Texto digital de El valor nunca vencido y hazañas de Juan de Arévalo
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El valor nunca vencido y hazañas de Juan de Arévalo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/valor-nunca-vencido-y-hazanas-de-juan-de-arevalo-el.

EL VALOR NUNCA VENCIDO Y HAZAÑAS DE JUAN DE ARÉVALO
JORNADA PRIMERA
O me dirás la intención de haberte así transformado, de un honrado Labrador, en un Jaqué temerario? de aquellos, que con la vista, con el hombro derribado, escupiendo de chisguete, tomando mucho tabaco, sin perdonar las cuestiones, van las vidas perdonando? tu haber comprado capote, carpa, coleto, y caballo? dime, por ventura, quieres ser Médico a lo bizarro, y matar tú, sin licencia, pues matan con ella tantos? Bien sé, que mi prevención, Valadrón, te habrá admirado; pero porque mi mudanza no te cueste más cuidado, sabe, que por mi valor intento ganar osado, sin el repetido afán del estudio continuado, ni la molesta fatiga de dar nuevo ser al campo, la vida, que expuesta al riesgo, en los peligros, que aguardo, les dará a mis altiveces fama, honor, gloria, y aplauso. Dime: quieres ser ladrón? porque es pensamiento honrado, y por aquí llegarás a estar en puesto muy alto. Vive Dios, que te matara, a no ver, que estás borr dime, no hay otros caminos, sin hacer a nadie agravio, de vivir honradamente? Si habrá, mas yo no los hallo. Pues ven acá, no podemos con la Seda, y el Tabaco, por estas Andalucias, vivir cómo hombres honrados? Y ven acá, no podemos encontrar al primer paso quien, dándonos que llevemos, nos quite lo que llevamos? Pedir con gran cortesía, que nos den camino franco. Y si no quieren hacerlo? Si no quisieren, matarios. Lo primero, yo lo haré: lo segundo, tú; y entre ambos así el trabajo partimos, como dos buenos hermanos: Mas tu hermana viene aquí. No la digas nada. Hermano; pues qué nuevo traje es ese? mira, que me das cuidado. Yo me voy fuera, Isabel; y por más desembarazo, me he vestido así de corto: Ponle la silla al caballo, . y en estando puesta avisa; y mira, que si hablas algo . . de lo que de ti fie, con la vida has de pagarlo. De todo enterado voy: Que haya de mandarme mi amo . ver, y callar! tal martirio no le inventó Diocleciano. Tú fuera, de cuando acá haces viajes impensados? Bueno es esto; y con su ausencia . la está el gusto lisonjeando. Deja, hermana, el sentimiento, pues solo voy a un encargo de un amigo, y de él espero volver muy presto al descanso de mi casa, y de tu vista. Mejor haberte excusado a uviera sido. Aprended, las que tuviereis hermanos, a disfrazar el contento, con sentimiento afectado. Si no fuera tu virtud, Isabel, espejo claro, en quien admiran ejemplos la modestia; y el recato, no me ausentara: más fío de tu noble genio tanto, que sé, que falta no haré. Ya tienes puesto el caballo. Ea, pues, vamos de aquí: hermana, dame un abrazo, . y aDiós. Él con bien te lleve. Inés, mira, que te encargo, que cuides mucho de tu ama. Bien puedes ir descuidado, que no la daré disgusto. Adiós Chulama. Adiós Bravo. Ea, aliento mío, anima, . pues la senda has encontrado, por donde puedes hallar nuevo ser en el aplauso. Ea, Chupenas de Osuna, pues ya me he metido a Majo; sabed, que aunque soy Gallina, me habéis de tener por Gallo. Viniendo, Isabel, a verte, y a fiar de ti un cuidado, facilita mis intentos el ausentarse tu hermano; y así, paso a referirle sin embozo, ni recato, y agradecer tu favor, pues sé, que no has de negarlo: que aunque tú de amor ignores el dulce apacible halago, en cuyas correspondencias, y en cuyo halagüeño trato halla la gloria mayor, el que de su fe llevado, en sus aras sacrifica suspiros, por holocaustos, por víctima las finezas, y por ofrenda el agrado: como noble, como amiga; y en fin, como que me valgo de ti, negarte no puedes a concederme tu amparo. En cuanto yo tenga ardvitrio, fuera el recelo excusado. En esa seguridad me valgo de ti; y pasando al intento con que vine, sabrás, que ha más de dos años, que en recíprocos afectos, con igual fineza pago el amor con que me sirve (a ser mi esposo aspirando) un Caballero, galán, discreto, y determinado; pero para qué molesta con su alabanza mi labio tus oídos, si sus prendas todas las digo al nombrarlo? Don Ignacio Benavides es el dueño que idolatro; y habiendo visto estos días con recelos a mi hermano, resuelvo hablarle esta noche, y advertirle de este caso, para que sin dilación me pida; y atropellando menores inconvenientes, logre sin más sobresaltos la dicha de ser su esposa. Para este empeño me valgo de tu favor; y supuesto, que no hay en ello embarazo, permíteme, que esta noche le hable en tu casa, logrando adelantar mis deseos, burlando al riesgo el amago. Aunque el tuyo le haga mío, te he de servir. No hay reparo hacia ti, cuando está ausente, quien pudiera repararlo. No porque me lo agradezcas, pues tanto en servirte gano, intento aquí referirte lo que se aventura, cuando perdiera el ser con que animo por aliviar tu cuidado; si solo porque no quede entre dudas vacilando la idea, de si un descuido, de toda prevención falto, puede ser causa efectiva de algún impensado acaso, lo referiré, supuesto, como principio sentado, que no es negarme al peligro el recelarme del daño. Lo primero es, que a la noche bien puede volver mi hermano, pues aunque salió, no consta lleve tiempo señalado; y cuando esto no suceda, dime, faltará en el barrio quien observando el suceso, y su motivo ignorando, a mi respeto atreverse pueda con mentido labio? Y si acaso no sucede (que por imposible lo hallo) esto segundo tampoco, podrá faltar el reparo en tu hermano, de que estés fuera a esas horas? Mirado tengo todo lo que dices: Manuel nunca tan temprano vuelve a casa; y si volviere, no faltará algún engaño con que dejar satisfecho su recelo, y aún burlado: tu hermano, no creo yo, que vuelva tan presto; y dado que lo disponga la suerte, mi ciega pasión culpando, sabrá mi agradecimiento sacar tu inocencia a salvo. De la vecindad no fuera ningún temor bien fundado, cuando su curiosidad puede burlar el recato: esto supuesto, Isabel, y que está determinado tu pecho a amparar mi amor, a avisar a Don Ignacio voy. tu casa. omo en Mandac Guárdete el Cielo mil años. Ponte el manto, que a escribir voy al instante un papel, para avisar a Manuel, y a llevársele has de ir. Dichoso quien llega a oír de tu boca tal favor; feliz mil veces amor, que viendo depuesto el ceño, llega a adorar a su dueño de su memoria en honor. Bien tu fineza constante supo merecer la gloria, que fiel goza en mi memoria cada punto, cada instante; jamás se vera distante mi justo agradecimiento de aquel noble rendimiento, por quien crédito a una fe a dar amante llegué, que hoy me paga en darme aliento. Si acaso ser más pudiera lo que a ser llega infinito, yo que en el amar te imito, en el amar te excediera: corta recompensa fuera para fineza tan alta; pero si el cariño exalta la más humilde atención, qué no hará una inclinación, que con fe su amor esmalta? Yo sé, que fina te adoro. Yo sé, que de amarte vivo; Es mi afecto más activo. Es más la fe, que atesoro. Yo, si estás ausente, lloro. Yo espiro, si no te veo. El darte gusto deseo. Él adorarte es mi honor. Feliz mil veces amor; que logra tan alto empleo. Pero dejando expresiones, que acredita la experiencia, sabrás, que yo te llamaba, solo para darte cuenta, de como salió de Osuna hoy mi hermano, en cuya ausencia, podremos sin sobresalto hablarnos de noche. . Deja, que humilde a tus pies rendido, ese favor agradezca. Mi reconocido afecto tanto de ti a fiar llega, que llevado de su impulso, los reparos atropella: y ahora, porque en la calle no engendre alguna sospecha el verte aquí tanto tiempo estando Arébalo fuera, vete. . Cómo agradecer podrá mi amor tal fineza? Siendo constante en amarme. Pues qué de mi fe recelas? Siempre teme quien bien ama. Es agraviar mi firmeza. Serás firme? . Seré roca. Me olvidarás? . Antes muera. Pues a Dios, y amor permita:: Pues a Dios, y el Cielo quiera:: Que sin azar en el gusto:: Que en el favor sin ofensa::: Sin sobresaltos del alma::: Del deseo sin quererlas::: Logre amante tu cuidado: Goce feliz tu belleza::: El justo premio a que aspira; La dulce unión que desea. Y tú, Chumasco, me quieres? Mi pecho de amor revienta. Pues yo no te puedo ver. Por qué ingrata, por qué fiera? Porque no quiero querer. Pues ni yo quiero que quieras. Al margen de este arroyo cristalino, a quien las flores sirven de camino, y agradecido con su errante plata, las dúplica el primor, pues las retrata; Aquí, donde los árboles frondosos sirven de pabellones deliciosos, donde los Ruiseñores. con su armonía explican sus amores? donde el céfiro blandó, con su aliento las flores va alagando, ci. odemos aguardar, que el Sol ardien llegue a tocar la línea de Occidente. Cuanto mejor sería, que no andar escondiéndonos de día, y de noche con sueño caminando, a Bubos, y Lechuzas imitando, estar en nuestra casa, donde se come, y duerme tan sin tasa, pues la mejor empresa cifrada está en la cama, y en la mesa. Siempre son tus intentos contrarios a mis nobles pensamientos. Nobleza llamas, cuando de ladrones tenemos nombramientos a millones? Mira, yo no te niego, que por ladrones tiene el vulgo ciego a aquellos, que atrevidos, al contrabando viven atenidos; pero es con voz impropia, pues son ladrones de su hacienda propia: Mas dejando esto a un lado, lo que importa es vivir no sin cuidado, que al valor la cautela sirve de inexcusable centinela; y pues carga, y caballos a la vista tenemos, excusando su revista hemos de estar, y en siendo anochecido en Jerez se ha de entrar. Bien discurrido: y si acaso la Ronda sale al paso, derramar feis, u ocho hombres, como acaso. Pero aguarda; no ves aquella tropa? Sí, y me hiede a porrazos ya la ropa. Pues las armas requiere no pegar blando, y caiga el que cayere. Dios guarde a la gente honrada; qué se ofrece, Caballeros? Esa carga que traéis, y llevar a los dos presos, si al punto no mostráis guía; que la prevención, y el puesto, en que os halláis, manifiesta con bastantes fundamentos, que sois de la Hacienda Real defraudadores. Qué bueno? y no más de eso pedís? Poquito les pide el cuerpo, Ahora no pedimos más. Y qué os parece poco eso? No mucho, pues lo intentamos, Que tenéis razón confieso; pero ya me haréis merced de dejar libre este puesto, pues no ofendemos a nadie, y harto trabajo tenemos para ganar nuestra vida, en andar siempre corriendo por los caminos; de noche las horas hurtando al sueño; de día sufriendo el agua, el aire, la nieve, el hielo; del Sol los ardientes rayos, de la nube airado el ceño, cercados de sobresaltos, de cuidados, de recelos; y en fin, entre mil peligros expuesta la vida al riesgo: esto supuesto, si acaso alcanzar puede algo el ruego, segunda vez os suplico, que no intentéis ofendernos. Si haremos, si os entregáis, No hay remedio? No hay remedio. Mucha paciencia he gastado, para la poca que tengo. Veremos esa arrogancia. La curiosidad celebro; pero pues lo pretendéis, no os quejéis en ningún tiempo. Muerto soy. Dios te perdone. Que se prevenga el entierro; Vive Dios, que es un León; Juánico, vamos a ellos: mas si por fuerza he de ser guapo, por qué me detengo? Alguna gran devoción tienen sin duda, supuesto, que cuando voy a matarlos, falta a la escopeta el fuego. Pero estaá no faltara. Lástima me da el haceros mal, que mostráis algún brío. Valor tenéis, mas no os temo. Pues apretemos la mano, y despachemos con ello. Huyamos, que es un demonio. Aguardad, aguardad, perros, y decid al de delante, que mande tocar a muerto. Vayan ustedes con Dios: no he visto hombres más atentos, ni aguardar quieren las gracias por el favor que me han hecho. De muy buena se han librado, que si antes saco el acero, no hubiera quedado vivo hombre que contara el cuento. Mucho valor has mostrado. Pues qué te admira el suceso? aún esto no ha sido nada para lo que yo hacer suelo: Pero dejando esto aparte, dejar de decir no puedo, que es un gusto muy bellaco el tuyo, y más cuando veo, que ha de quedar Valadrón, cuatro días más, o menos, o sin amo a quien servir, o sin servir su pellejo. Pues supongo que me pillan, y un Corregidor, muy serío, examina mi conciencia de los pecados ajenos; que me pregunta engañoso con un agrado supuesto: dime, dónde tu amo está? que yo niego como un perro; que dice muy enojado: no apures mi sufrimiento; que yo me pongo a temblar, que es justicia, y yo soy reo; que hace llamar al Verdugo, y yo en tanto considero, entre si vengo, o si voy, si seré Judas, o Pedro; que entra infundiendo temor, dentro de muy poco tiempo, el Ministro de justicia, y ya aquí, ni voy, ni vengo; que me ponen en un potro, sin ser domador, y luego van liando de cordeles este desdichado cuerpo, y hecho coete racional, quieren que mi voz dé el trueno; que yo grito, y él me aprieta, y al son de aquel instrumento, apretando las clavijas, que las cuerdas van subiendo, o canto para tu daño, o en él mi salud destemplo. Que siempre has de ser cobarde! Dime, puede haber empleo como verse en un camino en humo, y en polvo envuelto? los oídos lisonjeando; ya los generosos ecos de las armas, que responden obedientes a su dueño? ya los de aquel, que animoso de los suyos, el esfuerzo, para estrago del contrario, incita con voz, y ejemplo? y ya los acentos tristes de infelices, que en lamentos, entre sus ruinas aplauden del vencedor los aciertos? Señor, si he de responder, diciendo aquí lo que siento, digo, que el mismo demonio no tuviera tal recreo: Dime tú, puede haber vida tan a gusto, y tan sin riesgo, como la de un Cortesano, que preciado de discreto, y enamorado Narciso, de propios merecimientos, se divierte en cortejar a toda hermosura, siendo, entre sus falsos halagos, blanco de sus fingimientos? Puede acaso mejorarse la vida que goza un necio, divirtiéndose con todó, sin distinguir malo, y bueno? Y bajando el contrapunto, vive alguien más bien que aquellos, que al mejor ocio entregados, las tabernas recorriendo, con argumentos gustosos prueban lo puro del ergo? y salen de haber tomado la ocasión por los cabellos, sin reparar en pelillos, alegres, si no contentos? Aunque yo de tus locuras no debiera hacer aprecio, responder al primer caso, que me pusiste pretendo, aunque con razón formal, solo por pasar el tiempo; pues los otros dos, por ser de tus ruines pensamientos hijos solamente, intenta mi atención dar al desprecio. Yo con tus altos favores, de suerte me desvanezco, que se me va la cabeza; y ojalá, que fuera efecto de pensamientos indignos, que olvidas tú, y yo deseo. Supones, que es buena vida la del Cortesano empleo, donde vive la verdad desterrada, como Reo; y en su lugar gozan libres, diviso entre si el imperio, la lisonja, la cautela, la traición, y el fingimiento: allí verás, de la nada, a Dios imitar queriendo, levantar todos los días, del poder trasuntos nuevos, que contra su Criador, con espíritu soberbio, por saber del bien, y el mal, solicitan escarmientos: allí verás ultrajado aquel natural respeto, que se debe a la hermosura; pues con nombre de cortejo, en el Templo de Diana aras se erigen a Venus, y por decente holocausto, con nombre de rendimientos se permiten osadías; en cuyos aplausos necios, si la apariencia es delito, es la intención sacrilegio. Tente, señor, que engolfado en tan dilatados cuentos, no reparas que anochece; y porque iguales quedemos, porque ahorremos dilaciones, y ne perdamos el tiempo, quiero con un cuentecillo, que la plática cerremos. Comian dos Estudiantes en un plato; y advirtiendo el uno, que lo mejor al lado del compañero estaba, le dijo: Amigo, os afirmo, que no entiendo las vueltas, que da este mundo; pues en un instante vemos trocadas todas las cosas, sirva este plato de ejemplo: ya veis la facilidad con que le muevo; y poniendo la mejor presa a su lado, su voz prosiguió, diciendo, lo mismo en todo sucede: El otro, que no era lerdo, respondió disimulado, admirado estoy no menos; mas puesto, que remediar este daño no podemos, dejémeble como estaba: y segunda vez volviendo a mover el plato, puso hacia a sí lo mejor: esto mismo podemos hacer; y tomando aquel consejo, pues no se puede enmendar, como está el mundo dejemos. Pues ha anochecido, vamos, los caballos tomaremos, y entraremos en Jerez con brevedad. Soy contento; mas en eso de marchar que nos dejen es primero. Pues quién estorbarlo puede? 1. . Nosotros, que aquí resueltos, vida, u hacienda pedimos. Plantas a mí, que las vendo! pero lo que más conviene, a costa del mayor riesgo, es guardar carga, y caballos; y así, donde están me acerco. Y para toda esa empresa cuantos venís? que el denuedo es de muchos. 1. . Cuatro somos. Pocos sois, a lo que entiendo, aunque acompañe a los cuatro todo el poder del Infierno. Pero esta conversación nos gasta sin gracia el tiempo, y yo estoy algo de prisa, mejor es que despachemos. 1. . Quieres librarte de cuatro? Y me librara de ciento, aunque no fueran ladrones. Muerto soy. Válgame el Cielo! Huyamos, pues ya nos faltan los otros dos compañeros. Ninguno de ellos faltara, si eso antes hubierais hecho. Aguardad, viles, cobardes. Ay infeliz, que me han muerto! Con eso te excusarás de Sastre, y de Zapatero. Pues infame, al que huye tiras? No sino estarme yo quedo, y matártelo tú todo. Es desaire del aliento herir al que se retira. Yo no sé la ley del duelo: hubierásmelo tu dicho, aunque bien está lo hecho. ̱. Prosigamos el camino, pues hemos tenido bueno todo el día sin azar. Sí, pero no sin encuentros. . El cauteloso recato, con que mudando hora, y puesto, quieres hablarme esta noche, me trae con tal recelo, que no descanso, ni vivo, hasta saber por extenso de esta novedad la causa; y así, Beatriz, te ruego, que en tan penoso martirio no me tengas más suspenso. Es verdadero tu amor? De toda el alma eres dueño. Me cumplirás la palabra, que haciendo testigo al Cielo, me diste de ser mi esposo? La luz faltará primero: Antes proceloso el Mar, de sus límites saliendo, hará que la tierra sirva a su inmensidad de centro: Antes en acción confusa, trocando causas, y efectos, faltarán al fuego ardores, y el agua abortará incendios: Antes faltarán al Sol los rayos, y en su defecto, contra el orden natural, tendrá la sombra otro imperio; Antes gozará la Luna feliz estado perfecto, sin que puedan sus menguantes limitar sus lucimientos: Antes caerá de su quicio todo ese azul pavimento, que falte yo a lo que amante ofreció leal mi afecto. Pues ahora, mi bien, te pido, que si es lo, que dices cierto, para que yo lo conozca, para que los dos logremos, tú el premio de tu constancia, yo el logro de mis deseos, hagas por mí una fineza. Lo que tarda tu precepto en dar a mi gusto leyes, mi obediencia está sintiendo. Pues sabrás como mi hermano: Éntrate en ese aposento; y mira, que te conviene mucho más que a mí. Y sea presto, porque hay muy poco lugar. Pues qué ha sucedido? El tiempo te lo dirá, que no admite dilaciones el empeño: Y vos, sin más dilación, entrad también, Caballero, pues salva las objeciones lo impensado del suceso. Pues vos lo mandáis, ya os sirvo, callando, y obedeciendo. Gran inadvertencia fue no prevenir este riesgo, cuando dijiste a Manuel hoy, que viniese. Creyendo. no vendría tan temprano, quise excusar el recelo, que le podría causar mi prevención; mas supuesto, que ya, sucedido el daño, se halló tan pronto el remedio, no hay que temer. Dios mos saque sin disgusto de este enredo. Desde aquí intento saber la causa de este misterio: Mas ay de mí! que es mi hermano; retirarme de aquí intento. En hora dichosa llegue mi amante rendido afecto a abrasarse Mariposa en los rayos de tu cielo: Qué perezosa la noche le pareció a mi deseo, pues dilató en sus tardanzas la gloria de mis empleos! No tan lentamente el día caminará, pues es cierto, que nunca goza el placer las edades del tormento. Ven, Inés, mientras los amos ponen trato de requiebros, pongámosle de marañas nosotros acá en secreto. Muy bien dices, que no es justo el que no los imitemos, que los amos, y las amas, ya en lo malo, ya en lo bueno, persuaden con la enseñanza, y mandan con el ejemplo. No poco temor me causa el verte tan lisonjero, si advierto, que el mucho aplauso, es vispera del desprecio: Mira la Flor, que en el valle halaga el céfiro tierno, y en limitada distancia es de su ruina instrumento: Mira el Prado, que al arroyo primores le está ofreciendo, y con mentidas lisonjas le encamina a su despeño: Mira la incauta Avecilla, que el dulce reclamo oyendo, por creer ajenos halagos llora propios escarmientos: Mira en fin la Mariposa, que su natural siguiendo, las que a la vista halló luces, encuentra al estrago incendios: Ave, Mariposa, Flor, y Arroyo, están ofreciendo, contra aparentes caricias, acreditados ejemplos; y así, en tu vida, Manuel, (esto por mi amor te ruego) quieras con las expresiones acreditar los afectos, que es opinión muy seguida de los hombres, que el cortejo abra a la traición camino en nuestros sencillos pechos. Muy bien pagas, Isabel, el firme amor con que puedo, acreditando verdades, prestar duración al tiempo: No te ha dicho la constancia, con que sufrí tus desprecios, el culto que te consagro, la fe con que te Pero qué golpe es aquel? Ay de mí! notable riesgo! porque si mira la casa, y encuentra a su hermana, es cierto, que la ha de matar; si impido que la registre, sus celos acredita: qué he de hacer, cuando sitiada me veo? pero en tal lance, fortuna, lo primero es lo primero; a quien de mí se valió intento librar, que luego no me faltará camino de dejarle satisfecho. No me respondes? aparta, que yo lo he de ver, supuesto, que hizo en ti la turbación evidencias mis recelos. Advierte, Manuel::: Son estas las caricias, los requiebros con que a mi amor correspondes? vive Dios, que tu aposento he de registrar. , . Parece, que intenta entrar acá dentro; mas así lo he de estorbar: sígueme, Beatriz. El Cielo me libre de tal peligro. Aunque te sepulte el centro, cobarde, no has de librarte. Ya verás en algún tiempo, que no es falta de valor el excusarme al empeño. San Lesmes, San Agapito, San Judas: Jesús, qué miedo hace en esta sala! cuando, sin comerlo, ni beberlo, me hacen dos, o tres goteras en la torre de los sesos, y es menester trastejarla con hilas, trapos, y huevos? Pero aquí encontré un bufete, meterme debajo quiero. Quiero traer una luz, para hacer el daño menos. Mas ya la puerta encontré. Ampare Amor mis intentos. Dónde te ocultas, traidor? Cerrar la puerta pretendo, pues ya sin duda se han ido. . Ya parece que se fueron. Se fueron? santa palabra! Cobarde, infame, si el miedo te ha obligado a tal bajeza, cómo hablabas tan resuelto? Señor, mira que me matas, Chumasco: soy, cepos quedos. . Fementida, ingrata, aleve, . eran estos, eran estos los ejemplos que te daban el ave, y el arroyuelo, la mariposa, y la flor? Es víspera del desprecio el mucho halago? de ti fue sin duda el pensamiento, pues me halagas cuando intentas la, ofensa de mi respeto: Pero entre tantas desgracias, solo me queda el consuelo de que no podrán jamás tus engaños lisonjeros, por más que abulten traiciones, reducir mis escarmientos: Pero vanas son mis quejas, y más cuando está mi pecho malogrando a la venganza. con digresiones el tiempo; y así, aparta. No te has de ir, sin que me escuches primero, ya que tuve yo paciencia para oírte tan groseros, tan ciegos, tan temerarios, tan locos atrevimientos. Pues qué me puedes decir? Que yo en nada culpa tengo. Es verdad, que de tu cuarto no salió un hombre cubierto: que no apagó aquí la! y que no dijo resuelto, que el excusar aquel lance no era en él falta de aliento: Di que todo esto lo finjo, di que tengo nuevo empleo, y que son para dejarte estos motivos supuestos: Ah falsal de tus traiciones fabricaré mis sosiegos. Con que no quieres oírme? Ni oírte, ni verte quiero. Pues Inés, abre esa puerta. Eso es lo que yo deseo. Presto admitiste el partido. Tú, le ofreciste más presto, Pues qué haces que no te vas? Ya me voy; pero en efecto, sin satisfacción me envías? Qué he de hacer, si estás resuelto? y no es bien, que sin delito esté desairado el ruego. Di que no tienes disculpa, y no busques más rodeos. Qué harás cuando de tu error te desengañare el tiempo? No sé; pero tú qué harás cuando averigue mis celos? Como sé que son sin causa, que adviertas tu engaño espero. Ol quiéralo así el Amor. Ol permítalo así el Cielo. Y tú, qué harás cuando vuelva aquel Valadrón soberbio? Quererle; mas tú qué harás, si no hay mesa de por medio, y te rompe la cabeza por esos atrevimientos? Si escapo, tener valor; si me alcanza, tener miedo. Ol veanlo así mis ojos. Ol cieguen antes de verlo;
JORNADA SEGUNDA
RNADA SEGU DA Llamaron, como mandé, a Juan de Arévalo? . señor, avisado está. Pues aquí le esperaré: Que cierto que me lástima ver, que un hombre de su aliento, pudiendo mostrar el brío, que liberal le dio el Cielo, en ejercicios decentes, que den a su altivo genio fama en lugar de ignominia, y honor en vez de desprecio, ande siempre en los caminos dado al indecente empleo del contrabando, en que vive tan entregado al despecho, que perdiendo a la justicia, y al Rey en ella el respeto, labrando su precipicio, va caminando al despeño; pues del interés llevado, ayudado de su esfuerzo, y a instancias de la fortuna, que parece que temiendo, que desvárate su rueda, y a su Deidad niegue el feudo, que todo mortal la rinde, favorable a sus intentos, propicia siempre a sus causas, siempre benigna a sus ruegos, las empresas facilita a su natural soberbio: Mas como al fin es mudable, puede ser que en algún tiempo, negándose a los favores, para aumentar escarmientos, quiera ver entre infelices, que lamentan su desprecio, una ruinarmas, fijando en el dintel de su Templo el padrón de las hazañas del que hoy goza sus trofeos: Y así, con mi persuasión, ver si reducirle puedo, solícito; pero él viene. Valadrón, qué será esto? El Gobernador llamarme, apenas la planta he puesto en Osuna? Querrá darte muchos agradecimientos, porque a Ministros, y Guardas tratas con tanto respeto. (rado Que mucho que un hombre hon- castigue, tal vez resuelto, a quien de la cortesana atención hace desprecio? Dios permita, que no intente dar a los dos pan de perro, y que hagamos en la plaza a cuantos nos miren gestos. Pues tu viniendo conmigo, tienes tan viles recelos? Mira, señor, yo he vivido siempre despacio, y por eso sintiera haber de entregar el alma a Dios eniún Credo. No tengas ningún temor, ven, y a hablarle llegaremos. Rezando iré Ave Marías, porque, no haya Padres nuestros. Dios guarde a Vueseñoria Ahora me dijo un Portero, que me llamaba; y así, pronto a sus órdenes vengo. Jesús, y qué ojos nos echa! . qué graverque está! yo apuesto, que formado allá en suridea tiene ya nuestro proceso. Arébalo; yo te llamo. en como amigo. o No los creo, aunque te pongas en cruz, y a mí a tu lados siniestro. Pues qué tenéis que mandarme? pronto estoy a obedeceros. Solo mirar por tu bien; y así, darter plaza intentó de Millones? porque puedas s con menor embajó, y riesgo ganar tu vida. Señor, mucho estimo el favor vuestros pero el hader mal a pobres no se acomoda a mu genio No son pobres los que usurpan al Rey tan justos derechos. Yo llevo, que lo son mucho; y en fin, yo con vos no puedo competir ni aún de palabra; y así, por merced os ruego perdonéis el que no admita tal favor, aunque mi afecto la fineza en la memoria guardará, a pesar del tiempo, para ser agradecido. Arébalo, mucho siento, que mañana habré de ser, si hoy tu amigo me confieso, tu contrario, no buscando tu inclinación otro empleo. Cuando ese caso llegare, de otro modo nos veremos, que hay rendidas atenciones, y hay nobles atrevimientos, aquellas para el agrado, para las violencias estos. a Hombre, estás dado al demonio; sabes bien lo que perdemos en no admitir este margo? a paciencia solo pierdo, con tu ignorancia:: querías, que yo viviese sujeto a las órdenes ajenas, pudiendo por mi respeto hacer que mi nombre tiemblen los mismos? que; si este puesto admitiera, me mandaran? Que tienes razón confieso; pero a mí me parecía, que excusarias con esto el que mañana, o esotro me den con cariño estrecho, al revés de otros cariños, antes del abrazo el beso. Deja locuras, y vamos, por si acaso ven podemos al Duque, que hoy llega a osuna. Vamos, y permita el Cielo librarnos de garrotillo. Pero aguarda, qué es aquello? Nada que importarnos pueda. Cómo no? y más cuando veo, que la Ronda del Tabaco a un hombre, que con denuedo se defiende de ella, intenta, o matar, o llevar preso. Don Ignacio Benavides es de aquella casa el dueño; y si no miente la vista él es, el que con aliento defendiendo está la entrada solo: pues qué me detengo? a morir en su defensa, o a librarle estoy resuelto. Qué ayamos siempre de andar buscando nuevos enredos! Matarme a mi bien podréis; pero entrar, es vano intento, . pues el valor que me anima, aún en mayores empeños, sabe, a costa de peligros, no desamparar el puesto: con que, porque no os canséis en la porfía, os advierto, que es do segundo imposible, y así intentad lo primero. Ni uno, ni otro lograrán . cuando yo aquí te defiendo, y así puedes a los tuyos añadir este trofeo; pues si el rigor animara más contrarios, que el Enero conjela copos de nieve en los encumbrados fresnos, y todos amotinados solicitaran resueltos tu desairess de mi brazo solo al amago, codiendo lamentaran abatidos, lo que intentaron soberbios. A hallarme voy a tu lado, que de tu valor espero, que salga triunfante el mío. Baja, y no tengas recelo. (. Ya veis que he llegado yo, - y la esperanza con esto habréis perdido de entrar, si no que en vuestro escarmiento queréis probar temerarios de mis iras los extremos. Antes bien nos alegramos de verte aquí, pues con eso págaras con nueva causa pasados atrevimientos. Me alegro que lo intentéis, porque confirme el intento, que es donde Arébalo está estrago el mayor esfuerzo; mas la experiencia lo diga, y si ha de ser, empecemos. Empecemos, que a tu lado riesgos mayores no temo. A lo que aquí está pasando, viene a propósito un cuento: Salieron dos a reñir, y uno de ellos, advirtiendo, que solo llevaba espada su competidor, resuelto, la daga tiró al instante, estas palabras diciendo: No es bien reñir con ventaja; reparolo el otro, y luego con gran prisa la tomó, y le dijo al compañero: Esto arrojáis? y cerrando, le puso en notable aprieto. Esto mismo digo yo; y a la ventana subiendo, intento ver la función, sin desamparar mi puesto. . Cuerpo de Dios lo que tardan, y es porque les damos quedo; y así para despachar, la mano, amigo, apretemos. Oh qué bello mirador! buenas tardes, Caballeros. A fe, que si acá subieran, yo los hiciera bien presto bajar por esta ventaba, mas no los dejará el miedo. Es imposible el rendirlos. Mejor es nos retiremos, que no faltará ocasión de matarlos, o prenderlos. Cómo de otra enfermedad no muera, yo seré eterno. . Siento que no hayan subido: Mas son acaso ellos lerdos, para que así se viniesen por su paso al matadero? Qué gran valor he mostrado! yo apuesto, que van diciendo, el que estaba en la ventana es quien nos hizo mal tercio; pero mejor es bajar, no juzguen, que fue respeto el entrarme aquí, aunque saben, que no hay para mi recreo como ver, para ofenderme con el plomo, y el acero, las espadas mil a mil, y las balas ciento a ciento. La hacienda, vida, y honor hoy a vuestro amparo debo, a que siempre agradecido me habéis de tener. Dejemos cumplimientos excusados, y acudamos al remedio. No dejemos, que las gracias me debe a mí, por lo menos, de haber guardado su hacienda con mi valor. Quita, necio. Por esto nunca me admiro, cuando en las Comedias veo ser los criados gallinas, y faltos de entendimiento; porque si acaso en un lance manifiestan el ingenio; el amores el entendido, es el agudo, el discreto; si riñen, y manifiestan ser hombres de algún arresto, solo el amo tiene brío, valor, arrojo, y denuedo, pues hacen bien de guardar, cuanto pueden, el coleto; y yo desde aquí adelante he de hacer también lo mismo. Lo que ahora solo conviene, para excusar otro empeño, es desocupar la casa; y pues ya va anocheciendo, no perdamos la ocasión. Bien dices, vamos, y puesto que tiene puerta a otra calle, por ella mejor podremos l desocuparla: y pues vive la casa pared en medio un amigo de confianza, de quien no tienen recelo, de su favor me valdré. Pues si ha de ser; vamos presto, Eterna haré la memoria de amigo tan verdadero. Y yo al mundo mostraré, que soy el que te defiendo. Yo, por saber lo que pasa, iré sus pasos siguiendo: pero a todos los que sirven quiero darles un consejo; y es, que observen con los amos, ni ser malos, ni ser buenos; buenos, porque no lo estiman; malos, porque pierden ellos. Deja la pena, señora, y no des al sentimiento tanta rienda, cuando puede mejorar la suerte el tiempo. Cómo quieres, que al dolor tenga a raya el sufrimiento, si a un mismo tiempo combaten tantas congojas mi pecho? cuando esperaba gustosa poder hablar a mi dueño, en ausencia de mi hermano, sin temor, y sin recelo, hizo mi estrella contraria, que por excusar empeños con su hermano, Beatriz me obligara con el ruego a consentir, que en mi casa hablase a su amante, siendo causa del tormento mío por el pasado suceso, pues desde entonces Manuel, ni hablarme, ni a verme ha vuelto; no me admiro, que es amante, vio indicios, y tiene celos: Y para mayor quebranto, satisfacerle no puedo; pues si la verdad le digo, cuando queda satisfecho, en lo que toca a su amor, viene a ser de honor el duelo; y cuando de mí se vale Beatriz; y con secreto su amor me fía, no fuera acción digna de mi pecho, por salvar yo mi peligro, dejarla entregada al riesgo. Y cuando esto la razón no me dictara, era bueno, que por librar a mi amante de unos aparentes celos, que solo tocan al gusto, sin ofender mi respeto, con mal, que atormenta el alma, solicitara el remedio? Además de esto, mi hermano se empeñó osado, y resuelto de Don Ignació en defensa, daño a daños añadiendo; y aunque es verdad, que inclinado a su valor, ha resuelto el señor Duque de Osuna ampararle, y ha dispuesto llevarle en su compañía a Gibraltar; a lo menos no puede faltar en mí el natural sentimiento de su ausencia, al ver que apenas llega a Osuna, cuando el Cielo quiere, que por un acaso a ausentarse vuelva, expuesto a otros mayores peligros, porque me falten a un tiempo gusto, alivio, y alegría en mi hermano, y en mi dueño. No te niego, que con causa estás, señora, sintiendo el que te deje tu amante, y mi señor se haya vuelto; pero no deben sentirse con excesivos extremos, males en que la razón halla esperanza al remedio. Remedio que se dilata, rara vez sana al enfermo, porque suele el accidente ir en su rigor creciendo; y cuando llega el reparo, débil hallando el sujeto, si no está muerto, le mata, y aquellos mismos efectos, que busca para el alivio, sirven a su mal de aumento. No te niego yo, que suele suceder así; mas creo, que aún más que a la brevedad, se debe siempre al acierto del que repara los daños, el logro de los deseos. Mira quien anda allá fuera. Beatriz es. Quién sabiendo, que otra vez tu hermano ausento está, pretende de nuevo valerse de tu favor por su bien; pero advirtiendo, que si ayer de él me valí solo para mi provecho, por conveniencia de entrambas, hoy valerme de él intento. Pues qué es lo que hacer pretendes? Un papel escribir quiero a Don Ignacio, y decirle lo que anoche con el miedo, y la turbación no pude, de cuya nobleza espero, que ponga remedio a el daño, que igualmente padecemos; pues luego que a saber llegue de mi hermano los recelos, me pedirá por esposa, y entonces podré sin riesgo decirle a Manuel quien era el hombre que hallo aquí dentro: con lo cual, desengañado volverá a verte, y el premio de finezas tan amantes lograrán nuestros afectos. Bien dices, aunque yo soy tan desgraciada, que temo, que por ser para bien mío, no se ha de lograr tu intento. No así, Isabel, desconfíes, sino haz que me traigan luego recado para escribir. Sobre aquel bufete puesto le tienes. Pues yo le escribo; y para no perder tiempo, haz que Inés se ponga el manto, para llevársele. Ruego a diós, que salgamos bien. No te detengas ve presto a lo que manda Beatriz. Pues si ha de ser, obedezco. Qué quieres de mí, fortuna? en qué tu Deidad ofendo? que abanderizas rigores contra mi rendido pecho? Por qué no aprendes del rayo, de cuyo furor violento se libra la humilde flor, cuando por altivo el cedro, entre ruinas, el estrago padece de sus incendios? Pero eres al fin mujer, y en vez de obligarte el ruego, le da nuevas vanidades a tu natural soberbio, y así premias osadías, y desprecias rendimientos; en cuyo supuesto, yo el ser de Deidad te niego, que desdice lo tirano con lo divino; y es cierto, que quien solo en crueldades tiene fundado su imperio, adquiere, en vez de blasones, méritos para el desprecio. Ya tengo escrito el papel. Pues no perdamos el tiempo: damele, y le llevaré. Toma, Inés, que mi consuelo cifrado en tu diligencia está. . Pues bien el recelo puedes perder, que yo haré, que a verle llegue bien presto. Pues mira como le das; que por causa del empeño, que tuvo ayer es posible, que el dársele tenga riesgo. Quien bien ama, tarde olvida, dice un antiguo proberbio, y la experiencia en mi causa me está sirviendo de ejemplo: Pasando por esta calle, vencer no pude mi afecto; y aunque tan mal corresponde a mi amor su ingrato dueño, busco en su satisfacción su disculpa: mas qué veo? . Cielos, otro pesar más! a espacio, a espacio, recelos, a espacio, a espacio, desdichas; Inés con el manto puesto! en sus manos un papel! Isabel con tal misterio hablándola! aquí mi hermana! entre pesares me anego: si para alivio a mis males disculpar a Isabel quiero, sale culpada Beatriz, y con rigor más violento queda ofendido mi honor, cuando mi amor satisfecho; pero averiguar conviene lo que intentan. El secreto es lo que aquí más importa. Pues a mí me encargas eso? déjalo tú de mi cuenta, que no ha de faltarme ingenio para que las dos quedéis servidas a un mismo tiempo, mi interés agradecido, y gustosos vuestros dueños. Pues mira, Inés:: Mas pesares? que esto sufro? rigor fiero! entre dos daños miraba mi temor preciso un riesgo, y ahora en dos traiciones hallo duplicado mi tormento. De todo voy informada. Aguarda, Inés, que primero que lleves ese papel, le he de ver yo. Santos Cielos, en qué mi vida os ofende, para enojo tan severo? Cayose a cuestas la casa. Al temor cede mi aliento. A costa de mi peligro ver a Beatriz resuelvo, pues que Chumasco me dice, que entró aquí; pero qué veo? . Manuel la color perdida, en voz, y acción tan suspenso! Beatriz, y Inés turbadas! Isabel sin dar al viento eco, que informe el oído! mucho dice, y así quiero ver si puedo averiguar con la atención el suceso. Dame el papel; en qué dudas? Advierte, Manuel:: Muy necio sería en no averiguar tus traiciones, cuando puedo. El impedirlo me toca por dos causas: Lo primero, porque si es de Beatriz, excuso a un tiempo su riesgo, y sé para quien le escribe; y si es de Isabel, suspendo, evitándola el disgusto, que advierta Manuel su yerro. Pues no me le quieres dar, así cobrarle pretendo. No harás, estando yo donde puedo impedir tus intentos. Pues qué te va en eso a ti? El ver, que es preciso empeño para mí el no consentirlo, cuando ya he llegado a verso. Yo haré que la competencia cese así, para que necio no pretenda el que es amante, de marido privilegios; y puesto que sus reliquias las voy a entregar a el fuego, entre las cenizas puedes sepultar atrevimientos. Yo voy a soplar la lumbre, porque se quemen más presto. . Con Isabel he de estar, que airado mi hermano, temo que en mí su rigor castigue los imaginados celos. Ahora sabré castigar el pesar que me habéis hecho. Por respetos de esas damas no os respondo como debo, pero buscaros sabré antes de mucho, y en puesto donde os deje asegurado, de que es debido respeto a las damas, y a la casa, quien ahora tiene suspenso el valor, con que he de dar a vuestro arrojo escarmiento. Quédamos buenos, honor? dime, Amor, estamos buenos? por mi hermana, o por mi dama es siempre mi agravio cierto; y si no mienten indicios, que siempre en el mal son ciertos, una, y otra está culpada, y en contrariedad de efectos, Isabel queda ofendida, Don Ignació va resuelto, y yo en tan dudoso abismo de amor, de honor, y de celos, entre ofensas quedo a ser vil asunto del desprecio, objeto de la fortuna, y blanco de un hado adverso: Pues qué he de hacer? qué? morir; y qué, no hay otro remedio; para aliviar el dolor que me aflige? no le encuentro; pero ya entrando en consulta, mi razón, y entendimiento me aconsejan, que averigue con cautela, y con secreto mis sospechas, y después, si al alma toca el empeño, lave mi ofensa en la sangre de una aleve hermana; y siendo solamente contra el gusto, por un fementido dueño, entregue ingratas memorias al olvido; y si añadiendo pena a pena, daño a daño, mal a mal, y riesgo a riesgo, duplicare mi desgracia la injuria de mi respeto, de un desprecio, y un castigo verá el mundo en mi despecho, en mi amor una venganza, y en mi sangre un escarmiento; y mientras que lo consigo, para alivio a mi tormento, deme treguas el dolor, paciencia me den los Cielos. Pues ya en Gibraltar estamos, mientras que nos llama el tiempo, a que a pesar de la envidia los nombres eternicemos, quiero que tu voz me cuente los prodigiosos sucesos de tu vida, tus hazañas, tus padres, y nacimiento. Cuando ya de Vuecelencia nueva hechura soy, recelo, que es desairar mi fortuna, y peligrar en lo atento, el que mi modestia rompa las leyes de su precepto. Excelso Duque cuya augusta fama, a pesar del olvido; eternamente vivirá en la memoria, que te aclama de tronco el más ilustre descendiente: Héroe, que en la incesante activa llama de tu valor te animas nuevamente, siendo dichoso Pénix, que en tus glorias renaces a alcanzar nuevas victorias. osuna fue mi amado patrio suelo, que este espíritu grande, que me anima, solo de la influencia de su Cielo pudiera proceder: oh grato clima! Nunca dominio en mi tuvo el recelo, por más que el riesgo mi furor oprima, quizás por no tener violencia alguna en los Estados vuestros la fortuna. Nací de honrados padres, que supieron, sin más estimación, que la adquirida, atentos al honor, que no cedieron, correr la línea breve de la vida: Aplicarme a las letras pretendieron, fatiga noble, que al afán convida, más sentido el valor luego me llama a adquirir por mis hechos mayor fama. Cuando niño, me empleaba en ejercicios de fuerza, y de valor con mis iguales, aplausos esperando más propicios, de quien son vaticinios las señales: Ya de mi altivo aliento eran indicios acciones a mi edad tan desiguales, que con causa a envidiar tal vez llegaron los mismos que en sus brazos me arrullaron, Mi padre ve mi condición altiva, y temiendo los daños, que previene, me manda, que a su gusto atento viva, y en cultivar el campo me entretiene: solicita tal vez mi alma captiva valerse de la fuga, y se detiene, sujeto mi altivez, su voz escucho, que el respeto de un padre puede mucho. Muerto mi padre, en fin, mi Patria dejo, y a la fuerza eficaz de mi destino, sin admitir de la razón consejo, mi deseo a seguir me determino; y reduciendo a copia aquel bosquejo, osado me entregué luego al camino, no a dar infamia vil a mi linaje, sino a ser del error temido ultraje. Un día me dijeron, que atrevidos, contra el piadoso fuero de lo humano, en la Parrilla andaban seis Vándidos, haciendo vanagloria lo tirano; y guiando deseos bien nacidos mis intentos, a impulso soberano, sin que el menor estrago los asombre, rendidos los miré solo a mi nombre. De Jerez en la Sierra unos Gitanos otra vez intentaron despojarme, y viendo que por si cuatro villanos causa no pueden ser para enojarme, reprendiendo sus términos livianos, con el desprecio pretendí vengarme; mas viendo, que no admiten el partido, cuenta les hice dar de lo vivido. Estando en Ronda un día, vi que a un pobre con engaño su hacienda le ganaba un Tahur, y temiendo lo recobre, Francisco. Esteban en su amparo estaba: Llegué, y dije, no es bien que así se cobre quien de ganar con falsedad se alaba, saco el rejón, y al verme armado risco, se acobarda el Tahur, tiembla Francisco. Llegose a mí, diciendo, bien podías reparar, que es desaire de mi aliento el pretender aquí con bizarrías declararte contrario de mi intento; y cree, que solo a ti las iras mías pudieran excusar del escarmiento; así excusaras, dije, las acciones de apadrinar con tu valor Ladrones: Cauteloso fingió con falsa risa, intentó asegurar mi confianza, su alevosa intención dejó indecisa, y a una traición remite su venganza; bien es, que en su semblante se divisa el fementido fin de su esperanza: que del traidor el tímido recato manifiesta sin voz su doble trato. Estando descuidado en una casa, después de muchos días, advertido, por delante de mi Francisco pasa, y un rejonazo me tiró atrevido; pero hurtándole el cuerpo, nada escasa mi malicia, su orgullo vio rendido, pues pasando un puñal su aleve pecho, castigado quedó, yo satisfecho. otras muchas hazañas, que pudiera referiros aquí, que he ejecutado, omito por dos causas; la primera, porque la fama ya las ha contado; y la segunda, porque yerro fuera a lo tosco añadir lo dilatado: y pues habéis, señor, quien soy sabido, hoy a vuestro poder amparo pido. Con mueva causa al valor, que en tu pecho reconozco, segunda vez inclinado llego a estar; y así, propongo el mirar por ti, y que sea de tus deseos el logro la ocasión de esta campaña, donde en hechos valerosos acredites con tu aliento, que no es tu espíritu solo para las leves hazañas, que ofrece tal vez el ocio, sino que sabe rendir enemigos poderosos. Tus ascensos por mi cuenta correrán, y de tal modo, que sin que nadie quejarse pueda de que te antepongo a quien más méritos tiene, vengas a estar tan gustoso, que obre el agradecimiento lo que del valor es propio: Pero te advierto también, que de ese genio brioso es menester con prudencia usar, que es intento loco reñir sin mucha ocasión; pues no son lances airosos los que por un leve acaso engendran mortales odios: La humildad en la Milicia es el principal soborno con que se ganan amigos; todo esto aquí te propongo, no porque de ti no espero, que a un tiempo humilde, y brioso sabrás obligar rendido, y competir valeroso; sino solo porque sepas, que en la senda en que te pongo, si para el mérito hay premios, que hoy a darte me acomodo, para atrevimientos libres hay castigos rigurosos. Servir, y obedecer es ya mi empleo, sujetar mi altivez es mi fatiga; permíteme, valor, que lo consiga, concédeme, fortuna, mi deseo: Que a mí me han de mandar? no, no lo creo que yo he de obedecer? suerte enemiga! pero el tiempo mejor esto lo diga; consiga la esperanza este trofeo: Y tú, espíritu grande, que algún día este ser informaste tan altivo, que unico se juzgó sobre la tierra, influencias le niega a mi osadía, porque no sienta un mal, que es tan esquivo, que al alma de tu ser pública guerra. No comer, ni dormir es ya mi oficio, renunciar todo bien es mi quebranto, déjame, tentación, un tanto cuanto, librame, San Antón, de tan mal vicio. Que yo he de trabajar? fiero ejercicio! que siempre he de ayunar? terrible espanto! pero a bien, que con eso seré Santo, y milagros haré, que será un juicio: Y tú, casa, en que yo comer solía hasta más no poder, pues me llenaba, sin que un grano de arroz en mi cupiera; no le cierres la puerta a mi agonía, porque cuando esto supe tal estaba; que por mirarte solo el hambre diera. Pero yo vencer me dejo de una pasión tan extraña? Valadrón, vente conmigo, vamos hacia la estacada. A qué, señor? . A pasearnos. Muy buena paciencia gastas; si yo comiera cazuela fuera bien que me paseara, mas solo como pucheros, después que oí la amenaza, que el Duque nos echó allí, como quien no dice nada. Deja locuras, y vamos. Vamos, y ya están dejadas. Qué me quieres, pensamiento, . que a vivir libre me llamas? pero miento, que no es voz la violencia con que arrastras. Me alegro que te sucedan cosas tan no imaginadas; y pues quisiste ver esto, calla, sufre, siente, y rabia. 1. Este paraje está solo; muy bien podemos armarla. 2. Ni el Sol nos puede estorbar, sacar puedes la baraja. . 3. Quién ha de llevar el naipe? 4. Echa a la mayor de espadas. 3. Allá va en nombre de Dios. 1. Han visto lo que se tarda! 2. Es hembra, y quiere la rueguen. 4. Aquíe está ya. 1. Pues da cartas. Qué alegre, y qué divertido está el campo! Fue extremada la determinacioncilla de venir, y más si hallara para mi divertimiento alguna de aquellas Daifas, que garlan, siendo lechuzas, como si fueran urracas. 1. Envido. 3. Quiero; tres más. 1. Juego fuera. Pero aguarda: qué es aquello? Qué? jugar, y jugarán con tal maña, que al que jugare con ellos no le arriendo la ganancia. Solo por eso que dices, quiero ver si a mí me ganan. Pues tú no estás ya perdido? solo temo en esta danza, que si arrastran ellos de oros, tú has de salir por espadas. 3. Por mí no puedo. 4. Ni yo. 2. Se metieron en baraja. 1. Pon tres buenas. 2. Ya están puestas. Buenas tardes, camaradas 4. Gusta usted de divertirse? Para qué, si ya está armada? 2. Un cinquillo, jugaremos, que la primer mano estaba jugándose, y por mi fe, que no se atraviesa nada. Pues siendo eso así, me siento; bien es, que mejor juga un parar, por más corriente. 1. Pues no se hable más palabra: sea lo que usted mandare. Estimo fineza tanta. 2. Por aí empieza la rueda. Mi obediencia sirve, y calla. . Qué corteses están todos! así la atención durara; pero ya me lo dirán al cabo de la jornada. 4. Peine usted bien esa moza. Peinada está, y usted alza. 1. La sota de oros salió; yo apuesto que esta borracha me hace perder el dinero: azar tengo. . No pararla. Toda sota para el mal, sin que la paren se para. 2. Pues solo por eso mismo, entero mi resto vaya. Sí, que de ningún cobarde juzgo que hay escrito nada. 3. Yo paro también el mío. 4. Yo no, que es mucho cargarla. Entre cartas, y mujeres, en eso está la ganancia. 2. Ya estamos libres de encuentro. Pues de trascarton no pasa. 3. Échelas usted sin miedo. No le he conocido en nada. 3. Se parecerá usté a mí. Esta partida se gana. . 2. Lo que tiene, que entre amigos, y iguales, el verlo basta. Pues ya visto lo tuviera, si más presto usted hablara. Ya va el diablo urdiendo tela, y mi amo es el que la trama. 1. Él seis de oros. Todo va. 4. Y esto, si usted gusta. Vaya: Son cabezas de chiquillos? También lo gané. 1. Con trampas no consiento que me ganen. Aquí entra la endemoniada. Con guardar este dinero, y con sacar esta espada, pienso dejar respondidas proposición, y arrogancia. Aquel propósito firme, que en la jornada pasada hice, a cumplir aquí empiezo, que ya que no gane fama, quiero tener del peligro mi cabeza reservada. 1. Este es hombre, o es demonio? Ahora lo veréis, canallas. . Para que guarden las hojas no se inventaron las vainas? si; pues guarde está la mía, que así mi pellejo guarda.
JORNADA TERCERA
Por qué extrañas, Valadrón, verme así mudar de trajes, cuando ves en mi fortuna tal variedad de semblantes? Tus mudanzas no me admiran, lo que es preciso que extrañe, es, que después que te viste, como eno se vea nadie, cuando sucedió, jugando en Gibraltar, aquel lance; y saliendo de la Guardía, para prenderte, o matarte una partida; tú, haciendo de sus intentos donaire, a unos para la otra vida, y a otros, menos arrogantes, para que en salvo se pongan, ligero los despachaste; vengas en el traje antiguo por esta tierra a pasearte, donde es preciso te busquen, y por desertor te pasen por las armas, sin que pueda allí tu valor librarte. Discurro que advertirán del lance lo inexcusable, y que no querrán perder, con tan errado dictamen, por un hombre solo, tantos como el logro ha de costarles. Y u acaso sucediere? En defenderme constante moriré, que es hombre indigno el que por breves instantes, que goza más de la vida, pierde que immortal le alabe la fama, y haciendo logro la bajeza más infame, con temores indecentes quiere al suplicio entregarse, para ser entre desprecios vil objeto del ultraje. En fin, señor, yo no quiero con advertencias cansarte; y así, dejando esto, dime, donde intentas se despachen las dos cargas de Tabaco, que de Sevilla sacaste? En la Solina entraremos. Es Lugar de muchos Frailes? Hay muchas viejas en él, de aquellas, que en un instante saben dejar una caja! cómo escuela de Danzantes? Ay acaso algún Poeta, de estos, que suelen hallarse, que a puro polvo en los sesos entierran los consonantes? Ay Gállegos, o Asturianos, que por coger mayor parte, publiquen, que es indecencia meter el racional guante en la caja, y a puñados consigan al fin tomarle? Deja, Valadrón, las gracias, que aunque a todo caminante divierten, a mí me aumentan los sucesivos pesares, que de la imaginación para mi tormento nacen. Pues qué es lo que ahora te aslige? bien de todo no escapaste? Muchas cosas, Valadrón, mi pensamiento combaten; y la que más me atormenta, es entre todos mis males, saber, que tengo una hermana sola, y hermosa: paraje en que puede la ocasión, aunque es su virtud tan grande, dar al recato licencias, que solo en imaginarse, ofensas teme el honor, o la estimación ultrajes; que la mujer más altiva, más honrada, más constante, de la ocasión, y del ruego a los continuos embates, suele sujetar rendida el ser de sus vanidades. Excusado es tu temor, cuando es mi señora un Ángel; aunque si digo verdad, no puedo, señor, negarte, que siempre son las mujeres de los Ángeles que caen, si no de los que cayeron. Calla necio, calla infame: . No sabes, que en Isabel son leyes tan inviolables las del honor, y el respeto, que logra privilegiarse de aquellos comunes feudos, que tributan las beldades? Solo sé, que me has deshecho de un torniscón los gaznates; y porque no me suceda otra vez, de aquí adelante yo diré, que es una Porcia, aunque de bruto me traten: Y ahora que a su Ermita llego, quiero rezar una Salve a la Virgen del Camino, porque me libre, y me guarde de dar con mis pensamientos motivo a tus impiedades; mas ya no rezo por esto, sino por ver acercarse mas de cuatrocientos hombres. Pocos son. Son los bastantes: Al propósito me atengo, que hecho tengo de apartarme. Entrégate luego al punto, si no intentas arrogante, que a impulsos de la violencia sienta tu valor desaires. Si supiera que del mundo en todas las cuatro partes había quien ser pudiera para esa empresa bastante, con mis propias manos yo arráncara entre pesares de mi pecho siempre altivo el corazón por cobarde: Mas esto no puede ser; y porque yo siempre alabe la hazaña del discurrirlo, cuando emprenderlo no es fácil, sepa ya quien es quien me habla. Quién sin que le ayude nadie podrá cumplir lo que ha dicho, si el mundo se lo estorbase; Don Agustín de Losada es quien te lo manda. . Baste, y responda mi valor, pues mi advertencia no vale. Brava cosa es ver reñir, y más si es algo distante. Advierte, que estoy herido. La advertencia es admirable: ahora se empieza la fiesta, ya veréis cuando se acabe. Ay de mí! válgame el Cielo! El demonio que aquí aguarde. . De solo un hombre arrestado así huis, viles, cobardes? pero yo solo también, aunque herido estoy, bastante he de ser para rendirle. . Mal haces en empeñarte; mas para que no se diga, que con armas desiguales te vencí, quiero a la espada Gran valor! . Notable brío! Pero a lo menos, negarme no podrás, que de tu vida soy dueño ya. El confesarte es preciso, que a tu arvitrio esta, Arébalo, el matarme. El que tu voz lo confiese, para mi es triunfo bastante; y así, vete. Agradecido voy de suerte, que ampararte ofrezco siempre que pueda. El Cielo tu vida guarde. Sea muy en hora buena. Valadrón, con eso sales? después que como un gallina dos leguas te retiraste? Cárdate solo la lana, pues solo fama llevaste de lo que yo tal vez hice. Raros son tus disparates. Pues tú te guardas tus cargas, bien es que yo a mí me guarde. Entremos en el Mesón, y di al mozo, que descargue en ese patio. Ya está hecho, como se vino delante. Valadrón, cansado vengo. Mejor será desnudarte. Bien dices, toma esta ropa: Ah fatigas incesantes! lo que por gusto emprendí, me veo ya en tal paraje, que por precisión lo sigo. A buen tiempo farsalaes. Para prenderlos, discurro que solo será bastante, señor, un mozo de Osuna, que aquí ha llegado esta tarde. Pues llamadle luego al punto. Arébalo, Dios te guarde. Este trabuco en tu pecho, si pasas más adelante, castigara tu osadía. Deja las temeridades, pues ofenderte no intenta quien de tu aliento se vale. El señor Corregidor es el que tienes delante, de cuya voz, y noticia podrás mejor informarte. Vueseñoria perdone, y mis arrojos no extrañe, porque estoy tan perseguido, que he hecho costumbre el guardarme. Yo lo creo; y pues deseo que tu valor me acompañe para hacer una prisión, que nuestro Rey, Dios le guarde, me encarga, pierde el recelo. Pues, señor, luego al instante vuestro precepto obedezco, si licencia me dais antes para, que vestirme pueda. Vístete, que espero darte mi amparo en toda ocasión, si me sacas de este lance. Señor, la palabra acepto; y no dudéis, que cobardes sabrá rendir, quien altivo sujetar supo arrogantes. r Vamos pues, que de tu aliento tanto he llegado a fiarme, que no dudo de la empresa. Vamos allá, Dios delante, él a reñir, y yo a ver, veamos, pues, quien mejor sale. . Parece que nos temieron el Corregidor, y Alcalde. Bien podemos sin cuidado cenar, que no han de arrojarse. Su miedo es un gran padrino, y está muy de nuestra parte. Mandad, que nadie me siga, pues no he menester a nadie. Con qué paz cenando están! mal este suceso saben. Aunque Arébalo viniera, no era a prendernos bastante. Dónde ese Guapo estará? que me holgara de encontrarle. Si no más de eso deseas, aquí le tienes delante: Y el primero que se mueva, o arma contra mi sacare, de donde Arébalo queda, al infierno irá a dar parte. A traición solo podrías a esta acción determinarte. Responderte no pretende mi voz aquí, porque sabes, que no es la primera vez que tú, y otros me temblasteis: entrad, pues podéis sin riesgo, que todos van a entregarme las armas, sin replicar, y ay de aquel que replicare. Son guardas de monumento? Jesús, qué raros semblantes! de Gestas son descendientes, según son en gesto iguales. Atadlos bien, y llevadlos. Dígame usté, a cuantos cae Judas en su Ralendario? Yo respondiera, al vergante, si desatarme pudiera. Por no poder desatarse, después que tierra perdió, no fue el otro a confesarse. . Muy obligado me dejas, mira en qué puedo pagarte. Vueseñoria me dio la palabra de ampararme, yo la pediré a su tiempo; por ahora paga es bastante el ver que queda servido. Tu atención sabe obligarme de suerte, que a ofrecer vuelvo estar siempre de tu parte: dame los brazos, y a diós. Siempre me hallaréis constante en desear obedeceros. Dime, señor, y tú sabes si habrán despachado ya lo que nuestras cargas traen? No, porque a el Gobernador desempeñé en este lance, y no solo de él confío, que en esta ocasión me ampare, sino en otras en que pueda su autoridad libertarme; con cuyo favor espero, que podré borrar la imagen, que iba mi adversa fortuna, siempre firme en maltratarme, dibujando de mi vida en el lienzo, para ultraje de mis nobles altiveces, solo a sí mismas iguales. . Permita Dios, que no sea para otros mayores males, que las palabras de un Juez son en todo semejantes a las que dan las mujeres; pues como son desiguales, ofrecen lo que no cumplen, y lo que no dicen hacen. . Por cumplir la palabra que os he dado, en vuestra casa misma os he buscado; ya en el campo nos vemos, nuestro duelo aplazado comencemos; y porque de la ley no falte a nada, este es, Manuel, mi pecho, está mi espada; medidla, si gustáis, con esa vuestra, Bien el valor se muestra, que vuestro pecho, Don Ignacio, anima; y porque conozcáis en cuanto estima vuestro ejemplo mi brío, esta es mi espada, y este el pecho mío. El medirla no intento, que a la tardanza culpará mi aliento, siendo aquí la tardanza ofensa del dolor, y la venganza; y pues solos estamos, reñir solo me toca. Pues riñamos. Aunque valor mostráis, destreza, y arte, mirad que la razón va de mi parte. Ved, aunque en vuestro aliento no hay recelos, que de honor, y de amor me animan celos. Una aprensión no basta a dar victoria. Ni una razón supuesta ofrece gloria. Pues si aún en la opinión no confor- mamos, volvamos a reñir, Manuel. . Volvamos. Digo, que del papel por la porfía a mi amo a este paraje desafía, y si a juzgar llegáis, que yo os engaño, remitid a la vista el desengaño. Este medio a seguir me determino, sirva nuestra cautela de padrino. Sirva, y en dolor tanto, si el ardid no pudiere, venza el llanto, Si una mujer afligida:: Si una mujer desgraciada::: Puede hallar en nobles pechos:: En vuestros alientos halla:; Favor. . Amparo. Ay de mí! Cielos, aquella es mi hermana, . y esta es la voz de Isabel. En todo soy desgraciada. Qué paso hacemos los dos? Qué necio estás! no reparas, que tú haces el escondido, y que yo hago la tapada? Pues desde allí retirados veremos en lo que para. Mejor será, pues aquí no podemos sentar baza. Advertid, que me precisa el conocer esa Dama. Cómo, si yo la desiendo, la ha de ver nadie la cara? Mal haréis en empeñaros, cuando lo intentan mis ansias. Vos dejaréis vuestra empresa, pues mi brazo es quien la ampara. Yo he de conseguir mi intento, o morir en la demanda, y vos ceder, o morir a los filos de esta espada: Yo consentir nunca puedo empresa tan temeraría; y así, este acero responda a la voz de esa arrogancia. . Qué he de hacer en este lance, . cuando la suerte está echada? Si quien soy a decir llego, aventuro aquí mi fama; si callo, de quien adoro la vida miro arriesgada; pero yo me determino a excusar una desgracia, que no es tan preciso el riesgo en acciones dilatadas, y más cuando Don Ignacio, Manuel, y Beatriz, la causa no ignoran de los empeños, que mi recelo recata: . Mirad, que soy yo quien pide, que no decidan las armas lo que la voz, y el oído puede allanar con ventajas. En nuevas dudas me pones, cuando aquí de mí te amparas. Como escuches el suceso, sabrás que no estoy culpada. Pues qué me podrás decir, fementida, aleve, ingrata, cuando seguida de un riesgo, según tu voz lo declara, por excusarle te vales de la fuga? di, tirana. El responder a esa duda me toca a mí. Vil hermana, tu muerte verás primero, que si hasta ahora reportadas has advertido mis iras, ha sido porque no hallaban, dudosas en dos delitos, la ejecución mis venganzas; mas ya tu escarmiento piden ofensas tan declaradas. Cómo primero me escuches, (siendo contra mi inhumana) yo misma me ofreceré por víctima de tu saña. Tan breve plazo te otorgo, que si aquí desengañadas. no quedaren mis sospechas, quedará mi honor sin mancha, vertiendo tu aleve sangre: qué te detienes, pues? habla. Don Ignacio Benavides, que generoso me ampara, ha que me sirve tres años, animado de esperanzas de ser mi esposo; y rendida de la misma confianza, sin ofensas del honor, por dueño le admitió el alma. Por dos veces intentamos, llevados de amantes ansias, decirte nuestro deseo; y ambas quiso la desgracia. que por opuestos acasos, que ahora no son de importancia, se quedase en el silencio tan justa intención. Aguarda; que pues en nada al secreto, estando ya declarada tu afición, faltó; yo quiero, que mi voz aseguradas deje a un tiempo las sospechas, que tuvo Manuel con causa; y Don Ignació a ver llegue, cuan segura está su fama. La noche, que sin mi aviso entraste, Manuel, en casa, donde sucedió aquel lance, principio de penas tantas; el hombre que hallaste en ella fue Don Ignacio, a quien llama Beatriz, para decirle, de sus temores llevada, que por esposa la pida, dejando así asegurada la aprensión, que entre recelos tu imaginación formaba, y antes que se declarase, llegaste tú; en otra sala se ocultaron, sucedió lo que viste, y no declara mi voz, porque mi remedio culpando está mi tardanza. La otra vez, que entraste, y viste un papel, que mi criada llevaba para este intento, con él Beatriz la enviaba: Si todas estas razones, al desengaño no bastan, como mujer, afligida, como amante, desgraciada, como constante, infeliz, como firme, despreciada, como noble, comedida, y sentida, como honrada, iré a llorar a un Convento el rigor de mi desgracia. Aunque de algunos indicios, que tu voz aquí recata, pudiera formar sospechas, viendo que son de una causa efectos, hoy el desprecio al olvido los encarga; pero no puede la duda de llegar alborotada a pedirme amparo aquí de un riesgo, que te amenaza. Aquí entro yo, que más quiero, que me carguen las espaldas de leña, que haberme de ir sin hablar una palabra. Presentando por testigo, que aquí el ser mujer lo salva, el ser tan sobradamente lega, llana, y abonada esta buena alhaja, digo, que de mi ley avisadas, para estorbar vuestro duelo, discurrieron esta traza. Di la verdad, embustera. Qué usted no lo diga basta? Vos qué decís, Don Ignació? Que si me dais vuestra hermana por mujer, seré dichoso, pues ya está desengañada mi aprensión de ciertos celos, que mi pecho atormentaban, aunque con leve motivo. Dale, pues, la mano. El alma será premio de tan firme, fiel amorosa constancia. . Y tú, Isabel, si merezco, de mi fineza por paga, tal favor, dame la tuya. Llega Manuel, pues se acaba, con posesión tan dichosa; el fin de mis esperanzas. Si se acaba la Comedia en medio de la fornada! Pues hay algún Mandamiento de Cascales en las Tablas, que hablando con el Poeta, diga, al fin de todo casa? Pues Inés, si eso es así, toca esos huesos. Aparta, que a quien bebe tanto vino, es bien darle calabazas. Permita Dios, que te quedes para tía, o para beata. Lo que ahora solo conviene, pues de aquí mi hermano falta, es, que nuestro casamiento no se sepa, y una carta se le escribira, que a lo hecho (cuando él tanto no ganara en la digna elección mía) prudente se conformara. Ni la nuestra se publique, pues quiero, que juntas ambas se celebren, y para esto, pues será acción arriesgada, que venga Arévalo a osuna, cuando a la justicia manda su Excelencia, que le prenda; y pues buscándome andan también por el otro lance, que por defender mi casa tuve, lo mejor será, que la ausencia a los dos valga: Y pues una Quinteria, media legua de distancia de Estepa tengo, podemos, sin recelo celebrarlas, llamando a Arébalo allí. Será acción muy acertada. Vuestro gusto es siempre el mío. Mi obediencia resignada está a lo que dispusiereis. Pues a disponer la marcha vamos, que en la dilación se aventura el logro. Gracias te doy, Inés, por la fruta de Septiembre. Nora mala, mientras Valadrón viviere, pierda su esperanza vana. Hoy en tu Templo, fortuna:: Fortuna, hoy sobre tus Aras:: Hoy en tu Altar, suerte mía:: Hoy en tu culto, esperanza:: Hoy, Valadrón, en tu ausencia:: Hoy en tu pescuezo, ingrata;: Llego a colgar mi cadena. Voy a ofrecer glorias tantas. Dedicaré mi ventura. Sacrificaré mis ansias. Seré firme, aunque mujer. Colgaré mis calabazas. Apenas convalecido de aquella herida me veo, cuando osado, y atrevido, de la venganza el deseo, me trae al furor rendido. Buscando a Arébalo vengo, porque vea su osadía, con cuanta razón mantengo, que es fuerza, y no tiranía la muerte que le prevengo. Él, opuesto a mi valor, solicitó mi desaire, a ofender llegó mi honor, y el hacer de ello donaire más incitó mi furor. Solicité la venganza, y su advertido recelo supo burlar mi esperanza, quizás por hacer el Cielo mas dichosa su alabanza. Hiriome en fin, y yo atento de su estrella a lo piadoso, otra vez probar intento del hado lo rigoroso en su ruina, o mi escarmiento; Que mal puede un ofendido, si con ser honrado nace, ceder su ofensa al olvido, mientras no la satisface, o a la muerte está rendido. Pero pues él viene allí, . aquí le intento esperar, porque vea, que hay en mí valor, que no teme hallar la fortuna contra sí. Esto, en fin, es lo que dice; y aunque su resolución su obediencia contradice, no me ofende la elección, pues de su honor no desdice. Nunca jamás he creído, que la virtud en mujer haga al hombre desválido, pues viene dichoso a ser con el nombre de marido. La repetida fineza, la ocasión de ver, y hablar, la más constante firmeza, llega en fin a contrastar, que es flejible la belleza. La mujer más recatada, si la hablan en casamiento, tenla por enamorada, que es virtud del Sacramento, que se goza adelantada. De afectos enamorados siempre tan libre he vivido, que los amantes cuidados, ni aún la atención me han debido de empleos imaginados. Señor, allí retirado he visto a Francisco Esteban, ya sabes sus intenciones, su traición, y su cautela, llega dando antes de oírle, que vale dos la primera. Hablarle intento, Francisco: . qué se ofrece en esta tierra? Para qué es gastar razones? a matarte vengo. . Deja algo que hacer a la muerte, y no temerario quieras emprender un imposible, en que honor, y vida pierdas, por más que tus confianzas tu peligro desvanezcan; y no juzgues, que es temor el hacerte esta advertencia, pues bien sabes, que a mi brazo el matarte es corta empresa. No porque a traición me heriste, tanto, Juan, te desvanezcas. Tú fuiste quien alevoso intentó matarme. Espera, que haber no puede traición en quien un agravio venga. Si puede, cuando cobarde disímula las ofensas. Que no esté yo de este sitio siquiera cuarenta leguas! En fin, no dices que vienes a matarme? Cosa es cierta. Pues mucho tienes que hacer; y así más tiempo no pierdas. Aunque sois dos, poco importa; De mí piensas tal bajeza? pues si acaso ese criado a mi lado se pusiera, dudas, que sus lealtades objeto a mis iras fueran? Jesús, y qué disparate! yo reñir? muy buena es esa, cuando tiene ya mi espada hecho voto de pureza. Pues defiendete. No más? Y no harás poco. Pues ea, si aquí he de morir te ruego, que no me mates con flema. . La cachaza con que él habla! el demonio que le crea. Mi venganza hará más digna el espíritu que muestras. Mis triunfos harán mayores tu valor, y tú destreza. Por qué te paras? te cansas? dudas acaso, o recelas? Dudo, porque de traiciones usa quien así pelea. . Porque es lid con menos riesgo; de esas usaba mi abuela, y salía siempre bien. Ya el desengaño te muestra, que en el valor que me anima no puede caber bajeza. Pues qué es esto, Caballeros? vuestras amistades hechas delante de mí, y de tantos amigos, como os lo ruegan, quedaron? . Es verdad; pero aquí me buscó Esteban, y yo no quise, que el mundo por cobarde me tuviera, que en sus juicios mal fundados suele darse a la prudencia el nombre de cobardía, haciendo al honor ofensa. Yo te busqué, porque quise, que el mundo también supiera, que no ha menester Francisco para vengarse cautelas. Pues que los dos satisfechos podéis estar ya, suspenda vuestro espíritu bizarro tan injustas competencias. Basta que vos lo mandéis, para que yo os obedezca. Arébalo, por tu amigo me tendrás, como no creas, que del arrojo pasado el temor es consecuencia. Ninguno puede dudar lo que tantas experiencias acreditan en los dos; y así amistad tan estrecha habéis de tener, que el tiempo llegue a confirmarla eterna. A Francisco doy la mano, en fe de la alianza nuestra. ̱. Yo con la mía confirmo acción, en que se interesa tanto mi valor, y espero, que en amistad no me excedas. Dios los haga bien casados, de si hará, cuando se emplean niunión de voluntades, que es matrimonio sin hembra. En Jerez tengo que hacer; y así; si me dais licencia, al punto quiero partirme. Vuestro soy. Y mi obediencia en todo tiempo hallaréis para serviros dispuesta. El Cielo os guarde; y a mí ocasionés me conceda, en que pueda acreditar de mi voluntad las verás. . Pues ya hemos quedado solos, quiero, Don Juan, daros cuenta de una carta que he tenido, de que me avisan, que a Estepa, luego que a mis manos llegue, pase; mas la carta sea quien os refiera el suceso en más reducida idéa. Si delitos amorosos es justa ley que merezcan, cuando al honor no se oponen, ser disculpados, en esta ocasión mi amante arrojo tu conformidad espera. Manuel de Aranda ha podido, con sus constantes finezas, inclinar mi voluntad, y el ver, que solo pudieran asistencias de un marido suplir de un hermano ausencias, le he admitido por esposo; y como arriesgado fuera el que vinieses a osuna, determinamos a Estepa partirnos, y en una casa, que está de allí media legua, de Cordoba en el camino, sobre la mano derecha, esperarte, porque goce, quien tanto verte desea, en contentos repetidos, duplicadas conveniencias; y porque logre mi afecto, que en desear verte se emplea, anticipado este gusto, te pido, que una escopeta dé aviso de tu llegada. Tu fina hermana. Isabela. Qué hicierais en este caso? Disimular con prudencia el no haberme dado parte. Eso intento, y porque tenga el gusto de que el aplauso honréis con vuestra asistencia, ya que por casualidad venimos a estar tan cerca de la casa de placer, a que me llaman, merezca por favor, quién es tan vuestro, poder serviros en ella. Mi fiel voluntad no excusa en lo que tanto interesa; y pues que tan cerca está, excusada diligencia será tomar los caballos. Bien decís; diversión sea de nuestra corta fatiga esta variedad amena. Bella amenidad por cierto, donde solo se ven huertas, sembradas de calabazas, pepinos, y verenjenas. La variedad en las cosas divierte, que no la esencia. Yo confieso que es así; pero más me divirtiera una perdiz, que un tomate, y un buen jamón, que una berza. Deja materialidades. Tormalidades son estás, pues lo digo con mis cinco sentidos, y tres potencias. Con que tú de buena gana, Valadrón, algo comieras? ad Vive Cristo, que las tripas llevo ya de tal manera, que pudiera sin lavarlas mas limpia Mondonguera er morcillas, que fuesen bigracia de limpieza. Pues ya distinguir se puede, haré desde aquí la seña. ̱. Qué es eso? ̱. Que no dio lumbre; y esta es la ocasión primera en que le he visto faltar. Estará corta la piedra. Ah mucho que está cargado. Tomad otro, no os suceda alguna fatalidad. Veremos si sale de esta. Tampoco salió: dejadle. Señor, deja ya la tema, que estos son como mujeres, que al mejor tiempo la peran. Ved que quizás os avisa el Cielo alguna tragedia: mejor es que le dejéis. Cosa muy graciosa fuera temer en su propia mano el rigor de una escopeta, quien en poder de enemigos a tantas juntas no tiembla: quitad, que he de dispararle. Válgame el Cielo! , No eran tantos avisos en vano. Ved si ha muerto ya. Aún alienta; pero está muy mal herido, pues el pecho le atraviesan los pedazos del cañón. Mi fe ha de ser la primera que le dé; pero qué miro! ol acábemé ya mi pena. Este es, señora, un estrago de su arrogancia soberbia; pero aún vive, a su remedio es bien que solo se atienda. Yo perdí el mejor amigo. justo es su desgracia sienta. Ay amo del alma mía! Hay grandísima embustera! Para cuándo él rigor guardas? cruel dolor! dura peñal si para ser infeliz mi triste vida reservas, sé piadoso en acabarla, triunfa de ella, triunfa de ella, porque acaben al impulso de tus airadas violencias, con la vida que me falta, esta vida que me alienta. Señora, para estos casos es precisa la prudencia: Apenas a vuestro hermano las heridas manifiestan, después de haber con el llanto dado las más claras muestras de dolor, rindió la vida. De esta soy Anacoreta, y echo mi barba en remojo, pues que vi pelar la ajena. Ahora es ocasión, pelares, de que en lágrimas deshecha salga el alma por los ojos, a impulsos de esta violencia. Dejad el llanto, señora, que en él el dolor se aumenta. Los festivos aparatos en exequias se conviertan El lugar de los aplausos solo ocupe la tristeza. Nuestra boda, Valadrón, por ahora quede suspensa. Yo de casarme no trato: hermana, Dios la provea. Quien a calabazas mata, muera a calabazas, muera. Siempre tiene entre los hombres este premio la firmeza: Mujeres, sed inconstantes, pues mi ejemplo os escarmienta. El Valor nunca vencido se intítuló la Comedia, otro lo pruebe mejor; si bien probado no queda. Y aquí da fin el Ingenio a la historia verdadera, pidiendo humilde el perdón, cuando el vitor no me
