Texto digital de La ventura en la desgracia
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Lope de Vega Carpio
- Atribución estilometría
- Luis de Belmonte Bermúdez Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la edición de Obras de Lope de Vega. RAE. Nueva edición.
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Cita sugerida
Velasco, Adrián. Texto digital de La ventura en la desgracia. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/ventura-en-la-desgracia-la.

LA VENTURA EN LA DESGRACIA
JORNADA PRIMERA
Poco en el jardín asisten los pajarillos. Recelan morir. Parece, si vuelan, que de los vientos se visten. mas no gozaran los vientos entre plumas de colores si en lugar de pasadores les tirara pensamientos. Bien me atreviera a alcanzarlos; mas si dejo de seguirlos es porque en lugar de herirlos los ahogara al tocarlos. Adoro a Sancha. Gonzalo; y el bien de gozarla estriba en tu favor. ¡ sí viva Tu Alteza como yo igualo mi diligencia a tu amor ! Mas, señor. ¿ no consideras que a tu bella esposa esperas? si me hiciera algún favor Sancha, pusiese en la bola del mundo seguro el pie. ¿ Luego has de romper la fe al Rey de Aragón ? ¿ No es sola Sancha la que quiso el cielo dar por milagro a la tierra? ¡ Mira que la Infanta ... ! Yerra quien la corona del suelo no le humilla. ¿ Cuando llega la Infanta rindes despojos a otro amor? ¡ Qué bellos ojos! Al Sol con su lumbre ciega. ¡ El Rey está divertido con esta mujer que adora! A tener espacio, ahora con la pompa que ha venido tu esposa, decir pudiera: pero entra ya en la ciudad. ¡ Qué peregrina beldad ! ¡ Quién un favor mereciera de mi Sancha ! ¿ En el jardín estás cuando ya la Infanta llega con grandeza tanta a ser tu esposa ? ¡ si el fin de mi amorosa pasión llegara a ver tan dichoso como es mi amor generoso! Culpando tu remisión, y aun ofendida también, llega a palacio la Infanta ; de tu poco amor se espanta. Mira que ya viene. ¿Quién? Tu esposa ; y ya la recibe la guarda. Mandelo yo, porque Sancha mereció todo este honor. ¿Así vive divertido un Rey? Ya llega. Ya mi amor me ha dado aviso que es el jardín paraíso, pues que la salida os niega. Aunque siendo Amor tan fiel y ingrato vuestro rigor, por desobediente, Amor pudiese echaros <le él. Advertid que aunque gocéis el bellísimo terreno, de flores y frutos lleno, es bien que solo os juzguéis. Aunque en dorado arrebol y entre lisonjera salva lleva en las· flores el alba perlas que desata el sol. Y aunque en el cristal rompido, manso entre una y otra orilla, viéndose la tortolilla piense que tiene marido, tarde pudierais tener, don Sancho, mi caro esposo, ni descanso ni reposo como os faltase mujer. Y así, aunque no habéis salido a recibirme, mi amor, por daros el bien mayor en la mujer, me ha traído. Seáis bien venida, señora. Fuese cuando le apuntaba; que a mi gusto el tiro estaba. ¿ En eso gastas ahora el tiempo, cuando destruyen tu opinión? ¡ Pasó el cercado ! duda que habéis pecado, pues que los pájaros huyen. A no ser tan inhumanos vuestros intentos, señor, yo sé muy bien que el Amor os lo trujera a las manos; que Amor, si bien lo miráis, les pone redes y grillos ; mas dicen los pajarillos huyendo que no me amáis. Pues si de ellos lo sabéis, no hay que preguntarme a mí. ¿ Luego vine en balde? Sí. ¿ Volvereme? Bien podéis. A estar sin padre, lo hiciera avergonzada y corrida de ver vuestra fe rompida ; mas cuando mi padre espera con nueva dichosa el fruto del matrimonio en los dos, don Sancho, no quiere Dios que vista el alma de luto el viejo Rey de Aragón viéndome así despreciar. De vos no me he de apartar aunque me deis ocasión; que despreciándome aquí con el desdén que resisto, dirá el mundo que lo ha visto que estuvo el defecto en mí. No le deis este pesar a mi padre, que os estima en mucho. ¿ A quién no lastima el suceso? No hay lugar, Infanta, en lo que pedís. ¿ Cómo excusaréis la guerra si me afrentáis? En mi tierra estoy. ¿ Que me despedís? Pasen siquiera tres días por honra del sacramento, que luego me iré a un convento a llorar desdichas mías. Esta es ya resolución. Dadme a besar vuestra mano siquiera. Es el ruego en vano. ¡ No saliera de Aragón nuestra Infanta sin un fuerte ejército a conocer vuestro injusto proceder! i Que a mí me has hablado advierte, villano! Noble nací, Sancho el Bravo, y si advertís, os toca lo que decís; que no me encargara a mi a vuestra esposa mi rey cuando naciera villano. Blanca, no le deis la mano a don Sancho, pues la ley rompe y el j u3to decoro que a vuestra persona debe. ¿ Que hay quien a Sancho se Luego ¿ porque falta el toro de Perilo en que te abrase, faltará tormento igual? ¡ Un escarmiento mortal haré en tu vida ! No pase vuestro rigor de los labios. ¡Quitadle un dardo a un villano, si puede serlo, en mi mano; que he de vengar mis agravios yo mismo! Dadle la vida a Ordoño, que yo me iré. ¡ Que estos disgustos me dé Aragón ! La paz, rompida queda ya por mí ; el poder que di para desposarme, pues quiero desobligarme, podéis hacerlo romper. Aragoneses : veremos qué ejército apercebís, con qué legiones medís de la falda a los extremos de Moncayo. ¡ Eterno lloro causarán vuestras pasiones l Muestre Aragón sus pendones con barras en campo de oro; que saldrán a recibirlos mis leones en sus garras, para que sirvan sus barras de cimiento a mis castillos. Esto es hecho. Dar la vuelta es lo que a Su Alteza importa. ¡Que fue mi dicha tan corta ! Es condición muy resuelta la del Rey. Con sus vasallos tenga esa resolución; que agravios, en Aragón sabemos ... ¿Qué? Castigarlos. Ya hemos llegado a Toledo, y ya la calle dichosa pisáis de tu prenda hermosa. Pues ¿ en qué serviros puedo? ¡ Bendito sea Dios, que habló! Como por su imagen tiene a Sancha, el milagro viene a pelo: la habla cobró en llegando a ver su templo. ¿ Quién en deidades no espera? Ponla una lengua de cera para que sirva de ejemplo a majaderos de amor, que quieren sufrir callando. Desde Barcelona vengo suplicando a don García me cuente su historia. La porfía vuestra venció; ya prevengo la memoria al triste cuento, cuyo lastimoso estrago vence al que escuchó en Cartago la reina. Ya os oigo atento. Y a sabéis, don Lope amigo, cómo, por los hechos claros de mis mayores, me honraba nuestro rey don Sancho el Bravo, y que mi abuelo en Sevilla, maestre de Santiago, honró con su fama el mundo sirviendo a Fernando el Santo. Fue mi padre la privanza de su hijo Alfonso el Sabio, que agonizando en la cama nos encomendó a don Sancho. Mi padre, sirviendo al Rey. acabó hecho pedazos de más cuchillas moriscas, que lloró la envidia agravios : amparose el Rey, servile desde los quince a veinte años que abrí los ojos al mundo y los del alma al palacio: doña Sancha de Meneses, a quien los cielos guardaron porque vi a su hermosura acreditando milagros, a quien si Alejandro viera no fuera tan Alejandro con Apeles, si es que el Sol puede humillarse a retratos. una tarde en el jardín florido, ejemplar de mayo. dando a Dafne envidia inútil. pude hablarla al pie de un lauro. Fue la vergüenza pintora, y los ojos. al mirarnos, pinceles que a las mejillas de casta púrpura honraron: rompió el silencio el Amor, que aunque lo entienden callando. divinamente se apura, entre sentimientos castos. Presentes cielos y flores. merecí gozar su mano, con fe de esposo jurada por la lealtad de un abrazo. Vionos el Rey. y cual suele flechar escondido el arco cauto el cazador que esparce los pajarillos del árbol. huyendo salí, medroso. y ella por unos sagrados mirtos de Venus se entró. temiendo al Rey. en su cuarto. Apenas pasó un instante, que no me dieron más plazo, cuando sus ojos me privan entre el destierro y mi llanto. Cumplí en Córdoba el destierro. donde jamás se enjugaron mis ojos. hasta que el cielo me trujo para más daños: llegué a Toledo una noche ( cerca de la calle estamos donde pasó mi tragedia), pues no anduve muchos pasos, cuando. entre espadas y voces que hasta las piedras temblaron. "matadla. primos", escucho, ''para que muera mi agravio”: Acerquéme al fiero estruendo diciendo: "¡ Teneos, villanos!; que, si es mujer. es bajeza venir a matarla tantos''. Ampareme en la rodela. y alzando la espada y brazo vi a mi lado una mujer pidiendo favor, temblando: ''Sosiega, mujer, no temas. que segura estás en tanto que gobierne el blanco acero, dije; y. esperando a cuatro que delanteros venían, hice lo que me enseñaron mi sangre y obligaciones: canselos, y me dejaron; pero cargando una tropa de amigos, deudos. criados. como al jabalí de Escocia. me arrojan lanzas y dardos. Venció a la razón la furia. y como el espín armado de rabia y manchadas puntas pasa tronchando venablos, dije, arrojándome entre ellos: "Bien parece, toledanos. que no me habéis conocido; García soy, el desterrado". Apenas mi nombre dije. si bien no me respetaron, cuando. enamorando el cielo. aunque con ecos turbados: "Doña Sancha soy, García''. dijo la dama, "que, avaros los planetas en tu ofensa. anoche me desposaron. si han forzado mi albedrío. dígalo el presente caso, pues me matan por hallarme adorando en tu retrato. Tuya soy, querido esposo: para tus brazos me guardo, que no ha tocado los míos quien esperaba gozarlos''. No más furioso le pintan a Polifemo burlado. cuando a la nave de Ulises iba arrojando peñascos, que yo, pues la roja espada figurando cielo el brazo, como Júpiter en Flegra. iba despidiendo rayos: pero. temiendo el peligro. salí por la calle abajo, a mis espaldas mi Sancha y a mi frente los contrarios. Dieron de una casa voces, diciendo: "Para guardaros la abrimos"; gané la entrada. poniendo a mi esposa en salvo; retireme, y a una esquina, que es el corazón presagio de desdichas. esperé lo que los cielos trazaron ; entró don Jaime de Luna. con furia de desposado ofendido, y dando -voces pasó atravesando patios: ''¡ Muera doña Sancha. primos!: porque va depositado mi honor en su misma vida, y he de morir por cobrarlo". Arrojeme entre los suyos. pero con pasos más tardos, que él iba seguro a priesa, y yo, en peligro, despacio. Rompió a un camarín la puerta, que los infelices hados mortales avisos dieron que estaba Sancha en el cuarto ; entró, y hallola postrada a un oratorio abrazando a una imagen de la Virgen; mas, como iba ciego y bravo. perdiendo a Dios el respeto, de los cabellos dorados cogió a Sancha, y con la diestra un corto puñal sacando ... ¡ Plaza, plaza! ¡El Rey! ¿ Qué es esto? Mirad si es para contado mi suceso, pues el Rey quiere matarme al contarlo. El Rey su palacio deja de noche: ¿si con presagio de mi muerte? Pues, García, seguidme, y pondreos en salvo. Mientras pasa el Rey será, porque he de morir amando en la esfera de mi fuego. Yo estoy sin culpa. y le aguardo. Poco es mi reino, si espera debidos premios. Gonzalo : que Sane ha se determina a salir contigo? Alcanzo dicha feliz en la tuya. De manera la engaña ron letra v firma contrahechas. que le dio el porte en abrazos; besó mil veces la firma, diciendo: ''Los cielos claros verán que Sancha y García se rinden a un mismo lazo. Dirasle a mi caro esposo que sólo a la noche aguardo, porque en su tiniebla y sombras siga al sol que voy buscando; vendrás a las once, amigo. con el posible recato. porque a tu señor me lleves". ¡ Ahora sí es rey don Sancho! ¿ Hay fortuna más dichosa, que sin escuadrón armado gozó la mayor vitoria? ¿ Y sabe su hermana el caso? Fue necesario que Elvira lo supiese y, como en años es mayor aconsejola sagaz en tu mismo engaño, porque tu gusto procura. Pues premiarala mi mano con dote igual a quien es. ¿ El Rey con tanto aparato. v de noche? ¡ Vive Dios, que ya se me pudre el bazo por saberlo! ¡ Ah. gentilhombre. que los hay del Rey en año! ¿ Qué mandáis? Saber quisiera, para quedar hombre sabio, dónde va el Rey a estas horas. A ser de unos desposados padrino. ¿Y los novios. quién? Haré falta. si me tardo, v no es bien que me detenga. ¿ Y podréis decirlo andando? Muy bien, si venís conmigo. Sois discreto, a fe de hidalgo, y que os diera para guantes, a no acercarse el verano. Ya estáis seguro del Rey. ¡ Quién pudiera estarlo tanto que esta noche, sin peligro, viese a mi Sancha ! Acordaos que dejasteis vuestra historia partida y hecha pedazos, como los sucesos de ella. Digo, pues, que alzando el brazo don Jaime quiso esconderle en el pecho, casi helado, el temeroso puñal ; pero si mis pies volaron, dígalo Amor: llegué a tiempo que, metiendo cuerpo y manos, puse treguas a la muerte, aunque luego se quebraron en la de Jaime, pues fiero, pude envainarle el manchado estoque, huyendo el alma de quien la despide a saltos; huyó doña Sancha, y yo, perseguido y maltratado, pude, dejando a Toledo, pasar los términos anchos del hondo mar; pasé a Italia, donde en muy confuso caos he estado tres años justos, siendo tan injustos años. No he sabido de mi esposa ; sólo he sabido que traigo la vida en tanto peligro como los que os he contado. si sois, don Lope, mi amigo, ahora habéis de mostraros, más que prudente en consejos, en atrevimientos franco; yo he de ver si Sancha vive; si alojan selvas y campos, para matarme, más hombres que peina arenas el Tajo. Con ánimo de morir, si importare, os acompaño; que, fuera de vuestra causa, otra me obliga a animaros. En vuestra ausencia, García, aunque ha seis meses que falto, he solicitado a Elvira, hermana de Sancha ; vamos a saber de vuestra esposa, que ya es la causa de entrambos, y bastan para mil hombres. dos amantes agraviados. ¿ Tanta desdicha apercibes, Fortuna, al hombre más bueno? Como el otro con veneno, tú con las desdichas vives. ¿ Qué dices, Estopiñán? Dice Estopiñán que ha visto la muerte, y no al pie de un Cristo, sino al entrar de un zaguán. ¿ Tú la muerte? Yo la muerte ; desesperada venía, mas dijo que no era mía, pero su título advierte que es tuya ; mira si estoy con razón alborotado : a doña Sancha han casado, digo que se casa hoy, ahora, de aquí a un momento, que el Rey va a ser su padrino; su esposo es don Bernardino, primo del muerto. Oye atento: por pagarle liberal el Rey, dicen que le casa con la moza; aquesto pasa. Bien dices, que era mortal la imagen que viste. j Ah cielos!, si de espadas me libráis, ¿ por qué de amor me matáis? ¿ por qué me matáis de celos? ¿ Mi esposa en otro poder? ¿ en otros brazos mi esposa? Don Lope, ya vive ociosa la espada; yo he de perder la vida, y si mil tuviera. La que tienes perderás, si te descubres. ¿ Ya estás medroso? ¡ Detente, espera ! Mira que vas a morir, y no a cobrar a tu esposa. Y si ahora se desposa, después ¿ qué podrá servir el atrevimiento mío? Déjame, que no es consejo el que así turba el espejo del valor ; en vano fío de cuerda prudencia ajena mi atrevida ejecución. que en amor la dilación jamás para nada es buena. Tan amigo de obras soy que yo me aborrezco hablando, pues estándoles matando diré que a matarlos voy. ¿No basta que me condene Rey, a morir, si a Toledo piso? ¿ Que tan poco puedo? ¿ Sino que mi muerte ordenes por tan extraños camino? ¿ Hay linaje de rigor más fuerte? ¡ Ayúdame, Amor, y verás hechos divinos ! Verasme cómo abrazado a un mármol del edificio. hurto a Sansón el oficio. ya ciego de enamorado. ¡ Que no escarmiente el segundo, habiendo muerto al primero! Pues él será, si no muero. ejemplo sangriento al mundo. Vamos, que oculto en mi casa ... Don Lope, el alma se abrasa. Donde moriré contigo, nos dará consejo Amor. Mira que agravios me incitan. Ya que a su esposa le quitan, pónganle esposas. señor. Por tan imposible siento que don Lope le sosiegue como que un ladrón no juegue y que juegue un avariento. El estado más feliz que el alma espera, hermana, la posesión de mi pagada afición. Vuela con planta ligera. Fiel criado de García. verá el Rey con tanta infamia mis bodas las de Hipodamia. por más que honrarlas porfía. Hasta que un rato desfleme mi señor, no me está a cuento verle el rostro. Gente siento. ¡ Para que se extreme la Fortuna en derribarme! ¿ si nos salen a buscar? Elvira? Da que pensar la gente y luces. Guardarme puede el cielo, pues me guía una honesta voluntad. ¡Por Dios que traen majestad ! Hurtando vienen al día la luz. ¿ si es el desposado? Hermana, ¿ qué hemos de hacer? Mira que nos han de ver. Tu recelo me ha turbado. Allí está una casa abierta donde encubrirnos podemos. el riesgo que vemos me enseña mi dicha incierta. La mía. decir podrás que será incierta y dudosa si por la carta engañosa al Rey engañada vas. si adoro al Rey. ¿ quién me ha que yo su engaño acredite, hecho para que a Sancha le quite el bien que cabe en mi pecho? Contra mi hermana y mi amor traición más acreditada. que dé yo misma la espada para probar su rigor? No ha de ser así: que pienso, librando a Sancha del Rey. cumplir de mi amor la ley. Del alma es el fuego inmenso. y sólo puede templarle el Rey, a quien ciega adoro. pues perdiéndole el decoro pienso esta noche engañarle. Criado de don García fingido, llega y verás cuando tú engañando estas cómo hay quien te engañe un día. Miren lo que el mundo encierra: mi amo desesperado. y contento el desposado. todo en un palmo de tierra. Es mundo; no hay que fiar. que ha de hacer como quien es. y sólo el que anda el revés es quien lo puede alcanzar. si hurta para soletas el sastre cojo, una vara, aunque el mundo no se para lo ha de alcanzar sin muleta. Moja el mercader la seda para que le pese más : éste no se queda atrás, ni aun el tejedor se queda. También le alcanza volando el albañil. no cayendo, sino el invierno mintiendo en lo que ,·a trastejando: porque aunque los techos clamen por muchas bocas abiertas. deja las más descubiertas para que otra vez lo llamen. También si el mundo se nota. para sin freno el caballo, y es porque pueda alcanzarlo cualquier logrero con gota. Y a doy en legislador ; mas si el alma no me engaña no hay mayor bulto en España. aunque lo pinte el temor. A mi abrigo se me viene costeándome el estrecho: que no es pequeño el del pecho. ¡ No esperar más me conviene! ¿ Dónde se ha quedado Elvira? ¡ Sola me ha dejado. cielos! pero acorta mis recelos el bien a que el alma aspira. Que pienso que viendo estoy a quien me aguarda: ¿ qué espero sin llegar hablar primero? ¿ Sois de don García? Soy ... ¡ Válgame un santo gigante! ¿ Apenas hemos Yen ido y ya nos han conocido? ¡ Que una mujer os espante, y más sirviendo a García ! ¿ si no es que me habéis burlado? Digo que soy su criado, por el alma de mi tía. Pues si lo que importa veis. ¿ cómo más prisa no os dais? Sin duda, el riesgo ignoráis, pues que tan poco teméis. En vuestra prisa consiste mi vida y la de García. ¿ Hay más nueva algarabía? ¿ Así una mujer embiste de noche, sin ver a quién? ¿ si por el pie me ha sacado? que, aunque lo calzo apretado, mido un cordobán muy bien. Buen olor: ¿ si es ámbar gris? Mejor, ello es alhucema. ¡ si como es la noche yema. fuera clara ! ¿ Qué decís? Vamos ya, que no querría llevarle a mi amo en duda una mujer zapatuda; mas ¿ querrá la dicha mía que con toledano pico tenga de retrato el rostro. que ángel pintado un mostro, manaza grande y pie chico? Que con esto y no pedir sino fuere la licencia para entrar, puedo en conciencia llevarla. Bien podéis ir, que ya mi señor ensaya los brazos hecho un aspado. ¿ Sabrá la ley que he guardado? si es la de Moisén, no vaya. De industria a Sancha he perdido porque no se pierda aquí. Engañose el Rey en mí, ya que su engaño he sabido. Que no pagara tan mal mi amor, sin suplir mi falta, pues ve que mi sangre esmalta la corona a Portugal. Volverase Sancha luego si Ye que falta el criado, y templará el desposado su ardiente amoroso fuego. Que cuando la halle el día, será muy cierto y forzoso que olvide, ausente a García. Serán las once: permita mi pretendida esperanza que halle en tanto mar bonanza. Ya el cuidado resucita mi bien. Doña Sancha es esta, que ya esperando me está. Un hombre viene: ¿ será el que aguardo? Ya se apresta para recibirlo el alma. si es ella, las gracias doy a mi ventura; yo soy el que merece la palma de fiel criado. García, si sois doña Sancha, espera vuestra luz, que es propia esfera ele su amor. Pues llegue el día que entre peligros tan claros merezca pagar su amor, y a vos, por tanto favor, me deje el cielo premiaros. Vamos, que sombras obscuras de la noche ... si me viera reina yo ... ; pero no fuera de las mayores venturas. El cielo, don Bernardino, os haga a vos más dichoso que a don Jaime. Ya es forzoso. pues quien a matarle vino nos ha puesto en medio el mar, temiendo vuestro rigor. Mucho os levanta el favor, y yo os pienso derribar. Tirad lo que hacéis, mancebo, y buscad otra mujer. Vuestra hija lo ha de ser; que si al mismo Sol me atrevo. por la calidad que tiene mi sangre la mereció. No me meto en eso yo: sé decir que no os c01wiene. Sabrá que vos lo estorbáis, el Rey. Hablemos más Paso· Don Tello, cuando me caso. ¿ por qué la casa turbáis? Porque me importa que vos no seáis mi yerno. Seré, cuando más pesar os dé. ¡ No lo seréis. juro a Dios. porque ha de saber mi espada mataros si me enojáis! ¡Muy descomedido andáis! ¡ Mentís! ¿ Qué es eso? No es nada si quiere don Bernardino. ¡ Vive Dios! Hablemos paso. ¿ Tal sufro cuando me caso? ¿ Qué sufrir? ¡ mas imagino que hombre que el Rey atropella diciendo que ama a mi hija. y que él por mujer la elija. se casa para venderla ! Conmigo el Rey de Castilla muy poco en mi ofensa acaba. Quien la mujer os alaba . no está lejos de pedirla. Sois mozo, y quiero advertiros por lo que en el mundo pasa. que pienso que el Rey os casa para tener qué pediros. En suma: ¡ no se ha de hacer, si os favorece el infierno, porque no ha de ser mi yerno quien prive por la mujer! Sí. señor; la llave tiene de la casa de García don Gonzalo. Tarde el día cuanto mi bien se detiene. Don Juan, ¿ si habrá ya salido doña Sancha? Cosa es cierta. porque quien tu bien concierta, con cuidado te ha sen-ido. Ya os he dicho que finjáis algún nuevo impedimento. El Rey hace el casamiento por más que vos lo impidáis y después que esté casado, quién soy os daré a entender. Otros por tener mujer que perder, no se han vengado. Y vos, como aquí decís, os casáis para vengaros ; mejor será no casaros, y veréis cómo reñís. si las desdichas han dado lugar para que se cuenten. ésta es la mejor de todas. que habéis de llorarla siempre. Doña Sancha, mi señora, sin que sentirla pudiesen. abriendo al jardín la puerta ... ¡ Albricias! De un Rey la tienes. Habla, [Costanza]. ¿ qué dices? ¡ Cielos ! ¿ Qué estrellas crueles contrarias a mi fortuna de vuestro cerco me ofenden ? Digo, señor, que tu hija ... ¿ Qué ha hecho mi hija? ¿ Fuese? Sí, señor. ¡ Válgame Dios ! Segura estaba la liebre, que si me la han levantado. perros son del Rey, que puede entrar en el soto ajeno, aunque a su dueño le pese. ¡ Vive Dios que fue don Tello, quien en salud se previene! ¡ El ha escondido a su hija ! Haré que el Rey lo remedie. Señor, don Tello no gusta que yo mis bodas celebre con su hija doña Sancha, y hasta que yo me vengue quiero encubrir los agravios de su lengua : nadie tiene a Sancha, si él no la encubre. Vuestra Majestad le ordene que a su presencia la traiga. Porque es en mi daño, miente. ¡ Pluguiera a Dios que yo fuera, aunque dejara en rehenes mi vida. ¡ Quiero esforzar, por lo que a mi honor conviene, su engaño, aunque yo peligre. A mi voluntad se debe, señor, que guardéis justicia y que vuestro enojo prueben los que en la presencia vuestra os burlan para ofenderme. Bien nuestro engaño se entabla, pues Bernardino lo siente tanto, que a don Tello culpa. Mira, señor, si merece don Gonzalo honrosos premios. Hará mi amor que le premie. mas disimular importa. Don Tello, nadie se atreve ni a la sombra de mis plantas, como de cuerdo se precie. Pues cuando don Bernardino naciera en la humilde plebe. y no de sangre tan clara, bastaba que yo quisiese, como su padrino, honrarlo. No perdéis cuando se mezcle la ilustre sangre de Luna con la sangre de Meneses, aunque no me persuado que quien respeta a los reyes tanto como vos, se atreva a lo que el crédito excede: que no es posible que vos, aunque el mundo lo sospeche, la tengáis, que no es posible. Sí es posible. ¡ Que confiese su mismo delito un hombre! ¿ Quién tiene a Sancha? Quien puede. ¿ Teneisla vos? Yo la tengo. ¡ Cielos, forzose mi suerte ! Tello, pienso que el dolor de ver vuestra hija ausente os hace desvariar. Luego ¿ los padres no pueden guardar sus hijas? Ya he dicho que soy quien a Sancha tiene. No es tan liviana mi hija para que su casa deje sin que lo sepan sus padres. Don Juan, si es esto verdad, ¿ a quién habrá que me queje de tan infeliz suceso? Pues manda, señor, prenderle porque dé a su hija. Escucha: turbado el dolor me tiene. Tello: perderé mil vidas antes que la empresa deje. Mi esposa me habéis de dar. Para entre los dos, ¿ quién puede dárosla? Y o no la tengo. ¡ juro a Dios! Tello no quiere nuestra amistad. Escuchadme : ¿ sabéis de Sancha? ¿ Qué quiere saber Vuestra Majestad? ¿No basta saber que siempre soy desdichado? Mi hija, aunque la vida me cueste me pagará lo que ha hecho. Ya vuelve el semblante alegre el Rey. ¡ Como ve que falta por orden suya ! ... si vuelve. merezca perdón por mí. Y si vuelve diferente, ¿ quién ha de pagarme el daño? Pues mire el que el hecho emprende que tengo brazo y espada y soy Tello de Meneses.
JORNADA SEGUNDA
Fortún, vuélveme a decir la prevención que se ha hecho, para que sosiegue el pecho. Todos hemos de morir por servirte, y basta estar en casa de mi señor para negociar mejor de lo que puedes pensar. Vuestro linaje y el mío se han empeñado ; ya están a caballo, y perderán, que de su valor lo fío, las vidas, o vuestra esposa no ha de tocar mano ajena. Don Bermuda es quien lo ordena; una escuadra valerosa de valientes lleva armada: otra don Álvaro lleva. que en la más difícil prueba han sabido honrar su espada. En jinetes voladores todos de máscara esperan tiempo y lugar. Mal pudieran con tan seguros favores atreverse a darme enojos de Jerjes las compañías. ¡ Dejadme, tinieblas frías. gozar los serenos ojos de Sancha ! si el desposado la lleva a su casa, está seguro el hecho. ¿ Y podrá cuando se quede ...? Ya he dado orden que en saliendo el Rey, a quien respeto se debe ... ¿ Qué bruto a su Rey se atreve, cuando el respetarlo es ley natural? Saliendo, digo, el Rey, acometeremos en tropas, y que tendremos próspera suerte, me obligo; porque el pueblo ha de pensar que es máscara, y ordenada a honor de la desposada, con que tendremos lugar de sacarla fácilmente. ¿ Y si las manos se han dado? Dejadme a mí el desposado, aunque blasone valiente de haber muerto en desafío al Alcaide de Antequera. Ya veis si importa que muera. Poco ha de importarle el brío; mas quiero os pedir licencia de robar también a Elvira: mirad que el alma suspira por su luz. ¡ Fuera inclemencia, don Lope, la que yo usara con vos, si estorbo os pusiera; ¡ pluguiera a Dios que trujera, para que en algo os premiara, doña Elvira un reino entero! Sólo el aviso aguardamos para que los dos salgamos. Olvidar de industria quiero. El enojo que me da Estopiñán. Por excusarlo se quedó. Y o iré a buscarlo. No es menester ; que él tendrá más cuidado de venir que su señor de esperar : quedose por avisar lo que viese. Y a dormir. que lo sabe hacer muy bien. Espérate aquí tapada; daré mi humana embajada. ¡ Válgame el buey de Belén! ¿ Estoy en Marruecos yo? Llega, no tengas temor, Estopiñán. ¡ Oh, señor! Pues ¿ tan presto renegó. sin dar parte a sus criados? De tu tardanza pudiera. Y a vine, y saber quisiera qué intentos desesperados te han obligado a dejar nuestra católica fe. ¿ Yo? ¿ Qué amante hay que no eté a pique de renegar ? El capítulo primero dicen que es buscar mujeres: pues en verdad que si quieres comenzar, y aun sin dinero. que no es pequeño milagro. te daré yo una mozuela. ¡Necio ! si el Sol me desvela. si a su hermosa luz consagro el alma. ¿ a ofrecerme vienes nuevo amor? Mira que está a la puerta, y que podrá escuchando tus desdenes irse. La moza es gallarda. tiene lindas pantorrillas, y hará por ti maravilla. Mucho en recibirme tarda García. Callando estoy, por no matarte. ¿ Estás loco? si sabes que el cielo toco y que en sus esferas voy. ¿ por qué bajamente quieres que mi pensamiento humille? A quien es puedes decirle que son humildes mujeres cuantas el mundo sustenta, para que me agrade yo; sólo mi amor penetró la luz de} sol que me alienta. Voy a despedirla. Digo. Escucha. ¿ Qué le queréis? ¿ Tenéis ganas de matarme, o que desespere aquí? ¿ Hay despedimiento? Sí. Quien ha podido mandarme, dice que os volváis. ¿ Por qué? Él lo dirá, si escucháis. Sancha. buen premio lleváis. mas si en el traje se ve mudanza, ¿ de qué me espanto que mude el alma también ? ¿Yo más favor? ¿Yo más bien? No podrán las yerbas tanto de Tesalia y Coleas. Prueben Circe y Calipso a mudarme. Pues has podido olvidarme, hechizos son que te mueven. ¿ Hubo más fácil mudanza de tan largo amor? ¡ Ah, cielos ! ¿ si comenzaré por celos a malograr mi esperanza? Infernal hechizo ha sido que con tanta fuerza ha obrado. pues que tan presto ha mudado ¡ cielos ! el alma y vestido. ¡Ea! ¿ Cómo no avisáis? Deudos y amigos, ¿ qué hacéis, cuando mi peligro veis, en lo mucho que tardáis? Mirad que me va la vida, y aun la del alma me va ; que si pierdo el bien será la del alma aborrecida. Pienso que me han de eclipsar el bien si pasan las horas. Dime qué mujer adoras: que yo te la iré a buscar. Don Lope, alcanzar no puedo qué yerba o flor virtuosa muestra esta imagen hermosa. ¿ si es campo egipcio Toledo? Mira que es tu esposa bella: obra la imaginación Don Lope, las yerbas son. que la han transformado en ella. Cuando a los campos bajara Venus, y Adonis herido con desmayado sentido piadosamente llorara, si bien son fábulas griegas, les diera crédito aquí primero, que han hecho en mí imaginaciones ciegas, que me presentan en vano, la imagen que humilde adoro. Basta, que el vestido moro te quita el amor cristiano. Por no querer conocerme pienso que no me conoce. Así mi esperanza goce el bien que puedo ofrecerme. que es dueño de tu albedrío. Perdiéndome lo verás. Vuelve al alma donde estás, divino imposible mío, que ¿ quién ha de imaginar que baje el Sol blandamente?. pues un rayo de su frente ... ¡ Ea. llegaos a abrazar ! Mucho de imposible tiene este bien que gozo ahora; que llegar al punto y hora que tu boda se previene padrino el Rey, y tu casa llena de guarda real, y tú, con amor igual al mismo amor que me abrasa. ¿ dejar esposo y padrino y buscarme sin saber que vine? Eso es ofender mi honor, que al cielo encamino. Porque me esperas como lo dice un papel de tu mano, fui cruel a la ilustre compañía que dejo ahora burlada. ¿ Yo papel? Tu letra y firma mi resolución confirma, de mi amor acompañada. Salí a buscar al criado que me esperaba en tu nombre : vi en el mismo puesto un hombre tuyo, y quedó acreditado mi amor; son buenos testigos? ¡ Y a fuera el robo de Europa ! ¡ Pues si conmigo no topa. la llevan por esos trigos ! ¿ Y o papel? Apenas tuve lugar de pisar tu calle. ¡ Que tal ventura se halle! ¿ Tan para perderme estuve? También el papel decía que en tu casa me esperabas. Muy buen camino llevabas! Ya que doña Sancha es mía, mi boda he de celebrar en mi casa. Es imprudente tu consejo. El delincuente más seguro suele estar donde el riesgo está más llano_ Yerma está la casa, y tiene la llave el Rey. Pues ya viene el dueño, y fuera villano. cuando la vuestra dejáis. no ampararos en la mía. ¿ De quién el papel sería? ¡ Ah celos ! ¿ Y a comenzáis ? Don Lope. Fortún prevenga nuestros deudos, por si fueren menester. Todos os quieren servir. ¡ Plega a Dios que tenga próspero fin la jornada ! Veré quién turba mi honor. don Lope. Todo el favor que puedo ofrece mi espada ; que quien, siendo un rey padrino y tan noble el desposado, robar a Sancha ha intentado, que es gran persona imagino. si de mis. umbrales pasa, aunque en la grandeza llegue al Sol, yo le haré que riegue con sangre el suelo a mi casa. Pues para encubrirnos más, dejemos el traje moro. La nueva invención ignoro. Después saberlo podrás. ¡ Vamos, mi bien ! ¡ Infinitas gracias doy a Dios que os veo ! Sois alma de mi deseo. Vos, mi dueño. ¡ Andar, pavitas ! En esta cuadra podrás esperar a don García. ¿ Sin luz? ¿ No ves que podría venir a perderse más? si está condenado a muerte, ¿ quieres que le acierte a ver quien le procura ofender? Más quiero gozar la suerte de hablarle sin verle aquí, que verle con el temor de perderle. Ese es amor. Muy bien he trazado así lo que estar sin luz me importa. Sancha, ya viene García. Hará poca falta el día. Siente que la noche es corta para bien tan esperado. En mi dicha corta fue. ¡ Qué bien a Sancha engañé ! ¡ Qué bien al Rey he engañado ! Sancha, no quieren los cielos que tan esperado bien lo goce sin que me den pensión de sombras y velos. Debe el bien comunicarse con imposibles de verse; que humilde, vendrá a perderse, y fácil, a no estimarse. De Italia vengo medroso de tu vida; que el amor tiene la parte mayor en ti. Menos cauteloso, don Sancho, os quisiera ver. Gonzalo, yo soy perdido; que Sancha me ha conocido. ¡ Porque yo venga a perder lo que mi privanza espera ! No desesperéis, señor ; por mi rey os tengo amor, y sólo por vos vm1era. Elvira, como prudente me aconseja, y mal podría vencer ausente García el amor de un rey presente. El engaño del papel me dijo, y creed, señor, que he estimado a gran favor la verdad del dueño de él. ¿ Teneisle acaso? No acaso guardo vuestras prendas yo. A Sancha se le olvidó de contento. El alma abraso, Sancha, en descubierto amor. ¡ Deseos, resucitad! ¿ Queréis el papel ? Mostrad. Y o lo guardaré, señor. Por tu riesgo solamente no hay luz; pero si la quieres ... No importa. Dice que esperes, que ha sentido en casa gente, y hasta que se asegure, no es bien descansar contigo. ¡ El miedo que va conmigo no es menester que lo jure! Cuando las almas se ven con el fuego del amor, no dan las sombras temor. No tiene el alma otro bien sino a vos. Estopiñán, ¿ oíste una voz ahora ? Vos sois la reina y sei10ra. ¡ Cuando así estos miedos dan, llaman a Santa Polonia ! Que soy vuestra esclava os digo. ¡ Ea ! , ya ha dado conmigo la fantasma de Bolonia. Dadme a besar una mano. Hay que averiguar primero. Conocer las voces quiero, por más que me aflige en vano el temor. ¡ Válgame Dios ! ¿ Esta no es la voz de Elvira? si a este bien el alma aspira y estamos solos los dos, ya es prueba de poca fe negarme el favor que os pido. ¡Basta!, que de Elvira he sido engañada bien se ve. Dejose sola en la calle. por hurtarme el bien que espero. ¿ Ha habido intento más fiero? El bien no es razón negarle a quien lo ha de poseer : mas quien tiene tanto amor tampoco niega un favor por grande que venga a ser. si veis que el alma os concedo, ¿ qué favor he de negar? Aquí no hay más que aguardar, ¡ húmido me tiene el miedo ! Topar quisiera la puerta. por llamar a mi señor. ¡ Que contra a mi mismo honor tan fiero engaño concierta Elvira ! ¡ Plega a los cielos, falsa hermana, que en tu daño pagues llorando este engaño con averiguados celos! ¡ Plega a Dios que en mano y pecho tu galán se alivia halle un arenal de Libia. de fieros áspides hecho. Mirad que vuestro me pinto. ¡ Plega a Dios que al verle el rostro te descubra el sol un mostro mayor que el del Laberinto! ¡ Plega a Dios que llegue a oído, por amoroso trofeo, los suspiros de Tifeo, que vierte fuego en suspiros! ¿ si es mi esposo a quien pretende su voz no determino. ¿ si no es que al concierto vino quien en mi deshonra entiende con el fingido papel? ¿ Hay más nueva confusión? Notable resolución; vendréis a dar en cruel: mas con humildad espero venceros. Será excusado. ¿ si la puerta me han tapiado? ¡ Desvíate, majadero! Todo con amor se acaba. Como andamos a buscar la puerta, quise llamar y entendí que eras la aldaba. Donde hay celos, no hay temor. Más cerca quiero escuchar. Podré mi daño estorbar. Digo que hay dentro rumor y he escuchado voz de un hombre. ¿ Voz de un hombre? ¿ Y has oído a Sancha? Como a rendido podéis. ¡ Que una voz te asombre ! Escucha. si el alma os di, es porque me deis de esposo la mano. ¡ Cielo piadoso ! ¿ Qué escucho? Sancha, no vi en tan discreta hermosura tanto rigor. si negáis pensaré que me engañáis. Mi bien, vuestro amor me apura tanto, que habéis de vencer ... A la envidia, siendo vos mi esposo ... ¡ Válgame Dios! ¿ Esto se puede creer? ¡ Sancha de otro amor rendida ! ¿ Y hay hombre que a dar se atreve la mano a quien hoy me debe la voluntad y la vida que en don Jaime no escarmiente. mas de suerte el mundo está que no hay quien le guarde ya el respeto a un hombre ausente. No fuera por más trofeo de quien le ha de hacer pedazos el gigante de cien brazos, si tuvo ciento Briateo, para cortarle cien veces la mano que le ha ofrecido. ¡ Celos, vuestra furia os pido ! ¡ Dale un pan corno unas nueces ! Pues mientras llega este día. contentaos con un abrazo. Importa alargar el plazo, y no por voluntad mía ; que hay a quien mirar primero. Sé que tenéis que mirar. Sancha, que os llego a abrazar. Será el abrazo postrero. Esperad, señor, que he visto luz en la sala. ¡ Ay de mí ! Bien y esperanza perdí. ¿ Así un agravio resisto? ¡ Muere, villano! ¿ A tu Rey? ¿ Quién sino mi Rey hiciera que un agravio obedeciera ley de quien no guarda ley? mas quiero, Rey, avisaros de mis pensamientos fieros, que traje luz para veros y espada para mataros. mas quien la sustenta honrada, siempre a su Rey la humilló, aunque ahora os ofendió más la lumbre que la espada. Que a un Rey que vive tan ciego. pues que la lumbre teméis, viene la antorcha que veis a ser espada de fuego. Bien haces, loco García, en darme nombre de rey, pues que no se empeñe es ley jamás la persona mía. Sancho soy el Bravo, y sabes que este brazo se eterniza haciendo el pecho ceniza de las montañas más graves. Y que si valor publicas y yo me llego a enojar, puedo despeñarte al mar mejor que el tebano a Licas. Pero quien ciñe corona de española autoridad, mate con la majestad y turbe con la persona. Rinde las armas ; mi guarda llamad, que espero en la calle. ¿Más que ha de mandar matarle? Bien dices que me acobarda la voz de mi Rey; que sola a la más alta montaña la humilla, cual tierna caña, pero es montaña española; que saben guardar lealtad a su rey hasta los montes, si bien hay reyes Faetontes que despeñan la bondad. Venga tu guarda, don Sancho. y quedará satisfecho tu rigor ; que tengo el pecho ya para heridas muy ancho. La espada rindo a tus pies, que como a su Rey se humilla ; mas si ganó una cuchilla de tu guarda, es interés. Noble la defensa, entonces verá el valor que publicas qué son en mis brazos ricas montañas de acero y bronces ; verá tu guarda española, que no hay más que encarecer, cómo la llego a romper con una alabarda sola; verás, a tajos y puntas, si tu venganza porfía. vivo el honor de García cuando tus guardas difuntas ; veraste sin guarda aquí, ni poderte defender, tanto. que habrás menester que yo te guarde de mí. Señor, si tiene el amor disculpa. clemencia pide su yerro, aunque ciego, impide vuestra clemencia y favor. Mirad si os tiene respeto que. viniendo tan feroz, lo suspendió vuestra voz para tenerlo sujeto; no es vuestra hazaña el matarlo aunque le culpe la ley, y no estima en poco al Rey quien se confiesa vasallo. No os conoció, de turbado. Ni aun a ti te he conocido: a ti por lo que has subido, y al Rey por lo que ha bajado. Quizá te dará por mí satisfacción mi inocencia, que ahora está una sentencia amenazándote aquí. La guarda está aquí, señor. ¡ Prendedle ! Mucho poder tendrá quien me ha de prender. Mira que estás sin valor, y es flaca tu resistencia. si me rindo he de morir, y muero por no rendir el valor. En tu presencia se atreve nadie? ... ¡Matadle, hacedle pedazos, muera ! ¡Muera el que ofenderle quiera ! Dicen bien: ¡ teneos, dejadle! ¡ Válgame Dios! Deslumbrado he venido; aquí está el Rey. Moros, teneos. ¿ Esa es ley de noble vasallo honrado? Ninguno la planta mueva, porque he de intentar matarlo. Pues ve a buscar un caballo. Ya es tarde. ¡ A cosa muy nueva, don Lope, atribuyo el veros contra vuestro Rey armado : venís muy bien despachado, mercedes pretendo haceros por lo que me habéis servido en el oficio y jornada! ¿Venirme a ver con armada mano? ¿ Pues aún no ha venido? No he venido para veros, señor, que esta noche misma llegué a Toledo; mis obras mis pensamientos publican. En vuestro nombre corrí la costa de Berbería, general de seis galeras. de española gente ricas : salió una mañana el sol sobre las playas moriscas. humildes a los leones que en el tafetán divisan. con la palamenta floja corrimos la costa limpia hasta doblar una punta. casi al expirar del día: a reconocer llegamos, y fue tanta nuestra dicha. que diez galeras de Argel para su suerte se animan : como campos de amapolas se descubren las crujías. que entre dulzainas y voces vibran venablos y picas : embistieron, esperamos, y antes que el sol en las tibias ondas tocase, cantaron nuestra vitoria sus ninfas : esclavos, armas, bajeles. que por escaparse lidian. gané; volví a Barcelona, como vuestro pliego avisa. hallé a don García en ella. y si amigos se apadrinan en las empresas de amor, mi atrevimiento lo diga; mas contra la real persona. primero el cielo permita que a manos de mis amigos muera sin honra en Castilla. ¿ Qué moros enmascarados son éstos? ¿ Cómo podría, viendo moros de la armada, saberse nuestra venida? Quise que cubriendo el rostro, a caballo, en dos cuadrillas de máscaras, nos guardasen las personas. Acredita vuestro valor la verdad ; y para que yo me sirva de vos, Capitán, prended a García. Causa es mía la que os toca a vos ; perdone la amistad, que a tanto obliga la lealtad de un rey. Mirad que va a morir. No entre el día a verle; una torre escura sea su prisión. Pues la fía de don Lope, te aseguro que será la noche misma; que, como le estimo en tanto, no he de permitir que digas para ofender su lealtad que las prisiones me alivia. Señor, al estruendo y voces, aunque daba el caso prisa, pude olvidarme; sabrás que ganando las esquinas de la calle, a pie seis hombres a reconocer venían los que pasaban, y el uno, que a nuestro lado se arrima, cubriendo la voz y el rostro, dijo: "¿ Su Alteza, por dicha entró en esta casa?" Y bien, ¿ qué inferís? Que sean espías de la gente de Aragón que va entrando por Castilla. ¡ Soy don Sancho, salíos fuera ! Mi Sancha, bien merecida tengo ya vuestra hermosura, pues como a cosa divina la gano a persecuciones. ¿ Vos a mí? ¿Cuándo? ¿ Es enigma de amor? Engaño, a lo menos, de quien me desacredita con vos, que a saber quién soy no ofendierais a García. ¡ Por quien soy, que no os entiendo ¡ ¿ Quién, si no mi Rey, podía honrarme tanto? ¿ Es posible que habéis hallado a mi hija? ¿Tanto cuidado, señor? ¡No merecen cosas mías que se canse un rey por ellas ! ¡Mas, como las apadrina, quiere que vivan honradas! ¡ Miren si en vano seguía los pasos al Rey ! Mañana pienso dejar concluida su boda, y será en mi aldea. y Vuestra Alteza se sirva de no salir de la corte para que no nos aflija la gente. Quiero a mis solas, con mi pequeña familia, celebrar su casamiento. Sancha, vamos. Doña Elvira vino conmigo, señor. ¡ Segura es la compañía! ¿ Dónde está? Salió a esa cuadra. Llámala, pues. ¿ Hay desdicha que a mi desdicha se iguale? ¡ Que de las manos le quitan a un rey lo que estima en más ! Gonzalo, llama a García. Iré en las alas del viento. Vuelve con la misma prisa. ¿ Hay semejante suceso? ¿ Que la grandeza me impide lograr mi gusto? El remedio en nueva máquina estriba. ¡ Engaños, acreditadme, que si seguís la avaricia, avariento soy de amor! Cabeza tengo que rinda a tus pies, como te importe. Don Tello es quien hoy os libra de la muerte ; ¿ no le visteis? No, señor. Lleva a su hija; vuestra vida me pidió, y como es quien acredita mi reino, pudo vencerme su ruego; en saliendo el día le iréis a rendir las gracias. Daréselas infinitas. Mirad que no os excuséis, porque será villanía no agradecerle este bien, demás que T ello os estima tanto, que en su aldea mañana que honréis las bodas querría de Sancha y don Bernardino. Apenas dejará limpia la Puerta del Sol las luces que con su luz se acreditan. cuando visite a don Tello. Parece que desperdicia sus desdichas la Fortuna. pues atropelladas libran su ejecución en las horas, y aun le han de sobrar desdichas. ¿ Ahora os acobardáis? ¿ Qué griegos habrá que finjan máquinas en tanto fuego? ¡ Sancha, espera ! ¡ Aguarda. Elvira ! ¡ No ha sido grande el engaño ! Es muy dañoso el suceso. Que fue por tu bien confieso, aunque fue el enredo extraño. Al fin, del Rey te libré. No peligra mi honor; aunque ya rindo al temor el alma, presa se ve de unas congojas mortales: Sancho sujeto a la ley de amor, y en efeto, Rey con amor y fuerza iguales, y preso mi esposo. Hermana. ¿ si lo quiere el Rey matar? ¿ Qué puedes tú remediar? Será tu esperanza vana ele gozar tu amor, si hoy quedas casada con Bernardino. Habrá en la muerte camino para que llorarme puedas primero que llegue el necio a lograr hoy su deseo; mas ¿ si es el que hablando veo con mi padre? En un desprecio mío conoce un amante que no he de perseverar. Y o no los pienso aguardar. Pues vete. hermana. delante. que yo el fresco de la huerta quiero gozar por un rato. ¿ Seréis a mi dicha ingrato. cuando mi amor la concierta? Seguid a Sancha, que va sola. mientras hablo a Elvira. Y a Sancha a matarme aspira; de otro amor prendada está. ¿ Este es Lope? ¿ Habrá venido de la jornada? Señora, un pobre ... Perdone ahora. ¿ Sabéis qué limosna os pido? No hay de ninguna qué os dar. Vuestra persona promete gran caudal. Pues ¿ quién le mete a un pobre en averiguar si es rico el dueño de casa ? Otra vez llame primero, que si es pobre majadero y de los portales pasa ... Matareisme? No, en verdad, aunque es sin disculpa el yerro; mas puede salir un perro que os haga la caridad en quitaros la salud. Por vos fuera bien perdida. pues me curarais la herida. No tengo tanta virtud. Hermano pobre, id con Dios. ¿ Tan presto me despedís? Pues ¿ qué me queréis? ¿ Venís a que me pasee con vos? ¡ Pesado sois en pedir ! Dadme limosna y me iré. Porque os vais os la daré. Pues mirad que he de venir cada día a importunaros. Y o no doy limosna a dos; viene primero que vos otro. ¿ Y no podéis cansaros y mudar de parecer. viendo mi necesidad? Sí, que todo es caridad. Déjeosla el cielo tener. Quedaos, porque tenéis talle de entraros en mi aposento. Anímame el bien que siento. Pues sentidlo allá en la calle. si ésta es pobreza. jamás a buscar más bien me obligo. ¿ Queréis casaros conmigo? Porque ya no falta más. Don Tello viene. y no es bien que sin avisar me vea. ¿ Quién impide que no sea Sancha mi esposa? No hay quién. sino ella. Haced por mí vos lo que el alma procura ¿ Y desposaraos el cura con sólo que yo os dé el “sí"? ¡ Cuerpo de Dios! ¿ No miráis que anoche se quedó fuera; Y honrada quedar pudiera. ¿ Mujer en duda buscáis; mas quien habla como vos. que busca llego a saber el deleite en la mujer, y no el servicio de Dios. Tener los dos no es razón por lo que el mundo señala hija en opinión de mala. y vos no buena opinión. Quien pudo anoche tenerla es el que puede casarse. que él puede con ella honrarse, vos afrentaras con ella. El Rey a la puerta está. Con decir que lo excusara. yo quisiera que me honrara menos. Ahora podrá con real autoridad hacer que a Sancha me deis. ¿ El Rey? ¡ Qué poco sabéis t Tarde os la diera, en verdad. aunque en su mano estuviera. Salgámosle a recibir. pues no se quiere servir de dejarnos. Mal pudiera mi voluntad excusarse, de mirar por vuestro honor. Y o lo estimo a gran favor. Para que pueda ·guardarse más bien, os vengo a avisar cómo ha venido García. No sé tal. Pues : quién podía vuestra deshonra buscar. sino él? El fue el ladrón de vuestra hija. ¿ Tal pasa? Yo le hallé en tu misma casa anoche: que si a ocasión más oportuna llegáis. de él os pudierais vengar. ¡ Que un rey me quiera engañar! Don Tello, ¿ de qué dudáis? En Toledo está García: este papel le envió a Sancha: por él salió. Vuestra hija le tenía. y buscando algún indicio para poder conocer a quien os pudo ofender. hice de juez el oficio: hallele el papel y vengo a que prevenido estéis. Muy gran cuidado tenéis, menor es el que yo tengo ; mas huélgome de saber que esté en Toledo García. Será la Venganza mía cierta. Déjame, mujer. Oye la satisfacción de una verdad clara y pura. Mirad cuán presto procura pagar el hurto el ladrón. ¡ Vive Dios, que he de vengaros. por más piedad que mostréis! Obedecido seréis. ¿Tanto ha podido cegaros un desatinado amor? ¡ Mi padre y el Rey, García! Pues ya os ha llegado el día de mi justicia y rigor. ¿Porque con Sancha me ha visto la prudencia el Rey? ¡ Bien presto sabréis que hay ley! ¿Cuándo a vuestra ley resisto? Y más a la que os condena a morir. Seguro puerto. Y o soy la parte del muerto Jaime, y con tan justa pena os pido que castiguéis su delito. porque borre nuestra ofensa. En una torre. de quien alcaide seréis. don Gonzalo, quede él preso hasta que en mi tribunal, guardando justicia igual. quede concluso el proceso: y, con pena de traidor. mando que amigo o pariente no le vea. Es conveniente que uséis de tanto rigor. Don Tello, ¿no gustáis vos de esta prisión? Es tan justa. que aun hasta mi hija gusta. Mejor salud os dé Dios. Pues ponedle a buen recado. Don García es caballero, señor, y pediros quiero. tenedlo por acertado : supuesto que han de impedirle que ni criado ni amigo entre, que lleve consigo alguien que pueda sentirle, porque es riguroso trato. aunque su delito es fiero. que no tenga un caballero alguien que le sirva un plato. Mi hija gusto que vaya. de caridad solamente. Es caridad imprudente. Para otra mayor se ensaya; y en obras de caridad sólo ha de mirarse el bien. Sancha, servidle muy bien, con mucha puntualidad. Señor. es la obra tan pía, que le he de servir con gusto. ¿ Qué decís? El caso es justo, por ser quien es don García. Aunque de hecho pudiera estorbarlo, no es razón que conozca mi pasión. Jamás de vos entendiera ... Mi hija le ha de servir. Mirad que es en ella bajeza. Téngalo a bien Vuestra Alteza; porque, ¡vive Dios. que ha de ir!
JORNADA TERCERA
Sin duda presumís, señor don Lope, que es tan poco el valor de aqueste pecho que no pueda sufrir cualquier desgracia. Digo, en suma. señor, que don García. quedando. como veis, preso en la torre por antojos del Rey, sin que le obligue su ilustre sangre ni que fue su abuelo don Pelayo Correa, el Gran maestre de Santiago, que ganó en Sevilla más laureles y palmas que Alejandro en el Oriente, estando, como he dicho, aprisionado, pero muy contento con la dichosa y dulce compañía de vuestra hija, con calumnias falsas don Gonzalo y don Juan, del Rey criados, le acusaron ante él por el delito de lesa majestad que conspiraban sus deudos contra el Rey para matarle; y lo que más el alma siente y llora es que los dos traidores, vengativos, del mismo crimen acusaron luego a doña Sancha. que intentaba, dicen, si el Rey entrase a verla ... ¿Quién? ¿ Mi hija contra Su Majestad? Que es testimonio dice todo el lugar, lleno de lástima que al Rey le quería dar mortal veneno. No puede ser. habiéndola engendrado don Tello de Meneses. ¡ Ah, traidores! ¿ Qué os ha hecho mi sangre? Al fin, don Sancho, después que a muerte condenó sus vidas, preso de la pasión y del enojo, dejó ablandarse de piadosos ruegos y templó la sentencia ; mas de suerte que han de llamar mil veces a la muerte. ¿ Y es cómplice también don Bernardino en la maldad de tan villanos hombres? Es caballero. y no me persuado, si bien: Se habrá de holgar que mano ajena le vengue del agravio de García en matar a su primo y en quitarle a vuestra hija. En suma, desterrado salió con pregón público, y con pena de muerte que ninguno ni le ampare ni dé sustento. ¡ Oh, golpes de Fortuna! Pues no es éste el mayor que los traidores No se contentan hasta verle muerto. Pues ¿qué les mueve ? Envidia solamente de ver que si volviese don García a la gracia del Rey, ha de quitarles, por justas causas, la privanza suya, sin conocer que el bien que ahora tienen se lo deben a él, pues fue tercero para que al Rey sirviesen en Palacio. ¡ Este premio se espera de hombres viles ! Esta es la causa porque el hecho emprendo, cuando no por justicia por sus manos. Salieron con el Rey a caza ahora, donde piensan matar a don García, pues va sin armas, desterrado y solo; mas como la venganza en viles pechos es un volcán ardiente, por la boca reventó este secreto, a pesar suyo; y yo, que en el amparo de García me he desvelado, sin que el Rey entienda que voy contra el pregón, con un criado le envié una espada, con aviso y orden que se la deje en medio del camino en viéndole llegar; que de dos hombres bien podrá defenderse, y aun de cuatro si son traidores y de sangre baja; y a vuestra hija, ¡ gran dolor!, la llevan a un castillo seis leguas de Toledo, donde han trazado que de hambre muera. si es al castillo de Matanzas, fácil será su muerte, a un tiempo con la mía. ¡ Ah, rey don Sancho! ¿ Qué furor te guía? Dadme un caballo. Señor. ¿ adónde vas ? ¡ A morir! Ved en qué os puedo servir. En que aquí guardéis mi honor tendré a merced muy crecida; mientras a sus pies me arrojo del Rey, templaré su enojo, o no volveré con vida. Lope, a mi Elvira os encargo, que es del alma la mitad. Debeislo a nuestra amistad; pero diferente cargo me podéis encomendar. ¡ Y es lo que más él desea ! Bien sé, Lope, en quién se emplea. No me atreveré a guardar a una mujer. si de vos guardáis a Elvira, yo sé, Lope. que seguro iré. Mi amor sabe, ¡ vive Dios! Pues, señor, si sospecháis que puedo el honor mancharos, ¿ para qué queréis fiaros de quien mal seguro estáis? No, por ahora. Pues ¿ de qué sirve venir sin pedirla? Hanme mandado que guarde la que me han dado y que no vuelva a pedir. ¿ Que así la vergüenza os cuadre, cuando yo me ofrezco a darla? Y o no me atrevo a tomarla delante de vuestro padre. ¿ Adónde mi padre está? En vuestra presencia. ¿Adónde? ¿ si alguna nube lo esconde? Ningún estorbo podrá. Sólo vos estáis aquí. Porque, si bien lo advertís, mi confianza causó, Pues yo vuestro padre soy. Guardando respeto os voy. Por él. cuando no por mí. no el venir sin veros yo. sino el saber que venís; y así, no os parezca impropio fiar de vos esta carga, que a un noble jamás se encarga prenda que la robe él propio. Con esto os niego el venir oculto para negar, porque así sabréis guardar prenda que os han de pedir. Pienso que mi padre ignora Que ya me parece bien don Lope. ¡ Cielos, que estén las luces que el alma adora donde contemplarlas puedo sin que me aflija el temor! Y a la fiereza y rigor del Rey me ha causado miedo; don Lope es bien que celebre de Amor las venturas hoy: llegó a buen tiempo, que estoy muerta porque me requiebre. j Qué mesurados estamos ! ¿ Pues el que ha de ser marido calla? ¿ si el tiempo ha venido que las mujeres rogamos ? [Señor don Lope. ¿Señora? Mucha gravedad tenéis; según eso. ¿ no queréis limosna? Suele dar el que está ausente poder a un amigo honrado porque en el caso tratado su persona represente; vuestro padre me dejó poder de mirar por vos. doña Elvira, y sabe Dios cuánto el amor lo sintió ; que como una mujer causa los cuidados que prevengo por vuestro padre, no tengo lugar para hacer mi causa. Muy corto poder os dio quien tanto quiso fiaros. Fue poder para guardaros, pero para hablaros no; y así, hija, os retirad a vuestro cuarto, y no os vea a la ventana. No crea tal de mí vuesa merced. Sois mi hija, en cuyo espejo la virtud se puede ver. Tanto usa ya del poder. que lo considero viejo. ¡ Plega a Dios que haya llegado a tiempo! Este es el lugar de mi señor señalado, pues por ha de pasar don García. ¡ Que ha dejado de perseguirme un momento! Aunque, si las penas cuento que me da mi amor perdido. hallo que milagro ha sido tener vida en tal tormento. ¡ No tengo poca ventura! El verá luego la espada, con que su hecho asegura. pues aunque haya gente armada. buscar esta ofensa es locura. ¿ Para qué a venir aspiro. ¡cielos!, cuando me retiro ya de mi prenda adorada? ¡ Con un papel. una espada ! La enigma y el caso admiro. A mi el sobre escrito dice. "Aunque al dolor que te lleva. llevar armas contradice. porque en ti ha de hacerse prueba. aqueste favor recibe." ¡ Cielos que aún no me han dejado traidores!, que quien me ha dado espada de esto me avisa. No es menester tanta prisa, que junto el bien ha llegado. Quiero agradecer el don gozando de la ocasión. Embistamos. Que la vida bien parece defendida; cuatro los traidores son. Por mí la fiesta se ordena ; mas, si Dios quiere librarme. ocasión y espada hay· buena. ¡Ea!, yo pienso arrojarme, que me da el espacio pena. Quiero llegar, que podría acabar la cortesía lo que no pueden aceros. ¿ Pasaremos. caballeros? ¿ Sin alma? Vivo querría. Pues ahora lo veremos. Pues yo lo veré también. Amigos, ¿ qué pretendemos. si ya no tenemos quién ofenda al león que vemos? ¡ Rinde la espada. enemigo! Persona y espada están sin fuerza; tu gusto sigo. ¿ Eres tú el vil capitán del fiero escuadrón? Conmigo venían a cierto efeto. ¿ Luego encubres el secreto de quien te puede matar? Di que habré de confesar. sin ponerme en tanto aprieto. Descúbrete, porque quiero conocer a hombre tan fiero, pues sin que razón le sobre busca a un caminante pobre para matarle. Yo muero ele vergüenza y de temor. ¿ adónde estás? Cubre el rostro engañador porque no me ofendan más los reflejos de un traidor. ¿ Tú me has afrentado? Sí. ¿ Por qué? Porque me vencí de la envidia, que me instiga; ella y la ambición me obliga. ¿ Que quieres mostrarla en mí? ¿ Qué te he hecho? Mucho bien. Y tú. ¿ qué me has hecho? Pues. dime, ¿ cómo no ven tus ojos que no es igual al firme amor el desdén? ¡ Selvas de agradable estruendo. decidlo al Rey. mi señor! ¡ Adiós ! Caminad corriendo: decid que el mismo traidor confiesa que no le ofendo. ¡ Vete. apresura el andar ! ¿ Qué quieres hacer? No verte; porque procuro olvidar tu nombre. por no ofenderte. si me acabo de enojar. ¡ Honra los cielos te den. cuando a mí me hicieres mal ! Vete y conoce también que te quiero hacer leal. a puro hacerte bien. Ya os he dicho que mi padre por medianera me envía. ¿ Y si don Sancho porfía? No habrá entonces qué me cuadre más que el rigor de la guerra. Mil y quinientos infantes, para el intento importantes, nos siguen ya por la tierra de Sancho: a la deshilada, por diferentes caminos. de pobres y peregrinos viene entrando disfrazada la gente. aunque el limpio acero. para hazañas peregrinas, encubren las esclavinas. Reducir a Sancho espero. El vive tan descuidado de los contrarios que tiene, que dicen que se entretiene fatigando el monte y prado. siempre en la caza, y que apenas para la guerra que aguarda hay en sus castillos guarda, ni pendón en sus almenas. Todo en arrogancia y brío: Su descuido nos conviene. Ya tus aventuras previene el cielo. Del cielo fío que ha de ampararme. Jimén. Pelayo, Osario y Fruela. que cada cual se desvela. con riesgo suyo, en tu bien, con el disfraz peregrino, al Rey don Sancho encontraron. ¿ Iba solo? Sí, y le hallaron atravesando el camino que va la sierra buscando. como cieno, alguna fuente por matar la sed ardiente; y ellos le vienen guiando adonde estás, porque piensa que a alguna fuente le guían. mal hacen los que se fían. olvidados de la ofensa. Ordoño, ¿ qué hemos de hacer? Que nuestra dicha esperemos encubiertos. Gozaremos, sin que se llegue a perder un soldado, el bien mayor que darnos la paz pudiera. Premios de mi mano espera. noble Bermuda. El que amor tiene a sus reyes, jamás puso la mira al favor, porque un favor mayor lo libra en servi1los más. Quedareme, si te agrada. para avisarlos también. Forzoso es que salga bien. trazando Amor la emboscada. ¡ Que se me canse el caballo buscando al Rey! ¿ Qué he de hacer? Pienso que me da a entender que no me canse en buscarlo. ¡ Suerte dichosa ! Ya vienen los peregrinos soldados con el Rey ; de acero armado buena fuente le previenen. Pazca la yerba agostada mientras cobra nuevo aliento; y que yo a sentir me siento la ocasión de mi jornada. ¡ Ay, hija! ¿ Quién os buscó la muerte que ya esperáis? Parece que me guiais tan perdidos como yo. Al pie de esa montañuela hay una fuente, señor. Volverme será mejor; que en arrimando la espuela al caballo, fácilmente descubriré algún lugar. Y a no se podrá escapar. Cerca estamos de la fuente, y por aquesta maleza sirve ya poco el caballo. Hice muy mal en dejarlo. Muy torpe anduve. Su Alteza, pues nosotros le guiamos, nos siga. Ya mudé intento; agradecido me siento. Id con Dios. No nos cansamos. Para que el camino tuerza, bien cerca la fuente está. Beba y volverse podrá. Pues ¿ he de beber por fuerza? Yo pienso que sí. Y yo pienso que en esta resolución se encubre alguna traición. El Rey los mira suspenso, y no prosigue el camino. ¿ Qué siente Su Alteza? Siento que es peregrino el intento de hablarme así un peregrino. Rumor en los olmos suena de gente. ¡ Quieran los cielos que mis turbados desvelos, para alivio de mi pena, hallen quien del Rey me diga ! ¿ Y sois mi vasallo vos? No, Sancho. ¡ Válgame Dios ! El corazón se fatiga ¡ Dulce suerte ! Al Rey, mi señor, he hallado. La caza le habrá cansado. El traje vuestro me advierte que peregrinando vais por algún voto ofrecido, y es bien, ya que habéis venido a Castilla, que volváis acomodados mejor. si os da la pobreza pena, de mi mano esta cadena tomad, y no por favor, sino para que el camino su precio pueda aliviar. Prenda nos habéis de dar Don Sancho, a lo que imagino de más valor. No quisiera quitarle el gusto que tiene ahora el Rey. Hoy no viene, para que darla pudiera, conmigo prenda mejor. Seralo vuestra persona. ¡ Y será quien os abona, como vos, también traidor ! ¿ Habiéndome conocido, villanos, os atrevéis? ¡ En qué riesgo me ponéis, cielos! Tan noble ha nacido el que encubre este sayal, que no estima, ¡ vive Dios!. por prenda menos que a vos. ¿ Y quien no siendo mi igual mide la espada conmigo sin resabios de traidor? ¿ Ha habido ocasión mejor para el intento que sigo? Valiéndole en este aprieto su gracia he de merecer. ¿ Quién le ha podido valer. en un lugar tan secreto? Rayos escupe la espada del viejo. ¡ A la sierra, amigos! Pocos son los enemigos para ser traición pesada. ¡ Qué fiero los acuchilla! ¿ Quién será mi valedor? Merece, por tal favor, la corona de Castilla. Ya le huyen, y él, gallardo. n1elve de valor vestido. Y a le espero agradecido; ya con los brazos le aguardo. Nadie os procure ofender aunque traiga un mundo entero si yo gobierno este acero. ¿Vos sois ? Pues ¿ quién puede ser sino don Tello, señor, el que os libre, aunque volviendo el rostro me estáis diciendo que no estimáis el favor? A espalda vuelta, cual veis, huyen de la muerte aquí, y vos, por matarme a mí, las espaldas me volvéis. Las veces que el Rey libró la venganza en sus enojos, dio la muerte con los ojos. mas con las espaldas no. Cuando un agravio se olvida, da por las espaldas muestras: mas vos lo echáis a las vuestras para quitarme la vida. Volved vuestras soberanas luces, que, aunque exhalen fuego, yo podré templarlas luego con la nieve de estas canas. Mirad si os pudo importar favor tan sin esperanza, que se llevó la venganza y dejó el disimular. Y para que conozcáis la merced que os vengo a hacer, mirad las que puede haber en permitir que viváis. Pues, señor, sólo querría. pues tantos bienes me hacéis, que una palabra escuchéis al desterrado García. El Rey, al que quiso bien, ausente ha de castigarlo: porque si llega a escucharlo lo ha de perdonar también. Quien llega a la real presencia con la licencia del Rey. ya lleva. por justa ley, el perdón en la licencia. No importan esos desvíos, como os sepa yo agradar; que le habéis de perdonar a puros servicios míos. No sé si podrá en la Libia abrasar tanto la arena; parece que el fuego mismo le presta su ardiente fuerza. A la sombra de esta torre. si la sombra no me niegan, podré esperar que la hambre vuelva al cuerpo en poca tierra. mas ¿ quién me ha hecho tan pobre ¿ No tengo estados y rentas, mayordomos, maestresalas? ¡Hola! Ponedme la mesa, y traerase la comida. Bien podéis, que estoy de priesa. ¿ Ya no veis que a sus horas quiere comer su excelencia? ¿ Qué hay para principio? ¡ Frutas! Que son vitorias muy buenas de tus pasados. ¿ No comes ? No; porque son fruta seca. El Rey las estima en mucho las veces que se las llevan. Supiéronle un tiempo bien; ya no las come; volvedlas. Descubrí ese plato. Tiene traiciones. ¡ Jamás son buenas! Saben mal y huelen mal ; ¡ pues en verdad que son frescas ! Dadme el postre. Aquí le tienes. Descubridle. ¿ Qué es ? ¡ Paciencia ! Daréismela en el camino, ¡ que así un hombre se divierta ! Beber quisiera; no hay agua; ahora la sed me aprieta. Todo es arenal, no hay fuentes ni arroyos trepando suenan. Un hombre viene cantando; parece que entona endechas. No quiero quitarle el gusto; cante, y después pedirelas. Al mejor de los vasallos, al espejo de Castilla, el Rey, mal aconsejado, con mal semblante le mira. Traidores le quieren mal, y con el Rey le malsinan; él es fácil ; falsos ellos. Mataranme si porfían. Su esposa, noble y honesta, y 'más que los cielos linda, porque de esposa le dio la mano, también peligra. Sola está en aquesta torre, y hambre y sed la fatigan: de suerte que hasta las aves les pide el sustento a prisa. Morirá, sin duda alguna. No muera, segador, viva; denle la vida los cielos. Los cielos le den la vida. Traidores no han de ser parte, por más que el peligro aflija a que muera un ángel bello. Señora inocente mía, respondedme, si no estáis en otra región más limpia pisando alfombras de estrellas. ¿ Quién a llamarme se arrima? Señora, bien de mi alma. Dueño y señor de mi vida, aunque ya tengo tan poca que no es la hacienda rica. ¡Que os vuelven a ver mis ojos! Decidme lo que os fatiga en vuestra prisión mi bien. Con extraña tiranía me roba el alma la sed. j Agua, señor l No se cría en esta tierra desierta agua, por nuestra desdicha; que el sol y la arena forman otro volcán de Sicilia. Segador, piedad te pido, y un ángel te lo suplica; morirá si agua le niegas y el rigor del bando miras. ¡ Agua, don García ! ¡Cielos! ¡ Dichoso agosto ! ¿Qué miras? ¿ Vos sois don García? Soy, a quien derribó la envidia. Por vos y por vuestra esposa iré a la nevada Scitia por el cristal de sus montes cuando aquí el agua me impidan. ¡Por vos moriré mil veces ¡ Ya vuestro bien solicitan. ¡ Ah, cielos ! Sufrid un poco, nuestro valor no se rinda. mas ¿ qué rumor de caballos suena? Dios mis pasos rija. Entre esas rotas paredes que con esta torre alindan podréis tener, mientras pasan, vuestra persona escondida. Para libraros, señora, vuestro esposo es bien que viva. ¿ Quién eran, si conocistes? Por lo menos, los traidores, que con voces y ecos tristes, huyen los rojos ardores del sol; venturoso fuistes en que no os viesen. Segura está con vos la ventura. señora. de parte mía. El Rey con ellos venía. ¿ Qué intenta? Sólo procura ahora matar la sed. El agua, cual ciervo herido, busca. ¡ Dios le hará merced ! ¡ Pardiós que vengo molido l Aquí está el agua ; bebed presto, que el peligro es tanto que aun para llegar me espanto cómo tuve atrevimiento ... Amigo, tu buen intento te ha de librar. Entre tanto que bebéis, quiero escapar del riesgo como una cebra. Pero quiéroos a visar que si el cántaro se quiebra que me lo habéis de pagar. Anduve descomedida ; pero mi sed atrevida en la vuestra no miró. si miró: pero advirtió que era la vuestra mi vida. Bebed, señora. ¡ Dios mío, tanto bien, tanto favor !. . . ¡ Cielos, ofrecedme un río adonde temple el calor del pecho! ¡ Fogoso estío, no des lugar a que muera! Tanto la sed persevera del Rey y que agua no halle ... ¡Cielos! ¡ Quién pudiera dalle al Rey la cántara entera ! Caballeros. perdonad, y esta cántara tomad para que la sed matéis. Amigos, ¿ que el bien no veis? ¡ Oh, inescrutable bondad de Dios ¡ Eres Dios, en fin. que desde el principio al fin del mundo das orden cierta ! Llámese aqueste destierro desde hoy el de Rafidín. ¿ Quién este bien me envió ? La que aquí matar queréis : pero si algo mereció, os suplica perdonéis a quien el agua me dio. ¿ Han bebido? Y satisfecho la ardiente sed. Buen provecho os haga. Pues ahora mide con lo que la envidia pide la furia de nuestro pecho. si es por esto, hecho está. ¡ Jesús. qué hecho inhumano! Perdí la esperanza ya con la vida. ¡ Cruel tirano ! ¿ Qué furia en tu pecho Ya ? ¡ Oh, bárbaros tiranos, indomables leones: más que del campo de Masilla fiero, en estos secos llanos, como en Libia, escorpiones os den la muerte que llorando espero. Amigo verdadero no le tengáis jamás. Búsqueos la muerte con asechanza vil, con brazo fuerte. Arsénico gustéis en la comida y muerte en la bebida si os concediere el cielo alegres bodas, mientras se ordena el amoroso empleo. Las muertes que os deseo, todas se junten porque os maten todas. Hale obligado la muerte que espera, a echar maldiciones, porque no es de corazones nobles. Tu delito advierte: a ver a Sancha has venido, pues que le traes a su hermana. Y a es tu pretensión tan vana como en mí el delito ha sido honrado. ¡ Qué bueno estoy para ver a mi enemigo ! ¿ Qué es esto, don Lope amigo? Gracias a los cielos doy que os veo. Resuelto vengo si el Rey a matarme aspira, a que vea doña Elvira a su hermana. Y o os prevengo de parte del Rey la muerte. Entradla a notificar dentro; no demos lugar por mi desdichada suerte a que no la hallemos viva. ¿ Su vida me importa a mí ? ¡ Estoy por matarle aquí ! No es bien que ofensa reciba quien reconoce ventaja. Allá lo veréis mejor. Que el que ofende superior da muestras de sangre baja. ¡ De buena gente os fiais, que os dejan en la ocasión! si permite mi prisión el cielo, ¿ qué os admiráis que me haya desamparado mi gente? ¿ Qué pretendéis? Que aquí de esposo me deis la mano, o que aprisionado en tanto que pasa el día, para que vais a Aragón, tengáis por vuestra prisión esta torre. Mal podría el mundo obligarme a mí si con violencia ha de ser. Y a estoy en vuestro poder, pues tan desgraciado fui. Digo que los dos entraron en la torre. Pues los dos, con el ayuda de Dios, pues siempre valor mostraron, han de libertar al Rey o a mi lado han de morir. ¿ Hay en qué os pueda servir, señor? Porque es justa ley que en vuestra defensa muera. Ya es el escuadrón mayor, don Tello. Pues ¿ no hay favor? si del cielo no se espera, no le siento. Pues yo sí. Caballeros castellanos, mirad que padece tuerto vuestro noble Rey don Sancho. ¿ Qué dice este hombre? ¿ Está loco? ¿ No responde algún enano? si algún jayán os detiene echaos de la torre abajo, que estar de unos malandrines preso vuestro Rey, ¡ no es barro! ¿ Preso el Rey, cuando Castilla vierte en su defensa rayos ? ¡ A ellos, claro García ! No los ofendáis; dejadlos; que están luchando en el pecho obligaciones y agravios. ¿ Hay semejantes desdichas? Hoy moriremos a brazos del Rey. Nuestro atrevimiento nos trujo para matarnos. ¡ Padre y señor ! ¡ Santo cielo ! En las rigurosas manos del Rey hemos dado todos. Y a son manos para honraros. García, el cielo ha dispuesto del Rey el pecho más blando, que tiene ya esposa el Rey. Dadme vuestra hermosa mano, ahora que estoy más libre y menos apasionado. ¡ El alma y la mano os doy ! ¡ Dadnos vuestros pies ! Alzaos, y recibid por esposa a Sancha. De este milagro he de pintar una tabla de treinta varas de largo. si Gonzalo os causó enojos. mi causa es la de Gonzalo. Mis agravios le perdono. Basta haberlo el Rey mandado. Obedecido seréis. Y a mí, ¿ teneisme olvidado, señor? Con mejor acuerdo. he pretendido casaros : será vuestra esposa Elvira. ¡ Válgame Dios ! ¡Zapatazo! Señor, pienso que mi hija ... ¿ Habrase también casado? Como lo cuenta. Presumo. Llega y dile tus pecados; que es día de absolución. Pues tan liberal y franco os mostráis, por mis servicios, señor, este premio aguardo: a doña Elvira os suplico. Que se la deis de barato, quiere decir. si ella gusta, Justicia será casarlos Señor, mire Vuestra Alteza ... Elvira tuerce los labios… ¡ Vive Dios que dice nones ! Ireme desesperado. Al rollo de Écija puedes que es propio para estos casos. ¿ Y qué decís vos, Elvira? Señor, que el alma le he darlo. ¿ A quién, Elvira? A don Lope. Pues dadle también la mano. ¡ Miren la socarroncilIa ! ¿ Y a Bernardino ?, sepamos con quien le hemos de casar, que será justicia honrarlo. Conmigo, que estoy buido; mas será tan desgraciado que se le ha de despintar. Doña Isabel de Velasco. su prima, será su esposa, que sirve ahora en palacio a mi hermana. Honrado quedo. Todos, señor, lo quedamos. Porque diga nuestra historia que se vio por varios casos la ventura en la desgracia premiada por Sancho el Bravo.
