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Texto digital de Travesuras son valor

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Pedro Calderón de la Barca
Atribución estilometría
Guillén de Castro y Bellvís Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de la edición en la Parte VIII de Nuevas escogidas (1657).

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Travesuras son valor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/travesuras-son-valor.

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TRAVESURAS SON VALOR

JORNADA PRIMERA

Eperanzas amorosas mal se logran, si se fuerzan, porque nunca rinde amor la libertad de la fuerza. Forzadas obligaciones, difícilmente conciertan con placer la propia vida, y vivir con alma ajena. Ah oído, señor Sargento? Sí señor, mas no he entendido por quien arrojado ha sido. tan extraño pensamiento. Pues apenas te hube dado de tu padre este papel, cuando la respuesta de él fue los dos haber volado hasta donde ahora oímos esta música. Ello va de boda, luego verá, que no de balde venimos. Cuando acabé de leer esta carta, no vio darme un papel, y alborotarme el alma? ̱. Échelo de ver en su semblante. Y yo le dije, venga tras mí vuesa merced? Señor sí. Pues lo demás sabrá luego, mi padre en esta me envía amán. a mandar, que vaya a Flandes, por mis travesuras grandes. Así es. Brava alegría: pues juro a Dios esto es mada. . En ello estás. lo que ene que decirme más? L Muchas cosas. Diga pues. El señor don Sacho el bueno, tu padre, que ha merecido este nombre, habiendo sido veloz rayo, horrible trueno en Flandes, desde que el Sol en su ejemplo la dichosa suerte el Alba famosa del hemisferio Español, informado de tu mucha, aunque valiente inquietud. Va un brindis a la salud de la desposada. . Escucha. (to: Y yo os mataré, voto aCris- Yo haré la razón. diga pues. . No he visto cosa igual. Por ti envió tu padre el Maese de Campo del tercio de Lombardía, porque tu valor quería que empleastes en el campo, donde lucirá contigo su sangre, o una muralla asaltaras. Calla, no prosigas. No prosigo. Espere, o si no repara, que aunque deje de comella. Oye. Llevará más pella que no en la boca en la cara. Será en esta boda ahora todo alegría. Extremada. Y entodo. La desposada, aunque disimula, llora. Pues costárale su llanto por cada lágrima ciento. Prosiga el señor Sargento. Por Dios que parece encanto: siene tu padre deseo de ver que tus pundonores, pues le imitan los valores, le imitasen los empleos, asaltando fortalezas, reconociendo murallas. venciendo muchas batallas, y haciendo muchas preseas, siendo yo a todas testigo, que las anduve, mostrando con sangre mía, imitando los ejemplos de quien sigo, que son en el mundo extraños. Valiente será el señor Sargento) En picando honor si soy. Pues ahora lo veremos. Pues la mujer que se casa fue primero prenda mía, y dar al viento querría hecha ceniza esta casa. Piénsalo con más cordura, midiendo con la razón lo que en tu ciega pasión te despeña, y aventura. Porque el cuerdo proceder es hijo de la hidalguía. Qué prudente valentía Así la de ser. es la tú,a Tengo fáciles de pejos para acciones tan pesadas. Pues sabré dar cuchilladas harto mejor que consejos. Eso sí, pesía mi vida, pres preven, Sargento, la espada. Don Sacho, aunque está abrigada, está siempre prevenida. Hermoso día tenemos. Sobre floridas alfombras busquemos mayores sombras, y cautad. Templa, y cantemos. Llorar dijeras mejor, a saber el gusto mío: Ay don Sancho, poco brío has tenido, y poco amor! Cómo tantos Alguáciles? hácese este casamiento por justicia? El pensamiento tuvo agudezas civiles. Civilidad acomoda, quién alma tuvo sencilla? El Teniente de Sevilla es padrino de esta boda, y quiso hacerla en Triana, adonde es suya esta huerta. Ya me ha visto. Yo soy muerta. Mi Lucrecia Sevillana, quiero prevenir las manos. El valor quiero animar. Habránme de perdonar Alguáciles, y Escribanos. Que dichosos fueran los casamientos, a tener muchos días como el primero. on . Bueno está? Señor Teniente, pues me mira, y me conoce, suplico a vuesta merced, que prea A9 me escuche, y me perdone. Don Sancho el malo mela amí, que me ha tocado este noml p, aunque honradas travesuras en Sevilla me le ponen. Porque ya el miedo se atrev se a que llamen en un hombre a las desersas maldades, a las venganzas traiciones Yo soy quien por dilatar, y estimando pundonores, castigando atrevimientos, acrisolé estimaciones. En seis desafíos tuve tan dichoso acero entonces, que mis hierros fueron cera pechos que animaban bronce. A mi salvo justamente, con la capa de la noche, vengué secretos agravios en conocidos traidores. En mujeres castigué amorosas sinrazones: vileza son; pero a celos, que razón no descomponen? Muchas resistencias hice a la justicia, conformes a las causas, en un punto, siendo un abe, siendo un monte. Al fin, pero esto en Sevilla, formando en sombra temores, fui el coco de los niños, y el espanto de los hombres. Pues si esto es verdad, y sabe que las leyes no disponen, que fuercen libres deseos ministros ejecutores: Quién le metió a ser padrino, y plumas, y varas pone para forzar voluntades, como si fueran estoques? Y tú, Y tú pues sabes, escucha, aunque tus canas perdonen, que son entre mí, y tú ia hija tan públicos los amores. Para no hacerla mi esposa hallaste algunas razones, no habiendo visto en los dos calidades disconformes? Si por medir las haciendas, despreciaste los honores para casalla, fue efecto uqueces torpes. de tus cad Y tú, Otavio, que extranjero no eltrato el nombre, tiene con tus bríos como atreví nismos deshonores? a tus No te dije, calla, y oye, que mi Lucrecia era mía, tanto, que a la luz del Orbe vestimos prendas comunes. de nuestros dos corazones? Que teníamos dos hijos, más claro, porque no ignores. lo que digo, no te dije, para que obligado entonces. a tu honor, ya mi respeto, dejarás las intenciones de casarte con Lucrecia Pues porque atrevido entonces, atento a intereses viles. tropellaste obligaciones! Los tres me habéis ofendido, pero aunque yo me reporte, no ejecutando venganzas, pediré satisfacciones. Dadme a Lucrecia, que es mía, y su padre no la llore, váyase en paz el Teniente, Otavio métase Monje. Y sino, viven los cielos, que después que al yerro toque, el pedernal, salga el plomo, y alarguen sus municiones dos pistolas, no infinitos acordados segadores cortarán del campo espigas para enriquecer las trojes, y brazos haré que corte mi espada a cuantos se opongan, no temiendo mis rigores a mi razón sus razones. Prendedle, matadle. . Valores aquí de criados mío os. s Aquí miedo de mis golpe Aquí del infierno, pues envío para tizones varas, y plumas. Yo muero. Porque yo tu espada tome, hij ja? y le ayude. . Qué haces, Pagar mis obligaciones. A del infierno, allá va otro córchete: este golpe. otro ministro os envía: cansado estará Aqueronte de lo que le doy que hacer. Muerto soy. Pues acabose: don Arias envía otro hi o, y tu Sargento, pornorte e llevando a Lucrecia, vete con ella, porque me toque detener a los que os siguen Cómo se irá quien conoo el peligro en que te quedas: S. Tumeadviertes tume corres? Pues podéis, poneos en salvo mientras que pasos disp ponen aceleradas mis manos, hasta que pies voladores em- emplee para seguiros, y donde torcidas corren de Guadalquivir las aguas, y parece que se esconde un molino entre olmos verdes me esperad. Advierte. . Corre, y tu vuela. . Voy muriendo. Don S No temas, pues me conoces. Ea a Dios el cielo santo nuestros pensamientos logre. Seguid aquesta canalla. Si vinieren, yo haré que tornen escarmentados. Si hubiera tenido está espada entonces, como ahora, yo a prenderle bastaba solo. Engañose, deténgase si le place, que el tenerse en ocasiones es ser Teniente discreto. Este es diablo, horror me pone. Demás, de que a ser cortes le debe si reconoce, que pudiéndole matar, no lo hice: calle, y tome el birco, que está a la orilla de ese río: vaya, y bogue, y sabrá lo que es bogar, porque sus condenaciones no echen tantos en galeras, o vive Dios que le arroje de esotra parte del río, donde no sobre algodones cayendo, se descalabre: ea, qué espera? . Tus razones me obligan hasta después a tener cuerdos rigores. . Y yo siguiendo mi Estrella, . Lorenza, pues a esta ba. emplee plantas veloces. Hola Lorenza, es de día? Pregúntalo al Sol, Gines, Cuándo hay Sol de día es? Pues no es gentil bobería? fuese señor? . Si a la he: (ta, fue por cebollas, yqueso a la ven- y aún por eso vine yo, porque él se por hallarte sola a ti, y a las ruedas del molino paradas hace el cochino. Tonto eres. Creo que sí. Mas también es tontería esto que llaman amor r Tú sabes lo que es Mijor que conozco si es de día; quies que te lo diga? Antojos me da de gustar de oíllo. Es amor una cosilla que se mete por los ojos, va después dando al deleite donde pace por el cuerpo hasta que hace cosquillas en la asadura, y sin saber, ni sentir, por arcaduces responde, es manantial que se esconde y revienta por salir. Oigan lo que entiende: es un jumento. Pues no es aprendido. Eso, Cines, se sabe, aunque no se aprende, Pues bien en ello no estoy? Verdad es: déjate de esa locura, y suelta la presa. Yo a escaparme de tulmanos. G. Ay que me quiere forzar. (zar. Estele queda. Yo muero. De este mal no has de morir, que ninguna muere de él. Suéltame. Pues dame un beso. No quiero. Pues no te has de ir. Saldremos de este cuidado, aunque nos cueste la vida: esta noche habemos hecho mil señas, no ha respondido. Ni después de amanecido tampoco. Algún mal sospecho. A gente honrada. Quizá si se tardaran un poco no lo fueran. . Calla loco. Estáis solos? escuchad. Claro está, que si aquí estáis dos reciénvenidos: también en los bien vestidos hay bobadas, como en mí. Habéis visto por ventura. si alguien ha lleg jado aquí está noche? Hame dado contento vuestra hermosura. No señora. Hay suerte avara! Ya, ya. Calla mentecaro. Precio más tanto zapato suyo, que toda tu cara. Esta mañana tampoco llegó nadie? . El Sol llegó, de quien pude saber yo si era de día. . Estás loco? Yo no quiero, que te tengo dego . De amores de esta Princesa: por ella si que es galana, fuera yo de mejorgana que portí a soltar la presa. Pues qué haremos? Trocar este traje lo primero. Y después? yo muero. Aunque sin alas, volar y buscarle. . Este es mejor. Porque necio lo ha de ser ti. aqueste? Ya hecho de ver vuestras cuitas: yo señor, aunquelo tonto, lo bueno, haré que por vos responda una piedra en una honda, que son como rayo, y trueno. Mucho esimo. Presto amigos. El favor que en ti prevengo. Pues medida a palmos tengo esta tierra. Dios maldiga la causa. Desdicha es Y si enviare algún recado, unvenado no tiene mejores pies, Bien está así. Quién viene? Mi padre: no tengas pena: que dirá viéndome llena de oro? Hija, qué haces? Enojo tiene. Viene solo? Tanto no siento haber perdido el jumento, aunque a mi casa volvía, como haberbisto prender a un joven. Ay desdichada! cómo fue? Recién llegada la hora de ama- a tan cerca de aquí, (necer, si medio muerto vi. a ser su prisión sangrienta, después de haber peleado, y de puta fuertemente, ero cargó tanta gente por uno, y por otro lado, que atado, y preso, de espaldas sobre mi pobre pollino viene va por el camino: miraldo ya por las faldas de aquelcerro. Hay suerte avara! Qué procuras? Vamos, pues, que siendo así, podré, no advirtiendo en mí, cortarle las ataduras. Y si los trespeleamos, de un mundo entero no hay harto. Pues yo vo ya ser el cuarto batallador. . Vamos. Vamos. Pues ven, que mi casa por ellos se ha de perder. Desde aquí los he de ver, hasta ver en lo que para de los Dios tan buena suerte, como mostraron valor: de alegría, y de temor me están crujiendo los huesos. Qué disimuladamente llega, o valerosa mujer, como quien desea ver la cara del delincuente. Y Gines, y el otro van apartados del camino: ya las cinchas del pollino ha cortado: ya les dan pan de perro: ya la gente les huye, cosa gallarda, y el preso, puesta el albarda al revés graciosamente: aporrea, y acuchilla: cabó queriendo picarlo el Teniente del caballo, entre las piernas la silla. Hacia aquí vienen huyendo, y ellos le siguen; que haré? aquí escondida veré lo que congusto estoy viendo. Don Sancho. Eso sí, matad. Oye, qué esperas? qué haces! Cascos son de calabaza los de esta gente. Mirad, no os detengáis, que el Teniente voces dando a sus porfías, desde aquesas caserías le acude infinita gente. De su caballo os valed, que se entró al olor del trigo aquí. . Tu consejo sigo. Esa señora poned a las ancas. Vos andad delante, que yo de la cola asido a una cerda sola, a seguillos soy bastante. Y yendo a ese valle abajo, los que vengan no sabrán seguiros por el atajo. Bien dices. Jornada es corta. Yo con aliento me halló. Pues baja al valle. El caballo está en pelo. Poco importa. Tú serás nuestro gobierno. Yo a vuestras plantas iré, pues por tócaros un pie me iré trasvos al infierno. l. Es un bravo Español, y recí debemos de esta suerte. (villo Aunque pequeño es fuerte, y está bien compasado este castillo. Aquí sale Madama Elena. B. Es un retrato de su fama. Señor, cuando al camino te me atajas el camino? (salía, B. De mi edad imagino, que aprendí a limitar la cortesía. Destecastillo está aquí las llaves, y está mi esposo en mis entrañas aunque muerto en campaña, (vivo, sirviendo al Rey de España. ̱. B. En nombre de mi Rey yo las y las vuelvo a tu mano. (recibo Cortés valor, valiente corte- Don Sancho el Bueno, (sano: en fin, que es propio nombre para ti imaginarlo. B. Por solo el deseallo, (bre por tantos años me le da, que un hon no deben sus empleos mas que alentar hazañas con deseos. Servia Carlos Vi sin segundo, que al primero anticipo yal segun- cuyas victorias grandes (do Filipo, mozo alcancé en dtalia, viejo en Flandes. Y ahora, al cielo gracias, la postre fue, tras varios sucesos, traer vencidos, y presos (fuera a los de Mons, y aquesta hazaña mayor, si apermitillo la causa los libra del cuchillo. Justamente sio tan grande hazaña de valor tan prudente la prudencia eminente del Duque de Alba de España, pues convenía en ella (trella. tan claro Sol a tan luciente Es- Pues cómo gran señor; y gran sol habiendo en Flandes sido (dado, adorado, y temido, gado, después de haber vencido, y casti- ahora últimamente (mente. a los de Mons prendió tan fácil. Salí a pagar obligaciones mías, y aunque en funeso traje, (daje, a ofrecerte en mi casa este hospe ya encomendarte un hijo que me de mi querido esposo, (queda Mos de Local dichoso: (da herédale el valor, como le here- el nombre. Estos despojos del alma son tributos de los ojos, (rias que nunca se le niegan las memo- de mi esposo en mi hijo. Con tu llanto me aflijo, revolviendo en la tuya mis histo. con dos tan parecidos (rias, en dar un sentimiento a nuestras vidas. (posa, Setisteis mi dolor? perdiste es- que tanto os afligiese? Perdí, sin que lo fuese (mosa, la prenda más querida, y más her- que no el celeste coro, (ro. no te espantes, Madama, si lo llo- Estando pues mi vida en este esta- supepues que al mismo instante (do, que dio un hermoso infante al Sol, entonces para mi eclipsado: su esposo la mató: qué hago? ay cielos! (suelos: no espero prevenciones, ni con- porque como un león solo valido de los que entonces vieron mi pena, y me siguieron, castigué sus delitos atrevidos, y en veinte años, y aún más mpretan humanas me han sido mis memorias de mis perdidas glorias, sin que baste la nieve de mis canas (Estrella. a elar una centella de aquel Sol que me influye como tanto que opuesto a la feroz bra- (ueza, del enemigo fiero, plomo, y acero (za, da lugar mi memoria a tu terne y yo mecelo entretanto con enemiga sangre tierno llanto, Ycomo ahora (corazón me aflijo) epiadoso hhijo, en hijo, y esposo, me acordé de mi esposa, y de mí a quien ro ahor a mí ll O. . Y vive? Pues cómo tantos años tu aliento no hasl eguras con él? Sus travesura no me han dado lugar, haciendo estr. sus tratos, y sus modos, (todos? pero ya opuso mi obediencia a y esta vez con más animo le aguardo. Si imita tus hazañas, serán grandes, y extrañas. (do, bien que es robusto, y es gallar aunque con grande exceso. En un mozo no es falta el ser travieso. No me da más lugar, seño- el día de gozar esta suerte. Para no detenerte, tuya es laprisa, y la desgracia mía: mis cosas te encomiendo (uiendo: D . . Contoda el alma te estaré sir Al de Alba le diré en las ocasio que al Rey sirvió tu esposo (nes mi hijo es ya dichoso, (nes. pues funda su razón en tus razo. Mi fe te doy. Mi obligación te dejo. Extremada mujer. Bizarro viejo. Bello Pais. Extremado, no tiene que desear. Harto nos cuesta llegar. En efecto hemos llegado, La manteca que yo como me tiene como un tocino, pero el ser tan caro el vino de mala gana lo tomo, poreo to de la cerbeza no es gi oso para mí Es propio decirlo así cualquier que a beberlo empieza, tú lo acertaste entomar ese traje. Está hecha un Sol. Entre Francés, y Español. Don Sa. Medio hombre, mevio mujer No me impide el pie ligero, ni los cabellos me quita. Es un traje ermofrodita desde el zapato al sombrero. Es el más acomodado, para no ser de varón, y en desatando un listón quedo del todo soldado. Pues yo también como ella yo, y vestido. Eso me agrada. No acierto a llevar la espada, mas sabré aporrear con ella, Para poder pelear, presto será menester. Cómo así? No ves hacer prevención para sitiar a Manilas. Esaquella población tan bien torreada? n . Sí. Votó al Sol, que me agrada su denuedo. Esgrande, es buena. . que será, que alboroto sueña de cajas? Llegando van los soldados. Y un Capitán, esperad. Norabuena. . Buen talle. Gentil presencia. Capitán Balón será. Por eso se dice allá aquesto de la balona. Señor Capitán, podrá recién llegado de España saber yo. Pregunta extraña, donosa visoñería. Responder sin esperar la pregunta, cosa es grave. Vi lo mal que preguntaba, vatajele el preguntar. Pues quien ignorar pudier que el de Alba el sitio previene de Manilas, donde viene, y su ejército le espera? Yo lo ignoraba, y no fue mucho pues cómo ignoráis vos ahora a quien habláis, lo que habéis dicho ignoré, Y el conoceros podría importarme a responder? Harto más que a vos saber si el Duque de Alba venía, porque hablarades mejor, aprendiendo a no enfadar. Pues dais liciones de hablar, debéis de ser hablador. Con esta espada es verdad, que hago mucho, y hablo recio, Cómo a villano os desprecio, después hablaréis callad. Tente. Yo os diré quien soy. Yo lo sabré, estoy corrido. Si no me atrueva el ruido de la guerra, yo le doy. Aquí estemos retirados. Bien podemos sin oír. Qué tremolar, que lucir de banderas, y soldados. Deme Vueselencia. Alzad. La mano, o lo que pisa. Alzad, dadme los brazos; cómo venís don Sancho? D . . Señor vengo: como puedo venir, pues ha sabido Vueselencia mi feliz jornada? (espada Siempre anuncia victoria vuestra y así Don Saucho el Bueno, cuando luce para enviaros a elección tan justa! casi puedo jurar por vida mía, que antes que os enviara lo sabia A señor. Escuchad. No ves el viejo a quien el Duque de Alba ha honrado tanto, es tu padre, señor. (alas Ya el alma mía, lo mismo que me me dícesme de no le digas quien soy porque deseo que primero le llegue a los oídos alguna hazaña mía, que mi nobre. Harelo así Que viejo tan bizarro, que venerables canas. Yo sobobo como tonto tambien pues he quedado con lo que veo tonto, y abobado. Esto está bien. Al Capitán Bronduque oiga vuestra Ejelencia. Señor. . Decid. Hallé, reconociendo el sitio, una rotura de la tierra, cuya profundidad disimulada consecas ramas, y con tierra leve, mina parece: esta setenta pasos distante de los muros de Manilas. Con que disinio puede haberse hecho? Muchos tener podía. Yo sospecho, que pudo ser para meter socorro de gente, o municiones en Manilas. n . B. O para que saliesen más secretas centinelas perdidas en campaña: y también pudo ser para que pasen hasta nuestras trincheras caminan (do, y volalla a su tiempo. Está bien entendido, según eso, que será breve el sitio: la esperanza que el Príncipe de Oraje les hadado de socorro, podría entretenerlos (mina? algunos días más. Y esa boca de qué sirvió a esa Don . B. Para hacerla mejor, tomando luz del Sol por ella. Y no podría apurarse ese se yendo a reconocerla? (creto, Ya en mi pecho (hecho; valor me anima a un temerario señor, si atrevimientos se discul- con la buena intención, vuestra Excelencia me escu- yo en España he nacido, recién venido aFlandes soy ahora: y aunque tengan aquí tantos sujetos ya que no más valor más experiencia, deme licencia a mí que reconozca ese sitio, esa mina, puessuvoca, si como es de la tierra, ser pensara del infierno, tanpoco me españ Buen despejo. (tara Don . . Notable bizarría: Vueselencia le honre, porque ejemplo sea de los demás, Es imposible salir con esa empresa sin perderse. Do . D. Todo es posible al ánimo del hombre, ya la industria también. (merced: Vueselencia me haga esta así los cielos den a España Fadriques, y Fernandos con ejepios, valores, y verdades, Obliga su valor. B. Dale licencia, señor que a quien se anima de esta suerte, bien se merece tan honrada muerte. Cerca está. Desoguso, dimer aso extraño! i muerte verá su desengaño. Causa dará el Español, a este efecto podría salir (na. dichoso de empresa tan peregri- Locura pareció su atrevimién apenas el Español bizarro, con bizarría; si valiente, temerario, vio la boca de la mina, cuando por ellas, señor, se arroja, y se precipita con el furor del efecto, poniendo duda en su vida. Pues lo mismo que esconderse por las bocas escondidas, que en el centro de la tierra profundidades habitan; Porque solo oscuridades de aquella entrada, ponían en los ánimos horrores, y en los anuncios desdichas. Respuestas son de arcabu- estas. (ces Y desdichas mías sus temeridades son: ay don Sancho de mi vida! Posible sería. No es posible. Don S. B Capitán, al cielo imposibilita el poder. Si hace milagros con este Español, podía salir con lo que emprendió: mas si no, tú lo examina mejor, y verás que tengo yo razón. . B. Mal te inclinas a un joven, que tan valiente No es valentía temeridad, que promete cierto daño, y muerte impía sino locura: y as quien temerario se anima, prueba que es loco, llamando a la muerte, o la desdicha. A no estar Vueselencia de por medio, que mentía le dijera al Capitán pero mis obras dirán, lo que mis palabras callan. Oh qué valerosa dicha! Arrójeme por la boca, que poco profunda iba, extremando escuridades, dilatada halla Manilas. Pienso yo que pasos míos oyeron, pues le replican con soldados, y conbalas, que al encuentro me salían. Peleé entre todos yo, recibiendo estas heridas, que vierten sangre; pequeñas deben de ser, pues no obligan a desmayos: que sean grandes poco importa, pues envidia de esta hazaña, harán mayores. Y porque mejor te diga lo demás, este soldado saqué en hombros de la mina en secreto, y mis servicios a tus favores me obligan. Tanto, tanto, di quien eres me agradas, como me admiras. Este es don Sancho tu hijo. Qué dices Sargento: quita: perdóneme Vueselencia, que su respeto no impida, que dé a mi hijo estos brazos. No podía, menos que con sangre vuestra, ser tan valeroso. DS. S. Qué herida es peligrosa? Ninguna, dame la mano. Querría llegar, yabrazarle yo. Espera, tente; o qué linda libertad hubiera sido. Repartiendo vuestra dicha, dejadle que llegue a mí. A tus pies. La compañía de Juan de Guévara es tuya. Señor, a que no la admita dé lugar Vuestra Excelencia, hasta que primero sirva de soldado; aprenderá. a servir, que fácilita el saber mandar después; pues no basta, aunque se anima buena sangre, si le falta enseñanza en la Milicia: y así, el General perdone, hierra mucho cuando olvida, por calidades lustrosas, experiencias conocidas; yo le enseñaré, señor. Esto decís, porque diga que a mí me enseñáis también. Jesús, señor, mira mi ignorancia con piedad, pues soy tu hechura. Y prosiga don Sancho principios tale Cosa ha sido peregrina: señor Capitán después nos hablaremos. Cómida tengo el alma en norabuena. Ver mi Lucrecia quería; pero no es posible ahora. Yo pardiez que a letra vista le sigo. A no ver su sangre, me matara el alegría. JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA

Mira bien, Madama Elena, que se murmura sobrado de tu amoroso cuidado. Murmuren en orabuena, que pues todo ha de parar en ser don Sancho mi esposo, dará mi fin amoroso ulce aplauso el murmurar. Quieres mucho a este Español bizarro en la paz, y guerra? Como la agua a la tierra, como los días el Sol, así, pluviera a los cielos, como yo tengo razones de amar sus estimaciones, no me abrasaran los celos: porque aunque tarde he sabido, que me ofende, y acrisola su amor en una Española de quien es favorecido, tanto, que le sigue el paso desde Sevilla. . Y se llama? Lucrecía. . Es bella? En la fama de su hermosura me abraso. Es principal? . De eso nada puedo saber, y deseo mucho el verla, aunque la veo en sombras imaginadas. Y Bronduque? Calla, ay Dios, no le nombres. Sus amores olvidas? Competidores son peligrosos los dos, porque el uno aborrecido, aborrece al otro amado: y así su gusto encontrado, les da valor atrevido. Al festín don Sancho viene, llevará la primer palma. Ámele yo con el alma. Bizarro despejo tiene envía humor excelente, por lo grosero valiente, y por lo simple extremado. que hay buen Gines? . Qué imagino, que te miro con antojos. Sangrientos tienes los ojos. Pues no es sangre, si no vino: a comer me han convidado, y quedé al brindar, y darle, sino caído en la calle, a la ventana asomado. Borracho soy sin empacho de mi lengua vergonzosa, porque en Flandes, linda cosa, no afrenta el estar borracho. Bien te debe de saber el vino? . Sí, cuando es bueno, más beber por gusto ajeno me quita el gusto al beber. Que haya de ser cortesía el beber a otro compás, y sin ver que cabe más en su panza que en la mía, es un terrible pesar Con tanto estarás ahora, para decir. . Sí señora, mejor que para callar. Para estrujar un secreto, muya propósito estoy. Pues ves que tan tuya soy, di verdad. . Yo lo prometo. Esa gallarda Española dama de. . Estás entendida: a lo Flamenco vestida vendrá aquí. Embozada sola? No, no, si no acompañada vendrá a este. . Festín querrás decir? . Sí, y en fin yo te la señalaré cuando entre. Bien has pensado. Pues me estoy muriendo en Señora, rabiando vengo. En que os habéis detenido, Don Sancho? La culpa ha sido, aunque yo la pena tengo, de cierto galán que vi con la vuestra camarera, hablando estaba. ̱. Esa era libertad suya. . Es así. Ya el castigarla prevengo luego. . No señora, no. Sí, sí, don Sancho, que yo no quiero dar lo que tengo. Qué son celos he pensado. No son si no sombras. Bueno, ojalá el Sol tan sereno no le viera mi cuidado. Los amantes siempre hacéis las sospechas desvaríos. Volveos a mirar los míos, porque los vuestros dejéis. Caro podía costaros, No ofende la cortesía. Vuestra estimación es mía, no- podrla desengañaros: tan tarde, señora Flavia? Sabrosas quejas a quien viene a serviros. . El bien, cuando se detiene, agravia. Señor Capitán, aquí, que tengo que hablaros yo, Este es mi puesto? Pues no. . Bien está. Yo estoy sin n abreme de perder, pues concelos me han agraviado. ̱. Si otra vez me mira airado daré con todo al traves. Yo soy el favorecido. Señor Sargento mayor, estimo en mucho el favor: hay amante fementido! Junto a ella arrodillado está. . Sin sentido quedo. Disimula. . Di si puedo. Ella es, o lo he soñado; viose tan extraña cosa! Gines despierta, di, di, es aquella? . Creo que sí. Qué gallarda, qué hermosa: en eso, y en el color que mudo, si lo advirtiera, en don Sancho, conociera que era su dama. . Ah traidor! Tlavia mía, mucho me honráis. . Esta casa me honra a mí. En celos me abrasa. Pues muero, matar querría, Quién es aquesta, señor: Muy de vuestra casa es. Así lo creo. . Aquí, pues, señor Sargento mayor. Gines diversos cuidados tienes. . Bravos contrapuntos, ntos si esta noche duermen ju (dió los que están apareados. aquí te Qué haces cuero? gana de dormir la zorra? No hayas miedo que me corra donde hay tantos como yo: falta otro poco? . En la boca, y en la mano, el sufrimiento me va faltando, Sargento. Tenmas cordura. . Estoy loca: ve, y dile, que deje el lado de esa Flamenca, y que al mío se venga, o será mi brío más fuerte, que mi cuidado. Sosiégate, que a eso voy. Ya lo veo, en los ojos tu deseo: ha falso! . Rabiando estoy. Si no quieres ver perdida la cordura, ve a Lucrecia, Vive Dios, que si me enfada, A dónde vas? Escucha ligera fe. Ven. Competencia pesada. Lucrecia? e . Buena ocasión. Mira, @ Bibloteca Nacional de España Veré tus traiclones. Ireme si aquí te pones. Don Sn Lo que he visto agravios son. En mi presencia lo sientes? no has de irte. Aquí has de quedar Son de honor, es e lugar merezco yo. . Mientes. Ha perro. Don Sancho ten. Después de haberle cortado la lengua. . Estoy a tu lado, don Sancho. . Tras de mí ven. Golpes doy; pero no sé a quien hiero, o a quién mato. Qué haré? de valerle trato, Con el alma le valdré, A mí me toca el valerle, que soy suya, que no atí. Por lo mismo será en mí más propio el favorecerle: yo sola en su pecho estoy. Y yo estoy en su alma sola. Sabes que soy Española? Sabes qué Flamenca soy? Mira. . Mira. En tal fortuna, que haremos de este cuidado? Pues a las dos ha engañado, que no le valga ninguna. Vete. . Vete. . Ay Dios. Ay cielos, corrida estoy, vete, Sabe quién soy? Ardiendo en tus celos voy. Rabiando estoy en tus celos. , , ae De don Sancho felice fue la jornada. Do Socorrida, eantes la enemiga armada. Pedro de Ávila y Toledo, partió de Amberes, y hoy llega a verte. . Yo estoy esperándole, y no puedo tener más alborozado. por lo que le estimo, el gusto. Vneselencia, como es justo, le honra así. Es tan gran soldado, n que su decrepita edad vence, contrapuesto al curso del tiempo, con su discurso valeroso. . Así es verdad. , - Don : . Don n Da Señor Sargentomayor, dejad, dejadme volver. El Duque os ha de poner preso, tente. . Tengo honor, y he de quedar satisfecho. Qué es esto? Respeto guarda. n . Cómo, aunque cada alabarda abra una boca en mi pecho? Mira el Duque. Ya le he visto. En mi casa pudo ser esto? A fuera. . 1. Irelo a ver. Matarele, voto a Cristo, aunque defenderle intente el Duque. . Yo solo soy, dead, @ Biblioteca Nacional de España dejadme a tus pies estoy. Qué es esto, don Sacho? tente, qué causa tiene tu efecto? Don Sí señor, pues cuando me alienta en mi venganza mi afrenta, me detiene tu respeto? Bueno fuera no haber sido eso así: quitadles, hola, la espada. A tu mano sola he de dalla. . Yo la pido, Pues mi suerte desdichada rinden mi justa paciencia, yo quedaré en tu presencia, sin honor, y sin espada. Dónde seguros estén lleven presos a los dos. Ya le pesa, vive Dios, de cue n di. . . Está bien. Oíds entomayor. Con lo voy. Voy! vida. Decid, que fue, si la herida no os lo impide? . . No señor. Hoy deme, señor. Templado habéis mi enojo. n . . Y después que haya besado sus pies: que será de mi cuidado? Pues, señor, preso mi hijo, cuando yo de servir vengo al Rey, y a vuestra Excelencia? Don Sancho, don Sancho preso, y sin espada enviado a la prisión? añadiendo tú en tu Regia autoridad, y entre semblante severo, valor a valor, grandeza a grandeza, fuego a fuego, y con él rayos a rayos, y respetos a resperos? que grande será la causa: y así lo que en ella temo, no pregunto, y con la duda examino el sentimiento. No es bastante en vuestro hijo, después de herir al Sargento Mayor, entrar en mi casa teñido en sangre el acero, y en mi presencia, a mis ojos emplealle? . .̱ . Sí por cierto, y que merece, señor, castigo el atrevimiento, en su cabeza. . Don Sancho, dos veces, por vuestro medio, no se la mandé cortar, aunque las causas me dieron motivos; pero parece que tenéis hecho concierto vos, y es providamente para hacer a un mismo tiempo, él delitos, vos hazañas: y así hago, cuando debo premiaros, y castigarle, Mas ya de límites pasan sus travesuras, y pienso castigarlas, si Don Sancho; y más sabiendo, sabiendo, que vos tenéis culpa en ello, y muy grande. ̱. Yo la tengo? Sí, pues no lo reprendéis, o es en vos el reprenderlo, según me dicen, de un modo, tan de padre, tan de viejo, que con paciencias, mezclados, con reprensiones, alientos le dais, en lugar de enmiendas, para que sea travieso: y en los padre! viene a ser culpa grande. n . . Ya lo veo: mas, señor, tan tierna mente, sino @ Biblioteca Nacional de España si no le adoro, le quiero, que como sus travesuras no son infames, que a serlo le matará con mi mano, cuando se las reprendo, y se excusa con decirme, que de mi valor nacieron, el alma se me enternece, hierbe la sangre en el pecho, amanso la reprensión, y ya con paciencia alegro. Demás de que viendo en él un retrato de mí mismo, porque también de suedad fui arrogante, fui travieso. Y he sido después, y he sido con el discurso del tiempo que por tu causa soy, le imito como suelo. ar otro tanto espe y así tierno de mi hijo. con mansa rectitud sus juventudes aliento: entonces no puedo más, omo ahora puedo menos. No os aflijáis, y si os dije ntas veces, que naciendo allé de vos, el castí le pusierades vos mismo en un castillo, porque disteis lugar con no hacerlo, a que en España, y en Flande? apurando dos extremos, le llamen don Sancho el malo como a vos Don Sacho el vuel ̱. No es soldado tan valie cómo. . Dejad, y hablen las demás causas que han sido origen de esos efectos. Habiendo un festín fueron fame a él don Saucho, y Bronduque, que aunque ya paces han hecho dos veces, nunca les faltan a los dos disgustos nuevos. Apuntáronse por causas harto leves, cuyo efecto fue que desmintió Bronduque. A mi hijo? Qué metiendo mano, fue una furia, un rayo, pero metióronse en medio espadas, y confusiones: y así no pudo, aunque hiriendo y matando procuraba hallarle a bronduque el pecho. A quien, aunque resistido, prendo, y lleváronle preso una escuadra de soldados, mientras que yo deteniendo a don bancho, recibí esta herida, sin poderlo reportar. Y viendo yo que se iba revolviendo Bruselas, truje a Fronduque, como viste, y del saceso lo demás, fue en tu presencia. Y yo, señor, y yo quedo, con mi hijo desmentido, sin honor. Porque si ha hecho por matar a su contrario cuanto pudo, y pues ha muerto tres, o cuatro, y ha herido más de seis? Qué hiriera ciento, no matando a su agresor, fuera de ningún efecto. Qué decís, Maese de Campo? Señor. Dg Habladclaro. En esto y asl diré lo que siento, habiendo un mentis oído, el que queda, no pudiendo sacar sangre a su contrario, queda mal, aunque haya hecho maravillas. .. Pues porque no quedará bien, haciendo cuanto pudo por vengarse, sacando sangre a los pechos, que atrevidos, o confusos, le impedian el hacerlo? Porque esa sangre sacada de corazones ajenos, acredita su valor, pero no el atrenimiento de su enemigo castiga. A darle con un sombrero, con un guante, o una pluma, quedará más satisfecho, si antes que metiese mano pudiera ser: esto entiendo, y esto digo. D . . Y eso es. Yo con tu licenciatengo, y no en mí solo fundada, otra opinión. . . Bien por cier es honor en opiniones luz dudosa de Sol puesto. q. Yo la aclararé, pues yo, siguiendo la del Sargento mayor, tomaré a mi cargo su honor: Don Sancho yo ruego por él. Don S. . Señor. No aleguéis mas aquí, porque yo quiero que os reportéis más, Don Sancho, no os apasionéis, hacedlo por mi vida. Don S. . Me conjuras con notable Sacramento: pero señor si don Sancho. Reducios a lo que apruebo con mi parecer: mirad que los rígidos consejos de padre a hijos, no son impiedades, si no excesos. Y más sobre edades largas: padre sois, guardad que el cielo por vos no dé a vuestro hijo en un castigo un ejemplo. buena opinión es la mía. L. Sí señor, mas yo le tengo de ver vivo en el mundo, donde está la ley del duelo contrapuesta a la de Dios? que he de hacer? confuso quedo. Cuando temen los cuidados, a mucho obligan los celos: señor. . Temidas ofensas dan libres atrevimientos: señor. . Flamenza. Española. Tú te atreves. Yo me atrevo. A mí me escuchad. . A mí me escuchad. . B. Ojos, qué es decidlas dos a pedazos, (eno? que pues dos cidos, tengo, yo os escucharé a las dos, mas la que llego primero comience. Es esa justicia? Es razón. Pues yo comienzo. Yo soy, señor, de lo mejor de España, bien lo puedo decir, pues en Sevilla nací, cuya grandeza, al mundo extraña, es de los Orbes nueva maravilla, sangre tengo de abuelos, que en campaña fueron a derramarla por lucilla, tanto que al Sol deslumbra cuando enoja rayos suyos tan limpia como roja. Yo soy, señor, de lo mejor de Flandes, nací en Bruselas, mira en sus Archinos, si los míos hicieron cosas grandes, por muertos en campaña en bronces vivos, o a mi fama pregunta, sin que andes revolviendo papeles fugitivos de mi sangre, y verás como responde, que en Flandes me la dio su primer Conde. Yo en casa de mis padres sin que daños se pudieran temer de mi cordura, en las primeras flores de mis años daba falsa opinión a mi hermosura, cuando a tu hijo, ya inventor de engaños, más obligada entonces, y segura, le di para entregarle los despojos del alma libre, paso por los ojos. Yo estaba en mi castillo de la Roca, que tantas veces su hospedaje ha sido, cuando tu hijo a sus aldabas toca, del Duque de Alba entonces perseguido, y aunque poco segura de su boca, llegó su nombre a mi dudoso oído: descuídeme, y abriéndole las puertas, las del alma también le dejé abiertas. Fue dando a mi amoroso debaneo, con robusto valor, pasión discreta, creí su engaño aseguré su empleo, pudo su fama heroica de inquieta vencer con travesuras mi deseo; pues para una mujer es la saeta de amor más penetrante; y bien tirada. blandir un hombre valerosa espada. Recopila piadoso, al mismo peso que de una voluntad dura un tesoro, pues tras saber, que su valiente exceso, duda a la guerra sus finezas dieron: su delito bizarro, aunque travieso, me contó, y a pesar de mi decoro, es mezclar traveluras con hazañas, mira que pudo hacer en mis entrañas. Dejó tan rendido el blando pecho, mezclando en él ternezas con rigores, que con verle con gusto satisfecho, logré esperanzas, animé favores con tanta libertadí, que a mi despecho rompi obediencias, y vencí temores, perci honor, y mi patria también tuy fui fábula del pueblo por ser suya En mi castillo entro con soledades, queriendo la ocasión con luz el día, con silencio la noche, y con verdades, que escuché tierna, y que el traidor fingía, emprendiendo: ay de mi temeridades: admitilas, y ya la voluntad no mía, le di donde mi agravio se acrisola por despojos del bien el alma sola. Por él dejé a mis padres, y atrevida di a infelice ocasión paso ligero: en ella ejecuté por darle vida con mano mujetil valiente acero: y después alentada, y perseguida seguí sus pasos con valor severo, y tuve por consuelo los pesares, midiendo tierras, fluctuando mares. Por él día mis cuidados el cuidado de mi reputación, puse la venda de su amor en mis ojos: fue sagrado para sus travesuras sin enmienda mi castillo, sin guardas en mi estado tuvo jurisdicción, gasto mi hacienda, favor que en los amantes siempre ha sido el menos grande, y más agradecido. Estos extremos míos, que aunque injustos, empleados en él fueron extraños, el amor que afirme con tantos sustos, la fe que acrisolé con tantos años, pago con descuidarse de mis gustos, por dar favor, y aliento a sus engaños: y últimamente aplica mis desvelos a esta Flamenca, que me abrasa en celos. Por esto, señor, vine a darte cuenta su traición, procede como sabio, dile que en mí pues me conoce sienta mezclar la obligación con el agravio. A eso vine, señor, también; alienta con alma noble, y con piadoso labio, que no me ofenda: y dile si porfía, que infamia es suya, lo que ofensa mía. La fe inviolable que me dio de esposo me ha de pagar pues ve que me la debe. También me la dio a mí, siendo alevoso a un corazón cuyos impulsos mueve. Verá en mi rayo ardiente, un mar furioso, si a romper la palabra se me atreve. Que a un fuego toca, y un diamante labra, verá en mí sí me rompe la palabra Probará mi rigor, que es infinito. Probará de mi afrenta el desconcierto. Verá el mundo la rabia a que me incito. Verale el mundo entre mis brazos muerto. A esto que te advierto me remito. A esto me remito que te advierto. No he de advertirte más. . Ni yo tampoco. Esperad, esperad, dejaisme Bueno estoy, que dirá Flandes (loco. de tan nuevas desventuras? en mí son, las travesuras de este mi hijo son grandes. Tan diversos modos tratan, que tanto cuanto se emplean, por bizarras lisonjean, como por injustas matan. Tan enojado me tiene, que cuando le llegue a ver, no será mucho poner en él las manos: ya viene, vive Dios mas tanto ha hlecho el belle en mí, que ya son las alas del corazón defensa suya en mi peho. S. Dame la mano; que espe No quiero darte la mí Pues tomarémela yo, señor, aunque tú no quieras. Y esta vez, si no es injusta tu piedad, si no es terrible, será esta fuerza apacible, y esta inobediencia justa. Oh qué hechicero despo de propia naturaleza! válgame Dios! la terneza dio al través con el enojo. Levanta, y aunque me espaj y en dos palabras que has dal tu término mal mirado, yendo a lo más importante, aunque el no cumplir los buenos sus palabras en rigor, nunca fue para el honor. hijo lo que importa menos: Don Sancho, desmentido te ha Bronduque? . Señor si Y sabes que quedas, di, vives afrentado, y ofendido? Síseñor. . . Pues cómo tan sin afligirte más cómo corrido no estás? cómo alegre me recibes? Porque ya no aprisionada mi persona, y mi valor, yo libre, pues tengo honor, brazo tengo, y tengo espada. Vengándome, aunque lo sienta el Duque, el mundo lo impida, de una muerte haré una vida, y una hazaña de una afrenta. Y ansí aunque sangrienta incita como el muertocuerdo el labio, que más que ofendeun agravio, una venganza acredita. Demás de qué mostraría con triste desconfianza, anteviendo la venganza, anticipo el alegría. D . . bBien has dicho, si han tenido hombres graves opiniones, que con cumplidas razones esfuerzan, no está ofendido tu honor: pues habiendo hecho lo posible, quedas bien. Y si el Duque de Alba, a quien le han cuadrado, y satisfecho, toma a su cargo tu honor; que harás hijo? espalDon . Es cuento largo: estas honras que a su cargo salvando su autoridad, no me agradan, porque son honras con dispensación, (dad: como yo he visto. . . Es ver mas otra opinión contraria sigue el Duque; y él me obliga: y aunque mi elección es varia, es su estimación severa, y mi obediencia no excusa. Lo que la conciencia acusa es la opinión verdadera en la honra. .̱. Ungran señor la puede calificar. El honrado ha de estimar después de Dios a su honor: pero de ti aconsejado, el mío en tus manos dejo. Yo, hijo, no te aconsejo, aunque yo te persuado. Mándome el Duque severo, que a ti aquesta paz te pida, conjurome por su vida. y como la estimo, y quiero, aún más que las nuestras dos, cumplo así: pero si fuera yo tú, primero muriera, que lo hiciera, vive Dios. Pues qué haré D . . Ya vasaliendo el Duque, el enojo ablanda, y haz lo que el Duque te manda, hijo mío. . Ya te entiendo. Su voluntad basta sola. Si el Duque no lo mandara, segunda vez castigara esta arrogancia Española. Que este tuviese en el labio mi afrenta! mi rabia sigo, por- A3 De brondaque habéis de ser amigo, Don Sancho. Mira, señor. Desad vuestra ira, y seguid mi parecer. (tado Vuestra Excelencia ha mí- si mi honor. . En él asisto: a la luz del Sol han visto los ojos que le han juzgado. Es más severo juez, señor, el ser yo quien soy. Qué soberbia! estoy, estoy por desmentirle otra vez. De la palabra por vos vuestro padre. . Qué diré? El Maese de Campo la dé por Bronduque Oye por Dios, mira señor. Visto esá, tomad su palabra, y dadla. Do Dn No es mi hijo si la da. Y vos haced otro tanto con Bronduque. Harelo así. Saldrá de límite en mí valor, que le aprietan tanto. Fronduque. Que este villano. Dais palabra. Loco estoy. De ser su amigo? . Si doy. Con la mano? . Conla mano, aunque el ponella en la espada contra él más bien hiciera. Matarele, aunque viniera la región más levantada. Do . S. Palabra de ser su amigo me das tú No me la des. Yo la doy, y tu después Don S. Sa. Oh mal hijo! . Ya los dos. somos fieles de estas paces. Don . B. Mándalo el Duque. Y tú haces lo justo. Don S. B. Sábelo Dios. Y porque Bronduque vea la bizarría Española con que valor acrisola las amistades que implica, confirmadas con abrazos, quiero yo dárselos hoy. Con los brazos que le doy quisiera hacerle pedazos, Aprieta más. . qué haces? Yo. . Muerto me has. No te engañas: . salgan, salgan tus entrañas por donde el mentís salió. Fue traición. Quién eso piensa, piensa mal: en que ocasión fue la venganza traición? no hay palabra habiendo ofensa. Don S. B. fue, si no traición, que es peor, grandeza mal respetada. Prendedle. Estoy con espada. Seguidle. D . D. Yo iré el primero. Aunque se defienda, dadle. ̱ . Date a prisió, tente, espera. Qué haces, padre? Muera, muera; yo le prenderé, dejadle. Maese de Campo, esperad; Sargento mayor, venid; qué es esto? Una notable maldad. Con Bronduque he tropezado aquí al salir; quién le ha muerto? Don Sancho. Gran desconciierto. Después de haberles tomado las palabras, satisfecho, con falsedad abrazole, y en son de paz reventole entre los brazos el pecho, diciendo, que con la afrenta no hay palabra, ni respeto. Aunque me obliga su efecto, la causa de él me contenta. El entendió que tenía carga afrentosa en su honor: dio a su soberbio valor temeraría valentía. Pero ofendió la grandeza de un General, por andar bizarro, y se he de cortar; está preso? la cabeza. Su mismo padre a prenderle fue, y no dudo que lo esé, si ya prenderle no fue por darcolor a valerle, Pues si no está preso, andad, y para prenderle, oíd, por los campos le seguid, por los mares le buscad. Que el castigar su osadía, ya, ya contanta ocasión viene a ser reputación de su Majestad, y mía. a, . Sígueme, y descansarás al abrigo de esta margen. (rido, Mucho trecho hemos cor- cansado estoy: mas los aires del campo me alientan más. Gran ventura fue escaparte, mas en rompiendo la espada, quité a la puerta más grande esta tranca, y te ayudé, aunque nada fuera parte, a no ir tu padre diciendo: quitad, no le deis, dejadle, dejad que le mate yo. Oh cuanto supo, pordarte lugar para que corrieras! Don. S. Dn. Don Sancho, Don Sacho. Dante voces Él es, mas podrían mis deseos engañarse. Él viene con un caballo, que con la espuma que hace entre los dientes, y el freno, parece para imitarle, que tiene canas también. Y viene venciendo el aire. Don S Bn. Hijo, hijo inobediente, espera. . Quiero esperarle, ya está cerca, y nos ha visto. Ya llega, y quiere apearse. En mis brazos ha de ser: Jesús. Caí al apearme: porque si me engaña el brío, la fuerza me desengañe. Tendré el caballo. (des. Señor. No me obliguen tus pieda- Levanta. . . Sin ti, que tú no quiero que me levantes. Dame la mano. B. no llegues Don S Abrázame No me abraces. Pues por qué? Do . B. Porque me diste la palabra, y la quebraste, no guardando los respetos, que a un General tan insigne, va una persona tan grande. Las palabras, los respetos, no deben, aunque sean tales donde hay agravio que afre ni cumplirse, ni guarda Bi Las palabras que en los hombres son pensamientos constantes, en quien su honor se sustenta, dando bronces a cristales, no han de romperse por causa ninguna. . Sí, cuando nace de cumplillas, sus afrentas más crueles, mas infames. No la dieras, si advertías inconvenientes tan grandes, que es lo que quisiera yo persona me lo mandaba, que había de hacer? Da. Dejarte hacer pedazos primero. Metiérame en una cárcel, donde más posible fuera el morir, que no el vengarme. El que manda poderoso, o el que ruega vigilante, dando medios tan civiles a ofensas tan criminales. es señor apasionado, es amigo talso, o fácil, pues no ven a lo que obligan, o no advierten lo que hacen. Bien puede el que está ofendido, si es honrado, por vengarse, tropellar inconvenientes de resperos, y amistades. D. No sabes lo que te dices, ves rapaz. . Y tu padre. templado más a lo viejo las leyes del duelo sabes. A mí el respeto me pierde a tu padre? . No te engaño no pierdo tal, mas los hijos que tienen valor, no hacen de los Cristianos respetos, medrosas civilidades. El bastón quierro arrima! porque ya que no me guardes respeto a mí, no le pierdas a mi Rey en las señales del cargo, que yo ejército. Ven ací, ya que pensaste, que no era mengua el romper tu palabra por vengarte, porque haciéndo lo después al decoro, di, faltaste, que al Duque de Alba debías? que hicieras. . Y si tan grave . Porque quise asegurara de la venganza, tomando por sombra las mismas paces injustas, y no perder una ocasión, que cobrarse suele, perdida una vez, con muchas dificultades. Y también, porque mi honor con extremos semejantes, para lucir bizarrías, quiso inventar novedades. Novedades, que ofendieron a tan gran señor, infames fueron, y tú mientes, mientes, si otra cosa imaginares. Eres mi paure. No eres mi hijo, que aunque tu madre fue honrada sin mengua mía, pudo hacer que te engendrase otro en ella: eres bastardo, no eres mi hijo, y llevarte tengo al Duque, vive el cielo. Pues arrima el sermipadre, como arrimaste el bastón, y luego prueba a llevarme, y verás si estas ofensas que me has hecho cobro en sangre. Pues ya aunque tu padre soy, no lo soy: tus disparates me obligan a que esto diga: saca el acero arrogante, y pelea. Vive Dios, que ha esta vez de perdonarme quien vence con menguas viles obediencias paternales. Ay, qué hice, padre mío! . ya no es posible negarme que lo eres, porque viendo por tus canas venerables tu sangre roja a mis ojos, la de mis entrañas sale: traviésame el pecho aleve, dame muchas muertes, dame mil heridas. .̱ . Mira hijo si lo eres, pues al darte, viendo mi sangre, ella misma dándome voces, me hace, mas que ofendido, piadoso, detenerme al arrojarme: venció el rigor la piedad, como el natural al arte. Las alas del corazón en mi pecho palpitantes, me la carón de la mano el acero, al suelo cae. No, padre, tú me castiga, la propia espada me mate con que te herí, advierte, advierte, que si ahora el castigarme, al cielo que mira entre tú nieve tu sangre; son injustas tus ternezas, y crueles tus piedades. Es Dios piadoso. Ay de mí! aunque conozco que salen esos sangrientos humores, como es razón, a matarme, me matan, si a costa tuya ha de ser, quiero apretarte esa herida. Escucha, deja, (. hijo, hijo. Padre, padre. Estas cajas, y trompetas gentes son que por mil partes envía el Duque por ti, y envía el Duque a buscarte: hasta las campañas tocan, y confurias populares te perseguirá también: ya sangre mía no sale, déjala, pues se retira con el sobresalto grande. Hijo, ponte en cobro. Don S Deja que lleguen, para que pague este delito en la tierra. Deja prenderme, y llevarme a los pies del Duque, y yo yo mismo seré la parte, que forzando la justicia, la querella no levante. D . . Ay de mí! más cerca sueñan las trompetas, parte, parte, porque el triste corazón con tu muerte no me mate. No ves, señor: padre, mira que estos rigores me traen, si no castigos que enmienden, disculpas que satisfacen. Pues que viendo mi delito, viendo, viendo que quise pagarle, aunque parece terrible, déjara de ser infame? no he de huir. . . Hijo. Perdona. Por una, y por otra parte de las cajas, tengo ya en los oídos los parches. arrodillado a tus pies te lo suplico. . Qué haces Do . . Qué esperas? acaba. El cielo me enlaza. Caso notable! ya está arrepentido el liljo inobediente. Eso hace fuerza en mí. Don S. B. En ese caballo te pon, que Gines te trae tan a tiempo, parte, vuela: presto, presto, dale, dale de mi corazón las alas. O el peso de mis pesares me detiene, o esa herida, a mí el alma penetrante. (ro, Don . B. Ea. Don Sa Obedecerte quie. aunque mi dolor me mate. Guiente mis bendiciones, aunque mis penas me acaben. TERCERA JORNADA

JORNADA TERCERA

Válgame el cielo. Caído: hay Jesús, Jesús, si queda muerto? el caballo rueda al valle. . Al caer, asido quedé milagrosamente de una mata. . Ten, Gines, Quién es? . Quién tus desventuras siente, quien riude a tu ingratitud, la vida que me has quitado: mas pues me da más cuidado, que mis quejas, tu salud: haste hecho mal? Tuve mucha ventura, milagro ha sido; pero tú como has venido ansí? . Sosegado escucha; pues Gines queda atando mi caballo, en viendo gente, desde un lugar eminente nos avisará gritando. Después de darte: ay triste! segunda vez la vida, en cambio de la herida, que tú: ay de mí! le diste al gran don Sancho el Bueno, tu padre, de ti mismo estando aje (no. La gente que corría, por seguirte ligera, a que se detuviera, con turbada porfía pudieron obligarlo, viéndote a ti volar en su caballo. Y habiéndole llevado, casi en forma de preso, a Bruselas, exceso que dejó alborotado aquel lugar, de modo, que a estar cofuso, se previno todo. Revuelto se amontona, entre varias Naciones, causando admiraciones en tan grave persona, el ver que a herbir se atreve (ue. la roja sangre, entre la blanca nie- Así llego delante dio al turbado respeto y dio dando al semblante rodilla. piadosa maravilla, temblando el cuerpo, al suelo la Yo, que con más cuidado miraba lo que temo, vi en el Duque un extremo tierno, al bello airado, (do. después de haber sabido, que de tu misma mano estaba heri- Y dos veces mirando a tu padre sangriento, con fácil movimiento, sueducación culpando, que fue, por ser suave, causa precisa de tu culpa grave. Como madre afligida, que acude al tierno llanto del bello hijo, y tanto su traviesa caída le culpa, se alborota, da cólera a la lástima, y le azota. Así el Daque, piadoso, y severo el semblante, compuesto, aunque arrogante; cuerdo, aunque riguroso, la cólera retira, y con la flema, acreditó la ira. Y dando un breve espacio, que a sus pasos señala, con lentos pies la sala, dio el suspenso Palacio tan severos indicios, que temblaron personas, y edificios. Diciendo, pues de exceso, y culpa semejante es tan participante don Saucho, vaya preso; yañadio a lo que dijo hijo. no es buen padre, el quealicta ta mal tu padre, dando al suelo la rodilla, y al cielo dio los ojos por belle, que volviéndole airado la espalda, le dejaba arrodillado. Así de sus verdades malogró la corriente, y manso de obediente, entre sordas piedades de aquel piadoso exceso, noble murmuración, fue mudo, y Después asegurados, (preso. con voz que lo pregona, a quien de tu persona dan doce mil ducados, y seis mil: qué extrañeza! a quien traiga cortada tu cabeza. Conesto, mil caminos toman para buscarte, y yo por avisarte, como en tus desatinos tan plática me hallo, alas di conespuelas a un caballo. Y atajándote el paso, pudiendo prevenillo; guiada a este castillo de Elena (aquí me abraso en celos) más ay cielos! no es tiempo ahora de pedirte celos. Sino solo que veas lo mucho que aventuras, pues a tus travesuras llaman hazañas feas, y con diversos modos las aborrece, y abominan todos. Contra ti se congregan poderosos rigores, tus amigos mayores te olvidan, y te niegan, su sombra, hasta las plantas, hasta las piedras contrati levantas. Hasta el viento que ruje parece en lo que enlaza, que tu cuello amenaza, que tus cadenas cruje, y hasta el Sol en el viento (griento. te anuncia en rojos rayos fin san- Los cielos ofendidos, anunciando desmayos, pienso que engendran rayos contra ti prevenidos, (nos. pues ahora serenos, de los rayos te avisan con los true La Flamenca campaña deja amigo; qué esperas? y con plantas ligeras, para llegar a España por nuevos Horizontes, huye peligros, travesando montes. Que yo aprestarte aliento, ya don Sancho enseñada te seguiré abrasada al Sol, curtida al viento, y siempre vigilante, seré tan animosa como amante. Con sangre de mis plantas, con agua de mis ojos las penas, los abrojos venceré, y daré tantas (los. quejas a mis desvelos, que mude los influjos de los cie Y en habiendo escapado de peligros tan graves, en Sevilla ya sabes, que rico, aunque enojado, tengo un padre, que espera hacerme su unigenita heredera. Ea, y aunque señalas dudas, rompe sus lazos, fiate de mis brazos, ponte sobre las alas de estar dando aldabadas en mí (pecho. A darme gusto aspira, premiando mi deseo: si te prendiesen mira, mirando en mi terneza, el rigor que amenaza tu cabeza. Qué seríá en tu cuello ver sangriento cuchillo? hay Dios temblé al decilo: tu pues para temello pues yo te adoro, advierte, que sería matarme con tu muerte. Lucrecía, tan ciego estoy, tan confuso, tan turbado, que ni razones escucho, ni agradecimientos pago. No discurro, no discurro, porque son los sobresaltos, que me combaten el pecho, impedimentos al labio. Estos discursos violentos, que di a mis ligeros años, muchas travesuras hice, dispuse muchos agravios, cometí muchos delitos, pero no me amenazaron los castigos con temores, con escarmientos los daños, hasta ver aquella sangre, que yo con injusta mano saqué de mi padre viejo, porque la veo clamando al consistorio divino: y los sentidos turbados, descompuestas las acciones, y balbucientes los labios estoy: desde entonces miro ciego al Sol, al cielo airado: en la tierra, ya no firme, me parece que resbalo con aquella sangre mía, y para mi cuello ingrato, de mis propios pensamientos parece que formo lazos, Y más ahora que el Daque, después de haber estimado tan poco mi honor, que quiso con el tomalle a su cargo satisfacerle; y después de haber sentido, y tratado en mí tan nobles delitos, como si fueran villanos, me prendió a mi padre ay cielo! vive Dios que he de matarlo, y morir entre castigos, como muero entre cuidados. A quién? qué dices? qué dices? Hombrecillos tancuitados, que del polvo de la tierra soberbios se levataron, no han muerto Reyes pues yo a morir determinado a sus pies aunque el Duque muera primero a mis manos. Como atido a las columnas han de velle entre mis manos, y sobre mí, como un templo, caiga después un palacio. Don Saucho, estás loco? Estoy, Lucrecía, desesperado: déjame, pues ya del todo me dejo Dios de su mano. Alerta, alerta. Es Gines Una tropa de caballos viene. . Ay triste! Alerta, alerta. Ven, y pondrete a caballo. Metéreme en el castillo de Madama, que es cruel ese deseo, y es injusto ese sagrado. Don Sacho, a buen tiempo llegas, abierto te está esperando la puerta de mi castillo. Alás previene el caballo que yo truje, ponte en él. Confuso estoy, y turbado. Entra, qué esperas? Ven, ven, qué esperas? Fuera mal trato el dejarme. . El no seguirme fuera conocido agravio. Vil Española. Flamenza vil . Laberinto extraño. Vive el cielo, que si subo. Vive el cielo que si bajo. Mira que llegan. Remito mis dudas a mis enfados. Don Sancho, que, no me sigues? Que, no me obligas Don Sacho? Pues que me entadáis las dos, a las dos quiero igualaros, ya lo espeso de aquel monte aplico el ligero paso. Qué ha podido tanto Elena! Qué Lucrecia pudo tanto! Ay de mí! rabiando muero. Ay de mí! muero rabiando: buenas quedamos, Lucrecia. Elena, buenas quedamos. Qué haremos? Yo no lo sé. . Yo sí, unirnos, y vengarnos las dos de su ingratitud. Bien dices. Vete acercando a la puerta, y hablaremos. Voy, bien pienso. Bien la engaño. Dejad aí esos papeles, y firmárelos después; Maese de Campo, esto es justo. . Y tabien, que consueles, señor, a don Sancho el Bueno, pienso que será razón. Excusada su prisión, aunque su culpa condeno: mas poner en su caballo a su hijo, y con motivo de prenderle ejecutivo, diligencioso librarlo, hace preciso el rigor, que en mí la justicia es fuerza, pues no es justo que la tuerza yo por nadie. No, no señor; pero es padre. Así es verdad: mas esa misma terneza, con sangre de su cabeza, hace mayor la impiedad de su hijo ciegamente, para dar en lo que ha dado, con sus alas alentado, y con su aliento insolente, guiándole su extrañeza, hasta poner inhumano tan desapiadada mano en tan piadosa cabeza. Y ansí como yo colijo, que fue inclinándole mal el padre, la original culpa contra ni en el hijo, viendo al hijo tan cruel, pórculpa del padre, obligo mi enojo, y en él castigo lo que me ofende por él. Desuerte, que siendo quien me obliga, sin serle ingrato, nace lo mal que le trato, de lo que le quiero bien: que dirá de estos rigores Sancho el malo? . Esta prisión e sentirá. . Ya aquí son sus insolencias mayores. Los pregones ha sentido contra él, con fe constante. Es descompuesto, arrogante, y es insolente, atrevido: amenaza mi grandeza, porque persigo su cuello: más costarale el hacerlo, no menos que la cabeza. Tiene muchos enentigos. De sus delitos atroces, en los vientos con las voces presenta muchos testigos. Con libre pie, y fácil modo entra en Bruselas, y sale a campaña: allí se vale de un castillo. . Selo todo, y a castigarlo me obligo; porque en los altos sujetos, nunca perdidos respetos han de quedar sin castigo. En hábito de villano a don Sancho el malo hallé, conocile, que no fue poco el velle, que en la mano un pliego, estaba diciendo, que a Vueselencia quería dalle él mismo: yo, que había que estaba ya previniendo cuidado, que le impidiese el salir de donde estaba, vine a ver lo que mandaba. Vueselencia que lliciese. Jesusid, disimulad. con él, y traedle aquí, y después a él, y a mí dejadnos solos: andad. Señor, mira que culpado. risión . Señor, mira que ofendido. Se desespera atrevido. Se atreve a desesperado. s. Andad, que con todo efecto nte, los dos, y él habéis de ver, que en el soberano ser es invencible el respeto. Yo he de estar bien prevenido del valor y de la espada, que la sombra respetada veáis de un señor dormido. Fingir quiero que lo estoy: porque a este loco insolente le detenga solamente el ver en mí lo que soy. M. m. Entra solo. p , Don . Solo fuera al infierno yo: qué es esto? Algún demonio se ha puesto en su corazón. Qué dudo? muera el cruel, aunque después muera yo. . Espe aunque el Daque nos mandó (ra, dejarle solo con él: la obediencia ahora. En vano me animo. . Fuera traición. Quién me aprieta el corazón? quién me detiene la mano? quien es quien puso en mis pies tanto plomo? quién me nombra? Con que impulsos pensaré, que tras dormido, empuñada tiene el Duque aquella espada defensora de la Fe? Qué causas a estos efetos dan influencias soberanas? que tienen aquellas canas, que están brotando respetos? Quién me induce? quién me asombra? y quién me llama después? con qué impulso esperaré? Válgame Dios! ya deslumbra mi atrevimiento, ya adoro su autoridad, ya el decoro con que me ciega, me alumbra. Ya con sangre mis entrañas, llamando mis culpas feas, esparcen por mis ideas pinceles de sus hazañas. Ya veo en su invicta mano, como en globo cristalino, librado el valor divino, que incluya el poder Hispaño. Ya en sus claros ascencientes veo, apurando verdades, lucidas antigüedades, y trofeos permanentes. Ya en sus descendientes miro, siendo suyos, que han de ser, y entre estimar, y tener, me arrepiento, y me retiro. Mas tal me tiene después que le vi, que estoy por dalle ocasión, de que me halle hecho basa de sus pies: Mas esto será mejor. Oh traidor! Notable cosa! espera. . Maravlllosa travesura. . . Gran valor. A lo que aspira veré. Así podrá averiguar, que no le quise matar, pues pude, y no le maté: íreme, perdido soy, pero moriré matando. Don Sancho espera. Temblando. . Escucha. . He de cortar tu cabeza, A tus pies estoy. Sosiega. Mi desventura a tu autoridadigualo. Dice aquí, Don Saucho el malo voto a Dios (gentil locura) Don Saucho. . Señor, señor, a tu Regia autoridad, trocada la voluntad, y acobardado el valor, me rindo. . Temes envano, pues yo aquí severo sigo, con el aliento castigo, mas no prendo contamano. Demás de esto, receloso de que tú hubieras pensado, que aquí te truje engañado, por prenderte cauteloso. No lo hiciera yo, mitiga el temor que te desvela, pues no prendé con cautela, quien con grandezas castiga. Y ansi suspendo el rigor ahora, pues has notado, que un soldadillo cuitado mal se opone a un gran señor. Ponte en cobro; que recela tu temor pues te aseguro, que irás más libre, y seguro, que veniste, corre, vuela, mas después mita port, Don Sancho, y no dudes, no, en que solo, solo yo podré librarte de mí. Lo que pisas besaré: hazaña muy tuya ha sido. No te quiero agradecido, si no temeroso ve, vete, vete. . Mi recelo con mis delitos tropieza. porvida del Rey. Ay cielo! Maese de Campo, Sargento mayor; pues habéis mirado, que es en hombres de mi estado afrenta un atrevimiento. Por ocultos Horizontes, con diligencias extrañas, discurrid esas campañas, desentrañad esos miontes. Qué esperáis? . Señor. Señor. No me repliquéis, andad, pues ya en mí el tener piedad, sería estar sin valor. Es Don Sancho? Hacia este lado te desvía, arrepentido vendrá de haberme ofendido. Es cruel desalentado, y tal viene; que será, qué en cada mata tropieza? Desatino, y ligereza le traen ciego. . Alerta está: gente apercibida tengo, por si importa. . En ello esto) Tras mis desatinos voy, entre mis desdichas vengo Pero como he de venir, cansado de padecer, día y medio sin comer, y tres días sin dormir: compitiendo en el trabajo los pasos, y el pensamiento? dárame esta tierra asiento. Mas te desvía. Habla bajo. Dárame arrimo este leño, para estar más vigilante, mientras quebranto un instante la pesadumbre del sueño. Si se durmiese arrimado a aquel árbol, mandaria atalle a él. . Ysería un pensamiento acertado. Direle, que ella le ató. Que ella le ató le diré. Y yo le desataré. Y desatareleyo. Ven prevendré mis criados: ansí le daré ocasiones, que aborrezca sus traiciones, y que adore mis cuidados. De este modo, aunque es extraño, mi fe viendo, y su crueldad, estimando mi lealtad, aborrecerá su engaño. Mujer soy determinada. No os espante lo que trazo: mientras yo le aprieto el lazo, tú le quitarás la espada. Ah traidores! 1. Tira, y ata. 2. Bueno está. Pero su mano será la que me prende, y me mata. Con más evidencia creo, que esto ansí debió de ser, pues apenas pude ver quién me ato; pero qué veo? No es Lucrecia? no es Elena? si, que aunque lejos están, bien las conozco, y me dan más confusión a mi pena. No es corriente el que responde el eco entre aquellas peñas. 1. Estas son las mismas señas del puesto donde se esconde. 2. Aquí está. N. Pues con cuidado, y rigor. . No es menester: pues otro mayor poder, como veis, me tiene atado. Fácilmente me llevad, pues estoy tal, que me obligo, apereciendo el castigo, a rendir la libertad. Verá Don Sancho: ay de mí! Verá Don Sancho: hay cuitada! Cómo nací desgraciada. Como infelice nací. Siguiendo mi poca suerte, sus pasos quiero seguir. Siguiéndole quiero ir a matarmees s su muerte. Darme el Duque libertad, Sargento, tan de improviso, y mandar que le esperase en esta sala? qué ha sido? si prendieron a Don Sancho? si le han muerto? qué imagino de cosas en daño suyo, para evidencias del mío! Sargento, qué pudo ser? que sospecho, que adivino. Si acompañé tu prisión, hasta que salí contigo a gozar la libertad; que hede saber? . . . Desvarío con las congojas: ya tengo por agüeros mis suspiros: ay de mí! va con mi edad son mis ansias desatinos, quimeras mis pensamientos, y mis discursos delirios. Sosiega. Señor Don Sancho. su Excelencia ha remitido a firmar esta sentencia de tu mano. . . Y yo remito el alma a Dios. De un soldado es de tu tercio: ha me dicho el Duque que te la lea: y si te parece digno del castigo que le dan, que la firmes. D . . Siempre sigo lo que su Excelencia manda: y como en un laberinto de confusiones estoy sobresaltado, y perdido, Por haber intentado matar al Duque. Al Duque? gran insulto! al Duque? . Sí. B. Gran delito! Al Daque, Gobernador, y Capitán General de estos Esta- dos de Flandes, estando en su mismo aposento, fallamos, que debemos condenar, y conde- namos. A quién dice? qué recelo El nombre, y el apellido no está escrito, y viene en blanco. el lugar para escribillo. Y dice más? va en mi pecho son las sospechas martirio. Y condenamos, a que le sea cortada la cabeza en Bruselas a diez y siete de Agosto, año de el Señor de mil y quinientos y se- tenta ycinco. Dejad que discurra un poco: si acaso el discurso mío de razón no es incapaz, siendo terrero a los tiros de la fortuna? Ay de mí! No, porque yo este castigo dude que es justo, no no: porque pondero, y confirmo esta sentencia: mas quiero ver con que fuerzas me animo a firmarla de mi mano, cuando en mi alma concibo, que es contra mi hijo: ay cielo! qué recelo? qué imagino? si es Don Sancho a quien condena? si; qué dudo? cuando miro entre el fallo, y el condeno en este blanco no escrito el nombre del delincuente: negarle a los ojos míos, no siendo mi hijo, fuera mas que misterio capricho: y en un tan cuerdo señor como el Duque, no han cabido desacuerdos. Ay de mí! él es; pero cuando quiso mi hijo matar al Duque? pudiera estar escondido tan escandaloso insulto? pues llegara a mis oídos, siendo publico? no es él: Ay de mí en un punto admito la duda, en quien me consuelo; y el dolor, con que me aflijo: ea, llegad firmaré si puedo. . Qué desatino tan prudente. Qué terneza tan piadosa. Dónde escribo? Dónde escribiste? En el blanco, que entre renglones vacio de letras quedo: yo muero, pues mi nombre, que es el mismo de mi hijo pase en él, su desdicha pronóstico: divertime con mirarle, y túrbeme divertido. Extraño suceño. Extraño. . Yo le lloro. Yo le admiro. Borrarelo? . No señor, dejad que el Duque. B. Qué indicio tan cruel Hay hijo mío! muerto soy, cierta es mi muerte, y yo tu sentencia firmo, determinado a que sea mi obediencia mi martirio. Dadme esa pluma, llegad, con sangre del pecho mío quisiera bañarla: donde firmaré? cómo me digo? decidme mi nombre. . Tomás la pluma al revés? Don S. . Estilo es de mi fortuna: y pienso, que es saeta que le tiro a un corazón, a quien di el ser. La pluma ha caído, y pones en el tintero los dedos sin ella? . . Alivio con mi turbación mi pena, llevadme la mano, amigo, y firmaré, pues me tiembla por dos causas sin sentido, y conaños. . Ya firmase. Pues dejadme, y ven conmigo, Sargento, donde; ay Don Saucho! a las penas que límito con disimulos de viejo, les de ternezas de niño. . Quién no llora lastimado? Quién no padece afligido? Fuese Don Sancho? . Señor, tras de haber enternecido las piedras. . Ejecutastes mis ordenes? . Ya se hizo en esta forma. . Decid, y vos con paso medido aquí volved a don Sancho. Desupena me lastimo. Sabe Dios lo que lo siento: pero justicia ejército, ejemplar. . Después, señor, que Don Sancho el malo hizo, para dejar mejor nombre, extremos de bien nacido, y Cristiano Caballero, a los postreros suspiros, diciendo con tierno llanto, que era pequeño castigo para delito tan grande, como había cometido, sacando la sangre misma de su padre, dio al cuchillo del verdugo la garganta, con valortan excesivo, que casi fue culpa entonces, cuando su cuello diviso vimos luego, y su cabeza saltando, dos veces dijo, Jesús, esparciendo arroyos como de corales finos. Mande luego abrir las puertas de aquesta sala, advertido de lo que tú me mandaste, y las primeras que vimos entrar, fueron dos mujeres, que después de haber teñido los rostros con sangre suya, destranzados y esparcidos por el rostro los cabellos, con lamentos, y congritos, desalentando los pechos, y animando los suspiros, rendidas a los desmayos, quedaron sobre el suplicio con los cabellos cubiertos los rostros, que en sangre tintos, para darnos mayor pena, nos parecieron más lindos. Aquí estoy, señor, Don Sancho, este ejenplo muerto, y vivo mirad, y tened paciencia. Ay señor! con que cuchillo tan riguroso me has muerto Ay don Saucho Hy hijo mío! Un padre que crío mal a su hijo mal previsto, aplaudiendo travesuras, y complaciendo delitos. Y dos mujeres, que fueron causa de sus excesivos delitos, el cielo justo piadosamente ha querido que le señalen la culpa, y le adornen el suplicio, porque así acabe la historia del ejemplo en el castigo.