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Texto digital de La ventura en el engaño

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Juan Pérez de Montalbán
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Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La ventura en el engaño. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/ventura-en-el-engano-la.

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LA VENTURA EN EL ENGAÑO

JORNADA PRIMERA

Aparta serrana, el velo del rustro, débil defansa, que esa nube es poco densa para eclipsar tanto cielo; porque con mil arreboles, Qué cortesano, qué es! Peneran las vidrieras reflejos de tus dos Soles: mucho mejor es quitarle delante del rostro luego, pues despiden tanto fuego, que pienso que han de abrasarle. Y siendo tú del Sol copia, a no ofenderle disponte, no sea el velo Fretonte, y esta Ciudad, Etiopia. Y si el alma generosa a idolatrarse se allana, no la desprecies tirana, ti la ofendas rigurosa. Poco en descubrirme gano, PRIMERA cortesano Caballero, que es fuerza el ser lisonjero, siendo, cual sois, cortesano. Y así, mas quiero dudosa cubrir del rostro el caudal, que no arriesgar libera! con vos la opinión de hermosa. Que soy villana mirad, y que estamos en la calle: mirad que tenéis buen talle, y hay malicia en la Ciudad, que si fuera allá en mi aldea agradeciera el favor, que allí el honor es honor; pero acá no hay quien lo crea. Aguarda, serrana, un poco, si mi muerte no pretendes, pues no sabes, pues no entiendes a quien dejas de amor loco. Mira que es sangre Real la que el corazón ánima: mira que a mi Casa estrma la mejor de Portugal. Engañada determinas acreditar la bajeza, viendo en humana belleza gracias que son tan divinas. Y si el donaire que encierra ese celestial portento, émulo del firmamento, y admiración de la tierra. Obliga a ser respetado, porque razón tu sentido, resolviéndose atrevido, no se acobarda obligado? No sé que os pudo animar, porque yo causa no hallo a apearos del caballo, y dejar de acompañar al Rey, que dicen que va, según la fama respende, a casa del noble Conde de la Feria. . Si será cordura en esta ocasión, decirla que el Conde soy? Si es este? . Suspenso estoy: Soy la misma confusión. Gracia: a Dios que te he hallado. Qué es, Fabio, lo que te altera? Mira, señor, que te espera el Rey: mira que ha llegado. a tu casa. . Estoy cobarde. en tan amerosa calma. Bien profetizaba el almas este es el Conde. . No tarde; si la falta considera, un punto Uueseñoria, mire que ya el Rey subía del oran catió la escalera. Decidme tan solamente, serrana, en esta ocasión, donde tiene habitación do jaire tan ejcclente, Que una gracia tan gentil, y un brío tan extremado, (do por fuerza han de hacer, que el pra- goce de un eterno Abril. Por no seros descortes, sabréis que es albergue mío de esotra parte del río. El cielo os guarde. . Quién es? No fleches tan presto el arco, amor. . Qué gallardo talle: Al revolver esta calle la aguardarás, y hasta el barco. seguirás sus plantas. Fabio, y informate de quien es, porque me avises después Así lo haré. Cierra el labio. - Buena has quedado Leonor, sin alma, y sin libertad: libre entraste en la Ciudad, y sales presa de amor. Un amoroso desmayo siento en el alma, y sospecho, que quiso amor en mi pecho hacer oficio de rayo. Venganza del cielo ha sido. está que mi pena aumenta: sienta el alma nueva afrenta, aprisiónese el sentido. Ya no dirán los serranos. de nuestra alegre ribera, que soy tigre, que soy fiera de intentos siempre inhumanos. Bien será dar algún medio, si hay en amor medio alguno, todos dicen, no hay ninguno como poner tierra en medio. El árbel cuando pequeño, al labrador obediente, se dobla más fácilmente que cuando es robusto leño Con ímpetu singular el más humilde arroyuelo, siendo hoy regalo del suelo, mañana viene a ser mar. Con la ausencia me prevengo contra suertes infelices, pues aún no ha echado raíces la afición que al Conde tengo. Partirme quiero al lugar, que al pasar fin duda el río, mirigara el fuego mío; pero como ha de bastar tan poca agua a tanto ardor? Ay. Cónde, lo que me cuestas? nunca te viera en las fiestas, nunca te hablara, Leonor. Cuando ver mereció radiantes velos, mi pobre casa de deseos rica? ni cuando el Sol en tales paralelos tan liberal sus rayos comunica, acreditando el corazón recelos, dudoso en si temores multiplica, viendo señor, que de grandeza pasa, que hagáis casa del Sol tan pobre casa? Esta Ciudad, emulación de Roma, segunda en Lusitanía, amigo Conde, no selo al enemigo rinde, y doma, que también al estado corresponde, hasta adonde Sabeo abrasa aroma, el Judio adusto su valor responde, y hasta adonde después de su camino, descansa Apolo en lecho cristalino. Que bien todos sus nobles Ciudadanos dispusieron la entrada! que bien todos los varoniles pechos Lusitanos han mostrado, Marqués, por varios modos: callen desde hoy sus triunfos los Romanos, temán cobardes los valientes Godos, de esta Ciudad de Perto, el valor viendo, cuya antigua lealtad honrar pretendo. Invictísimo Juan, Numa Cristiano, Tercero de este nombre, nuevo Atlante; en cuyos hombros carga el Lusitabo Remo pequeño a tu valor gigante: por tal favor merezca yo tu mano, que es bien que esa grandeza así levante el arroyo, señor, de mi nobleza al occeano mar de tanta alteza. Ya sabes, que mi padre, que Dios haya; tremolando de Cristo el Estandarte, pisó de Geuta la marina playa, siendo en ella en valor sangriento Marte; al fuerte Mauritano tuvoa raya; usando siempre tanta industria, y arte, que aún hoy a sus pensiones dan materia los hechos del gran Conde de la Feria. Yo su hijo heredero consultado, fuerza fue, que heredase obligaciones, y con noble valor, con pecho osado, en Ceuta goberne nuestros pendones: el Marqués que tenéis a vuestro lado de Villareal, dirá las ocasiones que tuvimos los dos en su conquista. De su valor testigo soy de vista. Los pechos en valor siempre grandiosos, no degeneran, no de sus pasados: y es bien cante la fama los gloriosos hechos, Marqués, de dos tales soldados; corazones, que son tan animosos, merecen de los Reyes ser premiados; y aunque a vuestro valor no satisfago, mi mayor Camarero, Conde, os hago. Y vos Marqués, haced desde hoy oficio de Cazador mayor. . Tanta grandeza del valor que mostráis es cierto indicio. Merezca yo los pies de vuestra Alteza. Alzaos, alzad, que a mi servicio esto conviene: que la más riqueza que atesoran los Reyes, Marqués, hallo, que la perdida es de un fiel vasallo. Respuesta es esa que le dio a Dario, un famoso Filósofo diciendo: si a las riquezas rindes de albedrío, que en los cofres encierras, yo no entiendo que excede en fuerzas tu favor al mío: que te aventajo. Rey, claro estoy viendo; pues si en ellos el oro guardar sueles, yo la amistad de corazones fieles. Admirable respuesta; bien merece que un Rey la tenga siempre en la memoria: pues no hay gloria en el mundo me parece, como gozar de la amistad la gloria, El valor que en tu pecho resplandece al más conduce a la mayor victoria. De esa suerte, Marqués, si amigos tengo a ser el Rey más poderoso vengo. A que venga a adorar el rostro hermoso de una deidad de mí no conocida me fuerza amor, que amor es riguroso; y aunque supremo Rey fiero homicida: de Marfisa el retrato es poderoso, a que loco de amor pierda la vida: Marsisa que es del Conde hermana bella; y de la esfera octava fija Estrella. Por ver si su belleza corresponde a la fama, y pincel, he pretendido venir hoya su casa honrando al Conde, y dar a su valor premio debido: si a promesas de amor tierna responde, la bella Infanta de Castilla olvidó: o si acaso esta entrada causa fuese, a que entrada en su pecho amor tuviese: llamarele, si procuras Con cuatro mil turbaciones. mis pies estas salas cruzan, porque del busón enjambre el Rey mucho se disgusta. Sin entrar en la estacada ya mis espaldas se turban, que no es mucho que presentes teman tormentas futuras. Hablar al Conde quisiera sobre. . Preguntad que busca ese hombre en aquesta sala. ya me ha visto, hoy me chamuscan Quién es? Un la cayo mío, que entre las verás, y burlas bufoniza algunos ratos; entretenerte. . Bien puedes, que aunque siempre me disgustan; redimir al pecho quiero de las penas que en si oculta; di que llegue. . A questo es hecho Besa las plantas Augustas de su Alteza. . Mas que mando sin ser vihuela, o bandurría, que las espaldas me pulsen. Llega no temas. . Me turbana las figuras de los Reyes: mas quien hay que a las figuras no tema? . Dime quién eres? A la primera pregunta digo gran señor, que soy. un Sevillano de Asturias. De Asturias, y Sevillano? No has entendido la musa, Sevillano es mi apellido, y Asturias mi patria; nunca me he visto tan apretado. qué nombre? . Aquel que pro- al alborada los tordos, (nucian de aquel gran Santazo cuya caridad al mundo asombra, pues que de su capa usurpa la mitad, dándola a un pobre: mas hoy con manos impuras no dan media al pobre; quitan entera al pobre la suya. Malicioso estás Martín. Señor, las verda des puras no son malicias: no quieres que un maridillo me pudra, que con lieor de tinteros la barba, y cabello se unta, sabiendo que son de hueso los tinteros que se usan? No me ha de pudrir un sastre, que con sus rapantes uñas, si de las telas no araña, todas las canas se atuña? No quieres que de un barbón me enfade si lo que usurpan sus bigores cuando bebe, después sediento lo chupa? Jamas de vidas ajenas he violado la clausura, que a los que en las lenguas tienen tabardillo, se acostumbra aplicar de cuando en cuando jarabes de acero, y purgas. Y así, señor, no merezco que caballero me suban, laureado por las calles, que mis espaldas no gustan que tú las hagas de peneas, pues de grandezas se excusan. Bien está, Martín; desde hoy gustaré, Conde, que acuda contigo a Palacio siempre. tu gusto es ley. . no se excusan en los Palacios aquestos, que quien tantas faltas culpa, enmendarse de las propias con las ajenas procura. Plega a Dios vivas más años que el cuervo que en las ceruleas ondas del mar se zabulle por pescar marinas truchas. A besar tus pies, señor, sale a este sitio mi hermana. Mejor dijeras Diana, o la madre del amor: en su divino explendor, amante, abrasado, y ciego, cual mariposa me anego, que amor a mi fe animando lo superior, ya buscando, que es su calidad de fuego. (za Los pies me dé vuestra Alte por las mercedes que ha hecho a mi hermano. . De mi pecho es digna tanta grandeza. ( Qué soberana belleza! ocultar quise el retrato (a su deidad poco grato) su hermosura celestial, pues muestra el original cuanto fue el pincel ingrato. Cómo aquel que de repente habiendo en prisión estado, queda suspenso y turbado si mara al Sol reluciente: el ardiente isí yo vis explendor de vuestros rayos, haciendo en su luz ensayos, ciega, y deslumbrada estoy, que como Águila no soy, siento mortales desmayos. Eso no, Marsisa hermosa, que en una cuadra dos Soles. hicieran sus arreboles. la competencia forzosa. Y aunque con voz amorosa Sol me aclama Portugal, de mis luces el caudal, solo a cue Reino se estiende, y el de los vuestros enciende todo el gleno unacersal. si esto es hablar cortesmente o declarar su afición? Detente imaginación; celoso rigor detente. Parece que tiernamente el Rey me mira, y suspira. Ya mirándola se admira; quien la dijera (ay rigor!) que al mirarla (qué temor!) celosas flechas me tira. Divertiré su cuidado; fingiré que no lo entiendo. llegad Marques. . qué pretendo? ya su amor se ha declarado. Parece que me ha mirado con pesadumbre el Marqués. No es bella Marsisa? . Es. de belleza ejemplo raro: ya no puede hablar más claro: él la adora. . Escuchad pues. De mi muerte la sentencia. Como no me dices nada. de la villana entenada, que a las damas competencia quiso hacer con su presencia? No vi en rustreos arreos tan cortesanos aseos, pues negando al amor palmas se llevaba de las almas. mil amorosos trofeos. Si bien con alma villana tan discreta discurría, que divina la creía, aunque la miraba humana, nunca la casta Diana con despejo tan gracioso amaneció en prado hermoso, ni en floridos orizontes fatigó jamás los montes milagro tan portentoso. Pues un pie, que aprisionado en breve cárcel le vi, allí si. Martín, allí mas se suspendió el cuidado; que como estaba enlazado, me prendió con lazo fuerte; si bien distinción se advierte en los dos que su prisión romperá la ocasión; la mía sola la muerte. De una tosca labradora de alabar los pies me tratas, cuando a tus de arpía patas: aún estoy temiendo ahora; sin duda tu pecho ignora, que suelen por no dar voces: estas que me las conoces, si uno a renuebrarlas llegas. lbrar cual mula gallega, toda la respuesta en coces. Su discreción, y hermosura en mí viven en conquista; porque al oído, y la vista ser más cada cual procura;: solo el ser mor:al criatura en tal sujeto es bajadas mas tanto con su belleza miente la humana porción, que la juzga el corazón por de otra naturaleza. Para la empresa que trato del Marqués me he de fiar. Los celos me ha de acabar: en fin fue falso tu trato. Falla yo? Si dueño ingrato, temo. . No tengas temor. No eres mujer? De valor. El Rey mira: no hay lugar de poderte delatar. Marqués Marqués, el amor que con su fuerte poder aún a los cetros alcanza. Marchitose mi esperanza: él la debe de querer. Por un retrato. . A mi ver no andas, señor, acerrado. Necio eres. gran cuidado me ha puesto esta suspensión; porque adora el cerazón al Marques. . soy desdichado Esto harás: y no te advierto de mi intención el recato, que fuera mostrarme ingrato a tu lealtad. . Yo soy muerto. qué dices? . que estés muy cierto de la fe que el pecho encierra, que quien te sirvió en la guerra, hará lo mismo en la paz. También el ciego rapaz es asombro de la tierra. Gustaré infinito. Conde, ver estas cuadras de espacio antes que vuelva a Palacio. A mi lealtad corresponde tanto favor. . Muchoesconde el Rey de mí sus doblones: remediarelo, a montones de los Reyes escribieron, y mil mercedes hicieron en aquestas ocasiones. Rey hubo que un día tal el vestido que sacó luego a un truhan se le dio. Bue entro. . Aparta animal, Dejadle: mas liberal me he de mostrar, Martín, hoy: este vestido te doy, con más quinientos cruzados. Los Alejandros menguados son contigo; rico estoy: con el vestido mandado. me tenga cuenta tu Alteza. El Conde es mi Camarero, él hará que te le den; vamos Conde; Marqués ven: entrad Marfisa primero. Cortés es como severo. Que de vuestras luces bellas iré siguiendo las huellas: que no es la primera acción, en que de los Reyes son precursoras las Estrellas. Obedezco esa grandeza, señor, aunque sea errando, pues que cortés obligando no reduzgo a vuestra Alteza. No hay género de fiereza como celosos tormentos: atajaré los intentos de esta tirana homicida. Ay vi lana de mi vida! Has mi vestido, y quinientos. En estas soledades de discretos sagrado, de hidró pica ambicioncierta templanza, y en su corriente leda contemplo en sus verdades cuan bienaventurado es el humano que tal gloria alcanza: el monte una enramada que la incierta esperanza, sedienta, y ambiciosa, la posesión buscando, tras su muerte anhelando, es a la luz incauta mariposa, que del fuego abrasada sus halas quema, y se convierte en nada, por esta alegre quinta, No soy de aquesto ejemplo, oh fortuna tirana? que dudo, que acerdarte pueda no en olores sucinta de la fama en el templo, con fuerza sobre humana, puse a pesar de tu inconstante rueda Favonio lisonjea; nunca firme, ni queda, mil despojos marciales, ganados en fronteras. de Moriseas hileras, y en tantas guerras como entré na con las flores el aura fugitiva. mas de toda esta gloria, fortuna, que me queda? la memoria. Tus mudanzas se escriban; dibújense mis males en colunas de bronce, y de alabastro, que no he visto ninguna, para que eternas vivan del tiempo en los Anales, desdichas de la sangre de Alencastro: jamás de mí se acuerde; o siempre infeliz Astro, mira que hoy en mi ofendes a un hijo, que es tercero en la casa de Aueto! que gloria, di, con derribarme em- hiriendo con violencia, (prendes? Oh buen Leonido. . Señor. cual rayo donde ves más resistencia. . Qué te has hecho? Huyendo tus mudanzas (si hay quien huirlas pueda) moñor mío; con este gaban cubro pan me dan mis labranzas, pesca me ofrece el caudaloso río, y en el ardiente estío, de intrincados lantiscos, que formando obeliscos, no conceden al Sol franco la entrada, contra quien blandamente mormura alegre una nativa fuente, Cuando los pies estampo entre verdes estrados de esmeraldas, blanda cama de campo, me ofrece Flora en regaladas faldas, cuyas tiernas espaldas y trinando las aves forma cantos suaves, cuyo acento los ánimos recrea; no se mostrando esquiva (bales: Contento con mi estado vivo alegre fortuna: si alegre vivo, que mayor riqueza? mi Cetro es mi cayado, en Palacio Real firme grandeza; la majestad, la alteza, que poco en ello pierde, que no estima, o Palacio, tus favores, pues con Leonor mi hija contenta el alma en sí se regocija. El verde prado después que falta Leonor, en su ausencia desmayado, luto ha puesto en fruto, y flor. Y este desmayo se siente en que no he visto esta tierra tan regada de esta fuente; y en que hoy la envía la sierra más hundosa la corriente. Yo también sin su presencia hice de esta quinta ausencia; y subiendo a la montaña en sus fieras (cosa extraña!) ejecute mi impaciencia. Vi que con feroz destino. atravesaba el camino. un jabalí con braveza; más brúmele la cabeza con este tronco de pino. Y de tal suerte le herí con el levantado peso, que con sesos que esparei hice al aire tener seso con sesos del jabalí. No estuvo el ciervo en la grama. ni el conejuelo en su cama, seguro de mi fiereza, el novillo en la maleza, pez en tío ni ave en rama. Viendo mi feroz desgarro, cuando ya del Sol el carro abrasa con más ardores, me dieron unos pastores. fresca leche en limpio tarro. Ven, y verás por tus ojos los cuerpos ya desangrados, si el verlos no te da enojos, porque en tu puerta clavados. de mi furia estén despojos, En este punto señar, a los umbrales de casa mi señora Leonor llega. Bien lo adivinaba el alma; Cómo albricias no me pides? Merezca yo por más paga tu mano. . Hija, la falta ya de tu vista, sin duda sentían estas montañas. Cuéntame por vida tuya las fiestas. . Pues que lo mandas, padre, en sucintas razones te diré del Rey la entrada. Llego nuestro excelso Rey de Villanueva a la playa, lugar pequeño, a quien besan del turbio Duero las aguas. Ese que tan caudaloso, corriendo entre peñas pardas, porque ingrato no le juzguen, al mar su tributo paga. Mostrando tantos deseos de meterse en sus entrañas, que por llegar tan apriesa. angosta juzga la barra. Ya tremolando estandartes. dos galeras le aguardaban, de cuyas doradas popas tomaba el Sol luz prestada. Al embarcarse gimieron del gran Duero las espaldas, que no es mucho oprima a un río peso de tan eran Monarca. Subió al castillo de popa arrimado al de Berganza, que en tal castillo era justo el no faltar barbacana. Los Ministros dieron señas de atrancar, diciendo zarpa; y entre la confusa grita. se escuchó boga canalla. Pero apenas formó el aire las mal oídas palabras; cuando cual rayos furiosos las dos galeras arrancan. La nación Flamenca entonces, viendo como el Reise embarca, desde sus soberbias Ureas mil culebrinas disparan. A cuyo bomito horrendo temblaron estas montañas, subiendo en torrer de humo contra el Sol nubes opacas, El Sol belico, y confuso, de las azotadas cajas las vagas regiones rompe, cielos de zafir escala. Cuando ya pasado el río, de la galera el Rey pasa a un vergantín y de él luego ajero en la playa salta. Donde el noble Regimiento, con ostentación bizarra, ya con el palio le espera de tela encarnada, y blanca. Ya acercándole un tordillo, que con fogosa arrogancia, mas de sangre, que de espuma los alacranes bañaba. Tal, que nunca ha visto el Betis bruto de nobleza tanta: ni con tal animal Febo midió las eferas vagas. Cobró de un salto la silla, y al blando herir de la vara, lisonjeándole el bruto parecía que danzaba. De Portugal la grandeza toda junta le acompaña: el de Avero tu sobrino, Villareal el de Verganza. El señor de Matosinos, y el de Villaflor, que basta dezar su rombre, pues sabes, ue es gloria de Lusitania, El de redondo, el de Faro, y el que es toda la privanza del Rey, el de Feria digo: mas ay, cielos! tened alma, . no mostréis en suspensiones el gran fuego que os abrasa; el de Sortella, y Monsanto gallardos bizarreaban. Y el Conde de Vidiguera, gloria de su antigua casa: los más fidalgos no digo, porque fuera en las entrañas del mar, contar las arenas, o en monte menudas ramas: la puerta de la ribera, que va del muelle a la plaza, acreditando grandezas un arco triunfal formaba, cuyas colunas, y techos eran de lavor Mosaica. Descubriendo en los vacios, con artificio entalladas, las Quinas de aquestos Reinos, que les dio el cielo por armas, cuando en el campo de Opranque Alfonso en campal batilla de cinco Reyes valientes segó las Moras gargantas. Las calles no te encarezco, más basta decir que estaba un Abril en cada reja, y un cielo en cada ventana. Llegó a la Iglesia mayor, donde después de dar gracias al cielo, la Real Capilla armónicamente canta. Mas fue tan grande el diluvio de la gente que llegaba, que entendí en ondas de gente antences verme anegada. Retíreme del concurso, y dando vuelta a la playa en un barco con Fileno pasé del Duero las aguas. Esto en la Ciudad he visto, si el discurso no te agrada, padre; ya el perdón merezco, pues conoces mi ignorancia. Divinamente has pintado, hija la famosa entrada. Qué despejo tan gracioso: que lindo donaire, y gracia! Quisiera yo, que esta noche se juntaran en mi casa los zagales de la aldea, porque a la cortés usanza celebremos la venida de nuestro Rey. . Pues tu tra de hacer a los Reyes fiestas (tas cuando solamente tratan de no premiar tus servicios? Vive el cielo, si me hallara contigo en Palacio ahora, que hiciera que te escucharan, a pesar de lisonjeros, de estos que ligeros andan asidos siempre a la oreja, como alanos con garlanzas, Leonido, Leonido calla, de los Reyes no presumas, que pueden errar en nada, que son dioses en la tierra, todo, Leonido, lo alcanzan. Los Cetros cubiertos de ojos la antiguedad nos pintaba: siempre. Leonido el discreto debe estimar lo que acanza, mas que el Imperio del mundo: más precio en estas montañas ver como el alcón ligero tras la voladora garza, cual nave en ondas de nubes, hace remos de las alas: y luego como atrevido, por rendirla se encarama, ya presuroso en su muerte, ya cobarde en su esperanza: que cuantos gustos se ofrece? en la Corte, y glorios falsas, que las privanzas del mundo son imagen de inconstancia. Notable valor! confieso que tu buen consejo acaba de dar luz a la memoria, y de aniquilar mis ansias. Haz, que de berbena, y juncia, madreselva, y mejorana esa puerta se corone. porque formen sus quirnada un arco triunfal, por donde entren todos a esta sala. Serán los pomos de olores, rosas, y azucenas castas, emulación olorosa de Acamenia, y de Fancaya. Serranos, mi padre gusta, que celebremos la entrada de nuestro Rey, sed ladrones de flores, que el campo esmaltan; Desnudad, cual frío invierno, su librea de esperanza, árbol ninguno no quede, desde las humildes parras, hasta las lascivas hyedras, que no robéis planta a planta. formaran huertos pensiles. esas espaciosas cuadras. Mirad que a toda la aldea ha de estar la puerta franca: los zagales que acudieren tendrán lugar con las damas, en el sarao esta noche, aunque (como se usa) traigan cubiertos los rostros. . Bueno; sin duda padre, que pasas hoy la Corte a nuestra Aldea. Será la fiesta extremada. Echaremos también suertes. Venturoso aquel que alcanza la de ser Rey. . Si me toca, Yo reformar muchas cosas. No permita amor que salga en blanco la mía: ay, Conde, mucho le cuestas al alma. Vamos, y preven Fileno lo del aldea: las canas hoy en el Jordan del gusto se me temozan, ven . Basta, pensamiento, como altivo os remontáis? tened alma, que intentáis un imposible: que aunque amor todo lo allana; no sabéis del Conde el gusto: Toma Fabio este diamante. Ya de Leonor te imagino, que quien da diamante fino, será también fino amante. Estoy de contento loco; que la villana es Leonor hija de don Juan? . Señor, dudas? . Un diamante es poco; la vida, Fabio, te diera; a no ser de Leonor ya. Esto es hecho; bueno va: es posible, que al fin era la villana rebozada. hija del hijo tercero, Fabio del Duque de Avero, de todos tan celebrada? Que notable desvarío; dijo en relación sucinta, que tiene el padre una quine? de esotra parte del río. A donde se ha retirado por su pobreza quizá; porque me dicen que está de los Reyes mal premiado, he de hacer mércedes varias. . Soldado sealo el marido, que come sin pedir cuenta, si aquel pan que le sustenta algún cuervo le ha traído. También puede serlo el gremio de los fullerescos tratos, o los que sirven a ingratos, sin esperanza de premio. Soldado sea. . No más de los ministros de Marte. Un consejo quiero darte. Cómo? . No dices que estás? por esta mujer perdido? Y aún loco. . Pues vela a ven esta noche. Y podrá ser? aesen las ideas vanas. . . Siempre la industria ha valido. Con dos remeros no más un barco te prevendré para las once . Y podré llevar al Marqués? . Podrás, pues su esfuerzo tanto vale. Eres, Fabio, al fin discreto. Comunícale el secreto: mira que a esta cuadra sale. A celos, fuerte locura, que de enojos mehauéis dado? si el Rey adora a Marfisa, que pretendo? Este es su hermano? Disimular me conviene. Oh Marqués, habéis llegado a la ocasión del deseo: oíd a parte. . Aquí hablando el Conde, y Marqués: ay cielos, tanto secreto en Palacio: cubierto de esta antepuerta veré si puedo escucharles. Digo Marqués, que a las once yo, y Martín os aguardamos a mi puerta, que esta noche vendréis, Marqués, disfrazado con mascarilla y gaban, y debajo un fuerte jaco traed, que os defienda el pecho. No receló el mío en vano. Con este mismo disfraz ve Fabio a fletar el barco, y en estando prevenido vendrás a casa a avisarnos. Yo voy. Armados los dos dónde podrán ir? . Si acaso sospecha el Conde ha tenido, que yo en su hermana idolatro? Grande dicha, grande suerte fue el haberlos escuchado sin que me hubiesen sentido! Hoy de Esaucón las manos pienso ser otro Jacob; que el mismo disfraz tomando penetraté sus designios, descubriré sus engaños. e Vámonos a prevenir; que ya Febo sus caballos baña en las cerúleas ondas. Perenne luz, que a los Astros das vigor, aliento, y vida, camina, vuela a tu ocaso, que pues amaste, bien sabes lo que se padece amando.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA No sé si tarde he llegado; mas no, que en esta ocasión no se duerme el corazón, ni se descuida el cuidado. Sin duda que el cielo santo hoy mi engaño favorece, pues que la noche me ofrece por capa su negro manto. En nubes caliginosas se sepultan las estrellas, y ocultas sus luces bellas no se ostentan luminosas. Esta es del Conde la casa, y a la puerta me parece que a un hombre veo. Más crece mi afición, y más me abrasa el alma en las dilaciones. Tan presto un alma se altera? es de golpe tatonera? semejantes ocasiones paran siempre en olvidar, que el que por la posta ama, presto trípula la dama. Eso Martín no es amar. Dejó mi sentido en calma la bella Leonor, y a mí, el amor que ves en mí es caracter en el alma. Ya no le podrán borrar fortuna, tiempo, ni olvido. Enseña un pecho fingido estas liciones de amar. Es el Conde? Voy temblando. Marqués amigo, yo soy. Si es hora vamos. . Escoy, Marqués, a Fabio aguardando, que del río en la ribera el barco está previniendo. Natable engaño! . Yo entiendo que es este que viene, espera. No sé si tarde he venido gente hay aquí. . Toma Fabio esta llave, y como sabio dia mi hermana, que he salido con el Rey. . Temo algún daño La verdad temiendo dice: bien se entabla . Soyfelice más, ay, pasos no miráis si se prosigue este engaño. Dirasla que aouesta noche salí a rondar con su Alteza. Qué bien le va de nabeza! Y antes que Febo en su coche. y se deslustra el honor. Mueño el corazón reccla. Por orizontes floridos deje en el aire esparcidos pedazos de negra tela, me abrirás la puerta Fabio. Si somentaré su error? si, que nunca propio amor repara en ajeno agravio; y más cuando así los cielos me dan ocasión precisa, para que pida a Marfisa. del Rey justísimos celos. Vamos Marqués. . Ya te sigo. Maracés dijo cielo inmenso, Como hidalgo corazón, qué he de hacer? aunque suspenso, entre varios accidentes no temo, que voy conmigo. Ay caso más prodigioso que este que admirando estoy? a un tiempo entiendo que soy desgraciado y venturoso. Si gozo de esta ocasión a la fe falto de amigo: si el engaño no prosigos pongo en duda mi opinada. Los celos, y la amistad me presentan la batalla: lo que el pensamiento calla quiere hablar la voluntad. Los celos dicen que sí; la amistad responde, no: fuertes contrarios venció de celos la fuerza aquí. Caminad, que os detenéis pasos, y no os suspendáis: que al más amigo ofendáis? Volved atrás, que es error este que intentáis: mirad que se ofende el amistad, Pero volved, que un prudente mostró en liciones de amar, que si se han de quebrantar es por celos solamente. La llave es estrabrle quieros hay, instromento pequeño, rinfalio para en dueño. si para mi verdadero: Dudosa imaginación, no os suspendáis amorosa, que una afición tan dudosa, más es ficción, que afición: tu grave valor desmientes, viendo que en dudas, y pausas; hacen diferentes cabias los efectos diferentes? Quiéreme el de Villareal; y el Rey me ha mostrado amor, y eotre uno y otro favor se muestra el alma neutral; mas, o pecho desieal, tu duda al Marqués ofende, que ha de ser la que pretende fama a su valor asida, como el Ángel, que no olvida, lo que una vez aprende. Esta sala abierta esta, y escuché rumor en casa; pero si el alma se abrasa, sin duda fuego será: mas que es mi hermano que va con su Alteza que le llama, a rondar alguna dama: o que ignorante, o que ciego, es quien tiene en casa el fuego, y busca la ajena llama! Pensando que el Conde soy, hasta el cuarto de Marfisa llego ya, sin que ninguno mis intentos contradiga, Aquí luce en cielo breve un resplandor, que podía ser, aunque luz material, en el cielo estrella fija. Brillantes rayos despide, o ciega ignorancia mía, pues dos soles luminosos tanta luz le comunican. Marfisa es esta, no en vano en fuego esta sala ardía, pues con la luz que reparten se afeitan siempre los días. El Conde sin duda es este: hermano, a dónde caminas? tú con máscara a tal hora; qué es esto? . Ingrata desvía, que no soy el Conde. Ay, cielos! quien con plantas atrevidas los solios de aquesta casa disfrazadamente pisa? Hola criados matadle. No des voces enemiga, que el Marques soy. . El Mar qués? Si cruel, porque me obligan los celos a que desmienta el blasón de mi hidalguía. Tu disfrazado en mi cuarto a tal hora? . qué te admiras? Si has entrado con cautela, el engaño, no prosigas; o vive Dios. . no te alteres. Sabes que sangre me anama de los Pereiras, nobleza en Portugal tan antigua? De tu nobleza no dudo, de tu firmeza podría E sirena dulce, que encantas entre las honras tranquilas, los que al árbol como a Ulises propios afectos no ligan: Cocodrilo, que llorando en las aguas cristalinas con lágrimas enternecen los que ignorantes caminan. Y al fin, mujer, que mudable tu valor desacreditas, hojas del olmo imitando, del ligero viente heridas. Deja hipérboles cansa dos; y necias sosisterias; prosigue ya, que en mi pecho quimeras no se acreditan. Hoy tu hermano, que ya sabe; que sus secretos me fía, me pidió que aquesta noche con gaban, y mascarilla, a tu puerta le aguardase. Llegué cuando ya salían tres hombres de ella: y apenaas en la calle me divisan, cuando me dice tu hermano; toma aquesta llave, y mira Fabio que a mi hermana adviertas. a su servicio esta noche. Y antes que anunciando el día . Eso te alborota el pecho? celestes pájaros canten, dando al Sol la bien venida; me abrirás la puerta Fabio. Quedé como aquel que pisa entre odoriferas flores alguna sierpe de Libia. Pero viendo que en mi pecho fuertemente competían celo, y amistad, a un tiempo, si bien con manos tardías, tomé la llave, quedando allí la amistad vencida. Con esto se fue y tan presto, que no pude aunque quería advertirle de su engaño. porque la voz que organiza mi garganta, se cuedó a la suspensión asida. Las puertas quedan abiertas. Y si vuelve Fabio? . Mira lo que previenen recelos, y lo que celos fulminan. Cómo? En sintiendo a Fabio echarme la mascarilla, y fingir que el Conde soy. Qué habí á que celos no finjan? Hasta aquí, Marfisa, han sido En su raudal cristalino de mi amor celosas quejas, y ahora es bien, si me dejas. que escuches a que he venido. Ay tapices? . No. El oído, dicen suelen aplicar sus figuras. Evitar esa sospecha no puedes, pues oyen más las paredes, y aquí no pueden faltar que el Rey me manda que asista . El Rey, Marfisa, te adora, y su tercero me ha hecho. Oh cuanto un celoso ignora: Mil años goces, señora, corcnada la cabeza, de Portugal la grandeza: y aún es muy corto caudal un Reino de Portugal, Marfisa, a tanta balleza. No niego ingrata, no niego que te adoro, y que te amo, como el pájaro al reclamo, y como a su esfera el fuego. Mas si un Rey amante, y ciego estimando tu valor, ejerce impulsos de amor, como podrá una mujer, si no es desmintiendo el ser, oponerse a su rigor? Yo me parto a Villareal desmayado en mi esperanza, que pues hice en ti confianza, bien es, premio lleve igual: allí suspendiendo el mal, entre el jazmín y la rosa de mi ovinta de ertosa, serán Orfeos las fuentes, cuyas hermosas corrientes mi pena alivien celosa. me veré por verte a ti; porque si vas dentro en mí, que te he de ver imagino en su espejo diamantino, con más quilates de fe: Narciso nuevo seré, que si él en rigor tan fuerte, a si por si se dio muerte, yo a mí por ti la daré. Como otro Orlando furioso discurriré por los montes, que son de Belerofontes. los pasos que da un celoso: ay Marfisa! ay dueño hermoso! dueño dice? estoy turbado. En tu discurso he mirado, y en tus venenosas flechas, que el caballo de sospechas. siempre ha sido desbocado: yo querer al Rey? . no jures, que si por nuestra miseria. sois todas una materia, es fuerza, que te perjures. Calla, y a mi fe no apures, tanto en el crisol de celos, que tus infames recelos. más ennoblecen mi honor. Vete a Villareal, traidor, que quien con pecho doblado. de mi firmeza ha dudado, no me tuvo casto amor; Espera mi bien, detente, pon a tus desdichas pausa, celos han sido la causa, ya conoces su accidente. Puedo yo estorbar que intent el Rey seguir su afición? Bien dices, pido perdón de mi locura atreverme. ha sido más ofenderme. Aquel que de verás ama, celos no pida a su dama, que es despartar a quien duerme Qué importa que sus rigore contra la Cristiana Ley, quiera ejecutar el Rey; fingiendo celos, y amores, si a fuerza de disfavores. mostrará mi pecho amante, que es en firmeza diamante, cual siempre agradecida de las ondas combrtida, en el mar peña constante. Parece que pasos siento. Sin duda Fabio será. Aquí la máscara está, dueño de mi fingimiento: quieres hacer juramento de no amar al Rey? . Si haré Si viene Fabio? . Diré, que el Conde soy: si no viene ya la industria se previene, que en la puerta de la calle será mejor aguardarle, tú dú la el temor enfrene. Aquesta es la caseria. Ya quien bullicioso arroyo; laba los pies, por humilde, de estos levantados olmos. Verdes gigantes de murta tiene por defensa, y foso, de la primavera partos; y del sitio fresco adorno. Bien dicen que los amantes. traen vendados los ojos, y aún cerrados los oídos: ara bien ello es forzoso, pues que no me ha conocido, seguir sus designios todos. Aquí dos Soles se ocultan: entre villanos rebozos, y entre luces de sayal luces de su cielo hermoso. Mas qué importa que en el traje nos parezca alquimia tosco, si en el toque del ingenio. mostró quilates de oro? Si de Leonor rebozados. os abrasaron los ojos, que harán, Conde, descubierrca qué han de hacer? volverme loce. Di que son soles de vidrio, como dice un caprichoso Poeta de aquestos tiempos, añade que son piropos. Di que sus manos pudieran en lo suave, y hermoso, porque en sus rollos te ahorquen. Ser de la manteca rollos: necio estás. . Dejadle, di. Qué gentil molde de tontos! no por la posta enamores, de las riendas tira un poco, que el arco siempre flechado cerca está de verse roto. Entiendes de Estrellas? di. Soy estrellero famoso; uina vez hice un lunario todo alrevés de los otros, y por Dios, señor, que en él salí verdadero en todo. Las cuántas serán? No es tarde, según mira al Capricornio Diana. . Y por qué le mira? Porque es signo provechoso, que como tan abundante, tras él se le van los ojos. Qué valiente necedad: Estas, Martín, malicioso. Esta es verdad, y muy clara; un Escorpión venenoso. porque a la bocina en torno cercan las siete cabrillas. Oh qué Astrólogo famoso! si entender quieres de estrellas escucha, y sabrás el modo: entre los más hay tres signos, Aries, Capricornio, y Toro. Sobre quien dominan esos? Sobre los casados tontos. En el casado más pobre causa el Gemás asombros, pues no deseando hijos, su mujer dúplica el colmo. Cancer en los Hospitales domina sobre bubosos, y en las narices, y llagas emplea su caudal todo: el León sobre valientes. y el de Virgo? . desde el bobo Mauregato a nuestra edad vive aqueste siguo ocioso; y aún por vagamundo dicen que le echan del cielo. . cómo? Porque no hay doncellas ya, como lo refiere Alfonso el de la mano horadada. Que necedad lindo loco. Muy pesado estás. . También el signo de Libra es plomo: y no hay libra bien pesada; el despensero mañoso de nuestra casa lo diga, pues con descarado rostro en libra y media, la media me suele hurtar. Ay tal robo: Él se va por el atajo al infierno poco a poco. El venenoso Escorpión a las viejas le acomodo, que no hay vieja que no sea El Sagitario a los necios. Porque, Martín? . porque el rostro de hombres nos enseñan, siendo s en los más cerriles por otros. Acuario a los taberneros, porque de su efecto aquoso nace el pasear las calles con el instrumento al hombro. Los peces? . Viven en agua; y así, señor, no los nombro. que son los que en agua habitan mis enemigos forzosos. Si en mar de vino estuvieran, yo fuera nadante tollo, y en su licor me empapara cual esponjado bizcocho. Sabras ya con lo que he dicho las cuantas será? . Yo, cómo? Escucha, qué ruido es este? parece que es alboroto de regocijo, y de fiesta. Permite, o cielo piadoso, que pueda ver a Leonor. Eso, Fínea, a los bobos: dices que por mí te mueres, y es Leonido tu quellorro: no me engañarás; qué es esto? mas gente hay, aquí entrad todos, Zagales, qué os detenéis? que a los cortesanos modos. celebra don Juan la entrada de nuestro Rey Con Soy dichoso, La puerta está franca, entrad. Los dos estamos dudosos. porque másearas traemos. No importa, que aunque los rostros traigáis cubiertos, don Juan gusta que entren de ese modo, venid, que el baile se empieza. . Hay caso más venturoso? Martín tú te has de fingir que no vienes con nosotros: entra primero. . Yo voy. No quisiera que mis lomos en este engaño probaran lo suave de algún trongo. . Vos, Marqués si sois mr amigo seguid mis intentos todos. De que eso me digáis, Conde; vive el Cielo que me corro; vamos. Ayúdame amor? que he de ser sin blanco toro Júpiter de aquesta Europa, si se opone el mundo todo. Don Juan de Alencastro, muy noble señor, como no se acuerdan los Reyes de vos? En la paz sois Numa, y en la guerra sois. del cosario freno, del Moro terror. Pues que sois del Reino fuerte defensión, como no se acuerdan los Reyes de vos? Cese la canción, zagales; no digan los instrumentos mis cortos merecimientos, si sois a mi honor leales. Si en hacerme merced tardas. la fulta en mí debe estar, que un Rey nunca puede erraz con dos Ángeles de guarda. Bien de mi escasa fortuna entender Leonido puedes; que aunque llovieran merced os; no cayera en mi ninguna. Ya en el Consejo de Estado de dar memoriales dejo, pues que de Estado el Consejo guste que esté en tal estado. Habla al Rey. Muy bien Leonido e aconseja. . En casos tales se remiten memoriales a quien los eche en olvido. Sentémonos, porque ya de las cercanas Aldeas Serranos entran. No creas que lo entiendan. . Bueno va. . Qué notable rustiqueza! Siéntate, Leonor, aquí. Su padre lo confirmó. Leonor es esta. . Cifro: su poder el cielo allí; bella mujer. . De los rayos; que en ardiente resplandor de sus ojos vidra amor, siente el corazón desmayos. Vos tenéis muy dignamente aprisionado el sentido. Quien vio ganado perdido por amor tan justamente? No demos que sospechar; acerquémonos al puesto. Mascaras traen. . qué es esto? Bien podéis los dos llegar, zagales, no os suspendáis, que en nuestra elección del Rey no quebrantastes la ley, aunque máscaras traigáis. Por eso, señor don Juan, los dos cubiertos venimos, y también porque supimos, que a la fiesta bajarán de la Aldea de Olivera; dos zagalas, que aunque hermosas; son en extremo celosas. Ay qué enredo! equien fingiera sino amor enigmas tales? Qué notable confusión: parece que el corazón me anuncia faturos males; No sé quién son estos dos, que el alma en verlos se altera. aquel que partió la capa. Sois vos de acuesta ribera? ya me entendéis, San Martín. e Industria valedme vos: años ha cual Dios me hizo, que sirvo en aqueses eterra a los Frayíe: de la sierra. Yde que? . De porquerizo. Bien finge. . Temblando estoy. Si gustas principio doy a las suertes. . Hija empieza? Doce Santos he observado, en cuyos nombres están las suertes del Rey Don Juan; y del Conde su privado. Los que acertaren primero con los nombres que escogí, serán Rey, y Conde aquí. Y estos Santos que refiero los doce Apostoles son, cada uno nombrará sola una vez. . Bien esta; como tuya es la invención. Que fuera Marqués, si aquí me cayera a mí la suerte de Conde. . lo mismo advierte; si me toca el Rey a mí. Fileno diga primero. Escojo a Martolomé; el que desollado hue. No acertaste. . So pandoro. Proseguid . Leonido escoja yo Leonor? . de verás hablo. Escojo a señor Sn Pablo; porque es Santo de la hoja. También erraste. . Presiga el labrador porquerizo. Tengo el pelo como erizo: quién nombraré? pues que diga me mandáis: enrojo en fin al que es de los Santos maya, Di necio no echas dever que no ha sido Apostol? . No? mas, pues, mi lengua lo erró otro tengo de escoger: S. Pedro digo. . Extremado es el simple labrador. Nombro al Santo Pescador. Pues tampoco has acertado. Necio soy, luego lo vi; bien el corazón temió: mas quien a Cristo negó, no es mucho me niegue a mí. . Vitor mil veces. qué habías de hacer? . Mandar luego al momento ahorcar a cuantos curdos hubiera. Con las huerzas zurdicidas de mis pensamientos burdos, fuera un Herodes de zurdos, que les quitara las vidas. Proseguid vos la materia. No haré tal por vida mía. Proseguid. . Santo Matia. Vos sois Conde de la Feria. Qué te parece, Marqués? Que es tu suerte venturosa. ya lo debe haber llorado. Aunque en acción fabulosa bien es que contenta estés, alma, en aquesta ocasión, que también una pintura se adora cuando figura, lo que adora el corazón. Diga el segundo embozado. a su servicio se humillan, No tengo de obedeceros. Nombrad, señor. Quiero haceros ese gusto: mi Abogado en la Morisca campaña, el que de Moros estrago antiguo Patrón de España. Marchitose tu esperanza. no eres Rey. . Con justa ley, como había de ser Rey, quién a un Título no alcanza? Nombro al Águila caudal el Evángelista Santo, que en el pecho Sacrosanto de Cristo, con Fe inmortal, vio misterios inefables. Vos sois Rey. Voto al Sol, que si Rey huera. . Poco en las suertes me ofreces fortuna, son admirables tus dichas. Eres discreto. Hay más notable quimera: Haz, amigo, de manera, que venga a tener efecto lo que te dije. . Si haré. So de porquerizos mengua. en el pico de la lengua a San Juan tuve a la he. Cometió grave pecado mi abuelo en esta elección: mas como es tan gran lloron; Ya que la suerte de Rey le ha tocado a vuestra Alteza en el Trono Real se siente, porque todos le obedezcan. Impere, mande, disponga, que las voluntades nuestras y a su imperio se sujetan. Mas esto será advirtiendo, que es como Rey de comedia, que en acabando el papel, se desnuda la grandeza. De ese modo el Reino acepto, fue siempre, nombro a Santiago aunque mi persona es fuerza que sea después de Rey, lo mismo que de antes era. Qué mirlado lo responde: parece que la grandeza se le ha encajado en los cascos. Hh sido mi dicha inmensa. Ocupad don Juan mi lado, que os prometo que me pesa de no haberos conocido: vos tenéis muy justas quejas. Con ser esto fingimiento; a fee, señor que me alegra veros tan agradecido que es bien que Reyes lo sean. Con la señora Leonor tenga el Conde de la Feria lligar, si gostáis. . Es justo; que a vuestra Alteza obedezca. Eso se oviere la mona. Oh qué notable agudeza tiene el Marqués llindo ingenio:: ya es justo que el pecho sienta, que como a privado el Rey m honre de esta manera; porque lo que a mí de glorias, a vos se os libren de penas. Antes favor semejante es bien que al Rey se agradezca; porque el Conde es mi pariente; ojalá mi esposo fuera. Pues que a los Reyes servistes: que así como es gran peligro en las ya pasadas guerras, porque tangáis justo premio, referidme hazañas vuestras, que tal vez en lo engañoso, hay de verdad apariencias. Los Reyes a Dios imitan; están en parte cualquiera, tienen cual Argos cien ojos, y haced Alencastro cuenta, que habláis con el Rey Do Juan: Fingís tan bien la grandeza, tanto alentáis mi esperanza. que me obligáis a que entienda, que con el mismo Rey hablo? Quién vio jamás a las verás: tan mezcladas con las burlas? Cuando una persona enferma está sedienta en la cama, mitigar su sed violenta con una fingida fuente. No porque el enfermo de ella beba los puros cristales, sino porque así divierta la ardiente sed que le abrasa? ya me entendéis . Tu agudeza es admirable, señor, y así es justo que te advierta cosas de razón de estado, que alcance con la experiencia. No se puede llamar Rey el que en las almas no reina; el que la virtud castiga. y el que la lisonja premia. Oh como fuera acertado los Reves siempre trujeran a su lado un gemilhombre, que del desengaño fuera a los hombres. . Qué agudeza? Pues aquel que da a los hombres, a los oficios acierta, eclipsarse el Sol, si ausenta el Príncipe la justicia, si de seguir su luz deja. Es también muy peligroso, pues del mismo modo quedan a oscuras todos sus Reinos, sus vasallos en tinieblas. Ah de ser más excelente que todos pues todos llegan a poner en él los ojos; porque así como la esfera ha de tener en su centro un medio para ser buena, del cual las líneas que salgan hasta la circunferencia han de ser del todo iguales. Así de aquesta manera es menester que en su medio el Rey un Príncipe tenga tan justo, que de él no salga cosa que desigual sea. Varón ilustre, es posible, . que se oculta entre estas peñas un hombre, que presidir en mis Consejos pudiera? Oh cuanto importa a los Reyes, que con disfraz se entretengan, por las Ciudades mirando, los que con razón se quejan. El Conde soy. . Triste calma! tú el Cónde? . Sí Leonor bella, la fama de tu deidad, de amor dulce suspensión, cautivó mi libertad, que en una honrada afición es cárcel la yo untad. Y si antes de ver sentí, por efectos que hubo en mí, de tu vista los rigores, mira si serán mayores, señora, después que vi. Cuál Águila perspicaz de tus soles, en el fuego quise verme, aunque incapaz, cuya acción te mira el ciego, amor helado, y rapaz. Y apenas me vi cabe ellos, cuando al suspenderme en ellos, entre el ardor que me inflama, fui mariposa, y la llama tus divinos ojos bellos. Mas ya que de su rigor bebí del dulce veneno, no se desmaye el valor, que en mis acciones condeno las acciones de temor. Antes si a sus rayos bellos pudiera yo merecerlos gozando victoria, y palma, sospecho que diera el alma por tener el alma en ellos. Que amor que cual rayo fuerte hizo en mi pecho la herida, sin duda que de esta suerte quiere alimentar mi vida en las pasiones de muerte. Y si cual Fénix en ti al más renacen así, la mía en sí se entretenga. pues para que en mí la tenga dejo de tenerla en mí. Posible es que de ese modo a venir. Cónde te atreves? Vite en las fiestras; ay triste: nunca en las fiestas te viera, pues fuiste de mis sentidos fuerte imán dulce sirena, alentado en mi esperanza, si desmayado en tu ausencia, vine a verce, que mi vida solo en tus ojos se alienta. Olvida el rigor advierte, que no es bien que el orbe entienda que fuiste dura Anajarte, que fuiste cruel Medea. Ay Conde, el alma rendida obligaciones confiesa. desmintiendo ingratitudes, fervorizando tibiezas. Oh cuanto mi pecho debe a tanta feelacción es esta con que invencible acreditas tu valor. . Estame atenza. No seas tan variable en amar, bella Fínca, quiere a Leonido, o Fileno. Neutral el alma se muestra. No arriesgues mi honor así. . Vive el cielo que me pesa Vivo me trague la tierra, si te tocare una mano, hasta que mi esposa seas. Con mi hermana estarás bien, en tanto que con prudencia obligo al Rey que a tu padre haga mércedes diversas. Perdona, padre querido, pues que se libra esta ofensa en tus futuros aumentos, y en mis presentes finezas, tuya soy, dispon el modo. Espera. . Con tu nobleza don Juen los hechos compiten. Pues que el Con le me hace señas Acudid, antes que astutos sin duda que la ha rendido; quiero llegar. La encomienda mayer de Cristo está vaca, gozad don Juan de sus tentas. Aunque mercedes tan grandes, . A los ladrones, zagales; señor fingimiento sean, dadme los pies. Levantad, que un Abito sin riqueza del hidalgo que la lleva. Pienso que vuestra encomienda de otra más hermosa Elena. es Obispado de anillo, pues sus libranzas se acetan del aire en las alcábalas, o allá en los bancos de arena. No os espantéis mis zagales de que en esto me entretenga como viejo, que los viejos vuelven a la edad primera. s a tmeaeasei que no goce esta ocasión? de ofender a tal vasallo; más casarase con ella, o le costará la vida. No hay sino tener paciencia, que podrá ser que las burlas salgan don Juan verdaderas. Famosísimo Alencastro, Serranos de esta ribera, acudid, que unos ladrones hurtado el gana do os llevan. Yo vi que de los rediles sacaban cabrás, y ovejas; y las cabras del corral, que tenéis junto a las eras. gocen de tan grande presa. Echa por aquí Leonido; apriesa todos, apriesa. No hayas miedo que se escapón en el centro de la tierra. hacia los corrales echa. Al barco, señor, al barco, antes que la flor entiendan. es Cruz que en los hombros carga . Hay padre, en tanta desdicha dente los cielos paciencia. Entendido estás; yo voy. . Vamos, Marqués, hoy soy Paria Perdona don Juan, perdona: pero si tienes tan cierta la ventura en este engaño con él tus glorias se aumentan.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA , , , o ̱. A mucho, Conde, te atreves, . Ya no bosqueje Apeles a su campaspe bella: suspensos queden Ceusis, y Timantes. arrojen sus pinceles, que son opuesta Estrella a los rayosdel Sol siempre radiantes; no con vivos gigantes. presuma la belleza de otra mortal criatura, que al formar su pintura gasto todo el caudal naturaleza: y así por más que intente, no puede hacer beldad más exce No, Conde lisonjero, (lente. rindas a imperfecciones, honor debido a métricas deidades. . Fue grande mi atrevimiento. Con tu amor verdadero en mis ciegas pasiones. el alma ánima, el pecho persuades. Crédito a las verdades en tu boca desmientes. Tiene el tema del alma los sentidos en calma, y mi pecho entre varios aceiden . En todo el suelo Español suspenso en el agravio, cobarde se retira, teme sabio. También yo la he robado, o señora Fínea, porque hubiese un Paris de frega porque la lumbre robó; fervorice un cuidado, (trices, cuanto más lo he de ser yo que tímido desea, y a besar de tu rostro los barnices. Fínea hermana, Martín, Quita necio. . Qué dices, o labradora ingrata? a tan soberbios fines, te han subido chapines? de esta manera mi valor se trata? Oh Talavera impía, o fregona fatal o fiera arpía, quiero critiquizarte (ta, en gerigonza nueva, pues por excomunión su estilo bas mil músicos ramilletes crepusculando en parte los tuyos de obra nueva, (ta. que fueron para mí de ardiente cas- ojos a donde pasta entre eburneos candores, diosa purpureante, con conturno fragrante; que como a Dios dijero con clamo? Maestro, profetiza, (res, los críticos me digan critiquiza. Deja el pesar, no estés triste; no con amargo licor quieras aumentar, Leonor; temores que el alma viste. no hay consuelo que me cuadre; dente los cielos, o padre, en tanto mal sufrimiento. La pena un rato suspende, y a considerar empieza, que al paso de tu tristeza, mas el corazón se ofende. (tes, gloria, y fama merecí, pues que amante me atreví a robar el mismo Sol. Si fue Promoteo famoso, robando al Sol luminoso? divertid su pena fuerte. Si quieres entretenerte, bajemos prima al jardín, donde el alma se recrea, verás en breves pensiles, la pompa de los Abriles, los regalos de Amaltea. Verás que trinando están en concertados motetes entre el jazmín, y arrayan. Pensarán las bellas flores, y los intrincados ramos, que deja al Chipre, y hagamos la diosa de los amores. Sola es digna esa alabanza de tu deidad peregrina, pues ya nombre de divina con los humanos alcanza. No sentimientos anime tu pecho, muestra valor, que a tu padre, y mi señor he de hacer que el Rey le estime. Como a mayor Camarero me toca por justa ley el asistir junto al Rey, vivir en Palacio quiero. Y aunque el corazón le abrasa ausente tú mi Leonor, para asegurar tu honor, no quiero vivir en casa. Con honrada resistencia de amor ganan o trofeos, ligar pretendo deseos al árbol de la paciencia. Que si con premio en amar se deja de merecer, quiero fundar mi querer en el saber obligar. Porque más quiero en rigo; con premio de mi afición tener de alcanzar acción, que no de perder temor. El que pretende alcanzar ventaja al que la ha alcanzado; pues este habiendo gozado no le queda que gozar. Verdadera es mi opinión, cualquier discreto la alcanza, porque es noble la esperanza, grosera la posesión. Por templar de amor la llama vendrá conmigo Martín de noche por el jardín a habiarte. . Gloriosa fama de amor ganas, en el Templo será tu nombre inmortal. No me está el concierto mal. . Eres de firmeza ejemplo, honor para ti pretendes, pues soy tu sangre: y así, si me ofendieres a mí, a tu misma sangre ofendes. Sospecho que es ya muy tarde; a Dios, que a Palacio voy. Dios te guarde. . Que tan adelante pasa tu amor? . La palma merece, pues se ha mostrado Marqués, siempre amante, y siempre firme. Al fin hablaste a Marsisa? Yal fin no quiere quererte. Ah, que bien has hecho en darme en esas razones breves la muerte, no en dilatadas, que fuera morir mil veces. Pero. Marqués, es posible que tan rigurosamente a no responder se anima, y a no premiar se resuelve? Dila parte de tu amor; pero trocando en claveles la nieve de sus mejillas, me respondió de esta suerte. Dirás Marqués, a su Alteza, que los Católicos Reyes jamás el honor deslustran de los vasallos fieles. Que la Reina mi señora, que ya de Castilla viene, sola esas dichas alcanza, sola esas glorias merece. Y que del Rey al vasallo la diferencia contemple, que hay de los bajos metale? al oro más eminente. Porque mi pecho de amor aún hasta ahora no siente lo fuerte de sus arpones, lo blando de sus deleites, Estorbar sus intenciones así las mías pretenden, si no es que ofrece rendido más amor a más desdenes. No replicaste? . Diciendo: El Rey mi señor no quiere deslustrar tu honor, Marsisa, sino obligar castamente, Sino sabes que es amor, o bella Marsisa aprende de las fieras, de las aves, de las plantas, de los peces, Y si las glorias de amor hasta lo insensible siente, como amor solo contigo ha derogado sus leyes? Y es posible que no fueron razones tan eminentes bastantes, a que esa fiera con amor se enterneciese. Y añadí: Señora mira, que si ingrata no entretienes sus designios amorosos, querrá del poder valerse. Colérica más entonces. respondió: Pueden los Reyes imperar sobre los cuerpos; sobre las almas no pueden. Mas insistiendo, y rogando vine a alcanzar solamente, u jardín disfrazado pehe la vieses, Pedila que de la puerta maestra llave me diese; al fin me la dio, con ella la podrás ver muchas veces. Loco estoy, dame los brazos, que aquestas glorias te deben mis esperanzas. . Pretendo . ver si Marfisa presente el Rey, la firmeza guarda, que ausente el Rey me promete, Qué obligadas del poder son fáciles las mujeres, y los favores de un Rey, hasta un monte desvanecen. Mi Secretario don Juan, aunque hombre mayor, promete, según las muestras que ha dado resoluciones valientes. Con los dos irá esta noche; y porque nadie sospeche que salimos a rondar, le mandaré nos espere en el patio de Palacio. Bien dices. . El Conde viente, a mi cuarto me retiro; quiero aquí cerca esconderme; veré si del robo tratan de Leonor. Marqués. . Valedme industria: o Conde. Quedasteis muy cansado? mucho os debe mi amistad. . dicha notable? ̱. no es bueno que el Conde entre de que fui con él: ay tal cosa! a todo lo que dijere pienso conceder; dichoso he sido, Conde, que hubiese ocasión en que serviros. El engaño permanece? . esto el alma deseaba, no más, que ya voy alegre. . Con equivocas razones se engañó. . Cuando quisiereis ver de mis glorias el dueño bien podréis. Qué dueño es este? Vamos, Marques. . no lo entiendo pero si es fuerza entenderle, alentar quiero su engaño, porque los míos se alienten. Este es Palacio. . Admirables sus grandezas me parecen: qué soberbios edificios! gran pario. . Llamarle puedes una eterna sepultura de míseros pretendientes. Si supieras los engaños, ay Leonido, si supieses las quimeras, los enredos que aquestas cosas sostienen, grande infierno le llamaras. Sí, más es fuerza que siempre las jostas leyes se guarden. Bártulo. y Baldo no tienen ley ninguna, que no tenga mil sentidos diferentes, y cada cual los promulga al son de sus intereses; de un Juez apasionado te libre Dios. . Me parece que no lo será ninguno. Ay Leonido, mucho pueden forzosas obligaciones, que tal vez las leyes tuercen: Si bien yo me persuado a que todos los jueces, conforme aquello que alcanzan pronuncian sus pareceres. Mas dejando aquesto aparte, quise venir de esta suerte vestido de gala. . Dime la ocasión. Sabrás, que siempre a los gusanos de seda las deshonras se parecen. De qué modo? . Porque todas cercadas de seda mueren. De tu ingenio es la agudeza. Si ser hidalgo pretendes, rompe seda, viste galas, y serás quien tú quisieres. Para hablar al Rey es tarde, y así mi afrenta previene una industria. . Ya te escucho, Bien sabes que los aleves que robaron a Leonor, sospechas tengo que fuesen Cortesanos. . Y es sin duda que Cortesanos te ofenden. Aquí pasearme quiero, porque los tales mil veces unos con otros se engañan, y lo oculto hacen patente: fingiéndome Cortesano, podrá ser que alguno enguenere que de mi pasada injuria el ofensor manifieste: Notable inlustria? . Entretanto vete al mesón de la fuente a prevenir limpia cama, mientras que yo de esta suerte. mis infamias averiguo. Teniendo tantos parientes en Palacio, de un mesón quieres hacer noble albergue? Parientes ya si ene nompre solo con nombrarle mira tú si ofenderá pobre sin honra, y pariente. Vete con Dios . No repuco. Vete aprisa, que a este puesto Aquí mande me aguardase; sin duda él es, llegar puedes, y advertirle que soy yo. Su Alteza, don Juan, es este, yo el Marqués de Villareal: que a medida del deseo estos sucesos se ofrecen. Venid, don Juan. Don Juan dijo, fuerza será responderle. Siguiendo tus pasos vamos, O si los cielos quisi esen descubrir con este engaño los traidores que me ofenden. . Pensamiento, no confío en la dicha que oscureces, pues remontando me ofreces tan extraño, siendo mío: aunque animada confío en obligarte, que espero, si cobarde considero, que te muestra mi cuidado, en el estimar pesado. como en el huir ligero. Es posible, que una ausencia, que se acaba sientes tanto? de tu flaqueza me espanto: sabe sufrir, ten paciencia. Y después que con prudencia venzas, piensa en los cuidados, tendrás los gustos doblados: que es admirable la gloria que acompaña a la memoria de los trabajos pasados. Eso, Leonido, hacer puedes: , , , noche. pienso que dos hombres vienen. . Invencible es el tormento que el alma llega a sentir; por donde podré impedir el paso a su pensamiento? Dónde ha de ir un afrentado que en afrentas no tropiece? . Que siento pasos, parece. vamos, que es tarde. . Parece, . El jardín queda cerrado. Mira si está en la ventana que entre las yedras se esconde. Este es el jardín del Conde, y sospecho que una hermana ha de tener; caso extraño, gran rigor, injusta ley, que así solicite un Rey de su más privado el daño: Aunque en esto más grosero mi agravio que el suyo ha sido; pues me ofende un Rey fingido, y a él un Rey verdadero. Es el Marqués? Y a su Alteza aguardando dejo allí: ahora he de ver si en ti vive la antigua firmeza. Serás gloria del valor de las Romanas, y Griegas, si amor a su amor le niegas. Eso dudas? Teme amor. Antes tengo. Habla más paso. Para hablarle industriada a Rosela una criada. De qué suerte? Escucha el caso: pensando que habla conmigo, con la criada ha de hablar, y yo en tanto puedo estar a esotro balcón contigo. Estarás al ojo ahora. No en vano estimo Marfisa mas lo que tu planta pisa, que cuanto el mundo atesora. A esotro balcón me voy por si mis glorias consigo. No temas al enemigo: Es su Alteza? . Sí, yo soy. Mucho debe tu grandeza al Marqués de Villareal. Mi Reino es poco caudal, señora, a tanta nobleza. Oh qué bien finge! Ay de mí! no es esta voz de Leonor? A estotro balcón, señor, la voz de Rosela oí Yo la voy, señor, a hablar, que es una antigua criada, y de Marfisa estimada, porque pueda fomentar, y hacer tus glorias posibles. Bien dices, que las criadas de sus amas estimadas, allaban mil imposibles. Si es el Conde el que me agravia, imaginación detente, considéralo prudente, teme cuerda, advierte sabia. No es justo que tu rigor a no premiar se disponga. Ni que Vuestra Alteza ponga en opiniones mi honor: Qué fuiste con él pensó? Es así . Mi duda crece, en la voz Leonor parece, mas en la respuesta no. Porque una mujer que así! a un Rey se muestra tirana, nunca fuera tan liviana. Mi opinión vive por ti. Tanto desdén no te altera Tanta fe no te provoca? Siendo a sus impulsos roca, que bien aguarda, que espera? Halle en tu pecho mi amor remedio. Será buscar seguridad en la mar. Cielos, no es esta Leonor? (. Cuando por amarla muere, tiene don Juan por tropeo aborrecer mi deseo? Marsisa. No desespere tu afición: ten confianza: porfía, llega a ofrecer, que la más noble mujer es centro de la mudanza. Pues que has hablado al Marqués ven a defender un poco tu causa, que está tan loco, que es menester que le des algún fingido favor. Bien dice, llega animada, que harto ha hecho la criada. Así sabré si es Leonor. (. Si en ofrecerte obligarte consiste, que podré advierte cuanto quieras, ofrecerte; cuanto pidas, podré darte. Solo aqueste bien concede, o bella ingrata, a mi amor: no atiendas a tu valor, puesto que a todas excede. Pide el aljófar que aloía el mar en su centro ufano: o el ámbar más soberarto que ingrato en la plaza Aunque en esto te ha mirando, señora mía; que todo lo engendra, y cría el mar de tu gracia inmensa. Una cosa pedir quiero. El interés la convence: (. que no allana, que no vence? ay de mí! Más bien no espero: fue tu consejo extremado. Marfisa a pedir se anima. Pedir quiere. Que te estima sospecho . Soy desdichado, que ha sido su fe fingida: que me espanto? al fin mujer. Pídeme . Variable ser. Por vida del Rey por vida de la que estimo, señora, mucho más. . Pesar terrible: Qué he de hacer luego posible lo que pidiereis ahora. Si igualas con tu valor, si con tu belleza mides lo que pides, que me pides? Que no me quieras, señor. Caso extraño! qué emprendí? sin mí estoy. . Notable fe! de tal firmeza dudé: que ingrato a tal valor fui! En vano tu amor se anima: advierte, que una mujer cuando no quiere querer, nada teme nada estima. Si quieres considerarlo, que es siempre más justa ley, que no ser dama de un Rey, mujer de un noble vasallo. Mire, señor, tu grandeza, ntido abrir la puerta la es cierta: iestra Alteza, porque es mi hermano el que viene. Yo me engañe. Ay de mí: echad los dos por aquí, no nos conozca. El que tiene algo en la imaginación, que de sucesos le enojan: que de cosas se le antojan! no es Leonor, gran confusión: Mi hermano es, yo me voy. quédate Leonor aquí, si preguntare por mí, dirás que en mi cuarto estoy; y el secreto te encomiendo. . Ya está; mas en tu jardín verla pretendes en fin. Qué te admira? eso pretendo, Lleguémonos, porque creo que diviso gente allí. Es mi Leonor? Mi bien, sí. Oh gloria de mi deseo? muestre el pecho, el alma diga lo que con hablarte alcanza, señalando mi esperanza a lo que tu ausencia obliga. Yo tengo bien sazonada la potencia dormitiva. Solo por ver si es el Conde, de su Alteza me he escapado celoso, y desesperado. A quién eres corresponde tanta fe. Hablando están, quiero escuchar. Mas merece, Pues que liberal me ofrece sombra, o capa este arrihán. Es causa de ciertos celos, don Juan, el Marqués: y así siguiéndole vuelvo aquí por confirmar mis recelos. Marfisa le tiene amor, que Marfisa no pudiera, si amante suyo no fuera, ostentar tanto rigor. Del volver luego al terrero aquesta afición colijo, y de que Marfisa dijo las palabras que refiero. Si quieres considerarlo, que es siempre más justa ley, que no ser dama de un Rey, mujer de un noble vasallo. Donde me ha dado a entender, que tiene afición a alguno; y si galán hay, ninguno como el Marqués puede ser. Si eso conoces, señor, afrenta viene a ser tuya, que de un Rey no es bien se arguya . Gente viene. que intentó forzado amor. Y pues la fama ha mostrado que viene tu esposa aprisa, casa al Marqués con Marfisa, que así queda castigado. Aunque es bien Don Juan, que tema con esta acerada lengua los celos que presumí, este amor que ves en mí ya no es amor, si no tema. Lleguemos, que hablando están. Vete, mi bien. Ciertas son mis presunciones. Escuchemos sus razones entre estas murtas, don Juan. Puesto que declarar puede, que ninguna se le iguala, aunque tu afición señala, que al arte de amar excede. Apeteciendo mostrarte su grandeza acreditando tan amante, puedo amando sino excederte, igualarte. Cosa que a mí me engañase esta mujer? . Eso no. Jamás ninguno escuchó, que su agravio no escucha Ofender mi afición quieres con las razones que escucho: porque aunque me quieras mucho, tanto como yo no quieres. Vive el cielo que es Leonor esta que ahora escuché, a voces publicaré mi agravio, Conde traidor. Pues que le muestra afición, no es su hermano; ah vil mujer. Podré este engaño creer? . Sí, mi bien. Aquí hay traición: si mi bien, a cuchilladas pienso echarle del terrero. A Caballero, si queréis que las espadas no publiquen vuestro error, decid quién sois? Linda mengua; os responderé mejor. Triste de mí, muerta soy. Mas quisiera morir a tu lado. Afuera. to galán loco estoy; C métamos mano, don Juan. Eso pretendo. Qué es esto? Saca Fabio una luz presto, porque acuchillando están a mi hermano en el jardín. otros dos! fuera villanos, que a todos bastan mis manos: estate quedo Martín. Querer que mi espada aquí haga más de lo que han visto, virgen es, no quiera Cristo que yo la deshonre así. Yo desnudarla aunque sea el caso más oportuno? que es vergonzosa, y ninguno es bien que en carnes la vea. h . - Esperad, matarelos; al Cónde mi señor? Qué es esto cielos! La vida te costara si aquí tanto el secreto no importara Fuerte rigor! Tu Alteza en mi jardín? Vuestra grandeza me escuche. Extraña cosa! qué es esto? no eres tú don Juan de Sosa? Don Juan soy de Alencastro, nacido en conjunción de infeliz astro Aquí pierdo el juicio, en tierra dio, señor, nuestro edificio Escucha aunque agraviado, porque le hagas justicia, Estoy turbado. Después que de Mahometo, Rey de Fez, y Tarudante, alcanzó tu padre ilustre victorias tan memorables. Después que su pecho invicto con resolución triunfante, rompió veinte mil del Moro con solo seis mil Infantes, Sultan Celín envidioso, de su fama siempre estable, Moros conduce a Cardumes, en escuadroves dispares. Y acreditando valores de la gran Marruecos parte a ofrecernos la batalla en las campañas del Tanjer. Al son horrifero entonces de los destemplados parches, los montes se atemorizan, y se estremecen los valles. Las escuadras numerosas en azules tafetanes sus medias lunas despliegan breves lisonjas del aire. Viendo que Sultan se acerca, me mandó tu invicto padre, que de su campo gobierne los bélicos estandartes. Ya recovociendo entonces. números tan desiguales, con su grandeza animó a los pechos más cobardes. Lusitanos invencibles, que los tímidos cristales del gran Reino de Neptuno surcáis en veloces naves. Vosotros que hasta la Luna. del Sol discurriendo mares, en hombros de errantes pinos. llegáis donde infante nace, No os turbe la multitud de esta vil canalla infame, porque en bronces vuestras glorias amaguen eternitades. Vosotros los mismos sois, que a este bárbaro arrogante de sus fuerzas tantas veces los bríos desbaratasteis. Ea Portugueses nobles, vuestras fuerzas admirables exceded desbaratando tanto Morisco Turbante. Con mi voz se animan todos. de tal suerte, que al instante conocí valor grandioso: en los pechos más neutrales. Después que embestimos firmes vuelan de entrambas las partes. las balas en tanta copia, que sombra a la tierra hacen. Brama el mar, gimen los vientos, y allí la Morisca sangre mezclada con la Cristiana, Gerázara sangre se hace. Valientes los nuestros pisan con resolución notable de los ya difuntos cuerpos corazones palpitantes. Diez y seis mil de los suyos a la siempre infeliz cárcel del lago Estigio bajaron a gozar ete: nos males. Soles tres míl de los nuestros quiso el cielo que alcanzasen de los Eliseos la gloria, para vavir inmortales. Después de tan gran victoria, gran señor por no cansarte, supe como vuestra Alteza en esa Ciudad triunfante hacia pública entrada; y ordené que mis zagales a los modos Cortesanos con fiestas la celebrasen. A cuya fama acudieron dos traidores, dos infames, que a mi hija me rebaron con engañosos disfraces. Leonor Jordan de estas canas, alivio de mis pesares, fuerte báculo, y arrimo, señor, de este cuerpo frágil. Mas ya de mi honor ruina? porque una mujer deshace, lo que fabrican valores, lo que ennoblecen quilates. De que han sido Cortesanos sospechas tengo bastantes: justicia, señor, justicia, aunque tu persona amague. En esta casa se oculta mi Leonor, con ella hablaste esta noche; que no pueden mis sentidos engañarse. Haz que el Conde de la Fería estos sucesos declare, así reines, así goces de siglos eternidades. Qué decís Cónde de aquesto? Que los engaños se acaben. Yo fui den Juan de Alencastro, el que con villano traje robé a Leonor esta noche. Y yo aunque lo ignoraste. te acompañé, no el Marqués. Su Alteza dice ver lades, que por hablar a Marfisa me fingi Fabio, y la llave me diste. . Extraña quimera? Transformaciones notables: Con el debido respeto a su calidad, y sangre la he tenido. Si mis hierros meres en perdón, o padre, de rodillas te le pido. Ya es forzoso perdonarte, pues que tan bien escogiste. Extrañas felicidades! Desmentiré de esta suerte el ser de Marsisa amante. Dale la mano a Leonor, Conde. . Ventura notable: Y tú, Marqués, a Marfisa. No dio Alejandro a Campaspe tan liberal. . Grande dicha! Vivas eternas edades. Y pues que va de Castilla la Infanta viene a casarse, a recibirla salgamos, prevéngase luego el viaje. Y pues jamás mi palabra pudo, don Juan, quebrantarse; de la Encomienda mayor de Cristo gozad los gajes. Oh que bueno es a los Reyes respetar en cualquier parte: tus heroicas plantas beso. Ya mí que duelos me papen. Del Castillo de San Gean serás su Teniente Alcaide. De una habellanada suegra vivas las largas edades: a la villana trípulo, nacida en pobres pañales. A los demás en viniendo haré merced, porque acabe la ventura en el engaño. Así es justo que la llames.