendita sea la ocasión, que tanto bien pudo hacerme. Pon ese coche al instante ya nuestra tierra nos vamos, este noche, prevengamos lo que parezca importante. Qué mañana nos iremos. Aquesta noche ha de ser, no más Corte. . Hasta poner las mulas, presto podemos; Pero por áspera tierra cómo sin regalo irás? El irme de ella no más el mayor regalo encierra. Ponte tú sayo villano, y de lacayó en cochero te transforma. . Callar quiero, paes es replicarte en vano En dándote un apretón. Bien haya mi santa aldea; viva en Corte quien desea aparato y confusión. Mas precio ver mis pastores, mis labranzas, mis aradas, que sus calles ocupadas de caballos, y señores; Mas precio ver mis zagalas salir al valle las fiestas, que sus damazas compuestas de afeites, y locas galas. Mas precio matar dos llepres, y ver sin tantas mohínas las mulas, y las gallinas convidarse en los pesebres. Mas precio sentarme al fuego de las cepas de mis viñas, y echarle las secas piñas, que se vuelven brasas luego. Mas precio acostarme en pluma sin cuidado de escribir, cuando da el Cielo en fingir montes de nevada espuma. Mas precio el ver que se ría el Alba de las estrellas, viendo que viene tras ellas con rayos de plata el día, Que todas cuantas grandezas tiene la Corte, Serón, porque estas del alma son las más preciosas riquezas. Y yo más estimo el ver la holla puesta al ogar, lleno de mosto el lagar, y el barbecho de alcacer. Mas precio traer mi carro lleno de rojas espigas, y que rebose con migas de cándida leche un tarro. Mas precio poner en sal los tasajos de un cebón, con toda la guarnición de su menudo cabal. Mas precio dormir en paja, y despertar con el día, o en una bodega fría a sombras de una tinaja, Que cuantas calcillas hay, cadenitas, discreción, zapatos de paletón, y el azulado cambray Qué es todo ese parior cuando más lo considenfíe, por agradar a mujeres y yo no he de ser muj perseguida, y desdichada, que me lleves a tu tierra. Qué te lleve, cosa extraña! No tienes en qué te sirva? Mi trato, amiga, es labranza, y allá tengo labradoras en las haciendas de casa. Una de esas seré yo, que si aquí me desamparas, luego me daré la muerte, y donde fuere mi alma llevará quejas de ti. Lástima me das, y tanta, que aunque dispárate sea llevar tan inútil carga; digo inútil, porque apenas me puede ser de importancia, tantas leguas a mi tierra por verte desesperada te quiero llevar conmigo, pues no hay mujer en mi casa, padre, o madre, que me riñan, sube en ese coche. . Calla, que podrá ser que algún día tengas. . La razón acaba. No importa. Dime tu nombre. Mi nombre dices? . Sí. . Laura Ven Laura, y seas quien fueres, pues eres mujer. . Repara en que podría ser. . Quién? La ventura sin buscall

JORNADA SEGUNDA

Su hermana me pide a mí, cuando me la esconde, y guarda por darla a Otabio? . Yo fui testigo de que Lisarda salió a valerse de ti, Si ha llegado, no lo sé. Conde Arnaldo, ni ella fue solicitada en tal caso por mí, ni me cuesta un paso, para que en mi tierra esté. Y si está, no descubierta, ni sabiendo donde está, mas si temiendo ser muerta, o mal casada, que es ya para su desdicha puerta, Se viene a valer de mí, daré Si no la tienes a no se quejará, señor, el Rey mi señor de ti. Favoreceré su intento como de propia mujer, y mal cumple el testamento de su padre, en defender el tratado casamiento. Quién es Otabio! y que Otanio iguala a un Rey como yo, y haciendo a Lisarda agravio. Amor, señor, le engañó, ignorancia del más sabio, el Reino siente también, que a tal hombre se la den, y se huelga que la tengas, digo, que a tenerla vengas, pues tú la mereces bien. Yo también he respondido, que no se halla hasta ahora, mas si esta pobre señora, que a tal estado ha venido, De mí se quiere valer, no dejaré de ampararla, porque quiero, y debo honrarla cuando él no lo sabe hacer, Y esto darás por respuesta, Arnaldo, y que si él se apresta, no me pienso yo dormir, que tengo para salir la gente en campaña puesta. En fin diré, que no sabes de Lisarda? . Así es verdad, y que a ser casos más graves, si de más autoridad alguno en el mundo sabes, No lo supiera negar por fuerza, ni por temor. Ni yo tengo que dudar Contado, de tu valor, ni mi Rey que sospechar. Guárdete el Cielo. Esto es hecho, al arma nobles vasallos, poned las lanzas al pecho, las piernas a los caballos, que todo el mundo es estrecho. Tiemble la bárbara Ungría, pues persigue una mujer, que tiene nombre de mía, pues ella lo quiere ser, y puede serlo algún día. Poned en una bandera un lobo, que a una cordera quiere matar, y un león que con el Real corazón la ampara, libra, y espera. Salid al campo esta tarde en largo y vistoso alarde, que quien ofende a mujer, no puede dejar de ser, o desdichado, o cobarde. Con razón estás celosa. Pardiez, hermana Diana, que amaneció esta mañana como el mismo Sol hermosa. De dónde ha traído aquí nuésamo aquesta mujer? Del Cielo debe de ser, del infierno para mí. Soncas que yo no tenía hartos duelos que llorar, sin que me venga a matar con esta. . Tente. . Quería vestilla el nombre pascual si la lengua no me tienes. Esa es menester que enfrenes. A mí siempre me fue mal, Que nunca Carlos me habló después de aquel nuevo engaño, por ahora cumple un año, Te habló? . En amor digo yo Que en lo demás de mandarme, haz aquesto, alcanza aquello, siempre muy tieso de cuello, bien sabe Carlos hablarme. Ay de mí, questo morida non sé que diabros me tengo, pues cuando a olvidarme vengo, si el primer amor se olvida, Me despierta este traidor con traerme esta mujer que del Rey lo puede ser, y un mármol mata de amor. Abrasome de cólera cuido que si mucho dura me han de abrir la sepultura Elviene. . Aquí aparte espera. Un áspid truje dentro de mi pecho, O entre las hierbas escondido acaso: Prové ignorante de veneno el vaso, Que ya pone mi vida en tal estrecho. A la contraria espada fui derecho, Y al vivo incendio con ligero paso, Donde apenas le digo, que me abraso A quien entre sus llamas me ha deshecho. Alíiase la pena cuando es dicha, Porque suele la queja socorrella, Y poderse quejar del mal es dicha. Mas ni tan poco bien me dio mi estrella, Que siendo por mi causa mi desdicha, Como puedo quejarme de tenerla. No ves como se lamenta, no ves que triste, y que solo, desde que se muestra Apolo, hasta que en el mar se asienta? Todas son señas de amor. Laura hermosa, Laura bella, Laura, de mi cielo estrella: laurel dijera mejor, A quien el rayo no ofende, que truje a mi casa en ti, pero entonces no te vi, la ignorancia me defiende. Ay Laura, cuando salió el Alba, y vi tu hermosura, mas que la luz clara y pura, el corazón me faltó. Allá se fue por despojos, que aunque siempre el amor fiero tuvo corazón de acero, tuviste de imán los ojos. Quién está aquí? . Yo, y Filena. Filena, quien va a llevar al campo de merendar a la gente? . Silvio, o Clena, que yo estoy muy ocupada, y Diana ha de cerner. Hazme Filena un placer de enviar a esa entonada, que truje de por allá, que anda muy grave, y es cosa para mí muy enojosa. Mejor en casa estará, Que los mozos atrevidos quizá la pecilgarán. No harán Filena. . No han y con pecilgos torcidos. Tú, Diana, di a Lerino haga ensillar una hyegua, que de ir de aquí media legua. No ha venido del molino. Pues no faltará en que ir, despacha a Laura, Filena. No ves si Carlos ordena hacerla al campo salir? Bueno va para mi mal! Anda, que quizá te engañas. Tú verás si aquestas mañas no son con intento igual. Si esta mujer suya fuera, que respeto le guardara, que amor en nada repara, y en público la tuviera? No había mozas acá, para que la trujo aquí? Filena, en llegando ahí harta sospecha me da. Altas montañas, donde el Cielo llueve Blancas defensas contra el Sol que os gasta, Amor en sus principios me contrasta, Mi pecho sepultad en vuestra nieve. Qué resistencia a su rigor se debe En una voluntad sencilla y casta, Si la del santo honor apenas basta Cuando furioso a la razón se atreve. Carlos me va mirando con vergüenza, por lo menos que me quiere creo, le de creerse amar amor empieza. ncierto el bien, y cierto el daño veo, Pues me dice el honor que huyendo venza, tiéneme los pasos el deseo. Tambiéne Calla que es atojo. . Ay cielo a quien no despiertan celos de una mujer tan hermosa? Sabes, Laura, como vas al campo con la comida? Yo? . Sí. . Si fueres servida no me lo mandes jamán. Laura, es gusto de señor, Diana ocupada está en las haciendas de acá, no hay de que tener pavor. Tonte para el Sol, si quieres, un sombrérete galán, con randas de tafetan. Laura, palaciega eres, defiéndete de los mozos. Ellos serán comedidos. Esos tus ojos polidos cubre con blancos robozos De toca de argentería, no vayas sin toca allá, que a tu hermosura será resistencia y bizarría. Del oír suelemacer cuanto mal suele venir, la toca encubre el oír, luego es honra en la mujer. Después que han aborrecido las tocas nuestras Serranas, anda a las palabras vanas mas descubierto el oído. Con ella, Laura, irás bien, y no te verán la cara. Cuando la mujer repara en los hombres que la ven, La toca no quita el daño, pues dentro el peligro veo, que el oído del deseo abre la puerta al engaño. De mí no tengas temor, aunque el consejo agradezco. Pues otro también te ofrezco para materia de honor, En que tu peligro está, y es, que si llegare a hablarte, que dice, que a cierta parte del campo a su hacienda va, No te fies de su halago, y palabras lisonjeras, que sus burlas y sas verás serán de tu honor estrago. Yo sé de su condición mal pecado estos enredos, que solo de aquellos miedos tengo mal de corazón. No hay moza en casa, ni aún fuera, que no la intente vencer, Laura, de buen parecer con su lengua lisonjera. Y como está de su parte el ser hermoso y galán, cuantas vienen, tantas van, señalar, y echar a parte. Pardiez que estoy por decirte mi desdicha, pero saebra saber, que si hoy te resquiebra, mañana has de despenrle. No te hes, tente en buenas, que las buenas han de hacer gran defensa, por tener este nombre entre las buenas. Que no me dijo una fiesta en el soto! sabe Dios lo que pasamos los dos en una y otra respuesta. Creile, bien lo pagué, seis meses ha que me mira como si fuera mentira lo que en el soto pasé. No llores, ni con tus celos, que bien sé que celos son, pongas duda en la opinión de que me honraron los Cielos. Que yo sé que soy diamante a esas burlas, y a esas verás. Cuantas blasonan de fieras con un ánimo gigante, Que tienen en la ocasión enaña la resistencia, que es nuestra antigaa dolencia ser tiernas de corazón. Dadme lo que he de llevar, que yo sé lo que me importa. Ven, que la jornada es corta. La burra quiero sacar En que la holía les lleves. Carlos avisos me han dado de que ya llevo cuidado, perderasme si te atreves. Buen ensalmo le has contado si él la llega a retozar, niéjicones le ha de dar, que venga en sangre bañado. Ay Diana, estas modernas que tan valientes las ves, hablan, hablan, y después se dejan caer de tiernas. Voto al Sol que la de ser mí eso no hay que replicar. Desde que vino al lugar no tengo paz, ni elegría. Pues yo no soy tan grosero, que a Laura no haya mirado. Yo tengo muy bien fundado mi intento, y soy el primero. Y yo pensáis que no tengo para quererla ocasión? De mi justa pretensión, Silvio, satisfecho vengo. Yo la truje de la Corte en el coche de mi amo, y así el primero me llamo. No hay cosa que en esto importe Como el tener su favor. Pues qué favor has tenido? ̱. Si no estoy favorecido, que nunca me ayude amor. Si es por favor, con el mío nadie se puede igualar. Del que yo puedo contar bastantemente confío. Pues si todos tres lo estamos pretendamos, y callemos. ̱. Todos tres, cómo podemos? Nuestros favores digamos, Y al mayor demos lugar, sin que nadie tenga queja, porque Laura no es oveja, que a cuartos se ha de llevar. Oid lo que me pasó así Dios os dé ventura: Una noche, y bien escura, Laura a la huerta bajó, Y llegando a un arroyuelo, que va corriendo sutil, metio los pies de márfil, y más hermosos del suelo, Yo subido en un lindero estuve atento mirando el arroyo, que jugando se mostraba lisonjero: Sacó una blanca toalla, no tanto como los pies, y enjugándolos después, que el Sol pudiera envidiarla, Hizo de la hierba un poyo. Que todo lo viste bien? Pues no, si estaban también dos lunas en el arroyo? Durmió un poco, y despertó, volviose en fin, yo corriendo fui al arroyo, y conociendo donde los pies se lavó Al agua puse la boca, y de beber satisfecho traigo sus pies en el pecho: mirad si la causa es poca? Mejor fueran de ternera con su ajóqueso a la fe. Oíd mi favor. . Qué fue? Será cómo aqueste? . Espera. Laura en el soto la fiesta al amanecer salio, y en el prado se sentó, mas que sus flores compuesta, Sacó luego unos papeles, y en habiéndolos leido, un dulce sueño atrevido bañó su rostro en claveles. Durmiose en fin en saliendo el Sol, que daba en los ojos, de envidia de los despojos con que le estaba venciendo. Yo depresto, que renía una hacha, corté a dos olmos los brazos, y de los colmos de su esperanza y la mía Formé una breve cabaña, y lo que ellos no cubrieron unos arroyos me dieron de su juncia y espadaña. Despertó pasada un hora, y como cerca me vio, me dijo: Si fuera yo, @ Silvio, una gran señora! Yo entonces más me acerqué, y el alma le respondío, Labradora os quiero yo, qué señora para que? Habéis contado? . Esto ha sido lo que esperanza me ha dado. Dadme un oído prestado pues os he prestado oído. Comienza. . Laura divina ayer cuidadosa entró, Dónde? . En la cocina, y yo tras ella entré en la cocina: Estaba para señor una bien compuesta holla de una pierna, y de una polla, y un torreznó en su asador, Que de guardasol servía a una perdiz, que en blancura pudiera con su hermosura competir el mismo día, El tinajón de la gente con sus tasajos estaba a otra parte, y murmuraba de mi amoroso accidente. Las coles y verenjenas que danzaban con la espuma, y a Laura también, que en suma era ocasión de mis penas. Púseme a considerar cual estaba más hermosa, la olla hirbiendo amorosa; o Laura, yando a espumar, Pero vencio la afición de la olla, porque hacía agradable melodía mis tripas danzando al son. Y al irla tomar en vano una verenjena yo, Laura el cucharon volvio, y diome un palo en la mano: Aunque serena de cara, y contento del favor, huí con mayor temor, que su desdén me causara. Diómele, y por no aguardarle a que otro palo me diera, fui rodando la escalera hasta parar en la calle. Bravo furor. . Laura viene. Qué Laura trae la comida? Cantad algo a su venida, ya Tirsi la voz previene. o tinonoras Arre acá pues, no me quiebre lu olla. . Va de canción. Jó pues, con la maldición. Razón es que la celebres. s Seáis bien venida zágala pulida, seáis bien llegada pulida zagala. Todos estos valles sotos y selvas al veros en ellos, Laura, se alegran. Flores tienen ellas, las fuentes risa; bien seáis venida cagala pulida, bien seáis llegada pulida e seáis bien llegada. A la fe, que me debéis el haber aporreado la burra por ese prado, hoy temprano comeréis. Bendiga Dios tu hermosura. Tomad esa cesta allá, y id por la holla, que está en esa verde espesura. Dígale a satisfacción cada zagal un resquiebro. Yo soy un rústico enebro, y un pollino. . Y yo un león. Zagala, yo estoy por ti como huevos en sarten. Y yo Laura. . Mirá bien lo que dejáis para mí. Estoy como están las flores, que se alanbican al fuego. Y yo a tanta hambre llego, o Laura, por tus amores, Que en la holla voy a dar para ver si se me quita. Vamos con relincho, y grita. A Laura pienso brindar. e Por que varios cáminos la fortuna Me ha traído al estado en que me veo, Cuando de mí no espera más trofeo El amor, que me siga la fortuna, Bajé desde los cercos de la cuna A las profundas aguas de Lereo, Donde, ni es poco bien, ni le deseo, Tal es mi mal sin esperanza alguna, Carlos es bien nacido, mas qué importa Si no puedo decirle el desengaño, Ni el engaño en la pena me reporta? Yo moriré por no decir mi daño, Porque no puede haber dicha más corta, Que no poder valerse del engaño. Ya no podéis excusar corazón esta batalla, animad los pies cobardes, mirad que tocan al arma, Tano es tiempo de temor, no es fiera Laura, que aguarda vuestro encogido silencio? y vos no vais a enojarla Con decirle pesadumbres, que no sé yo quien se enfada, que otra persona le diga: señora, mi alma os ama. Parte ao. Ahora bien, quiero ensayarme a estudiar tiernas palabras con qué decirle mi amor, Laura: bien entro por Laura, que el nombre enternece mucho, Laura, aquella noche amarga, que mal dije amarga noche! antes dulce, alegre y clara, Laura, aquella dulce noche que saliste de tu casa, y yo te haslé, me dijiste llorando. Qué larga entrada! y para resoluciones no ha de haber entradas largas, Laura, cuando yo te vi: ahora que sirve estudiarlas, si en viéndola he de turbarme. Amor que me dio esperanzas para tan altas, empresas, también me dará palabras con qué decirte mi amor. Laura, bella. . Tu criada, señor mío, has de decir: No en balde celosa estaba Filena, amor luz en vidro, que presto enseñas el alma! Laura, a Filena le dije, que te diese esta mañana la comida de esta gente, que en mis labranzas trabaja, No fue, que ya tú lo sabes, porque criados me faltan, aunque retirado vivo al pie de estas sierras altas. Que soy pariente del Rey, a desgracia cuyo padre del suyo, vivio en destierro, y mi calidad es tanta, Que la he querido encubrir a sombra de estas montañas, que pienso que no pudieran si acaso fueran más bajas, El intento ha sido hablarte, y decirte, que me mata de esa tu rara hermosura, donde si tú lo dudaras, Pudiera aquí sin testigos, entre aquestas verdes plantas quejarme de tu crueldad, deshaciendo las entrañas En crédito de mi pena mas lágrimas, que palabras: ya sabes quien soy, ya saber, Carlos lo que dices basta, Pobre mujer he nacido, pero con extremo honrada, de ti me amparé, no es justo que mayor daño me hagas, Pues nunca los Caballeros a las mujeres agravian: tu criada soy también, y que vivo en confianza de tu valor. . Laura mía, desde que, te vi la cara en el coche, porque en ella salió más temprano el Alba, Te di el alma, y me perdí, luego la poca distancia del coche daba ocasión a más abrasarme el alma. Callé por respeto justo, callé, no te dije nada: veniste, Laura, a mi aldea, veniste, Laura, a mi casa. Callé también, divirtiendo mi pensamiento en la caza, mas qué importaban las selvas si en el alma te llevaba: En resolución me muero, tú me pierdes, tú me abrasas: serás mía, o pasareme mil almas con esta espada. Carlos, Carlos, ya me han dio tus lisonjas, que te cansas en fingirme penas tuyas? si de esta suerte me tratas poco viviré contigo. Laura a si me desengañas! No te duele a ti mi honor, joya que tengo guardada como reliquia en el pecho, y hanme de doler tus ansias? déjame pasar. . Detente, mira que mi muerte causas. Ya se que estás muy enfermo, paro que remedio aguardas, de quien no dará su honor por todo el oro de Arabia: los diamantes de la India, y las perlas de Cubagua, déjame, Carlos, volver. al Hárete fuerza. . Eso pasa! Piensas que soy yo Filena, rústica; y pobre serrana: mejor soy, Carlos, que tú. Pues solo un momento aguarda, Quién ha de aguardar, y oír: No seas, señora, ingrata. Señora! criada soy. Laura, si eres mi criada, Ya te llamo como dueño: ha llaura, Carlos te llama. Qué mandas, señor, ya vuelvo: Que con esa mano blanca tiemples de mi boca el fuego. Si desatinos me mandas, vuélvome. . Yo iré tras ti. Eso será si me alcanzas. Tenelda agudos espinos, verdes, y intrincadas zarzas, creced arroyos, creced, mirad que me lleva el alma. dónde es ido señor! A la heredad, en la yegua, que no quieren darle tregua estas libranzas de amor. Alhe todo lo entiendo, bien sé, que por Laura muere. De que digas que la qmiere, Tuenalamiga, me ofendo, No es Carlos hombre que había de traer esta mujer en confianza, y hacer con ella esa villanía. Los Villanos tenéis fama de maliciosos. . No sé, Carlos a la Cortefue, y de allá trujo esta dama, Que lo parece en su trato, en su talle, y discreción, si la tiene, ono afición, no lo sé, sé que es ingrato: Tú que eres su camarero, su secreto, y confianza; sabrás el son a que el danza, sabrá la muerte que espero; Dome a Dios, venas me vienen de ahorcarme de una encina, según estó de mohína, tales mis rabias me tienen. Si tú me hubieras creído, con poner en mí los ojos excusaras tus enojos. Ya he provado, y no he podido, Pon los ojos más pausa. Ya los procuro poner, y no se quieren tener, no sé que diabro es la cansa. Tan desigual te parezco de don Carlos mi señor. Debe de ser, que el temor es desigual que padezco Prueva, no ne canses, mira lo que este mi amor merece. Ya lo mino; y me parece, que es todo burla, y mentira. eono Que no la pude alcanzar! Carlos viene. . Hola? . Señor. Yo traigo un cierto dolor, di que me quiero acostar. No le ha sucedido bien, la mujer se ha defendido. Dónde has ido? qué has tenido? Filena, aquí estás también; di que venga a desnudarme Laura. . Laura, para que? Con ella descansaré, que ella sabra consolarme. Yo no estoy aquí? . Tú no, que Laura es más cortesana. Quieres que venga Diana: A Laura te digo yo. Vendrá del campo cansada. Bestia, no repliques más. Yo voy. . Lerín aquí estás. Qué tienes? todo te enfada. En entrando Laura aquí por un lado te desvía. Qué me mandas? . Laura mía, yo vengo a servirte a ti. Déjame, señor, que estoy sin aliento de correr. Yo pensé doeras mujer. Y yo pienso que lo soy. Cómo me dejaste ansí, que estuve para matarme: Mi honor me mandó guardarme de tu amor, de mí, y de ti. De tu amor, por no vencerme; de mí, porque soy mujer; de ti, por no me poner en ocasión de perderme. Yo no digo que tu honor se aventure, mas que digas, que me quieres: que me obligas huyendo a mayor furor. Entreten la pasión mía como al enfermo sediento dentro del mismo aposento fingen una fuente fría. Laura no quiere beber, déjame que escuche el son del agua. . Extraña pasión. Laura, como allá dejaste la cesta y platos? . No sé, a Silvio se la dejé. Y la burra que llevaste, No era vosuella forzoso: Saliome un lobo, que quieres, ya sabes, que las mujeres es ganado temeroso: La burra se comería. Mas vale que diese allá. Salte allá Filena ya, que cansada niñería! Ya se irán. . Acaba pues. Pues yo voto al Sol de Dios, que no han de hablarse los dos sin que riñamos los tres. Ay Laura, ves lo que paso por ti! . Yo que culpa tengo. Mira que a abrasarme vengo, y que me hielo, y me abraso. Ya estás en amparo mío, quién te puede defender? Ser yo una pobre mujer, que en ser quien eres confío. Laura, yo soy tu señor. Anda Carlos, que no eres, después que engañarme quieres con ese fingido amor. Fingido, quíteme Dios la vida, si no te adoro. Mas con celos me enamoro, aunque están juntos los dos: Laura. . Que quieres Filena a Laura? . No tengo de hacer lo que conviene, hasta ver en lo que para mi pena, Di Laura. . Allá afuera aguarda. Dónde la burra quedó, que aquel lobo te comio, porque vayan por la albarda? Deja la bestia. . No quiero. Carlos, si esto he de pasar, hoy me saldré del lugar. ven Filena. . Ya que espero, Lerino. Señor. . Qué haré! esta mujer se resiste por honrada, ya lo oíste. Ya lo ohí, pues esto fue, Casala, que tú verás, que consigues lo que quieres, que hay de este humor mil mujeres. Fuerte consejo me das. No es peor morir? . Es ansí, peor. . Pues yo la ha mirado con ojos, que en otro estado no se ha de doler de a- Con quién la podré casar, que después no sea celoso? Bato es hombre maticioso, y no te ha de dar lugar, Silvio discreto, y Finzo cuidadoso, y advertido. Quién en fin te ha parecido más conforme a mi deseo? Paréceme que Serón, que es hombre más descuidado, y indigno de ser amado, y así te tendrá afición. Cuádrame, y le quiero hablar. Quita el honor de por medio. Pues voy, que está mi remedio en que se quiera casar. Parte ao. Mientras entiende Filena en las haciendas de casa, como de celos se abrasa, que ya conoces su pena, Que te guarde me ha mandado. La mejor guarda soy yo, y la sangre que me dio un padre noble, y honrado. Tuve un hermano, Diana, que quiso casarme mal, con un hombre desigual, cuya violencia tirana Me arrojó donde me ves. Lerín está aquí. . Lerino? Lo que tratáis imagino. Bien dices, de Carlos es. En lo poco que has servido, Laura, a Carlos, como honrado; quiere ponerte en estado a tu honor agradecido. Dárate dote bastante con que honrada viviras, y yo sé zagal, que es más. Hy locura semejante! El va en aquesta ocasión a hablarme, y yo me quedé a decírtelo. . Y quién fue? Capado fue. . Quién. . Seró. Júrote, Laura, que es hombre tan bien acondicionado, que no le hay en todo el prado de más opinión y nombre. Digo que tenéis razón, que a quien tantos importuna quiere arrastrar la fortuna, bien es que vaya en Serón. Está lovo Carlos, di? Qué buen agradecimiento! Por desigual casamiento, responde, que vine aquí, Y que por más desigual me voy también, que mi suerte no quiere darme darme la muerte, que piensa que es menos mal. . Vase de verás! . Pues no. Serón, no es hombre de bien: Y otros lo serán también. Detanerla pienso yo, que se quitara la vida Carlos, si Laura se va. Yo pienso que no se irá, que está del anzuelo asida, Aunque más encubre el fuego. Laura está aquí? . Señor, no. Apenas Serón lo oyó. cuando dijo: Que sea luego. Él luego es cosa que creo, que me ha de costar la vida. Yo pienso qué Laura es ida, conociendo tu deseo. Dónde? . No lo sé por Dios, díjele tu pensamiento, y en oyendo el casamiento se despidio de los dos. No lo creas, antes bien sospecho, que no se enfada, no hay mujer que no le agrada ver que marido le den. Tú has sido el más venturoso. Yo muy venturoso he sido. Señor; el novio ha venido. Del novio estoy envidioso. Pulete, y vistete luego Serón, para tanto bien. Yo te doy el parabién. Haz señor, llamar el crego, Que estoy para reventar de la dicha en que me veo. Salteador de mi deseo, Serón, te puedes llamar, Ven tu Lerín, y hablaremos a Laura, ven tu Diana. Amanezca yo mañana con Laura. . Extraños estre de fealdad, y de hermosura junta mi desdicha aquí! En fin nacio para mí Laura? Aún no ha venido el Cura. Ah Serón, cuál se te ve que eres dichoso en la cara! Algo mi temor repara ya cuando casado esté, En las leyes del casado. Quieres un buen arancel? Di, veamos. . Oye en él lo que conviene a tu estado: Primeramente has de ser hombre en tu casa, y muy hon que solo ha de tener nombre tu mujer, de tu mujer: Ah de mandar en tu casa, pero no en tu libertad, que con esta potestad a ser el marido pasa. No la temas, aunque queme el mundo su condición, porque como monas son, que muerden al que las teme. No la ocasiones a ser celosa, que las mujeres pensando ajenos placeres, buscan ajeno placer. Sé astuto, y sepa de ti, que la quieres lo que basta, que con esto será casta, y la tendrás cierta así. lamas le des ocasión Ya que te pierda el respeto, ni te conozca defecto, ni en cuerpo, ni en condición. Salga poco, y solo tenga de vestir lo que le dieres, y con honradas mujeres (pocas veces) se entretenga. No seas por descuidado desdichado, ni dichoso porceloso, que un celoso cerca está de desdichado. Esto en aquesta ocasión para lición llevarás, que yo diré lo demás a la segunda lición. ̱. Todo a la letra lo haré. Desde hoy tu maestro soy. ̱. Vamos, que palabra os doy de estudiarlo baporb. Aunque si la bale quito sespecho que mejor sueña. ̱ Pues la baque te da pena: ̱. Lo que tiene de cabrito. ̱. Con salir el triste día, qe dejé mi amada tierra de un gran Palacio de un Rey, conde me llamaron Reina. Con dejar tantos criados, santo aparato y grandeza, lo que conocí y traté en mi tierna edad primera, No tuve tal sentimiento como ahora el alma lleva de verme salir de un monte, y de una pequeña aldea; Cielos que dejo yo aquí, que salgo con tanta penas que Reino, casa, y criados, que tesoros, y riquezas? Ay de mí! que más deja quien deja el alma, y que se va sin ella: Oh Carlos, pluguiera a Dios, que mis ojos no te vieran, para tanta desuentura como pienso que me cuestas, No quiero ponerte culpa, aunque tanto me desprecias, que bien sé que me estimaras Carlos, si quien soy supieras. Voyme de ti, y a perder la vida entre aquestas fieras, porque alejarme de ti ya no es posible que pueda. Pues decirte lo que soy no puede ser, aunque muera despreciada y abatida: la noche, ay triste, se acerca, Aquí quiero recostarme, y aguardar, que el Alba venga a asegurarme el camino, y el peligro de las fieras, Aunque a quien va tan ciega, que más tiene la luz, que las tinieblas. Desdichada de mi casa como Laura no parezca, bien podéis todos pensar, que en el fuego que me quema Desde el pavimento al techo irá en humó a las estrellas, Lerino, cuando, le dio su pobre ropa Filena, No me pudiera avisar. Que los celos no le dejan descubrir a la razón, para que lo justo vea. Altas montañas de Ungría, cuyas verdes faldas besa el cristalino Danubio, que vuestras campañas riega. Desiertas, oscuras, tristes, sacras al silencio selvas, aves que habitáis sus plantas, fieras que habitáis sus cuevas, mirad que Laura bella (ja. me lleva el alma, y la memoria de- Tened lástima de mí, sino queréis esconderla para hacerla vuestra Diosa, como en Aracinto a Delía. Mis desprecios la cansaron, que justa ha sido mi pena, pues quise dar a un villano lo que para Reyes era. Ah cielos, doleos de mí, noche bordada de estrellas mostradme a Laura, y vosotras esclareced sus tinieblas, (ja. mirad que Laura bella me lleva el alma, y la memoria de- Señor, señor? . Qué me quieres? No ves entre aquellas peñas una mujer recostada sobre un tapete de hierba? Ay cielos, si es Laura! . Creo que es Laura. . Detente. . Llega. Espera, porque pensemos invención para volverla, porque se ha de resistir. Pues di que vienes tras ella, porque te hurtó una copa. Bien dices, quiero prenderla: despierta fingida Laura, traidora Laura, despierta. Ay cielos piedad os pido, si me mata alguna fiera! Qués de mi copa de plata, robadora de mi hacienda? Es Carlos? . Sí, Carlos soy. Yo copa de plata: espera, es posible, que de mí has pensado tal bajeza? Descoge luego esa ropa. No hay cosa que en ella tenga: deja, deja. . Cómo no! Aquí hay un paño de seda. Abre a ver. . Qué ricas joya aunque la noche no quiera se ve por su luz, que son preciosas sus piedras. . Muesto tu piedras preciosas, Laura, tú joyas de esta manera? quién eres? . Noble mujer: tan ricos mis padres eran, que pudiera sacar más: si las dejé por la ofensa de un desigual casamiento, no es bien que culparme puedas, pues no fue falta de amor el dejarte, si no fuerza de mi honor, que yo te amo, mas aunque entre aquestas selva me mates, Carlos, no pienses que harás a mi honor ofensa. Laura, quien mira estas joyas de tal valor y grandeza, para qué busca testigos? no es posible que no seas tan bien nacida mujer, que ser mi esposa merezcas: quieresme para tu esposo: Sí, como tú me concedas mi honor, hasta que tengamos la bendición de la Iglesia. Esa palabra te doy, ven Laura, que cerca queda en que a la villa volvamos: tu aguarda en aquesta selva a la gente que viniere, para que luego se vuelva. Vamos, que confío de ti. Laura, quien quisieres seas. Algún día lo sabrás. Se que eres sola, y honesta. Hlahao gente de Carlos, ha del prado, ha de la sierra? Por aquí dan voces, Silvio, echa por esa fresneda. Quiénba? . Lerino. . Qué hay? Pardiez, Serón, buenas nuevas. Pareció mi mujer. . Sí. Albricias montañas hyermas, pastores del prado albricias, fuentes, flores, alamedas, Laura ha parecido ya, ya pareció Laura bella; dónde está, amigo, mi esposa: Carlos la lleva al aldea a las ancas de un caballo para casarse con ella, porque sabe que es mujer noble. . Albricias alameda, montañas, flores, y ríos. Carlos a Laura se lleva? Muy bien se ha hecho por Dios, él es bien que la merezca, que una perla tan preciosa no se ha de dar a una bestia. Que en fin no es ya para mí? ni me caso?. . No, que huera dar una liebre a un león, y a un tigre una tierna oveja. Dadme todos parabién pastores de aquestas sierras. Pues por qué amigo Serón? Porque en aquesta refriega escapé de un gran peligro, que amenazó mi cabeza.

JORNADA TERCERA

Que te dure el pensamiento de amar a Carlos, Filena, no es locura? . No, que es buena la causa de mi tormento. Finalmente a mí me agrada está mi antigua locura, que más parece cordura locura tan bien fundada. Pues Carlos no se casó, y van pasando los años de su boda, y de tus daños? Mis daños adoro yo. Pasen los años por mí, y los contentos por él, que estimo el quejarme de el mas que el estimarte a ti. Adora a Laura. . Hace bien. que es una hermosa señora, y si por bella la adora, yo por lo mismo también. Hijos tiene Carlos ya, que confirma tanto amor. Silvio, no hay mayor error, que amar quien amando está. Si tú me quieres a mí. que quiero a Carlos, no entiendes que con lo mismo te ofendes, pues yo no te quiero a ti? Carlos, y Laura son estos, Dios los conserve en su estado, que mi envidia aún no me ha dado pensamientos descompuestos. Es forzoso partirme, Laura mía, a defender la tierra que me toca, de mil soldados, que andaran perdidos después que se ha perdido la batalla, que quiso mi desdicha que se diese tan cerca de mi tierra. . Que en efecto es muerto el Rey de Ungría; . Pues tú lloras la muerte de aquel Príncipe soberbio? yo soy pariente suyo, y no le lloro. Crieme yo en la Corte, y conociale. Dichoso, Laura, yo que estoy tan lejos de las discordias, y desdichas grandes, que ahora se aperciben en Ungría, sino es que el Rey Conrado tenga oculta a Lisarda, su hermana del Rey muerto, y ahora como Rey, y su heredero la manifieste, y diga que es su esposa. En más estimo, Laura, serlo tuyo en esta paz de mi pequeña aldea, que todos cuantos cetros y coronas la ambición de los hombres ha tenido: quede muertes haurá, quede traiciones! La pretensión del Reino, que no tiene heredero legítimo, faltando Lisarda, que ha seis años, según dicen, que salió de la Corte de su hermano, y se tiene por cierto que fue muerta, por cuya causa, y en venganza suya, airado le quitó la vida el cielo, quien duda, que ha de ser fatal incendio de su Reino afligido y miserable. Compitan, bella Laura, codiciosos los Ungaros ahora; y en campaña salgan con sus ejércitos civiles, y yo puesto que soy de él! mire a mi pobre mesa el hijo tuyo sentado entre los dos, y con el Alba salga a matar al campo dos conejos, la pintada perdiz, y la paloma: vuelva a tus brazos, como suele al nido con dulce voz el pajarillo ausente, que este es mi Reino, y pretensión tan alta, que lo que no imagino, eso me falta. Silvio? . Señor. . Pregúntale a Lerino si está ensillado ya, para que entrambos vamos a ver la tierra del contorno, no la molesten los soldados Ungaros huyendo la fiereza de Polonia. Ya voy. . Y tu Filena pon al punto la ropa que te dije esta mañana. Cuidado tuve, y queda apercibida. Qué me mandas esposa de mi vida? Que puesto mi señor, que los soldados os diesen ocasión, y se atreviesen a vuestras tierras y vasallos, sea tanta vuestra cordura, que los sufra, que más importáis vos, que vuestra hacienda. En todo mostraré lo que os adoro, guardeos el cielo. Y tan piadoso sea, que libre, y con salud venir os vea. Cuando estará cansada la Fortuna de mis persecuciones, y casada no como Reina, y Reina, que ninguna se ve más combatida, y deseada, no hallando en mi flaqueza fuerza alguna, que resistiese el golpe de su espada, poniendo al pecho de mi hermano el filo, sin mudar el dolor, mudó de estilo. El Reino queda ya sin heredero, yo soy Reina legítima de Ungría, casada con un pobre Caballero, aunque ya la mayor riqueza mía: diré quien soy: no sé; pero que espero, cuando con tanta rabia y osadía el más indigno la Corona emprende; y viva yo, que ha de reinar pretende. Luego que supe que murió mi hermano por bárbaro, arrogante, y atrevido, y que estaba su campo tan cercano, que el eco de las cajas he sentido, al Conde Arnaldo he escrito de mi mano, que vivo, que aquí estoy, quien soy, y he sido; pero callando siempre el casamiento, por el temor de su ambicioso intento. Aquí traigo la carta, que escondida de Carlos aguardé ocasión como esta. Saliera yo contra la vil canalla, que discurre los montes fugitiva, que yo sé bien si me esperaran cuatro, ni seis, ni diez, a disparar la honda. Serón? . Señora mía. . Serás hombre? Que lo he sido hasta aquí jurar te puedo, de aquí adelante haré lo que pudiere, que nuestra vida nunca está de un modo, ni en todos tiempos lo podemos todo. Ya sabes, que no lejos de estos llanos los Ungaros están desbaratados, muerto su Rey. . Ya sé, que a nuestra costa las aloja la tierra de nuestro amo, y que a Belgrado llevan el Rey muerto. Tú me has de hacer un gusto. . En que te sirvo? Esta carta has de dar al Conde Arnaldo, con gran lealtad, y con mayor secreto. De dársela en sus manos te prometo. Aprende pues, Serón, la cortesía, que le has de llamar siempre, Señoría. Señoría? . Pues esto no es muy fácilo Señoría? . Depréndelo, y camina, que si me traes respuesta, tu ventura, y aún la mía también está segura. Por el camino pienso todo el día, no dejar de la boca, Señoría. Dejaré consejos viles, y remitirlohe a la espada, seré en el enojo Áquiles, que oración tan estudiada, que conceptos tan sutiles! Pero no me ha de hacer daño retórica locución, porque yo más acompaño con la espada a Telamón, que a Ulises con el engaño. Faltando el Rey que tenía, quien la Corona de Ungría merecerá como el Conde, si el ejército responde todo en una voz, qué es mía? Consejos están muy lejos de lo que al Reino le importa, donde no asisten los viejos, si lo que es voto no corta, votos hacen los consejos. Cortén espadas aquí, y reine el que más pudiere, que el Campo me elige a mí. Quien a mí no me prefiere, que es lo que piensa de sí Cuando Lisarda vivía, ya saben que me la daba el Rey para darme a Ungría, con cuyo voto se acaba vuestro consejo, y porfía. Yono he de ser arrogante con palabras y amenazas, que en pretensión semejante no los sobornos y trazas, la justicia es importante. Y esta ya todos sabéis. que solo la tiene Otabio. Cuando hacer imaginéis a Claridan este agravio, lo que merece veréis. Si no estimáis vuestra vida, y vuestro amparo estimáis otra espada preferida, yo haré que me obedezcáis con la que traigo ceñida. Que me llaméis heredero con solo un acero espero, en que he puesto mi valor, porque no hay cetro mejor, que el que sale del acero. Cesen ya tantos blasones Caballeros pretendientes, que en tan altas ocasiones, para agraviados ausentes no son armas las razones. Mi justicia está muy llana. Y yo no tuve del Rey por mujer la muerta hermaba? Si el derecho, si la ley las controversias allana, Qué teméis, pues que tenéis la justicia que decís, que lo juzguen estos seis, pues del consejo salís, y el Campo alterar queréis? Y si estáis determinados a perder con los Estados la vida en la pretensión, llevad al Rey, que es razón, y honrade con sus pasados, Que después haurá lugar. Yo que he de ser su heredero le quiero llevar, y honrar. Yo que su corona espero de pienso honrar, y llevar. Pues llevémosle los tres, que mi pretensión no es de la de menos cuidado, descanse el Rey en Belgrado, y averíguese después. Dónde está su Señoria: A quién buscáis? Busco al Conde. Yo soy. . Pues esta le envía cierta señora. . De dóndes De los campos de Atelia. Caen muy cerca de aquí? Si Señoria. . Y a mí me escribe? . Si Señoria. Es queja? . No Señoria. Leed alto. . Digo ansí. Seis años ha que estoy en estos montes. Desde la noche que dejé a mi hermano No tiene más legítimo heredero Si me queréis, seguis al mensajero Ay sueceso igual! Hombre que traes aquí? El remedio universal. Qué vive? . Dice que sí. Tanto bien en tanto mal! Viva está, serrano amigo! Si Señoria, en verdad de que vive soy testigo. Está en campo, o en ciudad: Vénganse todos conmigo, que yo se la mostraré. Ponte, amigo, esta cadena. Y esta mía, que yo sé, que la quitas a mi pena. También yo aquesta te doy. No me pongan Señorías tan rico: turbado estoy. Una estatua merecías. No importa, que ya lo soy. Cómo te llamas! . Serón, aunque hablando con perdón. Sírvesla? . Si Señoria. Pues alto, al lugar nos guía. Aquellas las torres son: hanme de quitar aquesto: Ni aún la mitad te hemos puesto. Por donde van a Telia: Por aquí van, Señoria. Guarda, y coche, gente, presto En esto da Silvio ahora, y Diana en esto da, C tú, como señora ya, nos puedes juzgar, señora. Que dice Silvio; . Que qué a Filena. . Y tú? . Qué que a Silvio, mi amor primero, aunque el por Filena muere; Pero has de advertir, que a mí me quiere también Fineo. Desconcertados os veo. Pues eso nos trujo a ti. Echad suertes, y podréis quedar en paz, que mi hijo las podrá lacar. . Bien dijo Con esto las dos tendréis Maridos, sin causa alguna de queja en nuestros oídos, que sabed, que los matidos son suertes de la Fortana. Y mientras las escribís, a ver a mi Felix voy. ̱. Por no echar suertes estoy, si tanto me perseguís. Ay Diana, yo no he dado de amarme, a Silvio ocasión, antes con mucha pascion le tengo desengañado, Háblale, y vuélvele a ti, que los hombres son mudables, y como tierno le hables dejará de amarme a mí. IBIIII Amor desconcertado, qué es tu intento? De locos eres ya reloj sin cuerdas, Y no es razón que las potencias pierdas, que son de tu concierto el movimiento. La vida que te sigue, corre a tiento, Porque jamás con la razón concuerdas, Y aunque despertador que nos recuerdas, Pocas veces al bien, solo al tormento. Que apriesa que das horas de desvelos, Cuando se desconcierta el armonía De las correspondencias de los cielos. Ya te has hecho de Sol, que en pardo día Como te da con sombra de los celos Jamás señalas hora de alegría. de los que Está mi señor aquí? Qué es esto amigo Serón; ̱. Entra con la maldición, que viene el mundo tras mí. Has muerto algunos soldados e los que huyen estos días? Vengo de las Señorias donde fui por mis pecados. Entra presto, y di que aquí vienen los Grandes. . qué Grandes? De Ungría, Polonia, y Flandes, y de Alemania. . Aquí? . Sí. Cuánd las Adónde está la Reina? . Ya la llaman. Vive la Reina aquí? . Si Señoria. No es malo este Palacio, y quién le habita? Un Caballero pobre, pero noble, cuya grandeza le enriquece al doble. El ejército aquí? . Cielos si es esta: Qué lo dudas? . Señora de mis ojos! Señora, y Reina mía! . Qué es aquesto? Reina la llaman? . Sí. . Dadnos a todos oy esos pies muchas veces. . A los ojos preguntad, ya que callan nuestras lenguas. dos todos en piadoso llanto, el alegría, y el amor debido al bien de haberos visto dice el alma: de dónde, o cómo aquí? tieneos Conrado ese Rey de Polonia por ventura? Señora, tanto tiempo tan oculta? Señora, tanto tiempo tan ingrata, a quién de vuestro bien tan cuidadoso? El bien universal, vasallos, solo me descubriera, y no interés humano, ni me tiene Conrado, ni me ha visto. Señora, a la concordia del ejército, y al aliento común de los vasallos importa, que al instante mismo os vean, pagaldes el amor con que os desean. Si es tan forzoso, vamos, que querría llevar el cuerpo de mi muerto hermano a Belgrado también. . Ea soldados, toquen las cajas, suenen las trompetas, Reina tenéis, hagamos alegrías. Voto al Sol, que se van las Señorías. Voto al S Qué os parece su desdén? Que no se acordó de Carlos. Suele el estado mudarlos a los que más quieren bien. Pues no fuera justa cosa. que ser su esposo dijera? Al abestruz llaman fiera, y madrastra rigurosa, Porque los hijos desprecia. Laura el suyo llevaría. Que esta era Reina de Ungría! callo por serlo. . No es necia, Pero porque la llamáis, Laura, pues Lisarda es? Bien podrá ser que después Príncipe a Carlos veáis, Pues aunque dejarle quiera, el hijo ha de suceder. No hay que fiar de mujer! La más firme es más ligera. Si en una balanza pones Silvio, seis años de amor, y en otra un Reino el mayor de todas estas naciones, Si la balanza es mujer, el Reino pesará más. Buenos títulos nos das. Pues cuándo sabéis querer? Y aún plega a Dios que no dig Laura, que el hijo es ajeno. Vierte vinora el veneno. Quién hoy que me contradiga Las historias, las firmezas de mil mujeres. . No sé, esto que veo diré, y otros dirán sus grandezas, Yo he conocido un pastor, que cuatro hijuelos tenía de cierta Ninfa que había solicitado su amor, Y en la primera pendencia les dio diferente dueño. Carlos viene. . Todo es sueño, matáis de olvido, o de ausencia. La casa está alborotada. Qué es esto, pastores míos? Todos callan. . Qué tenemos? Todos han enmudecido. Dónde está Laura, villanos? que miráis? no me habéis visto? qué os enmudece? qué es esto? ̱. Guardo el oro, y el vestido. ̱. Señor? . De que estáis turbados? Señor, a tu casa vino el ejército del Rey. Pues bien, qué haurá sucedido? hanse llevado el ganado? la carne salada? el trigo? entraron en las bodegas? beban norabuena el vino. De buen Rey eran vasallos, y ya que no le he servido con las armas, como debo, con esta hacienda le sirvo; es esto? dónde está Laura? Señor, Claridano dijo, el Conde Arnaldo, y Otabio. Di lo demás, dilo Silvio. Dijo que era mi señora no Laura, que su apellido. era Lisarda, y que es Reina. ̱. Qué dices? . La verdad digo, porque dicen que es la hermana del Rey muerto, y que ella ha escrito i Campo, que la sacasen destos montes. . Y se haido? En besándole la mano. Pa No pudimos resistirlo, que era todo gente armada. Caso entre nobles indigno de la sangre; y del honor, de la banda, y del oficio, Pues, Laura, o Lisarda, o Reina, no dijo que su marido era Carlos, y que de él tenía un hijo? . No quiso, porque no fuese ocasión de aventurar, por decirlo, el Reino, a que la llevaban, donde por dicha el más digno será su esposo en llegando. Está aquí señor? . Si amigo. Sabes ya como era Reina Laura? . Todo lo he sabido. Sabes ya como en un coche, a quien su escuadrón lucido del Conde Arnaldo hizo escolta, llevó a Belgrado el camino, A no estar con la pasión que es justo, vieras los riscos de los montes retumbando entre concabos, y pinos, Con las trompetas y cajas, diciendo todos a gritos, viva la Reina Lisarda, Calla, villano atrevido, que el corazón me traspasas. Oh Laura, dulce bien mío, o Laura, mi amada esposa, es posible que has tenido tan de piedra las entrañas, que esto has usado conmigo! Es posible que me dejas, sin que aquel hermoso niño, que nuestra sangre juntó pudiese tanto contigo! Cuando yo te quise, Laura, Laura, cuando Carlos quiso que fueses tú su mujer bastó el haberte querido, Sin otro humano interes, tú eras pobre, yo era rico, tu perdida, yo señor: ahora que te ha subido La fortuna a gran lugar que mucho que hubieras dicho: vasallos, reinaos vosotros, que Carlos es mi marido? No tiene el Arabia Felix oro en su centro, ni el Indio Oriental ricos diamantes, esmeraldas, ni jacintos. No el Sur tan preciosas perlas en sus nácares nativos, no el mundo tantas ciudades, coronas y señorios, Por que te dejara yo: o Laura; tanto castigo, por haberte honrado tanto sin haberte conocido! Conmigo que te faltaba? no les dijeras con brío: Vasallos, reinaos vosotros. que Carlos es mi marido. La flaqueza es de mujer, porque escriben los antiguos esas mentiras de Porcia, esos sepulcros y nichos De la gran Reina de Caria, ni dan el bárbaro Egipto Pirámides, ni honra Grecia la señora de Zaquinto? Fábalas deben de ser, maldiga el cielo los libros que nos cuentan sus firmezas: pues espera basilisco, Que en tu seguimiento voy: venid amigos conmigo, traed el niño también. Señor, mira que te aviso Que te han de matar allá, si con algún artificio no disímulas quien eres. Señor, bien dice Lerino, Mira que sus pretendientes son poderosos y altivos. Tomaré vuestro consejo, que a la razón le permito Lo que me niega el amor, poderoso desvarío: ay Laura, qué ingratitud! Un Reino es grande enemigo Qué importara, si ella fuera de mármol, y no de vidro, Leos pues les pudiera decir, si fuera su amor el mío: Vasallos, reinaos vosotros, que Carlos es mi marido. ibes? No quieres que me admire lo que n- Antes, señor, es justo que este caso con más que admiraciones solenices: D Volvia yo del peligroso paso donde se dio la próspera batalla, tan digna de los cisnes del Parnaso, Y con divinos versos celeblarla ves no solo ventiste al Rey de Vagría, pero en la tierra para siempre calla: Cuando siento el estruendo en que venía entre una densa nube polvorosa la voladora Fama, que decía: Viva Lisarda, nuestra Reina hermosa, que coronada de una y otra guarda, y de la soldadesca belicosa, Venía entre los nobles tan gallarda, que daba a todos gloria y alegría. Que vive la bellísima Lisarda! Dicen, que un alto monte la tenía, donde ha sido seis años labradora; callando, porque a Otabio aborrecía: Yo pienso que estará en Belgrado ahora, adonde grandes fiestas le previenen, locos de haber hallado a su señora. Con justa causa, pues que Reina tienen de sangre de los Reyes generosa, cuando confusos y vencidos vienen: Con quién dicen allá que se desposa? qué marido le dan? de mí que tratan? La empresa es alta, y la ambición forzosa, Tú verás que se abrasan, y se matan sobre querer entre ellos merecerla, y que con esto el Príncipe dilatan. Pues ya no saben que Lisarda bella es mi mujer, y que ese Reino es mío? Pienso que vive el mismo gusto en ella; Pero los Grandes con orgullo y brío querrán alzar la frente a la corona. Será, puesto que honroso, desvarío, Acercaré mi ejército y persona a Belgrado, de suerte, que ellos vean si quien ayer los vence, hoy los perdona. Algunos pienso ya que te desean. No se déspida un mínimo soldado, hasta que mis banderas la posean. Dónde mandas marchar? . Marcha a Belgrado, y sepan esos bárbaros de Ungría que Lisarda nacio para Conrado, y que no puede ser de otro, si es mía. e Con esto no hay replicar, porfiar, ni pretender. Pudiendo señor hacer le queréis ir a buscar? Si todos los pretendientes fuerades una cabeza de Lisarda la belleza, los rayos resplandecientes De la corona de Ungría vinieran en ella bien: mas como queréis que den a la vuestra, y a la mía, Y a la de tantos, lo que es forzoso que de uno sea? Y es mejor que la posea por ambicioso interes El extranjero, que ufano de acabarnos de vencer tuviese la espada ayer, y hoy tenga el cetro en la mano? Otabio, no hay que tratar, tu deja la pretensión. Yo, porqué? . Pues qué razón hallas tú para dejar Claridano la que tiene, otros, y yo, que iguálamos tus inéritos. . Si dejamos, porque a todos nos conviene, Y a la paz común también, que venga a reinar Contado, no es por ser el más amado, sino que le está más bien. Désele aviso a Lisarda, sepa que es ya su marido. Ya viene. . Ya lo ha sabido, nunca estuvo tan gallarda. Vuestra Majestad, señor se duela de tantos daños. Qué queréis? . Hará dos que mataron por ahora Mi esposo, en Alba. Real, el contrario poderoso se pasea, ese piadoso pecho remedie mi mal. Yo haré que le den castigo yo he servido al Rey tu hern perdí este pie, y esta mano, y aquí mis servicios digo. No remitas mi papel a quien de tantos se carga, que un siglo el verlos alarga mira tú lo que hay en él. Y aunque me des dos escuda dámelos con esa mano. Sin manos estáis? . no es Los que las tienen son mas Señora, yo he pretendido y pretendo por amor vuestro, y del Rey mi señor, a cuyo padre he servido, Ser del Reino Coronista, pienso que soy suficiente en la opinión de la gente, que escribiendo se conquista Nunca he tenido persona que me haya dado la mano, ese valor soberano digno de mayor corona, Mande informarse de mí. Yo lo haré ver, que es razo Ahora puedes llegar. Tiemblo. . qué sirve tes No es cosa estraña, Seron Que a quien ayer como esposa os. en mesa y cama tenía ra dos tiemble en distancia de un día? El verla tan poderosa Entre tanta guarda y gente te pone, Carlos, temor. Conozco que está el honor en los ojos solamente. Viendo a Lisarda en pobreza el respeto le perdí, mira el que le tengo aquí viéndola en tanta riqueza. Llega, acaba. . tiemblo, y llego: suplico a tu Majestad aparte me esccuhe. . Hablad. Sabes quién soy? . no lo niego. Podrete hablar como a Laura, o cómo a Lisarda? . Creo Yque auras culpado el deseo que esta corona restaura. No sino aquella ventura que me vino sin buscarla, pues fue, Lisarda, el ganalla para mayor desventura. Como me dejaste así, y un hijo no te movíó, pues que no merecí yo que me estimases a mí? Pésame, que de rodillas, Carlos, hablándome estés: pero importa, que después igualaremos las sillas. No me culpes, que esto ha sido fuerza, engaño y discreción hasta tomar posesión, Carlos, de un Reino perdido. Devesme de asegurar, para hacerme matar luego: sola una cosa te ruego, si me has de mandar matar, Parte zo. Que el hijo que Dios nos dio no muera, y que de tu esposo le guardes, pues es forzoso, porque fui su padre yo. Carlos no me hables ansí, que en moviéndome a piedad soltaré la Majestad, y me abrazaré de ti, Que porque estos no te maten estoy aquí como ves sin arrojarme a tus pies, sufriendo que se dilaten Los abrazos que te diera, si te hallara solo aquí. Que no me engañas? . Yo a ti? harto bueno, Carlos, fuera Habiendo estado en tus brazos seis años como mujer. Pues algo esposa has de hacer, ya que no sean abrazos, Que vengo muerto por ti. qué he de hacer? . Darmeuna mano. Ese es negocio muy llano al despedirte de mí, Que como a Reina bien puedes, como que me la has besado por ir tan bien despachado. Cuando, mi bien, me concedes Qué te vuelva a ver? . Aquí siempre te has de pasear, porque en habiendo lugar te llamaré. . Cierto? . Sí, Mas ven, Carlos, disfrazado, haz que algunas cosas vendes. Yo lo haré, pero que emprendes de ti, y de mí en tal estado? Ganar con mucho tesoro el ejército, y tener las fuerzas del Reino, y ver puesto en él un Rey que adoro. Quién señora? . Tú, mi bien. Pues dame la mano ahora. Toma, Carlos. . Ay señora! La mano, el alma también, Que eres mi esposo, y es ley: más suelta, no cause espanto, que no se detiene tanto quien besa la mano al Rey. Vete, que damos sospecha. Dónde? . A esperar lo que digo. El ser desigual contigo me tiene el alma deshecha. Tú eres mi esposo, mi bien, mi Rey, mi señor, y amparo, quieres que hable más claro, aunque mil muertes nos den? No señora, queda a Dios. No te enternezcas. . qué ha sid Aunque bien nos han sentido tiernos, Carlos, a los dos. Ven conmigo; y te diré lo que la Reina me manda. Paréceme que se ablanda. No hay más lealtad, y más fe Por no darte, señora, pesadumbre, que como a su mujer te ha respetado, y como Sol, de quien recibe lumbre, no viene con ejército Conrado; antes le deja en la desierta cumbre de los ásperos montes de Belgrado, y viene a darte el parabién. . Ah hecho cosa muy digna de su heroico pecho, Dónde queda su Alteza? . Está a la puerta, tanto pudo el amor y consianza. Él la hallará como su Rey abierta, manda, señora, que entre. . La esperanza no será justo que le salga incierta. Con esto la paz pública se alcanza, Decid que entre su Alteza. . Y tu marido, que te ha esperado, amado, y merecido. n la Pareciome obligar a vuestra Alteza con ponerme en sus manos, y dejando mi ejército, ofrecerme a su belleza gracias al cielo, que la estoy mirando: la condición del Rey, y su aspereza le causaron la muerte, y porfiando l a que le diese yo la que tenía un monte entre los términos de Ungría. La guerra, y la batalla he desviado, no sin testigos, pues están presentes, y como quien en nada está culpado desestimé la guarda de mis gentes, y de nuestro concierto provocado los anchos fosos, y las altas puentes pasé para llegar, donde no creo aurá mayor prisión que mi deseo. Sea señor tu Alteza bienvenido, que viene con segura confianza. Danos, señor, los pies, como marido de nuestra Reina, que hoy tu amparo alcanza. Los brazos con el gusto que es debido a tanto amor y fe. . Si mi esperanza he puesto en vos, o Príncipe excelente, veréis después que mi suceso os cuente. Hola? . Señora. . Todos salgan fuera. Dejémoslos hablar, que están seguros. Tengo de quién temer la envidia fiera? no estoy seguro Reina en vuestros muros? Oíd, señor, y nunca el cielo quiera que os vendiesen los Ungaros perjuros, este es negocio mío, estadme atento. Tunno se moverá mi pensamiento. la serví como criada, UUIRBARAR Huyendo, Príncipe invicto, de las manos de mi hermano, que para quitarme a vos me casaba con Otabio, Sal endo de un monasterio en hábito vil, y bajo, o porque su guarda venía a derribarlo y buscarlo, Di en manos de un Caballero señor de pocos vasallos, pero de muchas virtudes, que una noche caminando Jua en un coche a su tierra puesta entre los montes altos, que dividen como línea los Ungaros y Polacos. Llegue a su casa, en la cual tomando traje villano, C mi valor disimulando. Puso los ojos en mí, y con lágrimas y engaños solicitaba su gusto vanamente porfiando. Hallome un día unas joyas en un tafetan acaso; y por ellas, no por mí, que era noble imaginando, Trató casarse conmigo, o lo quisieron los hados, o el yerme yo perseguida, sola, triste, y sin amparo. Condecendí con su gusto, quedamos al fin casados, y de Carlos tengo un hijo, que ahora cumple seis años, Murió mi hermano en la guerta, y viendo muerto a mi hermano, y que yo heredaba el Reino, descubrime a mis vasallos, Con ellos vine a tomar la posesión de Belgrado, sin decir que era casada por poder asegurarlos: Mi esposo vino tras mí, y aquí me pidio llorando tuviese lástima de él, que tiernamente le amo, Es Carlos deudo del Rey por su padre el Conde Flavio, de quien fue tercero hijo, que no heredó sus estados. Es por la madre Español, de aquel apellido claro de los antiguos Manriques, es gentilhombre, es soldado, Es discreto, es mi marido, perdonadme si le alabo, no permitáis, gran señor, que casada con don Carlos, Y teniendo un hijo de él paseis por tan feo agravio, Antes mostraréis quien sois una mujer ayudando, y un hombre que le tendréis no como Rey, como esclavo. Lisarda, si otro en el mundo pretendiera conquistaros, siendo vos libre, mil vidas me quitaran en el campo, Que el amor que os he tenido, y los años que he esperado, bien os daránta entender lo que hiciera en este caso, Pero siendo vos casada con un hombre como Carlos, y teniendo del un hijo, hoy veréis que soy Conrado En las obras, y en el nombre, en daros favor y amparo, hasta que por Rey le admitan, como es razón, sus vasallos. Pésame que os he perdido: pero si los Cielos santos sin buscarla aquella noche dieron esta dicha a Carlos, Venid conmigo, que yo haré mi Campo acercando, que la nobleza de Ungría hoy bese a Carlos la mano. Dadme esos pies dos mil veces sois Rey en fin, . Reina paso, no entiendan estos ahora lo que entre los dos tratamos: A Carlos haced buscar. No está lejos. . Si los hados, dan dicha a quien no la busca, de que sirve importunarlos. Mira que hemos de fingir, que vendemos peines. . Mira que puede aquesta mentira condenarnos a morir. No es esto en lo que consiste el peligro. . Pues en qué? En qué Lisarda no esté de mi casamiento triste, Por serle tan desigual. Calla, señor, que te adora. Temo que se mude ahora con la autoridad Real, Pregona, amigo Serón, porque te oigan en palació? Mercan peines. . Ve de espar cuando llegues al balcón. Amigo, la Reina os llama. A mí, señor? . A vos pues. Mercan peines. . Y después moza de moza de ama. Dios va trazando que reines. Subid pues. . Ya voy, señor. temblando voy de temor, ven conmigo. . Mercan peines. Para que, señor, has hecho, que tus banderas y armas entren en Belgrado así, pues ella misma te llama, Los grandes no se resisten, ni te ponen asechanzas, y los plebeyos te abren las casas y las entrañas. No os albororéis, señores, que hoy ha sido de importancia traer para mi persona aquesta gente de guarda: bien se que me obedecéis, ya que me quiere Lisarda, mas no quiero que me quiera, y ahora sabréis la causa. Hoy dicen que han de casarse. Quién ha de mirar, Diana, a Carlos en tal desdicha? Aquí esta Conrado, calla. Qué gente es esta? . No sé. Has visto a Carlos? . Andaba cerca de perder el seso. Qué lastima! . Qué desgracia! Conde Arnaldo, Duque Otabió, y los demás que acompañan la nobleza de este Reino, oíd atentos. . Qué mandas? Lisarda tiene marido, ya está casada Lisarda. Tú no eres Rey de Ungría? No amigos, que en las montañas, adonde estuvo escondida se casó, y está casada, y ya tiene sucesión: no os lo dijo, porque estaba de vosptros temerosa: ya que con fuerzas se halla, y con el amparo mío esto que os digo os declara: Carlos de sangre de Reyes, y de lo mejor de España es su esposo, veisle ahí, no hay que replicar palabra, ese es el Príncipe Felix, nadie se atreva a enojarla, que le quitaré la vida. Todos tiemblan. . Todos callán. Señor, cuando a cosas justas sus vasallos el Rey llama excusado es el rigor, las armas son excusadas, todos besamos sus pies. Y tus pobres aldeanas con lágrimas de contento. Nobles, conquistad mi gracia con amarme, que hoy a todos os haré mercedes tantas, que quede pobre, aunque Rey. Viva Carlos, y Lisarda. Aquí, Senado, da fin la ventura sin buscarla.