Texto digital

Texto digital de El valor de Malta

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Lope de Vega Carpio
Atribución estilometría
Sin resultados estilométricos disponibles
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la edición de Obras de Lope de Vega. RAE.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El valor de Malta. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/valor-de-malta-el.

Logo BICUVE

EL VALOR DE MALTA

JORNADA PRIMERA

JORNADA PRIMERA. En fin , Mustafá , ¿han llegado Nuestras galeras? Están. ¿Qué empresas han acabado? De algunas, un capitán Larga relación me ha dado; En particular han hecho Las mías daño en aquellos Que traen la cruz blanca al pecho. ¿Prendieron algunos de ellos? Uno, y de mucho provecho. En el siciliano mar Se prendió una carabela Tan diestra en el pelear, Que a no romperle la vela No la pudieran tomar. A vista de Berbería Se divisó este pataje; Dispárase artillería, Y el cruzado es de linaje Y de honrada valentía; Pero por servirte a ti Procuré que se prendiese: Con muchos le acometí; Mas antes que se me diese, Algunos turcos perdí. En Constantinopla está, Y así, si le deseas ver, Presto contigo estará: Lo que mandares hacer, Eso del maltes se hará. Ya te he dicho que es cruzado Y no de poco valor, Y aunque enemigo, es honrado. De los buenos , el mejor Que trae el Maestre al lado; Y por capitán venía Este, de aquellos que en Malta Sustentan la hidalguía. ¿Es eso cierto? Es sin falta. ¿Prendístele? En medio día. ¿Qué es del? Sabiendo la gana Que has tantos años tenido, Hermosísima Sultana, De un cruzado, le he traído. ¡Qué bien el gusto me gana, Gran Mustafá, tu cuidado! Entre a verme. ¿Luego o cuándo? Luego. Viene maltratado; Que es costumbre, peleando, despojar al más honrado. Holgárame que le vieras Luego como le prendí Y le metí en mis galeras; Vieras lo que digo aquí Si era verdad o quimeras; Pero verás un buen talle. Un buen término, una espada Que no es posible se halle Otra alguna más honrada. Mustafá, manda llamarle; Entre, que yo le deseo. Entre ese esclavo maltes. Tal estoy y tal me veo. Que aun de vergüenza los pies En besarlos no me empleo. Va a besarle los pies y no le deja. Levanta. ¿A do vas? Bien voy. Tu presencia me aficiona. ¿Eres Guzmán? Ya no soy; Que este traje me abaldona. ¿Sabes dónde estás? Estoy Con hija de Solimán, Que creo llaman Sultana. ¡Hermoso talle y galán! Levanta. ¡Nobleza humanal Haz lo que mando, Guzmán. ¡Grande obligación me pones, Que en algo alivias mi pena! No se le pongan prisiones, Ande libre, sin cadena. ¡Ya crecen obligaciones! Mustafá, hazle vestir Del modo que le prendiste. ¿Vuélvesme a restituir Mi libertad? ¿Qué perdiste? Nada puedo ya decir; Que a quien con esta franqueza Me vuelve el hábito honroso, Podré decir con certeza Que estará el mundo envidioso De tan heroica nobleza. Mira que te pesará, Y si ya libre me ves, Ninguno me humillará, Porque pundonor maltes Cree que no me dejará. De cautivo, serviré, Hallarasme así obediente; Pero después no podré. Que me volverá a valiente La encomienda de la fe; Y si el hábito me dieres, Disculpa al hábito honrado Si nuevo valor me vieres, Y a tu gusto mal mirado. Sufrirete si lo fueres. Mustafá, vete con él; Tráele como le prendiste. Servirete como fiel. Ya que a mi poder viniste, Guzmán, no seré cruel. ¡Qué hermoso que es el cristiano! Él es cruzado y maltés. ¡Por Mahoma soberano, Que cuando pidió los pies Le diera mejor la mano! ¡Qué famoso talle y brío Y qué agradable a mis ojos! Dalle algún gusto confío; Repararé sus enojos Si él se aplica al gusto mío. Que, libre mi voluntad, Le do tal manera, Que humille mi gravedad. ¿Quién entra? Sultana, espera. ¿Do va Vuestra Majestad? Hija mía, entro en consejo De guerra. Levántate. ¿Qué hay de nuevo? A punto dejo Tu venganza y gusto. ¿En qué? En la guerra que aparejo. Mucho ha que me has pedido Que a tu criada liberte, Que malteses han prendido. Envío a Malta. De esa suerte Tendré lo que he pretendido. Con ciento y cincuenta velas Contra los de Malta envío. Grandemente me consuelas. Tu negocio haré y el mío. Por mi gusto te desvelas. ¿Partes luego? A efectuarlo Voy a consejo de guerra. Donde he mandado trazarlo. Rinde aquella ingrata tierra. Ya es tuya; denme un caballo. «¡Un caballo! ¡Un caballo !>> Todo esto me sale bien. Así quedaré vengada, Que esta gente fiera es quien Cautivó a Calinda amada. Que era mi regalo y bien; Mas de otra suerte mejor Procuraré su rescate: Guzmán, si es fiel tu valor. Antes que se dé el combate, Dándole premio a mi amor Se me envíe a mi Celinda; Pero ¿cómo hablo ansí? ¿Soy otra heroica Florinda, Que sin estar ante mí Le mando? ¡Que ansí se rinda Esta Princesa Sultana A tu nobleza, Guzmán! Contigo habla y se allana, Como si de Solimán Tuvieras sangre otomana. Ya os vuelvo a dar libertad, Cruz, amparo y valor mío. Tusón de mi propiedad, Gobierno de mi albedrío, Espejo de honestidad. Libre os tengo en mi poder, Sol que en la fe reverbera. Si en SU traje quieres ver A Guzmán, de esa manera Se dejó de mí prender. ¿De qué te honras y alabas, Si sabes que con cautelas. Tú con mil turcos estabas. Con diez bicas, con diez velas, Que por el mar navegabas, Yo en un pequeño batel? Tú, con estas me cercaste; Mas antes de darse a él, Cuarenta turcos que echaste Mató mi brazo cruel, Y aunque otro, de solo vellos Se ve claro que temblara Y erizara los cabellos, Bien sabes que cara a cara Di cabo de todos ellos. ¿Pasa ansí? Dices verdad. Pues si es verdad, no te alabes. Tiene el maltés gravedad. Hasta agora no lo sabes, Que miro a tu Majestad. Tu brío me da contento. Diérate mil esmeraldas. Sí. Recibo gran contento. Débensele mil guirnaldas A tan alto pensamiento. Mustafá, luego te irás, Y en pago toma este sello Por lo que dado me has. Eso, señora, es venderlo. Vete y no repliques más. Si los cruzados malteses Todos de tu talla son, Poco valen los arneses Turcos. ¡En buena opinión Los pones! Y tú mereces Más que puedo encarecer. ¡Oh, temeraria llaneza! Turca, ¿así te quiés perder? Alza, Guzmán, la cabeza, Mírame; ¿no me quiés ver? ¿Tanto te agrada el cristiano? ¿Ya te alegra y aficiona? ¡Oh, pensamiento liviano! ¡Oh, bajeza de corona! (Intento de reina vano! Cuando entendí que de ti Fuera más acariciado, Entonces me envías de aquí: ¡Cuidado mal empleado. Premio malo para mí! Si obligas solo en mirarte, Mira, Guzmán valeroso, Si puedo en algo obligarte. Como no sea acto amoroso. Tendrás en mí en todo parte; Y así con honestidad Debo acudir a tu gusto. Mándeme tu Majestad, Por que el amor casto es justo Y espejo en la voluntad. Servirete muerto y vivo Y a tu padre Solimán, Por este bien que recibo. En traje de capitán. No como antes de cautivo; Que si esta cruz representa La que libertad me dio, Princesa, mira esta cuenta; Que si la cautivo yo, ¿Quién la sujeta la afrenta? Honrado es tu proceder. A todo aquesto me obliga Mi religión. ¡Oh, mujer A tu valor enemiga, Pues que sepultas tu ser! iQue pretenda tan de veras Un caballero cristiano Guardar ley a sus quimeras, Y yo, infanta, dé de mano A mis leyes verdaderas! ¿Qué es esto? ¿Soy yo Sultana, Hija del gran Solimán, De sangre y casa otomana: Que me rindo a un capitán De la religión cristiana? Mas mi falta tendrá enmienda. Haz una cosa por mí. Como a aquesta cruz no ofenda Ni a mi fe, seré de ti Esclavo, no la encomienda. Quiero enviarte a tu tierra Con esta gente que parte A poner a Malta guerra. ¿Cuándo la armada se parte? Presto dejará esta tierra. Pero has de hacer una cosa: Que me tienes de enviar Una turca valerosa Que en Malta sé que ha de estar, Por quien vivo congojosa. Es Celinda, mi criada, Que en Malta me cautivaron Los que de esa insignia honrada Se honran, y me dejaron Notablemente enojada. Has de jurar por tu fe Que cumplirás lo que pido, Y un cautivo te daré, Cristiano, que es bien nacido. Con quien la envíes. Sí haré. Hasla de enviar con él. Que estimo mucho mi esclavo, Por ser muchacho y ser fiel. Tu mucha nobleza alabo. Mira, no me seas cruel; Que fío de tu valor Que a Celinda me enviarás En pago de aqueste amor, Y acreditaraste más . Conmigo. ¡Honrado favor! Mi padre me prometió De traerla y hacer guerra A aquel que la cautivó, Y aunque abrasara esa tierra, Busco este remedio yo. Solo resta el juramento, Porque quede satisfecha. Si solo ese es tu contento Y mi jurar te aprovecha. Luego juraré al momento: Juro por mi religión, Por esta cruz de San Juan, Por Cristo y por su Pasión, Y por los santos que están En la celestial región. De traértela, aunque esté En poder del gran Maestre; Y fíate de mi fe. Que aunque la vida me cueste, En tu poder la pondré. Por la fe de caballero, De Malta Comendador, Tu esclavo y tu prisionero. Basta; fío en tu valor Que cumplirás lo que espero. Ven, porque quiero mandar A un bajá que te regale En la tierra y en la mar. ¿Hay nobleza que a esta iguale? Déjame tus pies besar. Ya conocerás quién soy. Eres de turcos la luna. Entra. Reina, tras ti voy. ¡Que vuelvo a Malta! Fortuna, En obligación te estoy. Mi voto es este; este es, señor, mi intento. Mi última y postrer resolución: No quede orden, no quede fundamento De su dañada y mala religión. Lo que es de mi gran Rey iré contento. Levantándose en alto tu pendón ; Haz que se embarque gruesa artillería. ¡Solimán viva, y viva Berbería! Váyase a Malta, ríndase la gente Autorizada con la insignia blanca; Que es falta de valor e inconveniente Que del imperio turco viva franca. Crezca tu imperio, tu poder se aumente, Y de tus costas tu poder arranca, Y entienda ese Maestre arrinconado Que aún no merece nombre de soldado. Ganada Malta, ganarás a España, Temerate el Filipo valeroso. De mi valor me fío y de mi saña; Saldrás con este triunfo victorioso, Que aún para quien tú eres no es hazaña. Suene el sonido y rumbo belicoso, Quede arruinada Malta y sus malteses, Rómpanse adargas, cotas y paveses. Malta perezca, restaurando el paso Para pasar a Meca defendido. Vayan tus turcos fuertes a este caso, Muera el Maestre que ansí te ha ofendido, Galeones llevas de notable vaso Y gente que este celo le ha movido; Que si a Meca allanamos el camino, Será este caso heroico y peregrino. Embárquese la gente más lucida De tus imperios y de todo el mundo; Que aquí es honroso aventurar la vida. Que es el designio santo y sin segundo. Tus tiros rompan, sin que nadie impida. Las murallas de Malta, y al profundo Echen almas y cuerpos de cruzados Con rigor tan cruel despedazados. Fuertes bajeles, bicas y galeones, Vayan a esta ocasión bien prevenidos De pelotas de plomo y municiones Y todo lo demás, tan bien proveídos, Porque en ellos han de ir tus fieros leones A Malta, con rigor todos movidos: Este es mi voto, aprueba lo que importe, Pues ahora estamos en tu casa y corte. Si los trabajos y enojos Que de Carlos, Rey de España, Emperador de romanos. Honra de la Casa de Austria, He recibido mil veces. Mis bajaes, os contara. Ni el tiempo bastara a tanto. Ni las palabras bastaran; Pero diré algunos de ellos. Que algunos sé yo que bastan Para entregar vuestras vidas A la sabrosa venganza. Si hoy no es nuestra toda Hungría, Sus más importantes plazas; Si no me rinde tributo. Reconocimiento y parias. Fue porque vino a Viena, Archiducado de Austria, Y con sus armas y gente Hizo retirar mis armas; Si todo el reino de Túnez No es hoy nuestro, él es la causa Que él la quitó a Barbarroja; Que por mí le gobernaba; Si perdió Dragut Arráez La ciudad fuerte de África, Y cuando entre mí y él había Treguas, aunque treguas falsas, Él consintió en ello entonces Y nunca mandó entregarla. Aunque mis embajadores Le alegaron muchas causas. Ansí mismo el rey Filipo, Hijo suyo y Rey de España, Que con mi deshonor tiene La Italia tiranizada, Me tiene lleno de enojo Y de justísima rabia. Por ser de tal padre hijo Y sucesor de tal Casa, Y porque no ha muchos días Que con cautelas y trazas Me quitó el peñón de Vélez, Fuerza en Berbería estimada, Habiendo antes a los míos Hecho mil daños sus armas, Vertido infinita sangre Sobre el castillo de Almeaza. Fuera de que estoy sentido De que aquél de la cruz blanca A quien llaman Gran Maestre, Tantos agravios me haga. Tentando tomar mis fuerzas. Cañonear mis murallas. Robar en el mar mis naves Prendiendo infinitas almas, Especialmente a Celinda, Con quien mi hija Sultana Estrecha amistad tenía. Que está presa y maltratada. Veo también que estas cruces, A nuestras lunas contrarias, En cualquier empresa sirven Por mar y por tierra a España: Cuanto es nuestro nos saltean, Y róbannos cuanto hallan. Los inocentes nos prenden, Y los rebeldes nos matan. Viendo, pues, que estas querellas Tengo, amigos, contra Malta, Antes que se fortifiquen Quiero postrar sus murallas, Y dando a nuestros cautivos La libertad deseada, Dar nuevo color de sangre A aquellas sus cruces blancas. Apruebo, gran señor, el pensamiento Contra Malta, por ti comunicado; Que el Gran Maestre es grande atrevimiento Que haya de tu poder ansí burlado. Malta perezca, no quede fundamento De aquel castillo contra Alá fundado, Deshágase la Orden contrahecha En deservicio de Mahoma hecha. Mira que siendo valerosa gente Esta que a Malta la rebelde envías. Rendirás a Sicilia brevemente. Que será ocupación de cuatro días. Crezca tu imperio, tu poder se aumente Y cesen las infames correrías Que hacen en tus costas los cruzados, Ciertos de nunca verse castigados. Den ya velas al viento tus bajeles, Surquen el mar con gran velocidad. Embárquense genízaros crueles, Que es gente de valor y de lealtad, Y no vayan bisoños ni noveles. Pues sabe bien tu heroica Majestad Que los cruzados, valerosa gente, Uno vale por diez, y dos por veinte. Vuestro parecer es tal, Que en él fácilmente vengo. Resta nombrar General. Por la mar bueno le tengo, Valiente, astuto y leal. Parece que a mí te vuelves. Conozco tu valentía, Y si bien o mal revuelves. Ya lo lloró don García En el fuerte de los Gelves. De General por la mar Llevarás, Pialí, el bastón. ¿Quién te osará replicar? Aceptada es la elección. Comience Pialí a mandar. General para esta guerra Por la tierra, no ha nombrado. ¡Oh! Si yo fuese por tierra Iré, pues me he ejercitado, Y si yo no voy, se yerra. Que si el campo yo no adiestro, ¿Quién puede igualarse a mí? ¿Hay algún turco más diestro? Por la mar bien va Pialí, Que por el agua es maestro. Pero ¿quién sabrá mejor Que yo la tierra maltesa. ¿Quién dará al Rey más honor Ni a Sultana la princesa. Pues conoce mi valor? Señor, Vuestra Majestad Sabe cómo le he servido, Y que siempre mi lealtad Se ha visto y resplandecido En cualquier dificultad. Suplico a vuestra grandeza Que en pago de mi trofeo. Que con más fervor empieza. Me cumplas solo un deseo. Pide. Espero en tu franqueza. Pues Pialí lleva por mar El merecido bastón. Por tierra quiero emplear Mi gobierno y discreción Si tú me le quieres dar; Que aunque son pocos mis años. Por mi descendencia alta, Y por tus triunfos extraños, De echar las cruces de Malta, Vengando todos tus daños. Juro por Mahoma santo Y por el santo Alcorán, A quien tú veneras tanto; Por tu brazo, Solimán, De la cristiandad espanto; Por el valor de estas manos; Por el temor que han cobrado De ellas algunos cristianos; Por la espada de este lado, Asombro de los humanos, Y por la veneración Que se debe a Alá divino, Y por la buena opinión Que tu imperio sarracino Tiene de que soy león. De cumplir lo prometido, Y arrovinar esa tierra Que ansí te tiene ofendido; Que seré rayo en la guerra. Para vengarte nacido. Si es adquirir gloria, basta La que has, Mustafá, ganado. ¿No ves que el tiempo la gasta? Es valeroso soldado, Y basta ser de mi casta. El oficio que deseas Te doy con gran voluntad; A ver cómo en él te empleas. Testigo de mi lealtad Quiero que tú mismo seas. Esas palabras son vanas. Que ansí obligado te han; Muy fácilmente te allanas. Yo sé que es gran capitán Contra las armas cristianas. Turco, estamos en consejo Y en la presencia Real, Y por aquesto te dejo; Que aunque mozo, soy leal Y soy en astucias viejo. ¿A mí se me hace esa afrenta? ¡Mahomat, mira que soy Quien su bondad representa! ¡De cólera ardiendo estoy! ¡Ya su desventura cuenta! ¿Qué es aquesto? ¿En mi presencia? ¡Ninguno pase de ahí, Que ofenderá mi paciencia! Envainan las espadas. Cuando volváis ante mí Con victoria, os doy licencia. Tomad el bastón. Recibo Aqueste tu honroso cargo. Con que te honraré si vivo; Que aunque ante ti yo me alargo, Soy tu vasallo y cautivo. Suenan dentro cajas y ruido. ¿De qué será este rumor? Es la gente que se embarca. Voy a verla a un mirador. Llegue a la orilla mi barca. Toque a marchar mi atambor. Por cierto en tiempo te dan, El cargo, que harás cobardes A los que contigo van. ¡Mahomat, de envidia te ardes! ¿Yo envidia a tal capitán? Pudiera el gran Rey del mundo, Cuyo General fui siempre. Enviar a esta conquista. Contra los bravos malteses. Mejores mantenimientos, Mejor orden, mejor gente. Mejores picas a España, Mejores cotas de Vélez, Mejor pólvora a los tiros. Mejor piorno a los mosquetes, Mejores horcas y naves. Mejores y más bajeles. Más armados los infantes. Más lucidos los jinetes, Mejores velas que amainen. Mejor timón que gobiernen. Mejores las banderuelas. Mejores los gallardetes. Mejor piloto que rija, Mejor canalla que reme. Mejor bombarda que bata. Mejor trabuco que quiebre, Mejor chusma, mejor lastre, Mejor humera y grumetes, Mucho mejores soldados Y mejor cuanto allá fuere, Pero mejor capitán. El que lo dijere, miente! Y si alguno está ofendido, Sígame cuando quisiere; Que yo me voy a las naves A embarcarme con mi gente. Contra Malta voy al arma. Mis galeones se apresten, Los cañones hagan salva, Y Alá nos vuelva y nos lleve. ¡Muestra coraje y denuedo; Que el mundo verá después Si el amarte, infame, puedo Cuando en el suelo maltes Te hagan temblar de miedo! Tras ti voy, aunque no importa Que a tus espaldas me muestre. Vete al mar, y el agua corta; Que allá te espera el Maestre Que altos intentos acorta. ¡Aquí de Dios, caballeros Honrados con la cruz blanca, A la costa, a la marina, Que vuestro Maestre os llama! Lunas de Aragón la antigua, Claros Piamontes de Francia, Sandovales de Castilla, Nobles Colonas de Italia, Sotomayores de Cuenca, Garcilasos de Granada, Barrientos de Piedrahita, Rodríguez de Salamanca, ¡Al mar! ¡Aquí de la Iglesia, Aquí de San Juan y Malta; Que más de ochenta galeras Ocupan las ondas bravas! Turcos son, que a Malta vienen Contra las cruces de Malta, Que el gran Solimán, su dueño. Mucho ha que las amenaza. ¡Aquí los cruzados pechos. Que antes que salgan del agua Pagarán su atrevimiento Al filo de nuestra espada! ¡Disparen, toquen apriesa! ¡Aquí de San Juan! ¡Al arma, Que llegan al puerto, a ellos! ¡Muera el Turco y viva Malta! A tus católicas voces, Gran Maestre, cuya fama Hasta las estrellas llega. Viene tu gente a la plaza: Viene Claramente el fuerte, Luz del mundo y prez de Francia, Y viene Antonio Colona; También viene Juan de Omala, Y viene Lope Carrillo, Y el que le sigue, Almenara, De Alba de Tormes el uno, Y el otro de Salamanca; También don Juan de Barrientos, Vasallo del Duque de Alba, Tras quien vienen en tu ayuda Sandoval y Villafaña. Por todos juntos respondo. ¿Qué nos quieres, qué nos mandas? ¿Viene la armada del Turco Surcando el mar de tus playas? Venga el Turco, ya esperamos Para batir su arrogancia Y para teñir con sangre Su bandera y lunas blancas; Que todo su poder junto. Para una maltesa espada Es poco, si la acometen, Y uno de nosotros basta. ¡Viva nuestra religión! ¡San Juan, Santiago, al arma! Venga toda Berbería, Que a todos espera Malta. Y si como seda visten Y como juegan las cañas. Como en los saraos de turcas Con mucho hablar se señalan; Si como visten libreas, Mimbran en el campo el asta; Si como el almaizal bulle, La toca, pluma o la banda, Se saben mostrar furiosos Con las belicosas armas; Si les pone ánimo acaso El retintín de la caja, Y si el runrún de la trompa Y el humo de la bombarda No ataja el ánimo horrendo Ni acaso les acobarda. Traigan adargas de Fez, De Marruecos cimitarras, De África jacerinas, Y jacos de fina malla. Vengan con muy gran poder, Con conocida ventaja; Reconozcan nuestros puertos, Rompan veloces las aguas; Eternizaremos todos, Pues que la ocasión nos llama. El valor de nuestros pechos Más que Scipión en Numancia. Pues si el temor de las voces Que dicen «¡España, España, Santiago, Santiago, San Juan, San Dionís de Francia!» Si el valor de los cruzados Que guardan religión casta. No desmaya su braveza. Sus orgullos y bravatas; Si no temen limpio acero De nuestro brazo y espadas; Si no temen los mosquetes, Los cañones que hacen salvas. Ya tardan: venid, tiranos, Venid, gente atroz, ingrata. Llegad con vuestras galeras. Con navíos, con galeazas. Con alfanjes, picas, chuzos, Pistolas, fuertes corazas. Con todo cuanto quisierdes. Si os mueve coraje y rabia; Venga toda Berbería Contra nuestras cruces santas; Vengan los rebeldes fuertes Que tanto nos amenazan; Vengan a ver al Maestre, Sol que resplandece en Malta, Y probarán el valor De la religión cristiana. ¿No veis las hinchadas velas Que nos ocupan el agua, La pujanza de sus remos, El estruendo de sus balas? Enemigos son, amigos: ¡comendadores de Malta, Defended la fe de Cristo Los que vestís cruces blancas! Mas oíd, ¡San Juan me ayude! De paz parece está salva. Banderas blancas tremolan; De paz son; dejad las armas. Sicilia dicen apriesa; Suenen tiros, toquen cajas, Que sicilianos socorren.- ¡Sicilia, Sicilia, Malta! ¡Oh bandera victoriosa Del gran Filipo de España, Que basta verte mis ojos Para vencer mil batallas! El general don García Viene en ella; ¿veis sus armas? Estos cuadros son Toledos. ¡Viva el Rey! Y ¡viva Malta! Ninguno deje su estancia Ni salga a tierra soldado. ¡Oh Virrey! ¡Oh luz de Francia! ¡Oh religioso soldado! ¡Oh fe de gran importancia! Tanto he gustado de verte, Que olvido el trabajo mío Por el bien de conocerte. En ti espero, en ti confío. Vivo para defenderte. ¡Oh venerable varón. Cuya fama ocupa el mundo. Con cuánta satisfacción El título sin segundo Gozas de tu religión! Noble frey Juan de Valleta, Mira en qué servirte puedo. ¡Oh paz que a Malta quieta! ¡Oh valeroso Toledo! ¿Dónde vas.?' A la Goleta; Porque ha bajado una nueva De Constantinopla, tal. Que a su remedio me lleva. Eres vasallo leal, No hay a quien el Rey más deba. ¿Qué. se dice? Que Turquía Contra la Goleta baja; Y como está a cuenta mía, Embarqué al son de una caja Toda aquesta compañía. Voy a proveer por mi mano, De presidio, aquella fuerza Que está por el Rey cristiano. Tu buen esfuerzo me esfuerza, ¡Oh gran pecho, al fin romano! Y aunque el camino torcía. Por verte, vine por Malta. ¡Oh famoso don García, Si alguna virtud te falta, La luz falta al mediodía! La misma nueva ha llegado Á estas cruces de San Juan, De quien vivo acompañado, Y todos ellos están Con ese mismo cuidado; Que aunque dicen que la armada Del Turco a Nápoles viene. La enemistad no olvidada Que conmigo el Turco tiene, Manda apercibir mi espada: Somos pocos si se atreve. ¿Qué será, noble Toledo, Si el poder del Turco llueve. Sino morir a pie quedo? Todo favor se te debe; Y cuando más verdaderas Esas sospechas estén, Y de mí servirte quieras. Porque llegue a punto el bien, Me avisa con dos galeras; Que como tan fiel amigo De esas cruces consagradas, Dejando el curso que sigo, Vendrán las mías cargadas De soldados y de trigo; Y por esto, más contento Por haberte conocido. Me voy; den velas al viento. ¡Oh colegio esclarecido, Verdadero fundamento De la Iglesia y de la fe! Vuestros brazos, uno a uno Me dad, y abrazaros he. ¿Hame menester alguno? Todos, Virrey. Decí en qué. En que de España ni Francia Ningún remedio esperamos, Y esnos de poca importancia Pensar que vendrán, que estamos De esos reinos gran distancia. No nos olvides, señor; Que bien será menester Que tú nos des tu favor; Que trae muy gran poder El Turco, saña y rigor; Y si se atreve a venir Contra nosotros a Malta, Bien se puede colegir Que si tu ayuda nos falta No podremos resistir. Y que estas cruces defiendas Que en nuestros pechos están, Que al poder del Turco ofendas; Que en tu encomienda se dan Nuestras blancas encomiendas. Que de tu valor fiamos, Y que se amparan de ti Los cruzados que aquí estamos, Que esperando serán hoy . Todos hoy nos animamos; Y ansí, Toledo famoso. Esperamos que lo harás. Vendré a serviros gozoso. Como quien eres harás, Mostrando ser valeroso. Vereisme en vuestro favor, O no seré yo Toledo. Adiós, gran Maestre. Honor De España, por tuyo quedo. Vela al viento. ¡Gran valor! ¡Oh mar, que llevas en peso El estandarte cristiano, Cuya obediencia profeso! Llévale al suelo africano Libre de algún mal suceso; Y si hubiere menester San Juan su favor acaso. Aquí le vuelve a traer Sin que algún siniestro paso Pueda su flota ofender. ¡Cómo van gritando España! ¡Oh pacífico alboroto Que mi sobresalto engaña! Siente el buen tiempo el piloto; Bullan con presteza extraña. Por esta cruz de San Juan Y por mi noble hidalguía. Cuyas prendas me honrarán. De enviártela a Turquía Basta, valiente y galán. Solo a despacharte vengo; Mahomat, en cosas mías. Que encargarte un poco tengo. ¿No partes? Si tú me envías Bien ; luego ¿yo te detengo? Solo tu licencia aguardo. Pues quiero que en tu galera Vaya este mozo gallardo. No es maltes, señora. Espera. ¿Guárdasle tú? Yo le guardo. ¿Dónde va? A Malta le envío A un negocio de gran peso. Y ¿quién es? Cautivo mío. Bien está, si gustas de eso. De ello gusto, y del me fío. ¿Quiés que le lleve conmigo? Que contigo vaya quiero. ¿Conmigo a un propio enemigo? Es honrado y caballero, Y a que le sirvas te obligo. De cumplirlo te prometo. Mas no sé cómo ha de ser; Que es enemigo, en efeto. Seguro puedes hacer La empresa que te cometo. Toma este sello real, Dásele a Guzmán. Y cuando algún riesgo veas Muéstrasele al General. Tu gusto como deseas Cumpliré, como leal. Guzmán, esta libertad Te he dado porque me envíes El dueño de mi amistad. Basta que de mí te fíes, Para no hacerte maldad. Esto cumpliré sin falta: Enviarete la cautiva Cuando haya arribado a Malta, Digo, estando en Malta viva. Sale Antonio Ponce, cautivo. Gran miedo me sobresalta: ;Qué puede quererme agora Esta turca vengativa A quien tengo por señora? Pues, Ponce A servirte iba. ¡Santo Dios! De verte llora. Este rapaz va contigo; Enviarásmele después; Que le quiero como amigo. Ponce, ;qués esto que ves.' ¡Oh cruz bella, yo os bendigo! ¡0h encomienda de San Juan! ¡0h reliquia puesta al pecho De un mozo noble y galán! ¡Oh cielo, de nieve hecho. Mis labios os besarán! Humilla la rodilla y bésala. ¿Qué es esto, cruz soberana? ¿Cómo ansí os habéis metido Dentro la Casa otomana? En mi defensa ha venido. ¡Oh noble sangre cristiana! ¡Oh famosa religión Con la cruz de Dios honrada! Si algunas mis prendas son, Yo os traeré depositada Al lado del corazón. Aunque ya estoy satisfecho Que soy hidalgo cristiano Y que os seré de provecho; Que en Malta tengo un hermano, Cruz blanca, que os tiene al pecho. ¿Hermano en Malta? ¿Quién es? No le nombro por su honor; Que si cautivo me ves Y le ves comendador, Tendrasle en poco después. Pero quizás no lo sabe; Que bien sé que no cupiera Tal descuido en ser tan grave. ¡Oblígasme a que te quiera! ¡Anímasme a que te alabe! Embárquense con secreto, No causen alteración. Lo posible te prometo. Voyte cobrando afición. Voyte teniendo respeto. En fin. Sultana, ¿me envías Y dejo a mi padre? Sí. ¿Volveré presto? En seis días. ¿Qué hará mi padre sin mí? Lo que tú sin él harías. Qué, ¿padre tienes cautivo? ¡Padre tengo y voy sin él! ¡Mira qué tormento esquivo! ¿No iré a despedirme de él? Ya no. ¡Cielos, cómo vivo! Ea, Mahomat, entremos, Que quiero ver tu navío. Seguidme. Juntos iremos. ¿Adónde estás, padre mío? ¡Ven, porque nos apartemos! ¡Ven, y pues forzosas son Mis tristezas y tu pena, Darasme tu bendición! Sale Luis Ponce, viejo cautivo. ¡No me detengas, cadena, Siquiera en esta ocasión; Que voy buscando a aquel hijo Para decirle mi mal! ¡Oh padre! ¡Oh mi regocijo! ¿Cómo en coyuntura tal.? ¿Quién de mi partida os dijo? ¡Vengo a darte mil abrazos, Que me voy, hijo, y te dejo! ¡Aprieta los tiernos brazos; Pero no, que eres mi espejo Y quizá te haré pedazos! Por remero en la galera Del general Mustafá Me lleva esta gente fiera. ¿Mi padre remando va? Sí voy. ¡Nunca Dios lo quiera! Yo iré en el remo por vos. Que soy muchacho y más fuerte. Yo remaré por los dos. Tú no, que no quiero verte Desirviendo al Rey y a Dios. Ya que desdicha me falta, Que trabajo no me altera. Pues voy en la mar más alta Dando priesa a la galera Que va contra Dios a Malta. Adiós, hijo. Padre amado, A Malta voy. ¿Tú? ¿Con quién? ¿Con quién? Con este soldado. ¡Oh cruz santa de mi bien. Tusón del Crucificado! ¡Oh hidalga caballería Que con cruz blanca os armáis! Pero si no es demasía, Cruz divina, ¿cómo estáis En la ciudad de Turquía? Mas ¡oh hombre mal mirado! ¡Estoy yo fuera de mí! Perdonad, señor cruzado. Que, por mi fe, que aunque os vi. No os he hablado de turbado. ¿Hay compasión semejante Como la de aquestos dos? ¿Qué humano hay que no se espante? ¡Deos la libertad mi Dios, Pues solo Dios es bastante! ¿Vos vais con los prisioneros? ¡Oh canas mal respetadas! ¿Y ansí os llevan estos fieros? ¡Las fuerzas tengo quebradas De lastimado de veros! ¿Sois acaso embajador Del gran Maestre? Cautivo Fui de Mustafá, en rigor, Y ya voy libre. Recibo Gusto, porque os debo amor; Que de vuestra religión Tengo un hijo, aunque hijo ingrato, Pues me deja en la prisión. Mas ¡ay, sin razón le trato! ¿Mas qué hablo con pasión? Que bien sé que no ha sabido De este mi suceso incierto Que entre turcos he tenido, Antes me tendrá por muerto, Porque aún no me ha conocido. De siete años le dejé Cuando con este, de cuatro. En cautividad entré. ¡Gran tragedia! En el teatro Se recita de mi fe. ¡A embarcar, a embarcar, hola! La confusa grita suena. Y bárbara tabaola. Voy a ejercitar mi pena. ¡Vamos, vejez, triste y sola! ¡Andad al mar, gente fiera! ¡Ea, Guzmán, a embarcar! Ven, Antonio. Yo iré; espera. Vámonos a acomodar Los dos a nuestra galera. ¡Padre, que nos apartamos! ¡Sí, mi hijo, aunque no quieras, Hasta que allá nos veamos En diferentes galeras! Padre, que me voy. Y vamos, Y algún consuelo recibo En ver que en esta jornada Tengo de gozarte vivo. ¡Perro, que parte la armada! ¡Pobre vida de cautivo! JORNADA SEGUNDA.

JORNADA SEGUNDA

Gente adonde resplandece La nobleza de esta tierra. Si el Turco, como se ofrece, Viene a Malta a darnos guerra, ¿Qué hemos de hacer? ¿Qué os parece? Acometer, hacer cara, Aunque el mundo todo venga, Pues que San Juan nos ampara; Venga el Turco, Turquía venga. Y cójanos cara a cara. Venga el bravo Solimán Si quiere ver cómo doma Su arrogancia el buen San Juan, Que sufre mal de Mahoma Las plegarias que le dan. De mi parecer, señor. Morir peleando o vencer. No abatir nuestro valor Ni dar muestras de temer; Que Dios nos dará favor. Reverendísimo amparo De la religión de Malta, Gran Maestre de San Juan, Honrado con la cruz blanca, Ya que por cierto sabemos Que la ignominiosa armada Del Turco busca tus cruces. No con designio de honrarlas. Soy de parecer que al punto De la noble Malta salgan Viejos, niños y mujeres, Que no son para las armas, Los cuales, en tus galeras Para Sicilia se vayan. Que, fuera de que no ayudan. El mantenimiento gastan; Y que vaya frey Juanegio, Capitán de nuestra casa, Con cuatro o cinco galeras Que llenas de trigo traiga; Que se guarnezca Santelmo Porque el Turco no le bata, Que para sus pretensiones. Es lo de más importancia; Que el comendador Torrellas Con cien mosqueteros vaya Al puerto de Nigroponte A reconocer la armada, Y con la nueva que hubiere Nos dé aviso y vuelva a Malta, Donde estemos prevenidos De las postas necesarias, Y que Vuestra Señoría Reverendísima, haga Guardar el fuerte Santángel, Donde haya contino guarda, Y que desde la marina Con alguna plataforma Se fortifique el estrecho. Desde el muelle hasta la cava; Que se haga allí una puente Con cadenas dentro el agua, Para quebrar los navíos De aquella enemiga armada, Que sirva de detenerlos Porque no lleguen a Malta, Y porque el artillería Desde afuera los combata, Porque por la mar no pueden Hacer a un tiempo batalla; Y haciéndose aquesto ansí, Estará Malta guardada; Y que socorra a Santelmo El bailío Juan de Guaras, Frey Juan Golona, francés, Frey Gil, prior de campaña, Frey Francisco, de Medina, Frey Lorenzo, de Simancas; Frey Lope, de Tordesillas, Y Paz Luz, de Salamanca. Y finalmente, que todos, A fuerza de finas armas, Muramos por nuestras cruces Y defendamos la patria. Tu fiel parecer acepto, Como lo dices se haga ¡Ea, amigos, muera el Turco Por la religión de Malta! Ánimo, fieles cruzados, Todos se apresten al arma, Vertamos por Cristo sangre Y defendamos a España. Si los ojos no engañan al deseo, La infiel armada turca salta en tierra; Sus medias lunas y turbantes veo. ¡San Juan, San Juan, Santelmo, guerra, guerra! Comendador, aquí la vida empleo Honradamente, entre esta chusma perra; Hoy doy noticia del esfuerzo mío. Con vos pienso morir, señor Bailío. Vamos a apercibir nuestros soldados. Que estos perjuros batirán el fuerte. ¡Ea, cristianos con la cruz armados. Santelmo viva y démosles la muerte! ¡Comendadores de San Juan honrados. Si alguno duerme, con mi voz despierte, Que la armada del Turco toma tierra! ¡San Juan, San Juan, Santelmo, guerra, guerra! Aguas del mar, hoy os dejo Para poner guerra a Malta; Salten los de mi consejo. Que si hoy Santelmo se asalta, Hoy por del Turco le dejo. Apriesa pisad la tierra. Turcos, pues nadie os estorba. ¡Solimán, Mahoma, guerra, Caiga el fuerte, y el mar sorba A los cruzados que encierra! Este es Santelmo, en que están No pocos cruzados de estos Que se llaman de San Juan: ¡Mueran o dejen los puestos! Morirán si no se dan. Tanto me has ocasionado. Que quiero darte a entender Que das en camino errado, Que nos hemos de perder Con aquesa orden que has dado. Pero en ella no consiento. De mi voto a Malta voy. Que el tuyo es mal pensamiento; A Malta acometo hoy. No me rijo por tu intento. Consideras mal el daño Que haces en acometer A Santelmo: [caso extraño! Quiéreste echar a perder. Pues das en confuso engaño. La orden que yo aquí diere Tienen todos de guardar. Por que el que no me siguiere. Público le haré colgar, Y sea el turco quien fuere. Pialí yo para esta guerra Soy por tierra General, Yo quiero mandar por tierra. Yo ordeno bien. Antes mal: Toda la empresa se yerra. Que si en Santelmo gastamos La munición que traemos, Flacos para Malta vamos, Y cuando a Malta lleguemos, En grande peligro estamos. No te metas, General, En hacer tal desafuero. Por donde te venga mal; Bátase Malta primero Si te precias de leal. Santelmo se está ganado Si estas fuerzas principales Batimos con gran cuidado. Guerra con dos generales No viene el fin acertado; Yo sé muy bien lo que digo. Aprueba aqueste consejo Si quisieres ser mi amigo; Que soy en industrias viejo, Y tú bisoño conmigo. El traidor que aquí aprobare Tu orden, tan mal regida. Muera, si no le quemare; Y así, el que quisiere vida Apruebe lo que intentare. Pialí tiene de mandar Por mar y tierra. Eso no; Por mar puede gobernar, Que Mustafá es vivo, y yo ¿Qué tú? Lo puedo estorbar, ¿Hay quien esto contradiga? Pudiera decir que sí. El leal su intento siga. Pues yo le repruebo. Di, ¿Quiés que se pierda esta liga? Bátase Santelmo. Bata. Bátase Malta la vieja Y San Miguel se combata; Que en lo que Pialí aconseja. De pies y manos nos ata. ¡Que siendo noble y leal. El Gran Turco no me hiciera Por tierra y mar General! Si ello va de esa manera, Pialí envidioso va mal. Yo os tengo de conformar: Mustafá, deja a Pialí, Déjale el combate dar, Dejarate en Malta a ti Todo el campo gobernar. Si él perdiere la victoria, Eso quedará a su cargo. Afeminando su historia; Haz por mí lo que te encargo. Perderemos premio y gloria En Malta, si esto consiento; Que gasta la munición Sin tiempo ni fundamento. Y esta no es buena ocasión. Dame en aquesto contento. Por rogarlo tú me amanso; Mas cree que este combate, Por cuya ocasión me canso. Es un loco disparate; Y pelead, que yo descanso; Perderemos el armada Turca y la reputación En tantos años ganada. Yo mando en esta ocasión. ¡Carga el fuerte! Es traza errada. Pero, pues, por tu interés Ordenas la guerra, ordena, Y perderemos los tres Nuestra reputación buena Y las cabezas después; Si hubiere algún mal suceso. Turco no sagaz en guerras. Gobernador por la mar De navíos y galeras; Si acaso a Turquía volvieres, Que plega Alá que no sea Vencido y desbaratado, Hollada nuestra bandera; Si pensando ir con victoria. Como Solimán espera, Y por tu culpa cortare La tuya y nuestras cabezas; Si hiciere mil desafueros. Será justa aquesta pena; De mí no te quejarás Entonces, de ti te queja, Que yo haré como quien hice; Solimán sabrá esta nueva, Y si venciere el Maestre, Eso quedará a tu cuenta. Si gastas la munición Que para Malta se lleva, Y aquí mueren los jinetes, ¿Quién en Malta ha de hacer guerra? Que si toda la más gente Queda en esta ocasión muerta, ¿No consideras que en todo La traza y orden se yerra? Y si tú, por ganar fama. Con ese gusto te ciegas, Perderase fácilmente Esta deseada empresa; Perderase aquesta armada. Que tanto al Gran Turco cuesta, Y perderemos la honra, Que es harta infamia perderla. De tu consejo me salgo; El que quisiere acometa, Que yo serviré a mi Rey Peleando por la tierra; Sucédate bien o mal, Que no espero que bien sea, Que en Malta será al revés, Si no hay con qué acometerla. Y ¡por vida del Gran Turco, Pialí, que solo me pesa, No de no alcanzar victoria. Sino solo de que venga Mi persona a aquesta armada; Que cuando yo no viniera, Solimán no me dejara, Que lo estimo por afrenta! Yo sirvo al Rey como bueno, Y el que lo contrario sienta. Mentirá como villano; Y pelead, yo quedo en tierra. Dese el asalto primero, Dragut, por aquesta parte. ¡Ah, fuerte Mahomat fiero, Tiende el bélico estandarte! ¡Ea, Dragut, fuerte guerrero. Acomete a la muralla! ¡Turquía! ¡Turquía! ¡Solimán! Empiécese la batalla. ¡España, Malta, San Juan! ¡Muera la infame canalla! ¡Solimán! ¡Turquía! ¡Turquía! ¡Caiga el muro en poca pieza! ¡Flor de Malta, hoy es el día Digno de vuestra nobleza Y de vuestra valentía! ¡Oh, cruzados valerosos. Mirad que estáis con Guzmán! ¡Animo, hidalgos famosos, Religiosos de San Juan Honrados y venturosos; Que por divino misterio Me hallo de vuestra parte, Libre ya de cautiverio! ¡Levantad el estandarte. Quede el otro en vituperio! ¡Mirad que arriman escalas! ¡Apriesa el artillería! ¡Caigan picas, caigan balas! ¡San Juan y Malta! ¡Turquía! ¡Hoy, Mahomat, te señalas! ¡Basta! Toca a retirar. Que es gran resistencia esta. El General por la mar. Turcos, mucha sangre os cuesta. No tenemos que esperar; Seguidme: por este lado Más flaco daré otro asalto; Mirad que quedo enojado; Si veis que subo a lo alto. Subid, que el fuerte es ganado. En parte me holgaría Que este traidor se perdiese En aquesta batería. Aquí está. ¿Qué pliego es ése? A Malta con él me envía Un cautivo de estos fieros. Diciendo que por llevarle Darían muchos dineros; Pero yo a manifestarle Vengo Muestra. ¡Oh prisioneros! ¡Qué de engaños nos buscáis! ¡Qué de cautelas tenéis! ¡Qué de medios procuráis! ¡Qué de traiciones que hacéis, Y qué pocas nos pagáis! Aunque está por la victoria. Que espero que ha de quedar En todo el mundo notoria. ¿Quién es él? Vele a llamar. Voy. Rebelarse es su gloria; Veamos a quién escribe. ¡Al Gran Maestre! Yo muera, Si el traidor dos horas vive. ¿Qué dice? «En el cielo espera, Y aqueste aviso recibe. » Estos perros traen de guerra Solos quince mil, y de ellos Los diez mil están en tierra; Que te aseguro el vencerlos Si en el orden no se yerra. »No traen mucha munición, Y ésa, en Santelmo se gasta, Y aunque con contradicción De Mustafá, se contrasta Con poca resolución. »Traen ochenta mil pelotas De hierro de todas suertes, Tres mil picas, dos mil cotas, Pocos tiros, y no fuertes, Pocas naves, y ésas, rotas. »Traen veinte mil quintales De pólvora, y aunque tienen Muchos turcos principales, Son vencidos, porque vienen Disformes los generales. No dice mal este esclavo . Sangre el punto ha conocido De nuestra discordia brava, Por que el reino, dividido Entre sí mismo, se acaba. ¿Qué dice más? «Prometí A ese turco que esa lleva, Cien doblas; dénsele ahí, Y adiós. > Ya yo sé esta nueva, Que no es nueva para mí, Y el traidor que la escribía Tendrá el premio que conviene. ¡Anda, perro! Hoy es el día De mi honrosa muerte. ¿Viene.? Bien vengas, traidor espía; En fin, qué, ¿de mi real Escribes la relación? No te espantes. General, Que vuelvo por mi nación. Como hidalgo y principal; He sabido que espantada Está Malta, y escribía Tu fuerza, que es moderada. ¿Tan poca es la fuerza mía? Poca; no hay para una espada Del hábito de San Juan. ¡En gran punto las tenéis! ¿Sabes en qué punto están? Que vencerán solas seis El poder de Solimán. Si no, ponte por juez; Que el que su sangre promete Por su cruz, es de jaez. Que solo a cinco acomete Y no ha de huir de diez. Pues, según eso, tu aviso Poco necesario fue, Y tú morir es preciso. Poco importa; moriré. Ahórquenle de un aliso; Y quien le quitare del Pase por la misma pena. Vamos, General cruel; Que la muerte solo es buena Al que muere como fiel. ¡Ea, famoso Bailío, Mire a quién es cada uno. Imitad al valor mío! ¡San Juan, no desmaye uno; Pelead con nuevo brío, Y no aquesta multitud De moros os cause espanto; Pelead, que es gran virtud! ¡Oh San Juan! ¡Oh Patrón santo. Nuestro remedio y salud! ¡Ea, que suben por la torre Y la resistencia cesa! ¡Monserrate, al cubo corre; Que hoy perdemos esta empresa Si Cristo no nos socorre! ¡Oh valeroso Guzmán! Que ya nuestras cruces blancas Al Turco temiendo van; Hoy quedan, como en Simancas, Vencidas de Solimán! ¡Oh vidas bien ofrecidas! ¡Oh espadas bien empleadas Entre tantos homicidas! ¡Oh fuerzas nunca domadas, Hasta hoy jamás vencidas! ¡Oh torre, amparo y defensa De la religiosa Malta, Que te vas perdiendo piensa, Pues que vas cayendo en falta, Que es la del contrario inmensa! Desmayando vais, cruzados; Apriesa se dé el combate. Que los más van desmayados. Es bárbaro disparate; Que somos pocos y honrados. Si ahora no os dais, prometo Que os tengo de degollar. Aunque estamos en aprieto. Muy caro os han de costar Nuestras vidas, en efeto. ¿Que no salís a partido? ¡Qué partidos inhumanos! ¡Caiga el fuerte! ¡Descreídos, Esos intentos son vanos. Como hasta aquí lo han sido! Que aunque estamos pocos, somos. En el valor sin igual. De honrados humos y tomos. ¿Cómo? Daremos señal Con nuevos bríos y comos. ¡Ea, acometed apriesa! ¡Solimán! ¡Turquía! ¡Turquía! ¡Mirad lo que se interesa; Apriesa la batería; Tirad la bombarda gruesa! ¡Oh Comendadores santos, Mártires seréis desde hoy. Porque los moros son tantos. Que entiendo que estáis y estoy Cercado de mil espantos! ¡Ea, nobles religiosos Y castos Comendadores, Que habéis sido muy famosos, Y aunque no sois vencedores. Creed que sois victoriosos. Victoriosos sois y honrados. Pues que ya en el cielo os dan El premio. ¡Oh buenos soldados, A quien el bendito Juan Llamará fieles cruzados! Pero ¿cómo me divierto. Que me cercan poco a poco? ¿Cómo no me juzgo muerto? ¡Oh Guzmán! ¡Oh Guzmán loco. Loco al fin, bien loco, cierto! Prometistes a Sultana Enviarle a Celinda mora: Ella fue promesa vana. Que mal cumpliréis ahora Con la princesa otomana. De aquí me quiero arrojar Para contar el suceso Al Maestre; echome al mar; Que si este paso atravieso, Sin duda podré llegar. ¡Perros, no me cogeréis! ¡Valedme, San Juan divino, Porque si vos me valéis. Haré por el mar camino: Echome, vos me guieis! A pesar de Mustafá, Es nuestro Santelmo. ¡Cielo, Notable pena me d! ¡Caiga esa cruz por el suelo Y nuestra insignia plantá! Con favor de la fortuna, Que ha sido de nuestra parte, Fijo en aquesta coluna El victorioso estandarte Y nuestra felice luna. Degüéllense los caudillos Que este fuerte defendían. Perdón piden. . , No hay oírlos. Juan, las almas que te envían. Sal del cielo a recibillos. ¡Victoria griten, victoria, Y llámese de Pialí Este fuerte en su memoria, Bajan abajo, donde está Mustafá. Vencedor soy, no por ti, Ni de Mustafá es la gloria; Y si a obedecer no empiezas. Aunque la armada destruya, A pesar de tus bravezas, Pondré, Mustafá, la tuya Con aquellas dos cabezas. Basta lo que has desflemado; En los cruzados, no en mí, Quieras ser aventajado, Pues sabes que soy aquí Por tu superior nombrado, Y ansí, procura mandar; En la guerra que se ofrece Harete vivo quemar, Que más castigo merece Quien excede el gobernar. Vosotros, turcos, no fieles. Que seguisteis su opinión Contra mi gusto, crueles. No os castigo, aunque es traición, Por bisoños y noveles. Porque alcanzasteis victoria A costa de Berbería Y su perdición notoria, Pero creed que algún día Tendré de aquesto memoria. Sabe Alá cuánto me pesa No de verte victorioso Y con tan honrosa empresa, Que no es hecho tan famoso Ni es tan brava hazaña ésa; Pero ¿qué ha de suceder? ¡Por este asalto primero Venirse el campo a perder! ¿Qué bárbaro consejero Fue el que te pudo mover? Esa munición que resta, Si es tan poca, es bien se gaste Contra Malta, en armas puesta; Prosigue tú que empezaste, Y verás lo que te cuesta. Solo esa soberbia falta Para acabar de perderte. Vuela mi fama muy alta. ¡Ya queda por nuestro el fuerte! ¡Muera el Gran Maestre en Malta! Para que me vean llorar Mis cruces, levanto el yelmo. ¡Oh mi perdido Santelmo! ¿Cuándo OS volveré a cobrar? Las banderas de la muerte Veo plantadas en vos: ¡San Juan, amado de Dios, Perdido habéis vuestro fuerte! ¿Quién me dará relación De esta pérdida cruel? ¡Oh sangre justa de Abel, Vertida contra razón! Un hombre en el agua viene Peleando con la muerte: Si no se arrojó del fuerte. Algún gran misterio tiene. Quiero bajarme a la orilla Para entenderle mejor. Cansado Comendador, Vivo sois por maravilla. Ya piso vuestras arenas, Malta, madre piadosa; Malta, que fuistes famosa, Y ahora sois madre de penas. ¿Con qué famosas proezas. Maestre honrado, os vengo a ver, Si se acaba de romper Santelmo con gruesas piezas? ¡Ah, Maestre de San Juan, Ven a ver, si no es locura, Tu desdicha, y desventura De don Diego de Guzmán! Sale el Maestre. ¿Qué es esto, noble don Diego? ¿Qué venida es esta ansí? Diré, pues vengo ante ti, Mi suceso. Eso te ruego. Dentro en una carabela Me metí por ese mar; Cautiváronme; entreguela Cansado de pelear, Roto el timón y la vela. Diez barcas me acometieron; Peleé hasta que gasté La munición, y murieron Diez cruzados de la fe, Y a mí solo me prendieron; Pero testigo es mi espada Si ella puesta en estas manos En la enemiga celada. Si con sangre de paganos No quedó bien esmaltada. Á cuarenta y seis di muerte, Y al fin me entregué a prisión; Bien se aventuró mi suerte. Siempre os tuve en opinión De valeroso y de fuerte. Mas ¿cómo, estando en Turquía Cautivo, en esta batalla Te hallaste. Fue suerte mía. Vine con esa canalla Seguro de noche y día; Acá me envió Sultana, Por lo que después sabrás, Con libertad. ¿Esa insana? El suceso me dirás De esa tigre. Hallela humana, Y mandó, de amor rendida, Que a lo español me vistiese, Y de mi desdén corrida. Trocó el intento en que hiciese Una cosa, por su vida: Que, dándome libertad. Una mora le entregase. Cautiva en esta ciudad, Y que cumplirlo jurase A ley de mi cristiandad. Y, en fin, hijo, ¿te has hallado En Santelmo? Allí me hallé. Dime, pues, lo que ha pasado. Apenas hablar podré. Dilo en suma. Va abreviado. Cuatro mil turcos de guerra. Escogidos en la armada. Armados con armas dobles, Que algunos doblan las armas, Unos cargados de acero, Y otros cargados de escalas. Que para hacernos daño Los más honrados se cargan, Rodearon a Santeano, En cuyo presidio estaba De Nigroponte el Bailío, Monserrat, Miranda y Guaras. Jugose el artillería, Los arcabuces disparan, Tiran piedras de los muros, Vuelan flechas, mimbran astas; Fuego de artificio arrojan, Rompen cotas, yelmos calan; Unos se arden, otros mueren ; Unos caen, otros reparan; Unos escalas arriman. Otros suben las escalas, Y en llegando a las almenas, Almenas y turcos bajan. El valeroso Bailío Sobre los contrarios carga; Llueven pelotas del fuerte; Con sangre el muro se mancha; Menean con furia inmensa Picas, chuzos, alabardas, Caramuzas, espantones. Alfanjes y cimitarras; Los unos guardando el fuerte, Los otros dando las guardas; Aquestos arriba mueren, Estotros muriendo bajan. «¡Solimán!», gritan los unos; «¡Santiago!», los de Malta; «¡San Juan!», los Comendadores; Los bajaes, «¡A esta farla!» Cuando, cansados los nuestros, o nuestra dicha cansada. En la defensa enflaquecen Casi seis horas pasadas, Suben los turcos arriba Cubiertos de sus adargas, Y los de las blancas cruces Los hieren y los maltratan. Corre la turquesca sangre Mezclada con la cristiana. Que en semejantes desdichas Lo más contrario se abraza. Llegó volando la hora En que habían de dar sus almas En aquel asalto triste Treinta y siete cruces blancas. Suben arriba los moros, Derriban, hieren, maltratan; El sitio les desocupan, Sobre los muros se arraigan, Y quitando la bandera Que por San Juan tremolaba, Se viene al suelo, y la suya Con grita y trompetas plantan. No quedó sargento a vida, Alférez, cabo de escuadra, Capitán, soldado, todos Mueren, ninguno se escapa. Sin sangre los cuerpos vuelan, Sin hebilleta las armas. Sin remedio las heridas. Las vidas sin esperanza. Yo, que para mayor pena Quedé vivo, écheme al agua; Nadé, canseme, atrevime Solo para ver tus canas. Esto ha pasado en Santelmo, Perdiose; guarda tu casa; Que los turcos victoriosos Se vienen entrando en Malta. Y si algún premio merezco, Porque cumpla mi palabra, Dame a Celinda, enviarela; Que prometí de enviarla. Verdaderamente creo Que por mis pecados son Estas desdichas que veo. Pues se dirá, y con razón. Que mal mis canas empleo. ¡Santo Dios! Suceso tal, ¿Cómo, Señor, le reciben Malta y su fuerte real? ¿Qué pecado fue si viven Mis Comendadores mal? Aunque ninguno ha plantado Cruz al pecho sin que venga Confesado y comulgado, Y sin que primero tenga Certeza de que es honrado. Mas no hay que esperar. Señor, En ningún socorro humano; Yo me regiré mejor, Y así, en vuestra santa mano Pongo todo mi favor; Que despaché a don García Creyendo que él solo en Malta Favorecerme podría; Confieso, Señor, mi falta, Y la lloraré algún día. Y en lo que a Celinda toca, De volvérsela a Sultana Tendrás confianza poca. ¿Por qué, Maestre? ¡Es cristiana! ¡Oh loco! ¡Oh promesa loca! Mira, señor, que juré Por aquesta insignia honrosa, Y mi palabra empeñé, Y que es de cumplir forzosa La promesa de la fe. Importa a la religión No desamparar a Malta, Y más en esta ocasión. ¿Quieres que dé en tanta falta El valor de mi opinión? ¡Quedar infame un cruzado Con tu hacienda mantenido. Con aquesta cruz honrado. Que quede por fementido Y que infame ande a tu lado! Por infame quedaré . No cumpliendo, si ofrecí, Y mal me acreditaré. Importa morir aquí. Esto importa y esto es fe. Mire Vuestra Señoría Sopeña de inobediencia Le mando callar. El día Que perdiere la obediencia Perderé mi hidalguía. Suena dentro música de chirimías. ¿Cómo o quién hace alegrías En tan infelices horas Y en tan lamentables días? ¿Qué es esto, Malta, ansí lloras Con trompas y chirimías? Hacia esta parte endereza, Venga quien mi mal aumente; Que en música la tristeza Más se llora y más se siente. Muerte, ¡a sepultarme empieza! ¿Qué es esto. Comendadores? ¿Es el tiempo ocasionado Para galas y primores? Hay un nuevo bautizado. Pues haced fiestas mayores; Que esa conversión dichosa Será posible que rinda De Dios la ira enojosa. Pero ¿quién es? Es Celinda. Yo soy. ¡Oh Celinda hermosa! Ya os he dicho que la palma Entre las damas lleváis, Mas hoy las quedáis en calma. Que sois cristiana y estáis Hermosa en cuerpo y en alma. ¿Qué nombre tenéis. María. Nombre de gran excelencia; Vivid en mi compañía. Antes quiero tu licencia Para volver a Turquía. A Turquía, ¿para qué? Para ser mártir allí Predicando nuestra fe. Mi palabra cumplo ansí. Esa licencia os daré; Que tan cristiano deseo No es justo que yo le impida. La muerte a los ojos veo, Pero no estimo la vida; Bien la gasto y bien la empleo. Veré a Sultana, y con ella Trataré su salvación. Importa a mi honra el vella. Él ha tenido afición, Y quiero al cielo traerla. Guzmán, llevadla a la armada, Y a quien ella más os pida La dejad encomendada. Partí luego. Mi partida En el alma es deseada. Así cumpliré mi oferta Prometida a la Sultana; Viva la vuelvo y no muerta. Vamos, famosa cristiana. Que al martirio vas muy cierta. Parece que desampara La armada turca a Santelmo, Porque pieza no dispara. ¡Al arma! Poneos el yelmo. Que vienen ya cara a cara. Voces suenan, gritos dan. «¡Guerra! ¡Guerra! ¡Turquía!» Estos son los atambores Del perverso Solimán. ¡Al arma. Comendadores! ¡Viva mi patrón San Juan! Verdes alisos altos, Lugar acomodado a llorar penas, Monte de sobresaltos. Selvas frondosas, de tristezas llenas, Hoy tenéis encubierto Un corazón con pesadumbre muerto. Mis más floridos años. Sin gusto y libertad pasé cautivo. Llorando muchos daños. Muerto a los gustos y a las penas vivo, Mi padre lamentando, Viéndole a una galera estar remando. Yo muero por hallarle. Que tan buen padre me lastima ausente, Y no reverenciarle. Crueldades son de hijo inobediente; Hoy le veré, aunque muera. Entre turcos remando su galera. Aparece Luis Ponce ahorcado en un aliso, y Nuestra Señora en la cogolla de él. Antonio, considera Este árbol por divinas maravillas, Y, cual tu padre, espera; Espera tú, que a ti y a él dos sillas El cielo os apercibe; Que, aunque al parecer muerto, por mí vive. Para mayor tormento. Su vida he reservado, y mayor gloria. Recibe, hijo, contento. Que el cielo os tiene puestos en memoria, Y hoy vence a su homicida. Pues detengo las riendas de su vida. ¡Visión maravillosa, Llorosa crueldad y alegre aliso! ¡Oh planta misteriosa. El árbol seréis hoy del Paraíso, Pues vuestro ramo vierte La fruta de la vida y de la muerte! Y yo, el Adán segundo Seré, que a la manzana aficionado Más hermosa del mundo, Del sentimiento triste enajenado. Do veo la pena esquiva Del fruto muerto con la fruta viva. ¿Qué es esto. Virgen Santa? Fuente de amor, purísima Señora, ¿Qué mereció esta planta Que habéis venido a remediar ahora. Para que lleve a un punto La misma vida y muerte misma junto? Nunca jamás vio el suelo En una planta tan contrario fruto; Vos el gusto del cielo, Mi padre muerto, de la tierra el luto, y todo en una rama: Milagros nuevos cantará la fama. Grande amor has descubierto; Esto verá el homicida. Tu padre vive. Es muy cierto. Pues vos sois la misma vida Y estáis con él, que no es muerto. Alarga, Antonio, tu brazo; Que mi ayuda te daré Para que cortes el lazo. Muy alto está; no podré Aun solo darle un abrazo. Desata, Ponce. ¡Oh grandeza, Jamás en el mundo oídal ¡Padre y señor! Hoy empieza Con nuevo curso mi vida, Contra el de naturaleza. ¿Quién me ha defendido? Desaparece la Virgen. Aquella Madre de los afligidos; Alzad los ojos a vella. ¡Oh triste! ¡Oh bienes perdidos! Árbol dichoso, ¿qué es della? Fuese, padre, y dejó obscuro El mundo, y el sol con luto. ¿A quién procuras? Procuro, Padre, en el aliso el fruto, Siempre verde y siempre puro; Pero abrazadme, y después Sabréis lo que ha sucedido. Solos venimos los tres; Ya a Malta he reconocido. ¿Es mucho? Mucho no es. Bien está el campo plantado, Porque aquella montañuela, Por lo menos, guarda un lado. ¿Quién va? ¿Quién vive? Quien vela. Pues ¿no te dejé colgado? Sí; pero yo le quité. Moriréis juntos agora. Muy contento moriré; Dejadnos morir. Señora, Pues morimos por la fe. Yo no sentiré la muerte Si vamos acompañados. Contento moriré en verte. Pues moriréis apartados. ¡Brava pena! ¡Triste suerte! Abrázame, pues me hace Mi dicha apartar de ti. ¡Desviadlo, no le abrace! ¿Tan gran crueldad reina en ti? De tus falsedades nace. ¡Adiós, hijo! ¡Padre amado, No he de morir hasta hallarme De aquesos hombros colgado! ¿Díceslo por consolarme? Buscareos despedazado. ¿Prométeslo? Y cumplirelo. Pues voy esperando verte. Adiós. No llevéis recelo; Que el lugar de vuestra muerte Me llevará al mismo cielo. La paciencia con que mueren Estos, suspende y admira. Sufre cuanto mal te hicieren. Ejecútese mi ira; Otra clemencia no esperen. Aqueste es el General; No te dé temor, señora, Su braveza sin igual; Que el alma que a Cristo adora No teme peligro tal. ¿No es este Comendador? Nunca escondí mi cruz blanca Por vergüenza ni temor. ¡De esa cimitarra arranca, Y muera! ¡Date, traidor! ¿En tal ocasión se emplea Mi espada, turcos guerreros? ¡Calla! Esa braveza es fea; Que con tales caballeros Es mi derecha pelea. ¡Prendedle! Nadie le toque Hasta que este anillo vea. ¿Conoceisle? Ya mi estoque En buena ocasión se emplea, General, ¿quiés que le apoque? Mirad su defensa. ¿El sello De la hermosa Sultana Es este? Ya contra ello Tu mucha cólera allana. No te ofendo en un cabello. Esta, Mustafá, es la prima De Sultana, hermosa estrella Que tanto quiere y estima. ¿Qué es esto, Celinda bella? El verte ansí me lastima. ¿Es ése el cendal turquí Que adornaba tu cabeza? ¿Qué es del trozo carmesí Que a tu imagen de belleza Prestó el santo Alá, que vi? ¿Qué es de aquel brocado honroso Que tu persona adornaba? ¿Qué es del zafiro famoso En que el Turco se miraba. Más que el mismo sol hermoso? ¿Es aquesta la figura De la mora más hermosa Que ha visto jamás criatura? ¿Eres tú aquella preciosa Lámina de hermosura, Aquella que oro pisaba. La que perlas se vestía Y la que Sultana amaba, La aurora del alba fría Que el Gran Turco regalaba? ¿Qué habito es ése? El que adoro, Y el que ya no trocaría Por toda el Arabia de oro. ¿Cómo, Celinda? María Soy ya, que este nombre adoro. Cristiana debes de ser. Cristiana, gracias al cielo. ¡Oh temeraria mujer! Échala en el mar. Apelo; General, no puede ser. Que al sello estás obligado Y mando de la Princesa. |Muy mucho sabes, cruzado! Dices bien; mucho me pesa De que me sientas atado. Viva la ha de ver Sultana. Pues embárquenla. Sea ansí. Embárquese esa cristiana En la barca de Pialí. Queda adiós, gente pagana. JORNADA TERCERA.

JORNADA TERCERA

Toda la costa he corrido Con una sola barquilla, Y el puerto, de orilla a orilla. Seguro y reconocido. Haréis mi seña sin miedo. Pues no hay galera que impida La deseada venida De don García de Toledo. Retirada está sin falta La armada infiel de Turquía. ¡Viva el virrey don García, Y llegue el socorro a Malta! ¿Qué dices, don Pedro? Digo Que hay mucha seguridad: La gente desembarcad Segura del enemigo; No hay para qué dilatarlo; Que una legua de distrito Se oye del cómitre el pito Y la ronca voz del gallo. Tampoco hay farol que alumbre. Haremos un desconcierto Notable, si los han muerto, Que es entre turcos costumbre. Perplejo estoy. No hay de qué. Pues habemos rodeado El puerto desocupado, Sin que en él galera esté. Haz el fuego, Pedro santo; Defended en vuestro día . La armada de don García, Que hoy toda en Malta la planto; En viendo ese fuego, llega La armada a desembarcar. Si es que aciertan a llegar Con la obscura noche ciega. El fuego está hecho. ¡Malta, Tu socorro está seguro! ¡Oh San Juan, Patrón del muro. Vuestro socorro nos falta! La seña ha hecho la espía. ¡Alto al puerto, y viva España! ¡Ningún atambor se taña! ¡Con silencio, gente mía. Que es la noche muy serena Y oirán cualquier alboroto! ¡No mueva el labio el piloto, Ni el forzado la cadena! ¡Silencio! ¡Silencio! ¡Tierra! ¡Tierra, España, y Malta viva! ¡Cielo! ¿En este punto estaba El suceso de la guerra? ¡Esta es la hora dichosa Que está en el puerto la armada! ¡Ya la tierra deseada Ocupáis, gente famosa! ¡Viva España! ¿Quién lo clama? Don Álvaro, tu soldado. ¡Oh, español fuerte y honrado, Dad los brazos al que os ama! ¡Bien habéis hecho el oficio De espía, que os encargué! ¡Gran Toledo, más haré Como importe a tu servicio! Ea, Malta, hoy es el día De vuestra restauración, Que San Juan, vuestro patrón. Un su devoto os envía. Extrañamente deseo Verter la sangre por vos. Malta, dad gracias a Dios, Pues vuestros puertos poseo. ¡España, España, San Juan, Santiago, el Turco muera! Seguid la Real bandera, Y marchemos donde están. Toca a marchar; mas primero, Don Álvaro, quiero ver Lo que me manda hacer Mi Rey. ¡Noble caballero! Traigo aquí un pliego sellado. Que, por carta y de palabra, Me manda que no le abra Hasta haber desembarcado. Ya lo estoy: ábrele: ¡luces! Llegan los mechones. ¿Qué mandas, real majestad? Prueba mi fidelidad, Que a tu servicio reduces. ¡Mándame que en Malta muera Por Dios, por ella y por ti, Que hoy quiero mostrar aquí Mi nobleza verdadera! Diez años ha que profeso Las armas, y no he hallado Donde haya más deseado Pelear: yo lo confieso. Si esto me mandas hacer. Favor será de los grandes; Mas, cuando otra cosa mandes, Mi gusto es obedecer. < En llegando nuestra armada A Piedranegra segura. Cuando el puerto que procura Goce la gente cansada. Quiero, virrey don García, Que ella se quede, y que vos Os volváis. > ¡Oh, santo Dios! ¡Oh carta, cuánto os temía! «A Sicilia os volveréis, Y hasta que otra cosa os mande, A don Álvaro de Sande El bastón entregaréis. > ¡Oh Reyes! ¡Oh majestad. Contra quien no hay resistencia! ¡Oh rigurosa obediencia, Freno de la voluntad! ¿Tan inútil me ha hallado Mi Rey para pelear? ¡Basta! Vuélveme a embarcar. ¡Adiós, ejército amado! ¡Adiós, Álvaro excelente, Y tomad este bastón; Que de vuestra discreción Fía el Rey toda su gente! El trueco de General A nuestro ejército engaña. A cualquier hombre de España Sois vos en valor igual. Manda el Rey que le reciba; Su mandado se ha de hacer. ¡Ea, don Álvaro, a vencer! ¡Viva el Rey, y Malta viva! Yo me embarco. Venga el día. Que el punto será sin falta. No ha de verme en tierra Malta. Pues, famoso don García, Vuestra Excelencia me mande. Mi deber haré por vos. ¡Ea! ¡Ah del navío! Adiós, Buen don Álvaro de Sande. Poderoso os dejo en tierra; Haced una gran hazaña. ¡Malta! ¡Malta! ¡España! ¡España! ¡Santiago! ¡Guerra! ¡Guerra! Cajas suenan y atabales: ¿Si es el gran Maestre? Sea; Que ya mi vista se emplea En ver sus blancas señales, Que aquella blanca encomienda Y cruz, me parece bien. Bien empicada está en quien Tantos agravios enmienda. Sale el Maestre con D. Diego de Guzmán y los demás Comendadores. ¡Oh ejército venturoso De España, en buen hora estéis! ¿Qué es del General famoso? Famoso no le busquéis; Que el volverse fue forzoso. Tuvo el virrey don García Orden del Rey bien contrario Del deseo que tenía: Volviose; fue necesario. ¡Oh suerte infelice mía, Que aún no me quiso hablar! No, que fue la priesa grande; Pero dejó en su lugar A don Álvaro de Sande, A quien vos podéis mandar; Yo soy, ordenad de mí Y de la gente que rijo. Abrazadme si es ansí; Que os tengo en lugar de hijo Desde el momento que os vi. ¿Qué gente traéis? Bastante Para acabar esta guerra. Pues comiéncese al instante; Que a media legua de tierra Se aloja el Turco arrogante; Al amanecer pretendo Que nuestra gente acometa. ¡Ea, España, entrad venciendo! ¡Muera Mahoma y su seta! La fe santa os encomiendo; Márchese en orden a ellos. ¡España! ¡España! ¡San Juan! Llegar con bien y vencerlos; Que el descuido con que están Bastará a descomponerlos. General, tu gente arranca. Que la desierta campaña Nos dejan los turcos franca. ¡Viva Malta, y entre España En favor de la cruz blanca! «¡España!», gritan los unos, Y los otros, « Santiago!> Con gran furia se acometen, Uno a uno, los dos campos. ¡Ea, famosos españoles, Ea, malteses honrados. Emplead vuestro valor Y mueran esos paganos! ¡Ah, don Álvaro famoso! ¡Oh español, valor y amparo De las cruces de San Juan, Sois otro Cipión romano! ¡Ansí, caballero, noble Sande, valiente soldado! Si son todos como vos. Los turcos verán su daño. ¡Ea, caballeros todos. Ánimo, fieles cruzados. Bien empleáis las espadas. Pues que vais matando tantos! ¡Y vos, Guzmán, fuerte escudo De los ánimos honrados. Pelead, descomponed! ¡Ánimo, valiente hidalgo, Muchos habéis muerto ya! En su sangre estáis bañado; Sois Roldán en Roncesvalles, Y sois un Cid castellano. Pero ¿qué es esto, don Diego? Mirad el Crucificado; No tema quien tantos mata; Esos turcos, aunque cuatro, Son de los más carniceros Que sustenta todo el campo; Pero, esperad, bajaré, Hallareme a vuestro lado. ¡Oh Malta, cuánto me cuestas! Como bueno he peleado Por vos cruz, por vos San Juan, Y ya sin vida he quedado; Ya me aquejan las heridas; Ya la sangre que derramo El ánimo desfallece. ¡Mi Cristo, sed hoy mi amparo! ¡Oh espada bien empleada, Regida por esta mano, Vuestro dueño os deja hoy, Entrad en poder honrado! ¡Oh amigo! ¡Oh noble don Diego! La fama os ha coronado; Agonizáis con la muerte; Mucho hicistes, no me espanto. Estoy, padre, muy herido; Siéntome muy maltratado, Mas estas heridas, padre, Vidas de muchos costaron; Pero a la batalla vuelvo. Que algún aliento he cobrado, Y con el ansia mortal. Haré en los turcos estrago. Del bando de Cristo soy, ¡Valedme, Crucificado! Con ira a los turcos vuelvo Para morir más honrado. ¡Oh, Comendador valiente, Español y buen cristiano. Llore tu tragedia Malta, Haga lastimoso llanto! Después que se fue de aquí Ha muerto cinco paganos; Muchísima sangre vierte; Todos huyen de su brazo. Seis moros le cercan ahora: ¡Animo, noble hidalgo! Ya tiene muertos los tres: Los demás le han maltratado. La rodilla tiene en tierra, Y la una pierna colgando; Ya muere: la espada besa. ¡Dios te ampare, mártir santo! Ya publican la victoria, Y el Turco se ha retirado. ¡Oh valeroso Maestre, César en Malta laureado! Los brazos bajo a pedirte: Poco haré en pedir los brazos, Sino meter en el alma Tus hazañas y hechos raros. Poca defensa tenéis. Antes que estéis embarcados, ¡Oh bárbaros! moriréis; Esperad a los cruzados, Si cautivarlos queréis. ¡No has de embarcar, perro; tente, Que hoy has de morir aquí! Pialí, ¿dónde está tu gente? Echa una barca, Pialí, Que aquí nos matan cruelmente. ¡Echa un pataje, un batel! ¡Vengan dos, con remo y vela. Para entrar en el bajel! ¡Un esquife o carabela! ¡Acaba, turco cruel! ¡Asestadlos! ¡General, De las galeras nos tiran, Podrémoslo pasar mal! Embarcad, pues se retiran. La ventaja es desigual; Retirémonos. ¡Mahoma, A tu pesar tengo vida ¡Perra chusma, el remo toma! ¡Huis, canalla oprimida. De Malta, que os rinde y doma! ¡Huid, perros! Llega al mar. Que aquí al mundo esperaré, Y aun antes del embarcar Llegad, que no os huiré. Si aquí me queréis probar. Pialí, si me hubieras creído Y la comisión cumplieras Como te fue cometido, Con tus naves y galeras. Hoy hubiéramos vencido. Quisiste mandar en tierra. Usurpándome mi cargo; Hiciste, sin tiempo, guerra. Que fue hecho atroz y amargo. Pues con tal fin nos destierra. Las municiones gastaste. Murió en Santelmo gran gente; Confiesa que te engañaste. Que, aunque quedaste valiente. Muy mal lo consideraste. Si quedaras en el mar, Del Gran Turco fuera Malta; Dejárasme gobernar. Y no cayeras en falta, Que es mal que hemos de llorar. Si te hubieras entendido, Ni el socorro en Malta entrara, Ni el campo fuera perdido, Ni Mahoma se quedara Sin su paso defendido. Yo haya mal, porque sufrí Tu orden, tan mal regida Como yo lo colegí: ¡Y no te quité la vida! Mal hice, no me entendí. ¿Qué dices, vil General? Yo he hecho mi oficio bien; Si tú te has regido mal. No culpes, bárbaro, a quien Es valiente y es leal; Que si tú la artillería En tierra hubieras plantado. Turco, como convenía. No volviera aniquilado Nuestro campo a Berbería. Ya no tenemos remedio; Temiendo al Gran Turco voy. Póngase ahora el mejor medio. ¡Derreniego de quien soy! Temed, turcos, este asedio. ¡Oh Mahomat cauteloso! ¡Por Alá, que he de quemar Un tu retrato engañoso! ¡Ea, canalla, a bogar! ¡Alto, cómitre, animoso! Creo que os tiene atazados Este común desconsuelo. ¡Ea, cómitre; a los forzados Desampara el maltes suelo! No revuelvan los cruzados. ¡Victoria, Malta! ¡San Juan, Victoria por tus cruzados. Que llenos de honor están! Los muertos fueron contados. ¿Son muchos? Treinta serán. ¡Treinta solos! Solos treinta. ¿Qué Comendador nos falta? Uno, y no de poca cuenta, Que es Guzmán. No tendrá Malta Pesadumbre que más sienta; Buscarele, y si le pierdo, Perderé un Comendador Honrado, valiente y cuerdo. Humanos, si mi dolor Es digno de vuestro acuerdo; Si lo que un hombre padece Suele enternecer abrojos, En este risco se ofrece Una crueldad que, a mis ojos. Mayor que crueldad parece. ¿Qué es esto? Una voz cansada, De algún cristiano ofendido Por alguna turca espada. ¡Maestre jamás vencido, Cruz blanca jamás domada. Tened alguna memoria De este mi tránsito horrendo, Y doleos, para más gloria. De un hombre que padeciendo Ha visto vuestra victoria. Aquí suena. General; Veamos quién nos vocea. ¡Oh viejo al cielo leal! ¡Oh cruz, en buena hora os vea Acompañando mi mal! ¡Oh gran Maestre, oh soldado Español, nunca vencido: Mirad cuál me habéis hallado! ¡Viéndote estoy sin sentido! ¡Mirándote estoy turbado! ¡Muero en cruz por Mustafá! ¡Mirad qué merced le debo! Dese triunfo que te da. Dichosísimo mancebo. Envidiosa mi alma está. ¿Quién eres? Soy un maltés. EL VALOR DE MALTA. 309 De la Sultana cautivo. Llegaré a besar tus pies. Estoy por milagro vivo Tres días ha. ¿Enteros tres? Y gusto mucho de verte; Que hasta que un bien me hayas hecho Se ha de dilatar mi muerte. Por esta cruz que a mi pecho Honra, anima y hace fuerte. Juro de no te negar Cualquier cosa que me pidas. ¡Oh bondad particular! Ya no siento mis heridas Solo con oírte hablar. Es el caso, que muriendo Está mi padre también, Y solo verle pretendo; Que si mis ojos le ven. Subiré al cielo en muriendo. Busca por esta montaña, Maestre, a mi padre, y di La pena que tengo extraña, Solo porque muero ansí Donde nadie me acompaña. Dile que a Dios he rogado Que hasta que le abrace y vea Sea mi morir dilatado; Que venga aquí, si desea Ver un hijo atormentado. Y si venir no pudiere, Ora en la cruz, o en los brazos, Le traes de adonde estuviere; Que aunque esté hecho pedazos. Me abrazará si me viere. Vé presto ese monte arriba; Que penaré hasta tanto Que en sus brazos me reciba. ¡Oh historia llena de espanto! ¡Oh amor, que de amor cautiva! Volando voy a buscar Esa empresa, y ruego al cielo Que yo la merezca hallar; Y vos, para su consuelo, Os podéis con él quedar. Nadie quede en este puesto; Idle buscando los dos Para que le halléis más presto. Los dos vamos. Id con Dios. Contento quedo con esto, Y muy mucho más robusto; Pero, divino Señor, Si no os ofende este gusto, o si no os cansa este amor, Que no hará, pues es tan justo, ¿Para qué he yo menester Que este valeroso hidalgo Me traiga mi padre a ver. Que si yo os obligo en algo, Vos me le podéis traer? Si esta sangre que derramo. Por vos es bien recibida, Vea yo un padre que amo, Y pues por vos doy la vida, Oídme ahora que os llamo. ¡Válgame Dios qué alegría Me revienta el corazón! ¿Dónde me lleváis, cruz mía, Aspa de mi redención. Mi amparo y mi compañía? ¿Dónde tan apriesa vamos? ¿Cómo corréis por las peñas, Entre riscos y entre ramos? ¡Mi padre, según las señas! ¡Mi hijo, juntos estamos! ¡Oh padre, seáis bien llegado! ¿Cómo os habéis detenido? ¿Cómo no me habéis buscado? ¿Cómo no me habéis oído, Tras mil voces que os he dado? Estaba lejos de ti, Y aunque tus penas sentía, Llamábasme y no te oí. Ya estáis en mi compañía, Y yo en la vuestra. Es ansí, Y con harta admiración; Que desde el monte enemigo Do estuvo la infiel nación. Se movió este aspa conmigo. Llegó al cielo mi oración. Pensaba yo, hijo, verte Comendador de San Juan, Y ¿hállote de esta suerte? Nunca estuve tan galán, Si es gala una buena muerte. Cuanto más, que ya me han hecho Comendador mil guirnaldas, De cuyo honor me aprovecho Con la cruz a las espaldas. Que es más honrosa que al pecho; Y para que de más cuenta Quede mi nobleza franca. Soy Comendador con renta, Pero no de la cruz blanca, Sino de la cruz sangrienta. Pero vos, padre, otra traza De encomienda habéis tomado; Cruz parece que os ha armado, Que esa cruz todo os abraza, Porque quedéis todo honrado. Pues ¿quién habrá que pretenda Preeminencias contra vos? ¿Qué lengua habrá que os ofenda. Pues os da dos cruces Dios, Vos cruz, y cruz la encomienda? Y aun mayor honor os dan, Que envidio tanto interés. Pues en el cielo os tendrán Por imitador de Andrés Y también de Sebastián. Ya estoy bien encarecido; Pero, aunque hecho pedazos. En todo me has excedido. Llega, darete los brazos; Haré a lo que soy venido. Ven presto, mártir de Dios, Y a tu padre anciano abraza, Y luego apartémonos, Que este lazo desenlaza Las suertes de ambos a dos. Camina el aspa. ¡Padre mío! ¡Cruz, espera! Al mar de su sangre santa Me lleva como galera. ¿Quién de ver tal no se espanta? ¡Oh, si algún infiel lo viera! ¡Brazos con dos clavos fijos, Manifestad el amor De un padre para sus hijos! ¡Hierros, para mi dolor, Bravos, largos y prolijos. Si alguna terneza os queda Tras rigor tan sin segundo. Dejad que abrazarle pueda. Porque haya un hijo en el mundo Que al padre en amor exceda! No me abrazas si no aprietas. Si me llego mucho a vos, Hincareos más las saetas. No importa; abracémonos; Serán lazadas perfetas; Que aunque por esa ocasión Me pasen de parte a parte, No importa, que mansas son Como yo pueda allegarte Al lado del corazón. ¡Dios eterno, ya he cumplido Todo lo que he deseado! Agora la muerte os pido. Muero contigo abrazado. ¡Adiós, mi hijo querido! ¡Adiós, padre; adiós, señor. Que tras vos me subo al cielo. Lleno de gusto y de honor! Daré vuelta a todo el suelo, A fe de Comendador, Hasta hallar al mártir santo Que he prometido buscar. ¿Veis otro mayor espanto? ¡Santo Dios! ¿Quién no ha de dar Licencia al alegre llanto? ¡Muertos están , y abrazados. Libres de las cruces santas, Los brazos despedazados! ¡Oh grandeza, que levantas Los ánimos más helados! ¿Quién no se admira de ver Tan notable maravilla? En mármol haré escribilla. ¡Oh, quién tuviera poder De llevaros a Castilla! En Malta se quedarán Honrando la religión De nuestro patrón San Juan; Que, pues que malteses son, Su patria defenderán. Pero ¿qué es esto? El honrado Cuerpo del bravo Guzmán, Entre los muertos hallado. ¡Oh espada que por San Juan Tan bien habéis peleado: En vuestra memoria haré El más suntuoso entierro Que en toda la Italia esté; Y aunque vuestro cuerpo entierro, Vivo vuestro honor tendré! En lo que a San Salvador, Como merece, le llevo. Poned al Comendador En una tumba. ¡Oh mancebo Siempre sediento de honor! ¡Oh cruz, tan bien empleada Como cuantas hasta hoy Han tenido a Malta honrada! Blanca fuisteis, y ya estoy Mirándoos toda manchada; Pero no es mancha que infama A vos ni a mi religión, Antes más honrosa os llama; Que manchas de sangre, son Manchas que aclaran la fama. Poca gente falta. Poca; Que una cruz blanca de aquestas, Todo un ejército apoca. En tan nobles pechos puestas. Esa alabanza les toca. Vencedor quedo y honrado, Pero con un gran pesar. ¿Qué pesar? ¿Quién os le ha dado? Si se puede remediar Por armas, no es muy pesado. Yo mismo soy la ocasión De esta pena que padezco; Mis propios descuidos son. Amigos, por quien merezco Esta nueva confusión. Tuve una cautiva aquí. Turca: hícela cristiana; Pidió licencia de mí Para ir a ver a Sultana, Su deuda, y yo se la df; Bien es verdad que decía Que a informarla de la fe. Como ya fue, pretendía; Fuese, en fin, y yo quedé Sin sosiego y alegría; Pero en llegando, sin duda. Perdió a Dios, que una mujer Amenazada, se muda. Yo la perdí: yo he de ser Quien a su remedio acuda: A Constantinopla iré De mercader disfrazado. De donde la sacaré; A esto estoy determinado: Nadie consejo me dé. Ármese luego un navío. Que luego quiero partirme. Paréceme desvarío. Amigos, no hay resistirme: Voy, y si no voy, envío. Gran Maestre, excusado Es el camino que hacer deseas: Olvida ese cuidado; Que solo para verte y que me veas Vengo del cielo empirio, Donde subí por medio del martirio. Llegué donde Sultana Me recibió con amorosos lazos, Pero en viendo cristiana La que hizo señora de sus brazos. Trueca en el alma luego En rabia el gusto, y el amor en fuego; Y, ardiendo en fuego santo, La ley predico del Crucificado. Sintió Sultana tanto El ver la libertad con que había hablado, Que ella muerte me diera Si su grandeza no la detuviera; Pero llamando a gritos. Como leona con el cielo airada. De turcos infinitos Rodeada me vi y amenazada, A quien manda Sultana Que den la muerte, porque soy cristiana. No hubo bien acabado, Cuando un cruel genízaro desnuda Un alfanje afilado, Y sin duda, que un malo nunca duda, Me terció la garganta Este cuchillo, con mi sangre santa; Fue, al fin, mortal la herida, Vertí mi sangre por el raso suelo, Y aquélla mi homicida Quedó contenta, y yo subime al cielo, Adonde voy sin falta. ¡Adiós, Maestre, defensor de Malta! ¡Oh mártir venturosa. Que siguiendo los pasos del Cordero, Como su amada Esposa, Gozas con él del bien más verdadero: Vuelve los ojos píos A estos Comendadores hijos míos! Suena dentro una trompeta de correo. Correo viene. De tan gran victoria, Forzoso has de tener mil parabienes. ¡A Dios sea el alabanza, a Dios la gloria, Que de su mano son todos los bienes! ¡Tu hazaña por el mundo es tan notoria! Tres mensajeros de tres Reyes tienes: Del de Castilla, Portugal y Francia. Recaudo es ese de honra y de importancia. El parabién. Maestre, alegremente. El rey Filipo, mi señor, te envía. Pudiera el Rey llamar, más justamente, Victoria suya a la victoria mía. Con su favor vencimos y su gente, Y la sagacidad de don García, Que vino a tiempo, que a tardarse un hora. Llorara Malta lo que el Turco llora. Direisle que sus pies reales beso Por la merced que ha hecho a este criado, Y que si hemos tenido este suceso, Ha sido en la ventura de su hado. Mas dice el Rey que con tan gran exceso Está a tu religión aficionado, Que solo trata de favorecerte. ¡Oh Rey cristiano, partireme a verte! Para que contra el Turco te apercibas Si su soberbia le volviere a Malta, Te pide que esta cédula recibas, Con que te dé Milán cuanto te falta. ¡Oh magnánimo Rey, mil años vivas Remunerado de merced tan alta, Que con tus armas, tu prudencia y seso. La carga de la fe tienes en peso! U rey don Sebastian ñau meos queda. Si comprir, Gran Maestru, u que te falta. Ves treinta mili cruzados en moeda Para reparos de a nobre Malta; Y aberta au su afranca mau le queda, Que ñau se acorta majestad tan alta, Que el venera, si foire necesario, A espaventar las armas deu contrario . El rey Carlos de Francia, tu pariente, Y tu amigo también, en grave estrecho, Para que remuneres esta gente. Que en Malta a Dios tan gran servicio ha hecho, Sesenta mil escudos de presente Te envía, reservando a su real pecho Mayor socorro, cuando más te importe. Enviando tus cartas a su corte. Del bien, amigos, que me habéis traído, ¿Qué podré daros por la norabuena? Muyto fidalgo soy, a cruz te pido. Lo mismo todos. ¡Muy enhorabuena! Como Comendadores os despido. agora vos llevaos esta cadena, espada, vos este diamante, no le tiene Italia semejante; si tenéis deudos o criados, ... cual vos, don Álvaro de Sande, tos de San Juan les serán dados. honra mucha y con ventaja grande , En su servicio vivirán honrados; Y así, los enviaré donde los mande Perpetuamente Vuestra Señoría; Serviros, General, es deuda mía. Vosotros, hijos, a mis canas gratos, Mucho tengo que daros, que han vacado Diez cruces grandes, quince bailíatos; Por vuestra antigüedad os será dado. Y por algunos trabajosos ratos , Que en esta larga guerra habéis pasado, El que gustare de ir a honrar su tierra, Tendrá licencia. Moriré en la guerra. A tu lado y tus cruces moriremos. El sobresalto en tu defensa elijo, Ningún bien otro que morir queremos. Verter la sangre es nuestro regocijo. Vamos, y con gran pompa llevaremos Dos mártires cautivos, padre e hijo, Y el cuerpo de Guzmán, que esté en la gloria, Adonde acaba Malta su victoria.